"Las que tienen que servir" y las servidas. La evolución del servicio doméstico en el franquismo y la construcción de la subjetividad femenina
Abstract
“La experiencia de la sociedad moderna en España 1870-1990”, financiado por la UPV/EHU (código GIU08/15)
Full text
“Las que tienen que servir”1 y las servidas. La evolución del servicio doméstico en el franquismo y la construcción de la subjetividad femenina2 EIDER DE DIOS FERNÁNDEZ Departamento de Historia Contemporánea, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea Fecha de recepción: 3 de diciembre de 2012 Fecha de aceptación: 27 de mayo de 2013 Fecha de publicación: 1 de septiembre de 2013 Revista Historia Autónoma, 3 (2013), pp. 97-111. ISSN:2254-8726 Resumen: Uno de los personajes femeninos más comunes del cine español desde la década de los cincuenta hasta mediados de los setenta fue la “chacha”. La explicación a este fenómeno la hayamos en que el servicio doméstico, que hasta entonces se había considerado como uno de los pilares del “hogar español”, estaba cambiando. La criada ejemplificaba cómo el modelo de mujer y el propio hogar estaban modificándose. A través de este artículo analizaremos el imaginario colectivo que rodeaba la figura de la criada, pero también el cambio identitario desde la sirvienta a la empleada de hogar que se dio durante esos años y las relaciones que se tejieron entre empleadas y empleadoras por medio de la historia oral. Palabras clave: Servicio doméstico, franquismo, feminidad, domesticidad, subjetividad. Abstract: Since 1950s until mid 1970s, one of the most common characters in the Spanish films was the maid, called “chacha”. The reason of this was that the pillar of the Spanish homes, the Help, was changing. Maids exemplified how the image of womanhood and the home were changing as well. Through this paper we will analyse the collective imaginary about maids, the identity change from servant to home worker and the relationship between maids and mistresses during the Franco regime using Oral history. Keywords: The Help, Franco regime, womanhood, domesticity, subjectivity. 1 Forqué, José María (dir.), Las que tienen que servir (DVD), Madrid, Divisa Red, 2008. Película de 1967 que narra las aventuras de dos criadas extremeñas. 2 Este artículo se enmarca en el proyecto que lleva a cabo el Grupo de Investigación “La experiencia de la sociedad moderna en España 1870-1990”, financiado por la UPV/EHU (código GIU08/15) dirigido por José Javier Díaz Freire.
98 Revista Historia Autónoma, 3 (2013), ISSN: 2254-8726 Introducción A finales de los cincuenta en España existía un gran debate sobre el futuro del servicio doméstico y los cambios que se estaban produciendo en él, modificaciones que iban de la mano de profundos cambios sociales. Los agentes de la modificación del servicio doméstico fueron las interinas, mujeres que limpiaban por horas en una o varias casas, con ellas de forma progresiva el servicio doméstico pasaría a convertirse en una profesión. El debate que generaba la profesionalización de las muchachas pudo verse reflejado en la prensa de la época. De hecho, aún a mediados de la década de los sesenta, prácticamente la única mujer trabajadora que se encontraba en periódicos, revistas y películas eran las mujeres del servicio, lo cual nos indica la importancia del servicio doméstico en el franquismo. Otro de los temas que generaban debate era la relación entre señoras y criadas. Dicha relación y el imaginario colectivo que la sociedad franquista tenía de unas y otras constituirán dos puntos clave a tratar en este artículo. Apreciaremos cómo la identidad de señoras y criadas se construyó mutuamente mediante una relación de intersubjetividad, una relación compleja de ida y vuelta, de aceptación y negación, de oposiciones binarias que actuaban como vasos comunicantes. Por último, ahondaremos en la construcción de la identidad de mujer trabajadora, el modelo de mujer que comenzó a tomar fuerza en los sesenta y que hoy continúa su fortalecimiento, no sin contradicciones. Exploraremos cómo el presente, que no cuestiona la condición trabajadora de las mujeres, condiciona los testimonios de las mujeres que hemos entrevistado, en el sentido que todas ellas, tanto criadas como señoras, tratan de incorporarse al modelo de mujer trabajadora. A través del estudio de la memoria y del recuerdo exploraré la subjetividad de las mujeres del servicio doméstico. Debemos tener en cuenta que una de las características más valiosas de las fuentes orales es que, si bien tienen validez informativa y nos permiten conseguir testimonios reveladores sobre acontecimientos pasados, sobre todo introducen la subjetividad del que recuerda3. Una de las funciones principales de la historia oral es ensanchar el presente y conferir un mayor espesor al tiempo pasado, presente y futuro. Aquello con lo que entra en contacto la historia oral al intentar analizar cómo se han vivido determinadas experiencias no es tanto una información sino un discurso construido. No se trata de un relato concluido, sino de un relato cambiante, atravesado por silencios, contradicciones y olvidos que se ve alterado por las circunstancias específicas del contexto social y por el propio presente que se materializa en la entrevista4. El objetivo del tipo de entrevista que llamamos historia de vida será visitar con el entrevistado los enclaves de la memoria: 3 Benadiba, Laura, “Reflexiones acerca de la historia oral”, en Benadiba, Laura (comp.), Historia Oral: Fundamentos Metodológicos para reconstruir el pasado desde la diversidad, Rosario, Suramérica Ediciones, 2010, p. 16. 4 Mendiola, Ignacio, “Tiempos y espacios en la narración de la experiencia sociohistórica”, en Ibídem, pp. 131-132.
99 lugares mentales privilegiados que permiten recordar escenas vividas y las emociones del pasado. Más tarde, en diálogo abierto con el resto de las fuentes, el objetivo del historiador será interpretar el significado vital y emocional de estos enclaves que nos ayudarán a conocer los nudos de la trama identitaria del entrevistado. Todo ello, nos permitirá hallar las claves interpretativas de la experiencia individual y colectiva de un periodo histórico5. Para concluir me gustaría decir que si la memoria es la creadora de identidades, las historias de vida constituyen el método idóneo para estudiar el proceso de construcción de identidades y la subjetividad de los individuos. Las historias de vida escogidas para este artículo pertenecen a tres mujeres que han guardado mucha relación con el servicio doméstico. Dos de ellas, Elisa Robledo e Isi Herrera han sido durante toda su vida trabajadoras de hogar y constituyen una fuente rica para entender las condiciones sociales e identitarias de las mujeres que durante las décadas de los sesenta y setenta se dedicaron al servicio doméstico. Genoveva Aguirre, en cambio, nos acerca a las experiencias con el servicio doméstico desde la perspectiva de la empleadora, en este caso, del ama de la casa perteneciente a la alta burguesía. Las edades de estas mujeres oscilan entre los 68 y los 74 años, por lo tanto, han vivido en primera persona los cambios que ha sufrido el servicio doméstico desde la década de 1950 hasta nuestros días. Todas las entrevistadas pertenecen al Gran Bilbao, un término que compila trece municipios. A pesar de las características propias que guarda el servicio doméstico en el País Vasco, creemos que Bilbao mantiene muchísimos parecidos con el servicio doméstico presente en grandes ciudades como Madrid o Barcelona y son en esos parecidos en los que nos vamos a detener. Creemos que las experiencias de estas mujeres pueden ser aplicables al resto de España y que sus testimonios constituyen una fuente privilegiada para poder comprender la evolución del servicio doméstico y conocer las relaciones que se tejían en él desde el franquismo hasta nuestros días. 1. El servicio doméstico y su imaginario Constituye un pensamiento común que con el advenimiento del régimen franquista y el consiguiente incremento de los servicios hacia el Estado y el funcionariado, el servicio doméstico también se vio incrementado6. Se dieron una serie de factores que facilitaron este ascenso, para comenzar, podríamos citar la propia imagen de mujer que impulsó el régimen franquista. Una mujer ligada al hogar, cuyo papel principal debía consistir en ser buena madre, esposa y ama de 5 Llona, Miren, “Historia oral: la exploración de las identidades a través de la historia de vida”, en Llona, Miren (coord.), Entreverse. Teoría y metodología práctica de las fuentes orales, Bilbao, Servicio de publicaciones de la Universidad del País Vasco, 2012, p. 22. 6 Mirás Araujo, Jesús, “Una aproximación al peso del servicio doméstico femenino en la ciudad de a Coruña entre 1900 y 1960”, en HMIC, 1 (2003), pp. 21-33. «http://ddd.uab.cat/pub/hmic/16964403n1p21.pdf» [Consultado el 17 de diciembre de 2012]. Eider de Dios, “Las que tienen que servir...”
100 Revista Historia Autónoma, 3 (2013), ISSN: 2254-8726 casa. Se prohibió la coeducación existente en la República en aras de dar a las niñas una educación más acorde con los deberes propios de su sexo. Además, para intentar fijar el papel de la mujer al hogar de manera exclusiva, el régimen promulgó leyes que limitaban notablemente la participación laboral y política de las mujeres7. Era necesario el salario de las mujeres, pero a través del aparato legal se relegaba a un papel secundario, el salario principal era el del marido, el trabajo principal y oficial también era algo de los hombres8. Las mujeres, especialmente las casadas, accedían al mercado laboral de forma irregular, trabajando principalmente en o a domicilio, y es en este contexto donde podemos entender la gran importancia del servicio doméstico en la España franquista9. El servicio doméstico suponía la principal estrategia de migración de mujeres a la ciudad, pero este fenómeno no solo respondía a las escasas posibilidades económicas que el campo podía ofrecer. Respondía también al deseo de muchas mujeres de encontrar un lugar que brindara un mayor número de oportunidades y opciones, una mayor libertad, un mayor mercado matrimonial. En definitiva, un lugar que cumpliera de forma más satisfactoria con sus expectativas de juventud. Estas mujeres entendían su emigración a la ciudad como una manera de progresar y es que el servicio doméstico comenzaba a ser interpretado como una etapa en la vida de una mujer, una forma de conseguir recursos para un futuro matrimonio. Son estos cambios los que generaban curiosidad en la sociedad y creaban gran expectación en los medios de comunicación: “En general las chicas de servicio de las grandes ciudades poseen más cualidades negativas que positivas. Salidas de un ambiente tosco y sin conocimiento alguno de los hombres y de la vida, son fácil presa de las insidias de la ciudad. Asimilan lo malo de ésta y no se desprenden de la tosquedad rural de donde proceden. Al mismo tiempo que ayudan, comienzan por ser un problema para el ama de casa. Pero ¿es que la chica que tuviera más preparación cultural, religiosa y profesional aceptaría el servicio en las condiciones en que se realiza actualmente en España? Indudablemente, no”10. Como observamos, se proyectaba una imagen de mujer rural, de la España profunda. Este tópico, por lo menos durante los años sesenta, se acercaba bastante a la realidad, y fueron muchísimas las mujeres que emigraron del campo a la ciudad por iniciativa propia. 7 Ruiz Franco, Rosario, “Mujeres y represión jurídica en el franquismo”, en Fernández Asperilla, Ana (ed.), Mujeres bajo el franquismo: compromiso antifranquista, Madrid, Asociación para la Memoria Social y Democrática, 2009, p. 16. 8 Babiano Mora, José, “Mujeres, trabajo y militancia laboral bajo el franquismo (materiales para una análisis histórico)”, en Babiano Mora, José (ed.), Del hogar a la huelga, trabajo, género y movimiento obrero durante el franquismo, Madrid, Catarata, 2007, pp. 25-26. 9 Para el estudio del servicio doméstico durante el franquismo: Borderías, Cristina, “Las mujeres, autoras de sus trayectorias personales y familiares: a través del servicio doméstico”, en Historia y Fuente Oral, 6 (1991); Pérez Pérez, José Antonio, “Trabajo doméstico y economías sumergidas en el Gran Bilbao a lo largo del desarrollismo: Un mundo invisible y femenino”, en Babiano Mora, José (ed.), op.cit., pp. 77-138. 10 Padre Jesús María Vázquez, El servicio doméstico en España. Su situación real y propuesta de resolución para sus problemas, Madrid, Instituto Nacional de Previsión, Serie Estudios Premio Marvá, 1960, p. 18.
101 La mayoría de ellas tenían familiares en la ciudad de acogida y respondían a un efecto llamada, pero por ello no debemos reducir la importancia de la capacidad de agencia de estas mujeres. Esa adscripción de la criada al mundo rural también se correspondía con la idea que se expresa en el texto de que les costaba habituarse a la vida en la ciudad y a la utilización de los primeros electrodomésticos. A esa ruralidad se le sumaba rudeza y una inexistente sofisticación, por eso era común que a las criadas de las películas se las representara como brutas, iletradas e incultas. Eran vistas como mujeres hechas para el trabajo rudo y por eso se las denominaba chicas para todo porque eran a las que les adjudicaban las tareas más duras de la casa. En el texto el autor criticaba las condiciones en las que se desarrollaba el servicio doméstico en España, pero deja claro que las chicas de servicio poseían escasas aptitudes y por ello no se podían emplear en otro oficio. También resulta interesante el fragmento porque señala la baja moralidad que a menudo se adscribía a las chicas del servicio doméstico. Es bastante común encontrarse con citas que relacionan el servicio doméstico con la prostitución y se suele explicar a través del desconocimiento que tenían las chicas de la ciudad. De hecho, según los datos recogidos en un informe de 1963, entre el 85% y el 95% de las mujeres adscritas al Patronato de Protección a la Mujer habían sido clasificadas como sirvientas11. A través de las entrevistas no hemos podido constatar esta tríada servicio doméstico-inadaptación a la ciudad-prostitución. En las películas de la época sí que podía señalarse esta relación, pero sobre todo se mostraba una imagen de la criada pícara que disfruta del tonteo con los señores de la casa o que sacaba provecho de ello. Al mismo tiempo podemos encontrar en los medios de comunicación una consideración totalmente contraria a esa pretendida baja moralidad. La imagen de chacha por antonomasia la brinda Gracita Morales a través de sus continuas interpretaciones de mujeres del servicio doméstico12. Si bien todos los personajes que interpretaba como sirvienta eran muy similares y el recurso humorístico de la criada era objeto constante de burlas, no debemos quedarnos solamente con ese aspecto del personaje. En muchas ocasiones, la criada constituye un ejemplo a seguir y su presencia en la casa es justificada porque la señora de la casa no cumple con sus obligaciones, es decir, porque no es una verdadera mujer. Eran las sirvientas las que llevan adelante el manejo de la casa precisamente por la despreocupación de sus señoras. Es esa rudeza con la que se definía a las mujeres del servicio doméstico lo que justifica su sencillez y su vínculo a los roles tradicionales de la mujer. Podríamos decir que, a pesar de las burlas que generaban los personajes de la criada en las películas de los sesenta, se las entendía como verdaderas mujeres, mujeres que sabían llevar a cabo su papel y que no estaban contaminadas por los esnobismos de la ciudad y sus modas sociales. 11 Montepío Divina Pastora, Informe sobre el servicio doméstico en España y actuación del Montepío “Divina Pastora”, Valencia, 1963, p.13. 12 Entre estas películas destacamos Chica para todo (1963) y ¡Cómo está el servicio! (1968), ambas dirigidas por Mariano Ozores. Eider de Dios, “Las que tienen que servir...”
102 Revista Historia Autónoma, 3 (2013), ISSN: 2254-8726 2. Construyendo su propia identidad Joan Scott afirmaba que las palabras adquieren sentido mediante contrastes implícitos o explícitos que se establecen en contextos determinados. El sentido es multidimensional y se establece de forma relacional, se dirige a más de un destinatario y se estructura en un campo discursivo ya existente que establece al mismo tiempo nuevos cambios. Siendo así, las definiciones positivas dependen de las negativas y su propia existencia implica descartar estas últimas13. Señoras y criadas fueron construyendo su propia identidad a través de aceptar o rechazar, modificar o reinterpretar elementos que les atribuía la sociedad, y sobre todo, a partir de diferenciarse las unas de las otras por medio de pares de significado. Estos pares de significado mostraban diferentes atributos entre señoras y criadas, para ambas el ser mujer significaba cosas diferentes, lo que nos muestra la gran polisemia del vocablo mujer así como la inestabilidad y complejidad de su significado. Vamos a comenzar con el concepto de trabajadora. El que existiera un agente como la interina que trabajaba por horas y que guardaba una relación de carácter más laboral con los señores de la casa fue imprescindible para que las mujeres del servicio, también las internas, se fueran identificando a sí mismas como empleadas de hogar. A medida que el ideal de mujer trabajadora se fue consagrando, estas mujeres pasaron a considerarse a sí mismas trabajadoras. Isi Herrera14 nos brinda clara muestra de ello: “Aunque estabas muy atada a la familia y tenías que trabajar tenías cierta independencia, —confiesa Isi— o igual un mayor protagonismo que podrían tener ellas15. Salías, y entrabas, tenías mucho trabajo, pero eras como independiente, que eso mucha gente no lo ha sabido valorar, eh. Porque yo he sido independiente desde los 12 años. Desde los 12 he estao trabajando, y he aprendido hacer un trabajo lo que pasa que claro, sin títulos, éramos lo más bajo que había. Y es que me hacen mucha gracia cuando dicen «no es igual porque ahora las mujeres trabajan», y yo digo ‘«¡a ver!, ¿es que antes no trabajábamos?», lo que pasa es que éramos interinas”16. Este fragmento resulta muy interesante porque nos muestra cómo Isi Herrera valora de forma positiva su trabajo dentro del sector doméstico y en un trabajo denostado por la sociedad. En la medida que en todo recuerdo eclosionan el pasado, el presente, lo 13 Scott, Joan, “Sobre lenguaje, género e historia de la clase obrera”, en Scott, Joan, Género e Historia, México D.F., Fondo de Cultura Económica-Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2008, pp. 85-86. 14 Isabel Herrera nació en Ugarte, Trapagaran en 1943. Desde niña ayudó a su madre en la limpieza de una industria próxima. Con 12 años comienza a limpiar por horas en una empresa a la vez que estudiaba corte y confección. Al quedarse embarazada, dejó la limpieza para coser en casa, una vez que sus hijos tienen edad de ir al colegio vuelve al servicio doméstico. Hoy en día sigue trabajando en el servicio doméstico cuidando ancianos y vendiendo productos de limpieza por catálogo. 15 Con este “ellas” Isi se refiere a las escasas mujeres de su barrio que no trabajaban. 16 Herrera, Isabel, entrevista grabada, Trapagaran, 26 de abril de 2010.
103 individual y lo colectivo17, en este fragmento es apreciable la huella del presente porque es en el presente, con el modelo de mujer trabajadora y el modelo de supermujer consagrados, desde donde Isi no duda en considerarse trabajadora. Aprecia la independencia económica que tuvo desde sus 12 años y que mantuvo durante su matrimonio, independencia que en el futuro le permitió separarse, algo que no pudieron hacer muchas de sus coetáneas. Pero señala que esta independencia no ha sido debidamente valorada por la sociedad que ha continuado interpretando el empleo doméstico de forma negativa. Es aquí otra vez donde se muestra la huella del presente porque es en la sociedad de la que habla, desde la posmoderna, donde la movilidad y la flexibilidad se sitúan como punto neurálgico de las habilidades sociales, y donde la valoración del individualismo deja su impronta en la construcción social de su biografía18. La colectividad era el pilar fundamental en la sociedad en la que nació Isi, la sociedad industrial, en cambio en la sociedad posmoderna la individualidad es premiada y por ello reclama este reconocimiento de su independencia sobre su pasado. La experiencia es la misma, el trabajo en el servicio doméstico, pero la forma de valorar esa experiencia ha cambiado. Por todas estas razones, Isi no acepta que estas mujeres independientes y trabajadoras no hayan sido juzgadas como tal y que solo las mujeres jóvenes de hoy en día sean consideradas trabajadoras. Reivindica que ella, como muchas otras, trabajó y también tuvo que combinar la vida laboral con la familiar, lo que ocurre es que esta labor estaba y sigue estando invisibilizada por llevarse a cabo en las casas y por ser socialmente criticada. Otro de los aspectos que pone de relieve Isi Herrera es que, en su opinión, las mujeres que trabajaron fuera de casa tuvieron un mayor protagonismo social que las que no lo hicieron. En el fragmento anterior se refería a las mujeres de su barrio que no trabajaban fuera de casa, pero en muchas otras ocasiones las mujeres del servicio doméstico pueden definir a las señoras en los mismos términos, como mujeres que no hacían nada por la sociedad. Así recordaba Elisa Robledo19 a una de sus primeras señoras: “Estuve como dos años —recuerda Elisa— con unos señores que no tenían hijos, estábamos una doncella y yo. Total que no teníamos mucho trabajo. Yo empecé a ir a un centro, que se daban clases, la gente solía estudiar, aprender costura, pues a promocionarte un poco. Y le habíamos dicho que nos dejara salir una tarde a una, una tarde a otra, para aprender cosas. Bueno, pues la señora dijo que en su casa no salíamos más, y la dijimos «Pues si no nos deja salir nos marchamos, busque otra 17 Llona, Miren, “Historia oral: la exploración…” op. cit., p. 24. 18 Roca i Girona, Jordi, “El temps de la (des)memòria: les biografies (post)industrials i les seves metàfores”, en Revista d’etnologia de Catalunya, 23 (2003), p. 27. 19 Elisa Robledo nació en una aldea de Burgos en 1940, al acabar la escuela primaria se fue a un convento a Haro. A los 18 años decide que le gusta demasiado la vida familiar para dedicarse al noviciado. Se vuelve a su pueblo pero con la esperanza de poder trasladarse a un lugar que cumpla mejor con sus expectativas de juventud. Es entonces cuando viaja a Bilbao para trabajar en el servicio doméstico como interna. Una asociación religiosa le propone vivir de alquiler en un piso con empleadas domésticas. De esta forma, continuará en el trabajo doméstico pero de interina, trabajo con el que seguirá una vez de casada. Hoy en día al no haber cotizado no cuenta con jubilación propia. Eider de Dios, “Las que tienen que servir...”
104 Revista Historia Autónoma, 3 (2013), ISSN: 2254-8726 persona que nosotras estamos hasta que venga otra». Porque era una señora inútil, no sabía ni peinarse yo fui aprender a peinarla a una peluquería expresamente. «Pues os marcháis ahora mismo», y se quedó ella sola con su marido en la casa, no sabía ni encender el fuego, pero el orgullo…”20. Elisa describe a su señora en términos de “inútil”, una mujer vaga e indolente que no hacía nada por ella misma ni por los demás pero llena de orgullo. Encontramos aquí una dicotomía operativa entre señoras y criadas, en el discurso de Elisa Robledo podemos apreciar cómo la sirvienta es considerada trabajadora y mujer útil mientras que la señora es caracterizada como vaga, una persona que no aporta nada a la sociedad. Se puede encontrar alguna mujer mayor que haya trabajado en el servicio doméstico y que no sepa leer. Aún así, la gran mayoría de mujeres que he entrevistado estudiaron hasta los 12 o 14 años, una escolarización que hoy podemos considerar escasa pero que en la década de los cuarenta y cincuenta era la común para la mayoría de las mujeres, incluso de mujeres de familias con elevado nivel adquisitivo. A lo largo de las entrevistas que he realizado, he hallado también el otro extremo de la imagen de la criada que no sabía leer, me refiero a mujeres que estuvieron estudiando de forma regular hasta los 16 y luego continuaron estudiando a través de clases nocturnas. Incluso se pueden encontrar mujeres que entraron en el servicio doméstico hacia la década de 1970 y 1980 que pudieron combinar este trabajo con una carrera universitaria. Aunque estas últimas sean una excepción, a través de las entrevistas orales hemos podido apreciar, y de hecho Elisa Robledo constituye un buen ejemplo, que existió de forma casi generalizada un afán por mejorar, por adquirir un mayor nivel cultural por parte de muchas mujeres que trabajaron en el servicio doméstico en las décadas de los sesenta y setenta. En este sentido, Elisa y su compañera no dudaron en salir de aquella casa si no podían conseguir una mejora de condiciones de trabajo para adquirir una mejor formación. Este afán de superación que implicaba esfuerzo no fue recogido por los medios de comunicación. No interesaba mostrar la imagen de una criada que ya no era ni tan inculta, ni tan ruda y que incluso por su propia dedicación había podido conseguir, en ocasiones, un mayor nivel cultural que su señora. Además, esta escena de Elisa Robledo exigiendo el derecho a tener tiempo libre para mejorar su nivel cultural, nos muestra un perfil de las chicas del servicio mucho más reivindicativa de lo que comúnmente solían brindar los medios de comunicación, donde se las tildaban de pasivas. Este recuerdo nos muestra que estamos ante el cambio del servicio doméstico por el empleo doméstico, a partir de aquí nos encontramos con mujeres que no se consideraban sirvientas, eran empleadas de hogar, mujeres que buscaban una profesionalización, una preparación para ejercer de mejor manera su trabajo y ser mejor consideradas21. 20 Robledo, Elisa, entrevista grabada, Bilbao, 27 de abril de 2010. 21 Más adelante pasarían a considerarse trabajadoras de hogar. Dios Fernández, Eider de, “Perfiles de
105 Resulta muy interesante cómo estas trabajadoras se refieren a las señoras para las que han estado trabajando. Utilizan, como hemos visto, la palabra “inútil”, que lo relacionan tanto con que no eran verdaderas mujeres, como en el sentido económico del término, es decir, con que no tenían valía en la sociedad. En comparación, ellas mismas se consideraban trabajadoras y mujeres aptas y útiles, se muestran orgullosas de ser mujeres todoterreno y lo convierten en pilar de su identidad. Tanto Isi Herrera como Elisa Robledo se sentían orgullosas por considerarse útiles, por saber hacer de todo y por trabajar fuera de casa. Pero también se sentían muy orgullosas por la labor que llevaban a cabo en sus viviendas por encargarse de todo lo concerniente a la casa y al cuidado de los hijos sin relegar ni abandonar “sus funciones”. Es decir, se sentían orgullosas porque a pesar de que trabajaban fuera de casa no se cuestionaba su domesticidad: “Yo iba a trabajar, —nos cuenta Isi—les hacia los jerséis a mis hijos, los vestidos a mis hijas, es que yo sacaba tiempo para todo, no sé cómo lo hacía. Bueno, digo el día tiene muchas horas y le quitaba muchas horas a la noche también, nunca me he ido a la cama antes de las tres de la mañana. Y para las seis y media ya me levantaba a poner el desayuno a mi marido y seguía los desayunos a los hijos, limpiar los zapatos, todo, todo el tinglao. Gracias a Dios tenia manos pa todo, y eso es lo que hacíamos, madrugando para llevar los hijos curiosos a la escuela, y mientras ellos estaban en la escuela nosotras trabajábamos, y luego recogíamos a los hijos. Otras veces si no veníamos pues nos arreglábamos con las que trabajábamos. «Oye que hoy voy a venir más tarde ¿me recoges tu a los críos?» Y bueno, pues así hacíamos, ayudándonos unas a otras pa poder ir a trabajar”22. Isi Herrera hace una defensa del trabajo doméstico como un trabajo que permite compatibilizar vida laboral con familiar. Esta compatibilización se llevaba mediante el seguimiento de una especie de horario militar, aunque con cierta flexibilidad, ajustando el trabajo extradoméstico a la vida familiar y no al contrario. Se muestran satisfechas de no haber tenido que depender de nadie en la crianza de los hijos o en el manejo de la casa. Isi Herrera reconoce que tuvo que recurrir en ocasiones a dejar a sus hijos a cargo de alguna vecina. Era algo común en su barrio ese tipo de solidaridad entre mujeres lo que nos recuerda el concepto de conciencia femenina de Temma Kaplan. En el barrio de Isi, como en muchos otros de entonces, se creó entre las mujeres trabajadoras un sentimiento de derechos y obligaciones que proporcionó una fuerza motriz centrada, sobre todo, en la supervivencia de la comunidad, del que estas mujeres eran las procuradoras trabajadoras de hogar del desarrollismo vizcaíno”, X Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea: nuevos horizontes del pasado; culturas políticas, identidades y formas de representación, Santander 16 y 17 de septiembre de 2010. Accesible en: «http://www.ahistcon.org/docs/Santander/contenido/MESA%20 2%20PDF/Eider%20de%20Dios%20Fernandez.pdf» [Consultado el 13 de mayo de 2012]. 22 Herrera, Isabel, entrevista grabada, Trapagaran, 26 de abril de 2010. Eider de Dios, “Las que tienen que servir...”