scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La "contaminación" de las "categorías" : (problema teórico-didáctico de la historia de la Filosofía y de la Filosofía sistemática)

Maristany, Joaquim

Abstract

Maristany, Joaquim

Full text

LA «CONTAMINACION» DE LAS ((CATEGOR~AS)) (Problema teórico-didáctico de la historia de la Filosofía y de la Filosofía sistemática) Pretendo esbozar tres temas escalonados que son los siguientes: 1) Una delimitación mínima de lo que entiendo por ((contamina ción» de las categorías filosóficas. 2) Ejemplificar tal (~contaminación)) mediante dos casos -dos acontecimientos de la historia cultural que guardan alguna secreta vinculación entre sí-; estos dos kairos son: la primera formulación vacilante del judeo-cristianismo en el vaciado de categorías griegas y la formulación, vacilante también, del idealismo alemán referida a la lectura de Kant. 3) Una vez caracterizados el fenómeno ((contaminación)) y los dos ejemplos, sugeriré las consecuencias didácticas, tal como éstas se plantean en la historia de la Filosofía y, especialmente, en la filosofía sistemática. (Ateniéndome a las restricciones de una comunicación trataré las tres cuestionesper modum unius) . ~ntencidn'~ categoría (sistema) Al caracterizar la impureza, a mi juicio, constitutiva de las categorías filosóficas, evito resueltamente la paralela purificación terminológica del lenguaje filosófico con la que la corriente analítica opera desde presupuestos propios -véase el estudio de Victoria Camps, Pragmática del lenguaje y fzlosofría anal6 tica y el esfuerzo dialogante de la filosofía usual en P. Ricoeur, Le confit des interpretations y La metaphore vive-. Evito, también, el obligado ascendente histórico-linguístico que la palabra griega kategoria entraña (P. Chantr aine, Dictionnaire etymologique de la langue grecque, artículos: ageiró - agora) y la interesante vinculación institucional del término en Vernant: Mito y pensamiento en la Grecia anttgua. Evito, por último, el enraizamiento del ((decir)) en el pensar y en el ser - la cuestión decisiva en el lenguaje categorial si atendemos la advertencia reiterada de Aristóteles, Hegel o Heidegger. ¿Qué entiendo aquí por categoría? A. Lalande en su Vocabulaire technique et historique de la philosophie da, en el apartado «o) del término, la siguiente acepción que yo asumo: «De manera menos técnica, se entiende por categorías los conceptos generales a los que un espíritu (o un grupo de espíritus) acostumbra a referir sus pensamientos y sus juicios)). Podríamos retraducir así la acepción de Lalande, integrándola en el vasto abanico de lo que es o haya sido el filosofar. Cualquier filósofo -Fichte lo explicitó temáticamente eri la Teorzá de la cienciapretende adecuar su conciencia espontánea a conciencia reflexiva. La conciencia espontánea refleja la ((intención)) del filósofo -demarche o recherche la llama el historiador francés de la filosofía, F. Alquié, en Signifcation de la terminaciones psicológico-sociales, con su determinación histórica. La ((conciencia reflexiva)) (los ((conceptos generales)) de Lalande) la refiere Alquié, en la obra citada, a la dimensión sistemática del filosofar. Advirtamos que la formulación reflexiva no es en niodo alguno una pertenencia precisivamente gnoseológica; sólo en la perspectiva neokantiana (Cassirer, El problema del conocimiento), pudo plantearse una gnoseología contradistinguible de la ontología. Por lo tanto, la «formulación)) de la intención es indiscriminadamente, en cuanto tal, gnoseológica y óntica. Afirmar lo contrario supondría el predeterminar una restricción «tal o cual)) de la actividad formuladora. Hasta aquí he distinguido entre la intención o centro referencia1 de cualquier filosofía y su entramado o formulación coherente, el momento pre-categorial y su correlativo momento catogorial que especificará un mismo acto, el filosofar sin más. Deczj-kfn e indecisión categoriales Avancemos un paso más. Cuando el filósofo autoformula su intención inaugurando el sistema -éste podrá ser variablemente abierto o cerrado (F. Alquié op. cit. y mi Introducción a los flósofos, creenchzs o sistemas KarrtlHege1)-, utiliza para sus fines un instrumento o una formulación in facto esse, un repertorio categorial que resulta de otras intenciones pertenecientes ya al acervo cultural. (Algo análogo le acontece al músico que formaliza su intención ayudándose con estructuras musicales fruto de épocas e in- tenciones 1eja:nas). Pues bien, llamo «contaminación categorial)) a ese hecho elemental indispensable de elaborar nuevos lenguajes a partir de lenguajes preexistentes. Este hecho, al parecer irrelevante, si se elide, puede engendrar la ilusión de un empleo unívoco -inevitablemente abstracto entoncesde las categoriíis filosóficas. (Ciertos manuales y la explica.ble simplificación de los diccionarios filosijficos suelen favorecer tal ilusiijn). Persiganios ese momento delicado, en el cual la intención original se ve obligada a una suerte de canje terminológico para el logro de su empeño; es decir, para su adecuación reflexj,va. Obviamente, la nueva intención forcejeará con lenguajes inadecuados a su prophsito; no tendrá más recurso que efectuar elecciones selectivas en los márgenes de indeterminación que el producto cultural, la tradición filosófica, conserva por unplus de riqut:za. La historia de la Filosofía ofrece una información diáfana sobre el mecanismo de los trastrueques categoriales, tal como se dan en concreto. El filósofo original, fascinado por su intención -el escrito de Bergson, L'ziztuition philosophique resulta aquí pertinente-, suele ser daltónico respecto a las intenciones que le precedieron cuando efectúa el forcejeo mencionado. Así se explican las frecuentes ((destrucciones de la historia de la Filosofía» anterior a la suya que los filósofos realizan una y otra vez, pretendiendo empezar ab ovo; piénsese en los casos contemporáneos de Heidegger y Russell --sus destrucciones de la historia filosófica-, por no hablar del torbellino, pintorescamente destructivo, de los (movísimos» de turno. Ya podemos concluir que esos «lapsus», perfectamente aceptables en el pensador original y menos, claro está, en el ((variopinto),, no podrá permitírselos el historiador o el profesor de Filosofía. Ellos lo considerarán, simplemente, como el envés negativo e ilustrador de toda aportación. Es decir, cabrá siempre, e incluso será obligatorio, el esfuerzo de confrontar las filosofías al nivel de sus intenciones, pese a su dificultad y precario logro. Sin embargo, mi interés en este artículo se centra en otros asuntos. Atiendo en cámara lenta al forcejeo señalado entre la intención y los lenguajes productos; aquello que la intención reasume en vistas a elaborar un nuevo produto. Caben en el forcejeo -que calificamos de momento provisionalmente sincréticovarias posibilidades. Una intención original puede permanecer «indecisa» frente al material rebelde que le cierra el paso. Diremos que la formulación resultante será, entonces, equívoca e incluso contradictoria respecto a su intención; el conjunto «indeciso» podrá a pesar de todo, ser espléndido. Orígenes, en Acerca de losprincipios, no resuelve satisfactoriamente, a efectos categoriales, el conflicto subyacente entre dos ((intenciones)) irreductibles: el ciclo griego y la historia judeo-cristiana. Sin embargo, el proyecto de Orígenes o el cuadro origenista, que la patrística bizantina depurará, puede antojársenos una grandiosa creación intelectual. Algo análogo nos sugiere la génesis vacilante de la formulación agustiniana -su intención cristiana-, soslayada por Manes y Plotino (véase el clásico libro de J. Guitton, Le ternps et L'eternitéchez Plotin et Saint Agusth o, complementariamente, el discutible estudio de Alfaric sobre la formación del pensamiento agustiniano). Por el contrario, si esperamos resultados categoriales más satisfactorios, admiraremos los edificios conceptuales de Máximo el confesor o de Tomás de Aquino: decisiones más elaboradas del material extraño asumido. Ambos autores doblan su actividad creadora con otra, previa, de comentarios exegéticos sobre la tradición. A la distinción primera: intención-determinación o momento precategorial e instancia categorial, se añade, en la formulación categorial, una distinción adicional: grado, mayor o menor, de indecisión o decisión categorial a partir, siempre, de un provisional momento sincrético. Categorías o términos neutros: «forma», «materia», «relación», «posibilidad» adquieren nuevo sabor -reflejo de la intención sobre los términosy nueva significación -«contaminación» más o menos cuajada o lograda de la nueva formulación-. En los grandes sistemas categoriales, ese momento intermedio podrá parecernos ya inexistente, pero no es así si espiamos atentamente las emergencias inter- mitentes de la intención y las huellas, no enteramente borradas, de los desplazamientos categoriales efectuados. (A. Forest ha estudiado pacientemente este momento intermedio en la síntesis del tomismo; véase su obra, La structure metaphysique du concret chez St. Tomás d'Aquin.) Cabría, por lo tanto, un estudio de las categorías filosóficas considerando sus metamorfosis históricas. Cabría también, a la inversa, sorprender el trasfondo pre-categorial de las categorías; lo intenté parcialmente en otro estudio, Rito, teatro, trascendental (aumento focal de una categoná). Y, también, estudiar correspondencias entre lógicas pre-categoriales -aquello que LevyBruhl llamó genéricamente ((mentalidad mística o pre-lógica»- y las grandes construcciones categoriales. Basta citar los interesantes estudios de Simone Petrement. Le dualisme dans l'histoire de la philosophie et des religions o el trabajo paralelo de Sylvain Levi, La doctrina du sacrifice dans les brahamanes. Los géneros mixtos Un examen complementario de los géneros filosóficamente mixtos otorgará verificación indirecta a estas afirmaciones y -contrapartida obligadalos reconoceremos como estatuto filosófico. Dos ejemplos de géneros mixtos aclaran lo que por ellos entendemos y en qué sentido son referib~es a la decisión o indecisión categoriales. En la fase primera del idealismo alemán, sobre todo en la usualmente llamada romántica, proliferan híbridos de excepcional interés, para entender la novedad de la intención idealista, que formulan sus grandes sistematicos, Schelling y Hegel. Pienso en escritos imprescindibles como Lucinda de Schlegel, los Mono7ogos y El discurso sobre la reltgzon de Schleiermacher o los fragmentos que Novalis agrupa bajo el significativo título de Enciclopedia (réplica clara a la enciclopedia ilustrada y anticipo de la de Hegel). Estos escritos ((populares)) -así los califica J.F. Marquet en su estudio sobre Schelling, Libertéet existencerefractan en múltiples direcciones su materia intencional en estado ((informe)). Debemos distinguirlos de otros escritos «POpulares)) de la misma época que brindan un interés complementario. A título de ejemplo pertenecerían a este segundo tipo -no resulta fácil distinguirlos del grupo anteriorel género epistolar de Schiller o Jacobi. Más claramente, El destino del hombre de Fichte vulgariza eficazmente ante el gran público su intención educativo-filosófica, despojándola de todo tecnicismo. El autor logra así intrc~ducirnos en su intención, ahorrándonos el penoso esfuerzo que comporta la lectura de la Teortá de la ciencia correspondiente a ese breve escrito; mediante tal estrategia Fichte aísla la prueba de que su refundición de K:ant no es en modo alguno indecisa; la explicita Fichte en la Segunda introducción a la ciencia de 1977, donde tematiza y motiva el desplazamiento de las categorías kantianas a las que su original intención le aboca. Resumo: La ((contaminación categorial)) es uria realidad o situación normal en el acontecer histórico de la Filosofía. Resulta más apreciable -escandalosa, inclusoen los grandes cambios culturales. La ((contaminación)) es un efecto inevitable del quehacer filosófico en cuanto que intención y sistema no se recubren, por una parte, y en cuanto el nuevo sistema se elabora a partir de elementos preexistentes que sume con mayor o menor decisión. Los géneros mixtos -éstos presentan otros problemas, de los que yo he destacado, por ejemplo, el incitante tema de los géneros literarios en filosofialanzan una luz indirecta sobre el asunto. Conclusión provisional. Los grandes sistemas filosóficos, a pesar de la consistencia que les otorga su decisión categorial -hablo de consistencia en sentido ampliopresentan una estrzictural «impureza» categorial. Tal afirmación no pretende en modo alguno subestimar los sistemas. Se limita meramente a una constatación: sin recurrir a las instancias exteriores de la filosofía analítica, a legítimos sondeos arqueológicos pre-categoriales (modelo francés), filológicos (Heidegger), retórico-hermenéuticos (Gadamer y Ricoeur), ((deisde el punto de vista de la Filosofía académica)), el estado ((impuro)) se acepta tranquilamente. Es el precio de toda creación y que la didáctica filosófica debe tener también presente. Joaqutít Maristany del Rayo