Max Weber y la crisis del sistema de valores liberal
Abstract
Mommsen, Wolfgang J.
Full text
MAX WEBER Y LA CRISIS DEL SISTEMA DE VA'LORES LIBERAL Wolfgang J. Mommsen (Universidad de Cdonia) En el transcurs0 de una polémica con Heidegger, Karl Jaspers habl6 una va de 10s grandes problemas de trascendencia mundial de Max Weber que, en la medida en que reciben solución parcial por la investigación concreta de tip0 critico, se transforman en problemas cada vez mayores e irresolubles.' Lo que Jaspers dijo aquí sobre la obra filosófica y sociológica de Weber, a saber, que en el proceso de investigación concreta alcanza 10s limites del conocimiento, y que con la solución empírica parcial de 10s problemas existentes plantea nuevos problemas incomparablemente máls difíciles, es algo que también puede decirse del pensamiento politico de Max Weber. Sus preguntas incisivas alcanzaban constantemente 10s limites de las posiciones politicas que él consideraba correctas y ponían al descubierto, en la situación marginal, el conflicte irresoluble entre 10s ideales alternativos de valores. Vamos a estudiar con mis detalle este fenómeno, en el campo especifico de su pensamiento político; en concreto: su actitud de principio frente a la democracia liberal. 1. Karl Jaspers, Notizen zu Martin Heidegger, publ. por E. Sauer, Basel, 1977, p. 215. Papers: Revista de Sociologia 15 (1981)
Desde el punto de vista político Max Weber seguia la tradici6n del nacional-liberalismo alemán de la $oca posterior a Bismarck. Sin embargo, ya en una época muy temprana comenz6 a formar parte del ala izquierda del liberalismo y a interesarse por aquellos fi16sofos demanes que antes de principios de siglo exigieron, consecuentemente, la parlamentarizaci6n del Imperio alemán. Sin embargo, su defensa de una liberalizaci6n de la sociedad alemana iba unida a un nacionalisme apasionado que hacia 1880 se asociaba al reconocimiento de una decidida política alemana a nivel internaci~nal.~ Dentro del ámbito de la política alemana de su 6pm cabe calificar a Max Weber como representante de aquel imperialisme cultural que se puso de moda desde finales de 10s aiios noventa en 10s círculos intelectuales alemanes y, especialmente entre 10s catedráticos. Es difícil contestar a la pregunta acerca de hasta qué punto eran auténticas sus convicciones liberales o si s610 constitufan un medio para reforzar la unidad del Estado nacional de poder. Sin embargo, es indudable que para él personalmente el fortalecimiento del liberalismo alemán s610 parecía imaginable en unión con una fuerte política imperialista nacional. Algunos autores más jóvenes como por ejemplo Jürgen Kocka, David Beetham o Anthony Giddens objetaron frente a semejante interpretación que Max Weber, aunque habiendo hecho considerables concesiones en este punto al espíritu imperante en la época era, en el fondo, un liberal convencido y que, frente a ello, su opinión nacionalista pasaba a un segundo plano.3 En nuestra 2. Cf. Wolfgang J. Mommsen, Max Weber und die deutsche Politik, 1890-1920, Tübiigen 1974', p. 13 y SS. 3. Jiirgen Kocka, Kontroversen iiber Max Weber, en NPL, año XXI/1976, p. 282 y SS., especialmente p. 295 y SS. Delimitando las interpretaciones mis antiguas del autor, Kocka pone de relieve el peso de ctlos elementos racionales y esc la re ce do res^ en el pensamiento de Weber como elementos ampliamente dominantes y llega a la conclusión siguiente: <(Si tomamos en serio la orientación weberiana sobre la base de esos valores Meta nos está prohibido suponer que su defensa de la opinión pública y de la emancipación burguesa, del parlamentarismo y de la democratización s610 haya sido un medio para alcanzar el objetivo de 10s kxitos nacionales y de estado de poder ... w Siarmente, Anchony Giddens, Politics and Sociology in the Thought of Max Weber,
apapers*: Revista de Sociologia opinión las propias manifestaciones de Max Weber acerca del problema de la relación entre 10s ideales liberales y nacionales no permiten fácilmente esta clase de interpretación, sino que en este punto se manifiesta un conflicto aporético en el propio pensamiento de Weber; conaicto que ha de tomarse en serio y que ha de estudiarse mis a fondo. Aquí se nos descubre una de esas zonas marginales de su penlsamiento en la que saltan a la vista de forma exagerada 10s conflictos entre posiciones alternativas de valores y en la que, a la vez, se perfilan claramente 10s problemas planteados por su teoria política. En diversas ocasiones Max Weber manifest6 expresamente que en su propia escala de valores prevalecía sin duda alguna la idea nacional frente a cuestiones de un orden constitucional liberal: <tLos argumentos aducidos no tienen efecto sobre aquél para el cua1 las tareas históricas de la nación alemana no predominan por principio por encima de todas las cuestiones de su forma de Estado o sobre aquel que por principio ve desde otro ángulo esas tareas.)> En otro pasaje hizo declaraciones mucho más tajantes en este contexto, a saber: <(Para el signatario, la "democracia" nunca ha sido un íin en si mismo. La posibilidad de una política nacional objetiva de una Alemania fuerte, unificada de cara al exterior, es la que le ha interesado y sigue interesando exclusivamente.>> En consecuencia, no están indicados 10s compromisos fáciles. Hemos de partir más bien del hecho de que Weber ha sido tanto un nacionalista como también un liberal, y eso aunque arnbas posiciones no sean perfectamente compatibles. Aquí nos encontramos más bien con una dicotomia dentro de su pensamiento politic0 que no puede resolverse por la via del compromiso, sino que más bien s610 puede resolverse dentro del marco de una interpretación sistemática. El conflicto que se ROS presenta aquí entre dos sistemas diferentes de valores nos parece sintomático de un rasgo fundamental del pensamiento politico de Max Weber. B1 siempre llevó a 10s limites de 10 posible, en un momento dado, la racionalización de determinadas posiciones a la London 1972, p. 55 y SS., y David Beetham, Max Weber and the Theory of Modern Politics, London 1974, p. 113 y SS. y passirn. Cf. también la interpretación de Gerhard Hufnagel, que ha elegido al ctcritico, Weber como foc0 de su relación y que argumenta que el ctcrítico que desea luchar en contra de la corriente del tiempo "debe" sumergirse totalmente en 61~. Crítica como profesión. Der kritische Gehalt im Werk Mux Webers, Frankfurt 1971, p. 102 y ss. 4. Gesarnmelte politische Schriften, Tiibingen 19713, p. 306. 5. Das PreuPische Wahlrecht, en Europaische Stuatsund Wirtschaftszeitung, núm. 16, 1917. (Este texto, desconocido hasta ahora, no está incluido en la obra política completa.)
Max Weber y la crisis del sistema de valores liberal luz de determinados ideales finales, como en este caso, por un lado, el ideal de un Estado nacional alemán fuerte y, por otro, el ideal de un orden social liberal. De esta forma puso agudamente en evidencia aquellos conflictos de valores fundamentales y antinómicos que normalmente quedan cubiertos por compromisos cotidianos fácile~.~ Esto es especialmente cierto en la doctrina de 10s valores liberales clásicos. En el propio pensamiento polític0 de Weber, con su exageración personal y extrema de las posiciones alternativas, se manifiestan a titulo representativo las diferencias y contradicciones dentro del sistema clásico y liberal de valores, cuando éste se ve confrontado con las condiciones de una sociedad industrial avanzada. En las dicotomías y antinomias en las que desemboca finalmente su teoria política se refleja a la vez la crisis del liberalismo en una época de transformación de la sociedad burguesa en sociedad de ma~as.~ A continuación vamos a tratar de esclarecer, sobre la base de una serie de ámbitos objetivos, las tensiones y aporias que se presentan en la filosofia de 10s valores políticos de Max Weber en la medida en que 10s ideales de valores en juego han alcanzado la zona límite de su valida. En primer lugar, estudiemos con más detalle el problema de por quC Weber pudo ser a la vez un liberal decidido y un nacionalista rígido que consideraba absolutamente necesaria una política internacional fuerte para el Imperio alemán, que en caso necesario no retrocediera ante una guerra. A la luz actual parece quedar claro que ambos ideales se contradecían, dado que el principio de la <tautodeterminación democrática>> es apenas compatible con una política internacional que persigue el establecimiento 6. Aquí coincidimos con Lepsius, quien parte de la base de las aparentes incompatibilidades en la posición política de Weber y manifiesta que ellas están relacionadas con la peculiaridad de su método sociológico. Dice: aSu investigación social comparativa de 10s distintos sistemas de dominio le llevó a comprender que no existen órdenes ideales y que, en consecuencia, sean susceptibles de institucionalizarse a largo plazo para 10s intereses cambiantes y que tampoc0 existe una jerarquia deducible de 10s últimos objetivos y valores ... D El debate sobre la sociologia de Weber sucumbe <(con demasiada facilidad a la tentación de aislar su reconocimiento de 10s valores del contexto de su doctrina comparativa de las instituciones y de descuidar las antinomias entre racionalidad formal y material, entre racionalidad de valores y de objetivos, que constantemente realzón. Dice que Weber estaba realmente interesado en sdramatizar estas antinomias, (Max Weber in München, en Zeitschrijt fur Soziologie, año 6, 1977, p. 114). A continuación intentaremos poner de relieve precisamente esas antinornias en el ámbito politico. Sin embargo, nos diferenciamos de Lepsius en el sentido de que para nosotros la estructura antinómica de su pensamiento llega a penetrar hasta en su propio mundo, su propia vida, e.d., que no s610 tiene condicionantes metodológicos. 7. Cf. también el intento de interpretación del autor <(A Liberal in Despair,, en: el mismo autor, The Age oj Bureaucracy. Perspectives on the Political Sociology of Max Weber, Oxford 1974, p. 95 y SS.
<<Papers*: Revista de Sociologia de una hegemonía del Imperio alemán en el continente europeo frente a las naciones más pequeñas. Hay buenas razones para suponer que Max Weber defendió un imperialismo alemán fuerte, en primer lugar, por razones tácticas, es decir, que en la inauguración de un imperialismo alemán 61 veia un medio para alcanzar una liberalización substancial de la sociedad alemana. Weber propagó la idea liberal en cierto modo para derrotar a 10s conservadores con sus propias armas. Una política imperialista consecuente condicionaba, a la vez, una opción a favor del Estado industrializado. Sin embargo, esto se oponia de forma indirecta a la supremada de 10s conservadores agrarios en el Estado y la sociedad. Una política internacional racional exigia a la vez la modernización de la sociedad demana, por un lado, para poner a disposición 10s recursos materiales necesarios y, por otro, para permitir la nledida necesaria de unidad interna de la nación. En este sentido la idea imperialista puede considerarse como una especie de ideologia de emancipación dirigida en contra del predomini0 de la aristocracia prusiana en la sociedad alemana y que favoreció una liberalizaci6n del sistema político. Además el liberalisme volvería a obtener, de esta forma, un contenido nuevo y positivo y, como base de un gran programa encaminado al futuro, iba a alcanzar un nuevo auge. Pero prescindiendo de estos puntos de vista que son, principalmente, de tip0 táctico y que permitieron a Weber propagar una política imperialista siendo liberal, Weber fue imperialista por convicción. Aunque, en última instancia, esto apenas fue compatible con 10s ideales liberales, no hay que perder de vista que no s610 defendió una política de este tip0 por consideraciones tácticas. En su opinión el Imperio alemán tenia prácticamente la obligación, en una época de conflictes imperialistas, de poder, de actuar como potencia mundial aunque s610 fuera para asegurar a la cultura demana un lugar en el globo terrestre para 10s siglos venideros. Aunque Weber fomentara de forma activa, en un determinado momento del afio 1911, una política de avenencia internacional, obviamente no retrocedió ante la idea de una gran guerra europea en la medida en que esta demostrara ser inevitable en el transcurs0 de una fuerte política internacional demana. Sin embargo, las circunstancias concretas bajo las cuales estalló halmente la Primera Guerra Mundial le preocupaban profundamente. Aun así, no vaciló en justificar apasionadamente, sobre una base histórico-universal, 10s esfuerzos demanes por prepararse para la guerra, a saber: ctTeníamos que ser un Estado imperialista y para participar en la drcisión relativa al futuro de la Tierra teníamos que correr el riesgo de esta guerra.)> A la vista de la documentación existente es irrefutable la conclu8. Gesarnmelte politische Schriften, p. 176.
sión de que una política imperialista activa de Alemania fue para Weber más que una mera estrategia hábil para aportar una nueva vitalidad al liberalismo alemán. Por otro Ido su apasionada defensa de las reformas liberales internas como contrapartida necesaria a una política internacional fuerte, no fue de forma alguna un mero medio táctico para acrecentar el poder del Estado nacional alemán, aunque en muchas ocasiones se expresara de una forma que permitía llegar a esta conclusión. De hecho no se puede contestar inequívocamente a la pregunta sobre cuál de las dos jerarquías de valores prevalecía en 61, si la nacional o la liberal. Hemos de partir más bien de la base de que aquí en su pensamiento se perfila una dicotomia de principio que no puede eliminarse mediante unas simples interpretaciones. De Weber se puede decir, en general, que despreciaba directamente 10s compromisos fáciles o las soluciones intermedias. Por mucho que reconociera, en principio, las soluciones pragmáticas en la política, no les concedia validez para 10s conflictos básicos de valores. En repetidas ocasiones puso de relieve que el destino inevitable del hombre modern0 era equilibrar en su propio corazón, simultáneamente, las diferentes ideas y valores conflictivos. En nuestra opinión esto es especialmente cierto de su actitud polltica en la situación de 1914 que fue, a la vez, la de un liberal convencido y la de un nacionalista alemán. Es posible, sin embargo, reducir a una premisa conjunta de tip0 fundamental estas dos posiciones, aparentemente difíciles de conciliar. Weber partia de la base de que en una sociedad amenazada en sus elementos principales por 10s procesos universales de la burocratización y racionalización de todos sus campos vitales era necesario alcanzar un máximo de dinamismo en todos 10s planos de la vida social o de fomentar este dinamismo por todos 10s medios a disposición. En cierta forma Weber quería ver conservado 10 más ilimitadarnente posible, incluso bajo las condiciones de una sociedad industrial de masas de la época, el principio clásico de la competencia, es decir, la lucha en defensa de intereses, ora ideales ora materiales, por parte de distintos grupos e individuos de la sociedd dentro de un marco legal mis o menos preestablecido. A ell0 correspondia su exigencia de una liberalización del sistema constitucional en el interior junto con una liberalizacicin simultánea de la actividad espontánea de 10s grupos y asdaciones dentro del sistema social; en una estructura, dentro de 10 posible, pluralista de la sociedad, con un máximo de margen para 10s partidos políticos, donde 10s grupos y las comunidades de intereses puedan luchar por sus respectives intereses parciales, Weber vela, en consecuencia, una condición esencial para la conservación del orden liberal. Esta opinión tuvo su concepto análogo en el ámbito de las relaciones in-
ctPapers~: Revista de Sociologia ternacionales. Por consiguiente, en principio Weber estaba a favor de un sistema internacional en el cual una pluralidad de Estadss nacionales fuertes estuvieran en constante rivalidad. El rearme militar redproco de 10s grandes Estados le pareció un efecto secundario lamentable pero inevitable de esta situación de por si bable. Cuando después de estallar la Primera Guerra Mundial 61 comenzó a ver claramente que había terminado la época del Estado nacional autónomo y que, por el contrario, el lugar de una multiplicidad de Estados nacionales soberanos de distinto rango iba a ser ocupado por una mayoria de poderes hegemónicos, desea el establecimiento de una hegemonia alemana en Europa sobre todo para asegurar a 10s Estados nacionales del ámbito cultural centroeuropeo su propio lugar seguro dentro del sistema futuro de potencias mundiales en evolución. La pluralidad de las estructuras imperialistas y la conservación de un sistema de poder en el cua1 10s distintos sistemas pditicos y sociales se encontraban en una rivalidad conlstante pareció, en consecuencia, ser también una condición previa para la conservación de un máximo de pluralismo y dinamismo dentro de la sociedad europea e incluso dentro de la sociedad mundial. En este sentido encontramos aquí una conexión entre la defensa que Weber hace a favor de un imperialismo alemán, aunque comparativamente moderado, y sus ideales liberales. Esta conexión parece suprimir parcialmente la dicotomia antes citada entre ambas posiciones. La competencia de las potencias en el sistema internacional y las tensiones entre 10s distintos órdenes y estructuras sociales no sólo suponían una amenaza para la paz, sino que también tenían su aspecto positivo, aunque Weber lamentaba personalmente el que, sobre todo, 10s Estados europeos se víeran obligados a invertir una parte importante de su producto social en armamento relativamente irnproductivo. Lo que se puede observar en el campo de las opiniones políticas cotidianas de Weber, también puede aducirse del modelo de constitución por é1 defendido, modelo que sirve asimismo de base para sus propuestas concretas sobre la reforma de la constitución alemana y para lsus declaraciones teóricas sobre la esencia de la democracia y del orden liberal. Max Weber estaba convencido de que bajo las condiciones sociales que se habían desarrollado en las sociedades industrializadas avanzadas de Occidente los ideales liberales clásicos habían perdido ampliamente su fuerza informativa concreta, en todo caso al menos su carácter inequivoco. Para 61 10s derechos fundamentales liberales se habian transformado en algo natural o en fórmulas vacias que como tales no ofrecian ninguna orientación concreta, a pesar de que no se podia prescindir de ellos, como tampoc0 se
podía prescindir del pan de cada dia? De acuerdo con ello, según Weber, una renovación del liberalismo no podía remontarse sencillamente a las doctrina~ liberales clásicas, sino que debía volver a interpretar dichas doctrinas en relación con las circunstancias sociales concretas en las sociedades industrializadas del capitalismo tardío. Muchos elementos de la doctrina liberal ortodoxa, como por ejemplo el postulado de la autodeterminación del individuo, le parecían haber perdido casi toda su importancia bajo las condiciones existentes en una sociedad industrializada desarrollada. ~Acaso el principio de la autodeterminación debía extenderse por ejemplo al lugar de trabajo del individuo en la industria moderna? Obviamente no. Con la modiíicación de las condiciones sociales como conlsecuencia del establecimiento del alto capitalismo se perfilaron asimismo modificaciones fundamentales en el carácter de 10s procesos de toma de decisión y en las clases de formación de voluntad dentro de 10s sistemals liberales, hecho que Weber reconoció claramente. Con el desarrollo de la democracia plebiscitaria, unido al establecimiento de las modernas y burocrdticas organizaciones de partidos, cambiaron fundamentalmente las condiciones bajo las cuales el individuo podia ejercer una influencia activa sobre 10s acontecimientos políticos y con el10 cambiaron las condiciones básicas de una política democrática en sí. En consecuencia, la concepción de Max Weber de la democracia parlamentaria tiene poco en común con las creaciones tradicionales y fundamentales de dominio democrático que desde Rousseau habían formado parte de la herencia de Occidente. No es fácil reconstruir de forma precisa la posición que tenderlamos a llamar <(liberal tardia)> de Max Weber. No puede haber lugar a dudas de que 61, de acuerdo con la tradición liberal, partió de la base de que toda sociedad libre debía estar construida en principio de tal forma que cada uno de sns ciudadanos tuviera un máximo de autodeterminación y, en consecuencia, también participación en todas las decisiones políticas. Naturalmente Weber consideró que ésta era una exigencia que, en las condiciones del momento, había perdido casi todo su contenido concreto. É1 consideró que era casi ingenu0 creer que bajo condiciones de la época el pueblo en su totalidad iba a estar en situación de decidir acerca de su propio destino politico en unas eleccimes libres. Lo Único que en su opinión caracteriza a la democracia constitucional frente a otras formas de gobierno es el hecho de que ésta practica un sistema de elección formal y libre de 10s Iíderes, es decir, que el pueblo mismo decide cuáles han de ser sus <tdueños y sefiores)>, mientras que en otros sistemas la selección de 10s líderes políticos la rea9. Un reconocimiento parcial de la posición dicotómica que se vislumbra aquí se encuentra ya en Giddens, p. 58, casi en contra de la voluntad de este.
<(Papers)>: Revista de Sociologia liza siempre una éiite más o menos cerrada. En una ocasión Max Weber expresó muy tajantemente frente a Robert Michels 10 siguiente: a... iAy cuánta resignación tendrá que soportar usted aún! Los conceptos como "voluntad del pueblo", "verdadera voluntad del pueblo", etc., han dejado de existir para mi desde hace tiempo. Son ficciones.)> l0 Dicho en otras palabras, la fundamentación juridico-natural clásica del sistema democrático significaba poco para Weber. En opinión de Weber la democracia constitucional se diferencia de las otras formas de gobierno s610 por el hecho de que el pueblo está en situación de elegir sus lideres de forma libre y formal, lideres que parecen ser mis capaces que otros para defender 10s intereses y objetivos propios del pueblo. Sin embargo, en su opinión y desde la perspectiva del individuo de la gran masa esto cambia poco o nada en relación con el carácter de dominio incluso de la democracia. E1 consideraba <tutÓpica toda idea de eliminar el dominio del hombre sobre el hombre por medio de cualquier sistema social, por muy socialista que fuera, por medio de una democracia, por muy desarrolladas que fueran sus formas)>." De hecho e1 concepto de Weber de la democracia parlamentaria tiene poco en común con aquellos principios básicos, juridico-naturales y fundamentalistas que nosotros asociamos en general a la democracia parlamentaria. Aquí se pueden reconocer mis bien dos posiciones en tensión recíproca constante que Max Weber, con implacabilidad intelectual, llevó respectivamente hasta 10s limites de lo imaginable. Por un lado el principio de la autodeterminación del individuo que en última instancia se deduce del valor fundamental de la dignidad del ser humano, que como persona jamás debería estar sometido a determinación ajena, sino que debería actuar sobre la base de una propia iniciativa libre. Por otra parte es el reconocimiento de que tdas las condiciones sociales son, en última instancia, condiciones de dominio y de que incluso las distintas variantes de 10s sistemas democráticos no pueden suprimir en principio el dominio, es decir, la determinación ajena de individuos, sino que en el mejor de 10s casos pueden crear las condiciones Óptimas para que el margen de libertad para la propia iniciativa del individuo est6 sometido a un minimo de limitaciones. En cierta forma es la tensión entre estos dos principios fundamentales, a saber, el principio de la libre autodeterminación del individuo como condición formal para la posibilidad de la iibertad en sí y el principio del dominio como condición material para crear y conservar un orden 10. Carta a Robert Michels del 4 de agosto de 1908, Fondazione Luigi Einaudi, Turin. Citado en Mommsen, Max Weber, p. 421. 11. Ibidem ... Citado en Mommsen, Max Weber, p. 421.
I Max Weber y la crisis del sistema de valores liberal do con el principio de la racionalidad formal, amenazaba con conducir a una deshumanización del mundo del trabajo y que favorecía el desplazamiento de la personalidad de la vida social. Pronto reconoció, sin embargo, que la alternativa ofrecida por Marx, es decir, la socialización de 10s medios de producción como panacea en contra de la subyugación especialmente de la clase obrera, era un lsucedáneo de solución, ya que ello s610 llevaria a intercambiar la élite que domina y dispone de 10s medios de producción por una nueva élite burocrática, sin modificar, en absoluto, la situación de la clase obrera como tal. Por 10 demás, ello empeoraria aún más las cosas, dado que por un lado la lucha de clases continuaria en condiciones mucho menos favorables para la clase obrera. Esta clase obrera tendría que enfrentarse en ese caso a un únic0 oponente, la burocracia monolítica, mientras que hasta entonces podia contar con el apoyo de la burocracia estatal en el caso de exigencias extremadas por parte del empresariado. En segundo lugar, y esto fue decisivo para el análisis que Weber hizo de la situación, se reforzaría enormemente la tendencia ya existente de por si hacia la burocratización. Además el sistema industrial moderno no podia prescindir en absoluto de la iniciativa y actividad de empresarios individuales de tipo privado." Weber estaba convencido de que el capitalismo, que había entrado en su fase de madura, ya no requeria esa fuerza motriz específicamente individualista a la que debia su origen, sino que obligaba a un determinado modo de vida y no importaba si 10s afectados 10 querían o no. <(El puritan0 quiso ser profesional, nosotros 10 hemos de ser.)> 25 El sistema capitalista evolucionado desarrolla, según Weber, un creciente poder mecánico que se transforma, en última instancia, en un <(poder ineludible sobre el hombre, como nunca antes en la historia)> y que obliga a una forma de vida que ya no concuerda con 10s ideales clásicos de la libertad y espontaneidad individuales. Esta espontaneidad creativa del individuo puede conservarse a 10 sumo en la esfera privada. Estos pronósticos sombrios, en parte incluso apocalípticos, 10s basaba Weber también a la vez en análisis muy precisos del modelo fundamental de una organización capitalista de la economia y de la sociedad. En este contexto se basaba ampliamente en 10s análisis clásicos de Karl Marx. Según Max Weber el capitalismo moderno productiva se basa en el principio de la <tracionalidad formal)> de todas sus operaciones, e. d., el cálculo racional y general de todos sus procesos de trabajo con el objetivo de al24. Documentación y referencias a la literatura correspondiente en Mornmsen, Max Weber. Gesellschaft, politik und Geschichte, p. 156 y ss. 25. Gesammelte Aufsatze zur Religionssoziologie, Tiibingen 1920, tomo I, p. 203.
<(Papers,: Revista de Sociologia canzar un máximo de rendimiento y eficiencia. No depende meramente de la voluntad de 10s individuos y grupos afectados, sean empresarios u obreros, de someterse o no a 10s principios férreos de la racionalidad formal. La competencia en el mercado obliga a ello. La racionalidad formal, al menos como idea reguladora, es un principio elemental del orden capitalista como tal. De hecho un capitalismo estructurado para maximizar su propia ley fundamental exige en primer lugar <(la lucha constante de grupos autónomos en el mercadou; en segundo lugar, <(la posibilidad de calcular racionalmente 10s precios y las condici~nes~de competencia ilimitada en el mercadon; en tercer lugar, atrabajo formal y Ebre)>, es decir, trabajo sobre la base de convenios colectivos libres en 10s que exista, en 10 posible, una correlación directa entre productividad alcanzada y salarios, y, íinalmente, cosa que se pone expresamente de relieve, la <texpropiación de 10s trabajadores de 10s medios de produc~iÓn>>.~ Esto quiere decir con otras palabras, que el sistema capitalista en su forma pura no s610 impone condiciones al individuo, condiciones sobre las que éste ya no puede influir, sino que evidentemente requiere 10s medios del dominio y de la opresión para su existencia continuada. Como es sabido, Weber ha calificado la relación laboral formal y libre entre trabajadores y empresarios en un sistema capitalista de forma de dominio equivalente a otras. En algunas ocasiones manifest6 expresamente que un máximo de <tracionalidad formal>> de un sistema capitalista inevitablemente se pagaba con <cirracionalidades materiales)>, entre otras, con <(la subyugación el trabajador bajo el dominio de 10s empre~ariosn.~ También aquí podemos observar que Weber, siguiendo en este sentido en parte a Marx, subrayaba tajantemente la tendencia inminente del capitalismo a enredar a 10s seres humanos en un sistema de dependencias indis~lubles.~~ Pero para Weber era justamente una posibilidad mis para demostrar que el principio de la <tracionalidad formal>> de una organización capitalista de la sociedad se contradecía necesariamente 26. Wirtschaft und Gesellschaft, tomo I, p. 87. Cf. Mommsen, Max Weber. Gesellschaft, Politik und Geschichte, p. 173 y ss. 27. Wirtschaft und Gesellschaft, tomo I, p. 44, p. 78. AUí se dice 10 siguiente en una acentuación característica del carácter dicotómico del sistema capitalista bajo el punto de vista de su valoración desde la perspectiva de un liberalismo con cu60 humanista: <{El que el máximo de racionalidad formal del cálculo del capital sea posible s610 sometiendo a 10s trabajadores bajo el dominio de 10s empresarios es otra irracionalidad material especifica del orden econÓmico.)> 28. El conocido problema planteado por Herbert Marcuse de la medida en que Weber pretendió alcanzar una justificación del capitalismo y racionalidad formal se basa en el fondo de esta dicotomia que el mismo Weber ya habia realzado expresamente. Cf. 10s debates en el XV Congreso Alemán de Sociólogos de 1965, Max Weber tcnd die Soziologie heute, publ. por Otto Stamrnler, Tübingen 1965, p. 161 y SS.
Max Weber y la crisis del sistema de valores liberal con el principio de la <tracionalidad materialn. Entre semejantes principios de racionalidad material también podemos considerar 10s ideales liberales clásicos, especialmente el principio de la libre autodeterminación del individuo. Esto significaba, en otras palabras, que el sistema capitalista en el transcurs0 de su desarrollo tenia que entrar en conflicto, casi necesariamente, con e1 sistema clásico de 10s valores liberales. En este sentido el capitalisrno, se& Weber, es con razón una itestructura dura como el acero)> que parecia limitar más y más el campo de la actuación individual espontánea. A pesar de esta comprobación desilusionadora Weber creía que no existia solución real para esta situación. Consideraba impracticable la solución propuesta a partir de Marx, de una revolución socialista que pudiera volver a liberar a la gran masa de su situación alienada. Por el contrario, una revolución socialista unida a la expropiación de 10s mediols de producción por una nueva clase de funcionarios del Estado (la única forma de economia socialista a la que Max Weber estaba inclinado a dar una posibilidad de supervivencia) empeoraria con toda seguridad aún más 10s problemas fundamentales. Por un lado se fomentaria asi decisivamente la tendencia universal hacia la burocratización en todas las esferas de la vida, incluso en la esfera económica, y, por otro, a través de la expropiación de Iols medios de producción no se eliminaria la lucha de clases en si, como tampoc0 mejoraria notablemente la situación de 10s trabajadores. Por el contrario, tendrían muchas mena posibilidades de defender con éxito sus intereses específicos frente a la clase de 10s propietarios de 10s medios de producción que bajo condiciones de un capitalisrno privado, en el que exilstia al menos la posibilidad de servirse de la clase de 10s propietarios de 10s medios de producción en contra de la clase política dominante, o viceversa. Todo 10 contrario, Max Weber seguia viendo en un sistema económico dinámico y orientado hacia el mercado la mejor premisa para mantener en las socíedades modernas un máximo de dinamismo y con ello indirectamente tarnbién un máximo de libertad. De acuerdo con ell0 abogó por mantener, en 10 posible, un sistema de economia de mercado, dado que consideraba absolutamente imprescindible sus efectos dinámicos sobre la sociedad en general. No fue casualidad que aún en el afio 1919, es decir, en la culrninación de la revolución alemana rechazara estrictamente todas las formas de la llamada <{economia mixta)> y exigiera el regreso a un capitalisrno competitivo puro de tip0 clásico, manifestando que la sociedad alemana no podia prescindir de la fuerza dinámica de las figuras de empresarios como Thyssen o Stinnes si quería volver a recuperar su antigua posición en 10s mercados mundiales. La manifiesta paradoja con la que Weber por un lado diagnosticó que
ctPapers~: Revista de Sociologia las tendencias inmanentes dentro del capitalismo perseguim un estancarniento y una rigidez de las relaciones sociales pero con la que por otro lado veia en el capitalismo, y, en especial en el principio de la competencia de mercado, un medio para alcanzar un máximo de dinamismo en el sistema económico y, de forma secundaria, también en el sistema político, encuentra su solución parcial en el campo politico. Weber adjudicaba al Estado la tarea de establecer las condiciones marco dentro de las cuales debia operar el subsistema económico. Partia de la base de que a pesar del hecho de que el Estado, por regla general, s610 era el instrumento de 10s grupos predominantes en un momento dado, podia tener un papel relativamente autónomo dentro del sistema social general. El Estado como institución con prerrogativas especiales en comparación con otras instituciones de la sociedad tenia el deber de intervenir, ?n la medida de 10 necesario, en 10s procesos económicos y sociales. En cierta forma Max Weber puede ser considerado por 10 tanto como uno de 10s precursores del Estado intervencionista. La potencia del Estado debía garantizar en la esfera económica y, de forma secundaria también en la esfera social, las estructuras pluralistas que condicionan la posibilidad de la libertad en sí, entre las que se encuentra especialmente la conservación de un máximo de competitividad en el mercado y, en relación indirecta con ello, la conservación de un máximo de dinamismo. Weber no era optimista ni mucho menos. Sin embargo, estaba a favor de utilizar todos 10s medios disponibles para impedir el peligro universal de que las relaciones económicas y sociales existentes dentro de la lsociedad se estancaran a un nivel alcanzado y que así un sistema de mercado orientado a la competencia fuera reemplazado por un sistema de apropiaciones fijas de participaciones de mercado a plazo indefinido. Lo Último le parecía el comienzo de una <{segunda antigiiedad tardíaa. Max Weber fue un defensor decidido de una política social progresiva que debia compensar en 10 posible las desigualdades e injusticias existentes en el sistema social, aunque fuera a costa del principio de la organización formal y racional del sistema capitalista. En virtud del hecho se trataba de alcanzar por medio de medidas estatales apropiadas un equilibri0 adecuado a las circunstancias existentes, entre 10s principios de la ccracionalidad formal)>, como la que exige el sistema capitalista de mercado para su funcionamiento Óptimo, y 10s principios de la <tracionalidad material)>, que se derivan en última instancia de 10s principios liberales. Era naturalmente necesario hacerlo de una forma tal, que no ser vieran reducidas las posibilidades de 10s distintos grupos políticos y sociales de la sociedad de defender libremente sus intereses ideales y materiales dentro de un sistema legal formal con estatutos correctos. Weber temia sobre todo una forma de organización social en la que 10s distintos
Max Weber y la crisis del sistema de valores liberal I grupos sociales se apropiaran rígidamente, de forma casi mecánica y a plazo indefinido de determinadas partes del producto nacional y que con ello se produjera una especie de eilencio sepulcral artificial dentro de la sociedad. Era tarea de la política impedir por todos 10s medios una degeneración del sistema capitalista en una estructura social estancada en la que el producto nacional fuera distribuido de una vez y para siempre según reglas burocráticas entre 10s distintos grupos sociales. De acuerdo con esta concepción Weber consideraba que un empresariado independiente era un elemento imprescindible de todo orden social y económico dinámico. En especial bajo este punto de vista le preocupaba enormemente que en partes de la burguesía alemana se iba desarrollando en creciente medida una mentalidad de pensionista, que se diferenciaba radicalmente del espíritu empresarial capitalista de la primera época del capitalismo. Le preocupaba también el hecho de que el Estado social moderno pudiera entrañar grandes peligros para una sociedad dinámica de corte liberal en la medida en que asegurase a la gran masa garantías sociales que pudieran socavar su voluntad de rendimiento: <(En el benevolent feudalism americano, en las llamadas Wohlfahrtseinrichtungen (instituciones sociales) alemanas, en las disposiciones industriales rusas, en todos las sitios está terminado el edifici0 de la meva servidumbre. Sólo espera que el ritmo más lento del "progreso" económico deje tan "dóciles* a las masas como para inducirlas a entrar en é1.a 29 NO obstante, a pesar de su rechazo decidido a una poiítica social tendente al desarrollo de un sistema social que liberara totalmente al individuo de la responsabilidad de cuidar de su propia existencia, Weber no fue de forma alguna un liberal al estilo de Manchester, como ya se ha dicho. Más bien insistia en una política social y económica activa, aunque exclusivamente con el fin de restablecer el equilibri0 social entre 10s distintos grupos de la sociedad, alterado por el desarrollo, por medio de medidas intervencionistas adecuadas. El modelo liberal y clásico de la lsociedad y el modelo de un capitalismo competitivo puro, como 10 reconstruyó en Wirtschaft und Gesellschaft (Economia y Socieda.) aproximándose, en principio mucho a Mam, servían en este contexto de medios de diagnóstico para calcular 10s correspondientes costes sociales que resultasen de determinadas medidas, en caso de apartarse éstas de la línea ideal de la racionalidad formal de un orden social libre, orientado a la competencia. Una política de intervención constante en 10s órdenes sociales y económicos, con el fin de mantener las estructuras pluralisstas existentes y de garantizar de esta forma un máximo de dinamismo dentro del sistema so29. Gesarnmelte politische Schriften, p. 63. 1
ctPapers)>: Revista de Sociologia cial, requeria una autoridad fuerte y a la vez independiente. En contraposición a la doctrina clásica del liberalismo de Manchester Max Weber exigia en consecuencia un Estado fuerte, como condición de la posibilidad de libertad en el sentido propio de la palabra. También aquí se vuelve a combinar un postulado clásico del liberalismo, a saber, la liberación de la sociedad del Estado, con un principio contrario y dicotómico del Estado intervencionista. Weber se burlaba de la ideologia liberal ortodoxa que había exigido una reserva máxima del Estado en cuestiones económicas y sociales, diciendo que <(no ílegará a tanto la dernocra~ia)>.~~ Reemplazó de forma consecuente el ideal tradicional de una <cminimización del dominio del hombre sobre el hombre>> a favor de la <tadministración de cosasn por el ideal de un Estado poderolso, con control democrático, capaz de actuar resueltamente y que estuviera en situación de fijar objetivos a 10s grupos económicos y ~ociales.~~ En este punto se cierra el circulo de nuestras reflexiones. Tan s610 los verdaderos políticos, capaces de fijar grandes objetivos a la sociedad pueden, en opinión de Weber, realizar semejante política social. Por el contrario, un dominio por ccpolíticos profesionales sin profesión>> es francamente peligroso, dado que se esfuerzan por afianzar las condiciones políticas y sociales existentes y se transforman así en cómplices, transigentes, de la burocracia. Tan sólo una democracia plebiscitaria dirigida a una pequeña élite de politicos calificados, que persigue dominio efectivo y un desarrollo máximo del poder hacia dentro y hacia fuera, y que está en contraposición a la ademocracia anticuada, negativa, que s610 exige libertad del Estadon? parecía capaz de resolver realmente estos problemas poiíticos. Era Iógico, en consecuencia, que Weber abogara por el desarro110 de un nuevo tip0 de democracia, a saber, la {cdemocracia plebitscitaria 30. Gesammelte politische Schirften, p. 269. 31. Cf. carta a Michels de 4 de agosto de 1908, Fondazione Luigi Einaudi, Turín, núm. 5912: aHay dos posibilidades ... l) "mi reino no es de este mundo" (Tolstoi), o ei sindicalisme pensado basta su última consecuencia, que no es nada mis que la traducción de la frase "la meta final" no me interesa, el movimiento 10 es todo, a 10 ético-revolucionaria, a 10 personal, o 2) la cultura -e.d., la cultura objetiva que se manifiesta en "logros" técnicos, la afirmación a través de la adaptación a las condiciones sociológicas de toda "la técnica", sea ec(onÓmi)ca, política o 10 que quiera que sea... En el caso ad 2) todas las palabras (de) "revolución" son farsa, todo pensamiento de eliminar el "dominio del hombre sobre el hombre" a través de un sistema social, por muy "socialista" que sea, a través de formas de "democracia" por rnuy rhadas que sean es utopia.)> Véase además el reconocimiento fundamental de Weber del principio dei dominio de 10s hombres sobre 10s hombres precisarnente dentro de sistemas con legitimación democrática, ctPolitik als Berub, Gesammelte politische Schriften, p. 507. 32. Cf. nota 29.
I I Max Weber y la crisis del sistema de valores liberal de lideres>>, que aún se sirve, en general, del modelo tradicional del parlamentarismo, pero cuyo núcleo es el carisma del gran político que gobierna sobre base personal y plebiscitaria y que puede apelar a las masas por I encima de 10s aparatos burocráticos. Weber consideraba que con ayuda del carisma del gran polític0 era posible volver a activar a un nivel dis1 tinto el antiguo ideal del dominio de las grandes personalidades individuales en el Estado y la sociedad. A la luz de las experiencias posteriores con 10s sistemas fascistas ser6 imposible aceptar de forma acrítica el conI cepto de la edemocracia plebiscitaria de líderes>> que exigia que 10s aparatos burocráticos se rindieran incondicionalmente al hombre al frente del I Btado. No cabe duda de que se trata de un giro elitista de la idea liberal con que Weber pensaba resolver el problema de la creciente falta de lideI razgo planteado por el desarrollo de una sociedad altamente capitalista de tip0 burocrático. No se puede contestar inequivocamente a la pregunta 1 acerca de la medida en que bajo semejantes condiciones -que el propi0 Weber calific6 en algunas ocasiones de meramente formalespuede ser efectiva la legitimación del dominio de 10s grandes políticos a través de I elecciones en un sistema parlamentaria, democrático y constitucional. Sin duda alguna tales construcciones constitucionales que acentúan fuertemente 1 la supremacia de 10s lideres frente a 10s ciudadanos no son inrnunes a una reinterpretación en sentido autoritari0 e incluso fascista, como nos 10 del muestra también el ejemplo de Robert Michels, que justific6 su opción por Mussolini y el fascismo italiano basándose expresamente en la doctrina de Max Weber del político carismáti~o.~ I Resurniendo, se puede decir que 10s esfuerzos de Max Weber por llevar a 10s limites de 10 imaginable 10s postulados liberales y democráticos cla'sicos respectivarnente terminaron, por un lado, en una serie de dicotomías manifiestas, mientras que, por otro lado, abrieron nuevos caminos I para al menos intentar encontrar una solución. Se puede decir que Weber aprovechó íntegramente en su teoria política las posibilidades del modelo liberal y que agot6 todos 10s medios para desarroiiar dicha teoria. Sin I embargo, en sus esfuerzos llegó a atravesar el iímite del sistema liberal de valores. Propagó soluciones no poc0 problemáticas a la luz de las exI periencias actuales. Cabe decir esto especialmente en relación con su teoria de la ctdemocracia plebiscitaria de líderes,, cuyos fundamentos de legi- , timidad están en contradicción abierta con 10s postulados democráticos clásicos, también o justamente debido al hecho de que debian garantizar el postulado liberal del dominio de personalidades libres y el manteniI 33. Cf. Wilfried Rohrich, Robert Michels, Vom soriologisch-syundikalistischen rum faschistischen Credo, Berlín 1972, p. 143 y SS. I 31
*Papers)>: Revista de Sociologia miento de una sociedad dinámica de individuos libres, recurriendo al carisma personal del gran poiítico. En la obra poiítica de Max Weber se refleja con mayor claridad que en ninguna otra parte que con el auge de la sociedad iadustrial de masas habia llegado a su termino aquella época, mientras que el liberalismo como filosofia política cerrada creia tener a inano soluciones para todos 10s problemas sociales y políticos y, seguro de sí mismo, podia partir de la base de que el futuro le pertenecería. El análisis del pensamiento y de la voluntad politicos de Max Weber indica, en un ejemplo de carácter paradigmático, 10s limites del sistema liberai de valores bajo las condiciones impuestas por las sociedades industrializadas avanzadas. Aquí vemos además la vulnerabilidad especial de 10s ideales liberales y el gran peligro que corre la voluntad liberal bajo las condiciones políticas del capitalisrno tardío. En cierta forma 10s esfuerzos de Weber por encontrar a través del desarrollo ulterior constante de 10s postulados liberales clásicos un nuevo fundamento para una política liberal progresista anticipan la crisis del sistema clásico de valores liberales. La sociologia política de Max Weber ha demostrado, indicando las razones, que si 10s postulados liberales se desarrollan con consecuencia extrema, desembocan en su propia anulación. Si algo podemos aprender de ello, será que no es posible deducir de 10s postulados clásicos del liberalismo unos principios políticos definitivcrs, válidos para todos 10s tiempos y para todas las circunstancias sociales. Sin embargo, ello no nos exime de la obligación de buscar, según las posibilidades que nos sem dadas en cada caso, un camino para mantener el máximo de libertad.