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Ressenyes

Hernández Reynes, Jesús

Abstract

Index de les obres ressenyades: Mercè RIUS, T. W. ADORNO, Del sufrimiento a la verdad.

Full text

Largeault prefiere una especie de realismo científico puesto que cree en la inteligibilidad de la naturaleza. La tradición idealista, al contrario, la niega: es el hombre, es decir, sus categorías, su lenguaje, que impone su ley; en términos kantianos o wittgensteinianos, los límites del mundo son los de nuestras categorías o de nuestro lenguaje: no están lejos de decir que existe aquello de lo cual se habla. Contra estas ideas hay que tener presente que la física crea inteligibilidad asociando estructuras matemáticas a estructuras físicas. Largeault forma parte de un grupo reducido de filósofos franceses de quienes se pueden aprender cosas útiles puesto que reúnen la competencia y la penetración del pensamiento. Una última palabra sobre el estilo: Largeault es escritor, cualidad rara en los filósofos. Miguel Espinoza Merck RIUS, i? W Adorno. Del sufrimiento a la verdad, Laia, Barcelona 1985. Escribir es difícil; y escribir para publicar, si cabe, lo es más. Merck Rius ha abordado este cometido salvando admirablemente el triple obstáculo que supone ser la primera obra, de filosofía, y además sobre un autor. El libro í? W Adorno. Del sufrimiento a la verdad se hace indispensable tanto para aquellos que quieren iniciarse en la filosofía del autor alemán como para quienes ya la conocen y buscan una visión globalizadora. Conseguir algo así, supone haber acertado en el planteamiento y en su ejecución. Merck Rius logra hablar sobre Adorno sin caer en la mera paráfrasis ni en el discurso de libre asociación; logra una obra de filosofía que aporta elementos interesantes no cayendo en la exposición escolar; y logra una opera prima distanciada por igual de la banalidad y de la pedantena. El libro es breve: poco más de cien páginas. Su estructura por capítulos le da agilidad y precisión, todo ello para llevar adelante un cuidado y coherente propósito: la exposición crítica de la filosofía de Adorno. En esto es particularmente expresivo el subtítulo: .Del sufrimiento a la verdad.. Este subtítulo hace referencia a un camino, a un recorrido que vertebra la propia obra adorniana. Es sabido -y así lo hace notar Merck Riusque Adorno tiende al lenguaje aforístico y no gusta de la construcción sistemática. Esto, para quien desee globalizar su pensamiento, comporta bastantes problemas. Por eso estimo que la elección que nuestra autora hace de un camino o recorrido como hilo conductor de la filosofía adorniana, huyendo de exposiciones, por ejemplo, cronológicas o temáticas, es acertada. Con ello consigue situar al lector en la impronta de un destino que no es sino el suyo propio, el de aquel que partiendo de una molesta situación busca la verdad para que le libre de la falsedad manifestada por la molestia. Merck Rius insiste en mostrar lo que Adorno rechaza, a saber, todo aquello que conduce a la convivencia con lo fáctico. Así, en el plano teórico -que es actualmente la mejor modalidad práctica-, Adorno se opone tajantemente al formalismo, es decir, al abandono del contenido. Este abandono viene dado por la atribución de la mediación al sujeto cognoscente, de manera tal que lo conocido se adjudica una inmediatez que atenta contra la espontaneidad del sujeto. Para Adorno, la realidad toda es mediación. Ante esto, Merck Rius hace ver inteligentemente la distancia que separa a Adorno de Hegel: con la doctrina del «Espíritu Absoluto~, Hegel afirma la reconciliación, mientras que Adorno niega esa posibilidad. Nuestra autora entiende que para Adorno la idea de totalidad de Hegel está hoy en día puesta al servicio del totalitarismo. Más que armonía, se deben buscar tensiones que permitan la manifestación de la falsedad que nos embarga, es decir, la manifestación de una esencia devenida anti-esencia, de una esencia que es pura apariencia. Merck Rius nos dice, siguiendo a Adorno, que en nuestra época la razón subjetiva, que es originariamente la manifestación de la razón objetiva, es razón instrumental, cosificadora. Por ello es necesario acudir a la crítica, para lograr trascender esta situación. Pero la trascendencia no puede venir de la aceptación de lo fáctico. Sólo la manifestación de la falsedad pura puede hacer que ésta misma se agote en su ser pura falsedad. De ahí que la crítica adorniana sea inmanente, pues la dialéctica inmanente es la única capaz de trascendencia: ella impulsa la propia negatividad del sistema para acabar consigo mismo. A lo largo de las páginas de su libro, Merck Rius va introduciendo los principales conceptos del pensamiento de Adorno sin perturbar la clara línea de la exposición, consiguiendo la difícil sensación de que todos están explicados con las palabras justas: sin extenderse en demasía ni pecar de avaricia. En este mismo sentido son de destacar los párrafos dedicados a la contrastación de la filosofía adorniana con otros filósofos y teorías; así, las críticas al positivismo y al existencialismo, y, sobre todo, la relación de Adorno con el psicoanálisis de Freud. En los últimos capítulos el libro de Merck Rius cobra altura. Hay que decir que, conforme van pasando las páginas, el libro que comentamos gana en complejidad. Desde que se define el individuo adorniano hasta que se llega a la utopía como forma de la esperanza, la obra de Merck Rius abandona toda pretensión de ser meramente divulgadora y alcanza un lenguaje con el que se expresan puntos fundamentales, y creo yo que gratificantemente nuevos, del pensamiento de Adorno. A este respecto destacaría el análisis que Merck Rius realiza de la categoría de ((expresión)) (Darstellung); más que por lo definitivamente establecido, por aquello que se sugiere y que, a mi entender, puede permitir integrar a Adorno en una problemática común a otras filosofías de nuestro tiempo. En resumen, pues, desde el sufrimiento que experimenta el hombre por estar sumido en la apariencia, podemos remontarnos a la verdad. El libro de Merck Rius es una buena muestra de ello. De ahí que quien no lo lea se perderá algo que merece la pena. Sigue en su camino a un filósofo que escribió una frase con la que me gustaría acabar, una frase que expresa toda la terrible aporía de nuestra situación como hombres del presente y que nos adentra en el campo más puramente filosófico que se pueda concebir. Dice Adorno: .Cuando es imposible hacer nada sin que amenace con redundar en mal aun queriendo el bien, hay que limitarse al pensamiento.. Jesús Hernández Reynés Eugenio TRÍAS, Filosofía del &furo, Ariel, Barcelona 1983. ¿Hay una nueva filosofía en España? ¿Hay una reflexión sobre el «hoy» de la modernidad? ¿Hay autores que encarnen preocupaciones y reflexionen sobre tales obsesiones del tiempo presente? Son varias las preguntas que pretendo hacer confluir en una sola respuesta afirmativa -si por filosofía se entiende lo que Aristóteles entendió por tal, la filosofía primera, la metafísica-: Eugenio Trías y su último libro publicado a finales del año 1983, Filosofía del fituro. Este texto es un claro final de etapa, un lugar adonde han ido a remansarse las ideas que en el caminar de su conciencia filosófica le han guiado. Los que conozcan la trayectoria de Trías verán que en su obra se da una fidelidad a unos temas nucleares, .ideas-problema., que me permiten decir con Rubert de Ventós que sus escritos son un solo libro, de una coherencia total. Los temas le acometen y él los va ((nimiando)>, siguiendo el consejo de su maestro Nietzsche; usa una técnica de cercado de la idea que le preña, idea germina1 que en escritos posteriores va creciendo y desarrollándose, añadiéndole capas concéntricas, abriéndose a formulaciones nuevas. Este es su método, la vía o camino de su reflexión y exposición. Desde las primeras obras de Trías hay ya una preocupación metodológica que sólo puede ser observada si se hace una lectura atenta de su obra, ya que no es obvia. Trías no suele hacer una declaración de intenciones de forma clara y explícita, no formula hipótesis de trabajo en las primeras páginas de sus libros. Sus .excursos>) metodológicos aparecen en lugares poco visibles; nos los encontramos en medio de un capítulo no fundamental o al final de un trayecto en el que lo que nos ha captado la atención ha sido el contenido de una idea, no su forma de exposición. Esto y otros procedimientos -intencionados o no, por parte de Tríashacen que se haya dicho de su obra. la de juventud sobre todo, que es dispersa o anárquica; incluso se la ha podido considerar, por ciertos sectores de la crítica, más como un ensayo sobre la cultura occidental, que como una obra, en rigor, filosófica. ¿Puede esto achacarse a las apoyaturas culturales y a las continuas referencias a los artistas de toda laya? Recordemos El artista y la ciudad y Drama e identidad, miscelánea de pintores, músicos, pensadores y literatos. Pero la intención de Trías es sacar un rendimiento filosófico a sus análisis en otras regiones de la cultura; la preocupación que está al comienzo y al final del camino es una idea filosófica, pretende darse un marco fenoménico -de fenómenos inteligibles-