Técnica y realidad : hacia una comprensión de lo virtual
Abstract
Pese a las dificultades que hoy en día comporta todo intento de definición precisa del concepto de lo virtual, un rasgo atribuido de manera generalizada a los fenómenos u objetos llamados virtuales radica en su dependencia de la técnica. Atendiendo a este lugar común, este trabajo analizará la comprensión de la realidad (Wirklichkeit) subyacente a lo que Martin Heidegger entenderá como la configuración técnica del mundo surgida en la modernidad y planteará la posibilidad de una interpretación de lo virtual en tanto derivación o incluso culminación de dicha comprensión de lo real.
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Ontology Studies 8, 2008 199 Técnica y realidad: hacia una comprensión de lo virtual Paloma Martínez Matías Albert-Ludwigs-Universität Freiburg Resumen Pese a las dificultades que hoy en día comporta todo intento de definición precisa del concepto de lo virtual, un rasgo atribuido de manera generalizada a los fenómenos u objetos llamados virtuales radica en su dependencia de la técnica. Atendiendo a este lugar común, este trabajo analizará la comprensión de la realidad (Wirklichkeit) subyacente a lo que Martin Heidegger entenderá como la configuración técnica del mundo surgida en la modernidad y planteará la posibilidad de una interpretación de lo virtual en tanto derivación o incluso culminación de dicha comprensión de lo real. Palabras clave: virtualidad; técnica; Heidegger; dýnamis-enérgeia; realidad efectiva. Abstract. Technics and reality: towards an understanding of the virtual In spite of the difficulties which nowadays confront any attempt to precisely define the concept of the virtual, relevant scholarship generally ascribes a common feature to so-called virtual phenomens or objects: its dependency on technics. Attending to this scholarly consensus, this essay will analyze the understanding of reality (Wirklichkeit) underlying Martin Heidegger’s conception of the technical configuration of the world that arises in modernity. It will also suggest the possibility of an interpretation of the virtual as a derivation or even culmination of this understanding of reality. Keywords: virtuality; technics; Heidegger; dýnamis-enérgeia; actuality. 1. La naturaleza técnica de la realidad virtual Una primera aproximación al sentido contemporáneo del concepto de lo virtual, sentido que, a nuestro entender, vendría estrechamente ligado a la acuñación en 1989 por parte de Lanier de la expresión “realidad virtual”, pone de manifiesto una dificultad expresamente reconocida por los propios estudiosos del tema: la de alcanzar una definición unívoca de lo que pueda significar virtual allí donde se habla, por ejemplo, de entornos o lugares virtuales, de comunidades virtuales o de la posibilidad de forjarse una identidad virtual en internet. La bibliografía específica dedicada a esta cuestión ofrece una multiplicidad de concepciones de
Ontology Studies 8, 2008 200 lo virtual tan variada y extensa como la que podría atribuirse a la propia noción de realidad1. Ello parecería consecuencia lógica de la asumida subsidiaridad del concepto de lo virtual al de lo real: en función de su carácter secundario y derivado, por su condición de mera apariencia, copia o imitación frente a la originariedad, autenticidad o verdad del mundo real, la identificación y delimitación estricta del ámbito de lo virtual quedaría necesariamente subordinada a la del mundo considerado legítima o auténticamente real. La dilucidación de lo virtual semejaría exigir entonces, como requisito previo y adecuado punto de partida, una determinación más o menos precisa de lo real. Pero la dificultad se agrava en este caso por el hecho de que la reciente inflación del concepto de lo virtual tiene su origen en su estrecha alianza con aquél al que en principio se opone: más allá de la virtualidad que cupiera asignar a las vivencias oníricas o a los espacios y personajes de ficción creados por la literatura, lo virtual se ha convertido en objeto de discusión teórica en el momento en que se constituye en una esfera de presunta “realidad” capaz de entrar en competencia con la realidad tenida por verdaderamente real o no-virtual e incluso de poner en cuestión los criterios que permitirían distinguirlas. Dicho de otra manera: hablar de “realidad virtual” supone conceder a lo virtual un ámbito de existencia propio cuya delimitación frente a la realidad legítimamente real no sólo resulta cada vez más problemática, sino que amenaza con desdibujar las fronteras entre ambas. Pese a la situación de discrepancia teórica que se observa en los actuales intentos de determinar conceptualmente el estatuto de lo virtual en esa ambivalente adscripción al plano de lo real, la mayor parte de los estudios sobre el tema suelen mostrar un punto de clara coincidencia: tanto si la realidad virtual se asimila en un sentido más restringido al llamado ciberespacio o a las simulaciones por ordenador de entornos de percepción tridimensionales, como si, desde una perspectiva más amplia, se extiende a los sistemas de representación de los modernos medios de comunicación de masas2, un rasgo específico de esa virtualidad proyectada hacia lo real radica en su dependencia de la técnica. Que los objetos o realidades virtuales son objetos producidos técnicamente, bien por medio de una red informática, de un casco o unas gafas estereoscópicas o un aparato de televisión, es una cuestión que parece quedar fuera de toda duda con independencia del punto de vista adoptado a la hora de establecer cuáles serían esas realidades virtuales, qué cualidades les competen o cómo debe definirse su naturaleza ontológica. Para ser más concretos, podría decirse que la creación de realidades virtuales obedece al surgimiento del tipo de técnica que, en terminología de McLuhan, correspondería a nuestra “edad eléctrica”, es decir, la técnica destinada a amplificar en el espacio y en el tiempo el alcance perceptivo y el campo de actuación del sistema nervioso central y 1 Véanse, por ejemplo, los trabajos de: Krüger 2004; Pearson 2002; y Flessner 1997. 2 Ésta sería, entre otros, la posición de Oliver Krüger, para quien la realidad virtual no se restringe a las realidades generadas por medio de un computador, sino que abarca cualquier clase de realidad artificial, esto es, generada técnicamente. Cfr. Krüger 2004, p. 44.
Ontology Studies 8, 2008 201 de los órganos de los sentidos de los seres humanos3. El concepto moderno de realidad virtual presupone, en definitiva, toda una serie de avances tecnológicos sin los cuales, probablemente, ese mismo concepto sería impensable. En atención a esta convergencia y con el fin de ganar cierta claridad sobre la noción de lo virtual, cabe preguntarse si la propia acuñación de la expresión “realidad virtual” no reposa ya sobre una cierta comprensión de lo real estrictamente marcada por ese imparable avance tecnológico y por las consecuencias derivadas de él. En otras palabras: si la condición de posibilidad de que lo virtual instaure una nueva dimensión de lo real no estriba en cierta manera de entender la realidad indisolublemente vinculada a lo que podríamos llamar la actual configuración técnica del mundo. Pues son dos las obviedades que aquí parecen imponerse: por una parte, que el discurso sobre la realidad virtual debe sustentarse sobre cierta concepción de lo real –por lo general no cuestionada en las reflexiones dedicadas al tema–, que fundamente y dé sentido a esa expresión a todas luces paradójica por ambiguo e indefinido que aún sea su significado; y, por otra parte, que difícilmente esa concepción de lo real podría sustraerse al hecho de que nuestra cotidianidad más inmediata involucre el uso de toda una serie de artefactos técnicos que han modificado radicalmente y seguirán modificando previsiblemente en tiempos venideros nuestra forma de habitar el mundo. Para responder a esta cuestión acudiremos a una de las reflexiones filosóficas más lúcidas a la que vez que polémicas que se han efectuado sobre el fenómeno de la técnica y la comprensión de la realidad que le es inherente, a saber, la elaborada por Martin Heidegger. Es evidente que en este contexto nuestra exposición habrá de limitarse a destacar algunos de los aspectos más relevantes de esa reflexión, corriendo el riesgo de ofrecer, a fuerza de simplificación, una visión distorsionada de la misma. Pero creemos que vale la pena arriesgarse si el pensamiento de Heidegger sobre la técnica puede contribuir en alguna medida a arrojar cierta luz sobre ese último exponente de su despliegue que, como trataremos de sugerir a lo largo de este trabajo, representaría hoy en día la realidad virtual. 2. La comprensión de la realidad inherente a la configuración técnica del mundo según la filosofía de Heidegger La concepción heideggeriana de la técnica se enfrenta y trata de dar un paso más allá respecto a lo que sería su definición puramente instrumental y antropológica, esto es, aquella según la cual la técnica constituiría un simple medio para la consecución de ciertos fines, y en la que tanto la posición de tales fines como la creación de los medios 3 Cfr. McLuhan 1996, p. 26.
Ontology Studies 8, 2008 202 para lograrlos serían productos del hacer y obrar humanos4. Heidegger advierte que tal definición no deja de ser correcta. Pero su corrección no sólo no la convierte en verdadera, sino que además entraña un grave obstáculo para pensar la esencia de la técnica. Desde la perspectiva heideggeriana, pensar esta esencia implicará inscribir el fenómeno de la técnica en el seno de un acontecimiento unitario que, iniciado en Grecia con el surgimiento de la filosofía, se identifica con el conjunto de la historia de occidente. El dominio actual de la técnica se solaparía precisamente con el momento final, la culminación o consumación de ese acontecimiento, designado a su vez con el término de metafísica, consumación que permite por vez primera contemplarlo como un todo unitario y acceder al sentido de su desenvolvimiento. Como es sabido, este acontecimiento se cifra en lo que Heidegger llamará el “olvido del ser”, olvido que puede entenderse como el aplanamiento o encubrimiento de la dimensión de no-aparecer u ocultación posibilitante de la manifestación de las cosas5. Heidegger localiza el inicio de la filosofía o metafísica en el intento de tematizar aquello en lo que consiste el ser de lo ente, la presencia de lo presente. Pero eso en lo que consiste la presencia de las cosas no es en sí mismo presencia alguna, sino más bien aquello que elude constantemente aparecer y siempre ha quedado ya atrás, una no-presencia u ocultarse sobre el que se constituye y reposa el mostrarse de algo y que sólo comparece en su propio sustraerse. De ahí que la pretensión, equivalente a la filosofía misma, de fijar y hacer tema de eso de por sí inobjetivable pero irreductible que da lugar a la presencia de las cosas únicamente pueda producirse a costa de perderlo o, lo que es lo mismo, de la liquidación o encubrimiento de ese ocultarse constitutivo del aparecer de algo en su reducción a pura presencia sin más o pura actualidad. Uno de los momentos iniciales y decisivos de ese proceso de reducción del ser a mera presencia definitorio de la historia de occidente se atestigua en la transformación operada por la traducción latina de cierto concepto griego. Dicha transformación será por otra parte determinante de la comprensión de lo real que acabará por reflejarse en la actual configuración técnica del mundo. 2.1. La reducción del ser a mera presencia: la transformación de la enérgeia en actualitas En el marco de un serie de textos dedicados a la reflexión sobre la filosofía de Nietzsche, Heidegger acomete una suerte de reconstrucción de la historia del concepto de ser analizando el significado de los diferentes términos que lo han expresado y su conexión 4 Una exposición sucinta de esta comprensión de la técnica puede encontrarse en la conferencia de 1953 titulada “Die Frage nach der Technik”. Cfr., Heidegger 1997, pp. 9-40. 5 Remitimos aquí a la interpretación que Arturo Leyte propone, siguiendo a su vez la lectura de Felipe Martínez Marzoa, en su libro Heidegger, 2005.
Ontology Studies 8, 2008 203 interna. El origen de la metafísica se sitúa en primera instancia en la distinción entre lo que posteriormente será llamado esencia y existencia, entre el qué-es de algo y el hecho de su ser, así como en la primacía concedida al segundo de estos momentos. Tal primacía se corresponde con la de la interpretación aristotélica del ser o presencia como enérgeia, noción traducida al latín por la de actualitas y de la cual provendrá el término actualidad. Pero lejos de tratarse de una traducción sin resto del significado de la enérgeia, este paso del griego al latín impondrá una alteración fundamental y una pérdida no menos relevante. El sentido del concepto de enérgeia en Aristóteles debe interpretarse en indisoluble unidad con el de aquél al que se contrapone, el concepto de dýnamis, que apunta a cierta ausencia o no-ser. Pero presencia y ausencia, ser y no-ser quedan en esta dualidad intrínsecamente ligados como índices no de una contradicción lógica, sino, por el contrario, de la tensión en que consiste el comparecer de algo como algo: ese aparecer acontece en el tránsito de la dýnamis a la enérgeia, tránsito cuya peculiaridad radica en que en él el punto de partida nunca queda superado o anulado por el punto de llegada; antes bien, el binomio dýnamis-enérgeia pone de manifiesto un tránsito constante en el que la presencia se ve de continuo referida a y anclada en la ausencia o no-ser. Sin embargo, la señalada priorización del ser como enérgeia implicará una prioridad de la presencia sobre la ausencia, de lo actual sobre lo potencial, que desembocará en una reinterpretación de la dýnamis desde la propia actualidad. La dýnamis pierde su condición de ausencia o no-ser irreductible integrante de toda presencia para convertirse en aquello que “todavía” no es pero necesariamente será, en potencia indefectiblemente actualizable o presentable. La tensión irresoluble entre presencia y ausencia, tensión en virtud de la cual las cosas son en general, desaparece a favor de lo puramente presente. De ello dará prueba asimismo un profundo cambio lingüístico en lo que a la relación sujeto-objeto concierne que simplemente dejaremos mencionado. Esta liquidación de la comprensión del ser como tránsito hacia lo desoculto desde una ocultación que atraviesa esencialmente toda comparecencia se hace patente en la transformación de la enérgeia en la actualitas latina, interpretada por Heidegger como “realidad efectiva”. Por “realidad efectiva” traducimos el término alemán Wirklichkeit en su diferencia con respecto a Realität –ambos quieren decir en el alemán cotidiano “realidad”– para destacar tanto su procedencia del verbo wirken, que significaría principalmente surtir o tener un efecto, pero también obrar, producir, actuar, como su proximidad al término Werk, que quiere decir “obra”. Pues es precisamente ese efectuar o tener un efecto el que se plasmará en la determinación del ente como lo “real efectivo” que Heidegger lee en la aparición del concepto de actualitas. Si enérgeia viene de ergon, término traducido habitualmente por “obra”, Heidegger sostendrá la inadecuación de identificarlo con la realización de un hacer o con la idea de un resultado o logro: ergon sería lo que está expuesto en lo desoculto de su aspecto a partir de la poíesis, pero entendiendo por poíesis un producir o traer-ahí-delante que, lejos
Ontology Studies 8, 2008 204 de limitarse al fabricar artesanal o artístico, también se aplica a la phýsis o emerger desde sí precisamente como su sentido más eminente6. En coherencia con ello, la enérgeia alude al venir-a-presencia o desocultarse de lo producido en tal acepción. Sólo al tránsito de la enérgeia a la actualitas latina subyacerá, en palabras de Heidegger, la conversión del ergon “en el opus de un operari, en el factum de un facere, en el actus del agere”7, esto es, la asimilación de la actualitas a lo efectuado de un efectuar, al producto de un hacer. La determinación del ser como actualitas equivale por tanto a la de realidad efectiva en cuanto lo real, lo verdaderamente ente, se piensa ahora como el resultado de un efectuar capaz a su vez de provocar ciertos efectos o de ser efectivo. Esta concepción del ser como actualitas o realidad efectiva es la que, según Heidegger, recorre desde sus inicios la historia de la metafísica hasta alcanzar su culminación y manifestación última en el dominio actual de la técnica como momento de explicitación y despliegue definitivo de su pleno alcance8. Por ello, en la perspectiva heideggeriana, la noción de técnica no designa meramente el hito final de un cierto trayecto, sino el modo de apertura del ente que habría dominado en todas sus etapas el progreso de esa historia pero sólo llega a revelarse como tal en su acabamiento: como hemos visto, se trataría de aquel modo del aparecer de las cosas coincidente con el proceso de liquidación del ocultamiento que lo hace posible y que se ha mostrado a su vez dependiente de su interpretación en términos de un cierto hacer o efectuar. 2.2. La comprensión de lo real como actualidad La configuración y consolidación de este sentido del ser como plena actualidad solidaria de un hacer se producirá a lo largo de un complejo desarrollo del que sólo destacaremos, muy brevemente, sus momentos más relevantes. En un principio, el carácter de realidad efectiva que por su eficiencia o eficacia se asocia a un hacer causal quedará eminentemente encarnado en el ente supremo, ente que en cuanto realización o acto puro desconoce el estado de posibilidad y por ello se instituye en causa primera de la totalidad de lo ente, concebida como lo efectuado por él. La posterior traslación de lo real efectivo a lo efectuable en el ámbito del obrar humano acaecida en la modernidad vendrá ligada a la pretensión característica de la ciencia moderna de provocar un desencubrimiento absoluto del ente, es decir, un desencubrimiento que logre reducir lo ente a pura actualidad o al ámbito de lo potencialmente actualizable. Con la transformación de la verdad en certeza, 6 Cfr. Heidegger 1997, p. 15. 7 Heidegger 2000, p. 337. 8 En este sentido señala Heidegger: “La determinación del ser como actualitas se extiende, por lo tanto, medida en épocas, por todas la historia occidental, desde Roma hasta la modernidad más reciente. (...) la determinación esencial del ser como actualitas sustenta de antemano toda historia”. Ibid., p. 338.
Ontology Studies 8, 2008 205 el hombre se convierte en aquel subjectum sobre el cual se fundamenta y asegura la aparición de todo ente, transmutado ahora en objeto. La actualitas de ese nuevo sujeto absoluto se emplazará en el actus del cogitare, esto es, en un efectuar que se identifica con su representar. La realidad efectiva se caracterizará entonces por su representatividad, de manera que la esfera de lo real quedará circunscrita al ámbito de la representación humana, a lo que es producto de un representar que de antemano impone y se asegura lo que en él se presenta como objeto. El surgimiento de la ciencia físico-matemática constituirá el camino para esa aseguración, en función de la cual todo aquello que se resista al cálculo y a la certeza que le es inherente, todo aquello que no sea susceptible de esa presentación asegurada será relegado a la condición de no existente o mero residuo irrelevante9. Sin embargo, la exigencia de desencubrimiento absoluto del ente sólo se verá plenamente satisfecha allí donde el ente es producido como tal, esto es, donde se ve de antemano configurado y realizado como desoculto. Una vez devenido producto del hacer y planificar humano, desaparece toda dimensión del ente que escape a la posibilidad de una exhibición exhaustiva ante la escrutadora mirada humana. Heidegger encontrará en la voluntad de poder nietzscheana la máxima expresión filosófica de este último momento de la metafísica correspondiente a la apertura técnica del mundo. Pues esa voluntad será interpretada como un efectuar impositivo en conformidad con un representar que en última instancia no es más que un representar de sí mismo, un efectuar incondicionado que sólo aspira a asegurar su propia continuidad y dominio por medio del cálculo y la organización absoluta. En tanto modo fundamental de aparición de esa voluntad, redefinida por Heidegger como voluntad de voluntad o voluntad que sólo se quiere a sí misma, la técnica implicará una última transformación por la que lo anteriormente concebido como objeto deviene mera existencia (Bestand) disponible para el efectuar humano. En esta situación de absoluta disponibilidad, el ente se ha vuelto accesible y dominable en todas sus facetas. Y ello porque lo producido técnicamente no es tanto tal o cual artefacto como “la posibilidad incondicionada de producirlo todo”10, la posibilidad de producir las condiciones para un dominio incondicionado de la razón calculadora sobre todo lo que hay. No obstante, sólo en apariencia el hombre seguirá siendo la figura que detenta ese dominio: con la consumación de la metafísica el ser humano ha pasado a ser una existencia más, un objeto manipulable y controlable cuyo único privilegio reside en llevar a término esa exigencia de presentación absoluta definitoria de la técnica sin poder disponer de ella. Clarificar con cierta precisión la concepción heideggeriana de la técnica requeriría un análisis en profundidad que no podemos efectuar aquí. Sin embargo, creemos que a partir de esta somera exposición puede ya perfilarse la hipótesis hermenéutica 9 Véase en relación a ello la conferencia “Wissenchaft und Besinnung”, en Heidegger 1997, pp. 41-66. 10 Heidegger 1997, p. 91.
Ontology Studies 8, 2008 206 que, siquiera como pregunta abierta, desearíamos plantear en relación a la llamada realidad virtual: en aquellos fenómenos que comúnmente se tienen por virtuales desde la aparición de esta expresión, ¿no cabría reconocer no sólo aquella comprensión de lo real que anida en lo que Heidegger designa la apertura técnica del mundo, sino incluso una forma todavía más perfecta de esa misma apertura que hace visible con mayor nitidez los rasgos que la caracterizan?; ¿no representaría la realidad virtual la manifestación más extrema de esa voluntad de actualización y dominio del ente propia de la técnica defendida por Heidegger? 3. Realidad virtual: ¿culminación de la apertura técnica del mundo? Por una parte, parece que es ciertamente esa comprensión de lo real como realidad efectiva y en cuanto por efectivo se entiende aquello que, siendo efectuado, puede a su vez originar o surtir efectos, la que permite que lo virtual pueda ser paradójicamente calificado de real. Ya señalamos al comienzo de este trabajo la general asunción de que los fenómenos ligados a la cuestión de la realidad virtual son creaciones tecnológicas, productos del hacer y manipular humano. Pero, además, a la hora de hacer valer el carácter no imaginario o real de tales fenómenos, muchos autores han coincidido en afirmar que “lo virtual produce efectos”11, que “las tecnologías virtuales tienen consecuencias perfectamente actualizadas”12, o que “lo virtual es muy real, puesto que permite actuar sobre la realidad”13. Por consiguiente y en consonancia con el análisis heideggeriano, cabría decir que lo virtual deviene real allí donde se habla de imágenes, sonidos o sensaciones producidas por medio de algún artefacto técnico y que generan una cierta efectividad, que pueden actuar o provocar ciertos efectos. Es por ello por lo que algunos autores han incluido los modernos medios de comunicación y, principalmente la radio y la televisión, dentro del terreno de la realidad virtual. Nadie duda hoy día de las enormes repercusiones que la introducción de ambos medios ha tenido en la sociedad actual, hasta el punto de que hay quien ha llegado a afirmar que en esta sociedad sólo es legítimamente real lo que aparece en la pequeña pantalla. Ahora bien, la influencia de ambos medios, y especialmente en el caso de la televisión, ¿no radica fundamentalmente en su potencial para producir actualidad, es decir, para ampliar el ámbito de lo presentable más allá de toda frontera geográfica e incluso temporal? Gracias a su capacidad para transmitir en tiempo real o reproducir y difundir masivamente cualquier acontecimiento, la pequeña pantalla se ha revelado desde hace tiempo como uno de los medios más potentes de construcción de la realidad, realidad cuya condición de tal parece haber devenido inseparable de la posibilidad de ser sometida a presentación. 11 Lévy 1998, p. 22. 12 Echeverría 2000, p. 131. 13 Quéau 1995, p. 69.
Ontology Studies 8, 2008 207 Esta capacidad de actualización se intensifica en los productos tecnológicos más estrictamente vinculados a lo que hoy se entiende por realidad virtual, a saber, aquellos que exigen la intervención o interacción por parte del usuario y consienten por ello cierto grado de manipulación. Los juegos de ordenador, internet, o los más sofisticados sistemas de simulación inmersivos permiten llevar a la práctica y hacer reales posibilidades de comunicación, actuación o información que, sin las tecnologías que los sustentan, resultarían tremendamente improbables o absolutamente irrealizables, cuando no impensables. De tales medios destaca el que los mecanismos de actualización se encuentren inmediatamente disponibles para el usuario, también llamado operador, así como la ampliación de su margen de control y manipulación sobre los mismos hasta un punto que desborda en gran medida el que se posee sobre el mundo físico: de su decisión depende si enciende o apaga el ordenador, la elección de uno u otro espacio social de interacción e incluso la creación de una identidad ajustada a sus deseos o de varias identidades que operen simultáneamente. No es de extrañar que ya se encuentren páginas web que ofrezcan la posibilidad de vivir una segunda vida –“second life” es precisamente el rótulo publicitario de una de estas páginas– que pretendería superar las limitaciones de la existencia física: escogiendo libremente su aspecto físico e inventando su propia biografía, cada usuario puede forjarse una vida paralela en la red junto a otros usuarios que emprende, configura, retoma o termina a voluntad. Pero si en estos casos aún parece imponerse cierta distinción entre lo real y lo ficticio, ésta tiende a desdibujarse allí donde determinados software habilitan una superposición de percepciones generadas técnicamente y percepciones naturales, dando lugar a la llamada “realidad aumentada”. Los dispositivos tecnológicos se muestran aquí como una suerte de prótesis que no sólo posibilitan una visión más verdadera de lo real, sino que modifican la valoración de lo que pueda ser o no contemplado como tal. Por otra parte, la primacía de la razón calculadora afirmada por Heidegger, en función de la cual lo real se reduciría a lo susceptible de cálculo, se detecta en el hecho mismo de la digitalización inherente a tales dispositivos de realidad virtual, fundada en la posibilidad de traducción analítica de toda percepción sensorial a combinaciones de ceros y unos. En relación con ello no puede olvidarse el origen militar de la realidad virtual en este sentido más restringido del término, así como sus numerosas aplicaciones científicas o su constante utilización al servicio del avance tecnológico. Es un hecho que sin las simulaciones virtuales de los movimientos de los planetas o los entrenamientos de los astronautas en entornos de simulación virtual el hombre nunca hubiera llegado a la luna, y aún está por ver qué nuevos progresos tecnológicos deparará el incesante perfeccionamiento de los artefactos de realidad virtual. Pero aunque este terreno sea probablemente el menos llamativo de los fenómenos asociados a la realidad virtual, es quizás en él donde su posible interpretación desde la comprensión heideggeriana de la técnica se hace más evidente. Pues además de contribuir a consolidar y ampliar la capacidad de dominio del hombre sobre la naturaleza, tales aplicaciones de la realidad virtual revelan cómo ese dominio se