Biología y ciencias humanas
Abstract
Perinat, Adolfo; Lemkow Zetterling, Louis
Full text
BIOLOGfA Y CIENCIAS I-IUMANAS Adolfo Perinat 1,ouis Lemkow (Universitat Azrthnoma de Barcelona) Las relaciones que se establecen entre campos del saber, como la biologia y las ciencias del comportamiento, son un tema de estudio tan complicado como atrayente. Entrar a dilucidarlas constituye un autentico reto a nuestra inteligencia y a nuestrcc capacidad de síntesis. Aquí se dan cita problemas que nacen de la preceldencia histórica, filiación o convergencia; el trasvase de conceptos y model~os; la existencia de zonas de solapamiento y el fenómeno de la retroalimentación mutua. Incide también el propio desarrollo histórico de 10s campos del saber que se fragmentan en disciplinas autónomas y que progresan sornetidos a contingencias humanas de métodos, escuelas, práctica científica, apIicaciones técnicas, intereses políticos, dependencia económica y demás. Por si fuera poco, la biología y las ciencias del hombre constituyen dos niveles de explicación en relación jerárquica y al analizar el nexo entre ambos se topa uno de bruces con el espinoso problema del reduccionismo y de la emergencia. De todos modos, el <c.tándemn que forman la biología y las ciencias humanas no es una aproximación mis o menos improvisada e hija de la coyuntura histórica: es muy antigua y s610 una inveterada reticencia a 10s tópicos nos ha vedado el abrir esta exposición con alguna frase solemne que declarase la perennidad del tema. La fascinación por la vida de 10s animales impregna, ya desde la antigiiedad greco-latina, cierto tip0 de literatura 6tico-normativa (fábulas) que reencontramos hoy, revestida de ropaje pseudo-científico, en forma de
upapers,: Revista de Sociologia apólogos etológicos al estilo de Mon oncle d'dmérique o de 10s best-seller de Desmond Morris, Ardrey y Droscher. Peor cariz tienen las prolongaciones político-sociales del tema como son las diversas formas de eugenismo, racismo, determinismo genético, la justificación del laissez-faire económico, la irúerioridad de la mujer frente al varón y un largo etcétera. La última oleada llega a caballo de la genética evolucionista:~ genes egoistas, altruistas, tramposos, explotadores, cooperativos, que aplican la ley del Talión, que se oponen a 10s intrusos, que defienden a 10s consaguineos.. .' Afortunadamente no todo son sombras en esta panorámica. También son hijas de este maridaje (hijas legítimas osariamos decir, incurriendo a sabiendas en un descarado juicio de valor) la antropologia física y la antropologia ecológica, la ecologia humana, la etologia humana y social, la psicologia medio-ambiental y otro largo etcétera que nos remite a intentos interdisciplinarios serios y con menos resonancia ideológica que 10s antes citados. (Dónde situarnos, empero, para iniciar el recorrido (casi obligadamente histórico) que, a la manera de cabotaje por una amazonía exuberante, nos haga contemplar 10s paisajes más diversos e instructivos? Hay un personaje y una fecha que, sin genero de dudas, marcan ese jalón inconmovible: Charles Darwin y su The Origin of Species que publica en 1859. La formulación darwinista constituyó una revolución científica en sentido plenamente kuhniano. En ella convergen líneas de pensamiento nacidas de dominios tan dispares como la anatomia comparada, la taxonomia, la geologia, la demografia, la economia política y, ¿por qué no decirlo?, ideas que provienen de la mejora de razas animales y vegetales. De Darwin es la síntesis genial que da coherencia a todo este manojo de conocimientos y que 61 denominó la <{selecciÓn natural>>. Con Darwin nace una manera completamente nueva de contemplar 10s fenómenos vitales, un enfoque transformado de la ciencia biológica. Si en el siglo XVI hubo un <(giro copernicano, que dictó nuevas pautas a la contemplación y a las elucubraciones sobre el cosmos, el siglo XIX es el del <{giro darwinista* que, junto a la via de explicación funcional (fisiológica) del organismo, legitima la linea de explicación histórica y le da categoria científica. Los argumentos de Copérnico desvanecieron la ilusión de que la tierra era el centro del universo; 10s de Darwin despojaron al hombre de su status especial (dentro de la naturaleza pero también fuera y por encima de ella) e hicieron afiicos las ideas de causa final aristotélica y de diseño platónico que tanto nos 1. Ver Silverberg, J. Sociobiology, &e new synthesis? An anthropologistes perspective. En G. W. Barlow & J. %lverberg (eds.), Sociobiology: Beyond NaturelNurture? AAAS Selected Symposium. Westview Press, 1980, p. 48.
Biologia y Ciencias humanas reconfortaban. La desilusión del siglo XVI corre pareja con la irritación del XIX que nadie alcanzó a expresar mejor que el obispo Wilberforce en la histórica sesión de Oxford en 1860.2 &te fue el primer impacto (y no ciertamente minimizable) de la biologia darwinista sobre algo tan recónditamente humano como es el sentimiento de dónde y de cómo 110s situamos como vivientes. Este viejo y polémico tema no esta', ni con mucho, zanjado. Prueba de ell0 es que en el país más avanzado del mundo (al menos en sofisticaciones de consumo y en investigación) ha habido, a 10 largo de 1981, una artera campaña por reintroducir en 10s programas escolares de ciencias naturales la versión bíblica de la creación con el mismo rango que las teorías geológicas o evolucionistas. Poco ha faltado para que la mentalidad provinciana de sus promotores lograra su ~bjetivo.~ Pero son otros horizontes 10s que aquí queremos explorar. Nuestro intento es seguir la veta darwiniana y descubrir dónde nos lleva en sus prolongaciones y extrapolaciones hacia las ciencias del hombre. Principal~nente vamos a dedicar nuestro interés al darwinismo social, a Ia etologia humana y a la recién venida sociobiología. El primero es una doctrina; la!$ otras dos, disciplinas científicas. Las tres beben su inspiración directamerite en el paradigma de la selección natural. Pero no se reducen a glosar las ideas de Darwin, como tampoc0 la teoria de la selección natural se limita hoy a The Origin of Species. La sociobiologia, en concreto, reconoce además su fdiación con la genética (la propiamente dicha y también la genética de poblaciones). Es por eso, y también porque la genética (en ambas versiones) es hoy parte integrante de la <(modern synthesis)> evolucionista, que le dedicaremos un capitulo buscando poner de relieve sus eventuales relaciones con el comportamiento humano (individual y social). 2. La anécdota es sabrosa y merece la pena narrarse con al& detalle. En la convención anual de la British Association for the Advancement of Science, Oxford 1860, la teoria de la evolución, recién promulgada por Darwin flotaba en el ambiente. Los ánimos estaban caldeados. Parece ser que Owen, el eminente anatomista británico y antidarwinista de primera hora, sugirió al obispo S. Wilberforce una intemención para la cual le suministró argumentos. En el fuego de su perorata el obispo se permitió, en un momento dado, alusiones personales de dudoso gusto hacia T. H. Huxley, alli presente. (Huxley era un pdblico y ardiente defensor de las ideas de Darwin): <(Me gustaria saber --&jo meliuamente el obispopor cuái de las dos líneas, paterna o materna, desciende usted de 10s monos.>> La réplica de Hdey fue fulminante: ctPrefiero tener por abuelo a un miserable mono que ser como un hombre bien dotado e influyente que malgasta sus capacidades con detalles ridículos en sus discursos., (Véase, Clark, R. W. The Huxleys. London. Heineman, 1968, pp. 62 y SS.) 3. La revista ctsciencea ha suministrado una información muy completa del uaffairea e incluso ha publicado la resoluci6n del tribunal del Estado de Arkansas. Véase usciencen, 1982, 215, 484-87; 934; 43.
ctPaperss: Revista de Sociologia Hay otras disciplinas que, como la genética, no han nacido del darwinismo pero que también se sienten interpeladas por 61, impelidas a conectar con él y, en cierto modo, controladas por 61. Me refiero a la ecologia y a sus ramificaciones como la ecologia humana y la antropologia ecológica. Qtro tanto cabe decir de la antropologia física y de la paleontologia. Trataremos tan s610 en nuestra panorámica de las disciplinas ecológicas. Las ciencias que entroncan con la teoria de la selección natural constituyen una extensa urdimbre y hemos de acotar el terreno en aras de una mejor exposición. Con esto queda bien delineado nuestro esquema de trabajo. Partiremos del paradigma darwiniano. Analizaremos sus prolongaciones en el danvinismo social y en las teorías etológicas y sociobiológicas. Hay una veta de esta última disciplina que constituye una resurgencia del darwinisme social, en versión ma's actualizada por supuesto. Luego nos volveremos hacia las ciencias que se injertan en la teoria darwinista. Primeramente su compañera de la primera hora, la genética; aquí situaremos en primer plano el tema de genética y comportamiento. Bor último abordaremos la ecologia y sus disciplinas filiales, la ecologia humana y la antropologia ecológica ya que su temática nos parece que justifica sobradamente su inserción. Es indiscutible que la composición de este mosaic0 expositivo regeja, aparte de opciones concretas, una gama de conceptualizaciones y un modo peculiar de percibir la articulación entre disciplinas. Con las unas y con la otra se puede estar más o menos de acuerdo. No seremos nosotros quienes cometamos la ingenuidad de creer que hemos logrado un todo bien trabado y coherente. Simplemente se trata de un esquema operativo y, a fuer de tal, su justificación es post boc; es decir, vale en la medida en que sirva de vehiculo a una información, a la vez global y de detalle, que es asimilable por un públic0 interesado en un campo polémico y de indudable actualidad. 1. EL PARADIGMA DARWINANO DARWIN Y LA SELECCI~N NATURAL Se puede llamar con toda propiedad revolución cientaca la que afectó a la biologia en el siglo XIX a raíz de la aparición de la teoria de la selección natural. La realización darwiniana era una atractiva shtesis de conocimientos acumulados que concernían a la naturaleza viva; The Origin sent6 las bases para una nueva ctciencia normal, acotando un de-
I Biologia y Ciencias humapas terminado campo; arrojó luz sobre cierto número de incógnitas y, a la vez, deja en el aire nuevos problemas formulados, esto sí, dentro de nuevas coordenadas. Cuando hoy, a más de cien aiios de distancia, hacemos la disección de la teoria de la selección natural, sus heas maestras nos parecen de una simplicidad aplastante. En su base está la observación --de reconocida inspiración malthusianade que en las poblaciones orgánicas hay una potencialidad de crecimiento indefinida y de que, simultáneamente, hay factores que imponen un techo a este crecimiento. En segundo lugar, es central en la lííea de razonamiento darwiniana la idea de variación. Variación en un doble sentido: uariedad en la expresión de un carácter en el seno de una población orgánica y variabilidad del mismo en el decurso del tiempo. En tercer lugar {y Darwin metió aquí en cuña un genial razonamiento analógico), si el hombre demostraba ser capaz de seleccionar razas o variedades de plantas y animales, bien podia postularse una capacidad de selección parecida a la de la naturaleza. Selección unatural>> es por tanto el proceso análogo y paralelo al de selección <(artificial>>, práctica común en 10s días de Darwin. El triunfo de las ideas darwinistas (que, como se sabe, no fue cuestión de un dia) había venido precedido de una serie de descubrimientos y teorías que echaron por tierra todo un gran panel de ideas esencialistas y fixistas que integraban la cosmovisión de 10s siglos inmediatamente precedentes. Se aceptaba hasta finales del siglo XVIII que las especies eran entidades inmutables, nacidas en la forma actualmente observable de las manos del Creador y no sometidas a la extinción. Se pensaba que existia, además, un <tdiseño universal)> para 10s organismos, cualquiera que fuere su género o especie (reminisceacia inequívocamente platónica), y que éstos se ordenaban regularmente en una Scala Naturae en cuya cima se asentaba el hombre. La tierra, concebida desde la antigüedad como el summum de la estabilidad, empezó a revelar en sus datos estratigráficos vestigios de un pasado distinto. Entonces surgieron teorías que hablaban, si, de eras por las que había pasado el planeta pero que se concebían cada una como una creación distinta en el tiempo; luego un cataclismo destruia todo y daba , paso a otra nueva creación. Frente a este <tcatastrofismo)> se erige entonces el <tuniformismo)>, una de cuyas cabezas fue sir Charles Lyell, el amigo y mentor de Darwin. Para esta escuela la formación de la tierra era fruto de la acción incesante de factores endógenos y exógenos. Fue Lyell quien, al mostrar que no había solución de continuidad entre la tierra tal como hoy aparece a nuestra vista y la tierra pretéita, reconcilió, por así decirlo, al hombre de su $oca con su propio pasado. Lyell mantenía unas ideas sorprendentemente actuales sobn: la compleja red de relaciones vitales que
uPapers>>: Revista de Sociologia se teje entre 10s organismos que pueblan la tierra. GI introduce explícitamente en sus consideraciones ecológicas la idea de la <ducha por la existencia)>, aunque la expresión no es originalmente suya; es en este contexto donde se inscribe la extinción de las especies que hasta entonces, y por razones teológicas, la mentalidad ilustrada había rechazado de plano. <(La evolución nace de la amalgama o compromiso entre el "progresismo" (progresionism) del que extrajo la idea de evolución progresiva y del "uniformisme" (uniformitarianism) que le suministró el importante principio de la continuidad de la acción de la naturaleza y del principio de adaptación. Darwin, mediante una astuta aplicación de la teoria malthusiana, proveyó el principio natural y observable que excluía la intervención sobrenatural como motor del progreso.~~ Hasta aquí, sumamente esquematizada, la filiación de la teoria de Darwin por la línea de las ciencias de la naturaleza (si tal denominación cabe para 10 que mis bien eran, dos siglos atris, cosmovisiones impregnadas hasta la médula de ideas religiosa-filosóficas). No es esta la única veta que conduce al darwinisrno. Acabamos, en efecto, de aludir a Malthus y ell0 equivale a decir que también las doctrinas sociales y económicas echaron aquí su cuarto a espadas. Es un lugar com& afirmar que Darwin trasladó a la esfera de la naturaleza una serie de ideas acerca de la organización social que prevalecían en su tiempo.' En particular puede decirse que el darwinismo es una proyección de la filosofia económica del laissez faire. Darwin reconoce explícitamente la influencia relevante que sobre él tuvo Th. Malthus y su célebre ensayo en donde, a propósito del desequilibri0 entre el crecimiento demográfico y la escasez de recursos, se subraya el papel de la competición y de la lucha por la existencia. <{Me ocurrió que leyendo por diversión el íibro de Malthus sobre la Población y que estando yo sensibilizado para apreciar la lucha por la existencia, que aparece por doquier, a partir de las observaciones sobre 10s animales y las plantas, cal en la cuenta impresionado que, bajo tales circunstancias, las variaciones favorables tenderían a preservarse y las desfavorables a ser destruidas. El resultado de todo el10 tendria que ser la formación de nuevas especies.3 4. Eiseley, L. Darwin's Century. Doubleday, 1961, p. 115. 5. Harris, M. The Rise of Anthropological Theory, Thomas Croweii, 1968. 6. Darwin, Ch. Citado por Worster, D. Nature's Economy: The Roots of Ecology. Academic Press, 1977.
Biologia y Ciencias humanas También Wallace, que paralelamente a Darwin llegó a formular por su lado la teoría de la selección natural, elabora a partir de la trama malthusiana su interpretación del cambio biológico. En síntesis, tres son 10s aspectos cruciales que Darwin acertó a ensamblar con mano maestra para diu forma a la teoría de la selección natural. En primer lugar, como ya hemos apuntado, Darwin asumió con todas sus consecuencias el concepto de variación en su doble dimensión sincrónica y diacrónica. A fuer de buen riaturalista no s610 había advertido la diversidad con que se desplegaba un carácter en individuos de la misma especie sino que se preguntó por la razón de ser de esta diversidad. Su aexcursiÓn)> en el Beagle fue decisiva al respecto. Para Darwin la variabilidad en el decurso de la existencia de la especie saca partido de esas mismas variaciones que ofrece cada generación. Darwin, que no alcanzó a conocer la genética ni las leyes de la herencia, tenía demasiado cerca la experiencia de la mejora de razas (que en Inglaterra estaba logrando éxitos espectaculares) como para saber que había unas variaciones que se heredaban pero que otras no: aToda variación que no se hereda carece de importancia para nosotros)>, escribe en su libro? En segundo lugar, Darwin, a partir de la mejora selectiva que el hombre está aplicando, induce un principio análogo en la naturaleza: la selección natural. Cuando se sigueun poc0 de cerca el razonamiento analógico de Darwin, se ve que para él la selección natural es un principio tremendamente creativo. Es 10 que da razón de la lenta y natural acumulación de caracteres beneficiosos que se saldan en una mejor supervivencia de las plantas y animales de la naturaleza. Darwin no rompió con la noción de aprogreso evolutiva)> que aparentemente deja traslucir la filogenia y así asegura que <<a la eventual preservación de 10s mejores ejemplares puede achacarse el progreso en tamaño y el aumento de belleza)>.>.8 Pero está muy lejos de concebir la selección natural s610 como ese cedazo que elimina implacablemente a 10s organismos defectuosos o mal adaptados. El problema de la regulación de la población a través de la ducha por la existencia~ era con certeza un tópico de amplia circulación en 10s aiios de Darwin y é1 no deja de reconocer su importancia pero est6 lejos de su ánimo el atribuir a la competición un papel meramente negativo como si fuese exactamente igual que una lucha de gladiadores en el circo. Y así dice textualmente: 7. The Origin of Species. Penguin Books, 1968, p. 75. 8. Ibidern, p. 94.
<<Papers*: Revista de Sociologia <(Debo anticipar que uso la expresión "lucha por la existencian en un sentido amplio y metafórico que incluye la dependencia de unos seres de otros y también (10 cual es más importante) que no s610 atañe a la vida del individuo sino a su éxito en dejar progenie.~~ Hay, junto a estos dos factores de variación y de selección, un tercer ingrediente que es esencial en el paradigma darwiniana: una nueva noción del tiempo. Al sustituir un universo estático, donde las especies erm inmutables e inextinguibles, por un universo dinárnico en que se instaura la filogenia y donde juega un papel central la variación lenta e imperceptible, el concepto de tiempo se transforma. Y ell0 en dos direcciones: la primera y más obvia es que se extiende indefinidamente hacia atrás; las cosmogonías tradicionales se relegan al dominio de 10s mitos y cunde la sospecha de que el hombre es un producto de la naturaleza que data de muchos más años que 10s 4.004 que le asignaba aquel obispo medieval. La segunda consecuencia es que el propio tiempo, la historia, se cuela de rondón en la ciencia de 10s seres vivientes. En b sucesivo, cuando uno se pregunte por qué las cosas son asi no habrá a menudo otra respuesta que la historia evolutiva del rasgo, órgano o pauta de comportarniento que se ha decantado en un proceso histórico-temporal. La selección natural, por tanto, integra una serie de procesos paralelos e imbricados que se suceden en una escala de tiempos casi infinita: aparecen variaciones en 10s seres vivos que se transmiten y corren suertes diversas gracias a un fenómeno de selección; las especies surgen, pueblan la tierra, se extinguen. En términos más formales, la teoria darwiniana postula, a nivel general, la diferente probabilidad de supervivencia de 10s individuos en virtud de las diferencias existentes en 10s caracteres de que están dotados. A un nivel mis concreto se traduce en la distinta probabilidad de reproducción que tienen 10s mismos. Es asi que muchos autores enuncian la selección natural como el principio de reproducción diferencial. LA <<MODERN SYNTHESISB La teoria de la selección natural, tal como Darwin la expuso, Ama que se preservan las variaciones ventajosas pero omite toda informaci6n acerca de cómo surgen tales variaciones. A principios del siglo xrx, Lamarck había expuesto una teoria segiín la cua1 eran las circunstancias medioarnbientales las que moldeaban las aacciones y 10s hábitos,, de 10s 9. Ibidem, p. 116.
Biologia y Ciencias humanas animales y subsiguientemente inducian transformaciones morfológicas que luego se heredaban. Danvin, que en principio era opuesto al lamarckismo (entre otras cosas, este modo de <{herencia de 10s caracteres adquirides, imprimiria una velocidad despiroporcionada al proceso de evolución de las especies), hostigado por sus crí'ticos se vio obligado a aceptar formas mitigadas o disfrazadas del mismo ya que erm un mal menor frente al vacio explicativo de que adolecía su síntesis en este punto concreto y crucial. La clave del enigma la resolvió la genttica. Curiosamente, Mendel, su genial fundador, fue coetáneo de Darwin pero sus leyes de la herencia quedaron relegadas al olvido hasta que fueron redescubiertas a principios del siglo xx. De todos modos, la <tsimbiosis* entre 10s genetistas y 10s evolucionistas tard6 casi un cuarto de siglo en establecerse plenamente. Entre otras cosas, aquellos genetistas de la primera hornada creian incompatible el fenómeno de las m~ltaciones (que De Vries había descubierto) con la idea de variación lenta y continua que propugnaba la selección natural?O Sin embargo, como ciice un autor, <{la genética mendeliana y la teoria evolucionista de Darwin son complementarias entre sí. La teoria de la evolución necesitaba explicat: la transmisión de caracteres y la existencia y preservación de la variación; la genética mendeliana no decía nada acerca de 10s efectos de la variació11 a largo plazo>>?l Hacia 1930 queda sellada la fusión de ambos dominios. Iliez años más tarde (1942) ve la luz Evolution. The Modern Synthesis de J. Huxley que es el opus magnum de 10 que se ha venido en llamar la teoria sintética de la evolución, es decir, la que desarrolla las ideas de Darwin a la luz de la genética. <(La expresi6n sintesis evolucionista fue introducida por Huxley en su libro y se refiere a dos postulados casi universalmente aceptados. Primero, que la evolución gradual puede expresarse gracias a pequeños cambios genéticos (mutaciones) y a la recombinación; seguidamente la selección natural encauza esta variación genética. Segundo, que 10s fenómenos observados a nivel de evolución, particularmente 10s procesos macroevolutivos y el nacimiento de las especies pueden explicarse de forma coherente dentro del conjunt0 de mecanismos genéticos con oci do^.^>'^ La contribución de la genética a la explicación de las variaciones evolutivas puede resumirse (a riesgo de simplificaciones abusivas) en 10s térmi10. Para más detalles sobre ei tema véase Mayr, E. & Provine, W. R. (eds.) The Evolutionary Synthesis. Harvarci U. P., 1980. Introduction. 11. Shapere, D. The meaning of evolutionary synthesis. En Mayr & Provine, op. cit., nota 10, p. 392. 12. Mayr, E. Introduction. En Mayr & Provine, op. cit., nota 10.
apapers,: Revista de Sociologia uPuesto que 10s seres humanos tienen dos mecanismos de herencia fundamentales y que el cultural es con seguridad tan influyente como el biológico, una preocupación excesiva por la selección natural y 10s modelos genéticos corre el riesgo de distorsionar nuestra forma de entender el comportamiento social humano y prolongar excesivamente el debate entre biologia y cultura. Es mucho más beneficiosa una perspectiva teórica que incluye ambos mecanismos de transmisión y que no haga ninguna hipótesis a priori sobre la importancia relativa de ninguno en vistas al desarrolío evolutivo de una determinada pauta de conducta social.>>20 En este contexto añadiriamos que 10 que si es efecto de la selección natural es la capacidad de transmisión social junto con la de aprender, fen& menos que han emergido de forma recurrente en distintas fases de la evolución viviente. Posiblemente aquí esta' el brote que ha producido la floración de otras capacidades que facilitan y mejoran la transmisión de información (exploración, imitación, enseñanza directa, sistemas de comunicación y lenguaje)." b) Comportamiento y evolucidn Una interpretación vulgar del darwinismo (quizá sugerida por esas reconstrucciones gráficas de 10s hominidos que forman el eslabón entre nosotros y 10s primates) restringe la evolución a 10s caracteres anatómicos y morfológicos: esqueleto, musculatura, sistema nervioso, etc. Darwin, sin embargo, ya planteó el tema de la evolución del comportamiento y ponder6 su importancia. La etologia actual ha asumido el estudio de este problema. Es un lugar común, cuando se aborda el tema de la evolución del comportamiento, extenderse en las dificultades que enarafia analizar en detalle las transformaciones que han sufrido tales o cuales pautas, ya que el comportamiento (animal o humano) no deja restos fósiles. Pero esto no quiere decir que carezcamos de indicios que nos permitan inferir, por ejemplo, a partir de ciertas estructuras anatómicas, algunos rasgos de conducta de seres prehistóricos. En 10 que respecta a la especie humana, fósiles y restos proto-culturales han permitido a 10s paleontólogos y antropólogos hacer descubrimientos sorprendentes en relación, por citar un caso, con 10s hábitos de caza o de compartir alimentos en 10s homínidos que nos han pre20. Ibidem, p. 13. 21. Mainardi, D. Tradition and the social trasmission of behavior in animals. En Barlow & Silverberg, op. cit., nota 1, pp. 227-256.
Biologia y Ciencias humanas cedido. Sin embargo, el cientifico de orientación biológica recurre preferentemente al análisis comparativo. Contrastando el comportamiento de especies filogenéticamente próximas, se logra, a veces, establecer el <cárbol genealÓgico>> de ciertas pautas de conducta e inferir cómo se han ido transformando. Los etólogos, por ejemplo, se han interesado en la filogenia de la sonrisa humana. Sus origenes hay que buscarlos en 10s <tdisplays>> (despliegue o exhibición gestual) bucales típicos de fos monos, uno de 10s cuales --el que deja 10s dientes al descubierto y no va acompaiiado de ningún sonido (silent bare teeth face)- parece estar relacionado con la actitud de sumisión y apaciguamiento. En especies superiores ha incorporado ulteriormente la función de señal de aceptación, de dar seguridad al otro de que no ser6 agredida; e incluso también, función de vinculación afectiva. Nuestra sonrisa humana parece ser el producto final de esta gradación evolutiva." Esta secuencia filogenética que aboca a <{dar significadon a nuestro movimiento de labios y boca entreabierta dejando ligeramente 10s dientes al descubierto (sonrisa) es un caso concreto de ritualización. Éste es un proceso enormemente extendido entre las especies animales y que consiste en que ciertos movimientos o, en general, alteraciones fenotipicas adquieren el carácter de señal y se utilizan para comunicar socialmente. Ahora bien, no s610 es la evolución quien guia el comportamiento cambiando sus funciones o amplificándolas (como ocurre en la ritualización); también se verifica el fenómeno reciproco: el comportamiento impulsa la evolución. Ésta es una vieja idea que ya fue enunciada por Lamarck (el . caricaturizado Lamarck a quieri casi s610 se conoce por su historia de las jirafas.. . ) y s610 por la cual merecería mucha más consideración cientííica. En nuestros días E. 0. Wilson, en su Sociobiology, ha recuperado este tema y ha adjudicado al comportamiento el calificativo de <{marcapasos de la evoluciÓn>>. Pero no solamente Wilson sino otro gran biólogo y psicólogo contemporáneo, Jean Piaget, mantiene asimismo que el comportamiento es <tel motor de la ev~luciónn.~~ ¿Cóm0 se ha de entender esto? El animal que se lama a explotar un nuevo nicho ecológico (o que se ve forzado a ello), el que cambia sus hábitos de vida (de diurno a nocturno o viceversa), el que adopta tal o cua1 variante en su alimentación, el que reproduce formas, colores o pautas de conducta de otra especie con fines de autoprotección (mimetismo), etc., todos ellos son casos de transformación conductual 22. Van Hoof, J. The comparison of facial expression in man and higher primates. En M. von Cranach (ed.). Methods of Inference from animal to Human Behauior. Aldine-Mouton, 1976, pp. 165-196. 23. Piaget, J. El comportarnierrto motor de la euoluci6n. Buenos Aires, Nueva Visibn, 1977. (Paris, Gallimard, 1976.)
ctPaperss: Revista de Sociologia (transformaciones que son enormemente lentas y graduales). La consecuencia primordial de las mismas es que el equilibrio previo de intercambio entre el organismo y el medio queda alterado y ello obliga a nuevos reajustes funcionales. El evolucionista hace intervenir aquí a la selección natural. Waddington ha aplicado este <cescenario)> a 10s cambios de hábitat y de nicho ecológico que son tan frecuentes como ilustrativos en la filogenia (mamíferos que retornan al apa, como la ballena; que conquistan el aire, como el murciélago;! que se confinan en hábitats extremados, como el oso polar): <tLos animales están de ordinari0 inmersos en medios ambientes de condiciones muy diversas; viven en entornos sumamente heterogéneos y allí seleccionan el hábitat particular en que discurre su vida. Por tanto el animal, por su comportamiento, contribuirá de una forma decisiva a determinar la naturaleza e intensidad de las presiones selectivas que el medio ejerce sobre 61.~~~ ¿En qué consisten, una vez más, esas recurrenees <cpresiones selectivasn y cómo operan en concreto? Es obvio, ante todo, que, frente a un cambio de hábito de vida, 10s animales de una especie respondan diferenciadamente: las combinaciones de genes responsables subyacentes a 10s genotipos que mejor se acomodan a la forma de vida hacia la que empieza a derivar el animal son las que tienden a reproducirse. Puede que, en un momento dado, una mutación hija del azar contribuya a sancionar positivamente aquella preadaptación; pero puede asimismo ocurrir que 10s genotipos que han sobrevivido ya algunas generaciones (y que son 10s mejor preadaptados), al recombinarse entre si, den otros genotipos en el seno de 10s cuales, y urgidos por la búsqueda de un nuevo equilibrio, se induzcan las mutaciones necesarias. Obsérvese que esta segunda alternativa implica que son factores exógenos -10s cambios de comportamiento10s que inducen (de una manera no inmediata) 10s cambios endógenos. Quizá todo esto parezca peregrino o, peor ah, tenga cierto tufillo lamarckiana (en el peor sentido del termino, o sea, que se invoque una acción directa del medio como causa eficiente de las variaciones, las cuales luego pasan a <(imprimirse)> en el genotip0 y se heredan). El tema, al contrario, es serio y profundo y merece que le dediquemos un momento de atención. Este fenómeno fue postulado, a modo de especulación, por Baldwin y por Lloyd Morgana 24. Waddington, C. Evolutionary systems: animal and hurnan. Nature, 1959, 183, 1634-1638. 25. Baldwin, J. M. A new factor in evolution. Arn. Nat., 1896, 30, 354-451, 536-553. 26. Lloyd Morgan, C. Habit and Instinct. London. hnold, 1896.
Biologia y Ciencias humanas a principios de siglo y se conoce con el nombre de <tselección orgánica)> o itefecto BaIdwin)>. En nuestros días ha sido identificado con el fenómeno de la aasimilación genética)> que ha descubierto Waddingt~n.~ Es un término medio entre el lamarckismo y el neodarwinismo, un término medio que aparece necesario para dar razón de muchas transformaciones evolutiva~. El lamarcl~ismo ha cargado el acento en 10s factores exógenos, medioambientales, como las causas inmediatas y eficientes de 10s cambios evolutivos. Cientos de experiencias han demostrado su falsedad. El neodarwinismo, por el contrario, ha atribuido exclusivamente a las mutaciones genotípicas el inicio de toda variación evolutiva: algunos de 10s cambios genotípicos que acarrea la mutación resultan favorables en un determinado entorno y se difunden. Este proceso se da de hecho pero quizá no se puede hacer pivotar sobre él toda la evolución. El neodarwinismo supone que el genoma est6 totalmente exento de influencias medioambientales. La biologia actual es cada vez más reticente a una posición tan radical, sobre todo una vez que se ha impuesto la realidad de 10s fenómenos de regulación (bucles cibernéticos) que establecen ese juego dialéctico entre estructura y función a todos 10s nivdes de organización biológica, desde el bioquimico al conductual; y tarnbién entre 10s distintos niveles entre sí. No s610 se ha descubierto en el laboratori0 que sistemas <{superiores)> (endocrinos o nerviosos) regulan la acción de sistemas <(inferiores)> (síntesis enzimáticas) sino que empieza a delinearse una <(teoria de niveles)> en que se habla de endofenotipo (conjunto de factores que regulan la composición genética de gametos y zigotos) y exofenotipo (características orgánicas resultado del engranaje metabólico). La cuestión que estamos tratando es, pues, la de la relación entre exo y endofenotipo, o sea, cómo todo el metabolisme orgánico (que recoge indudablemente las iduencias del comportamiento) repercute en el conjunto de factores que regulan la composición genética de las células germinales (orientando o favoreciendo ciertas transformaciones) . El fenómeno de la ctrepercusión>> del comportamiento en el genotip0 entra dentro de 10 que D.T. Csunpbell ha denominado donward causation: <{Allí donde la selección natural opera, a través de la vida y de la muerte, a niveles superiores de organización, las Ieyes del nivel superior del sistema selectivo determinan en parte la distribución de fenómenos y substancias a nivel inferior.)>28 Piaget ha dedicado un corto pero enjundioso librito al 27. Waddington, C. The Strategy of Genes. London. Alien & Unwin, 1957. 28. Campbeli, D. T. Downward causation in hierarchically ,organized systems. In F. J. Ayala & Th. Dozhansky (eds.). St~dies in the Philosophy of Biology. Un. of California Press, 1974, pp. 179-186.
*Papers>>: Revista de Sociologia estudio de este fenómeno con la profundidad y brio que le caracterizan. La suya es una cerrada apolo.gia de la iduencia de 10s niveles superiores de organización (sobre todo el comportamiento) sobre 10s inferiores, incluyendo el genotipo; Piaget niega paladinamente que las mutaciones genéticas que benefician a una especie sujan como fruto sólo del azar. Era la conclusión a la que lógicamente debía abocar el pensamiento biológico una vez que la cibernética 10 ha penetrado y ha sentado allí un nuevo marco fenomenológico. c) Acotaciones filosóficas y epistemológicas The Origin of Species fue publicado en 1859 y Darwin murió en 1882, hace exactamente cien afios, pero la trascendencia de sus ideas en 10 que concierne a una reconstrucción de la naturaleza humana no ha sido todo 10 honda que podia augurarse. El tópico de la ducha por la existencia>> no es ni novedoso ni genuinamente darwiniano; 10s antiguos habian ya divulgado la metáfora (en latin) de homo hominis lupus que, para el caso, es 10 mismo. Hay, indudablemente, otros aspectos que tocan al lugar del hombre en la naturaleza viviente (en la Scala Naturae), al proceso de hominización, a un nuevo sentimiento o nueva proyección del tiempo (desantropomorfizado), a la consciencia de que el comportamiento incide en la evolución, al esclarecimie~~to de la noción de raza, a 10s problemas de causalidad y jerarquización de niveles en las ciencias del hombre, etc., etc. que merecen mucho más la atención del científico social. El creyente, además, se ha de preguntar atónito dónde pone a su Dios en esta vorágine de genes egoistas, mutaciones al albur, fluctuaciones ecológicas, prehomínidos saltarines y humanos desbocados. Y no s610 el creyente sino el intelectual, de cualquier horizonte que provenga, para quien sigue teniendo vigencia el añejo aforismo de nihil humanum alienum. Es cierto que el evolucionismo darwiniano, per se, no incluye estos temas humanísticos y que quizá sea nuestra organización cognoscitiva la que se empeña en forjar y forjar eslabones entre dominios que pueden muy bien entenderse como ajenos; de hecho, 10s hilos no están sueltos y la trama que prolonga la biologia evolucionista hacia la ciencia del hombre está, como la tela de Penélope, continuamente tejiéndose y destejiéndose al compás de las modas del pensamiento científico. Nos toca vivir en estos momentos una coyuntura en la que, con la sociobiologia y la ingeniería genética (por citar dos casos), el tema est6 en ascuas. No queremos soslayarlo ni minimizar su importancia. La teoria evolucionista es, aguas arriba de todos estos remolinos, un sugerente punto de partida para aproximarnos a ellos.
Biologia y Ciencias humanas Un primer <(motivo)> a eliiborar es el de la filogenia humana y proceso de hominización: el juego de <cpresiones selectivas)> que nos lleva desde el bipedalismo a la técnica, pasando por el desarrollo del cerebro y acompañados por 10s rudimentos del lenguaje emergente. Aquí han desempeñado, con toda certeza, un papel importante 10s procesos embriológicos y de desarrollo infantil,B 10 cua1 nos lleva a inferir que la infancia humana sigue aún conservando una de: las bazas más fuertes de la evolución de la humanidad (no interrumpida, que sepamos nosotros). También aquí entran de pleno las indagaciones sobre las supuestas <(constantes)> de nuestra naturaleza humana. (No tenernos del todo la seguridad de que la naturaleza humana posea <tconstante!;)>; si la tenemos de que la noción de itnaturaleza humana)> está constanítemente variando. Es una notable paradoja.) Y también otras sobre las raíces biológicas de la sociabilidad, del vinculo materno-filial, de la comunicac~ión simbólica, de la identidad y conciencia de sí, del sentido de la culpa, etc. Y, last but not least, la eterna cuestión de fondo: (cóm0 nos situamos 10s hombres en la Scala Naturae?, ¿ha sido <(guiada)> nuestra evolución?, ¿se endereza hacia algún punto? 0, más simplemente, ~derivamos en alguna dirección?, Cpodemos influir en esta deriva? Los ecos de esta cuestión nos remiten a otro de 10s problemas (hoy por hoy más bien vinculado a la epistemologia que al dominio humanístico) que es el de la finalidad en el seno de la euolución. La evolución es un proceso en el tiempo y, al reconstruirlo, sugiere la idea de ddireccionalidadn. (Puede que esto sea otra <tconstrucciÓn~> de nuestra organización cognoscitiva pero es indiscutible que la evolución de cualquier especie admite una representación en estos términos.) Aristóteles en su cosmovisión de naturalista formuló este problema en términos de teleologia: el universo tiene un destino y hay un plari o diseño que guia el despliegue de la vida orgánica. Un universo regido por la estocástica y la neguentropía era, por supuesto, inaccesible al pensamiento griego; excluir de la filosofia la causa final con su noción aparejada de diseño/designio era dar entrada al caos. La cuestión teleológica traía consigo inevitablemente la de quién (y no que') era el artifice de todo este diseño y con qué designio. (Obsérvese de paso que estos dos vocablos tienen la misma raíz. En inglés se condensan en la misma palabra: <tdesigns; en f'rancés se han convertido en 10s homófonos <(dessin)> y <tdessein)> respecticramente.) La exclusión radical de todo tip0 de causalidad extrínseca a la propia naturaleza (llámese Dios, élan vital O entelequia) ha sido una de las grandes conquistas del pensamiento cientí29. Véase para un planteo preliminar de este asunto: Perinat, A. Por un enfoque psicobiológico dei desarrollo humano. Cuad. Psicol. UAB, 1982, 611, pp. 25-38. 33 3 i I
<<Papers)>: Revista de Sociologia fico. Durante 10s casi dosclientos años en que se ha ido gestando este logro, ha habido momentos angustiosos como 10s que hubo de pasar Lyell, quien no llegó a formular la teoria de la evolución porque no podia encontrar un substitut0 razonable a ese <cquKns fantasmagórics que propulsaba la acción evolutiva. Ha habido también situaciones pintorescas como la protagonizada por aquellos científicos que, se& cuenta Pittendrigh, para evitar todo resabio de finalismo, en lugar de decir que la tortuga hembra sale del mar para poner sus huevos, decian <tsale del mar y pone sus huevosn. Ha sido necesario el advenimiento de la cibernética para que cayésemos en la cuenta de que 10s sistemas de autorregulación son intrínsecos a la naturaleza (no solo biológica sino física: por ejemplo el regulador de Watt o el giróscopo), para que la idea de propósito o designio en la evolución biológica quedara despojado de toda aura extra-natural y poc0 a poco, bajo el nombre de teleonomia, se integrase en el pensamiento cientifico. Todo sistema cibernético es teleonómico porque, ipso facto, incorpora un objetivo (en forma de estado de equilibrio) a alcanzar y mantener. <{La vida es esencialmente autorregulaciÓn)>, dice Piaget 30 y añadirá: *Un juego dialéctico entre equilibraciones y nivelles de equilibrio.), Aquí está, in nuce, toda la trama que se teje entre teleonomia y evolución. Muy vinculada a la idea de direccionalidad está la noción de causalidad histórica. Muchas veces, como comentan 10s autores (Mayr, Williams y otros), la única forma de arrojar luz sobre una cierta configuración morfológica o conductual es recurriendo a la historia: ¿por qui el sistema reproductor y el excretor humano tienen un tramo común? (Por qué la sonrisa humana es un gesto de apaciguamiento? (por 10 cual, dicho sea de paso, seria absolutamente ]inútil como señal de no agresión en <(encuentros en la tercera fase),). La biologia evolucionista ha dignificado la noción de causa remota (o última) y la sitúa a un nivel de explicación complementario de la de causa próxima que es la propia de la biologia funcional. Hay entre ambas una progresiva interpenetración como 10 demuestra el que, incluso para entender actualmente cómo funcionan 10s sistemas sangufneos, inmunológicos y enzimáticos se considera esencial rastrear su evolución. Otro tema, por último, emparentado con el del finalismo evolutivo es el del progreso evolutivo. 2Tiene sentido hablar de progresión en la filogenia? Si y no, depende del cristal con que se mire. No, por supuesto, en el sentido de la Scala Natzlrae de la época que precedió a Darwin. No, tampoco, si introducimos juicios de valor sobre la adaptación y supervivencia comparando unas especies con otras. Los peces teleósteos son filo30. Piaget, J. Biologie et connaissance. Paris. Gaiíimard, 1967, p. 48.
Biologia y Ciencias humana5 genéticamente ulteriores a 10s elasmobranquios; sin embargo, como recuerda oportunamente Simpson, ~hay algún teleósteo que aventaje en diseño, en fortaleza y en habilidad depredatoria al legendario tiburón? (Es el individuo occidental un hombre más <trealizado)> que 10s primitivos bosquimanos que aún quedan en Botswana?, se preguntan 10s antropólogos. (Para Sahlins;' rotundamente no.) H[ay, sin embargo otro ángulo de mira que permite responder por la afirmativa a la cuestión de entrada. Huxley,3' Simpson 33 y Pia~;et,~" cada uno por su lado, se han interesado en el tema y sus conclusiones son instructivas. Para el primero, el progreso evolutivo se cifraría en conseguir niveles de eficiencia biológica superiores, con 10 cual quiere signscar un mayor control sobre el medio y una mayor independencia del organismo vis-&vis del mismo. Simpson añade a esto -y explícitamente asegura que es una faceta diferentemejor capacidad para percibir 10s estímulos del medio y de reaccionar ante 10s mismos, coronados por la facultad de reunir y procesar múltiples tipos de información. Es, más o menos, 10 que probablemente quiere decir Rensch con su c(apertura progresiva al universa>>. Todos estos temas Piaget 10s expande en su genial enfoque sobre la génesis de la inteligencia: la adaptación conductual lleva a que el organismo desborde de continuo 10s limites estrictos de su funcionamiento y a que el universo, en cierta manera, se expanda delante de 8; en este proceso hay una continuidad funcional entre las primeras formas de adaptación práxica, sensorial y motora y las más avanzadas del pensanliento simbólico (siendo las operaciones 16 gicas el equivalente de 10s esquemas conductuales que se observan en todo el reino animal). La inteligencja humana es el epitome del proceso adaptativo, es decir, evolutivo. Piaget prefiere hablar de <cvecciÓn evolutiva>> en lugar de progreso y encuentra su razón de ser en el juego sucesivo y dialéctico de equilibraciones y equilibrios que constituyen el engranaje de la autorregulación funciona1 inherente a la vida. Hay otros temas, dentro de esta línea epistemológica y filodfica, que hubiera sido interesante profuadizar. Pienso, en particular, en el de las I consecuencias que para la evolución humana puede acarrear la revolución técnica que estamos viviendo; sobre todo en sus previsibles repercusiones en 10s procesos psicológicos de percepción y procesamiento de datos como consecuencia del aimperialismo)> de 10 audio-visual. Pienso también en 10 que puede suponer una asimilación de otro ritmo de tiempo que se apro31. Ver Lee, R. B. & De Vore, I. (eds.). Mun the Hunter. Discussions, part 11, pp 85-94. 32. Huxley, J., op. cit., nota 13, cap. 10. 33. Sirnson, G. C. The Meaning of Evolution. Yale U.P., 2a. ed., 1967, cap. XV. 34. Piaget, J., op. cit., nota 30, pp. 175 y SS.
<(Papers)>: Revista de Sociologia xime algo mis al que rige las transformaciones evolutivas; seguramente entonces las decisiones socio-políticas (que cada vez desbordan más 10s círculos restringidos de 10s grupos étnicos o territoriales) se tendrían que tomar no s610 por consideraciones inmediatas sino haciendo sitio a cadenas de consecuencias, algunas de las cuales pueden hacerse patentes s610 en generaciones posteriores. Aquí entra de pleno esa dramática interrogación que, a veces, sacude la conciencia: ¿qui mundo vamos a dejar a nuestros hijos? Otra faceta, también muy sugestiva, es la de las transformaciones del paradigma de Dalcwin y sus prolongaciones ideológicas: la biologia evolucionista como refrendadora de una acción política (en sentido lato) a todos 10s niveles. Este tema sersi el objeto de nuestro siguiente capitulo. 2. EL DARWINISMO SOCIAL La teoria de la selección natural era una emalaación de la manera como la revolución industrial contemplaba las relaciones socio-económicas. Una vez formulada, se repitió 10 que con tantos otros discursos filodficos había acaecido: las ideas flotantes adquirieron de pronto una persuasiva coherencia; el mero hecho de enunciarlas volvía nítidos sus contornos y entraban a ser piezas del diálogo sobre el que se asienta <(Xa construcción de la realidadn. Así que el siglo de Darwin, como dice un autor,3' se volvió hacia 41 reclamándole la deuda de la que era acreedor y se lanzó a aplicar el darwinismo a sus problemas. Paradójicamente, la weltanschuung evolucionista antecedia a la formulación darwiniana, de modo que el darwinismo social habia nacido antes que el personaje que le da el nombre. En realidad, fue Spencer el primer filósofo de la evolución. A 61 se remonta además esa influyente veta del pensamiento biológico-social que luego se denominó el organicismo. Tanto su versión de la evolución como su metáfora del organismo (social) tuvieron un éxito extraordinario, no s610 en la antropologia y la sociologia, sino también en el campo de la praxis política donde el <treduccionismo biolÓgico)> spenceriano y el <tdarwinismo social)> fueron 10s argumentos que justificaban las desigualdades e injusticias del sistema de clases sociales que entonces se instauraba en el mundo moderno. Spencer, al integrar la teoría evolucionista en su <tsociologia~> tenía como propósito hacer una apologia del liberalismo económico, con el que 35. Mac Rae, D. G. El darwinismo y las ciencias sociales. En S. A. Barnett (ed.). Un siglo después de Darwin. Madrid. Alianza, 1966. (Heineman, 1962.) T. I, PP. 161-181. 36
Biologia y Ciencias humanas comulgaba plenamente. En una de sus argumentaciones mejor elaboradas se lanzó a demostrar que la planificación estatal era intrínsecamente peligrosa porque iba en contra de la naturaleza y podía debilitar a la nación. Por extensión podía contribuir al debilitamiento de toda la humanidad. Todas aquellas formas de intervención gubernamental tendentes a fomentar 10s servicios sociales y la asistencia social s610 servían para prolongar la existencia de individuos cuyas caracteríqticas 10s excluía normalmente de la selección natural. Por brutal que fuese esta idea, para Spencer la supervivencia de 10s mejores era el medio de que la humanidad progresase hacia un futuro glorioso. Su organicismo, al que antes hemos aludido, fue enormemente popular en la última época del siglo XIX, pero iue sobre todo en Alemania donde la metáfora cuajó mejor gracias a Haeckel. Ernst Haeckel fue un incansable divulgador de las teorías de Darwin en su país. Era profesor de universidad y muy conocido en 10s círculos académicos. También fue el ideólogo de la Liga Monista, una agrupación de personajes políticos alemanes. Una de las ideas que niás fuertemente le impregnó fue la del organicismo spenceriano, la cual, en amalgama con la teoria de la selección natural, le llevó a perfilar todo un proyecto de biologización de las ciencias. Por aquí apunta como lm precursor de la sociobiología contemporánea: <(Si, como aceptamos, la selección natural es la gran causa activa que ha producido la maravillosa variedad de la vida orgánica sobre la tierra, todos 10s fenómenos verdaderamente interesantes de la vida humana pueden explicarse asimismo por la misma causa. Después de todo el hombre no es sino el animal vertebrado más desarrollado y todos 10s aspectos de la vida humana tienen su paralelo en el reino animal. La historia de las naciones o 10 que llamamos "Historia Universal" debe también poderse explicar por la selección natural. Deben de existir procesos físico-químicos que dependen de la interacci6n de la adaptación y de la herencia con la lucha por la vida.>36 Siguiendo el surco abierto por Spencer, Haeckel se aventuró a avanzar toda clase de explicaciones para ilustrar el comportamiento social con acotaciones extraídas de la teoría evolucionista. Sus ideas tenian una base legitimadora mis sólida que en Spencer porque Haeckel poseia una formación rigurosa en las ciencias biológicas y además, como hemos dicho, las apoyaba con su prestigio universitario. 36. Haeckel, E. The History of Creation. 1868, p. 170.
<(Papers)>: Revista de Sociologia es decir, las que adoptan ~onfi~uraciones temporales observables como son 10s displays comunicativos, cortejos nupciales, defensalataque, etc., hasta sus formas moleculares, o sea, 10s engranajes fisiológicos que desvelan su funcionamiento. No hace falta insistir que molar/molecular son 10s dos polos de un continuum, ermismo que percibimos en un travelling cinematográfico cuando un movimiento de cámara nos lleva desde la gran panorámica hasta un detalle primoroso. Hace poc0 tiempo Tinbergen hablaba de ala amalgama entre la etologia, en el viejo y restringido sentido del término, con la neurofisiologia, con diversas partes de la psicologia, de la ecologia, de la evolución y de la genética)>."' Es, prosigue é1 mismo, el resultado de la explosión de las ciencias del comportamiento y de la multiplicidad de niveles en que puede fragmentarse el estudio del mismo. La etologia, como estudio biológico del comportamiento, se corona <triaturalmenten en la etologia humana. Pero, como dice sir Peter Medawar, la idea de que el comportamiento animal pueda arrojar alguna luz sobre el comportamiento humario está muy lejos de ser evidente por sí misma.& Al margen del uso cientiltico de la analogia (sometida a muchas cautelas), el recurso al comportamiento animal para <(explicar)> el humano arranca en la parábola y la metáfora y llega hasta adoptar hoy formas de 10 mis sutiles como la que llamaríamos <<la analogia por yuxtaposiciÓn)>. Consiste esta en presentar una escena <tetolÓgica)> en un contexto que anticipa su valor ilustrativo para la especie humana. Se describe la situación (que suele ser fascinante) y se cambia de registro retomando el hi10 del discurso de nuevo en el contexto humano. (Imaginese, por ejemplo, el efecto que se puede conseguir si, discurriendo en torno a 10s conflictes sexuales entre varón y mujer, se insertara la conocida escena de la Mantis que devora tranquilamente al macho que está copulando con ella ...) Los libros del <tetólogo)> aalmán Droscher (Sobrevivir, un cocodrilo para desayunar) son piezas maestras del género. La pelicula Mon Oncle d'dmérique de Resnais sigue el mismo patrón. La extrapolación de las elaboraciones et016 gicas (o sociobiológicas) a la especie humana es muy delicada. Hoy por hoy, no hay apenas fundamentos epistemológicos para una buena extrapolación; mientras tanto cultivamos <tel arte de comparar)>. Este tema tiene trascendencia y lamentamos no poder, por apremio de espacio, elaborarlo con mayor detalle. Como conclusión, diremos que 10 que la etologia aporta a las ciencias 45. Tinbergen, N. Ethology in a changing world. En P. P. G. Bateson & R. A. Hinde (eds.). Growing points in ethology. Cambridge U. P., 1976, pp. 507-527. 46. Medawar, P. B. Does ethology throw any light in human behaviour? En Bateson & Hinde, op. cit., nota 45, pp. 497-506.
Biologia y Ciencias humanas humanas es, sobre todo, aires de renovación metodológica. Tinbergen y Medawar, cada uno por su lado, recalcan este aspecto: el retorno a la descripción y a la revalorización del contexto en que se despliega el comportamiento; la dimensión eventualmente adaptativa de ciertas configuraciones conductuales; el recurso a modelos construidos u observados en especies muy próximas al honibre (primates superiores); la necesidad de ponderar 10s condicionamientos biológicos de la especie (humana, pongamos por caso) a la hora de entrar en el análisis detallado del comportamiento; el sutil balance entre semejanzas y diferencias que ha de guiar toda indagación comparada; el recurso simultáneo a 10s diferentes niveles de análisis que puede adoptar un comportamiento molar. Todo ello son acotaciones metodológicas que las ciencias humanas y particularmente la psicologia social y la antropologia no tienen reparo en refrendar. Quizá las ciencias del hombre habrían acabado por incorporar estas nuevas dimensiones de análisis aunque la etologia fuese inexistente; la historia, que depara un curso al desarrollo y entramado de las ideas, ha querido esta vez que todo este resurgir pasase a través de las aportaciones de 10s etólogos. La sociobiologia es un apérldice especializado de la etologia. Una y otra analizan el comportamiento dentro del mismo marco evolucionista y 10 que las distinguiria, grosso modo, es que la sociobiologia se centra exclusivamente en el comportamiento social. Es difícil condensar la <tesencia)> de la sociobiologia. En un delicioso articulo 47 (y bastante iconoclasta, por cierto), D. Hull, filósofo e historiador, razona sobre la imposibilidad de verter la <tesencia)> de una teoria que, como la sociobiologia, acaba de saltar a la arena de la discusión científica. Un conjunt0 de ideas de esta indole, al margen de las polémicas que levanten, nunca posee contornos fijos; en boca de partidarios y oponentes, 10s conceptos acaban siendo parcelados, reinterpretados, alterados. El lector que se haya lanzado a explorar por su cuenta la literatura sociobiológica estar6 de acuerdo en que hay casi tantas versiones acerca de ccqué es la sociobiologian como autores haya consultado. (Ya s610 falta el dtimo mosquetero -probablemente será también francésque nos obsequie con el correspondiente opúsculo de la serie: <<L0 que verdaderamente ha dicho.. . Wi1son.s) Puesto que circunscribir el núcleo de la sociobiologia es una empresa 47. HuU, D. Sociobiology: anot:her new synthesis. En Barlow & Silverberg, op. cit., nota 1, pp. 77-96.
<(Papers>>: Revista de Sociologia muy subjetiva, no debiéramos caer en la tentación de intentarlo. Sin embargo, es posible que más de un lector que sólo espera disponer de unas horas para abordar por su cuenta el tema, quiera, en el ínterin, tener a la vista un esbozo del mismo. Es 10 que aquí le ofrecemos. Wilson, casi en el cornienzo de su Sociobiology, se expresa así: <(La sociobiología se dehe como el estudio sistemático de las bases biológicas de toda conducta social. En el presente se concentra en las sociedades animales, la estructura de su población, sus castas y su modo de comunicación, junto con la fisiologia que subyace a todas las adaptaciones sociales. Pero nuestra disciplina también se ocupa del comportamiento social del hombre primitivo y las caracteristicas adaptativas de la organización de las más primitivas sociedades humanas existentes en la actualidad. )>- Luego prosigue diciendo que la sociobiologia quiere ser una rama de la biología evolucionista y, en concreto, de la moderna biologia de poblaciones. El punto de' partida es, pues, un enfoque evolucionista (darwiniano) del comportamiento social. Y en esto parecen concordar todos: autores y comentarista~, partidarios y contrincantes de la sociobiología. La lectura del gran tratado de Wilson permite, sin mayores diíicultades, inferir la línea de razonamiento que le ha llevado a trazar este primer eje de coordenadas. A 10 largo de la evolución de 10s seres vivientes, algunas ramas del árbol filogenético han desarrollado eso que llamamos l comportar nien to socialu (Wilson habla de 10s <<cuatro pináculos de la evolución social)>: 10s invertebrados coloniales, 10s insectos sociales, 10s mamiferos y el hombre). Si la sociabilidad en sus diversas formas se ha decantado, sucesiva e independientemente, a 10 largo de la evolución es porque se han creado 10s programas genéticos que la han favorecido. El escolio de las abases genéticas de la sociabilidadv es lógicamente correcto y mientras no se especule demasiado sobre cómo, en detalle, la genética impregna zl comportamiento, es casi trivial. De estos principios se van a desprender una serie de corolarios de 10s que vamos a retener tres. El primer0 dice que la organización social se debería poder explicar a partir de parámetros y modelos extraídos de la genética de poblaciones. El segundo establece que hay conexión entre genes y el comportamiento actual de la especie. El tercer0 solicita un papel 48. Wilson, E. O. Sociobiology. The New Synthesir. The Belknap Press of Harvard U. P., 1975, p. 4. 46
Biologia y Ciencias humanas relevante para la adaptación, en su versión de inclusive fitness, a la hora de explicar el <<por qué este aninnal (humano) actúa asis. Veamos estos tres aspectos más de cerca. Wilson tiene la obsesión, a nuestro parecer totalmente científica, de formular una teoria unificada para explicar la sociabilidad en sus manifestaciones concretas. Si las sociedades (ya sean las colonias, termiteros, colmenas, tropas de mamiferos y primates, etc.) han brotado en lineas evolutivas independientes y no simultáneamente, es porque en cada una se han organizado subsistemas de genes que han dado pie a comportamientos sociales (cooperación). Estos acorltecimientos que se han producido en el tiempo ecológico y evolutivo siuponen cambios de frecuencias de alelos, recombinaciones, difusión de genes, etc., fenóinenos todos que asume la genética de poblaciones. A su vez, ésta, en conexión con la demografia y con la ecologia dinámica, establece un entramado de conceptos y de relaciones (matemáticas) que permiter~ describir <<estadosa de la población. Lo que Wilson parece proponer --y éste es el contenido del primer corolarioes que seria sdciente determinar esos principios y modelos para que quede explicada cualquier organización social: <<El último objetivo de la s;ociobiologla es una evaluación de 10s parámetros estocásticos que detertninan la evolución social (a stoichiometry of social evolution), la cual se cifrará en un conjunt0 de modelos relacionados que permitirá la predicciljn cuantitativa de las cualidades de la organización social (dimensión del grupo, composición de edades y modos de organización que incluye: comunicación, división del trabajo y distribución del tiempo). Todo ell0 a partir de 10s determinantes primordiales de la evolución social (que son, como se dijo en el Cap. 3, la inercia filogenética y las presiones ecolÓgi~as).~>~~ Da la impresión de que Wilson trata de caracterizar 10s grupos sociales a la manera como 10s fisicos dehen el estado de un sistema (termodinámico): establecer una serie de variables (presión, volumen, temperatura, por ejemplo) y una relación (matemática) entre las mismas. Queda por ver si, dada la diversidad de sistemas sociales, un modelo matemático que 10s abarque a todos no será de tal generalidad que tenga escaso interés. Pero, ah suponiendo que no sea asi, ¿queda explicada toda la complejidad del fenómeno social por un modelo de esta indole? Esta última cuestión no tiene respuesta pues 10s ingredientes de eso que denominamos <(complejidad del fenómeno sociala (y que distinguirian una tropa de babuinos de 49. Ibidem, p. 63.
<<Papersa: Revista de Sociologia una sociedad de termitas) son variables que se añaden o se suprimen dependiendo del marco científic0 en que uno se sitúa. Si Wilson se contenta con penetrar en el fenómeno social hasta donde le permite su modelo (10 cua1 equivale a dar una definición <toperacional)> de la sociedad), el tema se convierte en una disputa de escuelas como tantas otras que las ciencias humanas han alumbrado: psicoanálisis contra conductismo, interaccionismo simbólico contra social exchange, funcionalisme contra marxismo, etc., etc. El corolario segundo es el que habla de la conexión existente entre genes y comportamiento social tal como éste aparece en el momento actual de la evolución de la especie. Aquí la literatura sociobiológica no puede ser más ambigua y, dadas las connotaciones ideológicas del tema, no es de extrañar (y es ingenuidad o cinismo por parte de 10s sociobiólogos el extrañarse) que aquí se concentre el punto álgido del debate. Por un lado 10s sociobiólogos aceptan invariablemente, como punto de partida, 10 que es hoy dia un truismo, a saber, que todo comportamiento es siempre efecto de factores genéticos y medioambientales (físicos, ecológicos, culturales). Pero, invariablemente también, en unos u otros momentos del desarrollo de sus ideas se nos habla, como 10 hace Wilson en su famoso capitulo 27 de Sociobiology, de genes a 10s que puede atribuirse el éxito social y la mejora de status, genes que producen o favorecen la homosexualidad, genes que hacen a sus poseedores humanos más susceptibles al endoctrinamiento (genes conformistas). Hamilton, en un notable pasaje," se aventura a dar 50. Hamilton, W. D. Intlate social aptitudes of man: an approach from evolutionary generics. En R. Fox (ed.). Biosocial Anthropology. London, Malaby Press, 1975, pp. 133-155. El fragmento en cuestión es como sigue: <<Las incursiones de las hordas de pastores probablemente han causado menos daño a las civilizaciones que 10 que vulgarmente se cree. En Europa, dos épocas oscuras (dark uges) y sendos renacimientos sugieren una pauta recurrente, según la cua1 a cada incursión sigue un renacimiento al cabo de 800 aiios. Puede incluso pensarse que ciertos genes o tradiciones de esos pueblos pastores revitalizaron al pueblo conquistado insuñando en él ingredientes de un progreso que tendería a desvanecerse en una extensa población panmitica por las razones que hemos dicho. Tengo en la imaginación el altruismo o aquella modalidad de altruismo que se describiría como tener el valor de sacrificarse. En la época del Renacimiento bien puede ser que la mezcla de genes y culturas (o de culturas solas, si éstas son 10s vehiculos exdusivos, 10 cual pongo en duda), haya durado el tiempo suficiente como para producir la antigua sabiduria mercantil en conjunción con el sentido del riesgo en unos pocos individuos que entonces se lanzaron valerosamente hacia todo tip0 de innovaciones creativas frente a la resistencia del pensarniento y de la praxis establecidos. A menudo, no obstante, el precio en ajuste (fitness) de tal altruismo y excelsa pugnacidad no es s610 metafórico y 10s beneficios que depara el ajuste adaptativo se difunden en la masa de individuos cuya correlación genetica con el innovador puede ser rnuy baja. Asi, pues, la civilización, con toda probabilidad, reduce lentamente su capacidad de altruismo, cualesquiera que sem sus manifestaciones, incluso aquellas forrnas que necesita para una creatividad cultural, (p. 149).
Biologia y Ciencias humanas una interpretación de la repercusión que las invasiones de 10s <tbárbaros, en Europa tuvieron para nuestro patrimonio genético; en particular el Renacimiento, que le sigue siglos después, fue quizás efecto de la <crevitalizaciÓn)> que aportaron 10s genes cie aquellos advenedizos a 10s viejos pueblos del continente. Es imposible conocer con precisión si 10 que 10s sociobiólogos quieren expresar en estos y otros pasajes es que todo aquello que hace a un hombre winner (como se dice en USA) tiene una cierta base genética (¿y cuál?); o que la homosexualidad y el conformisrno también la poseen; o que 10s genios del Renacimiento (Leonardo, Erasmo, Galileo.. .) son consecuencia de una feliz y fortuita combinación de genes que se ha venido gestando en lar dark ages. Ésta seda la interpretación más benévola. La interpretación dura es la que presta a estas proposiciones un alcance mucho más profundo, a saber, que existen genes en el patrimonio genético que determinan directarnente, y sin el concurso de las variables medioambientales, esas cualidades o hechos de que hablan. Todos 10s que se decantan por esta última, atacan a la sociobiología por aceptar determinismos genéticos que hacen al hombre de éxito, al homosexual, al conformista o al genio del Renacimiento. En todo caso, 10 que sí es exacto es que pera 10s sociobiólogos la configuración del comportamiento (social) ocurre concomitantemente con 10s cambios en la frecuencia de genes, o sea, que una y otros vienen a ser el mismo proceso y esto 10 extraen de su base teórica que es la biologí'a de poblaciones. Discutir si ésta es una forma (¿correcta?, ¿plausible?, ¿disparatada?) de aplicar la genética de poblaciones requeriria muchos detalles técnicos y exposiciones interminables para que, al final, todo quedase en tablas. Hay un fuerte temor a la irracionalidad de estos procesos, tal como 10s enfoca la sociobiología, que se escapan totalmente a todo aquello que es específicamente humano: cultura, educación, política social. Las objeciones, epistemolÓgicamente más fuertes, que se pueden hacer a esta línea de razonamiento :;on que, en primer lugar, el marco general de la teoria darwiniana no permite extraer consecuencias demasiado concretas, ni menos interpretaciones de la historia humana (quien dice historia, dice evolución) sin antes haber confrontado bien todos aquellos datos que la hacen plausible. Washburn, comentando con bastante vivacidad el pasaje de Hamilton a que antes aludimos, dice: ((Varias son las razones que subyacen a la confusión a que lleva la aplicación de la teoria evoluc.ionista a 10s seres humanos. Quizá la mis fundamental es creer que, si la teoria es correcta, las aplicaciones son fáciles y de rutina (...) La ap8cación de la teoria general de la evoluci6n (selección, adaptación, inclusiz~e fitness) requiere que 10s hechos que se
uPapersn: Revista de Sociologia escojan para adecuarlos a la misma sean correctos; la teoría, en sí, sólo sugiere cómo hay que contemplarlos y cuáles pueden ser relevantes. &te es el punto flac0 de 10s autores que he citado. Conocen muy bien la teoria pero saben muy poc0 acerca del comportamiento humano y de 10s escasos datos conformes con la evolución. La fuerza de la teoría les da seguridad de que sus opiniones personales son correctas y que hay que adaptarlas.>>'l Es obvio que las causas que intervienen en el comportainiento social son múltiples y además forman una trama compleja. Interpretaciones desde el dominio de la genética s610 aumentan la complejidad de la tarea explicativa; sin embargo, leyendo a 10s sociobiólogos, se respira un cierto aire de que la clave de la cuestión la tienen ellos. Otra objeción, tambidn seria, es si la lentitud de la evolución genética puede realmente haber competido con la rapidez de la cultural a la hora de dar cuenta de las adquisiciones típicas de la sociabilidad humana. Boorman y Levitt han escrit0 al respecto: <(El Único interés del evolucionista está en el proceso que introduce cambios en la composición del genetic poo1 a 10 largo del tiempo. Asi pues, el área central de la sociobiología que aquí estamos revisando, no tiene nada que decir directamente acerca de las variaciones del comportamiento o estructuras sociales que acaecen en una escala de tiempo demasiado breve para que puedan producirse cambios genéticos significativos. Puesto que la mayoría (aunque no todos) 10s cambios que determinan la capacidad de una especie para la socia.bi1idad implican probablemente sustituciones de genes en diversos loci, tales cambios no ocurren con seguridad en lapsos de tiempo inferiores, por 10 menos, a 103 generaciones. Lo más probable es que tarden 106 6 107 generaciones. Una escala temporal de esta magnitud sitúa 10s análisis sociobiológicos enteramente aparte de las ciencias sociales del hombre, tal y como se entienden convencionalmente. Ignorar la enorme extensión de tiempo que requiere el cambio evolutivo ha llevado a sustanciales confusiones que han repercutido en la acogida que las ciencias sociales han dado al modo de razonar sociobiológico. A escala evolucionista, estas disciplinas abarcan períodos muy breves de la historia de una especie singular y la mayoría de 10s acontecimientos que analizan no son, con certeza, atribuibles a cambios genéticos.s" 51. Washburn, S. L. Animal behavior and social anthropology. En M. Gregory et al., op. cit., nota 39, pp. 53-74. 52. Boorman, S. A. & Levitt, P. R. The comparative evolutionary biology of social behavior. An. Reu. Sociol., 1980, 6, 213-234.
Biologia y Ciencias humana5 La tercera objeción-comentari0 que traemos a colación es que, en Último análisis, el plantear unas bases genéticas, fruto de la evolución, para ciertos comportamientos no levantaría tantas objeciones si con ell0 10s sociobiólogos no enturbiasen (aunque no sea más que por omisión) la realidad de que 10s genes actúan, de hecho, mediatamente sobre el comportamiento. Al decir esto no solamente nos referimos a la mediación anatómica y nerviosa sino también a la mediación de 10s procesos psicológicos que, en 10 que a 10s humanos se refiere, no parece correcto eliminar. Esta postura nace de una extrapolación abusiva del modo de explicación que Darwin estableció para la selección natural (excluyendo toda intervención ajena a 10s mecanismos estrictamente biológicos). Los sociobiólogos no s610 prescinden del plano psicológico de las intenciones, previsión, y estados de consciencia sino que rechazan estos modos de explicación <(mentalistas)>. Sin embargo, como dice Searle,53 mucho es de temer que no se pueda suprimir la intencionalidad ni la consciencia a la hora de explicar un gran número de facetas del comportamiento humano. Si la intencionalidad existe es porque es fruto de la evolución. ¿Por qué suprimirla en nombre de la misma? La sociobiología y la psicologia genética de Jean Piaget se sitúan e ambas dentro del gran escenari0 de la evolución; no deja de ser curioso que ambas disciplinas discrepen de forma tan radical en el tratamiento de 10s factores psíquicos. La primera supone que la actividad adaptativa emana directamente del programa genético sin otra mediación que la anatómica y funcional: 10 psiquico es un epifenómeno de 10 neurológico. La segunda desmenuza todo el programa adaptativo de conquista del medio en niveles que van desde la praxis sensorimotora al dominio cognoscitivo de las operaciones lógicas e integra todo ese proceso dentro de la propiedad, absolutamente general, de la autorregulación biológica. Valdria la pena analizar a fondo 10s presupuestos epistemológicos de esta divergencia tan radical pues hay en la teoria de Piaget una alternativa válida y sugestiva al reduccionismo que la sociobiologia exhibe en este punto. El tercer corolario del gran fresco evolucionista en que se enmarca la sociobiologia viene explícitamerite dado en 10 que D. Barash (un sociobiólogo del séquito de Wilson) denomina el <(teorema central de la sociobiología)>: <tCuando cualquier comportamiento a estudiar refleje alguna componente genotípica, el animal actuari en orden a lograr un máximo "ajuste inclusivo" (as to maximize the~r inclusive fitnen).)> Una palabra, antes de entrar en el comentari0 del <(teorema central)>, acerca de esta tan manoseada inclusive fitness. uFitness)> significa ajuste o adaptación pero en perspec53. Searle, J. R. Sociobiology cmnd the explanation of behavior. En M. Gregory et al., op. cit., nota 39, pp. 164-182.
<<Papers)>: Revista de Sociologia tiva genética: un genotip0 está mis <(ajustado)> (posee mayor fitness) visd-vis de otros si contribuye con mayor número de genes a la generación siguiente. La interpretación de la teoria darwiniana hace de la fitness un asunto puramente individual. De ahi todo el escenari0 de la competición, la lucha por la existencia y aquell0 de <(la naturaleza con las garras teñidas en sangre)>. Sin embargo, existe la cooperación y existe el altruisrno en el reino animal, sobre todo en las especies sociales. &Ómo conciliar esta situación contradictoria? Corresponde a Hamilton 54 el haber propuesto una elegante solución a este problema, la cua1 pasa por una generalización del concepto de ajuste o fitness: si en lugar de poner el acento en la transmisión de 10s propios genes, se postula un objetivo más global como seria el traspasar el mayor número de genes compartidos con 10s parientes próximos (hermanos, primos, sobrinos), el10 abre una via de explicación del acto de altruismo (que, en esencia, disminuye la fitness individual). Ahora no es la transmisión del conjunt0 de genes propio sino la del patrimoni0 genético familiar 10 que se convierte en crobjetivo)> primordial. A la fitness individual se superpone entonces otra fitness generalizada o inclusive fitness s que Hamilton define como ala suma del ajuste particular de un individuo más 10 que aporta al ajuste de sus consanguineosn. La explicación evolucionista del altruisrno ha llevado directamente a especificar otros niveles de selección por encima del individual. Urto de ellos, sobre el que la teoria sociobiológica ha trabajado intensamente, es el de la selección a nivel de parientes (kin selection). Este excursus, obligaclamente superficial y abusivamente simplificado, da una idea de la <tlogistica)> a que recurre la teoria sociobiológica en ciertas de sus facetas. Boorman y Levitt distinguen, por ello, entre una sociobiologia concreta, <(la que se aplica a temas concretos de la evolución social de las especies), y una sociobiologia abstracta, que <(se basa en 10s modelos matemáticos de la genética, ecologia y demografia y que se enfrenta al crucial problema teórico de definir las circunstancias en que la evolución favorecerá 10s diferentes tipos de ~ociabilidadn.~ La teoria de la selección parental, la de selección a nivel de grupo (group selection) y la selección para la reciprocidad son 10s tres bloques fundamentales de la sociobiología abstracta o teórica. Da la impresión de que Boorman y Levitt 54. Hamilton, W. D. The genetical evolution of social behavior, I, 11. J. Theoretical Biol., 1964, 7, 1-52. Wilson dedica el cap. 5 de Sociobiology a este tema. 55. La radn por la que aparece el termino inclusive (incluyente o induidora) hay que buscarla en el razonamiento matemático que sigue Hamilton al proponer una modificación del coeficiente de regresión que liga a 10s genotipos de benefactor y beneficiario. 56. Boorman & Levitt, art. cit., nota 52.
Biologia y Ciencias hurnanas no se han atrevido a usar, en lugar de 10s calificativos concreta/abstracta para la disciplina sociobiológica, 10s de soft y bard que casi seguro tienen in mente. Toda la polémica sociobiológica está centrada, por supuesto, en la primera; la sociobiologia teórica es un dominio muy abstruso donde se juega s60 con modelos matemáícicos, aparentemente asépticos. Retornando al <(teorema centraln de la sociobiologia, éste establece, en concreto, que es posible predecir cómo va a actuar un individuo en determinada~ situaciones si tenemos en cuenta que tratará, por ley evolutiva, de favorecer la transmisión de ese patrimonio genético que comparte con su parentela. Barash, en el capitulo hal de su libro, <tExtrapolaciones y especulaciones de la sociobiologia al comportamiento humana)>, insiste, 10 cua1 es Mgico, en que vale la pena que 10s investigadores de la sociobiologia humana emprendan la tarea de hacer predicciones y comprobarlas basándose en la hipótesis de que también 10s humanos actúan para optimizar su inclzlsive fitness." Barash es mucho más prudente aquí que Wilson y multiplica las cautelas: esto s610 puede hacerse <(en la medida en queb (insofar as) podamos atribuir un peso genético a tal o cual comportamiento sometido a examen. En si, esto no es más que un programa pero las primicias del mismo, que Barash nos depara, dejan entrever ya algunos sesgos. El primer0 es que la genética de poblaciones, de donde la sociobiologia hace derivar el concepto base de inclzlsive fitness, es impotente para discriminar qué comportamientos tienen un núcleo genético y si, por mínimo o lejano que sea éste, ya se puede aplicar el teorema central. En segundo término, buscar primordialmente la significación adaptativa de un comportamiento equivale a explicar10 en razGn de sus causas últimas y esta línea debe conjugarse con las explicaciones que simultáneamente nos aportan las causas próximas. Ilicho en otros términos, las cuatro lineas de explicación de Tinbergen sobre un comportamiento deben ser coherentes y no es licito profundizar s610 en la dirección de la inclzlsive fitness prescindiendo de todas las demás. Ahora bien, eliminar 10s niveles de explicación psicológicos, como líneas arriba dijimos, es una opción que puede desembocar, y de hecho deseml~oca, en reduccionismos no siempre justificables por motivos heuristicos. Peor ah seria que esa interpretación de las estrategias humanas en la perspectiva de la reproducción y propagación del patrimonio genético fuerce a concebir aquellas bajo el dominio férreo de 10s genes. Otra razón práctica es que el punto de vista de la adaptación o del ajuste nos remite a las <(causas últimasn. Es difícil discernir inmediatamente el valor adaptativo de un comportamiento; requiere que se examinen niveles de ejecución y alternativas. I3 que el <tflujo del comportamientoa tienda, 57. Barash, D. P. Sociobiology and Behavior. Elsevier, 1977.
uPapers)>: Revista de Sociologia la experiencia o la posibilidad de aprendizaje. Criando animales en situación artificial, aislados de sus congéneres, aquellos comportamientos <tinstintivos~ se despliegan en su debido momento. Ahora bien, esta carac:terización de 10 innato como 10 <{no aprendido)> aparte de sus flaquezas teóricasf ha llegado a identificar 10 innato como algo que sigue un proceso de desarrollo fijo e inalterable. Esta formulación repercute e incluso dramatiza la cuestión de la determinación genética del comportamiento. En efecto, definir innato como <<no susceptible a influencias ambientales)>, por un lado, mientras que por otro viene a ser sinónimo de hereditario, lleva a concluir en buena lógica que 10 hereditario no es susceptible a las influencias del medio, o sea, que sigue un proceso de desarrollo inalterable (developmental fixity). El concepto de ahereditarion engloba, pues, dos significados que se entrecruzan de mala manera. Son: a) hereditario en el sentido de que un carácter se desarrolla según un plan establecido filogenéticamente (sin que el10 prejuzgue qué parte de la información est6 contenida en el genoma y qué parte se extraiga del medio); b) hereditario en el sentido de innato que venimos comentando, o sea, rígida ejecución del plan sin que ningún factor medioambiental 10 desvíe de su destino (el fatum, la fatalidad). La interferencia de estos significados es tanto mis desafortunada cuanto que el segundo tiende a ofuscar el principio fundamental de que todo organismo desarrolla su organización fenotípica (estructura, funciones, actividad) en un intercambio constante con el medio ambiente. Si se cria el pez espinosillo (el que Tinbergen ha hecho céebre en sus observaciones y experimentos) sin ningún contacto con sus congéneres, la primera vez que en la época de celo ve a otro macho despliega automáticamente el comportamiento de ataque. Esto nos dice que la presencia de congeneres (medio ambiente social) no influye en la aparición de esta pauta. En otros. términos, la pauta de agresión territorial es innata por cuanto se despliega en ausencia de información medioambiental previa sobre sus destinatarios. Es además hereditaria pues ha sido inicorporada a 10 largo de la filogenia como información a retener y a transmitir. En general, en 10s invertebrados y vertebrados inferiores estas pautas sociales de defensa te63. Hebb ha objetado que esta manera de definir lo innato era totalrnente insatisfactoria, puesto que 10 reduce a una ctclase residuab: es innato todo aquell0 que no es aprendidp o adquirido. (Hebb, D. O. Heredity, environment in mamrnalian behavior. British J. An. Behav., 1953, 1, 43-47.) Lehrman, desde otro ángub, también ha negado su valor ~heurlstico: (Cóm0 dilucidar si un comportamiento es innato cuando el aprendizaje puede deslizarse subrepticiamente en cualquier momento del desarroiio, incluso en la fase embrionaria? (Lehrman, D. S. A critique of Lorenz theory o£ instinctive behavior. Quat. Rev. Biol., 1953, 38, 337-363).
Biologia y Ciencias humanas rritorial, cortejos nupciales, comunicación, etc., se desarrollan independientemente de si el bicho ha sido (criado fuera del contacto de sus congéneres; no asi en 10s mamiferos superiores y con ello tocamos ya la segunda cuestión que 10s etólogos han expuesto: la de la liberalización paulatina y progresiva del comportamiento de sus rigideces de programación. Los experimentos de Harlow han demostrado dramáticamente que las monas o monos criados en aislamiento social erari incapaces de copular y que las hembras que paren <(aborrecen)> a sus crias. Esta misma impresión se tiene del comportamiento aberrante de las hembras gorilas de un zoo cuando crian: habiendo sido cautivadas muy pequeñas, carecen de toda experiencia de cómo tratar <caquello)> que de repente brota de su propio cuerpo. La distinción que Mayr 61 ha hecho entre programas genéticos cerrados y abiertos corresponde a 10s extremos de la progresión de que venimos hablando. Dentro de una perspectiva evolucionista y comparada, cabe preguntarse por qué el balance entre innatolaprendido varia a 10 largo de la escala filogenética creciendo en 10s organismos superiores el peso de aprendizaje con su secuela de flexibilidad conductual. Puede darse un esbozo de respuesta a esta cuestión a partir de un principio de economia de información se& el cua1 la respuesta autornática adaptada exige menos inforrnación almacenada en el genoma que la respuesta adaptada mediante ajustes (aprendizaje). En el primer caso la información se procesa de acuerdo a s610 dos estados: presencia/ausencia de estimulo adecuado. En el segundo la información se procesa incIuyendo un abanico de alternativas y sus posibles modalidades de respuesta junto con un sistema de feed-back para evaluarlas comparativamente. Los organismos inferiores son 10s que poseen capacidades de procesamiento de información más reducidas. La adaptación exige que esos recursos limitados se inviertan en sistemas de comportamiento que primariamente aseguren la supervivencia (genética). Igualmente exige que tal inversión se haga en la forma más económica posible y el10 lleva a que sean sistemas cuyo comportamiento es automático y muy ajustado. Solamente a medida que la evo1uc:iÓn va dando paso a genomas que acumulan más capacidad de procesamiento de información en su ADN, aquellos sistemas vitales se van flexibilizando y el comportamiento se ajustar6 dando cabida a la experiencia. En qu~é medida, dentro de una especie, el aprendizaje interviene en ciertos sistemas de comportamiento mientras que otros son impermeables al mismo es cuestión de estrategia adaptativa. Ciertas respuestas de identificación y huida de 10s depredadores son de una precisión sorprendente y, a todas luces, innatas. Otras actividades, como las 64. Mayr, E. Behavior programs and evolutionary strategies. Arn. Sci., 1974, 62, 650-659. 61
upapers,: Revista de Sociologia alimenticias o reproductoras son más laxas: hay en ellas mayor carga de información a procesar y son una mezcla de actividades automáticas al lado de otras más aleatorias o quizá <ccreativas>>. Por Último, en 10s mamíferos superiores, particularmente en el hombre, es donde se hace patente la enorme cantidad de informaci6n adquirida que explota en su conducta específica y el peso correlativo del aprendizaje en la misma. Esto trae 10s ecos de la idea anunciada por Simpson: el progreso de 10s organismes a 10 largo de la filogenia está ligado a la capacidad de almacenar y procesar información relativa a la explotación de las posibilidades del medio ambiente físico, ecológico y social. El peso de 10 innato en el hombre es muy leve frente al del aprendizaje. El núcleo genético de 10s diversos comportamientos, allí donde pueda establecerse, ejerce una influencia tamizada por todas las mediaciones adquirida~ gracias a 10s aprendizajes que cada cultura fomenta. Es seguro que, en el momento actual, nadie se arriesgará a afectar con coeficientes de ponderación 10s supuestos factores genéticos o medioambientales que podrían contribuir a rasgos del comportamiento humano. No parece que 10s determinismos genéticos nos azoten a consecuencia de 10s azares que la biologia de poblaciones pueda descubrir en forma de recornbinaciones o derivadas genéticas en nuestro pasado histórico o prehistórico. Más que por estas especulaciones, quizás estén justificados 10s denuestos contra la sociobiología porque suministra bases ideológicas a las políticas eugénicas. Pero, ¿no se pasa quizá por alto que la ingeniería genética va a ir irremisiblemente descubriendo las técnicas que permitan llevarlas a cabo? En exergo de su célebre novela Brave New World, Aldous Huxley ha transcrit0 esta frase de Berdiaef: c... Las utopias son realizables, la vida marcha hacia las utopías. Puede que comience un siglo nuevo en que 10s intelectuales y la clase cultivada soñarán en 10s medios de evitar las utopías y de tornar a una sociedad no utópica, menos "perfecta" y más Ebre.>> La frase es premonitoria y frente a su patetismo ya no nos queda ni siquiera la certidumbre de que 10s intelectuales o 10s científicos (mucho menos las alases cultivadas>>) estén dispuestos a enderezar el rumbo que ha tomado la sociedad industrial en 10s años finales del siglo xx. 5. ECOLOGIA Y ANTROPOLOGIA Mucho antes de que el término <(ecologia>> fuese acuñado por E. Haeckel, el enfoque que hoy denominamos <~ecolÓgico~ tenía.carta de naturaleza. Era ya frecuente, por parte de 10s naturalistas y de 10s geógrafos del si-
I Biologia y Ciencias humanas glo XIX trascender el estudio del organisme como ente autónomo para considerarlo a la luz de sus transac:ciones con el entorno físico y orgánico. La expresión <(economia de la naturaleza)>, en vigor en 10s siglos XVIII y xrx, es la que traduce esta preocupación por las relaciones entre las diversas formas de vida y el marco natural en que se desarrollan. Incluso nos quedaríarnos cortos si fechamos tal intuición en estos siglos: ya 10s naturalistas de la antigiiedad eran sabedores de la complejidad que preside toda manifestación vital; más bien se trlata de que la conexión entre 10s procesos orgánicos y las condiciones medioambientales se va explicitando y haciéndose mis sistemática en 10s siglos XVIII y XIX. Ello es patente, por ejemplo, en el célebre naturalista y geógrafo alemán Alexander von Humboldt. Hay en sus escritos una conciencia clara de las reciprocas influencias que 10s organismos ejercen entre sí y de las relaciones convergentes entre distintas formas de vida y parámetros medioambientales. Las condiciones físicas pueden determinar la distribución de una especie dada pero, al rnismo tiempo, una especie puede modificar (y de hecho modifica) su medio ambiente. Von Humboldt no excluye al ser humano de estas consideraciones <tecolÓgicas)>; para 61 empieza a ser evidente que nuestra especie no sóo está influida, incluso moldeada:, por el entorno geográfico sino que se ha convertido en agente de transformación medioambiental. Esta concepción (que hoy calificariamos de cibernética) sobre las profundas interrelaciones entre o~rganismo y entorno, era un prerrequisito indispensable para una teoria coherente de la evolución de las especies. Darwin probablemente bebió su inspiración en Lyell quien, como hemos señalado anteriormente, tenía unas ideas muy claras sobre el tema. En el capitulo I11 de su The Origin of Species, Darwin sitúa la ducha por la existencian en un escenari0 gerluinamente ecológico. Allí constata que <(la estructura de cada ser orgánico está relacionada de forma esencial aunque muy a menudo oculta, a la de 10s otros seres orgánicos con 10s que entra en competición ya sea por el alimento o por el sitio de residencia; a la de aquellos que ha de rehuir o que constituyen su presa>>. Líneas más arriba ha aludido a la <(compleja red de relaciones que liga a plantas y animales conjuntamente*P5 Los estudios <~ecolÓgicosn de finales del siglo XIX fueron obra más bien de geógrafos que de naturalistas. El aspecto que les retiene es la distribución territorial de plantas y animales. Pero paulatinamente se acrecienta e1 número de biogeógrafos que se interesaban por la clinámica y 10s determinantes de las distribuciones observadas. Es en esta coyuntura que Haeckel recoge y consagra con su neo1ol;ismo -oecologiaesa preocupación de la 65. Ch. Darwin. The Origin ..., pp. 127 y 131 resp.
uPapers),: R'evista de Sociologia vieja <(economia de la naturaleza)> por 10s intercambios y mutua dependencia de 10s organismos que comparten un área geográfica, por 10 que Darwin llamó <(la urdimbre de la vidan; y, al hacerlo, sitda su ecologia en una perspectiva que ya engloba las recién nacidas ideas evolucionistas. Existia ya por esa época una cantidad respetable de estudios descriptivos sobre modos de relación peculiares entre 10s organismos y el medio ambiente. Por definición, la ecologia estudiaba colectividades de plantas y animales que constituian poblaciones (grupos de individuos de una especie) y comunidades (conjunt0 de poblaciones que viven en un hábitat determinado). Para muchos ecólogos la comunidad aparecia como una especie de <tsuperorganismos donde el individuo de una especie tiene una función similar a la de una célula en un Órgano. Una población o grup0 de individuos es, entonces, comparable a un Órgano, y la comunidad, al organismo entero. Esta metáfora sirvió de frontispicio a una teoria globalizante (que ha pervivido hasta nuestros días) sobre la que se han construido muchos estudios de colectividades orgánicas. Prolongando esta analogia, 10s ecólogos, incluso, introdujeron en la comunidad biótica la noción de desarrollo o evolución vital con sus correspondientes fases de infancia, juventud, madurez y vejez. Los tétminos de <ccomunidad clímax)> o aformación climaxn quedaron reservados para la etapa de madurez que representaba el equilibro permanente. La estabilidad de la <tcomunidad clímax)> se ve truncada por 10s cambios medioambientales que son secuela de 10s propios procesos vitales en el seno de la comunidad o de alteraciones del medio ambiente fisico (clima, fenómenos volcánicos, catástrofes, etc.). Los ecólogos no dejan de señalar, ya desde el principio, el irnpacto de las actividades humanas sobre 10s hábitats. Muchos entornos que habian mantenido sistemas de poblaciones de plantas y animales equilibrados iban sufriendo transformaciones en función de necesidades de explotación agrícola o como consecuencia de la revolución industrial. Concretamente, una agricultura intensiva o una concentración en exceso de animales domésticos abocaba al empobrecimiento del suelo o a convertir en desiertos tierras otrora fértiles. Podriamos dar varias citas que reflejan esta preocupación; quizás una de las más representativas sea la que transcribimos a continuación, del geógrafo francés E. Réclus, que nos trae 10s ecos de muchas proclamas ecologista~ de nuestros &as: <(La acción del hombre es una agencia tan poderosa cuando reseca pantanos y lagos, cuando allana obstáculos entre distintos paises y cuando modifica la distribución primitiva de las especies animal y vegetal, que estos hechos adquieren una importancia decisiva en 10s cambios que est6 sufriendo la superficie externa del globo. La acción del hombre puede embe-
Biologia y Ciencias humanas ííecer la tierra, pero puede desfigurarla; las costumbres y condiciones sociales de cualquier nación contribuyen a la degradación o a la exaltación de la naturaleza. El hombre moldea el país que habita a su imagen y semejan~a.n~~ Puesto que la humanidad forma parte de la naturaleza, era lógico que 10s seres humanos fuesen también abordados desde el ángulo ecológico (no s610 el <tecologista)>). Una de las virtualidades de este enfoque era el deparar una plataforma de encuentro entre las ciencias sociales y las ciencias de la naturaleza cuyos modelos formales eran (y siguen siendo) el gran espejismo de 10s científicos humanos. No s610 se trataba de un esfuerzo legitimador comprensible sino tan~bién de lograr una simbiosis prometedora. Dos escuelas importantes que responden a este propósito surgen en el panorama de las ciencias sociales de los años veinte y treinta: la ecologia humana y la ecologia cultural. La ecologia humana de la Escuela de Chicago se dedicó a estudiar el ambiente urbano y sobre todo las relaciones espaciales que se establecfan entre grupos sociales dentro de 10s barrios de la ciudad. La ecologia humana asimiló gran parte de la terminologia propiamente ecológica (invasión, simbiosis, comensalisrno ...). Como decimos, su interés se centró en el uso que del espacio hacian 10s diferentes grupos sociales y las consecuencias del mismo sobre las instituciones, las organizaciones ciudadanas y el comportamiento de sus miembros. Se pensaba que muchos de 10s problemas sociales sobrevenían como consecuencia de alteraciones en el uso del espacio (ocupaciones sucesivas de un ámbito, ambigiiedad en las delirnitaciones, invasión de espacios de unos grupos por otros ...). La ecologia humana de Chicago se ciñó en exceso a 10s problemas de distribución espacial y el10 empequeñeció su horizonte. Se le achacó no hacer ecología sino simplemente geografia humana descriptiva; el utilizar 10s conceptos ecológicos laxamente, a la manera de analogias, y que la reducción que hacía del ambiente fisico a la ctfricción del espacio)> vaciaba casi sus estudios de contenido ecoMgico. La segunda vertiente, la ecologia cultutal, que también surgió por las mismas fechas, se enderezó hacia el estudio de las sociedades primitivas. Su principal representante, Julian Steward, estableció como premisa primordial del enfoque ecológico la adaptación al medio ambiente. Los fenómenos y el cambio cultural deberían articularse sobre esta noción básica. Concretamente, las técnicas de: explotación y de producción deberían estar 66. Rbclus, E. The ocean, atmosphere and life. En R. Peet (ed.). Radical Geugraphy. Methuen, 1, 1977, p. 59.
aPapersn: Revista de Sociologia en estrecha correlación con las caracteristicas del medio ambiente. La flora, la fauna y, en general, 10s recursos de un área determinan el tip0 de subsistencia de una sociedad humana. Los beduinos del desierto, 10s esquimales del Artico, 10s habitantes del Valle del Ni10 han puesto en obra ciertas técnicas de explotación sui generis y, en parte, se han derivado de ahi estilos de organización social. Ahora bien, aunque el comportamiento cultural y social cristaliza en torno a la tecnologia, no est6 determinado por ella. El comportamiento social está modulado por el medio ambiente natural y sobre todo por el entorno social humano. Dentro de la ecologia de 10s años treinta se detecta una preocupación que poc0 a poc0 sube de tono por el abuso de la metáfora orgánica. Del recurso analógico al concepto de organismo se va derivando hacia un organicismo reificante que acabó provocando un rechazo general y que desprestigi6 a la ecologia en todas sus vertientes. El concepto de ecosistema, adoptado por primera vez por sir Arthur Stanley en 1935, pareció deparar una via de salida al impasse en que estaba confinada la ecologia a consecuencia de su organicismo a ultranza. Inspirado en el modelo fisico termodinámico, este concepto se formuló en términos de sistema y de energia convirtiéndose en el principio rector de la ecologia moderna. El ecosistema integra en un todo funcional a 10s organismos y sus hábitats junto con la materia inorgánica omnipresente. El sistema funciona a partir de la energia procedente de la luz solar; esta energia transforma (siempre de acuerdo con las leyes de la termodinámica) las sustancias inorgánicas gracias a la acción de organismos denominados productores (fotosíntesis); estos últimos forman la base alimenticia de otros organismos consumidores. Entre 10s primeros y 10s últimos se establecen unas relaciones de dependencia en cascada que reciben el nombre de cadenas tróficas. Como apuntaremos en seguida, en la ecologia contemporánea el flujo de energia a través del ecosistema se analiza en términos de entrada de energia y de su transformación en un sistema de producción. Los paralelos existentes entre este flujo energético y el flujo monetari0 dentro del sistema económico atrajeron desde siempre la atención de 10s especialistas; de hecho es esta analogia fundamental la que se recoge en la antigua expresión de <{la economía de la naturaleza~.~' 67. Quizá venga a cuento citar aquí a M. Ghiselin cuando dice: <(La economia y la biología tienen mucho que aprender la una de la otra y comparten una amplia zona común de intercambio interdisciplinar. En la medida en que la biología trata de la vida animal y vegetal, debería reconocérsela como una rama del saber que se ocupa de 10s procesos econ6micos (independientemente de si son o no obra del hombre), y cuyo interés se centra en 10s fenómenos de competición que subyacen en todas las economias. Así, pues, propongo que se reconozca un cuerpo de conocimientos que se llama economia natural (biología) en conexión con una economia politica (ciencias
Biologfa y Ciencias hurnanas En filiación directa con estas primeras formulaciones de la antropologia cultural está la actual antropologia ecológica de corte netamente evolucionista. El principio general de la adaptación se aplica, dentro de esta perspectiva, a la optimización de las estrategias para conseguir alimento y al rendimiento calórico del mismo. Concretamente establece que cualquier animal (y, en particular, el hombre de las sociedades de cazadores-recolectores) trata de obtener un nivel y una calidad de sustento que le deparen un máximo bienestar individual (fitness). No todos están de acuerdo con estos postulados y ciertamente circunscribir (aunque sea a efectos heurístiCOS) la adaptación al rendimiento energético alimenticio da pie a buen número de objeciones teóricas y de contraejemplos empiricos, pero también hay que reconocer que ha resultado una fórmula esclarecedora en muchos casos. En concreto, las incógnitas que aqui se trata de resolver son del tip0 siguiente: qué es 10 que determina el tip0 de dieta alimenticia y cómo esto incide en el tamaño del grupo; cómo la distribución espacial de 10s recursos incide en las pautas sociales y, particularmente, en el grado de nomadismo/sedentarismo; la misma cuestión con respecto a 10s ciclos de la naturaleza (según zonas climáticas) y pautas de relación intergrupales. Esta línea de razonamiento lleva a plantear hipótesis muy concretas cuya comprobación se lleva a cabo el1 grupos humanos especificos mediante observaciones y mediciones adecuadas. Por ejemplo, el rendimiento energético de un tip0 de alimentación exigir6 evaluar no s610 las calorias que produce sino también el tiempo que se jnvierte en localizarlo y en recogerlo o capturarlo. Al mismo tiempo se proponen distintas fórmulas para cuantificar este rendimiento y que permiten interesantes comparaciones. (Véase en este mismo número 10s artículos de Valdés y Martinez Alier.) Una de las objeciones que se ha hecho a este enfoque es que no se trata aqui de adaptación darwiniana en sentido estricto puesto que en el hombre (y en animales superiores también) la búsqueda de alimento integra una enorme panoplia de pautas, todas ellas aprendidas y no genéticamente programadas. Sin embargo, dentro de la perspectiva que considera la complementariedad de las adaptaciones, las genéticas y las culturales, es perfectamente licito aceptar que el aprendizaje, en su sentido pristino de modificación adaptativa del coniportamiento como fruto de la experiencia, ha de llevar, con una gran probabilidad, a adoptar aquellos regímenes alimenticios que contribu~an a una mayor (cuando no máxima) supervivencia y éxito reproductor. Como se ve, esta línea de indagación dentro de la antropologia ecolóecon6micas) y que ambas sean ramas de 10 que podriamos llamar la economía general*. (Ghiselin, M. The economy of the body. Am. Econ. Rev., 1978, 68, 233-237).
ctPapers,: Revista de Sociologia gica ha heredado el mismo interés de 10s cultivadores de la ecologia humana del primer tercio de siglo por la aplicación de 10s modelos formales (ahora de índole energética) y traspone de forma bastante estricta 10s principios de la ecologia evolucionista a la conducta humana. (Véase en el apéndice bibliográfico <{Cinc0 estudios ecolÓgicos~>.) En una dirección bastante distinta se mueven actualmente 10s que cultivan la sociología y la psicologia .medioambiental. Es evidente que cuando se trata --como en estas disciplinasde analizar, por ejemplo, el impacto del diseño urbano o del hábitat sobre el comportamiento del hombre de ciudad nos vemos forzados a recurrir a métodos de recogida de datos y selección de variables que tienen poc0 o nada que ver con las consideraciones de rendimiento alimenticio típicas de una economia de subsistencia. Esto nos confirma algo que, al margen de las numerosas investigaciones puntuales, era patente y es que la perspectiva ecológica es algo tan vasto que bajo esa etiqueta se cobijan estudios de 10 mis dispares. La razón última no es otra que la enorme extensión lógica del concepto icmedio ambiente>>. Puesto que no parece actualmente posible introducir una ordenación o clasificación en el inmenso acervo de variables que ahi dentro tienen cabida, las distintas disciplinas académicas 10 han fragmentado de acuerdo a sus intereses de investigación y a sus metodologias tradicionales. En último análisis no sabemos exactamente en qué consiste un enfoque genuinamente ecolÓgico dentro de las ciencias sociales y humanas. En palabras de un antropólogo: <{No existe un verdadero consenso sobre 10 que constituye un enfoque ecológico. Lo que no impide que tengamos la impresión (la mayoría de las veces errónea) de que estamos frente a una metodologia coherente que se ha desarrollado a impulsos de un conjunt0 bien delimitado de problemas teóricos y práctico~.>>~ Pero hay más aún. Como el enfoque ecológico es relativamente reciente en las ciencias sociales no es raro que vea reducido su papel al del <(convidado de piedra)>. Queremos decir que en buen número de investigaciones aparece como una especie de complemento descriptivo que sirve para sustentar proposiciones provenientes de dominios muy ajenos a la ecologia, no s610 porque no le dan cabida dentro de su marco teórico sino porque seria difícil integrarla dentro de su formulación 'actual. Si esto es cierto vis-h-vis de teorias de <(corto alcanceu, puede uno imaginar el resultado 68. Burnham & Ellen (eds.). Ecological and Social Systems. Cambridge U. P., 1979, p. 1.
Biologia y Ciencias humanas 1 con teorías de <calcance medion (por usar la expresión mertoniana), como son el funcionalisrno y el marxismo. Parece como si se quisiera hacer servir a la ecologia de comodín para suplir las lagunas de que adolecen estas teorias. Nadie pone en tela de juicio que la ec~logía es una fuente de ideas y de interpretaciones renovadoras dentro de las ciencias humanas. Pero otra cosa es que se la quiera hacer servir de conjuro para resolver las contradicciones inherentes a enfoques tan dispares y tan limitados como 10s que, de hecho, presiden tantas y tantas investigaciones de campo. Quizás este recorrido a través del darwinismo, de la etologia, de la sociobiología y de la ecologia con el trasfondo de la genética y comportamiento humano haya parecido asaz prolongado al lector y no fácilmente reducible a unos cuantos aspectos esenciales de 10s que pueda inferir <cel estado de la cuestiónn. Quizá, por eso, desearía que ahora, a la manera de 10s técnicos, le brindásemos algunas conclusiones escuetas acerca del estado en que se halla <cel puente)> que sirve de paso entre las ciencias biológicas y las ciencias sociales. No nos sentimos capaces de ell0 y no, ciertamente, por falta de información sino por la increíble complejidad del tema, como fácilmente adivinará el lector si ha seguido el hi10 del discurso precedente. Si retrocedemos atrás en el tiempo, estamos tentados de hacer nuestra la conclusión que hace poc0 sacaba el antropólogo Washburn en un congreso de San Francisco: <(La biologia no ha hecho más que sembrar la confusión y retardar el desarrollo de las ciencias sociales. El siglo pasado alumbró el evolucionismo, la ortogénesis, el reduccionisme, las analogias biológicas, la homeóstasis, el racismo, el cociente-intelectualismo, el eugenismo y la omnipresente confusión entre causalidad genética y medioambiental. La historia no puede cambiar pero bien puede afirmarse que todo hubiera ido mejor si 10s fundadores de las ciencias sociales jamás hubiesen oído hablar de biología y evolu~iÓn.~>~~ Con todo, y a pesar de 104 tonos tan negros con que Washburn pinta el panorama, 61 mismo reconoce implícitamente que la biología es una pieza esenci,al en el conocimiento global del hombre ya que no es posible estudiar a éste en estratos separados. Quizá hasta ahora 10s científicos (particularmente biólogos) han sido victimas de su impaciencia por unificar campos. Se ha creído que 10s logros espectaculares conseguidos al injertar disciplinas contiguas (bioquímica, físico-química, etc.) 69. Washburn, S. L., art. cit., anota 57, p. 54.