La trascendencia teórica de la sociología de la música : el caso de Max Weber
Abstract
Rodríguez Morató, Arturo
Full text
LA TRASCENDENCIA TEORICA DE LA SOCIOLOGfA DE LA MUSICA. EL CASO DE MAX WEBER Arturo Rodríguez Morat6 A mediados de 10s años sesenta, y a ambos lados del Atlántico, la crisis de la sociologia del conocimiento se diagnosticaba en términos similares. Dos libros aparecidos casi al mismo tiempo -Les cadres sociaux de la connaissance, de Georges Gurvitch (en 1966) y The Social Construction of Reality, de Peter Berger y Thomas Luckmann (en 1967)- coincidian en señalar como una de las razones fundamentales de la parálisis en que se encontraba la disciplina, la contaminación afilosófica)> que padecia desde su origen. Para explicarlo, en un agudo dictamen sobre la situación que habia propiciado su aparición y arraigo en la Alemania de 10s años veinte, . Berger y Luckmann hablaban del icvértigo de la relatividad)> que sentian 10s intelectuales germanos, agobiados por el {(enorme conglomerado de erudición histórica), acumulado a 10 largo del siglo anterior, y apremiados. por las solicitaciones simultáneas del materialismo marxista, el antiidealismo nietzschiano y el relativismo historicista. La sociologia del conocimiento en manos de Scheler habia sido -decfanun arma concebida para superar el escollo del relativisrno,' un trámite iilosófico y no una disciplina positiva, Posteriormente, en la obra de Mannheim --el clásico indiscutible-, es la critica de la ideologia de raíz marxista la que se convierte en escollo, mientras que el modo de superar10 resulta más afin al 1. <<Si quisiéramos describir gráficamente el método de Scheler, diríamos que es arrojar una tajada al dragón de la relatividad, pero s610 para poder penetrar mejor en el castiiio de la certidumbre ontológicaa (Berger y Luckmann, 1968, p. 22).
<(Papers)>: Revista de Sociologia historicismo. El <trelacionismo)> que postula Mannheim, sin embargo, su confianza en la neutralidad ideológica de la freischwebende Inte22igenz, asi como su exclusión de las ciencias naturales del campo de 10 determinado socialmente, atestiguan también de su interés por encontrar un <<centro firme)> para la sustentación del conocimiento. De esta manera, la disciplina que en Scheler se habia concebido como mero expediente neutralizador del relativismo, al plantear tan sólo una función reguladora de 10s Realfaktoren respecto a 10s Idealfaktoren, y mantener asi la carga de la prueba de verdad en el lado de la epistemologia filodfica, se arrogaba con Mannheim la tarea de la depuración ideológica del saber, es decir, la tarea epistemológica rni~ma.~ Frente a estas pretensiones, tanto Bergcr y Luckmann como Gurvitch, reaccionan unánimemente. En ambos casos se apela al carácter empíric0 de la disciplina sociológica, y también en ambos se aboga por una ordenada división de tareas (Gurvitch habla de <tcolaboración leal,) en la que a la sociologia del conocimiento le corresponderia la función de <(alimentar>> con problemas a la íilosofía (la expresión es de Berger y L~ckmann).~ Por 10 demás, otro gran problema detectado en la tradición <tclásica)> de la sociologia del conocimiento -si bien es registrado con acentos diversos en 10s dos libros que comentamoses la restricción del análisis al ámbito de la historia de las ideas, cosa que dejaba fuera del punto de mira al entero continente del conocimiento no teórico. La nueva propuesta es pues abarcar <<todo 10 que se considere "conocimiento" en la sociedad>> (Berger y Luckmann)? 2. En este sentido. Lieber ha hablado de una conce~ción ctmoderada)> v una concepción eradical, de la sociología del conoumiento (citado por Berger y iuckmann, 1968, D. 25). 3: - ver 'en este sentido: Berger y Luckmann, 1968, p. 29 y Gurvitch, 1969, pp. 1920 y 27-28. 4. Tanto Gurvitch como Berger y Luckmann proponen este marco globalizador para la disciplina. En el caso de estos úitimos eiio es bien conocido y no precisa comentario, pero en el de Gurvitch merece la pena que reproduzcamos sus afirmaciones al respecto: <(La sociologia del conocimiento debe, en primer termino, concentrar sus esfuerzos en las clases de conocimiento mis profundamente implicados en la realidad social y en el engranaje de sus estructuras, como: el conocimiento perceptiuo del mundo exterior, el conocimiento del otro, el conocimiento politico, el conocimiento técnico, el conocimiento del sentido común por fin. Ahí estan 10s terrenos donde pueden llevarse mis lejos la búsqueda y las encuestas empíricas. Por otra parte, son estas encuestas como investigaciones históticas concretas 10 que le hace falta particularnente en este momento a la sociología del conocimiento)> (Gurvitch, 1969, p. 22). Como puede verse, el ámbito que se designa como propio de la disciplina coincide plenamente, las propiedades también. El hecho de que Gurvitch no perciba este marco
La trascendencia teórica de la sociología de la música Hasta aquí el camino paralelo de uno y otro trabajo. Es preciso, sin embargo, constatar que la ccredefiniciÓn)> de la disciplina establecida en ambos -naturaleza empfrica y alcance universalprodujo resultados bien diferentes, y es notori0 también que la repercusión ha sido muy dispar. Las causas de ello no resultan difíciles de hallar, pues mientras en el libro de Gurvitch la tarea se concibe como un mero <testablecimiento de correlaciones funcionales, de regularidades tendenciales y de integraciones directas en 10s marcos sociales)> (Gurvitch, 1969, p. 20), en el caso de Berger y Luckmann nos encontramos ante un ctrazonamiento teórico sistemáticos, fruto de una síntesis creativa más ambiciosa. Ahora bien, ~cuál ha sido el destino de la sociologia del conocimiento veinte años más tarde? Pues para empezar, ha tenido lugar una cierta recomposición del mapa disciplinar, por la cua1 la sociologia del canocimiento ha tendido a fundirse, o más bien a incluirse, dentro del ámbito de una sociologia de la cultura cada vez más autoconsciente. El creciente interés en campos como 10s medios de comunicación, la ciencia, las artes o la educación, asi como el fluido intercambio de metodologias, y la atención recíproca, han acabado por encajonar y diluir a la vieja sociologia del conocimiento en esta nueva configuración. Y decimos configuración, que no síntesis, porque la masiva orientación hacia el trabajo empírica, y la consiguiente escasez de articulación teórica, han producido una atomización creciente, 10 que viene a suponer una paradójica reencarnación del programa ctclásico~> de la sociología del conocimiento. En efecto, el auge de 10s estudios concretos se ha registrado preferentemente en 10s ámbitos del saber especializado, en contra de 10 que cabia esperar, mientras que la perspectiva y 10s métodos utilizados han sido a menudo 10s del construccionismo y la etnometodologia. Ya en 1976, Richard Peterson, al hacer balance de la situación, contrastaba la <tlanguidez)> de la teoria sociológica con la <tproductividad>> de la investigación empírica, y abogaba lisa y llanamente por {tdejar de atender al marco global de la cultura habitual, para centrarse en 10s procesos a través de 10s cuales 10s elementos de la cultura son fabricados en aquellos ámbitos en donde la producción de sistemas de símbolos es, de una forma más autoconsciente, el centro de la actividad)> (Peterson, 1976, p. 672). La <tprduction perspective>> -nombre que dio a su propuestahabria de prescindir de toda consideración sobre el valor de 10s signos culturales. Asi seria capaz de establecer puntos comunes entre 10s diversos procesos de producción de simcomo una innovación revolucionaria respecto a la tradición anterior obedece simplemente a que incluye en ésta las concepciones de Durkheim sobre la conciencia colectiva, y sobre todo 10s trabajos de Lévy-Bruhl sobre la ctmentalidad primitiva*.
<<Papers>>: Revista de Sociologia bolos, y hasta de <<ediíicar la sociologia general inductivamente, sobre una sólida base empirican (ibid., p. 669). Tan s610 tres años más tarde, sin embargo, y en una consideración más realista de las diversas tendencias disciplinares, el mismo Peterson habría de admitir que <(cada perspectiva ha obtenido brillantes resultados en 10s estudios de alcance limitado, peto ninguna ha forjado un paradigma convincente de las relaciones generales entre cdtura y sociedad)> (Peterson, 1979, p. 160). Por otro lado, y en medio de esta atomización vertiginosa, tiene lugar también un sorprendente revizral de aquella venerable oposición entre las concepciones <(moderada)> y <<radical)> de la sociologia del conocimiento, ahora reeditadas en forma de disyuntiva entre <texpIicación~> (problemática de las <<condiciones socialesn) y <tcomprensiÓn)> (problemática del <(contenido)>).' El reto que supone su superación constituye sin duda el objetivo más urgente y actual para la disciplina, que en el momento presente, aun sin vislumbrar con claridad el modo de alcanzarlo, parece apostar por la reintegración de la dimensión histórica como una via de s~lución.~ Por último, otro rasgo que contribuye a afirmar el inesperado remake del programa <<clásico)> del que venimos hablando, es el hecho de que, en su desarrollo, un Brea especifica de la disciplina -la sociología de la cienciaha llegado a situarse en el centro de un renovado debate sobre el relativismo y la ra~ionalidad.~ No pudiendo en este contexto eludir la reflexividad, la sociologia de la ciencia ha acabado por abordar la problemática metodológica, epistemológica y ética, convirtiéndose así en un punto estratégico para la elaboración teórica mis general.' La conclusión que finalmente puede sacarse, a la vista de estas tenden5. Esta dicotomia se le hace evidente al mismo Peterson cuando, moderado el ingenu0 inductivismo que caracterizaba a su articulo del 76, en donde pareda creerla superada, la establece como una de las conclusiones del otro posterior (op. cit., p. 160). Por su parte, Henrika Kuklick, en un articulo de 1983, en que también traza una panorámica, la toma como eje central de su discurso. Como también 10 hace Jean-Claude Chamboredon, a su modo, en un articulo reciente (Chamboredon, 1986). Sobre el contenido y origen de estos términos ver mis adelante, nota 13. 6. Esa es la opción que por ejemplo preconizan Kuklick y Chamboredon en 10s artículos citados. 7. El exponente más significativo de do es un articulo de Barry Barnes y David Bloor (Barnes y Bloor, 1982), a cuyo derredor ha venido a converger en Gran Btetaiia el debate sobre la racionalidad. Este debate tom6 carta de naturaleza en 1970 con la publicación por parte de Bryan R. Wilson de una antologia de textos (Wilson, 1970), que arrancaba de unos fragmentos de la conocida obra de Winch, The Idea of a Social Scdence and its Relation to Philosophy (Winch, 1972), y agtupaba artículos de antropólogos, íilósofos y sociólogos. Véase al respecto Outhwaite, 1985. 8. Las trayectorias intelectuales de sociólogos de la ciencia como Knorr-Cetina, Barnes, Mulkay o Latour ofrecen buena prueba de ello.
La trascendencia teórica de la sociología de la música cias paradójicas de la última sociologia del conocimiento, es que la innegable trascendencia que tuvo en su dia el programa ~~construccionista~~ fue fruto no tanto de la ampliación horizontal de su campo de aplicación a todos 10s saberes, pues el trabajo citado de Gurvitch, aplicándose a la misma <textensión,>, no llegó a alcanzar en absolut0 el mismo nivel de relevancia, sino de la profundidad teórica misma a la que se planteó el problema del conocimiento? En ese nivel, por otra parte, ni 10s problemas epistemológicos, ni siquiera 10s de la praxis, pueden ser soslayados a la larga, y eso también se desprende de la imprevista rehabilitación del <(programa clásico~. Por Último, el episodio ofrece otra elíptica enseñanza, directamente aplicable en este caso a la sociologia de la cultura. Es ésta: del brete en que se halla -su escisión entre un programa interpretativa y otro explicativono podrá salir con meras maniobras empíricas, sean éstas el establecimiento de correlaciones y comparaciones, o la agregación de la perspectiva histórica. La superación de esta disyuntiva tendrá que consistir en una recomposición teórica más profunda,'O y esta se vería seguramente favorecida por una mayor sensibilidad respecto a la trascendencia sociológica mis general. El presente articulo se plantea como una modesta contribución en este sentido. LA SOCIOLOGIA DE LA MOSICA Y LA TEORIA SOCIOLOGICA. <dFIlVIDADES ELECTIVASx, Por motivos diversos, pero que secretamente apuntan a una misma transcendencia antropológica de la esfera musical, la larga y polémica tradición socio-musicológica ofrece posibilidades insospechadas de contrastación con la teoria sociológica. Vistos en perspectiva histórica, 10s diversos enfoques de la sociologia de la música atraviesan una y otra vez el curso fundamental de aquella. De una parte, y de forma rnás o menos fugaz o marginal, 10s temas socio-musicológicos aparecen en 10s escritos de un buen número de clásicos de la teoria social (Spencer, Simmel, Dilthey, Weber, Michels, Sorokin, Schutz, Uvi-Strauss)." En el caso de Adorno llegan a 9. En el caso de la sociología de la ciencia, por ejemplo, aun siendo el suyo un ámbito de saber especializado, se alcanzan también 10s fundamentos de la teoría social; y eíio en virtud de un radicdismo semejante. 10. Nótese que 10 que aquí se afirma no es que la solución tenga que venir por esa via, sino que habrá de suponer una reestructuraci6n te6rica. 11. De estos trabajos ctclásicosn que se citan se encontrar6 referencia en la bibliografia induida al íind del volumen.
ccpapers~: Revista de Sociologia constituir el núcleo más intimo de su obra. Y por 10 demás, son también numerosos 10s estudios que inspiran o fecundan las principales corrientes sociolÓgicas. Desde el Arbeit und Rhythmus de Karl Bücher, que encontraria eco en el materialismo dialéctico de Lukács, o la estética sociológica de Charles Lalo, desarrollada en el marco del paradigma durkheimiano, al empirisme defendido por Silbermann. El impacto profundo de1 reorientamiento de la filosofia social en 10s últimos veinte años (el <(giro lingiiistico)> de la filosofia analítica, la fenomenologia, la hermenéutica), y el consiguiente auge de las sociologias <tinterpretativasn y de 10s métodos cualitativos (interaccionismo simbólico, etnometodología, sociologia cognitiva, etc.) encuentra por Último una cumplida expresión, por 10 que hace al ámbito musical, en 10s Cultural Stadies británicos, en la antropologia de John Blacking, o en las cuidadosas descripciones de David Sudnow. Todos estos trabajos, asi como otros muchos que pudieran citarse, constituyen articulaciones altamente significativas de la teoria sociológica. Y el10 no tanto por su peso especifico dentro del total de la disciplina, que aunque creciente resulta lógicamente muy limitado, ni siquiera porque se les suponga un autentico valor paradigmático. La significación teórica que aquí se les atribuye procede más bien del hecho de que en su seno se libran batallas estratégicamente fundamentales para la definición de la sociologia en su conjunto. Utilizando el lenpaje de la filosofia de la ciencia, niriamos que si bien no han desempeñado el papel de eejemplaresn (Kuhn, 1975), si se han situado a menudo en las fronteras de 10s diversos <(programas de investigaciÓn)> sociológicos (Lakatos, 1983). Así, por ejemplo, 10s estudios sobre la dinámica de la música popular l2 han resultado un terreno propicio para el desarrollo de las <(heuristicas positivas)>, tanto de 10s programas aexplicativos>> como de 10s ctinterpretati~osn,'~ y han servido 12. No parece necesario ni conveniente en este punto abordar la peliaguda cuestión terminológica sobre la deíinición y partición de la escena musical contemporánea. Se trata sin duda de una polémica cargada de implicaciones teóricas y extensible en mayor O menor grado a todas las esferas artísticas. Sobre elia 10s propios <(actores* establecen la definición de sus actividades y la legitimidad de sus pretensiones, como ha explicado briilantemente Howard Becker (Becker, 1982). En el caso que nos ocupa, sin embargo, bastard evocar, siempre dentro del marco etoccidental*, 10 que constituye la barrera mis nítida y pluridimensional: aquda que separa el mundo musical procedente de la uadición ccclásica~ de 10s demás sectores. A este inmenso y variopinto aresto* es a 10 que aquí genéricamente designamos como ecmúsica popular,. 13. Estos térrninos refieren a la secular dicotomfa teórica que, al menos desde la Methodenstreit alemana, opone 10s programas de corte ctnaturalista~ a 10s que, afines a la tradici6n humanística, aspiran a una c(comprensi6n~ irreductible de la dinámica social, basada en la actividad intencional de 10s actores. Ejemplificaciones de esta alternativa podrían ser, por 10 que hace al mundo del jazz, la estrategia ctexplicativas
La trascendencia teórica de la sociología de la música igualmente como ámbito para su confrontación y <cc~ntrastación~>.'~ Alin más importante que esta frecuente posición de avanzadilla metodológica que han ocupado 10s estudios de sociologia de la música, es la profundidad conceptual a la que éstos se relacionan con 10s fundamentos ontológicos de la disciplina. En el ámbito de la filosofia de la ciencia, el tratamiento de estas cuestiones conceptuales ha sido escaso. Laudan (1986), por ejemplo, basa en esta carencia una de sus principales criticas a 10s modelos desarrollados por Kuhn (1975, 1977) y por Lakatos (1983). Su teoria al respecto resulta sin duda más compleja y matizada que la de estos autores, y de ella nos semiremos para poner de manifiesto el orden de significación en el que se inscriben 10s planteamientos de la sociologia de la música. El concepto acuñado por Laudan como alternativa al de <tmatriz disciplinar)> (Kuhn) o al de <(programa de investigaciónu (Lakatos) es el de <ctradiciÓn de investigación*: <(Una tradición de investigación es un conjunt0 de supuestos generales acerca de las entidades y procesos de un ámbito de estudio, y acerca de 10s métodos apropiados para investigar 10s problemas y construir las teorías de ese dominio)> (pág. 116). Los elementos que se incluirán dentro de tal formulación serán, de un lado, las teorias especificas que ejemplifican la tradición y que la constituyen parcialmente, y de otro, compromisos metafísicos y metodológicos diversos. La reconstrucción de la dinámica cientííica que a partir de aquí se propone tendrá como objetivo restituir la densidad de las relaciones entre teorías y tradiciones de investigación, así como reivindicar el papel crucial que desempeñan 10s <(problemas conceptualess. En cuanto a 10 primero, Laudan nos hablará de toda una serie de funciones o <tirduencias de la tradición de investigación sobre sus teorías constructivas)>: la delimitación del dominio de aplicación, en primer lugar, estableciendo el marco ontológico y señalando la metodologia adecuada, la generación de problemas conceptuales de articulación, y en un sentido rnás positivo, la funcjón heurística (aporte de <(indicios)> y <ctácticas)> para la construcción de teorias) y la función legitimadora. Por otra parte, a 10s problemas conceptuales se les asignará un lugar preeminente en el esquema ls y serán objeto de Richard Peterson, frente al planteamiento acomprensivo~> de Howard Becker (Becker, 1971; Peterson, 1972). 14. Siguiendo con el ejemplo del jazz, puede citarse.en este sentido el trabajo de Lars Bjorn (1981). 15. oUn problema conceptual será, en general, mis grave que una anomalia em-
m <(Papers)>: Revista de Sociologia de una minuciosa clasificación. Se distinguirá así, en primer lugar, entre 10 que son problemas <<internos)> a la teoria -10s de consistencia, ambigiiedad o circularidad conceptualy 10s que son <(externos>> a ella. Estos últimos han sido a menudo 10s más trascendentales en la historia de la ciencia, y son también 10s que más nos interesan aquí. Respecto a ellos, dice Laudan: <<Hay al menos tres clases diferentes de dificultades que pueden generar problemas conceptuales externos: 1) casos en 10s que dos teorias cientificas de diferentes dominios están en tensión; 2) casos en 10s que una teoria cientifica está en conflicto con las teorias metodológicas de la comunidad cientifica relevante; y 3) casos en 10s que una teoria cientifica está en conflicto con algún componente de la visión del mundo dominante, (p. 88. Subrayados del autor). Puede verse asi cómo 10s problemas conceptuales de una teoria pueden alcanzar el meollo de la tradición de investigacidn a la que pertenece, alterar el ecosistema en el que esta se basa, e incluso resituarla dentro del contexto mis amplio del sistema de las ciencias o de la cultura en general. El modelo asi establecido permitirá ahora volver sobre nuestro caso -la sociologia de la música-, y tratar de aclarar las razones que justifican la trascendencia teórica que venimos atrib~~éndole. Tres son 10s sentidos en que puede decirse que las problemáticas conceptuales que han ocupado a la sociologia de la música a 10 largo de su historia tienen una importancia estratégica para la teoria sociológica en su conjunto. Por una parte, en cuanto estas problemáticas inciden en 10s compromisos metafisicos más profundos de las tradiciones de investigación en que se inscriben: 10s supuestos sobre las nociones de <tacciÓn)>, de <tcomunicaciÓn)> y de <torden>>. En segundo lugar, porque constituyen un punto de encuentro y de colisión para 10s tres dominios de la tripartición cientifica tradicional: ciencias naturales (acústica, ciencias cognitivas) / ciencias humanas (musicologia, estética) / ciencias sociales (sociologia, etnología). Y de hecho esta es la razón por la que en este ámbito se suscita tan a menudo el duelo secular entre las tradiciones explicativas y comprensivas, y se pirica), (p. 98. Subrayado del autor). Por supuesto, al hablar de anomalia empirica, Laudan no cae en la ingenuidad de suponer un lenguaje observacional ateórico. La diferencia pues entre problema empirico y problema conceptual es rnás bien una distancia. En la medida en que las teorías establecen jerarquías de generalizaciones, se establece tambi6n una escala continua desde 10 que se define como dado -10 concretohasta 10 mis abstracto, con 10 que la dicotomia entre problemas empiricos y conceptuales no es más que un artifici0 teórico, útil sin embargo. 16
La trascendencia teórica de la sociologia de la música reproducen con encarnizamiento sus mis antiguas querelles: la disputa sobre la posibilidad de un programa naturalista para las ciencias sociales, la cuestión de la naturaleza y alcance de la teoria o la cuestión de 10s universales. Por Último, 10s problemas conceptuales que aborda la sociologia de la música también alcanzan a la visión del mundo dominante, pues afectan a la escisión de las esferas de valor entre ética, estética y ciencia -piedra angular de la moderna Weltanschauung. Por esta via se inscriben en la polémica central de nuestra época: la alternativa racionalidadlrelativismo. Ahora bien, 10 dicho hasta ahora no pasa de ser un mero esquema interpretativo, del que de alguna manera habrá que dar razón seguidamente. Los modos para el10 podrían ser diversos. Una forma, por ejemplo, seda desarrollar una teoria sociológica de la música capaz de expresarse en 10s registros postulados. Otra seria quizá trazar un completo panorama histórico de la disciplina, procurando situar10 en la perspectiva adecuada. Ni una ni otra, sin embargo, están aquí a nuestro alcance, con 10 que habremos de conformarnos tan s610 con evocar ciertos temas <cclave)> racionalización, ideologia, comunicacióna través de una obra particularmente sugerente: la de Max Weber. MAX WEBER Y LA SOCIOLOGfA DE LA MUSICA La figura de Max Weber ocupa en la historia de la sociologia un lugar privilegiado a la vez que inestable. Su talla indiscutible, la amplitud y profundidad de sus investigaciones substantivas, asi como la perspicacia de sus escritos metodológicos, le acreditan como el <tclásico)> por antonomasia. Su influencia en la historia posterior de la disciplina ha sido enorme, hasta el punto de que un ejército de exégetas de su obra se ha ido pasando el testigo de generación en generación desde el mismo momenta de su muerte. Sus trabajos han servido de inspiración en 10s más diversos campos y constituyen una referencia permanente en las disputas teóricas o metodológicas. Se ha llegado incluso a declarar que <(la "sociologia weberiana" se confunde en Último termino con la sociologia mismal> (Alexander, 1983, p. 130). Pero al tiempo que se coincide en señalar la tremenda influencia de su obra, también se ha constatado a menudo la ausencia de una verdadera cescuela weberiana)> (Andreski, 1984, p. 4). Y es que, de hecho, a Weber se le ha criticado o reivindicado desde casi todas las posiciones (Alexander, 1983, pp. 1-2). Su metodologia ha sido vista como hermenéutica por unos (Howe, 1978) y como positivista por otros (Runciman, 1972),
<<Papers)>: Revista de Sociologia que acabamos de referirnos, ésta ha venido marcada por una inesperada interpretación: la evolucionista. Se estaba acostumbrado, en efecto, a ver en Max Weber a un critico furibund0 de 10s planteamientos evolucionistas, a 10s que tildaba de filosofia de la historia. Ha resultado por ell0 sorprendente una reinterpretación y recuperación de su obra en este sentido. Primero fue Parsons, en la deriva evolucionista de su última etapa." Pero sobre todo Tenbruck (1980), el cua1 postula que en la sociologia de la religión, y en particular en el <(problema de la teodicea)>, está contenido un programa evolucionista que articula el curso profundo de la racionalización, constituyendo el núcleo fundamental de toda la obra weberiana: <El descubrimiento importante de Weber (...) estriba en el reconocimiento de que la racionalización, a pesar de toda su fragilidad histórica, nació de la compulsión de una lógica inherente, localizada en el impulso irresistible hacia la racionalización de las ideas religiosas. Así pues, el proceso de la racionalización es en esencia un proceso de desencantamiento histórico-religioso, y las etapas y 10s momentos en la historia de la racionalización derivan su unidad de 10s procesos de desencantamiento. El descubrimiento de Weber no fue la identificación de 10s sucesos separados sino el de una lógica, el impulso interno que estaba detrás de toda la secuencia)> (p. 320). Esta lectura evolucionista de la obra weberiana, aun presentando algunas graves deficiencias, de las que hablaremos más tarde, ha tenido al menos la virtualidad de situar a Weber en el centro del debate teórico contemporáneo. Por un lado, haciendo su obra relevante frente al auge del funcionalismo dinámico (Luhman) o la new history marxista (Anderson, Wallerstein). Por otro, favoreciendo su <~reconstrucciÓn)> en clave neosistemática (Schluchter). Y por último, llarnando la atención sobre 10s presupuestos teóricos, a la búsqueda de una unidad temática -la racionalidad, para Tenbruck-, y coníiriendo así un papel destacado a Weber en medio de la polémica actual sobre este tema.29 28. Schluchter da la referencia de su introducción a Weber, The Sociology of Religion (Boston, Beacon Press, 1963). 29. Cabe destacar, entre otras contribuciones sobre el tema de la racionalidad en Weber, las de Kalberg (1980), Levine (1981), Brubaker (1984), y sobte todo Habermas (1984). Un antecedente notable fue el trabajo de Karl Loewith, 1932: aMax Weber und Karl Mam>>, publicado luego con pequeñas variaciones bajo el titulo ccweber's Interpretation of the Guiding Principle of Rationalization~ (en Wrong, 1970).
La trascendencia teórica de la sociologia de la música El modelo de interpretación de la obra de Weber que aqui se adopta, se explicita en una serie de puntos, comentados seguidamente: 1. A partir de ciertas premisas epistemológicas básicas, la problemática metodológica weberiana tiene un carácter subsidiari0 respecto a la investigación substantiva y sufre zlna sutil transformación a 10 largo de su obra. La primera actitud epistemológica, si asi puede llamarse, que fundamenta toda la obra de Weber, es el decidido rechazo de todo determinismo, sea éste económico o ecdógico, y el consiguiente interés en superar la dicotomia entre ideas e intereses como motores de la historia. Coinciden en ell0 todos sus interpretes. Desde sus primeros trabajos sobre la contradictoria sociedad alemana de su tiempo, esa orientación estará permanente y explícitamente presente a 10 largo de toda su obra.30 Otra constante será su visión individualista de la acción. La concepción de la acción social y la relación social en esos términos ser6 determinante en la elección de sus primeros útiles metodolÓgicos,3' y se hará programática en el capitulo inicial de Economia y Sociedad. También, la radical distinción entre hecho y valor es otra de sus más profundas convicciones. Y rnás allá, la igualmente estricta separación entre 10s juicios de valor y 10s juicios cognoscitivos. De aqui derivar4 precisamente su conocida tesis sobre la <tneutralidad valorativan de las ciencias sociales, así como su concepción de la ciencia como algo básicamente ligado a la estimación de la adecuación entre <(medios)> y <(fines)>. Para Weber, esto no quiere decir, sin embargo, que no existan relaciones entre ambas esferas. Por el contrario, éstas pueden ser fructiferas y hasta necesarias; por ejemplo, en la orientación interesada del historiador. Pero en cualquier caso, nunca podrán consistir en transferencias de validez. A este respecto, las esferas de valor se presentan como com30. Sobre 10s primeros trabajos, véanse las opiniones de Bendix (en Bendix, 1970, pp. 47 y 61). En cuanto a la crítica weberiana del economicismo marxista, y en general, de todo evolucionismo, son interesantes 10s análisis y citas aportados por Roth (en Bendix y Roth, 1971, caps. XII y XIII). 31. Nos referimos particularmente a la apropiación de la doctrina jurídica de la ctcausación adecuada~. Ello pone de manifiesto, al decir de Turner y Factor, que ctweber ve el contexto de la explicación histórica como esencialmente similar al de la determinaci6n de las consecuencias buscadas y no buscadas en 10s tribunales* (Turner y Factor, 1981, p. 15). Véase también Runciman (1972, pp. 25-31) sobre las diferencia~ con respecto a Durkheim.
ccPapersn: Revista de Sociologia partimentos estancos, y como tales, en el proceso histórico de su institucionalización, serán fuente de tensiones. Por este lado también, la concepción weberiana de 10s valores se cuela en la investigación substantiva." Estas tres premisas epistemológicas impregnan toda la obra metodológica de Weber y acompañan su evolución. El primer objetivo constatable en esos escritos es la búsqueda de criterios para establecer la meutralidad valorativa)> de las ciencias sociales más all6 de la plémica entre psitivismo e historicismo. Para ello, Weber adopta en principio la teoria de la formación de conceptos neokantiana, en la versión de Riclrert, pero prescindiendo de la formulación trascendental de 10s valores c~lturales.~~ La relatividad que asi se introduce en su planteamiento provoca <(la necesidad de una guia metodológica que esté fuera de la conexión fundamental de la teoria trascendental de Rickert y que le garantice la demostrabilidad y controlabilidad -esto es, la "0bjetividad"- de sus realizaciones>> (Garcia Blanco, en Weber, 1985, p. XXI). En busca de esa guia acude entonces a la teoria de la <cposibilidad objetiva% y a la doctrina jurídica de la <(causa adecuada)>. Pretende con ello asegurarse de la objetividad del mecanisme de la causación, y de hecho en sus primeros ensayos metodológicos (19031907) Weber da la impresión de creerse poseedor de una <ctécnicaa segura de contrastación? Sin embargo, la necesaria abstracción que supone la elaboración de conceptos históricos, y su irreductible {tarbitrariedad),, devalúan irremisiblemente la importancia de esa dimensión técnica de explicación, cosa que acabará por reflejarse en sus escritos posteriores, en donde la teoria de la adecuación causal desaparece y la Verstehen pasa a desempeñar un nuevo y más importante papel. En esos escritos, como señalan Turner y Factor, <(la "adecuación causal" es un criteri0 que resulta formalmente equivalente a la adecuación en el nivel del significado)>, o, podriamos decir, a la ctadecuación descriptiva (entendiéndose que las descripciones 10 son de actos intencionales))> (Turner y Factor, 1981, p. 21). La Sinnadaquanz provee de una descripción concreta, que además indica ya una dirección causal. <(Una interpretación causal correcta de una acción concreta significa -dir& Weberque el desarrollo extern0 y el motivo han sido conocidos de un modo certero y al mismo tiempo comprendidos en su 32. 33. ción de 34. Ver Schluchter, 1981, cap. 111. Schluchter llama la atención sobre la influencia que pudo tener en la adopesta estrategia el ejemplo de Emil Lask (Schluchter, 1981, pp. 13-15). Sobre este punto véase el excelente articulo de Turner y Factor (1981), sobre el que aquí nos basamos en 10 esencial. La única salvedad que puede hacérsele se refiere a su estricta limitación al terreno lógico-metodológico. La autonomia con que Cste se plantea limita de forma decisiva la explicación de las transformaciones metodoIóicas.
La ttascendencia teórica de la sociologia de la música conexión. Una interpretación causal correcta de una acción tipica (tipo de acción comprensible) significa: que el acaecer considerado tipico se ofrece con adecuación de sentido (en algún grado) y puede también ser comprobado como causalmente adecuado (en algún grado))> (Weber, 1969, p. 11). Pese a la aparente persistencia terminológica, la adecuación causal ya no será aquí la misma, pues ocupa un lugar diferente en el esquema de la explicación. Ahora es la adecuación de sentido la que selecciona entre las psibles abstracciones que configuran 10s tipos, mientras que la adecuación causal se limita a desempeñar una función residual; casi retórica, ya que el papel meramente falsador que se le asigna se ve incluso minimizado de 1 diversos modos: por un lado, porque el umbra1 de prueba es además de vago escasamente di~criminador,3~ y por otro, porque Weber insiste en que la comprobación, por más que deseable, no suele resultar factible. La revalorización del momento comprensivo de la investigación corre pareja, por 10 demás, con el afianzamiento en ella de dos útiles metodológicos tipicamente weberianos: el tip0 ideal y la afinidad electiva. El primero se irá aíirmando progresivamente como centro de la actividad investigad~ra.~~ Ello será causa y consecuencia a la vez, y probablemente más 10 segundo que 10 primero, dada la subsidiaridad de la problemática metodológica en la obra de Weber, de una transformación de la problemática sustantiva, de la que más tarde hablaremos. Conviene subrayar en todo caso la necesaria coherencia que este cambio mantiene con respecto al de 10s mecanismos de la explicación, pues no son sino dos caras del mismo proceso: mayor importancia de la abstracción y de 10s criterios culturales que la guían, y mayor importancia de 10s constructos resultantes en el análisis. Algo parecido ocurre con el concepto de aíinidad electiva, recurso metodológico que, pese a haber desempeñado un papel estratégico en 10s principales análisis weberianos, adoleció siempre de una gran ambigiiedad." Apareció por primera vez en el ensayo sobre <(La "objetividad" de la ciencia social y la política social, (1904), pero fue en La ktica protestante, un año 35. ctSus concesiones a la tarea de ofrecer una interpretación "significativa" de las relaciones estadísticas son en gran parte meramente formaies, ya que descarta la idea de que un alto grado de probabiiidad resulte importante para la explicación y en ningún lugar sugiere siquiera que una probabilidad alta constituya un objetivo de la explicación sociológica~ (Turner y Factor, 1981, p. 24). 36. Mommsem dir6 que ctA la altura de 1913 ... el tip0 ideal dejó de ser un mero instrumento metodológico de la investigación sociológica y se convittió en un objetivo en sl mismo), (citado por Turner y Factor, 1981, p. 19). Esa afirmación le parece a Schluchter exagerada, pero en cualquier caso no cabe duda de que el concepto va cobrando por entonccs una decisiva irnportancia. 37. En 10 que sigue nos basamos principaimente en el detailado estudio de Ilowe, 1978.
<(Papers$>: Revista de Sociologia más tarde, donde adquirió verdadera importancia explicativa. Allí constituia ya el primer trámite analítica: la investigación de las <<afinidades en esencia)> (la expresión es de Treiber, 1985) entre la forma de la fe religiosa y la ética del trabajo. Se trataba de establecer un vinculo explicativo inicial que no fuese determinista:' y que por su carácter conceptual alcanzase desde la esfera de la acción social individual hasta la de 10s procesos históricos g10bales.~~ Con el10 se pretendía de hecho conciliar la fundamentación individualista de la acción social (y la libertad individual) con la explicación histórica. Ahora bien, si en el caso del tipo ideal y 10s mecanismos explicativos constatábamos una metamorfosis simétrica, aquí con mayor motivo deberiamos encontrar una transformación semejante, pues la fórmula de la afinidad electiva constituye una directa expesión de 10s vínculos explicativos. Y así ocurre, en efecto, ya que de representar una instancia inicial del análisis, a la altura del año 1905, la encontramos luego en Economia y Sociedad ocupando su mismo centro. Constituirá, entonces, el Único mecanisrno universal de relación entre las formas estructurales específica~ de la acción social y las formas económicas concretasPO 38. De un texto poc0 conocido de 1904 -<(El coníiicto en la literatura germana de la pasada década concerniente al carácter de la constitución social de 10s antiguos germanes>- Howe extrae la siguiente cita: ctCuando dehimos una "época cultural", de hecho un constructo mental semejante, analizado mediante juicios, significa únicamente que 10s hechos individuales que abarcarnos conceptualmente con elios son adecuados entre si, poseen un cierto grado de "afinidad intrínseca" íinnere Verwandschaftl ... entre ellos, pero nunca que-se siguen con alguna especie de necesidad~ (en ~owe, 1978, p. 378). 39.- Esta amplitud de la aplicación es la responsable de la aparente versatilidad del concepto y da pie a Howe para trasladar la cuestión al terreno del significado: ctSÓlo como la 1Ógica de las interrelaciones de entramados de significado, de acciones posibles, podria la afinidad electiva abarcar la diversidad de sus usos en Weber, desde la afinidad electiva de formas concretas de acción social respecto a formas económicas concretas a la afinidad electiva entre ideales similares)> (Howe, 1978, p. 382). Howe acierta a definir las afinidades electivas como un mecanismo conceptual, pero yerra en la medida en que 10 asimila a 10s entramados de significado en general. Aquí, 10 mismo que en otros intentos de asimilación fenomenológica de Weber, se olvida que l los únicos entremados que caben en su concepción son 10s que articulan 10s diferentes tipos de racionalidad individualista, y que éstos no abarcan en absolut0 la totalidad de las relaciones de significado. 40. Howe no percibe ese cambio de énfasis, a pesar de que las propias citas que escoge 10 ponen claramente de manifiesto. La razón estriba en su interés por asimilar la noción de afinidad electiva a la de entramados de significado en general. Para do su estrategia consistir6 en tratar de establecer un mínimo común múltiplo a todos 10s usos del concepto. En este sentido, la constatación de una evolución Iógica dentro de ellos no s610 escapa necesariamente a su ángulo de mira, sino que de hecho hubiera supuesto un obstáculo para su planteamiento.
La trascendencia teórica de la sociologia de la música 2. La investigación substantiva también experimenta una cierta transformación en la obra weberiana, yendo del estudio de las peculiaridades del capitalismo occidental al desarrollo de un programa de investigación pluridimensional, de carácter cornparativo, articulado en torno a la idea de racionalización y desencantamiento. A 10 largo de este proceso, por 10 demás, aparecen 10 que se ha dado en llamar <(programas minimos de teoria evolucionista)> .''I La polémica entre las interpretaciones comparativas y evolucionistas de la obra de Weber --encarnadas paradigmáticamente por Bendix (1970) y Tenbruck (1980)- se ha visto favorecida por su compleja multiplicidad y aparente dispersión. En su escrito, Tenbruck argumenta que el espejismo provocado por una periodización errónea ha tendido a apuntalar la idea de que Economia y Sociedad constituye la pieza clave de la obra weberiana, sirviendo asi de apoyo a la interpretación de Bendix. Para 61, por el contrario, ese punto crucial habría que situar10 en la sociología de la religión, y más concretamente en 10s ensayos que componen La ética económica de Zas religiones universales. El razonamiento de Tenbruck se basa en buena medida en sus ideas sobre la historia de esos trabajos, pero sus tesis al respecto han sido contundentemente rebatidas con posterioridad." Y no s610 esta cuestión resulta discutible en el articulo de Tenbruck. Lo que nos parece más criticable es en realidad la carga de determinismo idealista que se esconde en su planteamiento. Un lugar en el que ese sesgo determinista se pone de manifiesto es en su interpretación de la célebre cita de Weber : <<Son 10s intereses, materiales e ideales, no las ideas, quienes dominan inmediatamente la acción de 10s hombres. Pero las "imágenes del mundo" creadas por las "ideas" han determinado, con gran frecuencia, como guardaagujas, 10s raíles en 10s que la acción se ve empujada por la dinámica de 10s interesem (Weber, 1987, p. 247). Tenbruck hará la glosa siguiente: 41. Recogemos la expresión de Treiber, 1985, quien a su vez la refiere a Seyfarth. En ese contexto su uso es únicamente singular, pero nosotros pensamos que puede hablarse de una pluralidad de tales programas. Las razones de ell0 se irán aclarando a 10 largo del articulo. 42. Treiber da la referencia de un articulo de Schluchter: <tMax Webers Religionssoziologie: Eine werkgeschichtliche Rekonstruktion~, Kolner Zeitschrift fiir Soriologie und Sozialpsychologie, 36, 1984, pp. 342-365 (véase Treiber, 1985, nota 26, p. 853).
<<Papers*: Revista de Sociologia <(Dejando aparte el hecho de que la acción humana est6 directamente motivada por 10s intereses, se dan períodos en la historia cuya dirección a largo plazo es determinada por las ideas, de manera tal que, en cierto sentido, 10s hombres se empeñan en la prosecución de sus intereses, pero a la larga el curso de la historia discurre por el cauce de las ideas, y las acciones de 10s hombres permanecen bajo su infíuencia)> (Tenbruck, 1980, PP. 335-336). La transformación es sutil pero decisiva: mientras que Weber se refiere a una especie de determinación de 10s intereses por parte de las ideas a 10 largo de la historia, Tenbruck interpreta que es el propio curso histórico, durante ciertos periodos, el que está determinado en última instancia por las ideas. Así, si bien en el implicito esquema weberiano existen factores y mecanismos no ideales que coadyuvan de manera esencial a la deterrninación de la direccionalidad histórica, tanto a corto como a largo plazo, en el planteamiento de Tenbruck esas instancias resultan perfectamente prescindibles y por tanto desaparecerán. Sobre esta base se sustentar6 seguidamente la tesis evolucionista: <(Para Weber ... no es el poder de las ideas por su persistencia, sino la dinámica de su propia lógica la que las convierte en 10s guardaagujas de la historia>> (Tenbruck, 1980, pp. 336-337). Ahora bien, (queda algo valioso en el articulo de Tenbruck, una vez descartadas la tesis cronológica y la tesis evolucionista? Nos parece que si. En primer lugar, sus argumentos sobre la correcta periodización de la obra weberiana han servido al menos para destacar la trascendencia teórica de la ampliación temática que tiene lugar en las investigaciones substantivas; ampliación que é1 describe como el paso desde la cuestión de la <tmodernización)> occidental a la de la racionalidad universal, pero que por nuestra parte pensamos que puede expresarse de manera mis rigurosa como la progresiva transformación de la problemática del capitalisme occidental en la del racionalismo en general, visto, eso si, en la perspectiva de la racionalización ~ccidental."~ Se relativiza así un tanto el alcance del cambio, que Tenbruck nos pintaba como una <tconversión paradigmática)>, y se recupera también el rasgo esencial de'la interpretación de Bendix, según la cua1 la evolución del racionalisrno occidental no deja nunca de ser el eje central de la obra weberiana y constituye el punto de vista desde el cua1 se produce y cobra sentido su multiplicidad. 43. Adoptamos aquí en buena medida el planteamiento de Schluchter, 1981 (véase su capitulo 11: ctweber's historical problemn, pp. 6-12). Una de las principales diferencias existentes entre ambas interpretaciones radica en el hecho de que en la de Schluchter 10s trabajos de Weber previos a la crisis nerviosa encajan plenamente en la definición de la primera etapa, mientras que en la de Tenbruck éstos son descartados.
La trascendencia te6rica de la sociología de la música La otra aportación importante -pudiéramos decir que fundamentaldel articulo de Tenbruck, está estrechamente unida a su tesis evolucionista, aunque afortunadamente no de modo indisoluble. Se trata de la idea, ya comentada anteriormente? de que el <(problema de la teodicea)> encierra un programa evolucionista que articula todo el proceso de desencantamiento histórico-religioso. Tenbruck extrapola este mecanisme -ya 10 hemos vistohasta convertir10 en responsable del curso profundo de la racionalización universal. Con ello, de paso, se olvida de la importancia que Weber atribuye a 10s estratos que llevan a cabo 10s diversos procesos racionalizadores y a las circunstancias políticas y económicas en que se desenvuelven. Pero el haber llamado la atención sobre la presencia de un núcleo evolucionista en la sociologia de la religión weberiana se ha de reconocer como un hito interpretativa de gran trascendencia, por cuanto arroja nueva luz sobre el alcance y sentido de la evolución metoddógica de Weber, y también porque, descartada la hipérbole evolucionista y reintegradas las dimensiones que esta habia eliminado, el .esquema de un <(programa mínimo de teoria evolucionista)> constituye una perspectiva muy fructífera para analizar otros ámbitos de la obra de madurez weberiana y establecer su coherencia. En efecto, a partir del momento en que Weber acomete la <<reconstrucciÓn)> de un <(programa mínimo de teoria evolutiva)>, el valor explicativo de la dinámica de las ideas se acentúa enormemente, y como quiera que esa dinámica constituye precisamente la dimensión interpretativa de la investigación (Vwstehew), se comprende que tal <<descubrimiento)> supusiese un empuje decisivo para la evolución metodológica que hemos descrito anteriormente en el punto 1." Y esto no s610 por 10 que se refiere a la noción de tip0 ideal. En la medida en que es posible aplicar el esquema evolutivo, no a uno, sino a varios ámbitos de la racionalización -la religión, el derecho, etc.-,46 la capacidad explicativa del concepto de afinidad electiva también se potencia grandemente. Ello es debido a que su carácter ideal (<tafinidad en esencia)>) 10 hace idóneo para plantear la relación entre 10s diversos esquemas, asi como para dar cuenta de las coyunturas que se producen en las esferas sociales de la acción y del orden, merced a las contradicciones y potenciaciones que experimentan. 44. Véase la cita de Tenbruck que incluimos en p. 24. 45. La secuencia cronológica es bastante explfcita al respecto, pues mientras que uLos fundamentos...)> se escriben alrededor de 1911, y entre ese año y 1913 se ponen las bases de las sociologías de la reiigión y del derecho, 10s escritos metodol6gicos de madurez aparecen a partir de este úitimo año. 46. Treiber (1985) ha conseguido desentrañar un esquema explicativo equivalente al de la sociología de la reiigión en la sociología del derecho. Aquí se intentará hacer algo semejante con respecto a la sociología de la música.
<<Papers)>: Revista de Sociologia 3. Los <(programas minimos de teoria evolutiva)> plantean la cuestión general de la racionalidad (tipos de rucionalidad, tipos de acción social), y u1 hacerlo se ponen de manifiesto las coordenadas fundamentales del planteamiento weberiano, en tanto que proyecciones de sus premisas epistemológicas. Es comúnmente admitido que Weber se intered por el tema del racionalismo desde una época temprana. Aparece ya planteado en La ética protestante, y la investigación que precedió a este trabajo se remonta a la década de 10s n0venta.4~ Sin embargo, Tenbruck ha mostrado que en el camino que va hasta <(La ética económica de las religiones universales)> la cuestión se amplia y profundiza, llegando a abarcar todos 10s ámbitos culturales. Esta ampliación temática está inextricablemente ligada, por otra parte, a la reconstrucción de diversos procesos de racionalización, de consistencia y autonomia variables. Es en esta variabilidad donde encontrar6 su razón de ser la universalización de la pregunta por la racionalidad y su papel en la historia.48 Los tipos de racionalidad que se desprenden de 10s análisis de Weber sobre 10s diferentes procesos específicos de racionalización corresponden a esquemas regulares de acción. Así, la clasificación de tipos de acción que efectúa Weber en las primeras páginas de Economia y Sociedad se presenta en cierto modo como una categorización trascendental respecto a sus investigaciones. En ella 10s conceptos de racionalidad ocupan un punto intermedio de abstracción, crucial, como hemos dicho, en la obra de madurez de Weber, y que define muy bien su posición equidistante entre el naturalismo y el historicismo. Un punto, por 10 demás, que es generativo a un lado y a otro de la escala continua de abstracción propia del planteamiento weberiano.4' Resulta así plenamente coherente el intento de Kalberg (1980) de establecer una correspondencia entre conceptos de acción y conceptos de racionalidad. En 41, 10s factores esenciales que definen la racionalidad por respecto a la mera acción son 10s de regularidad y consciencia. Este último constituir6 un filtro para ciertos tipos de acción <(no racionales)>, y 10s dos en conjunt0 contribuirán a que la acción se oriente hacia el dominio de una realidad fragmentaria. Todos 10s tipos de racionalidad rastreables en 10s escritos de Weber se caracterizan por esta misma función. <&u objetivo común -dir6 Kalberges el de arrumbar las percepciones particulares, 47. Ver Schluchter, 1981, nota 11, pp. 9-10. 48. Tras Tenbruck han sido numerosos 10s intentos de sistematizar la concepción weberiana de la racionalidad; al respecto, vkase nota 29. 49. Evocamos aquí el esquema de ctscientific Continuumn desarrollado por Alexander (1982).
La trascendencia teórica de la sociologia de la música ordenándolas en regularidades comprensibles y " significativas " (p. 1 160). En cuanto a la articulación de ambas tipologias, esta se presentará en una jerarquia implícita, yendo desde 10s tipos de acción afectiva y tradicional, definidos como <(no racionales>>, hasta 10s de la <tacción racional con arreglo a valores)> y la que se ordena respecto a itmedios y finess. A estas últimas corresponderán, respectivamente, 10s modelos de racionalidad <(substantiva)>, por una parte, y 10s de racionalidad <cprácticas y <(formal)>, por otra. Por dltimo, la racionalidad icteÓrica%, al mantener una relación s610 indirecta con la acción, carecerá de correspondencia espe~ífica.~~ Paralelamente a esta clasificación, Habermas se ha referido a la existencia de una <tversiÓn no oficial)> de la teoria weberiana de la acción, vagamente presente en Economia y Sociedad y en <(Sobre algunas categorías de la sociologia comprensivas, en la cua1 <<las acciones sociales se distinguen según 10s mecanismos de coordinación de las acciones individuales, por ejemplo de acuerdo a si una relación social se basa en posiciones de interés únicamente o también en acuerdos normativos~> (Habermas, 1984, p. 282). Consideraciones del mismo signo llevan a Levine (1981) a hacer de la distinción entre racionalidad <tobjetiva)> y asubjetiva, la base de su esquema de la racionalidad weberiana. Sin embargo, ambos autores habrán de admitir a la postre que en el fondo esta lógica es espuria en la obra de Weber. Habermas, por ejemplo, constata que su modelo de aacuerdo racionals, es decir, aquel que no se basa puramente en la tradición, corresponde en realidad al <{modelo de acuerdo entre sujetos de derecho privado)> (ibid., p. 284). Y Levine, reconociendo la <tincapacidad generab de Weber para articular convenientemente su distinción entre racionalidad objetiva y subjetiva, se verd obligado finalmente a rectificar su planteamiento inicial, convirtiendo el término racionalidad <<objetiva)> en racionalidad <tobjetivada)> (Levine, 1981, p. 11). El origen de esa incapacidad weberiana nos lleva ahora directamente a las premisas epistemológicas que la moti~an.~~ Habermas 10 percibe claramente cuando dice: <tWeber parte de un modelo teleolÓgico de la acción y se refiere al "significado objetivo" en cuanto intención (precomunicativa) de actuar.. . [De este modo] el concepto de "acción social" no puede explicarse a partir del 50. La clasificación que ofrece Levine, aunque en lo esencial concuerda con la de Kalberg, contiene algunos cambios terminológicos no exentos por completo de justificación. En concreto, propone designar como racionalidad ctinstrumentals a la que Kalberg llama ccpráctica),, y como <<conceptual, a la ccteóricas (Levine, 1981, nota 14, p. 13). 51. Véase anteriormente, p. 25.
<(Papers>>: Revista de Sociologia so hacia la estereotipación, ya que la eficacia mágica de las <tfÓrmulas musicales, las convertiri en una <tcuestiÓn vital)>, y su incorrección constituir6 un sacrilegio. En este estadio todavia son 10s elementos <texternos>> 10s generadores del material. Así, por ejemplo, 10s motivos que se aducen para justificar el predomini0 de 10s intervalos descendentes son de orden fisioIógico. La ausencia de otro tipo de explicación parece obedecer, por otra parte, a la falta de manipulación consciente del material, evidenciada por el nu10 grado de abstracción de 10s intervalos respecto a las fórmulas melódicas en que aparecen. Se manifiesta de este modo la concepción weberiana de la acción, en el sentido de que a falta de acción consciente no hay explicación sociológica posible. Y también aparecen en este punto las consecuencias de la diferencia apuntada entre la naturaleza del problema de la construcción de la escala y la del <(problema de la teodicea>>, pues veremos que el carácter significativo de este Último -y por 10 tanto conscientepermitirá elaborar en ese caso un discurso sociológico, en el sentido weberiano, aun cuando el grado de abstracción sea allí también muy bajo todavia. 2. Las series típicas de tonos <<Con el desarrollo de la música hacia un "arte" de estamento -ya sea sacerdotal o aóidico-; con extenderse más all6 del uso meramente práctico de fórmulas tradicionales, o sea, con el despertar de necesidades puramente estéticas, iniciase regularmente su racionalización propiamente dicha), (p. 1138). En esta etapa tiene lugar, pues, un cambio cualitativo decisivo, caracterizado por la aparición de un estrata racionalizador, y sobre todo por el nacimiento de la esfera estética, hecho que supone un hito fundamental en el proceso de desencantamiento. Ambos factores, que están indisolublemente ligados, abrirán la posibilidad de una manipulación consciente del material (sistematización), plasmada en la fijación de {(series típicas de tonos>>. Es una manipulación todavia precaria, como 10 evidencia el hecho de que esta innovación técnica obedece predominantemente a motivos prácticos. Las escalas, dir6 Weber adoptando la terminologia de Helmholtz, serán aún escalas <(accidentales>>. Sin embargo, la abstracción de 10s intervalos que en ellas se produce supondrá una primera sistematización del espacio melódico, hecho que será de la mayor trascendencia para el surgimiento posterior de verdaderas contradicciones <tesenciales)>.
La trascendencia teórica de la sociología de la música <(Pero -se pregunta Weber-, zen qui consistia, en las etapas tempranas de la racionalización melódica y de acuerdo con la concepción de la práctica musical misma de la época, la importancia de las series de tonos, y en qué se manifestaba en el sentimiento musical de entonces 10 que correspondía a la sazón a nuestra tonalidad?>> (p. 1140). Weber identifica dos rasgos fundamentales: la existencia de un <(centro de gravedad melódico>>, en terminologia de Stumpf, y la aparición de fórmulas melódicas típicas de cada tonalidad. Ambos rasgos constituirán al mismo tiempo sendos mecanismos de racionalización. El primero contribuirá a la sistematización y fijación de la escala, en cuanto servirá de punto de referencia para el cálculo de 10s intervalos, para la afinación y también en las modulaciones (p. 1140). El segundo, por su parte, desempeñará un importante papel en la afirmación de la jerarquización tonal. Este primer estadio de la racionalización musical muestra gran similitud con la etapa de 10s cultos de salvación en la racionalización religiosa. En uno y otro caso se subraya la importancia que tiene la aparición de una esfera de vida independiente -la esfera estética y la del culto, respectivamenteen relación con el surgimiento de estratos racionalizadores. Aquí y allá esto provoca una similar propensión a la si~ternatización.~~ Y hasta el factor de desarrollo que para Treiber encierra la promesa del cambio en ese momento de la evolución religiosa --<(la noción ... de que existen reinos dentro de este mundo sobre 10s que gobiernan 10s diosesn (Treiber, 1985, p. 820)- podria hallar una cierta contrapartida estructural en el <(centro de gravedad melÓdico>> que hemos mencionado más arriba.@ Se diria pues que el paralelismo que muestra el análisis se ha acrecentado al pasar de la primera etapa a la segunda. El motivo no es otro que el hecho de que la diferencia que se señalaba entre ambas esferas en aquel caso -la consciencia o inconsciencia respecto a la problemática respectivase ha desvanecido ahora. A partir de este momento aparecerá ya la <tIÓgica inherente)> del proceso. Weber retomará la contradicción esencia1 del material que había descrit0 al cmienzo de su articulo y le hará desempeñar en adelante un papel análogo al de la incongruencia entre el destino y el mérito. La argumentación se hará más técnica, más conceptual 63. La sistematización de las concepciones de la deidad se corresponde con la que tiene lugar en las series de tonos. 64. La función estabilizadora de las prácticas culturales puede equipararse también, si se quiere, con la que cumplen respecto a las series de tonos las ctfórmulas melódicas típicas,. 65. Ver nota 55.
apapers,: Revista de Sociologia y descarnada. El problema lógico se convierte así en la instancia orientasora del desarrollo. <<El circulo de quintas como base teórica de la afinación, por una parte, y la cuarta como interval0 fundamental melódico, por la otra, habian de entrar naturalmente en tensión, una vez que la octava se hubo tomado como base del sistema y que el ámbito de la melodia seguia ampliándose precisamente en aquel lugar en que aparece en la armonía moderna: en la construcción asimétrica de la octavas (p. 1145). 3. El hexacordo Weber emprende un análisis comparativo de diversos sistemas de tonos -Grecia, Arabia, el Occidente medievaly en todos 10s casos la necesidad de superar esa asimetria (necesidad de integración que se expresa especialmente como búsqueda de la <cposibilidad de transposición)>) se salda con la inclusión de un tono cromático; pero -advierte- <(la manera y la dirección de la actualización práctica de la necesidad de simetria)> varian, en particular según se mantiene el tetracordio como base de articulación de la escala, o bien es sustituido en esa función por el hexacordo. Se identifican asi dos cursos principales del proceso. En uno, la cimentación sobre la cuarta acompaña a un desarrollo melódico tendente hacia el virtuosismo, en el que las necesidades expresivas acaban por socavar las bases <{armÓnicas)> del sistema: imponiendo el principio de la distancia en la construcción de las escala^.^' En Occidente, por el contrario, <(una vez abandonado en algún punto el apego a la división del tetracordio basada en el principio de la distancia, la "lógica interna" de las relaciones entre 10s tonos habia de impelir inmediatamente por la senda de la formación moderna de escalas>> (p. 1149). El <tvehiculo externa)> de esta evolución al hexacordo ser6 la implantación de la escala de solmización, apoyada en la sustitución de la cítara por el monocordio como instrumento usado en la enseñanza. La implantación del hexacordo como base de articulación de la escala reviste asi la misma trascendencia que la aparición de la profecia ética en el proceso de racionalización de la esfera religiosa. El hexacordo, 10 mismo que en su caso la profecia ética, supone un avance decisivo en el proceso 66. Tambien se atrofiarán aquellos mecanismos de racionalización que habian apa- ~ecido en la etapa anterior (Weber, 1964, p. 1142). 67. Este desarrollo desembocar6 en la constitución de temperamentos por simetria de las distancias.
La trascendencia teórica de la sociologfa de la música de desencantamiento, por cuanto acrecienta enormemente la independencia respecto a las ctexigencias de la melodia)>. La nueva ctlógica interna)> que en 41 se manifiesta representa en este sentido una nueva racionalidad, que favorecerá la completa articulación del espacio melódico (sistematización). En forma similar, <(la profecia ética creó un tip0 especifico de racionalidad que redujo el poder de la magia al tiempo que increment6 la sistematizacións (Treiber, 1985, p. 825). 4. El temperamenzo racional La alógica internas desencadenada por el abandono de la cuarta como interval0 ordenador de la escala se orienta hacia la total articulación <(armónica)> del espacio melódico. Primero, con la aparición de las tonalidades eclesiásticas diatónicas. Y más tarde, con la introducción en este contexto de un cromatisrno armónicamente interpretado. El punto crucial se alcanzará finalmente con la adopción del temperamento armónico. Este artifici0 formal proporcionará una paradójica <tsoluciÓn definitiva)> al problema de la asimetria de la octava: la igualación por <(temperamento)> de 10s doce semitonos. Se conseguirá asi eliminar las dificultades de la música de acordes, que hasta entonces cthabía de desmenuzarse incesantemente en la continua contigiiidad de diversas séptimas, quintas totalmente justas y totalmente impuras, terceras y sextasn (p. 1171). Pero sobre todo se abrirá la posibilidad del ctcambio enarmÓnic~)>,~ y con él aparecerán ctposibilidades positivas, totalmente nuevas y sumarnente fecundas de modulación~> (ibid.). El temperamento racional occidental que acabamos de describir no será sin embargo la única solución histórica al problema de la construcción de la escala. Para Weber existen otras dos posibilidades. Por una parte, en culturas orientadas al virtuosismo señalará la aparición de formas de temperamento racional establecidas sobre la base de la partición puramente mecánica o extramusical. El motivo de esta evolución 10 atribuir6 Weber en este caso a las características del estrato racionalizador. <tAsí que se abandona el apoyo firme de las antiguas formas tonales típicas y que el virtuoso o el artista profesional educado con vistas a la ejecución virtuosa se convierte en soporte de la evolución musical, ya no se da precisarnente limite alguno a la asfixia de 10s elementos tonales por las necesidades de crecimiento exuberante de la expresión melÓdica)> (p. 1166). 68. Cambio de interpretación funcional de un acorde o tono.
<<Papers~: Revista de Sociologia Y poco después seguir6 diciendo: <(No es rar0 que el empleo precisamente de medios de expresión totalmente irracionales pueda entenderse simplemente como producto de un manierismo de estetas totalmente barroco y adornado, deliberadamente buscado, y de un refinamiento intelectualista. Se dan éstos, con particular facilidad, aun en condiciones relativamente primitivas, en el circulo de un gremio de músicos eruditos que monopolizan una música cortesana)> (ibid.). La otra posibilidad, por Último, será <(la racionalización a partir de dentro, sobre la base del carácter especifico de la melodia, cua1 simetria principalmente interesada en la comparabilidad de las distancias de tonos)> (página 1169). Una vez más, la analogia con la sociologia de la religión resulta patente. Sorprendente incluso, por 10 que se refiere a las tres soluciones del problema primigeni0 que en ambos casos se plantean. Pero también encontramos aquí cierta conexión con una de las caracteristicas fundarnentales en la esfera del derecho. Se trata de la importancia atribuida por Weber en aquel caso a la formación y entrenamiento del estrato racionalizadorf9 En realidad, la misma importancia que aquí se le confiere cuando se trata de culturas orientadas al virtuosismo. Esta similitud no parece akanzar, sin embargo, al estrato racionalizador occidental. Echando la vista atris, convendrá ahora valorar el alcance y significación de la impresionante analogia que hemos podido comprobar entre 10s modelos explicativos que Weber utiliza en 10s casos de la religión y de la música. Lo primer0 que hay que constatar en este sentido es que esa analogia se aplica casi en exclusiva el <(programa minimo de teoria evolutiva), detectable en ambas esferas. De hecho, por 10 que hace al proceso de desencantamiento propiamente dicho, en la esfera musical Weber se ocupa casi únicamente de ese esquema evolutivo, cosa que no ocurre en la esfera religiosa. Es por eso que al comienzo de este punto hablábamos de una mayor pureza en el planteamiento, valorando este hecho, junto con la presumible prioridad cronológica, como una prueba de su función <tejemplar)> respecto a la sociologia de la religión. El que Weber se valiera de esta correspondencia estructural para la elaboración de sus trabajos no resulta por 10 demás ajeno a sus propias estrategias explicativas 70 y, por otra par69. Ver Treiber, 1985, pp. 831-832. 70. Nos referimos particularmente a su concepto de ctafinidad electiva, (ver más arriba, p. 28.
La trascendencia teórica de la sociologia de la música te, ejemplos de paralelismos afines pueden encontrarse hasta en 10s mismos Ensayos sobre sociologia de la ~eligión.~~ El aprograma minimo de teoria evolutiva>> presente en la esfera musical no es del todo equivalente -10 hemos dicho antesal que articula la sociologia de la religión. Se ha señalado su menor alcance histórico, y ell0 significa, no s610 que la <(compulsiÓn inherentel> aparece en el proceso mucho más tarde? sino también que únicamente 10 hace en la particular evolución occidental. Este hecho pareceria aproximar el caso a 10 que sucede en la esfera legal, donde Tenbruck ha propuesto el <(derecho natural)> como una especie de núcleo evolutivo, en cierto modo equivalente al <(problema de la teodicean. Ahi también encontramos la limitación al área occidental." Por otra parte, el proceso que conduce hacia el virtuosismo resulta ser otra instancia donde el parentesco con la esfera legal se hace ~atente.7~ Pero a pesar de todos estos elementos, subsiste el hecho de la comprobada analogia que muestra el proceso de desencantamiento musical respecto al que tiene lugar en la esfera religiosa, que no puede pasarse por alto como una simple coincidencia insignificante. Un factor esencial de dicha analogia radica en la estricta homogeneidad de la problemática que se ventila -la teodicea y la construcción de la escala-, homogeneidad inexistente en la esfera legal, y que por el contrario en estos otros dos casos propicia la común linealidad -o multilinealidadde sus respectivos procesos de desencantamiento, que adquieren asi la forma de una búsqueda de <tsoluciones~> a un <(problema>>. El otro factor importante es la <tfuerzau equivalente que se percibe en la acompulsión inherentel> que genera ambos procesos, también ausente de la esfera legal. El común denominador que se puede aplicar a estos factores, y que explica en gran parte el que sea razonable establecer un mayor parentesco entre 10s desarrollos religioso y musical que 71. En Ia ccIntroduccións a La ética económica podemos leer: ctParece haberles ocurrido a las imágenes teóricas del mundo, y todavía más a las racionalizaciones prácticas de la vida, 10 que aconteció a la música con la coma pitagórica, que al resistirse a la total racionalización del fisicalismo tonal ha hecho que 10s grandes sistemas musicales de todos 10s pueblos y épocas se distingan primariamente unos de otros por el modo como consiguen o bien disimular esta ineludible irracionalidad, o bien evitarla o bien a la inversa, ponerla al servicio de la riqueza de las tonalidades. También cada uno de 10s grandes tipos de conducción racional y metódica de la vida se caracteriza ante todo por aquellos presupuestos irracionales que han incorporado en sí, considerándolos como simplemente dades), (Weber, 1987, p. 248). 72. No es sino a partir del abandono de la cuarta que 10s motivos prácticos dejan de ser 10s exclusivos responsables de la orientación del proceso. 73. Esta limitación decide halmente a Tenbruck a descartar la asimilación inicialmente propuesta (Treiber, 1985, p. 845). 74. Ver más arriba, pp. 43-44.
<(Papers)>: Revista de Sociologia entre este Último y el desarrolío legal, radica en la extremada autonomia que Weber atribuye a la esfera de la música. Tal autonomia se expresa en primer lugar en la falta de relación explícita con 10s dema's elementos culturales que afectan a las <cestructuras de conciencia)> (Habermas), cuestión de la que nos ocuparemos en el siguiente punto; pero también atafie a la relación con las instituciones sociales. Así, la contrapartida a su nula influencia sobre la racionalización de esas instituciones ser6 el que éstas tampoc0 condicionen significativamente su evolución, pues si bien se citan en alguna ocasión factores poiíticos o económicos, el condicionamiento que éstos producen ser6 aquí más marginal e indirecto que en cualquier otro terreno. Dos elementos que si resultarán significativos, en cambio, serán 10s factores técnicos y el <cestrato racionalizador)>. Esta concepción aparecer6 claramente expresada en su análisis del proceso de <tmodernizaciÓn>> musical occidental esbozado al final de <cLos fundamentos.. . D, al que ahora vamos a referir no^.?^ Comentando al comienzo de esta sección las diversas referencias musicales que aparecen a 10 largo de la obra weberiana, hemos señalado que en el pasaje dedicado al tema en aEl sentido.. .)> se encuentra un resumen magistral, por 10 bien articulado y explicito, del modelo de racionalización 75. La distinción entre un proceso de desencantamiento y otro posterior de modernización es clara en 10s escritos sobre religión (Tenbtuck, 1980, pp. 321-322). Peto en ese contexto tarnbién significa un diferente nivel explicativo: la racionalización de las cresttucturas de conciencia, frente a la racionalización de las ctinstituciones sociales)> (Habermas, 1984, p. 156). Para Weber, en el caso de la música, a diferencia del de la religión, la posibilidad de que las ctestructuras de conciencia)> tengan Muencia sobre ctinstituciones socialess externas resulta inimaginable. Pero la música es también de por sí una compleja esfera social de actividad, que como tal ha sufrido un evidente proceso de racionalización. En sus escritos sobre el particular, y especialmente en crLos fundamentos ... ,, es netamente perceptible la existencia de esos dos niveles de análisis, que además se corresponden con períodos históricos diferentes. Sin embargo, existe una superposición que sbatca todo el proceso de racionalización <<propiamente occidental, (desde la etapa que hemos denominado del hexacordo), por 10 que no tiene sentido hablar de dos momentos, uno de racionalización del material musical y otro de transposición de esa racionalización a la esfera social de la música. Nuestra distinción tiene pues un sentido diferente al de la establecida en la esfera religiosa. Parece útil y justificado el mantenerla, no obstante, en el exclusivo sentido mencionado de diferentes niveles explicativos, dada la clara especificidad que manifiestan y la propia separación que Weber establece entre ellos (de hecho, apenas se imbrican en sus textos).
La trascendencia teórica de la sociología de la música musical occidental. Allí se apuntan claramente 10s dos niveles explicativos que aquí hemos designado como desencantamiento y modernización. Se mencionan asi, en primer lugar, las características del material musical racionalizado en forma occidental (no es sino el punto de llegada del proceso de desencantamiento que acabamos de analizar). Luego, a continuación, aparecerá el esquema propiamente <thistÓrico)> de la moderni~ación;'~ y 10 hará en forma de condición necesaria para que aquel primer proceso hubiera podido realizarse efectivamente. Pese a su extensión, convendrá reproducir aquí la cita íntegra, que servir6 de excelente punto de referencia para nuestras observaciones. Dice Weber: <c.. . que ello sucediera [la completa racionalización " armónica" del material] se debió a que previamente se logró dar solución a unos problemas técnico-racionales. Entre ellos se hallaba, ante todo, la creación de la notación musical racional (sin la cua1 seria inconcebible cualquier composición musical moderna), y anteriormente la construcción de determinados instrumentos que debían conducir necesariamente hacia una interpretación armónica de 10s intervalos musicales. Pero, ante todo, la aparición del canto polifónico racional. )>La aportación fundamental a todos estos descubrimientos se debió, sin embargo, a 10s monjes de la Alta Edad Media destacados en las tierras de misiones del Occidente Septentrional. Sin sospechar la posterior trascendencia de su actividad, racionalizaron para sus propios fines la polifonia popular, en lugar de proceder como 10s monjes bizantinos, que basaron su música en el melopoiós de la escuela helena. Unas particularidades muy concretas de la situación interna y externa de la Iglesia cristiana de Occidente, condicionadas sociológicamente e historicorreligiosamente, permitieron que el racionalismo propio del monacalismo de Occidente diese vida a esta problemática musical que, en su esencia, era de tip0 <ctécnico)>. Por otra parte, la adopción y racionalización del paso de danza, padre de las formas musicales que desembocan en la sonata, se hallaba condicionada por determinadas formas sociales de la vida renacentista. El desarrollo del piano, por Último, uno de 10s máximos portadores técnicos del modern0 desarrollo musical, así como la buena acogida que le dedicó la burguesía, están enraizados en el carácter específicamente continental de la cultura en la Europa septentrional)> (Weber, 1971, pp. 136-137). 76. Weber designa confusamente a ambas problemáticas como ccproblemas técnicoracionalesn, pese a su muy diferente contenido. Su intención en este contexto es dejar clara la ccneutralidad valorativa, -en este caso, respecto a la estéticade todas estas cuestiones.
<<Papers)>: Revista de Sociologia I La estructura de este pasaje y 10s factores explicativos que se incluyen en $1 son esencialmente 10s mismos que encontramos en <tLos fundamentos...)>. No asi, sin embargo, la ponderación de 10s diversos elementos; y esto, unido a la criba que tiene lugar al pasar de uno a otro texto, dada la diferente extensión de 10s mismos, produce una imagen distinta del es- ~ quema explicativo. Al analizar el modelo de desencantamiento del material musical habíamos constatado que la base de equiparación con respecto al caso de la religión radicaba casi exclusivamente en el núcleo evolutivo del proceso. El <(modelo de tres niveles), que Treiber había identificado en la sociologia de la religión y en la sociologia del derecho no hallaba por tanto .en gLos fundamentos.. .)> una adecuada contrapartida. Ahora bien, aun cuando en el texto que ahora comentamos la situación por respecto al tema del desencantamiento no ha variado (de hecho aquí se parte del final del proceso), no ocurre 10 mismo por 10 que se refiere a la cuestión del proceso de modernización occidental. En efecto, 10 que en <tLos fundamentos...)> no pasaba de ser una abigarrada relación de factores y circunstancias, adquiere aqui la consistencia de un verdadero modelo explicativo. Y se trata precisamente de aquel <(modelo de tres niveles)> del que habla Treiber;" aunque matizado para la ocasión por las consideraciones sobre la autonomia y especifidad de la esfera musical que hemos mencionado antes. Tanto aqui como en <tLos fundamentos.. . )>, se destaca primordialmente la polifonia, como instancia en la que inicialmente se <trealiza)> el proceso efectivo de transformación del material musical. Es el equivalente por tanto de las <tideas realizadas>>, en las cuales se encarna la dinámica del <(problema de la teodicea* en el contexto religioso.78 Las condiciones <(ticnicas)> que permiten el desarrollo de esa forma del discurso musical adquieren entonces una específica importancia. En primer lugar, la notación, a la que Weber atribuye un papel esencial, como soporte de su desarroílo y en la constitución de un rol fundamental dentro del estrato racionalizador: el compositor. Hablando de ello, dir6 en <tLos fundamentos.. . n: <(Para la polifonia 10 decisivo fue que, ahora, la posibilidad de fijación del valor relativo de 10s signos musicales y el esquema íirme de la división en compases permitían determinar unívoca y claramente las relaciones de las progresiones de las distintas voces unas con respecto a otras, o sea que admitían una verdadera "composiciónn polifónica.. . De modo que no fue 77. Los dos años que median entre ambos textos, en 10s que Weber da forma definitiva a las secciones centrales de su sociologia de la religión y del derecho, parecen haber resultado decisivos para la concreción de este esquema. 78. Ver Treiber, 1985, pp. 829-849.
La trascendencia teórica de la sociología de la música sino la elevación de la música a varias voces a la categoria de arte escrito 10 que creó al "compositor" propiamente dicho, asegurando al mismo tiempo a las creaciones polifónicas de Occidente, en contraste con las de otros pueblos, duración, influencia y progreso continuos>> (pp. 1163-1164). El otro elemento <ctécnicon que desempeña un papel destacado en la racionalización de la polifonia será el Órgano. Por un lado, debido a que su naturaleza propiamente armónica (sostenimiento del tono o tonos, por encima de 10s cuales se cantaba) hubo de servir a la fijación de una sensibilidad adecuada.7' Y también porque 10 que Weber llama su carácter maquinal operaba en el sentido de la objetivación del material, de su desencantamiento por tanto. Dice Weber, al respecto: <(El Órgano es el instrumento que más que cualquier otro ostenta el carácter de una máquina, porque es el que mis liga al que 10 sirve a las posibilidades técnicas objetivamente dadas de su conformación del sonido y el que menos libertad le deja de hablar su propio lenguaje personab (p. 1179). El Órgano, por 10 dema's, junto a 10s otros instrumentos de teclado, contribuyó muy directarnente al planteamiento de 10s problemas del temperamento y a su resolución <carmónica,>, sirviendo asi también de vehícu10 a la completa sistematización del material musical. Ahora bien, todos estos desarrolIos técnicos que jalonan el camino hacia la completa racionalización de la polifonia, punto crucial como hemos dicho, en el largo proceso de desencantamiento del material musical, 10s atribuye Weber, en primer termino, a 10s monjes de la Alta Edad Media. Nos encontramos pues aquí con la tematización explícita de aquel primer nivel del esquema de Treiber: el estrato racionalizador. Y el énfasis con el que aparece no deja lugar a dudas en cuanto al poder explicativo que se le c0nfiere.8~ Equivalente, desde luego, al que puede observarse en 10s casos de la religión y del derecho. Dicho esto, también merece resefiarse aquí el matiz con el que este concepto se presenta: 10s monjes, dice Weber, <csin sospechar la posterior trascendencia de su actividad [sic], racionalizaron 79. De la misma forma, el clavecín contribuiria luego a introducir <(una simple sensibiidad armónica popular frente a la música artística polifónicaa (p. 1181). 80. Es de señalar que en uLos fundamentos ... )>, con respecto a 10 que mre en <(El sentido...>>, el 6nfasis puesto en este nivel explicativo resulta mucho menor. En este hecho radica la diferencia esencial entre 10s planteamientos que se hacen en uno y otro escrito, y justifica por sí mismo nuestra afinnación de que <tel modelo de tres niveles, no es aplicable al primer0 de dos (ver más arriba, p. 48 y nota 77).
<{Papers)>: Revista de Sociologia Como puede verse, el esquema explicativo de la <tafinidad electiva)>, basándose en la comprensión <tracional)> de la acción y de 10s órdenes institucionales, se opone y excluye toda referencia a 10 que Weber llama <tcomprensión endopática)>. Es por este motivo por 10 que la idea de establecer al& tipo de afinidad electiva entre la esfera musical y otras esferas de vida resulta para Weber simplemente un sinsentido. Y descartado este rnecanismo, por 10 demás, no le resta a la música dentro del modelo weberiano ningún otro modo de evidenciar su influencia. Por Último, queda aquí por referirse al hecho capital de que el <tmode10 evolutivos que hemos podido identificar en <tLos fundamentos.. . )> constituye en realidad una importante ctanomalíao dentro del programa weberiano. En efecto, Weber plantea la idea de racionalización, frente a todo evolucionismo determinista, como una mediación entre las <tideas>> y 10s <tintereses)>. La voluntad del hombre aparece asi como dueña en Última instancia del curso de la Historia en la medida en que la racionalidad substantiva se revela como la única base firme sobre la que pueden desplegarse 10s largos procesos racionalizadores. ¿Pero que clase de racionalidad fundamenta la evolución musical? En el curso del desarrollo musical analizado por Weber aparecen aquf y all4 todos 10s tipos de racionalidad, como por 10 demás sucede en la mayoria de procesos de racionalización. Pero ninguno de 10s tipos que figuran en las clasificaciones usuales caracteriza adecuadamente la lógica interna del desencantarniento musical. No son en este caso las ideas -por ejemplo, la teoria musicallas que promueven el proceso, ni tampoc0 10s intereses prácticos. Y mucho menos se trata de una adaptación al medio, pues Weber enfatiza la convencionalidad inherente al problema. En definitiva, la lógica profunda que Weber descubre en el proceso de racionalización musical no cuadra con su esquema general, no cabe en 61. Supone, por tanto, la paradoja que mejor revela sus insuficiencias. MAS ALLA DE WEBER A 10 largo de este análisis de la sociologia de la música weberiana hemos tratado de poner en evidencia ante todo su implicación profunda con el resto de la obra del autor, y asimismo hemos propuesto una interpretación según la cua1 esta parte ocuparia un lugar importante dentro del conjunt~. La poca consideración que ha merecido a 10s interpretes de Weber -también se ha dichoes casi equivalente a la que se le ha dedicado desde la reflexión sacio-musicoMgica. Una vez iluminada su significación a
1 La trascendencia teórica de la sociología de la música la lu del paradigma weberiano, sin embargo, deberia quedar clara su relevancia para la actual sociología de la música; y ello, tanto por 10 que respecta a sus virtualidades como a sus errores. En cuanto a 10 primero, cabe sefialar que su posición equidistante entre el análisis naturalista, el formal y el socio-económico, ofrece un buen ejemplo para el más fructífer0 planteamiento de la investigación contemporánea. Por mis que en <tLos fundamentos...)> el análisis sirva a unos objetivos muy específicos, a la vez que muy generales (aun esto constituye por sí mismo una buena lección), la multiplicidad de factores que intervienen, asi como la estrategia explicativa en que se incluyen, hacen de ese estudio un buen punto de referencia para el enfoque de investigaciones mis concretas. Las limitaciones que encontrábamos en el planteamiento de Weber incitan, por otra parte, a su superación. En nuestro examen aparecían ligadas a 10s propios fundamentos epistemológicos, por 10 que para vislumbrar la via que permita el avance ser6 preciso situatse previamente en el mismo centro del modelo. Aquí 10 intentaremos tomando en consideración la noción de carisma. El concepto de carisma ocupa un lugar estratégico en el esquema weberiano, desde la sociologia de la religión a la sociologia política, También 1 es, sin embargo, un concepto límite, en cuanto designa justamente 10 <(extraordinarion. <(La fuerza del carisma personal --dir6 Schluchter-, su misión, que para Weber está ligada al dolor del ser humano, constituye en principio, de manera más o menos articulada, la base de todo orden social considerado legitimo)> (Schluchter, 1981, p. 37). La noción de carisma resultaria asi comparable a la de 10 sagrado en Durkheim (lugar de la definición de la identidad colectiva). En ese sentido, se situaria en el centro de la infraestructura de 10s sistemas objetivos de acción y estaria en la base de la competencia comunicativa. Habermas y Schluchter coinciden en atribuir a semejante <tnúcleo estructural)> un contenido ético (nociones de justicia y equidad), por más que no dejan de reconocer en 61 otras dimensiones cognitivas y expresivas. Esta interpretación de la noción de carisma, que Schluchter establece a partir de Habermas, nos parece plenamente adecuada por 10 que se refiere a la identificación de un <tnúcleo estructural)> de 10 social escondido en ese concepto, pero en la medida en que atribuye a ese núcleo un contenido ético, y sobre todo en cuanto proyecta hasta 61 la diferenciación de las esferas de valor, no se distancia significativamente de 10s parámetros weberianos. De esta manera, anula la eficacia explicativa que hubiera podido suponer la verdadera reconstrucción del concepto, pues para superar su debilidad en el planteamiento weberiano es preciso descartar el esquema trascendental de las esferas de valor. De hecho, al nivel
upapersa: Revista de Sociologia del <tnúcleo estructural)>, esa diferenciación no tiene sentido, ya que se trata en ese caso del estrato más básico de <tconfiguración del orden social)>, el estrato mis <tantiguo)> por asi de~ir.9~ Ahora bien, partiendo de una reconstrucción en esos términos del concepto de carisma, cobra sentido entonces la homologia detectable respecto al arte: el hecho de que en ambos casos se plantee una similar oposición frente a 10 cotidiano, la com& función reintegradora,% el que sean ambas cuestiones inasequibles al análisis sociológico (para Weber), y el que ambas muestren una naturaleza La concepción de un <tnúcleo estructuraln de carácter simbólico, y no especificarnente ético, contribuiria a replantear la teoria de la acción, rompiendo el marco teleológico en que Weber la mantenia encerrada. Asi, por la via de un más rico concepto de comunicación y de racionalidad, se haria posible comprender el significado del paralelismo que hemos encontrado entre 10s modelos de racionalización religiosa y musical como algo mis que una mera coincidencia metodológica. Su razón de ser caeria entonces del lado del objeto: en la naturaleza social del hecho musical. Y 10 que es más importante, se abriria la posibilidad de plantear una relación directa entre la esfera musical y la dinámica de la estructuración social, inasequible, como hemos visto, desde las coordenada~ epistemológicas weberianas. La relevancia sociológica del hecho musical que aquí se apunta, no es explicita en la obra de Weber. Subyace, sin embargo, en la trascendencia teórica de sus análisis. Más allá de Weber, la perspectiva de la comunicación musical será, en 10s escritos de Simmel y de Schutz, la que planteará directamente el tema. Pero el análisis de tales casos no cabe ya en este articulo y habrá de quedar por tanto para otra ocasión. 95. Aquí puede resultar sugerente la metáfora biológica de 10s acerebros, superpuestos en el curso de la evolución. 96. Compárese en este sentido la ctmisión, del carisma, de la que habla Schluchter en la cita anterior, con la función ctredentoras del arte, descrita en la Zwischenbetrachtung (Weber, 1987, pp. 544-546). 97. Schluchter destaca esa dualidad en la distinción weberiana entre formas ortodoxas y heterodoxas de las éticas religiosas (Schluchtet, 1981, p. 37). En ei mismo sentido puede aludirse a 10s atquetipos apolíneo y dionisíaca en ei arte.
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