Hepatozoonosis canina
Abstract
Se diagnosticó hepatozoonosis en cuatro perras de raza beagle que habían sufrido una infestación masiva por garrapatas. Se describe el cuadro clínico, protocolo laboratorial, diagnóstico diferencial, tratamiento y evolución. Tras eliminar la presencia de otros procesos patológicos, concluimos que Hepatozoon canis produce una reacción leucoeritroblástica, que remite con el tratamiento.
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CLÍNICA VETERINARIA DE PEQUEÑOS ANIMALES Volumen 13 Número 4 Ocrubre zDiciernbre 1993 Caso clínico. MJ. Morales Amella* M. Serrano Serrano* A. Sánchez Marco* ].M. Sáez-Benito Ferrer* E. Jáuregui Latorre** M. López Girón** >I< Laboratorios Albéitar. ** Clínica Las Torres. Correspondencia: D. Mariano José Morales Amella Laboratorios Albéitar. CI Miguel Labordera, 11, local 50010 Zaragoza. Hepatozoonosis Canina. 45 RESUMEN. Se diagnosticó hepatozoonosis en cuatro perras de raza beagle que habían sufrido una infestación masiva por garrapatas. Se describe el cuadro clínico, protocolo laboratorial, diagnóstico diferencial, tratamiento y evolución. Tras eliminar la presencia de otros procesos patológicos, concluimos que Hepatozoon canis produce una reacción leucoeritroblástica, que remite con el tratamiento. PALABRAS CLAVE. Hepatozoon; Perro; Leucocitosis.: ABSTRACT. The study diagnosed canine hepatozoonosis in fo ur Beagles, that become inlested wz"thticks. It describes the clinical signs, laboratory protocol, dzflerential diagnosis, treatment and evolution. After eliminate the presence of other pathology, we conclude what Heparozoon canis causes a leucoeritroblastic reaction, that remit with treatment. KEY WORDS. Heparozoon; Dog; Leukocytosis. 243
M). Morales Amella M. Serrano Serrano A. Sánchez Marco ).M. Sáez-Beniro Ferrer E. ]áuregui Larorre M. López Girón INTRODUCCIÓN. 46 La hepatozoonosis es una enfermedad cuya importancia ha sido muy discutida, teniéndose como una parasitosis hemática no patógena ligada a enfermedades como babesiosis, ehrlichiosis y estados inmunodeprirnidos-": 22),En los años 80 Craig'?' publica unos trabajos en los que atribuye los signos clínicos observados a la presencia de Hepatozoon canzs. Desde entonces la enfermedad ha sido descrita en diversos paises de los cinco corrtirieritesv': 6,32), en Estados Unidos se la conoce como «fiebre de Texas»(5, 10), En España P. García'P: 16),C. Nieto(30) yM, Habelav'? han publicado distintos artículos sobre Hepatozoon canis. La infestación ha sido descrita en carnívoros domésticos y silvestres'< 3), ungulados, roedores, marsupiales, aves'": 33),reptiles, incluso un posible caso en el hombreí'". El cielo vital del género Hepatozoon (subclase Coccidia) necesita del paso por un artrópodo y un vertebrado para completarse(lO.23). La transmisión se produce por: ingestión de Rhipicephalus sanguineus, consumo de carne o vísceras con quistes y vía transplacentaria'l?' 33). En el intestino del hospedador, los esporozoitos liberados alcanzan los órganos del SRE y músculo estriado, donde son fagocitados'O. Después de producirse la fase asexual, se rompen los quistes y liberan rnerozoiros, éstos invaden neutrófilos y moriociros, donde se transforman en gametocitos infestantes para la garrapata'P: 33). La enfermedad es estacional, coincidiendo con la presencia del artrópodo. El cuadro clínico más frecueritet'" 11,23)cursa con hipertermia (39°-40°), anorexia, abatimiento, anemia, hiperestesia y dificultad en la marcha. Los hallazgos radiográficos tienen presentación inconstanre'< con proliferación perióstica de intensidad variable, afectando vértebras, pelvis y huesos largos. La aparición de alteraciones óseas no se relaciona con la duración del cuadro clínico, y parece haber una predisposición en animales que sufren infestaciones severas durante el crecimiento óseo(36). El parásito puede hallarse frecuentemente en perros asintornáticos. El cuadro clínico, se hace más evidente, cuando la parasitosis se asocia con esta244 Heparozoonosis canina. dos de inmunosupresión o defectos congénitos en la función neutrofílica. Los patólogos norteamericanos encuentran lesiones óseas en un elevado porcentaje de casos, mientras que apenas se describen en otros paísesv6). Hasta el momento, no se conocen los mecanismos que producen esta diferente presentación de la enfermedad. Los resultados laboratoriales muestran leucocitosis, neutrofilia con desviación a la izquierda, anemia media a severa y trombocitopenia; ligero aumento de la PAL; la médula ósea presenta una relación mieloideleritroide elevada/" 17.23). El diagnóstico se establece por la presencia de gametocitos en los neutrófilos y ocasionalmente en monocitos'P' (Fotos 1 y 2). Estas estructuras tienen forma rectangular de 8-10 x 36 micras. Si la preparación no se realiza rápidamente tras la extracción de sangre, el garnetocito desaparece dejando una cápsula sin teñir dentro de los leucocitoS(28).El n.? de parásitos en sangre puede variar de li 1.000-6:5 llOO neurrófilos'"- 6). Algunos autores consideran esencial la biopsia muscular para el diagnóstico en animales sin parasitemia'" 9). Hasta el momento no se han desarrollado pruebas serológicas que faciliten el diagnóstico. Aparece inmunidad humoral estimulada por el parásito, pero no hay evidencia de que sean anticuerpos protectores'?'. Foto 1. Gametocito de Hepatozoon canis en ef interior de un neutrófifa de sangre penférica x 100. Los tratamientos utilizados hasta el momento no han demostrado ninguna eficacia frente a He~ patozoon canis. Se han empleado distintos anti-
M). Morales Amella M. Serrano Serrano A. Sánchez Marco J.M. Sáez-Beniro Ferrer E. Jáuregui Larorre M.. López 9irón •••.• J ••• protozoarios, entre ellos, el aceturato de diamina48 ceno y el dipropionato de imidocarb que, asociado a tetraciclinas, consigue la remisión de síntomas en 3 a 5 días y la depresión de la parasitemia al 50 % en 3 a 4 sernanasv12). Otros autores han encontrado resistencias del parásito al imidocarb tras repetidos tratamienros'P'. Algunos opinan que la pobre respuesta del Hepatozoon al tratamiento, podría explicarse por la deficiencia de la enzima mieloperoxidasa que presentan los neutrófilos parasitadosv'". Dada la variedad de síntomas clínicos, el tratamiento sintomático debe adaptarse a cada caso en particular. CASO CLÍNICO. Una perra de 7 años de edad, raza beagle, acudió a consulta con un cuadro inespecífico: decai- .miento, anorexia, fiebre (39,6 0 C) y palidez en las mucosas. La anamnesis reveló que el animal había sufrido una infestación masiva por garrapatas 15 días antes. El examen físico confirmó los signos clínicos mencionados. El análisis laboratorial se orienta hacia la búsqueda de parásitos hemáticos. Se observa la presencia de 3 gametocitos de Hepatozoon canis por cada 100 neutrófilos, y 1 en el interior de un monocito (Foto 2). Se descarta la presencia de Ehrlichia canis y/o platà; virus del moquillo, Babesia, Haemobartonela y microfilarias. El examen hemocitológico de la serie blanca, revela leucocitosis con neutrofilia y desviación a la Foro 2. Hepatozoon canis en el interior de un monocito x 100. 246 Heparozoonosis canina. izquierda de la curva de Arneth, con presencia de linfocitos activados. Los neutrófilos evidencian diferentes estados de toxicidad, con hipersegmentación nuclear, aumento del diámetro celular, inclusiones bacterianas intracitoplasmáticas y cuerpos de Dòhle (Foto 3). En la serie roja se observa anemia severa macrocítica hipocrómica regenerativa, con IPR de 2,48 y presencia de 32 CRN/lOO GB: rubricitos y metarubricitos ortocromáticos y policromáticos. Anisocitosis, policromasia y poikocitosis (Foto 3). Observándose megalocitos, estornatociros, codo citos y gigantocitos. Presencia de cuerpos de Howell-Joly. La serie plaquetaria presenta hipergranulación y anisocitosis (Foto 4). Foto 3. Neutrófilos con htjJersegmentación nuclear y cariorrexis. En el centro se observa un Hepatozoon x 100. Foto 4. Plaquetas presentando alteración del tamaño y de la morfòlogía, con Hepatozoon en neutrófilo x 100.
CLÍNICA VETERINARIA DE PEQUEÑOS ANIMALES Volumen 13 Número 4 Octubre/Diciembre 1993 Los parámetros bioquímicos estudiados son normales, excepto la PAL con un valor de 295 UlL a 30 0 C. La electroforesis de proteínas séricas muestra ligeras variaciones, descenso de la alfa 2 y elevación de la fracción beta (Atom Digiscan 434) (Fig. 1). El análisis conjunto de ambas series, blanca y roja, induce a pensar en una reacción leucoeritroblástica, que suele estar asociada a síndromes mieloprolíferativos o enfermedades no neoplásicas que comprometan el sistema hematopoyético. Esto nos lleva a realizar análisis diarios, durante una semana, para confirmar o descartar estas posibilidades, dada la escasez de información referente a cuadros causados exclusivamente por H. canis. Ante el diagnóstico de hepatozoonosis, se hace un chequeo a otros tres animales que conviven con nuestro paciente, resultando estar también parasitados. Las anomalías sanguíneas no son tan severas como en el caso que se describe. Se sigue para todos el mismo protocolo analítico y terapéutico. Se realiza una transfusión de 250 cc de sangre entera. Se administra una dosis de 0,5 mg/kg de imidocarb por vía se y 10 mg/kg/día de doxiciclina oral durante 14 días. En los días siguientes, la paciente muestra mejoría general, desapareciendo la fiebre. No hay esplenomegalia ni adenopatías generalizadas. La exploración radiográfica del cráneo, columna vertebral, pelvis y extremidades no revela alteraciones óseas. A los 45 días de tratamiento se contabilizan de 2 a 3 gametocitos de Hepatozoon cada 100 neutrófilos. Se normaliza la fórmula leucocitaria y el recuento de leucocitos totales, aunque los neutrófilos mantienen las alteraciones tóxicas. Los valores de la serie roja comienzan un ascenso progresivo y desaparecen las formas jóvenes. El incremento del hernatocrito los días 4 y 5 se debe a la presencia de gran cantidad de gigantocitos y megalocitos (Tabla I). En el estudio de médula ósea, obtenida por punción de la cesta ilíaca, se observa 'que la serie eri- 'troide no responde proporcionalmente al grado de anemia, observado en el estudio de la serie roja. La serie mieloide sufre un incremento de mieloblastos, progranulocitos y neutrófílos mielocitos que dan imagen de médula ósea con hipercelularidad, sin criterios de malignidad y relación mieloide/eritroide normal (Tabla lI). Estos resultados indican que la reacción leucoHeparozooriosis canina. eritroblástica es debida a una enfermedad no neoplásica del sistema hematopoyético. 49 El perfil bioquímico permanece normal. En el proteinograma (ver curvas) se produce un ligero aumento de las gammaglobulinas que se mantienen siempre dentro del rango normal. Se comprueba la ausencia de una gammapatía monoclonal o policlonal, que suele acompañar a síndromes mieloproliferativos productores o no de inmurioglo-' bulinas: enfermedades parasitarias como la leishmaniosis; infecciosas del orden rickettsiae'v". El día 15 se administra la segunda dosis de irnidocarb, y dada la mejoría de la paciente, se da por finalizada la anribioterapia, Los neutrófilos mantuvieron las alteraciones tóxicas, comprobándose la desaparición de las inclusiones bacterianas intracitoplasmáticas. La médula ósea muestra normocelularidad y relación mieloide/eritroide normal (fotos 5 y 6) (Tabla lI). Foto 5. Extensión de M.O.:precursores de las series eritroide y mieloide. Mitosú normal de un progranulocito eosinofílico. Neutrófilos de aspecto normalx 100. La serie roja no alcanza los valores normales hasta transcurridos dos meses de iniciar el tratamiento, En el proteinograma del día 60 se aprecia: descenso de la albúmina, aumento en valor y pico de la alfaglobulina 2, aumento de las beraglobulinas bien definidas y ligero aumento de las gammaglobulinas (Fig. 1). DISCUSIÓN. Cuando se presente a nuestra consulta un animal con síntomas inespecíficos, o que ha sufrido 247
MJ. Morales Amella M. Serrano Serrano A. Sánchez Marco J.M. Sáez-Beniro Ferrer E. ]áuregui Larorre M. López Girón 50 Foro 6. Extensión de M.O.: aumento de precursores de la serie mieloide x 100. una infestación por garrapatas, debemos tener presente la posibilidad de infestación por Hepatozoon canis. Dada la climatología de nuestro país, el artrópodo transmisor dispone del hábitat ideal, por lo que la hepatozoonosis puede tener gran incidencia. Es imprescindible el seguimiento laboratorial, tanto para realizar el diagnóstico diferencial con otras patologías concurrentes, como para evaluar el estado del animal y su respuesta al tratamiento. Se ha descrito la presencia de Hepatozoon canis en neutrófilos, mono citos y no en médula ósea. En cambio, hemos observado mayor presencia de gametocitos en médula ósea que en sangre periférica (Foto 7). Se observan diferentes imágenes del parásito, conteniendo estructuras basófilas en su interior o con apariencia de una cápsula vacía translúcida; esta última imagen puede observarse en extensiones de sangre reciente, no puede deberse, por tanto, al retraso en realizar la exrensiónv'" (Foto 8). Aconsejamos un meticuloso estudio del frotis sanguíneo para evitar que infestaciones muy bajas pasen desapercibidas, teniendo en cuenta que un gametocito de Hepatozoon por cada 100 neutrófilos, puede provocar la aparición de síntomas. El número de gametocitos por 100 neutrófilos aumenta alrededor del día 36, es posible que coincida con el momento en que se rompen los quistes musculares, hecho que consideramos importante para investigaciones posteriores. El estudio comparado de las diferentes líneas ce248 Heparozoonosis canina. Foto 7. Cametocito de Hepatozoon en M.O. x 40. Foto 8. Dos gametocitos de Hepatozoon que presentan dzjèrentes características citoquímicasx 100. lulares en sangre periférica y médula ósea, revela un aumento de la actividad granulopoyética, que da lugar a leucocitosis neutrofílica del pool circulante, y alteraciones tóxicas cuando se encuentran en sangre periférica'?' 17). Contrariamente a los datos observados por otros autores'!" 13), aparece trombocitosis con elevada número de megacariocitos en médula ósea. Al no encontrar anomalías celulares que concuerden con los criterios de malignidad, deducimos que Hepatozoon canis provoca una reacción leucemoide y/o leucoeritroblástica. Consideramos que el estudio de la médula ósea es importante para el diagnóstico diferencial con leishmania, ehrlichia, síndromes mieloproliferativos... No hemos observado alteraciones produci-
Hepatozoonosis canina. MJ. Morales Amella M. Serrano Serrano A. Sánchez Marco J.M. Sáez-Benito Ferrer E. ]áuregui Latorre M. López Girón 52 das por el tratamiento. La trayectoria de la electroforesis de proteínas séricas ha permitido descartar la posible presencia de otras patologías, evaluar la respuesta de anticuerpos humorales y el estado del animal. Hasta el día 60 no se observa un descenso significativo de la albúmina, a diferencia de los hallazgos de otros autores'!" 18), a la vez que aumentan las demás globulinas. Esta evolución puede ser signo de mal pronóstico (Fig. 1). Por otra parte en USA(5, l2) aparecen problemas locomotores como sritorna frecuente, por ello se realizó un estudio radiográfico que no reveló proliferación perióstica ni otras anomalías óseas. Los valores de PAL tampoco indicaron alteraciones del aparato locomotor. El tratamiento empleado frente a Hepatozoon canis produce remisión de síntomas sin eliminar al parásito. No podemos descartar la posibilidad de transmisión por ingestión de carne o vísceras con quistes, ni la vía transplacenraria. El conjunto de animales estudiados son abuela, madre e hijas que incluyen en su dieta pequeños roedores cazados. Tras eliminar la presencia de otros procesos patológicos, concluimos que, Hepatozoon canis produce una reacción leucoeritroblástica que remite con el tratamiento. AGRADECIMIENTOS. Agradecemos a D. Jesús Malón, veterinario y propietario de los cuatro animales, su interés y colaboración que han posibilitado el completo estudio de los animales durante el tiempo necesano. BIBLIOGRAFÍA. 1. Abranches, P, Conceicao-Silva, FM., Silva-Pereira, M.C. Kala-azar in Portugal. V. The sylvatic cycle in the enzootic endemic focus of Arrabida. j. Trop Med Hyg. 87 (5): 197-200, 1984. 2. Anderson, TJ. Blood parasires of rnarnrnals from Papua New Guinea. j. WlIdl. Dis. 26 (2): 291-294, 1990. 3. Averbeck, G.A .. Bjork, K.E., Packer, c., Herbsr, L. Prevalerice of Hernarozoans in lions (Panthera leo) and cheerah (Acinonyxjubatus) in Serengeri Nacional Park and Ngorongoro Ctatet, Tanzania. j. WlIdl. Dis. 265 (3): 392-394, 1990. 4. Baker, J-L., Craig, T.M., Barton , c.L., Scotr, D.W. Hepatozoon canis in a dog wirh oral pyogranulornas and neurologic disease. Cornell Vet. 78 (2): 179-183, 1988. 5. Barton , c.L., Russo, E.A., Craig, TM., Green, J-W. Canine hepatozoonosis: A retrospective srudy of 15 Naturally Occurring Cases. journal of the American Animal Hospital Association 21; 125-134, 1985. 6. Beaufils, J.P., Marrin-Granel, J-, Berrrand, F Hêpatozoonose canine 2.° parrie. A propos de 28 cas. Prasique Médicale et Chimrgicale de l'Animal de Compagnie. 44, 1988. 7. Bennett, G.F, Garvin, M., Bates, J-M. Avian hernarozoa from westcentral Bolivia. j. Parasitol. 77 (2): 207-211, 1991. 8. Conceicao-Silva, FM., Abranches, P., Silva-Pereira, M.C., Janz, J-G. Hepatozoonosis in foxes from Porrugal. j. WlIdl. Dis. 24 (2): 344347, 1988. 9. Craig, TM., Smallwood, J-E., Knauer, K.W., McGrath, J-P. Hepatozoon canis Infecrion in Dogs: Clinical, Radiographic, and Hematolog ic Findings. jAVMA 173: 967-972, 1978. 10. Craig, TM. Hepatozoonosis. Infectius diseases of che dogs and cats. Grecne, C.E. 778-785. Ed. Saunders 1990. 11. Ettinger, SJ. Texrbook of Veterinary Inrernal Medicine. 290-291. Ed. Saunders. 3.' edición. 1989. 250 12. Elías, E., Homans, P.A. Hepatozoon canis infecrion in dogs: dinical and haernarological findings: treatrnenr. j. Small Anim. Pract. 29: 55-62, 1988. 13. Ezeokoli, c.D., Ogunkoya, A.B., Abdullhi, R., Tekdek, L.B., Sannusi, A., I1emobade, A.A. Clinical and Epidemiological studies on canine hepatozoonosis in Zaria, Nigeria.j. Small Anim. Pract. 24: 455-460, 1983. 14. Foreyt, W. Diagnosric parasitologyc. Vét. Clin. North. Am. Smalt Anim. Pract. 19 (5): 979-1000, 1989. 15. García, P., et al. Identificación de Hepatozoon canis en España. Estudio epidemiológico de una enzootia en la Carolina. lnvest. Agr. Prado Sanid Animal (3) 75-89, 1990. 16. García Fernández, P., et al. Identificación de Hepatozoon canis en España. Resúmenes VI Congreso Nacional y I Congreso Ibérico de Parasitologfa. 25-29 Septiembre. Cáceres. 185, 1989. 17. Gaunr, P.S., Gaunt, S.D., Craig, TM. Extreme neutrophilic leukocytosis in a dog wirh hepatozoonosis. jAVMA 182, 4: 409-410, 1983. 18. Gossert, K.A., Gaunt, S.D., Aja, D.S. Heparozoonosis and Ehrlichiosis in a Dog. journal of the American Animal Hospital Association 21: 265-267, 1985. 19. Grindem, C.D. Bone marrow biopsy and evaluation. The Véten'nary Clinics of Norib Arnerica Small Animal Practice 19,4: 669-698, Clinical Parhology Parr l , 1989. 20. Groulade, P. L'êlecrroporêse des protéines sériques dans les affections chroniques chez le chien - Aperçus. Pratiq ue Médicale et Chimrgicale de l'animal de Compagnie. 20, 6: 569-576, 1985. 21. HabeJa, M. Prorozoosis rransrniridas por garrapatas en carnívoros. Médico Veterinario 33: 17-32, 1993. 22. Hoskins, J-D. Canine Haemobattonellosis, Canine Heparozoono-
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