La Corona de Castilla a finales del siglo XVII
Abstract
Domínguez Ortiz, Antonio
Full text
La Corona de Castilla a finales del siglo XVII, per Antonio ~omínguez Ortcz. Vamos a hablar del siglo XVIL castellano en sus etapas fi nales,es decir en esa zona,precisamente,la más desconocida de to do el siglo. No cabe duda que durante mucho tiempo el siylo XVII ha sido el gran desconocido.No podZa hablarse de esta manera cuando la historia era solamente política y geneal6gica;estdbamos bastall te enterados de la figura del Conde Duque,sabíamos casi al dedi110 las intrigas y chismorreos de la Corte de Carlos 1I.Pero cual do de ese tip0 de historias se pas6 a otra mas profunda y auténtica nos dimos cuenta de que virtualmente no sabiamos nada del siglo XVII. Después de unas décadas de trabajos intensos la esfinge empieza a desvelar sus secretos.Pero no por es0 podemos decir que vemos mucho mds claro,porque esos datoslesas verdades que poc0 a poc0 una legión de investigadores beneméritos est5 arrancando del fondo de 10s archivos son con frecuencia contradictorios y de il terpretacidn difícil y el10 nos permitelsi no es mucho dramatizar, seguir hablando de un misteri0 del siglo XVI1,lo cua1 en cierto modo contribuye a espolear el interés y la curiosidad de 10s que nos apasionamos por este siglo.Pero hasta tal punto siguen siendo indecisos y contradictorios 10s resultados que ni siquiera en la
realidad de la crisis del XVII hay acuerdo. Si habla una cosa sobre la que creíamos caminar con pies seguros era que el siglo XVII habPa sido un siglo decadente entre dos siglos pr6speros.Per0,últimamente se han elevado algunas voces disconformes. Una importante publicaci6n francesa.la Historia social y econdmica de Pierre Leon,sab&is que titulaba el tomo correspon diente-al XVII "Las vaeilaciones de2 ereeimiento".Es decir,que parece admitir que sigui6 el crecimiento,que no fué un crecimien to sostenido sino con altibajos cosa que creo podrla aplicarse a todos 10s siglos.Entre 10s que se han interrogado si realmente hubo una crisis del XVII se cuenta Henry Kamen. Pues bien,yo no voy a disertar sobre el problema general. A ml me parece seguro que fue un siglo contrastado,un siglo tr? gico,que estuvo lleno de apasionantes aventuras intelectuales y art1sticas;el siglo de Rubens,de Rernbrandt,Galileo,Newton,Bach, y por otra parte,un siglo de grandes padecimientos y de guerras desastrosas,de revoluciones que recorrieron prdcticamente todo el ámbito europeo. También es innegable y admitido que en la crisis del XVII hubo grados y etapas,es decir,que es muy difícil por no decir bap tante impropi0 el hablar en general de una crisis del XVI1,y en este sentido acepto las dudas e interrogantes que se plantean.Por que,adembs,la expresidn del siglo XVII es incorrecta en el senti do de que no hay un siglo XVII cronol6gic0,es decir,el espacio que media entre 1600 y 1700 no significa 10 mismo para una nacien que para otra,e incluso dentro de la Monarquía Española las cronologlas regionales son distintas.Sin embargo,también hay un hecho que me parece indiscutible y es que si bien en unos sitios, en unas regiones ,la crisis comienza ya hacia 1570-80 y termina antes,en otras empieza tarde y es hacia 1620-30 cuando se perfila con cierta claridad,~ éstas salen mds tarde de la crisis.Pero hay un ndcleo que va desde 1620 mds o menos a 1670-75 en el cua1 las naciones o regiones que empezaron su crisis pronto todavía no han salido de ella y las que la empiezan tarde ya estdn metidas en ella,es decir,que esas décadas centrales son de crisis general. 1640-50 son nefastos en todas partes y es lo,que podríamos lla-
mar el núcleo neqativo del XVII-Pero para completar10 habría que añadirle dos piezas,dos placas intermedias,una al principio y otra al fin,cada una de medio siglo aproximadamente. La una,que podemos fijar un poc0 arbitrariamente entre 1570 y 1620 que es ya de crisis para ciertos sectores y que todavía no 10 es para otros,viene a ser el trdnsito entre el siglo XVI y el auténtico XVII y luego en el otro extremo debemos añad'.rle a quisa de a~éndice éste otro medio siqlo que iria de 1670-1680 a 1720-30,en el cua1 ya se est5 saliendo del fondo de la depresión pero todavía no se ha entrado en la 6poca de crecimiento rápido y sostenido del XVIII.Hay,por consiguientelun siglo XVII corto y un siglo XVII 1argo;el corto formado por las dg cadas centrales y uno largo que resultaria de añadir a 6ste núcleo central éstas piezas suplementarias que hemos citado y con las cuales la duracidn total aproximadamente serla de siglo y medio. Cuando nos acercamos por primera vez hace ya años al est? dio del siglo XVII partíamos de la idea de que había sido un siglo de decadencia continua,idea que aparece expresada en numerosas publicaciones,como por ejemplo en el Manual de Historia Econdmica de España de Jaume Vicens Vives.Lo conceblamos como una especie de plano inclinado.El reinado de Felipe 111 todavia era intermedio,soportable;Felipe IV ya da unos pasos hacia el abismo y con Carlos I1 estamos en el fondo de éste. Desuués,al examinar las cosas m6s de cerca,vimos que no eran tan sencillas.Cuando yo empecé a examinar en el Archivo de Simancas el montante de las bulas vendidas en Castilla en este siglo,me encontré con la sorpresa de que en 1700 aproximadamente eran las mismas aue en 1600,lo cua1 auiere decir aue la ~oblacidn poc0 más o menos seria semejante.Y entonces iqué pasa,es que no existe esa crisis?.Pues sí que existe.10 que ocurre es aue est5 en el centrores decir,aue el perfil del XVII es c6ncav0,al contrario de 10s siglos XVI y XVIII que tienen un perfil convexo.Y esta estructura tan peculiar es 10 que sin duda retard6 el conocimiento pleno de la evolucidn y de las caracteristicas propias de este siglo,creando un cierto confusionismo en cuanto a la exip tencia y características de la crisis.
Hay tambien que tener en cuenta que la interpretacióndel s. XVII europeo no puede hacerse globalmente, sino que hay que@ cer10 por naciones para entender todo el complejo conjunto. Ser2 conoce hoy que el tipo de crisis de Inglaterra no es el de Alema nia, ni el de ésta es el de Italia, ni el de Italia es el deFrap cia, ni el de Francia el de España. Es decir, que cada una de estas grandes unidades tenía su propio ritmo y cronologia. Pero dentro de esas grandes unidades hay también unas considerables diferencias. Lóqico, pues teniendo en cuenta la reducida capacidad de 10s medios de transpor te, entonces España o Francia eran paises mucho mayores y diversificados que hoy. Una de las consecuencias es que no existían entonces mercados nacionales, por consiguiente la independencia con que se movian cada una de las regiones o placas que formaban esas unidades nacionales era mayor. Pues bien, en el caso de España tenemos esto mismo, es decir, el siglo XVII no solamente hay que considerar10 como diverso cronol6gicamente sino también en sentido espacial. Hay que regionalizar la historia del siglo XVII como la de 10s demás siglos, pero quizás este como más motivos. Por eso voy a hacer un brevísimo repaso a 10s comportamientos de 10s diversos reinosde Castilla. Me parece una idea muy acertada al haberlos separado de 10s países de la Corona de Arag6n en este coloquio, con locual mi tarea que primitivamente me asustó se ha simplificado bastante. Pero aun así, la complejidad interna de 10s reinos de Castilla es enorme. Precisemos, y esto 10 digo para uso de 10s jóvenes historiadores que acceden a la investigación de la historia de España, no debe olvidarse que las regiones socioeconÓmicas no coinciden de una manera exacta con las regiones históricas: Esto 10 veremos muy claro más adelante cuando hablemos del caso andaluz . Por consiguiente yo me voy a limitar a considerar una rg gi6n galaico-cantgbrica, una mesetaria y una sur. En la zona norte tenemos afortunadamente para Galiciauna serie de trabajos impulsados por el profesor Eiras Roel y su escuela que han dado abundantes frutos. Y estamos empezando a ver más claro en el panorama de Galicia que en el de otras zonas de
España. Sabemos ahora la importancia que tuvo la revolución agra ria que se inicia a principios del XVII, pero en realidad es a mediados de este siglo cuando ya la podemos considerar en pleno vigor. Se trata, por consiguiente de una revolución bastante pre coz, anterior a la catalana cuyo motor indiscutible es el maiz. No faltan quienes niegan que se tratara de una revolución, porque las estructuras no cambiaron, pero es indudable que el maiz propició una intensificación de 10s cultivos, que hizo posible una rotación de éstos y que trae consigo una capacidad de poblamiento muy superior a la anterior. No voy a entrar en detalles a cerca de esta materia que hoy ya es relativamente conocida, aunque todavia queden bastantes dudas, sobre todo en la forma de cb mo se efectúa la expansión del maiz que presumiblemente tuvo dos focos:uno en Portugal, otro en el golfo de Gascuña. El primero, ascendiendo por el norte de Portugal invadió Galicia y de allE. a Asturias, mientras que las provincias vascas 10 tomaron de la región de la Aquitania. Las consecuencias de estos cambios producidos por la introducción del maiz son variados y el mas importante fue sin duda el aurnentar la capacidad de poblamiento de estas zonas. Es pg sible, que precisamente las catástrofes y las grandes penurias alimenticias que se padecen en el s. XVII hayan impulsado.la extensión del maiz, porque el ser humano es extraordinariamente re fractario al cambio en 10s hábitos alimenticios. No se quien dijo que es más fácil cambiar de religión que de hábitos culinarios. La prueba es que cuando 10s españoles llegan a América, no se adaptan de ninguna manera y se hacen llevar de España con gran costo la harina, el aceite, el vino, es decir, aquellos al& mentos a 10s cuales estaban acostumbrados. Y resulta que cuando irrumpe con fuerza un nuevo cultivo, una nueva planta alimenticia, pues, suele haber en el origen una catástrofe alimenticia de tal magnitud que la gente se resigna a comer aquello. Los gallegos en el XVII se resignaron a comer maiz como 10s castellanos y 10s andaluces de fines del XVIII y principios del XIX, cuando las grandes hambres de aquellos años, se resigna
ron a corner patatas. Mientras parece que Galicia tuvo un comportamiento dem? grdfico bastante regular, en las curvas demogrdficas que Anes ha trazado para Asturias vemos unos comportamientos muy extraños y desiguales. Quizds alli el maiz no produjo unos cambios tan intensos como en Galicia. Lo cierto es que el XVII en Asturias y la Montaña sigue siendo duro y dificil. Y también es cierto que ésta transformacidn no se reflejaolo hace muy poc0 en las ciudades, 10 cua1 limita el alcance de estos posibles cambios, por que si una revolucidn agraria no se traduce en un aumento del ta_ maño de las ciudades es que ésta no ha llegado a modificar las estructuras de una manera apreciable; es decir, que no ha consequido generar excedentes en cantidad suficiente para reforzar las bases urbanas de la regidn. Y la verdad es que en el País Vasco tampoco encontramos que el s. XVII diera señales de recuperación final o si las hubo fueron escasas. El siglo XVII también fue dy ro en Vizcaya y GuipGzcoa aunque debemos dejar constancia aquí de 10s avatares politicos y militares que se dejan sentir en das partes, por supuesto; Galicia también va a sufrir aquella in_ terminable guerra con Portugal, con las levas de soldados para Flandes, pero quizd fue más duro en aquellas dos provincias vas cas por su proximidad con Francia y la necesidad de estar conti nuamente alerta ante las invasiones del vecino del norte. No ol videmos tampoco la guerra en el mar, ya que éstas provincias suministraban una gran proporción de la marineria. Habla además de las pgrdidas de guerra una emigración muy considerable. Todo esto se ve claro por 10s padrones conservados que arrojan una cantidad impresionante de viudas. Claro que las viu das en 10s padrones del AntIguo Régimen siempre son muy numerosas, en parte por razones demográficas, en parte porque a toda mujer que tenfa asistencia independiente se le hacía figurar como viuda. Pero lo que es evidente es que en la zona vasca estos fndices son mucho m5s elevados. De manera que en el s. XVII en toda esta amplia zona que llega a coincidir con la Iberia hiimeda desde el Tuy hasta Fuent5 rrabía, el hecho positivo de la introduccidn del maiz no supuso un aumento en el nivel de vida que continu6 bajo y deprimido.
¿Porque? Porque el aumento de población va de par con el aumento de 10s recursos agrícolas. Por consiguiente no se verifL ca una elevación del nivel de vida campesino, y las descripciones que tenemos de las condiciones de vida de finales del XVIIy principios del XVIII lo confirman; recuerden ustedes aquellas frases de Feijoo que describe la vida de 10s campesinos gdllegos como personas que viven en el lfmite de subsistencia. Quizás haya aquí una exageracibn, quizás tengamos que hacer intervenir el hecho de que esa cobleza intermediaria que Eiras Roel ha descrito mejor que nadie, robaba más excedente al campesino que antes, pero 10 cierto es que todo este norte de España segufa teniendo un bajo nivel de vida, una zona en la cua1 la Corona, a pesarde su avidez, habia renunciado a sacar más dinero porque todos 10s informes que llegaban a Madrid decian que allf no habza que sacar. Galicia sigui6 siendo una zona proveedora de hombres para otras zonas deficitarias de España. Incluso creo -y esto habrPa que investigar10 más-, que ya antes de terminar el s. XVII empieza ese éxodo hacia América que en el XVIII se convertirfa en corriente caudalosa. Pasemos a la Meseta, espacio amplfsimo en ei que las Con diciones de vida son muy variables. Pero a pesar de el10 hay algunos elementos comunes y estos son indiscutiblemente en el XVII 10s de una depresión muy generalizada con todas las atenuaciones que se quiera, pero la impresi6n que sacamos tanto de 10s contem poráneos como de la documentaci6n es que el seiscientos no fue precisamente un siglo próspero en la meseta. En 1655 fray Juan Martinez, dominico, confesor de Felipe IV, con motivo de discutirse una vez más el famoso tributoso bre la harina, al cua1 se opuso, en un párrafo de su exposici6n decía: "Bsde Za consuZta de 1618 -se re£ iere a la famosa consulta que en 1618 (es decir, cuando empieza el segundo escal6n de la crisis, porque el primer0 recordemos que 10 hemos situado entre 1570 y 1580 y el segundo definitivo hacia 1620) ante las evide: tes señales de deterioro en Castilla el Consejo de Castilla hizo una consulta que se hizo £?osa, porque di6 lugar a una serie de leyes derivadas y porque Ferndndez de Navarrete la glos6 en su Conservacidn de la Monarquiaha aumentado Za despobZaciÓn porque Zo
vemos ya tan experimentaod en 20s lugares de Castilla la irieja y tierra de Salamanca donde no han quedado vecinos ni casas ni más señales de Zugar que Zas paredes de las igZesias. En solo e2 obispado de Avila se han acabado de cincuenta años a esta parte -10 que nos indica que venía de atrás (1570)- ciento ocho lugares como consta un testimonio que tengo en mi poder. " Angel Garcia Sanz en sus investiqaciones sobre la provincia de Segovia ha tratado también de llegar a conclusiones m$s generales por 10 menos en 10 referente a la meseta norte, porque dentro de rasgos comunes hay otros diferentes entre ésta y la sur. El distingue una etapa de culminación demográfica que sitúa entre 1550-70 y entre 1570 y 1630 descens0 a la mitad de la poblacidn rural. Entre 1630 y 1710 estancamiento y al final débil recuperación, indicios estos de recuperacidn rural, queno se dan en la capital. Segovia, una de las ciudades más prósperas y altivas de la Castilla del XVI sobre todo por su industria lanera,cae y no se recupera. Pero el mismo Garcia Sanz examina des pues uno por uno 10s casos y las trayectorias de veinti-tantos pueblos estudiados y nota unos comportamientos muy diversos con un síntoma común de depresión, pero esto viene a ser como una me - dia general, aunque luego en 10s casos particulares 10s hay que tienen una fuerte depresi6n incluso llegando algunos a desapare cer, otros se mantienen e incluso hay algún caso como El Espinar de ascenso claro y sostenido. Por consiguiente, cuando hablamos de coyuntura en una re gi6n o en una comarca incluso pequeña, suele tratarse de una media entre factores de diversa intensidad. Pasemos ahora al otro lado de 10s montes, aunque yo tengo mis dudas sobre si la divisoria debería establecerse en el si? tema central o en el Tajo. Pero vamos a dejar esta cuestión apar te. Lopez Salazar ha hecho un buen trabajo sobre la poblaci6n de la Mancha en 10s s. XVI-XVII y encuentra un comportamiec to distinto de la Meseta Norte, porque aquí el declinar es más tardio. Recordemos que la Meseta Norte era ya un foc0 muy activo a fines del siglo XV, es decir, su prosperidad era bastante ants
rior a la de la zona manchega que conocemos bastante bien en 10s años finales del XVI gracias a las relaciones topográficas analA zadas en gran parte por NoBl Salomon y en conjunt0 nos dauriaidea de bienestar. Es decir, en aquellas fechas, hacia 1570 eran más las poblaciones que sublan que las que bajaban. Jerónimo López Salazar encuentra que el declive en esta zona empezó entre 1600 y 1616 y el relanzamiento se produciria en torno a 1679 aunque hay casos en que es anterior y otros en que no llegó a producirse en todo el siglo, 10 cua1 nos muestra la gran variedad de comportamientos que hacen muy dificil reducirlos a una media matemática. Hay también que tener en cuenta que la documentación estadlstica del XVII es muy deficiente. Sa lazar utiliza unos recuentos militares que se hicieron a fines de aquel siglo y que creo que ofrecen muy poca garantia. Si exa minamos las curvas de bautizos que 61 da de diversos pueblos nos da 10 mismo, es decir, una variedad exagerada. En Quintanar de la Orden, en Villanueva de 10s Infaptes, Almagro, en Piedrabuena, son todas ellas localidades importantes donde esa concavidad de la que hablé al principio se aprecia con claridad pero con diversa intensidad y no siempre coincidentes en las fechas. Es decir, que en unas la calda demográficall~ ga al colmo en 1640; en otros se retrasa hasta 1660; las hay que pierden la mitad de su población mientras otros poseen un perfil más homogéneo y en esto las cifras de 1700 son iguales y en algg nos casos ligeramente superiores a las de 1600. Hay otras poblaciones también importantes como Almodovar del Campo que se mantuvo estancada, Puertollano, con un descenSo importante y luego una recuperación muy pequefia, Argamasilla en la que se aprecia una débil recuperaci6n. Miguelturra es un caso muy tlpico porque sus curvas tienen una serie de altibajos impresionantes y al final ofrece un saldo prácticamente igual al del principio. Socuellamos, que en el XVI fué una población floreciente, en el XVII se hunde. Es muy posible que este hundimien to se deba a que se le separó El Tomelloso que antes formaba pay te de su término municipal. Y como en el XVII se multiplicaron tanto estas exenciones de antiguas aldeas que se convierten en
Murcia viene a ser un intermedi0 entre Andalucía y el Pafs Valenciano. En la recienteWHistoria de la RegiÓn Murciana", en el tomo VII, Lemeunier hace una conclusión general que voy a resumir aquí. Sefiala que la crisis del XVII supuso en Murcia una muta ci6n, un descens0 de 10s intercambios, es decir, según 61 (no sé esto hasta qué punto podrá extrapolarse a otras regiones) hay un repliege hacia el autoconsumo y una tendencia a retornar 10s sec3 nos que antes estaban bastante descuidados, porque la agricultu ra murciana había sido durante bastantes s.ilgios una agricultura de oasis, una agricultura de regadíos. Una ruralización que leLos oligarcas se desinteresaron del comercio, su riqueza feudal y mobiliaria pasa a ser inmobiliaria. Yo no Veo muy clar0 esto de riqueza feudal y mobiliaria, pero en fin, le dejo la responsabilidad a Lemeunier y creo que est5 en buenas manos porque es un investigador excelente. Según el. la éwoca de 10s guerreros predadores del XIII al XV le sigue la de 10s ganaderos como protagonista~ de la historia de Murcia. Esta P~oca de 10s ganaderos, Lemeunier la lleva de 1.500 a 1.650 y a ésta le sucede la de 10s grandes propietarios. La forma de detracci6n ha cambiado pero no el modo de produccidn para el que se impone, dice, la denominación de feudalismo tardío. Y la cristalización que se intensifica con el XVII y el Barroco, comenzaria en Murcia poc0 más o menos hacia 1.600, es decir, que no tiende a adelantar ni a retrasar las fe chas. En conjunto, se trata de una "crisis tardía y amortiyuada" seguida de una recuperación precoz y dinámica. El caso de Andalucia nos muestra, entre otras cosas, que no se puede identificar la regi6n en el sentido histórico con la regidn en el sentido socioeconÓmico. La verdad es que tampoc0 existia hist6ricamente Andalucía. Existían 10s cuatro reinos, siendo la denominaci6n de Andalucía de carácter vulgar. La gente sabia que era Andalucia y quienes eran andaluces pero la Adminis tración no la reconocía e incluso tendia a dar un estatuto especial a Granada. Hay una serie de documentos e instituciones en 10s que figura por un lado Granada y por otro 10s reinos de,CÓrdoba, Se-
En algunos casos estos monasterios no querían ceder al "chantaje" y por eso intensificaron el cultivo directo y comenzó el apogeo de esas granjas y de esos monjes granjeros que estaban al cuidado de ellas, que llegaron a ser con el tiempo las "bgtes noires" de Campomanes. Porque esos monjes granjeros no llevaban una vida muv canónica aue digamos. ellos eran 10s admi nistradores de una explotación rural y 10 que querían era que produjera 10 más posible. No cabe duda de que el colono, en esa situacibn, se beneficia de que le den un arrendamiento en circunstancias mas fa vorables. Por otra parte es un hecho común, no s610 de la Mese ta sino tambien en Andalucia que la baja demográfica propicia un alza de 10s salarios, o sea, que no s610 se beneficiaronlosarr"_ datarios sino 10s jornaleros. Después de la tremenda baja del s.XVI en que el obrero español vió disminuido sus salarios reales en una notable proporciÓn,en el XVII asistimos al fenómeno opuesto. Hay frecuentes quejas de la exorbitancia de 10s salarios. Y otro aspecto positivo es que cuando 10s empresarios agrícolas, concretamente las comunidades religiosas se ven forzadas a cultivas por sí mi2 mas, cultivan con unos métodos más avanzados y racionales. Esto 10 ha puesto de relieve en Andalucla A. Miguel Bernal refiriéndose concretamente a las fincas de la Compañía de Jesús. Pero yo creo que esto no era solamente en Andalucía. Los jesuítas que ya por aquel tiempo en Amdrica estaban dando pruebas de ser unos ex_ celentes empresarios, en España tambien 10 eran. Ellos adquieren fincas aprovechando como todos 10s terratenientes las grandes oportunidades que se ofrecen en aquel siglo, aprovechan las ven tas de bald'íos que efectúa el gobierno, proceden a arriendamien tos legales o ileqales, tienen capacidad para sostener un buen utillaje, abundancia de 'animales de labor y consecuencia de todo esto es un incremento en 10s rendimientos. Por eso digo que el hecho de que en la España del XVII haya fuertes crisis, que disminuya la población, etc., no quiere decir que el panorama sea negativo en todos 10s sentidos. Y dejemos esto as5, aunque quedan muchas cosas por decir, porque tenemos que pasar a las tierras del Sur, Murcia y Andalucia. 2 5
villa y Jaen. La gran peculiaridad de Andalucía es que a pesar de que sufrid toda ella con la máxima intensidad 10s grandes morbos del s. XVII, sin embargo, el balance final aparece muy distinto en la Alta v en la Baja. Comlenza este siglo con una situaclón muy boyante, de claro ascenso en la Andalucía baja, época brillante de Sevilla, Ecija, Jerez, Córdoba. En cambio Granada está hundi da como consecuencia de la guerra de 10s moriscos y su posterior expulsibn. Sin embarao. si nos trans~ortamos al año 1.700 vemos que han cambiado 10s papeles, o sea, que la Andalucia baja ha experimentado un retroceso grande, que después de las grandes epidémias de 1648 al 1642 s610 ha recibido una pequeña recupera cidn a pesar de que del norte y de la Meseta segura llegando gen_ te en cantidad; y en cambio Granada tiene un ascenso, no espectacular pero contrnuo. Al terminar el siglo XVII, la Andalucía alta, el reino de Granada, a pesar de sus limitaciones naturales, a pesar de que su participacidn en el comercio de America era muy pequeña, tenia mas habitantes por kmPque la Andalucia ba ja. No puedo detenerme en explicar las causas de este comportamiento a primera vista tan extraño. Solo recordaré algo que, si no nos da la clave del problema, puede ayudar a resolverlo: en la Andalucia alta la gran propiedad rústica no se extendió tanto como en la baja, no solo por razones geográflcas sino porque la repoblación de las tierras que fueron de moriscos se hizo re servando la propiedad eminente al Estado, que las distribuyó en pequeños lotes a 10s colonos mediante un censo perpetuo, el Eso de Poblacibn, cuyo producto se aplicaba a 10s gastos de vigilancia y defensa de la costa. Las epidemias del siglo XVII, sobre todo la de 1648-1650 fueron en Andalucia verdaderos desastres; pero esto no loexplica todo; hubo tambien una crisis agrícola de intensidad variable, aunque resaltando la intensidad de la baja de 10s años centrales; la serie de diezmos del arzobispado de Sevilla que nos ofre 3 ce Gonzalo Anes es en este sentido muy ilustrativa; tambien se ve muy clara la depresidn de 1645-1670 en 10s diezmos de trigo del obispado de Mslaga estudiados por Sanchez Blanco. En ambos casos aparece tambien muy clara la influencia adversa de la des2 6
quiciada meteorología de 1680-1684 y la recuperacidn posterior. ¿Qué sucedza entre tanto en las ciudades? Aqui no sep~ de hablar, como en Castilla, de hundimiento generalizado; las ciudades andaluzas resistieron mejor, dentro de unas pautas muy diversas; si Granada, a pesar de sus recursos, se estanca en 50.000 habitantes escasos, si Córdoba, segun Fortea, retrocede, resalta la vitalidad de Mdlaga, a pesar de que pagó su condición de puerto cosmopolita con una serie de calamitosas epidemias .... Si comparamos las estadísticas de entonces con las actuales nos encontramos diferencias muy llamativas; por ejemplo, Antequera, importante centro de cornunicaciones, estaba mucho mas poblada que Huelva o Almería. Sin embargo me permitirán Uds. que me circunscriba al binomi0 Sevilla-Cddiz. Sevilla pierde la tercera parte de su pg blaci6n. Si llegó a tener en 1.600 unos 130.000 hab., despugs empieza a perder poc0 a poco, llegando a la gran peste de 1.649 ya bastante debilitada y saliendo de ella con la mitad de la pg blación. Luego recibe gran cantidad de emigrantes que aparecen en 10s padrones, gentes de todas partes de España, especialmente de la Meseta y también muchos de Extremadura ya que ésta región entre tanto estaba sufriendo 10s efectos de la guerra de Portugal y mucha gente se iba con direccidn a la Andalucla Baja, produciendo,innumerables despoblados. Hay una recuperaci6n sevillana, pequeña, que lleva a la poblacidn a unos 80.000 hab. y ya de ah5 no se mueve, es decir, que ya hasta entrado el s. XIX Sevilla tiene siempre 80 mil habitantes, bajando a veces a 75 y subiendo otras a 85. Entre tanto, Cddiz, que según un artzculo reciente muy bueno, porque est5 basado en el despojo de la Única parroquia de Cádiz, nos da la cifra de bautizos y matrimonios. Cddiz no era tan pequeña al empezar el s. XVII como se decla. Puede que tuvi2 ra 10 6 12 mil hab. pero despuee llega a fines de este siglo con unos 40 mil. Ocurre allP incluso una cosa insdita en el resto de ESpaña: habIa un problema de vivienda. Por eso el qobierno de Car
10s I1 intent6 imponer un impuesto especial sobre 10s alquileres de casas de Cádiz, verdadero "rara avis" de las ciudades es pañolas del siqlo XVII. Lo curioso del caso es que si sumamos la población de Se villa con la de Cádiz nos resulta una cantidad constante, es decir, si sumamos la muchapblación de Sevilla a principios de siglo con la poquísima de Cádiz nos da una cantidad de 130-140 mil habitantes y si sumamos la disminuida población de Sevilla con la aumentada de Cádiz más el Puerto a fines de siqlo, pues poc0 rnás o menos es la misma, 10 cua1 quiere decir que no ha habido una pérdida neta sino un traspaso de parte de la población sevillana a la bahía de Cádiz. El conjunto, pues, no ha bajado. Entonces, puede que te? ga raz6n M. Morineau al decir que no bajó tanto el comercio de Indias; desde luego, en tonelaje sí, eso no cabe duda, ahora,posiblemente no bajó en valor porque si bien disminuyó la exportaci6n de frutos de la tierra en cambio aumentó la de productos elaborados, teniendo ésto la consecuencia adversa de que esos productos industriales, fundamentalmente tejidos, venian del e? terior. Por eso las flotas eran pequeñas, salían cada dos o tres años, pero eran muy ricas. iCÓmo 10 sabemos?. Bueno, a parte del crédito que puede acordarse a las qacetas holandesas y las relaciones de 10s cónsules en que se basa Morineau, si el comercio no hubiera sido muy rico no habría podido so~ortar 10s tremendos indultos, que eran exacciones del gobierno que se veía incapaz de evitar el fraude. Entonces 10 que hacía era darle un palo gor do a 10s comerciantes recuperando de ésta maneraloque debía haber inqresado por sus cauces normales. Si no hubiesen sido £10tas muy ricas, no habria podido soportar estos impuestos súbitos de millones de peseFas. Y entonces, tdebemos decir que puesto que poc0 a poc0 10s extranjeros habías expropiado este comercio de exportación a Indias, esto queria decir que para España en general y para e dalucla en particular este comercio había dejado de tener utilidad?. Pues no. Yo creo que en esto hay un error que interesawto antes corregir. Porque 10s envíos que llegaban de Arnérica no
eran solamente en pago de mercancías. Había una balanza comercial, sí, pero esta no es mas que una parte de la balanza de pg gos, siendo reservadas del total de estos, unas cantidades considerables para España en diversos conceptos: por las exportaciones que a pesar de todo seguían haciendo; por 10s impuestos que se cobraban, ya por las vías normales ya por esas exacciones extraordinarias; por 10s donativos cuantiosos que llegaban de allí. A pesar de todo sigue habiendo en Andalucía una gran cantidad de fundaciones, de monurnentos, de objetos preciosos, que se costearon con dinero de Indias, y muchísima gente que volvía de allí y se establecía en Andalucía traía importantes cantidades declaradas o no. Por estos y otros cauces y vericuetos, Andalucía seguía beneficiándose rnucho, no toda ella por supuesto. La verdad es que no creo que Almería se beneficiara mucho del comercio ameri cano igual que Jaen que 10 debió recibir en muy poca medida. Ms laga algo, al igual que Granada, ésta por su exportación de seda. Córdoba, por su parte, apenas conservaba restos de su indus tria lanera, pero la zona vital del estuari0 del Guadalquivir y de la Bahía de Cádiz sigui6 sin duda siendo vital la fuente de ingresos americanos, y por poner un ejemplo, 10s monumentos que entonces se construyeron como la Catedral de Cádiz y la población del Puerto de Sta. Maria testimonian que sigui6 recibiendo grandes beneficios. Bueno, yo hubiera querido completar esta visión regional con una panorámica general indicando cóm0 a pesar de todo por el hecho de tener el mismo gobierno, la misma legislacibn, soportar 10s mismos impuestos, la política monetaria, etc., habla una cierta solidaridad entre todas estas regiones distintas. Si me atreviese a sacar conclusiones de una reseña tan incompleta diría que durante el siglo XVII las regiones castellanas atravesaron fases coyunturales muy diversas. Al final, el balance demográfico resultó estable, es decir, en 1700 la Cg rona de Castilla tenía 10s mismos habitantes que en 1600, pero esta apariencia de estabilidad es engañosa porque es el producto de compensaciones entre las comarcas que ganan y las que pi%
den. Subrayariamos tambien la ruralización, fuerte en el centro, mas difusa en el sur, mientras en el norte hay un estancamiento o incluso un leve progreso de la población urbana. LTuvo efectos sociomentales esta ruralizaci6n? Me parece probable la respuesta afirmativa, puesto que la ciudad siempre ha sido centro de saberes. Pero este es un dominio en el que no quiero entrar. Me remito a 10s excelentes trabajos de quienes, como Ldpez Piñero, Mestre o 10s hermanos Peset, tienen verdadera competencia en temas culturales. Conferencia dictada por Dn. ANlDNIO DOMINGUEZ OHTIZ,académico de la Real Academia de la Historia dentro del ciclo de conferencias organizadas en 1983 con motivo del IIIE Centenari0 de la publicaci6n del "Fenix de Cat5 lunya" de Narcfs Feliu de la Penya.