Los intelectuales castellanos y la cuestión catalana
Abstract
De Miguel, Amando
Full text
LOS INTELECTUALES CASTELLANOS Y LA CUESTION CATALANA * Amando de Miguel (Universidad de Barcelona) La hipótesis central de este articulo es que el hecho del nacionalisrno catdán es también un hecho intelectual y se convierte en problema pre cisarnente porque la intelectualidad castellana dominante no 10 comprende o 10 desconoce. Esta incomprensión se da no s610 en épocas pasadas o en 10s momentos de la censura franquista, sino también en las últimas etapas del franquismo en las que la censura se relaja y aun en la etapa actual de virtual libertad de expresión. Resulta correlativa de un afán mitificador por parte de muchos intelectuales catalanes. La incomprensión toma a veces la forma de una actitud de desagravio que 10s intelectuales madrileños expresan respecto de la cultura catalana. Se trata en definitiva de la expresión de un cierto complejo de culpa. La incomprensión se hace hostilidad en el caso de Ortega y Gasset. Las tesis del filósofo liberal se reproducen en su discípulo Marías, el cua1 es contestado por toda la panoplia de la intelectualidad catalana. * Este trabajo es el resultado de algunos estlmulos, incitaciones y criticas de algunos colegas, en particular de Juan F. Marsal, Benjamín Oltra y Rafael Ribó. En el acopio de la bibliografia me prestaron sus libros con toda generosidad Xavier Arb6s y Emili Boix. En esta labor de documentación ha continuado la colaboración de Anna Obeda y Jaime Martin-Moreno. En el trabajo editorial ha sido imprescindible la ayuda de Carmen NGíez. Una versi6n ampliada de este trabajo fue presentada en la Novena Conferencia Anual de la Iberian Studies Association celebrada en la Universidad de Keele (Inglaterra) en abril de 1979, como parte de una comunicación conjunta con Salvador Giner. A todos eiios, gracias. Papers: Revista de Sociologia 12 (1979)
Algunas definiciones e hipótesis Por intelectuales entiendo las personas que escriben regularmente o hablan públicamente sobre 10s aspectos rnás generales de la sociedad actual, influyendo con sus escritos o sus prédicas en un públic0 educado más amplio y siendo reconocidos como tales. El calificativo de castellanos es una manera sucinta y coloquial de referirme aquí a 10s intelectuales no catalanes que escriben en España, en castellano. La cuestidn catalana es otra manera abreviada y convencional de hablar para referirme al hecho diferencial catalán en cuanto nacionalidad o cultura. En seguida me referiré a 10 que abarca e implica ese termino. La hipótesis de este trabajo es que ese ahecho)> se convierte en cuestión rnás o menos problemática debido, entre otras cosas, a la incomprensión, al cuidado desconocimiento con que aparece tratado en algunos conspicuos intelectuales del área cultural no catalana. Bstos ofrecen un obstáculo ideo1Ógico formidable que permite una consecuencia política no deseada por muchos de ellos: el centralismo del aparato estatal español. La documentación cabal de esa hipótesis nos llevaria a rastrear tal sesgo en 10s intelectuales del 98. Por raones de parsimonia científica sólo en unas qocas ocasiones me voy a remontar tan lejos, y s610 como contraste o para trazar el origen de corrientes más cercanas. Hay ya una suficiente bibliografia sobre esas épocas de nuestra reciente historia cultural. Concretaré sobre todo mis pesquisas en los intelectuales actuales, es decir, en 10s que actúan e influyen en las últimas etapas del franquismo y en las primeras del régimen democrático que pacíficamente le sucede. Son unos momentos en que ya no se puede decir que fuera la censura franquista la que vedaba el tratamiento de la cuestión catalana. Puesto que las declaraciones de los intelectuales castellanos no pueden entenderse en el vacío, reproduciré también las alegaciones de la parte catalana, así como una aproximada situación del contexto político en el que todas ellas
ctPapers>>: Revista de Sociologia se expresan. El lector sabrá disculpar la escasa parsimonia que dedico a tan amplia serie de cuestiones. El que el hecho nacional catalán sea algo verificable no quiere decir, ni mucho menos, que su expresión y defensa sea siempre algo ecuánime y justiíicado. El famoso y misterioso seny catalán no llega a tanto. No me r&ero tanto a 10s deseos separatistas -si es que 10s hay-, 10s cuales teóricamente son bien justificables, aunque políticamente puedan parecer inoportunos. Me refiero en cambio a una cierta idealización del hecho nacional catalán como argumento para defender una determinada formación social capitalista y dentro de ella una clase, la burguesia industrial. Hay mil testimonios en esta línea, desde 10s enunciados fundacionales de Prat de la Riba (Solé-Tura 70) o Rovira i Virgili. Citaré un texto rnás reciente de uno de 10s intelectuales y políticos rnás ciestacados del nuevo nacionalisrno burgués: <(Por la distancia que nos separa de Madrid en muchos sentidos, el sistema de empresa catalán es mucho rnás independiente, mucho rnás comperitivo, mucho rnás auténtico y mucho rnás orientado hacia las necesidades del consumo, o sea, del público, de 10 que puede ser el gran capitalismo espaiiol. Por eso mismo, entre las distintas clases sociales que colaboran a la producción en Cataluña hay un contacto reciproco rnás directo, que facilita el diálogo. En definitiva, en esta región hay un mayor grado de libertad económica, y por ell0 mismo hay un mayor aprecio de libertad a secas (Trias Fargas 68 : 103). )> Como puede verse, el reconocimiento del crhecho diferencials catalán se estira en este discurso hasta la idílica justificación de un capitalismo catalán presuntamente mis humano, popular, autCntico, amante de la likrtad. Este h-cho es ya del todo inverificable. Detrás de 10s argumentos de Trias está el sueño fracasado de Cambó (y paradójicamente -no podia ser menosde Unamuno) de crcatalanizar a Espafia>>, o dicho en términos marxistas, de hacer que la burguesia catalana se constituyera en fuerza hegemónica del Estado español (Solé Tura, 70:18). Esos erm todavía sueños posibles. La imposible ensoñación era imaginar --como sugiere Triasque el capitalismo catalán iba a ser10 sin lucha de clases. Esa sí que es una estupenda ideologia de la derecha a pesar de que, como sefialaba mi maestro en estas cuestiones, <ren el mundo intelectual catalán no aparecen, rnás que extemporáneamente, ideologías de la derecha>> (Marsal 75:202). ~Habrá que considerar a Trias extemporáneo? Tdo fenómeno de incomprensión tiende a ser reciproco. Es evidente
Los intelectuales casteilanos y la cuesti6n catalana que las incomprensiones suelen ser mutuas. En nuestro caso bueno seria que miráramos también la manera que 10s intelectuales catalanes tienen de no comprender algunas luchas como pueden ser la distinción de Castilla como pueblo y cultura de la maquinaria política o ideológica que habla en su nombre. Igualmente seria relevante el dato de una porción de intelectuales de Cataluña que son parte inseparable de la cultura en lengua castellana. Un principio pedagógico es que no se puede hablar de todo al mismo tiempo. El proceso a 10s intelectuales castellanos que malentienden el hecho nacional catalán es tan complicado que bien merece que por el momento 10 aislemos del resto. Que' sdgnifdca comprender el hecho nacional catc~Ián Lo normal es que un autor comprenda el hecho nacional del pueblo que expresa mejor sus señas de identidad. Este nacionalismo propio es neutro políticamente. Quiero decir que, respecto del pueblo de su pertenencia, uno se identifica más o menos, con exclusividad o sin ella, pero sin que ell0 prejuzgue el cariz polític0 de sus otras ideas. Entre 10s autores catalanistas de Cataluña 10s encontramos de derechas y de izquierdas, burgueses y marxistas. Ahora bien, el caso no es tal respecto a la comprensión del hecho nacional de 10s otros pueblos. Es normal ser catalanista si se es catalán ((~qué otra cosa se puede ser, al menos en el ámbito de la inteligencia?) Lo anormal, o mejor, 10 enorme -para decirlo con el término unarnunianoes ser catalanista siendo castellano. Quizá no se pueda exigir tanto, pero entonces 10 significativo es la capacidad de comprensión del hecho nacional catalán para un intelectual español no catalán. Aqui si que esa distinta capacidad presenta interesantes matices ideolÓgicos. Realmente se hace difícil hablar de 10s intelectuales que escriben en castellano, sin pasarles el test de empatia por el problema regional. Mi investigación debe mucho a 10s puntos engarzados en las primeras páginas del trabajo de Marsal y colaboradores al intentar desguazar algunas de las <{tesis problemáticas~~ sobre el hecho nacional catalán (Marsal 78b). La diferencia es que yo me fijo mis bien en las tesis entorpecedoras de ese hecho, producidas por 10 general en Madrid. Hay muchos escritos que insisten en el fracaso, las inconsecuencias o la falta de realización del nacionalismo catalán. Pocos son 10s que se atreven a hurgar en una de las razones de tanto proyecto fracasado: la mala comprensión, la incomprensión y hasta la hostilidad de un cierto número de intelectuales castellanos. Si llegáramos a demostrar tal suerte de entorpecimientos
ctPapersu: Revista de Sociologia dentro de 10s círculos intelectuales podriamos concluir que 10 que se llama <tintelectualidad espafiola>> es un cuerpo inexistente; en todo caso podria dibujarse como un campo de fuerzas, como una necesaria abstracción cuando el observador se sitúa allende 10s Pirineos. La cuestión catalana parte de la reafirmación del <(principio de las nacionalidades)> tal y como fue deíinido, por ejemplo, a principios de siglo por Rovira i Virgili (1916). Ese principio podria enunciarse en una cadena silogística de tres proposiciones conexas: a) Cataluña es una nación. b) Una nación debe ser ella misma. c) Una nación debe decidir sobre su forma de Estado. Hoy llamaríamos a estos tres enunciados: identificación, conciencia nacional y autodeterminación. La incmprensión a la que aludimos consiste en que ciertos intelectuales castellanes niegan esos principios respecto al caso catalán, o por 10 menos, oscurecen su puesta en práctica. El <{hecho nacional catalin)> ha sido y es también y sobre todo una cuestión intelectual, para defenderlo y para atacarlo. En 10s manuales se suele repetir que 10s <tintelectuales)> son especie que surgieron a la luz pública con ese nombre en la Francia de 1898. S610 dos años más tarde el periodista Fernando Soldevila (no confundir con el historiador Ferran Soldevila) realiza un extens0 reportaje para El Imparcial (el periódico liberal de 10s Gasset) sobre la <cperturbaciÓn regionalista)> en Cataluña. En 61 se señala despectivamente que la dirección más nacionalista del regionalismo catalán la representan <(la gente nueva, intelectuales, artistas modernistas)> (Soldevilla 00:157). Debe ser la primera vez que se emplea en España la palabra intelectual como sustantivo y como despectiva. A 10 largo de todo el siglo xx van a ser efectivamente 10s intelectuales (ya sin cursiva) 10s que vayan a proseguir la construcción del ideario (y de la ideologia) nacionalista de Cataluña. Es menos conocido y quizá no menos significativo que también van a ser otros intelectuales 10s que se opongan a esa corriente. El españolismo de 10s liberales Son contadas las investigaciones sobre 10 que podríamos llamar <(ideologia españolista)>, la que trata de ignorar el hecho de 10s grupos nacionalitarios en España, cuando no de oponerse a ellos. La explicación está en que 10s que no la consideran ideologia -sino ideal, o en todo caso expresión natural de las ideas justasno se pueden poner a estudiarla. Por otro lado, 10s que luchan políticamente contra esa ideologia la desprecian tanto que no quieren detenerse a considerarla. Resulta curioso el caso de un
Los intelectuales castelianos y la cuestión catalana catalanista al mismo tiempo estudioso, intelectual y político de izquierdas, Rafael Ribó, excepcionalmente tentado a bucear en la ideologia españolista, pero remiso a aceptar que haya nacionalidades en el resto de pueblos peninsulares que s610 hablan castellano: <(En el Estado espafiol hay cuatro áreas nacionales)> (Ribó 77:125). Es decir, de rechazar la torpe identificación espaiiolista de Castilla con España se pasa a considerar que el uso del castellano, sin ningún otro idioma, determina una especie de nacionalidad residual. Esa es también una actitud no muy respetuosa con 10s hechos, es decir, una suerte de ideologia. Juan F. Marsal afirma rotundo que en España la cultura catalana <ces silenciada, y no sólo por el Estado, sino por la gran mayoría de 10s sostenedores de la cultura hegemónica peninsular, que es la castellana)> (Marsal 75:190). Da una explicación para ese olvido: evitar el peligro de que la cultura catalana presente <(un modelo alternativo al uniformismo oficial españolista)> (p. 190). La hipótesis resulta sobremanera atractika. Si no, no se explica por qué tantos intelectuales castellanos de renombre se resistan a comprender el hecho nacional catalán. Los intelectuales también se mueven por intereses. Los intelectuales no siempre son críticos. Durante el último medio siglo, más o menos, entre la intelectualidad que podríamos llamar castellana, o mejor, madrileña, cunde una colectiva sensación de culpa respecto al hecho discriminatori0 de la cultura catalana. Como resultado, son llamativos 10s actos también colectivos de desagravio. En el pasado se recuerda el Manifiesto que en 1924 elevaron 10s intelectuales castellanos al General Primo de Rivera en defensa de la lengua catalana, la sonada exposición del libro catalán que en 1927 organizó La Gaceta Literaris dirigida por Ernesto Giménez Caballero, y el multitudinari0 homenaje a la cultura catalana que una comisión de intelectuales madrileños realizó en Barcelona en 1930 (Ventalló, 76). Obsérvese que todos esos actos no exigen el complernentario homenaje de 10s intelectuales catalanes por la cultura castellana, a la cual aprecian as a matter of fact. Barcelona -más que Madrid, México o Buenos Aires-, es la capital de la producción editorial en castellano. En la gentil contestación que un nutrido grupo de intelectuales catalanes dio al Manifiesto de 1924, se argumenta con ironia que ccnosotros, por suerte para Castilla, no hemos de hacer aquí el elogio ni la defensa de vuestra lengua. Todo el mundo la elogia. Nadie la ataca)> (p. 32). Estas demostraciones colectivas fueron compatibles con actitndes personales de muy dudosa comprensión de la cuestión catalana. Así, por ejemplo, José Ortega y Gasset, Pedro Sainz Rodríguez o Ernesto Giménez Caballero participaron en las respectivas comisiones de 10s homenajes citados. Luego se vio que sus opiniones respecto al problema catalán no iban a ser todo 10 liberales que prometían
apapers)): Revista de Sociologia esas adhesiones corporativas. Da la impresión de que esos actos de desagravio indicaban menos una comprensión de la cuestión catalana que la expresión de una solidaridad de la clase intelectual contra la Dictadura de don Miguel Primo de Rivera. Eso es 10 Único que podia unir a tan dispares figuras como el republicano Ortega, el monárquico y protofranquista Sainz Rodríguez y el fascista Giménez Cabdero. Ninguno de 10s tres puede pasar seriamente por catalanista. La excursión de 10s intelectuales castellanos a Barcelona se inscribe en el contexto de las palabras de Cambó, publicadas por entonces: <tM llamamiento [a la concordia] va dirigido, especialmente a 10s intelectuales castellanos y catalanes, que son, creo, quienes han de preparar la solución del problema de Cataluña, y con ella la de 10s otros grandes problemas políticos y morales que España tiene planteados)> (Cambó 30:320). Se entendia entonces, con muy buen acuerdo, que la <ccuestiÓn catalanan era en gran medida un problema de incomprensión cultural en el que 10s intelectuales tenían una gran responsabilidad. Bien sabia Cambó que <dos intelectuales no suelen gobernar),, pero, añade <(en 10s rnomentos de transición ejercen influencia decisiva en las orientaciones políticas de un país)> (p. 327). Y expresa un deseo que todavía est6 por cumplir: <(El dia en que, por una acción coincidente de intelectuales castellanos y catalanes, fuesen destruidas y aumentadas las dificultades [de comprensión del problema catalán] sorprenderia a todos la facilidad con que poárían vencerse 10s obstáculos objetivos que una solución política pueda presentarn (página 331). Esa solución política es para Cambó <cel reconocimiento sincero del derecho que tienen 10s catalanes a conservar su personalidad colectiva y a regir su vida interior con plenitud de atribuciones)> (p. 331). Volvamos al complejo de culpa de 10s intelectuales liberales respecto al malentendimiento de la cuestión catalana. Después de un diálogo de Baltasar Porcel con tres egregios católicos progresistas -Aranguren, RuizGiménez y Laínen torno a la cuestión catalana, el escritor mallorquín concluye con mis caridad que entusiasmo: <(Si parece realmente muy factible que la personalidad y 10s derechos catalanes sem apreciados por el resto de la Penínsulz de habla castellana una vez conozca medianamente la cuestión, es en cambio abismal el desconocimiento presente y poco probable su remedio en un futuro inmediato)> (Porcel 70:lO). Nótese que dicho panel se realizó para la revista Serra $Or, la abanderada del catalanismo cultural, y que 10s tres entrevistados sobresalen en la intelectualidad madrileña como sobremanera tolerantes y liberales en sus actitudes. Ambas circunstancias son propicias a una simpatia máxima por 10s proMemas catalanes. Y sin embargo, en 10s tres es patente el hecho muy común a la intelectualidad castellana del <(descubrimiento tardio), de la
Los intelectuales castellanos y la cuestión catalana lengua y la cultura catalanas como parte de su bagaje de informaciones y preocupaciones (p. 19). Todavía en la fecha de esa mesa redonda, Joaquín Ruiz-Giménez defiende a 10s que en el alado nacional)> de la guerra civil si entendían el problema catalán, como el mismo José Antonio. Ante el gesto dubitativo de Porcel, matiza que aJ. A. Primo de Rivera por 10 menos pretendía o intuia que el fenómeno catalán debía ser incorporado a la unidad nacional [espaiiolal)> (p. 25), 10 cual es aproximadamente 10 contrario de comprender el hecho nacional catalán. En esa múltiple entrevista se llega, sin embargo, a cotas desusadas de comprensión del llarnado <{problema catalánn, en el sentido, entiendo yo, de que es un problema para 10s catalanes, no de ellos. Aranguren expresa muy bien su radical superación del desideratum de <(la equiparación del catalán con el castellano)> que propone Ruiz-Giménez. Esta es la propuesta arangureniana, tan admirable como extravagante en el usual repertori0 de actitudes que se suelen expresar en Madrid: aMucha gente dice que 10s catalanes tendrían que ser bilingües. Y yo creo que ni 10s catalanes ni nadie tendría que ser bilingüe. Cada ser humano tiene que tener una lengua, dígase lengua materna o como se quiera. No se pueden tener dos lenguas. Después de la propia, se pueden tener todas las que se deseen, y contra más, mejor. Los catalanes han de tener la lengua catalana (Porcel 70:32).)> La extravagancia de una tal actitud se fundamenta en el hecho aducido por Aranguren de que 10s catalanes <<cuentan [entre 10s políticos e intelectuales castellanos] desgraciadamente con pocas personas que puedan entender sus nobles, loables y legítimas aspiraciones)> (p. 37). Ruiz-Giménez remacha que desde esos medios político-intelectuales se mira a 10 catalán, si no con animadversión como en el pasado, al menos <(con inquietud),. Y precisa que <<entre el hombre mediano y las minorías dirigentes [de Madrid] existe la inquietud de que el problema catalán se convierta en uno de 10s más candentes futuros problemas nacionales [de España]~ (página 38). LaJn Gade que <<mis que una simple inquietud)>, se trata de una actitud de itirritación)> que expresa el castellanohablante cuando oye conversar en catalán a au lado (p. 38). Vale la pena que, como contraste, anotemos la silente respuesta del entrevistador Porcel en esa encuesta a la inteligentísima trinidad de 10s intelectuales madrileños. El buen mallorquin no podia expresar entonces 10 que pensaba, que era mis o menos 10 que viene a decir en ocasión más propicia:
<<Papers,: Revista de Sociologia <(En numerosisimas ocasiones me he sentido avergonzado de llevar pasaporte espaiiol. Preferia siempre, en mis viajes por el mundo, decir que era catalán, dejando a la gente desconcertada, y al firi creando una discusión y un2 explicación, que revelar mi condición de ciudadano de Espaiia. t...] No me consideré nunca "español": a una España donde mi lengua y las libertades catalanas se hallaban proscritas, donde la libre expresión y la democracia estaban amordazadas, yo no me consideraba adherido. [ . . . I Fui extranjero en mi tierra, o al menos en el Estado que tenia sometida a mi tierra. [.. .] Si la España de ahora continúa como ha empezado, entonces si: en un país de todos, será posible usar sin vergüenza el pasaporte español (Porcel, en Gironella 79:432).)> Se cierra, pues, el circulo de la incomprensión. Cataluña se comprime en cultura catalana y España se reduce al Estado español. Las polémicas sobre Cataluña adoptan otro sintoma muy com& en 10s hábitos de la intelectualidad española: 10 que el filósofo Ferrater Mora denomina aenfermedad del pasado)>, esto es, el ctwstante preguntarse por 10 que habria pasado, si tal o cual cosa hubiera o no sucedido (Ferrater 63:147). Ferrater considera esto un rasgo del supuesto carácter nacional catalán, junto a otros tan tópicos como el seny, la ironia o la mesura. Parece rnás cierto que tales hábitos se acomodan a circunstancias fisicas, no metafisicas. ~Cómo se puede hablar de seny en un pds que ha producido el anarquismo o la arquitectura de Gaudí? Este meditar con futuribles, condicionales y subjuntivos 10 permite la gramática, 10 abona la falta de poder politico y 10 condiciona la censura. Estos tres condicionantes operan con fuerza sobre 10s intelectuales castellanos; más aún sobre 10s catalanes. Hablar del pasado posible es una manera de burlar las prohibiciones o las inhibiciones para plantearse el futuro deseable. Hay todavia una razón más prosaica para ese pasadismo, inveterado de nuestros intelectuales: una buena porción de ellos son historiadores de profesión. Claro est6 que este argumento es circular. Es posible que tantas vocaciones de historiadores surjan de las preocupaciones arqueológicas que dominan en 10s medios culturales. Sea cual sea la razón, 10 cierto es que entre 10s escritores que vamos a ver, del lado de alli y de acá del Ebro, se imponen las consignas del infatigable Jaume Vicens Vives sobre la necesidad de una <tintrospección colectiva)> en Cataluña: *Hemos de saber qué hemos sido y qué somos C...]. Hay que calar hondo en el corazón de nuestro ser colectivo [ . . .I, llegar hasta el dtimo tabique de nuestra esencia colectiva [...I calar
Los intelectuales casteuanos y la cuestión catalana vido luchador del catalanismo. Recuerda este autor algunas verdades perogrullescas, obviadas por Marías, que marcan la singularidad del hecho nacional catalán. 1. Barcelona es la ciudad rnás importante de Espaiía, fuera, claro está del hecho de la capitalidad política (p. 19). 2. Para Serrahima la itregionalidad)> es característica que no puede predicarse por igual de todas las regiones espaiíolas (como puede hacerse con la itprovincialidad)>) y en el caso de Cataluña es claro que ese grado de personalidad regional es sobremanera alto, realmente itun caso linicol> (P. 32). 3. Sea o no sea anación,, dependiendo de la dehición que se tome, el caso es para Serrahima que <(la personalidad de Cataluña es incomparablemente rnás acentuada que la del Piamonte, que la del País de Gales, que la de Escocia y que la de Baviera)> (p. 73), es decir, que la de todas esas regiones europeas con la más alta conciencia nacional. 4. Narías no se refiere seriarnente a la estructura de clases de Cataluña, pero Serrahima acepta la visión idealizada de una socipdad de clases permeables y bien avenidas: <(La estructura social del país [catalán] no parece reducida a unos pocos estratos muy delimitados, muy definidos y cerrados, sino más bien establecida de un modo gradualmente escalonado, casi sin sdución de continuidad, y en ella es visible en todos 10s niveles un paso constante de hombres que suben y bajan 10s escalones que la forman (p. 83).)> El sociólogo es aquí cronista y se compromete del todo con el hecho nacional catalán, pero no puede menos de alarmarse ante tan anticientífica observación de la realidad de clases en Cataluña. En 10s momentos del deshielo franquista Marías vuelve otra vez sobre su particular consideración de Cataluña. Nada nuevo hay en sus argumentos, ni siquiera respecto a los vetustos escritos de Ortega, excepto que su tono se encrespa. Sigue inquitándole la itanómala conciencia de personalidad o diversidads (nunca dirá de nacionalidad) de Cataluña o el País Vasco. La anomalia consiste para 61 en no estar itfundada en la realidad, sino en deformaciones accidentales que el siglo XIX introduce en ella (la conciencia de personalidad), o en meros espejismos interpretatives, en la historia-ficcidn tan cultivada desde entoncesn (Marías 76:34). Las regiones de doble comunidad lingüística son vistas por 61 desde su óptica madriIeña como aincómodas, difíciles)>, al ser itlas que plantean con frecuencia problemas de
<(Papers,: Revista de Sociologia inserción en Espaiia, aquellas que poseen, aparte del español, una lengua privativas. Sigue desde su misma linguocéntrica perspectiva: <(El regioncalismo que parece inquietante o peligroso es siempre el de las regiones que presentan una peculiaridad lingiiística~> (p. 43). La técnica de Marías es como se ve una muy vieja de la actitud conservadora: echarle la culpa a la víctima. Producido el debate constitucional, ya en un ambiente de franca libertad, Marías se empecina en defender a ultranza dos de sus más queridos argumentos: 1. Que <tnación)> no hay mis que una, Espaiia, sin que haya lugar para la expresión <tnacionalidades)>, y 2. Que la lengua oficial del Estado debe ser denominada espaiiol, no castellano. Hay que decir que en ambas batallas, Marlas fue derrotado por la opinión mayoritaria del Parlamento, puesto que el texto constitucional de 1978 se inclina más bien por las tesis de sus contrarios. El viejo contrincante (ahora también senador real), Maurici Serrahima, vuelve a la carga. Ahora que puede hablar claro, expone que en Cataluña ha habido, siempre que ha sido posible, una conciencia nacionalista y deseos de autogobierno. La diferencia entre nacionalidades y regiones se explica porque existen entre 10s pueblos españoles distintos grados de conciencia diferencial según la lengua, la cultura o la historia. En rigor, habda que hablar -prosigue Serrahimade <tnaciones)> diferenciadas, por 10 menos en el caso de Cataluña. Para evitar el presumible conflicte que pueda desencadenar tal denominación, se ha acudido al termino menos rotundo de <cnacionalidad)> (Serrahima 78). El también senador (pero electo) Alexandre Cirici contesta de parecida guisa al articulo de Marías, tratando nada menos que de <(puntualizar claramente el pensamiento de 10s catalanes alrededor del problema de la nacionalidad)>. Ese pensamiento se reduce a estos hechos: 1. <(La práctica totalidad de 10s catalanes consideramos que nuestra nación es Catalunya.)> 2. <(De 1714 a 1931, Catalunya fue una entidad nacional incluida por un hecho de fuerza en el Estado castellano.)> 3. <(Catalunya puede ser llamada nación, nacionalidad, país, pueblo o como se quiera, pero todos 10s catalanes tomamos como insulto la palabra región, que significa: no sois una comunidad con derechos políticos, sino s610 una porción de territorio.)> 4. aLos textos ( c constitucional es? ) pasarán, pero la conciencia de 10s catalanes no pasarg.)> (Cirici 78.) No menos agresiva es la respuesta del (mhs) joven filósofo Xavier Rubert de Ventós. Dirige sus tiros directamente a la hea de Botación, al contraponer la mentalidad totalitaria con la liberal. La primera es la que pretende siempre hacer equivaler Estado con nación, la que considera que 10s sentidos de las palabras son incarnbiables. La mentalidad
Los intelectuales castellanos y la cuestión catalana liberal acepta usos lingiiisticos cambiantes, y de ahí el nuevo de <tnacionalidad)> : <<Se habla de nacionalidades y no de naciones porque aquél es un término menos rotundo, que hiere menos susceptibilidades, y con más posibilidades de " pasar " [ . . . I. Se dice nacionalidad porque no se puede decir nación vasca o catalana (Rubert de Ventós 78).s Josep Melih, intelectual catalán en la Corte, arremete contra el <<brillante)> articulo de Marías. Le reconoce el derecho como polític0 a desear que no haya más nación que la española, pero le critica la obstinación como aautoridad en materia histórica y lingiiisticas a dejar de ver que el concepto de <tnacionalidad)> existe y ha sido largamente usado y más especialmente en Cataluña (Meli& 78). Marsal hace una crítica alin más demoledora de las tesis de MArias (1978 a). Lo calsca de <trepresentante genuino como pocos de la tradicional especulación normativa celtibirica)> y como tal, de despreciar la realidad. Éste es el argumento-bulldozer del sociólogo: sLo que tiene que ver en política (que no de otra cosa se trata) el término nación o nacionalidades, o nationdity, o 10 que sea, no es con la etimologia, sino con la lucha por un Estado propio C...]. Marias se asombra de la reacción de 10s españoles a sus modestos artículos sobre la Constituci6n. Pero creo que más se asombraria su ego si se percatase de que la reacción de 10s españoles politizados de la periferia --que no otros son 10s escamados por su pronunciamientono se debe a ninguna virtud literaris o taumatúrgica de su minúscula persona, sino por su proximidad al poder, su influencia ideológica en la situación actual. Porque Marias ya no es ahora el intelectual aislado del período franquista. Marias en la actual España monárquica es senador por designación real.)> Es mis, la rumorología madrileiia (que es ciencia no menos precisa que la sociologia) afirma que Marias se halla en el cuerpo de redactores de 10s discursos del Rey. En cualquier caso, 10 que parece evidente es que se encuentra en <(la sombra del poder)>. Por eso nos interesa aquí su postura. La polémica está en marcha. Los dos campos son irreductibles. No hay posibilidad de acuerdo porque se ha entrado en la esfera de 10s sen-
I apapers)>: Revista de Sociologia timientos y de 10s simbolos colectivos. Marías responde sarcástico a sus contrincantes. Arremete obstinado contra la espúrea palabra de naciona, lidad, <{usada en 10s últimos dos o tres años por algunos periodistas)>, 10 cual, desde su posición de académico, <<no es razón suficiente para que se nos imponga tan impropia acepción, semillero de arnbigiiedades políticas,> (Marías 78:241). Y concluye, derrotado: <{Es posible que esa acepción de nacionalidad se introduzca algún dia en el uso, pero ese dia no ha llegado, y no es la Constitución lugar adecuado para imponerlo aprovechando la distracción de 10s legislador es^ (p. 248). Lo cierto es que la Constitución se aprobó y que la acepción de nacionalidad, como idea de que puede haber naciones sin Estado en busca de su autogobierno, ha sido generalmente aceptada. No es cierto que su uso haya sido foráneo y que se haya introducido recientemente por el capricho de periodistas ignaros o de legisladores distraídos. Tarnpoco hay que presumir que ese movimiento venga exclusivamente de Cataluña. M,arías deja de citar el importante precedente de un connacional suyo (por castellano), Anselmo Carretero, autor de un volurninoso ensayo histórico titulado precisamente Las nacionalidades espafiolas (1977, primera edición mexicana en 1948), titulo que proviene de las investigaciones que había llevado su padre. En é1 se señala algo que deberia ser indiscutible: <(Es un burdo error considerar sin más n la nación como el conjunt0 de 10s ciudadanos que ocupan el territori0 delimitado por las fronteras de un Estado, (p. 32). Para Carretero, y tantos otros, <{la nacionalidad, en último ansilisis, se funda en la libre y consciente adhesión de 10s individuos al grupo nacional)> (p. 46). A España la define, anticipándose progresivamente a la Constitución de 1978, como (tfamilia de pueblosn, <(cornunidad de nacionalidadesn, <tescalonamiento de patrias)> (p. 50). Y respecto a Cataluña: <tCataluña, con su bien definida personalidad, contiene un fondo nacional que por original, por catalán y por español es incompatible con todo afán de absorción hegemonizadora)> (p. 139). Como se ve, no todos 10s intelectuales castellanos se obstinan en dejar de comprender el hecho nacional de Cataluña y de las otras nacionalidades. En este caso se ilustra la corazonada de tantos refugiados espaiioles después de 1939 de que el verdadero exilio intelectual de esos años fue el interior. Departamento de Sociologia Universidad de Barcelona (Pedralbes) Barcelona
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