Tendencias de la historiografia pediátrica española
Abstract
Ballester, Rosa
Full text
Tendencias de la historiografia pediàtrica espariola ROSA BALLESTER * La infancia ha sido tradicionalmente una de las lreas menos contempladas por los historiadores. Pese a la existencia de algunos intentos aislados, puede decirse que fue a partir de la obra de Freud cuando esta época de la vida comenzó a ser objeto de estudio de la antropología, la sociología y la psicología. Ultimamente también ha merecido ser materia de interés para el historiador, hecho directamente ligado con la corriente historiogrifica que tuvo su punto de partida en las orientaciones iniciadas hace unos cincuenta allos por el denominado grupo de Annales. Uno de sus epígonos puede considerarse la «historia de las mentalidades», iniciada cuando el historiador cayó en la cuenta que bajo la serie de condicionamientos (económicos, técnicos, científicos, políticos, etc.) el conocimiento no trabaja con lo que en rigor son «ideas» críticamente establecidas, conscientemente aceptadas por aquél que las posee. Si el conocimiento esta en conexión con la sociedad y ésta es siempre herencia (al menos en buena parte), quiere decirse que el conocimiento recibe de la sociedad una herencia de elaboraciones mentales que aprende, que se incorporan y sobre las cuales se apoya para desenvolver su actividad crítica. Este repertorio, coherente desde el punto de vista histórico, sería para Maravall, uno de los mejores conocedores del tema, la mentalidad de un grupo en un momento dado: im4enes de la realidad, sentimientos lAsicos, valores vigentes, aspiraciones y creencias. Pues bien, esta «nueva» historia al acercarse a espacios hasta entonces no bien explorados y al indagar sobre el modo como amplias capas sociales vivencian los acontecimientos de su vida cotidiana (lo cual plantea dificultades metodológicas por ejemplo en cuanto a la elección de las fuentes adecuadas) toma en consideración grupos sociales hasta entonces poco estimados, convirtiéndolos en sujetos de investigación preferente. En el caso concreto de la infancia, puede decirse que fue a partir de las aportaciones de * División de Historia de la Medicina. Facultad de Medicina de Alicante. DYNAMIS Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam. Vol. 5-6, 1985-86, pp. 367-380. ISSN: 0211-9536
368 ROSA BALLESTER Philippe Ariès (1960) y George Snyder (1965) cuando se inició el despegue de publicaciones que le hacen hoy en día ser uno de los temas de moda. La novedad, por otro lado, no reside en el tema en sí sino en la forma concreta de abordarlo. Su anàlisis desde el punto de vista histórico-médico en Esparsa, puede servir ademas para detectar los múltiples elementos que van a intervenir en la evolución de las distintas tendencias historiograficas que han ido apareciendo. Podríamos subrayar, por ejemplo, la influencia de las actitudes sociales hacia el «descubierto» como tal por la burguesía de los sigios XVIII y XIX generalmente desde los esquemas romanticos. Pero ademas qué Buda cabe que hay que tener en cuenta la situación específica de los conocimientos pediatricos e histórico-médicos en nuestro país, que incidiran directamente en que el tema se aborde desde una u otra perspectiva. Puesto que nos es indispensable conocer el çontexto en el que el citado proceso se originó, me referiré en primer lugar a los estudios realizados en esta àrea geogràfica, para analizar mas tarde los trabajos generados en nuestro propio país. 1. LOS ESTUDIOS HISTORICOS SOBRE MEDICINA INFANTIL DE AUTORES NO ESPAgOLES En el campo de la historia de la medicina, el interés por el mundo de la infancia procede de dos fuentes principales: la primera, tiene relación con aquellos factores científicos y sociales que dieron lugar a1 nacimiento de la especialidad pediatrica en la escuela anatomoclínica de París, proceso difundido a otros países europeos y a América. Su resultado final fue su autonomía doctrinal y su institucionalización como una especialidad médica bien delimitada. En segundo lugar, habría que serialar que la atención hacia la medicina infantil vino —como en tantos otros campos— como consecuencia de la evolución intelectual que tuvo lugar en la historiografia europea hacia mediados del siglo pasado, que intentó aplicar a la historia de la medicina el rigor del método experimental, propio de las ciencias de la naturaleza, positivando así esquemas típicos del período romantico. El analisis objetivo y riguroso de las fuentes fue la labor emprendida por la generación de De Renzi en Italia, Daremberg en Francia o Haeser en Alemania. En 1850 aparece la primera obra de intención claramente histórica en el terreno que nos ocupa: Grundlage der Literatur der Püdiatrik, enthaltend die Monographien über kinderkranheiten (Leipzig, 1850). Su autor, Friedrich Meissner, profesor
Tendencias de la historiografia pediàtrica espaftola 369 de obstetricia en Leipzig, fue uno de aquellos médicos centroeuropeos profundarnente influidos por la medicina francesa que Wunderlich reflejara en su Wien und Paris en 1841. Tradujo, por ejemplo, un ario después de que apareciera, la obra fundacional de la nueva pediatría, el Traité des maladies des enfans nouveau-nés et à la mamelle (París, 1838). En la obra antes citada, recogió impresos pedikricos entre 1472 y 1849; al margen de esta interesante (aunque acrítica en ocasiones) recogida de fuentes, se observa una actitud de continuidad, de evolución de las distintes temåticas hasta la situación actual. Como se ve, el acercamiento histórico que suele personificarse en el gran fisiopatólogo Wunderlich, la concepción dir-Amica de Ia historia manifiesta, por lo demàs, en el período romåntico, el presente como culminación de un proceso y el pasado como antecedente de las ideas actuales. A partir de la obra de Meissner, en pleno proceso de consolidación del especialismo pedikrico, en algunos estados alemanes y en una serie de núcleos pioneros en el campo que nos ocupa pertenecientes al Imperio austríaco como Budapest, Praga y Viena, aparecieron entre 1904 y 1906 varios trabajos de tipo monogrifico y dos exposiciones sistemkicas. Ludwig Unger inicia esta fase con la publicación Das Kinderbuch des Bartholomdus Metlinger (145 7-14 76). Ein Beitrag zur Geschichte der Kinderheilkunde im Mittelalter. Leipzig, 1904. En ella da noticia de uno de los primeros incunables pedikricos en lengua verricula; el trabajo de Unger, que escoge fragmentos del texto y los transcribe modernizandolos, deja mucho de ser riguroso. Por el contrario, las dos exposiciones sistemkicas comentadas con anterioridad son claro reflejo del movimiento que tuvo como resultado la constitución de la Historia de la Medicina como disciplina médica autónoma. Su formulación inicial m a s lúcida la dio Theodor Puschmann, cabeza indiscutible de este movimiento cuyo objetivo era la creación de una disciplina —nacida de las propias exigencias del especialismo médico— que sirviera de punto de vista general e integrador de todas las demis disciplinas así como de conexión con los diferentes aspectos de la cultura y de la vida humana. El programa de Puschmann cristalizó, como es bien sabido, en la generación de Karl Sudhoff y Max Neuburger. La primera exposición sistemkica la encontramos en el capítulo «Geschichte der Kinderheilkunde» redactado por el berlinés Wolf Becher para el conocido Handbuch der Geschichte der Medizin iniciado por Puschmann y diri: gido por M. Neuburger y J. Pagel (1905). Becher es el autor, en esta misma obra, de la historia de la profesión y la enserianza médicas y de la historia de los hospitales (es decir, los aspectos mas claramente sociales de la medicina). E1 capítulo pedikrico comienza con una declaración programanca «el desarrollo de la pediatría ha marchado paralelo al de la medicina
370 ROSA BALLESTER interna. Los métodos clínicos y de investigación son los mismos...». Sin embargo considera la necesidad de que se erijan hospitales propios y se continúen estudiando aspectos tan específicos como la alimentación y la higiene corporal, el crecimiento y el desarrollo. Con un sentido «utilitario», pasa por alto períodos anteriores y comienza la exposición de las distintas areas tematicas en el siglo XIX, remontandose alguna vez a finales del XVIII como punto de referencia y citando autores coetaneos (como Czemy, Keller, Schlossmann) y hallazgos recientes (como las investigaciones sobre el metabolismo material y energético de Camerer, Rubner y Heubner). Pero es junto reconocer que, junto a este sentido pragmatico, conoce y maneja muy seriamente los datos históricos que, como en el caso de la meningitis cerebroespinal epidémica, toma prestados del tratado de A. Hirsch Handbuch der epidemischen Kranheiten (1860-1864); o de autores tan significativos como H aeser o Jagger en otros capítulos. De características similares, aunque con un menor volumen de material, es el capítulo escrito por H. Brüning para el Handbuch der Kinderheikunde de M. von Pfaundler y A. Schlossmann (1906). Tras este empuje inicial, la indagación histórica permaneció relativamente estancada hasta resurgir en el período de entreguerras. En efecto, en 1925 aparecen dos obras importantes: la del americano John Rürah, que publicó dos textos muy similares en 1925 y 1930 respectivamente, y la de Abraham Levihson que esta en la misma línea. Se trata en ambos casos de semblanzas biograficas dirigidas a pediatras por autores que son sus colegas en el campo profesional, y que inicialmente estan publicadas a pequerios retazos, en revistas de la especialidad. Esta fórmula, iniciada entonces, puede decirse que ha continuado hasta hoy sin solución de continuidad. Un proyecto mas ambicioso fue el emprendido por el inglés Georg F. Still en su historia de la pediatría, editada en 1931. «Ningún inglés —dice— ha escrito una historia de la pediatría. Por ello he querido investigar en archivos y bibliotecas obteniendo unos conocimientos de primera mano de las obras y sus autores, tanto como los recursos disponibles en Londres, Oxford y Cambridge me lo han permitido». Y continúa mas tarde: «Hay dos formas de acercamiento a la historia de la medicina. Una puede ser el trazar el desarrollo de los conocimientos en relación con órganos, funciones, enfermedades, sin entrar en la personalidad de los autores de dichos avances. O, por el contrario, se pueden subordinar los detalles del progreso estudiando los hombres, sus vidas, sus obras... Este último
Tendencias de la historiografia pediàtrica espailola 371 método es el que mas me ha interesado ya que muchos de nosotros estamos interesados en conocer como otros Nombres han resuelto situaciones relatives al mismo campo profesional en el que trabajamos». Sin embargo, a diferencia de las anteriores, la historia de Still no es puramente biografica y aunque adolece de una serie de aspectos negativos, como el estar excesivamente centrada en el area anglosajona y la casi nula interpretación histórica de los datos, no deja de tener interés en otros aspectos como la inclusión de los apéndices con disertaciones inaugurales, folletos y otros documentos que revelan su paciente labor de recopilación en las excelentes bibliotecas y archivos ingleses; muchos de ellos de díficil localización por tratarse de ejemplares únicos o raros que no habían sido citados anteriormente. En una órbita totalmente distinta se sitúa el Ertslinge der Pddiatrischen Literatur de Karl Sudhoff. Gran historiador, entre su ingente tarea de investigación documental esta precisamente la edición facsímil de tres incunables pediatricos, los de Paolo Bagellardo, Bartolomé Metlinger y Cornelio Roelans, Sudhoff no se limita a reproducir los textos, sino que realiza una edición crítica de los mismos datando los fragmentos y autores e indicando, por ejemplo, que el libro de Roelans es fundamentalmente la recopilación de una Practica puerorum de autor medieval desconocido basada en fuentes griegas y arabes. Asimismo llamó la atención sobre el hecho de que Sebastian Ostericher en 1540 y Nicolas Fonteyn en 1640, la refundieran y anadieran comentaries originales, con lo que demostró lo duradero de su influencia. Como se ve un acercamiento fiel a los principios metodológicos de la historiografía positivista; un gran rigor en los planteamientos aunque con un alejamiento total del mundo de la medicina mundial, sin ningún atisbo «utilitarista». Tras la última guerra, se observa un crecimiento moderado de la historiografía pediatrica con estudios monograficos relativos a figuras importantes, a instituciones hospitalarias o benéficas, a asociaciones profesionales o a la pediatria de un país determinado. No obstante, los acercamientos en general no han diferido de las distintas líneas antes esbozadas. En tres textos podríamos personalizar las orientaciones actuales: La History of Pediatrics, de Abt y Garrison (1965) ampliación de la que el propio Garrison realizó en 1923; esta ordenada cronológicamente y anade descripciones de los principales descubrimientos, las diferentes escuelas y el avance de los conocimientos en las diversas areas, con una especial relevancia del mundo norteamericano. Las otras dos pertenecen al area germanica: la primera de ellas, realizada por A. Peiper, en 1951, es una historia de la pediatria ordenada no cronológicamente sino de forma sistematica a través de grandes
372 ROSA BALLESTER capítulos (alimentación, enfermedades infecciosas, higiene, etc.); puede decirse que es la mas completa que existe hoy día desde el punto de vista de la historia de las ideas. En tercer lugar, hay que hacer referencia al programa de Eduard Seidler, parcialmente realizado por él mismo y algunos de sus discípulos. Dicho programa esta ya contenido en la comunicación presentada al XXIII Congreso Internacional de Historia de la Medicina celebrado en Londres en 1972: «.Xrzte und kinde: motiven der neueren Pacliatrie»; aunque unos arios antes ya había iniciado el tema en un artículo publicado en 1966 y al que tituló «Dans Kind im Wandel Wissenschaftlicher». Seidler pertenece al grupo de historiadores de la medicina ciertamente influidos por la figura de Henry Sigerist, decisiva, como es bien sabido, en la historiografía médica 'de este siglo: la superación de la mera composición factual positivista por una auténtica comprensión de su sentido último, junto a la apertura del historiador a los aspectos sociales de la medicina. En diversos artículos publicados por este autor en revistas especializadas se ocupó de las características de la medicina bajomedieval en París y abordó asimismo el viejo tema de Sudhoff sobre el significado de la Practica puerorum en la evolución de los conocimientos pediatricos. Sin embargo, quiza lo que reviste mayor interés desde el angulo que nos interesa es el hecho de haber sido el primero en subrayar una necesidad: «un anàlisis histórico que quiera abarcar en su punto de partida todos los posibles aspectos parciales de la atención médica hacia el no deberà tener sólo en cuenta la pura cronología de los hechos. Junto a ella, habrã de considerar, la general actitud ante la infancia y el modo de entender lo que ésta es». Para poder realizar este desideratum, la realidad del nirio exige la visión conjunta de los problemas que en el curso de la historia se han repartido la Pediatría, la Psicología y la Psiquiatría infantiles; así como la Pedagogía y las Ciencias de la Conducta, en una investigación integradora de estas realidades. Desde su situación como profesor de Historia de la Medicina en Friburgo ha dirigido diversos trabajos orientados en su mayoría hacia el analisis histórico de la psiquiatría infantil en el area francesa y suizoalemana. Por lo demas, la referencia a fuentes espariolas en todas las obras citadas con anterioridad es escasísima y limitada, en general, a autores de la talla de Mercado y Lobera de Avila. Still llega a decir incluso que: «Spain had contribued very little to the literature of pediatrics».
Tendencias de la historiografia pediàtrica espailola 373 2. LA HISTORIOGRAFÍA PEDIÀTRICA EN ESPAI n TA Prescindiendo de los antecedentes procedentes de los eruditos ilustrados —por ejemplo Nicolas Antonio se ocupa de varias figurar imp ortantes en el campo que nos ocupa— y de los tratadistas de monografías s obre medicina infantil y expósitos que incluyen amplias referencias históricas (por ejemplo Luis Brochero (1626), Fray Tomas Montalvo (1700), Arteta (1802) o Hervas y Panduro en su Historia de la vida del nombre (1789)); el punto de partida obligado son las obras de Antonio Hernandez Morejón (1773-1836) y Anastasio Chinchilla (1801-1867). Estas obras, como ha sido puesto de relieve tantas veces, tienen la característica común de ser repertorios biobibli ograficos mas propios en realidad de la historiografia ilustrada y en cuanto a la recogida sistematica de materiales propios y ajenos es asunto demasiado conocido para volver sobre él. En ambas encontramos amplias referencias informativas, mas o menos rigurosas, de los autores espanoles que tu vieron alguna relevancia en la medicina infantil y sin Buda continúan siendo de indispensable manejo para el historiador. Al margen de otro tipo de consideraciones, Morejón y Ch inchilla van a iniciar, en la parcela a la que nos estamos refiriendo, las primeras controversias que pueden muy bien encuadrarse en lo que se ha venido a llamar «la polémica de la ciencia espatiola», que en este caso tiene como núcleo fundamental de referencia las obras de los siglos XVI y XVII. De esta forma, cuando Hernandez Morejón se ocupa de Juan de Villarreal y su obra dice: «Mueveme a ello [el darla a conocer] la gloria de nuestra literatura, tan poco conocida corro injustamente despreciada por los extr anjeros, siempre dispuestos a publicar nuestras faltas y rara vez a hacernos la justicia a que por mas de un título somos acreedores. La ligereza con que hablan de nuestros conocimientos científicos, la ignorancia con que d eciden sobre el origen de algunos descubrimientos que nos pertenecen, el afan incesante de hacerse superiores siempre..., les ha hecho incurrir en er rores imperdo- i nables que a nosotros nos toca aclarar y desvanecer». Posteriormente, aplica estas ideas a demostrar I ii «la exactitud, precisión, método y claridad con que los médicos espailoles observaron estas anginas primero que algunos, y desde e ntonces por anto- i nomasia se les denominó el garrotillo de los espafioles... con ello se aseguraron I un lugar muy distinguido en los anales de la historia de la ci encia... cuando los escritores le lean, dejaran de celebrar al inglés Home cuando Villarreal 11, le arrebató la gloria ciento cincuenta y siete asos antes» La figura de Villarreal, por cierto, fue destacada en este sentido, unos arios mars tarde, por Iglesias Díaz.
374 ROSA BALLESTER La obra de Chinchilla es mucho menos mesurada que la de Hernandez Morejón y en su afan apologético cuando escribe, por ejemplo, sobre Da.mian Carbó y comenta su escasa originalidad llega a decir: «los tratamientos que ofrece estan acomodador a las ideas de Hipócrates, Galeno o Avicena»; se apresura a ariadir que «todo ello no dismunuye el mérito de Carbón porqúe de 'este error participaron sin duda los principales médicos de Europa». Alejado del distanciamiento histórico y el analisis critico, se adhiere o se enfrenta con determinada figura del pasado. Cuando se refiere al libro de Jaime Bonells: Prejuicios que ocasionan al Género Humano y al Estado las madres que rehusan criar a sus hijos» (1 7 8 6) dice: «la elocuencia, la energía del lenguaje y las muchas observaciones dan a esta obrita un valor inestimable. Ella debería constituir una de las principales arras que había de entregar el esposo a su esposa el día del matrimonio con la obligación de leerla muchas veces. A buen seguro que ni habría madres desnaturalizadas ni tantos profesores necios y aduladores que sin fundamento asienten a las sugestiones de aquellas». El interés que los autores arriba citados mostraron por determinadas figuras espariolas que habían aportado conocimientos importantes sobre medicina infantil pesó sin duda en el tipo de trabajos históricos realizados durante el siglo XIX y gran parte del XX. Estos estudios tienen la característica de ser obras de pediatres, circunstancia lógica si tenemos en cuenta que la historiografia espariola tardó en incorporarse a las corrientes europeas que antes hemos delineado. En general, el nivel de estos trabajos es muy bajo; las escasas, aunque dignísimas figuras, que pudieron ser claves en el desarrollo de la historia de la medicina espariola (Peset y Vidal, Rodrigo Pertegas, Comenge), no se ocuparon directamente de esta area. Analizando los estudios existentes, pueden distinguirse dos etapas: la primera, coincidente en líneas generales con lo que acabamos de comentar, tuvo su punto culminante en lo que a cantidad de publicaciones se refiere, eh eNuinquenio anterior a la Guerra Civil, siendo su figura mas representativa Andrés Martínez Vargas. La segunda etapa, se inicia en la década de los sesenta en torno al Instituto de Historia de la Medicina de Salamanca. El tema de la difteria es retòmado por Pablo Villanueva cuando tradujo la Historia de la Medicina de Renouard en 1871, ariadiéndole gran cantidad de anotaciones propias. Exaltando al maximo a Ruizes de Fontecha, Pérez de Herrera, Pérez Cascales, Juan de Villarreal y Soto dice que «ello constituye una de las conquistas mas dignar de aprecio de la medicina admiradores pues nuestros médicos de las doctrinas de Cos y de Alejandría, se pusieron a comentar los escritos de sus jefes (Hipócrates y Galeno) y modificarlas en todo aquello que no estaba conforme con las
Tendencias de la historiografia pediàtrica espatiola 375 nuevas observaciones. Sin estar firmes bases de la ciencia, poco o nada hubieran ariadido a lo dicho por aquellos grandes médicos y ahora nos encontraríamos a la misma altura de adelantos que en la Antig-üedad». Frente a esta «patriótica» visión que, como veremos, va a continuar teniendo partidarios acérrimos, aparecen otra serie de figuras que muestran una actitud mucho mas pesimista. Voy a personificarla en la figura de un gran espariol, Francisco Criado y Aguilar. En el discurso de inauguración del curso 1908-1909 en la Universidad de Madrid que rotula «Algunas reflexiones sobre medicina sociológica» refiriéndose a la pediatría comenta: «Las entusiasticas alabanzas de nuestras glorias que en lontananza se destacan como realidad, aunque pretérita, altamente consoladora, no resuelven las estrecheces de la vida nacional» ya que «los males que nos aquejan hallanse profundamente arraigados en nuestra historia, plagada de deficiencias que aún persisten y cuya extinción ni se vislumbra. En relación con la ciencia hay una falta de paralelismo entre el cultivo intensivo de la teoría y el cultivo menos asiduo de la practica..., y ademas, ampulosidad en el estilo, exhuberancia en la expresión, culto excesivo a la palabra, característico de un intelectualismo decadente. La única salida es la educación: el nirio es el germen de la regeneración de la futura Esparsa». Criado, no obstante, tampoco realiza ningún esfuerzo por aclarar la realidad histórica que apriorísticamente juzga de forma negativa. La figura mas importante de esta primera etapa fue, sin duda, Andrés Martínez Vargas (1861-1948), figura en la que puede personalizarse la institucionalización de la especialidad pediàtrica en Esparsa. La mayor parte de su actividad profesional se desarrolló en Granada y Barcelona como catedratico de pediatría, siendo ademas, una persona con grandes inquietudes y sensibilidad social. Pero nos interesa aquí únicamente su actividad historiogràfica. Martínez Vargas conocía el mundo de la historia de la medicina centroeuropea a través de sus numerosos contactos con el ambiente aleman y su pertenencia a diversas asociaciones europeas de higiene y pediatría. A. partir del prólogo que escribe a la traducción espariola por Montaner de la Poza del capítulo histórico de Brüning en el Handbuch der Kinderheilkunde dirigido por M. Pfaundler y A. Schlossmann (1910-1912), se inició su interés por la historia, que va a orientar en el sentido de reivindicar los autores esparioles ausentes en la bibliografia histórico-pediàtrica cinculante en Europa. Con él resurge, una vez mas, la polémica iniciada por Morejón y