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Oración fúnebre que en las solemnísimas exequias, celebradas en la Iglesia del Real Monasterio del Escorial de orden y á expensas del rey nuestro señor D. Fernando Séptimo á la justa y digna memoria del rey cristianísimo Luis XVIII / pronunció Francisco Antonio González

González, Francisco Antonio

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I■BHPíO—- BIBLIOTECA HOSPITAL REAL GRANADA ¡ Sala: c s o l ó d f / f ) oi. I co—=T I c=> C 3 C3 (O - fT 15?'■ 20 s í» oN? _ z ifí 5 zhO ro i ! a » = f ¡. a o i o q ORACION FÚNEBRE QUE EN LAS SOLEMNISIMAS EXEQUIAS, CELEBRADAS EN LA IGLESIA DEL REAL MONASTERIO DEL ESCORIAL DE ORDEN Y J L EXPENSAS DEL REY NUESTRO SEÑOR Do FERNANDO SÉPTIMO Á LA JUSTA Y DIGNA MEMORIA D E L R E Y C R IS T IA N ÍS IM O L U IS X V III, PRONUNCIÓ EL DOCTOR D. FRANCISCO ANTONIO GONZALEZ, BIBLIOTECARIO MAYOR Y PREDICADOR DE S. M. C. M'ADRID EN LA IMPRENTA REAL ASO PE 18 34 . f ( . 20Á09 ORACION FÚNEBRE QUE EN LAS SOLEMNÍSIMAS EXEQUIAS, CELEBRADAS EN LA IGLESIA DEL REAL MONASTERIO DEL ESCORIAL DE ORDEN Y L EXPENSAS DEL REY NUESTRO SEÑOR O"— - -OlJL Á LA JUSTA Y DIGNA MEMORIA D E L R E Y C R IS T IA N ÍS IM O L U IS X V III, PRONUNCIÓ EL DOCTOR D. FRANCISCO ANTONIO GONZALEZ, BISLIO TECARIO MA YOR Y PREDICADOR DE S. M. C. t f k i. y • v r m'a d r id en l a i m p r e n t a r e a l ASO HE 1824. D eseando el Rey nuestro Señor Don F e r n a n  d o y i i (que Dios guarde) dar un sensible testi monio de la justa pena que le ha cabido en la muerte de su Augusto Tio é íntimo Aliado el ReyCristianísimo de Francia y de Navarra Luis xvnr, determinó que á sus expensas se celebrasen en la iglesia del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial solemnísimas exequias, y que no se omi tiese diligencia ni perdonase dispendio alguno pa ra que resultasen dignas de su Real munificencia y del alto Personage á cuya memoria habian de consagrarse. Correspondió la ejecución á los efi caces deseos de S. M .; y en los dias 8 y 9 del presente mes de Octubre de este año de 1824 se vieron reunidas en aquel Real Sitio cuantas per sonas por su elevada clase, por sus relaciones con el Gobierno y por sus especiales destinos debian concurrir á un acto de tanta pompa y dignidad. Los Gefes de Palacio y otros Grandes, los Prela dos eclesiásticos, los Secretarios del Despacho y todo el Cuerpo diplomático, el General en gefe del Ejército francés con su Estado Mayor y mucha Oficialidad, varios Generales de las Tropas espa ñolas y los Comandantes de las que se hallaban en actual servicio, los Mayordomos de Semana, Gentileshombres y otros Empleados de la Real Casa asistieron en su orden y puestos respectivos. El elevado catafalco, lleno de luces, cubierto de ter ciopelos y de un paño bordado de oro, estuvo cus todiado por los Monteros de Espinosa, que, alter nando de cuatro en cuatro y colocados en la grada superior, tenian en unas bandejas las insignias Reales Cetro y Corona, según se practica en el funeral de los Reyes de España. A los cuatro án gulos y parte inferior permanecieron durante la lúgubre ceremonia Guardias de Corps con su com petente armamento. Estaban enlutados, asi los cuatro órdenes de asientos que se extendian hasta cuarenta y seis varas cada uno, como el pavimen to todo de la nave principal de aquel magnífico templo. Las tropas españolas conservaron en am bos dias las armas á la funerala, y las francesas hicieron a su debido tiempo las salvas de honor que son de costumbre. En la tarde del dia prime ro se comenzó el Oficio á las cuatro, y concluyó á las siete y media: en el segundo principió á las nueve y media de la mañana, y se dió fin á la una y cuarto. La música de la Real Capilla, cuyos acreditados profesores habian ido desde la Cor te, desempeñó con su acostumbrado decoro la parte de canto y acompañamiento que estuvo á su cargo; y la Comunidad de aquel Monasterio contribuyó asimismo con su inteligencia y lleno de voces á cumplir con la que se le habia con fiado. Celebró de Pontifical Monseñor Nuncio de Su Santidad, habiendo sido sus asistentes los Ca pellanes ele Honor. Todo el conjunto inspiraba piedad y ternura, ofrecía una perspectiva brillan te y respetable y presentaba á la consideración del infinito número de personas, que de la Capi tal y de varios pueblos habian concurrido, la mag nificencia del S o b e r a n o que tributaba estos sun- „su placer j que poseía tanta rectitud como sagacidad, y que jamas descubrió la variedad y extension de sus luces, sino para unirse á la voluntad „de su esposo, y contribuir á la instrucción de sus hijos.” [Hubiese querido el cielo que la Parca no cortase tempranamente la vida de padres tan rectos y celosos! Les sustituyó en la enseñanza de este Prín cipe el Duque de Lavauguyon; y si las costumbres de la corte, las distracciones de la tierna edad y la mayor elevación impiden frecuentemente los ade lantamientos de la juventud, el continuo estudio de Luis, su particular gusto y fino talento superaron tamaños obstáculos, y adquirió tan exquisitos cono cimientos, que le atraían ya en la niñez el concep to de los eruditos. Unido en matrimonio con María Josefina Luisa, Princesa de Saboya, jamas se separó de su amable compañía, sino para cumplir las órde nes que le prescribió su augusto hermano. Viajó pues en Junio de 1777 Y meses siguientes por lo in terior de la Francia*, visito los establecimientos pú blicos , y se grangeó debidamente la afición de los pueblos. Ciudades ilustres de Tolosa, Marsella, Mompeller, Aviñon, Tolon y otras innumerables, ¿qué visteis, decidnos, qué notábais en el hermano de vuestro Rey cuando entraba gozoso por vuestras puertas, cuando reconocía con prolijidad vuestros [6] [ ? ] antiguos preciosos monumentos, vuestros magníficos templos y bien dispuestas fábricas, cuando contés tala á vuestros respetuosos homenages? Vimos, con testáis, un jóven sabio con modestia, un exacto cu rioso observador sin fastidio, un amante de las be llas artes con afabilidad, un varón dulce sin abati miento: vimos un rendido súbdito, un moderado príncipe, un hermano tierno, qae no anhelaba re coger las expresiones, obsequios y entusiasmo, sino para apresurarse y volar á depositarlos á los pies de su R ey, de su Hermano y de su Señor. Si comienzan á notarse ciertas agitaciones en el Reino cristianísimo, é instalada en 22, de Febrero de 1787 la primera junta de los Notables fue divi dida en siete secciones, Luis fue nombrado Presi dente de aquella, que por sus acertadas delibera ciones prudentes obtuvo el honroso dictado de la de los Sábios. Si los Príncipes presentan al Monarca Tina exposición contra la igualdad numérica de cada clase de Diputados, ¿quién desplegó entonces la fir meza de carácter, que le distinguió despues en lodo el discurso de su vida? el hermano del Pvey, Monsieur, Luis xvm : Luis el magnánimo, que habien do reflexionado con madurez cualquier asunto, ja mas dejó de ponerle en práctica, siguiendo la ge neralmente aplaudida sentencia de Salustio. ¿Mas qué especie ele vértigo dio principio á toda desolación en fines del siglo anterior? Osados Nova dores se contraían en otras épocas á combatir alguno de nuestros sagrados dogmas: á la nuestra estaba re servado impugnarlos todos á la vez y socavar nues tras santas leyes, destruyendo, si fuera posible, su fundamento, que es la autoridad de la revelación. ¿Qué be dicho? no me desdeuo de repetirlo: los mismos principios que grabó en el corazon humano el Autor de la naturaleza, los principios mas esen ciales del orden y paz de la sociedad ¿han sido por ventura respetados? ¿no han sido oprimidos y como arrojados de nuestro seno? La impiedad según una profecía que parece pertenecer á nuestros tiempos; el horrible monstruo de la impiedad cree haber ar ribado al momento de su triunfo y de un trastorno general, y se envanece diciendo en su interior: ya puedo mudar los tiempos y las leyes. Siglo, siglo que te jactas con el sobrenombre de filosófico, ¿qué fatal época solicitas establecer en la historia del espíritu y costumbres de las naciones? Confieso de buen gra do ciertas ventajas de tus conocimientos; ¿pero la débil y soberbia razón humana no puede hallar un punto de madurez en que fijarse? Reformados algu nos antiguos errores, ¿es necesario un remedio des tructor y atacar en guerra abierta a la misma ver— [8] M dad? No liabrá ya superstición, porque la religión no existirá: no habrá falso heroísmo, porque no ha brá honor: no habrá hipocresía, porque será des terrada la virtud. M itad, espíritus temerarios, con venceos : estas son las ruinas que ocasionan vuestros decantados sistemas; horrorizaos sobre esos vuestros adelantamientos. Si no os resistieran los cielos y la tierra, vendría un tiempo en que según vuestros principios no perseveraran ni culto, ni solios, ni costumbres, ni:::: ¡ohIglesia santa! ¡oh Reinos cris tianísimo y católico! ¡oh bien fundados Imperios de todo el mundo! Dios de nuestros padres, compade ceos de su posteridad. Estallaron tan pérfidas ideas y causaron la re volución de 1789; rápidos son desde el origen sus progresos; no es ya dado el extinguirlos. Se imputa á nuestro héroe ser el .Gefe .de una conspiración, cuyo objeto era sublevar treinta mil hombres, dar la muerte á Lafayette y Bailly, y reducir la ciu dad de París á la mayor escasez. N o, no teme la impostura : con serena frente se presenta al Ayun tamiento de aquella capital, y da tal interpretación á las relaciones que podrían ser perjudiciales á su causa, que se le restituye el favor público con uni versal aplauso. Ni duermen ni perdonan diligencia para avizorar las intenciones de este Príncipe sus [ 10 ] implacables enemigos: ¿qué no medita la iniquidad cuando es extremada é indolente y se arroja sobre los personages mas sagrados? Desde aqui mismo veo prepararse una facción tumultuaria, oigo sus injus tas resoluciones, se nombra una diputación de sus miembros, observo que penetra el palacio de L u - xemburgo donde Luis residia, y que se le pregun ta si Irala salir del Reino. Jamás me separaré de la persona del Rey mi hermano •, esta fue su con testación. Resuelve el Monarca partirse en la noche del 20 al a i de Junio: Luis espera despues una hora para asegurar la partida de su hermano, y sale de la Francia. Si no concurrió personalmente á las con ferencias de Pilnitz por hallarse ocupado en la for mación y mando del ejército de Nobles, que de to das partes acudian á reunirse con sus Príncipes en defensa del Trono, era no obstante el alma de las mismas por los sabios bien meditados consejos que continuamente les enviaba: no omite medio alguno para avisar al Rey sus negociaciones y el empeño mutuo del Emperador de Austria y del Rey de Prusia: aconseja viva y eficazmente á su hermano que evite someterse al acta constitucional, y protestó con anticipación cuanto pudiera ejecutarse contra la au toridad legítima. La Francia y la Europa culta no ignoran los efectos de tal protesta. La Asamblea le- [II] gislativa le declara unánimemente desposeído del de recho á la Regencia. Reúne al punto seis mil hom bres de caballería para incorporarse al ejército pru siano : los reveses y sucesos de la guerra le obligaron á licenciarlos. ¿Ha cabido jamas en la humana ima ginación, ó hay historia que describa semejante mag nanimidad y constancia? Estremécese el corazon, la lengua se adhiere al paladar y no acierta con las palabras al traer á la memoria:::: yo quisiera pasar en silencio:::: la pena me ahoga:::: iba á proferir:::: me horrorizo y con fundo. Franceses, vosotros sois nobles y generosos: un partido sanguinario, un puño de hombres desti tuidos de los sanos, rectos y dulces principios que comunmente os caracterizan, una gente desprecia ble, de que por desgracia no falta en todas las na ciones, se atreve, pone sus manos y consuma su fie reza en el Ungido del Señor. Tumultos horrorosos, tropelías sin ejemplo, ultrajes frecuentes á los Reyes en sus palacios de Versalles y de las Tullerías, pro fanaciones de aquellos atrios, donde tenia su asien to y domicilio la Magestad Soberana, preparaban el atentado mas terrible. Acabó á su consecuencia en un público cadalso la existencia de Luis x v i: siguió igual trágica escena en María Antonia, la mas tier na esposa, la admirable hermana, la cariñosa maEC A~ ' u n i v e r s i t a r i a O ] dre, la liija de los Césares, la hija y madre de María Teresa. ¡En un público cadalso los predilectos hijos de la Iglesia, en cuyo solo centro gozan inmortali dad los Reyes justos! Corramos el velo á espectáculo tan horrendo y lamentable. Amilanóse entonces el mas fuerte, decayó en gran parte la esperanza, el mas animoso se miraba inerte y desfallecido. ¿Se dis minuyó con tan infausta noticia la constancia de Luis xviii? De ningún modo. ¿Se debilitaría su grandeza despues de tantas, tan crueles y lastimo sas pérdidas? No fue posible. ¿Desistiría de promo ver sus legítimos derechos? Nunca. Sintiendo cual debia y exigían los lazos de la sangre la siempre de plorable suerte de sus hermanos, reanima su espíri tu , declara Rey á su sobrino con el nombre de Luis xv n , toma para sí el dictado de Regente, con cede al Conde de Artois el de Teniente General, ex pide un decreto de amnistía absoluta á cuantos se sometieran á su autoridad, y se retira á Verona ba jo el título de Conde de Lila. No le fue muy dura ble la tranquilidad en aquel distrito: el Gobierno de Venecia estrechado por el de la Francia le inti ma salga de su territorio. Recibe con entereza la or den del Senado, y responde que „se dispone inme- ,, diatamente á salir, pero que antes era preciso que „ se borrasen del Libro de Oro seis varones de su [i3] „ familia, y que se le devolviera la armadura que ,,su abuelo Henrique iv había regalado á la Repú- „blica/” ¡Oh palabras dignas de esculpirse en már moles y bronces! ¡oh expresiones admirables, cuyo fondo testifica patentemente su magnanimidad! ¿Hasta cuando, ó Redentor Supremo, árbitro de la suerte de los Reyes, hasta qué extremo ha de ser probada la serenidad y rectitud de su ánimo? Basta, sí, basta de persecuciones. Meditaba noche y día vuestra ley santa*, escudado con su inocencia procuraba sostener sus verdaderos justos intereses para esplendor de vuestra fe, jamas dejó de confiar en el vigor de vuestro brazo poderoso. Veneramos, Señor, vuestros decretos, y pues os complacisteis en dirigir su existencia por las sendas, en que resplan deciese su fortaleza para ejemplar de vuestros esco gidos, permitidnos que adorando vuestra sabiduría inefable recorramos aun otros enérgicos rasgos de vuestro infinito poder en beneficio de tan digno Monarca. Reunido al ejército de Condé cerca del Rhin, es luego precisado á domiciliarse en la pequeña al dea de Dillingen sobre el Danubio, donde una bala de fusil disparada por la perfidia le rozó la frente, é hizo brotar sangre. Atónitos y espantados quedan cuantos le rodeaban, mientras él con total presencia [ i 4]_ de ánimo \eh\ amigos, les dice, ¿d qué tanto susto y sorjwesa ? ¿ No sabéis que el Rey no muere en Fran cia? Si Luis x v i i i hubiese muerto, viva Carlos x . Presidió posterior y sucesivamente en Blankenberg y en M ittau, donde el Emperador de Rusia Pablo i le concedió una hospitalidad generosa. G o zaba alli los placenteros frutos del reposo, cuando una estrecha alianza entre Buonaparte y el Empe rador se convierte en su daño y le arroja á vivir en Varsovia. Varsovia! esta Corte de un reino otras veces tan floreciente, esta ciudad, patria del bisa buelo materno de Luis x v n i, con quien tuvo tan infeliz semejanza, esta capital fue testigo auténtico y teatro del mayor heroísmo de su huesped: ella le trasmitirá con gloria á las edades mas remotas. Insa ciable la ambición del primer Cónsul anhela á todo trance conseguir el Imperio, y envia en Febrero de 1808 un sugeto de confianza que haga á Luis la propuesta de que abdique el derecho al trono de Francia, y que exija igual renuncia de todos los in dividuos de la casa de Rorbon, añadiendo que la re compensa les seria considerable y brillante. Oyó nues tro Príncipe, y no contestó: se persuadía fundada mente que una pronta respuesta no seria acaso bien meditada: quiso dejar á sus sucesores un irrefraga ble testimonio de fortaleza, y pasado un mes le di rige una carta concebida en los términos siguientes: 5?Y o no confundo á Napoleon Buonaparte con los ,,que le han precedido. Estimo su valor, sus talen t o s militares j y le estoy agradecido por varios actos 5,de su administración, pues me será siempre agra d a b le y caro el bien que se haga á mi pueblo. Pero „se equivoca, si piensa lograr de mí que transija ,,sobre mis derechos: muy al contrario, él mismo „ los establecería por el paso que da en este mo5,mentó, si pudieran ponerse en disputa. Ignoro „ cuáles sean los proyectos de Dios sobre mi linage „ y sobre mí; mas conozco las obligaciones que me ,,ha impuesto, habiéndome colocado en el rango en „q u e se ha servido disponer que naciese. Cristiano, „ cumpliré con los deberes de tal hasta mi líltimo 5,suspiro: hijo de S. Luis sabré á su ejemplo hacer5,me respetar hasta en el cautiverio: sucesor de 5,Francisco i, quiero al fin poder decir como él: „ todo lo habernos perdido, menos el honor.3’ En este momento debería yo poner término á mi discurso, permitiendo y dejando á la general consi deración el inagotable manantial de ideas cristianas, morales y políticas que acabamos de escuchar. Dig nidad, firmeza, religión, piedad, prudencia, recti tud, confianza, respeto, decoro, magnanimidad al fin: tales son las orlas y centro de este escrito. ¿Y [i5] I> a ] mente en implorar la misericordia divina duerme por último el sueño de los predestinados, y falleció en el Señor á las cuatro de la mañana del dia 16 de Setiembre. ¿Falleció? ¿espiró el magnánimo R.ey de Fran cia y de Navarra? No, no ha fallecido, no lia espi rado. Vive, sí, vive en el respeto que adquirió de sus súbditos, los cuales conservan señalados vesti gios de su prudente sabio Gobierno. Vive en la per sona de su hermano, sucesor y heredero de sus vir tudes Carlos x , que ha principiado á reinar con el perdón de aquellos infelices, cuya causa y clemen cia le habia legado y cometido. Vive en los estable cimientos de piedad, de industria y de literatura que mejoró, y en los diversos países que tuvieron la dicha de poseerle. Existe su gloriosa memoria en el ánimo de nuestro augusto Monarca y de toda su lieal Familia. Vive y vivirá perpetuamente en la gratitud de los buenos españoles que le somos deu dores de los mas apreciables adorados objetos de nuestro amor. Vive finalmente en la mansión dicho sa de los justos. Mas si aun le restan que expiar algunas reli quias de la fragilidad humana, aceptad ó Rey de Reyes, Dios de las virtudes, aceptad el incruento sacrificio en que acaba de ofrecerse la víctima de í> 3] mayor propiciación: acoged benigno los votos del piadoso Rey de las Españas, que os consagra en su fragio por su espíritu estas solemnísimas exequias: recibid la sincera fervorosa voluntad y súplicas de toda la Familia Real reunida hoy en este suntuoso templo: oid nuestras oraciones, para que el alma del magnánimo Luis x v iii , que fue grande sobre la tierra, lo sea también en la celeste Sion por los si glos de los siglos. Asi sea. * ,