Pluralismo actual, incomunicación humana y educación
Abstract
Company Franquesa, Frederic J.
Full text
PLURALISMO ACTUAL, INCOMUNICACION HUMANA Y EDUCACIÓN Frederic J. COMPANY FRANQUESA Cada vez con más frecuencia, se acentúa entre nosotros una cierta tendencia a resaltar las actitudes y hechos cotidianos desde posiciones extremas, es decir, cuando presentan caracteres opuestos bien definidos, de vanguardia o conservadores, dejando por el contrario en el olvido esa zona ordinaria y natural de equilibrio, en la que no sólo se gestan, sino en la que cobran sentido las posturas y situaciones mencionadas. No debe, sin embargo, sorprendernos esta actitud, ya que el método fenomenológico, que define nuestra cultura, favorece esta consideración parcial de la realidad, en cuyo análisis detallado y fragmentado resaltan por fuerza los aspectos antagónicos de la vida y, sobre todo, de la educación para la vida. Es más, da la impresión de que, cuando no se rechaza olímpicamente esa línea media de equilibrio, se considera todo aquello que conlleva un carácter un tanto abstracto e impersonal, sea de tipo histórico, social, educativo e incluso estrictamente filosófico, como algo inocuo y sin sentido, calificando, por el contrario, de temas fundamentalmente humanos, aquellos aspectos marcadamente positivos o negativos, con predominio, por desgracia, de los últimos. Así, se ha generalizado hoy, tanto a nivel de estudios superiores, como en congresos, conferencias y hasta en la prensa, novela y cine, el estudio de los males del hombre actual más que sus virtudes, siendo aquéllos las drogas, el terrorismo, los marginados, el alcoholismo, la contaminación ... y ¿por qué no, la misma incomunicación? Lejos de mi intención negar la existencia de tales problemas, como tampoco censuro el que se planteen dichas facetas de la vida actual, sobre todo cuando el espíritu que anima dichos planteamientos se orienta hacia la búsqueda de soluciones. Simplemente, lamento el que estos estudios fenomenológicos no siempre nos lleven a un planteamiento a fondo y a unas conclusiones definitivas de la problemática del hombre actual, quedándose la mayoría de las veces en meros análisis de situaciones dadas, que, cuando cristalizan en publicaciones, con frecuencia no sobrepasan el género de ((ensayos)). Ante esta actitud no quiero presumir de intervenir con un planteamiento a fondo y definitivo, desde una Filosofía de la educación, tanto del pluralismo actual como de la inconiunicación humana. Sí quiero apuntar los cauces por donde opino debe discurrir un auténtico y legítimo pluralismo y desde él un enfoque razonable de la incomunicación, pues en ello está en juego el quehacer educativo. En estos momentos me preocupa la ((incomunicación humana)), ya que no en vano va acaparando la atención de todo el mundo, hasta convertirse en una auténtica pesadilla para todos. No obstante, a primera vista sorprende y produce extrañeza que este tema preocupe, inquiete y se convierta en ((problema de nuestros días)) cuando, por otra parte, se ha definido, y no sin razón, a nuestro tiempo como la ((época de los medios de comunicación social)). Ante esta paradoja cabe, pues, preguntar, ¿debemos seguir hablando de la incomunicación humana como problema de nuestros días o no pasará de ser un pseudo-problema actual? Iniciaremos este estudio analizando el fenómeno de la «incomunicación», es decir, su actual carácter, índole y alcance. En segundo lugar, señalaremos la relación e influjo que el pluralismo actual)) tiene en la incomunicación, si no como causa única, sí como factor decisivo que condiciona considerablemente el diálogo y sobre todo la comunicación, aunque hoy no falten quienes encuentran en él una salida para dicho problerria. Por último, esbozaremos una fundamentación filosófica del pluralismo que, enraizado en la ((unidad)), recurra a la ((verdad» como fundamento y garantía de la «comunicación)). NATURALEZA Y ALCANCE DE LA INCOMUNICACIÓN ACTUAL Como decíamos anteriormente, la incomunicación va adquiriendo todos los síntomas de auténtico problema, no sólo a nivel personal, sino que incluso ha llegado a adquirir ese carácter de actualidad e importancia, capaz de reunir a los hombres de ciencia en congresos nacionales e internacio-
nales. Como dice el profesor Octavi Fullat: ((Estamos saciados de comunicaciones y, sin embargo, se multiplican los malentendidos, las suspicacias, las luchas, las herejías, las incomprensiones, los rechazos, los aislamientos. Nuestras comunicaciones son esquizofrénicas)). ¿La incomunicación, problema de nuestros días? Creo que no seríamos exactos si ent:endiéramos esta formulación literalmente, ya que nunca como hoy han desaparecido las distancias entre los hombres, merced a los medios de comunicación. Asimismo, se está llevando a cabo una auténtica aproximación, tanto por el espíritu democrático que intentamos vivir, como por la socialización educativa y empresarial, e incluso por las competiciones deportivas y folklóricas. En esta línea no podemos hablar de incomunicación, aunque ésta se quede reducida con demasiada frecuencia, a la materialidad de la misma. Sin embargo a pesar de esta aproximación fisica entre los pueblos y los hombres, no es menos cierto también que vivinios una soledad espiritual como pocas veces se ha sentido en la historia. A pesar de aquella aproximación material que consignábamos, esta soledad espiritual es la que me preocupa en estos momentos; y la incomunicación humana, si se ha hecho problemática, es desde estas perspectivas. Citando otra vez a Fullat, «no es comunicación lo que nos hace falta, sino comunicación entre sujetos)). En estas cor~diciones, no debe pues sorprendernos que la incomunicación vaya adquiriendo en la actualidad carta de ciudadanía, entre los problemas humanos. C. Castilla del Pino llega a decir que ésta ha alcanzado ((carácter de segunda naturaleza)) en el hombre actual (La Incomunicación, Barcelona, 1972, p. 47). Sin ser tan extremista, reconozco que la incomunicación se va adueñando del hombre de nuestros días como una pesadilla, que aunque es real y la sentimos muy próxima a nosotros, resulta problemática a la hora de definirla, ya que abarca desde la incomprensión e insatisfacción, hasta la soledad y el egoísmo, pasando por toda una gama de facetas como la desconfianza en los demás y la inseguridad en sí mismo, que no sólo afectan a la vida humana, sino que la condicionan sobremanera. Echemos si no una mirada al entorno educativo que es un fiel reflejo de nuestra sociedad. No obstante, creo que si la incomunicación ha llegado a ser un problema de tales dimensiones, no es porque sea algo exclusivo de nuestros días, sino que, si se ha agudizado hoy más que nunca, se debe, primero, a la limitada comunicación psíquica y espiritual comparada con la excesiva comunicación física y material. Esta ha eliminado, gracias a la técnica y al nivel de vida, las distancias materiales, pero la comunicación espiritual no se ha desarrollado al mismo ritmo. Segundo, si nos hemos sensibilizado hasta este extremo con la incomunicación, hasta hacerla casi connatural con el hombre de hoy, se debe también, en gran parte, aunque parezca una paradoja a la misma comunicación, que al convertirla en meta buscada por todos los medios, ello hace que aparezcan más acusados los aspectos de incomunicación en los cuales aún estamos inmersos. HACIA UNA SOLUCIÓN DEL PROBLEMA También es verdad que se están buscando soluciones. En esta línea merece todos los elogios, entre los distintos intentos de solución, el ((movimiento dialógico)), que pretende una comprensión total de la realidad desde el encuentro interpersonal como lugar privilegiado de conocimiento del ser. Asimismo, quiero destacar la solución que se le intenta dar desde la Filosofía del Lenguaje. Creo, sin embargo, que tanto una como otra tentativa, aunque están aportando valiosos elementos para una mayor comunicación, no pasan de ser por el momento dignos ensayos en la búsqueda de una auténtica solución del problema. Aunque de las buenas intenciones de los autores dialógicos, como de las múltiples manifestaciones del personalismo actual, quizás aún es prematuro un diagnóstico definitivo, pues sólo ahora comienza a dar sus frutos; pero difícilmente podremos llegar a una auténtica comunicación interpersonal si no estamos previamente de acuerdo sobre nuestro entorno y la realidad en la que actuamos. Quiero todavía
señalar una tercera búsqueda de solución, desde otra perspectiva que difícilmente podremos encasillar en un movimiento determinado, porque si no se encuentra en todos, sí está en la mayoría. Me estoy refiriendo al pluralismo actual como forma de vida y de pensar. No es que sea una solución directa al problema, pero lo legaliza hasta tal punto que anestesia esa incomunicación como exigencia de la personalidad y del respeto que la persona nos merece. Sobre este tipo de pluralismo y su relación con la incomunicación me voy a centrar ahora, estudiando tres puntos: primero, carácter e índole del pluralismo actual; segundo, insuficiencia y riesgo del pluralismo actual, y tercero, pluralismo actual e incomunicación humana. Carácter e hdole del pluralismo actual A cualquier persona un tanto familiarizada con la historia de la Filosofía, no deja de sorprenderle que hoy acentuemos tanto la actualidad del binomio unidad y pluralismo, pues como réplica inmediata se nos asocia en el acto la ya clásica y manida antinomia de lo uno y lo múltiple, tan antigua como la misma Filosofía. Efectivamente, es éste un enigma al que se le busca explicación desde los mismos inicios de la reflexión filosófica. En la filosofía oriental, por ejemplo en la India, aparece ya como paradoja la unidad de Brhama o del Ser y la multiplicidad de las apariencias de todos los seres, a primera vista inconciliables. Fue también problema en la filosofía occidental. Desde los orígenes de ésta en las costas jónicas, la oposición entre la unidad del ser de Parménides y la multiplicidad de los seres de Heráclito, se constituyó, durante varios siglos, en caballo de batalla para los pensadores griegos. Continuó siéndolo entre los autores neoplatónicos y acompañó a los escolásticos de la Edad Media, sobre todo en sus célebres disputas en torno a lo universal y los singulares, el ser y los seres y la unidad y pluralidad de formas en los seres. Y, para no ser menos, sigue siendo punto de discordia en nuestros días cada vez que se intenta comprender a fondo la estructura intima de cada ciencia. Veamos algunas muestras de ello: en ((el problema del conocimiento)), ¿cómo puede unir el entendimiento lo múltiple y disperso en el universal?; en ((Pedagogía y Psicología)), ¿cómo forja:r la unidad armónica de nuestra personalidad a través de la multiplicidad de nuestras tendencias?; en ((Sociología y Política)), icório llevar a cabo la unidad del Estado, naciOn o grupo, contando con la multiplicidad de clases, funciones e individuos?; en el ((programa del devenir)), ¿cómo los cambios y la multiplicidad pueden mantener y manifestar una unidad permanente?, en «la misma E;ilosofía», ¿cómo encontrar en los mismos sistemas, ideologías y ensayos una unidad suficiente y capaz de definir a la misma Filosofía? Eri definitiva, que la antinomia de la unidad y multiplicidad, bajo uno u otro aspecto, ha constituido en el pensamiento de todos 10s tiempos la espina dorsal de la especulaci6n filosófica. Plantear ahora la antítesis unidad-pluralismo, o simplemente el pluralismo como problema de nuestros días, equivale a presentar el clásico problema con los caracteres y peculiaridades que reviste hoy, y que presenta una mordiente especial en el pen.samiento contemporáneo. A fin de plantear con mayor exactitud la ((dimensión actual del problema)), podemos aglutinar las distintas manifestaciones que ha tenido a lo largo de la historia, en tres concepciones importantes y bien definidas: Primera concepción, de ((carácter físico y metafísico», como aparece sobre todo en los pensadores griegos y medievales. A los griegos les parecía imposible armonizar en el cosmos lo «uno» y lo ((múltiple)), ambos realmente existentes y, sin embargo, opuestos. El problema se ramifica y exige soluciones concretas que irán apareciendo hasta bien entrada la Edad Media. Baste, a este respecto, recordar algunos puntos concretos, por ejemplo, el hombre se constituye corno tal por la unidad, mientras aparece en él la dualidad de espíritu y soma. En idénticas condiciones, todos los seres, en su calidad de estructurados, reclaman una solución. Segunda concepción, «la unidad y la multiplicidad en el campo gnoseológico)). Aunqu~e este aspecto aflora ya en la Filosofía
griega, encuentra sin embargo pleno desarrollo y actualidad en la Filosofía medieval. Desde Porfirio y Boecio la paradoja de la unidad del concepto universal y la multiplicidad de los singulares constituía uno de los aspectos importantes de la célebre controversia, a la que Tomás de Aquino dará una solución moderada y eficiente, aunque continuará inquietando a través de Scoto y los nominalistas a los autores de estos siglos, hasta llegar al periodo crítico o kantiano. Tercera concepción, ((el planteamiento en nuestros &as». No es que hoy no preocupen e inquieten los problemas ya señalados en la línea física, metafísica y gnoseológica, pero la problemática de la unidad y la multiplicidad presentan un cariz distinto, completamente nuevo. Incluso, no se habla ya de unidad y multiplicidad, sino de unidad y pluralismo y con relativa frecuencia ni se menciona ya la unidad, sino que se habla simplemente de pluralismo. No tiene tampoco por escenario ni el cosmos griego, ni el recinto mental de nuestros conocimientos, sino que se nos presenta como un «cariz social o de convivencia)), como marco en el cual tienen cabida escuelas y opiniones de diversos tipos, órdenes y procedencia, con tal de mantener, aun a costa de su oposición, una convivencia o coexistencia pacífica. En esta concepción tan peculiar, la «unidad» es la totalidad humana bajo el aspecto de fraternidad y convivencia; civilización y comprensión, sociedad y derechos humanos, cultura, educación y respeto mutuo constituyerz el gran escenario del mundo, en el que el pluralismo ideológico encuentra el campo más propicio para que prolifere el admirable mosaico del pensamiento contemporáneo. Insuficiencia y riesgo del pluralismo actual El pluralismo es una verdad de hecho. En mayor o menor escala, el pluralismo como tal dentro de una filosofía hecha con amplitud de espíritu y sin estrechez de escuela, es una verdad que tenemos que admitir, desde el momento en que aceptamos la reflexión filosófica como exigencia humana. En la historia de la Filosofía e! pluralismo ideológico es una realidad. Encontró lugar hasta en el seno de la misma escolástica. Si ahora hablo de insuficiencia y riesgo del mismo, es porque el cariz y dirección que está tomando en nuestros días ha desbordado los límites de lo razonable, hasta hacerlo totalmente problemático. No debe pues sorprendernos que, incluso en Filosofía, hombres tan ecuánimes y abiertos a todos los movimientos actuales, como Ferrater Mora, lleguen a preocuparse por las consecuencias de semejante pluralismo (La Filosofa actual, Madrid 1767, pp. 105-1 13). Lo más alarmante de todo es, sin duda, las dimensiones que va adquiriendo incluso extra-académicamente y a nivel de persona, pues se va convirtiendo en una especie de modus vivendi. No se trata sólo de que cualquiera hable de pluralismo, sino de que en virtud del pluralismo, hoy todos piensen, juzguen y actuen a tenor de su talante. Ojalá esta concepción del pluralismo, desde este aspecto puramente social y de convivencia, pudiera se realidad. Pero, ¿dónde está la verdad? ¿dónde encontramos el criterio para saber a qué atenernos en cada momento y en cada situación?, ¿no hemos sustituido la Filosofía y la recta razón, la teología y la moral por un mero esceptismo y relativismo? Me viene ahora a la memoria una afirmación del físico teórico Jean E. Charon en su libro El espiritg de la materia (Der Geist der Materie, 1777): «Los científicos raras veces están dispuestos a ocuparse de cuestio- < < nes metafísicas" por la sencilla razón de que eso no está permitido por los guardianes del Santo Grial de la "ciencia oficial": el tratamiento de cuestiones metafísicas se considera, desde siempre, como algo anticientífico. A mí personalmente esto me parece un prejuicio escandaloso)). Por los resultados quizá podamos juzgar mejor esta situación. En las circunstancias actuales, dentro de este marco humano, generoso y comprensivo que nos brinda hoy el pluralismo, cabría preguntar: ¿en qué tiempo se ha agudizado más la lucha entre generaciones? Una muestra la tenemos en las relaciones padres e hijos, maestros y alumnos, patronos y obreros. ¿En algún tiempo se ha hablado con más despecho que hoy de progresistas y retrógrados,
de derechas e izquierdas, vanguardia y retaguardia? ¿Seguiremos pensando que el pluralismo sin más, como lo estamos viviendo hoy, solucionará todos estos problemas, acercando a las personas, los grupos y los pueblos y que sólo es cuestión de mentalizarnos? ¿No estamos, sin quererlo, fomentando más la separación e incomunicación desde este pluralismo a nivel de personas y grupos, por muy social y convivencia1 que lo queramos hacer? Pluralismo actual, incomunicación humana y educación Estamos llegando al punto más delicado del tema. Sin más preámbulos diremos que ese pluralismo social y de pura convivencia, tanto a nivel de persona como de grupos, no sólo no soluciona el problema de la incomunicación, sino que incluso hasta lo fomenta más, en cuanto que robustece el propio criterio, a causa de la legitimación de que cada uno piense y opine según lo juzge más oportuno. En este sentido es inadmisible este tipo de pluralismo como sistema interpretativo de la realidad, máxime cuando se destruye la identidad de los seres y de los hechos, se adultera la verdad y se lesionan los derechos ajenos. Con esto no rechazo el pluralismo, ni prescindo del valor que conlleva cuando se mantiene dentro de sus justos cauces, ya que muchas veces resulta imprescindible cuando se busca sinceramente la verdad, razonable en aquellas tesis opinables y respetable cuando se justifica desde ciertos aspectos y posiciones. En definitiva, el pluralismo como hoy lo estamos viviendo, más que solucionar el problem,a de la incomunicación, como se pretende, nos presenta todos los síntomas de auténtico problema como lo puede ser la misma incomunicación, reclamando ambos temas un planteamiento serio y a fondo, cuya solución sinceramente creo que sólo puede obtenerse, lo mismo para el pluralismo actual que para la incomunicación, desde una sana y bien estructurada metafísica. La Filosofía de la educación, preocupada por el quién, el qué y el para qué de la educacikin, hallará así asegurada la identidad de los seres y de los hechos con la ((unidad)); recurrirá a la «verdad» como acceso a los mismos y como fundamento y garantía de un verdadero encuentro interpersonal, donde se logrará una auténtica y perfecta comunicación. Sólo así, en el plano eidético, respetando a los seres en su identidad substancial y alteridad, posible únicamente desde unas características de verdad, podremos sentar las bases para un legítimo pluralismo educativo y desde él podremos salvar el escollo de la incomunicación. Finalmente, desde el ((bien)), como aspecto dinámico y perfectivo de la vida humana, en su búsqueda cotidiana de perfección y personalidad, estare mos en camino de hallar la síntesis entre lo necesario y esencial de lo educativo y lo deseable y teleológico de su quehacer. Contentarse con otras soluciones, por muy fenomenológicas que sean, no es sino lograr meros análisis de situaciones dadas. Limitarnos a la simple solución que nos aportaría el pluralismo pacifista y de mera convivencia, equivaldría a aceptar como constitutivo humario una indiferencia tal, que es lo más distante de lo que ha de ser la vida humana conio esfuerzo y búsqueda de la verdad.