La conquista del Nuevo Mundo
Abstract
Fau Ramos, M. Teresa
Full text
LA CONQUISTA DEL NUEVO MUNDO M. Teresa Fau Ramos Universitat de Barcelona ABSTRACT Greek rnythical tradition presents colonization as a conquest, to civilizated world, of rich lands still occupied by dangerous elements. In order toJight against them, colonial expeditions leaders could receive divine support and also they could follow Heracles ' paradigmatic behaviour. La apasionante aventura que constituye la colonización griega no es, en absoluto, ajena a la tradición literaria, que proporciona sugestivas -y abundantesnoticias al respecto1. Del cumulo de información que, suministrada por 10s antiguos, ha llegado a nuestras manos, nos proponemos entresacar ciertos datos que, en un contexto mítico, se relacionan con la figura del oikistés, el líder de la colonia. Dicho personaje tiene, entre otras obligaciones, el deber de guiar la expedición colonial, tarea ciertamente ardua en la que, por fortuna, puede contar con la colaboración divina. En efecto, Apolo, desde el santuari0 oracular de Delfos, gusta de dirigir la migración, a la vez que pondera ante el oikistés las excelencias del Nuevo Mundo2. Asi, no es extraiio que el territori0 destinado a acoger a 10s colonos sea calificado por la Pitia como un regalo de la divinidad3, o que se enaltezca su extensión4, su capacidad para la cria de ganado5, su productividad agrícola6, su areté7, en definitiva. Pero esta tierra tan bien dotada por la naturaleza adolece de un grave inconveniente: no ha sido todavia-habitada por seres civilizados y, por tanto, se halla bajo el dominio de la vegetación, 10s animales salvajes y -algo mucho peor10s hombres barbaros. El oikistés debera enfientarse a ' Cf., sin ir mas lejos, la obra de G. GIANNELLI, Culti e miti della Magna Grecia, Florencia 1924. Cf: H.W. PARKE y D.E. WORMELL, The Delphic Oracle, vol. 11, Oxford 1956. ' D.S. VI11 17,2 y 21,3. Id. 29, 1. Hdt. IV 155 y 157. D.S. VI11 17, 1. ' Iamb. V.P. 2.
todos estos elementos, dominarlos y, si necesario fuera, proceder a su eliminación, cosa que puede acarrearle dificultades, serias en unos casos, mas bien livianas en otros. Liviano es, en efecto, el contratiempo que sufre un líder colonial llamado Locro, personaje a quien el oraculo habia ordenado edificar una ciudad allí donde resultara mordido i~nb ~vvbs SvXivqs. El hecho, aparentemente imposible, sucedió el dia en que Locro, sin darse cuenta, pid una planta llamada ~vvóoparos, de naturaleza espinosa8, que le ocasiono una herida en el pie9. La benignidad del episodio que acabo de reseñar contrasta con la dureza de otras situaciones en las que se llega a producir un auténtico enfrentamiento entre el elemento representante de la no-civilización y el ser civilizado. Asi, una tradición mítica reportada por Ateneo (VI11 361) relaciona la construcción de Éfeso con la muerte previa de un jabalilO, mientras que Conón (F. Gr. H. I 26, p. 192) refiere un caso semejante en el que el animal abatido antes de la acción fundacional es un león. Puede ocurrir también que no sea la fiera, sino el oikistés quien pierda la vida, tal como ocuniera con Anceo, muerto por un jabali cuando intentaba proteger unos sembrados". O que, en vez de entablarse una lucha, se produzca, sin mas, la huida de la bestial2. Si dañinos son 10s animales salvajes, mucho mas pueden ser10 10s hombres barbaros. Véase, si no, el caso de Filoctetes, que murió defendiendo a unos rodios ante la acometida de ciertos indigenas13. Véase asimismo el episodio que Plutarco (Mul.virt.7) hace protagonizar a unos colonos melios que, llegados a territori0 cario, suscitaron el temor de 10s nativos, 10s cuales les invitaron a un banquete con el propósito -afortunadamente para 10s helenos, no satisfechode acabar con ellos. Los barbaros, esos individuos pertenecientes a un mundo todavia no civilizado, esos sujetos incapaces de respetar un simbolo de la hospitalidad y de la vida humana bien ordenada como es el banquete, se hallarian, en cierto modo, próximos a las fieras y, por tanto, se habrian hecho igualmenAth. I1 70c. PIU. Quaest. Graec. 15. 'O Sobre el carácter emblemático de ttenemigo de la civilización~~ que puede asumir la figura del jabali, cf: IZ.1X 539-46, APOLLOD. I1 5, 4, etc. Remitimos asimismo a M. DETIENNE, ((L'olivier: un mythe politico-religieuxn, Problimes de la terre en Grice ancienne (dir. M.I. Finley), Paris-La Haya 1973 (p. 293-306). " Arist. Fr. 571. lZ Piénsese en aquellos lobos que escapan al ver aproximarse al futur0 oikistés Atamante (APOLLOD. I, 9,2). En otros casos, la pugna con el animal puede tener aspectos mis bien jocosos. Esto sucede, por ejemplo cuando 10s miembros de una expedición colonial son objeto de la ctagresión)) de unos ratones, que, de noche, roen las correas de 10s escudos y las cuerdas de 10s arcos, cumpliéndose asi una indicación oracular según la cua1 10s colonos debian construir una ciudad alli donde fueran atacados por yqycveTs (Ael. N.A. XII 5). l3 Arist. Mir. 107.
te acreedores al exterminio. No es de extrañar, pues, que un héroe como Bizante, tan íntimamente relacionado con la fundación de Bizancio, pasara sus años mozos lidiando ~pbs rots qpas Ka1 TOCS pappáp~us'~. Ni que un celebérrimo pasaje de Isócrates (Panath. 12) sostenga que, después de la lucha de 10s hombres contra las bestias, la contienda mas justa y necesaria es la que libran 10s griegos contra 10s bárbaros, sus enemigos por naturaleza. Ni, tampoco, que en un dialogo platÓnicol5 se aconseje pelear contra 10s bárbaros hasta su total destrucción. En su combate contra 10s indigenas y las fuerzas representantes del mundo no civilizado en general, el oikistés cuenta con gran número de recursos. Entre ellos cabe destacar la existencia de un modelo referencial como es Heracles. En efecto, el hijo de Alcmena, en el curso de sus expediciones, ha tenido ocasión de enfientarse con toda suerte de elementos nocivos y salvajes. Y ha actuado siempre con el rigor y la contundencia que el caso requeria, sin amilanarse, hasta alcanzar su objetivo civilizador16. Hara bien, pues, el oikistés en seguir este ejemplo17 y en utilizar, cuando convenga, la violencia contra aquellos seres que se atrevan a oponerse a la instauración del orden. Y en la lucha, por muy encarnizada que ésta sea, no debera experimentar temor o desanimo. Al fin y al cabo, la divinidad -tal como apuntábamos al principio de este breve artícul* le ha hecho donación del Nuevo Mundo. Y le conforta y le alienta con exhortaciones como la siguiente: Zvea o€ Páppapot tivSp~~, inav A1pÚ-q~ intpfiqs, patror$Ópot iníaot. oi, S' ELXÓ~EVOS Kpovíavt TTaMáSt T' iyp~pá~1;1 yXau~Cjnt81 Ka1 Albs ui& Qoíp~ ~LKE~CTEK~CU;) víqv Ú~OXE~~LOV Z~ELS, Ka1 pd~apos AlpIhls K~MLOTE~$~VOU pa~l~€Úo€l~ ahbs ai yivos Úpóv dy~t Si o~ Qoipos BTÓXX~V~~. l4 Hsch. Mil. F. Gr. HIIIB 390, p. 267. l5 Mx. 242D. l6 Heracles, luchador implacable contra 10s bárbaros (Isoc. Phil. 5) y contra las fieras (D.S. IV 17, 3), recibe elogios por la eficacia de su tarea civilizadora (E. H.F. 849-853). El carácter ordenador y positivo de este personaje es enfatizado por B. Gentili, [ctEracle omicida giustissimow, I1 mito greco. Atti del convegno internazionale, (dir. B. Gentili y G. Paione), Roma 1977 @. 299-305)], mientras que G.S. Kirk [(tMethodological reflexions on the myths of Heracles)), 0.c. @. 285-297)] remarca sus aspectos salvajes y negativos. Sobre el hijo de Alcmena en el contexto de 10s héroes griegos, cj A. BRELICH, Gli eroi greci, unproblema storico-religioso, Roma 1958, reimpr. 1978. l7 Diversos testimonios establecen una estrecha relación entre Heracles y la figura del oikzstés. Véase, a este respecto, D.S. IV 29, 3-6, donde nuestro personaje se implica personalmente en la organización de una empresa colonial paradigmática. l8 D.S. VI11 29, 1. Tal vez deba añadirse que, en la representación mítica helena, el hecho de no consultar al oráculo supone el fracaso del oikzstés (cj Hdt. V 42).