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Reseñas

Arrizabalaga, Jon

Abstract

Obres ressenyades: A. RUBIO, Peste negra, crisis y comportamientos sociales en la España del siglo XIV. La ciudad de Valencia (1348-1401). Granada, Universidad, 1979 ; J. MAISO GONZÁLEZ, La peste aragonesa de 1698 a 1654. Zaragoza, Departamento de Historia Moderna, 1982 ; J. BALLESTEROS RODRÍGUEZ, La peste en Córdoba. Córdoba: Diputación Provincial de Córdoba, 1982.

Full text

Reseñas Bibliografía reciente sobre la peste en España RUBIO, A. (1 97 9) Peste negra, crisis y comportamientos sociales en la España del siglo XIK La ciudad de Valencia (1348-1401). Granada, Universidad, 160 pp. (350 pesetas). MAISO GONZÁLEZ, J. (1982) La peste aragonesa de 1698 a 1654. Zaragoza, Departamento de Historia Moderna, 212 pp. (950 pesetas). BALLESTEROS RODR~CUEZ, J. (1982) Lapeste en Córdoba. Córdoba, Diputación Provincial de Córdoba (Colección de Estudios Cordobeses, número 24), 238 pp. (800 pesetas). La historia de las enfermedades es un área de trabajo que actualmente interesa, bien que por diferentes motivaciones -a unos como objeto, a otros como niétodo en sus investigacionesa los profesionales de, cuando menos, tres disciplinas diferentes: la historia de la Medicina, la epidemiología y la historia general; cada cual con una tradición distinta y específica que en algunos casos se remonta varios siglos atrás. Por citar a algunos de los autores más clásicos baste recordar aquí, en el área de las ciencias médicas, a H. Haeser, A. Hirsch, E. H. Ackerknecht, Th. McKeown y, en nuestro medio, a J. Villalba, así como en el ámbito de la historia general, al grupo de los Annales (J. Meuvret, P. Goubert, F. Lebrun ...). Hasta el siglo XVIII la peste fue la enfermedad social que más profunda huella dejó en las poblaciones del viejo continente y uno de los fenómenos condicionantes de la persistencia del llamado ((modelo demográfico del Antiguo Régiriien)). No en vano se ha atribuido a esta enfermedad un papel determiiiaiite -si bien su iniportancia no está aún del todo esclarecida y en ocasiones ha sido hipertrofiadaen la denominada ((crisis de la Baja Edad Medim y eii el advenimiento del niundo moderno. Sólo el desarrollo de dos áreas de investigación complementarias, la paleopatología y la historia de la higiene pública, podrá perrriitir en el futuro el establecimiento de conclusiones tnás definitivas eii torno a las razones por las que desde mediados del siglo XVII la peste inició en Europa un progresivo declive hasta su práctica desaparición. La trascendencia histórica de la peste como enfermedad social ha provocado, en consecuencia, que sea éste un tema al que dentro de la historia de las eriferniedades se le sigue dispensando una atención preferente. Sirvan conio exponentes de este interés, por poner tan sólo dos ejemplos de sugerentes síntesis, los libros de J. N. Biraben (1975-1976) y W. H. McNeill (1976). Las diferentes corrientes historiográficas actuales coinciden en señalar el interés y la necesidad de centrar las investigaciones en torno a la peste sobre ámbitos histórico-geográficos limitados y concretos, a fin de ofrecer micromodelos de comportamiento social con validez universal. Este giro representa una vuelta a la historiografía de carácter local, sin por ello caer en la erudición localista y provinciana. El libro de E. Carpentier (1962) sobre la peste negra de 1348 en Orvieto es un ejemplo del rico partido que puede extraerse de este tipo de investigaciones. En España, pese a los encomiables esfuerzos de los últimos años, las investigaciones monográficas de carácter amplio en torno a la historia de la peste son aún muy escasas y en su casi totalidad se orientan hacia la historia moderna. Por su interés desde el punto de vista metodológico debe destacarse el libro de B. Bennassar Recherches sur les grandes epzdémies dans le Nord de 1'Espagne a la fin du XVIe ssicle (París, CNRS, 1969). Los tres libros aquí comentados son un exponente del nivel actual de las investigaciones sobre la historia de la peste en nuestro país. Los tres tienen como denominador común el estudio del fenómeno epidémico de la peste en tierras hispanas, pero centran su atención en diferentes moriientos históricos y lugares de la geografía penínsular. Dos de ellos pertencen a profesionales de la historia: Agustín Rubio Vela, medievalista, que edita, aunque conipletamente transformada, su tesis de licenciatura leída en Valencia en 197 1, y Jesús Maiso González, especialista en historia moderna, que resume iiiuy sucintamente su tesis de doctorado presentada en Zaragoza en 1975. El tercero, en cambio, es la tesis doctoral del médico Juan Ballesteros Rodríguez. Comenzaremos por el libro de A. Rubio que, al fin y al cabo, es el primero en aparecer. Peste negra, crzszsy comportamzentos soczales en la España del szglo XIV La czudad de Valencza (1348-1401) gira en torno a las epidemias de peste en lavalencia del siglo XIV. Se trata de un trabajo impecable en el que, sobre un empleo sistenlático de la excepcionalmente rica documentación bajomedieval de archivo relativa al niunicipio de Valencia, se reconstruye la incidencia de la ((peste negra de 1348 y de las ondas epidémicas siguientes en los diferentes órdenes de la sociedad valenciana del trescientos. El libro tiene dos partes bien diferenciadas: en la primera se aborda desde una perspectiva rigurosamente crítica el estableciiriiento de una cronología -aún inexistente por la ausencia de estudios previos que aborden el problema coi1 el debido rigorde las epidemias de peste en la Valencia del siglo XIV, iiiieritras se estudian en la segunda las diferentes repercusiones (psicológicas, econóriiicas, ético-religiosas, médico-sanitarias ...) de estas epidemias en aquel núcleo urbano que en aquellos momentos era uno de los mayores de España y de los más dinámicos de Europa. El estudio de A. Rubio se completa con un interesante apéndice documental en el que se reflejan muy bien los diversos aspectos estudiados y un útil índice único que refunde el onomástica y el de materias, además del correspondiente capítulo bibliográfico. A la hora de establecer la cronología de los brotes pestilenciales del XIV valenciano, resulta encomiable el esfuerzo que realiza A. Rubio al incluir, con el fin de precisar cronológicamente mejor la presencia en Valencia de la gran epideniia de 1348, las fuentes testamentarias entre el amplio repertorio de las iiianejadas. En otro orden de cosas, ante la inevitable pregunta del historiador sobre el carácter de la crisis que determina los fenómenos epidémicos, el autor concluye, de acuerdo con los parámetros económicos manejados, que para la Valencia del siglo XIV «no existe una relación directa entre hambre y peste, al menos en un sentido causa-efecto)) (p. 54); conclusión ésta en la misma línea que la que, entre otros autores, establece Biraben en su trabajo sobre la peste en el mundo europeo y mediterráneo. A modo de epílogo, A. Rubio señala la imposibilidad de abordar con las fuentes actualmente disponibles, la incidencia demográfica que tuvieron las epidemias de peste en la Valencia del siglo XiV; lamentable limitación que, si bien ajena a la voluntad del autor, impide a éste redondear su espléndido trabajo. En cualquier caso, a partir de estimaciones aproximativas, el autor niega el papel preponderante de la peste valenciana trescentista en la crisis economico-social en la que, al igual que el resto de Europa, se verá envuelta esta ciudad a lo largo de los siglos bajomedievales. En resunien, pues, el libro de A. Rubio es un magnífico trabajo que aborda un tenia prácticaniente virgen -el de las epidemias de peste en la España medievalen un área, como es el de la historia medieval, de grandes dificultades heurísticas. Constituye, por lo demás, un buen botón de muestra del interés de las investigaciones historiográficas locales cuando se realizan con la debida proyección. Lo único que hay que lamentar es la excesiva austeridad del autor en la redacción de un trabajo en el que -a la vista estáse emplea y condensa una ingente cantidad de material documental. El siguiente trabajo que pasamos a comentar es el libro de Jesús Maiso González sobre La peste aragonesa de 1648 a 1654, la epidemia de peste más importante del Aragón y la España del siglo XVII. El estudio incluye un capítulo que resume, de acuerdo con los resultados de un trabajo anterior del autor al respecto, la coyuntura económica aragonesa a mediados del siglo XVII (cap. II), un extenso análisis de las ideas médicas de los contemporáneos en torno a las causas de la peste (caps. 111 y IV), la descripción del itinerario (cap. V) y del coniportamiento de la enfermedad en tierras aragonesas (cap. VI), el examen de las diversas medidas higiénico-sanitarias tomadas por las autoridades de la Corona, el Reino y los municipios (caps. VII, VI11 y X), el de las instituciones y personal a quienes se encomendó la asistencia de los enfermos (cap. IX) y, finalmente, las reacciones sociales (cap. XI) y las consecuencias demográficas (capítulo Xii) y económicas (cap. Xiii) de la epidemia. Completa el trabajo de Jesús Maiso un apéndice documental (cap. XV) y la relación de fuentes y literatura secundaria empleadas (caps. XVI-XVIII). Por su extensión y exhaustividad llama a primera vista la atención el capítulo demográfico. Si bien se echan en falta datos relativos a los municipios de la provincia de Teruel (sólo se recogen los de Alcañiz) y, en menor medida, de Huesca (es de lamentar la ausencia de datos de Barbastro, Monzón y Fraga, tres de las poblaciones más importantes de la provincia) y de Zaragoza (idem de Calatayud, Tarazona, Daroca, Cariñena y Caspe), J. Maiso peina sistemáticarnente los archivos parroquiales de la ciudad de Zaragoza y de numerosas poblaciones de su provincia. Sin ignorar la iiifravaloración de cifras derivada de la exclusiva consideración de estos archivos, el autor los contrasta con las proporcionadas por otros archivos (municipales, capitulares, de protocolos ...) y, sobre todo, con los que facilita una fuente médica impresa: el Tratado de lapeste de Zaragoza en el año 1652, de Joseph Estiche, cirujano que desempeñó un destacado papel en la asistencia hospitalaria de los apestados de esta ciudad. El manejo de éste y otros textos médicos a la hora de examinar las ideas que en el siglo XVII circulaban sobre la naturaleza, las causas, el tratamiento y la prevención de la peste constituye, dada su condición de historiador general, un aspecto encomiable más de este trabajo de J. Maiso. En este punto, no obstante, queremos anotar algunas observaciones. El autor ha hecho -qué duda cabeun importante esfuerzo al analizar los diferentes conceptos de peste manejados por los médicos aragoneses de la época o las diversas causas a las que los contemporáneos, profesionales de la salud y profanos, atribuyeron al origen de esta enfermedad. Sin embargo, en ocasiones, se pone de manifiesto cierto reduccionismo en su análisis -no puede afirmarse, por ejemplo, que cantes de la medicina microbiológica, la enfermedad consistía en buenos y malos humores)) (p. 29)-, o bien la ausencia en él de instrumentos conceptuales de carácter histórico-médico que le proporcionarían mayor agudeza y coherencia -por ejemplo, al hablar de las ((causas naturales inferiores)) de la peste le hubiera sido útil recurrir a las sex res non naturales (páginas 34-40)-. En el campo de la historia de las enfermedades la colaboración interdisciplinar entre historiadores generales y de la Medicina es, sin duda, el procedimiento más adecuado para superar este tipo de inevitables liniitaciones. El libro de J. Maiso se inicia con un capítulo que él titula: ((Sin respuestas definitivas para valorar las medidas contra la peste)). En él se examinan algunas cuestiones epidemiológicas en relación al bacilo de la peste que han suscitado discusión en nuestro siglo, para pasar después a valorar la eficacia o no de las medidas que los aragoneses del siglo XVII tomaron frente a esta enfermedad. No creemos que sea ésta la manera más afortunada de abordar el problema de las relaciones entre epidemiología y profilaxis en una epidemia de peste en la España del siglo XVii. A las graves dificultades que plantea ya el diagnóstico retrospectivo se suman las derivadas del complejo y variable comportamiento biológico del bacilo a lo largo de la historia. El capitulo dedicado al itinerario de la peste recoge, abundamentemente ilustrada, una detallada descripción del recorrido de esta enfermedad por tierras aragonesas. Pese a parecer, a todas luces, estar escrito sobre datos de investigación original, la ausencia de notas a pie de página impide asegurarlo. Dentro de los capítulos consagrados a la exposición de las diferentes medidas adoptadas ante la peste por las autoridades aragonesas, J. Maiso aborda detenidamente el problema de la mendicidad. Qué duda cabe que el estudio de este fenómeno proporciona al investigador un excelente punto de mira para - RESENAS 321 observar nunierosas implicaciones de la epidemia en diversos órdenes sociales. El interesante estudio de la asistencia hospitalaria y del personal a su cargo hubiera podido quedar redondeado si J. Maiso nos hubiera dicho algo acerca de los profesionales de la salud de quienes posea datos, aunque tan sólo se liriiite a unas líneas de presentación de quienes tienen obra escrita (por ejemplo, Estiche, Becon...). Por lo demás, llama la atención en este capítulo, aunque no por infrecuente -A. Rubio lo recoge también en el libro que ya hemos comentado (pp. 57, 64)-, el comportamiento antiético e insolidario de una buena parte de los médicos universitarios que abandonaron con sus familias las poblaciones infectadas durante la epidemia. Si en el capítulo XI se estudian detalladamente las diversas reacciones sociales que la epidemia desencadena en la sociedad estamental aragonesa del seiscientos, la falta de fuentes impide hacer lo propio a la hora de establecer conclusiones sobre la incidencia de la peste de 1648 a 1654 en la economía de Aragón. Para resumir, el libro de J. Maiso es un concienzudo estudio de la más grave epidemia de peste del siglo XVII en Aragón, en el que se dedica especial atención al capítulo demográfico, pero sin dejar de lado, siempre sobre la base de un exhaustivo vaciado de datos de archivo, los diversos aspectos que en relación a un fenómeno epidémico deben estudiarse de acuerdo con el programátic0 modelo formulado por B. Bennassar hace quince años. Se echan, no obstante, en falta índices -al menos, el onomásticoque faciliten su consulta. Hay también que lamentar, finalmente, la ausencia de un mayor mimo en la confección del libro por parte del editor, quien podría haber cuidado más la impresión, jugando con más tipos y sangrando, al objeto de resaltarlas, las numerosas citas textuales más o menos extensas que J. Maiso recoge. El mismo año que se edita la obra de J. Maiso, Juan Ballesteros Rodríguez publica su tesis doctoral Lapeste en Córdoba. A tenor del carácter inespecífico de su título, podría suponerse que el propósito del autor es el estudio de las sucesivas epidemias de peste que asolaron la ciudad de Córdoba a lo largo de la historia. Sin embargo, J. Ballesteros restringe su campo de estudio al siglo XVII, con toda probabilidad forzado por dificultades heurística y por la existencia, dentro de la mejor tradición de los Annales, del libro de J. 1. Fortea Pérez: Córdoba en el siglo XVZ: Las bases demográficas y económicas de una expansidn urbana. (Córdoba, Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1981), que dedica un extenso capítulo (pp. 173-219) a «.La peste, factor de desequilibrio demográfico: Su historia en Córdoba de 1506 a 1602», en el que, de modo global, estudia el fenómeno peste en la Córdoba del siglo XVI, tratando o apuntando, según los casos, sus complejas implicaciones en todos los ámbitos de la socie- , dad cordobesa de la época. En cualquier caso, los objetivos del libro de J. Ballesteros no se especifican en ninguna parte y más bien se decantan a lo largo de sus páginas. Impulsado probablemente por su formación médica, J. Ballesteros aborda con especial atención (caps. IV al ViII) los aspectos médicos, tanto conceptuales como prácticos de las sucesivas epidemias de peste que asolaron esta ciudad andaluza a lo largo del seiscientos, empleando para ello, a tenor de la extensa relación de fuentes consultadas que se recoge al comienzo del libro, abundante documentación de archivo, así como varios informes y textos médicos de carácter impreso que se editaron en relación con los sucesivos brotes sufridos por Córdoba durante el siglo XVII: en 160 1, los de Miguel Franco y Fernando de Paredes; en 1603, el de Andrés López de Robles y, en 1651, los de Alonso de Burgo~, Martín de Córdoba y Nicolás de Vargas Valenzuela. El autor, además, incluye sendos capítulos dedicados a las mentalidades y repercusiones demográficas (cap. 1), a la cronología de los sucesivos brotes (cap. 11) y a la estructura sanitaria cordobesa como determinante de éstos (cap. 111). La obra de J. Ballesteros se inicia con una extensa introducción (pp. 25-63) en la que el autor comprime, de modo acrítico y repetitivo, toda la información que ha caído en sus manos relativa al tema de la peste en la Historia Universal y de España. Con independencia de que proceda o no -que no creoremontarse a la Antigüedad Clásica al estudiar un tema como éste, en mi opinión, esta introducción ni se ajusta a un plan previo, ni se basa en una revisión exhaustiva de la literatura relativa al tema mediante el manejo de repertorios bibliográficos. No puede si no explicarse que J. Ballesteros ignore la mayor parte de las más valiosas aportaciones de la historiografía médica de la peste (Haeser, Hirsch, Sticker, Sudhoff, Ackerknecht ...), los trabajos-hito en las investigaciones sobre el bacilo pestoso (Yersin, Rennie, Ogata, Simon, Haffkine, Bacot y Martin ...) o las síntesis médicas más recientes sobre esta enfermedad (por ejemplo, la de Pollitzer, editada por la OMS en 1954). En su lugar, el autor toma muchos de sus datos de artículos de divulgación científica o de las, por lo general, flojas introducciones históricas que algunos artículos de investigación original aportan. El capítulo ((Mentalidades y espectro)) (sic) recoge en dos subapartados las reacciones psíquicas, individuales o colectivas, que el fenómeno peste desencadena y sus repercusiones demográficas. En el primero de los casos sigue el ya inevitable esquema de B. Bennassar, salpicando cada punto de su inventario con diferentes datos de archivo que de manera un tanto desordenada lo ilustran. En el subapartado demográfico no puede ignorarse el esfuerzo que ha realizado J. Ballesteros vaciando todas las cifras de morti-natalidad de las diferentes parroquias de Córdoba en torno a las fechas de los tres brotes de peste del siglo XVII: 1601-1602, 1649-1650 y 1682. Al igual que señalaba J. Maiso, el escaso valor de estas cifras se pone de manifiesto cuando se comparan con las aportadas por algunas de las fuentes impresas que el autor maneja. En cambio, los escasos datos demográficos que, dada la grave limitación de fuentes, recoge en relación al siglo XVI, proceden todos ellos -y así lo hace saberdel libro de J. 1. ~ortea.(l981). Lamentable y sumamente expresivo de las presumibles condiciones de desamparo intelectual en que J. Ballesteros ha debido realizar su trabajo es el descubrimiento que hace en la p. 76, del Mediterráneo de la Demografía Histórica. El calificativo «crítica» aplicado a la cronología de las epidemias de peste cordobesas no parece ser el más idóneo para encabezar el capítulo 11, a tenor de los escasos datos aportados por el autor para la discusión de las fechas supuestamente epidémicas. Por otra parte, J. Ballesteros podría haber comentado siquiera brevemente la procedencia y trayectoria de los diferentes brotes, más aún cuando los itinerarios de varias de ellas están bien descritos y documentados -B. Bennassar (1969), J. Nada1 (1976), B. Vincent (1 977), J. 1. Fortea (1 981), ...- : las sucesivas epidemias no surgen en Córdoba por generación espontánea. Resulta interesante, por lo sugestivo que es, el capítulo en el que se aborda la persistencia del modelo medieval de urbanización e infraestructura sanitaria como fenómeno condicionante de la salud pública cordobesa. No podemos, sin embargo, decir lo mismo de los capítulos que analizan las ideas y prácticas médicas en torno a la peste. Qué duda cabe que la intención del autor estaba bien encaminada: los diversos textos médicos e informes relacionados con las epidemias de peste cordobesas, junto con la riquísima documentación de archivo relativa al municipio de Córdoba, constituyen una fuente de primera mano para la edificación de un sólido análisis conceptual. Lamentablemente, su deficiente formación histórico-médica le ha impedido llevar a término lo que representaba el propósito central de su trabajo y se ha quedado a medio camino, exponiendo los datos de modo desordenado y sacando de ellos escaso partido. Considero innecesario hacer mención de los numerosos pasajes en los que se refleja la falta de familiaridad con el material y los métodos que el historiador de la Medicina emplea, pero no deja de sorprender el escaso reflejo que la extensa relación de fuentes manuscritas e impresas recogida al inicio del libro (pp. 19-24) tiene en la materialización de su estudio. Completa el estudio de J. Ballesteros un amplio apéndice documental (34 textos) que desgraciadamente no se atiene en absoluto a las normas seguidas habitualmente. En el capítulo bibliográfico que sigue a este apéndice se echa en falta buena parte de la literatura más específica relativa al tema -ya hemos aludido anteriormente a las ausencias más notables-, mientras se recoge, por el contrario, bibliografía cuya relación con el tema resulta, cuando menos; muy indirecta. Por lo demás, las imprecisiones con que se recogen algunos de los títulos (por ejemplo, el libro de Biraben) dan que pensar acerca del manejo exhaustivo de toda la bibliografía especificada. El libro de J. Ballesteros, para terminar, carece de otro índice que el sumario. Resumiendo, en la obra de J. Ballesteros se constata, ante todo, el desvalimiento intelectual de un doctorando en un trabajo que, de haber estado adecuadamente encaminado hubiera constituido, dada la excepcional riqueza documental de los fondos archivísticos cordobeses y la existencia de diversos impresos médicos e informes relativos al tema de la peste en Córdoba, una in- teresante aportación a la historia de la peste en nuestro país. En suma, pues, una bonita oportunidad perdida. JUAN ARRIZABALAGA VALBUENA THIVEL, A. (1 98 1). Cnide et Cos? Essay sur les doctrines médicales dans la collection hi;Ppocratigue. París, Les Belles Lettres, 435 pp. (Incluye índices de obras consultadas, autores, términos y locorum hipocráticos) (3.850 pesetas). Para algunos historiadores parece ser que ha llegado el momento de replantearse las hipótesis que, a lo largo del desarrollo de nuestra disciplina, han sido el soporte de nuestro conocimiento. Este libro es una buena muestra de ello, ya que en él su autor, Antoine Thivel, maitre de conférences en la Faculté des Lettres de Nice, estudia una de las teorías más establecidas en torno a la Medicina antigua, cual es la existencia de diferencias reales y trascendentales entre las escuelas hipocráticas de Cos y Cnido. La tesis fundamental que mantiene este autor es, precisamente, la no existencia de diferencias significativas entre ambas escuelas. Frente a esta imagen excesivamente reduccionista, Thivel pretende demostrar que esas variaciones son niás bien resultado de la propia historiografía. El material estudiado por este autor está estructurado en tres secciones, a lo largo de las cuales la bibliografía secundaria sufre un continuo proceso de confrontación entre sus mismos componentes y las fuentes hipocráticas. En el primer epígrafe, Cnide et Cos? Probléme méthodologique (pp. 16-15 l), se ofrece una aniplia recopilación de aquellas hipótesis que han servido a los historiadores para distinguir ambas escuelas hipocráticas, demostrando las contradicciones existentes entre aquéllas y las fuentes manejadas. De los estudios consultados, sin erribargo, se echa en falta la obra de Laín Entralgo (la Medzcina h$ocrátzca, 1970), cuya ausencia se hace notar más en las restantes partes del libro. En el segundo capítulo, Cnzde et Cos? le probléme des crztéres (pp. 152-285), se estudian los más importantes aspectos de la doctrina hipocrática: crisis, cocción, días críticos, abscesos, katásteseis y los principios de los contrarios y de los semejantes. Las conclusiones de Thivel están contenidas y analizadas en el último de los epígrafes: L'unité de la Médecine grecque: la théorie des humeurs (pp. 289-383). A lo largo de todo el libro, el autor utiliza como guía la literatura secundaria. Ello es una buena muestra del correcto punto de partida de Thivel, pues considera la división de las escuelas del Corpus hippocraticum como una cuestión historiográfica, al menos parcialmente.