Escenas metropolitanas
Abstract
En la ciudad industrial el conflicto social resultaba más visible que en el actual modelo urbano. En este, existen una serie de obstáculos para que las autorrepresentaciones de los individuos se articulen de manera colectiva y solidaria. El proceso de disolución de las pertenencias vinculadas al modelo de ciudad industrial permite que otras asuman -en el nuevo contexto- un protagonismo hasta ahora inaudito. La figura del "inmigrante" se convierte en reveladora de la naturaleza de las pertenencias emergentes al tiempo que pone a prueba su capacidad integradora.
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Papers 43,1994 33-40 Escenas metropolitanas Vaieria Bergaili Cozzi Universitat de Barcelona. Facultat de Geografia i Histbria Baldiri i Reixach, s/n. 08034 Barcelona. Spain Resumen En la ciudad industrial el conflicto social resultaba más visible que en el actual modelo urbano. En este, existen una serie de obstáculos para que las autorrepresentaciones de 10s individuos se articulen de manera colectiva y solidaria. El proceso de disoluci6n de las pertenencias vinculadas al modelo de ciudad industrial permite que otras asuman -en el nuevo contextoun protagonismo hasta ahora inaudito. La figura del ainmigrantea se convierte en reveladora de la naturaleza de las pertenencias emergentes al tiempo que pone a prueba su capacidad integradora. Paiabras clave: ciudad global, intemención urbanística, procesos migratorios, imaginari0 urbano. Abstract. Building dzfference in tbe city In the industrial city, social conflict was more visible than in the present urban model. In the latter, there are some obstacles in order for the self-representations of the individuals to be articulated in a collective and solidary way. Dissolution of the belongings related to the industrial city, makes possible that other, till recently not quite important belongings, become significant in the new context. The so-called ccimmigrants reveals the nature of the emergent belongings and challenges their integrating capacity. Key words: global city, urban intervention, migration processes, urban imaginary. La ciudad ha sido considerada el lugar en el cual se producen 10s cambios y las transformaciones que afectan a nuestras sociedades, asi como el espacio privilegiado de configuración y manifestación del conflicto social y de las identidades de 10s sujetos de ese conflicto. La modernidad supuso para el espacio urbano la visibilidad de ese conflicto y de sus ámbitos de localización, entre 10s cuales la fábrica ocupaba un lugar central organizando el espacio urbano en función de la misma y según la relación que 10s habitantes de la ciudad mantuvieran con ella, puesto que dicha relación resultaba determinante para el establecimiento residencial de la gente.
34 Papers 43,1994 Valeria Bergalli Cozzi Sin embargo, el modelo de ciudad con el que hay que enfrentarse en este fin de siglo resulta algo diferente. La ptrdida de centralidad de la producción industrial a favor de otros sectores abiertos por el proceso de innovación tecnolÓgica, cuya expansión no puede asegurar la ~lena ocupación y que constituyen las partes de un sistema económico transnacional organizado en escala a la neta ria, convierte a 10s centros urbanos en enclaves de dicho sistema, el cual, a su vez, se encuentra necesitado de otras relaciones sociales y además presenta nuevas exigencias en materia de ordenación del espacio. Es en esta nueva fase de configuración de la ciudad en la que emerge (cel espacio de 10s flujos en substitución del espacio de 10s lugares)) (Castells, 1989,348). De hecho, la ciudad global (King, 1990; Sassen, 1991) es justamente aquella cuya configuración y dinámica es decidida desde su exterior, en un ámbito transnacional del que ella, como apuntaba antes, es un enclave. Sin embargo, la substitución de la que habla Castells no es total, en la medida en que la gente sigue viviendo y experimentando la ciudad en lugares mientras es el poder quien gobierna a través de flujos (Castells, op. cit., 349). Este desgarramiento obliga a 10s investigadores de la realidad urbana a desplegar un doble -y complementariopunto de vista que recoja ambos niveles: la experiencia de 10s habitantes de las urbes y el sistema económico y politico del cual tstas forman parte'. El análisis de la realidad urbana no se limita, por 10 tanto, a la planificación y su aplicación en proyectos concretos; antes bien, quizás esa realidad comience más allá de ellas, puesto que la ciudad no ha constituido jamás un artefacto que responda completamente a la programación. La ciudad está abierta a múltiples, diversas interpretaciones en la medida en que existen muchas formas de vivirla y porque, bajo 10s discursos que la ideologizan, proliferan las astucias y las combinaciones de poderes sin identidad legible, sin lugares donde aprehenderlas, sin transparencia racional, sin posibilidades de ser gestionadas)) (de Certeau, 1980, 177). Es allí, en la experiencia de 10s ciudadanos, terreno de sorpresas y paradojas, donde radica su mis profunda riqueza. De esas astucias y de esas combinaciones de poderes podemos tener noticia s610 en determinados momentos a veces de forma del todo imprevisible, mientras que en otros las echamos en falta y las consideramos inexistentes e incluso imposibles. La ciudad industrial, con sus lugares tradicionales de afianzamiento de las identidades colectivas que le eran propias, las del trabajo y las de la política 1. Sin embargo, no siempre es fácil distinguir un nivel del otro, como, por ejemplo, ponen de manifiesto algunos autores que analizan la emergencia de espacios que no pueden definirse en terminos identificatorios, relacionales o hist6ricos; es decir, lugares que no son antropolúgicos en tanto que no simbolizan la identidad compartida de un grupo, ni la particular (con respecto a otros), ni la singular (del individuo o del grupo en cuanto no semejantes a otros). En definitiva, lugares en 10s cuales no hay rastros de la idea que de la relaci6n con el territorio, con sus semejantes y con 10s ((otrosn se hacen sus habitantes (Auge, 1993, 57 y sig.). De aquí que se denomine a estos espacios no lugares, puesto que propician una acomunicaci6n tan extraiia que, a menudo, no pone en contacto al individuo mis que con otra imagen de si mismos (Auge, op. cit., 85).
Escenas metropolitanas Papers 43, 1994 35 (Barcellona, 1990, 35) -identidades estructuradas a partir y en torno de la centralidad de la fábricaes ya nada más que una presencia fantasmal a la cua1 ha dejado de ser útil aferrarse para explicarnos la metrópoli actual. La desaparición de esa ciudad, junto a la desertización de 10s lugares en 10s que era posible la emergencia de autorrepresentaciones grupales de carácter solidari~, creadoras de vínculos de pertenencia, se encuentra ligada a un proceso de homologación (Barcellona, op. cit.) vinculado al desarrollo tecnológico, en cuyo marco acontecen las cctransformaciones de las articulaciones del proceso productivo y reproductivo, de 10s instrumentos de dominio y de control social, de las figura~ del trabajo y de sus formas de socializacióna (Barcellona, op. cit., 43). Versiones de este panorama general pueden ser rastreadas con mayor o menor facilidad en puntos diferentes del globo, pero 10 que parece fuera de dudas es que é1 resume las tendencias en torno a las cuales se está organizando la vida urbana de nuestro futuro más próximo. Con relación a este panorama, retomando el desgarramiento apuntado por Castells y concentdndonos en la experiencia de la ciudad propia de la gente que vive en ella, algunas de las nuevas prácticas sociales caracteristicas del nuevo modelo parecen emerger con rapidez. El consumo, conjunt0 de prácticas urbanas por excelencia, parece estar manifestando una fünción sociaiizadora que, con anterioridad, era menos evidente (Raulin, 1987), al tiempo que determina 10s lenguajes y 10s itinerarios de 10s individuos. De hecho, en nuestras ciudades ya casi no existen espacios en 10s cuales no se deba pagar para transcurrir en ellos parte de nuestro tiempo y, a la inversa, tampoc0 se nos ocurren demasiadas actividades que no supongan un cierto desembolso de dinero. En la actualidad, se ha acentuado de forma vertiginosa la expansión de 10s procesos que transforman en mercancia incluso las necesidades de comunicación humana más directa, invadiendo asi las esferas de la solidaridad interpersonal (Cantaro, 1990,21 y sig.). La extensión del mercado en tanto mecanisrno regulador, no s610 del orden económico sino tambikn del social y del politico, da cuenta de su vocación totalitaria, puesto que se propone como instancia que pretende satisfacer todas las necesidades (ibidem). Las prácticas, itinerarios y fantasia marcados por el consumo son fundamentalmente individuales, alejan la posibilidad de constituir una comunidad o una colectividad (Barcellona, op. cit., 35) y, al mismo tiempo, son reveladoras de una tendencia uniformizadora. Por otro lado, el proceso de segmentación y jerarquización social (según la edad, el sexo, el origen geográfko y étnico, el poder de negociación, etc.) favorece la fragmentación de las clases en grupos sociales que disponen de un poder económico y cultural cada vez mis desigual (Solt y Miguélez, 1987). De esta forma, por 10 que respecta a la producción de las representaciones del si mismo en el contexto urbano finisecular, puede hablarse de un impedimento para que esas representaciones se articulen de manera colectiva y solidaria dando lugar a simbolos y lenguajes susceptibles de resultar vinculantes y movilizadores. En efecto, tal como se ha escrit0 con relación a la Londres de la década de 10s ochenta, 10s sectores que en otro tiempo se encontraban organizados de acuerdo a intereses comunes y cuya movilización política era expresión de su papel
36 Papers 43, 1994 Valeria Bergalli Cozzi en la ciudad industrial, se han visto ~rivados de su capacidad de cohesión para constituir, finalmente, ccsólo un conjunt0 de minorias o un agregado de personas despojadas de cualquier efectivo denominador politico común* (Hobsbawn, 1987, 50). La capacidad de estos grupos de ccproducir mayorias, políticamente hablandos (ibidem) es inexistente y la práctica de aludir a ellos como ccnuevos movimientos sociales)) no parece, por ese motivo, justificada (ibidem). Sin embargo, todo el10 no supone que no se produzcan fenómenos de agregación con una base territorial cuyo rechazo frente a la penetración del nuevo modelo y de sus consecuencias en materia de ordenación del espacio, ~uede hacerse visible si las circunstancias 10 permiten. Por otro lado, el avance sucesivo, a 10 largo del tiempo, de un modelo de ciudad en la cual 10s lugares donde la gente trabaja se encuentran cada vez más lejos de donde la gente vive, supone un corte drástico de las relaciones entre ambos ámbitos, de forma que la desmovilización se encuentra favorecida (Hobsbawn, op. cit., 48) a través de la desconexión entre las diferentes esferas de la vida cotidiana. A el10 deben agregarse 10s efectos generados por la ausencia del pleno empleo, que permite una lectura de la distribuci6n espacial de 10s grupos afectados en términos de una mayor tendencia hacia la producción de guetos. En éstos terminan por imponerse las intervenciones drásticas de recuperacidn (impulsadas por 10s poderes públicos y la empresa privada) con las que se fomenta la expulsión de 10s residentes. Tambidn puede recaer sobre ellos, sin embargo, la renuncia a cualquier tip0 de reforma urbana, como parece ser el caso de algunas ciudades de 10s EE.UU., en las que se ha estado favoreciendo una polarización urbanística entre espacios radicalmente antagonistas (Davis, 1985, 113). De hecho, en ese país norteamericano parece estar resurgiendo el ordenamiento del espacio en cuanto medida destinada a contener una situación social explosiva, dividiendo las ciudades -es paradigmático el caso de Los Angelesen áreas sociales no comunicadas entre si con toda la intenci6n de preservar a las más favorecidas de la ira difusa que emana de las que no 10 son (Colombo, 1992, 19; Davis, 1993, 121 y sig.). Sin embargo, semkjante polarización podria suponer no sólo una respuesta coyuntural a un problema local, sino el aferrarse a un modelo que, basándose en una ccdristica divisi6n de mundos que se definen, con todo el peso de las barreras espaciales, como diferentes y hostiles, gobernados por reglas y derechos nunca tan abiertamente dispares [. . .I, obstaculiza, aun antes de su concepción, cualquier posible demanda de poder)) (Colombo, op. cit., 20). El10 es asi por cuanto la ccasignación del poder real resulta establecida de una vez por todas por una ordenación del espacio que separa la ciudad de 10s dominantes de la de 10s dominadosa (ibidem). El debilitamiento de la identidad ligada a la clase social por parte de 10s sectores menos favorecidos, les supone la pérdida de un sentimiento de poder colectivo (Hobsbawn, op. cit., 49) y estimula una tendencia hacia la disgregación que, junto con las estrategias de estigmatización dirigidas a estos colectivos sobre 10s cuales recae el peso de la atribución de ccpatologias socialesa, les empuja a un proceso de marginación social creciente. Pensemos en la asociación que se establece entre estos grupos y 10s sectores urbanos en 10s que, se
Escenas metropolitanas Papers 43,1994 37 supone, residen: centros históricos y periferias, todos ellos presentados de manera que resulte exacerbado su grado de peligrosidad para 10s otros sectores de la ciudad, 10 cual resulta funcional al despliegue de medidas de reczlperacidn y control pero, sobre todo, a la fabricación de consenso y al fomento de la identificación de 10s ciudadanos con su urbe. Con anterioridad se aludía a la visibilidad del conflicto en la ciudad industrial y a la capacidad, ligada a ese momento histórico, de organizarse frente a dl. Ahora bien, visto el proceso de disolución de las antiguas pertenencias, emergen otras que no son completamente nuevas (como se verá rnás adelante), si bien asumen un protagonismo hasta ahora inaudito. Para ello, debe quedar claro que la ciudad global no se encuentra únicamente vinculada a centros financieros cuyo peso en la economia mundial es similar al de la ciudad en cuestión, sino también a otros centros cuya implicación en el sistema global se produce de forma subordinada y periférica. La figura del inmigrante proveniente de esos centros y de sus ámbitos de influencia se convierte en reveladora de la naturaleza de las pertenencias emergentes, al tiempo que pone a prueba su capacidad integradora. De esas pertenencias hay una que parece sobresalir: la nacional. Con ella se alude a la pertenencia a una cccomunidad política imaginada) (Anderson, 1983, 15), históricamente construida como comunidad identificadora de reacción ante el extranjero y el enemigo (Morin, 199 1, 32 1). El10 implica que 10s proyectos nacionales (tanto 10s promovidos por 10s estados nacionales como por 10s movimientos nacionalistas de tip0 reivindicativo) se basan en una dinámica de inclusión/exclusión que establece la pertenencia o la extranjeria de las poblaciones en juego. Los ciudadanos de un estado -sean éstos definidos asi sobre la base de la herencia o de la voluntadson considerados tales desde un punto de vista que privilegia la pertenencia étnico-nacional, y la ciudadania termina por confundirse con 10s limites trazados por esa pertenencia. A través del fenómeno de la inmigración ha sido posible descubrir la lógica excluyente que subyace a esta concepción de la ciudadanía, prosiguiendo asi un proceso de desveiamiento de esa lógica que ha ido poniendo al descubierto el sujeto que simi6 de modelo a dicha concepción -el hombre, adulto, propietarioy la exclusión -o sea, el ser sujetos privados de derechosa la que se vieron abocados quienes no encajaban en semejante modelo. La renuncia a reconocer una paridad de derechos entre 10s extranjeros y 10s autóctonos es algo que se encuentra en las legislaciones de todos 10s paises del mundo, en la medida en que, quien mis o quien menos, establecen limitaciones a la presencia de 10s primeros o procedimientos rnás o menos severos para su naturalización (Rusconi, 1989, 28); de aquí que antes se hiciera referencia a la emergencia de pertenencias no completamente nuevas. De hecho, en nuestra concepción de la ciudadania se esconden hace ya tiempo algunos de 10s elementos que permiten la articulación de 10s mecanismos de inclusión/exclusión mencionados rnás arriba. Pero volvamos a la ciudad. Ella también podria definirse como imaginada. En tanto que representación rnás o menos compartida por un conjunt0 de
38 Papers 43, 1994 Valeria Bergalli Cozzi individuos, existe más al16 de su carácter de espacio producido por un conjunto de factores de orden geogri%co, histórico, económico, político y social. Y ella es también susceptible de producir pertenencia, como se podria demostrar si &era éste el lugar donde profundizar en el andisis de algunos casos ilustrativos (rivalidades entre ciudades, protagonismo de la ciudad sobre la región en la que está emplazada, etc.). De hecho, existe la expresión ccpatriotismo de ciudad)), que pone de manifiesto 10 que aquí se sostiene. Como la pertenencia a la nación, también la pertenencia a la ciudad constituye una construcción social en la que intervienen múltiples factores entre 10s cuales destacan, quizás, un cierto uso del pasado vinculado a procesos de invención de la tradici6n (Hobsbawn y Ranger, 1988, 13 y sig.), cuya difusión en el marco metropolitano puede acontecer a través de vías equivalentes a aquéllas por las que se difunden 10s contenidos de la nación -las conmemoraciones, las grandes celebracioneso a través de otras diferentes como, por ejemplo, la intervención urbanística. En un contexto de crisis urbana, dicho patriotismo puede resultar movilizador y, no en vano, es estimulado desde el poder politico (y la empresa privada asociada a 61) en la medida en que puede ser efectivo para la producción de consenso. De 10 que se trata es de vehicular una representación de la ciudad de la que ese patriotismo se pueda nutrir y hegemonizar el imaginari~ urbano de sus habitantes. La estrategia no siempre tiene éxito, pero en algunos casos éste parece ser estrepitoso. El de Barcelona y su proceso de renovación urbana con ocasión de 10s Juegos Olimpicos del afio 1992, podria ser un ejemplo. La repetida alusión a Barcelona como ccmetrópoli mediterráneao, que subyacia a las intervenciones urbanisticas que favorecian 10 que se llamó el (creencuentro)) de la ciudad con el mar, tenim como objetivo la producción de una identidad portuaria para la urbe. La recuperación, exclusivamente retórica, de la condición de puerto de Barcelona, venia a ofrecer el soporte para un supuesto talante cosmopolita que revertiria como particular aportación barcelonesa a la llamada ((Europa de las ciudades)), donde el poder municipal quiere afirmar la presencia de la capital catalana (Bergalli, 1993, 33). Lo que me interesa subrayar aquí es que estos procesos de construcción de identidades colectivas, basados en una lógica en la cual la construcción del si mismo es un proceso de carácter interdependiente de la construcción del ccotrou, se producen en contextos históricamente determinados en 10s cuales 10s contenidos del si mismo y del otro resultan fijados según las peculiaridades del momento, como también según las necesidades hegemónicas vinculada a intereses de orden económico ylo politico. Analizar el tip0 de idea de ciudad -y sus posibles alternativas si éstas son susceptibles de ser aprehendidasque en un lugar y momento determinados se pretende imponer, significa relacionarla con el proceso de construcción de las autorrepresentaciones de sus habitantes y del papel que, en ese contexto, tienen 10s (cotros)). En el caso de Barcelona, por ejemplo, este papel parece limitarse a cumplir una función de soporte que asegura simbólicamente la experiencia del cosmopolitismo antes mencionado. Revalidar la naturaleza portuaria de la ciudad supone reactualizar un imaginari0 exótico inscrit0 en el territori0 (sobre todo en las zona
Escenas metropolitanas Papers 43, 1994 39 próximas al mar o que llevan a él, como la Rambla) que supuestamente posibilita entrar en contacto con el resto del mundo. Los inmigrantes de 10s paises periféricos resultan incorporados a ese univers0 (;pueden ser considerados 10s nuevos marineros?) en la medida en que proveen a 10s autóctonos de una presencia contra la cual afirmar la propia identidad. Puede verse, entonces, que caer en la tentación de considerar positivamente la presencia de ese universo exótico, como garantia de la expresión de múltiples autorrepresentaciones con vistas al advenimiento de la llamada sociedad multicultural, parece poc0 aconsejable. Como se sabe, 10 exótico no tiene unos origenes inocentes, ya que se encuentra relacionado a la producción de imágenes de la mirada europea y de su histórica incapacidad para valorar la diferencia. Una mirada que, por 10 general, se posaba sobre el mundo para establecer con él, exclusivamente, un inquietante monólogo. Bibliografia ANDERSON, B. (1983). Imagined Communities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. Londres: Verso. AUGE, M. (1993). Los ccno lugares,,. Espacios del anonimato. Una antropologia de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa Editorial. BARCELLONA, P. (1990). I1 ritorno del legame sociale. Turin: Bollati Boringhieri. BERGALLI, V. (1993). (<Barcelona, Rarnblas abajo. La ciudad, el mar y el extranjero)). Archipiélago, núm. 12, p. 29-34. CASTELLS, M. (1 989). The Informational City: Information Technology, Economic Restructuring and the Urban-Regional Process. Oxford: Basi1 Blackwell. CANTARO, A. (1 990). La modernizzazione neoliberista. Le istituzioni e le regole del nuovo ordine. Milán: Franco Angeli. CERTEAU, M. de (1980). L'invention du quotidien. I. Arts &faire. París: Union Générale &Editions. COLOMBO, A. (1993). ((1 muri di Los Angeles. Un modeilo per i1 dominio)). En AA.W. Los Angeles. No Justice, No Peace. Roma: Manifestolibri. DAVIS, M. (1985). ((Urban Renaissance and the Spirit of Postmodernism)). New Left Review, núm. 15 1, mayo-junio, p. 106-1 13. - (1 993). La cittá di quamo. Indagine suljkturo a Los Angeles. Roma: Manifestolibri. Edición original: City of Quarz. Excavating the Future in Los Angeles. Nueva York: Vintage Books, 1992. HOBSBAWN, E. (1987). ((Labour in the Great City)). New Left Review, núm. 166, noviembre-diciembre, p. 39-5 1. HOBSBAWN, E.; RANGER, T. (1988). L 'invent de la tradició. Vic: Eumo Editorial. KING, A. (1 990). Global Cities. Post-Imperialism and the Internationalization of London. Londres: Routledge. MORIN, E. (1991). fitat-nation)). En DELANNOI, G. y TAGUIEFF, P.A. (Dirs.), Théories du nationalisme. Nation, nationalité, ethnicité. París: Editions Kimé. RAULIN, A. (1987). ((Oh s'approvisionne la culture?)). En GUTWIRTH, J. y PETONNET, C. (Dirs.). Chemins de la ville. París: Editions du CTHS. RUSCONI, G. E. (1989). ~(Questione etnica e cittadinanzan. Democrazia e diritto, núm. 6, noviembre-diciembre, p. 23-41. Roma. - -
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