Recensiones
Abstract
B. AUCOUTURIER y A. LAPIERRE, La educación psicomotriz como terapia.
Full text
sis institucional y el concepto, clave eñ los ú1timos tiempos, de intervención. Un librotexto, en definitiva, de indudable utilidad para alumnos y profesores entendidos y menos entendidos en la materia, que no excluye en ningún caso la propedéutica aun reencuentro más fino y más sofisticado en este sector de la psicologia contemporánea. B. Aucouturier y A. Lapierre La educación psicomotriz como terapia. (*Bruno* Barcelona, Ed. Médica y Técnica, 1977. Uno de mis amigos me llamó la atención sobre el librito de Aucouturier y Lapierre. Me lo prestó incluso. Inicié su lectura casi obligado por una cita que teníamos concertada y en la que inevitablemente saldría a colación Bruno. He de confesar que su lectura me cautivó desde su comienzo. Pocas veces en tan escasas plginas (escritas con una sencillez desconcertante) me he encontrado un conjunto de ideas tan convincentes y tan ilustrativas de una teoría (formulada muy entre líneas) sobre el desarrollo humano. Porque lo que me ha resultado intelectualmente gratificante no es el relato de cómo se llevó a cabo la terapia de Bruno (un niño sobre cuyo destino pesaban variedad de diagnósticos y que de entrada aparecía casi como un autista y con una motricidad global fuertemente perturbada), sino el principio rector de la actuación terapéutica. A este nivel creo que se puede hablar con toda propiedad de una teoría. El diagnóstico del que parten Aucouturier - y Lapierre es sorprendente por lo inhabitual, acostumbrados como estamos a esos indigestos y esotéricos párrafos de la ciencia médica. Es, además, un diagnóstico que compete plenamente al psicólogo (y al decir esto estoy defendiendo la existencia de un campo de diagnóstico psicológico nsui gene- +). Lo que dicen Aucouturier-Lapierre es que Bruno mo mostraba ninguna actividad 1 estructurante. (p. 23). Para quien conoce a Piaget ello significa que el desarrollo sensonomotor está truncado. Si se acepta, con el mismo Piaget, que cada estadio del desarrollo descansa sobre otro anterior, esto necesariamente implica un rvolver a empezam. Pero.no es a base de razonamientos piagetianos que Aucouturier-Lapierre van a diseñar su terapia aempezando por el principio.. Su segunda premisa desplaza el centro de interés al nexo que hay entre actividad estructurada y comunicación con el otro y encuentran aquí, en el tema de la comunicación, su anclaje definitivo: {no existirá en Bruno una perturbación muy primigenia en su capacidad de comunicar? Aucouturier y Lapierre no citan a Spitz ni a Wallon ni a Rof Carba110, pero su teorla corresponde exactamente a la que estos autores han enunciado desde puntos de vista complementarios y en formulaciones convergentes. Hay una experiencia insustituible que se da en los primeros dfas de vida que es la que teje la aurdimbrem que nos permitirá comunicar. El lenguaje verbal no es más que la coronación de un proceso que empieza siendo acenestésico., atónicom y que se endereza hacia la comunicación gestual práxica, antes de devenir lin- ,guística. Bruno no habla, Bruno no estructura su actividad.. . Bernard Aucouturier no aplica un *programa de aprendizaje. escalonado y apto para subsanar los defectos uno a uno, como si se tratara de reparar las averías localizadas de una máquina. Bruno padece una carencia a nivel mucho más constituyente: hay que reactivar una función primordial. Su línea de trabajo es la desautorización, no por implícita menos contunden- .
te, de la terapia de conducta como panacea. El resto de la historia (pues, en fin de cuentas, de una historia se trata) es cómo esta teoria se plasma en un programa de recuperación que parte de la comunicación por con-tacto y que prosigue en los primeros intercambios guturales (igual que un bebé) y se coronará con el intercambio simbólico. Dos comentarios más para terminar. Es obvio que no hay una terapia en abstracto -califíquesela de *psicomotrizo, de .conductualu, o de lo que sea. Las terapias, como las medicinas o como los vinos, tienen que escogerse adecuadamente. Sin pretenderlo expresamente y a propósito de un niño que un día aterrizó en su consulta con un *problema~, Lapierre y Aucouturier nos dan más ideas sobre el proceso normal del desarrollo que muchos libros repletos de casos extraídos de la literatura científica. Nunca se nos había hecho ver tan claramente -y éste es el segundo comentariocómo lo normal y lo patológico son dos perspectivas que se apoyan la una en la otra para esclarecer el desarrollo humano. AdolJo Perinat Biología y ciencias humanas. Sociobiología, etología, ecología Papers, nP 19. Edicions 62. Con motivo del centenario de Darwin (1809-1882) el año que acaba de transcurrir ha sido pródigo en homenajes a su figura. Dentro de nuestro ámbito el Dpto. de Sociología de la U.A.B. ha dedicado un número monográfico <le su revista Papcrs (el nP 19) al tema que encabeza esta página y que quiere constituir, a su manera, un homenaje al ilustre naturalista inglés. La iniciativa no puede venir en coyuntura más adecuada, por cuanto es un hecho que se da hoy día en las ciencias humanas (Antropología, Psicología, Sociología) una influencia intensa del paradigma biológico. En alguno de estos dominios la coexistencia es pacífica o la relación que se establece es susceptible de encaminarse a una interdisciplinariedad. En otros, en cambio, la biología ha irrumpido llena de pretensiones y algunos biólogos se han arrogado el dar explicaciones, desde su terreno, a cuestiones que convencionalmente estaban reservadas a los científicos sociales. Quede claro que en sí esto no es criticable. Lo que ocurre es que muchos de estos intentos abocan a reduccionismos que a nosotros se nos antojan groseros por demás. La relación entre biología y ciencias humanas plantea, además de los detalles estrictamente científicos, otros problemas de cariz político y ético. El caso de la sociobiología es el más patente. La revista Papers ha hecho un repaso a toda esta panorámica a través de una serie de selectos artículos. Mención especial y aparte merece una bibliografía extensamente comentada sobre sociobiología y también sobre ecología antropológica. Todas las obras de E.O. WILSON (Sociobiology, On Human Nature, Genes, Mind and Culture) y las de otros sociobiólogos han sido sometidas a examen. Igualmente se da noticia de varias recopilaciones que han surgido como resultado de Simposiums y Congresos entre los años 1975 y 1980. Los comentarios bibliográficos se terminan con «Cinco estudios ecológicos~~. Para quien no tenga acceso, por falta de tiempo o de dominio del inglés, a toda esta literatura de última hora, el número de Papers (excepcionalmente todo él en castellano) le será de muy provechoso recurso. (La revista Papers la imprime y distribuye Edicions 62, Provenza 278. Barcelona-8). Adolfo Perinat