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Knyga apie rytinių slavų kalbų susidarymą

S. Karaliūnas

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UN LIBRO SOBRE LA FORMACIÓN DE LAS LENGUAS ESLAVAS ORIENTALES Ф. М. Филин, Образование языка восточных славян, Москва—Ленинград, 1962. 294р. Aunque el libro de F. Filinas1 está dedicado a esclarecer las etapas de la historia de las lenguas eslavas, especialmente las orientales, en él también se abordan a menudo las lenguas bálticas. La cuestión de la formación del protoeslavo está estrechamente relacionada con el problema de las relaciones más antiguas entre las lenguas bálticas y eslavas. Por ello, F. Filinas dedica más espacio a los contactos entre las lenguas bálticas y eslavas (pp. 123—130). Es bien sabido que las lenguas bálticas son las más cercanas a las eslavas. F. Filinas señala que, en cuanto al origen y la naturaleza de esa proximidad (con esta palabra parece referirse a los rasgos comunes específicos de las lenguas bálticas y eslavas, es decir, a aquellos que son ajenos a otros grupos de lenguas indoeuropeas), se han planteado hipótesis diametralmente opuestas. A su juicio, estas grandes discrepancias de opinión se deben a que la lingüística aún carece de un criterio objetivo para determinar el grado de parentesco entre las lenguas. Por consiguiente, al explicar las relaciones lingogenéticas, puede intervenir también el subjetivismo. Cabe destacar especialmente la observación de F. Filinas de que no existe tal criterio objetivo por dos razones: primero, los fenómenos comparados, en cuanto elementos de los sistemas lingüísticos, todavía no han sido suficientemente estudiados; segundo, se desconoce la cronología relativa de los fenómenos. F. Filinas se opone categóricamente al concepto de un proto-báltico-eslavo, que, en su opinión, carece de una base científica sólida. A su parecer, resulta aleccionador el hecho de que los partidarios de este concepto no puedan reconstruir el proto-báltico-eslavo; en la práctica de la investigación se las arreglan con los protolenguajes eslavo e indoeuropeo. F. Filinas tiene razón al afirmar que los razonamientos teóricos de los partidarios de la hipótesis del proto-báltico-eslavo se caracterizan por el sesgo en la selección e interpretación de los hechos, el apriorismo y el antihistoricismo. Como ejemplo de ese antihistoricismo y de la falta de consideración por la cronología de los fenómenos, cita la tesis defendida por V. Georgiyev de que el lituano, caracterizado por el conservadurismo fonético y morfológico, podría casi sustituir al protoslavo común, que no está documentado por escrito. Las deficiencias metodológicas de los partidarios de la hipótesis del proto-báltico-eslavo mencionadas se aprecian con especial claridad en su incapacidad para ponerse de acuerdo sobre la época en que existió y se escindió el protolenguaje. El eslavista francés A. Vaillant considera que, en tiempos de Tácito y Ptolomeo, bálticos y eslavos aún hablaban una sola lengua, que se escindió en los primeros siglos de nuestra era, cuando las tribus germánicas (godos y gépidos) invadieron los territorios bálticos. J. Safarewicz supone que la división del proto-báltico-eslavo fue provocada por la invasión de tribus iranias (los escitas, desde el siglo VII a. C.; los sármatas, desde los siglos III—IV a. C.). T. Ler-Splawinski sitúa la escisión del proto-báltico-eslavo en una antigüedad remota, aproximadamente entre 1500 y 1300 a. C. V. Georgiyev sostiene que el proto-báltico-eslavo existió en el III milenio a. C. y se escindió ya a comienzos del II milenio a. C. 1 En la bibliografía lingüística lituana ya se había escrito sobre esta cuestión; véase K. Korsakas, Lyginamoji kalbotyra ir tarybinės lietuvių filologijos uždaviniai, „Lietuvių kalbotyros klausimai“, t. 6, Vilnius, p. 5—20. 240 F. Filinas tampoco está de acuerdo con el punto de vista opuesto, defendido principalmente por A. Zeno, según el cual las lenguas bálticas y eslavas se separaron del tronco común indoeuropeo de manera independiente una de otra y nunca hubo entre ellas un contacto más estrecho. La perspectiva del propio F. Filinas sobre las relaciones más antiguas entre bálticos y eslavos no es nueva. El autor considera que, todavía en el marco de la comunidad lingüística indoeuropea, se formó un grupo de dialectos cuyos hablantes mantuvieron un contacto bastante estrecho y prolongado. Sin estar aislados de otros dialectos indoeuropeos, estos dialectos emparentados se enriquecieron con innovaciones particulares y experimentaron muchos cambios comunes. En este grupo de dialectos indoeuropeos se encontraban los antepasados de las lenguas protobáltica y protoeslava. Al desintegrarse la comunidad lingüística indoeuropea, se separaron las lenguas protobáltica y protoeslava, cuyos sistemas, aunque no idénticos, siguieron siendo similares hasta nuestros días. De ello F. Filinas concluye que el contacto entre las lenguas bálticas y eslavas existió, con breves interrupciones, a lo largo de toda su historia, pues, de lo contrario, también habrían perdido su comunidad lingüística (es decir, las innovaciones báltico-eslavas). A nuestro juicio, esta concepción de las antiguas relaciones lingüísticas entre bálticos y eslavos es sencilla y comprensible; explica suficientemente el origen de las isoglosas que atraviesan el área de las lenguas bálticas y eslavas. Es discutible la afirmación de F. Filinas de que la proximidad entre las lenguas bálticas y eslavas (es decir, las innovaciones báltico-eslavas) demuestra que hubo un contacto estrecho entre los antiguos bálticos y eslavos durante los últimos siglos antes de nuestra era y los primeros de nuestra era, pues, según él, las innovaciones fonéticas, morfológicas y léxicas de esas lenguas son demasiado evidentes. Parece que esas innovaciones habrían perdurado hasta nuestros días incluso si el contacto entre las lenguas bálticas y eslavas se hubiera interrumpido por completo en el cambio de era, pues las innovaciones báltico-eslavas, al menos por el impulso que las originó, parecen ser resultado de épocas mucho más antiguas. F. Filinas necesitaba afirmar que hubo estrechos contactos entre las lenguas bálticas y eslavas en el cambio de era para poder establecer, apoyándose en ello, la patria ancestral de los eslavos. La toponimia báltica y eslava que se encuentra allí indica que, antes de que comenzara la expansión eslava hacia el norte y el nordeste, la cuenca del río Prípiat pudo ser realmente una zona de contactos activos entre tribus bálticas y eslavas. Como rasgo positivo, cabe señalar el espíritu crítico del autor. Sin embargo, a veces este se convierte en negación. Así, tras presentar hipótesis sobre el origen del etnónimo slovėne, el autor no encuentra ninguna fiable y las rechaza todas, aunque él mismo no se propone explicar la cuestión. A nuestro juicio, el autor probablemente se equivoca al afirmar que «slovėne derivado de Slova o de algún otro topónimo parecido es apriorístico e indemostrable» (p. 56). Slovėne derivado de Slova (cf. el polabo Zlowe, el alemán Schlawe, el casubio Slow-no) es perfectamente posible desde el punto de vista de la derivación eslava; cf. poliane: pole, gorozane: gorod, seliane: selo2. Este tipo de derivación también existe en las parientes más cercanas de las lenguas eslavas: las lenguas bálticas. Las analogías de las lenguas bálticas pueden ayudar a explicar en parte el origen del etnónimo eslavo mencionado. En lituano, el sufijo -ėnas se emplea ampliamente para indicar el origen de los habitantes de un lugar, por ejemplo, žmo- 2 Plg. K. Būga, Rinktiniai raštai, III, Vilnius, 1961. d. 714. 16. Lietuvių kalbos morfologinė sandara ir jos raida 241 pues a quienes vivían junto a los ríos Gāmē y Nōtē se los empezó a llamar gamēnais y notēnais. De esos nombres comunes surgieron más tarde también nombres propios: Gamėnai, Notėnai3. Es interesante que el topónimo eslavo Slova tiene un equivalente en las lenguas bálticas; compárese el lituano Slavė (afluente de la margen izquierda del Šventoji; Anykščiai, pueblo de Slavėnai). Así como los habitantes de las orillas del Slavės eran llamados slavėnai (de ahí surgió más tarde el nombre del pueblo Slavėnai), del mismo modo los habitantes de Slovos podrían haber sido llamados slov-ėnė4. Por cierto, en la toponimia lituana la raíz *k’lotu-/*k’leu- está bastante extendida5. También cuesta creer la afirmación de F. Filinas de que el etnónimo antai procede de las lenguas túrquicas (p. 61). Además, difícilmente se puede dar la razón al autor cuando sostiene que los contactos eslavo-indo-iranios, que aportaron numerosas isoglosas comunes a esas lenguas, comenzaron solo a mediados del I milenio a. C., cuando los escitas y los sármatas se trasladaron a las estepas del sur de Rusia (p. 139). Nos parece que esos contactos podrían ser mucho más antiguos. De lo contrario, las isoglosas comunes de esas lenguas no habrían alcanzado el ámbito de la antigua lengua india. Algunas afirmaciones del libro ya han quedado obsoletas y han sido refutadas por investigaciones más recientes; por ejemplo, considerar a los kuršiai una tribu fino-báltica6 (p. 130) y sostener que supuestamente no se perciben contactos lingüísticos directos entre las lenguas bálticas y las iranias7 (p. 142). Señalaremos también algunas pequeñas imprecisiones que aparecen en el material báltico (principalmente lituano). El autor considera lituana la palabra krėvs (p. 62). Sin embargo, según los datos de que disponemos, ni los lituanos ni los letones tienen esa forma de la palabra. En letón solo existe krieūs «ruso». K. Būga empleó las palabras krėvis, kriēvas para referirse a los rusos. Las formas krēvis «ruso» y krieviai «tribus eslavas orientales» se conocen por los escritos de S. Daukantas y probablemente son creaciones suyas8. Ninguna de las formas mencionadas es conocida en lituano; por eso es mejor no basarse en ellas. F. Filinas considera que algunos préstamos son palabras lituanas (bálticas) antiguas. He aquí una pequeña muestra de ejemplos de este tipo: El lituano aduos, adua «apenas» (p. 198) es un eslavismo; compárese el ruso odua y el bielorruso odua (igual que ledua, del ruso ledua y del polaco ledwo). 3 Plg. Pr. Skardžius, Lietuvių kalbos žodžių daryba, Vilnius, 1943, p. 238; Ю. Бальчиконис, Названия литовских населенных пунктов от названий рек и озер, „Lingua Posnaniensis“, t. 7, Poznań, 1959, p. 248 tt. 4 Compárese J. Otrębski, Die Herkunft der Bezeichnung slovėne «Lingua Posnaniensis», t. 7, p. 263 ss. 5 Plg. Lietuvos TSR upių ir ežerų vardynas, Vilnius, 1963, p. 166 tt. 6 Sobre la lengua de los kuršiai como lengua báltica, véase J. Endzelin, Über die Nationalität und Sprache der Kuren, «Finnischugrische Forschungen», t. 12, 1912, p. 59—72; Zu den kurischen Bestandteilen des Lettischen, «Indogermanische Forschungen», t. 33, 1913, p. 96—104; V. Kiparsky, Die Kurenfrage, «Annales Academiae Scientiarum Fennicae», t. 42, 1939; K. Būga, Lietuvių kalbos žodynas, Kaunas, 1924, p. LXXXIX-CXXXIII (= K. Būga, Rinktiniai raštai, III, Vilnius, 1961, p. 156—251, con bibliografía sobre esa cuestión); E. Fraenkel, Die baltischen Sprachen, Heidelberg, 1950, p. 60—62. 7 Sobre los contactos entre las lenguas bálticas e iranias, véase B. H. Топоров, О. Н. Трубачев, Лингвистический анализ гидронимов Верхнего Поднепровья, Москва, 1962, p. 231 y la bibliografía citada allí. 8 Plg. Lietuvių kalbos žodynas, VI, Vilnius, 1962, p. 558, 576. 242 El lit. bōgnas (p. 122) bognà, bagnà, bagmà «Moor, Sumpf» también es un eslavismo; cf. el esl. *bagno. El lit. *aornas (p. 145) probablemente es un error de imprenta en lugar de (i)ōvaras, (i)ōvaras (lit. ant. jāvaras, jāvoras) «Platane, Schwarzpappel», que es un germanismo (cf. el alto alemán antiguo āhorn), llegado a través de las lenguas eslavas (cf. el bielorruso javor y el polaco jawor «Ahorn»)9. El lit. karštas, kerštas, karštas «Sarg» (p. 172) llegó a través de las lenguas eslavas (cf. el ruso korsta, kerstā, y el bielorruso korsta) desde las lenguas ugrofinesas (cf. el estonio kirst y el finés kirstu «Kasten»). El lit. kárpa, kárpė, kárpis, karpas «Cyprinus carpio» (p. 116) probablemente son eslavismos (cf. el polaco karp «Karpfen»). El lit. midùs (p. 93), «Met. Honigwein», debe considerarse un germanismo (cf. el gótico *midus y el alto alemán antiguo metu), junto al báltico medùs. Hay palabras lituanas transcritas y acentuadas de manera imprecisa: tūksantis, trūdėsintys (p. 38), miesą (p. 93), mūsos (p. 102), spiau (p. 105), taūkas, káūti (p. 107), žirnis (p. 113), kumėlė (p. 114). Debe escribirse y acentuarse así: tūkstantis, trys dešimtys arba trisdešimt, mėsą (acus. sing. mėsą), mūsos (gen. pl. musų) o māsas, mūsai, mūsai, spiaujų, tāūkas, káūti, žirnis, kumėlė. En ciertos casos habría que modernizar la ortografía de los ejemplos lituanos presentados; por ejemplo, en lugar de aszwa, š (p. 93) debería escribirse ašū, šuō. Asimismo, parece que tampoco tenemos derecho a leer el nombre prusiano de un pez suckis (glosario de Elbing, 560) como žūlis (p. 133). El trabajo aquí comentado de F. Filin ofrece una imagen clara de la formación y evolución de la protolengua eslava, de su escisión y de la aparición de las distintas lenguas eslavas (orientales). También arroja luz sobre las relaciones prehistóricas de las lenguas eslavas con otras entidades lingüísticas (por ejemplo, las bálticas). El libro de F. Filin, escrito en un estilo divulgativo, está al alcance no solo de los lectores especialistas. También los lingüistas lituanos deberían plantearse la posibilidad de elaborar una obra semejante, que exponga de manera divulgativa las etapas de la historia de las lenguas bálticas, el origen y la evolución de la lengua lituana y sus relaciones con otras lenguas. S. Karaliūnas 9 Plg. E. Fraenkel, Litauisches etymologisches Wörterbuch, Heidelberg-Göttingen, p. 195. 10 Žr. K. Būga, Rinktiniai raštai, II, Vilnius, 1959, p. 710. 16*