scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Teoría : una tipología de sus significados

Marradi, Alberto

Abstract

Ignoro si ocurre lo mismo en las ciencias fisicas: en las ciencias sociales no hallo ningun termino fundamental del cual no se haya lamentado la ambivalencia, debido a los usos heterogeneos que de ellos hacen numerosos autores. Incluso para el termino 'teoria' no resulta dificil encontrar autores que manifiestan el lamento ritual: Zetterberg (1954, 6-7, 29), Homans (1964, 951), Rudner (1966; trad. ital., 1968, 27), Gibbs (1967, 84), Ryan (1970, 76), Vallier (1972, 226), Nowak (1976, 451). Es interesante notar que casi todos estos autores escriben en una epoca en la que el termino 'teoria' todavia no estaba de moda como en la actualidad. Quien dudara de esta afirmacion puede hojear la monumental (y competente) International Encyclopedia of the Social Sciences, publicada por MacMillan en 1968. En ella no encontrara la entrada theory ni tampoco derivados como social theory o parecidos: ciertamente es esta una laguna inconcebible tan solo diez anos mas tarde. Esta no es en absoluto accidental, dado que la misma puede encontrarse en la anterior Encyclopedia of the Social Sciences, dirigida por Edwin Seligman para MacMillan en 1930-1934 - laguna que no ha sido remediada en su segunda edicion de 1959. A finales de los anos sesenta, el termino 'teoria', ya utilizado de forma polisemica, tal como lo lamentan los autores ya citados, no ocupaba todavia un lugar central en el firmamento epistemologico. Es bastante verosimil que se debiera a un efecto retardado de la indebida expansion semantica del termino 'ley' que habia caracterizado la era positivista, con sus apendices neopositivistas, conductistas u operacionistas. Los positivistas poseian excelentes motivos para preferir 'ley' a 'teoria': el primer termino se adecua bastante mejor, indiscutiblemente, tanto a sus orientaciones inductivistas y objetivistas (se estimaba poder llegar a las leyes mediante una mera induccion enumerativa de las observaciones y, por tanto, de forma impersonal y mecanica, mientras que el termino 'teoria' evocaba una intervencion creativa de la mente humana, quizas en desagradable consonancia con la aborrecida filosofia), como, por definicion, a su orientacion nomotetica.

Full text

TEORfA: UNA TIPOLOGfA DE SUS SIGNIFICADOS * Alberto Marradi (Universitat de Flo;r&ncia) Ignoro si ocurre 10 mismo en las ciencias físicas: en las ciencias sociales no hallo ningún término fundarnental del cua1 no se haya lamentado la ambivalencia, debido a 10s usos heterogéneos que de ellos hacen numerosos autores. Incluso para el término <(teoria)> no resulta difícil encontrar autores que manifiestan el lamento ritual: Zetterberg (1954, 6-7, 29), Homans (1964, 951), Rudner (1966; trad. italiana, 1968, 27), Gibbs (1967, 84), Ryan (1970, 76), Vallier (1972, 226), Nowak (1976, 451). Es interesante notar que casi todos estos autores escriben en una época en la que el término icteoría)> todavia no estaba de moda como en la actualidad. Quien dudara de esta afirmación puede hojear Ira monumental (y competente) Intermtional Errcyclopedia of the Social Sciences, publicada por MacMillan en 1968. En ella no encontrar6 la entrada thebory ni tampoc0 derivados como social theory o parecidos: ciertamente es ésta una laguna inconcebible tan s610 diez años más tarde. esta no es en a~~soluto accidental, dado que la misma puede encontrarse en la anterior Encyclopedia of the Social Sciences, dirigida por Edwin Seligrnan para MscMillan en 1930-1934, laguna que no ha sido remediada en su segunda edición de 1959. A finales de 10s años sesenta, el término <(teoria)>, ya utilizado de forma ambigua, tal como 10 lamentan 10s autores ya citados, no ocupaba todavía * Traducción de Jacqueline Gerday. 77 Papers 31 (1989) (77..98) <<Papers)>: Revista de Sociologia un lugar central en el firmarnento episternológico. Es bastante verosimil que se debiera a un efecto retardado de la indebida expansión semántica del término <tleys que había caracterizado la era positivista, con sus apéndices neopositivistas, comportamentistas u operacionistas. Los positivistas poseian excelentes motivos para preferir c<ley)> a <(teoria)>: el primer término se adecúa bastante mejor, indiscutiblemente, tanto a sus orientaciones inductivistas y objetivistas (se estimaba poder llegar a las leyes mediante una mera inducción enumerativa de las observaciones y, por tanto, de forma impersonal y mecánica, mientras que el término <(teoria)> evocaba una intervención creativa de la mente humana, quizás en desagradable consonancia con la aborrecida filosofia), como, por definición, a su orientación nomotética. 1.1. El declive del positivismo se inicia -en 10s casos en que se iniciaen momentos diversos en las diversas disciplinas, a tenor de 10s niveles de actividad en 10s cuales éstas se estratifican. Lo cierto es que en 10s niveles mis altos y etéreos (teorización, reflexión epistemológica), el positivisrno se halla a la baja, al menos en las ciencias socialesy el eclipse relativo del término <tley>> representa un indicio significativa de ello. Empero, si se consideran con un ojo critico 10s estratos más bajos, la baja cocina de 10s procedimientos concretos y de la actividad de investigación, verificamos, quizá con sorpresa, que tales procedirnientos y actividad todavia se hallan profundamente impregnados de la ontologia mecanicista, de la gnoseologia objetivista y de la epistemologia fisicalista del positivismo (Mokrzycki, 1983; véase tambidn Marradi, 1980). Más exactamente, esta situación se verifica en la expansión de 10s términos <tprocesuales)> de las ciencias físicas: <texperimento)> (a menudo utilizado en el sentido de <tinvestigación)>), <texperimental# (regularmente utilizado en lugar de <cempirico)>), <tmediciÓn)> (utilizado sistemáticamente en lugar de <tinvestigación,>, <toperativización)>, <(recuento)>, <tclasificación)>, ctasignación de etiquetas numéricas ordinales)>), <tescala)> (a menudo utilizado en lugar de <<indicador)>, <(indice)>, <tclasificación~>), y así sucesivamente. El motivo de la expansión semántica de todos estos términos siempre es el mismo: la epistemologia fisicalista del positivisrno, es decir, la idea de que la física y la química (las de la época de Comte) constituyen el paradigma de las ciencias; la aspiración a un prestigio social comparable al de 10s ingknkurs comtianos imponia por tanto la imitación a cualquier precio de la fisica/química del siglo XIX, disfrazando la diversidad de las respectiva~ situaciones epistemológicas mediante trucos terminológicos, es decir, hablando continuamente de <cmediciÓn)>, <texperimenton, <cescala)> -del mismo modo que hace pocos decenios se hablaba de uleyes)>. Teoria: una tipologia de sus sigdcados: 1.2. Y mientras la tropa (tanto la infanteria que se despliega en el campo como la artilleria que maneja las calculadoras) todavía se dedica a venerar 10s ídolos positivistas, 10s oficiales se hallan ahora en plena vague antipositivista y, para ponerse al dia, han dejado (por fin) de hablar de <<leyes)>, hinchando el término <{teoria)> con cualquier signzcado posible. Tal como 10 ha demostrado Sartori a propr5sito de <<democracial> (1957), mediante ciertas elecciones terminológicas se libran importantes batallas politicas. Tengo la impresión de que algo parecido est6 ocurriendo también en el frente epistemológico, es decir, que la expansión semántica del término <(teoria>> constituye una de las principales armas de 10s estrategas. antipositivistas. Se ha descubierto que la percepción no constituye una fotografia pasiva de la realidad y, en la actualidad, se dice de ella que est6 theory laden (todo depende de la teoria -4iteralmente: está cargada de teoria). Se ha descubierto que 10s conceptos no se hallan en una correspondencia biunívoca con 10s objetos -tal como 10 pensara el primer Wittgenstein (1922)- y entonces se dice que eatán theory laden. Se h descubierto que no es posible registrar objetivamente la realidad -tal como lo postulaba el concepto de protokollsatze, observaciones protocolares, es decir, objetivas en tanto en cuanto son absoli~tamente elementales (Carnap,. 1928; Schlick, 1932)- y ahora se dice que la observación está theory laden, 10s hechos están theory laden y, naturalmente, las técnicas de recogida de datos están thleory laden, etc. En la sección 4 se volverá en detalle sobre cada una de tan vistosas expansiones semánticas del término <(teoria)>. Por descontado, todos estos descubrimientos (y las correspondientes batallas antiobjetivistas y antipositivistas) son sacrosantos: 10 dnico lamentable es que hayan llegado con retraso, con tanto retraso que todavia dlo\ se hallan al alcance de 10s grandes estrategas y de 10s oficiales que olfatean 10s vientos que corren (10s sargentos instructores, y, por tanto, la tropa, siguen todavía 10s reglamentos del antiguo cuartel, hasta que alguien se. tome la molestia de ponerlos al dia). Emp:ro --y que me sea permitido discrepar de Maquiavelo-, 10s fines no siempre justifican 10s medios; en el caso presente las armas terminol6gicas pueden funcionar como las armas termonucleares, reduciendo el campo de bate~lla a un caos de ruinas sin vencidos ni vencedores. 1.3. Nadie (salvo 10s adictos a 10s sistemas axiomáticos, por otra parte numerosos incluso en las ciencias sociales --véase más adelante, sec. L4) cree en un mundo de términos perfecta y rígidamente deíinidos de una vez para siempre; nuevos conceptos y nuevos tCrminas van formándose continuamente y las relaciones conceptos-términos se hallan en una continua tensi6n. Puede ocurrir que tales rensiones lleven un thmino a significar las -ctPapersa: Revista de Sociologia *cosas mls diversas y casi opuestas a 10 que significaba en un principio (semejante fenómeno se ha dado, por ejemplo, para mantenernos en nuestro tema, con la pareja terminológica hipótesis/teoria, que desde 10s tiempos de Newton hasta hoy ha dado un giro casi completo alrededor de su propio ~eje; véase Losee, 1972, cap. viii); semejante evolución no engendra el caos si se produce paso a paso, de modo lento y natural, de tal forma que 10s viejos significados tengan tiempo de hundirse y transformarse en un simple objeto filológico. Si por el contrario la evolución irrumpe tumultuosamente para adecuarse a los edictos de algunos estrategas, todo 10 que se consigue es una desorientación total. Tal como Sartori 10 ha mostrado más de una vez (por ejemplo, 1971, 43-4 para el concepto de <cgrupo~), un termino del que se pretenda que signifique contemporáneamente demasiadas cosas, termina por no significar nada en absoIuto. Y si, como a veces ocurre, 10s estrategas pretenden introducir 10s nuevos significados sin repudiar por ello 10s antiguos, sino por el contrario echando mano de ellos cuando les resulta cómodo, la operación se asemeja <tobjetivamente)> (aunque 10s estrategas no estuviesen plenamente conscientes de ello) a un jeu sur deux tableaux (en espaiiol: jugar en dos tableros a la vez). LENGUAJE COMON Y LENGUAJES CIENTÍFICOS 2.1. He sostenido que tanto 10s positivistas como 10s antipositivistas han recurrido a la expansión semántica de sus términos-simbolo. Quisiera anotar aquí algunas de las diferencias en el modo en que se han llevado a cabo tales <(jugadas)> terminológicas. Debido al movimiento positivista en las ciencias sociales, la apropiación y expansión indebida de algunos términos clave de las ciencias fisicas del sigla xur era una jugada casi obligada. Y se puede llegar a el10 mediante un silogismo: prem. I) 10s objetivos y métodos de las ciencias físicas (del siglo xzx) son 10s objetivos y métodos de la ciencia; prem. 2) bajo el impulso del positivisme, incluso el estudio de la sociedad debe hacerse cientifico; prem. 3) las ciencias fisicas descubren leyes, experimentan y miden; concl. 10s científicos sociales también descubrirán leyes, experimentarán y medirán (o al menos dirán que esto debe hacerse). Teoria: ulna tipologia de sus significados Partiendo de este silogismo, se han realkado honradas tentativas de experimento (piénsese en Bales) o se procuró encontrar unidades de medición (piénsese en Fechner o Thurstone). Pero frente a unas dificultades epistemológicas, insuperables, inherentes a la naturaleza del objeto, hubo un repliegue hacia un mero uso ritual de 10s términos-símbols sin tomar mínimamente en cuenta el respeto ya perdidol; pol: su significado en las ciencias-modelo. Tal operación ha revelado así hasta el fondo su naturaleza ideológica, en el sentido marxista de la mala conciencia, de una autorrepresentación autoconfortante. La apropiación y expansión indebida del término <{teoria)> por parte de 10s antipositivistas parece al contrario una operación bastante más deliberada y consciente (por algo hablaba de estrategas). Entre 10s términos (relativamente) consolidados de la tradición e:pistemológica descuella uno de ellos que -aun cuando conserve cierta aura de prestigio ligada a sus muy nobles orígenes platónicosresultaba bastante molesto (por las razones ya vistas en la sec. 1) para 10s positivistas y, por tanto, se había quedado relativamente apartado. El término señala.do (teoria) ha sido llamado a filas y mandado a primera línea de fuego para llibrar todo tipo de batallas: dado que hablar de la intervención de las rlctividades mentales, de conocimiento tácito, de valores resultaba complj.cado o sospechoso, s610 se ha hablado de <{teoria>>. 2.2. Las observaciones que antecederi deberían sugerir una conclusión; las batallas semánticas, con el consiguiente crecimiento no natural de la ambigiiedad de determinado término, reeultan al menos tan comunes en el mundo de las ciencias sociales como, por ejemplo, en el mundo de la política. Podria resultar interesante también preguntarse si son al mismo tiempo comunes en la vida cotidiana. Lo que equivale a preguntarse si, para las ciencias sociales, posee fundamentos la clásica tesis positivista de una mayor univocidad y precisión de 10s lenguajes científicos con respecto al lenguaje comjlin -pregunta para mi raramente contestada incluso desde otros campos- (Durkheim, 1895; Cohen 17 Nagel, 1934; Thomas, 1979). No me parece que 10s científicos sociales cle orientación positivista se hayan preocupado por controlar empiricamente sus tesis; al menos en cuanto respecta a un tbino importante tal como <trnedición>>, ésta resulta clamorosamente falsa y debería ser depuesta: si bien el término es univoco tanto en el lenguaje común como en las ciencias físicas, en las ciencias sociales se ha visto recargado de innumerables y contradictorios significados (véase más arriba, sec. 1.1., y más extensamente IMarradi, 1980-1981). El elenco de significados del término <(teoria)> que sigue (sec. 3 para el lenguaje co- I uPapers~: Revista de Sociologia mún y sec. 4 para 10s lenguajes científicos) lleva, me parece, a las mismas conclusiones. No quisiera generalizar apresuradamente sobre la base de las dos únicas confrontaciones que he desarrollado hasta aqui. Sin embargo, como 10 observamos al principio, las lamentaciones acerca de la ambigiiedad y polisemia de 10s términos de las ciencias sociales son recurrentes y no faltan recopilaciones de 10s significados científicos de determinado término: Kluckhohn y Icroeber (1952) reseñan 160 acepciones del término <(cultura)>; la Masterman (1970) recoge otras veinte del término <(paradigma)>; y asi sucesivamente. Es razonable esperar por tanro que, extendiendo tales reseñas a unas confrontaciones con el lenguaje común, se obtendrían otros tantos veredictos claramente favorables a una mayor precisidn y unizrocidlaú del letzgzlaje común con respecto al lengzlaje de las ciencias socides. Esta conclusión, a primera vista paradójica, debería al contrario sorprender muy poc0 a quien comparta las reflexiones expuestas hasta aqui: uno podria sorprenderse, en todo caso, de que la terminologia de las ciencias sociales se hubiese mantenido unívoca después de haber sido objeto y teatro de las grandes maniobras de contendientes opuestos. Supongo que otros estudios como el de Sartori demostrarían que todbs 10s lenguajes especializados, y las relativas <(provincias de significados (Schütz, 1945), son el teatro de grandes maniobras terminológicas. O al menos, si no todos, 10s lenguajes especializados en 10s que 10s usuarios son: 1) en número relativamente limitado, 2) organizados en escuelas y corrientes que tratan de hacer prevalecer ciertos puntos de vista ontológicos y gnoseológicos, y 3) 10 bastante sofisticados intelectualmente como para comprender la ímportancia del instrumento terminológico y de saber cho manejarlo. Dentro de estas condiciones, al menos las dos primeras no se dan, por cierto, para 10s usuarios del lenguaje común de la vida cotidiana. Si se confirmase que efectivamente 10s términos de semejante lenguaje resultan menos ambiguos, podria darse que la falta de tales condiciones fuese considerada como suficiente para explicar el fen6meno. 3. SIGNIFICADOS DEL TERMINO <tTEORfA)> EN EL LENGUAJE COMÚN Todos 10s diccionarios monolingiies consultados (italianes, franceses e ingleses) concuerdan al menos en cuanto a tres diferentes significados corrientes: Teoría: una tipologia de sus significados A) Teoría en cuanto conocimiento abstracto, o mejor dicho, corps de conocimientos abstractos. En esta acepción el término se contrapone implícita o explícitamente a <cpráctica)> (ej.: en teoría, todo va bien, pero ~funcionará en la práctica?) o también a <thechos)> (ej.: las teorías siempre resultan más sencillas que 10s hechos). B) Teoría como conjzcnfo de principios inspiradores de wz arte o de una técnica. Las diferencias entre esta acepción y la anterior me parecen ser tres: 1) el corpus de conocimientos ya no es necesariamente genérico y anónimo, sino que ha sido elaborado por unos técnicos, conocidos o desconocidos en su competencia especifica; 2) en consecuencia, el corpus posee un ámbito mis circunscrito y mejor definiclo, hasta el punto quizá de hallarse codificado en algún manual (ejemplo: préstame tu libro de teoría -sobreentendido: de solfeo); 3) cae el lazo semántico con 10s <chechoss; el lazo semántico con <cpráctica)> sigue siendo esencial, pero no guarda un valor opositivo; la teoria es considerada, por el contrario, como una guia hacia la práctica (ejemplo: voy a clase de teoria -sobreentendido de conducdón de automóvil). C) Teoria como conjetura, tesis, doctrina elaborada por un individuo en particular, o algún grupo restringido, que por 10 general son identificados explícitamente (ejemplos: éstas son las acostumbradas teorías de tu madre; según sus teorias, yo debería.. .). Los ejemplos muestran cómo esta acepción se halla próxíma a la (A) al subrayar la contraposición con 10s hechos (como están efectivamente las cosas,) o con la práctica (10 que se est6 haciendo o se hará efectivamente). Con rodo, en la acepción (A) la teoría se halla lejos de 10s hechos y quizá destinada a ser desmentida por ellos, debido a la misma naturaleza de la actividad abstrayente-generalizadora. En la acepción (C) esto ocurre también a causa de la naturaleza idiosincrática, y quizás extraña, de la elaboración, obra ya no <(de la sociedad)> sino de individuos específicos con respecto a 10s cuales se van marcando las distancias (ej.: ya alguna vez me he encontrado metido en líos por haber seguido tus locas teorías). Además, la connotación anterior aparece más frecuentemente y de modo más marcado, quizá también presente en la acepción (A): quien elabora teorías en general recaba de ellas normas de comprtamiento o consejos que intenta imponer a 10s que le rodean. Naturalmente, existen matices y acepciones mixtas o intermedias, como es normal en un campo semántico. Sin embargo, la dispersión semántica del término (es decir, el número de sus acepciones principales y la distancia semántica que las separa) no me parece de hecho; excesiva, considerando el prejuicio existente acerca de la vaguedad del lenguaje común. <<Papers>): Revista de Sociologia 4. SIGNIFICADOS DEL TBRMINO <(TEORIA)> EN LOS LENGUAJES CIENTfFICOS Tal como ya 10 hemos anticipado, la dispersión semántica del término en 10s lenguajes científicos ya me ha parecido bastante mayor a través de la actividad corriente de lectura de 10s textos de 10s epistem6logos y estudiosos de las ciencias sociales (y por ese motivo he proyectado este ensayo), y mayor aún cuando la exploración se convirtió en sistemática y se volcó también en las fuentes indirectas, tales como las enciclopedias y 10s diccionarios especializados. En esta sección presento una tentativa de clasificación de las acepciones principales que he encontrado. Cuando fuese necesario, la clasificación se transformará en taxonomia, es decir, que tomad en cuenta más niveles de abstracción. Generalmente, he buscado las diversas voces de la clasificación aunando tres criterios : 1) pasar de las acepciones rnás recientes a las rnás tradicionales, y de las acepciones que considero más liminales (en cuanto invaden por 10s motivos ilustrados más arriba unos campos semánticos remotos y ya cubiertos adecuadamente por otros términos) a las que considero mis útiles para una sistematización (en el sentido de Saussure) del campo semántico; 3) mantener contiguas las acepciones que se han hibridado del modo más marcado. El lector comprenderá el amplio margen de opinión que conlleva semejante operación de cotejo y 10 tomará en cuenta al confrontar su probable disentimiento con la secuencia propuesta. Para no contribuir a una proliferación, la cua1 tengo en poca estima, dejo deliberadamente de lado algunas definiciones tan metafóricas como sugestivas tales como las propuestas por Althusser y Balibar (1965) o por Rokeach (1968). Y para evitar confusiones, tomo en cuenta las tres siglas (A, B, C) ya asignadas a las secciones anteriores, empezando por tanto con la D. D) Teoria como complejo de todos 10s aspectos no meramente sensoriales en la percepción, es decir, de las categorías organizativas e interpretativa~ de 10s estímulos transmitidos por 10s sentidos. La presencia de un componente cognoscitivo en la percepción ha sido reconocida desde la Nattlrphilosophie del siglo XVIII alemán (véase por ejemplo el prefaci0 de Goethe a su Farbetzlehre) hasta por un positivista como Durkheim (1912; trad. ital. 1963, 475-6); 10s estudios del grup de Princeton han puesto en evidencia la complejidad de tales elementos (cf. Statera, 1967, 64), que recibirían la inñuencia de las mismas categorías lingiiísticas (Tyler, 1969). La tendencia a colgar la etiqueta de <{teoria)> a este complejo de elementos se inició -me parececon Feyerabend (1962); y son muchos, desde entonces e incluso fuera de su escuela, 10s que proclaman que <thasta 10s casos Teoria: utla tipologia de sus significados más comunes de percepción visual vienen determinados por las teorías), (Pawson, 1980, 652). El uso del término <(teoria)>, motivado por una justa polémica en contra de la concepción <(fotográíica)>, y por tanto factual y objetivista de la percepción, me parece sin embargo altamente inoportuno en cuanto 10s elementos cognoscitivos en la percepción resultan no refiexivos e inconscientes, hasta tal punto que han sido ignorados durante milenios; se colocan, por tanto, en el polo opuesto de la connotación reflexiva, consciente y construida, que poseen en común las acepciones clásicas del termino <c teoria)>. E) Teoría como conocimiento tácito, es decir, como complejo de conocimientos, experiencias, convenciones, hábitos conceptuales y lingiiísticos que intervienen en la observación (la cua1 en realidad es una constitución) de 10s <(hechos)>. Incluso un filósofo tle la matemática como Kemeny 10 reconoce: <tDudo de que se pueda afirmar un hecho en total independencia de unas interpretaciones teóricass (195'3; trad. ital. 1972, 124; la cursiva es mía). En 10s años treinta, el epistemólogo Fleck dedicó un libro (1935), entonces muy por delante de su tiiempo, a la demostración de la dependencia de 10s hechos respecto a la <(teorfa)>, que entenda, sin embargo, como un Denkstil (hábitos de pensamiento) de un Denkkollektiv (comunidad de estudiosos). En el mismo sentido, me parece, Derek Phillips niega la posibilidad de unas <taseveraciones obse~ativas independientes de la teoria)> (1977; trad. ital., 1982, 100). Y $10 reinterpretando <cteoria)> como <tconocimiento)> tácito puede aceptarse la conocida tesis de Ryle (1954) y Feyerabend (1962) acerca de la theary-ladenness (dependencia respecto a las teorías) de 10s conceptos. EL que tales tesis resulten insostenibles si se utiliza <(teoria>> en sus acepciones clásicas ha quedado demostrado, a mi modo de ver de forma conclusiva, por Achinstein (1964). El mismo año, por otra parte, salía Metho,d and Meassurement de Cicourel, que emplea sistemáticamente <(teoria)> en el sentido de conocimiento tácito. EI) Muy cercana a la acepcibn precedente es la de quienes sostienen que 10s hechos, o la observación, son dependierrtes de las teorías entendidas como marcos (frameworks) o redes (neiworks) conceptuales (WhewelI, 1840; Kattsoff, 1947; Laudan, 1977; Radnitzky, 1979). Acerca de 10s motivos por 10s que el término <(teoria)> ha sido utilizado en las acepciones (E) y (El), vale todo cuanto se ha dicho a propósito de la acepción (D). Esta expansión semántica del t6-mino me parece igualmente del todo inoportuna en tanto en cuanto el conocimiento tácito, y 10s marcos conceptuales que forman parte de 61, se señalan por su naturaleza indeterminada y, por tanto, por la imposibilidad de ser controlados empí- <<Papers>>: Revista de Sociologia las acepciones clásicas del término <(teoria)> en sus numerosos escritos dedicados al tema. El hecho en si no debería escandalizar si no fuese porque la atribución a la teoria de la función de explicar las leyes preexistentes no es en absolut0 conciliable con ninguna de las acepciones <(descendentes)> (LI-L4); el afirmar que un axioma preexistente explica las proposiciones de generalidad inferior que han sido deducidas o de alguna manera derivadas de aquél, suena ridiculo, de hecho, porque es tautológico. Otros autores presentan acepciones del grupo (L) al lado de las acepciones (M3); son: Homans (1964, 953), Galtung (1967, 26), Ryan, 77-8, y Thomas (1979; trad. ital., 1982, 81). La acepción (M3) es adoptada sin incongruencias por muchos otros autores: Campbell (1952, 96), Braithwaire (1953, 76), Nagel (1961, trad. ital., 1968, 93), Meehan (1965, 128-34), Reynolds (1971, 79), Phillips (1977; trad. ital., 1982, Iol), Statera (1982, 26), además de 10s ya citados Zetterberg, Radnitzky y Nowak. N) Teoria como conjunto de proposiciones o <tleyesu conjuntadas de un modo no jerárquico. Novak habla en este caso de uteorias horizontales)> mientras que las teorias de 10s tipos (L) y (M) son uverticalesn (1976, 376); Reynolds llama set-of-laws (conjunto de leyes) a semejante modelo y realza las ventajas y desventajas de ell0 respecto del modelo axiomático (1971, 83 y SS.; véanse también Shaw y Constanzo, 1972, 7; Giesen y Schmid, 1976; trad. ital., 1982, I, 81). Thomas habla de un <(modelo reticular de teoria)> y auspicia su itreconciliación . . . con el modelo a estratos)> (1979; trad. ital., 1982, 46). O) Teoria como proposición (o conjunto de proposiciones) a cuya <(verdad)> la comunidad científica concede un grdo notable de confiabilidaú, en contraposición con las ahipótesis)>, proposiciones estructuralmente idénticas a la teoria pero todavia en curso de control empirico. <(Una proposición empieza como (o parte de) una hipótesis . . . más tarde, cuando se halía suficientemente consolidada, entra a formar parte del trasfondo teórico, mientras que el prosceni0 se ve ocupado por otras proposiciones)> (Toulmin, 1953; ed. 1969, 75). El elemento caracterizador no es el estructural (una teoria puede consistir en una sola proposición o en varias lógicamente conexas) sino el hecho de que 10s cientíiicos del sector consideren confirmada la hipótesis, que a partir de ese momento se ve <(guardada en 10s archivos)> (para decirlo como Wittgenstein), transformándose asi en teoria. Esta acepción es la adoptada por Pierce, por ejemplo, en la entrada Theory para el diccionari0 de Baldwin (1902), por Norman Campbell (1957, 122), por Parsons y Shils (1951, 3), y por Boldrini (1965, 277-8). P) Teoria como proposición, o complejo de proposiciones, en la que Teoria: una tipologia de sus significados se ponen en relación ciertos conceptos (no definidos operativamente). Por este motivo <(la teoria . . . no es controlable ;I no ser que de ella se deriven unas hi@tesis)>, es decir, transformando todos 10s conceptos incluidos en la teoria en unas variables mediante su definición operativa; <{las higtesis, al ser constituidas por nexos entre variables, se refieren necesariamente a unas situaciones espacio-temporales específicas a las que las definiciones operativas deben adaptarsen (Marradi, 1980, 107). La distinción entre teoria e higtesis no se basa en un criterio bastante impalpable (y sobre todo bastante difícil de transformar en la dicotomia suficiente/insuficiente) tal como el grado de confiabilidad por parte de la comunidad científica --como en (O)-, sino en un criterio fácilmente aplicable, es decir: el hecho de que 10s conceptos estén definidos operativamentc:. La acepción (P) es bosquejada sintéticamente por McGinnis (1964, 309): <(Cualquier aserto en el que 10s conceptos resultan demasiado abstractos para ser controlados directamente se defie propiamente como un elemento de la teoria, más que como una hipótesis empírica.)> Ésta es implicita en ahaciones tales como <do que se somete a control no es la teoria, sino las proposiciones derivadas de la teoria)> (Galtung, 1967, 384; de forma análoga, Camilleri, 1962, 174; Eulau, 1969, 15; etc.). El introducir, como 10 hace McGinnis mis arriba, una ulterior distinción (teoria = sistema de asertos; hipótesis = aserto singular) constituye una contaminación superflua con otras acepciones (L, M, N). Y es inoportuna, en la situación epistemol6gica de las ciencias sociales, la última distinción introducida por Gibbs: <<Las hipótesis no forman parte de la teoria. Una teoria se refiere siempre a dos o más clases infinitas de acontecirnientos o cosas... las hipótesis, por el contrario, se refieren a un universo finito)> (1967, 81). Una teoria puede incluir, de hecho, conceptos muy generales y al mismo tiempo guardar un limitado ámbito de aplicaciones e:spacio-temporales, debido a la naturaleza de 10s conceptos cuestionados o a la intención explícita de quien haya formulado la teoria misma. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS P. Achinstein (1964): <ton the Meaning of Scienti6c Terms), en Journal of Philosophy, LX1 (sept.): 497-509.' L. Althusser y E. Balibar (1965): Lire le Capital. Paris: Maspéro. H. S. Becker (1940): <tConstructive Typology in the Social Science)), en Arnerican Sociological Review, V. 1 (feb.): 40-55. - y A. Boskoff (1957): Modern Sociological Theory in Continuity and Change. New York: Dryden. R. Bierstedt (1959): Nominal and Real Definitions in Sociological Theory, 12144, en L. Gross (ed.), Symposium on Sociological Theory. New York: Harper & Row. H. M. Blalock (1969): Theory Construction. From Verbal to Mathematical Formulations. Englewood Cliffs: Prentice-Hali. H. Blumer (1954): <(mat is Wrong with Social Theory?~, en American Sociological Review, XIX, 1 (feb.): 3-10. M. Boldrini (1965): Teoria della Statistica. Vol. I en AA.W., Teoria e metodi della statistica. Milano: Giuffrs. R. B. Braithwaite (1953): Scientific Explanation. A Study of the Function of Theory, Probability, and Law in Science. Cambridge: the University Press. M. Brodbeck (1959): Models, Meanings, and Theories, 373-403, en L. Gross (ed.), Symposium on Sociological Theory. New York: Harper & Row. S. F. CamiiIeri (1962): ctTheory, Probability, and Induction in Social Research),, en American Sociological Review, XXVII, 2 (abr.): 170-8. N. R. Campbell (1952): What Is Science? New York: Dover. - (1957): Foundation of Science. New York: Dover. R. Carnap (1928): Der logische Aufbau der Welt. Berlin: Weltkreis Verlag. - (1939): Foundations of Logic und Mathematics. Chicago: the University Press. - (1952): The Continuum of Inductive Methods. Chicngo: the University Press. A. V. Cicourel (1964): Method and Measurement in Sociology. New York: Free Press. M. R. Cohen y E. Nagel (1934): An Introductbrt to Logic and Scientific Method. New York: Harcourt. Teoria: una tipologia de sus significados J. S. Coleman (1964): Introduction to Mathr?matical Sociology. New York: Free Press. R. G. Cdingwood (1940): An Essay on Metaphysics. Oxford: Clarendon. P. Delattre (1981): Teoria/modello, 102-66 en AA.W., Enciclopedia. Torino: Einaudi, vol. XIV. J. E. Dougherty y R. L. Pfaltzgraff (1971): Cotztending Theories of Internationul Relations. Philadelphia: Lippincott. A. Dows (1957): An Economic Theory oj Democracy. New York: Harper. P. Duhem (1906): La théorie physique. Son objet et sa structure. Paris: Chevalier et Rivisre. E. Durkheim (1895): Les r?gles de la méthode sociologique. Paris: Alcan. - (1912): Les formes élémentaires de la vie religieuse. Le syst&me totémique en Australie. Paris: Alcan. Citas de la trad. ital. Milano: Comunit& 1963. H. Eulau (1961): Recent Developments in the Behavioral Study of Politics. San Francisco: the University Press. - (1969): Behavioralism in Political Science. New York: Atherton. P. K. Feyerabend (1962): Explanation, Reductzon, and Empiricism, PP. 28-91 en H. Feigl y G. Maxwell (eds.), Scientific Explanation, Space, and Time. Minneapolis: University of Minnesota Press. L. Fleck (1935): Entstehung und Entwicklung einer Wissenschaftlicher Tatsache. Basel: Benno Schwabe. J. Galtung (1967): Theory and Methods of Social Research. Oslo: Universitetsforlaget. F. H. George (1959): Models and Theories in Social Psychology, pp. 311-47 en L. Gross, Symposium on Sociological Theorji. New York: Harper. L. Geymonat (1960): Filosofia e fzlosofia della scienza. Milano: Feltrinelli. J. P. Gibbs (1967): ctIdentification of Statements in Theory Construction)>, em Sociology and Social Research, LII, 1 (oct.): 72-87. B. Giesen y M. Schmid (1976): Basale Soziologie: Wissenschafstheorie. Miim chen: Goldmann. Citas de la trad. ital. Bolalgna: il Mulino 1982. R. Harre (1965): Theories and Things. London: Sheed & Ward. C. G. Hempel (1945): Studies in the Logic of Confirmation, en ctMind~, LIV,. 1: 1-26 i 2: 97-121. - (1958): The Theoretician's Dilemma. A Study in the Logic of Theory Constraction, 37-98 en H. Feigl et al. (ed.), Concepts, Theories, aixtd the MindBody Problems. Minneapolis, IJniversity of hfinnesota Press. - (1965): Empiricist Criteria of Cognitive Significance: Problems and Changes, pp. 101-22 en C. G. Hempel, Aspects of Scientijic Explanation. New York: Free Press. - (1966): Philosophy of Natural Science. Englewood Cliffs: Prentice-Hall. Citas de la trad. ital. Bologna: i1 Mulino 1968. - (1970): On the 'Standard Conception' of Sczentific Theories, pp. 142-63 en AA.W. Minnesota Studies in the Philosophy of'science. Minneapolis: University of Minnesota Press, vol. IV. 1 .<(Papers)>: Revista de Sociologia J. F. W. Herschel (1830): A Preliminary Discourse on the Study of Natural Philosophy. London: Longman. R. T. Holt y J. M. Richardson (1970): Competing Paradigms in Comparative Politics, 21-71 en R. T. Holt y J. E. Turner (eds.), The Methodology of Comparative Research. New York: Free Press. C. G. Homans (1964): Contemporary Theory in Sociology, pp. 951-77 en R. E. L. Faris (ed.), Handbook of Modern Sociology, Chicago: Rand McNally. L. O. Kattsoff (1947): ctobservation and Interpretation in Science),, en Philosophical Review, LVI, 6 (nov.): 682-9. J. G. Kemeny (1959): A Philosopher Looks at Science. Princeton: Van Bostrand. Citas de la trad. ital. Milano: I1 Saggiatore, 1972. C. Kluckhohn y A. L. Kroeber (1952): Cultzrre. A Critical Review of Concepts and Definitions. New York: Vintage. S. Korner (1966): Experience and Theory. An Essay in the Philosophy of Science. London: Routledge & Kegan. I. Lakatos (1963-64): ctProofs and Refutation,, en British Journal for the Philosophy of Science, XIV: 1-25, 120-39, 221-43, 296-342. L. Laudan (1977): Progress and its Problems. Toward A Theory of Scientific Growth. London: Routledge & Kegan. Citas de la trad. ital. Roma: Armando 1979. J. Losee (1972): A Historical Introduction to the Philosophy of Science. Oxford: the University Press. A. Marradi (1980): Concetti e metodi nella ricerca sociale. Firenze: Giuntina. - (1980-81): <tMisurazione e scale: qualche riflessione e una proposta, en Quaderni di Sociologia, XXIX: 595-639. M. Masterman (1970): The Nature of a Paradigm, pp. 67-101 en I. Lakatos y A. Musgrave (eds.), Criticism and the Growth of Knowledge. Cambridge: the University Press. M. McGinnis (1964): Hypothess, pp. 309-10, en J. Gould y W. L. Kolb, A Dictionary of the Social Sciences. Glencoe: Free Press. E. J. Meehan (1965): The Theory and Method of Political Analysis. Homewood: Dorsey Press. - (1967): Contemporary Political Thought. A Critical Study. Homewood: Dorsey Press. E. Mokrzycki (1983): Philosophy of Science and Sociology. From the Methodological Doctrine to Research Practice. London: Routledge & Kegan. .M. J. Mulkay (1971): Functionalism, Exchange and Theoretical Stategy. London: Routledge & Kegan. E. Nagel (1961): The Structure of Science: Problems in the Logic of Scientific Explanation. New York: Harcourt. Citas de la trad. ital. Milano: Feltrinelli, 1968. 'S. Nowak (1976): Understanding and Prediction. Essays in the Methodology of Social and Behavioral Theories. Dordrescht: Reidel. A. Pasquinelli (1964): Nudvi principi di epistemologia. Milano: Feltrinelli. Citas de la edición 1971. Teoria: una tipologia de sus significados T. Parsons (1949): Essays in Sociological Theory: Pure and Applied. Glencoe: Free Press. - y E. A. Shils (1951): Toward a General Theory of Action. Theoretical Foundations for the Social Sciences. Cambridge Harvard Universty Press. - et al. (1961): Theories of Society. Fouedations of Modern Sociological Theory. New York: Free Press. R. Pawson (1980): <(Empiricist Measurement Stategiew, en Quanlity and Quantity, XIV, 5 (oct.): 651-78. C. S. Peirce (1902): Theory, en J. M. Baldwiri (ed.), Dictionary of Philosophy and Psychology. Gloucester: Smith. D. L. Phillips (1977): Wittgenstezn and Sczentrfic Knowledge. A Sociological Perspective. London: MacMillan 1977. Citas de la trad. ital. Bologna: i1 Mulino 1982. K. R. Popper (1934): Logik der Forschung. Wien: Springer. G. Radnitzky (1968): Contemporary Schools of Metascience. Goteborg: Akademiforlaget. Citas de la edición 1970. - (1979): lustifying a Theory us. Giving Gootl Reasons Jor Preferring a Theory, pp. 213-56, en G. Radnitzky y G. Andiersson (eds.), The Structtlre and Development of Science. Dordrecht: Reidel. F. P. Ramsey (1931): The Foundations of Malthematics. New York: Harcourt. A. Rapoport (1959):- Uses and Limitations of Mathematical Models in Social Science, pp. 348-72 en L. Gross (eds.), Symposium on Sociological Theory. New York: Harper. P. D. Reynolds (1971): A Primer in Theory Construction. Indianapolis: BobbsMerrill. M. Rokeach (1968): The Nature of Attitudes, pp. 449-58 en International Encyclopedia of the Social Sciences. New York: MacMillan, vol. I. R. S. Rudner (1966): Philosophy of Social Science. Englewood Cliffs: PrenticeHall. Citas de la trad. ital. Bologna: i1 Mulino 1968. A. Ryan (1970): The Philosophy of the Social .$ciences. London: MacMiUan. G. Ryle (1949): The Concept of Mind. London: Hutchinson. - (1954): Dilemmas. Cambridge: the University Press. G. Sartori (1957): Democrazia e definizoni. Bologna: i1 Mulino. - (1971): <(La politica comparata: premesse e problemb, en Rivista Italiana di Scienza Politica, I, 1 (abril): 7-66. M. Schlick (1931): <tDie Kausalitat in der gegenwartigen Physikn, en Die Naturwissenschaften, XIX: 145-62. - (1932): ccPositivismus und Realismus,, en Erkenntnisn, 111, 1: 1-31. A. Shütz (1945): <(On Multiple Realities*, en P,bilosophy and Phenomenological Research, V (junio): 533-75. M. E. Shaw y P. R. Costanzo (1972): Theories c~f Social Psychology. New York: McGraw-Hill. 6. Statera (1967): Logica linguaggio e sociologia. Studio su Otto Neurath e i1 neopositzvismo. Torino: Taylor. ccPapers>>: Revista de Sociologia - (1982): Metodologia e tecniche della ricerca sociale. Una introduzione sistematica. Palermo: PaIumbo. A. Stinchcombe (1968): Constructing Social Theories. New York: Harcourt. D. Thomas (1979): Naturalism and Social Science. Cambridge: The Universty Press. Citas de la trad. ital. Bologna: i1 Mulino 1982. N. S. Timasheff (1955): Sociological Theory. Its Nature and Growth. New York: Doubleday. S. E. Toulmin (1953): The Philosophy of Science: An Introduction. London: Hutchinson. Citas de la ed. 1969. S. A. Tyler (1969): Cognitive Anthropology. New York: Holt. S. S. Hulmer (1961): Introductory Readings in Political Behavior. Chicago: Rand-McNally . I. Vallier (1972): Empirical Comparisons of Social Structure: Leads and Lags, pp. 203-63 en L. Vallier, Comparative Methods in Sociology. Berkeley: University of California Press. W. Whewell (1840): The Philosophy of the Inductive Sciences. London: Parker. L. Wittgenstein (1922): Tractatus logico-philosophicus. London: Kegan. H. L. Zetterberg (1954): On Theory and Verification in Sociology. Totowa: Bedminster Press.