Vivir en Barcelona : sugerencias para una conceptualización de la élite ciudadana en los siglos XVI-XVII
Abstract
Palos, Joan Lluís
Full text
Vivir en Barcelona. Sugerencias para una conceptualización de la élite ciudadana en los siglos XVI-XVII Joan Lluis Palos Esta es la historia de unos hombres que vivieron el tránsito de los siglos XVI al XVII. Respondían al nombre de Joan Dusay, Jerbnim Miquel, Felip Dimas Montaner, Julia de Naval y Joaquim Setantí. Ellos formaban parte de la élite social de Barcelona y por lo tanto eran personajes importantes en la ciudad. Eso sí, con toda la importancia que se podía tener en un lugar donde nunca pasaba nada que fuera muy importante. Eran ciutadans honrats, condición que habían heredado de sus predecesores o adquirido por sus medios. En cualquier caso sabían bien que sus vidas estaban inseparablemente unidas a los destinos de la ciudad. Las suyas fueron sin duda unas vidas por Barcelona. Todos los intentos llevados a cabo desde comienzos del siglo XVI para organizar un Estado centralizado que concentrase la mayor parte posible del poder en manos de la Corona chocaron sistemáticamente con los intereses de las élites sociales más síplidamente instaladas que veían como los nuevos planteamientos de la monarquía constituían una seria amenaza para su propia esfera de poder. En el ámbito mediterráneo, donde el comercio interurbano había conducido a la formación de sólidas ciudades-estado con una organización política propia, los programas centralizadores colisionarán con un patriciado urbano que luchará denodadamente no sólo por defender su parcela de autonomía sino, y sobre todo, por mantener sus propias señas de identidad. Esta es la situación de las grandes ciudades comerciales del norte
264 JOAN LLUfS PALOS de Italia como Génova y Venecia o, dentro ya del marco peninsular, el caso de Barcelona. La élite social barcelonesa por lo que se refiere a su participación en el gobierno local está formada por cuatro grupos de individuos con unos rasgos bien diferenciados. Estos son, en orden inverso a sus posibilidades de acceder al poder, los menestrals, artistes, mercaders y ciutadans honratsl. A partir de 15 13 la cúpula se verá ampliada por la entrada en escena de un nuevo grupo, los militars, integrado por elementos de la pequeña nobleza agraria instalados en la capital del Principado tras la crisis económica de finales del siglo XV y, lo que cada vez será más frecuente, por hijos segundones de los propios ciutadans que, imposibilitados para alcanzar el status de sus padres, buscarán por este camino una puerta a través de la que colarse en el gobierno municipal2. A pesar de que la sobrecarga normativa, propia de una élite en orden de defensa, hará que cada vez sea mayor la distancia entre los textos legales y la praxis cotidiana, vemos que de los cuatro grupos dirigentes antes mencionados, tres, los menestrals, artistes y mercaders responden a una definición con contenido propio proveniente del lugar que ocupan dentro del sistema productivo. El problema nos lo encontramos al intentar conceptualizar un grupo social sin una actividad económica predefinida como son los ciutadans honrats. La mayoría de las familias que integraban el estamento hundían sus raíces en los momentos álgidos del comercio de la ciudad. Durante el siglo XVI casi todos sus miembros podían recordar con regocijo como alguno de sus antepasados había hecho fortuna con las actividades mercantiles forjándose una sólida posición que con el transcurso del tiempo legaron a sus descendientes. Evidentemente en la época moderna las cosas eran bien distintas. Cuando el notario Bruniquer, a comienzos del siglo XVII, pretenda explicar lo que son los ciudadanos de Barcelona se limitará a decir que eran "homens arrendats que vivian de sa renda"3. Pero claro está que una definición como esta es incapaz de contentar a nadie. A fin de cuentas también la pequeña nobleza afincada en la ciudad condal podía compartir perfectamente esta cualidad. Y sin embargo no eran tenidos por ciutadans honrats. La tentativa de Bruniquer ha contado con una larga cadena de seguidores en el empeño por conceptualizar un estamento social que por sus peculiares características se escapa de los moldes clásicos de la sociedad estamental4. Con el presente estudio no pretendo sino situarme en el último eslabón de dicha cadena. De la misma forma que resulta insuficiente la definición del ciutada por su capacidad económica (el ciudadano-rentista) no lo es menos su ubicación como un simple apéndice del brazo militar. Es cierto que externamente adoptaron muchas de sus formas, pero no lo es menos que su factor de cohesión como grupo social resulta completamente
VNIR EN BARCELONA ... 265 distinto al de la nobleza. La noción de ciutada honrat no responde ni a una categoría propiamente económica ni propiamente social. Lo específico del ciudadano es su dimensión política. En las páginas que siguen sostengo la tesis de que a diferencia del resto de los grupos sociales con una razón de ser en sí mismos, los ciutadans se configuran como una casta carente de contenido propio y que únicamente adquiere potencia a través del ejercicio del poder. En otras palabras, el concepto de ciutada honrat es un concepto puramente formal que se materializa al proyectarse en el desempeño del gobierno municipal. En el sentido más existencia1 del término, los ciutadans honrats no existen en sí. Su razón de ser, el rasgo que los define, es el hecho de vivir en Barcelona. A partir de estos presupuestos, considero que carecería por completo de sentido el estudio de los ciutadans al margen de su actuación política en el gobierno de la ciudad. Administración municipal y ciutada honrat no eran, durante los siglos XVI-XVII dos ideas distinguibles de forma aislada sino que se fundían en un maridaje con destinos inseparables. No existieron los ciutadans al margen del gobierno municipal. Así pues, la única clave posible para aprehender la noción de ciutada pasa necesariamente por el seguimiento de la trayectoria política de los individuos que emplearon esta etiqueta. Para ello he estudiado el itinerario personal de un reducido grupo formado por cinco individuos que, aparte de pertenecer al mismo estamento, únicamente guardan entre sí -al menos aparentementeel paralelismo cronológico de sus carreras en servicio de la ciudad. Todos ellos entran por vez primera en el Consell de Cent alrededor de 1590, viviendo por lo tanto los años del cambio de siglo y muriendo poco antes de que Barcelona, tras el fracaso de las Cortes de 1626-32, opte por una decidida política de enfrentamiento con la Corona, que culminará en 1652 cuando, tras la ruptura de 1640, el monarca desbarate sin remedio el reparto de fuerzas en el gobierno municipal marcando de esta forma el inicio de la progresiva desaparición de los ciutadans honrats y tocando de muerte al núcleo de la propia ciudad que perderá de esta forma la estructura íntima que le había dado cuerpo durante los últimos cuatro siglos. Aunque sea esquemáticamente conviene sin embargo retener algunas nociones sobre la organización política de la ciudad para poder entender luego las peripecias personales de nuestros hombress. Tanto la disposición de fuerzas entre los distintos grupos sociales como las vías de acceso al poder habían sido reguladas mediante el privilegio otorgado a la ciudad por Ferran 11 en 15 10 en el cual se fijaba la composición del Consell de Cent -la asamblea plenaria del municipioen 144 jurats, distribuidos en razón de 32 individuos para cada uno de los cuatro grupos tradicionales (ciutadans, mercaders, artistes y menes-
266 JOAN LLUfS PALOS trals) a los que tres años más tarde se sumaban 16 militars privando con ello a los ciudadanos, que hasta entonces habían tenido derecho a 48 jurats, de su condición hegemónica en el Consell. Como contrapartida los ciutadans recibieron un trato privilegiado en el reparto de fuerzas dentro del poder ejecutivo -los consellerscompuesto de cinco personas cuya misión consistía en coordinar y ejecutar las decisiones del Consell de Cent6. Según el privilegio de 15 10 los puestos de conseller primer -en cap-, segon y tercer deberían reservarse para los ciutadans o militars, de tal manera que podría ocurrir que no hubiese ningún militar pero nunca podían faltar al menos dos ciutadans. El conseller quart sería siempre un mercader y el cinqud se lo repartirían alternativamente un artista y un menestral. El cargo de conseller tenía una duración anual mientras que el de jurat era bienal, de forma que cada año el 30 de Noviembre, día de Sant Andreu, se renovaba la mitad de la cámara. En otro de los apartados el privilegio establecía que concluido su mandato los consellers tenían derecho a permanecer un año más como jurats. Ninguno de los cargos podía ocuparse consecutivamente debiendo mediar un intersticio de al menos un año entre una y otra elección. Así la normativa contemplaba que el periodo máximo ininterrumpido que se podía permanecer en el Consell era de tres años, es decir jurat-conseller-jurat. Aunque el Consell de Cent (jurats y consellers) formaba la columna vertebral sobre la que se asentaba la administración municipal, ésta proporcionaba una gran cantidad de cargos anejos a los que no les faltaron pretendientes por la posibilidad que permitían de ejercer una poderosa influencia. Entre los más relevantes se encontraban los de clavari, obrer, mostasaf y tauler, reservados en gran medida a los ciutadans7. Pero la innovación más original del privilegio de 15 10 no fue la redistribución de fuerzas sino el método para regular el acceso a los diferentes puestos rectores, es decir, la implantación del sistema insaculatorio8. Básicamente, éste consistía en la formación de una bolsa para cada cargo en cuyo interior se introducían los nombres de todos los candidatos a ocupar el mismo. El día previsto para la renovación de los diferentes empleos, un niño menor de ocho años introducía la mano en la bolsa respectiva exaculando (extrayendo del saco) los rodolins de cera que envolvían las papeletas con los nombres de los afortunados. Hasta aquí el sistema resultaba casi perfecto, sólo que para entenderlo en su justa dimensión hay que tener en cuenta que la ceremonia de exaculación era el punto final de un. elaborado proceso compuesto de no pocas intrigas y complicidades. La aplicación del sistema insaculatorio hacía que el año político estuviera jalonado por tres momentos de singular importancia. El de la exaculación era el último de ellos, pero para llegar al día de autos con posibilidades de éxito había que salir previamente airoso de los dos
VIVIR EN BARCELONA ... 267 trances anteriores. El primero, que para los ciutadans coincidía con el día 1 de Mayo, consistía en la matriculación de los nuevos miembros del estamento, condición imprescindible para poder ser tenido en cuenta por la dotzena de habilitació que se reunía durante los últimos quince días de Noviembre con el fin de revisar el contenido de las bolsas, sustituyendo a los difuntos e inhábiles por los nuevos aspirantes. Lógicamente cualquier aspiración de ocupar un puesto en la administración municipal debía pasar previamente por situarse en el mayor número de bolsas posible y conseguir, una vez instalado, que éstas contuvieran también el menor número de candidatos. Teniendo en cuenta que todo esto se fraguaba en los días inmediatamente anteriores a Sant Andreu resulta fácil comprender la intensidad de las maniobras tendidas alrededor de ese momento y de los hombres que debían decidir9. Cuando el 30 de Noviembre del año 1590 se extrajeran los rodolins con los nombres de los cinco nuevos consellers de la ciudad para el año siguiente y los setenta y dos jurats que debían reemplazar a la mitad de los miembros del Consell de Cent, casi nadie que estuviera al corriente de como funcionaban las cosas en el gobierno de la ciudad se podía sorprender de unos resultados perfectamente previsibles. Si esto era válido para el conjunto de candidatos a ocupar un puesto en la administración municipal resultaba especialmente aplicable a ese grupo de elegidos que eran los ciutadans honrats de matrícula. Ahí estaban los Amat, Fivaller, Gualbes, Cornet, Doms, Codina o Bastida para demostrar hasta qué extremo esto era cierto, familias todas ellas capaces de mostrar en cualquier momento una nutrida hoja de servicios en favor de la ciudad. Si hemos tomado 1590 como punto de referencia es porque ese año marca la línea de salida en la prominente carrera municipal de dos jóvenes, Joan Dusay y Jeronim Miquel, que en las elecciones del día de Sant Andreu de ese año entran por primera vez a participar en el Consejo de la ciudad. Ambos compartían un itinerario personal común a la de otros jóvenes de la élite barcelonesa. Alguno de sus antepasados por línea directa se encontraba en la relación de los 104 ciutadans reconocidos por Ferran 11 en el privilegio de 15 10''. Sus padres habían sido ciudadanos y ellos accedieron a la misma dignidad al cumplir los 20 años siendo registrados como tales en la reunión del 1 de Mayo del mismo año de 1590. Apenas siete meses después la fortuna tocaba con su dedo a Joan y Jeronim que de esta forma iniciaban una trayectoria en la administración de la ciudad que sin solución de continuidad llegaría hasta el final de sus días". Miembro de un linaje procedente del condado de Besalú e instalado en Barcelona a mediados del siglo XIII, Joan Dusay podía ufanarse de pertenecer a uno de los clanes de más honda raigambre en el gobier-
268 JOAN LLUIS PALOS no municipal puesto que al menos desde 1283 es posible encontrar miembros de la familia ocupando distintos cargos en la ciudad12. Desde luego los Miquel no se quedaban atrás. Cuando Bernat Miquel, hijo de Jeronim, solicite en 1626 un título de nobleza, alegará entre otros méritos los servicios prestados por su familia durante más de 300 años13. En los 24 años que transcurren desde el 30 de Noviembre de 1590 y el 26 de Mayo de 16 15 en que muere siendo precisamente conseller en cap Joan Dusay es conseller por dos veces (1 594 y 16 14), clavari en una ocasión (1600) y jurat del Consell de Cent a lo largo de 14 años. Dicho de otra forma, y teniendo en cuenta que no se podía optar a la reelección consecutiva de jurat, Dusay fue miembro del Consell de Cent absolutamente en todas las ocasiones que la normativa le permitía. La única laguna que encontramos en su carrera política municipal se produce entre 1597-99, pero esto no indica en modo alguno que permaneciera cruzado de brazos sino simplemente que durante este período estaba ocupando el puesto de regente de la veguería de Barcelona14. En definitivas cuentas, si el sistema de insaculación consistía en dejar en manos de la suerte la designación de los cargos de gobierno, no queda otro remedio que concluir que ésta no abandonó a Joan Dusay en ningún momento de su vida, alcanzando una efectividad del 100 por 100 sobre las posibilidades de formar parte de la administración municipal. No menos impresionante resulta la trayectoria de Jeronim Miquel. Hijo de Galcerán Miquel, doctor en derecho, como ya hemos visto a los 20 años estaban ocupando un lugar en el Consell, a los 23 era consellev segon, cargo que repetía en 1599, lo que le permitió actuar como representante de la ciudad en las Cortes de ese año15, en 1606 era consol del mar, en 16 16 mostassaj'; en definitivas cuentas, hasta el momento de su muerte en 1621 fue miembro del gobierno local durante 22 años. Claro que los itinerarios personales de Dusay y Miquel podrían resultar llamativos si no fuera porque estaban dentro de la más absoluta normalidad de la trayectoria colectiva de los ciutadans de Barcelona. A pesar de contar con unos orígenes más modestos que los Dusay o los Miquel, o precisamente por esto, los Setantí manifestaron a lo largo del siglo XVI una proclividad al servicio de la Corona y a la asimilación con la pequeña nobleza que los acabó convirtiendo en unos ciutadans ciertamente atípicost6. Educado al amparo de la Abadía de Montserrat donde coincide con los vástagos de distintas familias de la nobleza catalana, como los Requesens, Pinós, Erill o Queralt, las primeras noticias que poseemos de la carrera de Joaquim de Setantí provienen de un lugar tan lejano a Barcelona como es Flandes. Efectiva-
I VIVIR EN BARCELONA ... 269 mente, en 1566 Setantí se integra en los tercios del duque de Alba, participando activamente en la represión de los Países Bajos. Colaboración que le supondrá, ya de vuelta a Catalunya, la alcaldía del castillo de Bellesguard, en el límite de la franja que separa el Principado de los condados, lo cual le dará pie para una intensa relación con los ministros de la corona de la que Setantí, lejos de ocultarla, se sentirá orgulloso cuando, casi hacia el final de sus días, solicite un titulo de nobleza en recompensa por los servicios prestados. A pesar de que se instala definitivamente en Barcelona alrededor de 157 1, su inscripción en el registro de ciutadans, que le correspondía por derecho al ser hijo de ciutada, no se produce hasta la reunión del 1 de Mayo de 1574. Los comienzos de su carrera municipal son titubeantes, poniendo de manifiesto los recelos que sus escarceos con la monarquía suscitaban entre el resto de compañeros de brazo, ya que de hecho no ocupa el primer cargo hasta 1588, cuando cuenta nada menos que con 48 años, una edad en la que muchos de los ciutadans contaban por lustros sus años de ejercicio en el gobierno de la ciudad. Eso sí, Setantí entrará en el municipio por la puerta grande, estrenándose con un cargo de conseller que sabrá aprovechar para granjearse una sólida posición en el reparto del poder y que le permitirá en los años subsiguientes convertirse en uno de los hombres fuertes tanto de la ciudad como de la Diputación. Además de jurat en diferentes ocasiones, Setantí fue clavari en 1590 y nuevamente conseller en cap en 1592. Pero el punto culminante de su trayectoria lo marca el año 1604-1605 cuando en el curso de pocas semanas de distancia sale designado como conseller en cap y clavari. Aun con ser mucho esto no resultaría excesivamente anómalo si no fuera porque en esos mismos momentos Joaquirn Setantí era también diputado de la Generalitat, lo que unido a su supuesta condición de ministro real -cosa que por otra parte él siempre negóvenía a significar una concentración de poder que en manos de un hombre tan proclive a los intereses de la monarquía constituía, desde la perspectiva del resto de ciutadans, un peligro público intolerable17. Las reacciones no se hicieron esperar y apenas un año después de abandonar la dirección del municipio, Setantí es eliminado de todas las bolsas de su administración, cerrándosele a cal y canto las puertas de la casa de la ciudad. Aunque no sea este el momento de analizarlo con detalle, el proceso que se entabla resulta uno de los casos más ilustrativo~ de la actitud de un patriciado que cierra filas en torno a una idea de pureza de clase que se ve incapaz de asimilar en su seno a un cuerpo extraño como es Setantí. El hecho resulta todavía más esclarecedor si tenemos en cuenta que la reacción de la oligarquía ciudadana contra Setantí arranca de bastante tiempo atrás cuando en 1595 éste había salido elegido para el puesto de consol de la llotja del que fue posteriormente desposeido por supuesta incompatibilidad con su
270 JOAN LLU~S ~ms cargo en el castillo de Bellesguard, que a juicio del municipio implicaba pertenencia al funcionariado real. En aquella ocasión Setantí, que contaba con el respaldo de alguien tan influyente como D. Lluís de Peguera, planteó el pleito ante la Audiencia, que finalmente falló en su favorl8. Pero las espadas quedaban en alto y cuando en 1606 recibió el hábito de Montesa como recompensa a sus servicios en la Diputación durante el trienio anterior, el resto de ciutadans vio llegada su hora para desprenderse de un hombre tan molesto como Joaquirn Setantílg. A pesar de sus buenos apoyos esta vez no consiguió su objetivo y ya en 16 10, con una edad, setenta años, que le situaba en las postrimerías de su carrera, y sin hijos a quien transmitirles el rango, no se le ocurre otra cosa que solicitar de la corona un título de nobleza. Un gesto cargado de significado por cuanto es la reacción desesperada de un hombre que necesita del poder como del aire para respirar. La última frase de su solicitud carece en este sentido de desperdicio. Setantí solicita el título con una exclusiva finalidad: "para poder asigozar en Barcelona de los o fficios de su administración que pretende (el municipio) están imposibilitados los cavalleros de las órdenes rnilitare~"~~. El hecho de ser hijo de Galceran de Navel, uno de los hombres más influyentes de la ciudad durante la segunda mitad del siglo XVI y nieto de Jaume, otro de los privilegiados de 15 10, no parece que le sirviera demasiado a Julia para afianzarse en su carrera municipal. Inscrito en el censo de ciutadans en 1583 tuvo que esperar ocho años para ocupar su primer puesto, tauler en 159 1, y cinco más para poder acceder al Consell de Cent, cosa que no hará hasta 1596. Quizá no resulte del todo ajena a este vacío la postura decididamente antirnonárquica de los Navel. En 1588 Galcerán había encabezado una embajada a la corte para protestar por la actuación del virrey y de la Audiencia y que finalizó con un duro enfrentamiento al negarse el monarca a recibirle ataviado con las insignias de ~onseller~~. Sin pensárselo dos veces Calcerán da marcha atrás y regresa a Barcelona propinando así un desplante al monarca que le costará la destitución del cargo vitalicio que la familia regentaba en las atarazanas y que le suponía el ingreso de "ciertos marcos de plata que un de pagar todos los vaxeles que se labran y se varan en toda la costa de Cataluña y en la metad de las astillas que se sacan de las galeras que se fabrican en dichas atarasanas" y que en conjunto le proporcionaban más de quinientos escudos cada año22. La decisión real de privar a los Navel de una fuente de ingresos que estos consideraban parte de 'Su casa y patrimonio" no la olvidarán fácilmente los hijos de Galcerán. En las Cortes de 1599, aprovechando su condición de síndico de Barcelona, Julia consiguió como reparo del agravio arrancarle a la corona la promesa de una pensión de 200 libras anuales sobre los ingresos de la batita general. Pero la promesa no pasó de ahí y todavía en 16 17, Julia redacta una solicitud re-
VIVIR EN BARCELONA ... 271 clamando el pago de dicha pensión ya que "en diezyocho años que ha que VM le hizo merced solo se un pagado dos pensiones y media con haverlo pedido y solicitado infinitas vezes y siempre se ha respondido que no havia dinero"23. En cualquier caso, la entrada de Julia en el municipio en 1596 supone el inicio de una carrera sólo interrumpida con algunos huecos durante los últimos años de su vida y que en nada tiene que envidiar a los de Joan Dusay o Jeronim Miquel. Jurat durante 18 años, conseller en cap en 1613 y 1625, tauler en 1591 y 1619, mostasaf en 1624, batlle en 1604 y regente de la veguería de Barcelona entre 1607 y 1610, Julia fue además uno de los cinco representantes de la ciudad en las Cortes de 1599 y 1626 cargo este último en el que coincidirá con su hijo Jeronim poniendo sobre el tapete el peso específico de una familia al margen de la cual sería muy difícxl entender la gestación de muchos de los acontecimientos políticos de la primera mitad del siglo xv112~. A diferencia del resto de sus compañeros Felip Dimas Montaner carece de ascendiente entre los ciutadans. Su padre, Cristófol Montserrat era un mercader, pero con la suficiente capacidad como para facilitarle a su hijo el doctorado de derecho y con la influencia necesaria para conseguir que poco después obtuviese del monarca el privilegio de ~iutada~~. Dimas Montaner se beneficiará, como el resto de ciudadanos de privilegio real, del acuerdo de 1 599 gracias al cual será reconocido como ciutada de matrícula. Pero una cosa era estar matriculado y otra ser considerado como "ciudadano viejo" con todos los beneficios que ello comportaba, y aun siendo miembro del Consell de Cent durante doce años y ocupar en dos ocasiones (1 589-1 597) una de las conselleries de la ciudad, la condición de recién llegado condicionará completamente su carrera municipal en la que le estará vetado el acceso a una serie de cargos tradicionalmente reservados para las familias antiguas (clavari, mostasaf, tauler ...) motivo por el cual deberá contentarse con responsabilidades de segundo orden aunque, eso sí, frecuentadas por Dimas con asiduidad, tales como procurador de las baronías (1 599, reconocedor de monedas (1 597), administrador de las plazas (1597), abogado fiscal (1602) u oficial del banco de la ciudad (1609). Ignoro hasta qué extremo la insatisfacción por estas limitaciones pudo afectar en las ansias de medrar de Dimas Montaner al decidir situarse en la esfera de la corona solicitando la administración del castillo de Canet26. En cualquier caso las circunstancias de Montaner contribuyen a poner de manifiesto la conveniencia de matizar el concepto de ciutada en relación con la participación del poder, permitiendo distinguir un orden cuya gradación venía condicionada por la antiguedad familiar.
278 JOAN LLU~S PALOS de poder decidir por ellos mismos la movilidad interna mostrándose incapaces de asimilar cualquier injerencia proveniente del exterior. La independencia es vital para la supervivencia. ~a intrusión de cuerpos extraños -por ejemplo la intervención del reyresulta inasimilable para el cuerpo originando su muerte. Dentro de esta estructura tiene un papel imprescindible. 4. La ciudad es el predio de los ciutadans. Es su campo específico de operaciones. Los ciutadans nunca sintieron su participación en el gobierno municipal como un servicio a la corona. Cuando Setantí solicite el título de noble en ningún momento hará referencia a su participación en el gobierno local sino únicamente en lo que él considera que ha sido un servicio al rey. Lo mismo hace el hijo de Jerbnim Mique1 que cuando aduzca los méritos de su padre soslayará por completo su participación municipal. 5. Si el ejercicio del poder es la justificación última de la existencia de ciutadans, económicamente estos son una clase de decadencia al no juzgar ninguna función específica dentro del sistema productivo. La decadencia es el ámbito propio de los ciutadans cuyo fortalecimiento social es síntoma de crisis. Aunque Toni Passola sostiene para el caso de Lleida un paralelismo entre los ciutadans honrats-élite económica hay que tener en cuenta que esta riqueza se basa en capital inmobilizado42. Por otra parte el estudio de algunos testamentos de mercaders proporciona la imagen de unos hombres con una capacidad económica cuanto menos equiparable a la de los ciutadans, si no claramente superior. Desde luego eso es así con una luminosidad meridiana en la segunda mitad del XVII cuando una nueva generación de hombres de negocios desbanca completamente a los ciudadanos en cuanto a capacidad económica. El ejemplo de Jaume de Cortada, por citar simplemente un caso conocido, no es ni mucho menos un caso aislado43. El desarrollo económico supone el eclipse de los ~iutadans~~. Para el conocimiento de las "clases inferiores", mercaders, artistes y menestrals resultan imprescindibles los distintos estudios de Pere Molas, La burguesía mercantil en España, Barcelona, 1985, p. 47 y SS., Cornerc i estructura social a Catalunya i Valencia als segles XVII i XVIII, Barcelona, 1977, y Los gremios barceloneses del siglo XVIII. La estructura corporativa ante el comienzo de la revolución industrial, Madrid, 1970. El trasvase de hijos segundones de ciutadans al estamento militar había sido apreciado ya por Sobrequés para la segunda mitad del siglo XV, el fenómeno no hace sino acelerarse, hasta el extremo de que lo normal entre los linajes de la élite barcelonesa es encontrarnos con dos ramas, una de ciutadans y otra de militars. Ciñéndonos a las familias objeto de este trabajo vemos que esto ocurre con los Dusay, los Miquel y los Setanti. Cfr. Santiago Sobrequés i Vi-
vnm< EN BARCELONA ... 279 dal, Jaume Sobrequés i Callicó, La Guerra Civil Catalana del Segle XV, vol. 2, p. 22. AHMB, Ms. A. 26. Bruniquer, Esteve Gilabert, Relució sumana de la antiga fundatió y xristianisme de la ciutat de Barcelona y del antich magistret y govern dels magnifichs consellers y altres coses de honor y bellesa de dita ciutat, p. 29. Edición a cargo de Maspons i Labrós, Barcelona, 1871. Por mencionar solamente dos trabajos recientes que han abordado de alguna manera esta cuestión tengamos en cuenta los estudios de Amelang, James S., La formación de una clase dirigente: Barcelona 1490-1 714, Barcelona, 1986, p. 42 y SS. y Torras i Ribé, Josep M., Els municipis catalans de l'antic regim 1453-1808, Barcelona, 1983, p. 172. A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, el texto básico para conocer las transformaciones estructurales del gobierno de Barcelona a comienzos del s. XVI sigue siendo el de Vicens Vives, Jaume, Ferran 11 i la ciutat de Barcelona, Barcelona, 1936-37. Una relación de los principales cargos de la ciudad y sus características propias puede encontrarse en Mercader i Riba, Joan, "Del Consell de Cent al ayuntamiento borbónico. La transformación del municipio catalán bajo Felipe V" en Hispania, 1958. De carácter menos sistemático que los anteriores, el libro de Duran i Sanpere, Agustí, Barcelona i la seva Historia, vol. 11, Barcelona 1973, proporciona algunas informaciones sueltas para acercarse a la naturaleza de algunos cargos así como a los aspectos suntuarios del ejercicio del poder en la ciudad. Una transcripción del privilegio puede encontrarse en Vicens Vives, op. cit., apéndice 219, pp. 413-417. Una relación explicativa de los principales cargos de extracción en Mercader Riba, Juan, op. cit. El clavari, la función de mayor dignifidad después de los consellers era el responsable de las finanzas municipales, los obrers tenían a su cargo las cuestiones urbanísticas y de orden ciudadano, los mostassafs velaban por el tráfico de alimentos, control de pesos y medidas, tasación de precios e inspección sanitaria de víveres, por último los taulers eran quienes figuraban al frente de la taula o banco municipal. Precisamente por constituir uno de los aspectos más característicos del procedimiento político catalán durante los siglos XVI-XVII, la insaculación ha sido uno de los temas que mayor atención ha merecido en los trabajos sobre este periodo. Sin embargo la cuestión se ha abordado siempre con un talante puramente teórico - jcómo estaba previsto que funcionase el sistema?- o anecdótico, resaltando el ceremonial que rodeaba la aplicación del proceso. Sin embargo, y a pesar de que la insaculación se extendió prácticamente a todos los cargos de la administración pública, carecemos todavía de un estudio que nos explique cómo funcionó realmente su aplicación; designación de candidatos, número de los mismos, probabilidades de salir elegido, posibilidad de fraudes, etc. A diferencia de otro tipo de elecciones con fecha determinada que se cumplía escrupulosamente, la elección de habiiitadores carecía de día preestablecido. Alrededor del 15 de Noviembre el trentenan (comisión permanente de 30 jurats) exaculaba doce habilitadores que debían tener preparadas las bolsas para el día de Sant Andreu. El Dietari del Consell, tan parco en plasmar por escrito cualquier tipo de diferencias entre los consellers, destila puntualmente una serie de comentarios sobre el ambiente respirado alrededor de estas fechas que
280 JOAN LLufS PALOS no dejan lugar a dudas sobre la intensidad de las maniobras. En 1605 las discrepancias entre los consellers acerca de los nombres que se debían habilitar llega al punto de que el conseller en cap solicita la presencia de tres jueces de la Audiencia para velar por la pureza del proceso con la discrepancia de los consellers segundo y tercero que se niegan a entrar en la sala mientras no se vayan los jueces. Finalmente tiene que ser el virrey quien arbitre una solución que contente a todos. (Cfr. Dietari, vol. 10, pp. 238-239). En la misma víspera de Sant Andreu de 1608, como los consellers no estuvieran de acuerdo con los nombres introducidos por los habilitadores, abren las bolsas por su cuenta y riesgo cambiando el contenido de las mismas con el consiguiente revuelo que solamente queda zanjado por la inminencia del tiempo, ya que pocas horas después debía exacularse a los nuevos consellers y jurats de próximo año (Cfr. ibidem, p. 454). lo En la nómina de 15 10 figuran dos miembros de la familia Dusay, Arnau ROger y su hermano Bernat. Cfr. Cabestany, J. op. cit. p. 24. Ignoro cual de ellos es el bisabuelo de Joan. Sabemos sin embargo que su padre, Lluís, matriculado en 1546 fue diputat real de la Generalitat entre 1548-155 1. Por otra parte el abuelo de Jerbnim es Perot Miquel, idem, p. 3 1. l1 Las principales fuentes utilizadas para la reconstrucción de las carreras políticas de los personajes estudiados son: AHMB, Registre de Deliberacions, años 1588-1630. Dietari del Antic Consell Barceloní, vols. 6, 7 y 8. Serra i Roseiló, J., "Cronologia de veguers de Barcelona" en DEIMH, 5, 1961. Lalinde Abadia, Jesús, La jurisdicción real inferior en Cataluña ("corts, veguers, batlles "), Barcelona, 1966, apéndice 11, pp. 299-300. Morales Roca, José, Proceres habilitados en las Cortes del Principado de Cataluña, siglo XVZZ (1599-1 713), tomo 11, pp. 169-276. AHMB, Ms. A25, Serra y Postius, Pedro, Senat barcelonés y catálogo de tots los pahers y consellers que foren instiiuits fins lo present any ha tingut la ciutat de Barcelona ab las notas de algunas cosas memorables que en lo govern de algun de ells ha passat. Para evitar la reiteración constante de notas omitiré la referencia de cada grupo concreto. l2 Cfr. Diccionari Biografc dels Catalans, vol. 2, Barcelona 1968, p. 71 y SS. l3 Cfr. ACA, C.A., leg. 260, solicitud de Bernat Miquel. l4 Cuando el 28 de Abril de 1597 el Dietari recoge su designación para el cargo dice que fue "elegit novament per se magestat en veguer de la present y vegueria per lo trieni propvenidor" dando a entender que en realidad Dusay era veguer con anterioridad a la fecha del nombramiento oficial. Cfr. Dietari del Antic Conseii Barceloní, vol. VI. l5 Cfr. Morales Roca, J., op. cit. tomo 11, p. 225-226. l6 Cortés, Cristian, Els Setanti, Barcelona 1973. El libro de Cristian Cortés tiene el valor de ser hasta el presente la única monografía consagrada al estudio de una familia de ciutadans honrats. Sobre los orígenes sociales de la familia, ver p. 15. l7 El hecho de que ya desde 1590 Setantí sea tratado en la documentación indistintamente como ciutada o cavaller es significativo de la ambigüedad existente alrededor de su condición social.
TR EN BARCELONA ... 28 1 Cfr. Dietari, vol. 6, pp. 542-549. Sobre la concesión del hábito de Montesa y la pensión anual por los servicios prestados en la Diputación Cfr. ACA, C.A. leg. 268. ACA, C.A., leg. 269. Petición de Joaquim Setantí. Cfr. Dietari, vol. 6, pp. 16 y SS. y 21 8 y SS. ACA, C.A. leg. 490. Memorial de Julia de Navel. Ibidem. En 1599 Julia no era conseller de la ciudad, pero es designado representante de la misma tras la renuncia del conseller en cap Alexandre Cordelles, lo cual no deja de ser sintomático de su influencia personal y del prestigio que gozaba entre sus compañeros. Que el padre de Dimas gozaba de una más que sólida posición dentro del estamento de los mercaders queda puesto de relieve por el hecho de que fuera jurat del Consell de Cent durante 17 años y conseller tercero de la ciudad en 1580. Cfr. Morales Roca, J., op. cit., p. 230. Amelang, J.S. "L'oligarquia ciutadana a la Barcelona moderna: una aproximació comparativa" en Recerques, 13, 1983, pp. 19-20. Ver nota n. 35. Esta es la misma conclusión que se desprende del análisis de las pocas genealogías de que disponemos de familias de ciutadans. Cfr. Cortés, Cristian, op. cit. AHPB (Archivo Histórico de Protocolos de Barcelona), Francesc Blanch, Libri Secundi Testamentorum 1602-1618, p. 168-169, testamento de Felip Dimas Montaner, 10 de Junio de 1613, Morales Roca, F.J., op. cit., p. 230. Setantí se revelará como un hábil negociador en la polémica suscitada a raíz del encarcelamiento del diputado Joan de Granollachs, y a partir de ese momento sus servicios serán requeridos de forma habitual por la ciudad que lo utilizará en casi todas las embajadas. Por otra parte, el recurso constante a los distintos miembros de la familia Navel como embajadores de los asuntos del principado en Madrid constituye un fenómeno que posiblemente no carece de significación propia. A pesar del encontronazo que había tenido pocos años antes, en 1592 Galcerán es enviado nuevamente a la Corte, esta vez representando a la Generalitat, para tratar del asunto Granollachs, a la vez que su hijo se encontraba en la divuitena que desde Barcelona le iba cursando las instrucciones pertinentes. (Cfr. Dietari vol. 6, pp. 244 y SS.). En Julio de 1612 será el propio Julia quien viajará a Madrid para presentar las quejas de la ciudad por una serie de actuaciones del virrey, marqués de Almazán (Cfr. idem, vol. 9, pp. 156 y SS.). Pero desde luego, el negociador de los Navel por excelencia será Jerbnim, quien con sus viajes a la Corte durante la década de 1630 contribuirá a marcar las lirieas fundamentales de la política catalana frente a la corona. Dietari, vol. 8, p. 319. Idem, vol. 7, p. 242, 11 de Octubre de 1599. En esta dirección poseemos algunos trabajos clarificadores como el de Cristian Cortés, op. cit. y Eva Serra, "Els Gualbes ciutadans de Barcelona: de la fallida bancaria del segle XV a l'enllac nobiliari del segle XVII" en Actes del Primer
282 JOAN LLU~S PALOS Congrés d'Historia Moderna de Catalunya, Barcelona 1984, vol. 1, pp. 479494. Tampoco en esto el caso de Barcelona resulta excepcional. La historiografía que durante mucho tiempo ha puesto el énfasis en "la razón de estado" reclama cada vez más la importancia de la "razón de familia" para entender el móvil de la actuación de los grupos dirigentes. Cfr. Queller, Donald E. The Venetian Patriciate. Reality versus myth. University of Illinois Press, 1986, p. 249. 35 Cfr. Boone, James L., "Parental investment and elite family stmcture in preindustrial states: a case study of late medieval-early modern portupese genealogies" en American Anthropologist, 88, 1986, pp. 859-878. Tomando como base la aristocracia portuguesa durante los siglos XV-XVI, y analizando su "estrategia reproductiva", Boone llega a una serie de conclusiones bastantes de las cuales considero perfectamente aplicables a la élite catalana de los siglos XVI-XVII. Agradezco a J. Amelang la información facilitada. 36 En este sentido resulta notorio el escaso afán de los ciutadans por ocupar cargos de la administración real situados fuera de la ciudad y que a priori podrían suponer un ascenso en el escalafón. Actitud que contrasta abiertamente con la logística de la nobleza -no sólo de la titulada sino también de los militars de segundo ordenque sienten con mucha más intensidad la seducción de los cargos en la corte. Por no citar el ejemplo tópico de los Cardona podemos mencionar el caso de los Magarola, o los Gassol de Tremp, cuyas miras están centradas en el servicio en el Consejo de Aragón. Cfr. Serra i Puig, Eva, "Els Gassol. De cavailers de Tremp a protonotaris del Consell d'Aragó" en Pedralbes, 7, Diciembre 1987. 37 AHPB, para llegar a estas conclusiones me baso fundamentalmente en los testamentos de Joan Dusay. (Cfr. Bernat Puigvert, Manual de Testaments, 6 de Septiembre de 1614), Jerbnim Miquel, (Cfr. Esteban Villalta, Primi Libri Testamentorum 1594-1626, pp. CLXII-CLXVIII, 4 de Agosto de 1622). Felip Dimas Montaner, (Cfr. Francesc Blanch, Libri Secundi Testamentorum 16021618, p. 168-169, 10 de Junio de 1613), Julia de Navel (Cfr. Antoni Joan Fita, Liber Quartum Testamentorum 1612-1633, pp. 172-173) y los capítulos matrimoniales de Joaquim Setantí (Cfr. Joan Soler Ferran, Liber Capitulorum Matrimonialium 1607-1 61 1, pp. 62-67,2 1 de Junio de 1608). 38 Como botón de muestra puede servirnos el ejemplo del mercader Jaume Cortada para quien el deseo de casar a las hijas con miembros de la élite ciutadana le lleva a asignarles dotes desproporcionadas que en ocasiones sirven para solventar las maltrechas finanzas de la familia del prometido. Cfr. Giralt i Raventós, Emili, "Família, afers i patrimoni de Jaume Cortada, mercader de Barcelona, baró de Maldi" en Estudis d'Historia Agraria, 1987, pp. 277-278. 39 La concordia pactada entre los ciutadans de matrícula y el monarca establecía que en lo sucesivo ningún ciudadano nombrado por privilegio real sería inscrito en la matrícula y en contrapartida los "ciudadanos viejos" se comprometían a matricular a todos los que el monarca hubiese designado hasta entonces. Como Amelang señala, a partir de ese momento se produce una disección entre los "ciudadanos viejos" -de matrículay los "nuevos" -de privilegio realsegún la cual estos últimos serán considerados como miembros de segunda fila dentro de la élite ciudadana, Cfr. Amelang, J.S., op. cit., pp. 46-47. Sobre el proceso de desaparición de las familias tradicionales, ver Amelang, J.S., La formación ... , p. 73.
VIVIR EN BARCELONA. .. 283 41 La necesidad de la corrupción para mantener la estabilidad municipal no es exclusiva de Barcelona. En otras ciudades con organización similar existió una corrupción institucionalizada y en cierta manera asumida por todos los que tenían algo que ver en el gobierno local. Cfr. Queller, Donald E. op. cit., p. 88 y ss. Las prácticas de los patricios venecianos eran todavía mucho más burdas que las de sus homónimos de Barcelona, provocando situaciones de auténtica comicidad. 42 Passola, Toni, "Una oligarquía municipal: La Paheria de Lleida en el s. XVII" en Manuscrits, 3, Mayo 1986, p. 156 y SS. Pero como más adelante indica tampoco en Lleida la diferencia de capacidad económica entre la rna major (ciudadanos) y la ma mitiana (mercaders) marcaba una distancia sustancial. 43 Cfr. Giralt i Raventós, Emili, op. cit. * El hecho de que ya durante la segunda mitad del siglo XVII, una figura como Narcís Feliu de la Penya se niegue a aceptar ningún tipo de cargo en el gobierno de Barcelona es perfectamente sintomático de un cambio de planteamiento en el que la actividad económica suplanta a la búsqueda del honor por el poder político considerándose incluso como dos esferas incompatibles. Cfr. Kamen, Henry, La España de Carlos II, Barcelona 1981, pp. 134-135. JUAN LUIS PALOS Llicenciat en Historia Moderna. UAB