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Políticas culturales : apuntes a partir del caso chileno

Brunner, José Joaquín

Abstract

L'autor, tot analitzant el cas xile, fa una reflexió sobre els mecanismes de coordinació i els circuits de produció i circulació de béns culturals. Postula, amb això, un marc de determinacions on l'Estat juga un paper destacat que reguli els circuits culturals i que, en democracia, ha de substituir l'ordenament autoritari exercit durant el Govern Militar. Ens mostra els esforços d'aquest govern per a configurar el conformisme social, per mitjà de pràctiques culturals sustentadores dels mecanismes de desregulació econòmica, tot destacant com els intents de resistència, primer, i d'oposició cultural, després, assenyalen l'existència de polítiques culturals diverses, formulades des de canals i actors socials diferenciats.

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POLÍTICAS CULTURALES: APUNTES A PARTIR DEL CASO CHILEN0::- José Joaquín Brunner Profesor-investigador de la Facultad Latino Americana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Chile Resum L'autor, tot analitzant el de coordinació i els circuits Postula, amb aixt), un onarc juga un paper destacatque reguli els circuits culturals i que, en demonacia, ha de substituir l'ordenament autoritari exercit durant el Govern Militar. Ens mostra els esforcos d'aquest overn per a configurar el conformisme social, per mitji de pr&ctiques cultura 9 s sustentadores dels mecanismes de desregulació econbmica, tot destacant com els intents de resisttncia, primer, i d'oposició cultural, després, assenyalen I'existtncia de politiques culturals diverses, formulades des de canals i actors socials dferenciats. El auto6 analizando el caso chileno, re exiona acerca de 10s mecanismos de coordinación y de 10s circuitos de pro B ucción y circulación de 10s bienes culturales. Postula, con ello, un ((marco de determinaciones. -donde el Estado juega un apel destacadoque regule 10s circuitos culturales y que, en demonacia, Bpbe sustituir al ordenomzento autoritari0 ejercido durante el Gobierno Militar. Muestra 10s esfuerzos de éste por configurar el conformismo social, por medio de pricticas culturales sustentadoras de 10s mecanismos de desregulación económica, destacando como 10s intentos de resistencia, primero, y de oposición cultural, des ués, señalan la existencia de olíticas culturales diversas, formuhdas des e canales y actores sociales t erenciados. d? B Abstract The autor, by analysing the Chilian case, discusses the method of coordination of means production and propagation of cultural out ut. He sets out, by way of explanation, a (framework of objectives* in w S ich the 'Versión escrita de la ponencia presentada al Seminari0 sobre <<Políticas Culturales en América Latina,, organizado por el Instituto Colombiano de Cultura (COLCULTURA) y el Consejo Latino Americano de Ciencias Sociales, (CLACSO), Bogotá 20 al 23 de junio de 1989. Papers 35 (1990) (117-132) <<Papers>>: Revista de Sociologia the flow of cultural out ut, R tfe authoritarian rules w ich demonstrates the efforts of the through cultural practices which de-regulation, highlightzng how initical by cultural op osition indicates the P posed by socia ly diverse groups and El autoritarismo militar, tal como se ha experimentado en Chile entre 1973 y 1989, constituye seguramente un punto de partida paradójico para reflexionar sobre nuestro tema: las politicas culturales en 10s paises de América Latina. En efecto, se parte a veces del supuesto de que 10s Gobiernos Militares carecen de una <<política cultural,, o, incluso, que son ccenemigos de la cultura,,, sin considerar que ellos mismos representan un fenómeno complejo que se expresa también en el terreno de la cultura y en el de las politicas que la afectan. DE LA DEMOCRACIA AL AUTORITARISMO Es evidente que, en un primer momento, el régimen militar-autoritari0 instaurado en Chile hizo tabla rasa de la organización de la cultura previamente existente en el país. Símbolos quemantes de esa actitud fueron el bombardeo de la radioemisora Magallanes mientras ésta transmitia las últimas palabras del Presidente Allende, durante la mañana del 11 de septiembre de 1973, y el incineramiento de libros producido en 10s dias siguientes en medio de la algarabia de 10s partidarios del golpe militar. La estrategia de desmantelamiento de la institucionalidad democrática de la cultura sigui6 un itinerari0 bien conocidol: Los medios de prensa y radiodifusión fueron prontamente reducidos a la exclusiva expresión de las voces oficialmente aceptadas, procediéndose a la expropiación de todos aquéllos que aparecian identificados con personeros o corrientes de opinión democráticos. 1. Me he referido extensamente a esta materia primer0 en Brunner, José Joaquín, La Cultura Autoritaria en Chile; FLACS0 y Universidad de Minnesota, Santiago de Chile, 1982 y mis recientemente en Brunner, José Joaquin, Barrios, Alicia y Catalin, Carlos, Chile: Transformaciones Culturales y Modernidad, FLACSO, Santiago de Chile, 1989. Políticas culturales: apuntes a partir del caso chileno Los canales de televisión fueron puestos bajo el control directo del Gobierno, cerrándose el acceso a cualquier manifestación disidente. Las ocho universidades del país fueron intervenidas por el nuevo Gobierno, cancelándose su autonomia, al paso que se deshauciaban 10s organismos representativos de 10s académicos y estudiantes y se iniciaba un prolongado proceso de <<depuraciÓn>> de 10s claustros. El sistema escolar fue rígidamente disciplinado y puesto bajo la tuición directa de la autoridad político-administrativa, sustrayéndose 10s establecimientos de la participación de la comunidad del magisteri0 y de 10s padres y apoderados. Las publicaciones de cualquier naturaleza, académicas o literarias, fueron sometidas a censura previa por parte del Ministeri0 del Interior. En el subcampo artístic0 se procedió a excluir y sancionar cualquier expresión disidente, y también en el teatro, la plástica y la música. Como resultado combinado de todos esos procesos, la estructura comunicativa de la cultura nacional fue drásticamente reducida y simplificada durante 10s meses y años siguientes al golpe militar, con efectos conocidos: Predominio, en todos 10s ámbitos de la cultura nacional, de las voces oficiales, con la sola excepción significativa de la voz de la Iglesia Católica la cua1 retiene su capacidad autónoma de expresión merced a su extensa y variada red institucional a 10 largo del país. Supresión consiguiente del pluralismo y de la competencia de ideas, expresiones e interpretaciones en el terreno intelectual y en todos 10s niveles de operación de 10s medios de comunicación masiva. Silenciamiento del debate públic0 hasta el punto que 10s fenómenos comúnmente llamados de <<opiniÓn pública, son sustituidos por una suerte de regimentación oficial, reforzada por la proscripción de 10s partidos y de las principales organizaciones sociales. Todo 10 anterior contrasta fuertemente con el clima de libertad y de intensa y plural discusión pública que había caracterizado a la cultura chilena con anterioridad al golpe militar, llevando incluso a ciertos círculos oficialistas a manifestar su preocupación por el ccapagón cultural, que parecía producirse en Chile a 10s pocos años de haberse instaurado el régimen autoritario. Es decir, sin haber definido explícitamente ninguna política cultural, el Gobierno Militar había logrado sin embargo alterar radicalmente 10s parámetros organizativos de la cultura nacional sometiéndola a la disciplina oficial y a un extens0 control administrativo. Con el10 lograba a la vez cambiar la orientación de sus voces y redefinir drásticamente sus formas y contenidos. .Papers.: Revista de Sociologia DEL CONGELAMIENTO A UNA NUEVA CONCEPCI~N DEL MUNDO La acción inicial del Gobierno Militar estuvo inspirada por un diagnóstic0 de la situación cultural chilena que, con el correr del tiempo, se iria precisando. En 10 básico ese diagnóstico determinaba una especie de <<sobrecalentarniento, de la cultura chilena, atribuida a la intensidad de la lucha ideológica y a la politización y partidización de las instituciones y medios culturales. Por este camino, se sefialaba, la cultura nacional habia perdido su conexión con el <<ser nacional,, mis auténtico, 10 cua1 se reflejaba en la desorganización de las universidades, la infiltración de 10s medios de comunicación y de las Iglesias, la penetración de ideologias foráneas y un generalizado abandono de las nociones de orden, distinción, tradición, jerarquias y debido respeto que conformaban la columna vertebral de la alta cultura. La estrategia que despliega inicialmente el Gobierno Militar es, por 10 tanto, eminentemente defensiva y su implícit0 diseño cultural se hallaba fundado en 10s valores tradicionales de una alta cultura que se sentia amenazada. Esa estrategia reacciona precisamente contra 10 que concibe como una intolerable amenaza al orden simbólico establecido y a sus fundamentos éticos, intelectuales, e ideológicos. Considera que el proceso reformista iniciado por el Gobierno de la Democracia Cristiana (1964-1970) y, sobre todo, el intento de llevar a cabo una ccrevolución socialista en democracia* impulsado por el Gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), habian terminado por desquiciar normativamente a la sociedad chilena, destruyendo las formas de integración dominantes y poniendo en tensión todas las jerarquías y distancias en que se basaba el orden existente. Luego, correspondia al gobierno Militar, en su autopercepción, congelar ese proceso de creciente entropia cultural y restituir el orden cultural amenazado. Sin embargo, 10 que en un comienzo empezó como una mera reacción defensiva de fuerza -con su secuela de terror, represión y persecucionesdio paso, en una fase siguiente, al desarrollo de un proyecto de reconstrucción o refundación nacional, inspirado ideológicamente por la doctrina de la seguridad nacional, un modelo neoliberal de reorganización de la economia y de modernización de la sociedad, por una combinación de retóricas nacionalista~, gremialistas, corporativistas y católico-tradicionalistas que coloreaban el discurso autoritari0 durante esos años de su configuración*. Esa combinación de componentes ideológicos y retóricos -cada uno de 10s cuales respondia a una necesidad funcional de racionalización de las 2. Véase al respecto, La Cultura Autoritaris ..., op. cit., cap. 2. Políticas culturales: apuntes a partir del caso chileno acciones del gobierno Militar y era vehiculizado por actores diversos que concurrían en la configuración del bloque en el poderdaria lugar finalmente a la ideologia del régimen sobre la base de una específica concepción autoritaria del mundo3, cuyos ejes centrales serian a la postre, según veremos mis adelante, una concepción del desarrollo de la sociedad basado en la intensa operación de 10s mercados y una concepción autoritaria del Estado que descansa sobre el papel tutelar de las Fuerzas Armadas. DE LA DISPERSION A LA RESISTENCIA CULTURAL La extensa y eficaz estrategia de desmantelamiento de la institucionalidad democritica de la cultura dejó a la sociedad chilena sin su estructura comunicativa variada y plural, obligando a 10s sectores sociales y a 10s actores culturales desafectados al régimen autoritari0 a dispersarse y refugiarse en 10s imbitos privados del hogar y en 10s círculos mis estrechos de reconocimiento interpersonal. Desde allí ellos iniciarian la larga marcha de su recomposición que, en una etapa inicial, asume la forma de una actividad de vesistencia cultural. Por 10 tanto: de mantenimiento, en la esfera privada, de las propias señas de identidad; de lenta elaboración de la derrota experimentada por 10s propios proyectos, ideales y utopías; de preservación de una memoria que era negada constantemente por las voces oficiales; de intercomunicación del temor como única forma de combatirlo y desarrollar estrategias de resistencia frente a 61; de construcción de mínimos espacios y circuitos de reflexión, discusión y solidaridad para asi compartir la esperanza y dar cuenta de una realidad que se habia vuelto extremadamente hostil; en fin, de progresiva recuperación de la propia voz incluso, muchas veces, a través de 10s símbolos de esa cultura que el autoritarismo buscaba aplastar: como 10s poemas de Neruda, las canciones de protesta, el secreto compartido de la militancia ... La cultura de la resistencia fue, en verdad, una forma de resistir en la cultura. Una forma de cultura oral, desprovista de cualquier medio de sustentación que no fuera la frigi1 palabra; una cultura de gestos minimos, subterrinea. Sus pricticas iban asi reconectando 10s pedazos dispersos que 3. He desarrollado esta idea en el trabajo: Brunner, José Joaquin, <<Ideologia, legitimación y disciplinamiento", en Vv.Aa., Autoritarismo y Alternativas Populares en América Latina; FLACSO, San José de Costa Rica, 1982. <<Papers.: Revista de Sociologia habian quedado tras la verdadera explosión que significó el golpe militar, generando leves circuitos de intercomunicación y proveyendo 10s elementos iniciales para resistir la marejada del autoritarismo. No habia, detris de ese proceso, ninguna política, ningún proyecto. S610 la necesidad de subsistir, y de mantener las bases de una identidad individual y colectiva que repetidamente se habia vuelto peligrosa y cuya expresión s610 podia representarse en 10s márgenes, privadamente, eludiendo la maquinaria de la represión que incluso penetraba en la imaginación de 10s individuos. Una cultura, asimismo, que se reconstruye desde sus bases mis primitivas: la celebración de ciertos ritos, el cultivo del recuerdo, la sustentación de ideas simples y valores claros, el reclamo, en fin, de una fe y la espera en la promesa. La Iglesia Católica, a través de un número significativo de sus organismos y con el apoyo de su personal y sus medios proporcionó a esa cultura de la resistencia sus formas iniciales de socialización: espacios donde reunirse, protección, un sentido de legitimidad y misión, hasta prestar en ocasiones su voz a 10s sin voz. DEL DISCIPLINAMIENTO A LAS POLÍTICAS La consolidación del régimen militar, que termina por producirse en 1980 con la aprobación de una nueva Constitución Política impuesta por el Gobierno Militar y mediante la puesta en marcha de un amplio conjunt0 de proyectos sectoriales de modernización, expresó por primera vez después de 1973 la configuración de un nitido liderazgo dentro del bloque en el poder. En efecto, Pinochet habia logrado finalmente concentrar el poder en favor de su posición personal como Jefe del proceso de .refundación nacional,, al mismo tiempo que a su alrededor se habia conformado un segmento militar y civil que proporcionaba 10s cuadros para la conducción y gestión de ese proceso. La ideologia que cimentaba la unidad de ese grupo y que se proyectó a 10 ancho del bloque en el poder habia experimentado asimismo una evolución, hasta quedar hegemonizada por el componente neoliberal que se expresaba como un modelo de desarrollo de la sociedad cuyo soporte politico 10 proporcionaba un Estado autoritari0 bajo la tutela permanente de las Fuerzas .Armadas. Lo que antes llamamos una concepción autoritaria del mundo, siguiendo el uso gramsciano para referirnos a un cuadro de ideas, inspiraciones y valores que dan coherencia a un bloque dominante, se expresaba ahora como un ambicioso pian de *refundación>> nacional basado en el doble eje de la desre- Políticas culturales: apuntes a partir del caso chileno gulación de la economia y la sociedad en favor de la operación de 10s mercados, y del control de la política por un Estado de <<seguridad nacional,,, dotado de recursos excepcionales para disciplinar a la población por medios progresivamente menos represivos y violentos. De hecho, ese proyecto no se sostenia ya, a partir de 1980, mediante el uso exclusivo de la violencia represiva. El empleo selectivo de esta última se subordina, en cambio, a la idea de generar un nuevo tip0 de conformisme dentro de la sociedad, el que debia ser provisto por el doble juego de la exclusión de la política partidista y la integración de la sociedad a partir de situaciones de mercado cada vez mis abarcantes. La progresiva sustitución del Estado por el mercado como mecanisrno coordinador y proveedor, en variados sectores tales como la salud, la educación, la previsión social y la vivienda, debía en efecto reducir el alcance de la política y de 10s conflictos en torno a la satisfacción de necesidades, relegando su regulación y su satisfacción a la esfera privada de la competencia individual. El Estado se encargaba, exclusivamente, de la acción subsidaria en beneficio de 10s grupos sociales mis pobres y, por tanto, impedidos de poder concurrir al mercado por sus propios medios. Se pone en marcha asi en la sociedad chilena una ambiciosa empresa de reorganización de la sociedad y la economia que alcanza también el terreno de la cultura. En éste, las politicas impulsadas son una réplica del mismo modelo aplicado al resto de 10s sectores: o sea, se orientan hacia la desregulación, la reducción del papel activo del Estado, el fomento de 10s mercados, el incentivo de la competencia entre agentes privados, el traspaso desde la esfera pública a la privada de actividades y decisiones respecto a qué producir y consumir en el imbito de 10s bienes simbólicos. Paralelamente el Estado retiene sin embargo su poder coactivo y disciplinario en el campo de la cultura, manteniéndose vigentes -y reactivindose cada vez que parecia necesariolas restricciones impuestas a 10s medios de comunicación, la intervención de las universidades, el rigido control sobre las escuelas, etc. Pero con el tiempo el uso de esos medios de control se relaja, mientras simultineamente la cultura de la resistencia encuentra nuevas formas de expresión y organización. DE LA RESISTENCIA A LA DISIDENCIA Y A LA CULTURA ALTERNATIVA Las evoluciones recién señaladas proporcionan el marco dentro del cua1 fueron desarrollindose, en 10s sectores de la cultura no-oficial, un conjunt0 de iniciativas gradualmente mis complejas, dando lugar con el10 al tránsito <<Papers*: Revista de Sociologia desde formas que llamamos de resistencia a modalidades que, en su momento, se denominaron de disidencia cultural4. La disidencia cultural se caracterizó, bisicamente, por dos rasgos: a) por un lado, gener6 su propia aunque precaria institucionalidad; b) por el otro, fue adquiriendo un progresivo reconocimiento social, moviéndose en una ambigua zona entre la ilegalidad y la legalidad, o entre la tolerancia, la represión y la conquista de sus propios espacios. Esa institucionalidad precaria consistió en una estructura flexible y cambiante de microcircuitos de producción, circulación y recepción de mensajes culturales, que recurría a sus propios medios y códigos de comunicación. Quizi se asemeja esta forma de actividad cultural a aquélla que adoptan ciertas expresiones culturales disidentes en el contexto de sociedades de control ideológico total. A diferencia de éstas, sin embargo, la disidencia frente al autoritarismo se mueve dentro de un marco social distinto: el de un conformismo inducido por medios disciplinarios y de integración en 10s mercados. De allí, seguramente, que su desarrollo haya sido mis rápido, como 10 testimonia el florecimiento de centenares de iniciativas culturales en diversos subcampos, las cuales llevaron a la creación de múltiples micromedios de comunicación, talleres de arte, expresiones musicales, grupos artisticos poblacionales, círculos culturales estudiantiles, grupos de teatro independientes, movimientos de vanguardia en el campo de la plistica y la aparición de una decena o mis de centros académicos independientes de investigación social. Es la época en que la resistencia deja de mirar ((hacia dentrox de si misma y de cultivar su propia identidad y memoria para abrirse incipientemente a variados aunque todavia reducidos públicos, introduciendo asi las primeras dinimicas de comunicación abierta, de captación de nuevas audiencias y de socialización disonante con aquélla inducida desde arriba por el régimen. Se trata, con todo, de un movimiento cultural marginal, que no penetra (o s610 10 hace muy excepcionalmente) hacia el campo cultural oficial, y que es continuamente excluido por 10s principales medios de comunicación. Con todo, dicha disidencia cultural empieza a adquirir un débil reconocimiento social, moviéndose en una ambigua zona entre la ilegalidad y la legalidad; o entre la tolerancia, la represión y la conquista de sus propios espacios. La resistencia cultural fue todavía un <<movimiento de catacumbas,,. La disidencia, en cambio, refleja la emergencia de 10s sectores culturales excluidos, hacia la superficie de la sociedad, aunque allí deban moverse exclu4. He analizado este tránsito y sus posteriores desarrollos en Brunner, José Joaquin, El Espejo Trizado. Ensayos sobre Cultura y Políticas Culturales; FLACSO, Santiago de Chile, 1988, pp. 105-132. Políticas culturales: apuntes a partir del caso chileno sivamente en la periferia de 10 oficial. Aun asi, las iniciativas de la disidencia cultural adquieren existencia social, se difunden y empiezan a ser reconocidas, aunque no sea mis que a media voz. Incluso, aquí y alli, esas inicativas lograban esporidicamente desbordar sus propios limites y convertirse en objeto de discusión dentro de circulos mis amplios, aunque la prensa y la comunicación oficialista se empeñaran en negar su existencia. Asi, por ejemplo, ciertas obras de teatro, ciertos trabajos criticos frente al modelo económico y ciertas exhibiciones de arte logran ese efecto de irrupción dando a conocer la presencia de ese univers0 negado y excluido. Cuando alrededor del año 1980 empiezan a hacerse patentes 10s primeros efectos del conforrnismo producido por las politicas del régimen y de ccintegración al sistema, producida por el modelo de desarrollo impulsado por el Gobierno Militar, la disidencia descubre $us propios limites y, por un tiempo, intentari transformarse en una propuesta cultural alternativa, imaginando que era posible competir con la oferta oficialista. Lo que se intent6 para ello, a la postre sin éxito, fue ensanchar las bases de la institucionalidad disidente y coordinar las múltiples y variadas iniciativas que de ella surgian. El fracaso de este proyecto, que no tard6 en producirse, reflejaba 10s propios limites lí estructural es>> del movimiento disidente. En efecto, éste no contaba con medios ni recursos como para convertirse en una opción alternativa frente a la cultura oficial, que se apoyaba en una compleja organización cultural. Por otro lado, la disidencia cultural era fuerte en la misma medida en que sus iniciativas se movian espontánea y descoordinadamente, abriendo espacios con su dinimica capilar y microscópica, al margen de cualquier proceso mis pesado o permanente de institucionalización. S610 en esa medida podia generar sus propios circuitos de comunicación, dando cabida al pluralismo de sus contenidos y a las variadas identidades de 10s grupos que la impulsaban. En cambio, al intentar sistematizarse y organizarse, para presentar un frente alternativo unificado o coordinado, la disidencia cultural entra de inmediato en contradicción con esa heterogeneidad de proyectos que la componian y pierde su movilidad, su espontaneidad y su fuerza de rechazo, de denuncia y de disidencia. Con todo, puede estimarse que en dos subsectores el ccproyecto alternativista. logró avanzar y establecerse: en el de la educación popular y en el de la producción intelectual ligada al anilisis y la investigación sociales. En ambos subsectores, efectivamente, la disidencia llegó a ser casi tan fuerte como las iniciativas oficiales competitivas, apareciendo de hecho como una estructura institucional de actividades alternativas. <Papers,: Revista de Sociologia por ejemplo, la censura de publicaciones o de películas y, del segundo tipo, las instrucciones que puede expedir una Iglesia, por ejemplo, para impedir que sus fieles asistan a la proyección de una película o lean un libro. Existen sin embargo otras políticas referidas a 10s públicos las cuales pueden tener un sentido de equidad o de difusión de la cultura. Por ejemplo, aquéllas destinadas a ensanchar el ingreso a la enseñanza y aquéllas otras que fomentan la posibilidad de que cada hogar tenga acceso a un receptor de radio o de televisión. En suma, las politicas culturales, especialmente aquéllas que proporcionan un <<marco de determinaciones, para la acción de 10s productores o para la ampliación de 10s públicos, tenderán a ser en un ordenamiento democrático, principalmente politicas de regulación de 10s circuitos culturales y, en particular, de <cafinamiento, de sus mecanismos de coordinacidn. En cambio, las politicas que se apliquen dentro de cada uno de esos circuitos -o sea, aquéllas referidas a las formas y contenidos de la acción cultural portadora de 10s diversos intereses comunicativosserán preferentemente asumidas por 10s propios productores y comunicadores, así como por sus asociaciones y las demás organizaciones y movimientos que compiten en el seno de la sociedad civil por expresar y realizar esos diversos intereses comunicativos. Santiago de Chile, enero de 1990.