Clase, poder y privilegio en la sociedad corporativa
Abstract
Giner, Salvador
Full text
CLASE, PODER Y PRIVILEGIO EN LA SOCIEDfiD CORPORATIVA * Salvador Giner Brzinel Uniuersity, Londres El presente ensayo versa sobre algunos aspectos de la desigualdad y del conflicto social en el rnundo de hoy. Su enfoque es histórico, pues la forma y dirección del proceso de desigualdad en nuestro mundo no se explican sin una compreruiór~ de su smiogénesis y de la transición al univers0 hoy emergente. Ziste se analiza aquí en términos de lo que, con la debida cautela, puede reci1)ir d nombre de sociedad corporativa. Por 10 tanto 10 que sigue contiene unas reflexiones sobre la clase, la jerarquia, el poder y el privilegio (y sus conflictos) en las sociedades corporativa~. La industrialización, el; capitalismo, el parlamentarismo y otros factores comunes han confericlo un modesta, aunque significativo, grado de semejanza a varias sociedades occidentales. Sin ignorar que existen decisivas diferencias estructuralts+ y culturales entre ellas, ello permite plantear el asunto con una cierta y tentativa generalidad. No obstante y para res- * Este ensayo explora con mayor detalle algunos de 10s problemas que, junto a mi coautor, tuve la oportunidd de apuntar brevemente en ciertos pasajes de La sociedad corporativa (S. Giner y M. Pérez Yruela, 1979, pp. 53-64), así como en otros textos. Para evitar reiteraciones reproduzco con la máxima economia solamente aquellas nociones que, pese a no ser inéditas, son necesarias para el entendimiento de la argumentación. Una versión anterior d<. la mayor parte de este ensayo fue publicada en Comentari0 Sociológico 1981, Madrid: CECA. La presente contiene mejoras, correcciones y algunas nuevas puntualizaciones.
ctPapers)>: Revista de Sociologia tringir mi margen de error, mis observaciones se refieren más a la Europa del Noroeste y a Norteamérica que a la meridional y s610 10 hacen, indirectarnente, a la del Este y a la Unión Soviética.' No poseemos aún una teoria general satisfactoria de la desigualdad en el mundo moderno, aunque exista un número de intentos al respe~to.~ Las reflexiones que siguen sufren de esta ausencia pero se benefician de tales intentos y se sitúan en su marco. A la vista de sus resultados y de 10s míos propios, es menester subrayar que estas notas deben ser entendidas s610 como modesto y provisional ejercicio de esclarecimiento teórico. 2. LOS DESNIVELES DE LA DESIGUALDAD Y SU MUDANZA MODERNA 2.1. El desnivel social y su reduccidn relativa La desigualdad social ha sufrido cambios notables bajo Ias fuerzas que han dado lugar al mundo moderno. Algunos de ellos han afectado al espectro total de desiguaIdad, es decir, a la distancia o desnivel que separa a quienes ocupan las posiciones más altas de aquellos que ocupan las más bajas, así como en muchos casos a las distancias particulares entre rangos intermedios. Otros cambios han afectado a la naturaleza misma de la desigualdad; ciertas formas de subordinacibn, mando, deferencia, autoridad y control han sido erosionadas profundamente, mientras que han surgido otras nuevas. Ambos fenómenos -carnbios en distancia y cambios en especieestán íntimamente relacionados entre si y quizá puedan ser entendidos mejor como facetas de una única y compleja mudanza histórica. S610 pueden separarse analíticamente. Me atendré, para empezar, a la cuestión del desnivel social. La distancia que separa a ricos de pobres, poderosos de humildes, dirigentes de dirigidos es un fenómeno histórico. Varia se& la comunidad, asociación o configuración social a la que pertenecen Ias gentes. Varia también en grado y alcance según la naturaleza de la sociedad entera. La dimensión general, societaria, de la desigualdad, su longitud, distancia o 1. Para la Europa meridional, véase S. Giner, 1982 (b). Para España, no existe ningún estudio general de la corporatización; no obstante, es importante la tesis doctoral de Eduardo Moyano (1982), que analiza la situación en la agricultura. También el de Juan Linz sobre grupos poIíticos de interés (1981). 2. Por ejemplo, K. Davies y W. Moore (1966), G. Lenski (1966), pp. 1-116 y 434-446, y H. Strasser (1980).
Clase, poder y privilegio en la sociedad corporativa trecho total en una sociedad compleja dada difiere de la que se encuentra en cualquier otra sociedad. Asi, la distancia que un dia separaba al déspota oriental del labrador nlás pobre era mucho mayor que la que separa hoy a este último del moldernlo soberano o presidente del Estado. La naturaleza misma de la separación era diferente, puesto que 10s emperadores orientales eran dioses para el pueblo: todo parecia indicar su divinidad, sus poderes sobrenaturales, su inefable gloria. En este sentido, aunque quizá no en otros, puede suponerse que la desigualdad en las antiguas civilizaciones era mayor que en ciertos paises del mundo moderno. El10 parece ser cierto aún en Iíts peores fases de la industrialización y la proletarización. Aunque admitjérarnos que el más humilde de 10s proletarios en una hilatura de Lancasihire, en el siglo XIX, no estaba en mejor situación que un labrador desheredado trabajando en régimen de coruée para el faraón, tendríamos tanlbién que admitir que durante siglos, milenios quizá, la posición del segxndo apenas cambió, mientras que la del primero o, más precisamente, la de sus hijos y descendientes, sf 10 hizo. Aunque estos continuaron pertenixiendo a las clases subordinadas, adquirieron un número de derechos políticos y económicos circunscritos pero significativos, una participació12 en servicios públicos anteriormente inexistentes y ciertas garantías para su libertad civil. Ulteriores comparaciones entre clases históricas (más que entre personas en posiciones jerárquicas distintas y por 10 tanto menos comparables) mostrarían cómo es cierto que el advenimiento de 10s tiempm modernos trajo consigo mudanzas sustanciales en el ámbito de la desigualdad social. Una de ellas ha sido la relativa reducción en el desnivel de la desipaldad, el alcance total social entre 10s extremos de poder, autoridad, privilegio y propiedad, aunque ell0 haya ocurrido s610 a 10 largo de ciertos ejes (por 10 tanto no se afirma, por ejemplo, que la desigualdad de ingresos entre el millonario y el peón agrícola sea hoy menor que la que otrora separaba al señor de la tierra y a su vasallo sin ella: quizá sea mayor en muchos casos). Tal reducción no ha sido homogénea ni simple. Al contrario: como espers mostrar, la disminución de la desigualdad en algunos ámbitos de la vida ha reforzado su permanencia en otros, y hasta ha hecho posible su aumc:nto en algunos sentidos. Ya Tocqueville, al observar la sociedad nortea~mericana, avis6 de que el igualitarismo podia convertirse en el soporte de formas nuevas de desigualdad. Es más, el proceso asimétrico en la ~reducción de la desigualdad que ha tenido lugar en las sociedades occidentales en algunos campos no tiene por qué coatinuar indefinidamente. No hay pmebas de que, en virtud de alguna futura revolución, se rompan para siempre las barreras que quedan de discriminación, exclusión y i~propiación de bienes y valores por parte
ctpaperss: Revista de Sociologia de unos a expensas de 10s demás. La noción de que se ha producido una reducción progresiva (aunque azarosa) del desnivel total de la desigualdad tal como existia en el mundo premoderno es, no obstante, cosa diferente, y parece encajar con 10s hechos conocidos (aunque no encaje con ciertas teorías influyentes sobre las clases y su conflicto, tal como aún nos son presentadas). Es una noción, además, que es perfectamente compatible con la posibilidad de que surjan entre nosotros nuevas forrnas de desigualdad. Ha sido la confluencia de varios procesos históricos modernos 10 que ha producido la relativa reducción en el desnivel de la desigualdad tradicional. Tales procesos podrían agruparse en cuatro grandes conientes analiticarnente aislables: la producción de un excedente económico superior a la capacidad de las clases dominantes para su consumo, derroche o almacenamiento; el desarrollo d,e un sistema económico mundial; el auge de una ciudadanía ligada al Estado y la legitimación e institucionalización de la innovación en algunos terrenos. Sus respectivos efectos sobre la desigualdad podrían resumirse así: a) Los efectos socioestrz~cturales del excedente económico industrial. Gerhard Lenski ha propuesto una hipótesis en este campo que merece reproducirse en escorzo. Según 61, <(la aparición de miedades industriales maduras sefiala la primera inversión significativa en la muy antigua tendencia evolutiva hacia un aumento permanente de la desigualdad)>. Señales de que declinan las desigualdades pueden hallarse en la tendencia hacia la inclusión de amplias partes de la población en el proceso política, una más amplia distribución de 10s ingresos y mayor participación en el bienestar, aunque no deba ignorarse la presencia de la desigualdad en otros terrenos. La explicación de esta inversión sin precedentes en la tendencia histórica se apoya sobre el hecho de que <(la técnica en particular y la cultura en generah se han hecho tan complejas que <(quienes están en posición de mando no pueden ya comprender las funciones de sus subordinadosn. Son, por 10 tanto, <(amos de una proporción menor de 10 que necesitan saber para el control efectivo sobre sus subordinadosw. Y, <(en la medida en que delegan su autoridad o se fían de 10s mecanismos del mercado, facilitan la difusión del poder y el privilegio)>. Esta inversión estriba también en otro fenómeno, relacionado sin duda con el aumento y difusión del conocimiento técnico: la magnitud del aumento en productividad. Aquí Lenski acude a 10 que yo Ilamaría una teoria de rebose o derrame de la reducción en d desnivel de la desigualdad (a ese 3. G. Lenski (1966), pp. 308-318, 434-434-441, para las citas que siguen.
Clase, poder y privilegio en la sociedad corporativa mismo desnivel, él 10 llama <(grado de desigualdad)>): las clases dominantes modernas y sus élitea pueden ya por fin <(hacer concesiones económicas en términos relatiuos sin sufrir necesariamente pérdida alguna en términos absolzltos)> en su posición de privilegio y poder. Si la tasa de crecimiento es 10 bastante alta., la élite y la clase dominante pueden hacer concesiones sin dejar de continuar consiguiendo ganancias absolutas. La falta de apropiación de totlo el excedente económico halla su eco en la falta de control de todo el poder politico, como ocurre con la nueva ideologia democrática, la cua1 <cafirma que el Estado es propiedad colectiva del pueblo)>. A despecho de un número de cualificaciones (por ejemplo, la descripción que Lenski hace de la historia de la desigualdad puede parecer demasiado lineal), su razonamiento sobre las causas del declive en el grado de desigualdad parece cuerdo, aunque no vaya acompañado~ de una consideración de la aparición de rluevas desigualdades. Las pruebas históricas muestran con creces que la desviación del excedente hacia 10 suntuoso y 10 ceremonial y la acaparación y almacenamiento de riquezas por parte de una minoria ha sido la norma en todo el civilizado pretérito de nuestra raza (es obvio que en sociedades ccprehistóricasn o <(primitivas)> prevaleclan otros criterios para ],a acmmulación, la apropiación y la distribución de la riqueza). Cuando, en tiempos pretéritos, se producía alguna redistribución, como fue el caso de 10s subsidios imperiales de grano y circo para la plebe romana, se evizaba cuidadosamente cualquier reducción en las pautas de desigualdacl e~istentes.~ Tan solo el crecimiento exponencial modern0 de bienes n~anufacturados ha producido efectos igualitarios relativos sobre la generalidad de la población. Efectos a tener en menta, sin duda, en cualquier valoración de la llamada ley de Pareto sobre la distribución de la riqueza. Según ella, la curva del reparto de las riquezas varia muy poco de una a. otra época en uno o varios paises, y ell0 con independencia de su régiinen político y económico. No obstante, y a la luz de las conocidas curvas de Lorenz, ciertos economistas han concluido que la desigualdad de ingresos, tras impuestos pagados, suele diferir entre 10s paises en relación indirecta a su grado de industrialización. A mayor industrialización mayor grado de ig~aldad.~ Esto corregiria la aplicación 4. P. Veyne (1976). 5. Curvas de Lorenz medidas según coeficientes de Gini. De todas formas, ciertas situaciones revolucionarias (tefimeras?) pueden producir excepciones; ciertos observadores afirmaban (años anteriores a 1973) que China (sociedad pre y semiindustrial a la sazón) presentaba la distribucióti de ingresos mis igual, inferior quizás a una razón de 411 en 10s diferenciales salariales. Una vez mis, do ignora relaciones de poder e ideologia, lo cual es grave, si se ctonsidera la fase de la c~revolución cultural)> maoísta
<(Papersa: Revista de Sociologia de la Iey o curva de Pareto, relegando su validez al mundo preindustrial (y semiindustrial) y abonaria la tesis aquí expuesta, ya que la reducción en desigualdad (económica, que no política) se postula únicamente a partir del momento en que se dispara la productividad y se produce el derrame antedicho, el cua1 s610 puede tener Iugar bajo condiciones industriales. Aceptemos pues por el momento que en las sociedades industriales avanzadas se ha producido un declive incipiente en ciertas formas de desigualdad, sin pérdida notable en el grado absolut0 de bienestar y recursos de las clases dominantes. Quizá se haya producido alguna pérdida en su poder politico y cultural y en su goce del privilegio a causa del ascenso de otros grupos, como 10s compuestos por sindicalistas, técnicos, profesionales, políticos y tecnócratas. Con ventaja para ellos, éstos han podido incorporarse en el nuevo sistema distributivo de bienes y recursos, sobre todo en virtud de las concesiones que ellos y sus predecesores con- \ siguieron extraer de las clases dominantes: son las condiciones de la nueva situación -alta productividad, abundancia, protección legal de la oposición políticalas que han posibilitado tal ascenso. Mas hay también otros factores en la reducción de la desigualdad que no pueden reducirse sin más a un entendimiento puramente mecánico de las consecuencias del modo industrial de prducción, es decir, de la alta productividad y el derrame de riquezas. Asi, debe contemplarse setiamente la posibilidad de que la presencia duradera de varios movimientos radicales, reformistas y socialistas en varios países occidentales haya producido efectos igualitarios significatives sobre sus propias sociedades. Parece que no faltan pruebas empiricas de que ello haya sido asL6 Aceptar esto no es concluir que el capitalismo avanzado, teñido de socialdemocracia, haya mudado de por sí la naturaleza misma de la desigualdad de ingresos de modo sustancial. Si es, en carnbio, comprender mejor esa desigualdad tal como aparece en nuestros días, incorporando en ella aspectos polítide la época. Aparte de 10s diversos trabajos que confirman la validez de la ley y curva de Pareto, véanse 10s de Binet y Meade poniéndola en tela de juicio para las fases más recientes, con industrialización avanzada. 6. C. Hewitt (1977), apoyándose en datos, afirma, contra la opinión acadérnica prevalente, que la democracia política y 10s partidos socialistas democráticos han producido efectos positivos en la reducción de la desigualdad. El argumento corriente es que es el desarroiio económico, y no el socialismo, 10 que constituye la única causa relevante. Por razones contrapuestas, tanto 10s funcionalistas como 10s marxistas apoyan la opinión <tsofisticada)>. Kolko, por ejemplo, afirma que el welfare capitalirm ctno ha cambiado la naturaleza de la desigualdad de ingresos ni ha elevado el nive1 de vida de las clases con menores ingresos por encima del que hubiera alcanzado si no hubieran sufrido la presión de 10s impuestos federales (en 10s EE. UU.)),. G. Kolko (1962), p. 39.
Cilase, poder y privilegio en la sociedad corporativa cos que son ajenos a la lógica estricta del capitalisrno. Es curioso, dicho sea de paso, que el fenómeno de la disminución de la desigualdad bajo condiciones de reforrnismo polític0 sea ignorado tanto por sectores significativos de la derecha ccrmo de la izquierda, y el10 por razones ideológicas opuestas. b) La internacionaliz~cio'n de la desigualdad a través del sistema económico mundial. Como explicó Marx, uno de 10s efectos principales de capitalisrno, tanto del mercantil como del industrial, es la creación de un mercado mundial. L:i interdependencia económica, señaló, significa el establecimiento de relaciones de clase no s610 entre 10s estratos dominantes y 10s subordinados en 10s paises metropolitanos, y entre tales estratos y 10s pueblos coloniales, sino, más significativamente, entre las clases trabajadoras de 10s centro:; industriales imperiales y las de las colonias. Esta relación debe ser incorporada a nuestro análisis para mejorar y corregir la teoria de la imrersión propuesta por Lenski, la cua1 debe ser vista en el más amplio marco del sistema económico mundiaL7 Con tda posibilidad 10s teóricos del sistema mundial exageran hoy el grado en que existe una integración general en un únic0 sistema capitalista, ya que a menudo incluyen paises con <tsocialismon de Estado, en 10s que 10s criterios para la creación, consumo y distribución de riqueza no son 10s de mercado. Sus conclusiones, suponiendo que no sean erróneas para un futuro, son por lo menos prematuras. El10 no obstante, sí es cierto que las estructuras de desigualdad social son en gran medida transnacionales y que el sistema económico en el que están imbricadas también 10 es. Ha ocurrido algo más que un mero desplazamiento de la pobreza hacia la periferia de 10s focos industriales hegemónicos. Ha surgido una verdadera munrlialización de la desigualdad y ello a un doble nivel: entre paises (ricos/pobres; poderosos/subordinados) y dentro de ellos (creación de pautas internas de dominación dependientes de las transnacionales). Aunque estos fenómenos tienen viejos antecedentes históricos (las burguesias compradoras y las clases dominantes dominadas no son nada nuevo), es su consc3lidación a escala mundial 10 que constituye un rasgo sin precedentes. El sistema mundial emergente ha favorecido la erosión de ciertos extremos de desigualdad en !$us centros hegemónicos, en 10s que la acumulación de riqueza y recursos ha hecho posible el reformismo social, En Occidente la mitigación de la pobreza y la penuria pública sin que se haya producido una redistribución radical de la riqueza ha dependido de ondas 7. R. Rubinson (1976).
ctPapers,): Revista de Sociologia largas de prosperidad. Si bien seria erróneo identificar el alivio de la destitución y la miseria mediante la política social de 10s gobiernos con la reducción de la desigualdad, existen relaciones interesantes entre ambas cosas. En Io que respecta al desarrallo del sistema eonómico mundial habrá que concluir que, en virtud de la acumulación desigual de la riqueza a favor de 10s paises dominantes, dicha política (que incluye la tributación progresiva de 10s ingresos altos) ha coadyuvado a disminuir el desnivel global de desigualdad sin por el10 dejar de mantener y hasta fomentar el desnivel transnacional, aumentando asi el contraste entre sociedades enteras. Existen precedentes históricos notorios. Así, la introducción de la esclavitud intercontinental en 10s imperios marítimos europeos tuvo, a escala menor, efectos semejantes. Mas ni en aquel entonces las sociedades proveedoras de mano de obra esclava estaban en condiciones de oponerse a ello, ni el sistema mundial era tan vasto. Las cosas, sin embargo, son mucho más complicadas. Ni Occidente es el foco Único de la desigualdad, ni la relación entre centro y periáeria es monovalente. Es, como mínimo, ambivalente. Occidente es también la civilización que ha generado el igualitarismo como ideologia y la deslegitimación de órdenes sociales preindustriales (feudales, sultánicos, despóticos) cuyas pautas de desigualdad eran mis inhumanas y amplias que las suyas propias. Además, la incipiente reducción de la desigualdad en 10s centros avanzados no puede ser entendida como predicción de tendencias futuras: la desindustrialización, el desempleo creciente, la recesión económica y las ya mencionadas formas nuevas de desigualdad podrían parar las tendencias hacia la disminución de la desigualdad, o crear dificultades serias en su progreso. Por otra parte, en algunas partes de la periferia quizá se puedan invertir las tendencias actuales hacia la desigualdad, tal como otrora ocurriera en el centro, ya a través de la revolución política, ya por rnedio de una industrialización autóctona. Algunos ejemplos, sobre todo en el Este de Asia, abonan esta última posibilidad. C) Ciudadania y clase social. La disolución de la sociedad feudal tardía y su expresión política, el Standestaat, abrió e1 camino a la reestructuración de la desigualdad en términos de clase social y, en mucho menor grado al principio, también de ocupación. Ello ocurrió en el marco del Estado moderno y fue posibilitado por 61. Lejos de ser una institución hostil a la movilidad social y la igualdad, el estado moderno fue, desde su nacimiento, parte esencial del nuevo arden. Creció como institución cuya función era, entre otras, proteger a 10s ciudadanos que estaban en condiciones de medrar bajo la nueva economia competitiva capitalista, y
Clase, poder y privilegio en la sociedad corporativa lograr mls propiedades, privilegio y poder. El acceso diferencial a estos . codiciados bienes quedó garantizado mediante criterios bien diferentes de 10s prevalentes en la sociedacl anterior. Es significativa que esos criterios incluyen -para confusión de algunos observadoresel autodesvanecimiento aparente del propio Estado que sostenia el nuevo orden en cuestión. Tales criterios se basaban (y alin 10 hacen hoy en dia) en una concepción jurídicamente universalista de la igualdad: igualdad ante la ley, acceso igual al voto? Por su parte, el ethos mucho mis radical de la igualdad de oportunidades hizo SLL aparición efectiva sólo en su estado posterior de la modernidad, aunclue bajo las fuerzas que habia desatado la misma lógica de la ciudadanía. Aunque arraigada en la noción de la soberania de leyes abstractas y generales -el modern0 sistema legaL9 el nuevo orden permitía y hasta fomentaba una especie tle desigualdad: la clasista. La desigualdad de clase no entrañaba solarnente la estructuración de la sociedad entera según las líneas de este nuevo colectivo social -la clase-, sino también la formación de otros grupos clave, unidos a él de modo sutil. Uno de 10s más señalados era el de las asociaciones mercantiles, industriales y profesionales dotadas de las cuacteristicas de la persona jurídica (corporaciones) y no obstante carentes de responsabilidades personales, es decir, morales. Igualmente ligada al nuevo orden clasista fue la aparición de una <tclase>> política, constituida por las élites de la autoridad y el poder procedentes de las diferentes clases sociales con participación legítima en la politeya, asi como la de sus movimientos sociales y grupos de interés. El ámbito de partitipación legítima, antes restringido a la bowgeoisie conquérante y a 10s rrdembros embourgeoisés de la nobleza terrateniente, se habia abierto poc0 a poco (o abruptamente en algunos paises) hasta abrazar prácticamente a cualquier sector de interés en cualquier clase, si bien la participación 1,oIítica real de cada uno seguia siendo cuestión de grado y peso diferentes. La ciudadania, pues, es un fenómeno ambivalente. Por una parte permite la continuación de la desigualdad de clase y su reproducción. Las clases potentes pueden c.olonizar tanto la rama ejecutiva como la administrativa del Estado en una, medida suficiente para que 10s asuntos pú8. T. H. Marshali (1950). En contraste con Marshd mi ensayo enfatiza la interdependencia entre clase y la ciudadania, que no son vistas aquí como contrarios. Para Marshali las fuerzas de la igualdad (ciudadanía) se oponen a las de la desigualdad (clase). 9. <<Sistema legal, en el sentido de Unger, distinto de la ley consuetudinaria y de la burocrática. Unger muestra cómo no puede ser entendido como mera excrecencia de la burguesía. R. M. Unger (1976), pp. 52-53.
<(Papers>>: Revista de Sociologia Jases trabajadoras -bajo el barniz del discurso igualitari0 de sus pariidosasegura que 10s radicales continúen en su posición marginal y aislada a pesar de sus explosiones públicas y endémicas de ira, frecuentemente juvenil." Por otra parte la reivindicación violenta de la igualdad por grupos terroristas dificulta más aún su reivindicación efectiva por las clases subordinadas por medios pacíficos. El terrorismo por 10 tanto exacerba la desigualdad y justifica la represiÓn.l8 Todo esto ocurre en el marco de una economia capitalista que ha desbordado por completo las fronteras de su antigua cuna geográfica. Ha surgido un mercado transnacional que liga sociedades distantes en una urdimbre más compleja que nunca de subordinaciones y dependencias. Éstas ya no pueden considerarse estables. S610 el auge de 10s medios técnicos de comunicación ha permitido que algunos rasgos mundiales del mercado y de la estructura de la desigualdad sean percibidos por d gran público. Las idedogías nacionalistas y las distorsiones de tales medios oscurecen una percepción más clara. Empero, puede notarse el desarrollo de un cierto grado de oposición al orden social imperante menos provinciana, de conciencia menos localista. Hasta ahora se ha manifestado en ámbitos de sobrevivencia bélica (movimiento antinuclear) y ecológica (protección de la naturaleza) y en aquellos más directamente relacionados con la desigualdad (feminisme, antirracismo, lucha contra la pobreza). Pero las caracteristicas de este univers0 continúan mudando bajo las deadas sucesivas de la innovación técnica y las embestidas que se dan unos a otros mundos sociales diversos: Islam, Occidente, 10s paises tecnoburocráticos <tsocialistas)>, y varios otros complejos macroestructurales, que a veces se entrecruzan entre si. Ello conducirá a mayores transformaciones aún en la estructura mundial de la desigualdad y eventualmente a la desaparición de la problemática que la domina en su forma hoy presente. 3. ESTADIOS EN LA HISTORIA DE LA DESIGUALDAD SOCIAL . Estos asuntos hasta aquí tan someramente esbozados, merecen un examen más pormenorizado. Para conseguirlo empezaré por volver atrás y adentrarme en la dimendón histórica de la desigualdad para pasar en 17. De Berkeley, California, 1961, a Zurich, 1980, y Viena, 1981. La revuelta estudiantil francesa de 1968 puede considerarse uno de 10s momentos 'cumbres de esta siiuación, aunque quizá rnás interesante sociológicarnente sean 10s provos holandeses y otros movimientos neolibertarios de aiios subsiguientes. 18. S. Giner (1982), b.
Clase, poder y privilegio en la sociedad corporativa seguida a seguir sus huellas en su actual dinámica, desvelando su complejidad en la medida en que me 10 permitan 10s límites de un análisis como el presente. 3.1. El cierre social y s,us f,aes Cierto es que la desigualdad es consecuencia del orden económico, polític0 y cultural de la sociedad. Pero la desigualdad es mantenida y conformada también por el cierre social. El cierre es el proceso por el cua1 ciertas posiciones sociales son reservadas activamente por ciertas gentes para sí mismas o para otras específicas, con exclusión de las demás. A nivel microsociológico el t:ierre entrafia la atribución de una posición a un individuo dado por razones de discriminación, y no a otros. A nivel macrosociológico significa la distribución discriminatoria de ingresos, autoridad, poder, propiedad, enlpleo y privilegio a categorías específicas de individuos con exclusión de otras.19 Los estudiosos de la sociedad se han interesado, sobre todo, por aquella forma de cierre que dimana del sistema clasista y han dedicado también mucha atención a la transici6n de la desigualdad feudal preclasista a la clasista, bajo el capitalisme. Menos atención ha recibido la transición del clasismo capitalista a un nuevo orden de desigualdad, si bien la literatura existente sobre la apariciijn cle una sociedad <cpostmoderna)> trata de ell0 en cierto modo. Lo cierto es que numerosos estudios sobre las clases en la sociedad ccmtemporánea, hasta cuando toman en consideración las mudanzas de su composición interna, ignoran las sefiales de que surge un sistema realmente nuem de desigualdad. Aqu$ intentaré considerar tal posibilidad. Para el10 comenzaré por suponer la transición de una sociedad estamental a una sociedad corporativa a través de un estadio intermedio, la sociedad clasista. La sociedad clasista clásica será considerada, por 10 tanto, como una fase entre otras y, como tal, no particularmente duradera. Será observada corno puente entre otras dos formas históricas de 19. La noción de cierre de clase es importante ya en Marx, aunque sóo por implicación. También 10 es en Pzreto, aunque su énfasis es sobre 10s procesos de exclusión que la acompañan. V. Pqreto (1963) 2025-2029. Weber empezó a usarla de modo mis sistemático, aunque su preoaipaci6n por la ctsituación de clasc), le condujera quizás a no explorar demasiado la cuestión del cierre como tal en cada clase. Sin usar la expresión, Schumpeter estudi6 el fenómeno a través de sus conceptos de la ctpatrimonialización* de 10s atributos clasistas y el proceso de ctatrincheramiento de clasc* (J. Schumpeter, 1961, pp. 163 221). Ha recibido atención mis explícita por parte de estudiosos de la reproducción clasista~ como Bourdieu y Passeron, y Touraine. Cf. A. Touraine (1977), pp. 276-290. Explícitamente reavivado por F. Parkin (1930). 29 L
ttPapers)>: Revista de Sociologia desigualdad, una de ellas en el pasado distante y la otra empezando a perfilarse bajo nuestra vista. En la historia de la estructura social europea, y aparte de las importantes variedades que aparecen dentro de ella en cualquier momento, aparecen tres grandes modos sucesivos de organización general de la desigualdad social en 10s tiempos modernos. Pueden recibir 10s nombres convenientes de sociedades estamentaria, clasista y corporativa. Pueden caracterizarse, en escorzo, asi: a) La sociedad estamentaria corresponde aproximadamente al periodo tardío del feudalismo. En este orden social las gentes estaban divididas en estamentos y no en clases, aunque la presión para su transformación en clase era ya notable. Esa división estaba reconocida legalmente y sancionada por fuerza, ideologia y costumbre. La presencia abrumadora de la economia rural feudal en d masivo sector agrícola permitia la fragmentación de la sociedad en una miriada de estructuras verticales de subordinación (con frecuencia encarnadas en vasallaje) que imposibilitaban alianzas antagonistas horizontales entre 10s estratos subordinados contra 10s dominantes. El ascenso del primerizo Estado modern0 con su concentración de poder en un itseñor central), (para usar la expresión de Elias) o soberano permitia la coordinación efectiva del estamento dirigente, la nobleza, en su función de dominio. No obstante, la fragmentación feudal y la relativa debilidad del poder real durante muchos siglos habian permitido ya el crecimiento de burguesias mercantiles poderosas y de un industrialismo <tpreindustrial)> en las ciudades. Un conjunt0 de inventos --desde la contabilidad a doble entrada a la imprentay una cultura que permitió su adopción general pronto unió al estamento burgués a formas más seculares y racionales de legitimación de la politeya. Éstas prevalecieron a la postre: ces5 el vasallaje como ligamen politico y económico principal de la sociedad. b) La sociedad clasista corresponde al período de la hegemonia del individualismo posesivo burgués. Incluye una fase inicial en la que se hizo predominante el compromiso y acomodación mutuas entre el estamento dominante de la última era feudal y la nueva burguesía, salvo durante breves periodos revolucionarios en algunos paises; una fase de plenitud en la que el dominio burgués se ejercitó sin trabas; y una fase final de declive burgués relativo durante el cua1 la burguesia tradicional debe hacer concesiones a las organizaciones de las clases subordinadas (sindicatos) al tiempo que la institución principal de capitalismo es la gran empresa. En esta fase muchas empresas se integran en monopolios, oligopo-
Clase, poder y privilegio en la sociedad corporativa lios, trusts y cartels. A través de estas fases diversas la sociedad de clases, aunque dependia en gran mechda para su equilibri0 interno de 10s mercados ultramarines, se desarrolló dentro del marco del Estado <{nacionals. Era un orden político garantvzado por el Estado (como entidad separada del resto de la sociedad, o sociedad civil), el cual cooperaba en mantener las pautas de cierre de la época en ausencia de las barreras que antes mantenia la religión y el temor a las cualidades miticas de clero y nobleza, con su sanción divina. La sec~dari:saciÓn avanzada, combinada con una no existencia legal ni oficial de .la clase social, creó un vacio en torno a la legitimidad de la desigualdad. S610 la educación diferencial y el mantenimiento político de 10s sacrosantos derechos de la propiedad (ambos ayudados por el Estado) hizo de la clase el criteri0 principal de la desigualdad. C) La sociedad corpoirativa corresponde al periodo del capitahsmo mundial maduro y de la incipiente crisis del Estado ccnacional)> totalmente soberano. (Ni tal crisis, ni la crisis paralela de la sociedad civil se extiende todavl'a al aparato de Estado mismo, paradoja que s610 puede explicarse mediante una disc~tsiór~ más detallada de la nueva situación.) La clase social continúa existiendo como componente crucial del sistema de desigualdad. No obstante, la clase queda determinada ahora sobre todo por la estructura ocupacional, asi como por la integración de las personas en la nueva unidad de estructuración social, la corporación. Esta unidad social sobresale en una sociedad en la que tantos son empleados asalariados y miembros de instituciones formales. La corporación dicta en gran manera las oportunidades (Lebenschacen) de sus miembros y 10s criterios para la inclusión, la exclusión y la promoción social, aunque no todos: la segregación raci,al o el prejuicio sexual, por ejemplo, tienen origenes diferentes. Pero las corporaciones pueden incorporar tales criterios. El cierre social queda ahora mediatizado por la corporación. Esta puede definirse como una asc~iación organizada jerárquicamente, administrativamente integrada, y orientada hacia haces especificos de fines bajo una ideologia de maximación de resultados. En las sociedades avanzadas, hay un número aeciente de corporaciones que pertenecen al Estildo (61 mismo es una corporación mis) o a sus ramas y sucursales, mientras que muchas otras son privadas o semiprivadas. Las condiciones contemporáneas de monopolio y oligopolio, empero, han dado una nueva sjgnificación a la noción de 10 privado en lo que atañe a taks instituciones. Las corporaciones, por 10 tanto, son de indole muy diversa, e incluyen ministerios, universidades, bancos, organis20. S. Giner (1981).
<{Papers)>: Revista de Sociologia mos internacionales, compañias nacionales y multinacionales, grandes partidos políticos, fábricas, municipios, hospitales, sindicatos, ejércitos, empresas de informática y comunicación. En su conjunto no agotan todo el ámbito de la sociedad humana ni regulan su vida por completo. (Aunque tal sea el objetivo de la ideologia tácita del corporatismo, de la utopia corporati~ta.)'~ El desarrollo interdependiente de las corporaciones en el mundo modern~ ha sido el resultado de la confluencia de varias corrientes importantes, entre las que descuellan la lógica de la concentración y acumulación capitalistas, el auge de 10s nuevos modos técnicos de almacenar y manipular la información y el conocimiento, y el uso sistemático de la innovación técnica para la maximación de 10s resultados, sean éstos cuales sean, desde la destrucción bélica a la eliminación de la enfermedad, pasando por la producción de alimentos, el entretenimiento masivo y la difusión de las noticias. No hay que olvidar, entre estas corrientes, una esencial, y que dimana de su presencia conjunta: la necesidad de coordinar un univers0 social cada vez más denso, y una de cuyas facetas es precisamente la densidad corporativa. Bajo condiciones de secularisme relativo y burocratización avanzada el Estado ha venido a ser la única corporación capaz de la coordinación imperativa de este vasto y complejo conjunto institucional, sobre todo siempre que el orden <tespontáneo>> de la sociedad civil cede ante sus propios conflictes y debilidades. A pesar de todo el10 el legado del sistema legal autónomo liberal, nacido y en gran manera desarrollado en 10s periodos precedentes, continúa siendo un componente esencial de las sociedades corporativas occidentales y relativamente pluralistas. Tal sistema, sin embargo, se vuelve recesivo ante el peso de la política de intereses sectoriales o grupales, y la de las corporaciones mismas. Además, como quiera que sus raíces sean agnósticas en 10 religioso e individualistas en 10 humano, la ley encuentra difi21. El crecimiento del aparato estatal y el de su peso sobre el resto de la sociedad apenas puede exagerarse. En el país mis aferrado a su sociedad civil, 10s EE. UU., en 1979 mis de la mitad de la población recibfa o derivaba ingresos de fuentes gubernamentales (un 51,2 por 100). El porcentaje de individuos empleados en el gobierno federal, estatal o local (con sus dependientes incluidos) era de un 12,8 por 100, New York Times, 1 de febrero de 1981, La sefiora Thatcher, por su parte, fue elegida en 1979 con promesas de disminuir y hasta desmantelar el aparato estatal. No obstante, la proporción de empleo público como porcentaje del empleo total continu6 aumentando (de un 29 % a un 30 % a principios de 1983). Con una disminución de s610 un 4 % en cifras absolutas (que incluyen las industrias nacionalizadas), el peso del sector público aumentó en Inglaterra a pesar de la recesión y de la ideologia militante del gobierno. Londres: Central Statistical Office: Economic Trends, marzo 1983. También Tbe Times, 15 marzo 1983, editorial, p. 13.
(:lase, poder y privilegio en la sociedad corporativa cultades crecientes en legitimar el sistema de desigualdad del sistema corporativo. Éste, en cambio, es muy congruente con la creencia en la autoridad técnicamente experta. El problema es que, como Weber indicó, la legitimación moral y política no puede, en última instancia, dimanar ni de la ciencia ni de la técmica. Y las sociedades avanzadas muy a menudo se apoyan en la autoridad técnicamente experta para legitimar el mantenimiento y desarrollo de la desig~aldad.~ Como el últim0 de astos estadios en la historia moderna de la desigualdad es el más nuevo y el que más sujeto se halla a controversia, son menester algunas puntualizaciones. Se refieren a tres cuestiones distintas: mi definición y elección de la corporación como unidad de observación; el lugar de mi conceptua'lización en el debate actual sobre corporatismo; y la elección del termino {{sociedad corporativa>> para caracterizar el orden social emergente. 1. Las corporaciones, se afirma, son asociaciones administrativamente estructuradas. Si tal definicidn se mantiene no hay nada confuso en que cubra por igual entes sociales tan diversos como ciertas empresas comerciales, sindicatos grandes, ministerios estataks, partidos políticos maduros. Tal definición no ignora 10s fines diversos de cada una de ellas. Al contrario, en contraste con comunidades, clases y otros colectivos, las corporaciones se definen aqui por su especificidad funcional, así como por su tratamiento jerárquico y formalizado de conjuntos de problemas en sus esferas de competencia en la %vida social. Por ello, las distinciones elementales entre corporaciones económicas, políticas, educativas, sanitarias y demás sólo pueden fortaleca la definición. Así ocurre también con otras distinciones, como la que cabe hacer entre corporaciones públicas, monopolista~ privadas y pluralistas privadas. Además la definición deja sitio para la necesaria conciencia histórica del hecho de que las iglesias, los viejos gremios, el Estado premoderr~o y otras entidades son corporaciones tradicionales que prefiguran las contemporáneas. Por Último, es compatible también con una posibk tax~onomia de corporaciones contemporáneas y con su graduación en orden de importancia para la continuidad y la prosperidad social. En tanto en cuantc) la dehición coincide con 10 que suele llamarse <corganización formal*, puede integrarse en su campo de estudio. El aná22. J. Habermas (1968).
<{Papers)>: Revista de Sociologia lisis de la sociedad moderna como sociedad corporativa nada tiene que discutir a aquellas interpretaciones que afirman que vivimos en un mundo de organizaciones siempre que éstas no sean concebidas como monopolizadoras de toda la vida social ni se suponga que se entrelazan armoniosamente en un conjunt0 libre de conflicto. 2. Existe un intens0 debate sobre el desarrollo del <tcorporatismos en nuestros días. Las posiciones sobre la naturaleza del fenómeno difieren, pero la mayoría 10 ven confinado a un proceso triangular entre gobierno, sindicatos y empresarios. Algunos ven en 41 una entente semicordiake entre 10s tres protagonistas, orientada a la buena gerencia de la economia capitalista en su presente fase avmzada. Para ellos la intervención e intermediación estatal entre trabajo y capital, así como la inversión estatal en la economia capitalista son cuestiones decisiva^.^^ Sin olvidarlas en absolut~, la visión que presento trasciende esta interpretación de las relaciones tripartitas entre el gobierno, la gerencia de la empresa pública y privada y 10s sindicatos; deben tenerse en cuenta, pero, a pesar de mayores dificultades de teorización, es preciso tomar una perspectiva más amplia. Es mis interesante entender el corporatismo como la presencia hegemónica en la sociedad moderna de varias especies distintas de corporación y no s610 de las estrictarnente econónlicas. Son las corporaciones de todo género, en su modo común de estructurar la interacción social y coordinar la conducta de una pluralidad de individuos, las que se han convertido en pivotes del orden social contemporáneo. Ello ha ocurrido como resultado de una coalición de eventos y corrientes históricas ya mencionados. Conviene recordar que ellos no quedan confinados a la esfera de la empresa. Esta, claro está, en su faceta administrativa y burocrática, ha encontrado eco en muchas otras zonas de la vida social. Su modo de calcular el riesgo y reducirlo, su buena administración interna, sus estrategias de expansión, su visión secular, realista y mundana de las cosas invitaba a su triunfo como paradigma de organización social dcaz. Pero ha habido otras fuentes históricas de corporatización: la Iglesia, por su lado, con siglos de experiencia en el desarrollo de una burocracia internacional canónica, y el Estado, por otro, en su proceso de lenta e incompleta domesticación de la violencia privada y su unificación militar y policíaca, amén de su mono23. Para esta visión restringida, que frecuentemente sostienen escritores marxistas, cf. B. Jessop (1979) y L..Panitch (1980). Para la distinción entre el corporatismo contemporáneo y el <tcorporativismo~> fascista, P. Schmitter (1977). Ya A. Shonfield en 1956 (pp. 230-233) se quejaba de las confusiones entre el fascismo y el corporatismo democrático (sic).
C:lase, poder y privilegio en la sociedad corporativa polio de la contribución fiscal al erario y creación de un solo tesoro públic~. Tampoc0 es posible concebir la naciente sociedad corporativa como una mera icempresarizaciÓn)> del mundo doblada de burocratización continuada. La cosa no estrilcla en una sencilla continuación weberiana de la burocratización. La corporatización nos lleva más allá de la burocratización, a un plano cualitati~ramente diferente: el de las relaciones intercorporativas y el de las relaciones entre las corporaciones y las otras facetas de la vida social, como son la clase social y las forrnas nuevas de poder y privilegio. 3. Mi uso de la expresión <tsociedad corporativa)> no deberia ser polémico. No tiene pretensitjn ontológica alguna sobre la naturaleza de la modernidad madura. Sólo intenta poner de relieve algunos de sus rasgos sobresalientes. En el terreno de la desigualdad y la estructura social, parece más elocuente que otras e:xpresiones. Asi, la expresión de <tsociedad postmoderna)> parece vaga y nas obliga a establecer las fronteras de la modernidad. La de sociedad .ccpostcapitalista)> está ideológicamente tergiversada, pues se suele aplicar a sociedades que son muy capitalistas. La <ctecnostructuran se refiere a un aspecto, el económico, de 10 que aquí se indica por sociedad corporativa. El poco feliz término <tsociedad masa)> s610 se refiere a algunos aspecitos del orden social a que nos referimos. En todo caso la expresión que empleo se usa por mera conveniencia, a falta de otra mejor, y no pretende sustituir a las demás enteramente. I-Iechas estas aclaracio:nes, volvamos ahora sobre 10s aspectos históricos de la evolución de la desigualdad con especial referencia a la cuestión del cierre social. La tendencia histórica de largo alcance en la producción de bienes y excedente económico no parece demasiado problemática, a pesar de sus fluctuaciones. Suele presentarse como curva e~ponencial,2~ en la que se ignoran desviaciones periódicas menores. Algunas de estas últimas fueron importantes. Puede asumirse, así, que 10s efectos de la pax romana, con su explotación sistemática de la mineria, 10s cereales, la navegación y el transporte terrestre debe haber aumentado la producción en la era clásica tardia. Esto contrasta con la situación siguiente, en 10s siglos oscuros, con 24. W. W. Rostow (1978), pp. 1-100.
<{Papers,: Revista de Sociologia el declive en el comercio y la artesania. A pesar de serios reveses en algunas partes, como en la otrora próspera cuenca mediterránea, el Renacimiento presenció 10s orígenes de un aumento en bienes agrícolas que, combinada con la acumulación de riqueza generada por 10s imperios ultramarinos europeos, entraiíó el nuevo despegue de la curva, la cua1 estaria destinada a recibir la conocida aceleración producida por la Revolución Industrial a partir de 1750. Mas no seria prudente proyectar esta curva en el futuro siguiendo el trazo de su reciente trayectoria: por poco fiables que sean las conclusiones extremas de algunos pronósticos pesimistas sobre el agotamiento rápido de los recursos económicos, es muy posible que 10s fimites sociales (y no solamente energéticos) del desarrollo 25 fuercen cambios sobre esa tendencia. La predicción del declive absolut0 puede estar tan mal fundamentada como la del crecimiento exponencial continuado, a menos que estalle una tercera guerra mundial. Más juiciosa es la predicción de un declinar futuro de la tasa de crecimiento. El10 nos daria una curva histórica general, desde la Edad Media, en forma de S. Esta podria ser también la curva del tamaño de población en la zona del mundo que se examina. T,eniendo en cuenta que existe, como se mostró antes, una relación definitiva entre el tamaño del excedente económico y el grado general de desigualdad social, seria interesante analizar este último históricamente, comparando sus fluctuaciones con las de la población y producción de bienes. Comoquiera que las corporaciones son entidades esencialmente jerárquicas, de desigualdad estructurada, el10 podria hacerse quizá contemplando la evolucjón del corporatismo, es decir, su extensión e intensidad a través del tiempo. ~nevitablemente, ello debe ser rnuy especulativo. Además, si el corporatismo se define como fenómeno estrictamente moderno, sus orígenes también deben serlo. Así, si relacionamos las cor- - poraciones con las organizaciones de servicio públic0 estrictamente burocráticos nos veríamos obligados a hallar sus orígenes s610 en el siglo XVIII. Antes de él ningún Estado, ni siquiera Prusia, poseia nada que cumpliera 10s requisitos de una burocracia moderna de servicio público, si bien algunos paises se acercaron a ese modelo. Ese fue d caso de la administración imperial española, consolidada en el siglo XVI.'~ No obstante, no seria sociológico ignorar el elemento corporatista de la administración romana, presente en su heredera, la Iglesia católica, así como el corporatismo municipal medieval, 10s registros y oficinas continuos de ciertos rei25. F. Hirsch (1977). 26. G. E. Aylmer (1979), pp. 167-168.
1 Cllase, poder y privilegio en la sociedad corporativa nos (sobre todo Inglaterra) y el desarrollo de gremios, ordres y Stiinde con características protocorporativas. Podria asumirse que en las civilizaciones preindustriales la curva hipotética resultante de la presencia agregada de protocorporaciones es grosso modo paralela a las curvas de población y producción de bienes. La complejidad asociativa va pareja a la densidad social y material. Asi, la disolución del orden politico romano en la mitad occidental del Imperio presenció el rápido declinar de llos collcgia y 10s cargos públicos. Los tiempos tempranos medievales trajeron consigo la descorporatización forzosa de la sociedad, con su aunnento de movilidad, migraciones, invasiones y la inseguridad permanente creada por las bandas armadas. La consolidación de reducidas esferas de poder regular territorial en el marco de un orden feudal tampoc0 permitió el protocorporatismo, aunque sus más remotos orígenes deben hallarse en las gradaciones y jerarquias internas de la época. Sólo el corporatismo medieval urbano prefigura el que más tarde habia de cristalizar, pero es evidente que su triunfo ya indica un ascenso de la tendencia a la corporatización. Cuando aquél empezó a disolverse, sus semillas, en forma de 10s prinleros bancos medievales y las primeras compañias mercantiles, ya germinaban. Continuarían creciendo quedamente a través de la primera gran era de la clase social, la del capitalismo temprano, como así 10 hacian las ramificaciones del Estado. No obstante, su peso conjunt0 en la función de articular y dar coherencia a la sociedad entera era de segundo orden si se compara con el gran empuje de la Revolución Industrial y con el poder integrador (aparte de sus fuerzas disgregadoras) del mercado capitalista en expansión. Los dos primeros tercios del siglo XIX fueron as( un pctríodo de declive aparente para la corporatización, sobre todo en la esfera de las clases subordinadas (con la posible excepción de Alemania), 1,os gremios habían sido disueltos, bs sindicatos estaban prohibidos. El gobierno era inmune a la noción del Estado benefactor y advers0 a gerencia de la economia; su presencia se sentia s610 cuando era necesario el proteccionisme, cuando eran necesarios 10s ciudadanos para fines militares, o cuando era menester crear un sistema educativo general, aunque fuera en el seno del privilegio burgds. Sin embargo, andando el tiempo, la rnilitarización, 10s servicios postales, las escuelas, las carreteras, pen~etraron las periferias internas de cada Estado y por 10 tanto la presencia del gobierno y de la administración pública se hicieron presentes por doquiec. Fue asi cómo, al final, el Estado transformó las vidas de las vastas; poblaciones campesinas de Europa para quienes el Estado y hasta la nación eran entidades desconocidas. El primer 27. E. Weber (1976).
ctPapersa: Revista de Sociologia tanciar y desarrollar algunos problemas que dimanan de mi propio planteamiento. 4.1. Igwaldod, jerarquia y 10s tres niveles del rango colectivo Existen dos regularidades en la dinámica de la desigualdad social que seria conveniente aislar aquí: el proceso de divergencia entre la jerarquia y la igualdad, y el proceso constantethacia la tripartición de la dominación. a) En toda sociedad compleja existe una marcada tendencia a la divergencia entre jerarquia e igwaldad, como proceso continuo. Es decir, hay un desarrollo constante de modos jerárquicos de supraordenación y subordinación, en combinación tensa con la tendencia opuesta, la que lleva a mayor redistribución, nivelación e igualdad en sus diversas formas, las cuales incluyen la igualdad de oportunidades, la de condiciones materiales y la legal. Como dijo Simmel, el primer proceso es parte de la diferenciación social. En algunos casos obedece a la necesidad de incorporar las personas más cualificadas a las posiciones sociales más necesitadas de dlas de modo que lleven a cabo sus tareas con efi~acia.~~ Esta dimensión funcional del trato recibido según sus capacidades objetivas sufre una intensa tergiversación a manos de la cIase, la coacción, la discriminación favoritista y la reproducción hereditaria de la desigualdad. Empero, y como explicó Tocqueville, en ciertas sociedades de cariz democrático los rígidos y poderosos frenos contra el igualitarismo que caracterizan a 10s Órdenes aristocráticos no son del todo eficientes. En ellas el proceso doble hacia la formación de jerarquia por un lado, y hacia la igualdad, por otro, es más obvio, y la tensión entre ambas fuerzas, mis aguda. Ello no obstante la institucionalización amplia de la redistribución (sin minar la supremacia del privilegio y el acceso limitado popular a posiciones deseables, a través de la educación, la representación política, la rutinización de la promoción) puede amortiguar la potencial rebeldía de las clases subordinadas. Tal rebeldía tiene su causa en las lesiones percibidas de la desigualdad en combinación con un igualmente percibido derecho a la accesibilidad a posiciones codiciadas. Por si sola, la sociedad clasista durante el capitalisrno competitivo no resolvió el problema de la inestabilidad producido por esta divergencia. 33. El reconocimiento de este aserto de la teoria de Davis-Moore no significa mas que una concesión sensata a un aspecto de su concepción de la desigualdad y no contradice una visión discrepante de la suya, en términos de dominaci6n y conficto. 44
Clase, poder y privilegio en la sociedad corporativa Durante sus fases primer.izas y clásicas la privación relativa y la injusticia social fueron sentidas de forma exacerbada. Jamás habia sufrido todo el sistema de desigualdad igual de~le~itimación. Surgieron asi vastos movimientos sociales con el iinico propósito de acabar con él. La valia universal de la ciudadania y la ideologia jndividualista dieron a muchos esperanzas de avance social que no erarl congruentes con las recompensas reales que recibian según sus méritos?' Por ello, no todos aceptaron -ni aceptan hoyla ciudadania como mera encarnación de derechos humanos: muchos la entendieron también como 77ia de acceso a las recompensas materiales. Simultánearnente, una <(envidia dr:mocrática)> tocquevilliana empezó a dar un acento nivelador a su coricepción de la excelencia humana o, más precisamente, a poner en cuestitjn la excelencia humana como fuente de deferencia y prestigio. Consecuencia parcial de esta deslegitimación múltiple fueron varias revoluciones que ocurrieron en las primeras fases de la nueva era o bien más tarde en paises atrasados en vias de modernización. A pesar de ello el sistema capitalista no sufrió reveses en sus tierras de origen. Como señalé antes el10 se debió al creciente excedente económico que ya no podia ser apropiado ni usurpado en su totalidad por la burguesía y sus aliados en detriment0 de la mayorla, ad~emás de 10s efectos reforzadores del capitalismo que produjo el tamb~én creciente poder adquisitivo del pueblo. Todo el10 permitió una corriente de concesiones políticas (como la franquicia electoral), la redistribución restringida de recursos y la expansión de 10s servicios públicos, la cua1 amortiguó a la postre 10s duros golpes que le asestaba al orden social burgués el proletariado militante y 10s movimientos revolucionarios. En contraste con estar situación, la sociedad de clases en la era corporativa subsiguiente está en una posición más favorable para absorber la divergencia entre jerarquia e jgualdad. Asi, sus instituciones seleccionan y cooptan individuos de to,das las clases (y en especial de las amplias clases medias) con relativa frecuencia, siempre que sus credenciales sean técnicamente importantes para ella:;. Tal incorporación no significa en absolut0 promoción social automática, ni tampoc0 su posibilidad objetiva, pero si puede significar en muchos casos integración vertical en el sistema de desigualdad, con el consiguiente debilitamiento de 10s lazos clasistas horizontales. Dadas las discrepancias intercorporativas y las aberraciones de algunas 34. <<La fuerza de la legithddad de la estratificación en cualquier sociedad es directamente proporcional al grado de congruencia que existe entre la distribución de recursos primarios y la de dist~ibución de autoevaluaciones (self-evaluations)s. L. R. della Fave (1980), p. 962.
<<Papers,: Revista de Sociologia de las corporaciones (las especializadas en la destrucción bélica o ecológica, por ejemplo), la incorporación de las gentes (ahora definidas como <(personals) en cada institución no quiere decir que las tareas que han de realizar sean beneficiosas para la sociedad en general. Pueden ser daiiinas para una comunidad, para varias, o para otras sociedades. La incorporación corporativa de números sustanciales de individuos, al reducir la solidaridad de clase, mina la posibilidad de crear coaliciones clasistas para la reforma radical del modo de dominación e imposibilita la destrucción del orden social por este conducto. Por si el10 fuera poco la <tocupacionalización~> de la clase social significa que ésta tiende a degradarse en mero estilo de vida y de personalidad en las mentes de sus miembros, con 10 que sufre una severa desp~litización.~~ En su virtud se entenebrecen las líneas de la desigualdad social clasista y se diluye la conciencia de dominación en una marisma psicológica y cultural. Por otra parte, ese mismo proceso de <tocupacionalización~> explica también que algunos sociólogos hayan podido llegar a creer que la ocupación, y no la clase, es ahora la unidad principal de la desigualdad, o a 10 sumo que esta sea una clase constituida en 10 esencial por la ocupación y determinada por la división de las tareas en la era tecnológica. Quizá no se hayan percatado de que la red ocupacional, a pesar de su inmensa importancia para la creación de la desigualdad, no la agota ni mucho menos, y ciertamente es incapaz de desplazar completamente las causas de la división clasista de la sociedad. Ello no obstante, cuanto más corporatizada es una sociedad mis reacia es su estructura a convertirse en campo para la lid abierta entre clases en el sentido tradicional de enfrentamiento para la eliminación o subyugación total del contrincante. (<tCorporatizadas en el sentido pluralista o, mejor, poliárquico, de la palabra. Las sociedades corporativas totalitarias obedecen a una problemática muy diferente en este terreno.) Es esencial para la corporatización de raíz pluralista el reconocimiento de las mutuas autanomías relativas y de la negociación y forcejeo como via para la distribución de bienes, poder y recursos entre 10s antagonistas, cuya existencia no se pone en entredicho. De el10 se sigue que existe un conservadurismo inherente al sistema: éste no se pone en cuestión, pues 61 mismo es entendido como medi0 para la obtención de fines dispares. Las dificultades prácticas que encuentran 10s grupos extremistas --desde las oposiciones extraparlamentarias a 10s terroristasen conseguir una deslegitimación popular de todo el orden social parecen refrendar este aserto. A su vez, no cabe duda que en gran medida estos movimientos responden a las frustraciones y bloqueos producidos por el orden corporativo que se va consolidando, si bien 35. R. Sennet (1974). 46
Clase, poder y privilegio en la sociedad corporativa es dudoso que 10 amenacen de verdad. Al contrario, crean mayor crispación corporativa y una escalada de las instituciones estatales a interestatales de vigilancia y control del orden social. b) La neutralización cons,tante del descontento a través de la incorporación institucional y el ccmtrapeso de las lealtades horizontales por medio de las verticales no basta para mantener el modo de dominación en buen funcionamiento. La tácita alianza interclasista entre 10s estratos mis altos y sus subordinados inmediatos -las clases mediases la que, junto a aquellos fenómenos, consolida tal dominación. El proceso de tripartición de la desigualdad significa que, en cualquier sociedad compleja, existen tres niveles generales de preeminencia entre 10s hombres: el dominante, el intermedio y el inferior. Estos tres niveles generales no deben confundirse, analíticamente, con las demás formas o dimensiones de la desigualdad, como son la autoridad, la clase, el privilegio y el poder, si bien existen~ grados de congruencia con ellos, a pesar de las variaciones que puedan encontrarse en las correlaciones concretas. De la misma manera, 10s niveles generales de la desigualdad no deben confundirse con 10s niveles mis estrechos, específicos y particulares de la desigualdad que originan 10s diversos estratos que existen en cada uno de ellos. Los tres niveles generales de preeminencia corresponden a las subdivisiones de la sociedad que se derivan de la corriente de mandos y Órdenes. Como expresa lacónicamente Collins, las gentes pueden clasificarse en tres categorías según su lugar en ese proceso: 10s que dan Órdenes, 10s que las reciben y las dan, y las que s610 las re~iben.~~ Con la aparición de un sistema mundial de interdependencia política, económica y, en menor grado, cultural, pueden detectarse por 10 menos tres esferas diferentes en las que tiene lugar la tripartición de la desigualdad: la institucional, la societaria y la transnacional. Las divisiones generales de la desigualdad a triple nivel son muy obvias en las instituciones, sobre todo en las corporaciorles cuyos reglamentos las reconocen explícitamente. Es también obvia en la división clasista de la sociedad, por muy importantes que sem las cuestiones de composición interna de cada nivel general, asi como las de las fronteras entre cada clase o estrato. Es patente también en las relaciones entre centro, semiperiferia y periferia en el sistema económico mundiaL3' La cohesión general de la sociedad no suele debilitarse por esta subdivisión en tres grandes pa.rtes desiguales en poder, bienes y tamaño. Ello 36. R. Collins (1975), p. 63. 37. I. Wallerstein (1979); J. Galtung et al. (1979), pp. 321-324.
<(Papers)>: Revista de Sociologia es así porque la subdivisión misma fomenta la consolidación de una alianza -tácita o explícitaentre la parte dominante y la intermedia. De hecho, la división general tripartita de la desigualdad es un aspecto esencial de tal alianza y no es previa a ella ni temporal ni Iógicamente. (Asi, la ruptura de la alianza ctnormaln entre las élites de las dos categorías superiores, seguida de realineamientos -por ejemplo, una coalición de descontentos de clase media y obrera-, puede ayudar a precipitar una revolución. Esto parece empiricamente en desacuerdo con la opinión de Marx de que la tripartición social debe desaparecer antes de que la revolución final ocurra, a través de una aguda polarización entre proletariado y burguesia. Pero su opinión muestra la importancia que 61 daba a 10s poderes moderadores de la pequeña burguesia y a otros estratos intermedios, cuando se aIian a la clase dominante, en la dinámica del conflicto de clases.) Estos conceptos son apenas nuev0s,3~ pero 10s observadores se han mostrado reacios a percibir la división a tres niveles de la desigualdad (y las alianzas de clase que engendra) como una regularidad en la estructura de todas las civilizaciones avanzadas. Su actitud es comprensible, pues toda concepción de este aspecto de la desigualdad como si existiera por sí solo, como una mera división aislada en tres categorías, seria una simplificación insostenible. Pero no es asi como la tripartición tiene lugar. Aparte de las demás estructuras (institucionales o no) de la desigualdad que la penetran, la tripartición misma se reproduce y hdla su eco en muchas esferas de la vida social, y no sólo en la estructura general clasista. Se plasma asi, en triparticiones entrecruzadas institucionales, clasistas e internacionales, cada una de ellas dotada de grados diferentes de firmeza y explicitud. Asi, el sistema mundial de desigualdad -tan decisivo para la formación de las clases en 10s confines de cada Estadoes mucho menos estable que otras subdivisiones a tres niveles. Para complicar las cosas, las compañías multinacionales, con sus modos diferentes de articulación de bs sistemas clasistas en cada país en el que operan, más su estructura interna y sus conexiones con la distribución mundial del poder y apropiación de recursos, nos suministran un ejemplo excelente de la complejidad de la situación. Estas corporaciones económicas muestran también cómo las líneas de la tripartición y las coaliciones que ella genera no se funden y desaparecen cuando se examinan de cerca. 38. Iniciada por Platón en su teoria del gobierno (con la alianza de 10s guardianes con el rey filósofo) halla desarrollo en la teoria aristotélica de las clases medias y en la marxiana de la pequeña burguesía. I. Wallerstein (1979) ha sido muy explicito en señalar la función de las alianzas entre 10s gobiernos del centro y 10s de la semiperiferia para el mantenimiento del sistema mundial de poder.
CY.ase, poder y privilegio en la sociedad corporativa 4.2. La desigualdad y el futa!ro del conflicte social Así pues, las sociedades contemporáneas avanzadas han producido un conjunt0 de soluciones para habérselas con la doble necesidad de desarrollar jerarquías y de satisfacer el igualitarismo acentuado de la $oca. A través de la institucionalización de una parte notable de la movilidad ascendente, la relativa <tocupacionalizat:iÓn:~ de la clase social, y otros procesos, ha tenido lugar una neutralización de lo~ efectos conflictivos que la división clasista tripartita podria generar. Asi, 10s efectos conflictivos de las divisiones de clase han sido amcbrtiguados mediante la multiplicación de rangos ocupacionales y de diferencias salariales y de ingresos. Éstos tienden a crear un espectro de gradaciones que diluye, hace borrosa o hasta invisible la percepción de la clase social como ente antagónico identificable en el conjunto de la sociedad. A esto coad~uva también la aparición de unos estratos de empleados que algunos estudiosos entienden como ejemplo de penetración de la proletarización en el mundo de 10s servicios. Sin entrar aquí en la disputada cuestión de la supuesta proletarización de 10s empleados, 10 importante es que aun y cuando sus sueldos sean en muchos casos menores que 10s del obrero o ttScnico especializado, el empleado no se ve ni se conduce como proletario. (Que eche mano de recursos otrora caracteristicos del proletariado, como la huelga, no parece argumento suíiciente: tarnbién la usan ya 10s mismos profesionales <tliberales>> en casos sefialados.) Estas soluciones a la contradicción principal de la desigualdad no son estáticas. Son reelaboradas constantemente por unos procesos de negociación del reequilibrio entre: las diversas corporaciones en liza para el reparto de 10s recursos y las tareas. Sus élites respectivas se mueven en un universo en el cua1 el poder ya no es concebido en términos de suma cero (P = C O) a causa del triunfo de la ideologia pluralista. (A esta ideologia puede corresponder perfectamente un mundo objetivo pseudopluralista, poliárquico, y con zonas oligopolistas y otras monopolistas.) Mientras tanto ~uc~o:; rasgos del pasado reciente continúan conformando la vida de la socieclad emergente. Durante la segunda guerra mundial algunos anunciaron el fin de la civilización decimonónica, pero varios decenios más tarde otros {críticos aseguraban que continuaba estando con no sot ro^.^^ La verdad parece ser que algunos de 10s rasgos principales de la edad de la ascendencia burguesa están muy lejos de ser reliquias. Mediatizadas y mediatizadori~s de nuevas instituciones, en tensión con 10 39. <(La civilización del siglo XIX se ha hundidox Las primeras palabras de Polanyi en su Gran Transformacidn (1!344), p. 3. <(El siglo XIX no ha acabado,, R. Senner (1977), p. 27.
<(Papers,: Revista de Sociologia nuevo, continúan determinando nuestro mundo. Algunas de ellas parecen empezar a ser recesivas, confrontadas por fuerzas para las que no estaban preparadas. Éste es el caso especial de ese complejo moral y cultural al que llamamos individualismo. Por su parte, el mercado se ha hecho oligopolista y sufre más que nunca de fuerzas extraeconómicas, si bien el paso del precio determinado por el mercado al precio puramente político no ha ocurrido del todo. Por todo ello, seria prematuro afirmar una vuelta a Ia primacia incontestada de 10 politico sobre 10 económico, en 10s aspectos cruciales de la vida moderna. De igual modo, el componente legal-racional del sistema juridico y constitucional de nuestras politeyas todavia pesa mucho, a pesar del incesante crecimiento de la esfera legal reguladora, prescriptiva y ligada a una concepción administrativa de la vida social. No obstante, hasta cuando se toman debidamente en consideración esta y otras cualificaciones parecidas sobre las continuidades históricas que pueden percibirse en medio de tanta mudanza e inestabilidad parece claro que el orden social que se perfila comienza ya a diferir sustancialnlente de la situación que le precedió. Hacer hincapié, como 10 he hecho hasta aquí, sobre las fuerzas de equilibri~ de la nueva estructura de la desigualdad social no significa que la haya aceptado como estable. De la misma manera, el entendimiento del orden capitalista 'burgués de antafio como estadio transitivo entre otros dos no entraña una visión de estos dos últimos como más importantes que 61. Todos 10s periodos son transitivos, pero algunos poseen características duraderas muy acusadas. Asi, sabemos que aunque la mudanza social fue muy intensa durante la era medieval, sus notables continuidades politicas, religiosas y económicas nos permiten tratar aquel largo y violento periodo como un Único univers0 histórico. A pesar de las intensas fuerzas innovadoras de nuestro mundo, existe la posibilidad de que la sociedad que ahora empieza a surgir posea durante mucho tiempo ciertos rasgos básicos y duraderos, por muy sujeto que esté a las tensiones, fricciones y enfrentamientos que producen sus propias contradicciones. Sobresaldrán entre estas últimas las creadas por la desigualdad social y, en especial, por las formas nuevas de desigualdad que son específiczs de la sociedad que alborea. Señalaré algunas de ellas. a) La historia futura de la desigualdad presenciará, con toda probabilidad, una continuación de la contvadicción esencial de la desigualdad en la era contemporánea. Como he indicado más arriba, ésta dimana de la necesidad de satisfacer 10s imperativos de la jerarquización producidos por las instituciones de la economia, del Estado y de las burocracias, al tiempo que deben satisfacerse las exigencias de la deslegitimación de la desigualdad generadas
(Jase, poder y privilegio en la sociedad corporativa por la cultura política occidental. (Podria argüirse que la ideologia saviética ha resuelto este dilema nlediante una glorificación simultánea de la desigualdad y de 10s rangos oficiales, que se <{explican>> sistemáticamente en su nombre. Pero el10 es dudoso, pues hay indicaciones de que la ideologia es vista como tal, y no como cultura interiorizada, por parte del pueblo. Ello puede ser fatal, a largo plazo, para la permanencia de la fórmula monopolista del corporatismo sovi16tico y no digamos para la clase tecnoburocritica dominante.) A falt,a de la aparición de una religión universal u otro medio semejante para la justificación de la desigualdad, 10s gobiernos occidentales deberán continuar confiando en la redistribución de cantidades satisfactorias de bienes y servicios para eliminar amenazas serias de contestación radical masiva contra el orden en el que se basan. sin desdeñar el peso de la creencia ciudadana en 10s valores del sistema constitucional y legal-racional de derecho, no es posible pensar que 61 por sí solo pueda sostener dicho orden. La pura represión estatal podria constituir una alternativa, efímera por fortuna, pero en todo caso fatal para la sobrevivencia del univers0 liberal. b) Ha quedado claro cómo la economia (con su tasa de creciniento decreciente) combinada con la congestión que proviene del acceso popular a bienes escasos (carreteras, edificios, escuelas, hospitales, montes, parques, subsidios estatales) sólo puede crear una intensificación de la hiperregulación, y, por 10 tanto, la I>urocratización. (El advenimiento de la burocracia tecnolÓgica a t'ravés dt: la revolución microelectrónica <tdesburocratíza>> la burocracia misma, pero no sus efectos sobre la ciudadanía, pues posibilita una inflación de reglamentos administrativos de control de la vida cotidiana. Asi, el aligeramiento de las transacciones documentales (<cpapeleo)>) no entraña un aligeramiento correspondiente en las obligaciones públicas de 10s ciudadanos.) Otraa tendencias refuerzan esta corriente. Descuella entre ellas la militarización continua y la atribución de recursos gigantescos al armament0 y al mantenimiento de 10s grandes ejércitos modernos. El asunto desde la perspectiva de este análisis es que, en ausencia de frenos percibibles, estas tendencias son, todas ellas, jerarquizantes. Todas ellas intensifican la <cocup:~ciotlalización de todo el mundo>> en corporaciones con aguda diferencíación funcional interna y criterios de demarcación subordinada para su personal. Tales corporaciones requieren la multiplicación de restricciones regulat~orias para personas que, en principio, tienen derecho a mayor libertad que la que gman. En la sociedad corporativa 10s criterios posicionales prevalecen sobre 10s contractuales, o libremente creados por las partes. En la liberal las relaciones son en teoria (y en la práctica para ciertas categorías privilegiadas) fruto de decisiones mutuas entre
spaperss: Revista de Sociologia personas que deben hacer honor a ellas, una vez concluido el acuerdo. En la sociedad corporativa las obligaciones y transacciones manan más claramente de las posiciones que las personas ocupan en las ínstituciones, aunque hayan entrado en ellas originalmente según 10s criterios contractuales o pseudocontractuales del mercado de trabajo. La expansión del universo regulatorio no ocurre solamente en virtud de las exigencias intemas de las corporaciones. La articulación mutua de intereses y 10s acuerdos entre corporaciones cuentan también. Otro factor es el Estado, cuyas tareas en establecer criterios societarios de prioridades, demarcación y subordinación son bien patentes. Su modo de intervención difiere sustancialmente del étatisme de antaño, cuando 10 hacía como complemento natural a 10s intereses de la burguesía, o para arbitrar entre sus diversos sectores de las clases dominantes. El étatisme de hoy es más difuso y menos claramente ligado a una clase concreta. (Menos ligado a la clase, esto es, en el sentido tradicional, pues el auge del componente tecnocrático del Estado a través de una burguesía estatal o de clase tecnoburocritica indica nuevas tendencias en la formación de clase. Y no SP olvide el predomini0 de las clases medias en el aparato estatal, por ellas colonizado preferentemente.) La paradoja, antes apuntada, es que en conjunción con la internaciondización de las relaciones y el ascenso de entidades políticas y económicas supraestatales el Estado soberano aislado entrar6 en crisis, al tiempo que el intervencionismo y la intermediación estatal en la vida social continuarán creciendo. De no cambiar las cosas la mediación e intermediación supranacional y local administrativa continuarán en expansión. C) En la historia de bs movimientos sociales en lucha por mayor igualdad se ha producido un paso de 10 universal a lo comttnnitario. Los primeros movimientos quizás ocultaran su clasismo y egoísmo colectivo tras pretensiones universalistas, pero en el proceso de alcanzar sus objetivos se veían obligados a incorporarlos en cartas de derechos generales, declaraciones universales y garantías constitucionales a todos aplicables. En contraste con ellos, las minorías raciales o culturales, las mujeres, 10s minusválidos, 10s parados -por muy justificados que se halien en su lucha por la emancipación y la igualdadsuelen hacer énfasis en su existencia como comunidades únicas, distintas y específicas. En muchos casos exigen discriminación positiva, o <ctrato de favorn, como Único camino para su emancipación. Esa emancipación implica a menudo una afirmación de su derecho a ser diferentes, y el10 nos retrotrae a la cuestión de si en última instancia es posible la igualdad en un mundo de comunidades distintas, si es cierto que la diferenciación social inevitablemente genera desigualdad. En
Clase, poder y privilegio en la sociedad corporativa todo caso, es interesante notar que las declaraciones de solidaridad de algunos de estos grupos ct comunidades con las clases subordinadas no son muy frecuentes. Cuando ocurire suelen quedarse en 10 retórico, con algunas excepciones. Raras también son sus coaliciones entre sí o con otras colectividades que sufran discriminación meramente clasista. La fragmentación de la oposición radical en cole:cciÓn de minorías con sus agravios específicos puede entrañar que las aspiraciones universalistas del liberalismo radical antiguo y del socialisme tevolucionario sufran menoscabo. La cosa apunta hacia una <tretribalizaciÓn)> incipiente y hacia un provincialismo de grupo de interés. Ambas formas de desigualdad son imprevistas en las sociedades industriales avanzadas. Cabria concebir la discriminación generada por los movimientos antidiscriminatorios, quizá como un subproducto pasajero de una transición a formas snperiores de emancipación general, pero ello implicaria hacer predicciones considerables. En todo caso debe notarse. d) La: zltopía me~ita~~vdtica es imposible. Ello no se debe s610 a la revuelta hipotética de 10s subordinados contra 10s meritócratas en un distante p~rvenir,"~ sino, y con menos dramatismo, a la presencia continuada de 10s modos tradicionales de cierre y reproducción clasista en las sociedades contemporáneas avanzadas. 1Zl cierre tradicional de clase impide, entre otros factores, la pérdida por movilidad ascendente para las clases subordinadas de sus individuos más capaces. (Paradójicamente la utopia meritocrática propone el advenimiento de una sociedad con escisiones de clase mayores que las de la nuestra, pues en ella todo talento se draga hacia arriba, empobreciendo en habilidad e inteligencia a 10s estratos inferiores.) Los efectos <cpositivosn del mantenimiento de un grado mínimo de cierre que fomente la calidad de la base intelectual y genética de las clases subordinadas no debe ignorarse por mucho que pueda prestarse a una interpretación antidemocrática. La desigualdad social implica siempre injusticia y esta no merece excusa alguna. Si de ella se derivan algunos efectos indirectos beneficiosos, éstos sólo pueden ser entendidos como subproducto inesperado y muy secundari0 de una situación esencialmente indeseable. La imposibilidad de cm sistema meritocrático consistente no se basa tan s610 en 10s duros hechos del cierre clasista. También estriba en la cuestión no resuelta de saber qui! constituye mérito. A menos que surja un sistema de valores relativarnente homogéneo para la identificación pública de la excelencia humana y de las necesidades sociales prioritarias no será posible establecer la meritocratla sobre bases firmes. Lo que hoy ocurre es que poseemos criterios plurs~les de mérito, según las áreas en que se re40. M. Young (1962).
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