Burguesía nacional, desarrollo y dependencia : el caso de México
Abstract
Cinta, Ricardo
Full text
BURGUESfA NACIONAL, DESARROLLO Y DEPENDENCIA: EL CASO DE MÉXICO Ricardo Cinta (El Colegio de México) El ctanálisis de la dependencia>> y el concepto de <(país dependientelr penetran tda la producción cientificc-social latinoamericana de la última dtcada. La noción de dependencia se va decantando dialécticamente tanto como critica de las teorias del desarrollo y de la modernización norteamericanas de 10s sesenta, cuanto, alternativamente, como una concepción integrada del desarrollo en la que economia, sociedad y política se articulan para entender el desenvolvimiento del sistema capitalista en las naciones de la periferia internacional. Dado que la América Latina no est6 reprcduciendo tardiamente el decurso histórico de 10s paises centrales, ni ha recorrido mecánicamente 10s <(estadios del desarrollo)> del futurible rostowiano, era necesaria una respuesta crítica, genuina y especifica. El presente ensayo, tomando como case study d desarrollo mexicano desde la postguerra, trata de contribuir a esa tarea. Al mismo tiempo, ofrece una versión concreta renovada de la dependencia, en la que -1ejos de nominalismos y demagogias10s procesos de desarrollo capitalista y de dependencia no aparecen como antagónicos o permanentemente contradictorios. Antes al contrario, el desarrollo capitalista mexicano prueba que existe un tip0 especifico de dependencia que da viabilidad singular a la industrialización de la periferia. Papers: Revista de Sociologia 10 (1978)
Introducción En 10s últimos años, la literatura sobre el desarrollo de América Latina se ha visto crecientemente permeada por el uso de la noción de <(pais dependiente)>. Como concepción global, esta noción ha venido a ejercer una doble función: la de la crítica a las teorías convencionales del desarrollo y, a partir de ella, la recuperación, en el plano analítica, de la intersección entre economia, sociedad y política, capaz de sustentar una interpretación integrada, estructural e históricamente referida a 10s procesos de formación del sistema capitalista en 10s paises y regiones de la periferia internacional. No es preciso, entretanto, insistir en ninguno de 10s dos siguientes aspectos: ni en el alcance de su intención crítica, ni, por derivación, en el alcance relativo de su capacidad explicativa. Por 10 que se refiere al primer punto, las argumentaciones críticas son suficientemente conocidas y las evidencias en que se apoyan razonablemente signiíicativas para poner en duda 10 que se tenia como establecido en las concepriones lineal-evolucionistas, anhistóricas, de la transición hacia el <tcrecimiento autosostenido)> (el Take-off) y el arribo a la amodemizaciÓn)>.' En efecto, la América Latina no estsi reproduciendo, tardíamente, 1. Es obvio que a cada enfoque corresponde una varianza interna que debe tenerse en cuenta. No obstante, es perfectamente posible identiíicarlos como alternativos. Existen muchas obras representativas de cada uno de ellos y de sus antecedentes. Ilustrativamente, deben citarse, para el priniero de ellos: W. W. Rostow, Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista (México: Fondo de Cultura Económica, 1962); Gino Germani, Política y sociedad en una época de transición (Buenos Aires: Paidós, 1966); John J. Jhonson, La hansformación política de América Latina, El surgimiento de 10s sectores medios (Buenos Aires: Solar/Hachette, 1962). Institucionalmente, muchos de 10s más divulgados trabajos de la CEPAL, principalmente 10s elaborados en 10s años 50, son un buen ejemplo de este tip0 de análisis. Podria decirse, como historia intelectual, que 10s escritos de Raúl Prebisch, Singer, Myrdal y Medina Echavarría, entre otros, constituyen un antecedente critico,
ctPapers)>: Revista de Sociologia la historia social de 10s paises avanzados, ni la formación de éstos puede ser considerada como pauta idealizada y universal del desarrollo capitalista de 10s paises que <(se quedaron atrásn. En relación con el segundo aspecto, sobre 10s alcances y limitaciones de 10s análisis basados en la perspectiva de 10s estudios sobre la dependencia, un balance razonable excede el propósito limitado de este trabajo. Por 10 demás, esta tarea ya ha sido realizada.' Sin embargo, dada la heterogeneidad conceptual y metodológica que 10s caracteriza -pese a que provengan de un campo teórico comúnconviene precisar, brevemente, algunos problemas relacionados con su conceptualización evitando, con ello, posibles fuentes de confusión que entorpezcan la comprensión del análisis concreto que me propongo. En este intento de clarificación dejo de lado, deliberadamente, toda discusión relativa al significado semántico del término dependencia y, en particular, a dos de sus derivaciones que sin poseer significado teórico preciso alguno han llegado a ser utilizadas como parte de la crítica formal al empleo del concepto de dependencia: la postulación de relaciones de <tinterdependencian,' por un lado, y, por otro, la reificación de la <tindeaunque parcial, de ese primer enfoque; sobre todo, en cuanto a la discusión de la teoria clásica del comercio internacional realizada por 10s primeros, en el campo econórnico, y la reconsideración del papel de 10s ctagentes sociales>> del desarrolio -prim cipalrnente las clases medias y las &teselaborada por el última. Para el segundo enfoque, consúltese: F. H. Cardoso y E. Faletto, Dependencia y desarrollo en América Latina (México: Siglo XXI Editores, 1969); F. H. Cardoso, Cuestiones de sociologia del desarrollo en América Latina (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1969); Osvaldo Sunkel, El marco histórico del proceso de desarrollo y subdesarrollo (Santiago de Chile: ILPES, 1967); Theotonio Dos Santos, <(El nuevo carácter de la dependencia,, en T. Dos Santos, et dl., La crisis del desarrollismo y la nueva dependencia (Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1969); Rodolfo Stavenhagen, ctSiete tesis equivocada~ sobre América Latina*, en R. Stavenhagen, Sociologia y subdesarrollo (México: Editorial Nuestro Tiempo, 1971). 2. F. H. Cardoso, cc("'eoria de la dependencia" o análisis de situaciones concretas de dependencia?,, en Revista Latinoamericana de Ciencia Politica, vol. 1, núm. 3 (1970); F. H. Cardoso, ctNotas sobre el estado actual de 10s estudios de la dependencia>>, en Sergio Bagii, et al., Problemas del subdesarrollo latinoamericano (México: Editorial Nuestro Tiempo, 1973); F. H. Cardoso, aContradicciones del desarrolio asociado,, en Desarrollo económico (1970). Otro escrlto importante es el de Francisco Weffort, ccNotas sobre la "Teoria de la dependencia": (Teoria de clase o ideologia Nacional?)>, en Revista Latinoamericana de Ciencia Política, vol. I, núm. 3 (1970). 3. Raymond Vernon, Multi-National Enterprises: Their Relation to Dependency and Interdependence (Harvard University: Center for International Affairs, 1973), mirneo, y Robert Packenham, Latin American Dependency Theories: Strengths and Weaknesses (1974). Mimeo.
Burguesia nacional, el caso de México pendencia>> como supuesto concepto reciproco o <(contra-situaciÓn)>. En el primer caso, se omiten las posiciones y funciones diferenciales con que las partes intervienen en la <tinterdependencia)> y las situaciones de dominación-subordinación en ellas inscritas, condenando el análisis a un simple procedimiento analógico formal. En el segundo, el análisis de la dependencia acaba por ser confundido con el establecimiento de una ideologia nacional, y queda reducido a 10s estrechos limites de una tautologia. Desde el punto de vista sustantivo, Xos problemas en el análisis de la dependencia son, por supuesto, de índole diferente. Ellos se definen en el marco de una estrategia teórico-metodológica encaminada hacia una interpretación integrada del desarrollo, de corte histórico-estructural, y elaborada a partir del análisis de situaciones concretas. ¿Qui signiíica esto? En primer lugar, que la interpretacih de las situaciones de subdesarrollo no se deducen a partir de al& <<modelo)> posible de ordenación y agregación de variables --económicas, sociales y políticasdestinado a la construcción de sistemas clasificatorios. No, metodológicamente, la categoria de dependencia no se inspira en una intención nominali~ta.~ En vez de ello, pretende asignar al subdesarrollo un significado histórico particular, concibiéndolo como parte del proceso de formación del sistema productivo mundial; es decir, como resultado de la vinculación de las economias periféricas al mercado mundial, primer0 bajo su condición de <(colonias*, luego como sociedades nacionales. La situación de subdesarrollo se produjo históricamente cuando la expansión del capitalisrno come:rcial y luego del capitalisrno industrial vinculó a un mismo mercado econornías que, además de presentar grados diversos de diferenciación del sistema productivo, pasaron a ocupar posiciones distintas en la estructura global del sistema capitalista. De ahí que entre las economias desarrolladas y las subdesarrolladas no s610 exista una diferencia de etapa o estado del sistema productivo, sino también de función o posición dentro de una misma estructura económica internacional de producción y distribución. El10 supone, por otro lado, una estructura definida de relaciones de domina~ión.~ 4. Para la distinción metodológica entre conceptos ctrealesn y ctnominaless en las ciencias sociales, véase il. Biersted, ctNomina1 aandaReal Definitions in Sociological Theory~, en Llewellyn Gross (ed.), Symposium on Sociological Theory (Nueva York: Horper, 1959). 5. F. H. Cardoso y E. Faletto, Dependencia ..., op. cit., p. 23.
<(Papers)>: Revista de Sociologia En segundo lugar, vistas en su determinación histórica, y atendiendo a su posición y función internacionales, las economias y sociedades subdesarrolladas podrim ser conceptualizadas, por un simple trasplante, como ccperiféricas)>, por contraposición a las economías y sociedades <(centrales)> del rnismo sistema. De hecho, este reemplazo ha sido llevado a cabo en un buen número de trabajos cuya potencialidad analítica quedó disminuida ante el atractivo que, como categoria de denuncia, vino a ejercer el binomio centro-periferia sobre muchos autores de la izquierda intelectual. Tal reemplazo, sin embargo, es esencialmente equivocado por cuanto la relación centro-periferia, o desarrollo-subdesarrollo, empleadas en exclusiva, sóo pueden conducir a un análisis parcial, de posición y función en el primer caso, de estado o situación en el segundo. Esto fue muy claramente indicado por Cardoso y Faletto, al precisar que 10s conceptos de desarrollo y subdesarrollo no pueden ser sustituidos por 10s de centro y periferia ni, como si fuesen una síntesis de ambos, por 10s de economias autónomas y economias dependientes: De hecho, son distintas tanto las dimensiones a que estos conceptos se refieren como su significación teórica. La noción de dependencia alude directamente a las condiciones de existencia y funcionamiento del sistema económico y del sistema político, mostrando las vinculaciones entre ambos, tanto en 10 que se refiere al plano interno de 10s países como al externo. La noción de subdesarrollo caracteriza a un estado o grado de diferenciación del sistema productivo ... sin acentuar las pautas de control de las decisiones de producción y consumo, ya sea internamente (socialismo, capitalismo, etc.), o externamente (colonialisme, periferia del mercado mundial, etc.). Las nociones de <(centro)> y <cperiferia)> por su parte, subrayan las funciones que cumplen las ec@ nomias subdesarrolladas en el mercado mundial, sin destacar para nada 10s factores político-sociales implicados en la situación de dependencia .6 A partir de este tip0 de conceptualización, una interpretación integrada del desarrollo no podria suponer, tampoco, la existencia de un nexo inmediato entre la diferenciación del sistema económico, el establecimiento de centros autónomos de decisión y la traslación de la periferia al centro. Las transformaciones del sistema productivo no se traducen necesariamente 6. Ibid ..., pp. 24-25.
Bursesia nacional, el caso de México en un robustecimiento de la cta~utonomia nacionals de decisiones y de 10s mecanismos sociales que las condicionan, asi como, por otra parte, la relativa autonomia de una <tsociedítd nacional)> no tiene como concomitante, a fortiori, una expansión del aparato productivo y formas de distribución de la renta equiparables a 10s paises centrales desarrollados o, incluso, a pdses periféricos <<en desarroll N>. Lo que el concepto de deplendencia pretende, precisamente, es otorgar significado a la manera como estos hechosi se combinan, en momentos dados, estableciendo -por su ntermediolas relaciones que hacen inteligibles las situaciones empíric2 s en función del modo de conexión entre 10s componentes estructurales nternos y externos. Trátase pues, de comprender la dinámica estructural y las determinaciones históricas que ponen en movimiento el desarrollo de las sociedades de la periferia internacional, en la dialéctica de sus mediaciolles políticas y sociales tal y como se reproducen interna y externamente. Asumiendo esta perspeci:iva, el presente trabajo adquiere una doble delimitación. Históricamente, s(: hdla circunscrito a 10s cambios ocurridos a partir de la posguerra y que establecen, como se intenta mostrar, un nuevo tip0 específic0 de dependencia que da viabilidad a la industrialización de la periferia. En este pr~pósito, no se endosan, por tanto, aquellas formulaciones sobre la dependel~ncia que insisten, sin fundamento, en una contradicción permanente y sctbredeterminada entre dependencia y desarr~llo.~ Industrializacidn nacional y dei~endencia Las condiciones internacio~(lales que emergieron y se mantuvieron presentes en el mundo capitalista entre 1929 y el segundo conflicte bélico mundial se tradujeron, para la mayor parte de la América Latina, en una importante posibilidad coyuntu~ral de iniciar, sobre bases relativamente firmes, una nueva etapa en su proceso de desarrollo, que a través del impulso a la industrialización nacional implicara también m robustecimiento de su autonomia sobre el proceso global de desarrollo y la redefinición de las viejas estructuras de domindIci6n interna c:n favor de 10s grupos y clases sociales que emergim vinculad(3s a la economia urbano-industrial. 7. El caso mis representativo de esta tendencia es posiblemente el de 10s trabajos de André Gunder Frank. VCasc: su Desarrollo del subdesarrollo (México: Escuela Nacional de Antropologia e Histori~l, 1970) y su Lumpenburguesia: Lmpenproletariado (México: Editorial ERA, 1972'1.
uPapers)>: Revista de Sociologia La crisis mundial y sus efectos sobre la paralización relativa de 10s movimientos internacionales de capital, se expresaron en un sensible descenso de las inversiones extranjeras y, por tanto, en la pérdida del dinamismo de 10s enclaves mineros y agricolas orientados a la exportación que durante el largo período que 10s economistas han denominado de ctcrecimiento hacia ahera?>, constituyeron el centro de la actividad económica aun cuando algunos paises de la región, como México, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Colombia principalmente, hubieran experimentado un inicio de industrialización, en parte como complementaria de la actividad exportadora y en parte dirigida a una cierta demanda interna de bienes de consumo representada por mercados locales o regionales con sede en 10s centros urbanos de la época. Por otra parte, la sociedad mexicana, después de quince años de guerra civil, había conseguido debilitar y posteriormente romper las bases de dominio de la oligarquia terrateniente, tanto en 10 económico como en 10 político, al paso que se iniciaba una era de acentuamiento de su soberanía que se expresaba, entre otras formas, por la valorización del control nacional de sus recursos naturales. Tal fue el caso del petróleo, por ejemplo, que culrninó con la expropiación de las compañías extranjeras en 1938 asi como, por su parte, la nacionalización de 10s ferrocarriles y la reforma agraria. En términos generales, el período se caracterizó por una fuerte disminución de la inversión extranjera, una intensificación de la inversión interna y una creciente participación estatal, fuertemente apoyada en 10s sectores populares e incluso en la naciente burguesía nacional --cuyos orígenes se remontan a 10s últimos años del porfiriatoque encontraba posibilidades cada vez más amplias de consolidación en el marco de una idee logia nacionalista del desarrollo que, en las condiciones provocadas por la gran depresión y la segunda guerra mundial, era fuertemente impulsada por el Estado a través del proceso de sustitución de importaciones como una política explícita de la estrategia de desarrollo <(hacia adentro)> y una política proteccionista que colocaba a disposición del sector empresarial una demanda ya creada y antes satisfecha a través de las importaciones. Las aíirmaciones formuladas encuentran suficiente apoyo en 10s datos que al respecto existen disponibles. Así, de 3.462 millones de dólares a que ascendían las inversiones norteamericanas en América Latina en 1929, se& la CEPAL, descendieron a 2.803 millones en 1936 y a 2.696 millcnes en 1940. En México, las inversiones directas de 10s Estados Unidos, que experimentaron un gran crecimiento durante la última década del siglo XIX, ascendieron, de acuerdo con el Departamento de Comercio de 10s
1 Burguesia nacional, el caso de México Estados Unidos, a 683 millone!,; de dólares en 1929 habiendo descendida hacia fines de 1940 a la cantidi1.d de 358 millones (Tabla 1). Inversiones norteamericanas en América Latina (Mill~l~~?~ólares) I 1929 1936 1940 - América Latina ......... i. .... 3.462 2.803 2.696 .. México ................. ..i.. 683 - 358 Fuente: Para America Latina, CEPAL, IE~ financiamiento extern0 de Amtrica Latina (Chile: Santiago, 1964). Para Mexico, CEPAL, Inversiones extranjeras en Mtxico (1950) y Departamento de Comercio de 10s Estados Jnidos, American Direct Investment in Foreign Countries (Washington, 1945). En sentido opuesto, el corllportarniento de la inversión interna registró un ascenso constante en el no deben subestimarse 10s importantes efectos de la inversión pública a las obras de infraestructura y a 10s servicios públicos en la de mercados y en las facilidades para la formación de y complejos industriales? La inversión pública, en incrementado de 82 millones en 1925 a 137 millones en 1935 y a 290 en 1940, habiendo alcanzado la cifra de 2.672 millonef en 1950 que representaba el 44,2 % de la inversión total del pais, si )ien ha venido perdiendo importancia, en términos relativos, con respectc a la inversión privada que para 1966 representó, con 14.929,3 millones el 69,9 % de la total? Durante la posguerra -ha$ta 1950-, la inversión realizada en México llegó a ocupar un lugar basta& destacado si se le compara con países de ingreso per cápita similar (~obld~r 2) y en la que después de 10s transportes y las cornunicaciones, que ocuparon el prinner lugar de la inversión en8. David Ibarra, *Mercados, d/:sarrollo y política econbmica: Perspectivas de la economia de México,, en El perfil de México en 1980 (México: Siglo XXI, 1970), vol. 1, p. 113. 9. Ibid ..., pp. 115-116. 1
ctPapers,: Revista de Sociologfa tre 1939 y 1950 (28 % de la inversión bruta interna), el segundo 10 ocupó la industria con una participación del 23 %?O Proporción media anual de la inversión total respecto al producto nacional bruto, por paises y niveles de ingreso per cápita 1947-1950 lngreso Per Cápita PAfSES* Respecto a México Guatemala Turquia Brasil Colombia Cuba Chile Menor 10,2 13,O Ligeramente mayor 15,O 15,8 Mucho mayor 10,O 11,l En resumen, la etapa de desarrollo nacional que se verificó en México y América Latina -aunque con muy diversos logros si se observa por paísesa través de la industrialización sustitutiva y de la consolidación del mercado interno, se rigió en función de la acumulación interna y estuvo claramente caracterizada por políticas proteccionistas. Por otra parte, durante el proceso se habia logrado formar, no sóo el mínimo de infraestructura e industrias de base para facilitar la continuidad del crecimiento, sino también un sector empresarial privado y mejor organizado para asumir, junto con el Estado, la conducción del desarrollo. 10. Rad Ortiz Mena, Víctor L. Urquidi, et al., crMéxico, desarroilo económico y capacidad para absorber capital del exteriors, en Problemas agricolas e industriales de México, vol. IV, núm. 3 (1952), p. 21. Véase también James W. Wilkie, The Mexican Revolution: Federal Expenditure and Social Change Since 1910 (University of California Press, 1970) y Clark W. Reynolds, La economia mexicana. Su estructura y crecimiento en el siglo XX (México: Fondo de Cultura Económica, 1973).
ctPapers,): Revista de Sociologia Igualmente, las cifras disponibles permiten apreciar la participación mayoritaria que el capital norteamericano posee dentro del total de la inversión extranjera en México, pues de 1.745 millones de dólares en que fue estimada dicha inversión para el año 1965, 1.456 millones, o sea el 83,43 %, pertenecían a empresas de 10s Estados Unidos.18 Los cambios observados en la magnitud y distribución sectorial de la inversión extranjera ponen de relieve la forma estructural a partir de la cual se integra una economia central en la estructura de una economia periférica, controlando ínternamente una parcela importante del mercado nacional y del aparato productivo, precisamente en su sector más dinámico. En otros términos, la relación centro-periferia deja de expresarse mediante el enclave exportador, al tiempo que cambia la división internacional del trabajo entre paises productores de materias primas y paises productores de manufacturas que caracterizaba la contradicción existente entre desarrollo y dependencia. En la nueva situación, en la que las economias centrales se orientan al sector manufacturera de la periferia, no sólo se hace posible el desarrollo sino que a la vez se mantienen, redefinídos, 10s lazos de la dependencia. En esta redefinición de la relación centro-periferia, se da paso al sistema capitalista industrial tal y como éste puede desarrollarse: en la periferia del mercado mundial y a la vez integrado a éI.19 De ahí que el concepto de <(economias industrial-periféricas,, exprese de manera más adecuada --que el de <{paises en desarrollo)>, por ejemploel carácter estructural del actual desarrollo de ciertos paises latinoamericanos y, particularmente, el de México. La industrialización nacional, dentro del nuevo carácter de la dependencia alteró, por su parte, las bases políticas y sociales del desarrollismo nacionalista en la misma medida en que la necesidad de acumulación de capital se presentaba, cada vez más, en contradicción con la tendencia redistributiva implicada en la alianza original. La opción, hecha en favor de una rápida acumulación, se hizo posible gracias a un doble juego: abrir el mercado interno al capital extern0 y redefinir la orientación del proceso en favor de una acumulación basada en el mantenimiento de una desigual distribución del ingreso. 18. Miguel Wionczek, <<La inversión extranjera privada en México: problemas y perspectivas*, en Comercio Exterior, vol. XX, núm. 10 (1970), p. 818. Los datos sobre la participación del capital norteamericano en la inversión extranjera provienen de un estudio de Leopddo Solis, Anilisis de algunos aspectos de la inversión privada en México, trabajo presentado en el Seminario sobre aspectos financieros de la integraci6n de América Latina, BID-INTAL, Buenos Aires, 1969. 19. F. H. Cardoso y E. Faletto, Dependencia ..., ap. cit., pp. 131 y 163-165.
Burguesía nacional, el caso de México I Los efectos de esta opcióil habrían de proyectarse, a su vez, en una doble tendencia: la pérdida creciente del control nacional de la industrialización, por un lado, y, por otro, el gradual debilitamiento de la alianza vertical con 10s sectores populares, produciendo, en el mismo movimiento, la integración horizontal de 10s intereses de la burguesía, en el plano ec@ nómico y político, aliada a 10s intereses representados por el capital extranjero. Ello no significa, se& se' vera' mis adelante, la estructuración de un conglomerado monolítica de clase; por ell contrario, el propio proceso contribuyó, y 10 sigue haciendo, a la generación, como resultado, de <{fracciones burguesas marginalesn, excluidas del polo hegemónico del nuevo proceso.'" Por 10 que a 10s sectores populares se refiere, las expectativas de un desarrollo democrático --con ir corporación crecientese revirtieron, dentro del nuevo modelo, en una paralización, e incluso disminución, de sus niveles de consumo y participación en el ingreso nacional, como resultado de una pauta de desarrollo en la que las metas de integración nacional, tanto regional como social, fueron perdiendo significación. El desequilibri0 regional !. las diferencias sociales que 10 acompañan se han agudizado cada vez rnás. De acuerdo con ciertos estudios, en las entidades más prósperas --con un ingreso promedio por habitante superior a seis mil pesos anuales -vlve el 30 % de la población, se genera el 59,6 % del valor total de lri producción de la industria de transformación, se gasta el 55,8 % del ga:,to total conjunt0 de 10s gobiernos estatales, y el Instituto Mexicano del Segluro Social (IMSS) ampara al 29,3 % de la población total.21 En cambio, c:n las entidades de ingresos medio y bajo (24 entre un total de 32), dolde reside la mayor parte de la población nacional (69,7 % del total), ~lichos indicadores manifiestan la situación inversa (Tabla 6). 20. En efecto, dicha integració i de intereses no insinúa la homogeneización absoluta de 10s intereses económicos exi4,tentes entre 10s diversos sectores de la burguesía, así como tampoc0 el que sea ideoldgicamente monolítica. ccTeóricamente, el establecimiento de un sistema de alianzas (verticales y/u horizontales) no supone la inexistencia de tensiones entre las partes ni mut ho menos que esas alianzas sean estables.,, Véase sobre este punto, F. H. Cardoso, u~e~emonía burguesa e independencia económica: caíces estructurales de la crisis polit ca brasileñas, op. cit., pp. 85-122. 21. Ifigenia M. de Navarrete, ,(La distribución del ingreso en México: tendencias y perspectivas)>, en El perfil de Mdxico en 1980 (México: Siglo XXI, 1970), vol. 1. Igualrnente, Kirsten Albretchsen, R~sa Maria Domínguez y Daniel Murayama, <(Desarrollo desigual en México: 1900 y 1960s, en Demografia y economia, vol. VI, núm. l (1972), donde se demuestra cóm0 Ja desigualdad regional y social en México, entre 1900 y 1960 ha ido constantemente en aumento.
Burguesia nacional, el caso de México La fuerte desigualdad del ingreso puede también apreciarse en función de la participación que en el i lgreso nacional tienen el factor trabajo y el factor capital; esto es, 10s ing~.esos derivados en forma de sueldos y saiarios por cornparación con 10s ingresos derivados de las utilidades. Desde el año 1939 en que el factor trabajo tuvo una participación del 53,6 % en el ingreso nacional, se inició un proceso decreciente cuyo nivel más bajo se registró en 1946 al fijar una participación del mismo factor de apenas el 39,2 %. Veinte aiios después, en 1966, la participación del factor trabajo apenas se habia conseguido ]igualar en el nivel de 1939 al registrar un 53,l %,= de manera que durante todo el período de industrialización y crecimiento económi'co sostenido, la rentabilidad del capital ha sido desproporcionadamente rrayor a la del trabajo auspiciando una ampliación cada va mayor de la brecha a pobres y a ricos y a la vida rural de la urbana. Por otra parte, 10s eventdlales cambios en la distribución del ingreso han tendido generalmente a favorecer a aquellos grupos sociales que por su posición en el ingreso podrian ser considerados como miembros de 10s sectores medios, en tanto que llos ingresos de 10s sectores más bajos se han incluso deteriorado. Así, como 10 muestra la Tabla 7, el 50 % de las familias con ingresos rnás bajos disminuy6 :,u participaci6n en el ingreso del 19,l % en 1950 al 15,4 % en 196344. México: distribddón del ingreso. 1950-1964 Porcentaje de familias en orden decreciente de ingresos 50 3 O 20 5 % más alto 1 % más alto Porcentajes de ingresos Fuente: Add. CEPAL, I), 1967. Estudio sobre dis; ribucidn ingreso Amtrica 22. David Ibarra, aMercados. .)>, op. cit., p. 117. 5 1
<{Papers,: Revista de Sociologia En resumen, el desarrollo económico se ha generado a costa de una marginalización creciente de 10s sectores populares, no del proceso sino de sus beneficios, y ha mantenido en muchos sentidos la fisonomia típica del ~ubdesarrollo.~ Sin embargo, seria un error suponer que la nueva situación de dependencia no haya alterado también la posición estructural de la burguesía nacional e impuesto limitaciones a la constitución hegemónica de su liderazgo. De hecho, como se ver6 a continuación, el medio estructural en el que se definen actualrnente las posibilidades de acción de la burguesía nacional y en particular de las élites empresariales del sector industrial, reduce en forma considerable sus tentativas de autonomia y control, tanto como la propia emergencia de estas ideologia de <(desarroll0 nacional)>, enrnarcándolas dentro de 10s límites de la nueva alianza desarrollista e internacionalizada del proceso de desarrollo dependiente asociado. Estructura industrial y élites empresariales El grado de integración y consolidación de la industria que se fue logrando en el pds a partir del proceso sustitutivo, condujo, de manera paralela, a la formación, dentro del ámbito de las clases productoras, de ciertas &tes empresariales cuyas posiciones dentro del sistema industrial las coloca en una situación dominante. Los limites de dichas élites empresariales en el control del proceso económico pueden establecerse a partir del análisis de su participación dentro de la estructura productiva y de 10s grados de control que en ella le corresponden. De acuerdo con la información publicada por el Censo Industrial de 1965, la industria nacional estaba integrada por un total de 136.066 establecimientos industriales. De ellos, 1.117, o sea el 0,8 % del total, controlaba el 64,28 % de la producción bruta total de la industria ($ 121.560.715.000) con un valor que ascendía a 10s 78.141.679.000 pesos mexicanos. Por otra parte, la misma proporción de establecimientos controlaba el 66,34 % del capital total invertido en la industria ($95.664.020.000) con una inversión total de 63.471.267.000 pesos. Sin embargo, desde el punto de vista de la mano de obra, dichos establecimientos daban empleo a solamente 480 353 trabajadores; es decir, a sólo el 34 % del personal ocupado en la industria que para ese año 23. Véase Ricardo Cinta, <Llases socides y desarrollo en México>>, en Revista Latinoamericana de Ciencia Política (1970).
I Burguesla nacional, el caso de hI6xico registró la cifra de 1.409.894 trabajadores. Así, con únicamente la tercera parte de la fuerza de trabajo industrial, menos del 1 % del total de establecimientos controla las dos ilerceras parres del valor de la producción y del capital invertido (Tabla 8), Distribución de la producci6,n bruta total, capital invertido y personal ocupado, por nÚmer8> de establecimientos en 1965, a) Ndmero y I Grados de control proporción de - establecimientos Produccidn bruta total, b) Capital invertido, b) Personal ocupado No. abs. % No. abs. ' % No. abs. % No. abs. % - - -- Total: Notas: a) Incluye industrias extractiwls y de transforrnaci6n. b) Millares de pesos. Fuente: VI1 Censo Indust~iai, 1966 ('~~exico: SIC, 1967). Estos 1.1 17 establecimientos, cuya producción individual es superior a 10s 20 millones de pesos, re >resentan el total de establecimientos registrados en el Censo Industrial con esta característica y se encuentran constituidos en 938 empresas, a lis que si se agrega su propiedad de otros establecimientos de menor imbortancia relativa, contarfan entonces con un total de 1.243 establecimiento: (el 0,91 % del total de la industria) controlando, entonces, una cantidacl algo superior a la descrita. No obstante el alto grado de concentración del poder económico que estos datos revelan, es preciso apreciar, en otra presentación, la forma como se distribuye este podes tanto entre 10s diversos tamaños de las empresas, cuyo rango de variacjlón sigue siendo muy amplio, así como entre 10s distintos grupos que confc~rman la éhte industrial: 10s inversionistas extranjeros, 10s empresarios locales y las elnpresas del Estado. Al clasificar a las 938 emqresas industriales en función de su tamaño,
upapersa: Revista de Sociologia de mayor a menor, se hace manifiesta la desigual participación de las empresas en el control del aparato productivo. El estrato compuesto por las diez mayores empresas controla el 17,73 % del valor de la producción de las 938 y el 10,99 % de las que corresponde al total del país. Las primeras cien empresas representan el 49,45 % de la producción conjunta de las 938 -30,61 % de la del paísy a las 300 mayores corresponde el 72,16 % y el 44,70 % de la producción de las 938 y del país, respectivamente. Esto significa que las 110 primeras ernpresas (11,69 % de las 938) ejercen el control del 51,25 % de la producción conjunta total y del 31,72 % del total de la producción industrial del país, frente a las 828 empresas restantes (88,31 % de las 938) que controlan el 48,75 % de la producción conjunta y el 30,23 % de la producción nacional de la industria (Tabla 9). Estratiiicación de las 938 empresas industriales más grandes del país, de acuerdo con el valor de su producción bruta total, a) Control de la producción bruta total (%) Número de % respecto a las empresas agrupadas 938 empresas De las 938 Del pais 10 1,06 17,73 10,99 100 10,63 49,45 30,61 300 31,89 72,16 44,70 938 100,OO 100,OO 61,95, b) El 11,69 % de las empresas: 5 1,25 31,72 El 88,31 % restante: 48,75 30,23 Notas: a) Salvo especificación en contrario, todos 10s datos qur: se reííeren a las 938 ernpresas industriales rn8s grandes dei país, han sido obtenidos y elaborados especialmente por el autor, a traves de investigación directa en diversos organismos públicos y privados, durante la investigación que ha estado dirigiendo para el Colegio de Mexico y la Comisión Económica para Arnérica Latina (CEPAL) sobre E2 empresari0 industrial y el desarrollo econdmico de Mdxico. El univers0 constituido por las 938 mayores ernpresas industriales del país, proviene del analisis del código del Censo Industrial de 1965, en el cua1 no fueron tabuladas ni publicadas estas inforrnaciones. b) En este cuadro, el control de las 938 empresas sobre el valor de la produccibn bruta total del país no es del 64,28 % por referirse exclusivamente a la industria de transformación, excluyendo la industria extractiva.
I Burguesía nacional, el caso de México Por otra parte, el análisu de 10s intereses representados por este sector dominante del sistema indujtrial permite percibir de manera más clara el grado de participación que /:orresponde a 10s distintos grupos elitistas de la industria, tanto por 10 que se refiere a las posiciones logradas por el Estado y el sector empresaria: de la burguesia local, como por 10 que atañe a las posiciones adquirid~as por el capital extranjero a partir de la posguerra, a través de las subs tdiarias de las grandes corporaciones transnacionales. De las 938 empresas indulstriales que se analizan en este trabajo, el 26,7 % son extranjeras, el 5,70 % estatdes y el 68 % restante pertenecen al sector privado nacional.24 Apirentemente, entonces, en cuanto al número total de grandes empresas ind~i~striales funcionando en el país, existe un claro dominio nacional, pues entre el sector privado y el sector estatal se controla el 73,3 % del total. Sin embargo, al introduci~, criterios adicionales, la impresión de que existe un amplio sector de la industria controlado nacionalmente pierde su impacto inicial. ¿En qué e: tratos de la producción tienden a concentrarse uno y otro tip0 de emp,resas? ¿Cuáles predominan en 10s estratos superiores? Desde esta o sea considerando la importancia relativa de 10s tres tipos de empresi s en cuanto ar la magnitud de su producción bruta total, las empresas extrmjeras adquieren una importancia mucho mayor. De las primeras 10 emprekas, el 50 % son extranjeras; de las primeras 20 10 son el 55 % y de Is s primeras 50, 10 es el 48 % . De las primeras 110, que como se mostró controlan el 51,25 % del valor de la producción total de las 938 erlpresas, son extranjeras el 47 % y de las 300 primeras 10 es el 34,7 %. Así, 10s datos indican una clara concentración de la empresa extranjera clentro de las grandes unidades productoras, con alta densidad de capital y baja utilización de mano de obra, tendencia exactamente opuesta a la seg~ida por la mayor parte de las empresas bajo control del sector privac,lo nacional y, muy particularmente, por aquellas cuya importancia rela'tiva les atribuye una posición no elitista (Tabla 10). 24. La clasificación de las empresas en estatales, extranjeras y privadas nacionales fue elaborada a partir del tipo de capital predominante, de acuerdo con informaciones y clasiíicaciones no publicadas y obtenida de diversas fuentes, mediante investigación directa. Entre eiias, ~acional Financiera, S. A. (1970); Business Trends (19681970), Cámara Americana de Comercio (1966); Secretaria de Relaciones Exteriores (1970); Confederación Nacional de Eámaras Industriales (1970) y Confederación Patronal de la República Mexicana (14)70).
<(Papers>>: Revista de Sociologia Distribución de las 938 empresas industriales más grandes del país, se& la composición de su capital, por estratos Grado de control del valor de la producción brzlta total (%) Estvato Extranieras Estatales Pvivadas nacionales Total Si se examina ahora la localización de la inversión extranjera desde el punto de vista del control de ciertos productos considerados <(estrat& gicos,, para el impulso de la industrialización, puede observarse que en el control de este tip0 de recursos el capital extranjero adquiere una pasticipación decisiva. En este sentido, la apertura del mercado interno al capital extrmjero posibilitó, en efecto, la continuación de un proceso sustitutivo que no podia detenerse en su primera etapa. Sin embargo, la sustitución de bienes intermedios y de capital se dejó en manos de las subsidiarias extranjeras, que con ese fin fueron instalándose en el país, de tal modo que a partir de la posguerra la inversión extranjera no s610 se reorientó hacia el sector manufacturero, sino que ademh 10 hizo hacia aquellas ramas productivas que más contribuyen a dar dinamisme al proceso de industrialización. Del total de las 938 grandes empresas industriales del país, 116 (12,4 %) son productoras de bienes de capital, de las cuales el 53,O % (61 empresas) son extranjeras. A la producción de bienes intermedios b4sicos, se dedican 311 empresas, de las cuales 130 (41,8 %) son también extranjeras. Por tanto, de 427 empresas productoras de bienes intermedios
upapers>>: Revista de Sociologfa Sin embargo, seria apresurado pensar que las diferencias señaladas entre las empresas industriales y las características que a cada tip0 de ellas corresponden, bastan para comprender la naturaleza de las situaciones alrededor de las cuales giran las orientaciones económicas y políticas de la burguesia industrial. Si bien es posible afirmar que tales características de la empresa ejercen un peso importante en la actitud y el comportamiento empresarial, ello no significa que el proceso de decisiones en que se funda tal conducta no sea considerablemente más complejo de 10 que se podria suponer si sólo se tiene en cuenta a la empresa aidada. De hecho, el desarrollo económico del país ha estado caracterizado por una clara tendencia a la formación de icgrupos econÓmicos~> que a la vez que amplian el área de acción económica del empresari0 mediante 10s mecanismos de integración horizontal y vertical, 10 vinculan a un sistema de intereses considerablemente mis diversificado y en el que la fusión del capital industrial y el financiero cobra l~gar.~~ Este hecho obliga, necesariamente, a adoptar la precaución metoclm lógica de no inferir, mecánica y simplistamente, la explicación de las orientaciones y comportamientos de la élite empresarial, a partir de una unidad que, como la empresa, ha dejado de ser, en muchos aspectos, la unidad de análisis básica. El icgrupo económico~ constituye una unidad de mediación fundamental entre el nivel de la empresa y 10s rasgos estructurales del desarrollo dependiente. Por 10 tanto, empresa y grupo econdmico constituyen realidades empiricas distintas, y esta diferencia, aunada a las indidurante mucho tiempo distinguieron en México a la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (CNIT), en la que predominan las empresas de tamaño mediano y pequeño, productoras de bienes de consumo, con baja densidad de capital, escasa tecnologia y abundante mano de obra, de otras organizaciones empresariales donde el peso de las grandes empresas, con características opuestas, ha sido mucho mayor. Véase: Robert Scott, Mexican Government in Transition (University of Illinois Press, 1964) y Sanford Mosk, Industrial Revolution in Mexico (University of California Press, 1954). 29. En México, prácticamente no existen estudios sobre la formación de grupos económicos. Los resultados generados por la sociologia brasileña sobre este tema significan una ayuda considerable, sobre todo en su aspecto metodológico. Véase al respecto 10s trabajos de Mauricio Vinhas de Queiros, Luciano Martins y J. A. Pessoa de Queiros, en el vol. 11, núm. 1, de 1965 de la Revista do Instituto de Ciencias Sociais; y Luciano Martins, Industrializa~áo, burguesia nacional e desenvolvimento (Río de Janeiro: Editora Saga, 1968). Tambi&, Nathaniel H. Leff, <<El espíritu de empresa y la organización industrial en 10s paises menos desarrollados: 10s "grupos">>, en El trimestre econ6mic0, vol. XLI (3), núm. 163 (1974).
Burguesia nacional, el caso de México cadas entre las empresas, debe tenerse presente en todo esfumo interpretati~o.~' Además, las modificaciones estructurales; de las empresas industriales nacionales, asociadas a las características del proceso de sustitución de importaciones, posibilita también la exploración de las formas en que el proceso dependiente se expresa al nivel de la empresa, especialmente a partir del momento en que el gaso a la sustitución de bienes intermedios y de capital no s610 produjo la inserción de las corporaciones multinacionales en el interior de la economia periférica, sino también indujo a un nuevo tip0 de vinculaciones cor el exterior a las empresas nacionales que lograron arribar a esta fase sus.itutiva. Este nuevo tip0 de vincul:iciÓn se originó en las nuevas necesidades de orden tecnológico y magnit ld de 10s recursos financieros, correspondientes a la expansión del proceso productivo y se tradujo --en grados variablesen la pérdida de altonornia, 0 por 10 menos en el debilitamiento, del carácter propiamente nacional de las empresas locales y las fracciones empresariales a ellas asociadas. E!sencialmente, esta vinculación de dependencia estructural a nivel de la empresa y del grupo económico podria ser expresada, técnicamer te, a través de un índice jerárquico --como el de la escala tip0 Guttman-.- en el cua1 el control accionario, la vinculación financiera y el pago de k,zow-how, patentes y royalties expresarían la forma determinada en que se manifiesta esta ~inculación.~~ En síntesis, la reorganizaci~jn de la economía, impuesta por el avance de la industrialización, significó modiíicaciones apreciables en la composición y diversificación de 10s intereses de la Clite empresarial a la vez que se definieron 10s limites que c:stablecen la <<autonomia relativas de 10s sectores que la constituyen: el sector privado nacional (en sus fracciones dependientes y autónomas), el sector estatal y el sector extranjero, cuyas respectivas posiciones de contro. del proceso de desarrollo se han analizado anteriormente y en la que la fracción nacional <<autÓnoma)> difícilmente participa, aunque sea elitista, de la alianza hegemónica que, en la expresión de F. H. Cardoso," constituye el <<trípode)> del desarrollo económico: el 30. Mauricio Vinhas de Queijos ha definido la expresión ccgrupo económicos como cctodo conjunt0 estable y relat .varnente poderoso de firmas relacionadas entre sí por el capital y el poder de decisión de dirigentes comunes*. 31. Estas técnicas han sido usatlas, con 10s mismos propósitos, por F. H. Cardoso, Ideologias de la burguesía industrial en sociedades dependientes (Argentina y Brasil), op. cit., y Vilmar Faria, ctDependertcia e ideologia empresarials, en Revista Latinoamericana de Ciencia Política, vol. ::I, núm. 1 (1.9'71). 32. F. H. Cardoso, Cuestiones de sociologia del desarrollo de América Latina, op. .cit., p. 153.
apapers)>: Revi'sta de Sociologia Estado, las corporaciones multinacionales y la burguesía internacionalizada. Así, la actual composición de la burguesía nacional no s610 se caracteriza por un alto grado de heterogeneidad interna, basada sobre todo en las distintas posibilidades de acceso a posiciones de cierta hegemonia que se hallan adscritas a la importancia relativa de 10s productos, el tamaño de las empresas, sus tipos de mercado, su constitución en grupos económicos y sus vinculaciones externas, sino que las distintas fracciones de clase" se encuentran estructuralmente subordinadas a la necesidad de establecer relaciones específicas, a pactar, con bs grupos internos y externos, como requisito para garantizar la continuidad del crecimiento. El enfrentamiento de la segunda etapa de industrialización en varios de 10s paises latinoamericanos llevó, así, a la ruptura inevitable de la base bonapartista en que se apoyaba la política que caracterizó el período anterior --el cardenismo, sobre todo, en Méxicoy a la imposibilidad histórica de la burguesía para llevar a cabo una política de desarrollo capitalista autónomo. A partir del momento en que la burguesía y el Estado decidieron hacer frente a las dificultades implícitas a la formación de bienes intermedio os y de capital mediante la apertura del mercado interno a las subsidiarias extranjeras y a través de una política desarrollista en favor de la acumulación rápida de capitales sin intenciones redistributivas, el Estado, por su parte, redujo su carácter de Estado-empresari0 circunscribiendo cada vez mis su actividad a aquellas iniciativas demasiado arriesgadas para el capital privado, a conservar y eventualmente ampliar su control sobre ciertos sectores fundamentales -la energia eléctrica, por ejemploy, sobre todo, a asumir funciones reguladoras. Por su parte, como se ha dicho, el sector nacional de la burguesía industrial, que sobre todo logró establecerse en el tip0 de empresas ase ciadas a la primera fase del proceso sustitutivo, comenzó a depender de manera creciente de un nuevo tip0 de relaciones <tinterempresariales)> con el sector externo. La pérdida de dinamismo de las actividades productoras de bienes de consumo a partir sobre todo de la década de 10s 50 por el debilitamiento gradual de las posibilidades de sustitución y el lento crecimiento de la demanda dadas las características de la distribución del jn33. Sobre el concepto de ctfracción de clase,, véase Nicos Poulantzas, Cluses sociales y poder politico en el Estado capitalista (México: Siglo XXI, 1972) y, especialmente, Antonio Gramsci, Los intelectuales y la organización de la cultura; Note sul Machiaveli, sulla politica e sullo stato rnoderno; y su Antologia, publicada por Siglo XXI Editores, S. A., México, 1970.
Burguesía nacional, el caso de M6xico gre~o,~~ indujo a las élites emp -esariales 1oc:Jes a explorar en actividades mis redituables pero que, a la vez, demandaban mayores volúmenes de capital y, sobre todo, una tecno.ogia más avanzada. Es asi como el nuevo tip0 de relaciones interempresariales se tradujo en una pérdida de autonomia prlra la burguesía nacional, que pa6 a hacer depender su posibilidad de e~pansión del know how obtenido directamente desde el exterior o bien mediante la estrategia basada en la integración de capitales nacionales y extranjeros, en la ciue con frecuencia la participación nacional queda supeditada al control tecnológico, financiero y adrninistrativo de la empresa o el grupo e~tranjero.~' No seria posible, sin embargo, suponer que exista una relación de oposición y conflicto entre 10s intereses de la burguesia nacional y 10s del capital extranjero, asi como ta npoco 10 seria el imaginar un desacuerdo de la burguesia industrial con la orientación asumida por el proceso de desarrollo. Aun sin dar por descontadas las tensiones que puedan estar implicadas, la industrialización se ha desarrdllado a través de una alianza establecida entre 10s sectores que detentan una cierta hegemonia y que comparten, en 10 fundamental, la misma orientación: favorable a la promoción del desarrollo entendido como acum,ulación de capital y diversificación de la estructura productita y la que <(por 10 que al control nacional o extranjero de la economia se :-efiere)> es prácticamente neutral.36 Por otra parte, constitujrí~ un exceso de simplificación el pretender que la evolución de la idea de un desarrollo autónomo hacia una efectiva integración con el capitalismo transnacional fue el resultado de un voluntarismo irresponsable de las &:es empresariales. El análisis estructural de la industrialización en las sociedades periféricas asume 10s rasgos de una internacionalización creciente de, la vida económica que no se expresa s610 en el mercado, sino también en la desnacionalización del capital, de 10s intereses y de la ideologia y que se sintetiza en un proceso de integración transnacional - desintegración naional. Como consecuencia, la explicación de la ideologia burguesa no pued~: ser organizada a partir de una supuesta <(teoria del desarrollo nacional)), en la que la noción de economia se hace equivalente a la noción de pais o nación, sino a partir del análisis espe34. Importantes observaciones al respecto, para el periodo 1950-1966, en David Ibarra, <<Mercados...>, op. cit., pp. 110-112. 35. En este sentido, la nocion de corporaciones transnacionales resulta mis adecuada. 36. F. H. Cardoso y E. Faletto, Dependencia ..., op. cit., p. 158, y Osvaldo Sunkel, cccapitalismo transnacional 11 desintegracibn nacional en America Latina*, en Estudios Internacionales, núm. 16 ( 1971).
ctPapers)>: Revista de Sociologia cífico de sus sitzlaciones de clase tal y como se conforman, articulan y expresan en un sistema nacional dependiente. En este mismo sentido, el propio concepto de <tburguesia nacional)> necesita ser redefinido desde el momento en que la ideologia y el comportamiento político de la burguesia están regidos, más que por 10s intereses de la <tsociedad nacional),, por sus intereses internacionalizados como clase, a partir de 10s cuales se define el posible contenido del <(problema nacional)>.>." Todo ello no significa, por supuesto, que no existan, dentro de la burguesía industrial, orientaciones ideolÓgicas que tiendan a subrayar 10s principios del nacionalisme económico e incluso a insistir sobre la necesidad de un mayor intervencionismo estatal y una política redistributiva del ingreso. No obstante, esa ideologia, sustentada principalmente por 10s grupos empresariales que quedaron marginados de la alianza desarrollista, o bien carecen de las condiciones estructurales minimas para alterar sensiblemente el nuevo esquema de dominación económica y política, o bien enfrentan limitaciones más o menos inmediatas a su vocación nacionalista en virtud, precisamente, de la cristalización de sus intereses de clase. En términos generales, por su parte, es evidente que la estrategia pelítica del desarrollismo asociado busca alcanzar un cierto grado de legitimidad, vinculando a 10s intereses de la clase dominante a diversos grupos o fracciones de clase que se benefician de manera directa o indirecta del sector capitalista avanzado e internacionalizado y que reclutan tanto dentro de 10s sectores de la llamada clase media como de 10s sectores populares, especialmente urbanos de clase obrera, contribuyendo a fraccionalizar, verticalmente, la estructura de intereses entre 10s grupos y clases sociales. No obstante, la exclusividad de la participación que es inherente a este modelo de desarrollo es insuficiente desde el punto de vista de sus tentativas de legitimación. En la práctica, el abandono de la política bonapartista y de las aspiraciones al desarrollo capitalista autónomo, condujo, en varios paises, a la calda de 10s regimenes liberal-democráticos que intentaron afirmarse en la situación anterior y a la implantación de dictaduras tecnocrátice-militares, acentuando el papel directivo del Estado. En el caso mexicano, se mantuvo el régimen aliberal-democrático)> constitucional cuyo comportamiento simbólico contrasta con el de un autoritarismo efectivo 37. Esto plantea un importante problema te6rico-metodológico entre 10s conceptos de Estado, Clase y Naci6n, así como entre Imperialisme y Dependencia. Ha sido lúcidamente analizado por Anibal Quijano en su ctImperialismo y capitdismo de Estado),, en Sociedad y política (1973), y por F. H. Cardoso, aImperialismo y dependencias*, en su Estado y sociedad en América latina (Buenos Aires: Ediciones Nueva Visi6n, 1972).
I Buxguesía nacional, el caso de México basado en la corporativización de todas las flormas de organización, representación y participación pollticas. Las condiciones de creciente marginalidad económica y política han conducido, sin embargo, a una rtificación permanente del Estado, por parte de muy diversos sectores sociales, como instrumento indispensable para la imposición de un cierto tip0 de reorientaciones tendentes a la realización de un progreso más justarnente ~ompartido:~ En efecto, aún cuando el .Estado, en última instancia, pueda ser caracterizado como la expresión d1:l sistema sotSal del que ha surgido y, por tanto, como la unidad esencial de articulación de 10s intereses de las clases o de las fracciones hegemónicas de ellas, asegurando la estructura de dominación en que se realizan las formas de apropiación, el Estado no actúa, siempre y necesariamente, bajo condiciones de subordinación absoluta a 10s intereses de una clase. Por €1 contrario, el mínimo de legitimación que está estructuralmente obligado a obtener en favor de un desarrollo desigual, 10 lleva no s610 a dar respuesta ,i ciertos intereses generales de la sociedad, sino, en esa misma rnedida, a aparecer como instancia autónoma y supraordinada a 10s intereses de los grupos y las clases sociales. Más aún, el Estado se presenta, bajo ciertas condiciones de tensión, como el moderador de las diferencias que en ocasiones se manifiestan entre las fracciones de la propia burguesia o de 10s codictos entre esta y las clases y grupos ~ dominados cuando adquieren teldencias disnlptivas que amenazan la estabilidad del sistema social Así, el Estado podria estar, eventualmente, en condiciones de elabe rar una política orientada a la promoción de ciertos cambios en la pauta de desarrollo capaces de traduci-se, aunque dentro de 10s límites del reformismo autoritario, en una respuesta relativarnente efectiva a las demanda5 que presionan en favor de un desarrollo generador de más empleos y una intención redistributiva más dian. Igualmente, a las que 10 hacen en favor de un mayor y más efectivo c~ntrol sobre las inversiones extranjeras y sus mecanismos de descapitaliza:ión nacional y, en general, a aquellas que se expresan en la idea de un desarrollo mis integrado tanto económica como políticamente. La viabilidad de estas reorientaciones pone en juego, entretanto, la propia estructura del sistema sobre la que descansa el Estado mexicano, l la alteración de las caracterlst cas que erunarcan la relación burguesía38. Al respecto consúitese el tr~bajo de Octavio Ianni Estado e capitalisrno (Río de Janeiro: Editora Civiliza~áo Brasileira, S. A., 1965), pp. 115-117. 39. Marcos Kaplan, <<Estado, cependencia externa y desarroiio en América Latina,, en La crisis de desarrollisrno ) la nueva dependencia, op. cit., pp. 170-171.
<(Papers)>: Revista de Sociologia Estado, la tolerancia ideológica y política efectiva a 10s procesos de organización autónoma de 10s intereses, principalmente populares, y el robustecimiento de 10s centros autónomos de decisión, sin todo 10 cual la voluntad de transformación asume una mera verbalización ideológica. La viabilidad estructural del reformismo, como conducta política, 10 impele a asumir 10s riesgos inherentes a la alteración de la estructura de dominación económica y política, en 10 interno y en lo externo, que 10 harían virtualmente probable. El Colegio de México Camino Al Ajusco, 20 México 20, DF México