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129 HC * Correspondencia a / Corresponding author: Santiago Izquierdo Ballester. Departamento de Historia y Arqueología. Facultat de Geografia i Història, C/ Montalegre, n.º6, Barcelona, 08001 — [email protected] — https://orcid.org/0000-0001-5330-3353 Cómo citar / How to cite: Izquierdo Ballester, Santiago (2025). «¿De una República a otra? El legado de la Primera República en el proceso de construcción del republicanismo catalanista (1904-1917)», Historia Contemporánea, 77, 129-162. (https://doi.org/10.1387/hc.26148). Recibido: 21 marzo, 2024; aceptado: 27 septiembre, 2024. ISSN 1130-2402 — eISSN 2340-0277 / © UPV/EHU Press Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 https://doi.org/10.1387/hc.26148 ¿DE UNA REPÚBLICA A OTRA? EL LEGADO DE LA PRIMERA REPÚBLICA EN EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DEL REPUBLICANISMO CATALANISTA (1904-1917) FROM ONE REPUBLIC TO ANOTHER? THE LEGACY OF THE FIRST REPUBLIC IN THE PROCESS OF CONSTRUCTION OF CATALAN REPUBLICANISM (1904-1917) Santiago Izquierdo Ballester* Universidad de Barcelona, España RESUMEN: El artículo analiza hasta qué punto el legado de la Primera República y de alguno de sus máximos dirigentes, influyó en el proceso de vertebración del republicanismo nacionalista catalán. También pretendemos estudiar hasta qué punto los nacionalistas republicanos repitieron algunas de las contradicciones que provocaron el colapso de aquella primera experiencia republicana en España. El eje central de la investigación lo constituirá El Poble Català (1904-1919), el principal órgano de prensa del republicanismo catalanista. A través de sus páginas podemos reconstruir el complejo proceso de apropiación que este republicanismo de nuevo cuño va a intentar llevar a cabo en relación con una parte del legado de la Primera República, del cual se consideraba legítimo heredero. La consulta de las memorias y de algunos fondos documentales personales de dirigentes nacionalistas republicanos, de monografías y, puntualmente, de otras cabeceras republicanas, van a constituir el resto de las fuentes sobre las cuales vamos a fundamentar nuestro estudio. PALABRAS CLAVE: Primera República, nacionalismo republicano, catalanismo, El Poble Català. ABSTRACT: The article analyzes to what extent the legacy of the First Republic and some of its top leaders influenced the process of structuring Catalan nationalist republicanism. We also intend to study to what extent the republican nationalists repeated some of the contradictions that caused the collapse of that first republican experience in Spain. The central axis of the investigation will be El Poble Català (1904-1919), the main press organ of Catalan republicanism. Through its pages we can reconstruct the complex process of appropriation that this new-style republicanism will try to carry out in relation to part of the legacy of the First Republic, of which they considered themselves legitimate heirs. The consultation of the memoirs and some personal documentary collections of republican nationalist leaders, of monographs and, occasionally, of other republican newspapers, will constitute the rest of the sources on which we will base our study. KEYWORDS: First Republic, republican nationalism, Catalanism, El Poble Català.
130 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 Santiago Izquierdo Ballester Introducción En la España de comienzos del siglo xx, una de las problemáticas que se hizo más evidente a nivel político fue el complejo proceso de reformulación de los diversos discursos republicanos decimonónicos, que las nuevas generaciones de políticos e intelectuales partidarios de esta forma de gobierno consideraban como algo ya caduco.1 Y es que no podemos olvidar que: «A principios del siglo xx, el republicanismo español conoció una profunda transformación que permite una nítida distinción entre republicanismo histórico y nuevo republicanismo».2 En el escenario catalán, «el republicanismo, como la mayoría de las culturas políticas operativas en la Cataluña del siglo xix, se vio obligado a repensarse él mismo».3 Veremos hasta qué punto, en este proceso de «repensarse», el emergente republicanismo catalanista de principios de siglo xx sabrá recuperar y adaptar a los nuevos tiempos el legado de la Primera República. En el proceso de renovación del republicanismo que se intentó llevar a cabo en Cataluña durante los años iniciales del siglo xx, estuvieron muy presentes los deseos de regeneración política que había traído consigo el desastre del 98. Como es bien sabido, la pérdida del imperio colonial español provocará una honda crisis política en el país que afectará gravemente a la estabilidad de la restauración canovista. Ante este convulso escenario, los emergentes proyectos políticos en el escenario catalán —el catalanista representado por la Lliga Regionalista y el republicano, representado por los lerrouxistas y por los nacionalistas catalanes—, plantearon diferentes propuestas de regeneración de la vida política y, también, de la nación española. Este es el marco general en el que se inscribe el proceso de vertebración del republicanismo catalanista y que, a la postre, permite entender mejor cuáles fueron algunas de las 1 Una aproximación al republicanismo español durante el siglo xix y primeras décadas del xx, en Duarte, 1987, 2013 y 2021; Suárez Cortina, 1986, 1994 y 2000; Diego, 2008b y Martínez López y Ruiz García (eds.), 2012. Un análisis global del republicanismo en la España contemporánea, en Cabrero et al. (coords.), 2008. El estado de la cuestión más actualizado sobre el republicanismo histórico español, en Berjoan; Higueras; Sánchez Collantes (eds.), 2021. Con motivo de cumplirse los 150 años de la proclamación de la Primera República, han aparecido diferentes trabajos que se han ocupado de revisitarla, entre los que destacan Peyrou, 2023; Suárez Cortina (ed.) 2023 y Vilches, 2023. 2 Suárez Cortina, 1994, p. 142. 3 Duarte, 2004, p. 42.
https://doi.org/10.1387/hc.26148 131 ¿De una República a otra? motivaciones que estuvieron detrás de la puesta en marcha de este nuevo proyecto político republicano. El nacionalismo republicano constituyó, en suma, un intento de consolidar una empresa política moderna en un escenario caracterizado por una sociedad de masas que también pretendía modernizar las prácticas políticas en el contexto de un régimen, el de la Restauración, que se resistía a ensanchar los consensos sociales y, en definitiva, a democratizarse. En un ensayo datado en 1929, Renovació de valors del segle xix, Pere Coromines, uno de los máximos dirigentes nacionalistas republicanos, denunciaba el carácter teorético, enfático y vacío del republicanismo español ochocentista, a diferencia de un republicanismo catalán mucho más dinámico y pragmático. Nadie como el gaditano Emilio Castelar, uno de los presidentes de la Primera República, para ilustrar esta forma de entender la praxis republicana tan alejada, en opinión de Coromines, de lo que representó el republicanismo nacionalista catalán: «el orador andaluz creaba un estado sentimental, divagaba, pero al acabar nadie sabía que se debía hacer. (...) Si ahora leyésemos uno de aquellos discursos nos parecería algo vacío de contenido, sin substancia, una burbuja de jabón que se deshace en las manos».4 Por el contrario, concluirá Coromines, la aportación catalana a la lucha de los pueblos hispánicos por la libertad y la democracia habían sido figuras como Estanislao Figueras o Francisco Pi y Margall, dos de los presidentes de la Primera República. En su ensayo, Coromines planteaba otra cuestión clave y que a la postre constituye un buen termómetro para calibrar qué se va a reivindicar de la Primera República a principios del siglo xx por parte de las diferentes familias republicanas. Nos estamos refiriendo a la cuestión de cómo se va a conmemorar el recuerdo de la República de 1873 y de algunos de sus protagonistas y fechas más señaladas, particularmente el 11 de febrero.5 No se trataba únicamente de recordar a determinados personajes míticos del republicanismo hispánico o ciertas fechas señaladas, sino que se 4 Coromines, 1972, p. 1.077. 5 Pere Gabriel ha señalado las dificultades que acompañaron la celebración del 11 de febrero durante el último tercio del siglo xix; Gabriel, 2003, p. 39; 2007a, pp. 199-222 y 2012, pp. 253-261. Véase también Orobon et al. (coords.), 2024, pp. 205-209. El 11 de febrero era casi la única fecha del calendario republicano que conseguía unir a todas las facciones republicanas; Duarte, 2013, p. 185 y Campos, 2016, pp. 253-254. En torno al proceso de construcción de la imagen —y el mito— de la Primera República durante la primera etapa de la Restauración, véase Jover, 1991.
132 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 Santiago Izquierdo Ballester empezaron a establecer progresivamente calendarios y determinadas pautas de celebración. Existían algunos rituales claramente identificables: primero, la prensa, con sus crónicas y números extraordinarios dedicados a la Primera República; en segundo lugar, las celebraciones en los locales de los centros republicanos; en tercer lugar, los banquetes, buena parte de los cuales solían celebrarse en los locales de los centros de filiación republicana; y, en cuarto lugar, las calles y las plazas, escenario de las manifestaciones prorrepublicanas. Como veremos, en el caso del republicanismo catalanista se repiten algunas de estas pautas en el momento de reivindicar el recuerdo de la Primera República. Pautas tales como la aparición en El Poble Català de artículos con los que se pretendía evocar la República de 1873, la celebración de actos en recuerdo de aquella primera experiencia republicana o la organización de banquetes en los que tomaban la palabra algunas personalidades del partido. Actos y banquetes, no está de más recordarlo, que solían concluir con los asistentes entonando emocionadamente las notas de la Marsellesa, «principal y unitario himno articulador del abanico republicano y obrero».6 La génesis del nacionalismo republicano A pesar de su activa presencia en el escenario político catalán durante las dos primeras décadas del siglo xx, no deja de ser sorprendente el relativo olvido historiográfico del que ha sido objeto el nacionalismo republicano.7 Este déficit todavía resulta más inexplicable si tenemos en cuenta que dicha opción política desempeñó un papel fundamental, dado que contribuyó a tender puentes «con el republicanismo federalista en Cataluña a través del cual partes crecientes de éste pasarán a engrosar las filas de la izquierda nacionalista».8 En cualquier caso, no lo tendrá fácil el nacionalismo republicano para encontrar su espacio en el escenario político catalán, dado que se verá constreñido por la presencia de dos fuerzas políticas muy activas que competirán por monopolizar la vida política barcelonesa y catalana: el catalanismo conservador representado por la Lliga Regionalista y el republicanismo lerrouxista. El nuevo proyecto naciona6 Gabriel, 2007a, p. 203; Orobon et al. (coords.), 2024, pp. 275-277. 7 Los dos únicos estudios de conjunto sobre el tema son los de Albertí, 1972 e Izquierdo, 2006. Estudios parciales en Roca, 1973; Goula, 1975 y Tusell, 1984. 8 Beramendi, 2000, p. 150.
https://doi.org/10.1387/hc.26148 133 ¿De una República a otra? lista republicano se verá obligado a pugnar duramente con la Lliga para conseguir el apoyo de las masas catalanistas y con el lerrouxismo para hacer lo propio con las republicanas. Hablar de nacionalismo republicano en la Cataluña de principios del siglo xx equivale a referirse, en primer lugar, al Centre Nacionalista Republicà (CNR), movimiento previo a la creación en 1910 del primer partido representativo de la izquierda republicana catalanista, la Unió Federal Nacionalista Republicana (UFNR). El CNR nació en tanto que entidad política organizada el 26 de enero de 1907.9 Su origen debemos buscarlo en la escisión que afectó a la Lliga Regionalista en 1904, a raíz de la visita de Alfonso XIII a Cataluña. Con motivo de ésta, algunos miembros destacados de la Lliga decidieron tomar parte en diversos actos institucionales organizados para agasajar a tan ilustre visitante, actitud que no gustó demasiado a los cuadros dirigentes de la formación regionalista más abiertamente republicanos, que decidieron abandonar el partido.10 Entre los que dieron este paso encontramos a Jaume Carner, Ildefons Sunyol o Joaquim Lluhí y Rissech. El grupo de escindidos, que se definió como nacionalista, demócrata y republicano, recibió el apoyo del sector más catalanista de los federales —liderado por Josep Maria Vallès y Ribot—, de republicanos independientes y de sectores procedentes de la Unión Republicana y de la Unió Catalanista. Claudi Ametlla, que se convertirá en un destacado dirigente nacionalista republicano, nos dirá al respecto: «El grupo disidente se puso enseguida en contacto con amigos, solitarios o perdidos en otros partidos, que añoraban una política más aireada y adelantada que la de la Lliga, más operativa y efectiva que la de la Unió Catalanista, más patriótica y moderna que la del viejo republicanismo. (...) Así nació el nacionalismo republicano».11 Parece evidente, a la vista de lo manifestado por Ametlla, que los promotores del nuevo proyecto político republicano tenían el convencimiento de que llevar a cabo una política práctica y efectiva pasaba por superar definitivamente las carencias del «viejo republicanismo», que tan evidentes resultaron durante la breve singladura de la Primera República. Una de las primeras decisiones que tomó el grupo de escindidos de la Lliga fue la creación, en noviembre de 1904, de El Poble Català, sema9 Izquierdo y Rubí (coords.), 2009, pp. 55-116. 10 El Diluvio, 9-IV-1904 (edición de mañana), pp. 6-7; Albertí, 1972, pp. 199-204; Riquer, 2022, pp. 69-82. 11 Ametlla, 1963, p. 224.
134 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 Santiago Izquierdo Ballester nario que se iba a convertir en su principal órgano periodístico.12 En el primer número, sus promotores lanzaban toda una declaración de intenciones al afirmar que: «En la acción autónoma de Cataluña fundamos la esperanza de su progreso y engrandecimiento civilizador, que no puede garantizarle el decaído estado centralista que nos gobierna».13 Sin embargo, lo que más nos interesa destacar es el hecho de que en su primer número, el semanario no hacía ninguna referencia a la Primera República. Parecía evidente que, de entrada, los promotores del nacionalismo republicano pretendían desmarcarse de experiencias republicanas pretéritas y trabajar para consolidar un nuevo proyecto político, mirando más bien poco hacia el pasado. El 1 de mayo de 1906, coincidiendo con la conversión de El Poble Català en diario, Carner publicaba en sus páginas un artículo programático, en el cual señalaba la doble misión que tenía ante sí el nacionalismo republicano: «Redimir y educar a los demócratas catalanes, llevándolos a profesar y practicar una democracia social fecunda y práctica, y constituir el instrumento de acción que ha de servir para la organización autonómica de los pueblos de España».14 En estas afirmaciones quedaban recogidos los dos objetivos fundamentales del CNR: la consecución de la autonomía de Cataluña dentro de España y la propagación de los ideales de la democracia republicana, como se podía leer en los Estatutos de la nueva entidad.15 Estos fueron los ejes centrales del discurso pronunciado por Carner en la sesión inaugural del CNR en enero de 1907.16 En el transcurso del acto se aprobaron sus Estatutos y se eligió a los veintiún miembros de la junta, que ratificaron a Carner como presidente. Como cabía esperar, el discurso presentaba la base doctrinaria y la estrategia política a desarrollar por 12 Un detallado análisis de El Poble Català en Izquierdo, 2008, pp. 417-428 y Bosch, 1997, pp. 63-107. Los recuerdos de cuatro de sus redactores, en Noguer y Comet, 2000, pp. 53-73; Ametlla, 1963, pp. 189-218; Soldevila, 1951, pp. 171-182 y Pous y Pagès, 1969, pp. 26-39. El manuscrito original de las memorias de Noguer se ha consultado en ANC, Fondo Fundació Jaume Bofill, ANC1-84-T-1982. Acerca del papel que jugó la prensa en la difusión de los ideales republicanos en España, véase Culla y Duarte, 1990, pp. 9-55; Suárez Cortina, 2000, pp. 61-89 y Belaustegi, 2014, pp. 645-674 y 2015. 13 «Presentació», El Poble Català (a partir de ahora EPC), 12-XI-1904. 14 Jaume Carner: «La democràcia nacionalista de Catalunya», EPC, 1-V-1906. 15 Centre Nacionalista Republicà. Estatuts, Barcelona, Tipografia de Serra Germans y Russell, 1907. También pueden verse en Izquierdo 2010, pp. 225-228. 16 Carner, 1907. Puede verse también en EPC, 28-I-1907 y en Pérez-Bastardas (ed.), 1984, pp. 55-72.
https://doi.org/10.1387/hc.26148 135 ¿De una República a otra? parte del CNR: el nacionalismo se ligaba al republicanismo, la democracia al liberalismo y la separación Iglesia-Estado se conjugaba con el deseo de reformas sociales moderadas. En el programa de la nueva organización republicana era muy perceptible la existencia de una cierta ambigüedad con relación a la cuestión social, que a la postre iba a acabar provocando el surgimiento de una brecha entre los dirigentes más veteranos del nacionalismo republicano (Ildefons Sunyol o Jaume Carner) y los elementos más jóvenes (Gabriel Alomar o Antoni Rovira y Virgili). Los primeros eran liberales de orden, poco amigos de radicalismos y de bascular excesivamente hacia la izquierda política, mientras que los segundos tenían mucha más afinidad con el socialismo y una clara sensibilidad hacia las reivindicaciones obreras.17 Sin duda, la ambigüedad manifestada por parte del nacionalismo republicano ante la cuestión social iba a hipotecar su viabilidad política. No podemos olvidar que el siglo xx trajo consigo un nuevo tipo de sociedad y una nueva política de masas, en la que la cuestión social iba a tener un marcado protagonismo. Uno de los hándicaps a los que se deberá enfrentar este nuevo republicanismo será, precisamente, el no haber sabido conectar con las esperanzas de la clase obrera, algo que sí fue capaz de hacer el republicanismo lerrouxista. Gabriel Alomar se mostrará muy crítico ante la indefinición de los dirigentes nacionalistas en relación con la cuestión obrera, como dejó escrito de forma rotunda en una conferencia que dictó a finales de 1910, cuando ya empezaban a hacerse evidentes las dificultades que estaba teniendo el republicanismo catalanista para consolidarse en el sistema de partidos que el advenimiento del nuevo siglo había instaurado en Cataluña: Hemos tenido que ser catalanistas con prudencia, republicanos con prudencia (...), hemos elevado el imperio de la media tinta a norma fundamental de nuestro obrar; hemos proclamado el odio a la estridencia; el oportunismo más prosaico y de ocasión nos ha dirigido; la mediocridad ha pasado a ser el ideal de nuestros conductores. (...) El fracaso de nuestra izquierda catalana es haber obrado siempre como un partido de centro sin preocuparse del objetivo que debía ser el primero de todos: atraer a una política catalana y afirmativa la masa obrera, adoptando con sinceridad sus ideales, que son los de cualquier izquierda verdadera.18 17 Alomar, 1910b. 18 Alomar, 1910a, pp. 4 y 9. Alomar puede ser considerado como uno de los primeros intelectuales que abogó por la construcción de un proyecto político fundamentado en la síntesis entre catalanismo, republicanismo y obrerismo; véase en este sentido algunos de
136 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 Santiago Izquierdo Ballester Volviendo al discurso de Carner, conviene recordar que en éste se reclamaba una República «que se levante sobre la federación y autonomía de todos los pueblos de España y que nos permita emprender a nosotros, de una forma definitiva, franca vía por los caminos del progreso y de la civilización».19 Todos estos aspectos apuntados por Carner en su parlamento serán ratificados apenas unos meses después, en septiembre de 1907, por otro de los prohombres del nacionalismo republicano, Albert Bastardas. En un artículo titulado «Republicans i autonomistes» Bastardas hará una convencida defensa de la forma de gobierno republicana y de los lazos que deben unir catalanismo y republicanismo. Sin embargo, lo que nos gustaría destacar del escrito son las referencias a la Primera República, en las cuales su autor pretendía vincular, incurriendo en algunas afirmaciones más que discutibles, la historia de aquélla con el nuevo proyecto nacionalista republicano: Y en lo que respecta a los hombres de la República, debemos recordar que los de la Revolución de Septiembre eran todos federales; que federales fueron los cuatro Presidentes de la República y los 218 diputados que en las Constituyentes de 1873 votaron como forma de gobierno la República democrática federal (...); y que federal era el proyecto de Constitución que se presentó a la Asamblea Nacional el 17 de julio del 73, en el cual se consignaban como Estados que integran la Nación española, las regiones naturales que existen, entre ellas Cataluña. Es verdad que los excesos de los cantonales y de la demagogia (...) hicieron retroceder a Castelar y a sus amigos en sus convicciones federales y defendieron la República posible; pero no es menos cierto que los tiempos han cambiado. Ni la República, ni la Federación, ni la Autonomía provocan hoy miedo a nadie; al contrario, la República que tenga por base la autonomía de las regiones y de los municipios es hoy la República posible.20 los estudios reunidos en Pons y Rosselló (coord.), 2021. La articulación entre la emancipación nacional de Cataluña y la cuestión social es el hilo conductor que vertebra gran parte de la producción publicística alomariana, recogida parcialmente en Milian y Solà (dirs.), 2021. En 1910 Alomar pronunció dos conferencias, Negacions y afirmacions del catalanisme y Catalanisme socialista, que representaron la culminación de la teorización y propuesta de su proyecto político; ambos textos se han reunido en Milian y Solà (dirs.), 2021, pp. 239-264 y 269-292. 19 Carner, 1907, p. 10. 20 Albert Bastardas: «Republicans i autonomistes», La Campana de Gracia, 7-IX1907.
https://doi.org/10.1387/hc.26148 137 ¿De una República a otra? Tanto Carner como Bastardas habían puesto el foco en el derecho de Cataluña a su autonomía política, que era justo lo contrario que había manifestado apenas unos años antes Emilio Castelar. Recordemos que el 31 de enero de 1899, en una de sus últimas intervenciones públicas, el antiguo presidente de la Primera República realizó unas declaraciones en las que se mostró muy crítico ante la posibilidad de conceder la autonomía administrativa a las regiones.21 Estas declaraciones no iban a gustar demasiado en los ambientes catalanistas, hasta el punto de que Carner iba a publicar un artículo en La Veu de Catalunya en el que atacaba sin contemplaciones a Castelar.22 Estos ataques, sin embargo, no serán óbice para que más adelante los dirigentes del nacionalismo republicano manifestasen el preceptivo respeto a los próceres republicanos que habían dirigido los destinos de la Primera República. Es muy esclarecedora, en este sentido, la afirmación que hará Coromines en el prólogo que publica en el libro de Emilio Navarro Historia crítica de los hombres del republicanismo catalán de la última década (1905-1914), cuando se refiera a Castelar —también a Francisco Pi y Margall y a Manuel Ruiz Zorrilla— como uno de los «grandes apóstoles» del republicanismo español.23 En el prólogo Coromines también manifestaba su admiración por otro de los presidentes de la República de 1873, Nicolás Salmerón, cuya «estrella solitaria (...) brillaba en el firmamento republicano con un resplandor único».24 Admiración que, como veremos, irá en aumento en Cataluña a partir de 1906, tras la creación de la plataforma Solidaritat Catalana, coalición electoral —y marcadamente catalanista— que en buena medida había partido de una iniciativa de Salmerón. En cualquier caso, y volviendo ahora al extenso discurso de Carner, cabe destacar que en él no se había hecho ninguna referencia explícita a la Primera República. No será hasta 1908 cuando encontremos en las páginas de El Poble Català las primeras noticias referidas a la conmemoración de su proclamación. En la edición correspondiente al día 11 de fe21 Emilio Castelar: «Programas de los sres. Silvela y Polavieja», El Liberal, 7-II-1899. En un artículo posterior, «Los factores componentes del gobierno», se volvía a mostrar muy crítico con el regionalismo; El Liberal, 25-III-1899. 22 Jaume Carner: «Un article d’en Castelar», La Veu de Catalunya, 11-II-1899 (edición de mañana). 23 Navarro, 1915, p. 12. 24 Navarro, 1915, p. 15. Debemos recordar que durante los años 1893 y 1894 Coromines militó en el Partido Republicano Centralista que había fundado Salmerón en 1887; Duarte, 1988, pp. 23-34.
144 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 Santiago Izquierdo Ballester se mostraba partidario de una federación entre todos los pueblos de España. Dicha federación debía tener como gran referente teórico el federalismo pimargalliano, no en vano Coromines se va a encargar de recordar que los nacionalistas republicanos eran «los hijos de Pi y Margall».45 En cualquier caso, era perfectamente consciente de la compleja relación que existía entre el federalismo pimargalliano, los diversos núcleos del federalismo catalán y el nuevo republicanismo catalanista. Se trataba, incidía Coromines, de hacer compatibles estas diferentes sensibilidades republicanas, en beneficio de un proyecto político común. Sin embargo, parecía olvidar interesadamente que Pi y Margall en ningún momento se había declarado nacionalista catalán, si bien es cierto que durante los últimos años de su vida «calibrase las potencialidades dinamizadoras que el catalanismo ofrecía a su discurso».46 En cualquier caso, y a pesar de la equívoca aproximación de Pi a la cuestión nacional catalana: «Ello no será obstáculo para que un sector del catalanismo de izquierdas, en su deseo de fusionar federalismo y nacionalismo, intentase una lectura políticamente interesada de la aproximación pimargalliana a la cuestión».47 Y tampoco debemos olvidar que el conjunto del federalismo español, con Pi a la cabeza, había evidenciado su adscripción «a un proyecto nacional español cuyo último fundamento, la existencia misma de la nación española, nunca es puesto en cuestión».48 A pesar de todo ello, Pi se convertirá en uno de los grandes referentes teóricos para el republicanismo catalanista, como se recordará en los diferentes artículos que se publicarán en El Poble Català coincidiendo con el aniversario de su muerte.49 Tras lo apuntado por Coromines en su conferencia, la apuesta del nacionalismo republicano parecía clara: de las cuatro grandes familias en que estuvo dividido el republicanismo durante la Restauración, esto es, el posibilismo de Emilio Castelar, los progresistas de Manuel Ruiz Zo45 EPC, 8-III-1910. Acerca del proyecto federal de Pi, véase Gabriel, 2023, pp. 97-122. 46 De Blas, 1991, p. 98. Duarte ha puesto de manifiesto el impacto dinamizador que el catalanismo político tuvo sobre un republicanismo que había llegado exhausto a finales del siglo xix; Duarte, 1993, pp. 157-177. Para las relaciones entre el catalanismo y el republicanismo federal ochocentista, véase Gabriel 1997, pp. 31-82 y 2007c. 47 De Blas, 1991, p. 98. 48 De Blas, 1991, p. 93. 49 Baste como ejemplo EPC, 29-X-1908. Es muy significativa la conferencia «La glòria de Pi y Margall», que pronunciará en 1928 uno de los dirigentes más destacados del republicanismo catalanista, Antoni Rovira y Virgili; ANC, Fondo Antoni Rovira y Virgili, ANC1-1000-T-183.
https://doi.org/10.1387/hc.26148 145 ¿De una República a otra? rrilla, el centralismo de Nicolás Salmerón y la vía federal representada por Francisco Pi y Margall, los nacionalistas republicanos se identificaban con ésta última y se desmarcaban de las tres primeras.50 Ahora bien, Coromines advertía que se debía llevar a cabo un proceso de puesta al día del viejo federalismo pimargalliano, en el sentido que era necesario dejar atrás las caducas y retóricas fórmulas pactistas, para buscar en el moderno hecho nacional la savia que permitiese dotar de nueva vida al federalismo. En cualquier caso, recordaba Coromines, el punto de partida debía ser la breve experiencia federal que se intentó implementar durante la Primera República. No debería extrañarnos, por tanto, que en las páginas de El Poble Català se aprovechasen los aniversarios de la proclamación de la Primera República para recordar que, en esencia, ésta había sido eminentemente federal.51 Los republicanos catalanistas estaban convencidos de que la República federal de 1873 iba a tener continuidad en el nuevo proyecto político por ellos representado, como había recordado Coromines en su discurso, y como volverá a recordar reiteradamente en futuras ocasiones. Baste como ejemplo de ello su intervención en el mitin organizado por el CNR de Gracia en 1913 para conmemorar el aniversario de la proclamación de la Primera República: «Yo creo que, si algún partido tiene derecho a conmemorar aquellos hechos, es el nuestro porque cuanto menos en intención, se implantó algo de nuestro programa. Me refiero al sistema federal (...). Aquellos que conozcan o hayan leído aquel programa, no dudaran de que nuestro partido lo continúa».52 Una unión frágil El 1 de abril de 1910, apenas un mes antes de la celebración de las elecciones del día 8 de mayo, una ponencia formada por los delegados de las tres formaciones políticas —Josep Maria Vallès y Ribot por los federales, Emili Junoy en representación de la Unión Republicana y Pere Coromines por los nacionalistas republicanos— redactan el borrador de las 50 Para el republicanismo federal pimargalliano resultan imprescindibles Hennessy, 2010 y Jutglar, 1975. Véase también Molas, 1966 y 1988, pp. 75-85. No debemos olvidar tampoco el dosier, «Pi y Margall y el federalismo en España», publicado en Historia y Política, n.º 6, 2001. 51 «L’àpat dels federals», EPC, 12-II-1912. 52 «L’onze de febrer. El miting del C.N.R. de Gracia», EPC, 13-II-1913.
146 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 Santiago Izquierdo Ballester bases programáticas de la UFNR que serán aprobadas por la práctica totalidad de los asistentes a la reunión. El documento será ratificado posteriormente por las respectivas asambleas convocadas por cada una de las tres formaciones políticas.53 De los tres grupos que se habían fusionado, iban a ser los federales quienes manifestarán ciertas dudas con relación a su ingreso en la UFNR. Ciertamente, el PRDF no estaba pasando por su mejor momento y existía el lógico resquemor entre los federales de que su ingreso en la Unió significase el acta de defunción del partido. Vallès y Ribot intentó disipar los temores de sus correligionarios y manifestó que el partido no había tenido que renunciar a ninguno de sus principios fundacionales para hacer posible su ingreso en la nueva formación política.54 La actitud de Vallès y Ribot allanó el camino para la incorporación de los federales a la UFNR, no en vano su liderazgo político entre estos era incuestionable, al tratarse de uno de los discípulos más aventajados de Pi y Margall.55 También Coromines, en un intento de convencer a los representantes federales de la necesidad de su entrada en el nuevo partido manifestará que «los hombres federales han realizado hoy un acto de vida porque aquél que no se renueva muere. Las bases de la Unión han rejuvenecido el pacto de Pi y Margall y son como una nueva alianza, como un nuevo testamento del federalismo catalán».56 En cualquier caso, cuando el PRDF se integre en la UFNR, la complejidad local de los núcleos federales hará muy difícil esta unión. Tras la muerte de Vallès y Ribot el 31 de julio de 1911, se hará más patente si cabe la frágil integración de los federales catalanes en el proyecto nacionalista republicano. Una vez vencidas las últimas reticencias de los federales, la aprobación definitiva de las bases fundacionales de la UFNR iba a ser una realidad. El documento estaba basado en el espíritu del proyecto federal de Pi y Margall 53 El día 4 de abril, buena parte de la prensa republicana barcelonesa publicó las bases: EPC, La Publicidad (edición de mañana, p. 1) y El Diluvio (edición de mañana, pp. 13-15). 54 El Diluvio, 25-IV-1910 (edición de tarde), pp. 6-7. La participación de Vallès y Ribot en el proceso de gestación de la UFNR, en Gabriel, 2008, pp. 119-129. 55 Gabriel, 2020, pp. 243-278. Este capital político será aprovechado por el nacionalismo republicano, que otorgará a Vallès un papel protagonista en el proceso de fundación de la UFNR, que será presidida por él —de forma honorífica— hasta su muerte en 1911. 56 EPC, 25-IV-1910. En este artículo Coromines apuntaba que Cataluña era federal por tradición histórica, como había señalado también en su ensayo, La cuestión catalana, fechado en Madrid en 1901; Coromines, 1975, pp. 291-292. Véase también «La reforma nacional y social en Cataluña», BC, Fondo Pere Coromines, manuscrito 2657.
https://doi.org/10.1387/hc.26148 147 ¿De una República a otra? de 1883 y en el programa federal de 1894. La aceptación de los postulados pimargallianos se concretaba en la estructura federal de España, la defensa de una amplia autonomía para Cataluña, la incorporación en el programa nacionalista republicano de los «ideales de la democracia republicana española» y el entendimiento con los demás partidos españoles afines. En las bases también quedaban recogidas otras cuestiones, tales como la supresión de la pena de muerte, la lucha contra el analfabetismo, la libertad de culto en la enseñanza y la solución de las aspiraciones proletarias, en la línea del camino trazado por Pi y Margall en torno a esta cuestión. A pesar de las apariencias, la unión de los tres partidos había sido muy problemática. De hecho, la posterior actuación de la Unió en el transcurso de los años venideros y su disolución en 1916 —de hecho ya en 1914 tras su controvertido Pacto de San Gervasio con los lerrouxistas— no harán más que confirmar que a pesar de sus relativos éxitos electorales en algunas de las elecciones en las que tomará parte entre 1910 y 1914, el proyecto común de los republicanos catalanistas nunca llegó a consolidarse.57 Los tres grupos que integraban la UFNR no actuaron nunca de forma compenetrada, hasta el punto de que las disputas internas fueron tónica habitual durante su corta vida. No debemos olvidar que uno de los principales problemas que arrastró la UFNR desde su fundación fue la coexistencia en su interior de sensibilidades republicanas diversas, como había pasado durante la efímera experiencia republicana de 1873. A pesar, pues, de las advertencias lanzadas por parte de diferentes prohombres nacionalistas republicanos durante los meses anteriores, en el sentido de no repetir los despropósitos del pasado, la UFNR no será capaz de evitar esa endémica división que parecía perseguir al republicanismo español. La historia parecía volver a repetirse más de un cuarto de siglo después: como había ocurrido en 1873, nuevamente la desunión y la fragmentación amenazaban la estabilidad de otro proyecto republicano. Y, sin duda, una de las causas principales de esa división era la heterogeneidad de la cultura política republicana, como se había puesto de manifiesto de forma harto elocuente durante el siglo xix.58 57 El pacto con los lerrouxistas provocó una fractura en el interior de la UFNR y el abandono del partido por parte de los contrarios al mismo; véase Culla, 1986, pp. 274-285; Ametlla, 1963, pp. 290-298 y Noguer y Comet, 2000, pp. 174-179. 58 Con relación a la cuestión de las diferentes culturas políticas republicanas en España, véase Duarte, 2004 y 2015; Duarte y Gabriel, 2000; Miguel, 2004 y 2011; Diego, 2008a y 2008b; Suárez Cortina, 1999, 2010, 2011 y 2014; Gabriel, 2006 y Álvarez Junco, 2012.
148 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 Santiago Izquierdo Ballester Junto a esta desunión, otro de los problemas que lastró el futuro de la UFNR fue la falta de dirigentes con verdadera vocación política y dispuestos a implicarse plenamente en los trabajos organizativos del partido. Entre los principales líderes del nacionalismo republicano encontramos actitudes y formas de actuar que nos remiten todavía al republicanismo decimonónico. Y es que, a diferencia de otros dirigentes republicanos como Alejandro Lerroux o Melquíades Álvarez, los Carner, Sunyol, Lluhí, Gubern o Coromines, no supieron entender que «la renovación de los partidos republicanos, la elaboración de una política de masas y la revitalización de los viejos programas republicanos era la vía para la implantación de una república democrática en España».59 Un proyecto que se malogra: la descomposición de la UFNR Ante este escenario, no iban a tardar en aparecer las primeras disensiones internas y, a la postre, las primeras escisiones a las que deberá hacer frente la UFNR. En este sentido, el año 1912 será un momento difícil para la Unió, ya que el partido sufre su primera fractura importante: Josep Zulueta, Laureà Miró y Lluís Companys, entre otros, abandonarán la UFNR para pasar a engrosar las filas del nuevo Partido Republicano Reformista de Melquíades Álvarez.60 Sin embargo, conviene recordar que, en el momento de la gestación del republicanismo reformista, la actitud de la UFNR había sido comprensiva hacia lo que podía significar el nuevo partido e, incluso, se permitió la licencia de adoctrinar a los dirigentes reformistas, recordándoles cuáles habían sido los principales problemas que condujeron al colapso de la Primera República y que, por tanto, no se debían volver a repetir: «si su constitución la promueve una diversidad de principios y no una incompatibilidad de personas, su acción puede ser útil a la causa común del republicanismo, sino de forma inmediata, si dentro de poco. Porque en la política no hay nada tan terrible como la confusión en un mismo grupo de hombres de temperamentos opuestos y de principios antagónicos».61 59 Suárez Cortina, 1994, p. 143. 60 En torno al republicanismo reformista, continúa siendo fundamental Suárez Cortina, 1986. Véase, del mismo autor, 2006, pp. 233-270. El proceso de fundación del Partido Republicano Reformista, en Balado, 2023, pp. 173-186. Para el reformismo catalán, véase Albertí, 1972, pp. 339-352. 61 «Entorn d’un nou partit», EPC, 28-II-1912.
https://doi.org/10.1387/hc.26148 149 ¿De una República a otra? No será esta la última escisión que sufrirá la UFNR, que a partir de ese momento se verá afectada por la pérdida de muchos otros elementos que también irán abandonando el partido. Debemos destacar, en este sentido, la ruptura que tuvo lugar en 1915, cuando algunos de los integrantes más destacados de la UFNR deciden abandonarla en protesta por el mantenimiento del pacto electoral con el lerrouxismo y crearán el Bloc Republicà Autonomista (BRA).62 El promotor de la iniciativa es Francesc Layret, que contará con el apoyo de Marcel·lí Domingo, Gabriel Alomar, Conrad Roure y Ángel Samblancat, entre otros. En mayo de 1915 se hacía público su manifiesto fundacional, «El Bloc Republicà Autonomista als ciutadans», en el que se apostaba por una aceptación explícita del socialismo y se reivindicaba el programa federal de Pi y Margall como punto de partida para lograr la plena autonomía de Cataluña dentro de la República federal española.63 En cualquier caso, los resultados del Bloc en las diferentes convocatorias electorales a las que concurrió no fueron demasiado esperanzadores y únicamente destacó la acción parlamentaria de Domingo.64 La UFNR, por su parte, seguía inmersa en un proceso de decadencia ya irreversible, a pesar de lo cual no cejaba en su empeño de continuar manteniéndose activa en el escenario político catalán. Dicho anhelo iba acompañado de un proceso de introspección, que debía servir a los nacionalistas republicanos para reconocer sus desaciertos y, sobre todo, para intentar no repetirlos en el futuro. Y, llegados a este punto, los dirigentes de la UFNR echaban la vista atrás —hasta 1873— para reflexionar sobre cuáles habían sido algunos de los males endémicos del republicanismo en España y hasta qué punto éstos estaban siendo repetidos por el nacionalismo republicano. Es desde este punto de vista que hemos de entender la publicación en El Poble Català de un artículo editorial en el que los líderes de la UFNR reflexionaban sobre el significado de la experiencia republicana de 1873 y, al mismo tiempo, insistían en la idea de que le correspondía a Cataluña liderar el proceso que había de traer nuevamente la República a España: 62 Noguer y Comet, 2000, pp. 181-185 y Pujadas, 1996, pp. 117-133. 63 EPC, 6-V-1915; El Diluvio, 6-V-1915 (edición de mañana), pp. 12-13; La Publicidad, 6-V-1915, p. 2. 64 Pujadas, 1996, pp. 117-134.
150 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 Santiago Izquierdo Ballester Hombres y más hombres, partidos, grupos, cenáculos fragmentando y desmenuzando la gran familia republicana, se han formado y han caído sin dejar más que el recuerdo inútil de egoísmos y deslealtades. (...) Obra educadora, reorganizadora, a base de trabajo, es la que han de cumplir los republicanos de la nueva generación. En Cataluña, país de tradición democrática, puede y deber surgir el ejemplo. (...) En esta obra los nacionalistas republicanos debemos reclamar, con la ejecutoria nobilísima que nos da el hecho de ser los herederos del federalismo pimargalliano, la dirección orientadora. Que sea Cataluña el hogar del republicanismo hispánico y los catalanes los paladines de los ideales de las soluciones democráticas.65 Sin embargo, estos buenos deseos llegaban algo tarde. Tras el nuevo descalabro sufrido por la UFNR en las elecciones legislativas celebradas el 9 de abril de 1916, el partido prácticamente va a desaparecer del escenario político catalán. Apenas unos meses después, serán convocadas unas nuevas elecciones, en este caso provinciales, que se han de celebrar el 11 de marzo de 1917. Pocos días antes de los comicios una UFNR ya en fase de disolución publica una nota en la que informa que se abstiene de tomar parte en los mismos. Sí que concurrirá a los comicios el BRA, aunque va a obtener unos resultados pírricos. Ante esta situación, se hace evidente la necesidad de acelerar el proceso de transformación del discurso nacionalista republicano. La creación del Partit Republicà Català (PRC) en abril de 1917 sintetiza buena parte de estas aspiraciones de cambio y, en parte, va a otorgar a Marcel·lí Domingo el liderazgo en este proceso de redefinición del republicanismo catalanista.66 Liderazgo que va a compartir con Francesc Layret y con Lluís Companys. Los primeros contactos entre diferentes núcleos del republicanismo catalán para la creación del nuevo partido se iniciaron en 1916, mediante las relaciones entre la Joventut Republicana de Lleida y miembros del BRA, otros representantes dispersos del federalismo, sectores del reformismo catalán y lo poco que quedaba de la UFNR. Fruto de estos primeros contactos iba a ser la redacción de un documento programático, el manifiesto «Als republicans de Catalunya», en el que se explicitaba la vo65 «El 11 de febrer. REPÚBLICA: Trànzit de la vella a la nova Democràcia», EPC, 11-II-1915. 66 Noguer y Comet, 2000, pp. 185-194 y Pujadas, 1996, pp. 134-137. En torno al PRC, véase Izquierdo, 2006, pp. 173-182.
https://doi.org/10.1387/hc.26148 151 ¿De una República a otra? luntad de crear una nueva organización que aglutinase a toda la izquierda republicana nacionalista.67 En abril de 1917 se celebrará la asamblea constitutiva del PRC, cuya irrupción en el escenario político catalán revestía una importancia fundamental, dado que fue en Cataluña donde mejor se iba a percibir la necesidad de renovación de la propuesta republicana, «orientando su actuación hacia la asimilación del hecho nacional y la integración de un claro programa social, que en el caso del Partit Republicà Català, (...) representaba un acercamiento a posiciones sociales avanzadas».68 Este acercamiento se intentó llevar a cabo a través de la propuesta de Layret de adherir el partido a la Internacional Comunista, aunque finalmente esta posibilidad fue desestimada. De cualquier modo, la propuesta había sido un «indicador tanto del impacto de la revolución rusa dentro del republicanismo catalán como la misma necesidad republicana de llevar a cabo una transformación profunda de sus esquemas internos».69 A pesar del ímpetu inicial, la posterior trayectoria electoral del PRC durante los años 1917 y 1918 no invitaba al optimismo, dado que los resultados obtenidos por el partido no serán demasiado esperanzadores. Ante este panorama, el PRC decidirá iniciar el camino hacia la radicalización de sus posicionamientos sociales, claramente perceptible a través de su órgano periodístico, La Lucha. A pesar de todo ello, la suerte del partido no va a mejorar, si bien va a poder mantenerse relativamente operativo hasta 1931, momento en el que ingresará en la nueva Esquerra Republicana de Catalunya, que estaba llamada a protagonizar un nuevo capítulo en la historia del republicanismo en Cataluña y que recogía en sus filas la herencia que había dejado tras de sí el nacionalismo republicano catalán. Conclusiones Tras el desplome de la Primera República, una nueva generación de republicanos catalanes se postulará para erigirse en la continuadora de aquellos viejos ideales y empezará a reivindicar la necesidad de construir un nuevo proyecto republicano y un renovado modelo de Estado, basado 67 El manifiesto en Pérez-Bastardas, 1987, vol. I, pp. 303-306. 68 Suárez Cortina, 1994, p. 157. 69 Suárez Cortina, 1994, p. 157.
152 Historia Contemporánea, 2025, 77, 129-162 Santiago Izquierdo Ballester en los valores de la democracia liberal y en la descentralización política. El proceso iba a ser lento, en buena medida porque esta nueva generación a duras penas había acabado de nacer cuando se produjo la caída de la Primera República. A pesar de la existencia de este relativo hilo de continuidad entre ambas generaciones, lo cierto es que cuando se ponga en marcha el proyecto político nacionalista republicano a partir de 1904, sus promotores no se mostrarán demasiado interesados en recuperar el recuerdo de la Primera República. Ello vendría a confirmar su voluntad de comenzar a dar forma al republicanismo nacionalista manteniendo una cierta distancia con respecto a la controvertida herencia de la República de 1873. Su recuerdo, que sin duda se debía reivindicar, era solo eso, un recuerdo del que se debían extraer algunas conclusiones para no repetir ahora los desatinos cometidos en el pasado y que, a la postre, condenaron a aquella República a llevar una vida breve y convulsa. Aún siendo conscientes de los desaciertos en los que incurrieron los principales dirigentes republicanos en 1873, lo cierto es que el republicanismo catalanista volverá a reincidir en algunos de los despropósitos que habían erosionado la estabilidad de la Primera República y que parecían ser una constante en la evolución histórica del republicanismo en España. Como en 1873, también a principios del siglo xx el republicanismo catalanista adolecerá de una evidente desunión, que iba a hacer muy difícil la cohesión de las diferentes tradiciones republicanas y catalanistas que pretendían converger en su interior. Esta heterogeneidad ideológica no será el único escollo contra el cual tuvo que luchar el republicanismo catalanista. En este sentido debemos recordar que como había sucedido en tiempos de la Primera República, tampoco ahora este nuevo proyecto republicano sabrá consolidar un liderazgo político fuerte y de consenso. Por más que desde las páginas de El Poble Català se recordase cuáles habían sido los problemas que dieron al traste con la Primera República, más de un cuarto de siglo después la nueva generación de republicanos catalanistas volvía a incurrir en algunas de las contradicciones de antaño. De aquella primera experiencia republicana, el republicanismo nacionalista va a reivindicar, sobre todo, la vía federal, en su vertiente más explícitamente catalanista dado que esta es la propuesta federal que mejor parecía encajar en su proyecto político. La apuesta por la senda federal por parte del republicanismo nacionalista va a tener como corolario una insistente reivindicación de la figura del gran referente federal del repu-
https://doi.org/10.1387/hc.26148 153 ¿De una República a otra? blicanismo español: el catalán Francisco Pi y Margall. La integración de Josep Maria Vallès y Ribot, histórico dirigente catalanista federal y correligionario de Pi, en el organigrama directivo de la UFNR vendría a confirmar la apuesta federal del nuevo partido y, también, el deseo de establecer un puente entre algunos de los representantes de la generación de la Primera República y el nacionalismo republicano. Sin duda, un buen termómetro para comprender en todos sus matices la compleja reivindicación que el nacionalismo republicano hacía del legado de la Primera República, lo constituye su apropiación de la figura y de la obra de alguno de sus dirigentes más significados, entre los cuales destacan los nombres de Francisco Pi y Margall y de Nicolás Salmerón, si bien en este caso debido sobre todo a su implicación en el proceso de gestación de Solidaritat Catalana. La definitiva irrupción en Cataluña de nuevos aires republicanos —el republicanismo catalanista y el lerrouxista—, tendrá como consecuencia que el recuerdo de la Primera República provoque una evidente incomodidad en este nuevo republicanismo. Un proyecto republicano, además, que pretendía abrirse paso en una incipiente sociedad de masas y que era consciente de que el legado de la República de 1873 solo podía ser aprovechado parcialmente a la hora de dar forma a un nuevo modelo de República acorde con los nuevos tiempos. Esta ambivalencia —reivindicar el legado de una República difícilmente reivindicable y, al mismo tiempo, pretender desmarcarse de ella— llevará al nacionalismo republicano a convertir su recuerdo en un estéril ejercicio en el que la tónica dominante va a ser el lamento y, en el fondo, un cierto olvido. Y es que, coincidiendo con la llegada del nuevo siglo, la Primera República parecía quedar ya muy lejos, apenas servía para el debate político y su legado difícilmente podía ser recuperado por parte de una nueva identidad republicana que comenzaba a abrirse paso en los albores del siglo xx. En cualquier caso —y he aquí la paradoja—, a pesar de que los republicanos catalanistas no se cansaban de repetir que el suyo era un proyecto político moderno y que había sabido detectar los problemas que provocaron la caída de la Primera República, lo cierto es que en la práctica se vieron afectados por las mismas contradicciones que habían caracterizado la evolución del republicanismo en España durante el siglo xix. Nos gustaría dedicar las últimas líneas de estas conclusiones a plantear una cuestión que nos puede ayudar a valorar en su justa medida el impacto real que pudo llegar a tener el proyecto político nacionalista republicano, más allá de la ciudad de Barcelona. Para ello deberemos des-
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