Kalba poezijoje: filologija vs. biofilija
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GIEDRIUS ALKAUSKAS, Universidad de Vilna
Líneas de investigación: formas modulares, teoría de números, flujos, geometría diferencial; aspectos científicos de la musicología, romanticismo musical tardío danés, británico y ruso.
DOI: https://doi.org/10.35321/al181-11
La lengua no yace entre libros, sino que fluye en los arroyuelos de los dialectos en boca de la gente y, viva como está, poco a poco se desgasta y cambia. Antanas Baranauskas
LA LENGUA EN LA POESÍA: FILOLOGÍA VS. BIOFILIA
Como habitante que escribe poesía, como quien pone por escrito la poesía vivida, presento algunas reflexiones sobre el lenguaje de la lírica. Estas reflexiones no son solo mías. Son comunes, reforzadas continuamente por la gravitación de almas afines. Lo mismo, al menos en espíritu, quedó escrito en los diarios de Sigitas Geda. En este texto cito mucho al Poeta, así que ni siquiera menciono su apellido. También otros poetas hablan de manera parecida sobre la lengua viva, y me tranquiliza saber que mi brújula casera está imantada exactamente igual que los grandes mapas estelares poéticos. La gravedad, las interacciones electromagnética, débil y fuerte: las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. Pero ya en el primer párrafo las he mezclado, como si fuera un alquimista que no sabe química. Y, aun así, no gritemos «¡química!».
Al abordar la diacronía del lenguaje poético, surgen solo dos preguntas:
1. ¿Se articula el paladar? 2. ¿Despierta la palabra?
¡Ambas respuestas son sí! La primera pregunta parece bastante clara. Al fin y al cabo, se habla de una perspectiva. El balbuceo, el parloteo, las onomatopeyas, el desarrollo de la boca, la musculatura facial y los nervios: todo iba persiguiendo al sistema nervioso central cada vez más complejo de los homínidos, al menos en su parte lógica CRT. No digo que también persiguiera la emocional; quizá
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Todo lo contrario. Pero cuál es y cuál puede ser el equilibrio entre erudición e intuición es ya otro tema. Solo hay algo claro: en un poeta, al menos uno de estos componentes debe resonar como una campana cuando se acerca el frente. ¡Sin cesar! En el caso ideal, ambas campanas repican a la vez. No necesariamente en armonía, sino reforzándose caóticamente la una a la otra. Toda comunicación, el lenguaje cotidiano y los textos que parten de experiencias personales son, en esencia, una exteriorización de la palabra¹. Perspectiva. La mayor parte de la poesía actual parece ser así.
Mucho más difícil es la retrospectiva, con palabrasdespertadas y que despiertan. Con formas gramaticales despertadas, formaciones morfológicas, dialectalismos, ortografía histórica, el contexto del ser. Con la conciencia de las personas de aquella época: el hidalgo empobrecido, el jesuita, el cantor de himnos populares, el labrador, el ermitaño, el herrero, el ladrón de caballos. Así pues, si quiero emplear la lengua de manera retrospectiva, siempre procuro encontrar una semilla que pueda vitalizarse, germinar. Después, hacerla crecer. O al menos dejarla pudrirse, para que se vea que hubo vida, solo que no se conservó: la vida pasó a un nivel primigenio, bacteriano. No quiero presentar la lengua como si fuera una colección de mariposas secas de todos los colores. O como esos grumos que regurgitan los búhos. Como si, en lugar de una persona aún viva, se presentaran registros parroquiales. Eso que no tiene ninguna posibilidad de reanimarse (por cierto, hablando de búhos, es absolutamente cierto, lo atestiguará cualquier ornitólogo especializado en búhos; en esas bolitas regurgitadas siempre hay también cráneos y costillas de ratoncillos, piedrecillas y alguna otra materia de lastre indigerible. ¡Pequeño folclore del bosque, reunido aquí en una colección así! Los búhos son los Slančiauskas del bosque).
En el festival «Otoño Poético de Druskininkai» de 2019, un poema mío, escrito con un nombre ajeno (según las bases del concurso), obtuvo el primer premio. El texto estaba firmado, claro, con las iniciales S. G. Sin embargo, por alguna razón todos pensaron (Šiaurės Atenai, 2019-10-11, n.º 19 (1323), p. 15) que había imitado a la perfección la locura de Geda. ¡Y eso que me indignaban sincera y dolorosamente (no por rencor personal) aquellos poetas jóvenes para quienes Rėza, Daukantas y Bretkūnas eran como teas, útiles solo para los señoritos de uñas negras de las ciénagas. Para el poeta contemporáneo, no son más que un lastre. ¿Para qué una tea, si una ventanita inteligente ilumina el espacio? No importa que uno pueda llevar la tea incluso hasta la turbera de Velieka (hay una entre Skuodas y Mažeikiai, donde yace abandonado el arado del diablo; allí está la puerta del infierno). En cambio, el ojo inteligente se cerrará el segundo día de la marcha, después de una sola lluvia torrencial. Los pantanos de Debesna, cerca de Varniai, están electrizados, vaya si lo están, y muy cerca está el lago Lūkstas
¹ Kardelis Naglis 2017: Lengvi lietuvių kalbos sparnai. – ALL LXXVI. Kaip gražiai autorius parodo, kuo skiriasi kalbos komunikacija ir kalbos komunija! Maniškis tekstas gal apie tą patį? Tik poeto patirti persiūtas.
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La lengua en la poesía: filología frente a biofilia
y arroja ámbar —«electron»— (pero esto ya es filología). Solo que el estándar de electrificación no se ha actualizado desde los tiempos de Netimeras y es incompatible con la ventanita inteligente.
Los dos primeros versos del poema premiado en este PDR (¡me alegré muchísimo, no lo oculto!) dicen así:
¡Bastardos! Junto a las puertas abiertas de Sion, Generaciones engendradas: no engendradas, sino repetidas.
Es cierto que, debido a la imaginería sonora que había planeado para el poema (el primer oxímoron del texto; ¡habrá tres más!), al principio quería escribir no «benkartai», sino «nuokartos». En el diccionario de sinónimos significa «sinvergüenza». Por desgracia, no percibía en absoluto ni el peso de esta palabra ni sus matices y caprichos emocionales («notas de gallo»), ni su época, geografía o registro lingüístico. Busqué en textos escritos. ¡Y lo encontré, por casualidad! Mientras organizaba una sección de mi segundo libro de poesía, precisamente la dedicada a L. Rėza (publicada en este número de ALL), leía diversos textos relacionados con Gediminas y su nombre. Y entonces3:
El duque <Karijotas, hijo de Gediminas> <...> le dijo a Živilė <...>: «Eres una bastarda, no hija mía; con tu maldad has cubierto de vergüenza la casa de tu padre; apártate de mí, a ti y a tus engendros os desollará la Parca».
Y, aun así, no me atreví a cambiar «benkartus» por «nuokartas». Gracias a Daukantas, la palabra ya había pasado al vocabulario pasivo. Pero no sentía cuál era su fuerza, su nivel de uso, si era una palabra cotidiana o libresca. Quizá un poco, pero no lo suficiente como para emplearla en poesía. Si la escribiera en una leyenda o una canción, entonces sí, la sentiría y la viviría de verdad. La haría salir de su estado pasivo.
Otro ejemplo. En otro poema escribí4:
Al ver que la Vida se acerca, en el cielo de la tundra norteña me arraigo.
² Lyberis Antanas 1980: Sinonimų žodynas. Vilnius: Mokslas.
³ Daukantas Simonas 1995: Istorija žemaitiška [I]. Vilnius: Vaga, 526.
⁴ Atenas del Norte 13(1317), 8.
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Tenía muchas ganas de sentirme como alguien caído de la estantería de los libros y escribir «un cielo de tundra azulado». A diferencia de «nuokarta», para un lituano al menos varios matices de la palabra «žiaudrus» resultan bastante claros. Por la fonética, la aradicación y una morfología que se intuye instintivamente. Y, sin embargo, la palabra aparece en el diccionario. ¡Y qué extraña parece a mi expresión viva actual! Menos mal que la cambié por otra más sencilla.
Claro que uno puede, como algún chamán de Ghana, echar palabras en un saco como si fueran huesos de antepasados, sacudirlo por encima de la cabeza y admirarse: ¡mirad qué vida, qué fuerza primigenia! (Por cierto, según las creencias locales, el resultado de los partidos de fútbol entre las selecciones de Ghana y Senegal no lo determinan las acciones físicas en el campo, sino los gritos espirituales de los chamanes desde las gradas: quien tenga el techo más alto, tendrá la victoria.) Pero tira esos huesos al suelo. Si no salta una serpiente de la calavera, como le ocurrió a Oleg Visreg⁵, no hay mucha vida que ver. La serpiente es prueba de vitalidad. ¿Qué queda?
En El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien hay una piedra llamada Palantír. A través de ella es posible comunicarse directamente con el corazón del reino de las tinieblas, Mordor, con la torre de Barad-dûr. El cristal parece transportarte a un lugar donde solo actúan los instintos de autopreservación más arcaicos, donde el campo visual se estrecha hasta convertirse en visión de túnel. Si no actúas como una criatura enloquecida por una dosis cuádruple de adrenalina, la araña Ella-Laraña no tardará en succionarte los fluidos vitales, y los Nazgûl, los jinetes oscuros, también el alma. Pero, en realidad, el Palantír no es más que una ilusión mágica. Provoca visiones indistinguibles de la realidad oscura de Mordor; eso es cierto. Pero, por lo demás, reposa tranquilamente en casa del mago Gandalf, y si algo amenaza con perturbar la paz (así se altera también el cristal, al perder el contacto con Sauron, el dios caído), no son más que fuegos artificiales festivos. ¡Son espectaculares! Pero nada más. Por cierto, J. R. R. Tolkien, profesor de filología, es un autor especialmente indicado para escribir sobre poesía viva. Desde una perspectiva mitológica y conjunta, captando los ecos del alma, las lenguas que creó J. R. R. Tolkien —la de los elfos (y cuántas hay, sincrónica y diacrónicamente⁶), la de Mordor, la de los ents, la lengua común de la Tierra Media— y sus escrituras (por ejemplo, el alfabeto sarati) son tan interesantes como el volapük, el esperanto o alguna lengua ocultista enoquiana⁷.
⁵ Puškinas Aleksandras 1822: Daina apie Pranašingąjį Olegą. – Raštai I, vertė E. Mieželaitis. Vilnius: Valstybinė grožinės literatūros leidykla, 1954, 108. (Весций – gal geriau visregis?) Rekomenduoju paklausyti įspūdingą N. A. Rimskio-Korsakovo kantatą pagal šį tekstą (op. 58, 1899 m.). Žinia, tai iš kaukolės iššokusi gyvatė ir išpildė aiškiaregio (volchvo) pranašystę – Olegą pražudė jo mylimiausias žirgas.
⁶ Disponible en línea: https://en.wikipedia.org/wiki/Elvish_languages_(Middle-earth).
⁷ Lengua angélica descrita en el siglo XVI por J. Dee y E. Kelley, cuyo análisis lingüístico demuestra grandes semejanzas sintácticas y semánticas con el inglés. Sea como fuere, el fenómeno de las lenguas divinas y de otras lenguas construidas (¡como arte, no como ciencia!) es fascinante.
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Veo una separación semejante (no una oposición, no, sino algo innombrable que no crea antagonismos) entre la lengua reanimada y la lengua, por desgracia, momificada en la poesía. Una vez le preguntaron a Sigitas Gėda1 por qué algunos de sus textos parecían manuales de botánica. He aquí unos versos del poema Flores de la noche, leído muchas veces8:
Las espadas cargadas ya no se clavan en el tallo de una brizna de hierba; nacen palabras grandes y silenciosas <...>
No sé si entiendo lo que quiere decir el autor (¿y para qué analizar un poema?), pero, conociendo las etimologías de los nombres de las flores (gladiolo – espadaña; clavel – L. Rėza negalė – vinelė, maža vins; espada – guadaña del lobo – vilkdagis – Iris, diosa del arcoíris), estos versos se complican aún más, porque todo el entorno de la estrofa es en cierto modo botánico y, a la vez, profundiza. Con una lupa así en la mano, ya ni siquiera queda metáfora: la guadaña convertida en brizna. ¡Esto ni siquiera es poesía, sino trabajo de verano! Pero el Poeta respondió: al escribir nunca uso ni manuales ni enciclopedias. Es evidente: hay que conocer la planta en la ervelaikė, su botánica desde el género hasta la muestra, y, mejor aún, como si hubieras buscado solo a esa planta, la salvadora, para tu madre enferma. Como esas flores de piedra9.
De verdad: en algún lugar de Lituania vivía un hombrecillo que, al romperse la paklaine (una especie de pieza grande que atraviesa el timón), no tenía cómo llevar el heno al mercado y venderlo, ni dinero para comprar harina. El hombrecillo pasó hambre mientras arreglaba la paklaine. Con el estómago vacío y el corazón lleno, sintió entonces qué clase de palabra era. Y yo, poeta de Anykščiai, a quien el tiempo no arruina la cosecha, que no guarda semillas en casa y por eso la luna no organiza su jornada ni de día ni de noche (¿la jornada nocturna sería «nactotvarkė»? ¡Un segundo oxímoron!), que hace mucho que tampoco lleva las riendas en las manos (pero conduce; además, por culpa de ese hierro en la boca vuelca un carro cargado de piedras: los mayores no alcanzan a advertir que el caballo se ha alterado por ese hierro), voy y tomo del diccionario esa palabra paklaine y la hago rimar con cukraine o varaine. La filología libresca es fascinante, pero no sirve de mucho si luego tienes que untarla en el pan.
Otra vez, pongamos por caso, llegan heladas terribles. Coge otro trineo de pesca, un luok (uno de esos que se arrastran por el hielo para pescar) y se pone en marcha por algún ventisquero. O quizá se rompe el palo. Intenta sujetar ese palo cuando hasta los dedos enguantados están entumecidos. El luok no sirve necesariamente para aturdir peces; sigue vadeando y busca entre las piedras cubiertas de nieve.
⁸ Geda Gitas 1977: Mėnulio žiedai. Vilnius: Vaga, 26.
⁹ Ballet de S. S. Prokofiev El cuento de la flor de piedra (op. 118, 1948).
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Por culpa de ese luokas, a más de uno le tocó pasar hambre. Así que ahora sí entiendes lo que significa el verso10:
Esos son sus abuelos: recorrían el lazas, perseguían al Mamut, pescaban en el Luokas.
Que el saber que uno mismo tiene desde hace tiempo ya no entusiasma a nadie lo demuestra también Viktorija Daujotytė en la primera página del libro sobre el Poeta11.
Un poeta lituano rimó una vez «Palestrina» con Palestrina. Palestrina es una ciudad de Italia, pero, claro está, se habla del compositor del Renacimiento tardío Giovanni Pierluigi (1525–1594). Después de leer esa estrofa, pensé: ¿de verdad percibe el autor la diferencia entre las culturas musicales de Venecia, Florencia y Roma? ¿Y entre los Renacimientos flamenco, británico, alemán y húngaro? ¿Las especulaciones musicales más extravagantes (musica reservata, Archicembalo), las modernas (C. Gesualdo)? ¡Y la música instrumental del Renacimiento es todo un cosmos! No sé si la percibe, pero el texto no lo deja nada claro. Yo no metería ningún ser vivo (bios) en semejante prueba. Y quien introduce palabras como esas (λόγος), esa ya es elección de quien las introduce.
Está claro que el creador no tiene por qué reproducir los nombres de esas personas ni recorrer toda la línea de sufrimiento. No puedes erigir cruces en todos los caminos para cada pobre desgraciado. ¿Cómo no citar aquí Canto sobre la cabaña natal:
Sí, y aquí estoy yo también, recorriendo las calvarias de las sombras, sin ver que, envejecido hace ya mucho, cubierto de maleza y embarrado, regresa el padre, maldiciendo a los hijos y nietos blancos: «¡Ay de aquellos que se alejaron de mí!»
Para eso existen la literatura, la empatía y las experiencias arquetípicas: para que hable el subconsciente. El subconsciente interiorizado (tercer oxímoron, y también tautología). Y convengamos13:
10 Geda Sigitas 1966: Pėdos. Vilnius: Vaga, 24.
11 Daujotytė Viktorija 2010: Tragiškasis meilės laukas. Vilnius: LRS leidykla.
12 Geda Sigitas 1991: Septyni vasarų giesmės. Vilnius: Vaga, 96.
13 Geda Sigitas 1984: Varnėnas po mėnuliu (tekstas ant aplanko). Vilnius: Vaga.
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¿Qué querría decir con eso? ¿Que todo es relativo? ¿O que los versos auténticos deben estar marcados por una inspiración que supere nuestro ingenio y nuestras capacidades? Eso ya se sabía hace miles de años.
Las variaciones de esta idea resuenan en la mente de muchos poetas. Me parece evidente. Y no resuenan como una monodia filológica, sino como una polifonía de experiencias arquetípicas. Claro que uno puede ponerse una máscara de carnaval, interpretar a un personaje de farsa, a alguien de la ópera de Pekín o de Comedia dell’arte. Pero, para un verdadero creador, las máscaras no son solo arquetipos de Jung14 (ego, persona, sombra, animus / anima, self), sino también multitud de impresiones recogidas en andanzas, vidas y vivencias, de los montones de libros leídos y sedimentadas en el subconsciente. Son precisamente esas experiencias las que permiten a un hombre (químicamente y armónicamente distinto de una mujer) sentir el dolor de Paskendolė y a una mujer (física y teológicamente distinta de un hombre), la crisis de Liudas Vasaris. Así son esas máscaras15:
Me había hecho pasar por sacerdotes, centauro, Strazdas, Jesucristo, el mayor poeta de Lituania, todas las personas y los pájaros. Caronte, demiurgo que juega con una conchita en el Báltico.
¡Un verdadero subconsciente colectivo! Y, dicho con palabras menos elevadas, aunque no de catecismo, duele si le dolió a otro que vivió hace mucho tiempo. Y también sentimos la alegría de quien vivió, si es que la hubo. Y la hubo: quizá solo la alegría de existir, pero la hubo. Aunque no hubiera ojos que la vieran, con eso ya bastaba para aquel recluta.
¡Incrustaciones lingüísticas, instalaciones, fuegos artificiales: qué divertido! Hay vida en ellas, pero esa vida viene del observador. Las propias instalaciones no producen brotes. Solo cobran vida en relación con una persona viva (tautología, lo admito). Por última vez, citemos al Poeta16:
Todo muere, pero Dios no muere; yo estuve en el rechinar de sus dientes.
14 Gudaitė Gražina 1997: Įvadas į analitinę psichologiją. Vilnius: Vilniaus universiteto leidykla.
15 Geda Sigitas 1985: Mamutų tėvynė. Vilnius: Vaga, 42.
16 Geda Sigitas 1991: Septyni vasarų giesmės. Vilnius: Vaga, 63.
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Está claro que tal hipóstasis es un gran sufrimiento, reservado, por desgracia, a los genios. Sobre Rimvydas Stankevičius17:
Caíste por tres, por tres el caminito, por un agujero de tres centímetros (justo para acercar el ojo) al otro lado, como en la viña del Señor – – – – – – Tres te dio. A mí me resulta más fácil: cabra-patas, azotar a los capuchinos – Yo solo respondo por mí.
Arder con la vida por tres es el destino de quienes llevan el fuego innato. M. P. Musorgski, N. V. Gógol, E. A. Poe, G. Beresnevičius. Y nosotros, que no llevamos el fuego innato, solo podemos accionar intensamente el fuelle, avivar la chispa y vivir: solo por uno, pero por uno entero. Día tras día. ¡Y eso basta! Cuando me tocaba ir a Žemė (el diccionario dice que es el lado norte; pero también puede ser como una helada, como una muesca invernal; ¡el cuarto oxímoron!) a los alrededores de Senaslis y encender la estufa de la casa de un amigo para que los radiadores no reventaran con el frío, me embargaba una emoción al ver que, en aquella casa que apenas superaba los cero grados (la Tierra calienta desde abajo, aunque no conviene ir vestido como un urbanita: al volver, no puedes ni abrigarte ni cerrar los dedos en un puño), al segundo día de encender la estufa el interior llegaba a los 12 grados. Y he aquí que una forma de vida, poco estética, de pronto brillaba en un rincón. Una especie de musgos. Brotaba allí donde en otoño habían puesto otros musgos. No tiene la belleza de los fuegos artificiales, ¡pero qué esplendor! Aunque vivas un solo día, esperas pacientemente ese día, el prometido. Así que nosotros, que vivimos solo para nosotros mismos, no tenemos que ser el rechinar de dientes de Dios. Basta con quedarnos, aunque sea, en las huellas del musgo. Y extermina tú a esa familia, si tan listo eres. En vano agitarás las manos hacia el techo, como si rezaras o espantaras a los malos espíritus.
Para terminar: un poeta (vivo, ¡y mucho!) aprendió a no tener miedo de estar de noche en el cementerio solo después de dormir hasta el amanecer (¡no había adónde ir!) tras visitar en Šarnelė la tumba de V. Mačernis. En cambio, una crítica, invitada hace poco a Telšiai para conmemorar el monumento al mismo V. Mačernis, no llegó a las lecturas: el hotel de Telšiai le pareció demasiado malo. Bueno, pero eso no impidió que al primero, de noche
17 Stankevičius Rimvydas 2018: Mokymasis skaičiuoti. Trys. Sigutų Gedai. – Vahala. Vilnius: Lietuvos rašytojų sąjungos leidykla, 99.
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abrazada, ensimismada y demasiado espiritualizada lo llamara. Y leo esa pieza demasiado espiritualizada (Relaciones semánticas):
He aquí que, a través del calor, el cielo azul: un buen trecho de camino.
Las palmas se entrelazan: vuelven a unirse.
Para los críticos, buenos filólogos, claro está, eso no es más que literatura. Parábola, hipérbole, alegoría metafórica, onomatopeya metonímica, personificación verbal, síntesis de tesis y antítesis. Lo que se quiera.
Pero a mí, que busco la fe y la vida a través de la poesía, me parece que es así, tal como está escrito. A veces. Así debe ser. Al menos a veces. ¡Tiene que serlo!
FRAGMENTO DE UN POEMA
WAKIŪJA WIESZPATA
1810
La divinidad de los lituanos y los prusianos amará al pastor literón Liudvikas Martynas, lo bautizará con el nombre de Jedeminas y le infundirá entusiasmo para recopilar canciones de los lituanos.
¡A Grasilė Blažienė, por el vínculo directo que gracias a ella se estableció con los Poetas, que ya moran en la eternidad, con los cronistas y sus crónicas, con P. Ruigys, J. Bretkūnas, F. Kuršaitis y con toda Prusia, inspiradora, resonante, que nunca volverá a enmudecer!
§ 1
1.1.
Muy, muy lejos del cabo Ventė, en dirección a Rusnė, estaba la isla de Perkūkalvė.
J. Basanavičius, „Iš gyvenimo vėlių ir velnių“, 1898
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1.2.
¡Ey, subió, subió, y se alzó el barquito amarillo de Mestūzas, desde Gilija!
(P.): ¡Ey, hermanito, hermanito, hermanito mío, quién virará el barquito, dónde navega la barquita?
(Perkūnas): Qué sombras serán esas: en la oscuridad raspo una cerilla. ¿Acaso te has levantado, Liudvikas Rėza?
(Liudas): El caballo está desensillado, mordisquea la hierba del patio, y los libros están apilados como cangrejitos sobre el banco.
(L.): Ahí está la anciana madre, ahí Prusia, ahí el mar; donde los grandes secretos se revelan al hombrecillo.
De una canción enviada a L. Rėza por J. F. Hertelis, de Alavėnai, 1828
Sigitas Geda, „Karvių kaime, kuris užpustytas smėlio“, 1987–2001
1.3.
Tawa Nouson kas tu es sei en dangon – el primer verso de las oraciones prusianas puede leerse también como un cifrado. La traducción tenía un destinatario claro: los antiguos prusianos, que a su vez tenían plegarias aún más antiguas. Por ejemplo, Padre de los dioses, que estás en lo alto... El Dios supremo: Andjas, Ant-dievis, Ant-Dangis. Una fórmula condensada. En la nueva oración permanece el tono, el eco, la profundidad de la antigua. El nuevo dios asume el yo más profundo.
Sigitas Geda, «Vasarė jero šneką» (diario de 2002, pp. 317–318), 2008
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1.4.
El defecto era ese: todavía recordaba el cielo, el orden celeste (Gdm, dnm, arte del cielo).
Sigitas Geda, «La reconstrucción de Babilonia», 1994
1.5.
¿Quién, al cabo de miles de años, encontrará tus huellas, patria, tierra florida de los antepasados, donde resonaron mis canciones? Pero, lugar triste, siempre te amaré; llevaré en mi pecho cada árbol desaparecido. Pues aquí viví: entre jardines verdes y estanques; mi padre y mi madre me llevaban de la mano por aquí. Aquí descansan, y quizá más allá aún me aman.
Ludwig I. Rhesa
Prutena oder preussische Volkslieder, 1809
§ 2
EL SEGUNDO BAUTISMO DE LIUDVIKAS
¡Se apagó el destino de Karvaičiai! El corazón lo reavivó, y se enfureció el dios jorobado, señor de Prusia. La bóveda: el mar; las velas: las dunas; los torbellinos: dolor. Así vio el orgulloso el destino: el destino del alma, servidor del Señor, el prusiano lituano.
El dios del cielo, cazador de destellos, detuvo el viento: ese que lleva el tesoro del mar, la tormenta de niebla; ese que levanta el alimento de arena, las llanuras de aflicción; ese que cumplió la antigua maldición del canoso dios, del iracundo Perkūnas; ese que amontonó
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El ajuar para los karvaičiai: el molino de huesos... Ese que amontonó (¡Ya, para siempre!) la corona de oro...
Sin gorro, sin el arado del Mar, sin el látigo de Dagas, solo, completamente solo, el dios se dirigió a la ventisca de la puesta del sol, a la pradera consagrada, hacia el cuerno de Vėnis, hacia el lado de Runė.
En las arenas, como en casa, Liudas, que apacentaba una canción, Louisas (para Lutero, Ludwigs; para Pío, Ludovico; para nosotros, el Vytis de los Liudai), hijo de Kristupas Dovdas Vičys, de las ondas lejanas de Žvairas, Apysnis y Kaukėnai.
Dijo Perkūnas: – Kails Pokails Ans Par Antars! Las velas se inclinan sobre los mares y las lagunas: ¡el anciano contra el niño, el niño contra la cigüeña! Y entre las arenas, los cuerpos se desmoronan: ¡el aliento contra el viento, el viento contra la muerte!
Con los golpes del tiempo, con las hachas de Dvaskalas,
Bautizo, bautizo a los Gedminai, Geda, ¡conviértete en Jedemys! ¡Dios canta tu destino!
Con los cantos intercalados, los peces; con los estribillos, los sapos; las golondrinas son disparos hacia el sol de los suduvios.
¡Las mareas de las eras, las eras de la añoranza, herradas con grilletes! ¡Los seres y las existencias! Se extinguió el dios, sin haber tocado la tierra, pero no se enfrió la huella encendida.
Liudas respondió: – Aunque soy Martynas, bendecido con la hostia, aquel que alza el vino no para brindar, sino para dar gracias por Perkūnas, por el hijo descarriado, por el malvado hermano del Señor Jesús. – Liudvikas Rėza recibió el bautismo. – ¡Los cantos de los lituanos fluirán como oraciones! – El altar de arena, iluminado por Laima.
– Yo bebo, no vino de Rinčvynas, sino de las rosas que cubren los mares y las lagunas.
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Y no la cancioncilla del genio de Weimar, de las palabras alemanas: del maestro, del bardo que conquistó las almas.
Yo solo me sacio con los dulces murmullos de los jardines de Prieglaus, Varunė y Nemunas. Me cubro con el suspiro del viento del sur, en las extensas aguas de Bangpūtys.
Ese dulce murmullo, como perros de Dios resucitados, con ladridos claros de hermandad, ahuyentaría a la espantosa Muerte intemporal.
Que proteja la cabeza del jotvingio y del escalvio; que el sembio y el notango le laman la mano. Que defienda del enemigo al varmi, al nadrū, al barto y al galindo: ¡no serán bienvenidos el borgoñón ni el shirlandés!
–– Solo el de Donelaitis, Bačiai, preceptores, pastores, señores: ¡comprad el tomo! Los Metai de Tolminkiemis y Kleinlitau (el nombre, como con tinta, Grunau lo dejó escrito) –
Un guldeno: quince groses – –
A mi tierruca natal, sin llegar por las olas del mar, sin vagar por los senderos de las dunas...
Mi tierruca natal: inquieta por los siglos, luminosa en las tinieblas, de quiebres ondulantes, salobres y amargos. Guaridas secretas del viento de la laguna.
Mi tierruca natal: qué sol tan cálido; quien despeja su soledad hace madurar su canto.
Mi tierruca natal: quien abre caminos, aldeas sepultadas por la nieve, Gilija, Rusnė, Tilžė, Rasyte, la luz que se extiende a este lado de los mares, ¡enhebra en un collar de eternidad!
Se alzó Rėza. Liudvikas Rėza. Y Gediminas.
2019-07
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§ 3
Comentarios
3.1. Palabras de las canciones recopiladas por Liudvikas Rėza y sus colaboradores. Fuentes: Rėza Liudvikas 1958: Lietuvių liaudies dainos I, preparado por J. Jurginis y B. Kmitas. Vilna. Rėza Liudvikas 1965: Lietuvių liaudies dainos II, preparado por A. Jovaišas. Vilna.
Liktis, -ies (germ.) – vela
Žėgliuoti – navegar en un velero
Žėglus, -aus (germ.) – vela
Valdonis, -io – gobernante
Medėjas, -o – cazador
Brangynas, -o (germ.) – hoguera
Šėdrynas, šėdrynelė (germ.) – velo
Pernas, -o (esl.) – lecho de plumas
Vencio ragas, -o (Vėncioragas) – cabo de Ventė
Namė, namė – en casa
Krygė, -ės (germ.) – guerra
Rinčynis, -io (germ.) – vino del Rin; en general, buen vino
Batis, -čio (esl.) – kuršis, amigo
Vandruoti, -ja, -avo (esl.) – viajar, marchar
Katrun – en qué dirección, hacia qué lado
3.2. Contextos
Prutena oder... el poema Nuskendęs kaimas, traducido por V. Bložė.
Entuziasmas (gr. en-theos-ousia) – inspiración divina.
Dagas – incendio, fuego.
Pijus XIII – papa (1800–1823) en tiempos de Rėza.
Liaudų Vytis – improvisación lingüística de Česlovas Gedgaudas sobre el tema del nombre de doble raíz «Ludwig» (Mūsų praeities beieškant, 1972. 2.ª edición revisada. Kaunas, 2018). Esta última obra es injustificadamente etno-, lingvo- y religiocéntrica, y a menudo profana en cuestiones de lingüística, mitología e historia. Y las ideas del autor en este libro sobre la temperación de instrumentos y la música del siglo XX ni siquiera son discutibles: se podría tirar un tercio del libro por ignorancia, y otro tercio por malicia. Sin embargo, en Septyniose vasaros giesmėse S. Geda cita a Č. Gedgaudas.
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Acta Linguistica Lituanica LXXI
Kalba poezijoje: filologija vs. biofilija
Y entonces se me iluminó: ¿puede la pseudolingüística ser buena poesía? ¡Rara vez, pero puede! Pues Č. Gedgaudas no es valorado como investigador que sigue métodos científicos, sino como un erudito excepcional, con una profunda sensibilidad lingüística, capacidad de improvisación y percepción de la frontera entre la vitalidad y la extinción de la lengua, por un lado, y los morfologismos y filologismos artificiales, por otro. Solo hay que leer ese buen tercio del libro. Y leerlo como a veces leemos a Tácito, M. Pretorijus, E. Stella, M. Stryjkowski, A. Vijūkas-Kojelavičius, e incluso a S. Daukantas o T. Narbutas. ¿Por qué no? En sus mejores pasajes, Č. Gedgaudas es, a mi juicio, un poeta original.
Kristupas Dovydas Vichas – maestro noble de Kaukėnai, pariente de L. Rėza, quien entre 1785 y 1791 acogió a Liudvikas, que había quedado huérfano durante su infancia.
Kails pokails ans par antars (Salud, uno tras otro) – saludo yotvingio (procedente de las notas de J. Meletijus), utilizado también en el oratorio de Bronius Kutavičius Iš jotvingių akmens (1983). Las piedras cubiertas de musgo que quedan de los yotvingios en Lituania son topónimos: Kirsnà, Gáilintas, Léipalingis y otros (Sabaliauskas Algirdas 2002: Mes baltai. Edición revisada y ampliada. Vilnius, 84–85).
Jedminas – en 1810, al presentar información a la Universidad de Königsberg, L. Rėza indicó que descendía de una familia lituana y añadió a su nombre la forma lituana Gediminu (Jedminu). El cambio del sonido inicial no sorprende. De hecho, debido a la pronunciación prusiana, en algunas palabras lituanas de Prusia Oriental apareció jentaras en lugar de gintaras (Sabaliauskas Algirdas 1994: Iš kur jie? Pasakojimas apie žodžių kilmę. Vilnius: LKĮ, 101).
Sūdūviai Prūsijoje – en el siglo XIII, los cruzados trasladaron a la península de Sambia a unas 1600 personas de Suvalkai. Desde entonces aparece en los documentos, mencionado con frecuencia, el rincón de los sūduvios (Sabaliauskas Algirdas 2002: Mes baltai. Edición revisada y ampliada. Vilnius, 84).
Rėda – modo de vida, rueda del tiempo, orden del mundo (Patackas Algirdas, Žarskus Aleksandras 2002: Virsmų knyga. Kaunas. Aquí también hay bastante falta de rigor científico, pero es buena poesía lingüística).
Martynas – L. Rėzos krikšto vardas. Jonas Šliūpas (Rinktiniai raštai, 1977, p. 60, perspausdinta iš 1890 m. leistos knygos) klaidingai nurodo krikšto vardą „Jonas“, o redaktorius K. Doeika taiso klaidą.
Skaldas – poeta islandés antiguo.
El genio de Weimar – J. W. Goethe, a quien L. Rėza escribió al menos dos cartas (Rėza Liudvikas 1965: Lietuvių liaudies dainos II, preparado por A. Jovaisas. Vilnius, 356–365).
Varūnė, Pakalnė – Maži kaimeliai prie Rusnės (Rėza Liudvikas 1958: Lietuvių liaudies dainos I, paruošė J. Jurginis ir B. Kmitas. Vilnius, 115).
Dievo šuneliai, saulabrolai – raro fenómeno astronómico que se produce durante la puesta de sol: dos reflejos a ambos lados del astro. A veces también se llama «hermano del sol» a la luna.
Įžvalgos / Insights
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GIEDRIUS ALKAUSAS
Las tribus prusianas y el habla lituana – tristeza por un gran dolor: durante la Gran Revuelta Prusiana, los lituanos no pudieron ayudar a sus hermanos de espíritu y de lengua.
Fon Štirlandas – natural de Estiria; de Estiria. Por ejemplo, el caballero Andrius fon Štirlandas se ocupó de la coronación de Mindaugas (1253).
Precentorius – maestro de los niños en la escuela de una iglesia protestante parroquial. Quien canta en las ceremonias antes que los demás amplía el espacio para que quepa el canto de todos (lat. præcantor).
Kleintlav, Lituania Menor – término que, probablemente, fue utilizado por primera vez por Simonas Grunau (Grūnavas) en la Crónica de la tierra prusiana entre 1517 y 1526.
1 gulden y 15 groschen – ese es el precio que menciona L. Rėza en su llamamiento (escrito el 1817-12-23) a los amigos de la literatura lituana por la suscripción a Las estaciones del año de Donelaitis (Rėza Ludvikas 1965: Canciones populares lituanas II, preparado por A. Jovaišas. Vilnius, 34; Sprindis Adolfas 1951: Literatura y arte, 5 de agosto). Dirección: Dr. L. Rėza, Königsberg, calle Monetų 6.
Recibido el 18 de octubre de 2019.
GIEDRIUS ALKAUSAS
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