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Vilius Pėteraitis. „Mažosios Lietuvos ir Tvankstos vietovardžiai“

Marija Razmukaitė

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y ruonis. Por otra parte, si Irbės šaurums e Irbite, así como Ruonų sala y Ruonītis, designan objetos situados cerca unos de otros, Irbite y Ruonītis deben considerarse, sin duda, derivados sufijales de los topónimos compuestos correspondientes. Desde el punto de vista semántico, todos los nombres de lugares de pesca se dividen en 1) los que indican puntos de referencia (nosaukumi, kas noriąda orientierus: Tūjas steķis, Baznīcas, Pret Vāgariem, etc.) y 2) los que caracterizan el lugar de pesca (nosaukumi, kas raksturo zvejvietu: Dzelme, Mīkste, Ravas bedre, Aizkrāuls, etc.). Los criterios de clasificación elegidos están suficientemente justificados, aunque en algunos casos resulta bastante difícil distinguirlos: por ejemplo, los topónimos Eļiksniši (p. 262) y Puišuņš (p. 264) se consideran indicativos de puntos de referencia, mientras que Akmenija (p. 280) y Dārziņš (p. 285) se consideran caracterizadores del lugar de pesca. Sin embargo, parece que la función de los dos primeros también puede ser caracterizar el lugar (un sitio cubierto de alisos; un sitio cubierto de pinos). En los tres últimos subapartados se explica el origen de los nombres de algunos lugares de pesca y se señalan varios paralelos semánticos en las lenguas letona, lituana, polaca y finesa (por ejemplo, letón Akmīnaja, Akmenija: lituano Akmenė, Akmena: polaco Kamień, W Kamienia: estonio Kivismaa «tierra pedregosa» — p. 307). También se aborda la cronología de estos topónimos: sus primeras anotaciones en fuentes históricas y su evolución posterior. Son muy importantes los detallados índices de nombres comunes y propios que se incluyen al final del libro y facilitan la consulta de esta valiosa obra. Al concluir la presentación del libro de B. Laumane, cabe destacar algunos aspectos más, especialmente importantes para la onomástica lituana. Como se ha mencionado, el libro también utiliza datos de la toponimia y la antroponimia lituanas, que se analizan comparándolos con hechos de otras lenguas bálticas y, en ocasiones, también de las lenguas finesas. Por otra parte, la aparición de esta obra brinda la posibilidad de estudiar los topónimos lituanos teniendo como referencia un contexto más amplio de topónimos, antropónimos y términos fisiográficos letones, analizados exhaustivamente. En resumen, puede afirmarse con seguridad que este libro constituye una contribución considerable a los estudios del léxico báltico (especialmente de los topónimos). Enriquece de manera particularmente valiosa el campo de las etimologías de los onímicos y los apelativos, tanto en el contexto de las lenguas bálticas como en el de las relaciones entre las lenguas bálticas y finesas. Laimutis Bilkis Vilius Pet ė raitis. Mažosios Lietuvos ir Tvankstos vietovardžiai. Vilnius: Fundación de Lituania Menor. Instituto de Publicaciones Científicas y Enciclopédicas, 1997, 607 p. Hace más de un año apareció en las librerías otro libro muy importante publicado por iniciativa de la Fundación de Lituania Menor: el estudio «Mažosios Lietuvos ir Tvankstos vietovardžiai» (subtítulo: «Su origen y significado»), de Vilius Peteraitis, fundador de la Fundación de Lituania Menor, germanista y lexicógrafo. Este ya 244 La segunda obra de este autor dedicada a una región de destino dramático: otro monumento a la lengua de los lituanos de Prusia, ya extinguida. Hasta ahora, puede decirse que no existen estudios exhaustivos y sistemáticos de los topónimos de esta región. Los trabajos de A. Bezzenberger, F. Tezner y M. Töpen, y más tarde las investigaciones de J. Endzelynas, J. Otrębskis y otros (en su mayoría, estudiosos no lituanos), se basaron en hechos aislados y en fenómenos puntuales de la lengua de esta región y de la estructura de sus topónimos. En el exhaustivo estudio de J. Gerulis, «Die altpreußischen Ortsnamen» (Berlin und Leipzig, 1922), que examina materiales de fuentes históricas de los siglos XIII–XV, el análisis de los topónimos se relaciona principalmente con la parte prusiana de Prusia Oriental. V. Petėraitis inicia con gran rigor los estudios del repertorio toponímico lituano de Lituania Menor. En su primer libro, «Mažoji Lietuva ir Tvanksta» (Vilnius, 1992), tras analizar la capa más antigua del repertorio toponímico de este territorio —los nombres de aguas— y refutar y rebatir la llamada «teoría del yermo», concebida por H. y G. Mortensen y otros, demostró la continuidad territorial y el carácter báltico de Lituania Menor. El panorama y las investigaciones de su segundo estudio, «Mažosios Lietuvos ir Tvankstos vietovardžiai», abarcan ya otra capa de topónimos: nombres de lugares habitados, en su mayoría de origen lituano, curonio y prusiano, que componen un diccionario de más de 4000 topónimos con explicaciones sobre su origen, formación o estructura. Tras un prólogo relativamente breve en lituano y alemán, una lista muy completa de fuentes bibliográficas e históricas (115 entradas) y mapas precisos de los 20 distritos, elaborados con esmero estético, el libro consta de tres secciones principales: «Mažosios Lietuvos ir Tvankstos etimologinis žodynas», «Priedai» y «Mažosios Lietuvos vietovardžių analizė». La parte más valiosa e importante del libro es el diccionario de topónimos de Lituania Menor y Tvanksta, ordenado alfabéticamente y elaborado a partir de hechos recopilados con suma minuciosidad, tanto de la lengua viva2 como de fuentes escritas (los trabajos de V. Kalvaitis, A. y F. Kuršaitis, A. Salys, Ch. Stangas, J. Užpurvis y otros), citados al comienzo del libro. En el libro, los topónimos se reconstruyen en la lengua estándar y, a menudo, también se ofrecen sus formas acentuadas. Junto a ellos, entre paréntesis, se indican las formas germanizadas (las antiguas, las tradicionales y las impuestas por los nazis en 1938), así como los equivalentes rusos actuales de los nombres. Además, cada topónimo va acompañado de abundante información adicional: formas de localidades vecinas y formas documentadas en fuentes históricas. Al final del párrafo se presentan las observaciones etimológicas del propio autor y una caracterización estructural o morfológica del topónimo. Muy a menudo, el topónimo se relaciona con otros nombres de lugares y palabras comunes del lituano, el letón o el prusiano, que confirman su carácter báltico. 1 La concepción territorial de Lituania Menor abarca aquí toda la actual región de Kaliningrado, los alrededores de Geldapė en Polonia y el antiguo territorio de Klaipėda, hasta su incorporación a Lituania. 2 Al autor le facilitó esta labor el hecho de ser originario del territorio de Klaipėda (municipio de Būdelkiemis) y de haber conocido a numerosos hablantes de la lengua viva de Lituania Menor. 245 el origen del nombre. Esta disposición y análisis del material léxico (por cierto, muy próximos a los principios de presentación e interpretación del material de «Die altpreußischen Ortsnamen», de J. Gerulis) podría servir de modelo para un diccionario de tipo diacrónico. Se ha observado que muchas de las formas de topónimos del territorio de Klaipėda que aparecen en el libro no coinciden con el uso oficial actual: algunas han cambiado de una u otra manera y otras se acentúan de forma distinta. Esto ofrece material para seguir la evolución de las formas y sus paradigmas en determinados períodos. Por otra parte, muchos topónimos de esta región aparecen en el libro sin marcas de acentuación, aunque esta sí queda registrada en las fuentes oficiales actuales. Además, algunos nombres de localidades habitadas del territorio de Klaipėda ni siquiera figuran en la lista de topónimos del libro de V. Pėteraitis (Külberkis, Pryčmai, Gaigališkiai, Daužgiriai, Liaunai (Liaunėj), entre otros). En la mayoría de los casos, las etimologías de los topónimos están bien fundamentadas. Para ello se ha recurrido al diccionario académico «Lietuvių kalbos žodynas» y a materiales de onomástica lituana. No podría decirse lo mismo de algunos análisis de la formación de topónimos, en los que se confunden la segmentación morfémica de la palabra y los aspectos de su formación (por ejemplo, al explicar topónimos de este tipo: Girm-ainiai, Surt-einiai, Svir-intai, Rom-ovė y otros similares, se los considera derivados sufijales). Por lo general, el autor del libro apenas examina o comenta las etimologías de otros autores, aunque se detiene algo más en las observaciones o propuestas etimológicas de otros autores sobre los nombres Klaipėdos, Priekulės, Rambyno, Gaštų. Al parecer, también se utilizan los datos de la tesis de A. Salys, «Die žemaitischen Mundarten», y en ocasiones se recurre a las explicaciones de K. Būga y J. Endzelynas sobre el origen de los topónimos. A pesar de ello, los datos onomásticos que presenta el estudio son fiables y proporcionan abundante información útil a historiadores, geógrafos, etnógrafos y lingüistas. El segundo capítulo, «Apéndices», también es informativo e importante desde otros puntos de vista. Consta de dos subsecciones: 1. Listas alfabéticas de equivalencias de topónimos en otras lenguas: a) en alemán (incluidas las nuevas sustituciones de 1938); b) en polaco (variantes polonizadas de topónimos bálticos —lituanos y prusianos— en los alrededores de Geldapė); c) en ruso (los nombres rusos actuales impuestos en 1946-1947 por el poder soviético de ocupación); y 2. Formación de topónimos. Esta subsección destaca los procedimientos más productivos de formación de nombres de lugares de Lituania Menor: a) derivados sufijales y b) topónimos compuestos. No se mencionan aquí otros procedimientos de formación —derivados mediante terminaciones o prefijos, ni topónimos simples o compuestos—; estos últimos se incorporan al contexto del capítulo siguiente, «Análisis de los topónimos de Lituania Menor y Tvanksta». La primera parte de este capítulo, «Origen», puede considerarse una exposición teórica o un conjunto de conclusiones teóricas, pues presenta un análisis detallado de los nombres de lugares desde el punto de vista de su origen y formación. El autor distingue una quincena de grupos de topónimos según su origen: 1) hidronímicos; 2) derivados de términos fisiográficos; 3) fitonímicos; 4) de origen animal; 5) del entorno cultivado y transformado por el ser humano; 6) profesionales; 7) de origen religioso (cultual); 8) antroponímicos; 9) derivados de topónimos; 10) etnonímicos; 11) de origen curonio; 12) de origen prusiano; 13) de origen alemán; 14) de otros orígenes; y 15) explicaciones etimológicas fallidas. Aunque 246 esta clasificación no responde a un único criterio (por ejemplo, los topónimos de origen prusiano o curonio también pueden ser hidronímicos, antroponímicos, profesionales, etc.), ofrece una visión detallada y sintética del origen y la formación de los nombres de localidades habitadas de Lituania Menor. En la segunda subsección de este capítulo, «Cambio de los nombres de lugar», se ofrece una perspectiva histórica de la germanización de la región y, posteriormente, de su rusificación, que acabó por expulsar las lenguas bálticas de este territorio. El estudio concluye con un extenso resumen (de 9 páginas) en alemán y una lista de los nombres de las aldeas con iglesia, que eran 210 en esta región. Para concluir la reseña del libro, cabe señalar que quienes investigan los topónimos encontrarán aquí, junto con material auténtico y valioso, aspectos criticables: etimologías dudosas y otras imprecisiones en el análisis de los nombres. Sin embargo, nadie podrá negar que el estudio de V. Pėteraitis, «Topónimos de Lituania Menor y Tvanksta», al igual que su primer libro, «Lituania Menor y Tvanksta», vuelve a dar testimonio del sustrato báltico de Lituania Menor y constituye una contribución importante al acervo de estudios sobre la cultura báltica. Marija Razmukaitė EN MEMORIA DE TERJE MATHIASSEN (1938–1999) Un destino trágico parece perseguir a los bálticos escandinavos. No hace mucho, las terribles enfermedades de nuestro siglo se llevaron prematuramente a la tumba al noruego Helge Rinholm y al islandés Jörundur Hilmarsson. Y ahora volvemos a estar de luto: tras una larga agonía, el cáncer acabó venciendo, el 9 de enero de 1999, al profesor de la Universidad de Oslo Terje Mathiassen. Los tres no solo fueron buenos amigos, investigadores de las lenguas bálticas y alumnos del gran báltico noruego Christian S. Stang, sino también los más sinceros amigos de nuestro pueblo. Mathiassen nació el 12 de abril de 1938 en Oslo. En 1957 terminó el bachillerato. Al principio quería estudiar latín y matemáticas. Sin embargo, hoy en día resulta más difícil compaginar el estudio de estas materias, y Mathiassen se decidió a estudiar ruso, germanística y filología noruega en la Universidad de Oslo. Además de Chr. S. Stang, tuvo allí entre sus profesores al célebre iranólogo noruego Georg Morgenstierne. En 1962 Mathiassen terminó sus estudios generales con el grado de magíster. Puede decirse que la OTAN determinó su posterior interés por los estudios eslavos y, en parte, también por los estudios bálticos. En efecto, durante el servicio militar Mathiassen tuvo la oportunidad de completar unos muy buenos cursos de ruso organizados por la OTAN (los terminó junto con quien sería ministro de Defensa de Noruega). Entre otros, también había completado unos cursos de este tipo el ya mencionado H. Rinholm. En 1964 Mathiassen tuvo que perfeccionarse durante cinco meses en Leningrado. El difunto recordaba que el primer visado para Leningrado se lo expidió un empleado lituano de la embajada de la URSS en Noruega, Vytautas Burkauskas. En 1965 Mathiassen ya era candidato en filología. Entre 1966 y 1971 fue becario de la Universidad de Oslo… 247