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Comportamiento egoísta y sociedad socialista

Ovejero, Félix

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Ovejero, Félix

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COMPORTAMIENTO EGOfSTA Y SOCIEDAD SOCIALISTA Félix Ovejero Lucas (Universitat de Barcelona) Un fantasma recorre 10s paises socialistas: el fantasma de la modernización. Pasados 10s optimistas años del cthombre nuevo)> guevarista y del primitivismo ideolÓgico de una revolución cultural china que quería exterminar incentivos, desigualdades y jerarquías, 10s dirigentes de 10s distintos partidos comunistas parecen haber aprendido una única tonadilla: el mayor problema de las economias socialistas es el absentismo, el desinterés, la falta de dinamismo, que encuentran su traducción económica en la baia productividad. No s610 eso, además de en el diagnóstico, están de acuerdo en la terapia: abrir las puertas a la competencia. En este trabajo se intenta desvelar la gramática social de este proceso, recordar las distintas soluciones que la tradición socialista ha ofrecido a 10s problemas que subyacen en el mismo y exponer una crítica a la más ingenua de las versiones de la <tdinamizaciÓn)> por el mercado, versión asumida por las diversas <tnomenclaturas>>, se& la cual, el mercado es el mejor garante del progreso técnico y de la asignación eficiente en la medida que suministra información precisa y rápida acerca de las necesidades de las sociedades y estimula la búsqueda de respuestas. LA LARGA GESTACION DEL <<HOM0 ECONOMICUS)> La historia del capitalisme est6 lejos de haber sido un camino de rosas para quienes la protagonizaron. Las ingratas condiciones de vida, 10s desa- uPapers9: Revista de Sociologia rraigos, la realización de tareas desprovistas de sentido para sus ejecutores o la pavimentación de tradiciones culturales, son algunos de 10s rasgos que tiñen el reverso de la impoluta ruta de progreso y libertad con la que se identifica frecuentemente esa historia. Uno de 10s capítulos de esa historia oculta se ha de dedicar a la descripción de la violencia antropológica que ha querido cuajar en un sujeto que persigue su beneficio por encima de todo. No está escrito en 10s genes que el hombre es egoísta? Sin embargo, no es insensata la estimación de que en las gentes prima la persecución de sus propios intereses. De hecho, buena parte de la ciencia social, cuando asume el supuesto de comportamiento racional, sobre todo en sus formulaciones más primitivas -que son las mis extendidas y las más poderosas desde el punto de vista de sus posibilidades heurísticas-, adopta la tesis de que 10s hombres persiguen maximizar su beneficio (su utilidad) y que su conducta está orientada a tal fin? Cuando Hobbes describía la conducta humana como la de átomos cuyo movimiento inercial es producido por el autointer&s, estaba sentando las bases para una ontología que encontrará su expresión resumida en la fórmula de.Mandeville: <dos vicies privados son las virtudes públicas)>, y su tratamiento maduro en la Teorfa de tos Sentimientos Morales de Adam Smith.3 La idea de que 10s individuos, al perseguir sus propios intereses, producen un orden emergente, serviri desde entonces al pensamiento social en un doble plano: epistemológico, en tanto que ese orden no perseguido intencionalmente (y por tanto no evidente) es susceptible de ser descrit0 teóricamente, y normativo, habida menta de que ese orden se convierte en ideal regulativo de la acción, que busca corregir las desviaciones de 10s átomos que impiden el perfecto funcionamiento del engranaje social. El primer aspecto ha sido bastante tratado en la literatura sociológica 1. Aunque podria ser que 10s genes responsables de conductas egoístas tuviesen valor de supervivencia (cf. J. Dawkins, El gen egoista, Barcelona, Labor, 1979), 10 cierto es que la cooperación también se muestra como una uestrategia evolucionaria estable,; J. Maynard Smith, uGarne Theory and the evolution of cooperation)>, D. S. Bendd (ed.), Evolution form molecules to men, Cambridge, Cambridge University Press, 1985, pp. 445-456. 2. Por supuesto que ideas más d&biles de la racionalidad se han desarrollado e insertado en teorías sociales y económicas, por ejemplo, la conducta usatisfacedora* de H. Simon (cf. H. Sirnon, uFrom sustantive to procedural rationality},, S. Latis (ed.), Method and appraisal in economies, Cambridge, Cambridge University Press, 1976, pp. 129-148). Sin embargo, 10 cierto es que la teoria económica más desarroiíada maneja la noci6n mis restrictiva de racionaíidad. 3. Sobre este desarrolío, cf. F. Ovejero, La unidad del método y el nacimiento de las ciencias sociales, Barcelona, Península (en prensa). I Comportamiento egoista y sociedad socialista y econ6mica.4 El segundo algo menos, aunque su presencia es mucho más notoria en nuestra cotidianidad. Pensemos, por ejemplo, en las poiíticas econ6micas orientadas a incentivar la competencia, en las campañas de formación de empresarios, o en las flexibilizaciones del mercado laboral, acciones tras las que se esconde la convicción de que el orden socioeconómico perseguido s610 se puede obtener cuando todos 10s átomos sociales persiguen su propio beneficio, actúan <tracionalmente)>. Esta segunda dimensión no es, contra 10 que puede parecer a primera vista, cosa de nuestros días. Antes al contrario, 10 que hoy es tarea <(correctora)> ha sido a 10 largo de cuatro siglos consigna que se tradujo en violencia. A ese proceso nos referimos al hablar de <(violencia antropológica)>, entendida, en una caracterización preliminar perfilada más abajo, como la 1 configuración de un sujeto que persigue antes que cualquier otro objetivo la obtención de su propio beneficio y cuya conducta se rotula como racional. No era un incompetente filósofo, sino Max Weber, el que calificaba de irracional la conducta de 10s campesinos de Silesia porque ante el aumento de 10s salarios no respondían trabajando mis? No interesa aquí expurgar la historia para mostrar cómo se conforma ese proceso de violentación de conductas, aunque sí se puede inventariar algunas de las lííeas de trabajo que habría que explorar para su estudio: la reflexi6n de 10s clásicos del pensamiento social, entre los que deberían ocupar un lugar destacado Adam Smith y David Hume, quienes dedicaron no pocas páginas a lamentarse de <(la predisposición a la indolencia)> de lm hombres y sobre las maneras de ~ombatirla;~ la conformación de instituciones <tcientífico-educativaw que trataban de fomentar 10s nuevos valores, y entre ellas, muy señaladamente, <(las escuelas de artes mecánicas)> que tanta importancia tuvieron en el origen de la Royal Society; ' la introducción de la disciplina de trabajo, de 10s nuevos regímenes horarios y la consiguiente violentación de las tradicionales formas de <(economia moral)>; 4. Cf. F. A. Hayek, The Counter-Revolution of Science, Londres, The Free Press of Glencoe, 1955. 5. Historia Económica General, México, FCE, 1942, pp. 366-367. 6. Cf. <<Dimensiones olvidadas en el análisis del cambio econÓmico)>, N. Rosenberg, Tecnologta y Economia, Barcelona, Gustavo Gili, 1979, pp. 102 y SS. 7. Los nombres de Bacon y Petty acuden inrnediatamente a la mernoria. Ambos entronizaron dichas escuelas como terreno de aprendizaje técnico y científico, cf. F. R. Johnson, <(I1 Gresham College precursore deila Royal Society, y 09. E. Houghton, Jr., aLa storia dei mestieri in rapporto al pensiero seicentescoa, ambos en P. P. Wiener, A. Noland (eds.)., Le radici del pensiero scientifico, Feltrineiii, Milán, 1977, PP. 337-390. 8. Cf. E. P. Thompson, <{Tiempo, disciplina de trabajo y capitalisme industrial,, Tradicidn, revuelta y consciencia de clase, Barcelona, Crítica, 1979, pp. 239 y SS.; *Papers>>: Revista de Sociologia las nuevas legislaciones que buscan conscientemente asentar gérmenes antisolidarios como sucede con la <dey de pobres)>; y las jerarquizaciones de 10s procesos de trabajo que, a la vez que favorecen el control disciplinar por parte de 10s empresarios, establecen reglas de competencia entre 10s propios trabajadores, favoreciendo las estrategias egoístas?O Muchos de 10s procesos apuntados se imponen con violencia y represión. No es mala cosa recordar que para que acabara cuajando el <thombre nuevo)> del capitalismo contemporáneo -y esto lo saben bien 10s actuales habitantes de Taiwan, Singapur o Corea del Surse necesitaron campañas de reeducación. EL PERVERS0 EFECTO DE LA RACIONALIDAD EGOISTA Sea como fuere, el caso es que acabó por asentarse con la categoria --en una acepción notablemente estrechade <tracional)> un sujeto particularmente antisolidario. Ese sujeto prima su interés por encima del interés social. Con más precisión: sean <(E)> estrategia egoísta y <(S)> estrategia solidaria. A partir de ahi se abren cuatro posibilidades: A) todos eligen <(S)>; B) todos eligen <(E)>; C) un individuo elige <(E)>, 10s demás eligen #S)>; D) el individuo elige <(S)>, 10s demás <(E)>. Asi las cosas, el sujeto egoísta ordena J. Le Goff, Tiempo, trabajo y cultura en el occidente medieval, Madrid, Taurus, 1983, pp. 19 y SS. Para una visión mis general --de hecho la falta de referencias a Iod procesos de trabajo es su mayor carencia-, cf. D. S. Landes, Revolution in Time, Cambridge, The Harvard University Press, 1983. 9. Sobre el contexto ideológico en el que surge la ley, que tanta tinta ha hecho correr, cf. G. Himmelfard, The Idea of Poverty. England in the Early Industrial Age, Faber and Faber, Londres, 1984, especialmente la primera parte: <{De la moral a la economia política,, pp. 42 y SS. Asimismo, cf. D. A. Baugh, ccPoverty, Protestantism, and Political Economy: English Attitudes toward the Poor, 1660-1880)>, S. B. Baxter (ed.), England's Rise to Greatness 1600-1763, Berkeley, California University Press, 1983, pp. 63-108. Una descripción de la racionalidad de la resistencia y de la peculiar combinación de clases que la nutre (en el sur trabajadores agrícolas y pequeños comerciantes, en el norte clase obrera radical, clases medias rentistas y tories paternalistas) en J. Knott, Popular Opposition to the 1834 Poor Law, Londres, Croom Helm, 1986. 10. Para una visión general cf. H. B. Katz, M. J. Doucet y M. Stern, The Social Organization of Early Industrial Capitalism, Cambridge (Mass.), Harvard University Press, 1982; sobre el ctethos, de las nuevas tecnologías del trabajo, cf. D. A. Hounsheli, From the American System to Mass Production 1800-1932, Baltimore, The John Hopkins Universit~ Press, 1984, especialmente pp. 303-330. Un tratamiento mis ceiiido del aspecto subrayado puede encontrarse en H. Holbrook-Jones, Supremacy and Subordination of Labour. The Hierarchy of Work in the early Labour movement, Londres, Heinemann Educational Books, 1982. Comportamiento egobta y sodedad socialista sus preferencias según el orden CABD. Nuestro hombre vendria a pensar: <tMientras 10s demás cooperan, yo, que me beneficio de su esfuerzo, no participo del mismo.)> La estrategia citada, generalizada al conjunt0 de 10s miembros de la sociedad, tiene efectos perversos. Se trata del conocido <(dilema del prisionero)>. El resultado de que todos opten por abstenerse de cooperar es que el empeño perseguido no se realiza. Esto reviste especial interés cuando se trata de beneficios colectivos: 10s individuos, que saben que se beneficiarán de 10s bienes públicos, en tanto no es posible discriminar a la hora de satisfacer necesidades entre quienes participan en su financiación y quienes no, prefieren no pagar impuestos en la confianza de que pgarán 10s demás; el obrero que no quiere ir a la huelga se beneficiari de sus resultados y no participar6 de sus costes, en la confianza de que 10s demás si pelearán por la obtención del objetivo perseguido. Es importante subrayar especialmente dos extremos cuya importancia se revelar6 mis abajo: primero, en la estructura de interacción descrita nin& individuo tiene información sobre 10 que harán 10s demás, y precisamente en ell0 se ampara el francotirador; segundo, es en casos como 10s descritos (bienes públicos, huelgas) donde aparecen <cpenalizaciones)> (fiscales, piquetes) que sancionan a 10s sujetos egoístas. LAS SOLUCIONES DEL PENSAMIENTO SOCIRLISTA Las consideraciones anteriores han sido extraídas del estudio de 10s bienes públicos, bienes que si son proporcionados llegan a todos por igual, tanto a quienes participan en su financiación como a 10s que no (piénsese, por ejemplo, en la lucha contra la contaminación). En estos casos, 10s individuos que se ven beneficiados pueden pensar que no tienen incentivos para colaborar, habida cuenta de que 10s beneficios 10s gozarán tanto si colaboran como si no. A fortiori, todo esto vale para las economías socialistas. En una descripción sumaria, pero no falsa, en una sociedad socialista 10s individuos tienen garantizada una participación en el producto social con independencia de su participación -más o menos intensaen la obtención de aquel producto. De este modo, un individuo (o una entidad, como una empresa que actúa como unidad de decisión) que mantenga la estructura de preferencias como la que desemboca en el <(dilema del prisionero)>, preferir6 abstenerse de participar en tanto 10s demás garanticen la producción con su trabajo. Aunque sin ser formulado explícitamente, el problema no ha escapado a la tradición del pensamiento emancipador. Comunistas, anarquistas y so- ttpapers,: Revista de Sociologia cialistas han tratado de evitar el efecto perverso (la crisis social de una economia incapaz de garantizar su reproducción) mediante diversas estrategias que socavan las reglas de juego y la estructura de preferencia que desemboca en el <(dilema del prisionerol>. Primando una o combinándolas, las soluciones apuntadas se han orientado en diversas líneas: estableciendo una estructura social transparente, imponiendo incentivos selectivos, rompiendo el orden de preferencias egoísta y fijando reglas de juego que hagan racionalmente social al sujeto egoísta. Estas estrategias, como se verá, nunca se dan en formas puras, sino combinadas, pero actúan como tipos ideales. Asi, por ejemplo, se puede decir que en la economia soviética durante <tel comunismo de guerra>> primaba el mecanismo de 10s incentivos selectivos; " durante la NEP se optó por respetar al sujeto egoista, pero procurando que de ell0 se beneficiase la economía ~ocialista,~ y durante buena parte del periodo estalinista l3 -aparte de 10s incentivos selectivos negativos, o más sencillamente: la represión, siempre presentese prim6 la violentación de la estructura de preferencias (sábados socialistas, emulación, etc.) en un sentido no muy distinto -también en su crueldada la violencia antropológica del capitalismo antes aludida. Describamos brevemente las cuatro estrategias: a) Establecimiento de una estructwa social transparente. La estrategia del afree rider>> se mostraba sensata en un juego de información imperfecta, donde cada uno de 10s participantes desconoce la estrategia de 10s demás. De otra forma, el francotirador se ampara en el anonimat0 colectivo que impide que la abstención de participar sea conocida por 10s demás y que éstos actúen en consecuencia, por ejemplo, absteniéndose de participar. Si 11. Sobre esa noción, la acufió M. Olson, The Logic of Collectiue Action, Carnbridge (Mass.), Harvard University Press, 1965, p. 51. Sobre la economía soviética dei periodo en el aspecto subrayado, cf. S. Mde, The Economic Organiration of War Communism 1918-1921, Cambridge University Press, Cambridge, 1985, pp. 89 y SS. 12. ctTodo el problema -tanto teórica como prácticamenteconsiste en encontrar 10s métodos acertados de cómo precisamente se debe llevar el inevitable (hasta cierto grado y por un plazo determinado) desarrollo del capitalismo de Estado)>, V. I. Lenin, Sobre el impuesto en especie, la libertad de comercio y las concesiones (1921), Obras escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1961, pp. 615-616. 13. Respecto al caso soviético, el proyecto ha alcanzado sus expresiones mis maduras en 10s ctcomplejos agroindustriales)>. Para el caso húngaro, cf. L. Kolmó, Industrialiration of agrictllture, <{Acta Oeconomica~, 29, 1982, pp. 140-142. Una visi6n de la evolución del ctkibbutz), -realidad nada estática ni homogénea: Cohen distingue al menos tres tipos: el más homogéneo (Bund), la Comuna, que corresponderia al Gemienschaft de Tonnies, y la Asociación, modiñcación del Gesellschaft-- se puede encontrar en E. Cohen, ctpersistence and chance in the Israeli kibbutza, E. Kamenka (ed.), Community as a Social Ideal, Edward Arnold, Zondres, 1982, pp. 123-146. Comportamiento egoista y sociedad socialista ell0 sucediera, se haria evidente la insensatez de un comportamiento que impide la reproducción de la sociedad. La tradición del socialismo <cutópico)>, con su intención de construir una sociedad <(dentro de la sociedad)>, con la creación de falansterios en 10s que se rompia la escisión entre la vida privada y la pública, muestra muy bien esta estrategia. Los intentos soviéticos de crear empresas o unidades de empresas con pocos miembros y fuerte interconexión y 10s kibbutzin israelíes, son otros ejemplos. Seguramente también seria éste el caso de las comunidades agrarias rusas que tanto impresionaron al viejo Mam, que veia en ellas un posible camino al socialismo que no pasaba por el capitali~mo.'~ Precisamente, esa peculiar <taansparencia)> de las sociedades precapitalista~ permite incorporar, entre estas estrategias, una de las mis originales reflexiones de Marx. A diferencia de 10 que sucede en las sociedades precapitalista~, donde el proceso de extracción del excedente por parte de la clase dominante es transparente (10s trabajadores entregan una parte de 10 que han producido o trabajan durante unos días en las tierras del señor), en el capitalisme la explotación es un proceso encubierto. No en el sentido de que 10s rniembros de la sociedad de clases tengan una falsa percepción de la realidad, sino que la realidad en la que viven es una realidad distorsionada. Los trabajadores que entregan su trabajo reciben a cambio un salario, el capitalista recibe una retribución por su capital. El proceso explotador queda velado porque el carácter social de la producción s610 se expresa en el intercambio, donde 10s productores establecen conexiones no como tales, sino como participantes en el mercado. El mundo de la producción, en el que se realiza la creación del excedente y la explotación, queda oculto. De este modo, las relaciones humanas se tornan anónimas e impersonales. Frente a esta sociedad, Marx entendía el socialismo como un sistema ainteligible)> y <(tramparente>>. Los sujetos que participan en la producción decidida colectivamente saben por qué 10 hacen y ven cómo 10 hacen. El10 supone, de una parte, el fin de la ciencia social (ya se vio la función epistemológica del orden emergente producido por conductas que no 10 persiguen intencionalmente, tantas veces recordado por Hayeck). Para decirlo con las palabras (precríticas) de Mam: <(Si no hubiera dife14. Cf. K. Marx y F. Engels, Escritos sobre Rusia, 11: El porvenir de la comuna rural rusa, Siglo XXI, México, 1980. Vale la pena comparar las opiniones de Marx con las de Lenin, quien, sobre otro trasfondo (la experiencia revolucionaria en el campo), sufre una evolución semejante desde el punto de vista valorativo, cf. E. Kingston-Mam, Lenin and the Problem of Marxist Peasant Revolution, Nueva York, Oxford University Press, 1983. aPapers)>: Revista de Sociologia rencia entre la realidad y la apariencia, no habria necesidad de ciencia.)>'' De otra parte, la autoconsciencia social y el fin de la alienación, viejos motivos de inspiración hegeliana, en tanto tornan a la sociedad completamente transparente, hacen el juego colectivo de <tinformación completas. Vale la pena recordar que Lukács se sirvió de aquellos motivos hegelianos para postular la existencia de un sujeto (la clase obrera) cuya autoconsciencia coincidia con el sentido de la historia. Una vez que 10s hombres adquirian la capacidad de regular sus destinos, dejaban de ser las piezas ciegas del mecanisme de la historia. De ese modo, sus proyectos (su ideari~) pdan convertirse en el nuevo reglamento de la historia, ahora ya proceso de autocontrol colectivo, no ciega legalidad.16 Resulta pertinente reiterar que en 10s ejemplos mencionados predomina la estrategia de transparencia, pero que no es la única. Las comunidades poc0 numerosas no hacen únicamente patente la estrategia de 10s miembros, sino que introducen a la vez otras razones que minan la adopción de la conducta francotiradora. En la práctica resulta difícil discriminar cuánto hay de <ctransparencia)> en 10s grupos pequeños y dónde empiezan a funcionar <tincentivos selectivos negatives)), esto es, penalizaciones que se aplican a 10s individuos según contribuyan o no a la empresa colectiva, o fórmulas de reeducación que intentan alterar la estructura de preferencias egoista. En 10s grupos pequeños funcionan procedimientos callados de sanción social (aislamiento, marginación, etc.), que penalizan a quien se aparta de 10s objetivos perseguidos," objetivos que, desde otra perspectiva, pueden verse como formas de reeducación, de manifestar su desviación al individuo errado. En 10s grupos pequeños es más frecuente la homogeneidad de propósitos, y por tanto la sanción opera mediante mecanismos más interiorizados, reforzados por la intensa interacción social que un número limitado de miembros garantiza. El hecho mismo de que la propia ccvoz~ tenga garantías de ser escuchada -por ser una parte relevante en grupos pequeñosrefuerza 10s procesos integradores.'' b) Imposición de incentivos selectiuos. Una vez aceptado que las estructuras de preferencias (o de motivaciones) de 10s sujetos son las propias del <(dilema del prisionero)>, y una vez se admite la falta de información en15. Sobre esta cuestión, cf. G. A. Cohen, ctKarl Mam and the Withering Away of Social Science*, Karl Marx's Theory oj History, Princeton University Press, Princeton, 1978, pp. 326-344. 16. G. Lukács, Historia y consciencia de clase, México, Grijalbo, 1975 (e. o. 1923). 17. Cf. E. Aronson, El animal social, Madrid, Alianza Universidad, 1981, pp. 20 y SS. 18. Cf. A. Hirschman, Salida, voz y lealtad, México, FCE, 1977, passim. Comportamiento egoista y sociedad socialista tre 10s participantes, cabe la posibilidad de que un centro de mando, que dispone de información sobre las preferencias y sobre sus inquietantes efectos, establezca procedimientos coercitivos que penalicen a 10s que optan por comportamientos antisolidarios. La tópica imagen del partido leninista encarnaria este proceder. Los trabajadores, aunque pudiesen estar interesados <tobjetivamente)> en el triunfo de la revolución, de la que serian 10s principales beneficiarios, optarian <tsubjetivamente)> por abstenerse de participar en su consecución, habida cuenta de que en el caso de que triunfase gozarían de sus consecuencias por el hecho mismo de ser trabajadores, y se evitarian 10s costos (tiempo, represión, etc.) en 10s que incurririan si participasen.19 Como se ve en este caso, el <tpartido)> seria el garante de la consciencia de clase. La vieja tesis leninista del partido como vanguardia revela su sensatez, mucho mayor que la lukacsiana imputación -a una entidad colectiva como la clasede consciencia. Pero no sólo la tradición marxista cuenta con experiencia como creadora de incentivos selectivos. De hecho, donde ha encontrado su expresión más continuada este proceder ha sido en el sindicalismo (y a través suyo en el anarquismo), en tanto que ha constituido la forma rnás característica de acción colectiva, donde el cálculo entre ventajas obtenibles por la acción colectiva y costos era mis viable empiricamente y más continuo históricamente. Los piquetes de huelga, la lucha contra 10s esquiroles y en ocasiones el racisme? han sido formas conocidas y estudiadas de sancionar al posible <tfree rider)>. C) Ruptura del orden de pveferencias egoista. Seguramente este procedimiento es el que cuenta con una genealogia más cumplida en el pensamiento ético. Pero no solo eso. También ha tenido su traducción en la reflexión política, en la experiencia histórica y aun en la teoria biológica. La idea es bien sencilla: se trata de sustituir el orden de preferencias CABD por el orden ACBD. El <thombre económico comunista)> prefiere la cooperación universal al eg~ísmo.~~ La revoluci6n cultural china ha sido presentada como un intento de sustituir la ética del <(hom0 economicusu por otro hombre mis solidari^.^ 19. A. Buchanan, ctRevolutionary Motivation and Rationality,,, Marx, Justice and History, Pdnceton University Press, Princeton, 1980, pp. 264-287. 20. El negro llegado del Sur ignora la disciplina sindical. Es un esquirol. Cf. el tratamiento que hace R. Boudon de la vieja tesis de R. Merton, La Zógica de 10 social, Barcelona, Rialp, 1981, pp. 57 y SS. 21. Cf. W. H. Shaw, ctMarxism, revolution and rationality,, J. Farr, T. Ball (eds.), After Marx, Cambridge University Press, Cambridge, 1984, pp. 12-35. 22. A. Sen, Sobre la desigualdad económica, Crítica, Barcelona, 1979, p. 123. <<Papers)>: Revista de Sociologia rosos que 10s de éste y que seria exagerado calificar de irracionales. Lo que podrfamos bautizar como <tel dilema de la conferencian es una ejemplificación de el10 que, además -y por eso 10 traemos a colación-, apunta a otros componentes que guían el comportamiento humano. Circunstancia esta última de importancia, habida cuenta de que, si no se quiere incurrir en <tviolencias antropológicas~> de costos y consecuencias desmedidas, es obligado adoptar una antropologia realista, tanto a la hora de explicar modelos sociales como a la de diseñarlos. El interés del <(dilema* radica en que muestra cómo se consigue un cierto equilibri0 <tsocialn cuando 10s sujetos se sienten participes en una situación que <tnormalmentes --con la estructura de preferencias absolutamente egoista y sin informaciónproduciría un efecto perverso, como en el caso del <<dilema del prisionero)>. Imaginemos que asistimos a una conferencia porque nos interesa el asunto sobre el que versa, o el conferenciante, y que a 10s pocos nlinutos se empieza a hacer patente que uno y otro son decepcionantes. En ese instante podríamos decidirnos a marchar. Si 10 hacemos inmediatamente, nuestra salida no tendrá consecuencias preocupantes para el grupo que permanece. Pero si las salidas siguen un goteo, llegar; un momento en el que para 10s que permanecen se recompone el cuadro de alternativas (de recompensas). Ya no se trata de una elección entre el pobre discurso y mi tiempo, sino entre el colapso (la desesperación del conferenciante y 10s que 10 invitaron, la ansiedad de 10s asistentes, etc.) de la microsociedad y mi tiempo. En este caso, la salida de 10s primeros refuerza la integración de 10s que permanecen. El afree ridern ya no se ampara en el anonimat0 --cada vez menosy se le hacen patentes las consecuencias de su acción. El componente que está interviniendo aquí es --de nuevo en el léxico de Hirschmanla lealtad. gsta aleja la salida y activa la voz (en este caso la presencia), y con ell0 evita que el deterioro sea acumulativo. Pero, y esto es importante, aunque la lealtad pospone la salida, se apoya en su posibilidad. Que un organismo responda a 10s requerimientos de la voz depende de que la penalización de la salida esté abierta. Si ésta no existe (si es inelástica la demanda, por ejemplo) la voz no será escuchada y la noción misma de lealtad carecerá de ~entido.~' Las organizaciones criminales (la mafia, por ejemplo) que imponen un alto precio de salida (el asesinat0 para <tel traidor)>) hacen imposible el mecanisme de la voz y la lealtad deriva en parodia. 35. Aunque una salida fácil debilita el uso de la voz. Para un minuciosa tratamiento cf. el trabajo citado de Hirschman que aquf utilizamos desde sus posibilidades normativas para el socialisme. Comportamiento egoista y sociedad socialista El hecho de que la voz sea más importante como mecanisrno de recuperación y de dinamización en 10s organismos de 10s que forma parte, que en la relación (mercantil) de compra/venta (propia de todas las relaciones capitalistas) en donde prima la salida, no es baladí en el contexto de la presente discusión. Al examinar la función de la voz en sociedades socialista~, en las que la adscripción voluntaria es condición constitutiva básica y donde la lealtad es rasgo definitori0 (a diferencia de la mano invisible de 10s egoísmos de todos que caracterizan la ontologia social capitalista), varia~ circunstancias refuerzan su pertinencia frente a la salida, solución por la que parecen optar 10s dirigentes del <tsocialismo reab (10 que es un buen indicador de la escasa confianza que parecen tener en el consenso social, en la lealtad). La salida en el contexto de la competencia puede tener costos sociales y psicológicos en 10s que una sociedad capitalista incurre sin dolor, pero no así una socialista. Por ejemplo, en un marco competitivo en el que se produce una mercancía que tiene en todos sus oferentes una característica negativa (inevitable), el mecanisrno de la salida puede traducirse en una continua redistribución de consumidores que nunca se quejan. Por contra, en una situación de monopolio éstos aprenderán a vivir con la imperfección inevitable y dejarán de consumir sus energías en una búsqueda inútil. Del mismo modo, la salida, en tanto que evita la presencia de 10s clientes más enojados, más críticos, de una sensibilidad más refinada, refuerza degradaciones irrecuperables. Por otra parte, la voz parece mostrarse especialmente interesante (y barata) en uno de 10s dominios que más preocupan a 10s dirigentes de 10s paises socialistas: el progreso técnico. En 10s contextos en donde existe ignorancia e incertidumbre por parte tanto de 10s productores como de 10s consumidores, la voz resulta más eficaz que la alida.^^ Esto es 10 que sucede con el progreso técnico. La necesidad aparece antes de que se disponga de un conocimiento acerca de cómo satisfacerla. En tales condiciones, la salida apenas proporciona información, mientras que la voz 10 hace y en detalle. La situación es análoga a la que se da en la relación entre un médico y un paciente. Éste experimenta una sensación (difusa) de malestar que es incapaz de interpretat.. Sólo la voz, la información suministrada con detalle a quien dispone de capacidad técnica, se muestra eficaz. Alin más, la salida resulta especialmente costosa cuando se trata de requerimientos técnicos. El proveedor ha incurrido en unos costos de aprendizaje de las características sobre las que se sustentaba la demanda tradicional (anterior a la innovación), y ese aprendizaje -que es fundamental para hacer posi36. Eschman, op. cit., apéndice F. <<Papers,: Revista de Sociologia ble la variación sobre 10 que deja ya de ser satisfactori+ se dilapida inmediatamente por medio de una salida que obliga a empezar desde el principio con el nuevo proveedor. Por Último, el mecanisrno de la voz se revela de especial interés cuando se trata de organismos voluntariamente participativos en un extremo que ha sido descuidado en el tratamiento habitual de la acción colectiva. La conducta de crfree rider>> y la estimación más general de que la participación en las tareas colectivas es un costo, presuponen que la participación es únicamente un medio. Esta consideración seguramente no es falsa para una larga tradición que hacía de la militancia una penitencia. No eran escasos 10s comunistas que suscribían aquell0 de ctlos comunistas somos cadiveres de permiso>>. Pero en esta coincidencia entre 10s ideólogos refinados del neoliberalisme y el comunisrno mis rústic0 -y más heroic0 y menos venal, todo hay que decirlo: también el mis intoleranthay un supuesto que es cuando menos discutible, a saber: que la lucha por la felicidad pública es más un costo que <(un sustituto de la felicidad misma>>. Pero esto no tiene por qué ser así. La participación en 10s movimientos en favor de bienes públicos disminuye la incertidumbre de su conquista, en la medida que la certidumbre de la intervención refuerza la posibilidad de su conquista. Cada individuo puede llegar a estimar que la diferencia entre la conquista y la pérdida del objetivo deseado est6 en su propia contribución. En ese contexto aparece <(la felicidad de la búsqueda,,, y el interés en la actividad pública se experimenta como un beneficio para la felicidad íntima." Este patrón de comportamiento no es contradictorio con el borno econorniczrs. También aquí se hacen cuentas antes de iniciar la acción. Lo que sucede es que las recompensas -10s supuestos antropológicosse valoran de manera dispar. Afirmar que la única alternativa al borno economicus es el altruismo beatifico resulta una falacia que deja poc0 lugar para teorías sociales plausibles, que resulta ineficaz como guia para la intervención política (fuera de iluminados autoflageladores) y que, si por un rebote de la historia se convierte en discurso de un poder, tiene terribles consecuencias. Mientras que la persuasión y la violencia antropológica del capitalismo -en tanto su contenido es el de estimular el consumismo y alimentar ansiedadespueden operar sobre 10s individuos con mecanismos relativamente poc0 cruentos (se limita a ctdesatar pulsiones>>), aunque, por la misma perversidad incontrolada de la mano invisible, sus efectos macrosociales sean monstruosos, en el socialismo -que no funciona ciegamente, sino mediante una voluntad de cerebro colectivola consecución de efec37. K. Boulding, La economia del amor y del temor, Alianza Universidad, Madrid, 1976, p. 44. Comportamiento egoista y sociedad socialista I tos sociales benéficos, si no respeta -y fuerzalas manifestaciones de preferencias de 10s individu0s,3~ si no deja lugar a la voz -que funciona mejor con el sentimiento de participación, con la lealtad-, puede tomar formas macabras de acción sobre 10s individuos, de las que 10s campos de reeducación camboyanos son un inquietante esbozo. 38. Que no es 10 mismo que respetar 10s procesos (casi siempre manipuladores) de formación de esas preferencias. En este punto, además, la tradición marxista tiene mucho que decir, frente a la economia neoclásica, que siempre ha tomado como dadas las preferencias, a la vez que se despreocupaba de 10 que 10s psicólogos pudiesen decir al respecto. Lo primer0 limitaba las posibilidades normativas, 10 segundo las positivas. Sobre estos aspectos, cf. J. Roemer, cr1'Rational Choice" Marxism: some issues of method and substance),, J. Roemer (ed.), Analytical Marxism, Cambridge University Press, Cambridge, 1986, pp. 191-201.