Kalbos paprastėjimo polinkiai viešojoje erdvėje
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GIEDRIUS TAMAŠEVIČIUS
Instituto de la Lengua Lituana
TENDENCIAS A LA SIMPLIFICACIÓN DEL LENGUAJE
EN EL ESPACIO PÚBLICO
OBSERVACIONES INTRODUCTORIAS
El espacio público (en alemán, Öffentlichkeit; en inglés, public sphere) es un ámbito de debate público, una arena social, política y comunicativa. En él se forma la opinión pública, en la que se basan las decisiones políticas de una sociedad democrática (Pečiulis 2007: 72; Navickas 2007). Los principales promotores del espacio público son los políticos y los periodistas. Unos buscan las mejores soluciones a cuestiones de interés para la sociedad debatiendo públicamente sobre ellas; otros fomentan esos debates y actúan como intermediarios (Taurinskaitė 2009). Precisamente, los cambios del propio espacio público suelen asociarse al deterioro del lenguaje de los políticos y los periodistas en Lituania (Navickas 2007).
La bibliografía teórica subraya que las personalidades destacadas y reconocidas por la sociedad, como las figuras de autoridad en la política y los medios de comunicación, deberían expresarse en un registro culto cuando hablan en público. Desde esta perspectiva, hablar de manera familiar en el espacio público, y más aún recurrir a la jerga, constituiría una grave transgresión de las normas lingüísticas y estilísticas (cf. Župerka 2005). Rita Miliūnaitė también coincide con esta opinión y afirma que «las vulgaridades y expresiones jergales que proceden públicamente de las más altas esferas del poder —išdurti (“engañar, embaucar”), važiuoti stogui (“volverse loco”, entre otras acepciones), kabinti makaronus (“engañar, tomar el pelo”), perspjauti (“superar, aventajar”), etc.— revelan la falta de competencia lingüística de esas personas, aunque debería existir una frontera bastante marcada entre las capas altas y la lengua estándar prestigiosa, por un lado, y las capas bajas y la jerga, por otro» (Miliūnaitė 2005: 47–48). Leonidas Donskis explica las causas del deterioro del lenguaje en el espacio público recurriendo a la figura del patán: «El patán se comporta en público como si conversara en privado con sus allegados o amigos, o estuviera sentado en compañía de hombres medio borrachos. Sus modales y su vocabulario no cambian...» (Donskis 2007: 115). Este comportamiento lingüístico, que antes era propio únicamente de los representantes de las capas sociales más bajas,
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hoy se está volviendo habitual tanto entre los líderes políticos como entre otros actores que han adquirido poder e influencia en la sociedad. Su forma de hablar se difunde porque se considera prestigiosa, por lo que cada vez se oye más en público, especialmente en televisión: «Es triste que periodistas realmente respetables se permitan usar términos como “perdedores” o “haber llegado al final del camino”. Esto no hace más que contribuir a la completa degradación del lenguaje político. Parece que poco a poco se borra la frontera entre las conversaciones de hombres borrachos en una taberna y el lenguaje político» (Donskis 2009).
No hace falta buscar muy lejos ejemplos que confirmen estas afirmaciones. Cualquier expresión más enfática o palabra coloquial que emplea un político aparece enseguida en los titulares de prensa (por ejemplo: Brazauskas išsidūrė [Veidas 2003 05 29]; Politikė Tarybą pasiuntė „nafig“ [Panevėžio balsas 2009 03 30]). Los periodistas mencionados por Donskis también esperan atraer más la atención de los lectores utilizando léxico no normativo (por ejemplo, los textos de Rimvydas Valatka: Britų karalienė – ne lygis [2008 04 07]; A. Kubilius perspjaus B. Obama? [2008 11 27]; A. Kubiliaus pasipūtimas papjovė valdžią [2009 01 22] www.lrytas.lt; el comentario de Algimantas Šindeikis: Reformatoriai pradeda grybauti [Veidas 2008 11 17]; el anuncio temático del semanario Atgimimas: Psichologinės Seimo narių išpindėjimo priežastys [2009 09 25]).
Los cambios del espacio público en Lituania ya han sido objeto de debate en numerosas ocasiones entre filósofos, politólogos e investigadores de la comunicación (cf. Bielinis 2002; Nevinskaitė 2006; Donskis 2007; Pečiulis 2007; Baločkaitė 2009). Sin embargo, hasta ahora no se han realizado estudios más exhaustivos que expliquen la penetración en el espacio público de formas de expresión lingüística propias del ámbito privado e informal. Este artículo, basándose en la bibliografía teórica y en ejemplos del discurso oral público de Lituania, se propone describir las principales tendencias a la (simpli)ficación del lenguaje en el espacio público, prestando especial atención al uso en el habla de periodistas y políticos de léxico característico del lenguaje coloquial.
Desde los tiempos de Aristóteles, el principal objetivo de quienes hablan en público ha sido persuadir, intentar influir mediante el lenguaje. Pathos es uno de los medios de persuasión identificados por Aristóteles. Se refiere al conocimiento del interlocutor y del público, de «sus actitudes y convicciones, y al conocimiento de cómo influir en él, cómo suscitar unas u otras emociones y sentimientos» (Keršytė 2005: 383–384). El propósito de influir es común a todas las perspectivas teóricas presentadas en este artículo: la teoría de la acomodación aborda la adaptación a la manera de hablar del interlocutor con el fin de alcanzar objetivos comunicativos; el aumento en el espacio público del léxico propio del estilo coloquial, asociado a los cambios sociales, se denomina mediante los términos jergalización y coloqüialización.
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ACOMODACIÓN
La teoría de la acomodación en sociolingüística describe las principales estrategias lingüísticas y comunicativas cuyo objetivo es adaptarse al interlocutor o a la audiencia. En estos casos se procura pronunciar de manera similar, utilizar el mismo léxico y ajustarse al tema de conversación y a los sentimientos que resulten más aceptables para el interlocutor. Así, el hablante se muestra cortés y expresa comprensión mutua hacia su interlocutor (cf. Holmes 2008: 242).
Un ejemplo de ello podría ser el discurso de felicitación del ministro de Educación y Ciencia, Gintaras Steponavičius, pronunciado en el programa de LTV Los niños del milenio de Lituania [2009 06 26] (las palabras características del lenguaje coloquial aparecen en negrita por decisión del autor del artículo. – G. T.).
Me alegra especialmente ver que el aprendizaje y la búsqueda del conocimiento pueden convertirse en un gancho en la vida, en algo que engancha y que realmente anima no solo a ustedes —los mejores—, sino también a sus amigos, a aspirar a lo más alto.1
El ministro se adapta a una audiencia joven recurriendo a palabras de uso generalizado entre los jóvenes, aunque asociadas con la jerga de los drogadictos. El léxico connotado parece «despertar» a los oyentes y reforzar el carácter lúdico de la idea; por ejemplo: Los mejores estudiantes desarrollan dependencia de los estudios, y esto les produce alegría constantemente. Así se crea la imagen de un político tolerante, liberal y cercano a los jóvenes, y se expresan solidaridad y empatía hacia los interlocutores. La expresión de solidaridad parece confirmar que los interlocutores son semejantes y elimina las diferencias sociales (cf. Tannen 1990): soy como ustedes, porque los conozco y sé hablar como ustedes.
Algunos comentaristas políticos actúan de manera similar y enriquecen su vocabulario con abundantes inserciones coloquiales, creando así un vínculo personal más íntimo con el destinatario (cf. Koženiauskienė 2009: 13). He aquí un fragmento del discurso del comentarista de Lietuvos rytas Rimvydas Valatka, en el programa de LTV La semana [2009 08 23]:
En general, hoy este es [...] un problema de la coalición, porque Valinskas, como político, ya está muerto. Si a Kubilius, Masiulis, Zuokas y a los demás les parece aceptable estar en coalición con un zombi, pues entonces... compartirán entre ellos el problema de Valinskas. En esencia, todo estaría bien, pero, en vísperas del vigésimo aniversario de la Vía Báltica, se ve que el presidente del Seimas
1 Gancho: deseo imperioso de hacer algo; por lo general, consumir drogas o intoxicantes, de los que, una vez que se empieza, no se puede dejar (Zaikauskas 2007: 70); enganchar: estimular (dicho de intoxicantes y estupefacientes) (Zaikauskas 2007: 174).
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públicamente hace negocio con representantes de la banda de médicos, pues eso es escupir en la cara a todas esas personas que estuvieron en la Vía Báltica. Los líderes de la mayoría gobernante deberían entenderlo y dejar de mantener el asunto en punto muerto... Así pues, parece que los políticos actuales son tan débiles que están dispuestos incluso a formar una coalición con bandidos o con su gente, con tal de que nada cambie y de seguir en el poder...
En este caso, el léxico jergal se utiliza, ante todo, para valorar negativamente y con carga emocional a los políticos en el poder y expresar agresividad verbal. El comentarista se adapta a la perspectiva y al habla de la audiencia masiva, de personas con un nivel educativo medio o bajo, y así crea el fenómeno de un sentimiento compartido: «Yo, como todos ustedes, estoy convencido de que en el poder no hay más que bandidos» (cf. Pečiulis 2007: 187). En este caso, el éxito comunicativo es casi indudable.
JERGALIZACIÓN
Los autores rusos denominan jergalización a la tendencia de periodistas y políticos a emplear palabras coloquiales o jergales en sus discursos públicos (cf. Kostomarov 2005: 235; Krysin 2009). Al buscar las causas del cambio de conducta lingüística en el espacio público, señalan ante todo la democratización de la sociedad tras la liberación del régimen totalitario. La sensación de libertad llevó a parte de la sociedad a «liberarse» también de determinadas normas de conducta y ética. Una de las consecuencias de esta transformación es el uso público de léxico no normativo. En los Estados no democráticos, tanto en la esfera pública como en la literatura, se restringe la posibilidad de escoger recursos de los márgenes de la lengua estándar; suelen predominar un estilo seco y objetivo o uno artificialmente elevado y patético (cf. Mečkovskaja 2006: 133). Tras el derrumbe de los Estados totalitarios y la pérdida de vigencia de muchas de sus normas, la liberalización de la sociedad también se hizo patente en la valoración de las expresiones lingüísticas no estándar, la creatividad en el habla y el estilo individual. Por ello, para alcanzar popularidad, los oradores de hoy hacen uso público de la libertad de expresión y, rompiendo audazmente los estereotipos, buscan manifestar su individualidad. El léxico coloquial, que destaca por su extraordinario potencial funcional y su capacidad de influir en el destinatario, resulta especialmente útil para ello. También se recurre a palabras coloquiales expresivas para bromear y jugar con las palabras; cuando hace falta, ayudan a reducir la tensión (Chimik 2004).
Por otra parte, en los países postsoviéticos, personas de los estratos sociales más bajos y de escasa cultura, tras adquirir poder e influencia, se abren paso en las élites sociales y políticas. Junto con ellas, su jerga también adquiere «derechos civiles» en la esfera pública (Mečkovskaja 2006; Krysin 2009). Precisamente esta evolución es analizada en Lituania por el ya
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citado Leonidas Donskis, al hablar del ascenso de los patanes y de la degradación del lenguaje político (Donskis 2007: 115; 2009).
Los otros factores sociales de la jergalización señalados por los autores rusos son, al parecer, comunes a los países de Europa oriental y occidental. Entre ellos cabe mencionar la migración: habitantes de las provincias se trasladan a las grandes ciudades, lo que aumenta la distancia respecto de los dialectos (en la comunicación cotidiana se utiliza el habla coloquial urbana); en las ciudades, representantes de distintos grupos sociales interactúan intensamente, adoptan unos de otros ciertos rasgos lingüísticos y aceleran la difusión de innovaciones (Krysin 2009). Sin embargo, difícilmente este factor puede equipararse al impacto de la cultura popular de masas. El modelo lingüístico pasa a ser el lenguaje oral de los medios de comunicación en la esfera pública: un lenguaje multifuncional, dinámico, generalmente dialogado, espontáneo, no reglamentado y casi siempre expresivo, propio de la comunicación viva, en el que, junto a palabras y expresiones habituales del periodismo, se emplean activamente expresiones coloquiales expresivas, términos jergales, nuevos préstamos del inglés e incluso vulgarismos (cf. Chimik 2004). Quienes más difunden este léxico en el uso general son precisamente las figuras de referencia creadas por los medios: las «estrellas» de la televisión y los políticos populares. Así, «una palabra o expresión que antes no acababa de satisfacer a los normativistas, pero que emplea una personalidad conocida y prestigiosa, adquiere derechos civiles y puede llegar a convertirse en norma» (Koženiauskienė 2001: 78). Según la lingüista bielorrusa Nina Mečkovskaja, se trata de un proceso «de arriba abajo»: el lenguaje de la vida pública pierde su carácter elitista y adquiere cada vez más rasgos propios del habla coloquial. Por otra parte, los estudios realizados en diversos países europeos muestran que también se produce el fenómeno contrario, «de abajo arriba». Se afirma que, debido a la misma influencia de las telecomunicaciones y la cultura de masas, los estratos sociales bajos se acercan cada vez más a los altos y disminuye la diferencia que antes era marcada entre ellos (Mečkovskaja 2006: 34).
Desde hace muchos años, el miembro del Seimas Julius Veselka es conocido en la política lituana por su oratoria «popular». Así habló en el Seimas, dirigiéndose a Arūnas Valinskas (candidato a presidente del Seimas):
Estimado candidato, al responder a las preguntas económicas, usted ahí las aparta muy bien, las aparta, pero puedo decirle que, al participar en las negociaciones, probablemente no entendió bien de qué se hablaba; así que puedo decirle que a usted lo «engañarán» <...> Cuando el estimado Arūnas Valinskas pronunció su primer discurso, pensé: vaya, qué listo es Arūnas. Siendo él mismo de izquierdas, les dará una lección a los de derechas. Luego veo que «engañarán» los de derechas, estimado Arūnas. Por eso quiero que, de todos modos, no le tuerzan el brazo, porque Stalin también trabajaba de noche y luego las decisiones se aprobaban por unanimidad; por eso quiero pedirle que no permita que le fuerzan la mano y recuerde que su programa anticrisis es, de hecho, un programa para profundizar y agravar la crisis. (De la transcripción de la sesión del Seimas del 17-11-2008)
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El hablante proyecta la imagen de alguien que conoce bien las maniobras políticas entre bastidores del Seimas. Advierte «paternalmente» al recién llegado a la política —candidato a la presidencia del Seimas— de que corre el riesgo no de un simple engaño, sino de que «lo tomen el pelo». Esta palabra, procedente de la jerga criminal, se aplica a los políticos de derechas: es mejor no meterse con ellos, porque no son menos taimados que los delincuentes. Al final de su intervención, el «paternalismo» queda confirmado por el uso familiar de la segunda persona del singular («no te dejes», «acuérdate»). Así se construye la imagen de un político experimentado, cercano, que advierte de los peligros de manera sencilla y sin rodeos.
El habla juvenil se considera otro factor importante en la jerga de la sociedad contemporánea. La influencia de la cultura juvenil en la sociedad actual suele relacionarse con el rejuvenecimiento, en términos sociales y profesionales, de los miembros de los sectores activos de la sociedad, que utilizan abiertamente en público expresiones expresivas que les son habituales (Chimik 2004). Según el lingüista danés Bent Preisler, «el estilo de habla y el vocabulario de los jóvenes influyen en el lenguaje de toda la sociedad, especialmente en el de los medios de comunicación y la publicidad» (Preisler 1999b: 50). Por otra parte, son precisamente la publicidad y los medios de comunicación los que más contribuyen a crear un modelo de culto a la juventud que se presenta como ideal al que toda la sociedad debería aspirar: «sé o, al menos, aparenta ser lo más joven posible, porque solo los jóvenes valen algo» (cf. Vasiliauskaitė 2007). Por ello, nunca antes se había orientado tanto la sociedad contemporánea hacia la juventud: no solo el estilo de vestir y el modo de vida propios de los jóvenes de hoy traspasan los límites sociales de edad, sino también los elementos lingüísticos (cf. Chun 2007: 3–4)2. El habla juvenil se considera la principal fuente de renovación del léxico jergal de uso general y un posible factor de cambio de la lengua estándar (cf. Gordienko 2006; Chun 2007: 4–5).
COLOQUIALIZACIÓN
Los autores que analizan las fuentes de la jerga consideran, ante todo, que estas se encuentran en la ruptura histórica y social que tuvo lugar en la Europa del Este postsoviética. Hace más de cuatro décadas, el filósofo alemán Jurgen Habermas describió cambios sociales comunes a todo el mundo occidental. Se trata de la desaparición de los límites entre el espacio público y el privado. Este proceso continúa hasta hoy, y en él influyen decisivamente las nuevas tecnologías de la comunicación y las condiciones impuestas por el mercado de los medios de comunicación…
2 Un estudio sociolingüístico del léxico característico del habla coloquial, realizado en Vilna hace un año, confirmó que el léxico juvenil es conocido y a veces utilizado por personas de distintos grupos de edad (véase Tamaševičius 2008).
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…cuyas condiciones dictan los medios de comunicación. Esto resulta especialmente evidente en la manifestación más destacada del espacio público: la televisión, que abandona el modo de hablar didáctico y paternalista y da paso a una comunicación informal, propia del ámbito privado (ingl. conversationalisation) (Fairclough 1992: 204). El espectador contemporáneo espera entretenimiento de la televisión (el modelo del espectador-entertainer-consumidor) (cf. Marcinkevičienė 2008: 61, 2009a); por eso, en ella se da prioridad a los programas de entretenimiento, y no a los que promueven debates cívicos: reality shows que traspasan cualquier límite de la intimidad, revistas de estilo de vida que examinan la individualidad y los secretos de personajes públicos, concursos de talentos, etc. (Pečiulis 2007: 198). El lenguaje de estos programas se caracteriza por la coloquialización (ingl. colloquialisation): abundan los elementos del habla coloquial, como el léxico y la estructura oracional propios del estilo coloquial, las citas del habla oral, las paráfrasis, etc. (Marcinkevičienė 2009a, 2009b: 96). La presión de las leyes del mercado obliga a los medios de comunicación a tratar de llegar a una audiencia lo más amplia posible; deben estrechar sus vínculos con los espectadores, es decir, hacer lo que es popular. Es probable que en el futuro los medios hablen aún más a menudo «como la gente corriente» (cf. Schrøder, Philips 1999: 67).
A primera vista, esto apuntaría a una democratización del espacio público y al paso del poder a manos de la gente corriente. Sin embargo, Normann Fairclough, que ha estudiado en profundidad el discurso de los medios de comunicación, duda de que un discurso público cada vez más parecido al habla coloquial refleje un cambio real en las relaciones de poder en favor de la gente corriente. Se pregunta si no se trata únicamente de una estrategia de poder destinada a manipular a la sociedad tanto en el plano social como en el político y a atraer a la audiencia más amplia posible (Fairclough 1995: 13). La respuesta suele buscarse estudiando el comportamiento de los políticos en el espacio público y, en particular, en los medios de comunicación, el principal ámbito de su relación con la sociedad.
En el discurso político, hasta hace relativamente poco, solo los populistas recurrían al estilo coloquial y cotidiano3. Los primeros cambios aparecieron a finales del siglo XX, cuando nuevos líderes llegaron al poder en Estados Unidos y Gran Bretaña. En este sentido, resulta especialmente significativo el modelo creado por el ex primer ministro británico Tony Blair. Fairclough, tras estudiar el lenguaje de la política del Nuevo Laborismo, afirma, basándose en las propias palabras de Blair, que el fundamento de la imagen de este político consiste en parecer una persona corriente (ingl. normal person) (Talbot, Atkinson, Atkinson 2008: 63). Por eso es natural que hablara como la gente corriente, aunque para muchos fuera una sorpresa. Según muchos investigadores, Di
3 En Dinamarca, ya hace varias décadas, el éxito electoral de los partidos populistas se vinculó a su empeño por «estar más cerca de la gente» y también al uso del habla cotidiana y coloquial (cf. Orla Vigsø 1996).
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La proximidad del líder de Gran Bretaña al lenguaje coloquial determinó en gran medida su éxito político (cf. Tolson 2005: 82). Para reforzar su imagen de líderes cercanos, hoy tampoco rehúyen el habla propia de los ciudadanos comunes los dirigentes de otros países: el primer ministro ruso Vladímir Putin, el presidente bielorruso Aleksandr Lukashenko, el presidente francés Nicolas Sarkozy, el primer ministro italiano Silvio Berlusconi y el primer ministro australiano Kevin Rudd. Así muestran que son personas espontáneas, capaces de comunicarse de manera informal (cf. Repečkaitė 2006).
A los políticos los empujan a recurrir a estas formas de construir su imagen, sobre todo, las condiciones que imponen los propios medios de comunicación modernos y, en particular, la televisión. En su lucha por captar la atención de los votantes, «el político se ve obligado a medijatizuotis» (Pečiulis 2007: 206), a resultar atractivo para unos medios de comunicación que compiten por alcanzar altos índices de audiencia. Por ello, se empieza a tratar a las personas ante todo como consumidores de medios de comunicación y no como ciudadanos (Fairclough 1995: 13). Por la misma razón, en el discurso político abundan las manifestaciones de coloquialización propias de los medios de comunicación. Al fin y al cabo, cuando habla con palabras propias de la conversación cotidiana e informal o se comporta de manera inusual en público, el político casi puede estar seguro de que los medios de comunicación no lo pasarán por alto: su apellido aparecerá en los titulares de los periódicos y sonará en los informativos de televisión.
Un ejemplo de ello es la ocurrencia del expresidente del Seimas Arūnas Valinskas desde la tribuna del Seimas, al felicitar al recién confirmado jefe del Gobierno:
Al desearle que haga un buen trabajo, primero quisiera dirigirme al discurso de la honorable diputada Ingrida Valinskienė. Querida, al apoyar así al primer ministro, quizá salves el Estado, pero podrías destruir la familia. (De la transcripción de la sesión del Seimas del 16-07-2009)
En la primera oración, el orador subraya que se dirige a Ingrida Valinskienė de manera oficial, como presidente del Seimas a una diputada. El carácter oficial queda reforzado tanto por el tratamiento «honorable diputada [...]» como por el nombre Ingrida, que figura en los documentos, y no Inga, como suele presentarse ella misma. La segunda oración supone un salto a una conversación privada entre marido y mujer: el apelativo íntimo «querida» y la forma familiar de segunda persona singular «salves» revelan el paso de la relación presidente del Seimas—diputada a la relación marido—mujer. Con esta inserción de discurso privado, Valinskas logró que, al comentar la aprobación de la candidatura del primer ministro, tanto la prensa como los programas de televisión no olvidaran hablar también favorablemente del propio presidente del Seimas. Una atención similar suscitó la palabrita coloquial «atia», usada en el último discurso oficial de Arūnas Valinskas al pueblo de Lituania en calidad de presidente del Seimas.
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CONCLUSIÓN
En el espacio público actual, el lenguaje se simplifica y adquiere más rasgos del estilo coloquial cotidiano, no tanto por el desconocimiento de las normas lingüísticas o la escasa cultura de los hablantes, sino con el propósito de persuadir y causar impacto (acomodación).
En esta conducta lingüística influyen no solo la liberalización de la propia sociedad (jerga), sino, aún más, los medios de comunicación. Al empezar a hacer público lo privado y a «privatizar» lo público, la televisión fue la primera en expresarse en el habla coloquial cotidiana (coloquialización). Los políticos también adoptaron esta manera de hablar, porque dependen directamente del poder de los medios de comunicación para llegar a la sociedad e influir en ella.
El lenguaje del espacio público en Lituania apenas se ha estudiado, por lo que se necesitan investigaciones más exhaustivas sobre el habla pública de periodistas y políticos.
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Gauta 2009 11 05
LANGUAGE SIMPLIFICATION TENDENCIES IN PUBLIC SPACE
Summary
During the last years on numerous occasions it has been claimed that language used in public space in Lithuania undergoes simplification. Journalists and politicians make numerous language and style errors, since they lack language competence and understanding of language norms. However, so far language specialists have failed to discuss reasons, why politicians and political analysts, who generally have a good command of the Lithuanian language, suddenly turn to spoken and colloquial style whenever exposed to public view. In linguistic literature this is explained by the theory of sociolinguistic accommodation, investigating ways of adjusting to the audience, and the term of jargonisation, defining the impact of social transformation on the language. The privatisation of public space exerts influence on the language of mass-media and politicians; a tendency towards colloquialisation has been noticed.
The language of public life has been very little researched so far; thus the above claims could only be proved or disproved after a thorough investigation into the public spoken language of journalists and politicians.
GIEDRIUS TAMAŠEVIČIUS
Lietuvių kalbos institutas
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