Desarrollo agrario e industrialización. Crecimiento y crisis en la economía valenciana del siglo XX
Abstract
Calatayud Giner, Salvador
Full text
Edifici B – Campus de Bellaterra 08193 Cerdanyola del Vallès, Barcelona, Spain Tel.:(+34) 935811203; Fax: (+34) 935812012 http://www.h-economica.uab.es Departament d’Anàlisi Econòmica, Universitat de València e-mail: [email protected] 15/02/2011 Unitat d’Història Econòmica UHE Working Paper 2011_09 Desarrollo agrario e industrialización. Crecimiento y crisis en la economía valenciana del siglo XX Salvador Calatayud Giner
Salvador Calatayud Giner, 2011 Desarrollo agrario e industrialización. Crecimiento y crisis en la economía valenciana del siglo XX UHE Working Paper 2011_09 http://www.h-economica.uab.es/wps/2011_09.pdf Unitat d’Història Econòmica Departament d’Economia i Història Econòmica Edifici B, Campus UAB 08193 Cerdanyola del Vallès, Spain Tel: (+34) 935811203 http://www.h-economica.uab.es © 2011 by Salvador Calatayud Giner and UHE-UAB
- 1 - Desarrollo agrario e industrialización. Crecimiento y crisis en la economía valenciana del siglo XX 1 Salvador Calatayud Giner Departament d’Anàlisi Econòmica, Universitat de València e-mail: [email protected] 1. El cambio en el largo plazo En las décadas centrales del siglo XIX se configuró el modelo económico que dominaría en la región durante más de un siglo. Estaba centrado en la agricultura intensiva y orientada a la exportación; las altas densidades de población en las zonas de regadío litoral, que incluían una red urbana de cierta entidad; y una incipiente industrialización basada en empresas de pequeño tamaño y muy dependiente del desarrollo agrario. Era un modelo que presentaba fuertes peculiaridades en el contexto español. Por un lado, la agricultura proporcionaba niveles de productividad y de renta superiores a la media del país; así, a pesar de fundarse básicamente sobre el sector primario, la economía valenciana se diferenciaba de la mayor parte de España, donde los rendimientos del suelo eran notablemente bajos. Por otro lado, esta economía dio lugar, en el seno de un país abrumadoramente agrario, a un desarrollo industrial vigoroso que, sin embargo, quedaba muy por detrás del de las regiones industriales, en especial de Cataluña. Fue un tipo de industrialización difusa, sin sectores líderes claramente destacados ni grandes núcleos espaciales. La fuerte complementariedad de agricultura e industria constituía, además, otro de los rasgos más distintivos de un modelo que se apartaba tanto de la generalidad de las trayectorias seguidas en España como de los procesos clásicos de industrialización en Europa. El enjuiciamiento en este sentido del desarrollo valenciano recibió un impulso decisivo, en la década de 1980, con las aportaciones de Ramon Garrabou en lo referente a la agricultura y de Jordi Nadal por lo que afecta a la industria 2 . 1 Este artículo forma parte de los proyectos SEJ2007-60845 y HAR2010-20684-C02-01. El autor agradece la lectura atenta y las sugerencias de Samuel Garrido, Enric Mateu, Jesús Millán y Mª Cruz Romeo. 2 Ramon Garrabou, Un fals dilema. Modermitat o endarreriment de l’agricultura valenciana (1850-1900), Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 1985; Jordi Nadal, "El desenvolupament de l'economia valenciana a la segona meitat del segle XIX: una via exclussivament agrària?", Recerques, 19, 1987, pp. 115-132. Con anterioridad se había planteado una interpretación sugerente de la historia económica valenciana en: Ernest Lluch, La via valenciana, Valencia, E. Climent, 1976 (reed.: Catarroja, Afers, 2001)
- 2 - Por otra parte, la importancia de las exportaciones indica que este modelo se vinculó muy pronto y muy estrechamente al desarrollo de los países industrializados de la Europa occidental. La Comunidad Valenciana formó parte, pues, de la “periferia” continental capaz de aprovechar las ventajas comparativas -de tipo climático, económico y socialpara suministrar productos primarios 3 . El estímulo de esta demanda europea se materializó sobre todo cuando el cambio en las dietas alimentarias, ligado a nuevos conceptos de salud y nutrición y al alza de los niveles de vida, aumentó el consumo de frutas y hortalizas 4 . Esta vinculación internacional creó unas condiciones para el desarrollo bastante más favorables que en la mayor parte de la península. Como contrapartida, las crisis de demanda también provocaban una caída más profunda de la actividad 5 . El ciclo económico se caracterizó, pues, por una gran sensibilidad respecto a las fluctuaciones internacionales y a variables macroeconómicas como el tipo de cambio y la política comercial. El aprovechamiento de las ventajas comparativas de carácter geográfico fue posible, en gran medida, por las estructuras sociales dominantes en la producción agraria de la región. En la fase del capitalismo agrario que se inició en Europa tras la crisis de finales del siglo XIX, en la cual la pequeña explotación, normalmente de gestión familiar, adquirió ventajas sobre otros modos de organización, Valencia se caracterizaba precisamente por la amplia presencia de pequeños propietarios y arrendatarios. Este factor resultó notablemente favorable al desarrollo de la agricultura, como se verá más adelante 6 . Al mismo tiempo, en el primer tercio del siglo XX, esta vía de desarrollo económico y, sobre todo, el tipo de sociedad que lo acompañaba contrastaba en el seno de una España donde se planteaba con crudeza la “cuestión agraria”. Para muchos analistas y políticos de esa época, el predominio en Valencia de “una clase media agrícola”, en palabras de M. de Torres, había resuelto el problema de la tierra 7 . En la realidad, sin embargo, el dinamismo económico estuvo acompañado por procesos de cambio y diversificación social que dificultaron al sistema político de 3 Ivan T. Berend y Gyorg Ranki, “Una industrialización sin revolución industrial. La periferia europea en el siglo XIX”, en P. Mathias et al., La Revolución industrial, Barcelona, Crítica, 1988, pp. 330-358. Nuno Valério, "Some remarks about Growth and Stagnation in the Mediterranean World in the XIXth and XXth Centuries", Journal of European Economic History, vol. 21, nº 1, 1992, pp. 121-133. André Nouschi, "L'économie mediterranéenne: économie dominée ou économie relais?", en E. Aerts y N. Valério, eds., Growth and Stagnation in the Mediterranean world, Lovaina, Tenth international Economic History Congress, 1990, pp. 119-135. José Morilla, Joaquín GómezPantoja y Patrice Cressier (eds.), Impactos exteriores sobre el mundo rural mediterráneo, Madrid, MAPA, 1997. 4 Vicente Pinilla, "El comercio exterior en el desarrollo agrario de la España contemporánea: un balance", Historia Agraria, 2001, nº 23, pp. 13-35. 5 Jordi Palafox, "La lenta marcha hacia la sociedad industrializada (1891-1959)", en José A. Martínez Serrano, Andrés Pedreño y Ernest Reig (dirs.), Estructura económica de la Comunidad Valenciana, Madrid, Espasa Calpe, 1992, p. 27. 6 Niek Koning, The failure of agrarian capitalism : agrarian politics in the UK, Germany, the Netherlands, and the USA, 1846-1919, Londres y New York, Routledge, 1994. Ramon Garrabou, Jordi Planas y Enric Saguer, Un capitalisme impossible? La gestió de la gran propietat agrària a la Catalunya contemporània, Vic, Eumo editorial, 2001, pp. 225 y ss. Domingo Gallego, Más allá de la economía de mercado. Los condicionantes históricos del desarrollo económico, Madrid, Marcial Pons, 2007, capítulo 5. 7 Juan Zabalza, “Los escritos agrarios de Manuel de Torres (1903-1960): ciencia económica y agricultura”, Historia Agraria, 46, 2008 p. 138.
- 3 - la Restauración la integración pacífica de esa sociedad compleja. Los desafíos desde abajo -tanto de carácter urbano como ruralse tradujeron en tensiones a lo largo del primer tercio del siglo 8 . Desde el punto de vista de la riqueza por habitante, la vía de crecimiento seguida permitió, en efecto, una mejora en la posición relativa de la región en el conjunto español, como puede verse en el cuadro 1. Esto diferenciaba al territorio valenciano de regiones agrarias como Andalucía, Extremadura o las dos Castillas, e implicaba un recorte de distancias respecto a las regiones de mayor industrialización, como Cataluña: en 1930 la renta familiar era un 73,6% de la catalana, mientras en 1980 había convergido hasta el 89,1%. A mediados de siglo y, en particular, durante la fase de crecimiento de la economía española centrada en la década de 1960, este modelo alcanzó sus máximas potencialidades. Se materializaban así las ventajas de la vía de desarrollo emprendida. Cuadro 1. Evolución de la posición relativa de la Comunidad Valenciana en el PIB español. PIB p.c. (España = 100) Renta familiar neta disponible (España = 100) % del PIB total de España 1800 71,2 1860 95,1 1900 90,6 1930 107,9 105,9 8,01 1940 107,1 106,9 8,7 1960 107 106,7 8,07 1980 102,4 104,3 9,7 2000 96,5 98,2 10,2 2008 89,4 Fuente: Albert Carreras y Xavier Tafunell (coords.), Estadísticas históricas de España. Siglos XIX –XX, Bilbao, Fundación BBVA, 2005, vol III, pp. 1370, 1372 y 1373. I.N.E. “ContaBilidad Regional de España. Base 2000”. Sin embargo esta capacidad se agotó en algún momento durante el último tercio del siglo XX y provocó que el crecimiento del PIB per capita fuera inferior a la media española desde mediados de la década de 1980 (Domínguez, p. 86). En ese momento, resultaba difícil clasificar a la Comunidad Valenciana entre las regiones españolas 9 : no estaba entre las “regiones dinámicas”, pero su trayectoria pasada y unos indicadores muy próximos a la media española llevaban a diferentes autores a incluirla en la “España rica”. En cualquier caso, el retroceso en la posición 8 Jesús Millán, "L'economia i la societat valencianes, 1830-1914. Les transformacions d'un capitalisme perifèric", en Pedro Ruiz, coord., Història del País Valencià, vol V Època contemporània, Barcelona, Ed. 62, 1990, pp. 73 y 76. 9 Rafael Dominguez, La riqueza de las regiones: las desigualdades económicas regionales en España, 1700-2000, Madrid, Alianza, 2002, p. 86; Jordi Maluquer, “Las comunidades autónomas españolas bajo el impacto de la integración en la Unión Europea”, en Luis Germán et alii (eds.), Historia económica regional de España. Siglos XIX y XX, Barcelona, Crítica, 2001, pp. 538-9.
- 4 - relativa regional se ha reforzado en la primera década del siglo XXI, al caer la renta per capita valenciana sensiblemente por debajo de la media española y experimentar un alejamiento respecto a la Cataluña industrial y frente a regiones en ascenso como La Rioja, Navarra o Aragón. Esta pérdida de posiciones relativas se ha producido cuando la economía regional ha acentuado su orientación hacia las actividades turísticas, uno de los sectores de crecimiento más rápido en el mundo a finales del siglo. Pese a ello, esta reorientación ha resultado insuficiente para contrarrestar la pérdida de dinamismo en la agricultura y la industria, lo que plantea el problema de la terciarización como estrategia de desarrollo. Este resultado final obliga a indagar en las características del modelo de desarrollo. Las potencialidades de la condición de “periferia” europea no se agotaron para la economía valenciana cuando la agricultura perdió la centralidad, pero se vieron reducidas. En este trabajo destacaremos las líneas generales del desarrollo valenciano y su continuidad a lo largo del tiempo, muy llamativa tanto en la agricultura como en la industria. Se tratará también de señalar los procesos de cambio sobre la base de una vía que no ha experimentado alteraciones radicales en los últimos cien años: no se ha conocido ni una desindustrialización acelerada como la de Asturias , ni un éxodo de población con gran impacto sobre la sociedad rural como las regiones del sur de España, ni, en fin, una renovación sustancial de los sectores industriales motores al estilo de Cataluña. Finalmente, trataremos de mostrar cómo los rasgos que permitieron el éxito relativo de mediados de siglo, se convirtieron en otros tantos frenos a la continuidad del desarrollo. 2. Un desarrollo económico fundado en la agricultura El desarrollo agrario que el territorio valenciano experimentó en la época contemporánea estaba profundamente arraigado en una larga tradición de cultivo intensivo y orientación comercial. Así, uno de los aprovechamientos principales en el siglo XVIII, la morera y la producción de seda, había estado íntegramente vinculado a mercados situados, en gran medida, fuera de la región 10 . Y no era un caso aislado, puesto que la producción de aguardiente, vino, barrilla o arroz tenía también un acentuado carácter mercantil. A su vez, la dedicación de la tierra a estos cultivos generaba un déficit del principal producto alimentario, el trigo, que se resolvía con 10 Manuel Ardit, Els homes i la terra del País Valencià, segles XVI-XVIII, Barcelona, Curial, 1993, vol. I, pp. 251 y ss.; Tomás Peris, La terra de l’arròs i les moreres. Història de la Ribera, vol II, Alzira, Bromera, 2003; Juan Piqueras, La agricultura valenciana de exportación y su formación histórica, Madrid, MAPA, 1985.
- 5 - importaciones desde regiones del interior peninsular 11 . Esta dinámica insertó desde muy pronto al antiguo Reino de Valencia en los flujos del incipiente mercado interior español y caracterizó un modelo agrario bastante peculiar. Por tanto, la orientación agraria dominante en el siglo XX contaba con antecedentes bien consolidados en lo que afecta a las técnicas de cultivo, la capacidad de diversificación productiva y la difusión de prácticas comerciales. La agricultura heredera de esta tradición se basaba en un dualismo acentuado entre las tierras regadas del litoral y los secanos mayoritarios y localizados al oeste, en lo que sería un paisaje agrario de transición hacia la España interior. Las primeras presentaban la máxima potencialidad productiva y constituían el escenario agrícola más peculiar de la región. El rasgo tal vez más destacado en el contexto español es que no se trataba, como en la mayoría de lugares, de áreas reducidas de riego, secundarias en la producción local y dedicadas al autoconsumo, sino de extensiones continuas que proporcionaban la práctica totalidad de las cosechas, tanto de autoconsumo como comerciales. En este medio tendría lugar, desde luego, el mayor desarrollo agrícola de la época contemporánea, pero el secano tuvo también, como veremos, un protagonismo no desdeñable en determinados períodos. El nacimiento del modelo de agricultura característico del siglo XX se produjo en la segunda mitad del siglo anterior a partir de una evolución muy vinculada a los cambios en el mercado mundial de productos agrarios. A mediados de siglo, la competencia de otras regiones europeas y una plaga acabaron de manera muy rápida con la producción sedera, que ya había iniciado su declive con anterioridad. Durante las décadas siguientes la aparición de fibras sustitutivas provocó también la crisis de un cultivo central en muchas huertas, el cáñamo. Por su parte, la concurrencia asiática frenó momentáneamente la expansión del arroz. La recuperación que habría de seguir sacrificaría los cultivos industriales en beneficio de los alimentos, pero las áreas de regadío no encontraron de inmediato una alternativa comercial equiparable a las que se perdían. Sólo el arroz experimentó un avance importante, pero este cultivo se destinaba mayoritariamente a los mercados locales. Frente a ello, la recreación de los vínculos mercantiles de larga distancia se desplazó durante la segunda mitad del siglo XIX hacia el secano, al centrarse en la vid y la producción de vino. Como en otras regiones, el último tercio del ochocientos fue la época dorada de la vid, que se difundió muy rápidamente por altiplanos y valles interiores y algunas zonas litorales 12 . Inversiones para transformar las tierras pero, sobre todo, un gran empleo de trabajo hicieron 11 Enrique Llopis y Sonia Sotoca, “Antes, bastante antes: la primera fase de la integración del mercado español de trigo”, Historia agraria, 36, 2005, p. 247. 12 Juan Piqueras, La vid y el vino en el Pais Valenciano, Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 1981. Teresa Carnero, Expansión vinícola y atraso agrario, 1870-1900, Madrid, MAPA, 1980.
- 6 - posible este auge motivado por la demanda francesa, mientras ese país sufría la devastación de la filoxera. En 1890 se interrumpieron bruscamente las exportaciones y, muy poco después, las 260.000 hectáreas existentes en 1900 comenzaban a sufrir también la invasión de la filoxera. El resultado fue una profunda y prolongada crisis, acompañada por altas tasas de emigración. Pese a todo, la etapa de esplendor había permitido un notable desarrollo de estas áreas menos dotadas para la agricultura intensiva. La posterior recuperación del cultivo confirmó la viabilidad económica de estos espacios a partir de su vocación vitivinícola, renovada durante la segunda mitad del siglo XX; contribuyó así a fijar la población en áreas del interior como el altiplano de Requena y los valles de Albaida y del Vinalopó. Sin embargo, pese a la crisis de la vid, la agricultura regional estaba en los inicios de una expansión sin precedentes, ahora basada definitivamente en las zonas de regadío e impulsada por tres cultivos. Se trataba de especializaciones localizadas en áreas diferentes, que apenas se superponían y que configuraron modelos de agricultura intensiva con exigencias técnicas y destinos comerciales muy diferentes. En primer lugar, el arroz, un cultivo de larga tradición en territorio valenciano, pero bastante excepcional en el contexto europeo, se consolidó en las zonas próximas a los marjales y experimentó una nueva fase alcista después de las dificultades vividas a finales del siglo XIX a causa de la competencia asiática. En ello influyó la protección arancelaria decretada en 1891 para todos los cereales, pero también lo hicieron el cambio técnico que situó a España entre los países con mayores rendimientos por hectárea del mundo 13 . En segundo lugar, las hortalizas comenzaron a ser objeto de cultivo especializado a cierta escala y ocuparon en muchas huertas el lugar que antes había detentado el cáñamo o substituyeron al trigo y otros cereales. Los cambios nutricionales que se consolidaron en España durante el primer tercio del siglo XX 14 explican su concentración en las inmediaciones de la ciudad de Valencia y su escaso desarrollo en las huertas de ciudades con una demanda muy inferior como Castellón 15 . En otros casos, como Gandía (y también Valencia), la comercialización local se vio completada de manera creciente por las ventas en países europeos y en Estados Unidos. Las hortalizas, plantas de ciclo corto, se cultivaban en rotación con el trigo, tubérculos, bulbos y forrajes, y por ello constituían la parte más intensiva de la agricultura de regadío. Finalmente, el naranjo, un cultivo hasta entonces marginal, comenzó una rápida expansión por tierras de regadío o por áreas de secano previamente acondicionadas mediante la excavación 13 S. Calatayud, "De l'ànima de Dumilla. L'arròs al món contemporani" , Afers, 39, 2001, p. 301. 14 Xavier Cussó y Ramon Garrabou, "Els sistemes alimentaris: una dilatada transició", en Ramon Garrabou, coord., Història agrària dels Països Catalans. Segles XIX-XX, Barcelona,, Universitat de Barcelona, 2006, vol. IV, pp. 433-464. 15 Samuel Garrido, Cànem gentil. L‟evolució de les estructures agràries a la Plana de Castelló (1750-1930), Castelló de la Plana, Ajuntament, 2004, p. 142; y “Cáñamo gentil. Una indagación sobre los condicionantes del cambio técnico en la agricultura”, Historia Agraria, 36, 2005, pp. 287-310.
- 7 - de pozos y la construcción de nuevas redes de riego. Se trataba de un producto destinado mayoritariamente a la exportación, que todavía en 1872 ocupaba menos de 3.000 hectáreas, para superar las 37.000 en 1922, antes de la gran expansión experimentada en la década de 1920 que elevaría la superficie a 62.872 hectáreas en 1934 16 . Las fuertes inversiones y el coste de oportunidad que comportaba este cultivo arbóreo, improductivo durante los primeros años de la plantación, no evitaron que lo adoptaran propietarios de toda la escala social. De ese modo, el naranjo absorbió capitales urbanos en esta época de industrialización, pero también implicó un considerable empleo de trabajo para acondicionar los terrenos por parte de pequeños cultivadores. Para éstos, la opción comercial que representaba el naranjo se convirtió, en lugares como la Plana de Castellón, en la forma de consolidar sus explotaciones familiares 17 . Por su parte, para sectores acomodados de ciudades y pueblos, además de proporcionar altas tasas de beneficios, la posesión de naranjales se convirtió en signo de distinción social. Además, las diversas actividades derivadas de la cosecha de cítricos constituyeron un estímulo notable para el desarrollo de las zonas productoras y la consolidación de ciudades medias con una economía diversificada, como Borriana, Vila-Real, Alzira, Carcaixent u Oriola. Sobre estas bases, a la altura de la década de 1930 el modelo agrario valenciano del siglo XX estaba plenamente establecido y no cambiaría sustancialmente durante el resto del siglo. El cuadro 2 permite caracterizar esta agricultura en relación con el conjunto español y otras regiones mediterráneas. La piedra de toque residía en el peso de los cereales, cultivo mayoritario en España pero mucho menos importante en las regiones del este peninsular. Sin embargo, no puede hablarse de un modelo agrícola mediterráneo único. Mientras el territorio valenciano mostraba muchas semejanzas con Murcia, aunque con un peso sensiblemente mayor de las especializaciones de regadío, la producción catalana se diferenciaba por el peso de las hortalizas y el viñedo. El rasgo más distintivo en nuestro caso era la hegemonía de los frutales, fundamentalmente el naranjo, que constituía casi la mitad de la producción agrícola. En conjunto, esta orientación productiva hacía que la provincia con mayor peso del regadío, Valencia, tuviera en 1931 la mayor productividad de la tierra de España y ocupara la segunda posición en productividad del trabajo 18 . 16 G.E.H.R., Estadísticas históricas de la producción agraria española, 1859-1935, Madrid, MAPA, 1991, pp. 149, 403 y 1085. 17 Samuel Garrido, “El conreu del taronger a la Plana de Castelló: agricultura comercial, propietat pagesa i treball assalariat (18501930)”, Estudis d’Història Agrària, 13, 2000, pp. 201-227. 18 Simpson, “La producción y la productividad…”, op. cit., p. 77.
- 14 - agentes autóctonos, al tiempo que la rentabilidad para los propietarios de los naranjales fue muy elevada 35 . La organización de las exportaciones al otro mercado principal, el francés, se configuró de manera totalmente distinta. Basados en el trasporte terrestre, los flujos hacia Francia estuvieron desde el primer momento en manos de comerciantes valencianos, que abrieron personalmente los canales de venta y mantuvieron agentes propios en los puntos de destino 36 . Estas redes comerciales de carácter familiar se basaron en los lazos personales, pero también en un aprendizaje de las pautas de consumo e intermediación de estos mercados en expansión y en un uso precoz de medios como el telégrafo y el teléfono. En conjunto, el comercio naranjero creó un sector muy disperso de comerciantes autóctonos, que adquiriría una posición preponderante en el negocio a partir de la inversión en establecimientos de preparación y empaquetado de la fruta. Estos almacenes experimentarían, a mediados de siglo, un proceso de mecanización, paralelo a una progresiva concentración empresarial. Por otra parte, las exportaciones españolas se vieron confrontadas en ocasiones al modelo de producción y comercialización de California, con el que la citricultura valenciana tenía diferencias notables en cuanto a la calidad, la homogeneidad del producto y las prácticas comerciales 37 . Además de la creciente centralidad del comercio naranjero, otros productos conocieron un aumento muy rápido de sus exportaciones. Las pasas tenían una larga tradición en las cercanías de la ciudad portuaria de Denia y se vinculaban al mercado británico. Las cebollas, por su parte, ya superaban al vino a finales de los años veinte. Junto a Gran Bretaña, su destino principal fue Estados Unidos, donde se impusieron por la diferenciación en calidad respecto a las variedades autóctonas y por la mejora en el empaquetado y la presentación comercial. El auge sólo se frenó con el arancel Smoot-Hawley de 1930, proteccionismo que afectó también a las conservas vegetales que constituían, en 1922, el quinto producto más importante en las salidas por el puerto de Valencia y se vendían sobre todo en aquel país. En cuanto a los tomates, las salidas por Valencia y Gandia representaban en 1930 el 85% del total español 38 . Incluso un producto tradicionalmente destinado al mercado interior, como el arroz, se incorporó también a la exportación, a la que en los años veinte se destinaba casi una cuarta parte de la producción 39 . 35 J. Palafox, "Estructura de la exportación y distribución de beneficios. La naranja en el País Valenciano (1920-1930)", Revista de Historia Económica, I, 2, 1983, pp. 339-351; y "Exportaciones, demanda interna y crecimiento económico en el País Valenciano", en N. Sánchez-Albornoz, comp., La modernización económica de España, 1830-1930, Madrid, Alianza, 1985, p. 330. 36 Vicent Abad, Historia de la naranja, Valencia, Comité de Gestión de la Exportación, 1984, p. 95 37 Samuel Garrido, "Oranges or 'lemons'? Family farming and product quality in the Spanish orange industry, 1870-1960", Agricultural History, 84, 2 (2010). 38 C. García Gisbert, Cultivos de regadío en Levante, Madrid, M. Marín y G. Campos editores, 1933, p. 215. 39 Son cifras del total de exportaciones españolas, de las cuales la producción valenciana representaba la mayor parte; L. García Guijarro, La exportación agrícola española y su importancia en el comercio exterior, Madrid, Suc. de Rivadeneyra, 1928, p. 28.
- 15 - La fuerte dependencia respecto a los flujos exteriores hacía a la economía valenciana extremadamente sensible a los cambios en los mercados mundiales. Esta vinculación fue la responsable del incremento del nivel de renta y del desarrollo económico experimentado, pero también tenía sus servidumbres. A lo largo del primer tercio del siglo, la internacionalización de la agricultura generó situaciones de crisis comercial, excesos de oferta y confrontación con nuevas regiones competidoras. Así, durante la I Guerra Mundial se produjo el primer gran hundimiento de los envíos de cítricos a Europa. Más tarde, cuando a lo largo de la década de 1920 los precios agrarios mundiales comenzaron a caer de forma sostenida, algunos productos del campo valenciano se vieron afectados. Es el caso del sector arrocero, que respondió con una organización corporativa de la producción y comercialización, en la línea de lo que sucedía en la agricultura europea de la época. Finalmente, durante la depresión económica mundial de los años treinta, toda la exportación agraria se vio perjudicada profundamente. Las ventas de cítricos se redujeron sustancialmente, aunque no sólo por la caída de la demanda y la competencia creciente de nuevos productores como Palestina. Las propias prácticas especulativas de los exportadores, que enviaban fruta en mal estado, contribuyeron a reducir las ventas en Gran Bretaña. La crisis social del período republicano estuvo, en buena medida, determinada por esta situación, con altos niveles de paro en las zonas donde habitualmente se generaban las mayores cifras de ocupación. El desarrollo comercial, además de exigir mejoras sustanciales en los puertos de Valencia, Alicante y Castellón (en éste se construyó el “muelle naranjero”) 40 , dio lugar a la organización de los grupos de interés. Desde principios de siglo habían surgido los Círculos Fruteros, que agrupaban a los exportadores de naranjas en demanda de acuerdos comerciales 41 . Mayor proyección tuvo la Unión Nacional de la Exportación Agrícola, creada en 1924 e impulsada sobre todo por valencianos. Al mismo tiempo, y en relación con la trascendencia que tenía el comercio para la región, surgieron planteamientos teóricos sobre el crecimiento económico basado en el sector exterior y el papel de las exportaciones valencianas en la economía española, como los que Romà Perpinyà formuló en el seno del Centro de Estudios Económicos Valencianos 42 . En particular, se destacó el alto índice de cobertura de las importaciones de maquinaria (superior al 100% en muchos momentos) a lo largo del primer tercio del siglo 43 . Después de esta etapa de crecimiento sostenido de las exportaciones, con crisis coyunturales, la autarquía de la postguerra y la II Guerra mundial significaron un periodo más 40 Marc Ferri, La construcción del territorio valenciano. Patrimonio e historia de la ingeniería civil, Valencia, Colegio de Ingenieros, Caminos, Canales y Puertos, 2003, pp. 214-215. 41 Abad, Historia de la naranja, op. cit., p. 127. 42 J. Palafox, “Román Perpiñá Grau y la economía del País Valenciano”, en De economía crítica (1930-1936), Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 1982. 43 Vicent Soler, "L'arrencada industrial (1960-1975)", en Ruiz, Història del País Valencià, op. cit., p. 256.
- 16 - prolongado de estancamiento comercial. Las ventas exteriores de cítricos, que en los años de crisis internacional de 1930 a 1935 habían sido de 840 miles de toneladas de media anual, en 1939-47 apenas alcanzaron los 218 al año 44 . El impacto sobre la economía regional fue importante y obligó a reorientarse al mercado interior, de limitada capacidad adquisitiva. Cuando se superaron los obstáculos comerciales la recuperación fue extraordinaria. Hacia 1949 las exportaciones naranjeras estaban creciendo de nuevo. Se iniciaba así el camino que llevaría al máximo esplendor de la producción valenciana en el comercio exterior español, que se recoge en el Cuadro 4: a finales de los años setenta la Comunidad aportaba la mitad de las exportaciones agrícolas del país y casi el 20% del total de exportaciones, con menos del 10% del PIB español. Cuadro 4. Participación de la Comunidad valenciana en las exportaciones españolas Agrícolas Industriales Total 1972 27,9 13,3 15,7 1979 49,7 14,0 18,3 1989 33,9 13,6 15,8 1999-2000 25 13 13,3 Fuente: Fernández, Sospedra y Suárez, p. 269; Albertos, p. 201; J. Maluquer, “Las comunidades autónomas españolas bajo el impacto de la integración en la Unión Europea”, en Luis Germán et alii (eds.), Historia económica regional de España. Siglos XIX y XX, Barcelona, Crítica, 2001, p. 546. En ese momento, sin embargo, se había producido un hecho de gran trascendencia: desde 1969, aproximadamente, los productos industriales ya superaban a los agrarios en el valor total de las exportaciones valencianas 45 . La incorporación de las manufacturas al comercio exterior fue muy rápido: a lo largo de los años sesenta sectores como el calzado o la cerámica pasaron, desde cifras irrelevantes, a exportar, respectivamente, el 40 y el 22% de su producto y el valor de todas las exportaciones industriales se multiplicó por treinta 46 . Este hecho mostraba las ventajas de un sector manufacturero competitivo en costes salariales pero también adaptado a la demanda en esa época de auge del consumo en los países europeos. El sector industrial prolongaba así la apertura exterior de origen agrario que había caracterizado a la economía valenciana desde siglos anteriores. Lo hizo, además, con anterioridad a la incorporación del 44 Miquel A. Fabra, El País Valencià (1939-1959): autarquia i industrialització, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2000, p. 105. 45 Ibídem, p. 108. 46 Soler, "L'arrencada....", op. cit., p. 373.
- 17 - automóvil a este comercio, a partir de la instalación de Ford en Valencia: en 1976 naranjas y calzado representaban todavía la mitad de todo lo exportado, situación que cambiaría en los años sucesivos con el aumento de la participación del sector automovilístico 47 . Durante los años ochenta éste superaba ya a cualquier otro sector, pese a lo cual no iba más de allá de un 15% del total de exportaciones 48 . Hasta casi final de siglo, los sectores que mantenían una ventaja comparativa clara en los mercados exteriores 49 eran aquellos que contaban con una larga tradición en la industrialización regional, lo que explica la estabilidad de éstos a lo largo del tiempo, tal como veremos en el apartado siguiente. Sin embargo, el potencial de este modelo de comercio exterior se fue agotando en las dos décadas finales del siglo, conforme aumentaba la competencia procedente de los países de industrialización reciente, en especial asiáticos. La incorporación a la C.E.E. no supuso ningún cambio de trascendencia y se limitó a acentuar una concentración de los flujos en dirección a los países miembros, que ya era elevada con anterioridad. 4. La industrialización: la continuidad histórica de un modelo El modelo industrial que ha dominado durante el siglo XX y ha conducido a la economía regional a su plena industrialización se gestó de manera simultánea a la expansión agraria iniciada en la segunda mitad del siglo anterior. Convivió, por tanto, con los renovados flujos de capital urbano hacia la agricultura naranjera y con el prestigio social alcanzado por la inversión en ese sector. La nueva fase industrial se basó en una discontinuidad parcial respecto a un desarrollo manufacturero previo de entidad no despreciable 50 . Por un lado, la actividad más importante y prometedora a finales del antiguo régimen, la sedería, entró en crisis y quedó en una posición marginal desde mediados del siglo XIX, generando así una pérdida de tejido industrial en la misma ciudad de Valencia. Por su parte, el otro núcleo industrial tradicional, el textil lanero y el papel de Alcoi, experimentó un proceso de transformación y crecimiento, a pesar de lo cual no constituiría, como veremos, el fundamento para la nueva industrialización en ciernes. Ésta, que estaba en vías de consolidarse al entrar en el siglo XX, respondió a estímulos y sectores nuevos. Como precedente, sin embargo, había una etapa de iniciativas empresariales que florecieron en las décadas centrales del ochocientos ligadas a la construcción ferroviaria con participación de inversionistas valencianos; a la aparición de una primera generación de entidades financieras que 47 Aurelio Martínez, Ismael Fernández y Manuel Sanchis, Dinámica exportadora del País Valenciano, Valencia, Banco de Promoción de Negocios, 1978, p. 156. 48 Ismael Fernández, Ismael Sospedra y Celestino Suárez, "Comercio exterior", en Martínez Serrano, Pedreño y Reig, Estructura económica…., op. cit., p. 277. 49 Ibídem, p. 278. 50 Lluís Torró y Joaquim Cuevas, "Pels camins de la 'via valenciana': la indústria en el segle de la revolució", Recerques, 44, 2002, pp. 25 y 34.
- 18 - se vino abajo con la crisis de 1866; y a los negocios derivados del suministro de servicios urbanos como el gas y el agua 51 . Al mismo tiempo, el auge de la agricultura orientada al mercado fue creando un tejido disperso de comerciantes dedicados a la compra y comercialización de los productos agrarios o a la importación de fertilizantes para abastecer los campos. En algunos casos, como el de la casa Trénor, la combinación de estas actividades dio nacimiento a negocios sólidos y diversificados, que incluían también iniciativas industriales 52 . Hacia 1900, la Comunidad Valenciana era, en la valoración de Jordi Nadal, la tercera región española por nivel de industrialización 53 . Sin embargo, su aportación a la producción industrial española (el 8,31%) apenas superaba en una décima el porcentaje que representaba de la población del país. Esta posición la alejaba de la mayor parte de las regiones, donde la industria tenía una presencia muy limitada, pero al mismo tiempo la situaba notablemente por detrás de Cataluña, que representaba por esas fechas casi el 40% del sector secundario español 54 . Una parte sustancial y, sobre todo, creciente de esta industria estaba muy vinculada al desarrollo agrario, de dos modos diferentes. Por un lado, estaban los sectores proveedores de bienes de producción para la agricultura: fertilizantes, máquinas, envases. Por otro, los sectores de bienes de consumo (muebles, calzado) estimulados por un mercado regional en expansión como consecuencia de la mejora de rentas que comportaba el crecimiento agrario. Éste y la creciente diversificación de la economía eran también responsables de la expansión urbana y la correspondiente aparición de nuevas pautas de consumo: hacia 1930, había 27 municipios de más de 10.000 habitantes 55 y en casi todos ellos las actividades no agrarias tenían un peso importante. Este conjunto de incentivos y vínculos intersectoriales se desarrolló a partir de una estructura espacial que, enraizada en la tradición manufacturera anterior, tendría a su vez una amplia continuidad durante el siglo XX. Así, se podrían distinguir cuatro áreas industriales con características diferenciadas y trayectorias autónomas: A) El área que tenía su centro en Alcoi constituía una variante industrial autónoma y formada desde el siglo XVIII a partir de la dinámica interna de esta zona montañosa de difícil accesibilidad. Pese a ello, se trataba de la ciudad más industrializada y con mayor tradición manufacturera del 51 Clementina Ródenas, Banca i industrialització. El cas valencià, 1840-1880, Valencia, Tres i Quatre, 1978; Telesforo M. Hernández, Ferrocarriles y capitalismo en el Páis Valenciano, 1843-1879, Valencia, Ayuntamiento, 1983; Javier Vidal, Comerciantes y políticos (Alicante 1875-1900), Alicante, Instituto Juan Gil-Albert, 1987; Joaquín Azagra, Propiedad inmueble y crecimiento urbano: Valencia 1800-1931, Madrid, Síntesis, 1993. 52 Anaclet Pons y Justo Serna, "Trenor. Fets i paraules", en Trenor. L'Exposició d'una gran familia burgesa, Valencia, Universidad de Valencia, 2009; Amparo Llopis, Análisis contable de la Sociedad Trénor y Compañía (1838-1926), Valencia, Universitat de València, 2005, Tesis Doctoral. 53 Nadal, "El desenvolupament…”, op. cit., p. 116 54 Jordi Palafox, “La tardía industrialización de la economía valenciana”, en L. Germán et alii (eds.), Historia económica…, op. cit., p. 403. 55 Francisco J. Goerlich y Matilde Mas (dirs.), La localización de la población española sobre el territorio. Un siglo de cambios, Bilbao, Fundación BBVA, 2006, pp. 396-7.
- 19 - territorio valenciano, en la cual se había desarrollado una industria lanera que combinaba las fábricas del núcleo urbano y una red de trabajo doméstico dispersa por el entorno. Entre finales del siglo XIX y principios del XX tuvo lugar una acelerada mecanización de la fase del tejido que completaba la del cardado e hilado, culminada a lo largo de la centuria. Además, el desarrollo textil se vio acompañado por el auge de otros sectores, en parte debido a los efectos multiplicadores de aquel. Así, se había afirmado una industria papelera, que tuvo también un desarrollo autónomo fundado en la producción de papel para tabaco. Y, más tarde, entrado ya el siglo XX, apareció una industria metalúrgica ligada a las necesidades de maquinaria de los otros sectores, con lo que se materializaron ciertos vínculos interindustriales. Al mismo tiempo, se produjo una difusión espacial de la manufactura que dio lugar a la consolidación de otros núcleos textiles como el de Ontinyent, de características geográficas semejantes, desde el cual a lo largo del siglo XX seguiría la difusión por la zona limítrofe entre las provincias de Alicante y Valencia 56 . B) En torno a la ciudad de Valencia se desarrolló la mayor concentración industrial de la región. Los nuevos sectores que tomaron aquí el relevo de la sedería, antigua especialización manufacturera de la ciudad, eran los más directamente relacionados con la demanda de bienes de producción para la agricultura. No en vano la capital se encontraba rodeada de la principal área de agricultura intensiva, prolongada hacia el sur en los naranjales de las riberas del Júcar, y su puerto era tanto el punto de salida de las exportaciones como también de entrada de fertilizantes y otros insumos agrarios. Sobre esta base se desarrollaron las construcciones mecánicas, la química y la madera 57 , que cubrieron la demanda de norias y bombas para riego, equipo de cultivo como las trilladoras de arroz, equipo para molinería, fertilizantes, explosivos para la perforación de pozos y envases para la comercialización de productos agrarios. En algunos casos, como el de las construcciones mecánicas, se dio un proceso importante de diversificación en el que destacaría la fabricación de material ferroviario 58 . Junto a estas actividades, la transformación de productos agrarios adquirió peso, sobre todo, con el auge de la molinería del arroz, que contaba con 180 establecimientos en 1922 59 . En cambio, otros sectores con gran presencia en la zona estuvieron más vinculados al crecimiento del mercado urbano: es el caso de la importante concentración de la industria del mueble al sur de la ciudad y la de cerámica al oeste. En definitiva, la peculiaridad más acentuada de esta zona, en relación con los otros núcleos, fue la gran diversificación de las actividades, que creó un tejido manufacturero 56 Ismael Vallés, Indústria tèxtil i societat a la regió Alcoi-Ontinyent, 1780-1930, Valencia, Universitat de València, 1986. 57 Nadal, "El desenvolupament de l'economia…”, op. cit. 58 M. del Álamo, Constructores ferroviarios valencianos, benicull, Ed. 7 i Mig, 1999; VV.AA., De l’ofici a la fàbrica. Una família industrial valenciana en el canvi de segle. “La Maquinista Valenciana”, Valencia, Universitat de València, 2000; Francesc A. Martínez Gallego, Desarrollo y crecimiento: la industrialización valenciana, 1834-1914, Valencia, Conselleria d‟Indústria, 1995, pp. 189 y ss. 59 Vicent Soler, Guerra i expansió industrial: País Valencià (1914-1923), Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 1984, p. 95.
- 20 - complejo en el que la convergencia tecnológica y las transferencias de mano de obra tenían un cierto papel. Al mismo tiempo, ello implicaba la existencia de una nutrida clase obrera en el ámbito urbano y en algunos pueblos cercanos a la capital, que convivía con la fuerte ruralidad de este espacio densamente poblado que era el área de influencia de la ciudad de Valencia. Una dualidad que dejaría su huella en las relaciones políticas de la zona durante el primer tercio del siglo, en las que se enfrentaron las sociedades obreras y el republicanismo de un lado y, del otro, un conservadurismo católico también con amplia base social en la agricultura 60 . C) En los valles alicantinos del Vinalopó el desarrollo manufacturero se debió a una particular conjunción de circunstancias. Por un lado, se trataba de la zona privilegiada de paso entre el interior peninsular, incluida la capital, y el Mediterráneo, con el puerto de Alicante como núcleo de un conjunto de flujos comerciales cruzados. Una condición que no disfrutaba el puerto de Valencia, inicialmente más vinculado a las necesidades de la agricultura del entorno. Esto alimentó una importante tradición de trajinería que comercializaba también artesanías locales a pequeña escala. Por otro lado, las insuficiencias de la agricultura de secano en un medio físico árido donde predominaba la pequeña propiedad crearon inicialmente la necesidad de ingresos complementarios 61 . De ese modo, se desarrollaron diversas actividades artesanales que, a principios del siglo XX, estimuladas en parte por la demanda ligada al auge vitícola de las décadas previas, habían dado lugar a una industria de zapatos en Elda y otra alpargatera en Elche 62 . En ambos casos la existencia de fábricas se completaba con una amplia presencia de trabajo a domicilio, lo cual perviviría como un rasgo de la zona durante gran parte del siglo. Por su parte, el crecimiento de la ciudad de Alicante se vio acompañado por un cierto desarrollo industrial, con la fabricación de abonos, el refinado de petróleo y la construcción de maquinaria 63 . D) Un cuarto núcleo, de menor importancia pero llamado a un gran dinamismo en la segunda mitad del siglo, fue el de producción de azulejos en Onda y Alcora (Castellón). Enraizado en la manufactura creada en el siglo XVIII por el conde de Aranda y con la ventaja de la disponibilidad de materias primas locales, esta industria se expandiría hacia el litoral castellonense, en contacto ya con una de las áreas más dinámicas de la agricultura citrícola valenciana. El desarrollo de este conjunto de actividades industriales mantenía, como acabamos de ver, relaciones complejas con el sector agrario. La propia diversidad de éste hacía que los vínculos fueran de naturaleza muy diferente: relaciones intersectoriales, demanda ligada a la mejora de las rentas agrarias, transferencias de mano de obra con cierto peso de la 60 Ramir Reig, Obrers i ciutadans: blasquisme i moviment obrer. València, 1898-1906, Valencia, Alfons el Magnànim, 1982. 61 Josep M. Bernabé, Indústria i subdesenvolupament al País Valencià. El calçat a la Vall del Vinalopó, Mallorca, Editorial Moll, 1975. 62 José A. Miranda, Hacia un modelo industrial. Elche, 1850-1930, Alicante, Instituto J. Gil-Albert, 1991. 63 Soler, Guerra i expansió industrial…, op. cit., pp. 69 y ss.
- 21 - pluriactividad 64 . Todo parece apuntar, pues, al reforzamiento mutuo entre desarrollo agrario e industrial, lejos de la incompatibilidad que la historiografía había supuesto en los primeros planteamientos sobre esta cuestión. Las características iniciales de este tejido industrial habrían de tener una larga vigencia a lo largo del siglo. Por un lado, un elevado grado de dispersión espacial, a pesar de las concentraciones señaladas más arriba. Por otro, una gran diversidad sectorial, de modo que ningún sector resultaba decisivo en su aportación al producto total. Finalmente el predominio de las empresas de pequeño tamaño, numerosas en cada uno de los sectores y creadas muchas veces por trabajadores cualificados que abandonaban los talleres donde se habían formado para emprender un camino como empresarios. En esta época de despliegue de la llamada segunda revolución industrial, esta estructura no resultaba anacrónica. No sólo correspondía a los recursos financieros disponibles y a la demanda potencial existente, sino que se justificaba por la escasa importancia de las economías de escala en los sectores mayoritarios. Por otro lado, la aplicación de la electricidad a los procesos productivos posibilitó la mecanización de estas actividades que, sin embargo, seguían siendo muy intensivas en trabajo. En todo caso, fue también en esta etapa cuando hicieron su aparición empresas de mayor tamaño o que alcanzarían rápidamente una mayor escala, especialmente en el sector de la construcción naval (Unión Naval de Levante), cemento (Compañía Valenciana de Cementos Portland) e incluso en la siderurgia (Compañía Siderúrgica del Mediterráneo), en este caso de capital vasco 65 . Paralelamente, en los años veinte se producía el intento más decidido en todo el siglo de crear una banca autóctona, mediante la compra del Banco de Valencia por un grupo de empresarios valencianos cuyas actividades constituyen una buena muestra del grado de diversificación que había alcanzado la economía regional. Entre ellos, algunos nombres fundamentales en la evolución económica del siglo, como Vicente Noguera o Ignacio Villalonga. Consolidado antes de la Guerra Civil, este modelo industrial atravesó el periodo de la autarquía con escasas alteraciones en sus rasgos básicos, pero sufrió un profundo estancamiento. Como en el caso de la agricultura de exportación, el impacto negativo fue aquí mayor que en otras regiones: la pérdida de los mercados exteriores, la escasa presencia de las iniciativas ligadas al I.N.I o los problemas para obtener materias primas importadas o asignadas por el Estado, fueron factores que contribuyeron a ello. La industria regional se recuperó lentamente y a partir de la propia dinámica interna. Se ha afirmado que el ciclo expansivo de las exportaciones de cítricos desde finales de los años cuarenta impulsó la inversión industrial en 64 Torró y Cuevas, "Pels camins…”, op. cit. 65 Manuel Girona, Minería y siderurgia en Sagunto (1900-1936), Valencia, Alfons el Magnànim, 1989.
- 22 - diversas iniciativas dispersas 66 . Sin embargo, ha habido unanimidad en atribuir al proceso de liberalización y al Plan de Estabilización un impacto positivo mucho mayor que en otras regiones, en función precisamente de las dimensiones también mayores del freno que había supuesto la autarquía. Durante los años sesenta el crecimiento fue muy rápido: entre 1962 y 1973 el producto industrial creció a una tasa anual del 9%, dos puntos superior a la media española 67 , y desde 1964 la población activa en el sector secundario superó a la dedicada a la agricultura. Cuadro 5 Distribución sectorial de la producción y la población activa ( ). Agricultura Industria Construcción Servicios 1955 20,1 35,1 4,6 40,2 1960 29 30,3 3,2 37,5 1975 9,1 32,5 8 50,4 1985 5,1 28,4 5,7 60,8 1989 4,2 27,3 7,8 60,7 Población activa 1955 48,4 23 4,5 24,1 1960 42,6 23,6 5 28,7 1975 17,9 33,1 10 39 1985 13,3 29,8 6,6 50,2 1989 10,7 28,5 8,3 52,5 Fuente: J.A. Martínez Serrano y E. Reig, “Crecimiento y cambio en la economía valenciana”, en Martínez Serrano, Pedreño y Reig (dirs.), Estructura económica…, op. cit. En este proceso, el primer impulso parece haber procedido del mercado interior, pero muy pronto las exportaciones a Europa y Estados Unidos pasaron a crecer mucho más rápido que la producción, lo que elevó su peso en las exportaciones industriales españolas, como se ha dicho en el anterior apartado. La vertiente exportadora, que algunas empresas habían abierto de forma limitada con anterioridad, se volvió ahora decisiva para muchos sectores, mientras la demanda local vinculada a la agricultura perdió el papel motor que había tenido en el pasado. En este punto, la pregunta clave es cómo una estructura industrial cuyos rasgos no cambiaron sustancialmente desde finales del siglo XIX pudo resultar adecuada para fundamentar la plena industrialización regional en un contexto nuevo, caracterizado por el ascenso del 66 Fabra, El País Valencià…. Op. cit., pp. 245 y ss. 67 Francisco Mas, “La industria valenciana: un breve recorrido por el siglo XX”, en VV.AA., De la Exposición Regional a la Copa del América. Economía valenciana en el siglo XX, Valencia, Cámara de Comercio, 2006, p. 132
- 23 - consumo de masas en España, la mayor competencia internacional y el cambio técnico acelerado bajo la impronta del paradigma fordista. La respuesta estriba en la combinación de las ventajas comparativas que residían en ese modelo tradicional con un conjunto de adaptaciones no espectaculares, que favorecieron la ampliación de la escala de aquella estructura industrial. En primer lugar, la amplia presencia de sectores de bienes de consumo diversificados - mueble, calzado, confección, juguete, cerámicase vio estimulada, de manera directa, por la mejora de los niveles de renta en la España de esos años. Al mismo tiempo, se pudo producir una rápida aparición de nuevas empresas dadas las reducidas barreras de entrada en estos sectores, a causa de la baja intensidad tecnológica y la adecuación de las unidades productivas de pequeño tamaño. El tejido de pequeñas empresas heredado del pasado, y ahora ampliado, mostró un gran dinamismo. Las desventajas del pequeño tamaño y de la dispersión territorial se vieron compensadas, en gran medida, por la presencia de una acentuada especialización de los diversos núcleos comarcales que, como hemos visto, nacieron en el siglo XIX. Así, surgieron economías de aglomeración en cada uno de estos núcleos, relacionadas con la presencia de un mercado de trabajo especializado y empresas de servicios adaptadas al tipo de producción de cada una de las comarcas o dedicadas a producir bienes intermedios, que permitían la generación de "importantes economías de escala inmóviles, externas a la empresa pero internas a la industria" 68 . Al mismo tiempo, la transferencia de fuerza de trabajo desde el sector primario adoptó aquí un ritmo peculiar. Si bien hubo flujos regionales importantes, complementados con una fuerte inmigración, los límites para el abandono de una actividad agraria todavía rentable e intensiva en trabajo proporcionaron una reserva de mano de obra -a tiempo parcial y no movilizable espacialmenteque la industria aprovechó mediante el trabajo a domicilio. Esta economía informal, caracterizada por condiciones laborales precarias, contribuyó a la flexibilidad de estos núcleos industriales, al reducir los costes fijos de las empresas y permitir ajustes relativamente rápidos en los volúmenes de producción. No puede hablarse simplemente de un rasgo tradicional que operase en este proceso de desarrollo, sobre todo si recordamos que este modelo caracterizó también, por las mismas fechas, la dinámica industria italiana de la confección. El crecimiento de la confección en zonas nuevas, como la provincia de Castellón, se basó fundamentalmente en el trabajo a domicilio. Y el auge de este fenómeno acompañó también la renovación de la industria textil de la zona de Alcoi, que comportó la crisis de las viejas empresas. En suma, la entidad de este fenómeno es muestra de que no se trataba "de segmentos 68 Martínez Serrano, Reig y Soler, Evolución de la economía…, op. cit., p. 177. Estas peculiaridades han permitido aplicar el concepto de distrito industrial a estos modelos comarcales; véase J.Antonio Tomás (dir.), Dinámica industrial e innovación en la Comunidad Valenciana: análisis de los distritos industriales del calzado, cerámica, mueble y textil, Valencia, IMPIVA, 1999.
- 30 - ocupación del suelo, extensiva pero al mismo tiempo densa en muchos puntos, se ha dejado notar en la demanda hídrica, lo que ha generado una competencia con los usos tradicionales de carácter agrario. En consonancia con ello, la actividad constructora ha tenido en la Comunidad valenciana un peso en el producto -en torno al 8% del VAB en las décadas finales del sigloy en el empleo mayor que la media española 99 . Los ciclos que ha experimentado reflejan la dinámica económica regional, con un efecto combinado de la demanda interna ligada al desarrollo económico y al crecimiento demográfico y la demanda procedente del turismo, una combinación que ha ido cambiando con el tiempo. Hubo una fase de crecimiento muy rápido durante los años sesenta y setenta, en respuesta a la necesidad de vivienda creada por el desarrollo industrial, la elevada inmigración y los inicios del turismo 100 . Este auge se dio, sobre todo, en la provincia de Valencia, donde se produjo la expansión del área metropolitana de la capital 101 , y llegó a su fin con una crisis de la construcción muy acentuada en los primeros años ochenta y otra, aún mayor, hacia 1992-93. En los momentos de auge jugó un papel destacado la inversión extranjera en la compra de inmuebles: en 1986, por ejemplo, este flujo superó los 20.000 millones de pesetas 102 . Desde 1994 se produjo un nueva expansión, también muy rápida, en la cual la provincia de Alicante lideró el número de viviendas iniciadas, mientras Castellón se acercaba a las cifras de Valencia. Esta vez el estímulo, junto a factores macroeconómicos de alcance nacional, provenía de las modalidades nuevas de turismo residencial y de la demanda generada directa o indirectamente por la inmigración extranjera. Además, esta última etapa fue modelada por la nueva legislación de carácter autonómico iniciada en 1994 con la Ley Reguladora de la Actividad Urbanística. Ésta aportó dos novedades básicas con grandes repercusiones: la aparición del agente urbanizador privado y el cambio en la calificación del suelo, no como resultado de una definición administrativa, sino como efecto de la acción urbanizadora misma 103 . Valorado por algún autor como un medio de desbloquear el mercado del suelo y romper los monopolios establecidos en él, lo que suponía una voluntad contraria a la especulación 104 , la forma en que se desarrollaron estos nuevos instrumentos bajo los gobiernos conservadores desencadenó, de hecho, una oleada especulativa en el urbanismo, cuyas consecuencias sociales -nuevos protagonistas; colusiones políticasy económicas –efectos multiplicadores pero también formación de la burbuja inmobiliaria quebrada en 2007están 99 Paloma Taltavull, “El mercado inmobiliario y de la construcción”, en Soler, Economía española…, op. cit., p. 401. 100 Ibídem, p. 410 101 Josep Sorribes, "Proceso de urbanización y promoción inmobiliaria en la comarca de l'Horta (1960-1975)", Investigaciones económicas, 8, 1978, pp. 101-123. 102 Paloma Taltavull, “El sector de la construcción”, en Martínez Serrano, Pedreño y Reig, Estructura económica…, op. cit., p. 182. 103 Taltavull, “El mercado inmobiliario…”, op. cit., pp. 431-432. 104 Gerardo Roger, “Los procesos urbanos”, en Romero, La perifera emergente..., op. cit, pp. 235 y ss.
- 31 - todavía por evaluar. Producida cuando el desarrollo industrial valenciano parecía agotado en muchos de sus componentes, esta fiebre constructora ha contribuido al crecimiento tanto como a ocultar las carencias en otras actividades productivas. 6. Estancamiento y crisis de los modelos agrario e industrial En el último cuarto del siglo XX, las vías de desarrollo seguidas tanto en la agricultura como en la industria perdieron gran parte de su dinamismo anterior, sin que se produjeran, como consecuencia, procesos de transformación destacables. El resultado ha sido un ritmo de crecimiento económico que ha hecho retroceder la posición relativa de la Comunidad en el conjunto español, tal como señalábamos en la introducción. En la última década del siglo, la renta per capita valenciana se situaba por debajo de la media española. Si, en los años de cambio de siglo, entre 1995 y 2002, el producto bruto valenciano crecía más rápidamente que el español, ello se debía, fundamentalmente, a la construcción, que en España aumentó un 37% mientras en la Comunidad lo hacía un 63% 105 . El crecimiento industrial, por el contrario, ha sido algo menor que la media española pero, en conjunto, la región no ha reducido su participación en el PIB nacional, situada entre el 9 y el 10%. Ello ha estado acompañado de un crecimiento demográfico por encima del nacional debido, en gran medida, a la inmigración; y de un aumento de la productividad total de los factores sensiblemente inferior a la media española (excepto en la provincia de Castellón) 106 . El balance global muestra que, lejos de converger en riqueza real por habitante, la sociedad valenciana se ha alejado de las regiones más desarrolladas del país. La hipótesis con la que pretendemos finalizar este trabajo es que las razones del bajo dinamismo relativo de los sectores primario y secundario en esta última etapa hay que buscarlas en las características que adoptó el desarrollo agrario e industrial gestado desde finales del siglo XIX. El éxito posterior del modelo creó inercias o bloqueos que han dificultado, de diversas maneras, la adaptación a la nueva fase de internacionalización de la economía y cambio tecnológico de finales del siglo XX. En este contexto, la producción valenciana mantiene una vinculación exterior amplia, pero en retroceso respecto al papel históricamente central que había tenido en las exportaciones españolas. En lo que afecta a la agricultura, la fase de pérdida acelerada de peso en el producto y el empleo de la región a partir de 1960 -el proceso de desagrarizaciónno se vio acompañada de cambios estructurales. En la época en que la agricultura española se modernizaba 105 Vicent Soler, “Evolución de la economía valenciana en el siglo XX”, en VV.AA., De la Exposición Regional…, op. cit., p. 97. 106 Burriel y Salom, "La distribución de la población…” op. cit., p. 121. Goerlich y Mas, La evolución económica…, op. cit., p. 190.
- 32 - definitivamente, la valenciana, inicialmente más desarrollada, se instaló en un cierto estancamiento. El resultado fue que, entre 1990 y 2004 la renta por empleado agrario se redujo a una tasa anual del 0,56 cuando en el conjunto español crecía al 3,1%, lo que eliminó la tradicional ventaja valenciana en cuanto a rentabilidad agrícola 107 . Este proceso comenzaba, precisamente, cuando la especialización fundamental, el naranjo, alcanzaba su mayor centralidad en los campos, hasta el punto de revestir el carácter de símbolo de la agricultura regional. La superficie de naranjo siguió aumentando: de 78.700 hectáreas en 1957 pasó a 125.100 en 1967, 162.000 en 1982 y 191.000 en 2001 108 . Ello supone, al entrar en el nuevo siglo, el 70% de la producción española 109 . El primer problema de la agricultura valenciana derivaba, precisamente, de este peso mayoritario del naranjo (52% de la producción vegetal en 2005), un cultivo que, a finales de siglo, mostraba problemas de rentabilidad desde muy pronto, en especial para los pequeños productores, pese a que las exportaciones seguían creciendo 110 . Entre otras razones, fue decisivo el aumento sostenido de la oferta en la propia región y en áreas nuevas de Andalucía, Murcia y el norte de África 111 . El carácter intensivo en trabajo, además, hizo que los costes de producción se incrementaran con el alza de los salarios en el último tercio del siglo. La otra gran opción de las tierras de regadío, las hortalizas, apenas se expandió durante este periodo, en claro contraste con lo sucedido en zonas de Andalucía oriental y Murcia 112 . Esta diferente evolución traducía la mayor competitividad de estas regiones en relación con las viejas huertas valencianas, gracias al cultivo forzado en tierras de bajo coste, explotaciones de mayor tamaño y sistemas de riego de gran eficiencia. En conjunto, además, el escaso peso de los cultivos industriales y cereales hizo que la agricultura valenciana se beneficiara en muy escasa medida de las ayudas de la Unión Europea 113 . La persistente estabilidad de esta orientación productiva se explica, fundamentalmente, por el que sería el otro gran problema de finales del siglo XX: la estructura de las explotaciones y de la propiedad de la tierra. En contraste con la tendencia general en la agricultura española, la Comunidad experimentó, al menos hasta finales de los años ochenta, un aumento del número de explotaciones y una reducción de su tamaño medio 114 . Con posterioridad, el número se redujo sensiblemente, pero ello apenas afectó a la dimensión: en 1999, el 84% de ellas era inferior a 2 107 José Honrubia, “El sector agrario”, en Soler, Economía española…, op. cit., p. 215 108 Libro blanco de la agricultura y el desarrollo rural, Madrid, Ministerio de Agricultura, 2003, vol 3, p. 831. 109 Ibídem, vol. 2, p. 136. 110 Lluís Font de Mora, Taronja i caos econòmic, Valencia, Tres i Quatre, 1971; José Sorni, "Algunas consideraciones en torno a la crisis de la agricultura en la región valenciana", Revista de Estudios Agro-sociales, 94, 1976, p. 97. 111 Enric Mateu, "Vino, naranjas y arroz. Radiografía de una economía rural", en VV.AA., De la Exposición regional..., op. cit., p. 118. Josep Mª Jordan, España frente a los terceros países Mediterráneos, Valencia, Conselleria d'Agricultura, 1989. 112 Piqueras, El espacio valenciano…, op. cit., pp. 189 y 201. 113 Morales, Olcina y Rico, "Regadíos intensivos", en Romero, La periferia emergente..., op. cit., p. 330. 114 Romero, La agricultura valenciana…, op. cit., p. 70.
- 33 - hectáreas y un 44% no alcanzaban una hectárea 115 . La dinámica histórica que había consolidado la pequeña propiedad y había posibilitado, por ello, la difusión de los beneficios del crecimiento agrario, se volvía ahora un factor retardatario. A pesar del menor peso de las economías de escala en este tipo de agricultura, el reducido tamaño dificultaba la inversión y el aumento de competitividad. ¿Cómo se mantenía este mundo de pequeños propietarios con explotaciones cada vez más insuficientes? La razón fundamental estriba en la universalización, desde los años sesenta, de la agricultura a tiempo parcial en las zonas de regadío, ubicadas precisamente en la parte con mayor densidad económica y urbana del país y, por tanto, con mayores oportunidades locales de empleo. Esta tendencia derivó, además, en una externalización creciente de las diversas labores de cultivo que acabó por eliminar del todo la función de los propietarios como agricultores 116 . En estas condiciones, la permanencia de estos extraños propietarios rústicos se debió a factores ajenos a la rentabilidad agrícola, fundamentalmente la revalorización del suelo a causa del auge industrial, urbano y turístico de las zonas del litoral, que situaba el precio de la tierra entre los más altos de España 117 . Finalmente, el sustrato técnico de este modelo agrario, el regadío, mostraba también sus límites. A pesar de la renovación tecnológica en riego localizado y de precisión 118 , la región que históricamente había hecho un uso más intensivo del agua tenía, a finales de siglo, el mayor porcentaje de riego por gravedad de España y una elevada proporción de acequias de tierra y de hormigón en mal estado 119 . Al envejecimiento de la infraestructura se sumaba la ya citada competencia por el agua desde el sector turístico y los usos urbanos, lo que situaba al regadío en una posición subordinada y de difícil viabilidad 120 . Si el modelo agrario había llegado a su agotamiento al entrar en el siglo XXI, la industria parecía estar cerca de él. Decisiva en esta situación fue la competencia de los países emergentes en casi todos los sectores importantes, frente a la cual las transformaciones emprendidas fueron insuficientes para contrarrestarla. También aquí pesaron decisivamente las inercias del modelo de industrialización. La crisis de los años setenta y ochenta produjo en la industria valenciana una pérdida de empleo mayor que la media española, a causa del peso que tenían sectores muy afectados por la caída de demanda y, además, intensivos en trabajo 121 . En el momento de salida 115 Informe del sector agrari valencià, 2002, Valencia, Generalitat Valenciana, 2003, p. 400. 116 Eladio Arnalte, Agricultura a tiempo parcial en el País Valenciano. Naturaleza y efectos del fenómeno en el regadío litoral, Madrid, Ministerio de Agricultura, 1980; Romero, La agricultura valenciana…, op. cit., pp. 160-161; Andrés Picazo y Ernest Reig, “Mecanización y sustitución de factores productivos en la agricultura valenciana”, Agricultura y sociedad, 57, 1990, pp. 9-39. 117 Honrubia, “El sector agrario”, op. cit., p. 233. 118 Alfredo Ramón Morte, Tecnificación del regadío valenciano. Análisis territorial de la difusión del sistema de regadío localizado, Madrid, Ministerio de Agricultura, 1995. 119 Plan Nacional de Regadíos…, op. cit.,. pp. 137 y 140. 120 Antonio M. Rico, Agua y desarrollo en la Comunidad Valenciana, Alicante, Universidad de Alicante, 1998. 121 Martínez Serrano y Reig, “Crecimiento y cambio…”, op. cit., p. 48.
- 34 - de la crisis el tejido industrial mostró de nuevo sus potencialidades pero también sus límites. Hubo mejora tecnológica en muchos sectores y la creación de nuevas empresas fue tan rápida como había sido su desaparición anterior, lo que mostraba una notable flexibilidad y capacidad de adaptación. Pero, en parte, este proceso se hizo a costa de aumentar muy sustancialmente el trabajo sumergido en los sectores que tradicionalmente habían hecho uso de él. Los límites de esta reestructuración eran evidentes a finales de siglo, cuando la productividad de la industria valenciana quedaba muy rezagada al crecer, entre 1995 y el 2002, un 1,4% frente al 6,1% nacional, una tasa que todavía era más alta en las tres primeras regiones industriales del país 122 . A finales de siglo, las peculiaridades del modelo valenciano de industrialización se habían convertido en frenos para el crecimiento, en una especie de path dependency de efectos negativos. Se ha insistido mucho en el reducido tamaño de las empresas y la ausencia de grandes grupos industriales autóctonos como uno de los problemas fundamentales. Sin embargo, a la altura de 2000 el tamaño medio de la empresa valenciana apenas era inferior a la española: 12,2 empleados frente a 12,8 123 . En cambio, otros dos rasgos sí parecen específicos. Por un lado, la composición sectorial de la industria se había modificado muy lentamente respecto a la situación configurada a lo largo del siglo. En cabeza, continúan estando los mismos subsectores que cincuenta años atrás, pero los cambios en las ventajas comparativas internacionales hacen que, en 2004, el 61% de la producción industrial consista en bienes de demanda débil, mientras esta situación sólo afecta al 38% de la industria española 124 . En estrecha relación con ello, el otro rasgo distintivo es el insuficiente desarrollo tecnológico. A pesar de los cambios experimentados en casi todos los sectores 125 , en 2004 el 79% de la producción industrial procedía de empresas con un nivel tecnológico bajo o medio-bajo, situación que en el conjunto de España afectaba al 68% y en la Unión Europea al 56% del producto 126 . Esta menor presencia de la innovación hace que el peso decisivo de la industria recaiga sobre actividades muy intensivas en mano de obra poco cualificada y ello, a su vez, se traduce en salarios bajos 127 . Sin embargo, este factor de competitividad aparece cada vez más precario conforme el auge de las importaciones procedentes de los países emergentes amenaza un crecimiento basado en el uso abundante de 122 Soler, “Evolución de la economía…”, op. cit., p. 98. 123 Juan M. Albertos, “La competitividad del sistema productivo”, en Romero, La periferia emergente…, op. cit., p. 200. 124 Vicent Soler y Andrés García Reche, “La indústria i el sistema de innovació”, en VV.AA., La Comunidad Valenciana en el umbral del siglo XXI. Estrategias de desarrollo económico, Valencia, Universidad de Valencia e ICO, 2007, p. 355. 125 Julia Salom y José M. Albertos, “Procesos de innovación industrial en la Comunidad Valenciana en los años noventa”, en José L. Alonso y Ricardo Méndez, coord., Innovación, pequeña empresa y desarrollo local en España, Madrid, Civitas, 2000, pp. 143-162. 126 Soler y García Reche, “La indústria i el sistema…”, op. cit., p. 355. A pesar de que, entre 1964 y 1997, el stock de capital físico creció en la Comunidad valenciana más rápidamente que en el conjunto de España (aunque una parte se debió al aumento del capital residencial) el capital por ocupado seguía siendo inferior a la media nacional; Aurelio Martínez, “El crecimiento de la economía valenciana: factores explicativos”, en José Honrubia (coord..), Globalización y desarrollo local. Una perspectiva valenciana, Valencia, PUV, 2004, p. 132. 127 V. Soler, “Epíleg”, en E. Lluch, La via valenciana, Catarroja, Afers, 2001, p. 297: en 1999 los salarios valencianos estaban por debajo de la media española en casi todas las categorías laborales.
- 35 - trabajo y no en la mejora clara de la productividad. No se ha producido el desplazamiento ascendente en la escala tecnológica como respuesta a la aparición de competidores en los productos más tradicionales. Estos rasgos configuran una situación que parecía congelada en el tiempo, puesto que desde los años ochenta muchos observadores habían señalado reiteradamente los problemas y límites. Éstos siguen vigentes al entrar en el nuevo siglo y, sin embargo, ello no ha provocado una desindustrialización, lo que parece desmentir las visiones más pesimistas. La industria, pues, resiste. Además, el periodo final de siglo conoció el auge de varios sectores. Alguno ya existente, como el de la cerámica, ha experimentado un crecimiento que ha desplazado hacia la provincia de Castellón los mayores aumentos de renta 128 . Otros, como el de la fabricación de componentes del automóvil, se ha visto impulsado inicialmente por la demanda de la factoría Ford de Almusafes. Sin embargo, a pesar de estas mejoras parciales, existe una coincidencia amplia entre los analistas en que el modelo productivo industrial se encuentra en una posición de gran vulnerabilidad y sin posibilidades de crecimiento sostenido. En estas condiciones, la cada vez mayor terciarización de la economía no parece capaz de suplir la falta de dinamismo de los otros sectores: los servicios valencianos se caracterizan también, al inicio del siglo, por niveles de productividad inferiores a la media nacional en casi todas las actividades 129 . Por otro lado, está por estudiar en qué medida ha habido una opción política a favor del desarrollo turístico: la Comunidad como área residencial de turistas y jubilados españoles y europeos 130 . Lo que sí parece claro es que, desde finales de siglo, la inversión pública de carácter autonómico se ha orientado sobre todo a la promoción de este ámbito del sector servicios 131 . Y también que el déficit de innovación en la industria ha ido acompañado del desvío de la inversión hacia la actividad inmobiliaria 132 . La crítica casi unánime desde sectores académicos a este modelo de crecimiento apunta tanto a su incapacidad para sostener un desarrollo económico sólido a largo plazo como a su insostenibilidad ambiental. Por un lado, se perfilan los propios límites del modelo turístico, enfrentado a la competencia de otros destinos en el Mediterráneo y en otras partes del mundo, con costes más bajos 133 . A ello se ha tratado de responder con la activación de nuevos flujos 128 Julia Salom, Juan M. Albertos y Dolores Pitarch, “Ejes y áreas de actividad económica”, en Romero, La periferia emergente…, op. cit., p. 166. 129 Andrés J. Picazo y Salvador Gil, “Servicios, productividad y crecimiento de la economía valenciana” en VV.AA., La Comunidad Valenciana en el umbral..., op. cit., p. 389. 130 J. Vicent Boira, Joan Romero y Josep Sorribes, “¿Qué modelo territorial? Apuntes para un debate inaplazable”, en J. Romero y M. Alberola, coords., Los límites del territorio. El País Valenciano en la encrucijada, Valencia, Prensas de la Universidad de Valencia, 2005, pp. 309-325. 131 Palafox, “La tardía industrialización…”, op. cit., p. 407. 132 Soler y García Reche, “La indústria i el sistema…”, op. cit., p. 360. 133 José Nácher, Aurora Pedro y Rosa M. Yagüe, "Economía y política de turismo en la Comunidad Valenciana", Arxius de Ciències Socials, 7, 2002, pp. 153-172.
- 36 - atraídos por acontecimientos deportivos de carácter internacional, flujos necesariamente más efímeros y con efectos más dudosos sobre el tejido productivo. Por otro, es cada vez más evidente el impacto que la construcción residencial tiene sobre el medio ambiente y los recursos. Así es como la demanda de agua se ha convertido en un argumento político de primer orden. Sobre él se ha construido, tras la anulación en 2004 del trasvase desde el Ebro 134 , un enfrentamiento permanente entre los gobiernos autonómico y central y entre las regiones implicadas. La hegemonía política conservadora que se consolidó a finales de siglo y se ha hecho enormemente resistente al desgaste en el poder regional está enraizada en esta reivindicación sobre el agua. Pero también parece ratificar el modelo de desarrollo emprendido desde la década de los noventa, en la medida en que una parte amplia de la sociedad se beneficia de él por diversas vías 135 : por la facilidad para acceder a puestos de trabajo no cualificados; porque la revalorización del suelo afecta, en virtud de la gran difusión de la propiedad, a un elevado número de propietarios; o, en fin, por los efectos derivados del extraordinario crecimiento de la actividad constructora. La proyección simbólica de muchas de las inversiones públicas autonómicas –desde un parque de atracciones hasta infraestructuras culturales caracterizadas por la espectacularidad arquitectónica, pasando por un sinfín de celebraciones de alto costeha continuado alimentando, en estos inicios del siglo XXI, lo que podría considerarse un espejismo de prosperidad y modernidad. En contraste con ello, el inicio de la crisis económica en 2007 ha mostrado ya una capacidad de destrucción de empleo mayor que para el conjunto español. El modelo económico forjado en el último siglo y profundamente transformado en las décadas más recientes parece, pues, afrontar un momento decisivo para su supervivencia. 134 Antonio Gil et alii, Insuficiencias hídricas y Plan Hidrológico Nacional, Alicante, Universidad de Alicante, 2003. Véase la tercera parte dedicada a "Las culturas del agua" en J. Romero y M. Alberola, Los límites del territorio..., op. cit., pp. 191-244. 135 Joaquín Azagra y Joan Romero, País complex. Canvi social i politiques públiques en la societat valenciana (1977-2006), Valencia, PUV, 2007, p. 188. Josep Sorribes y Aurora Pedro, "El 'boom' immobiliari al País Valencià (1996-2003). Les bases d'un bloc social hegemònic", L'Espill, 16, 2004, pp. 60-69.