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Sobre el valor histórico atribuible al contenido de Ora Maritima: las citas de los iberos y de otros pueblos, como paradigma

González Ponce, F. J.

Abstract

González Ponce, F. J.

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SOBRE EL VALOR HISTORICO ATRIBUIBLE AL CONTENIDO DE ORA MARITZMA: LAS CITAS DE LOS IBEROS Y DE OTROS PUEBLOS, COMO PARADIGMA F. J. González Ponce Universidad de Extremadura ABSTRACT Once the theory of the base-Periplus is rejected and one approaches Avienus with an eye to his literary context, it must be concluded that Avienus' tendency to archaism is a aesthetical device. This stylistic feature rnakes the poem more a literary output than a historical document. References to peoples are a good proof of it. Una de las impresiones más fuertes que recibe el lector de Ora maritima es, sin duda, la excesiva distancia existente entre la realidad vigente en la época de su autor y el mundo al que éste alude en el poema: si en su descripción geográfica Avieno, en ocasiones, se ciñe a 10s datos de su propia época, como refleja la cita de Barcelona en v. 520 y de Masilia en v. 704', la tónica general es el arcaísmo. De este modo, la obra puede considerarse con justicia una pieza Única dentro del conjunt0 de la literatura grecolatina en 10 que se refiere a la conservación y transrnisión a la posteridad de nombres extrafios, remotos, desconocidos2. Esta excesiva presencia de nombres y realidades arcaicos en Ora maritima es interpretada por 10s defensores de la teoria tradicional, encabezados por A. Schulten, como una de las pruebas más fehacientes de la antigüedad de la fuente que sirvió de base a Avieno (para ellos un Periplo del siglo VI aC)3. Sobre las partes del poema que hacen referencia a la propia época del autor cf. GONZALEZ PONCE, F.J., Avieno y el Periplo (Ecija, Ed. Grhficos Sol [en prensa]), pp. 81-88. En 10 que a nombres de pueblos se refiere, 10s hápax, que parecen apuntar a denominaciones indigenas, si bien algunos han sido helenizados, llegan a constituir un numeroso corpus. Se habla asi de hiemos (v. 11 I), albiones (v. 112), draganos (v. 197), sefes (vv. 195 y 199), cilbicenos (w. 255, 303 y 422), etmaneos (v. 300), ileatas (v. 302), clahilcos y daliternos (v. 675), leménicos (v. 676) y nearcos (v. 700). SCHLILTEN, A., Avieno. Ora Maritima (Periplo Massaliota del s. VI a. de J.C.) junto con 10s demás testimonios anteriores al aiio 500 a. de J.C. (Barcelona, 1955~), se muestra bastante explicito a la hora de exponer tales ideas: ~muestran que el autor vivió en el siglo VI la estrecha Ahora bien, atendiendo únicamente al contenido4, pueden formularse, frente a esta interpretación del poema como documento --como una más O menos complicada relación de noticias que responden a hechos reales-, dos serias objeciones: por un lado, la irreconciliable disparidad de las localizaciones geográficas propuestas por 10s diferentes autores para 10s lugares descritos5; por otro, el choque frontal que se produce en no pocas ocasiones entre 10 que leemos en el poema y 10s datos ofrecidos por la arqueologia y la propia investigación histórica, el10 incluso en 10 referente a motivos geográficos cuya localización no ha suscitado polémica alguna. Un ejemplo claro del valor histórico que se ha querido atribuir a las informaciones ofrecidas por Avieno 10 constituyen las citas de pueblos, de entre 10s que destaca como paradigma el caso de 10s iberos. Llama la atención sobre todo la cita en la que Avieno menciona la que, según la terminologia de 10s defensores de la teoria tradicional, se denomina &eria occidental>>, que coincide con la actual zona de Huelva (vv. 241-255)6. semejanza con Hecateo y el hecho de presentarnos una España sumarnente remota. Este pais es designado con 10s nombres antiquísimos de Oestrimnis y Ofiusa, y se hace mención de muchas ciudades desconocidas en absolut0 a 10s autores mis postenores y asimismo de rios designados con nombres muy antiguos [...]. El autor de Periplo espues el mds antiguo entre todos 10s geógrafos griegos que se nos han conservado, ya que es anterior a Hecateo siendo el Periplo al mismo tiempo uno de 10s primeros libros griegos escritos en prosax (cf. pp. 16 y 33-35, el subrayado es nuestro). Sobre las objeciones de tip0 formal cf. GONZÁLEZ PONCE, OP. cit. en n. 1, pp. 95-113. Al dar crédito a las informaciones contenidas en el poema, la crítica en general ha derrochado su esfuerzo principalmente en el intento de localizar sobre el mapa todos y cada uno de 10s enclaves que aparecen citados en Ora Maritima, esgrimiendo para tal propósito un sinfin de razones, a veces difícilmente defendibles. Todo el10 causa en el estudioso modern0 la impresión de estar perdido en un laberint0 sin salida, de ser víctima impotente en el seno de todo un conglomerado de opiniones enfrentadas, que la mayoria de las veces ni siquiera permiten comparación por estar fundadas sobre criterios completamente independientes, y que casi siempre descansan sobre argumentos tan ficticios y poc0 operativos que nos dan una idea de la fragilidad e inconsistencia de las mismas. Iugum inde rursus et sarum infernae deae divesque fanum, penetral abstrusi cavi adytumque caecum. Multa propter est palus E[t] rebea dicta. Quin et Herbi civitas 245 stetisse fertur his locis prisca die, quae pr<o>eliorum absumpta <tem>pestatibus famam atque nomen sola liquit caespiti. At Hiberus inde manat amnis et locos fecundat unda. Plurimi ex ips0 ferunt 250 dictos Hiberos, non ab i110 flumine quod inquietos [vol Vasconas praelabitur. Nam quicquid amnem gentis huius adiacet occiduum ad axem, Hiberiam cognominant. Pars porro eoa continet Tartesios 255 et Cilbicenos. Mientras Schulten ve en estos versos el reflejo histórico de la emigración de las primeras tribus iberas venidas de África, justificando así que el poeta denomine también <<bero>> al no Tinto7, otros autores ponen serias objeciones a la existencia real de esta Iberia occidental. Así, A. ert he lot^ considera estos versos como un simple error del poeta-anticuario, que no habría sabido interpretar correctarnente a sus modelos. C. pemáng intenta ju~~car esta noticia por interpolaciones eruditas. Según 61, la explicación puede radicar en una cormpción de 10s nombres: tal vez la ciudad y el río se llamaron Erebus (de Erebea), carnbiándose la denominación del Último por metátesis a Iberus. Apunta además que no podemos perder de vista el origen mitológico de todos estos nombres. La explicación de J. A. Domínguez Monederolo se basa en atribuir al término <<Iberia> e <<Ibera>> únicamente valor geogrático: de este modo el nombre de Iberia habria sido dado por 10s griegos originariamente a esta región, que a su vez sería el primer punto de contacto entre ambas culturas. Esta denominación estaria justificada además por compartir la región a que nos referimos una serie de afinidades con la Iberia póntica, en su mayor parte de carácter anecdótic0 y mitológico (ambas regiones son escenari0 de 10s trabajos de Heracles y ambas son lugares extremos de gran riqueza metalífera). S610 luego, cuando el conocimiento de la Península por 10s griegos iba aumentando, el término se ampli6 a todo el tenitorio. Coincide con esta opinión A. Blanco ~reijeiro". A. Tovar12 (que en un tiempo fue también partidari0 de la idea anterior13) justifica aquí la denominación de aibero>> por la extensión de la cultura tartésica hasta Levante. Tampoco P. Viiialba i Varneda14 acepta la existencia de una Iberia entre 10s Cinetas y 10s Tartesio~'~. Cf. SCHULTEN, OP. cit. en n. 3, p. 111. Tal opinión estigmatizó 10s estudios tradicionales sobre nuestra protohistoria, y fue aceptada sin más por un sinfín de autores a 10 largo de la presente centuria. Cf. BERTHELOT, A., Festus Avienus. Ora maritima (Pan's, 1934), pp. 77-78. Cf. PEMAV, C., El pasaje tartésico de Avieno a la luz de las Últims investigaciones (Madrid, 1941), pp. 41-43. 'O Cf. DOM~XGUEZ MONEDERO, J.A. ~LOS ténninos aIberiau e <<iberos, en las fuentes grecolatinas: estudio acerca de su origen y ámbito de aplicación~, Lucentum 2 (1983), pp. 203-224. " Cf. BLANCO FREEIRO, A. ~LOS primeros españolesn, Historias del Viejo Mundo, núm. 1 (Madrid, 1988), p. 68. l2 Cf. TOVAR, A., aLenguas y pueblos de la antigua Hispania: 10 que sabemos de nuestros antepasados protohistóricos~, Studia Paleohispanica. Actas del IV coloquio sobre lenguas y culturas paleohispdnicas (Vitoria, 1987), pp. 15-34. l3 Cf. TOVAR, (<Estado actual de 10s estudios ibéricosw, Homenaje a Domingo Fletcher Valls (Valencia, 1984), pp. 45-64. l4 Cf. VILLALBA I VARNEDA, P., Ruf et Avi& Periple [Ora maritima] (Barcelona, 1986), p. 84, n. 76. l5 En este sentido resultan harto elocuentes las palabras de FERN~EZ JURADO, J. <El poblamiento ibérico en Huelva,,, en R&, A. y MOLINOS, M. (eds.), Iberos. Actas de las I Jornadas sobre el inundo ibérico (Jaén 1987), pp. 315-326: (~Hablar hoy de iberismo, de 10 ibérico, Igualmente han sido discutidas por la crítica moderna otras noticias sobre los iberos referidas por Avieno, como la que alude al límite entre éstos y 10s tartesios, cuando en vv. 460-466 se describe el territori0 del último pueblo que habita en la zona de influencia tartesia: 10s girnnetas16. Mientras Schulten17 expone que el límite entre iberos y tartesios mencionado en vv. 462-463 debió de estar concretamente en el río Sicano, algo más al norte del cabo La Nao (que el poema no menciona) y por tanto del tramo que en estos versos se describel*, 10s datos que ofrece Avieno en estos versos son puestos en duda por Tovar19, según el cual la zona del cabo La Nao no pudo constituir realmente un límite entre ambos pueblos, dado que toda la fachada desde Porcuna hasta Ensérune es, en su opinión, escenari0 de un mismo pueblo, el ibérico, con sus variedades regionales. Intenta justificar esta anomalia argumentando que el autor delperiplo se habría limitado a ver s610 la costa, donde al sur de La Nao era evidente la influencia fenicia y griega y al norte predominaba 10 estrictamente indígena, pero no se habría percatado de que por el interior esta distinción no existia. Con é1 coincide Blanco Freijeiro20, quien subraya que el Júcar no pudo constituir una frontera lingüística. es hacerlo de una cultura concreta y de unos condicionantes socioeconómicos igualmente definidos e inmersos en un marco cronológico [...I. Y si el arqueólogo ha de moverse en esta línea investigadora, es evidente que no podrá estudiar, al menos hoy, la cultura ibérica en el ámbito geográfico onubense, ya que [...I hablar entonces de iberismo en Huelva es hacerlo, hasta cierto punto, de una entelequia. Y 10 es, porque el mundo ibérico tuvo en su génesis un gran influjo fenicio y fundamentalmente griego que, actuando sobre poblaciones autóctonas, dieron lugar a la cultura ibérica. Sin embargo, no es exactamente esto 10 que ocurre en Huelva, donde el proceso es, hasta cierto punto, contrario al descrito. En la zona onubense, donde se había desarrollado ampliamente la cultura tartésica, que habia recibido la influencia fenicia y había estado en contacto con el mundo griego se pasa ahora a una situación de crisis y decaimiento de alta cultura, que en todos 10s aspectos existia, a otra que languidece y que desde el punto de vista económico subsisten (p. 315). ((En definitiva, y a modo de conclusiones, que mis podemos considerar prólogo hasta tanto 10s estudios iniciados lleguen a su fin, podemos decir que no existió una cultura ibérica propiamente dicha en el ámbito onubensen (p. 325). l6 460 ... Rursus hinc se lit[t]oris fundunt harenae et lit[t]us hoc tres insulae cinxere late. Hic terminus quondam stetit Tartesiorum, hic Herna civitas fuit. Gymnetes istos gens locos insederant. 465 Nunc destitutus et diu incolis carens sibi sonorus Alebus amnis effluit. l7 Cf. SCHULTEN, OP. cit. en n. 3, p. 131. l8 De ser el10 así el hic del v. 463 parece no estar justificado geográficamente. Sin embargo esto puede tener una explicación escenográfica, ya que con este adverbi0 el poeta no se está refiriendo a ningún punto geográfico concreto, sino a todo el tramo delimitado en general, indicando que con 61 se pone fin a la descripción de 10s territorios bajo influencia tartésica. Sobre la técnica descriptiva escenográfica empleada por Avieno cf. GONZALEZ PONCE, OP. cit. en n. 1, pp. 107-108 y 126-188. l9 Cf. TOVAR, ((Estado actu al... n (en 11.13). Cf. BLANCO FREIJEIRO, OP. cit. en n. 11, ibídem. Se evidencia el mismo desajuste entre Avieno y la realidad histórica cuando, al describir a 10s pueblos que habitan el interior correspondiente al tramo costero antes delimitado (comarca del Arnpurdán y extremos orientales de 10s Pirineos), alude a la división etnográfica intema del pueblo ibero, destacando la unión bajo este nombre genérico de ceretas y ausoceretas (vv. 548-552)21. Los datos ofrecidos aquí por Avieno no son precisos: según P. Bosch Gim~era~~, la obra no aclara dónde debe buscarse exactamente el límite entre 10s iberos propiamente dichos y 10s territorios dominados. Únicamente podemos deducir que estas tribus, que parecen s610 dominadas, se encuentran con seguridad desde poc0 antes del cabo Celebántico (para él Bagur). Por otro lado, como apunta M. ~lrnagro~~, el que Avieno denomine aquí <<iberos>> a unos pueblos que pertenecían a otra filiación étnica revela que para el poeta latino este apelativo tiene tan s610 un valor geográfico y generali~ador~~. Ante el desconcierto que produce en el investigador modemo la realidad que acabamos de evidenciar, nosotros proponemos una nueva manera de enfocar el estudio del poema. En 61 partimos siempre de una premisa que a nuestro entender no se debe dejar de tener en cuenta: que Ora maritima es, ante todo, y principalmente, una obra literaria, un poema, y que como tal responde a una serie de categorías que le son propias, como el estilo y el gusto de su autor, las tendencias predominantes de la época en que fue compuesto, etc. Todo el10 nos invita a poner en parangón el contenido arcaizante de la obra que comentamos con las comentes estéticas de la literatura de la baja antigiiedad, a las que nuestro autor, como poeta del siglo IV, no es ajeno. Es posible proponer entonces una explicación de 10s hechos radicalmente diferente. Haec propter undas atque salsa sunt freta, at quicquid agri cedit alto a gurgite, 550 Ceretes omne et Ausoceretes prius habuere duri, nunc pari sub nornine gens est Hiberum. Sobre la localizaci6n de estos pueblos cf. SCHULTEN, OP. cit. en n. 3, p. 138 y BERTHELOT, op. cit. en n. 8, p. 11 1. Bibliografia más reciente se encuentra en R~BEIRO F ER RE IRA, J., Ora maritima. Avieno (Coimbra, 1985), p. 64, n. 100 y VILLALBA i VARNEDA, OP. cit. en n. 14, p. 101, n. 178. 22 Cf. bosc^ GIMPERA, P., Problemes d'histbria antiga i d'arqueologia tarragonina (Tarragona, 1925), p. 11. 23 Cf. ALMAGRO, M., Las fuentes escritas referentes a Ampurias (Barcelona, 1951). pp. 20-28. 24 Sobre la filiación étnica de estos pueblos cf. REIEIRO FERREIRA, OP. cit, en n. 21, p. 64, n.101, y VILLALBA I VARNEDA OP. cit. en n. 14, p. 101, n. 178. La cuestión empieza a cobrar una nueva luz desde el momento en que se tiene en cuenta que el llamado renacimiento constantino-teodosiano estaba caracterizado por la tónica general de la renovatio Imperii, 10 que implicaba sobre todo una vuelta a las fuentes clásicas. Como apunta J. L. Ch~let~~, según este neoclasicismo ideológico, Augusto aparece como un segundo RÓmul0 igual que el emperador cristiano aparece como el fundador de una Roma regenerada26. Repitiendo sus propias palabras, (clos poetas del siglo IV no vieron en Virgilio s610 una fuente de expresiones, imágenes y temas hermosos, sino sobre todo una poderosa expresión del destino de Roma, que fue especialmente relevante en una época en la que el imperi0 cristiano se esforzaba por restaurar su grandeza,,. En ténninos semejantes se expresa L. Cracco Ruggini al exponer que tanto Simaco como 10s gentiles antiquarii de las postrimerías del siglo IV pretendían la renovación a través del pasado, ((en búsqueda consciente de una identidad cultural más bien que estilísti~au~~. El culto a 10 antiguo arraigó de manera especial en la poderosa aristocracia senatorial pagana del momento, una clase social en la que el respeto a la tradición superaba la barrera meramente artística y se habia convertido en una deliberada elección cultural con claras implicaciones en el terreno de 10 politico y de 10 re ligi os^^^. La formación de sus miembros, entre 10s cuales se encontraba ~vieno~~, estaba basada en el exhaustivo conocimiento de la literatura nacional. El caso de Simaco, el personaje mejor conocido del grupo, resulta ejemplar a este respecto: según Cracco Ruggini30, se observa en 61 una estrecha y directa familiaridad con las obras de Virgilio, Terencio, Plauto, Lucrecio, Horacio, Estacio, Valerio Máximo, Plinio, Persio y Lucano; y un conocimiento mediado (via Cicerón) de Nevio, Ennio, Cecilio, Homero y Hesiodo, evidenciando cuál era el canon de lecturas habituales en el joven de buena familia. En el terreno de 10 literari0 este neoclasicismo ideológico tuvo repercusiones evidentes: una de sus mis claras consecuencias puede verse en el 25 Cf. CHARLET, J.L. ~Aesthetic Trends in the Late Latin Poetry (325-410)~. Philologus 13211 (1988), p. 77. 26 Según PASCHOUD, F., Roma aetema (Roma, 1967) y CHKISTIANSEN, P.G.,aClaudian and Eternal Romer, AC 40 (1971). pp. 670-674, el concepto que Virgilio y Augusto tenim sobre la eternidad de Roma se pone nuevamente de actualidad en el siglo IV, tanto entre paganos (Claudiano) como entre cristianos (en opinión de Charlet, la obra Contra Símaco de Prudencio debe entenderse en cierto modo como la traducción al latin de la teologia política de Eusebio de Cesarea). 27 Cf. CRACCO RUGGIN, L., 4rcaismo e conservaturismo, innovazione e rinovamento (IV-v secolo),, Le transformazioni della cultura nella tarda antiquita (Roma, 1985), p. 148. 28 Cf. CRACCO RUGGINI, art. cit. en n. 27, p. 143, donde se ofrece a manera de resumen una serie de ejemplos en 10s que se puede observar el alcance de esta postura. 29 Sobre la filiación sociopolítica de Avieno cf. GONZÁLEZ PONCE, OP. cit. en n. 1, p. 13. 30 Cf. CRACCO RUGGINI, art. cit. en n. 27, p. 144. hecho de que el principio básico que caracterizara la producción literaria del momento fuese precisamente la imitatio3'. De igual manera que ocurre en la arquitectura del momento (el arco triunfal de Constantino es un caso particular), también uno de 10s rasgos propios de la composición literaria es la reutilización a gran escala de objetos antiguos, dándose lugar, según palabras de Charlet, a <<un clasicismo deliberado y Aunque fácilrnente explicable, el arcaísmo propio del momento no es un fenómeno localizable en tal o cual autor, en tal o cual escuela o lugar, sino que es una tendencia generalizada, compartida tanto por autores latinos como griegos, cuyos ejemplos se pierden en las postrimerias de la antigüedad. Por tanto, hacer el recuento de 10s casos en que esta tendencia se pone de manifiesto es siempre un empeño frustrado. No obstante, procederemos a continuación a referir algunos casos concretos que nos sirvan de ejemplo en nuestra argumentación. Un panorama bastante semejante al que se observa en Avieno puede contemplarse también en Claudiano, cuyo paralelismo con el autor de Ora maritima es doblemente revelador por ser ambos poetas y contemporáneos. Como apunta A. Loyen y suscribe Al. Camer~n~~, la práctica totalidad de 10s pueblos germánicos cuya fidelidad a Estilicón refiere Claudiano habían desaparecido ya mucho antes de la época del poeta: 10s sicambros y 10s bnicteros hacía mucho que se unieron en la confederación de 10s francos; 10s queruscos habían desaparecido de la historia desde el siglo nI; 10s cimbrios no habían sido nombrados desde que 10 hicieran Tácito y Tolomeo; 10s caucos habían cedido su plaza a 10s sajones; y 10s bactranos, de quienes no se hablaba desde hacía un siglo, son por 61 situados al mismo tiempo en el Rin y en Tracia, discordancia por la cua1 10s historiadores modernos no dan ningún valor real a esta noticia. 31 Cf. SANCHEZ SALOR, E., *La última poesia latino-profana: su ambienten, Eclás 25 (19811983), pp. 111-162 y CHARLET, art. cit. en n. 25, pp. 75-77. 32 Virgilio se convierte ahora en el autor escolar por excelencia y sus versos son memorizados por 10s alumnos como modelo estándar. Una práctica literaria habitual es el centón, composición poética basada exclusivamente en citas virgilianas, un nuevo género practicado tanto por paganos como por cristianos, cuyas normas son establecidas por Ausonio en el prefacio a su Cento nuutialis. Igual que el centón, prolifera también la cita métrica: reutilización - - de un grupo de palabras en la misma posición del verso. A veces la imitatio supera la mera repetición de 10s clásicos y se convierte en aemulatio y retractatio, en virtud de la cua1 el poeta tardio rivaliza con sus modelos y procede a una transformación del material tomado de éstos. Como apunta CHARLET, art. cit. en n. 25, p. 76, se observa el empleo de sinónimos; amplificaciones, abreviaciones, cambios del sentido literal en favor de un significado figurado (un elemento de la narración se convierte en simple metáfora), cristianizaciones de ténninos paganos, etc. 33 Cf. LOYEN, A. &Albis chez Claudien et chez Sidoine Apollinaires, Rel 11 (1933). p. 208 y CAMERON, Al., Claudian. Poetry and Propaganda ut the Court of Honorius (Oxford, 1970), pp. 346-348. Sin duda, se observa en Claudiano una preferencia por 10s nombres arcaicos en lugar de 10s contemporáneos, especialmente en 10 que se refiere a la cita de pueblos lejanos, cuyo conocimiento de 10s mismos no debió pasar de los meros tópicos etn~gr~cos. La fuente de información del poeta no ha podido ser otra que 10s libros. En el caso de 10s pueblos germanos, como apunta Loyen, es el propio autor quien nos indica la referencia: Tácito. Según esta tendencia no debe extrañarnos que junto a 10s verdaderos hunos aparezcan en su obra 10s maságetas de Heródoto y 10s gelonos de Virgili~~~. Pero no s610 encontramos ejemplos de este tip0 en 10s poetas, sino que salpican las páginas de toda una infinidad de autores, proliferando en 10s historiógrafos de la baja antigüedad y convirtiéndose en característica habitual en Bi~ancio~~. Un hecho que sin duda habla en favor de 10 que acabamos de exponer es el siguiente: tanto 10s historiadores paganos (Amiano Marcelino, Zósimo) como 10s partidarios del nuevo orden (Malco de Filadelfia, Procopio, Agatias, Teofilacto Simocata) evidencian tal falta de familiaridad con respecto al cristianismo y a 10s términos cristianos, que al referirse a ellos hacen uso de circunloquios y frases aclaratorias. Según Av. y Al. Camer~n~~, no debe proponerse como explicación de este fenómeno el desconocimiento real de dichos términos por parte de estos autores (insostenible en 10s cristianos y tarnpoco cierto en 10s paganos), sino simplemente la tendencia arcaizante propia de la época: ambos se remontan a 10s mismos modelos clásicos, en cuyas obras no tenim cabida 10s términos técnicos propios del cristianismo. En estos autores la imitación de 10s modelos clásicos no conoce limites: hay casos tan llamativos como 10s de Procopio, que comienza su Historia arcana con un prefaci0 retóricamente elaborado en el que el autor introduce 34 Sin embargo, como apunta Al. CAMERON, op.cit, en n. 33, p. 347, hay excepciones: así, rnientras que, con marcado acento arcaista, 10s africanos de Gildón son descritos como polígarnos (siguiendo a Salustio) a pesar de que en su tierra el cristianismo imperaba desde hacía centurias, se observa una actualizada y muy detallada descripción de 10s hunos cuya fuente, tomada con certeza, debió ser Amiano Marcelino. 35 Según apunta recientemente CANDAU, J.M., <<Providencia y política en 10s historiadores paganos de la baja antiguedad,, en ídem GASC~, F. y RAMiREz DE VERGER, A. (eds.), La conversión de Roma. Cristianismo y paganism (Madrid, 1990), pp. 191-210, haciéndose eco de las aportaciones de M.V. BIBIKOV, aAntike und Bizantinische Geschichtsschreibung (Raum und Zeit als historische Dimensionen. Der historiche Held)r, Philologus 129 (1985), pp. 264-265, en la historiografia profana de la época se observa una estrecha imitación de 10s grandes historiadores clásicos que cristaliza en el empleo de una lengua arcaizante, con exclusión de términos y expresiones no presentes en sus modelos. Sobre la citada tendencia en 10s historiadores bizantinos cf. HUNGER, H., <<On the Imitation (pipqolq) of Antiquity in Bizantine Lieratur,, DOP 23-24 (1969-1970), pp. 15-38 y MANGO, C., <<Byzantine Literatur as a Distorting Mirror~, Byzantium and its Image (Londres, 1984), pp. 3-18. 36 Cf. CAMERON, AV. y Al. ~Christianity and Tradition in the Historiography of the Late Empiren, CQ 11 (1964). pp. 316-328. citas de Aristófanes y Homero, incluso allí donde su ataque contra Justiniano y Teodora es más violento, utiliza el rnismo vocabulario aristofaneo que se repite en De Aediji~iis~~; el de Prisco, que al narrar un tratado de paz entre el rey de Persia y un jefe huno dice que el primer0 ofendió a éste al darle por esposa a una sirvienta en lugar de su he&ana, igual que leemos en ~ekdoto 3, 1 ; o el de Ana Cornnena 3,2,4, que al describir la fascinante belleza de su madre Irene la compara con la cabeza de la Gorgona, que petrificaba a quien la mirase3*. Pero es en la mención y descripción de pueblos donde con mayor claridad se advierte esta tendencia: cada nueva horda bárbara aue invade el imperi0 es identificada con una de las tribus descritas por Heródoto o Tácito, o bien estas hordas reciben el nombre genérico de <<escitas>>. Al mismo ténnino se reducen en 10s historiadores bizantinos 10s nombres de todos 10s pueblos vecinos (húngaros, rusos, pechenegos, etc.)39: esta es la tendencia habitual en León Diácono y en as. ~roco~io, que imita fiel e intencionadamente a Heródoto al describir a 10s escitas o a 10s egipcios y su descripción de las prácticas religiosas en Roma es idéntica a la que hace Heródoto de Sición, habla de Atila y de 10s hunos como iAtzihav ... oT~a.c@ yeycihy MaooayetQv TE xai dhhov Cnv6Qv>> (3,4,24). Los go37 Cf. CAMERON, AV., Procopius and the Sixth Century (Londres, 1985), pp. 34-38. Según indica esta autora, <<la obra de Procopio pone de manifiesto una imitación clásica en varios niveles: desde el puramente lingüistico (uso de un griego clásico muy alejado del habla de su propia época, con anacronismos tales como el modo optativo, el dual, y en general un lenguaje ático arcaizante), a la incorporación de incidentes y eventos tomados de obras clásicas, y la mis profunda influencia en su obra de toda una concepción formal que no s610 comprende selección y arreglo, sino también la postura del propio historiador ante su materian (p. 36). Su clasicismo, por tanto, trasciende la superficial adopción del vocabulario y la fraseologia de Tucidides: no es posible hacer distinción entre el propio pensamiento y la expresión del autor; as610 en contadas ocasiones elige conscientemente escribir según el estilo clásico, éste forma parte de 61 y de su concepción de la Historia, que dificilmente habría podido escribiu de otra manera. Asi, la comprensión del clasicismo de Procopio no se limita simplemente a descubrir una capa externa: el fenómeno va mucho mis allá, hasta el corazón de su obras (p. 34). En ocasiones, muchas de las frases individuales tomadas de Tucidides y Heródoto (que el autor ha debido encontrar en léxicos ai uso) carecen de importancia en si mismas y tienen como Única finalidad conferir un sabor rancio a la obra (p. 38). 38 Sobre 10s dos últimos casos cf. BRAVO, A. <La poesia griega en Bizancio: su recepción y conservaciónn, FilRom 6 (1989), pp. 288-289. 39 Sobre este punto cf. BRAVO, art.cit, en n. 38, p. 287, donde recoge citas de BASILICOPULOSIOANNIDIS, A., H Oivaydvvqu~q z6v y~awárwv xara rbv 18 ahxa ei<, zó ~v~ávz~ov xai Ó .<Opq~op (Atenas, 1971-1972), pp. 85-86 y TLPKOVA-ZAIMOVA, V., <<Quelques remarques sur les noms éthniques chez les auteurs bizantins,,, Byzance et les Balkans dpartir du me si2cle. Les mouvements éthniques et les États (Londres, 1979). <<Pe0 no s610 10s nombres étnicos, sino también la terminologia sociopolítica de la antigüedad aparece en la historiografia bizantina,, añade Bravo recogiendo una cita de B~mov, M. V., <<Problems of Medieval historical Auuroach @a- & - sed on ~aGrials of Byzantine Historiography),,, MaSt 1 (1983), p. 9. ~arte~~, como preciada mies segada por sus manos en 10s inagotables sembrados de una tradición que conocia de lleno y de la que s610 nos ha llegado un rosariode vestigios aislados, precisamente 10s que él y otros como 61 han decidido tran~mitir~~. Intentar ver en el10 una prueba de la antigüedad de sus datos, interpretando el poema como verídic0 documento histórico, supone, por tanto, pasar por alto toda la serie de presupuestos literarios con que contaban los autores del momento, entre los cuales la tendencia arcaizante como un hecho de estilo es quizás el más notorio. 72 Bajo este prisma, y no otro, deben ser entendidas las afiaciones del poeta cuando en la dedicatoria a Probo declara abierta y reiteradamente haber seguido fuentes recónditas: vetustis paginis (v. 9), secretore lectione (v. 1 I), veterum abdita (v. 17), secreta rerum (v. 22), profunda (v. 23). fulcit haecfides/petita longe et eruta ex auctoribus (v. 78); cuando reconoce haber seguido autores antiguos (cf. vv. 78-79,91, 108-109, 192-193,291-292,414-415,427, 429-430,440,467-468,476-477,493,498,507,585,591,682-683 y 690); cuando especifica el origen griego (cf. vv. 262, 323, 435-436, 456-458, 682-682 y 690-691) o indígena (cf. vv. 95, 184,214,429,468,611 y 645) de sus fuentes; o cuando s610 alude a la antigüedad de las mismas de forma gen6rica:frecuens auctoritas (v. 186),plurimi (v. 249) y plerique (v. 681). 73 El arcaismo no es en Avieno un fenómeno aislado: en el rnismo plano que esta tendencia debemos entender otros rasgos del poema no menos reveladores de sus preferencias estilisticas, como la cita de pasajes tomados de autores latinos clásicos (sobre este punto cf. GONZÁLEZ PONCE, OP. cit. en n. 1, pp. 202-203). Sobre el lenguaje y el estilo arcaizante de Avieno, cf. J. SOUBIRAN, Aviénus. Les Phénom2nes d'Aratos (Pan's, 1981), pp. 69-75.