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El laberinto educativo

Palau, Gemma; Vives, Carmina

Abstract

Palau, Gemma; Vives, Carmina

Full text

El hombre, ese gran desconocido, del que hoy cuestionamos su origen, anda a la deriva tras la búsqueda inconsciente de su animalidad perdida. Sus raíces antropológicas se asientan en la complejidad del misterio cósmico. En estado original forma parte del conjunto armónico de la naturaleza para desvincularse paulatinamente de ésta, trazando un ciclo de evolución al margen de la ley universal. Es así el único animal que rechaza su animalidad. Cuándo, cómo y por qué se produjo la ruptura, son variables tan imprecisas como el determinar cuándo un pueblo entra en la historia. Atribuimos al hombre su condición humana, en el momento en que tiene lugar la aparición de un cierto grado de inteligencia provocada por el perfeccionamiento de la estructura cerebral. ((El cerebro del hombre se ha obtenido por la adición de nuevas poblaciones de neuronas al grupo preexistente))'. Las causas de esta multiplicación neurona1 son campo de estudio de la Biología. Al filósofo corresponde desvelar la incógnita de la elección humana ante una cuestión dubitativa: seguir inmersos en la naturaleza o emergir de ella para dominarla. En principio, el homínido es un ente individual según Rousseau, y social o político según Aristóteles. ¿Quién se halla en posesión de la verdad? De momento, se puede evidenciar que contaba con la suficiente fuerza como para defenderse y autoabastecerse; de lo contrario, los fallos de la naturaleza se pagan con la desaparición de la especie. El pretender dominar y conservar esta energia le impulsa a asociarse con sus iguales. Aquí radica el germen del auténtico mal. El principio de inmanencia, el concepto de vida sexual y las ideas de muerte acrecientan el muro entre el animal y el hombre. Maticemos conceptos: no hay motivos para considerar que ((sociedad)) o ((colectividad)) sean perniciosas al ser humano, sino <cesta» sociedad, «esta)) colectividad. Otros animales son gregarios y no presentan dificultades en este aspecto. Dejemos a elec1 FULLAT, O., Filosofks de la educaclon, Barcelona, Edit. Ceac, p. 123. cióri del lector la verdad o falsedad de la disociación Rousseau-Aristóteles. ¿Dónde se esconde entonces el error? La revolución del Neolítico propicia el que los cimientos de la colectividad humana no se basen en ((cómo labrar mi identidad mediante el desarrollo de mis facultades)), sino en «cómo acrecentar mis intereses (beneficios) a costa de otro)). Al igual que todo proceso físico tiende a la ley de la mínima energia, el hombre tiende a la ley del mínimo esfuerzo. El individuo ha ido perdiendo su potencia original, lo cual no es más que una clara aplicación de las teorías darwinianas al grupo de los primates de la especie humana. La atrofia de un miembro o de una facultad por falta de uso le da pie para utilizar a un semejante como instrumento para conseguir la supervivencia. De esta forma, el hombre se convierte en un ser ((dependiente)), término que contiene dos conceptos: ((pender de)) y ((estar pendiente de)). El reino de la naturaleza y sus leyes se demuestra, así como la huida del hombre respecto de «su ser verdadero)). Buscando honores y placeres no hace más que precipitarse hacia el sufrimiento, creando un destino que lo encadena. C:oncluimos este apartado, afirmando la esencia del hombre en su existencia. El hombre existe. Es una entidad propia, individual y única. Ahora es preciso debatir su forma de existencia. Cuando nace un individuo en el seno de la colectividad humana, los componentes sociales se creen en la obligación de educarlo; sin embargo, no es obligación sino necesidacl obligada. 1)ensemos en una serie de juncos entrelazad.~~ que forman un capazo. Si uno de ellos se libra de un nudo, el capazo se deshace. Por eso es preciso pulirlos, atarlos bien, doblegarlos con fuerza y luego pasar un barniz. El junco rebelde se corta, se tira. No sirve. Ya no es capazo, ya no es junco, ya no es nada. Ahí está la trampa. El hombre se cree inválido sin las muletas del prójimo. Tras este simple ejemplo comparativo, pueden establecerse unas pautas acerca del «para qué se educa)). Intervienen en el entra- mado factores de tipo económico, como los intereses humanos y relaciones de dependencia. Otros de tipo sociológico, como la creación de un sistema de defensa que evite problemas y asegure la dominación, canalización de las potencias del individuo para perpetuar el sistema. Por último, existen ciertos elementos de matiz psicológico: tendencia inconsciente del individuo a la inmortalidad, mimetismo y proyección. El trabajo y la fuerza productiva intentará alienar al individuo en una amalgama abstracta, donde la personalidad y la individualidad creativa quedarán en la sombra. Así, M. Stirner en su libro El único y su propiedad, nos dice: El trabajo solo no basta para hacer de Tí un hombre, porque el trabajo es algo formal y su materia está a merced de las circunstancias; lo que hay que saber es quién eres Tu' que trabajas. Creemos de gran interés el atender a estas palabras apunta.das por Stirner, en el sentido de que al educador no sólo debería de interesarle el producto y la mercancía que puede obtener del esfuerzo del educando, sino que además tendría que plantearse la cuestión de por qué y bajo qué condiciones el individuo realiza las tareas, profundizando en el para qué de estas mismas tareas. ((Fuera de la ley social no soy nada)). El hombre se cree débil. Titula a su existencia ((fruto del orderi establecido)). Se teme porque se desconoce y huye. Estas afirmaciones son las piezas del rompecabezas que encajan con la alineación del hombre por el Estado, que utiliza medios que le prohiben pensar o reflexionar acerca de su persona. Hacer del hombre un ente frágil, no fuerte, es misión de la educación. Cierto sector vio en el fomento de la debilidad la palanca mágica para erigir sus afanes de dominación. iCon qué fin,si rio, el Estado crea instituciones como la familia, la escuela, las cárceles? iCon qué fin pinta a sus súbditos de un oscuro barniz religioso? Es preciso evitar problemas. Si el hombre piensa, se hace más hombre, más consciente de su destino, más fuerte, menos dependiente. Expectativa q,ue todo gobernante se plantea: «Si de mí no depende el pueblo, se me va a pique el garito)). De aquí emerge un programa de defensa: la educación. Una educación en función de la sociedad. Un arma, la más potente, para canalizar al individuo en beneficio del sistema. Una educación amparada por el mayor órgano instituido: el Estado. Así los maestros del pensamiento -es decir aquellos que tienen como misión difundir el saber entre aquellos que no lo tienen-, teniendo como punto de partida y apoyo principal el poder del Estado (aquél que se sabe en posesión de la Sabiduría y, por lo tanto, en posesión del poder sobre el que no la posee), fundamentan sus teorías, revistiéndolas de científicas premisas y gratificadoras conclusiones. Si nos preguntamos de dónde le viene al Estado el privilegio de poseer el poder, si queremos averiguar qué tipo de saber posee el Estado que le garantiza el estar por encima de los demás, por encima de aquellos que no poseen saber y que si lo poseen no es del tipo y agrado del Estado, Glucksmann nos responde, en primer lugar, que el poder del Estado le viene dado por él mismo, por su misma naturaleza. Su existencia ya lleva implícito tal saber y por ello un determinado y convenido tipo de poder. Este poder abarca desde el derecho a sentirse dueño, hasta el derecho de saberlo todo -lo habido y por haber. Mediante estas dos armas, el Estado podrá proteger, dominando, y dominar, vigilando. La jerarquía y estructuración en la escala social va de esta manera tomando forma; todo depende de en qué grado te encuentres en la pirámide del saber, la cual te otorgará más o menos derecho para poner en práctica tu poder ... ((tout pour qui en a science, rien pour qui la s~bit))~. En las sociedades feudales, el siervo debe cumplir la misión para la que Dios lo ha destinado en la tierra, a fin de alcanzar la vida eterna. Lo mismo ocurre con el mantenimiento de las castas en la India: ((Debes aceptar tu estado ya que es consecuencia de los pecados que cometiste en tus vidas anteriores. Es tu Karma. Pórtate bien y la pró2 GLUCKSMANN, A,, Les maitres penseurs, 1977, Ed. Grasset, p. 188. xima vez habrás ascendido un grado)). ¡De falsas esperanzas está escrito el mundo! No es preciso dar más ejemplos. Analicemos ahora qué significa ((canalizar las potencias del individuo en beneficio del sistema)). Una tribu selvática cuya economía se basa en la caza, formará valientes cazadores, no figuras del patinaje. Tampoco se han tenido noticias de jóvenes guerreros mandingas que hayan llegado a ser bravos genios del piano porque su percepción acústica o su buen oído fueran prometedores. Evidentemente se educa con una finalidad económica y social. Hasta aquí, se puede calificar el ejemplo de extrapolación ilógica. Cierto. Debemos tener en cuenta la adaptación del animal al medio. Dejando aparte esta matización, observemos que el proceso de socialización del individuo ha consistido hasta ahora en inculcarle esquemas de orden y de ideologización. Ello se manifiesta claramente desde'las prácticas familiares a las militares. La persona en nuestros días se ha convertido en un agente ideológico. Hoy, el orden social establecido, necesita reproducir seres con una psicología estandarizada para la producción y el consumo, tornillos de engranaje que permiten mantener el equilibrio. Ahondemos aún más en las entretelas del para qué se educa. La transmisión del saber del que sabe algo al que no sabe es un hecho que se establece a escala de prioridades, jerarquía en la que se ceba el afán de proteger, de dominar, de estar pendiente de, y de depender. Es relación de padre a hijo, de maestro a alumno, del que tiene cuatro al que tiene dos; transmisión que aflora de una necesidad inconsciente de inmortalidad. Al hombre le horroriza la muerte hasta el punto de que su vida está presidida por la señora de la guadaña en mano. El se resiste a desaparecer, pero sabe de su derrota en la lucha contra el titán. De aquí el que aspire a dejar su producto, sus valores, como expresión viviente de su existencia. Mi cuerpo expirará, pero lo que yo soy o lo que de mí han hecho, la cultura que heredé, el concepto del bien y del mal, quedarán reencarnados en mi hijo, en mi alumno, en mi siervo, en el junco contiguo del capazo. Y no sólo eso, sino que educaré para que perviva mi identidad, mi momento: «yo medico, mi hijo médico y medio)), y aún más, educaré para hacer del educando el proyecto tan pensado como irrealizado de mis aspiraciones frustradas: ((yo albañil, mi hijo arquitecto)). Así, uno a uno, conservamos, perpetuamos. Camus escribió que el hombre no es culpab'le de la aparición histórica porque él no la empezó, pero tampoco es inocente en cuanto que la posibilita. Desde que la colectividad humana es usociedad)) no ha escapado del terror, la violencia, el imperialismo. Doscientas ciudades, doscientas constituciones, doscientos sabios, y todavía no vemos la solución al conflicto histórico. Ahí quedan los problemas por resolver. La educación no lo ha hecho. Educamos para hacer del hombre un ser débil, dependiente, dócil, dominado, canalizado, igual, proyecto de irrealizaciones, fantasrna de la inmortalidad. ((2 Quién no se ha percatado conscientemente o inconscientemente de que toda nuestra educación consiste en injertar en nuestro cerebro ciertos sentimientos, en lugar de dejarnos a nosotros mismos su elaboración, cualquiera que fuese su resultado? ))3. «Lo que nos es dado nos es ajeno, no nos pertenece como propio. Mi espíritu debe estar educado según conviene a los demás y no a mí mismo>>4. T'odavía hay quien dice que «esta» educación lleva a la felicidad. ¿Qué destino más cruel el del junco que no es arrancado, que sigue arraigado en la tierra creciendo vigoros;imente, sin tortura, sin retorcimiento, sin barniz? ¡Pero es él!, y aquello que él quiere ser. No se trata de crear una bella imagen u obra de artesanía. No se trata de que el hombre sea un producto sino «su)) producto, «su» bella o no, obra de artesanía. Ahora, es preciso desvelar en qué circunstancias se encuentra el educando para la elaboración de ((su» obra. 3 S~R. M., El único y su propiedad, Ed Mateu, p. 59. 4 S~R, M., ElYnico y supropiedad, Ed. Mateu, p. 59. Ese animalillo que aparece virgen en el caos es la maleable masa de arcilla que suspira entre la vida y la muerte, sufriendo la presión de unos dedos, que no cesarán su labor hasta asegurar que han moldeado una figurilla a gusto del consumidor. Una más en el museo de la historia. Analicémosle en su origen. Analicemos su proceso. Nadie le pidió permiso para traerlo pero, aqui está, en un medio artificial, que no es el suyo. Esto puede causar problemas, que en caso de que sean para él, no tiene importancia, pero si revierten en la estructura social importa demasiado. El comportamiento de este individuo puede ser anormal. Entra en juego la necesidad obligada de educación. Se especula con el educando. Se vende y se compra la enseñanza en un mundo brutal y maquiavélico en el que lo único que importa es el prestigio y la posición económica. Veamos la modificación de una conducta que nos ha sido facilitada por la naturaleza. Ante la incomodidad de modificar el sistema, se artificia el individuo. ¿Es esto tarea factible? O. Fullat apunta: ((nuestro organismo nace con un sistema nervioso anatómicamente inacabado y fisiológicamente en deficiente funcionamiento)). Por tanto, el programa educacional es «ipso factum)). Un individuo puede ser cualquier cosa debido a su capacidad de adaptación. Su funcionamiento depende del programa que se le adjudique. ¿El proceso es reversible? ¿Existe algún mecanismo enzimático capaz de motivar la reacción? El ser un ser pensante es un peligro. ¿Qué tal si entretenemos el pensamiento con mariposas de colores? La razón es un arma de doble filo. Puede construir, conservar (eso estaría bien en cuanto es útil al sistema) o puede destruir, (eso estzría mal por lo del garito). Encendamos ahora las luces de alerta. La adaptabilidad del individuo no es sinónimo de objeto viviente no identificado para encasillarlo en el stand que más me guste. No. La adaptabilidad facilitada al ser humano por la naturaleza es elemento imprescindible para el desarrollo de su existencia en libertad. Vemos como las facultades del individuo, los valores humanos, son tergiversados por maquinaciones sociales nada éticas, pero legales. Vemos como la conducta natural es transformada en conducta artificial, el pensar para crear, asimilar para conserva:, y la más cruel de las transformaciones, la capacidad de creación en capacidad de producción. En tales condiciones, sería más honesto hablar de metamorfosis del individuo en vez de educación del individuo. Con estos precedentes no nos extrañe leer en el rótulo de cualquier escuela: ((Tintorería La Social. Hijos a la moda)). Cuando se educa, se intenta borrar la ignorancia para establecer un orden concreto y determinado de conocimientos, imprescindibles para entrar en el juego social. Glucksmann apuntó que la educación amparada por su órgano representativo -el Estado-, intenta retener al individuo en la ignorancia de su propia ignorancia. No interesa hacer ver que estás en la ignorancia y andas a oscuras delante de los hechos, ya que desde el preciso instante en que te sintieras ignorante y aprisionado por tu ignorancia, empezarías a indagar las causas por las cuales vives en la ignorancia. No hay, pues, más ignorante que aquel que no se sabe ignorante. Aquel que cree saberlo todo, poseerlo todo -el Estadoy dominarlo todo, ¿qué función desempeña sino la de seguir mansamente al infalible guía, que por estar más alto que él, le ordena que siga sus pasos? Así, el más ignorante de los ignorantes será aquel que no se despoja en ningún momento de su sabiduría, no se separa de ella, y creyéndose sabio ignora que es prisionero, primero, de tal sabiduría y, segundo, de la ignorancia de su misma ignorancia. El Estado paga bien para que los «buenos ciudadanos)) (educadores) no tomen conciencia, no se les avive la curiosidad de preguntarse por la ignorancia de su ignorancia. Aquél hace que tú creas que lo sabes todo; si sigues la ley, si no te sublevas, serás libre, sabio, y, como premio, podrás dominar, encadenar, sujetar, al que está por debajo de ti -el educando. Puede resultar un tanto desconcertante la cuestión aqui expuesta y preguntarnos: ¿para qué queremos hombres ignorantes, en el sentido descrito? Pues bien, en contra de muchos pedagogos y educadores -hombres que siguen el dictamen establecido-, será necesario educar para la ignorancia. Dentro del ámbito escolar diremos que no se forman ignorantes en materias concretas, en las asignaturas propiamente dichas, sino que en términos de Fullat, el objetivo principal sería educar para la ((ignorancia sapiencial)). Nos interesa más el hombre interrogador, él nunca lo sabe todo, él sólo sabe que quiere saber, y no el que siempre sabe hacia donde se encamina, porque éste nunca descubrirá caminos. Así, de acuerdo con Glucksmann, diremos que aquel saber que no emerja de la ignorancia es un saber puramente para la dictadura, para el dogmatismo y la razón absoluta y dominadora. Aquel que se sabe ignorante es critico, contestatario y disidente en unas ocasiones, hereje y rebelde en otras. Mientras no aparezcan ignorantes no es posible crear ni abrigar la duda y la critica. Pasemos al saber, habiendo pasado antes por el no-saber. ¿Estamos abocados a un callejón sin salida? ¿Debemos cerrar los ojos ante un conflicto patente? ¿Tomamos un filtro alucinador? ¡Descubrámonos ante el fracaso escolar, social, político ... ! ¿Es que somos más inteligentes que nuestros antepasados? ¿Es que con mandar una nave al espacio podemos darnos por satisfechos como hombres de nuestro tiempo? ¿Qué pasa hoy con el hombre que es retrato y perjuicio, música y ruido, poesía y bodrio, puente para ... máquina, saco de pastillas ambulante, todo menos él? El desorden escolar es reflejo del desorden social. Eduquemos para la «libertad», pero, ¿cómo vincular orden y libertad? ¿No será ].a disciplina un sinónimo de dos antónimo~? ¿P.uede ser libre un individuo débil? No. Seria presa fácil para cualquier agente de dominación. ¿Eduquemos entonces para hacer hombres fuertes? ¿Es que toca ahora la holrnada de los fuertes? En nuestra opinión se debería educar al hombre para que sea 61, consciente de su mismidad, de su creatividad, de su esencia y existencia, responsable de sus obras. Obrar es crear, es una toma. de postura frerite a la realidad. Consecuentemente, la libertad seria el hecho de inventar con otros hombres, en una problemátitza de conjunto, las soluciones que conduzcan efectivamente hacia la satisfacción y el relconocimiento personal en la vida. El hombre se halla atrapado en las mallas del tiempo y el espacio, en las redes de la historia. Proporcionémosle los útiles precisos para que se encuentre a si mismo en esa encrucijada, para que sea capaz de revalorar el lugar que ocupa en el litigio. Estamos hablando del «hombre singular)), quien no dando nunca nada por acabado, hace de su existencia un continuo tener que hacerse. Es el hombre que se encuentra entre la posibilidad y la realidad. Urge pues, un conocimiento objetivo de las coordenadas humanas y de los hechos que las determinan. Urge una investigación profunda de los misterios que nunca fueron revelados, los prolegómenos de la cultura, la geneaología de Ia moral, el origen del caos y del orden. Urge el análisis, la rebeldía, la disidlencia, la crítica. Es preciso la 'ignorancia -entendida como interrogante y crítica reflexiva-, el olvido y, por fin, la vuelta a la nada para empezar de nuevo, tejiendo cada uno su propia existencia y su libertad singu1a.r.