Literatura, censura y moral en el primer Franquismo
Abstract
Abellán, Manuel L.
Full text
LITERATURA, CENSURA Y MORAL EN EL PRIMER FRANQUISMO Manuel L. ABELLAN (Uniuersiteit uan Amsterdam) En toda sociedad que se precie de democrática se dan formas de presión social, de origen vario, que: por facilidad de lenguaje podrim incluirse dentro del campo semántico atribuido al concepto de censura. Asi, todo grupo social de interés político común, económico o cultural, en sentido amplio, lucha por imponer a 10s demás grupos sociales diferenciados, o al conjunt0 de la sociedad, su específica y particular visión del mundo en 10 político, social o económico. Sobre la legitimidad de esta dialéctica de influencias huelga discutir por razones de pura evidencia: las reglas de juego establecidas en los textos y leyes constitucionales velan por la salvaguardia del derecho activo y pasivo a la libertad de todo ciudadano y señalan también 10s cauces por 10s qut: han de discusrir las relaciones dialécticas de 10s grupos sociales en lucha pacífica y semirreglamentada. En un estado democrático todo ciudadano tie:ne derecho a atender o desechar cualquier reclamo de 10s grupos sociales formal o informalmente constituidos, cuyo momento de mayor cristalización y transparencia 10 constituyen las elecciones a 10s cuerpos representativ~s: parlamento nacional, autonómico y municipios. Pero la actividad de 10s grupos y clases sociales no se cancela con 10s resultados electorales. Las relaciones dialécticas entre grupos y clases, individuos y grupos se prosiguen con altibajos, vehemencia y tensión, independientemente de 10s momentos de mayor protagonismo, porque la vida social es inconcebible sinc la relación dialéctica de grupos y clases sociales.' 1. Con la burocratizaci6n del oficio de sociólogo parece haber decaido el interés
<<Papers)>: Revista de Sociologia Desde la Óptica de la convivencia democrática nada impide que determinados grupos o clases intenten ejercer presiones de hecho sobre otros grupos o individuos mediante la difusión o propaganda de su propio ideari~. Una entidad editora -periÓdico, revista, editorial o emisoraescoge y difunde el producto o el mensaje que más le interesa comercial e ideoIógicamente, a un mismo tiempo, de acuerdo con su propia visión de las cosas, siguiendo su interpretación del pasado y su prospectiva del futuro. Su libertad electiva y de acción se fufidamenta en el principio de la libertad que asiste a todo grupo social o individuo particular. Dejando de lado el papel especifico de 10s grupos sociales organizados, así ocurre con el critico literari0 que selecciona alguna de las obras de un montón: la juzga y mediante su escrit0 trata de influenciar o convencer, de algún modo, al lector eventual de 10s méritos del libro reseñado. Esta labor de selección, juicio y difusión la ejercen millones de personas a cada instante, desde el carnicero que selecciona la res y corta el filete hasta el representante de un grupo politico. Nadie se insurge contra el ejercicio de estas libertades ni contra 10s efectos de las mismas mientras sus consecuencias no conduzcan a una eliminación de las libertades de los demás. Por 10 tanto puede afirmarse, sin incurrir en desvario, que no hay sociedad sin <(censuras)> e incluso podria llegarse a decir que éstas son inherentes a la vida social. Otra muy distinta cosa es el tip0 de censura ejercido por el gobierno o por la administración. En un estado democra'tico y pluralista ni ésta ni aquél tienen derecho a constituirse en juez de 10 que debe o no debe difundirse porque el primero es meramente parte y la administración del Estado es puro instrumento. Unicamente en 10s regimenes dictatoriales se da la paradoja de que el gobierno se confunda con el Estado y la nación e intente asumir el papel de juez y parte, anulando moral, política e incluso físicamente aquellos grupos y clases sociales que disienten de la visión política del grupo que legal o ilegalmente se ha hecho fuerte en el poder: supeditando el ejercicio de la libertad de expresión a la conformidad con la ideologia o preferencias del gmpo dominante de hecho. En España hemos tenido sobrada experiencia de este tip0 de intervención censoria durante más de cuarenta años, si se atiende que las limipor la sociologia dialectizante y dialectizada de Georges Gurvitch. Para sacudirse el encorsetamiento mental es todavía incitante lectura su La vocation actuelle de la sociologie. Vers la sociologie différentielle, París, PUF, 1963. 2. A la experiencia espafiola de este y de 10s siglos pasados, hay que añadir las experiencias de 10s fascismos europeos, el extermini0 de la intelectualidad, de grupos etnicos en carnpos de concentración, sin otro motivo que el de haber disentido activa o pasivamente.
Literatura, censura y moral en el primer franquismo taciones impuestas a la libertad de pensamiento y acción se inician tres años antes de concluirse la guerra civil. Para tratar de comprender la relación que pueda haber entre la literatura, la moral y la censura hay que tener en cuenta los condicionamientos y circunstancias en 106 que la censura se impone como medio auxiliar, junto con muchos otros mis radicalles y efectivos, de depuración p~litica.~ Cuando se intenta relacionar, aun siquiera de forma global, 10s términos de literatura, censura y rnoral, ocurre casi siempre que el orden o la mera yuxtaposición de dichos términos suscita una cadena de connotaciones falaciosas. Suele pensarse inconscientemente que es obvio que la literatura de la época de la dictadura franquista haya pasado por el tamiz de la censura a efectos de saneamiento moral y conversión en un producto de consumo que reúna las cortdiciones indispensables de moralidad. El peligro de moralidad abortado de raíz por la censura previa o la autocensura siempre se supone que tiene que ver con la <cindinacidn del apetit0 sensitlivo hacia el mal>> o concupiscencia, inclinación al mal que puede ser causa, fuente y origen de otros muchos pecados por repeti~ión.~ Ahora bien, el tip0 de moral que mediante 10s mecanismos de censura se intenta controlar e imponer -el fin próximo y el fin remoto, según reza la terminologia más ortodoxa-- tiene un campo de aplicación que rebasa muy ampliamente el nneramente referido a la sexualidad humana. El concepto de moral aquí en cuestión se refiere a la totalidad de las actuaciones propias del honihlre, a todos 10s acta de la voluntad libre, en sus diversos grados de perfección y voluntariedad, todos ellos ordenados a su fin sobrenatural Último. Las fuentes de 10s principios de dicha moral se encuentran en la revelación cristiana: en la Sagrada Escritura y en la Tradición que completa e interpreta aquella mediante el magisteri0 eclesiástico. Fuera de este marco de reguladones del comportamiento basado en la fe y el dogma, el hombre no tiene salvación porque la luz de la razón sin la fe degenera, se oscurece con las pasiones y no abarca los deberes que impone la reveladón para con Dios, para con el prójimo y para consigo mismo. El ministro de Información y Turismo de mayor formación teológica, Gabriel Arias-Salgado, al examinar retrospectivamente la labor realizada en materia de política de la información, afirmaba: <tToda 3. El miiión de muertos, el cleliberado ocultamiento de las cifras sobre la represión, son prueba contundente de la fiereza fascista. A mis de cuarenta aiios vista de todos aquellos nefastos sucesos, sig;ue sin haberse podido estudiar el verdadero alcance de la represión. 4. Estos y otros conceptos de doctrina moral se retoman de un senciiio libro de clase de religión La moral católica, para ld escuela y para la vida, Salamanca, Ediciones Anaya, 1960.
<Papers#: Revista de Sociologia la estructura de situación dcanzada o por alcanzar adn, se apga en tres basamentos f undamentales: al." Existencia de una norma permanente de moralidad objetiua y superior a nosotros mismos, fundada en el derecho natural y en la revelación. >>2.O Ejercicio de la libertad individual y de las libertades básicas dentro de 20s justos y naturales limites que impone el hecho de que el hombre es nattllralmente sociable. ~3.~ Seruicio al bien comdn s2'n detriment0 de 10s derechos indienables de la persona hunaana.s5 La existencia de un orden superior de moralidad objetiva no era s610 razón para controlar e imponer normas de moral en las actuaciones de 10s individuos sino que eran también presupuestos políticos en 10s que se basaba la forma y la política del régimen: <(El Estado es un bien necesario, un bien de carácter instrumental, ordenado próximamente a la concepción plena de la vida social y subordinado al fin dltimo del hombre real e bistórico, elevado al orden sobrenatural de la gracia, y al que el pecado original no dañó sustancidmente en su libertad natural.)>6 Aparentemente, entre moral y literatura parece haber una relación de carácter eminentemente casuístico, según sean las circunstancias que hacen que un producto literario determinado, en su totalidad o en alguna de sus partes, sea bueno, malo o indiferente desde el punto de vista moral. Las circunstancias y su influjo en la moralidad dependen --en el libro como en cualquier acto humanoh de la cualidad de la persona del autor o agente, de la cualidad de la cosa o efecto, de la especificidad del medio empleado, de las razones que han inducido a obrar de tal mdo, del grado de voluntariedad e intención y del momento en que se realiza el acto. Ahora bien, averiguar las circunstancias gracias a las cuales un texto literario, o parte de 61, se ha convertido en cosa intrínseca o extrínsecamente buena o mala, o en algo cuya bondad o malicia es únicamente debida al hecho extrínsec0 de estar prohibido, significaria abrirse camino en terreno pantanoso. Literatura y moral tienen que ver con autor y público, libro y consumidor. Un medio de comunicación impreso que puede llegar a un público potencial y un público concreto que consume y reacciona ante el producto. Las vicisitudes sufridas por un texto literario, previas al libre 5. Gabriel Arias-Salgado, Política Española de la Información, vol. 11, Madrid, Ministeri0 de Información y Turismo, 1958, p. 15. 6. Ibidem, pp. 15-16. 156
Literatura, censura y moral en el primer franquisme consumo de su lectura por el público, pueden carecer completamente de significación en cuanto a sus cjrcunstancias de orden moral, si bien en alguna ocasión pueda quedar paladinamente demostrada la relación entre el producto de consumo y su carácter moral. La influencia de la concepción moral en la difusión de la literatura, hay que examinarla desde el marco más amplio de las relaciones entre teoria y praxis, ideologia y política, cosmovisiones de signo contr,adictorio, dialéctica entre libertad formal y represión de he~ho.~ Sobre el propósito, claro y diáfano, inicjalmente perseguido por 10s primeros responsables de la aplicación de la censura en 10s albores del régimen franquista, no hay ningún genero de dudas. Las reiteradas afirmaciones de Franco ante la prensa extranjera coinciden casi textualmente con las formulaciones expresadas años más tarde por el impertérrito ministro Arias-Salgado y toda la cohorte de personajes y personajillos, dedicados a vocear las ideas del Caudillo: ctLos principios en que se inspira nuestra Reuolución Nacional se basan, como ya dije, en la noción de la "persona humana". Pgya ~zosotros, la integridad espiritual y la libertad del hombre son valores intangibles. Y he api lo que diferencia también nuestra doctrina de 10s doctrinas totalitarias que todo 10 atribuyen al Estado, es esto lo que da su carácter propio, lo que la especifica de lm demás doctrinas C. ..I la concepción del mundo y de la vida. Este carácter católico bastaria para distinguir del estatisme mussoliniano o del racismo hitleriano nuestra Reuolución Española que es una vuelta integral a la verdadera España.),8 El carácter católico del nuevo estado era una consecuencia del análisis sobre 10s orígenes de 10s males del país y una condición indispensable para el mantenimiento del nuevo orden social. Así 10 entendían 10s nuevos gobernantes y la jerarquia católica. El primado de España, cardenal Isidro Gomá, máximo responsable de la redacción de la Carta Colectiva del Episcopado Español, firmada por 10s obispos espafioles, con las honrosas excepciones del cardenal Vidal y Barraquer y del obispo de Vitoria monseñor Múgica, en apoyo a la causa nacionalista, en su pastoral Catolicismo y Patria, conminaba a 10s gobernantes del momento de este modo: <ciGobernantes! Haced catolicisme a velas desplegadas si queréis hacer la patria grande ... Ni una ley, ni una cátedra, ni zcna institución, ni un periódico fuera o contra Dius y su Iglesia en España.~~ 7. Véanse algunas consideraciones al respecto en mi iibro Censura y creaci6n literaria, Barcelona: Ediciones Peninsula, pp. 105 y SS. 8. Citado por Carles Viver Pi-Sunyer, Aproximació a la ideologia del franquisme en l'etapa fundacional del r&gim, <<Papers)> 14, 1980: 32-33. 9. Citado por A. de Miguel, Sociologia del franquistno, Batcelona, Euros, 1975, p. 313.
<{Papers,: Revista de Sociologia El régimen no había necesitado esperar a esta solemne advertencia para ponerse manos a la olora. Quizás lo único que le habia faltado habia sido tiempo necesario para llevar a cabo la depuración con rotundidad. Una orden de la Junta de Burgos de 23 de diciembre de 1936 habia establecido en su articulo primero: <(Se declaran ilicitas la producción, e2 comercio y la circulación de periódicos, revistas, folletos y toda cl~se de impresos y grabados pornográficos o Be literatura socialista, comunista, libertaria y, en general, disolventes.)> En su articulo segundo: ctLos dueñor de esta~blecimientos dedicados a la edición, venta, suscripción o préstamo de 10s periódicos, libros o impresoir de toda clase a que se refiere el articulo precedente, vienen obligados a entregarlos a las autoridades civiles en et improrrogable término de 48 horas a partir de la publicación de esta ~rden.>>~~'Wna orden posterior, de 16 de septiembre de 1937, vista la experiencia y las dificultades prácticas que la depuraci6n habia planteado en las zonas recientemente ocupadas, establecia: <(Las comisiones depuradora~, a la vista de 10s anteriores indices o ficheros, ordenarán la retirada de 10s mismos, de libros, Jolletos, revistas, publicaciones, grabados e impresos que contengan en su texto láminas n estampas con exposición de ideas disolventes, conceptos inmorales, propaganda de doctrinas marxistas y todo cuanto signifique falta de respeto a la Bignidad de nuestro glorioso Ejército, atentados a la Unid~d de la Patria, menosprecio de la Religión Católica y de cuanto se oponga al significado y fines de nuestra Cruzada Nacional. >>'O El equipo de 10s Servicios de Propaganda y Censura al mando de Dionisio Ridruejo realizó, en época temprana ya, el censo de las publicaciones periódicas existentes en la zona nacional. Existe un informe imposible de fechar pero que cabe suponer que: corresponde a la época del primer gobierno de Burgos en el cua1 se enumeran las publicaciones de las 25 provincias liberadas hasta aquel momento y en el que figuran 247 publicaciones. Predominan las revistas publicadas por la Igksia, en su inmensa mayoria boletines parroquiales, hojas diocesanas o publicaciones de asociaciones piadosas. Un número ínfimo 10 constituyen algunas revistas profesionales y, el resto, las revistas y periódicos de opinión, son todos Órganos de la Falange. A pesar del origen indiscutiblemente moral y favorable a la causa nacionalista de dichas revistas, en la suscinta ficha política elaborada por 10s funcionarios de aquel servicio sobre 10s antecedentes del personal directivo de las publicaciones, no escapa a su oja 9 bis. Ibidem. 10. Gabilán-Alchud citado por Josep Benet, Cataluña baio el régimen franquistrr (la. parte), Barcelona, Editoria1 Blume, 1979, pp. 249-250.
Literatura, censura y moral en el primer franquísmo avizor e inquisitorial ningún aspecto tocante a la vida privada de las personas. Sobre <(Martín Codax)), una revista de carácter religioso y benéfico de Pontevedra, se menciona que si bien la publicación <testi en armonia con 10s postulados que defienden la Causa, tiene en contra a su viceirector el sacerdote don Emilio Alvarey Martinez, de antecedentes personales y sacerdotales nada recomendables)>.ll Como es natural, este informe era de carácter estrictamente confidencial, de forma que la información precedente difícilmente pudo u-ascender más allá del circulo de colaboradores. Como se ve, aun tratándose de figuras pertenecientes a uno de 10s grupos sociales intocables del nuevo régimen, 10s aspectos morales tenian importancia y preocupaban a los responsables de la censura. De la coincidencia de intereses ideológicos y de clase entre la Iglesia y 10s hombres del nuevo régimen, acaso sea el más trágico ejemplo el concerniente a la actitud silen~ciadora adoptada por la jerarquia católica a raíz del fusilamiento de 16 sacerdotes vascos y la polémica levantada a este propósito tanto en el mundo católico internacional como entre el cardenal Gomá, monseñor Múgica y el presidente de Euskadi, Aguirre. Asombra que frente al prurito de moralidad, la jerarquia episcopal ---que no el gobiernose calíara ante aquel asesinato sacrílega por razones de conveniencia estrictamente política, de coincidencia de intereses ideológicos, puesto que lo importante era la victoria de 10s nacionales y la negación de la catolicidad y moralidad a 10s oponentes al Alzamiento Nacional. En su respuesta a Aguirre, heclla pública mucho tiempo más tarde, Gomá llegaba a escribir: <(La jerarquihr no callo' en este caso, aunque no se oyera su voz en la tribun~ clamorosa de la prensa o en la arenga politica. Hubiera sido menos eficaz. Pero yo le' pzledo señalar el dia y el momento en que se truncó bruscamente el fusilamiento de sacerdotes, que no1 fueron tantos como se deja entrever en su dzscurso. Y como el lamentable hecho! se ha explotado en grave daño de España -nos constay conviene dejar las cosas en su punto, yo le aseguro, señor Aguirre, que aquellos sacerdotes sucumbieron por ~lgo que no cabe consignar en este escrito, y que el hecho no es imputable ni a un movinziento que tiene por principal resorte la fe cristiana, de la que el sacerdote es representante y maestro, ni a sus dirb gentes, que fueron Cos principales sorprendidm al conocer la desgracia.)>'2 Mientras por un lado se mantenia el silencio y se insinuaba la justicia de 10s fusilamientos por algo que no cabia consignar por escrito, nada obs11. Véase Censura y creación literaris en España (1939-1976), Barcelona: Ed. Penínsda, 1980, en adelante citado coroo Censura, pp. 18-19, nota 9. 12. Juan José Ruiz Rico, El papel pditico de la Iglesia Católica en la España de Franco, Madrid: Editorial Tecnos, 1!)77, p. 42.
<{Papers)>: Revista de Sociologia taba para que, por otro lado, numerosos obispos y sacerdotes clamaran al cielo la sangre de 10s impíos y réprobos. Fermín de Izurdiaga, sacerdote y falangista, factótum de la revista <(Jerarquia% y personaje que durante algunos años fue la eminencia gris de 10s Servicios de Propaganda y Censura, convirtiéndose más tarde en el interventor general de la Vicesecretaría de Educación Popular, podia escribjr: <(En la amanecida inmortal España, crecerán espigas de sangre, se amasará con ellas el pun nuevo, que será pan de sangre; y caando nuestros hijos coman de ese pau sobre la mesa de la Patria, arvojados fuera 10s cobardes y .los sacvílegos, la generación de nuestros hijos será la generación Nacionalsindicalista invencible y activa; porque toda la tierra de España, palmo a palmo, está teiiida de nuestra sangre, que es trigo eterno y semilla fecundadora.)>13 La significación de la cobardia y lo sacrilego no estaba dictada por normas de moralidad superior sino por pertenencia a uno de 10s bandos contendientes. La cualidad moral de las actuaciones e inclinaciones humanas era la moral de 10s vencedores que servia para extirpar 10s elementos malsanos o degenerados. Un testimonio de indiscutible valor sobre el carácter primordialmente represaliador de la labor de la censura de libros nos lo proporciona Die nisio Ridruejo en Escrito en Espan'a al relatar sus años al frente de la Dirección General de Propaganda, con jurisdicción sobre la edición de libros, cine, teatro, organizaci6n de actos públicos y demás actividades de propaganda. <(El ejército --dic+ cobraba el poder más decisivo y ejecutivo. La Iglesia se volvía invasora [...I Todo era insatisfactovio: el Partido era una comparseria; la Jefatuva del Estado y el Partido -una en la personanada tenían que ver entre sí; 10s sindicatos deberían ser una ficción; el Ejército imponia su poder; la Iglesia tirmizaba la política cultural con criterios calomardianos y proyectaba una autoridad ejecutiva inacept~ble sobre la sociedad Iaica.a14 En las zonas de la retaguardia la normalización de la vida civil se hacía según las pautas militares y religiosas, tendiendo a convertir a 10s civiles en mitad monjes y mitad soldados. No preocupaba tanto la preservación de la moral sino la vigilancia y destrucción de cuanto no se ajustaba a la visión política-militar y religioso-social de 10s nuevos gobernantes. Dionisio Ridruejo nos señala su profundo estado de decepción y las náuseas físicas que le produjo su participación en la <(entrada)> de 10s nacionales en Barcelona. Las camiones de propaganda repletos de ediciones literarias catalanas perfectamente aceptables desde todos 10s puntos de 13. De Miguel, op. cit., pp. 149-150. 14. Dionisio Ridruejo, Escrito en España, Buenos Aires: Losada, 1962, pp. 17-18.
Literatura, censura y moral en el primer franquisme vista con la ideologia del nuwo régimen fueron Uanamente incautados por las autoridades militares. <{Las primeras medidas de oczcpación -mes cla de hosquedad represiva y beateria empalagosame pusieron al borde de lm náusea.)> El historiador Josep Benet ha exhumado de la prensa barcelonesa de aquellos días la documentación sobre el desarrollo de la ocupación de Cataluña en un libro que parece haber pasado casi desapercibido pero cuyo valor documental es del máximo interés para comprender el paso de una situación a otra y el carácter represivo de las funciones censorias desde aquel entonces hasta su virtual desaparición. Barcelona quedó sometida a un régimen especial de ocupación dada la complejidad que presentaba el control de una gran ciudad en el orden civil y militar. El bando de ocupación estipulaba la incautación de cualquier medio de comunicación y la puesta a disposición de la autoridad militar de las estaciones radiofónicas, salones de espec:táculos con sus instalaciones, imprentas y talleres de grabado y toda clase de existencias de papel y pasta para su fabricación. El articulo 7." ordenaba: <<Se inmobiliza también, a mi disposición y con igual prohibición, el material impreso y gráfico de todas clac ses, de propaganda politica y social, 10s negativos y las copias de las peliculas cinematográficas y discos gramofóni~os.n'~ Además, quedaban sometidos al procedimiento sumarísimo de la Jurisdicción de Guerra 10s delitos realizados por medio de la imprenta u otro medio cualquiera de publicidad y se establecia la censura prevja. Estas medidas perentorias, consecuencia y necesidad de un régimen de ocupación militar, se mantendrán inalteradas hasta la Ley de Prensa e Imprenta de 1966. El plan de ocupación comprendia la eliminación del enemigo mediante la delación, 10s consejos de guerra sumarísimos, la ejecución de unas trescientás personas por emana,'^ la destrucción, quema e incautación de bibliotecas y archivos públicos y privados y el encauzamiento moral y religioso de la población sojuzgada hasta entonces al servicio de siniestros y mezquinos intereses. Las bibliotecas privadas y archivos personales de numerosos intelectuales refugiados en el extranjero fueron destruidos o quemados en la plaza pública. Asi ocurrió cor1 10s archivos de Antoni Rovira i Virgili o con la biblioteca insustituible de Pompeu Fabra. Las bibliotecas públicas fueron intervenidas y, en el n~ejor de 10s casos, s610 clausuradas, como la Biblioteca Pública Arús. A Xos siete dias de iniciada la ocupación se publicaba la siguiente orden: <{Las imprentos, librerias, sociedades y particu15. Josep Benet, op. cit., p. 216. 16. Ibidem, p. 230.
<<Papers>>: Revista de Sociologia Claro está que todo escritor novel -acudiera con su primer o segundo manuscritoiba a topar alguna vez con la incomprensión, desconfianza o testarudez del censor de turno. Pero 10 más curioso ocurrido con censura durante estos primeros años es que fueran precisamente escritores de inquebrantable adhesión al régimen quienes protagonizaran 10s conflictos con el aparato censorio, ya fuera con anterioridad o posterioridad a la publicación de algunas de sus obras. Curioso, aunque nada extraño, es también que hayan sido algunos de estos escritores quienes, pasados 10s años, hayan podido deleitar al público con la reproducción de informes censorios a cual más sañudo. Asi, las peripecias de La familia de Pascual Duarte o La colmena, de Camilo José Cela; La quinta soledad, de Pedro de Lorenzo; Javier Mariño, de Gonzalo Torrente Ballester; La fiel infanteria, de Rafael Garcia Serrano. Examinado todo ello con más detalle se desvanece la extrañeza. El primero, era censor de revistas y no, como ha afirmado recientemente, del <(Sagrado Corazón de Jesús)>,% sino de publicaciones literarias también. El segundo, 10 que es cierto es que en la década de 10s años cincuenta ejercía todavía de censor, con un ardor que iba mucho mis lejos que el del propio director general, Pérez Embid.n Sobre d tercer0 baste recordar que formó parte de la Delegación Nacional de Propaganda en Burgos. A propósito del 6ltimo basta con leer la novela secuestrada para cpnocer sus posturas política^.^^ A excepción de la identidad política e ideológica que a todos 10s unia, lo que podia separarlos, el Único o uno de 10s pocos puntos de discrepancia entre dicbos autores podia consistir -como puede parecer natural, a fin de cuentasen sus respectivas inclinaciones o hábitos del ctapetito sensitivo hacia el mal)>, si no resulta enojoso el uso de una fórmula propia de 10s manuales de moral cristiana. Identificados también en todo lo que se hacía para d saneamiento moral y político desde el aparato censorio, estos escritores/censores fueron personas mentalmente capaces y preparadas para transgredir, 10 que no era esencial al nuevo régimen y s610 un filtro para medir el grado de lealtad al régimen entre 10s sospechosos: la moral. Ahora bien, después de la depuración llevada a cabo, el dnico terreno en el que cabían desavenencias, fuera de 10s cenácullos franquistas en sus diversas gamas, era d de la moral y las buenas costumbres. El triunfo militar de 10s nacionales sobre 10s republicanos no habia implicado un cambio de piel en sus incondicionaks. En caso de transgresión pública de 10s principios mora26. Recientes declaraciones hechas en el suplemento del <<País Semanalx 27. Véase Censura, pp. 113, 162 y 167. 28. Véase también la documentaci6n al respecto presentada por J. M. Martínez Cachero, Historia de la novela! española entre 1936 y 1975, Madrid: Editorial Castalia, 1979, pp. 101 y SS.
:Literatura, censura y moral en el primer franquismo les había siempre una hipotetica reacción de la Iglesia, y en caso de producirse, era beneficioso para el. régimen someterse a ella. Además, 10s asesores religiosos pertenecientes a la plantilla de censores velaban, dentro del margen de 10 opinable, por la eliminación de cuanto fuese perjudicial. Mientras dur6 el aislamiento de la sociedad española respecto a 10s demás paises, el llamado período autártico, fue relativamente eficaz mantener el cordón sanitari0 que impedia cualquier manifestación de la cultura contraria a presupuestos de una extrema moralidad. Pero el mundo y Europa cambiaron. Las naciones europeas reanudaron sus relaciones diplomáticas, se abrieron paulatina~nente las fronteras, se establecieron ciertos contactos, el Iiberalismo inspirador de las sociedades democráticas, aunque malsano a 10s ojos del franqiuismo, era preferible al ateismo comunista -punto en d que coincidian d franquismo y las democracias occidentales-. Si 10s españoles no viz~jan al extranjero, 10s turistas europeos comenzaron a frecuentar las plaiyas. La primera oleada de turismo masivo fue el turismo religioiso con m~otivo del Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona. Muchos jóvenes y adolescentes que no habian vivido la guerra civil o no guardaban ningún recuerdo de ella descubrieron que ni la fe católica ni la práctica moral eran cosas monolíticas. Había otras formas aceptadas y aceptables de compaginar fe, moral y democracia. El lavado de cerebro empezó a perder eficacia, para algunos el mundo se tambaleó, dejó de tener rigidez y vinieron un sinfín de crisis personales, en gente adulta y gente joven. El contraste -aunque fuera indirecto o de segunda manoentre el progreso económico en 10s paises europeos y la persistente miseria, las migraciones del campo a la ciudad, la creciente marginación social, el inmenso chabolismo del suburbio, la distancia entre las palabras y 10s hechos, el engreimiento bombástico de 10s hombres afines e incondicionales al régimen, todo ello contribuy6 a que se agrietaran los muros de contención levantados sobre la <(la hosquedad represiva y la beateria empalagosan seliialadas por Dionisio Ridruejo. Si el régimen había tenido que abrir el país al primer turismo, los responsables de la censura tratabím de mantener la cerrazón más férreamente que nunca frente a la avalancha de libros de importación editados en la América Hispana o libros de la literatura extranjera destinados a la traducción. Estudios de la índole como el de Ricardo Gullón sobre La poesia de Luis Cernuda eran rechazaclos por el censor/escritor Pedro de Lorenzo: <(. . .exdtación de un autor que1 se manifest6 comunista en la Antologia de 1934 de Gerardo Diego, que ha combatido públicamente al Régimen y colatinúa en el exilio manifiestamente hostil. No se trata de tachaduras ... sino del problema de resolver sobre la apologia de una figura y una temática declaradamente enemiga de 103; principios religiosos: es blas/ematorio; mo-
ctPapers)>: Revista de Sociologia rales: es uranista; políticos: es rojo de España.)> André Maurois vela condenada a edición de lujo su obra El instinto de la felicidad y a Borges se le prohibia la edición de sus Ficciones. Sin embargo, todo escritor español medianamente sensato sabia que transigiendo en 10s detalles, en las minucias, dejando a 10s censores intacto el placer de creerse omnímodos y prepotentes, aceptando <(seno)> por <(pecho)>, o viceversa, las novelas salím adelante siempre y cuando, globalmente considerado, el escritor fuera de fiar y no levantara sospechas de hostilidad hacia el régimen. La noria de Luis Romero: <(Ser?e de cuadros con un largo desfile de personajes apenas enlazados entre sí. El autor describe en breves pinceladas y con pensamientos íntimos de cada personaje, la vida y 10s problemas de cada uno. Abundan 10s tipos de gente de mal viuir: inuertidos, prostitutas, etc., y en toda la obra hay la preocupación constante del problema sexual, expuesto con crudeza y desenfado. Creo que su lectura puede resultar francamente perniciosa para una gran mayoría de La novela se publicó sin cortes, prácticamente. Algunos años después, a finales de la década, 10s grandes problemas que encuentran la narrativa y la poesia no son ya problemas de moral, sino de elucidación del carácter politico y trasfondo ideológico. La censura sigue haciendo hincapié en 10 perniciosa para el público lector desde el punto de vista moral. Sin embargo, un examen detallado de 10s casos más candentes de aquellos años nos revela que detrás de la máscara del puritanismo moral se esconde el hábito y el irreprimible deseo de castigar al enemigo potencial.30 ~Qué había ocurrido entre el momento de máxima y total compenetración entre la Iglesia y el régimen y el final de 10s años cincuenta? En apariencia, uno de 10s aspectos importantes de la aplicación de la censura habia sido el de la moral. Tan s610 en apariencia importante puesto que el régimen había hecho uso de 10s métodos mb expeditivos que imaginar se pueda para cortar de raíz cualquier resabio de la situación anterior. Al haber acotado Iglesia y régimen las esferas respectiva~ de influencia y reconocido la plena soberanía de ambos, el punto de contacto entre las cuestiones puramente espirituales y las cuestiones mixtas, o indirectamente relacionadas con el orden dogmático, era el ámbito de lo moral. El régimen asegurando la aplicación de este dtimo se granjeaba el apoyo social de la Iglesia y, de este modo, ésta lograba ejercer su influencia en el terreno politico mediante la moral. Lo que estaba en juego era el equilibri0 de la coexistencia de dos fuerzas que coincidim en una visión ideológica común. 29. Sobre censura, op. cit., passim. 30. Censura, pp. 120-136. 170
Literatura, censura y moral en el primer franquismo En la primavera de 1954 se inicia una controversia cuyo trasfondo ha sido poc0 estudiado desgraciadarnente. Contrariamente a 10 que pudiera haberse esperado, no fueron discrepancias en el terreno de la morzlidad pública o privada lo que condujo a una grave crisis de confianza entre el régimen y las autoridades eclesiásticas. A raiz de la publicación en <<Ecclesia)> de un articulo titulado <(lV Congreso Internacional de Prensa Católica. Reflexiones de un participantel>, articulo escrito a titulo personal por el director de este Órgano de expresión del episcopado, se desataron las iras del ministro de Informacjón y Turismo, Gabriel Arias-Salgado. Éste, desde las páginas de <(El Espafiol)>, hizo gala de sus conocimientos teológicos y esclareció algunos puntos poca deíinidos de la doctrina franquista sobre política de la información. Las posturas y opiniones atacadas sirvieron para perfilar el pensamiento doctrinal en el que se habia articulado la política de censura de libra~s y prensa basta ese momento. El esfuerzo de clarificación realizado puede calikicarse de excepcional. Excepcionalidad debida tarnbién a la envergadura de 10s participantes en aquel indlito debate públic0 entre autoridades del régimen y autoridades eclesiásticas. Para el ministro Arias-Salgado las ideas vertidas por el autor del articulo sobre el peso de la censura estatal, la política de consignas a 10s periódicos, la existencia de la censura previa y la filtración de noticias por 10s funcionarios del Estado eran afirmaciones equivocas, objetivamente falsas y mortificantes para el Estado español y también, al menos de hecho, para la jerarquia eclesiástica. &e su i~tención C...] no queremos, ni podemos, ni debemos juzgar. Dc. las palabras escritas, que han sido divulgadas entre 10s numerosos lectores de su revista, sí tenemos que afirmar que no son procedentes ni responden a la realidad. Las relaciones entre el Estdo nacido de la Cruzada y la Iglesia fueron siempre las que corresponden a un Estado realmente cato'lico; nunca hubol confusión de ambas esferas y las relaciones fueron cordiales en todo momento.a3' EI director de <tEcclesia)>, Jesús Iribarren, habia puesto de relieve 10s progresos que la prensa católica habia logrado haciendo pleno uso de la libertad de expresión en paises en 10s que el Estado no detentaba monopolio alguno. La situación espafiola se le antojaba anómala puesto que el régimen reconocia la total soberanfa de la Iglesia. Difícilmente podia entenderse en el extranjero que un país que se proclamaba católico <<no encuentrCe] ciento quince hombres con patriotismo, sentido comu'n y espiritu de responsabilidad a quienes poder encomendar con autonomia la dirección de un periódico dentro dl. los cauces de zcna ley clara y honrosa. Raro 31. Gabriel Arias-Salgado, Textos de Doctrina y Palitica de la Informaci6n, Madrid: Secretaria General del Misiterio de Informaci611, 1956, p. 163.
<tPapers,: Revista de Sociologia es que no pueda confiarse en un centenar de directores y si en una cincuentena de censores, no superiores a aquéllos por nlngún valor humana)>." Con el aplomo propi0 de quien sabe el terreno que pisa, doctrinalmente hablando, la replica del ministro venia a subra~ar que en la concepción española de la prensa como institución social, ésta no era sino instrumento al servicio de 10s intereses de la comunidad para librar a la nación de la servidumbre de 10s grupos de presión. El liberalismo condenado por la Igksia <tlevantó el gran sofisma de identificar en todos 10s drdenes la libertad del ciudadano con la libertad frente al Estado. Llegó a persuadir al hombre de que el Estado es el Único enemigo de su libertod. Esta falacia persuasiva fue igualmente utilizada por las izquierdas revolucionarias y por las derechas conseruadoras en beneficio de los poderes económicos que quedaron dueños del campo y únicos y exclusives beneficiarios de la libertad.~~~ La libertad de expresión -mejor libertad de divulgacióndebia quedar sometida a la verdad, ya que, para el error y el mal no hay libertad. Y si se diera el caso de errar o de abrazar el mal, se trata no de la perfección de la libertad humana sino de su imperfección y sus limitaciones. Desde el punto de vista de la doctrina católica no había nada que oponer a la censura cuyo origen era eclesiástico y anterior incluso al descubrimiento de la imprenta. El régimen reclamaba para si el reconocimiento del principio de prudencia en la aplicación de la censura. Aceptaba la libertad para 10 bueno y lo verdadero, ninguna para el error y el mal: <(Esta es la norma permanente, esta ley que llevamos impresa en nuestra naturaleza; éste es el principio estable y regulador, aun cuando, en determinada~ circunstancias, puede la prudencia politica tolerar el mal o permitir el error, siempre que se evite un mal mayor o se conserve un mayor bkn y siempre por causa del bien común y por las exigencias del bien púb1ico.P Dicho en otras palabras, la unión de las espadas y el altar, la connívencia de intereses quedaba intacta mientras otros males mayores no la pusiesen a prueba. La jerarquia daba a entender que deseaba cierta autonomia de vuelo y el contrato tácito entre 10s dos quedaba en ciertos aspectos anulado. La moral se relajaba y el régimen estaba dispuesto a permitir el error siempre y cuando se evitara el mayor mal: el debilitamiento de su autoridad. 32. Ibidem, p. 372. 33. Gabriel Arias-Salgado, PolStica española de la Información, I1 Antología sistemática, Madrid: Ministeri0 de Información y Turismo, 1958, p. 60. 34. Ibidem, p. 59.