Genes, Mind and Culture
Abstract
Obra ressenyada: C. J. LUMSDEN & E. O. WILSON, Genes, Mind and Culture. Harvard U.P., 1981.
Full text
LUMSDEN, C. J. & WILSON, E. O. Genes, Mind and Culture. Harvard U.P., 1981 Pocos cientíiicos sociales estarán en desacuerdo con la idea madre que ha inspirado a Lumsden y Wilson la redacción de este libro: <(La posibilidad de que exista un nexo entre la evolución biológica y la cultural es algo que merece la pena explorarse (...). Hay una amplia y fascinante interacción entre la cultura y 10s imperativos biológicos: éstos generan y moldean aquélla, pero, simultáneamente, 10s rasgos biológicos se ven alterados por la evolución genética que sigue a la innovación cultural,, (p. 2). Los autores se han propuesto como meta d descubrir (y describir) las vías que van de 10s genes a 10s más variados productos culturales: ni más ni menos que una filogenia/ontogenia del comportamiento cultural. En 10s capítulos iniciales Lumsden y Wilson sientan las bases de su exposición. En primer término distinguen, dentro del fenómeno global de la cultura, elementos segregables e identificables que denominan <(culturgenesn. Un ejemplo de <(culturgen)> es la exogamia (a propósito del incesto) o la adopción de una moda de vestir (cap. 4). Los autores que, según parece, conciben la cultura como! un conglomerado de aunidades operacionales* (p. 27) +osa que a mb de un antropólogo hará encabritarsequieren hacer remontar el origen de estos <(culturgenes)> a la biología. Para ell0 es necesario, en segundo término, analizar cómo el despliegue neure fisiológico del organismo va acompañado de ciertas elecciones y rechazos que llevarán a adoptar unos <(culturgenes)> frente a otros. Este proceso queda encomendado a las <(reglas epigenéticas)>. Epigénesis es el comercio que se lleva a cabo entre el genoma y el medio y que aboca a la constitución morfológica del organisn~o y al despliegue conductual especifico. Lumsden y Wilson sientan que la epigénesis se lleva a cabo dentro de un doble juego de limitaciones: el de las condiciones de funcionamiento de la ctmáquina orginica)> (particularmente el sistema nervioso central) y el que
ctPapers,: Revista de Sociologia nace de las representaciones (elaboraciones perceptivo-sensoriales ayudadas por la memoria) las cuales se erigen en algo así como las alternativas sobre las que el organisme va a ejercer su capacidad de elegir. Las páginas y capítulos que siguen 10s dedican Lumsden y Wilson al detalle de cómo se pasa de 10s genes a la cultura a través de las reglas epigenéticas. Se trata de un fenómeno de <tamplificaciÓn~> graduado que arranca en 10s <(sesgos)> hnatos del individuo, pasa por las decisiones de adoptar tal o cua1 <{culturgen)> y se consuma en el contagio o difusión del mismo, 10 que le coníiere un status cultural. Luego se caborda el tema de la mutualidad entre la evolución genética y la cultural. Para entendernos, diremos que 10s autores se plantean el establecer un modelo topográíico que plasme las <ccumbres)> adaptativas que resultan de la conjunción entre genes y <(culturgenes)>. (Algo que nos recuerda el conocido modelo de Sewall Wright en el que 10s sistemas genéticos que constituyen las especies aparecen como <{picos)> adaptativos). En 10s últimos capítulos se <treciclan)> 10s temas ya tratados: se aborda a mayor profundidad la epigénesis y se derivan unas ecuaciones matemáticas que serían el modelo formal del paso de 10s genes a la cultura. Por dltimo se trata el fenómeno de la innovación cultural a base de un modelo biogeográfico de colonización: <(La sociedad es un archipiélago cuyas islas son las personas que 10 componen y que intercambian culturgenes)> (p. 306). La lectura de este libro le deja a uno, por de pronto, mentalmente exhausta. Es un discurso cuyo hi10 conductor se torna, a ratos, abstruso. La impresión de esoterisme le invade a uno implacablemente a medida que avama, lleno de coraje, por una <(silva)> que tiene poc0 de poética. Por si fuera poco, Lumsden y Wilson han querido además apuntalar su argumentación con un aparato matemático impresionante. Funciones gamma, exponenciales, cadenas de Markov, espacios vectoriales, etc., que exigen un nivel de conocimiento de análisis matemático equivalente a un primer aiio de Facultad de Ciencias bien asimilado. Por encima del lenguaje formal est6 la pertinencia de su empleo. Recuerdo en mis aÍíos de carrera de Físicas 10 que se nos insistia en el <(sentido física)> de ciertas fórmulas ... Ahora tendremos que pasar por el cedazo del <(sentido con duc tu al^ o del <(sentido cultural, de ciertos desarrollos matemáticos que salpican las páginas del libro que vengo comentando. Pero no es s610 de aqui de donde proceden las dificultades. Los autores han hecho un titánico esfuerzo por integrar en el tejido de sus ideas elementos de psicologia cognitiva, de psicología del desarrollo infantil y de antropologia cultural. No siempre su versión de estos temas encaja en 10 que, al parecer, quieren transmitir. Dicho en otros términos, su contexto es tremendamente ambigu0 y el lector se ve obligado a practicar la hermenéutica ahora. Han querido hacer
Lectures I una sintesis multidisciplinar y les ha resultado un cóctel explosivo sobre todo para quienes adoramos 10s perfiles nítidos de 10s buenos vinos de crianza. Una empresa intelectual de esta envergadura no se logra en 10s dos o tres aiios que, se& colijo, Lumsden y Wilson llevan trabajando en ella. De ahf mi alusión a Xa crianza, es decir, al decantarse las ideas, purificarse, tomar cuerpo, sabor, equilibrio.. . todo 10 que hace un buen vino y que el c6ctel descuida y desconoce. Sin embargo, Genes, Mind and Cultwe tiene sus méritos. El primer0 de ellos es el tratar de operacionalizar la secuencia genes-psique-cultura. A la sociobiologia se la ha machacado por flistear con la idea de que se puede seguir el hi10 que lleva de 10s genes a ciertos comportamientos. En cierto rnodo, el libro de Lumsden y Wilson es una elaboración de este tema, pero se le quita hierro, se le reviste de un ropaje especulativo y formal que 10 hace inofensivo. Sus discutibles <(reglas epigenéticas>> son una pieza esencial de este discurso. Es una de las partes del libro que he leído con más detenimiento, pues, como especialista en psicologia del desarrollo, me tocaba más de cerca. Me hago ecos, complacido, del valor que dan Lumsden y Wilson a mi disciplina y coincido con ellos en el reproche que le hacen de no haberse lanzado a elaborar estas reglas epigenéticas. Pero, en cuanto a las reglas en si, yo no Veo que Lumsden y Wilson hayan aportado nada verdaderamente novedoso; ni siquiera les concedo el haber logrado una buena síntesis de 10s diversos trabajos de psicologia infantil con 10s que las adoban. En efecto, las reglas epigenéticas primarias no son más que la versión apenas modificada de 10 que en psicologia se conoce como <tlimitaciones del aprendizajen (constraints of learning) que Lorenz, Seligman, Hmde y otros han puesto ya hace más de una década en evidencia. Por 10 que se refiere a las secundarias, yo no acabo de ver qui son en la mente de Lumsden y Wilson. A veces la llaman <tschemataa; en otro sitio dicen que son <telementos heuristicos o reglas de deliberacióna; y constantemente tienen a bien recordarnos el soporte neurológico que las asta)> a estructuras orgánicas, las cuaks, a su vez, han sido genéticamente configuradas. Ejernplo de reglas epigenéticas secundarias son las capacidades de procesamiento visual de1 rostro humano que parecen ser muy SPlectivas en 10s neonatos humanos, como han demostrado Fantz y otros; gestos faciales, al parecer universales, que transmiten mensajes de sorpresa, acogida, etc.; la familiaridad que resulta de haberse criado juntos un varón y una mujer, que repercute en la inhibición del atractivo sexual, y es el mecanismo psicológico que operacionaliza el tabú del incesto. Todo do son ilustraciones de esa idea directriz que sostiene que nuestras reglas culturales están sesgadas (o condicionadas) a las reglas epigenéticas que son las que realmente imponen las limitaciones a nuestros modos de inter-
aPapers~: Revista de Sociologia cambiar con el medio ambiente y también a nuestras decisiones de las que, en últim0 dsis, depende la adopción de un culturgen. A Lumsden y a Wilson no se les ocurre, ni por un momento, que puede haber reglas epigenéticas secundarias resultado de una impresión o experiencia medioambiental. Pienso al respecto que las ideas de Rof Carbailo sobre la <turdimbre constituyente* pueden muy bien entrar dentro de esta categoria. Para este autor, bien conocido en nuestros ambientes intelectuales, la urdirnbre se teje al ampro de las primeras irnpresiones infantiles moduladas por la presencia de la madre. Lumsden y Wilson, por su parte, no ocultan su sumisión al funcionamiento orgánico al cual contemplan más bien como un haz de limitaciones que como un conjunt0 de potencialidades. Y esta apreciación no es un mero juego de palabras. La distinción entre funcie namiento y función cobra aquí todo su relieve y la idea piagetiana de la función que desborda el funcionamiento y que abre, por ende, al organismo hacia nuevas formas de intercambio medioambiental es totalrnente ajena a las consideraciones de Lumsden y Wilson que no parecen haber sobrepasado la noción de <tcanalización epigenética, a 10 Waddington. Asi se explican fragmentos corno el, que sigue y que sintetizan con bastante fidelidad 10s propósitos del libro: <(Se piensa que 10s seres humanos buscan su propio interés y el de sus semejantes sobre la base de unas pocas necesidades biológicas, estructuradas muy simplernente, echando mano de comportamientos adquiridos, arbitrarios y 10 más a menudo elaborados. Frente a este punto de vista convencional, nuestra interpretación, basada en 10s datos de la psicologia cognitiva y la del desarrollo, es que existen unas reglas epigenéticas que poseen la suficiente especificidad como para canalizar las reglas de decisión o de inferencia y este proceso de canalización mental es quien, a su vez, modela la trayectoria de la evolución cultural~ (p. 56).