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ISSN 0582-6152 – eISSN 2444-2992 ASJU, 2023, 57 (1-2), 1-20 https://doi.org/10.1387/asju.25898 Estratigrafía lingüística y áreas dialectales del País Vasco con los datos de la toponimia1 Linguistic stratigraphy and dialectal areas of the Basque Country on the basis of toponymic data Joseba K. Abaitua Odriozola* Universidad de Deusto AbstrAct: A linguistic stratigraphy is proposed for the Basque Country in which the Basque-Romance element covers the Latin and pre-Romance layer, without a break in continuity in the Romance case, but with a clear delimitation for the start of the Basque stratum. This would date, at least for the west of the territory, surely from the 8th century, given its dialectal condition, but with a very probable advance to the middle of the 6th century. Dialectal areas are visible above all in place names of Basque origin, an aspect with which the distribution of the main property suffixes (-ica, -ain, -ana, -iz) does not fully correlate. These show a much more disparate distribution, although it is also bounded on the spatial and temporal axes. KeywORDs: Basque dialectology; linguistic stratigraphy; Basque toponymy; linguistic history; Basque-Romance contact. Resumen: Se propone una estratigrafía lingüística para el País Vasco en la que el elemento vascorrománico cubre la capa latina y prerromana, sin solución de continuidad en el caso románico, pero con una clara delimitación para el arranque del estrato euskérico. Este dataría, al menos para el occidente del territorio, con seguridad a partir del siglo v i i i , dada su condición dialectal, pero con un muy probable adelanto a mediados del siglo v i . Las áreas dialectales son visibles sobre todo en la toponimia 1 este trabajo es deudor de Luis Michelena (1955), Manuel Agud (1973) y José Ignacio Hualde (2015). el autor desea expresar asimismo su máximo agradecimiento a emiliana Ramos y Mikel Martínez Areta, por sus múltiples y valiosos consejos que han servido para mejorar sensiblemente la calidad de los contenidos. Los errores solo son atribuibles al autor. * Correspondencia a / Corresponding author: Joseba K. Abaitua Odriozola. Departamento de Lenguas Modernas y Estudios Vascos - Facultad de Ciencias Sociales y Humanas (Universidad de Deusto). Av. de las Universidades, 24 (48007 Bilbao). – joseba.abaitua@ deusto.es – https://orcid.org/0000-0001-6957-8511 Cómo citar / How to cite: Abaitua Odriozola, Joseba K. (2023). «Estratigrafía lingüística y áreas dialectales del País Vasco con los datos de la toponimia», ASJU, 57 (1-2), 1-20. (https://doi.org/10.1387/asju.25898). Recibido/Received: 2022-09-22; Aceptado/Accepted: 2022-12-16. ISSN 0582-6152 - eISSN 2444-2992 / © UPV/EHU Press Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional
2 JOseBA K. ABAITUA ODRIOzOLA ASJU, 2023, 57 (1-2), 1-20 en euskera, aspecto con el que no se correlaciona totalmente la distribución de los principales sufijos de propiedad (-ica, -áin, -ana, -iz). Estos muestran una distribución mucho más dispar, aunque también acotable en los ejes espacial y temporal. PaLaBraS CLaVE: dialectología vasca; estratigrafía lingüística; toponimia vasca; historia lingüística; contacto vascorrománico. 1. Introducción La historia lingüística de un territorio tiene en la toponimia un aliado inquebrantable. La historia lingüística del País Vasco resulta por ello particularmente atractiva, dado el rico y variado muestrario de nombres que el transcurso del tiempo ha ido labrando en su paisaje onomástico. Hay evidencias de que en diferentes etapas del pasado se ha hablado celta2 y latín (pronto devenido en latín local), del que luego deriva el continuo romance3 (castellano, riojano y navarro), además de euskera, en toda su complejidad dialectal, así como occitano,4 o árabe,5 en algunas zonas. si bien hay consenso general respecto de esta cuestión, en cambio, la opacidad y limitación de los datos disponibles dificulta el acuerdo sobre la antigüedad y extensión de las lenguas en las etapas más remotas. La principal discrepancia afecta al orden de colocación, esto es, a si la primera lengua constatable es el celta o el euskera; aunque no en su forma actual, que ya se sabe no es anterior al siglo vi, sino en la de un antecesor previo al contacto con Roma.6 Tampoco hay acuerdo sobre su extensión, ni distribución y la polémica respecto a la communis opinio7 se ha recrudecido en fechas recientes. son motivos que justifican reabrir el debate sobre la estratigrafía lingüística del País Vasco, a partir de la relectura de la abundantísima bibliografía, y replantear 2 O, más concretamente, hispanocéltica, tal como lo define Carlos Jordán (2019). 3 sobre el papel del continuo norteño en el País Vasco: Isabel echevarría (2012), Nieves sánchez (2013), emiliana Ramos (2017). 4 Jimeno Jurío (1997: 59): «en la Alta Navarra los amanuenses utilizaron el occitano languedociano, el navarro y finalmente el castellano, mientras en Ultrapuertos primaba el gascón [...], en su variante landesa en la Navarra occidental y Lapurdi, y bearnesa en la oriental y en zuberoa». 5 Belasko (2004: 63) menciona azagra del árabe al sajra ‘la peña’ (Navarra). Añade «en Tudela sí hay topónimos árabes y en una proporción considerable. esto debe de ser consecuencia de una presencia numerosa de hablantes y a una posición social preeminente. son topónimos que deben remontarse al periodo previo a la reconquista de la ciudad [en 1119]» (2004: 67). Algunos topónimos menores apuntados en el registro de Comptos 6 (1294) son: alboref, açocah Luengo, Soto Cyxar, Caynar de adorre, Puerta albaçares, L’alguera, etc. en Treviño, alvayta (1257) actual Albaina «apunta a una etimología árabe y quizá deba relacionarse con albaida, topónimo de sevilla y Valencia, del hispanoárabe báida (árabe baida), blanca, aunque es dudoso» (sánchez 1984: 166). 6 sobre la situación de la lengua vasca en época tardoantigua y los primeros pasos de las divergencias dialectales: Joseba Lakarra (2018), eneko zuloaga (2020), Iñigo Urrestarazu (2021). 7 La communis opinio se resume en esta afirmación de Cid Abasolo (2002: 22) «la toponimia ha ayudado a delimitar el territorio en que se hablaba euskera antes de las invasiones celtas». sin embargo, Gorrochategui (2018: 293) matiza: «parece claro que la parte occidental del País Vasco era de dominio celta en la Antigüedad», idea reforzada por yarza (2020: 53): «en la toponimia alavesa la huella céltica [es] la más antigua, a lo que parece, en esta zona, anterior en todo caso a romanos y vascones, según se desprende de los testimonios literarios antiguos».
esTRATIGRAfíA LINGüísTICA y áReAs DIALeCTALes DeL PAís VAsCO CON LOs... 3 https://doi.org/10.1387/asju.25898 los criterios que delimitan las principales áreas y capas lingüísticas.8 se sigue así la recomendación expresada por Hualde (2015) de dar la máxima relevancia a los ejes de tiempo y espacio a la hora de estudiar la historia de una lengua, en este caso, con los datos de la toponimia. La práctica de la toponimia debe ser prudente, ante nombres enigmáticos y opacos9 (Lagrán, Nanclares), y evitar en lo posible el ejercicio especulativo, aunque cueste desprenderse de él (Mendoza, Oyón). en ocasiones un topónimo no es lo que parece (Elciego, Ocio, Trespuentes), en otras la erudición del investigador puede enturbiar las lecturas más simples, o probables (alecha, anda, Guinea, Hueto, Matauko, etc.). Pero si se dispone de una adecuada metodología y de datos fiables, la toponimia se convierte en una poderosa herramienta.10 el análisis de la documentación,11 la pertenencia a series,12 o la práctica etimológica13 son algunos de los procedimientos más fiables. Aunque a veces la lupa sobre los detalles desfigura la visión del conjunto, afortunadamente los trabajos de toponimia del País Vasco han generado un formidable bagaje de materiales. Las contribuciones más importantes comparten el método de agrupar los nombres en series con un mismo sufijo (-áin, -amo, -ana, -ano, -eda, -edo, -ica, -ico, -iz, -inu, -ina, -itu o -ita, etc.). Destacan las series con sufijos de posesión (v.g. -áin, -ana, -ica, -iz…), bajo las que subyace un repertorio de onomástica personal cuya taxonomía está pendiente y de la que cabría esperar algún tipo de correspondencia, espacial o temporal, entre sufijos y determinados grupos o subgrupos de antropónimos.14 en las próximas páginas se tienen en cuenta estos y otros elementos directores con los que establecer dataciones aproximadas de la estratigrafía lingüística del País Vasco. entre ellos, el elemento vascorrománico adquiere protagonismo y se convierte en el principal criterio discriminante. este abarca rasgos fonéticos sensibles al contacto lingüístico, los sufijos de posesión, así como los préstamos latino-románicos incorporados en la formación de topónimos en euskera. esta capa estratigráfica cubre 8 Varios autores suscriben expresamente «el interés de Mitxelena por reflejar en un mapa la distribución geográfica de los diferentes sufijos que están presentes en los deantropónimos» (zaldua 2016: 185186). Merece mención expresa el trabajo pionero de Manuel Agud (1973) y sus mapas de distribución de sufijos. 9 Los topónimos mencionados tienen un breve tratamiento en el Apéndice final. 10 Para el ejercicio de la toponimia vasca son imprescindibles las indicaciones metodológicas de Michelena (1956, 1971). 11 salaberri (2011: 134) «Creemos que dicha investigación debe ser realizada siempre que sea posible con nombres de lugar cuya documentación conozcamos bien y que posean una cierta antigüedad». 12 Gorrochategui (2018: 298) «pueden obtenerse datos más fidedignos a partir de topónimos que constituyen series numéricamente más ricas y con una distribución territorial más conspicuas». 13 Con su habitual sorna, Michelena (1964: 94) describe la etimología como una «ocupación ingrata pero absolutamente necesaria, e incluso honesta y razonable siempre que se practique con arreglo a normas estrictas». 14 Así zaldua, por recomendación de salaberri, estudia series de topónimos «de manera que si un nombre puede ser incluido dentro de un grupo (araka, arakama; amiao [amiano], amiama…) su explicación etimológica gane en fiabilidad (< aracus, amius…)» (2016: 185-186). Por su parte, fernández Palacios (2011) ha detectado el uso de antropónimos de origen navarro en la neotoponimia de las encartaciones, una idea luego desarrollada por Martínez Areta (2020: 422) en las series de tipo PI-(h)aran/ (h)uri con una cronología que coincide con la frontera «geoestratégica» impulsada por el reino de Navarra en el siglo xi.
4 JOseBA K. ABAITUA ODRIOzOLA ASJU, 2023, 57 (1-2), 1-20 de forma nítida los estratos prerromano y romano, a diferencia del estrato románico que no ofrece solución de continuidad respecto al latino. el estrato euskérico dataría, al menos para el occidente del territorio, a partir del siglo viii, dada su condición dialectal, con posibilidad de adelantarlo al vi, a la luz de algunos fenómenos como el mantenimiento de la sorda intervocálica (v.g. en 1025 Lucu, Maturana, Opaucu, Paterniana) y los de la serie en -ica. Las áreas dialectales son particularmente visibles en este estrato, aspecto con el que no se correlaciona totalmente la distribución de los principales sufijos de propiedad (-ica, -áin, -ana, -iz). estos muestran una distribución mucho más dispar, aunque también acotable en los ejes espacial y temporal, como se va a ver. 2. El elemento indoeuropeo Uno de los indicadores más claros que utilizan los paleohispanistas para delimitar las áreas lingüísticas prerromanas es briga ‘fortaleza’, cuya sola presencia presupone la pertenencia al área indoeuropea (Untermann 2001: 194; Vallejo 2021: 164). es por esto que el accidente político por el que Deóbriga (Ptol. Geog. 2.6.52, It. ant. 454.7, junto a Miranda de ebro) o Flaviobriga (Ptol. Geog. 2.6.73, actual Castro Urdiales) hayan quedado fuera de la actual delimitación administrativa no debería distraer de la nítida adscripción del País Vasco al área peninsular indoeuropea.15 Además, briga, lejos de ser un elemento aislado, abona el ya de por sí rico corpus de elementos indoeuropeos de la toponimia vasca, algunos tan célebres como los orónimos amboto y Toloño (homónimo de la ciudad várdula citada en Ptol. Geog. 2.6.65 e It. ant. 455.1), o los hidrónimos Deva (Ptol. Geog. 2.6.8) y Nervión (Neroua en Ptol. Geog. 2.6.8). se trata, por otra parte, de un panorama congruente con el de los territorios aledaños de Burgos y Cantabria.16 A los ejemplos que se acaban de citar habría que añadir una nada desdeñable nómina de topónimos mayores: en álava y Treviño araca, araico, araya, Árcamo, arganzón, Berganza, Berganzo, Caranca, Cárcamo, Guevara, Mesanza, Osma; en Navarra Berama, Cascante, Sesma, Ulzama; en Vizcaya Begoña, Berango, Carranza, Durango, Lezama, Orobio, Osma, Zarátamo; en Guipúzcoa aracama, arama, Beizama, Cegama, Eizama. este no es el lugar para demostrar la celticidad total o parcial de los ejemplos mencionados, sobre los que el consenso —si se prescinde de aspectos menores— es por otra parte muy amplio.17 Queda patente por un lado el hecho de que el estrato indo15 «Los [nombres de lugar] más claros presentan aspecto celtibérico, especialmente aquellos situados en la parte interior del territorio caristio y várdulo: Deobriga, Veleia, Suestatium, Tullica, Tullonium, Segontia, Gabalaeca» (Gorrochategui 2018: 293). Cabe mencionar asimismo la raíz indoeuropea *bhergos ‘montaña’, posiblemente relacionada con briga, en la base del nombre de las poblaciones alavesas Berganza, Berganzo y Bergüenda (Albertos 1970: 187). 16 Constata Isabel echevarría (1998: 182): «la toponimia prerromana en Carranza permite subrayar similitudes en un área norteña amplia». 17 A modo de muestra, araico y araya se relacionan con los antropónimos de filiación hispanocelta araica y araius de las estelas romanas de Contrasta e Ilárduya en álava, o Larraona, en Navarra (Valle jo 2021: 175). sobre Begoña < *Vecunia / Vecunienses (HEp-OL, 25339), véase Unzueta y fernández Palacios (2003). La terminación -anco (Durango < Turanco) es frecuente en zonas próximas (Taranco, Polanco, alesanco, etc) y se considera prerromana (Pharies 2004: 159, pace salaberri 2011: 169). Otro
esTRATIGRAfíA LINGüísTICA y áReAs DIALeCTALes DeL PAís VAsCO CON LOs... 5 https://doi.org/10.1387/asju.25898 europeo se extiende a todo el País Vasco y, por otro, el lugar que ocupa en la es tratigra fía. Hay dos datos seguros: uno es la certeza que acredita el estrato celta y otro es que este es sin duda anterior al latino. ¿se puede defender con la misma certeza un estrato éuskaro o paleovasco más antiguo que el celta? Michelena (1984), en uno de sus trabajos postreros, se refería a esa posibilidad entre interrogantes.18 La bibliografía que aborda esta cuestión se ha visto reforzada con las aportaciones recientes de Luis Mari zaldua (2016, 2020b) en las que se aplica una muy cuidada metodología al estudio de un corpus de elementos prerromanos, hispanoceltas en su mayoría, que corroboran la relevancia de este estrato, aunque el objetivo en realidad es disipar la incertidumbre respecto a la preexistencia del substrato paleovasco en el País Vasco. 2.1. Los topónimos en -ama, -amo zaldua (2016) analiza topónimos con terminación -ama que aparecen con una distribución y proporción relativa muy significativa en Guipúzcoa: las poblaciones Cegama y arama (del Goierri), Beizama (Urola-Costa), los caseríos aracama (dos en Cegama) y Ezama (en errezil y Tolosa). el hábitat principal se circunscribe a las cuencas de los ríos Oria y Urola, con breves apariciones en el área de sal vatierra (álava) y en la Barranca navarra (Berama en satrústegui). fuera de esta área solo habría que añadir dos casos más, el Lezama de Amurrio (álava) y otro en el valle de Asúa (Vizcaya). en un trabajo posterior, zaldua (2020b) aborda los nombres con sufijo -amo, mejor representados en Vizcaya y álava: Leguizamon (Gran Bilbao), Orizamo (Marquina-Jemein), Zarátamo (municipio) y Cárcamo (álava). se deja para el apartado 4 la valoración de los argumentos de zaldua con los que justifica un sustrato paleovasco sobre la base de la recepción de los topónimos en -ama y -amo. en el siguiente apartado se va a reseñar el sufijo vasco -ica, cuyo origen es debatido, entre celta y latino, pero que en cualquier caso tuvo su mayor vigencia en época altomedieval. 2.2. Los topónimos en -ica en apellidos vascos, Michelena (1955: § 317) ya advirtió que los topónimos en -ica representan otro claro ejemplo de distribución geográfica bien delimitada (Vizcaya y álava), aspecto reconocido por la mayoría de autores (Agud 1973; Irigoyen 1986; salaberri 2011; yarza 2015). Recientemente Adolfo Arejita (2021) ha hecho hincapié en que -ica tiene su mayor arraigo en las comarcas vizcaínas de Uribe y Busturialdea. La presencia en álava en realidad se reduce a unos pocos ejemplos: tanto -antia (Berganza < Bergantia, Carranza < Carrantia, etc.). Por su parte, Carancus es un cognomen indígena que aparece en varios registros de Hispania Epigraphica, el más cercano (HEp-OL, 14162) en una inscripción de Peñalba de Castro (la antigua Clunia Sulpicia, Burgos), que difícilmente puede disociarse del topónimo alavés Caranca. Con todo, salaberri (2015: 149) lo relaciona con el antropónimo latino Caranius. 18 Michelena (1984: 281) se pregunta sobre cuáles pueden ser «los estratos más remotos» y si «el elemento que podemos llamar éuskaro se superpone o no a uno o varios estratos indoeuropeos». y concluye «es evidente que lo indoeuropeo prelatino es un elemento advenedizo y superpuesto (¿a qué?), que nos remite al primer milenio anterior a nuestra era, y en buena medida, a su segunda mitad».
6 JOseBA K. ABAITUA ODRIOzOLA ASJU, 2023, 57 (1-2), 1-20 Délica y Vitórica, en Ayala (acompañados en la cercanía por dos topónimos en -eca, Oceca, y -aca, Mariaca) y, a uno y otro lado de la Llanada, el despoblado Guernica, citado en la Reja de san Millán, y Langarica (cerca de salvatierra). Pese a que los ejemplos alaveses no son tan excepcionales como el Zulaica guipuzcoano, o el Zabaldica navarro, no deberían equipararse a los vizcaínos, ya que seguramente responden a un fenómeno diferente, como se va a ver. salaberri (2011: 139-176) considera «con Omaetxebarria e Irigoien, que [el sufijo] procede de la forma femenina del sufijo latino -icus, es decir, de -ica, lo cual supone pensar en topónimos con un nombre femenino del tipo de terra o villa en la base que ha sido omitido». Gorrochategui (2002), por contra, considera que el sufijo -ica vasco es identificable con el homónimo céltico.19 según este autor «habría adquirido autonomía y se continuaría aplicando en la creación de nuevos topónimos a partir de antropónimos» (2002: 114-115), lo que explicaría el variado origen de los nombres subyacentes: germánico, románico, vasco (Délica, Ordorika, Bazterrika, Zabalaika, Zulaika),20 idea refrendada por salaberri (2011: 151). La popularidad de los sufijos está sujeta a modas y el momento más productivo de los nombres en -ica en zonas concretas de Vizcaya parece coincidir con el origen medieval de la red de aldeas a media ladera, siglos viii-xi (cf. Larrea 2011; Ramos 2017), y no en la Antigüedad tardía (siglos v-vii), o clásica (siglos i-iv), de la que cabrían esperar más testimonios (cf. Vellica, Ptol. Geog. 2.6.50; Segontia Paramica, Toullika Ptol. Geog. 2.6.65). sobre esta cuestión se volverá en el apartado 4. 2.3. El tránsito hacia el estrato euskérico en el conjunto del País Vasco la presencia romana varía según las coordenadas geográficas, más temprana por el valle del ebro y más tardía en la vertiente cantábrica, aunque el litoral estuvo expuesto al transporte por cabotaje a partir del comienzo de las guerras cántabras a finales del siglo i a C. Con estos márgenes temporales, se puede plantear una horquilla que abarca desde el siglo ii a C hasta circa el siglo iv. en ese largo periodo de seis centurias la península ibérica se latiniza en su integridad y la huella del latín se hace asimismo patente en todo el territorio vasco, que forma un continuo con el resto del norte peninsular, pese a la popular creencia de que el saltus vasconum fuera refractario a este proceso. el elemento latino de la toponimia del País Vasco ha sido ampliamente estudiado (Caro Baroja, Michelena, Agud, salaberri, etc.). Uno de los autores recientes más representativos, yarza (2015), destaca la huella de la colonización romana en Vizcaya: «aproximadamente la mitad de los municipios tiene un nombre con base antroponí19 J. Caro Baroja destacaba el hecho de que el sufijo aparece ya en Gabalaika, junto a Gébala, incluidos entre los várdulos por Ptolomeo (Geog. 2.6.65). 20 Como base para Délica, Ros (2013: 23) propone el antropónimo germánico Odericus, en lugar del latino *Odellius de salaberri (2015: 154). salaberri (2011: 157-158) asimismo considera que Ordorika, barrio de Mújica, podría explicarse a partir de un germánico Ordericus, tal como propone Caro Baroja (1945: 105) para el navarro Ordériz. Por otra parte, en la base de Bazterrika, Zabalaika, Zulaika todos los autores identifican un «primer elemento vasco conocido» (Michelena 1955: §317).
esTRATIGRAfíA LINGüísTICA y áReAs DIALeCTALes DeL PAís VAsCO CON LOs... 7 https://doi.org/10.1387/asju.25898 mica de origen latino [...] procediendo la mayoría del nombre de un varón, de ascendencia latina casi siempre, al que se agrega un sufijo de propiedad, -ana, -anum, -ica, -ici, -ona» (2015: 345). No es disparatado suponer que, como sucedió en los territorios colindantes de la cornisa cantábrica, tanto o más escabrosos que el vasco, las lenguas indígenas prerromanas fueran reemplazadas por el latín. La evolución del latín local y el contacto con el euskera son el contenido central de los siguientes apartados. 3. El elemento vascorrománico este apartado hace hincapié en el contacto vascorrománico y sus efectos en la toponimia de dos lenguas, vascuence y romance, que entre los siglos v al xi comparten dos vicisitudes: una es que están en plena fase de expansión y se disputan, por tanto, un espacio que durante un tiempo, más o menos prolongado según las zonas, van a compartir. La segunda, en gran medida consecuencia de la primera, es que ambas están inmersas en un imparable proceso de dialectalización. Los efectos del contacto se van a plasmar en un considerable número de topónimos con elementos mixtos, de doble origen, es decir, de naturaleza netamente vascorrománica. Como se va a ver, algunos además se convierten en privilegiados testimonios fósiles de un período tan fecundo como enigmático de la historia vasca. 3.1. Sufijos vascorrománicos de propiedad La toponimia vasca, como la del resto de la europa latina, está salpicada de nombres que indican la relación entre un poseedor y una entidad poseída, expresada mediante sufijos de propiedad (principalmente -anum). en el caso vasco, hay una característica que la hace distinguible: la denominada «doble tradición», es decir, la evolución diferenciada del mismo nombre según las reglas fonéticas del romance o del euskera (antezana/andetxa, Cicujano/Zikuñao, Subijana/Subilla). sobre este aspecto se volverá en el apartado 4. Antes se va a indagar en algunas particularidades del sufijo -áin, pertinentes para la estratigrafía, cuya máxima densidad se concentra en el entorno de Pamplona. 3.1.1. Los topónimos en -áin si hay una serie con implicaciones claras en los ejes temporal y espacial no cabe duda de que es la de los topónimos en -áin. si bien la bibliografía es tan copiosa como discordante,21 dos trabajos recientes, Matías Múgica (2018) y fernando González Ollé (2019) concluyen, de manera independiente, que -áin solo se explica mediante la postulación de un estrato intermedio de romance navarro. esta perspectiva evita los problemas de la solución según la fonética euskérica, ya señalados por Michelena (1955: § 18), a costa de asumir que la lengua de sustrato en los siglos de formación de los topónimos —al menos en los primeros siglos— no era euskera, sino 21 Dice salaberri (2000: 134) «a pesar de que el origen de muchos topónimos en -ain es sin duda antroponímico, todavía hay varios puntos que no están claros y necesitan de posterior investigación».
8 JOseBA K. ABAITUA ODRIOzOLA ASJU, 2023, 57 (1-2), 1-20 romance. Los topónimos de base onomástica en -áin se localizan sobre todo «en una zona de la Alta Navarra, caracterizada por dos rasgos: ser hidrográficamente mediterránea y haber sido [considerada] históricamente vascohablante» (Múgica 2018: 554). en un exhaustivo estudio, salaberri (2000) destaca este aspecto refiriéndose a Navarra como «tierra típica de -ain» para abordar a continuación el difícil reto de clasificar tan amplio corpus, que distribuye en cuatro grupos. siguiendo la tradición analítica —iniciada por Caro Baroja (1990 [1945])—, salaberri prioriza el grupo que «con base antroponímica y significado posesivo», deriva del «sufijo latino -anum». González Ollé detecta problemas en esta solución y defiende un candidato alternativo, el sufijo -aneus, a la vez pormenoriza las dificultades fonéticas de -anus y *-ani. según él, ni uno ni otro «(genitivo o nominativo) se justifican, sea en vascuence o en romance» (González Ollé 2019: 289). La novedad que aportan Múgica y González Ollé es considerar que las terminaciones en -áin necesitan de una fase románica con nasal palatalizada, -áñ, que se despalataliza posteriormente. subrayan que Michelena (1955: § 18) ya había advertido la pronunciación palatal en varios testimonios medievales de Navarra. Múgica sentencia «[es] para la Alta Navarra, donde las formas en -ain no pueden ser puramente vascas y la hipótesis de un intermediario románico cobra toda su fuerza».22 Respecto a la cronología, González Ollé (2019: 301) sostiene que el sufijo sufrió un proceso de «despalatalización de su consonante y la conversión del grupo vocálico (dígrafo) en diptongo» sobre el que resulta más fácil «explicar la razón del cambio que señalar cuándo se produjo». y concluye «la despalatalización de ain, ayn debió de ocurrir en época muy temprana, pues /ñ/ final no figura en el inventario léxico navarro, al igual que sucede en castellano». Por su parte, Múgica (2018: 562) detecta «dos tiempos» en la evolución fonética del sufijo, «primero protorromance y luego ya puramente vasca a partir de formas romances en -áñ». este enfoque permite explicar, por un lado, el hecho de que «un grupo no demasiado grande pero nada despreciable de topónimos en -ain está formado sobre una base onomástica indígena, no latina, en general vasca» (v.g. aizoáin, ansoáin, Beásoain, Belascoáin, etc.). Pero además, el mecanismo de unión de base y sufijo es distinto en cada caso. en [la] serie tardía, el sufijo se añade a la base de manera perfectamente discreta, sin amalgama alguna, y conservando el hiato que se produce en la linde de morfemas. Dicho de otra forma: estos nombres tienen una factura morfológica aglutinante, caracterizada por mantener perfectamente distintos sufijos de base. en los antiguos -ain de base latina, por el contrario, base y sufijo se encuentran fundidos, sin que sea posible deslindar exactamente una del otro, sino que en el intento de partición, hágase como se haga, la cuchilla rebana siempre de más o de menos. De Barbatus (tema sin desinencia Barbato-) más -ani, tenemos Barbatain, a la romana, no *Barbatoain, a la vasca, como Belascoáin. (Múgica 2018: 562) 22 «el examen de la toponimia antigua claramente latina de la Alta Navarra sugiere que la estratificación lingüística habitualmente propuesta para la Navarra Media, intensamente vascohablante durante toda la edad Media, debiera revisarse y que en esa zona el latín puede ser cronológicamente anterior al euskera, lo cual explicaría satisfactoriamente algunos nudos sin resolver de la historia lingüística de Vasconia y sus aledaños» (Múgica 2018: 554).
esTRATIGRAfíA LINGüísTICA y áReAs DIALeCTALes DeL PAís VAsCO CON LOs... 9 https://doi.org/10.1387/asju.25898 esta observación de Matías Múgica aporta si cabe mayor capacidad discriminatoria en la delimitación del eje temporal de la toponimia de la Navarra Alta, como se volverá a ver en el apartado 4. 3.1.2. Los topónimos en -iz salaberri, en Álava, los nombres de nuestros pueblos, dedica un capítulo a desentrañar «el valor de los sufijos» y sobre el caso concreto de -iz aporta una reflexión ya anticipada en un trabajo anterior (salaberri 2013: § 37) y que tiene que ver con la evolución del final asibilado -ici > -iz(e) > -iz.23 Dice «[es un] proceso ocurrido seguramente antes de su incorporación al euskera» (salaberri 2015: 44). esto es, la evolución de este sufijo patronímico cuyo uso se extiende a la neotoponimia medieval requiere de una etapa romance, análoga a la que se ha reseñado para -áin, o de su incorporación mediante préstamo, que justifique su regular y prolífico uso tanto en las zonas históricamente vascófonas de álava como de Vizcaya. Recuerda también salaberri que Michelena (1955: § 347) se hacía eco de la asociación percibida por sabino Arana entre los -iz vascos y los -ez de los patronímicos españoles (Sánchez, Sánchiz, Sanchis). Atribuye en cambio a Caro Baroja (1990 [1945]: 102-106) la idea de que el sufijo procede «del genitivo -ici de nombres en -icus formados sobre antropónimos»: albeniz (albinus), apellaniz (ampellius), apraiz (aper, apraicus), etc. Respecto a la horquilla cronológica de -iz, Michelena (1955: § 347) aprecia una vigencia sensiblemente prolongada, teniendo en cuenta su aparición en la derivación de topónimos y apellidos como aldama / aldamiz, arrona / arroniz, Echano / Echaniz, etc. y concluye «la mayoría de los nombres aquí mencionados no tienen, hasta ahora, explicación vasca; tampoco la tienen a fortiori, latino-románica». se reconozca o no la interferencia románica en la evolución del sufijo, lo que parece claro es que como -ica y -áin adquirió autonomía y se aplicó productivamente en la creación de nuevos topónimos. su presencia en álava es equiparable a -ana y en Vizcaya a -ica (cf. Agud 1973). en cambio en Navarra, como en Guipuzcoa (Mugariz/Mugaritz) su uso es muy inferior al de -áin (arroniz, Itoiz), donde además la final fricativa -iz se amalgama con la africada -itz (alaiz/alaitz, aoiz/agoitz, Eneriz/Eneritz), cuyo origen probablemente es otro (salaberri 2013).24 23 en realidad salaberri marca el sufijo con final africada -ici > -itz(e) > -itz, aunque en un apartado inferior reconoce que «no tenemos ningún testimonio de que dicho sonido haya sido africado en algún momento de la historia en [álava]. es un tema delicado, pero los datos que tenemos hacen pensar que el final era un sonido fricativo dorso-alveolar, presente también, en origen, en numerosos nombres de localidades vizcaínas, si bien con posterioridad, en estos últimos, dicho sonido se neutralizó a favor de la apico-alveolar correspondiente» (salaberri 2013: §10). 24 salaberri (2013: §9) escribe «cuando el final -i(t)z se hizo independiente y se sintió como de pertenencia, se empleó para crear patronímicos del tipo de Zuritz y topónimos como Gasteiz, y a eso se debe la gran cantidad de topónimos con final en -(i)tz, entre los que se cuentan también los en -o(t)z, en los que la vocal es parte del tema, no del sufijo [...] Algunos de los topónimos en -o(t)z, -oze —que tradicionalmente se explicaban como basados en el sufijo pirenaico homónimo— [derivan] del genitivo latino en -onis, es decir, de formaciones declinadas como -o, -onis que se vieron reducidas a -otz. sin embargo, el sufijo en realidad no es -otz sino -tz, ya que la vocal -o es parte del antropónimo de base, no del sufijo (Enekoitz < Enneco/nis)». Gorrochategui (2018: 299) alerta sobre la confusión entre el sufijo aquitano -otz (medieval > -òs/ ués/-otz(e) Nardués / Nardoze) y el genitivo singular -ōnis (*Belasconis > Berakotz, Berakoitz), cuya vocal larga puede dar -oitz/-otz, en euskera, pero que en romance daría -ones.
16 JOseBA K. ABAITUA ODRIOzOLA ASJU, 2023, 57 (1-2), 1-20 Elciego (TD/TA) Cierbide (2000: 78) lo deriva de elcina < lat. ilice ‘encina’ más sufijo -ecu (también presente en Berberiego, Lanciego, Samaniego). salaberri (2015: 167) ve en él la base antroponímica Elcius. Guinea (TD) Kineia (1025). Moreno (2006): «Quinea es un topónimo de origen medieval ampliamente repetido en lugares de españa por donde discurre una vía romana. Podría incluso hacer alusión a vía equínea o carretera, infraestructuras aptas para el galope y mucho más exigentes que los caminos de mulos y asnos, reducidos a las sendas impracticables para carros y caballos». V.g. Carraguinea, Calzada de Quinea (Burgos), Carraria de Quinea (León), etc. salaberri (2015: 204) ve una posible relación con el antropónimo Cinneius. Hueto (TD) Caro Baroja (1980: 194) no tiene duda de que el topónimo es una forma diptongada del romance oto < lat. altu, de la RsM (1025), análogo a un mont Oto documentado en Huesca (1090). Por su parte, salaberri (2015: 322) ve posible que esté relacionado con el antropónimo Otho, Otius, Ottius. Lagrán (TO/Te) Lagral en el fuero de Laguardia (1164), parece pertenecer a la misma serie que incorpora el artículo en la sonsierra riojana, Labraza, Lapoblación, Laguardia, Lapuebla, Labastida. Tal vez esté emparentado con Lo Grau (Huesca, Valencia), La Grau (Andorra), que justificaría una secuencia lat. gradus ‘elevación’ > grau > gral > grán, este último paso (1519) por etimología popular (Lagrand, Lagrant, salaberri 2015: 239). Matauko (TD/TA) ‘Mata’ es un apelativo genérico muy habitual en toponimia descriptiva, con significados que tienen que ver con vegetación de tipo arbustiva, La Mata, Las Matas, Matarral, Matarredo (Bachicabo, Tuesta, Villambrosa), Matamala (subijana de Morillas), Matarracedo (Labraza), etc. en el área vasca se ha utilizado como préstamo: Matadui (Vírgala), con el sufijo colectivo propio de fitónimos en euskera -dui; también en composición Matandia (Arlucea), Mataostea (Arcaya, Aranguiz), Matartea (Musitu, Retana), Matasolo (Izarra). Matauko podría interpretarse como un derivado de mata, mediante el sufijo -ko y la vocal epentética -u-. Un tramo de un camino de Apellániz discurre por la cuesta de Los Mataucos. salaberri (2015) prefiere la explicación antroponímica a partir de Mateius o Vatenius.
esTRATIGRAfíA LINGüísTICA y áReAs DIALeCTALes DeL PAís VAsCO CON LOs... 17 https://doi.org/10.1387/asju.25898 Mendoza (TD/TA) el descriptivo mendi-(h)otz ‘monte frío’ ofrece problemas que llevan a salaberri (2015: 283) a considerar también un origen a partir del antropónimo Ventuitius. Nanclares (TO) Langrares (1025), Lancrares (1257). A la forma actual se llega por asimilación de laterales. salaberri (2015: 300) destaca la homofonía de la forma de la Reja con Langara y Langarica, posibles derivados del antropónimo *Lancarus o Plancus (2015: 243). También menciona el nombre celtibérico Segontia Langa. Ocio (TD/TA) Cierbide sugiere < lat. ostium ‘portillo’ (1998: 334, n. 22). salaberri (2015: 306) habla a favor de lat. focem ‘hoz’. Albertos (1970: 195) lo relaciona con el antropónimo aucius. Oyón (Te) Oyón parece un derivado de la voz hoyo/hoya lat. fovea, muy abundante en toponimia descriptiva. Pero en Los votos de San Millán, que los especialistas datan a finales del siglo xii (aunque esté fechado falsamente en 939), recogen la denominación Valle de Ullone. A partir de esta forma, salaberri (2012: 352) ve posible derivación del antropónimo «Ulius, mejor que de Olius [...]. De *Ulioni saldría *Oyon». Tertanga (TD/TA) según Albertos (1970: 215) los «Tertiani eran los soldados de la Legión iii [...]. Por ello se basaría este nombre en Tertanica, como Cuartango en Quartanicus». Oribe (2001: 179) da por buena esta explicación. Por su parte, salaberri (2015: 357) escribe «estamos ante un antrotopónimo con el nombre personal Tertianus en la base». Referencias Abaitua, Joseba. 2018. Patrones geolingüísticos, áreas dialectales y cronologías absolutas del eHHA. FLV 126. 283-322. Abaitua, Joseba & Miguel Unzueta. 2013. el topónimo Treviño y la prevalencia de errores de historiografía lingüística. In Ricardo Gómez, Joaquín Gorrochategui, Joseba Andoni Lakarra, Céline Mounole (eds.), i i i Congreso de la Cátedra Luis Michelena, 3-25. VitoriaGasteiz: UPV/eHU. Abaitua, Joseba & Isabel echevarría. 2013. Hacia una cronología del contacto vascorrománico a la luz de la toponimia treviñesa. Oihenart 28. 49-81. Abaitua, Joseba, Mikel Martínez Areta & emiliana Ramos. 2022. Del euskera en la Tardoantigüedad. expansión a occidente y dialectalización. Palaeohispanica 22. 47-84. Agud, Manuel. 1973. áreas toponímicas en el País Vasco. aSJU 7. 37-56.
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