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Primitiva zona geogràfica de aplicación del corónimo "Iberia"

Pérez Vilatela, Luciano

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Pérez Vilatela, Luciano

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PRIMITIVA ZONA GEOGRÁFICA DE APLICACION DEL CORONIMO <<IBERIA>, Luciano Pérez Vilatela Museo de Prehistoria de Valencia ABSTRACT The Phokaian sailors give the name Iberia to a territory which began in present Languedoc and extended itself to the other side of the Pyrenees. Thefirst Phokaian documents prove so. We reject the hypothesis according which Iberia was thus named frorn a smull river in southern-east Spain. La problemática peninsularidad de dberiau Cuando Joaquim Pedro de Oliveira Martins publicó su Historia de civilizagdo ibérica (Lisboa, 1879) reivindicaba la ya desusada palabra ccIberia>> y sus adjetivos derivados para designar nuevarnente a 10s modemos estados de España y Portugal, particularmente para aplicarla al estudio de fenómenos culturales comunes de su pasado histórico y proponiéndola para su utilización en el futuro. A 10 largo del libro se sirve de 10s vocablos ccIberia>> y c<España>> como sinónimos, abarcando con ambos la totalidad de nuestra península indistintamente. Encaraba con clara honestidad las hipótesis, aparentemente correctas entonces, del origen africano de 10s iberos -10 que entonces no suponia por cierto nada halagüeño-, procedencia que hoy dista mucho de ser medianamente probable1, pero en ningún momento se le ocultaba que para 10s escritores grecorromanos el ténnino Iberia tenia ante todo un valor geográfico y que en ella se hablaron distintas lenguas (Strab. IiI, 1, 6). Cuando Estrabón escribe en el principado de Augusto, 10 que se entiende por Iberia es un concepto cuya plasmación geográfica esta nítidamente limitada por 10s Pirineos, que muchos autores antiguos como 61 rnismo (111, 1,3) situaban no al norte de la península, sino al este2. Sin embargo, la aplicación de este ' TARRADELL, M., <Una hipótesis que se desvanece: el papel de África en las raíces de 10s pueblos hisphnicos>>, Homenaje a Jairne Vicens Vives, vol. I, Barcelona, 1969. SCHULTEN, A., Geografia y etnografia antiguas de la Península Ibérica, vol. 1, Madrid, 1959, pp. 39 SS. y 252 SS. La fuente del error es Polibio a, 39,9 SS. -29- corónimo a la totalidad de esta península sudoccidental de Europa fue resultado de un proceso. Y está claro que las primeras noticias -griegassobre tierras hispánicas no estaban condicionadas en su concepción geogrgica por la peninsularidad del país que se extendia más allá del citado sistema orográfico hacia el confín occidental de la ecúmene. No hay duda de que 10s iberos vivieron originariamente en una y otra vertiente del Pirineo oriental. Fue, claro est$ la adrninistración romana la que delimitó minuciosamente la separación administrativa entre Galia e Hispania -identificándose ésta definitivamente con Iberia desde Polibio (III,37, 10-1 el cual es contemporáneo de la conquista romana del siglo 11 aC-. Aunque tal vez pudiera señalarse como precedente en la restricción de la denominación Iberia para las tierras peninsulares de esta parte de 10s Pirineos en exclusiva, la formación de 10s estados de 10s volcos (arecómicos y tectosages) en Occitania en un momento anterior al paso de Anibal por este país en el ai50 218 aC, fuese por emigraciÓn4 -10 que presenta el problema de una identificación arqueológica concreta5fuese por alguna suerte de reorganización etnico-política. Este acontecimiento -o la suma de ellospudo decantar la designación de un territori0 donde coexistían la lengua celta (y acaso alguna otra indoeuropea previa) y la ibérica6 hacia 10s corónimos denotativos de la primera etnia, como c<céltica)) y ccgalia),. Es evidente empero, que anteriormente la denominación no era ésta. iQué configuración geográfica tenia pues esa Iberia situada entre 10s Pirineos y las colurnnas de Hércules? Claro est6 que nosotros contestm'amos cana península)), pero 10 cierto es que esta evidencia geogrgica distaba considerablemente de serlo, no s610 para 10s cclogógrafos~~ e historiadores jonios, sino incluso para el nivel de conocirniento cartográfico del orbe a comienzos del imperi0 Romano, bien ejemplificado en Estrabón (111, 1,3), quien caracteriza a Iberia como una <<piel de toro extendida)) con el cuello vuelto hacia Oriente -podríamos resumirpero evita cualquier alusión a la eventual peninsularidad de la rnisma. Efectivamente, ni Xeeaovqoo~, ni PADR~, J., ((Consideracions sobre el límit entre la Hisphia i la Gii.lia,, Els pobles preromans del Pirineu. II ColJoqui Internacional d'Arqueologia de Puigcerdd, Puigcerda, 1978, pp. 231 SS. Esta es la teoria tradicional, vid. HUBERT, H., LOS celtas desde la época de La T6ne y la civilizacidn céltica, México, 1957, pp. 74 SS., 118 y 132 SS.; LABROUSSE, M., Toulouse antique, París, 1968, p. 88 SS.; GALLET DE SANTERRE, H., en WOLFF, Ph., Histoire du Languedoc, Tolosa, 1967, p. 60; CLAVEL, M. Béziers et son territoire dans l'Antiquité, París, 1970, p. 127 SS. PY, M., ((Le problkme des Volques Arécomiques 2i la lumi&re des résultats actuels de la recherche archéologique)>, Misceldnea Arqueoldgica. m Aniversari0 de 10s Cursos Internacionales de Prehistoria y Arqueologia de Ampurias (1947-I971), vol. ii, Barcelona, 1974, pp. 209 SS. UNTERMANN, .T., aLengua gala y lengua ibérica en la Galia Narbonensisn, APL Xii, 1969, pp. 99 SS. península, ni concepto o vocablo similar se deslizan en las fuentes de la Re1 pública y Alto Imperio romanos para aplicarlos a tal país que se estimaba desusadamente grande; esa Iberia descubierta por 10s focenses para la ecúmene del mundo clásico no fue nunca una península, salvo para el tardío Marciano de Heraclea (11, 6), el dnico en mencionarla bajo tal premisa, cuando el mundo conocido -y dominadopor Roma es mucho más amplio y se va imponiendo el esquema en <<T>> de 10s tres continentes del viejo mundo7. Y el10 no deja de ser paradójico, pues el nivel de la ciencia geográfica bajo-imperial resulta muy menguado respecto a sus precedentes helenísticos: pero, en esta ocasión, la observación topográfica concreta y el creciente grado de abstracción en la concepción cartográfica del orbe permitieron a Marciano orillar la principal dificultad que se oponía a la consideración de Iberia como península: su gran extensión. Y este era el problema: considerada desde su interior, a Iberia le faltaba <<mar a la vista>>, pues otras aparentes dificultades estaban solventadas desde Eratóstenes al menos (dejando de lado momentáneamente al problemático Piteas), tales la condición ístmica de 10s Pirineos y la existencia de mares ~ que la rodeaban completamente, salvo por esa parte. Para un antiguo heleno un 'XEQ~OV~~OS había de tener el mar bien accesible a un lado y otro de la lengua de tierra que constituia el Queroneso. Y si el mar no era bien visible, al menos debia notarse su influencia. En cambio, las tierras hispánicas, que entre sus extremos geográficos pueden alcanzar más de mil kilómetros -vg. desde el cabo Creus hasta el de San Vicente-, presentaban y presentan fuertes caracteres continentales que no pasaron inadvertides a Posidonio, bien reflejado por Estrabón cuando dice por ejemplo (III,4, 12) que la Celtiberia es tea~ir, c<áspera>>, es decir, poc0 húmeda, poc0 influenciada por el mar8. Como en otras ocasiones, es Polibio quien está en la base de estas consideraciones: el megalopolitano (III,37,9) consideraba que esa parte de Europa comprendida entre 10s Pirineos y las colurnnas de Hércules constituia la mitad del continente9 ¡Era un verdadero subcontinente, no una península! Pero, como además uno de sus flancos tocaba con el <<mar Exterior>>, la posibilidad de conceptuar a mediados del siglo 11 aC, tan endeble adn de conocimientos geográficos directos, una península en ese inmenso trozo de Ya 10 obse~ó SCHULTEN, Geografia ... 1, p. 31. Eratóstenes apud Strab. ZI, 4, 8 la llama <<promontorion, <cima)), como una entidad mayor que Iberia y que la contiene; las otras del Mediterráneo serían la de Italia y una tercera comprendida entre el Adriático, el Ponto Euxino y el Tanais (el Don). Es decir, la Balcánica; sobre Marciano, DILLER, A., The Tradition of the minor Greek Geographers, Lancaster, 1952 p. 147s. SCHULTEN, A., Fontes Hispaniae Antiquae VI. Estrabón. Geografia de Iberia, Barcelona, 1952, p. 247, cf. DIOD. V 34,7 y 39, 1. WALBANK, F. W., <<The Geography of Polybiusn, Classica et Mediaevalia 9,1947, pp. 155 SS. Europa orientado al oeste, resultaba aún más inverosímil, pues el <<mar Exterior)) más que un mar navegable era una verdadera circunferencia acuática exterior, una descomunal gruesa meda de agua, más ceñida a la abstracción geométrica teórica de la circunferencia que a la cartografia portulana (y que en definitiva procedia del mítico aOcéano)), racionalizado por Polibio), de la que dependia ese criterio hodológico de la peninsularidad, formado a partir de la experiencia costera continuada de 10s navegantes. El más temprano Polibio que habla acerca de Iberia, el del libro tercer0 de sus Historias, aún no se atreve a generalizar este corónimo a todos 10s territori~~ de la gigantesca lengua de tierra europea que se extendia entre 10s Pirineos y las columnas de Hércules, siempre hacia el oeste, según la desenfocada visión cardinal del arcadio. Tan s610 la parte que da <<hacia nosotrosn (hacia el Mediterráneo) es llamada Iberia hasta las columnas de Hércules. En cambio, la parte de ese mismo subcontinente <<que est6 junto al mar Exterior o Gran mar no tiene nombre común a toda ella, a causa de haber sido explorada recientemente, pero está completamente habitada por naciones bárbaras populosas de las que hablaremos en concreto después de esto)) (Pol. 111, 37, 10-1 1). Cuando Polibio comienza la redacción de las Historias aún no reconoce, pues, la peninsularidad ibérica, ni se atreve a denominar como Iberia a las costas atlánticas. Su perspectiva es la de un navegante jonio, a excepción de que ha regateado el nombre de Iberia al Rosellón y a la Occitania mediterránea. iY por qué esta substracción de temtorio? Ya 10 hemos adelantado: vendria determinada por la constitución del <<estado>> de 10s volcos arecómicos, pues creemos que es a el10 precisamente a 10 que se refiere Polibio cuando en su delimitación de Iberia alude a 10s crceltas)) en torno a Narbona, como si no hubiesen existido otros muchos a ambos lados del Pirineo (Pol. 111, 37, 9). Estrabón presenta en cambio la situación etno-política con el nombre propio de esta nación celta (Strab. IV, 1, 12), que sucedió en esta latitud a 10s tradicionales Eli~~ces'~. Una vez más, incluso ocupándose de 10s bárbaros, Polibio eleva el criterio de la preponderancia política por encima de cualquier otra consideración y, concretamente, en este caso, de la étnica. En realidad est6 configurando un bosquejo geográfico en el que poder topografiar la ruta y la guerra de Aníbal. Con Polibio se posterga decididamente ese tipo de observación etnogeográfica más de marino costeador o comerciante que hallábamos en 10s viejos <cperiplos)) griegos, como el llamado <<de Escílax)) -por citar uno que afecta al lejano Occidente-. Describiendo étnicamente estas mismas tierras decia: <<Iberos y Ligurew. Después de 10s iberos hay una mezcla de iberos 'O AVIENO, Ora mar. 584; HELENA, Ph., Les origines de Narbonne, Narbona, 1937. El nombre de este pueblo se repite en una tésera latina de Palencia, CIL I1 Supp. 5736, Elaisicum. y ligures hasta el río Ródano. El recorrido maritimo de 10s ligures, desde Emporion hasta el do Ródano es de dos días y una nochew (Skyl. 3)11, caracterización que no se contradice con 10s vestigios lingüísticos rastreados en la onomástica prerromana de la epigrafia regional. Pero si Polibio es el último en mencionar la Iberia mediterránea con el nombre exclusivamente para ella (salvo la ya aludida substracción narbonense), es también el primer0 en atreverse a extender este corónimo desde el mar Mediterráneo hasta cualquier confín del territorio ceñido por 10s Pirineos y las Colurnnas, sin mostrar ya escrúpulos por implicar paises y naciones del <<mar Exterior,,, en un momento muy avanzado, casi terminal de la redacción de sus Historias: 10s libros trigésimo cuarto y quinto12 y algunos párrafos del tercero, intercalados claramente en fecha tardía13, tras la experiencia personal de Polibio en el país (151-150 y 147), de la que tan orgulloso se sentia (111, 4, 12). Así pues, Polibio introduce una delimitación pirenaica en el concepto de Iberia, que la ceiiirá definitivamente desde entonces. Pero antes no habia sido así y eso es 10 que vamos a examinar a continuación. Qué tierra fue llamada <<Iberia>> primeramente Pues ¿de dónde procede el término Iberia?, jcuál fue el primer territorio que recibió este nombre? Nuestra opinión es que se trata de tierras de la posterior Occitania: Esquilo (fr. 65 Nauck = Plin. NH XXXVII 32) llamó Iberia al país del Eridano en su tragedia Heliades con el fin de Faetón. Estrabón (HI, 4,19) recuerda que 10s antiguos llamaban Iberia al país de más all6 del Ródano, 10 que ya no era procedente en las fechas en que 61 escribia, cuando el corónimo se aplicaba desde 10s Pirineos. Los massaliotas, recién fundada su ciudad, hubieron de defenderse de 10s iberos (Strab. IV, 1, 5) no de 10s ccceltass, ni de 10s ccgalos~, que aún no constituían una amenaza, para 10 que construyeron ciudades que hacían de barrera, pero, a la vez, transmitieron a 10s iberos el ritual del culto a Artemis efesia (Strab. IV, 1, 5), de tal forma que 10s iberos sacrificaban como 10s griegos. El mismo Estrabón &rma que <<con el nombre de Iberia 10s antiguos designaron todo el país a partir del Ródano>> (Strab. III, 4,19). Los rodios habian 'I JACOBY, F., Die Fragmente dergriechischen Historiker (FGrH) IiI C, Leiden, 1958,709, pp. 589 SS.; PRONTERA, F., Geografia e geografi nel moizdo antico, Roma-Bari, 1990, pp. 88 SS. IZ F%DECH, P., +a Géographie de Polybe: structure et contenu du livre XXXIV des Histoiresn, Revue des Etudes Classiques 24, 1956, p. 3 SS; EREZ VILATELA, L., ~dtinerario de Polibio en Hispania Ulterior,,, Actas VII CEEC, vol. 111, pp. 251 SS. l3 WALBANK, F. W., A historical Commentary on Polybius, vol. I, Oxford, 1957, p. 370: sobre m, 37, 10. fundado Rhode en Iberia, que luego pad a 10s massaliotas (Strab. XIV, 2,lO). La asociación de Iberia a otros corónimos en 10s textos griegos más antiguos la hace vecina por el este de Tirrenia y del Adriático; por el oeste, de Tartessos (Herod. I, 163)14. Avieno en su Ora maritima (462-63) maneja el antiguo dato de que el límite de 10s tartesios estuvo tras el no Theodorus (el Tader-Segura muy probablemente), segdn se navega hacia Marsella, hacia el norte. Evidentemente Iberia abarca aquí un enorme perímetro litoral, de Tirrenia a Tartessos, pero muestra a las claras que no habia una alternativa plausible para el tramo occitano y mediterráneo español que no fuese Iberia. El pseudo Escimno de Quios (Skymn. 206-208) en su periégesis designa al país en que 10s focenses fundaron Agde y Rhodanussia como Iberia. Este documento recoge noticias que remontan, casi seguro, a Eforo (405-340 aC)15. Al siglo VI o al menos a un momento anterior al IV remonta la mayona de información de Ora maritima de Avieno donde el Oranus (v. 612) marca el limite de 10s iberos en la costa occitana. Schulten 10 identificó con el pequeño río LezI6, pero Hetcher ha venido manteniendo que se trata del R6dano17 encontrando cada vez mayor ecol8. Aristócrates de Esparta, autor de época helenistica notifica que Licurgo, el nebuloso legislador lacedemonio viajó a Creta, Asia, Egipto y tarnbién Libia, Iberia y la India19, en la que conoció a sus gymnosofistas -asi se suele aludir a 10s brahmanes-. Reinach situó la l4 OLMOS, R., ~LOS griegos en Tartesso: replanteamiento arqueológico del problema>,, Homenaje a Luis Siret, Sevilla, 1986, pp. 584 SS. l5 MULLER, C., Geographi Graeci Minores, París, 1882,1, pp. 196 SS.; DILLER, A., The tradition of the Minor Greck geographers, o.c., pp. 165 SS. l6 SCHULTEN, A., Fontes Hispaniae Antiquae I. Avieno. Ora Maritima (FHA) Barcelona, 1955', p. 27 y 143. l7 RETCHER, D., Problemas de cultura ibérica (SP), Valencia, 1960, p. 14; <<Estado actual del conocimiento de la cultura ibérica,,, I Simposiun de Prehistoria Peninsular (SPP), Parnplona, 1960, p. 196; Els Ibers, Valencia, 1983, p. 10. '* ALESSIO, G., <<I1 nome dei Liguriu RSL XIII, 1947, p. 116; ARRIBAS, A., LOS iberos, Barcelona, 1965, p. 31; GODINEAU, C., <<La Galia Transalpina,, en NICOLET, C., Roma y la conquista del mundo mediterráneo, 264-27 a. de J.C. 2, Barcelona, 1984, p. 549. S610 hay otra posibilidad sensata presentada por LAMBOGLIA, N., <<OranusjIuvi~s e i1 confine fra liguri e iberi secondo Avienon, conferencia en el XI Convegno Internazionale di Studi Liguri, no publicada, pero citada por FLETCHER, <<Problemas ... n, p. 15: se trataría del Hérault, antiguo Arauris. Debe tenerse en cuenta que Ora maritima menciona después al Rodanus por su nombre, pero esto es menos concluyente de 10 que parece, al darse otras redundancias en este texto que acumula informaciones de siglos rnuy alejados entre si. l9 JACOBY, F., Die Fragmente der griechichen Historiker (FGrH), Leiden, 1968'B núm. 591 F2 recogido por PLUT. Lyc. 4.6; vid. REINACH, S., <Un témoniage indirect et inaper~u sur le druidisme,,, Revue Archéologique, 1922, pp. 302-318, aplica el dato al sur de Francia, tratando de enlazarlo -problemáticamentecon el posterior druidismo galo; ZECCHINI, G., I druidi e l'opposizione dei Celti a Roma, Milán, 1984, pp. 11 SS, 10 relaciona con 10s celtíberos; MARCO SIM~N, F., aLicurgo e Iberia. A propósito de una información de Aristócrates de Esparta,,, Actus I Congreso Peninsular de Historia Antigua, Santiago, 1988,II, p. 67, sinia esta Iberia en la zona tartésica, sin percatarse de la importancia de la diferencia del corónimo. Iberia aludida en el sur de Francia, esgrimiendo que ninguna otra fuente mencionaba legisladores en la Iberia española. Aceptaba pues el francés, de mala gana, una Iberia occitana, a la que sin embargo apenas prestaban atención sus compatriotas. Reinach pretendía enlazar esta información con el druidismo sin tener en cuenta que --en caso de haber tenido razón en la ubicación de esa Iberia-, no hay ninguna documentación sobre druidismo en la Narbonense. La intención de Aristócrates en atribuir estos viajes a India por un extremo e Iberia y Libia por el otro tiene matiz noetico-geográfico, es decir, llevar las posibilidades de aprendizaje de Licurgo a las dos cotas longitudinales de la ecúmene. En la época helenística, la de Aristócrates, Tartessos s610 era una curiosidad erudita y cccolumnas de Hércules>>, siendo un concepto relativamente preciso y conocido para designar el oeste extremo, resultaba disparejo tras haber mencionado distintos corónimos concretos: Creta, Egipto, etc. Se debe entroncar esta noticia con otras que, en época helenística -y principalmente desde las guerras púnicashacen de Iberia el nombre del país rnás occidental posible. Pero no cabe duda de que antes, el extremo rnás occidental aparecia ocupado por otros pueblos (v. infra). El Latérculo Alejandrino compuesto hacia el siglo 11 aC, sitúa al <crio máximo, el Rhodanos en Iberia, cerca de Massalia,, (FHA 11, 189) en tanto que la Bibliotheca del pseudo Apolodoro (II,5, 10) delimita Iberia entre Tartessos y Liguria en el siglo I aC, narrando las andanzas de Hérc~les~~, ambos textos nutridos de informaciones anteriores, éste quizá de Pisandro de Camiro, o más probablemente de Ferécides21, epicista anterior a Heródoto. En 10s fragmentos de Ferécides hay un país, un ámbito en el extremo oeste del mundo, que no se llama Iberia sino Tartessos (FGrH 3F 18a, 18b), como repite el pseudo Apolodoro. Tras el suceso viene el recorrido de regreso por Europa, pasando por Iberia, Liguria y Tirrenia, 10 que debe venir tarnbién de Ferécides. Además de estos documentos, Fletcher atribuye a la Francia mediterránea la noticia de Tucídides (VI 2, 2) de unos iberos expulsados por 10s ligures del no Sicanos, que emigraron a Sicilia. No procederían de tierras hispánicas, sino occitanas, pues éste sería el Único lugar donde podria haberse dado este c~ntacto~~. Varias fuentes mencionan rnás escuetamente la filia20 DELS, H., Abhandlungen der Berliner Akademie der Wissenschjien, 1904, pp. 12 SS. (n.v.). 21 WAGNER, R., RE I, col. 2875, s.v. Apollodoros, RODR~GUEZ SOMOLINOS, H., <<La Gerioneida de Estesicoro y la Biblioteca de Apolodoron, Actas VII CEEC, vol. 11, Madrid, 1989, p. 329; sobre Estesicoro y su poema, vid. WEST, M.L., astesichorus>>, CQ XXI, 2, 1971, pp. 302 SS.; DE HOZ, J., <<El genero literari0 de la Gerioneida de Estesicoro*, Homenaje a Tovar, Madrid, 1972, pp. 193 SS. 22 FLETCHER, Problemas ..., o.c., p. 17; I SPP, o.c., p. 197. La duda sin embargo persiste, pues el dnico Sicanus documentado (Avien., Ora mar. 469) estuvo en tierras valencianas. ción ibérica de 10s sicanos sicilianos. El topónimo c<Sigean>>, próximo a Narbona, conservaria su nombre. Herodoro de Heraclea (FGrH I, 2,215; 502), autor del siglo v, conservado por el bizantino Constantino Porfirogéneta (de adm. imp. 23), cita a 10s kelkianioi como pueblo entre 10s masti(e)noi y el RÓdan~~~, etnia aquella que designa la misma kea geográfica que la de 10s iberos y que debe considerarse alternativa de este etnónim~~~. Además de Fletcher y Godineau, con menos acopio de fuentes, hay que recordar a Philippon, Louis y Grenier como reconocedores de la Iberia del Rosellón y Occitania, y del papel del Ródano como fronteraz5. Los antiguos pensaron en su gran mayoria que el Iber del Mediterráneo espafiol, el Ebro, habia sido el generador del etnónimo de 10s iberos, asi Plinio (NH I11 21); Justino (XLIV, 1, 2) que remonta a Pompeyo Trogo; Solino (23,8); Estéfano Bizantino en Constantino Porfirogéneta (de adm. imp. 23 I11 p. 110 Bekker); Quinto Curcio (10, 1, 17); Arnrniano Marcelino (XXIII, 6, 21) y Chárax de Pérgamo (FGrH IIA, p. 483 fr. 3) principalmente26. Los clásicos eran conscientes, además, de que el corónimo Iberia habia sufrido un estiramiento desde el río del que derivaba su nombre, a un espacio más amplio. EI Hiberus del sudoeste En nuestros días Garcia y Bellido sostuvo una opinión diferente: el río que habia dado nombre a Iberia seria el pequeño Hiberus del suroeste citado por Avieno (Ora mar. 248s) y Asclepiades de Mirlea (FGrH, 697, F8) recogido por Estrabón (III,4, 19) y por ningún otro autor, pese a 10s esfuerzos de BellidoZ7 por comprometer en ell0 a un texto del llarnado Escimno (Skym. 199), 23 La enrnienda que propuso SCHULTEN, A., ((Eine Emendation zu Herodoros)), Hermes 49, 1914, p. 153, cambiando ediorhodanos porporthmos, es un puro capricho que no respeta ni una letra del radical. Sin embargo, ha sido muy seguido en el10 por la investigación española. Se trata, evidentemente, del Ródano. 24 FLETCHER, D., (<iExistieron 10s iberosb, IV Congreso Arqueológico del Sudeste (CASE), Zaragoza, 1950, p. 120; I, SPP, O.C. p. 14; -AS, A., LOS iberos, o.c., p. 31; TOVAR, ((Estado actual ... )>, os., p. 54. PHILIPON, E., Les Iberes, París, 1909;,Lou1s, M., (<Les populations du Languedoc mediterranéen aux époques protohistoriquess, Ecole Antique de Nimes, XIV session, Nimes, 1933 p. 45; GRENIER, A., ((Peuples et civilisations préhistoriques au Languedoc mediterranten)), École ..., O.C. xxr session, Nimes, 1941, p. 23. 26 BELTRÁN MART~NEZ, A., <El rio Ebro en la Antigüedad clásica,, Caesaraugusta 15-16, 1960, pp. 69-70, recoge algunas de estas citas. 27 GARC~Y BELLDO, A. uLos nombres de Espafiab, Veinticinco estampas de la España antigua, Madrid, 1967, pp. 202 s~., seguido por muchos investigadores. que dice que 10s iberos viven a orillas del mar Sardo o de Cerdeña (Mediterráneo occidental) por debajo de 10s bébrices y antes de 10s ligures y las ciudades griegas focenses de Emporion y Rhode. Por voluntad que se ponga en ello, es imposible de todo punto asociar este texto a la costa onubense. La mayona de la investigación aceptó la hipótesis susodicha, algunos~on matiz, como Schulten, quien señalaba que se daba un río Hiberus allí donde se habia establecido un grupo de ibero~~~. Pero añadia sus votos particulares: puesto que 10s iberos venim de hca (!) ocuparían primer0 el sudoeste y más adelante el sur, el este y por fin la Meseta, hacia el año 300 aC. Extraña que otro texto no fuese objeto de la manipulación para dar cancha a estos iberos: Estéfano Bizantino sitúa la ciudad de Ligustina, <<cercana a la de TarteSSos>> en ccIberia occidental>> (FHA I [2a] 190). En realidad, esta coronimia del Bizantino designa la provincia Hispania ulterior, como en general procede este recopilador: <<dos Iberias>>, asi comienza el texto de Estéfano tomado de Chárax de Pérgamo (FHA IX, 428-431) referido a las dos provincias republicanas. Es asombrosa la resonancia de esta hipótesis: Asclepiades habia dicho que Iberia habia sido una pequeña región de la Turdetania, pues su tratado se lirmtó a esta zona. Pero como ha mostrado contundentemente Garcia Moreno, este autor no practicó una historia tucidídea, sino un diegema histórico que parte de la modalidad retórico-tendenciosa con distintos grados de verosimilitud acerca de la historia positiva, por lo que podria haber incluido genealogias míticas en la historia ~erdadera~~. Su información, además, es clara: una ccpequeña región en Turdetania,,. Téngase en cuenta por otra parte que era griego y que la Iberia amplia era para 61 Hispania. Pues bien, desde su rincón turdetano <<descubre>> un hidrónimo homónimo y según cierto proceder retórico-filológico 10 hace vector de denominación de la Iberia-Hispania total sobre la base, científicamente En cambio bosc^ GEVIPERA, P., Etnologia de la Península Iberica, Barcelona, 1932, p. 331, ya dudaba de que 10s pueblos del sur se hubiesen llamado <<iberos> a si mismos y comprendió que las fuentes más antiguas reservaban el nombre a (10 que hoy consideramos) la costa este. En general se ha considerado que este río conespondia ai Tinto. SCHULTEN, A., Tartessos, Madrid, 19712 p. 244; Geografia y etnografia antiguas de la Península Ibérica. 11, Madrid, 1963, p. 63 SS.; MONTENEGRO, A., <&OS pueblos del mar en Espafia y nueva revisión del problema de Tartessos,, BSAAV XXXVI, 1970, p. 255, aunque recientemente se piensa en el Piedras, de paisaje mis agrícola, LUZON, J.M., 4Tartessos y la ría de Huelvan, Zephyrus xin, 1962, p. 103 SS.; BLÁZQLXZ, J.M., Tartessos y 10s orígenes de la colonización fenicia en Occidente, Salamanca, 1975q p. 228. 28 SCHULTEN, A., Numantia I, Munich, 1914, p. 96; FHA 11, 1925, pp. 38 y 101; FHA VI, 1952, p. 265; Geografia y etnografia antiguas 11,1963, p. 22. 29 SCHLISSEL VON FLESCHENBERG, O., (<Dic Einterlung der Istoria bei Asklepiades Myrleanow, Hermes 48, 1913, pp. 623 SS.; GARC~A MORENO, L.A., aJustino 44,4 y la historia interna de Tartessos,,, A Esp A 52, 1979, pp. 117-1 18, principalmente. y al onomástico paleohispánico Ibarra, to+s ellos en una zona relativamente reducida, asi como <<Fontiveros>> en Avila, pueblo de san Juan de la Cruz. Hemos de concluir que el étimo iber y similares tuvieron una gran importancia en esta zona de 10s vettones -téngase presente además el río Hiberus del sudoeste-, 10 que nos hace dudar mucho de que el dios allí mencionado (sea acuático o no) se corresponda con el río Iber del Mediterráneo deificado, como propone Blázquez. Más bien pensamos en un dios o en una advocación local, muy alejada geográficamente de las primeras tierras que fueron denominadas Iberia a las riberas del Mediterráneo occidental y a ambas vertientes del Pirineo. Zamorensia 3, núm. 23, 1982, pp. 336. Dice así: IBER01 TRITONI (cus) C/ ... VS ... CA/ N(ti) F(i1ius) V(otum) S(o1vit) L(ibens). Según Blázquez el ara estaria dedicada al no Ebro, evidentemente considerado como una divinidad. Recuerda este mismo autor que (H)iberus es un cognomen documentado varias veces en el sudeste hispánico: CiL I1 2080,3388,3491,4067.