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¿Por qué estudiar la Inquisición? Reflexiones sobre la historiografia reciente y el futuro de una disciplina

Henningsen, Gustav

Abstract

Henningsen, Gustav

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;Por aué estudiar la Inquisición? I ~eflGioneS sobre la historiografia reciente y el futuro de una disiiplina" Gustav Henningsen ¿Por qué estudiar la Inquisición? ... Permítanme para empezar referirles una experiencia personal, que data de una larga estancia en España durante los años sesenta y principios del setenta (cf. Henningsen 1969; 1971 ; 1980b), cuando la Inquisición aún no se había puesto de moda. Noté muy pronto, que hacía mella en los españoles, cada vez que yo les hablaba de mis estudios en los archivos de la Inquisición. Algunos, de inmediato, empezaban a censurarla, otros, a defenderla advirtiéndome que la Inquisición sólo podía comprenderse sobre el fondo de la época. Fuere cuales fuere la profesión de mis interlocutores, todos tenían una opinión acerca de aquella institución, que había sido abolida hacía ya mucho más de cien años. Por lo tanto, cuando me invitaban a bodas o a otras celebraciones de sociedad, y la gente se acercaba a mí y me preguntaba que a qué me dedicaba, tomé por costumbre el contestar: "A estudiar la Inquisición", así, en seco. Eso era bastante para poner en marcha una conversación, porque el individuo en cuestión tenia un montón de cosas que decirme sobre la Inquisición aunque el contenido variase mucho, según se tratase de un sacerdote, un hombre de negocios, o un intelectual joven. La Inquisición seguía siendo tema de preocupación para muchos españoles. Basándonos en esto, no puede extrañar a nadie que fuese posible reunir a más de trescientos participantes al symposium, que se celebró en Cuenca, en 1978, en conmemoración de los 500 años de la fundación del Santo Oficio español (Pérez Villanueva, 1980). Lo extraño es 36 GUSTAV HENNMGSEN el gran "boom inquisitorial" que se produjo más o menos a la par, y que se ha prolongado, sin disminuir su fuerza, hasta estos momentos. No es normal, que una conmemoración tenga tan duradera repercusión en el tiempo. Pensándolo bien, con respecto a dicho "boomJ', tal conmemoración fue algo secundario, un extra-impulso que se aprovechó para acelerar la marcha de una evolución, ya manifestada dos años antes en la universidad internacional Menéndez Pelayo, de Santander, donde la Inquiisición fue el tema de uno de los cursos de verano de 1976, en aquel maravilloso lugar (Escudero, 1976). Ocasión en que el insigne profesor Marcel Bataillon fue invitado de honor. El florecimiento de la investigación de la Inquisición tampoco estuvo limitado a España; fue un fenómeno internacional, que debe considerarse "con relación a tendencias generales en la histonografía inquisitorial de los años sesenta y setenta. Esencialmente, el retorno de los estudiosos a los archivos donde, desde 1914, tan sólo pusieron el pie algún que otro historiador serio, a no ser para breves y rápidas consultas. Mas también contribuyeron otros factores: el movimiento en pro de la combinación de metodología histórica y antropológica; el creciente interés por la historia del hombre común y de la vida cotidiana de los pueblos; el renacimiento de los estudios de la brujería; el cambio de paradigma: de la historia de las clases gobernantes, a la historia de los que fueron gobernados" (Henningsen & Tedeschi 1986:3; cf. Henningsen 1983:209 SS.). Puesto que ya existen excelentes resúmenes historiográficos sobre esta evolución, no voy a cansar a mis honorables colegas con una infinidad de detalles bibliográficos. Sin embargo, creo que siendo éste el primer congreso internacional sobre la Inquisición, que se celebra en tierra sudamericana, hay motivo suficiente para traerles a ustedes a la memoria, a Manuel Tejado Fernández y su Aspectos de la vida social en Cartagena de Indias, en que claramente demostró el uso que podía hacerse de los archivos del Santo Oficio. El único fallo de dicha obra fue el haber salido con veinte años de anticipación. Se publicó en Sevilla, en 1954. No obstante, la favorable coyuntura historiográfica de mediados de la década de los setenta, está lejos de ser la única explicación del boom inquisitorial. También jugaron su papel ciertos aspectos del movimiento científico-político, tanto nacional como internacional, mas como ello en el presente contexto no viene a cuento, volvamos a la pregunta cardinal: ¿Por qué estudiar la Inquisición? La respuesta es bien sencilla cuando se trata de países que estuvieron sometidos a esta institución hasta hace poco menos de doscientos años. En dichos paises, el tema es algo inherente a la historia nacional y al entendimiento de sí mismo. Tampoco tiene nada de extraño que iPOR QUÉ ESTUDIAR LA INQUISIUON? ... 3 7 el tema haya, durante años, preocupado por excelencia a los correligionario~ de las víctimas de la Inquisición: judíos y protestantes. Lo que sí puede admirarnos es que el tercer grupo: los moriscos, si exceptuamos la década presente (Cardaillac 1983; Temimi 1984), nunca hayan despertado similar interés entre los árabes. Finalmente existe una vieja tradición de estudios y tratados con motivación moral, sobre la Inquisición. En realidad, tenemos que avanzar mucho en el tiempo para no encontrarnos autores que no estén empeñados en la tarea de emitir el juicio de la Historia sobre tan notorio tribunal. Hasta el, por su objetividad, tan alabado Henry Charles Lea, no estuvo exento de intentarlo, y la polémica suscitada entre atacantes y defensores prosigue muchos años después de Lea. A mi modesto entender, el signo bajo el que se trabaja sobre lo que pudiéramos llamar la nueva historia de la Inquisición, al menos oficialmente, es el haber desistido de emitir cualquier juicio. (El que la vieja y apasionante polémica prosiga bajo formas más sutiles, es ya otro cuento). La postura de fría imparcialidad, que se adoptó como ideal por los investigadores de los setenta, estuvo en cierto modo dictada por el hecho de que a nadie importaba ya la Inquisición por sí misma. Lo que realmente fascinaba, y lo que principalmente atraía a nuevas fuerzas de todas partes, era el uso que se podía hacer de la Inquisición, o sea, de sus archivos. Esto fue precisamente lo que movió también a un servidor a convertirse durante cierto tiempo en un historiador de la Inquisición. El repaso sistemático de la gran colección de relaciones de causas, comenzada por mí en cooperación con Jaime Contreras, en 1972, donde alcanzamos la cifra de 44.000 causas, tuvo en su origen una meta puramente folklórica: recopilar fuentes para una geografía de la brujería en el tiempo de la Inquisición (Henningsen 1977b; 1983b; Contreras & Henningsen 1986). Ahora en que, tras muchos años de desviarme por otros derroteros, vuelvo a mi especialidad -la historia de las persecuciones de brujas-, me resulta natural hacer algunas comparaciones entre estas dos disciplinas, en muchos aspectos historiográficamente emparentadas, ya que ambas han experimentado un renacimiento en los años setenta. Lo primero que salta a la vista es la diferencia de amplitud entre ellas. Mientras que la brujería ha sido estudiada en el fértil campo del diálogo entre antropólogos e historiadores, y entre especialistas de diversas disciplinas, con alternar de monografías regionales y síntesis de toda Europa; la Inquisición, exceptuando la mejicana (Greenleaf 1 978), no ha sido de la misma manera objeto de un estudio interdisciplinario, ni se han intentado síntesis globales en el período de quince años a que nos referimos. Algunos de los contrastes historiográficos se 3 8 GUSTAV HENNINGSEN deben, claro está, a la diferencia en la naturaleza de los temas, mientras que otras parecen estar vinculadas al modo en que las dos disciplinas han evolucionado en los años setenta. El estudio de la Inquisición se establece como dominio exclusivo de los historiadores, dominio que, además, ellos se han repartido entre sí en territorios nacionales. Así tenemos hoy: investigación de la Inquisición romana, de la Inquisición española, y de la Inquisición portuguesa; existe también una importante investigación de la Inquisición mejicana. Frente a esta impresionante agrupación de "inquisidores a la moderna", estan unos círculos más silenciosos de estudiosos de la Inquisición medieval con quienes hasta hace poco no tuvimos mucho contacto (cf. Le Goff 1978; Gonnet 1986; Blumenthal & Heydenreich 1988). El estudio de la brujería resurgió como disciplina internacional, mientras que la historia de la Inquisición se quedó -si se me permite llamarlo asíen disciplina nacional. El resultado de ello ha sido el haberse dejado a un lado el aspecto comparativo, o sea, el parangón de unas inquisiciones con otras, con la salvedad de algunos intentos impresionistas. Así es como lo expresa John Tedeschi -en la introducción a las actas del Simposium interdisciplinario de la Inquisición medieval y moderna, celebrado en Copenhaguen en 1978 (cf. Henningsen 1978; 1979), que por fin han sido publicadascito: "La magnitud de nuestra ignorancia es todavía capaz de quitarle a uno el aliento. Nos hallamos en la oscuridad en cuanto a cuestiones vitales como las concernientes a la naturaleza de la continuidad de formas medievales y modernas de la Inquisición en sus modalidades ibéricas e italianas" (Henningsen & Tedeschi 1986 : 5). Permítanme enfocar varios puntos de la discusión que se desarrolla en el bando opuesto: la historiografía de la brujeria. Comencemos por ver lo que se dice de Lea. En 1967 fue criticado por el historiador inglés Hugh Trevor-Roper, quien le acusaba de enjuiciar erroneamente la persecución de brujas en concepto de fenómeno medieval con repercusión en la Edad Moderna (Trevor-Roper 1967:99 S). La investigación de los setenta avanzó un paso más al descubrir que la fuente principal para el conocimiento del fenómeno de la caza de brujas en los siglos XIII y XIV es una falsificación. Hoy día está todo el mundo de acuerdo en que la persecución de brujas no fue problema de la Edad Media, sino del Renacimiento y de la Reforma. Fue un eslabón en el proceso de aculturación de los europeos, relacionado con el desarrollo de las bases de poder del Estado moderno. Hay quien opina que los procesos de brujería pueden utilizarse como parámetro indicador de cómo transcurrió y se llevó a cabo tal desarrollo; nótese que dicha persecución de brujas no culminó hasta el siglo XVIII, en países como Polonia, Hungría y Portugal (Klaniczay 1987, Bethencourt 1988, Ankarloo & Henningsen 1 98 7). ¿POR Que ESTUDIAR LA INQUISIU6N? ... 3 9 Partiendo de este punto de vista, permítanme remitirme a una gráfica del proyecto de Relaciones de causas, que para muchos de ustedes ya está muy vista: la curva de los citados 44.000 procesos españoles, celebrados entre 1540 y 1700 (fig. l), sea después del primer periodo de Inquisición con la durísima persecución de judaizantes. Fig. 1. Actividad general de la Inquisición española: Causas de fe sentenciadas 1540-1 700 " II Linea wntiniia. Evaluaci6n total. Linea punteada. Evaluaci6n desputs de omitir materiales hetemgeneos de las Gtadlsticss (cl. Contreras dr Hmningsen 1986:110 a,). 40 GUSTAV HENNINGSEN Adviertan que la actividad procesal culmina en 1590 y desciende a través del siglo XVII. William Monter y John Tedeschi han hecho recientemente la estadística de una serie de tribunales de la Inquisición italiana (Monter & Tedeschi 1986). Han llegado al resultado sorprendente de que la curva discurre casi paralela a la española. Desafortunadamente no estamos en posesión de ninguna tabla perteneciente a la Inquisición portuguesa, pero según informes de Charles Amiel, la actividad procesal en Portugal transcurre a un nivel totalmente distinto hasta finales del XVIII, ya que hubo como mínimo diez mil procesos en este siglo (6.000 en los tres tribunales de Portugal y 4.000 en Goa). Con todo lo imperfecta que pudiera ser la base de tal comparación, me da la impresión de que señala en dirección a un nuevo planteamiento del problema: la cuestión de la existencia de causas más profundas a las subidas y bajadas en la actividad procesal de la Inquisición. Una explicación sólida a tales altibajos no podrá hallarse mientras no se hayan hecho pesquisas similares en algunos archivos de los tribunales civiles. Volvamos al otro aspecto de esta discusión: la cuestión de la continuidad desde la Edad Media, a que Tedeschi se ha referido. Posteriormente, él mismo ha ahondado en dicha cuestión en su ponencia del simposio de Estocolmo (1984), sobre el tema: 'Early Modern Europea. Witchcraft", 'Sugiero", escribe Tedeschi, "que muchos aspectos de la ley criminal moderna ya existían en forma rudimentaria o estaban siendo introducidos en los tribunales de la Inquisición romana del siglo XVI. A los acusados se les concedió el beneficio de una defensa por procura; las confesiones obtenidas ex trajudicialmen te se consideraban inválidas: el reo podía apelar a un tribunal supremo; los culpables primerizos eran juzgados con bastante menos rigor que los reincidentes. La prisión como castigo, más que como privación de la libertad del reo durante el proceso, fue practicada por la Inquisición mucho antes de que las autoridades civiles adoptasen su práctica. Una sentencia a prisión perpetua emitida por el Santo Oficio significaba, como en nuestros días, indulto al cabo de algunos años, condicionado por buen comportamiento. Arresto en domicilio ... algo que tan sdlo se ha intentado en algunas de las sociedades más progresivas de nuestro tiempo, fue una forma común de Servicio penal' practicado por la Inquisición en su época" (Tedeschi 1988). Dentro de un amplio contexto de la Historia del Derecho, resalta la Inquisición, en otras palabras, como una de las innovaciones del Estado moderno, pese a haberse erigido sobre los fundamentos de una institución medieval. Sobre este hecho llamó ya la atención Bennassar en su, en varios modos, revolucionario libro L'Inquisition Espagnole (1 979). Mas debemos a Tedeschi el haber demostrado cómo dicha tesis puede también documentarse en un amplio contexto de Historia del Derecho. <POR QUÉ ESTUDIAR LA iNQUISIU6N? ... 4 1 Con la definición que Bennassar hace de la Inquisición como una institución politica al servicio del Estado moderno nos acercamos a la contestación al por qué el estudio de la Inquisición puede tener un interés general. La estadística de las Relaciones de causas reveló, para asombro de todos, que el Santo Oficio español, a partir de mitad del siglo XVI, se convirtió en un tribunal para juzgar a cristianos viejos. De las sentencias pronunciadas entre 15 50 y 1700, el 60% ya no procedía de judíos, ni mariscos, ni protestantes (Henningsen 1977:563 S). Este descubrimiento fue analizado por Bennassar y Dedieu (Bennassar 1978), y más tarde también por Contreras (1 982; 1985), en un amplio contexto histórico, y demostraron como la inquisición de ser exclusivamente un instrumento de persecución de las minorias religiosas clandestinas, pasó a implicarse en la educación ideológico-religiosa de la nación, exigida por el Estado. Las más recientes aportaciones a esta interesante investigación es la tesis doctoral de Jean Pierre Dedieu L 'administration de la fe (1988) y otra investigación del americano William Monter, que él titula 'The Aragonese Century of the Spanish Inquisition (1540-1 640)", que caracteriza de la siguiente manera: "Durante los reinados de Felipe 11, Felipe 111 y Felipe IV, la Inquisición española funcionó conjuntamente como agencia del espectáculo pública y como órgano de la burocracia real ... Disfrutó de gran crédito por toda España; incluso en las partes del Reyno de Aragon de mayor tendencia rebelde, casi nunca se atacó directamente al Santo Oficio. La razón de tan inesperado éxito, debemos buscarla principalmente en su política, que garantizaba que casi todos los reos que morían en los numerosos autos de fe, celebrados en este período, JUesen "marginados" por los que el pueblo sintiese poca simpatía ... Para el español medio, la Inquisición era un agente de gobierno, proveedor de gratis y edificantes espectáculos, jamás se impuso contribución especial alguna para su mantenimiento. " Cuanto más profundicemos en la comprensión del verdadero ser de la Inquisición, más se nos revela como una variación más de las instituciones de propaganda y educación del pueblo, que quizás sea una de las peculiaridades inherentes a nuestra civilización occidental. El estudio de la Inquisición puede contribuir al descubrimiento de los mismos mecanismos en otros países y en otras épocas, donde son más dificiles de observar. Sin embargo no me atreveria a ir tan lejos como mi insigne colega Bartolomé Escandell Bonet que, tomando como punto de partida la teoría antropológica sobre "control social", sugiere que la Inquisición de la Edad moderna sea, cito: "una caracterizada manifestación institucional en el tiempo de un fenómeno sociológico universal" (Escandell Bonet 1984:603). En mi modesta opinión, ello haría de la Inquisición algo exento de todo interés. Pero la argumentación del señor Escandell tampoco me ha convencido, por la simple 4 2 GUSTAV HENNINGSEN razón de que si aplicamos su razonamiento en el sentido contrario, llegamos a que todas las sociedades tienen una especie de Inquisición, y esto es para mí una conclusión inaceptable. Pero hay además otras razones para estudiar la Inquisición. Si miramos hacia atrás, veremos que lo que verdaderamente produjo entusiasmo en los años setenta y lo que atrajo la atención de la investigación internacional hacia los archivos polvorientos del Santo Oficio, fue el descubrimiento de que dicho material podía utilizarse para algo más que para el estudio de la historia de la herejía, sino que constituía un filón para la investigación sobre la cultura popular en la Europa medieval y moderna (cf. Henningsen 1980a y Dedieu 1986). Este contrapunto dinámico a la cultura elitista, de cuya existencia ya se tenía conocimiento, resultaba de muy difícil estudio, puesto que la cultura popular, por definición, es una cultura oral, que no deja fuentes escritas. Dos bestsellers científicos demostraron cómo la Inquisición es una ventana hacia ese patio oscuro de nuestro pasado. Me refiero al libro de Le Roy Ladurie sobre la comunidad en Montaillou (1975) basado en una, para nosotros afortunada, concentración de procesos de herejía contra los habitantes de aquel pueblecito de los Pirineos, a principios del siglo XIV. Y me refiero asimismo al libro de Carlo Ginzburg sobre el molinero Mennochio, Il fomzagio e y vermi (1976), cuya existencia y visión filosófica del mundo solamente hemos llegado a conocer a través de dos procesos del Santo Oficio a finales del siglo XVI. Tras la aparición de esas dos obras, los archivos del Santo Oficio han representado un Potosí para esa clase de investigación. Lo extraño es que no hayan visto la luz más estudios de ese tipo, aunque para mí, ello se debe a la ruta que la mayoría de los estudiosos de la Inquisición escogieron. En lugar de hacer de su disciplina una ciencia auxiliar, cuyo fin principal pudiera haber sido echar los cimientos para que un grupo interdisciplinario de investigadores pudiese aprovechar el enorme potencial escondido en los archivos del Santo Oficio, se tomó otro camino, se dio preferencia al estudio de la Inquisición como tal, optando por la revisión de toda su historia. El que dicha elección haya dado fruto es indiscutible. Solamente en España ha conducido a la creación de dos poderosos centros para investigación de la Inquisición. Dichos centros se han turnado a celebrar congresos al mismo tiempo que han puesto en marcha ambiciosos proyectos de investigación, entre ellos la monumental Historia de la Inquisición en España y América (1984), bajo la dirección de Pérez Villanueva y Escandell y Bonet, que juntamente con las monografías de García Cárcel (1976, 1980) y Contreras (1982) son realmente los resultados que se ven a larga distancia. Pero esto no es más que la cumbre del iceberg, de la impresionante contribución española. Inspirados por lo que ocurría en España, otros grupos han organizado congresos en Ita- ¿POR QUE ESTUDIAR LA INQUISICION? ... 43 lia, Estados Unidos, Alemania, y últimamente en Portugal y Brasil. No faltan más que Méjico y Goa, para poder decir que hemos recorrido todo el territorio inquisitorial. Esta actividad congresista fuera de serie ha tenido una importancia vital para el establecimiento de una red de contacto internacional, entre los investigadores de nuestra disciplina. Según los informes que hasta mí han llegado, sobre proyectadas reuniones de tipo similar, parece que dicha actividad podría prolongarse hasta fines de siglo. El tema no solamente está de moda, sino que parece haber llegado para quedarse. Se ha introducido en el círculo de temas en el mundo erudito que gozan de lo que yo denominaría 'Status cervantino" -porque como ya se sabe: Todo lo que tenga que ver con Cervantes es interesante y debe ser estudiado. Esto ocurre ahora también con la Inquisición; cualquiera de ustedes podrá convencerse de ello con sólo echar una ojeada a los programas de nuestros congresos: "La Inquisición y X", '%a Inquisición y 2': "NN y la Inquisición", etc. La cuestión es simplemente si deseamos o no encerrarnos en la torre de marfil, que suele crearse cuando algo recibe el calificativo de "interesante" por sí mismo y que "debe estudiarse". Volvamos por unos instantes a los bestsellers de Ladurie y Ginzburg, de mediados de la década de los setenta. Lo que para nosotros resulta asombroso es el modo en que ambos autores utilizan la Inquisición. Allí el Santo Oficio más bien está presente entre bastidores. No interesa a esos dos brillantes investigadores, quienes, por el contrario, se quedan fascinados escuchando a las gentes que toman la palabra en las actas de protocolo del Santo Oficio. Claro que estamos lejos de tener una linea directa con el pasado. Varios investigadores han llamado la atención sobre el hecho de los muchos filtros por los que la información debió de pasar, antes de tomar forma en el papel. Tanto podía tratarse de filtros linguísticos, como culturales o burocráticos, que cada uno a su manera iban cambiando el significado de origen. La paradoja ginzburguiana es en este caso muy ilustrativa. (cito las palabras de Ginzburg, en Budapest, de abril de 1987) '%a falta de comunicación entre interrogado e inquisidor representa para nosotros la garantía de la autenticidad de la fuente. Cuando el inquisidor no entiende lo que el reo le explica, tenemos nosotros la oportunidad de comunicación directa con el pasado. " La paradoja ginzburguiana es una advertencia sin par para todo aquel que sin sentido crítico aprovecha el magnífico material que nos ha sido legado por los inquisidores. En nuestro caso, deberíamos considerar como la más noble misión de esta disciplina, el desarrollo de la metodología e instrumentos de trabajo que puedan valer tanto a los historiadores duchos en la Inquisición como a los entusiastas inexpertos, especialistas en otras disciplinas, que descubren el camino de los