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Análisis del fenómeno de la coca como constructo sociocultural y biopolítico. Dinámicas, flujos y trayectorias en el marco del proceso de paz entre las FARC-EP y el estado colombiano.

Angel Osorio, Julialba

Abstract

438 p.

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ANÁLISIS DEL FENÓMENO DE LA COCA COMO CONSTRUCTO SOCIOCULTURAL Y BIOPOLÍTICO. DINÁMICAS, FLUJOS Y TRAYECTORIAS EN EL MARCO DEL PROCESO DE PAZ ENTRE LAS FARC-EP Y EL ESTADO COLOMBIANO. JULIALBA ANGEL OSORIO. Director: Prof. Ignacio Mendiola Gonzalo Codirector: Prof. Carlos Hugo Sierra Hernando Programa de doctorado: Modelos y Áreas de Investigación en Ciencias Sociales Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación 2023 (cc)2023 JULIALBA ANGEL OSORIO (cc by-nc-sa 4.0) IN MEMORIAM Esta tesis doctoral representa las voces de aquellas y aquellos que ya no están, pero a quienes encontré en el transcurso de los cinco años de este “viaje”. Esta dedicatoria honra la memoria del profesor Bruno Latour, su vida y su obra disruptiva e inspiradora. Honra al Abuelo Sabedor de la etnia Okaina Antonio Bolívar, a sus enseñanzas y para quien todo soñar era una especie de morir y todo morir una especie de soñar. Al Abuelo Sabedor Jitoma Safiama, quien ahora, de la mano de Búinaima y Búinaiño es de nuevo uno solo con el espíritu de la selva Amazónica. Y al excomandante de las FARC-EP “Efrén”, a sus luchas, resistencias y logros por la equidad en Colombia. Y a la memoria de las más de 1. 300 víctimas firmantes de la paz, lideresas y líderes sociales, defensoras de los derechos humanos y de los derechos y dignidad de la Tierra, que fueron asesinadas tras la firma del Acuerdo de Paz entre las FARC-EP y el Estado colombiano en noviembre del 2016 y hasta la finalización de esta tesis en diciembre de 2022. Finalmente, toda mi gratitud a Carlos Hugo Sierra Hernando por su buena energía y energía buena, por su paciencia para conmigo y su sabiduría extendida, la cual comparte a “borbotones”. Y a Ignacio Mendiola Gonzalo por su permanente y atinada orientación, sus aportes estructurales para el desarrollo de esta investigación y al ánimo infatigable con que siempre inspiraba mi avanzar… 1 TABLA DE CONTENIDO PARTE I NTRODUCCIÓN .................................................................................................... 3 CAPÍTULO I. APROXIMACIÓN A UN FENÓMENO COMPLEJO .............................................. 5 1.1.Antecedentes Clave y Justificación ............................................................................... 10 1.2.Planteamiento del Problema: una Perspectiva Alterna para un Problema “Controversial” .............................................................................................................. 15 1.3.Coordenadas de la Investigación: Objetivo, Preguntas e Hipótesis ............................... 17 1.4.Estructura Sinóptica de la Tesis ..................................................................................... 22 PARTE II MARCO TEÓRICO - CONCEPTUAL ............................................................ 25 CAPÍTULO II. LOS ESPACIOS DE LA COCA EN COLOMBIA ¿O LOS ESPACIOS DÓNDE EL ESTADO NO HA ESTADO? ..................................................................................................... 27 2.1.La Odisea de la Coca entre el Escila de la Guerra y el Caribdis del Asesinato Sistemático de las y los Firmantes del Acuerdo de Paz ................................................. 31 2.2.El Problemático Ecosistema Político de la Coca en Colombia ...................................... 38 CAPÍTULO III. EL FENÓMENO DE LA HOJA DE COCA ENSAMBLADO A PARTIR LA TEORÍA DEL ACTOR RED (TAR) ................................................................................................ 51 3.1.Interconexiones de Base Teórica: Articulación Genealógica Entre la TAR y Fenómeno de Estudio ...................................................................................................................... 52 3.2.Interconexiones de Base Metodológica: La Caja de Herramientas de la TAR .............. 83 3.3.Reflexiones Finales Sobre la Pertinencia de la TAR en el Análisis del Fenómeno de la Coca ............................................................................................................................... 92 CAPÍTULO IV. LA ECONOMÍA POLÍTICA DE LA DE COCA EN COLOMBIA BAJO EL LENTE DE LA TAR ........................................................................................................................ 99 4.1.Topología Espaciotemporal de la Economía Política de la Coca ................................ 119 PARTE III APUESTA METODOLÓGICA ..................................................................... 159 CAPÍTULO V. EL ENFOQUE, LA CAJA DE HERRAMIENTAS Y LAS TÉCNICAS DE INSTRUMENTACIÓN .................................................................................................................. 161 5.1.El Enfoque Cualitativo y la Estructura de la Investigación ......................................... 161 5.2.Los Elementos que Integran la Red de la Coca y su Relación con los Componentes y Variables de la Investigación ....................................................................................... 164 5.3.Diseño de la Investigación y Metodología Aplicada a la Sociología de las Asociaciones 167 5.4.Técnicas Etnográficas Aplicadas a la Investigación .................................................... 180 2 PARTE IV RESULTADOS Y SU ANÁLISIS .................................................................. 190 CAPÍTULO VI. ENTRE LA INSTRUMENTACIÓN METODOLÓGICA EN EL TERRITORIO Y LA SEGURIDAD PERSONAL DE LA INVESTIGADORA SOCIAL ........................................ 192 CAPÍTULO VII. PRIMER VIAJE, UNA EXPLORACIÓN AL UNIVERSO EXCOMBATIENTE EN PLENO BIG BANG: LAS ENCRUCIJADAS DE COLOMBIA FRENTE AL PROCESO DE PAZ CON LAS FARC-EP .............................................................................................................. 196 7.1.Una Primera Aproximación a la Descripción y Comprensión de un “Acuerdo Exitoso y una Ejecución Fallida” ................................................................................................. 199 CAPÍTULO VIII. SEGUNDO VIAJE, TOPOLOGÍAS EN REENSAMBLAJE: LA CONFORMACIÓN DE UN NUEVO COLECTIVO ..................................................................... 220 CAPÍTULO IX. LOS RELATOS DEL TERCER Y ÚLTIMO VIAJE: EL RASTREO DE LAS ASOCIACIONES HETEROGÉNEAS Y DE LOS ENSAMBLAJES DEL FENÓMENO DE LA COCA ............................................................................................................................................. 236 9.1.Primer Momento, Coca y Paz en Colombia ¿una Interacción Problemática entre Actantes o una Antinomia Biopolítica? ....................................................................... 240 9.2.Segundo Momento, los Mecanismos de Interesamiento de los Actores Participantes o ¿Cómo Mantener a los Aliados en su Sitio? ................................................................ 291 9.3.Tercer Momento, el Conjunto de Espacios y Subjetividades como Estructura de Poder para la Definición y Coordinación de Roles ................................................................ 300 9.4.Cuarto Momento, la Movilización de los Aliados: Las Luchas por el Significado y el Poder ............................................................................................................................ 332 9.5.Quinto Momento, la Coca no Como Problema, sino Como Actante Central Entre Cortinas de Humo: las Disidencias y Traiciones ......................................................... 368 PARTE V CONCLUSIONES ............................................................................................. 381 CAPÍTULO X. REFLEXIONES, IMPACTOS Y RECOMENDACIONES ................................. 383 10.1.Primera Línea: Reflexiones Finales Sobre “los Viajes de la TAR” en la Ruta de los Espacios de la Coca y de la Paz Territorial en Colombia ............................................ 384 10.2.Segunda Línea: Impacto de la Investigación, Implicaciones y Perspectivas ............... 400 10.3.Tercera Línea: Alcance y Orillas de la Investigación en la Apertura Hacia Nuevas Líneas de Indagación ................................................................................................... 404 BIBLIOGRAFÍA.................................................................................................................. 405 ANEXOS ............................................................................................................................... 429 Anexo 1. .......................................................................................................................................... 429 Anexo 2. .......................................................................................................................................... 432 3 PARTE I INTRODUCCIÓN FIGURA 1 “El destino de Colombia no puede ser la guerra” Nota: Así reza un mural dibujado por los excombatientes que habitan en el ETCR Filipinas, situado en el municipio de Arauquita (Arauca, Colombia). En la imagen se representa a Seuxis Pausias Hernández Solarte, alias Jesús Santrich. Este exintegrante del Secretariado Mayor de las FARC-EP, formó parte del equipo negociador de las FARC-EP en los Diálogos de Paz, fue integrante de la Cámara de Representantes de Colombia y finalmente, fue fundador de las disidencias autodenominadas “la Segunda Marquetalia” y el rearme, tras su renuncia al Proceso de Paz del año 2016. Jesús Santrich fue capturado en el año 2018 acusado de narcotráfico de cocaína y asesinado, en circunstancias no esclarecidas completamente, en el año 2021 en las inmediaciones de la Serranía del Perijá, Venezuela. Fuente de autoría propia. 4 5 CAPÍTULO I. APROXIMACIÓN A UN FENÓMENO COMPLEJO Lo social parece estar diluido en todas partes, y sin embargo en ninguna parte en particular. De modo que ni la ciencia ni la sociedad se han mantenido lo suficientemente estables como para cumplir con la promesa de una “socio-logía” sólida Bruno Latour A lo largo del primer capítulo trataremos el marco de sentido, los argumentos problematizadores, antecedentes clave y coordenadas que cimentan nuestra investigación. Investigación que tiene como propósito analizar descriptiva y comprensivamente, tanto a los actores humanos como a los no humanos, colectivizados como actantes1, y enrolados en los colectivos heterogéneos2 de la red de la Coca. Pero también explorar las dinámicas de la interacción rastreadas a partir de la construcción sociocultural y política de la Coca en el marco espaciotemporal del Proceso de Paz colombiano. Y se habla de “Coca” con “C” mayúscula, como el nombre propio de la actante central de esta tesis. El Proceso de Paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC E.P.- y el Estado colombiano representa un panorama efervescente y caótico que cataliza múltiples flujos. Y así se derivan trayectorias diversas, en las que la labor investigadora se transforma en una constante “toma del pulso social” instrumentada desde la sociología de las asociaciones3. Para tal propósito, se formulan tres preguntas que transversalizan 1 El concepto de actante como semántica neutral e integradora de los actores humanos y los no humanos forma parte consustancial de la noción de simetría extendida en la Teoría Actor-Red. La diferencia estructural entre actor y actante es que la primera asume una identidad de personaje-humano, mientras que la segunda asume indistintamente la agencia humana o no humana. Estas nociones teóricas son analizadas en el capítulo 3 de esta tesis. 2 En esta investigación se asume la noción diferencial de colectivo en Latour (2008) en contraposición a la noción con la noción de grupos sociales estabilizados. Para Latour, no existen los grupos, solo la conformación de los grupos y estos constituyen los insumos estructurales en los rastros que dejan tras su conformación o desmantelamiento. Los colectivos, por su parte, son entidades performativas en las que, tanto los actores humanos como los actantes no humanos, agencian capacidades e inciden en las trayectorias del propio colectivo. El colectivo, entonces, se asume como “unidad de asociaciones” y así puede ser rastreado, problematizado, sus actores y actantes identificados y sus agencias negociadas permanentemente en el interior del colectivo. Puede ser transformado en nuevas asociaciones, desmantelado y recolectivizado. 3 Bruno Latour (2008) en su libro Reensamblar lo social propone un retorno a la esencia de la sociología, donde desde las raíces seq-sequi se plantea el seguimiento y desde la raíz latina socius, se denota a un compañero, un asociado. Así propone la “sociología de las asociaciones” como aquella que sigue a los actores mismos, para tratar de “ponerse al día con sus innovaciones a menudo alocadas, para aprender de ellas en que se ha convertido la existencia colectiva en manos de sus actores, qué métodos han elaborado para hacer que todo encaje, qué descripciones las nuevas asociaciones que se han visto obligados a establecer” (Latour, 2008, p.28). 12 (2017), superando cifras de países como Siria e Irak. Estas cuestiones de interés social, desde el enfoque diferencial de nuestra investigación, modulan y determinan desde diversos órdenes la construcción de la significación colectiva y el imaginario social en torno a la Coca. Es decir, marcan también las directrices de sentido respecto a la Coca, aunque no sólo responden a unas finalidades que se establecen dentro de este contexto. Y todo ello se complejiza aún más cuando se dan en espacios geopolíticos. El cultivo, usos y carácter de ilicitud de la Coca no solo se constituye en piedra angular de las dinámicas dialógicas y de los acuerdos, sino de las trayectorias que la gestión completa de los procesos de paz adelantados con colectivos armados en Colombia puede asumir. No en vano, en el documento denominado “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una paz Estable y Duradera” (Santos & Jiménez, 2016), carta de navegación sobre los Acuerdos de Paz en Colombia, se hacen invocaciones a los cultivos de uso ilícito en no menos de 100 ocasiones. Surge desde allí una de las más grandes preocupaciones del sentir nacional frente a este hito histórico. Y es que, si bien se ha definido textual o teóricamente, aún no se evidencia la ruta metodológica que dé cuenta de cómo, ni de cuándo, ni de dónde, ni de con qué recursos, ni tampoco, por último, de con quiénes se implementarán dichos acuerdos. De hecho, en el acuerdo es posible leer literalmente lo siguiente: “Se deben buscar nuevas opciones centradas en procesos de sustitución de cultivos de uso ilícito y la implementación de Planes Integrales de Sustitución y Desarrollo Alternativo que harán parte de un nuevo Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito que tendrá una nueva institucionalidad” (Santos & Jiménez, 2016, p. 100). Es esta búsqueda de estrategias divergentes, tras más de 50 años del programa político imperante contra el cultivo de hoja de Coca, una de las más potentes justificaciones que motivan la presente investigación. Si bien estos discursos son meros referentes teóricos que no reflejan necesariamente situaciones, sino que poseen efectos performativos de primer nivel, aportan, no obstante, un escenario contextual al presente estudio. Y es que, bajo las tramas de sentido, hay discursos y prácticas que remiten a sistemas de disciplinamiento y producción de sujetos. Develar esas tramas implica una exploración de tipo foucaultiano en lo arqueológico y en lo genealógico de las estructuras y las relaciones del poder. 13 Desde otra perspectiva, las acciones antrópicas movilizadas desde y alrededor de la gestión del cultivo de la hoja de Coca sobre los ecosistemas, bajo el enfoque de esta investigación, se convierten en un elemento constitutivo de las trayectorias que asume el objeto-coca para terminar ejerciendo un rol sistémico en la otorgación de sentido colectivo. Este accionar sistémico y sistemático, continúo y creciente, asume correlatos con cada una de las dimensiones espaciales. Correlatos diversos, dependiendo del colectivo desde el que sea narrado y que van de lo económico en sus sectores productivos a lo económico en lo organizacional de la “casa” (oikos), pasando también por el hábitat o lo ecológico. La necropolítica extendida al “impacto ambiental” generado obedece, tanto a la producción de cocaína como a las estrategias de control y, particularmente, la relacionada con la aspersión del área sembrada con herbicidas tipo glifosato. Desde la caracterización del impacto ambiental establecida por Bernal & Paredes (s.f.), se implican diversos órdenes en la distribución de los efectos negativos: desde la elección de las áreas y pasando por la preparación de los terrenos, hasta la implementación de los cultivos, la introducción de sustancias químicas, el procesamiento de la droga y la erradicación de cultivos ya existentes. Otro hecho que complejiza la problemática ambiental desde una visión holónica es que “el cultivo de coca en Colombia se localiza en regiones remotas, incluyendo Parques Nacionales, Reservas indígenas y otras áreas que carecen de infraestructura” (ODC, 2017, p.15). Aquí se plantea que la gestión de la producción de cocaína ha traído consigo un imaginario de lo natural que sería interesante estudiar. Se afirma que el 42% de los Parques Naturales está afectado por cultivos de coca (Parques Nacionales Naturales, 2015) y que “en los últimos 35 años la infraestructura de transporte de hidrocarburos operada por Ecopetrol ha sido atacada 2.575 veces, derramando 4,1 millones de barriles de petróleo, esta última cifra equivale a 16 veces la cantidad derramada en la catástrofe del buque Exxon Valdez en 1989” (Departamento Nacional de Planeación -DNP-, 2015, p.2). Algunas cifras que dan cuenta del impacto de la necropolítica extendida a lo no humano se extraen del Fondo Colombia en Paz (DNP et al., 2015, p.15): • “El 58% de la deforestación del país se presenta en municipios con alta incidencia de conflicto -entre alta y muy altay se concentra en municipios de conflicto (de 59% a 75%). 14 • El 46% de la sobreutilización del suelo (uso del suelo mayor a su vocación) ocurre en municipios de conflicto, de tal manera que Caquetá, Córdoba y Magdalena presentan la mayor sobreutilización relacionada con el conflicto. • Por cada hectárea de coca sembrada en los municipios de conflicto, se han deforestado 1,7 hectáreas y en promedio se siembran 74.687 hectáreas de coca por año. De esta forma, la concurrencia de cultivos de coca y deforestación pasó de 53% (2010-2012) a 95% (2012-2013)”. Al impacto, en términos de la fragmentación de los ecosistemas boscosos, hace referencia Andrade (2002, p.10) afirmando que “en la medida en que aumenta la deforestación y la fragmentación, se presentan umbrales de pérdida de biodiversidad. Así por ejemplo en las selvas andinas, en fragmentos con menos de 1000 hectáreas que han permanecido aislados por más 50 años se producen pérdidas de hasta el 50% de las especies de aves”. No se encontraron cifras susceptibles de cita o referencia en lo relacionado con los colonos llamados a producir Coca en territorios antes poco habitados, especialmente en los 3 nuevos departamentos posteriores a 1970, esto es, en los denominados Territorios Nacionales al sur de Colombia, en vecindad al Amazonas, marcados por una presión ambiental, así como por la cacería de animales de monte para su sustento. En conclusión, las cifras y contextos presentados justifican la necesidad y la importancia de abordar investigaciones conducentes al análisis, tanto descriptivo como comprensivo y desde una óptica no tradicional, sino alternativa, a las preexistentes en Colombia: la Coca como constructo sociocultural y político en su multidimensionalidad. La formulación y ejecución de modelos de sustitución de cultivos, así como el imaginario biopolítico aparentemente imperante en relación con la Coca exigen un abordaje diferencial. Y en coherencia con lo anterior, resulta necesario también un análisis de las representaciones sociales del fenómeno de la Coca en sus deconstrucciones y en sus reconstrucciones, en la medida en que son estimuladas por catalizadores coetáneos que insuflan oxígeno a un fenómeno en plena ebullición social: la gestión y, particularmente, la implementación del Acuerdo de Paz con las FARC-EP. Es fundamental entonces que los actores heterogéneos implicados en la red fenomenológica desplieguen sus controversias y procuren algún tipo de clausura que se traduzca en consenso, de cara a un proceso de sustitución de los cultivos de Coca voluntaria, sustentable, corresponsable y sostenida el tiempo. 15 1.2. Planteamiento del Problema: una Perspectiva Alterna para un Problema “Controversial” El planteamiento de nuestra investigación estructura su génesis en la disyuntiva por la cual, si bien los actores, los antecedentes histórico-genealógicos y los entramados rizomáticos7 demarcan sus propias relaciones de poder, éstas entran en negociaciones y controversias en lo que tiene que ver con el cultivo de la Coca y sus usos. Así mismo, las subjetivaciones de lo “lícito y de lo “ilícito” y de lo establecido por el Estado colombiano forman también parte de nuestro foco de atención. Las controversias y aquellas que se “cristalicen” en problemáticas que se derivan de este choque de sentidos se hacen presentes en la imposición Estatal de una estrategia política relacionada con la gestión de las drogas en Colombia. A este respecto, la gestión de las drogas ha supuesto desde comienzos de los años setenta en los Estados Unidos, “un maridaje ideal” con la guerra contra la subversión en Colombia y que ha pervivido por más de 50 años. De ello se deriva una línea política específica, discursiva y práctica sobre ciertos colectivos y territorios con el objeto de cumplir particulares intereses de los colectivos que han detentado el aparato Estatal. Todo ello ha quedado referenciado por una diversidad de autores como “fracasos de la política antidrogas en Colombia” (Gaviria, 2016; Rosen & Zepeda, 2014; Gaviria & Mejía, 2011; Londoño, 2011; Shifter, 2010). Sin embargo, ¿desde qué postura y para quién ha sido eficaz? ¿Qué se lograba con ello? ¿Cuál ha sido la relación costo-beneficio de las políticas de sustitución desde las dimensiones socioambiental y productivo-económico? Y desde la ontología espacial de lo social ¿cuál ha sido su impacto en la construcción social del territorio? ¿Se han agotado los discursos para la clausura de las controversias y tensiones entre los actores? Más aún, ¿se han identificado todos los actores implicados, los problemas y colectivos heterogéneos? ¿Estas políticas persiguen incidir en las lógicas profundas de construcción de la realidad? Indagaciones como estas se producen y se reconfiguran en ejes estructurales en el interior de nuestro estudio. 7 La acepción de “rizomático” para efectos de esta investigación, se asume no en el sentido estricto de sus autores (Deleuze y Guattari, 2002), sino más bien en el marco de sentido evolucionado del concepto en Latour (2008). A partir de este concepto en Recalling ANT y siguiendo a Mike Lynch, Latour se aventura a redefinir la denominación de la Teoría Actor Red para resignificarla como la “Ontología Actante-Rizoma”. Estos devenires epistemológicos, aunque no son objeto de nuestro estudio, son brevemente abordados más adelante en el numeral relativo a la Teoría Actor Red, particularmente en las reflexiones que realizamos alrededor del concepto de red. 16 Ahora bien, desde los contextos de la gestión del Acuerdo de Paz firmado con la guerrilla de las FARC, el tema de la Coca ha impuesto su dinámica propia. Pasa así a considerarse como elemento financiador de los grupos insurgentes, a pieza fundamental en los procesos de negociación y acuerdo, y, a su vez, en piedra angular y en un factor de riesgo que hace tambalear las tenues líneas de la paz en los contextos de la implementación de los suscritos acuerdos y en los colectivos disidentes y residuales. Estos precedentes expresan fenómenos sociales que se constituyen en sustratos de interés fundamental de cara a futuras negociaciones con otros colectivos armados, como la que se adelanta en la actualidad con los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional -ELN-. En consecuencia, el problema focal de esta investigación podría plantearse en los siguientes términos: las relaciones de poder en el interior y entre los colectivos heterogéneos articulados al fenómeno y cuyo referente intencional es la hoja de “Coca”, no entendida como una substancia o una planta, sino como un constructo fenomenológico sociocultural de gran complejidad. Desde ese punto de vista, cabría aplicar al desarrollo de este estudio los principios de simetría extendida en los contextos de la Teoría Actor Red y el análisis de subjetivación de los hechos asumidos como “éxitos” y los asumidos como “fracasos”, pero con un matiz adicional, y es que podrían ser ambos dependiendo desde qué colectivo se haga el análisis de resultados. El hecho es que se trata de estabilizar una trayectoria que genere un orden específico en torno a la Coca, que trate, en otras palabras, en hacer visible el objeto Coca con unos rasgos o atributos específicos. Pero el objeto Coca integrado como actante en una red fenomenológica demanda un tratamiento analítico donde actores humanos y no humanos entrarían en equidistancia. Surge entonces una pregunta problematizadora: ¿cuáles son las dinámicas y los móviles en las relaciones de poder que están presentes en las luchas de significación y espacialidad en torno a la Coca en el marco del Proceso de Paz entre las FARC-EP y el Estado colombiano? Y todo ello teniendo en cuenta que estas luchas se traducen en formulaciones alternativas frente a una gestión política aparentemente dominante. 17 1.3. Coordenadas de la Investigación: Objetivo, Preguntas e Hipótesis El objetivo general del presente trabajo es analizar descriptiva y comprensivamente, tanto a los actores humanos y no humanos, como a la estructura de la economía política de la hoja de Coca, desde donde se despliega todo un entramado de relaciones de poder que intervienen en la construcción sociocultural y biopolítica del fenómeno. Pero también en las dinámicas, flujos y trayectorias que el fenómeno asume en el marco temporal del Proceso de Paz colombiano. Desde las relaciones de poder se describen y analizan 3 mecanismos que catalizan las dinámicas sociales. Primero, la producción y organización de los espacios, es decir, la ontología social de lo espacial en sus dimensiones simbólica y material. Segundo, el poder de la subjetividad sobre la modulación de estas relaciones de poder en sus luchas por el significado; y, finalmente, lo político en su multidimensionalidad, es decir, lo biopolítico, lo necropolítico y de la economía política del fenómeno de la Coca. El objetivo así descrito exige abordar la investigación desde un plano compuesto por dos coordenadas: un componente descriptivo analizado especialmente desde un enfoque ontológico actante-rizoma (eje horizontal) y un componente comprensivo con una profundización genealógica (eje vertical), es decir, el análisis del fluir de los discursos, las costumbres, los usos, las prácticas tecnocientíficas, creencias y cosmovisiones de los actores articulados a la red fenomenológica. Una vez definido el objetivo, cobra aquí relevancia declarar el alcance de la investigación. Coca y Cocaína son semánticas que implican marcos de sentido totalmente diferentes. La hoja de Coca y el fenómeno construido socialmente a partir de ésta, se constituye en el foco de nuestro estudio. Se demarca entonces el trabajo de esta investigación en el eslabón del sector primario de la economía de la hoja de Coca, es decir, en los componentes espaciales y subjetivaciones relativas a la siembra de la planta de Coca en castellano, Kuka en quechua por su origen en los Andes Amazónicos o Erythroxylum coca en su nominación científica. Pero también toca tangencialmente al eslabón secundario de la economía. Se habla entonces de las prácticas de procesamiento de la hoja de Coca devenidas de las diversas cosmovisiones y subjetividades de los colectivos sociales. Lo narrativo y lo praxeológico implica para la Coca todo un corpus teórico-empírico de los órdenes tecnocientífico y sociocultural reflejado en los procesos de transformación hacia subproductos de diversos órdenes y con diversos propósitos y usos. La Cocaína o 18 benzoilmetilecgonina, según su denominación química, es entonces uno de los subproductos de la hoja de Coca, utilizado como alcaloide tropano de uso recreativo y droga considerada de uso ilegal. Analizado así, el fenómeno de la Cocaína representa una construcción social totalmente diferenciada y no hace parte del foco de análisis. Es decir, se declara que se encuentran fuera del alcance de nuestro estudio los eslabones del sector comercial, de intermediación, de industrialización o de distribución de la Cocaína. Ahora bien, aunque el fenómeno diferencial del narcotráfico desborda el objeto y alcance de nuestro análisis, sí se escapan algunos de sus influjos para dinamizar una relación de orden subsidiario para nuestro estudio. Es decir, las narrativas y prácticas de la Coca no se agotan en el narcotráfico, sino que forman parte de un fenómeno complejo y envolvente. Más aún cuando el marco espaciotemporal de esta investigación se sitúa en el Proceso de Paz, aquí se analizarán las interacciones entre la Coca y la paz territorial, entre la Coca y los contenidos del Acuerdo de Paz, entre la Coca y el avance en la implementación del Proceso de Paz, todo ello desde las distintas perspectivas y subjetividades. Una segunda argumentación que justifica esta delimitación en el alcance de la investigación se relaciona con las diferencias de tipo estructural y sistemático entre el fenómeno base de la hoja de Coca y fenómenos derivados como el narcotráfico o la farmacodependencia. El análisis de cada uno de estos fenómenos implica volúmenes tales de trabajo que superan por sí mismos los resultados esperados de nuestra investigación. Una vez salvadas estas precisiones fronterizas, y en paralelo al planteamiento del problema y al alcance del objetivo, presentamos las tres preguntas constitutivas que tranversalizan nuestra investigación y que le confieren un rumbo metodológico particular: 1. ¿Cuáles serían los actores humanos y no humanos, los colectivos heterogéneos diferenciados que se conforman y los procesos interactivos que les acompañan, así como los problemas claves y nodales que se cohesionan en torno a la economía política de la Coca en Colombia como fenómeno sociocultural? Esta pregunta nos conduce a una referencia de primer nivel en las estrategias de auto conformación del sujeto colectivo en Colombia. Y cuando hablamos de esta referencia de base nos referimos a los actores heterogéneos que integran y dinamizan la red material de producción semiótica en el tiempo y en el espacio. Aquí se plantea que la aproximación descriptiva sea desarrollada desde una doble vertiente: 19 a. Por un lado, el sujeto es un actor que forma parte de una red en la que se combinan elementos humanos y no humanos y que tiene el poder de marcar la direccionalidad de la trayectoria de sentido en un momento dado. Es decir, el sujeto se autodetermina como actor enrolado en la red. b. Pero, al mismo tiempo, sujeto que se ve sometido también a los procesos de construcción de sentido dentro de la red. Es decir, el sujeto es hetero-determinado por las representaciones de la red. 2. ¿Cuáles serían las relaciones de poder que convergen en el fenómeno de la Coca desde las dimensiones espacial y subjetiva, representadas en los discursos y en las prácticas de los actantes, descritas a partir del rastreo de sus asociaciones y comprendidas desde el propio territorio donde cohabitan? Este componente comprensivo de la investigación tiene como propósito estudiar los procesos de espacialidad y de subjetivación colectiva. En ese sentido, resulta de interés explorar los procesos de construcción y deconstrucción de los múltiples universos que habitan estos colectivos y que a su vez se integra de territorios locales, pero que se imbrican con lo global y sus intereses geopolíticos y geoestratégicos, es decir, en la “glocalidad” o en los sentidos en que lo interpretaría Bruno Latour, en “localizar lo global” del fenómeno. Y para tal propósito, se invocan algunos de los principios epistemológicos y empíricos de la sociología de la traducción en Latour(2001, p. 214). Para Correa (2012, p.63) “Desde esta perspectiva, la traducción será la operación o el conjunto de procedimientos que explican el ensamblaje de las entidades heterogéneas, la constitución del propio actor-red. (…) La noción de traducción, a la vez, expresa una simetría entre los micro procesos (…) y las negociaciones que componen un universo amplio de elementos y problemas, reuniendo tanto a especialistas como a no”. Se indagará entonces acerca de los procesos de traducción de los discursos que vertebran la estrategia dominante en prácticas, donde los discursos, en sí mismos, ya son prácticas que ejercen un efecto performativo en la realidad social. 3. Y finalmente, ¿cuál es la trayectoria política en sus dimensiones bio, necro y ecopolítica en la gestión de la Coca en Colombia y cuáles sus implicaciones en las dinámicas y flujos de los actores-red en el marco del Proceso de Paz entre las FARCEP y el Estado colombiano? 20 Este componente de análisis del discurso político se aborda desde la tridimensionalidad y lleva implícito en su discurso la itinerancia de un fenómeno que transita en lo bio y lo necro político y entre los “ecos” de la dualidad del Oikos como prefijo que transita entre lo eco/nómico y lo eco/lógico. Esta tarea implica el análisis crítico y el genealógico. Pero este componente significa también el encontrar “el eslabón perdido” que anuda al fenómeno a un contexto colectivo amplio por naturaleza. Pretende entroncar la vida no como fundamento, ni como objeto, sino como como forma contemporánea para el ejercicio del poder. Así visto, este componente político apropia y reconoce cuatro niveles: a. La subjetivación de los actantes descritos b. La significación particular del territorio c. La construcción de un determinado imaginario de lo natural d. Las trayectorias tras el impacto de las estrategias bio-necro-políticas Y este hilo nos lleva a formular finalmente una hipótesis de investigación en relación con el planteamiento del problema y las preguntas de investigación. La hipótesis de este estudio se plantea entonces en los siguientes términos: las conclusiones derivadas del análisis descriptivo y comprensivo de la economía política de hoja de Coca y de las relaciones de poder que compiten en el interior de la construcción socio-cultural del fenómeno, de sus particulares dinámicas, flujos y trayectorias, evidencian problemáticas claves en el diseño y ejecución del modelo biopolítico imperante para la gestión de la Coca en el marco espaciotemporal del Acuerdo de Paz entre el Estado Colombiano y las FARC-EP. Así planteada, la hipótesis de investigación evidencia una doble hermenéutica en su enfoque: es deductiva, en tanto que asume un componente de análisis descriptivo de los actores heterogéneos y de la retícula en que se entraman; y, es inductiva, entretanto en la medida en que el componente del análisis comprensivo de la investigación asume la inducción como el punto de partida del proceso cognoscitivo y como fuente y límite del propio conocimiento. Esta doble aproximación, lejos de evidenciar una antinomia, se orienta hacia la complementariedad, asumiendo la complejidad del problema de investigación propio de este trabajo. La dupla en el abordaje de la hipótesis es producto, a su vez, del doble alcance de este estudio: descriptivo y comprensivo. Así, los resultados esperados producto de esta investigación pretenden, esencialmente, contribuir de una parte, a la generación de conocimiento científico desde un análisis 21 alternativo, holístico y fenomenológico de la hoja de Coca en Colombia y, de otra parte, mediante el diseño metodológico diferencial que orienta ese análisis. Esta metodología asume los momentos de la Teoría Actor Red, pero también contribuye a su “diáspora”8 en un doble sentido, hacia las nuevas áreas del conocimiento y hacia nuevos objetos de estudio superando una apuesta inicialmente focalizada en la descripción de las vivencias de hombres y mujeres en ciencia e ingeniería para la producción de artefactos, y aplicándola finalmente al análisis de un fenómeno social en su integralidad. Para acercar los resultados esperados al ejercicio en campo, se asume una óptica alternativa: la hoja de Coca más allá de su “fisicialidad” y transformada en la actante central de un fenómeno glocal y holónico. Fenómeno develado como constructo social de diversos órdenes, político de múltiples dimensiones y vivenciado por actores plurales articulados reticularmente. Esta aproximación al fenómeno pretende aportar explicaciones, resultados, conclusiones y recomendaciones que den cuenta de los procesos de resignificación continua en relación con la Coca y, desde allí, nuevas líneas de abordaje que incluyan la multiplicidad de actores implicados en la red fenomenológica. De esta forma, los resultados pretenden aportar elementos novedosos para “descajanegrizar”9 el Proceso de Paz colombiano a través de los instrumentos que provee la hoja de Coca como actante mediadora. De igual manera, se espera, a través de la definición y profundización genealógica de los problemas relevantes que nuclean los colectivos heterogéneos diferenciados, allanar insumos para la determinación de variantes de solución concertadas con los problemas identificados en cada nodo de la red. Es decir, cada trayectoria “rizomática” presenta una definición singular y particular de los problemas asociados a la Coca. Ya buscaremos respuestas, a partir de un análisis crítico-genealógico, de la actual empresa política de gestión de drogas y, particularmente de la Coca en Colombia. Se hará una especial indagación en los programas de sustitución de cultivos de hoja de Coca. Las recomendaciones de este estudio procurarán la aportación de elementos para el diseño de una 8 Cuando se habla de la “diáspora en la TAR” se hace en los términos señalados por Law (2007), en donde se argumenta cómo numerosos investigadores han aplicado esta aproximación teórica y metodológica de manera heterodoxa a sus casos de estudio, especialmente a partir del año 2.000. 9 El concepto de descajanegrización es asumida por la Teoría Actor Red como el intento de estudiar los medios, las formas en las que se manifiesta un artefacto, constructo o hecho, y no tanto el artefacto, el constructo o el hecho social en sí. Como construcciones sociales se estudian y describen los procesos, las controversias, los problemas, los actantes, las traducciones y negociaciones en su integralidad. 28 diferencial. Estos actores, quienes fueran generales de la postguerra independentista, son de un extremo el centralista Antonio Nariño, quien lideraba los gobiernos del Estado Libre de Cundinamarca y del otro, el federalista Camilo Torres, quien lideraba las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Ambos actores conducen una guerra civil de contra choque vivida entre los años de 1812 y 1815, a la que se le conoce como “la República o la Patria Boba12” (Paredes, 2014). Pero la evolución del Estado colombiano desemboca en una realidad problemática, cuando si bien la guerra civil es ganada por los centralistas, se configura en adelante una empresa biopolítica de soberanías asimétricas entre el centro y las periferias del país. Es desde esta genealogía histórica que Colombia se representa, sociocultural, biopolítica y territorialmente, como un espacio de centros cosmopolitas dinámicos y en una expansión demográfica exponencial y, de otra parte, como un espacio de periferias rurales desatendidas, en abandono, precariedad y muchas de ellas, con territorios baldíos expuestos a luchas por el dominio y la propiedad. Evidencia del dinamismo de los centros poblados fue su crecimiento entre los años de 1870 y 1928, pasando de 3 millones a 7.200.000 habitantes, en un proceso que se hacía eco al auge económico que vivía entonces el país (Junta de Castilla y León, 2020). Por otra parte, Colombia es un país rural y disperso con más del 26% de los colombianos situados en los espacios rurales según el último Censo Nacional Agropecuario13. Cuando esos actores rurales se comparan con los actores urbanos se encuentra que “mientras en las ciudades la pobreza se 12 La Patria Boba es una “designación despectiva” producto de una broma sarcástica publicada en 1823 "Los Toros de Fucha al Autor del Patriota", periódico dirigido por el político y militar colombiano Antonio Nariño en su pugna contra el vicepresidente colombiano de aquel entonces Francisco de Paula Santander, quien, a su vez, dirigía una publicación titulada “El Patriota”. La expresión fue más tarde sacada de contexto para propósitos políticos a través de la historia colombiana. (Paredes, 2014). 13 El Censo Nacional Agropecuario fue una estrategia del gobierno colombiano iniciada en 2014 y publicada en 2016 desarrollada a través de la agencia estatal denominada Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). El objetivo del Censo era “recolectar información y cifras del sector agropecuario que conduzcan al establecimiento de políticas públicas enfocadas al fortalecimiento y desarrollo rural en Colombia” (DANE, 2014, p.66). Sin embargo, el sujeto diferencial “campesina o campesino” no era reconocido en Colombia. Así, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia –ICANH- (2017), lidera durante el año 2016 la formulación y publica en el 2017 un documento de carácter técnico denominado “Elementos para la conceptualización de lo campesino en Colombia”. A partir de este informe y cuyo propósito inicial era surtir como base conceptual para acreditar la inclusión de la categoría diferencial de “campesino” en el Censo Poblacional 2017 a desarrollarse por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística –DANE, se tomarán algunas ideas clave. 29 ubica alrededor del 30% y la indigencia en el 7%, en el campo la pobreza ronda el 65% y la indigencia asciende al 33%14” (Leal, Yunda, Angel et al., 2021, p.18). Ahora bien, desde la perspectiva educativa según los datos del Estatal Departamento Administrativo Nacional de EstadísticaDANE- (2016), el 16,8% de los moradores rurales no sabe leer ni escribir, el 18,7% no cuenta con algún nivel educativo y el 9,9% acredita educación básica secundaria. Comprendiendo el rol de la educación sobre la movilidad social ascendente el análisis prospectivo genera alertas. Como consecuencia lógica, solo el 2% del sujeto campesino alcanza el nivel universitario o post gradual. El futuro es incierto, solo el 17% de la población rural menor de 5 años asiste a una institución educativa, repitiéndose así el ciclo atávico de la desesperanzadora movilidad social en el universo rural. Tanto los indicadores como las vivencias en los espacios rurales evidencian las ausencias estatales en múltiples dimensiones, desde los tiempos de la “Patria Boba” y hasta la actualidad. Se conforman entonces en la red grupos que asumen un rol legal en la siembra y usos de la Coca, como los pueblos indígenas, y grupos que se sitúan bajo el estigma de la “ilegalidad”. Según el estado colombiano la adjetivación de lo “ilegal” se aplica, de una parte, a los colectivos campesinos que encuentran en el cristal o en la pasta de Coca una vía de escape de la precariedad, y en muchos casos, en su única alternativa de subsistencia y, de otra, a los Grupos Armados Organizados -GAO-15 y la multicriminalidad. 14 Haciendo un esfuerzo por matizar la brecha rural se estiman otros indicadores de la pobreza, por ejemplo, el que arroja una cifra del “45,7% cuando se calcula utilizando el indicador de Pobreza Multidimensional según IPM ajustado, según reportes del DANE (2016)” (Leal, Yunda, Angel et al., 2021, p.18). Tras este malabarismo algorítmico la diferencia entre las cifras de la pobreza comparativa urbano-rural es aún significativa. 15 El análisis de las múltiples sintaxis y acrónimos producidos por los agentes Estatales y que busca caracterizar a los GAO abre un espacio semiótico en cuyas traducciones los signos transmiten un mensaje no solo al interior Policía Nacional de Colombia -PNC-, sino desde las percepciones que se siembran en la ciudadanía. Según esto, los GAO parten de la macro categoría “crimen organizado”. Aunque para autores como Vásquez (2021, p.5, citado por Fuerte, 2016, p. 11) “Sobre el concepto de crimen organizado, históricamente no se ha logrado establecer una definición común”, “y a pesar de que es de uso cotidiano en el debate público y la literatura académica, es un constructo contradictorio y difuso” (Von Lampe, 2016, p. 33). “A ello se suma el que no exista una legislación internacional vinculante, sino sólo algunos acuerdos para incluir determinadas reglas en el derecho de cada Estado-nación, y prestar colaboración en la lucha contra el crimen organizado” (Contreras, 2012, p. 10), “lo cual parte del principio de soberanía y autodeterminación de los pueblos. No obstante, su empleo en nuestros días es “esencialmente una invención de Estados Unidos” (Von Lampe, 2016, p. 15), “lo que da cuenta de los usos y orientaciones que al concepto se le pueden dar, además de que de ello depende cómo se enmarcan las leyes, cómo se llevan a cabo las investigaciones y los enjuiciamientos, y cómo funciona la asistencia legal binacional” (Finckenauer, 2005, p. 68). En Colombia en la denominación de los GAO confluyen dos acciones: asociación para delinquir y concertación de intereses con fines de usufructo material y financiero. Este accionar se conecta con un tipo de “crimen red” con actores que se despliegan en un modus operandi propio. La macro categoría de crimen organizado es subdividida por la PNC (2020) en tres grupos sociales: 1) Grupo Armado Organizado o de tipo A (GAO); 2) Grupo Delictivo Organizado o de tipo B y 3) Grupo de Delincuencia Común o de tipo C. Este tipo de estructuración sintáctica se asume desde 3 motivaciones: primero, 30 Pero la Coca no es la única que asume un rol monetario. El espacio selvático, el hábitat como útero de vida para los pueblos ancestrales, se traduce ahora en tierra y ésta a su vez en “terreno” sujeto de explotación económica. A partir de esta cadena de traducciones, la selva adquiere un precio, un valor modulado por la burbuja inflacionaria insuflada por la rentable cocaína como derivado de producción y uso “ilegal”. Como consecuencia, el espacio de la esfera rural es fracturado en terrenos más pequeños, medidos en hectáreas, fanegadas, lotes, parcelas o metros cuadrados. La traducción de espacio a terreno se enfrenta con nuevos problemas. Resulta, ahora, como lo dijera Henri Lefebvre (2017, p. 259) en “un lugar equivalente, cambiable, intercambiable; es ahora un espacio comprado y vendido y no hay más que intercambio entre equivalencias e intercambiabilidad”. Desde lo espacial la traducción de espacio a terreno se traduce para el fenómeno de la hoja de Coca en una serie de crisis. Primero una crisis de la soberanía al no poder implantarse el Estado colombiano en todos los territorios. Esta crisis se configura y perpetúa, en síntesis, primero, desde la operación de un país centralista, pero con unas periferias en pobreza multidimensional. Segundo, en un espacio rural y selvático fracturado. Tercero, en una transmutación de la Coca que va desde el espacio cosmovisional al capitalista; y cuarto, en la existencia de territorios “sin ley ni dueño” y con un valor capital in crescendo. Así configurados, estos son espacios prolíficos para las luchas de poder, tanto por el espacio simbólico de la Coca, como por el espacio material. Algunos de los elementos de la cadena de significantes descritos son interpretados por el investigador colombiano Francisco Thoumi (2002, p.174) como aquellas características sociales que promueven las actividades ilegales, “entre ellas sugiero considerar algunas como: a) Un Estado que no controle su territorio. b) Un país en que el Estado no representa la totalidad de los colectivos y en el que la lealtad primaria de parte de su gente no es hacia el país como un todo, sino a su etnia, raza, religión, partido político, etc. c) Un Estado que no proporcione medios de resolución de conflictos y en el que la justicia opere con parcialidad. d) Un país en el que las instituciones sociales externas al Estado como la familia, religión, escuela generen y hagan cumplir normas cívicas que restrinjan el comportamiento individual”. a instancias de mecanismos de coordinación interinstitucional; segundo, desde los análisis del sistema criminal y tercero, considerando lo dispuesto en la Directiva Ministerial Permanente 0015 del 2016 “Lineamientos del Ministerio de Defensa Nacional para caracterizar y enfrentar los grupos armados criminales”. 31 Para Osorio et al. (2019), los catalizadores de la madurez de la Coca ilícita fueron las desigualdades económicas y las inseguridades recreadas por la economía cafetera del país, así como las prácticas de la élite relacionadas con la ilegalidad comercial y la inversión especulativa. Analizadas así, estas particulares dinámicas sociales se transforman en un dispositivo de mediación que, como concluye Thoumi (2009), motivarían la intrincada, indisoluble y estructural relación entre Colombia, la Coca y el negocio de la cocaína. Para este autor la racionalidad de Colombia en el liderazgo de la cocaína no fue económica, sino que fue resultado de un Estado históricamente débil e ilegítimo debido a los inacabados conflictos y guerras internas desde la guerra civil de los años 50. 2.1. La Odisea de la Coca entre el Escila de la Guerra y el Caribdis del Asesinato Sistemático de las y los Firmantes del Acuerdo de Paz Las racionalidades, así argumentadas, introducen al segundo problema de la evolución espaciotemporal del Estado colombiano: las guerras crónicas en Colombia. Y es que en el transcurso del siglo XIX en Colombia se citan al menos 9 conflictos internos configurados y reconocidos como guerras civiles. Se documentan además entre confrontaciones menores de carácter regional al menos otras 1.000 (Piccoli, 2004). Es así como Colombia se transforma, en el concierto latinoamericano, en uno de los países con mayor historial y cronicidad de violencias. Sus antecedentes se remontan, como lo titularía en uno de sus libros el escritor William Ospina, a las Auroras de sangre. Se pasa entonces de las guerras independentistas contra España, a “las luchas por asumir el control del poder encarnado en los puestos que dejaban los recién idos de regreso a la madre patria” (Ballesteros, 2015, p.29). En Colombia, en contradicción con las formas de evolución de los Estados europeos a partir del medioevo, las prácticas de guerra se descentran del Estado como único tenedor del derecho y de los medios de la guerra. Se consolidan en consecuencia nuevas formas con guerras itinerantes y fragmentadas. Formas contemporáneas de guerra que ya no pueden comprenderse a través de las antiguas teorías. Y esta descentralización guerrerista se instala en el tiempo. Es así como a la “Patria Boba” de 1812 le siguen hasta 1886 una cadena de luchas por el poder entre la dirigencia imperante y los partidos políticos opositores. Las luchas internas en Colombia rompen así la cohesión social, mientras que en Europa las luchas externas avivan la cohesión interna como Estados. 32 Ahora bien, en los años 50 se configura la guerra de mayor influencia sobre las dinámicas de la red de la Coca. Esta guerra ha sido una de las más cruentas en Colombia y se la conoce como la “Guerra de los mil días”16. En aquel entonces, las violencias se alentaron por las persistentes asimetrías urbano-rurales que se reflejaban en la precariedad, la tenencia y el uso del espacio rural. Estas motivaciones se articulan a las cuestiones de interés político relacionadas con las formas de gobierno de la reciente república17, con la ausencia de un proyecto de nación unificado y con el posterior sectarismo con partidos divididos y dirigencia fragmentada. Y esta división ya no se produce entre partidos federalistas contra centralistas, sino entre liberales18 contra conservadores19. La Guerra de los mil días comienza cuando las resistencias campesinas, que ya no soportaban más la situación, evolucionan hacia las luchas armadas, y estas a su vez, en la conformación y consolidación de los grupos guerrilleros en los años sesenta. Esta forma de subversión social se encuentra presente en la actualidad (y hacia la posteridad). A partir de 1902, cuando en teoría finaliza la Guerra de los mil días, la trayectoria que asume el conflicto fue otra. Las controversias con falsas clausuras se encapsulan en conflictos sépticos; estos se atenúan en algunos momentáneamente en respuesta a alguna fuerza impuesta por la vía de la ley o por la vía de la violencia Estatal. 16 La Guerra de los mil días ocurre entre los años de 1899 a 1902 deja alrededor de 100.000 víctimas. El irresoluto problema de la tierra, “la imposibilidad del Estado de ponerse a la altura de la modernidad y cumplir con los principios fundantes de la sociedad liberal y la exacerbación del enfrentamiento entre los dos partidos políticos, condujeron a una salida de emergencia a la cual denominaron Frente Nacional, un pacto político de las élites” (Ballesteros, 2015, p.30). 17 La primera de las guerras civiles “Federalistas contra Centralistas” ente 1812 y 1815, ya demarcaba el tenor de lo que en el espacio rural se promulgaba como un despliegue vacuo de las controversias y la deuda histórica de las luchas por los derechos del campesinado y la pobreza multidimensional, entre otras variables de incidencia sobre las violencias. 18 Sobre los orígenes del liberalismo “fue en las Cortes de Cádiz de 1810 a 1813, donde el término Liberal se utilizó para denominar a quienes abogaban por la libertad y a sus contrarios los denominaron serviles o godo” (Llano, 2009, p.15). En Colombia el liberalismo se transforma en partido cuando “El 16 de julio de 1848, en el periódico bogotano El Aviso, No. 26, apareció un artículo de Ezequiel Rojas, llamado “La Razón de mi Voto”, en el cual el intelectual boyacense explicaba por qué él y sus seguidores votarían por el General José Hilario López en la elección presidencial de 1849. En este artículo, Rojas expresaba qué quería el Liberalismo y fijaba una serie de principios que aún hoy están vigentes” (Llano, 2009, p.15). 19 Sobre los orígenes del partido conservador en Colombia “aunque algunos historiadores afirman que la fundación del partido conservador ocurrió en 1849, cuando Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro redactaron el programa, considero que realmente el partido emergió antes de este episodio, que, a mi modo de ver, tan solo constituye un mito fundacional (…) La ideología política del partido conservador, declarada materialmente en el programa inicial, fue concebida con el propósito fundamental de propiciar un ambiente institucional que permitiese el surgimiento de un Estado por fin unificado” (Rey, 2004, p.191). 33 Las controversias entre actores liberales y conservadores arrecian en los años siguientes hasta que en 1957 se crea el Frente Nacional20. El Frente Nacional finalmente se transforma en un pacto político de las élites que profundiza las “grietas entre todos los poderes: la indiscutible caída de los pobres en la miseria, el aislamiento social, el empobrecimiento del campo y, como corolario, el desplazamiento forzado y el desmedido crecimiento sin planeación de las principales ciudades del país” (Ballesteros, 2015, p.30). Como resultado de todo ello, el conflicto interno colombiano se agudiza y consolida21. La falta de coordinación entre las instituciones lleva a que se violenten los derechos de personas, grupos y comunidades. Guerra tras guerra, conflicto tras conflicto, se consolidaron en Colombia el centralismo y el empoderamiento de las élites partidistas. Y como lo diría Henry Lefevbre, cada vez que se estudia una morfología jerarquizada es necesario determinar su espacio de catástrofe, es decir, las condiciones que se dan en aquellas proximidades donde el espacio estalla. Y, efectivamente, el espacio estalla cuando el colectivo campesino-liberal-rural de izquierda se traduce en la conformación del grupo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-EP. Para el sociólogo colombiano Eduardo Pizarro, la cantera de violencias campesinas y el trabajo de agitación política y sindical se inició temprano en los años veinte y cita al menos 3 detonantes precedentes a la conformación de las FARC-EP. El primero, los movimientos de resistencia campesina armada inspirados por el Partido Comunista Colombiano22 (PCC) en la modalidad de autodefensas y que evolucionan hacia núcleos guerrilleros primigenios. Segundo, la conversión de estos núcleos en movimientos agrarios y su posterior consolidación en un colectivo guerrillero a partir de la “Guerra de Villarrica”, entre 1952 y 195523. Y finalmente, la formación de las denominadas “Repúblicas Independientes”24 en respuesta a la operación militar de Marquetalia25 (Pizarro-Leongómez, 1991). 20 Si bien el Frente Nacional tenía como propósito dar el poder de alternancia política en la Jefatura de Estado a los dos partidos políticos en disputa y así cerrar, “en apariencia” este enfrentamiento civil, las causas matrices de la violencia no se solucionaron. En resumidas cuentas, un acuerdo político en la alternancia del poder central no resolvió de fondo las causas genealógicas de la violencia en Colombia. 21 Una vez consolidadas las FARC-EP y tomando como criterio de periodización la modalidad predominante de resistencia que caracteriza al Partido Comunista, se pueden diferenciar al menos 5 fases históricas: 1. Autodefensa y lucha guerrillera: 1949-1953; 2. Autodefensa: 1953-1954; 3. Lucha guerrillera: 1954-1958; 4. Autodefensa: 1958-1964 y 5. Lucha guerrillera: 1964- (Pizarro-Leongómez, 1989). 22 El Partido Socialista Revolucionario (PSR) se establece en Colombia en 1924 y en julio de 1930 cambia su nombre a Partido Comunista Colombiano. De esta manera se da origen formal al primer partido político de izquierda en Colombia. 23 La guerra de Villarrica se constituye en uno de los hitos históricos y fundacionales para las FARC. Villarrica es un municipio colombiano ubicado al oriente del departamento del Tolima, donde en respuesta a las 34 Pasados más de 30 años de la conformación del PCC, en 196626, se fundan las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia como guerrilla móvil y movimiento armado comunista (Pataquiva, 2009; Fals Borda & Umaña, 1962). Los años sesenta marcaron así un punto de quiebre y configuraron el inicio del conflicto armado interno entre las FARC-EP y el Estado colombiano. Así fueron estructurales en la conformación del grupo FARC-EP27 las problemáticas del espacio de la esfera rural, sus formas de control, tenencia y explotación, así como las políticas Estatales que privilegian a las clases capitalistas y “legalizan” mecanismos de opresión hacia el campesinado como herencia colonial y latifundista. Los múltiples relatos históricos sobre las FARC-EP no pudieron escapar al sesgo de lo que llamaría Norbert Elías “compromiso y distanciamiento”. Algunas de ellas se hacían fuerte en las causas sociales que propiciaron su emergencia y consolidación y otras, en dimensiones que las autodefensas campesinas en sus luchas y resistencias por la tenencia y uso de la tierra adquirían, las fuerzas del Estado, obedeciendo a los intereses de hacendados y latifundistas, ejecutan durante 3 años operaciones militares. Se destaca especialmente, de una parte, la presencia femenina con Rosalba Velásquez de Ruiz, quien se batió en las filas guerrilleras contra el ejército y, de otra parte, la reacción emancipadora que tuvo sobre la guerrilla el hostigamiento militar, lo que provoca su repliegue hacia zonas selváticas. De esta forma, se promueve la organización militar en columnas guerrilleras por todo el país (Marulanda, 1973; Pataquiva, 2009; Santamaría & Romero, 2014) 24 Tras el proceso de reincorporación a la vida civil por parte de las conformadas guerrillas liberales que se suscribe en el marco del “Frente Nacional” como estrategia para detener la violencia partidista entre liberales y conservadores, algunas guerrillas conservan sus estructuras organizativas y las denominan “Áreas Base”. Con el pasar de los años estas se transforman en Las “Repúblicas Independientes” (Pataquiva, 2009). Estas se representan socialmente como espacios territoriales conformados por las resistencias armadas campesinas, ahora transformadas en guerrilla organizada, y caracterizadas por formas de gubernamentalidad independientes y paralelas a la Estatal durante los años sesenta. Esta gubernamentalidad, como manifestación de autonomía, permanece en las guerrillas contemporáneas y disidencias de las FARC-EP tras el Proceso de Paz. 25 La “Operación Marquetalia” ocupa un sitial icónico en las autorrepresentaciones de las FARC-EP, tanto así, que las disidencias contemporáneas se erigen como “la Nueva Marquetalia”. Esta operación militar ofensiva contra la guerrilla se sitúa en el espacio del municipio de Marquetalia, al oriente del departamento de Caldas en el año 1964. Esta operación representó el más potente ataque contra la denominada “República Independiente de Marquetalia” y afinca en la coherencia interna a los actores de las nacientes FARC. “La operación, comandada por el general José Joaquín Matallana no fue exitosa y, por el contrario, a pesar del gran número de bajas de campesinos, cientos de ellos lograron escapar y organizarse bajo la dirección de Pedro Antonio Marín, quien sería conocido con alias el de Manuel Marulanda Vélez. Desde ese momento, se agruparon en guerrillas móviles. El resultado de la operación surtió, entonces, un efecto inesperado del que aún hoy se viven importantes secuelas” (RTVC, 2015) 26 Pataquiva (2009, p.157) argumenta sobre el año en que se oficializan las FARC en Colombia lo siguiente: “Las FARC afirman que nacieron hacia 1.964, lo que no coincide con la realidad pues ellas mismas sólo se llamaron así a partir de la “Segunda Conferencia Guerrillera” celebrada en 1966 (…) a las FARC afirman: “el 27 de mayo de 1964, en Marquetalia, nació para Colombia la organización guerrillera Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC-EP, pero es dos años más tarde, el 5 de mayo de 1966, en la Segunda Conferencia del Bloque Sur cuando se oficializa la conformación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, señalando, en la parte final de su declaración política, lo siguiente: "frente a todo lo anterior, los destacamentos guerrilleros del Bloque Sur, nos hemos unido en esta conferencia y constituido las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (F.A.R.C.), que iniciaran una nueva etapa de lucha y de unidad con todos los revolucionarios de nuestro país, (Pataquiva, 2009, p.157). 27 El naciente colectivo de las FARC se fortaleció en los años siguientes a través de luchas de poder que le llevan a ser temidos en toda la región del Tolima, un departamento de tradición cafetera y ganadera ubicado en el centro de Colombia (Pataquiva, 2009). 35 cambio, se fundamentaban en una lógica de oposición, hasta llegar a la polarización extrema. Así para Pataquiva28 (2009, p. 155) en sus inicios las FARC-EP era una “pequeña banda de delincuentes asaltantes de caminos y haciendas”, conformada por familiares y amigos del exsoldado Pedro Antonio Marín, quien conocido como “Tirofijo”, se transformará en su primer Líder. Para aquella época, la dirección del partido esperaba convertir en revolucionarios a estos “asaltantes” adoctrinándolos bajo la tutela de Jacobo Arenas29. Esta guerra civil que se libra primariamente entre actores colombianos se ha modulado como empresa política que se traduce en la sustancia conocida como cocaína, tanto por influencias y apoyos geoestratégicos como por la economía de la Coca. Por sus características, los espectros de la violencia, el desplazamiento forzado de civiles y el número de víctimas, la guerra civil en Colombia ha sido equivalente en su barbarie al conocido conflicto de Ruanda (Pataquiva, 2009). Así, en Colombia, como lo diría Marx “la violencia es la gran partera de nuestra historia”. Llega entonces un hito estructural en el ensamble de la red de la Coca, el marco espaciotemporal en el que el conformado grupo de las FAR-EP se articula a la red y a las formas en que la actante-planta modula la guerra. Se hace así necesario plantear dos marcos temporales: el periodo anterior a la firma del Acuerdo de Paz con las FARC-EP, es decir, previo al 2016 y el periodo posterior a la implementación del Acuerdo de Paz. El investigador Juan Guillermo Ferro (2011) rastreó genealógicamente la relación entre las FARC-EP y la economía de la Cocaína, particularmente a partir de los testimonios de Colonos y Guerrilleros. Para comprender la articulación FARC-EP-Coca, el autor desarrolla su estudio desde una perspectiva regional e histórica en el sureño departamento colombiano del Caquetá durante los últimos 20 años. Ferro (2011) se remonta 20 años atrás hasta los años setenta cuando las condiciones medioambientales y de pobreza social hacen propicia la instalación de cultivos de Coca. En sus comienzos la articulación de las FARC-EP a la Coca se relacionó más con las luchas de poder y el control de los espacios; es allí donde se enfrentan al dilema de autorizar o prohibir a los colonos la siembra de Coca y la transformación en cocaína. Toman entonces la decisión 28 Finaliza el autor afirmando que “El concepto autodefensa campesina es en la práctica, el empleo de las armas para invadir y conquistar tierras, realizar saqueos y defender a sus asociados, los miembros del partido comunista, de cualquier acción del Estado o particulares por impedir el avance y ejecución de esta práctica” 29 Miembro del P.C.C, Ideólogo de las FARC desde la fundación hasta el 10 de agosto de 1990 día de su fallecimiento (Pataquiva, 2009, p.156) 36 de autorizar ambos eslabones de la economía de la Coca, pero bajo una estructura parapolicial cuyo propósito era el de controlar a los actores-red y la expansión de los espacios para los cultivos. Este sistema fracasa, y entre los años 1982 a 1998, la relación predominante entre las FARC y la Coca evoluciona hacia un control de todos los eslabones de su economía a través del cobro de “impuestos” y de la regulación del mercado. Es decir, las FARC-EP asumen un nuevo rol en la red, ahora como moduladores del fenómeno subsidiario del narcotráfico. Pero al orientar los mecanismos de control más hacia los compradores descuidan el control de la producción primaria de la hoja de Coca. A la siembra de Coca se articulan entonces actores tales como los pequeños productores campesinos y los contratados como recolectores de hoja, apodados “raspachines”. Con ello, la relación entre las FARC, la producción y mercado de la cocaína en los años ochenta “contribuyó a enmarcar a los insurgentes como criminales comunes, acuñando el término «narcoguerrilla», el cual aludía en ese momento al papel de los alzados en armas como mediadores entre traficantes de drogas y campesinos cultivadores de coca” (Romero, 2003, p.146). Los años de 1998 y 1999 fueron decisivos en el cambio radical de la relación FARCEPhoja de Coca. Inician un proceso de intervención sobre los precios de sustentación que deriva en la final eliminación de los comerciantes situados en el espacio territorial de cada frente y de cada campamento subversivo. La comercialización de la pasta pasa a ser operada directamente por las FARC-EP. Es en este entretiempo cuando inicia una relación de competencia por la compra de la hoja y el control de los mercados de la cocaína, pero ahora enfrentadas con su enemigo acérrimo: los grupos paramilitares30, quienes también asumían la financiación de su causa, sobre todo, a través del fenómeno del narcotráfico. 30 Para el investigador Velásquez Rivera (2007) la estrategia paramilitar aplicada como estrategia contrainsurgente originalmente por Francia sobre sus colonias en Indochina y Argelia, incidió en la implantación del paramilitarismo en Latino América a través de actores como Charles Lacheroy, Marcel Bigeard, Jacques Massu, Paul Aussaresses, Paul-Alzin Léger, André Beaufré y Roger Trinquier. “En Colombia, desde la década de los años ochenta del siglo XX tomó fuerza el paramilitarismo como estrategia contrainsurgente, política que no ha sido reconocida como tal por parte de los distintos gobiernos y se expresa como terrorismo de Estado. Incidió en el surgimiento de tal fenómeno, la ideología anticomunista que profesan la mayoría de los miembros de las fuerzas armadas, la cultura política derivada de la violencia, la corrupción y el clientelismo, así como el narcotráfico, al igual que las influencias externas, provenientes principalmente de Francia y Estados Unidos. El paramilitarismo invadió las distintas estructuras del poder estatal, en la perspectiva de configurarse como un proyecto político, militar, social y económico de alcance nacional. Originado, según sus mentores, como una respuesta a los excesos de la guerrilla, el paramilitarismo ha privilegiado, como método de lucha, las masacres, asesinatos selectivos y desplazamientos de población civil, acusados de ser simpatizantes 37 A la red de la Coca en Colombia se incorporan, además de los colectivos ya descritos, la denominada “multicriminalidad” integrada por delincuencia común “no tan organizada”. La relación entre los paramilitares, la Coca, el fenómeno del narcotráfico y el universo Estatal ha sido más directa y evidentemente capitalista desde el comienzo. Los agentes Estatales fueron estructurales en la conformación y consolidación del paramilitarismo en Colombia, aupados por dinámicas internacionales y particularmente norteamericanas (Romero, 2003). Durante la guerra fría y como un autoproclamado “adalid de la democracia”, Estados Unidos interviene en la política colombiana contra los movimientos insurgentes y, por supuesto, contra las FARC-EP. Un actor estructural para la consolidación de los paramilitares en la lucha contra la subversión en Colombia fue el embajador estadounidense Lewis Tambs. Para Romero (2003, p.146) algunos “sectores dentro de la sociedad y el Estado necesitaban justificar su violencia en contra de reformadores, activistas sociales y radicales, y así responder a las acusaciones de violación de los derechos humanos”. Y dentro de esos sectores, grupos conformados por “narcotraficantes convertidos en propietarios rurales y terratenientes promovieron grupos de vigilancia privada que atacaron a civiles sospechosos de apoyar a la guerrilla, o a grupos movilizados para demandar derechos y políticas de progreso social” (Romero, 2003, p.8). Se configura entonces una primera asociación entre paramilitares y Cocaína que se vertebra en torno a un discurso dogmático de defensa de un “único Estado democrático”. Hay una segunda asociación que es posible ser identificada como un dispositivo capitalista que acarrea la expansión del colectivo paramilitar: “Esas necesidades de financiación de las AUC y las ACCU31 para sostener sus crecientes fuerzas están asociadas con la expansión del área sembrada con cultivos de coca” (Romero, 2003, p. 64). Racionalizado así, los espacios de la o colaboradores de las guerrillas. Al presidente Álvaro Uribe Vélez, se le atribuye el haber auspiciado el paramilitarismo y de institucionalizarlo en su gestión de gobierno” (Velásquez Rivera, 2007, p.134) 31 Por ACCU se entiende “Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá”. Este es un grupo paramilitar creado en 1994 cuyas áreas de influencia se extienden en los departamentos de Córdoba y Urabá, ubicados al noreste del país. Paradójicamente los actores tanto de los grupos subversivos como de sus antípodas los grupos de paramilitares son de extracción campesina. Es de allí que frecuentemente se alude a este enfrentamiento como “lucha fratricida”: hermano contra hermano en bandos opuestos en el campo de batalla de la esfera rural colombiana. Por su parte AUC es el acrónimo de: Autodefensas Unidas de Colombia, colectivo creado 3 años después de las ACCU y que consolida una serie de grupos paramilitares federalizados que surgen y se consolidan entre los años 1982 y 2000. Las AUC fueron lideradas por los hermanos Castaño: Carlos y Fidel. Este segundo fue a su vez el creador del grupo Pepes, quienes participaron en 1993 en contubernio con los servicios antinarcóticos de los Estados Unidos y las autoridades colombianas en la cacería y luego muerte de Pablo Escobar, cabeza del extinto Cartel de Medellín (Villamizar et al., 2020). Estas son apenas algunas de las imbricadas tramas y devenires de los Fenómenos de la Coca y el narcotráfico en Colombia. 44 No obstante, el Acuerdo de Paz no ha servido, hasta ahora, como herramienta para superar las asimetrías sociales. Y es que según cifras del Banco Mundial aplicando el coeficiente de Gini, con corte a octubre de 2021, la desigualdad social en Colombia es la más alta de todos los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico -OCDEy el segundo más desigual entre los 18 países de América Latina (siendo solo superado por Brasil). Se concluye así que la firma de un acuerdo nunca sustituirá la implementación de políticas de fondo que mitiguen las brechas urbano-rurales y de pobreza multidimensional. Ahora bien, desde la perspectiva de género, la necropolítica dinamiza un círculo aún más viciado. La mujer y su cuerpo como arma de guerra y como estrategia para asegurar victorias. Desde aquí son prácticas necropolíticas el llamado “enamoramiento”, en el que, a partir del relacionamiento emocional ficticio se busca información clasificada de un colectivo heterogéneo para otro, o se procura el convencimiento de un actor para caer en entrampamientos. O la violación, la separación de su familia, los servicios sexuales a la tropa, la venta de niñas vírgenes como un producto para un mercado exclusivo o el asesinato de su compañero, la desprotección de la familia o el asumir roles para los que no estaba preparada hacen parte de los cientos de relatos del conflicto. Todo estos casos deben ser considerados como formas visibles de violencia directa: física, psicológica, económica, sexual, ambiental o vicaria38. Otras formas visibles de violencia devienen de la incomprensión y sectarización de la Coca como construcción multicultural. Esta es una causa estructural de conflictividad y violencias entre el hombre blanco y el indígena, entre el afrodescendiente de origen rural, el campesinado y el Estado colombiano. Pero también desde los poli-enrolamientos, por ejemplo, bajo la figura del “campesino-cultivador” o “campesino-soldado” a quien ordenan erradicar los cultivos, “campesino-policía” a quien ordenan investigar y encarcelar a los actores de la Coca, “campesino subversivo” y “campesino enrolado paramilitar” que le ordenan violentar a la serie completa de enrolamientos. Empero, siguiendo a Johan Galtung39 existen también violencias situadas en el espectro invisible que han de ser analizadas: la violencia cultural y la estructural. La violencia 38 Por violencia vicaria se comprende aquella que se ejerce sobre algún o algunos de los miembros de la familia a fin de afectar por tercerización a la persona principal objeto del daño, es decir, por interpósita persona. 39 En la teoría de los conflictos del sociólogo y matemático noruego Johan Galtung, las violencias estructurales no requieren la participación directa de otra persona para que se cause el daño. Al lector interesado en los tipos 45 estructural describe un círculo viciado por las intervenciones geoestratégicas y biopolíticas foráneas e históricas, cuyos rastros se desvelaron en la quinta fase de la topología espacio temporal de la economía política de la Coca con Estados Unidos como adalid de la guerra contra la Coca. Sin embargo, la violencia cultural implica además de las tratadas en las fases de la topología, las de la “historia sometida”. Aquella que se reescribe con la pluma de Boaventura de Sousa Santos (2018) en los sentidos de las Epistemologías del Sur. Para el Profesor de Sousa Santos, esta particular forma de lectura visibiliza unas epistemologías que, aunque profundamente históricas, se anudan a otras historias que no son precisamente la historia universal de Occidente. Estas van más allá, desde dos fundamentos: el presente como un pasado incompleto (la sociología de las ausencias) y el presente incumplido (la sociología de las emergencias). Pero no es solo ese presente incumplido, sino un tipo de arqueología para la reivindicación, tal y como lo diría Foucault (1978), una suerte de “saberes sometidos”; es decir, saberes históricos que fueron sepultados, enmascarados en coherencias funcionales o sistematizaciones formales. Aquellos saberes que fueron descalificados como no conceptuales, como saberes insuficientemente elaborados y que, para el caso de estudio, se componen de saberes ancestrales y actores como apartes negados, censurados, desplazados, tergiversados, manoseados o simplemente escindidos por la historia escrita por la palabra única y omnímoda del Hombre Blanco. Hombre Blanco genérico, sin género y abstracto, que se verbaliza más como el acto impulsivo e incontrolado de esencializar y no por el color de una piel. Este sustantivo adjetivado es la forma en que el indígena y el campesino mestizo reconoce la otredad estigmatizada por el colonialismo. Un relato extenso y cuarteado, pero plenamente vívido en la tradición oral que clama recontarse desde la Coca como un fenómeno insurrecto y plural. Para finalizar, el ejercicio de la necropolítica se extiende en este análisis a la vida en su conjunto; sobre los actantes que detentan vida, bien sean animales humanos o no humanos, pero también sobre los ecosistemas en su conjunto y de cada ser vivo en su individualidad. Se trasciende entonces hasta la ecología política analizada en clave necropolítica y a los dispositivos de vida que se le resisten. Los impactos de la siembra “ilegal” de Coca en Colombia dan cuenta de una pérdida del ecosistema boscoso que ascendería en los últimos 20 años a 6.210.000 hectáreas, según datos estimativos de la Fundación Piensa Verde si se de violencias en Galtung se recomiendan los textos de Tras la violencia 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución (Galtung, J., 1998) y el de Paz por medios pacíficos: paz y conflicto, desarrollo y civilización (Galtung, J., 2003) 46 suman todos los eventos relacionados con la guerra en Colombia. Los efectos directos del cultivo de Coca sobre el dominio y muerte en los bosques pueden representarse como una forma de “necropolítica extendida”. Ahora bien, desde la Ecología Política del fenómeno deben analizarse en simetría los mecanismos que, desde lo constitucional, lo legislativo, lo normativo, lo jurídico o lo político promulgan su protección. Para este análisis se asume la perspectiva ecológica tripartita en los asuntos humanos propuesta por Bryant y Bailey (2000). Para comenzar, se analizan aquellos cambios en la naturaleza que no afectan a los colectivos sociales de manera homogénea. Algunos de los actantes del mundo no humano se transforman en sujeto jurídico y sujeto de derecho. De hecho, el reconocimiento expreso de los derechos de la naturaleza misma manifiesta una tendencia contemporánea creciente, aunque, de acuerdo con lo dicho por Swyngedouw (2011), pueda suponer un significante vacío. Países como Ecuador y México desde su Carta Magna, Estados Unidos, Bolivia o Brasil desde lo legal, la India o Colombia desde lo judicial hacen parte de esa transformación en las categorías axiológicas del sistema jurídico40 que representa el reconocimiento de los derechos del mundo natural. En Nueva Zelanda, por citar algunos ejemplos, la ley Awa Tupua Act promulga la personería jurídica de un ecosistema completo. En Colombia, sentencias de la Corte Constitucional como la T-622 de 2016 reconoce al Río Atrato como sujeto de derechos y ordena el nombramiento de un representante legal y la STC-4360 de 2018 hace lo propio con la Amazonía. Siguiendo con Bryant y Bailey, se llega a la segunda perspectiva: cualquier cambio en las condiciones ambientales de los ecosistemas relacionados con la hoja de Coca, afecta el statu quo de lo político en sus múltiples dimensiones (la bio, la necro, la eco) y de lo económico. Uno de los puntos claves aquí es el de la industrialización de la hoja de Coca y en general, de todo su ecosistema: los componentes humanos y los no humanos; es el tratamiento del mundo natural como mercancía. Un segundo punto se deriva de las 40 Diversos componentes del mundo natural o del medio ambiente han sido reconocidos como sujetos de derechos legales. Uno de los primeros en plantear el cambio de paradigma que implica la otrora restringida invocación del reconocimiento solo a los actores del mundo humano y ahora en progresión a entes inanimados, fue planteada por el Profesor Stone en 1972. Estos actantes no son solo entidades vivas o inanimadas o híbridas como lo es un ecosistema completo. Este reconocimiento implica el nombramiento de su representación legal, como si fueran corporaciones o empresas. En esta línea de trabajo se citan trabajos de otros autores como Burdon (2011) o en Colombia, Navas (2016) con la constitución ecológica de Colombia. 47 intervenciones antrópicas sobre los ecosistemas habitados por la hoja de Coca, como en el caso de los programas de erradicación forzada de cultivos o el uso del herbicida Glifosato. Pero este segundo análisis implica, así mismo, convertir a los ecosistemas no habitados en cultivos intensivos de Coca. Así, irrumpe la deforestación en parques naturales protegidos o en los espacios selváticos vírgenes. Muchos de estos espacios otrora ocupados por las FARC-EP, ahora, en tanto que “agujeros espaciales”, son reocupados por nuevos actores de la Coca. Y ante la incapacidad de reacción Estatal, las poblaciones se movilizan en la auto defensa: “La noción de “territorio” es un nuevo concepto en las luchas sociales de las selvas tropicales. Los campesinos están involucrados en luchas por la tierra en toda América Latina. El derecho al territorio -como espacio ecológico, productivo y culturales una nueva exigencia política” (Escobar, 1999, p.124). Un tercer punto clave, al cual podríamos llamar “panorámico”, se relaciona con las dinámicas producidas desde la gestión del Acuerdo de Paz sobre las condiciones ambientales de los ecosistemas relacionados con la Coca: ¿cuál ha sido la dinámica cambiante de estos ecosistemas al quedar vacíos los espacios ocupados por las FARC-EP? Y también: ¿cómo se ha modulado tras el Acuerdo de Paz el área sembrada y su distribución? En análisis previos se han abordado a partir de recursos bibliográficos algunos de estas cuestiones de interés. Y finalmente la tercera perspectiva: la distribución desigual de costos y beneficios y el refuerzo o la reducción de las desigualdades preexistentes tienen implicaciones políticas en términos de las relaciones de poder alteradas que se dan con el tiempo. Las implicaciones políticas sobre el Oikos se expresan a través de formas asimétricas desde lo cosmovisional, pero también las biopolíticas inducen la distribución desigual del costo/beneficio de estas acciones en el fenómeno. Pero no sólo las formas son asimétricas; dos particularidades son la dicotomía y el maniqueísmo radical: las acciones son o profundamente buenas o malas y lo que es bueno para un colectivo es malo para otro. Por citar un ejemplo, una acción de interdicción puede ser o exitosa o un fracaso dependiendo del colectivo implicado. Lo que es exitoso para la Policía Antinarcóticos representa un fracaso para los traficantes de Cocaína. Otro ejemplo puede ser la Política de Sustitución Voluntaria de cultivos de planta de Coca. Sus resultados pueden presentarse como exitosos para el Estado y evidenciarse fracasados para el campesinado que no recibe los subsidios comprometidos y así un éxito para los propietarios del laboratorio de transformación que compran la hoja como insumo de producción. 48 Para finalizar el panorama político y en la línea de las políticas antidrogas, el sociólogo mexicano José Manuel Valenzuela (2019, p.11), en su libro Trazos de sangre y fuego, abre la reflexión sobre las variables de la bio-necropolítica y el juvenicidio en América Latina y particularmente, sobre el cómo “los marcos prohibicionistas sobre las drogas ampliaron los escenarios de indefensión de la población y sitiaron sus espacios de libertad, incrementado las dosis de miedo, violencia y muerte”. Aunque en su investigación no aborda como actante a la planta de Coca, sino al conjunto de las drogas consideradas de uso ilegal, concluye con la invitación al reconocimiento colectivo del fracaso de las políticas prohibicionistas y el llamado al planteamiento y desarrollo de nuevos paradigmas. Desde su inicio, lejos de mitigar las condiciones de crecimiento de los cultivos de uso ilícito en Colombia, en muchos casos y períodos han provocado su exacerbación (Caballero, 2000; Gaviria, 2016; Oficina de la Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, 2017; United States Department of State, 2017; Office of National Drug Control Policy, 2020). Básicamente, estas políticas han respondido al señalamiento internacional sobre el país como origen principal del problema. Tal circunstancia ha llevado a impedir cambios substanciales de discurso, centrado sobre todo en el consumo y en la incapacidad para controlar internamente la situación. Revive la vieja trivia por la cual: sin demanda no se motiva la oferta y la oferta se desvanece si no la impulsa la demanda. El Consejo Nacional de Estupefacientes se estableció como la fuente de información oficial en materia de drogas41 (Consejo Nacional de Estupefacientes, 2005). Desde la empresa biopolítica de gestión de drogas en Colombia se entiende que la Política de Drogas, cuya estructura se presenta en la FiguraFIGURA 3, se suscribe con el propósito de reducir la oferta42: “Se han enfocado de manera principal en los programas de erradicación de los cultivos ilícitos que abarca la aspersión aérea y erradicación manual forzosa o voluntaria y se han complementado con programas de desarrollo alternativo (iniciaron alrededor de 1985 en el departamento del Cauca) y política de consolidación territorial” (ODC, 2017, p. web). 41 La Resolución 0006 de 08 de abril de 2005 establece al Observatorio de Drogas en Colombia -ODCdel Consejo Nacional de Estupefacientes como la única fuente referencial. 42 La reducción de la oferta se subdivide en dos políticas, a saber, Política de Erradicación y Política de Control e Interdicción. La Política de Erradicación presenta, a su vez, los siguientes programas: programa de aspersión, programa de erradicación manual, programa de desarrollo alternativo y, finalmente, el Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos mediante aspersión aérea con el herbicida Glifosato (PECIG). Por su parte, la Política de Control e Interdicción está compuesto por los programas de incautaciones, control administrativo y desmantelamiento de infraestructura. Bajo este nuevo enfoque, la política antidrogas no es el único instrumento explicativo de lo que ocurre con las drogas. 49 Es importante tener en cuenta que “Colombia se convirtió en el mayor productor de cocaína a finales de los años setenta. La explicación encuentra sus raíces en las políticas sociales y económicas impuestas por los Estados Unidos a los países pobres de América Latina, caso particular Colombia, que por más de un siglo ha sido obligada a acatar sagradamente las decisiones provenientes de Washington” (Guerrero, 2005, p.18). Resulta así de interés explorar el trasfondo de direccionamientos en que se ha apoyado la empresa biopolítica de gestión de drogas en Colombia. En los términos señalados por Thoumi, “la efectividad de las políticas contra las drogas ilegales es objeto de un intenso debate. Mientras muchos críticos insisten en que no son efectivas, los gobiernos continúan aplicándolas y tanto la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (ONUDD) como diversos gobiernos las defienden” (2009, p.1). FIGURA 3 Estructura institucional de la “Política de Drogas en Colombia” vigente en los tiempos de la firma del Acuerdo de Paz con las FARC-EP Nota: Imagen tomada del Observatorio de Drogas en Colombia -ODC-, 2017. En conclusión, la discusión sobre la efectividad de las políticas depende fundamentalmente de las creencias y modelos acerca de los factores o razones que hacen que las drogas se produzcan, trafiquen y consuman. Pero también depende del lente con el que se lean las “efectividades” y de las formas diferenciales de efectividad para un colectivo o para el contrario y el desacuerdo, persiste como la raíz del conflicto en la imposibilidad de un diálogo plural y constructivo más allá de un ejercicio de postureo político. 50 51 CAPÍTULO III. EL FENÓMENO DE LA HOJA DE COCA ENSAMBLADO A PARTIR LA TEORÍA DEL ACTOR RED (TAR) La acción no se realiza bajo el pleno control de la conciencia; la acción debe considerarse en cambio como un nodo, un nudo y un conglomerado de muchos conjuntos sorprendentes de agencias y que tienen que ser desenmarañados lentamente. Es esta venerable fuente de incertidumbre a la que queremos dar vida nuevamente con la extraña expresión actor-red Bruno Latour Este capítulo tiene como propósito sustentar la estructura teórico-empírica desde la cual se dará respuesta a las tres preguntas de investigación planteadas. Esta apuesta debe aportar una ruta lo suficientemente horizontal en lo descriptivo, pero que no pierda detalle en lo vertical de lo comprensivo. Otro criterio de elección es que la estructura de base pudiera admitir enriquecimientos producto del trabajo de campo situado y de la imbricación entre la hoja de Coca y las trayectorias de la Paz en Colombia como estudio de caso. Deconstruir el fenómeno de la hoja de Coca implica develar sus actores humanos y no humanos, sus redes, sus pliegues e intersticios, es decir, sus naturalezas híbridas. Pero también se implican los hilos tecnológicos de la red que en algunos casos se rompen en disputa con las prácticas indígenas ancestrales o campesinas. Esto implica, primero, la existencia de un entramado de interacciones sociales dinamizado por diversidad de sentipensares; segundo, la existencia de espacios y territorios en plena re/construcción social situados entre estructuras y relaciones de nuevos y antiguos poderes en los albures de la gestión del Proceso de Paz; y, tercero, las formas en que la actante-Coca juega un rol protagónico en las dinámicas de los conflictos internos y de la paz, vista más allá de ser la contracara de la guerra. Para cumplir su propósito, este capítulo analizará las conexiones entre los elementos de fondo del fenómeno de la Coca y los de la Teoría Actor Red en tres momentos. Primero, desde las rutas teóricas de la TAR aplicadas al fenómeno en dos horizontes, el retrospectivo y genealógico y el prospectivo y estructural en las nociones contemporáneas de la TAR. Segundo, desde las rutas metodológicas en sus capacidades para descajanegrizar el fenómeno. Y se finaliza con algunas reflexiones que, a manera de conclusiones, determinan si 52 los encuentros entre la TAR y los propósitos de esta de investigación alcanzan la pertinencia suficiente para asumirla como apuesta de primer orden. 3.1. Interconexiones de Base Teórica: Articulación Genealógica Entre la TAR y Fenómeno de Estudio La Teoría Actor Red43 formulada por Bruno Latour44, Michel Callon y John Law como autores principales se define, retomando las palabras del propio Latour (2007), como una “sociología de las asociaciones” que cuenta historias sobre cómo se originan, evolucionan y terminan las relaciones entre actores. Asociaciones que desde la TAR no se explican, sino que se describen. Asociaciones tejidas a partir de las relaciones entre actores naturales y actores sociales, entendidos como colectividades heterogéneas de personas, tecnología, máquinas y objetos. Actores, o asumiendo de plano el metalenguaje TAR, actantes que, ya sean humanos o no humanos, se analizan en simetría de condiciones. La TAR pretende entonces analizar el papel que desempeñan los actantes en el diseño y en la reproducción de las prácticas sociales cotidianas. Para comprender la Teoría Actor Red como el centro de gravedad del análisis teórico del fenómeno de la Coca se considera adecuado ahondar de modo sinóptico en sus raíces genealógicas. La TAR como teoría se representa desde matices semióticos particulares45 y se estructura epistemológicamente desde al menos 3 grandes corrientes sociológicas/filosóficas. La primera de ellas en la tradición de los Estudios de la Ciencia, Tecnología y Sociedad -ECTS46. La segunda, desde la 43 Se conoce la Teoría Actor Red (Actor Network Theory) bajo diversas denominaciones, entre otras: Sociología de la Traducción, Sociología de los Medios, Estudio de Redes Sociotécnicas, o incluso, como hubiere querido Bruno Latour en Recalling ANT redefinirla bajo la denominación de Ontología Actante Rizoma. 44 Se destacan por sus aportes a la consolidación de la TAR algunos investigadores del Centro de sociología de la innovación de Mines ParisTech y, desde el Reino Unido, John Law, Arie Rip, Susan Leigh Star y Geoffrey Bowker. 45 “El aporte de la semiótica a la TAR ha sido muy significativo al menos por dos razones, en primer lugar, ofrece elementos para comprender la indeterminación radical del ser y en segundo, facilita la radicalización del principio de simetría generalizada, todo esto conjugado o, si se quiere, traducido en el concepto de actante. Desde esta teoría se abandonará la noción de agente, así como la de sujeto y la de objeto, como forma de expresar la composición híbrida de las entidades y el papel de la intención en éstas. Cualquier entidad que produzca una relación o adquiera valor de significación será considerada actante, y éste podrá ser humano o no humano” (Correa, 2012, p. 64). 46 Desde que Thomas Kuhn en 1962 afianza la relación entre ciencia, tecnología y sociedad y se centra en los procesos mediante los cuales se construyen teorías y de las formas cómo éstas contribuyen a la constitución de un paradigma determinado en la actividad científica de un periodo determinado, la dinámica ha evolucionado. Es así como los argumentos de “la sociología de la ciencia” son planteados inicialmente por Robert Merton y sus colaboradores en la Universidad de Columbia, inspirados en autores como Manheim o, incluso, del propio Marx. 53 etnometodología con el particular enfoque de Harold Garfinkel y, la tercera, desde las vertientes del constructivismo. Para comenzar, la vinculación de esta investigación a los ECTS parte de que esta corriente adquirió una dimensión profundamente sociológica47 a comienzos de los años ochenta. Esto implicó que, pese a las diferencias propias entre las categorías lógicas y cognitivas, el común denominador fuera que lo científico y lo tecnológico no son autónomos, sino que se determinan socialmente. En el contexto de la extensión deconstructiva de la realidad social a través de la reflexividad, aparece el programa Fuerte de la sociología de la ciencia de la Escuela de Edimburgo con Barry Barnes y David Bloor como figuras centrales. Pero también con autores asociados como Donald Mackenzie, Steve Woolgar (1991) y el propio Bruno Latour, entre otros. El fenómeno de la Coca comparte los fines de los ECTS en 4 grandes direcciones y cimenta su relación empírica sobre 3 vertientes tupidamente imbricadas: lo científico, lo tecnológico y lo social. En lo relativo a los fines compartidos, los ECTS procuran comprender y analizar diversos espacios sociales de producción del conocimiento. El giro espacial de las ciencias sociales aplicado al análisis fenomenológico es una orientación que transversaliza nuestra investigación. Se trata de un tipo de espacio comprendido en su dimensión material y simbólica y, por ello, profundamente dinamizado a través de la interacción social. Los análisis espaciales y sus topologías, la subjetivación y lo político en su carácter multidimensional estructuran el análisis de la economía política de la Coca al que se dedica por completo el capítulo IV de esta tesis. Un segundo fin implica la selección de ciertos conocimientos, ciertos actores, ciertas prácticas e instituciones desde las cuales se exhibe la dinámica social de la hoja de Coca. Para el caso de este estudio, el marco temporal se sitúa en la gestión del Proceso de Paz colombiano y, dentro de éste, los cambios cognitivos que se coproducen en el interior del fenómeno de estudio. Un tercer fin se centra en que la investigación se fortalezca a partir de nuevos espacios disciplinarios e interdisciplinarios. 47 Los estudios CTS se radicalizan en los años setenta desde el conjunto de planteamientos del “Programa Fuerte” en sociología de la ciencia y su posición extrema en relación con el externalismo epistemológico. Aunque previamente se habían trabajado los estudios CTS, no se había puesto de manifiesto que es en este punto en donde las propias categorías teórico-conceptuales se construyen desde un contexto social. 60 secularizar o más bien, socializar el fenómeno. A esta línea etnometodológica es rotundamente fiel la Teoría Actor Red cuando concentra todos los esfuerzos en el seguimiento minucioso a los actores, a su individualización. En palabras del propio Latour (1999) los actores saben lo que hacen y tenemos que aprender de ellos, el cómo y el por qué lo hacen. El seguimiento a los actantes en sus propios territorios y del modo en que se conforman como nodos en cada universo, representándose en los diversos colectivos sociales, constituye la estructura técnica que orientará la investigación en campo. Cada colectivo cotidianiza el fenómeno de formas diferenciadas. Si bien está previsto que los tiempos de estadía de investigación por colectivo podrían ser insuficientes para ser consideradas como inmersiones etnográficas, se asumirán, sin embargo, metodologías como la observación participante y la observación no participante. A través de estas aproximaciones se instrumentan las técnicas etnometodológicas54 mediante las herramientas de la TAR. El propósito es entonces el de describir la semiótica de las técnicas y prácticas habituales que se asumen en la vida cotidiana y que des/ordenan el fenómeno. Se viajará a cada universo definido y dentro de este, a cada territorio colombiano como hábitat de cada colectivo diferenciado y seleccionado. Es entonces desde la etnometodología que se legitimarán los análisis de micro fenómenos producto de la problematización, las controversias, los enrolamientos, la negociación, las traiciones y en general, de las interacciones sociales cara a cara entre los actantes que integran la Red. Y desde allí, sus realidades situadas, particulares e idiosincráticas. De esta manera, la organización del multiverso de la Coca se deslocaliza de las esferas donde tradicionalmente se sitúan las discusiones situadas en el “Estado, la política o cualquier superestructura abstracta. Estas actividades se realizan conjuntamente en las interacciones; y la gente las realiza ateniéndose a los presupuestos y a los tipos de conocimiento propios de la actitud natural” (Suárez, 2013, p.288). Esta glosa abre el espacio a la tercera vertiente, la del constructivismo social. Siendo esta de valor esencial tanto para la TAR como para esta investigación, a ella se dedicará el siguiente numeral. Aquí se argumenta uno de los 54 La relación entre la etnometodología como vertiente de la TAR se ve retribuida en tiempos recientes, en la medida en que las investigaciones etnometodológicas “tienden a integrar en el análisis de la interacción en copresencia, los objetos materiales incluidos en el escenario en donde ocurren. Parten del argumento de que es necesario entender mejor y de forma más precisa cómo los objetos participan en la construcción del significado y de interacciones sociales eficientes (Nevile et al 2014 citado por Pozas, 2015, p.4). 61 reensamblajes de base para la investigación: “transmutar” la planta de Coca en un fenómeno modulador de las trayectorias del Acuerdo de Paz. 3.1.1. La Construcción Social de la Hoja de Coca como Fenómeno. Esta discusión comienza con una reflexión básica. Ya al comienzo del capítulo II se argumentaba cómo la hoja de Coca en Colombia evoluciona de su génesis en el mundo natural hasta configurarse en un fenómeno social. En este contexto, cabe someter a escrutinio nuevas indagaciones. ¿Será posible circunscribir a la Coca dentro de la definición de un artefacto? ¿Las representaciones que transforman a la Coca en un fenómeno social se deslocalizan de las nociones de artefacto social, tecnológico o cultural? Aunque esta discusión podría pensarse que es más propia del plano epistemológico que del aplicado, en efecto son necesarias las clarificaciones pues desde la denominación misma de esta investigación se la identifica primero como “fenómeno” y segundo como “constructo”. Visto desde el ámbito etimológico, la definición de artefacto se funda en la expresión latina arte factus. La locución arte proviene a su vez de la palabra latina ars, que representa la traducción del griego téchne, de la que proviene la palabra “técnica”. Y como desarrollo “hecho con técnica” lo asume la Real Academia Española: “objeto, especialmente una máquina o un aparato, construido con una cierta técnica y para un determinado fin” (RAE, 2019). Pasando al asunto que nos interesa, el sociológico/filosófico, son Pinch y Bijker quienes separan en su discurso a los hechos de los artefactos, pero ambos como construcciones sociales y ambos como objetos de los estudios de la Construcción Social de la Tecnología55. Son tres los enfoques ontológicos del concepto de artefacto tecnológico que plantea Monterrosa (2011): el funcional, el intencional y el dual. Según el autor, el enfoque funcional define a los artefactos como objetos que han sido creados y seleccionados en virtud de un colectivo de usuarios y diseñadores con el claro propósito de ejecutar cierta función. El 55 “The Social Construction of Technology” representa uno de los avances evolutivos más destacados del Programa Empírico del Relativismo -PER. En la CST Pinch & Bijker (1984) enriquecen y potencian, tanto teórica como metodológicamente los estudios sobre innovación e historia de la tecnología. A partir de posturas empíricas describen los procesos de desarrollo de un artefacto como una suerte de alternancia entre variación y selección. Este planteamiento asigna al modelo una característica de “multidireccional”, en contraste con los modelos lineales usados tradicionalmente. Y es que este planteamiento se estructura a partir de dos posturas diferenciales de la apuesta de Pinch & Bijker (2008). 62 segundo enfoque, el intencional o histórico-intencional, plantea que un artefacto es un objeto que ha sido creado con la intención de ser precisamente ese objeto y no otro o por los contenidos mentales e intencionales de sus hacedores. Finalmente, la tercera categoría es el enfoque dual. Al respecto Lawler (2010), citado por Monterrosa (2011, p. 177) declara que “los artefactos poseen una doble naturaleza: son entidades materiales –objetos con descripciones fisicoquímicas completas– y entidades intencionales –objetos que incorporan planes de acción incrustados por sus diseñadores”. Y es que como afirma Fernando Broncano (2008), la propia existencia humana es un híbrido entre lo natural y lo artificial. Una existencia determinada a partir de las transformaciones humanas sobre la naturaleza, a partir de hechos y artefactos tecnológicos. Sin embargo, esta perspectiva dual de la naturaleza de los artefactos tecnológicos ha sido criticada por algunos autores56. Resultan de particular interés los planteamientos que en el año 2009 hace Pablo Schyfter desde la Universidad de Edimburgo. Para este autor la perspectiva dual no problematiza suficientemente el impacto que ejercen los fenómenos sociales sobre los artefactos. Las tesis del Programa Fuerte podrían aportar necesarias comprensiones sobre el estatus ontológico de un artefacto como producto de las instituciones sociales, en tanto no existirían como artefactos por fuera de las propias prácticas sociales (Schyfter, 2009). Es evidente que el fenómeno de la Coca no se estructura desde el enfoque funcional, el intencional, el dual o el múltiple como un objeto, máquina o artilugio y, por tanto, tampoco se representa como un artefacto tecnológico. Aunque el fenómeno sí se significa como una construcción social que incorpora técnicas, prácticas y hábitos y que estos cumplen con una variedad de funciones y fines en virtud de las particularidades propias de cada colectivo. Así, el fenómeno desvela múltiples naturalezas y se integra a partir de elementos heterogéneos: como entidades materiales, artefactos con descripciones fisicoquímicas y de entidades intencionales y, finalmente, se 56 Por ejemplo, el filósofo de la tecnología Carl Mitcham (2002) cuestiona la dualidad en tanto esta se remonta a las posturas cartesianas del clásico problema mente/cuerpo. ¿Por qué no hablar de tres, cuatro o múltiples naturalezas? Otra de sus críticas alude al hecho de no nominarlos simplemente como “artefactos”, sin adjetivarlos como tecnológicos y finalmente, sugiere el uso de descripciones más precisas que superen el concepto artefacto, por ejemplo: máquinas, herramientas, estructuras, aplicaciones, obras de arte o poemas, entre otros. En fin, el común denominador es su carácter inanimado y su delimitación como objetos. Para profundizar sobre las críticas a la TAR se recomienda leer a Winner (1993) con su artículo Social constructivism: opening the black box and finding it empty. 63 articula a través de múltiples cuestiones naturales, sociales o políticos. ¿Qué hay entonces de otras tipologías de artefacto como la cultural? En la clásica tipificación de Marx Wartofsky57 no encajaría como artefacto primario en tanto su propósito no es la creación de otros artefactos. En cuanto al tipo secundario, el propio fenómeno subsume algunos artefactos culturales relacionados con las representaciones y objetivaciones de la hoja de Coca, entre estos, las creencias, mitos y leyendas del universo indígena; o en algunos modos de acción del fenómeno como lo son las políticas asociadas. En cuanto a los artefactos culturales de tipo terciario, estos pueden involucrarse como objetos intelectuales propios del fenómeno, desde expresiones artísticas hasta desarrollos científicos en sentido estricto. En definitiva, lo estructural del problema planteado sobre si el fenómeno de estudio encaja o no en la definición de artefacto no tiene que ver con el enfoque sino con su corpus. El concepto de objeto como común denominador en las diversas acepciones de “artefacto” podría ser adecuado si el problema objeto de este estudio fuera, por ejemplo, el análisis bromatológico de la planta de Coca. Pero para esta investigación, si bien la hoja tiene su origen en el mundo natural, esta se constituye en un actor no humano. En esta reflexión subyacen los sentidos propios de un fenómeno: un entramado de objetos tecnológicos, culturales y sociales. En este orden de cosas se desbordan el alcance y las vertientes conceptuales de la noción de artefacto. Esta superación se produce desde las complejidades, las subjetividades y las objetivaciones propias de los actores humanos implicados, así como de las constantes dinámicas de interacción entre estos y otros actores heterogéneos y de estos en virtud de estas cuestiones de interés y flujos que definen particulares trayectorias que, en virtud de sus complejidades, terminan modulando al propio fenómeno. Según esto podría darse por superada la disyuntiva entre artefacto y fenómeno. Pero surge ahora un reto: ¿cómo se desenvolvería la TAR cuando se estudia no un artefacto per se cómo inicialmente ha sido diseñada por sus autores, sino el fenómeno de la Coca como constructo? La solución puede estar en las mismas bases del constructivismo social: las dinámicas de la construcción social de la tecnología representan lógicas que pueden ser extrapoladas a la 57 Para profundizar en la tipificación de artefacto cultural propuesta por Wartofsky (1979), se recomienda su libro de 2012 Models: Representation and scientific understanding (Wartofsky, M. W., 2012). Vol. 48. Springer Science & Business Media). 64 construcción social de un fenómeno que articula tecnologías, técnicas, teorías científicas y prácticas. Esta deconstrucción de un fenómeno no implica un cambio en el sentido, sino una apertura y una extensión a la consideración de un mayor número de variables. Más allá de pretender demostrar cómo un artefacto podría asimilarse a un fenómeno, el interés es identificar puntos de convergencia con propósitos prácticos para esta investigación. Dicho de otra manera, tanto el artefacto como el fenómeno se conectan con hilos tecnocientíficos en su conformación. Artefactos y fenómeno reflejan en su estructura determinaciones sociotécnicas en una doble vía: en el modo en que lo social modela lo técnico y cómo lo técnico lo es en tanto que cubre un propósito social particular. En conclusión, la TAR apropia una serie de elementos innovadores que, a partir del análisis teórico, aportan solidez conceptual y precisión metodológica a nuestra investigación. Sin embargo, esta investigación no se agota allí. Esta busca una conexión hacia un contexto político multidimensional. Busca dar paso al análisis de posibles elementos y rutas novedosas que sumen elementos de juicio con incidencia en las actuales o futuras biopolíticas colombianas en cultivos considerados de uso ilícito y en enfoques hacia la paz positiva y territorial. Profundizar en la comprensión del contexto heterogéneo contribuiría así mismo con la consolidación de la propia estructura de relaciones de los constructores sociales que se unen para formar un todo y que, desde la particular perspectiva de los autores58, es aparentemente coherente: “la Red”. Y es que, en efecto, la red puede ser tensional, ambivalente, llena de paradojas. Puede ser coherente, pero también puede no serlo. Y estos devenires en el comportamiento de la Red son justo el prólogo a la primera de las nociones aplicadas que, como ya se anticipaba al comienzo de este capítulo, son las que componen y desde donde se puede comprender el fondo de la Teoría Actor Red. Son entonces cuatro las estructuras conceptuales de la TAR: la red, la simetría extendida, la mediación y la traducción. 58 Las alusiones y evoluciones del concepto de red, su estructura y relativa coherencia pueden ser ampliados a partir de los escritos de Callen et al. (2011), Callon (2007), Callon (1986), Law (1986) y Latour (1986). 65 3.1.2. Articulación a las Nociones Estructurales de la TAR: Algunas Reflexiones Sobre la Red. La estructura conceptual de la TAR da cuenta de las formas en las que se ha desarrollado, pero también de sus potencialidades y prolificidad en términos de la diversidad y de los novedosos objetos de estudio, áreas de conocimiento y escalas de indagación. La TAR, desde un punto de vista estructural, se comprende sobre la base de una serie de acepciones particulares relacionadas con el concepto “red”. La red ha asumido un uso metafórico en las Ciencias Sociales y en particular en los ECTS. Pero pasando de la metáfora al plano aplicado, la acepción de redes desde la Teoría Actor Red, en sus formas teóricas y empíricas, es diferente a la que se plantea en otro tipo de aproximaciones, por ejemplo, al Análisis de Redes Sociales59. Si bien ambas son corrientes propias del campo de la investigación social donde se trabaja el análisis relacional y se privilegia la interacción entre actores (Viales, 2010; Grossetti, 2007), la diferencia estructural60 radica en que el Análisis de Redes Sociales61 es una herramienta de evaluación generalmente orientada a la implementación de acciones aplicadas sobre diversos órdenes y ciencias62. Desde las primeras investigaciones que acogen el concepto de redes aplicadas a los ECT'S, con la publicación Las Redes como Estructura Principal de los Intercambios entre Científicos63 de Nicholas Mullins en 1967, y hasta nuestros días, la red ha sido objeto de múltiples devenires epistemológicos. 59 “La noción de red social tiene una larga historia, anclada en la antropología, la psicología social, el análisis matemático de grafos y la sociología interaccionista (Freeman, 2004). Uno de los momentos clave de la constitución de un corpus coherente, a la vez metodológico, conceptual y teórico sobre las redes sociales, está en el trabajo emprendido por Harrison White en Harvard durante la década de 1960 (…). El análisis de redes sociales, tal como es desarrollado por el grupo de Harvard, presenta una formulación teórica y metodológica en sociología general que luego es puesta en práctica en diferentes campos de la vida social (Granovetter para la actividad económica, Wellman en sociología urbana, etc.)” (Grossetti, 2007, p.87). 60 Para aquellos interesados en profundizar en los encuentros, desencuentros y alianzas entre la TAR y el Análisis de Redes Sociales, se recomienda la lectura del artículo “Networks In The Social Sciences: Comparing Actor-Network Theory And Social Network Analysis” de Vicsek, Király & Kónya (2016). De especial interés encontramos en este artículo como los autores argumentan cómo los investigadores que utilizan la aproximación de TAR podrían beneficiarse del uso de ciertos métodos de SNA (como técnicas de visualización y medidas cuantitativas), mientras que los investigadores de SNA se beneficiarían del desarrollo de nuevas ideas teóricas y empíricas sobre cómo introducir actores no humanos en redes que también contienen humanos. Es decir, dan apertura a la construcción de nuevas apuestas híbridas en aras del enriquecimiento de las investigaciones, sus resultados y alcances. 61 Procedimentalmente el análisis de redes sociales se centra más en la estructura de las relaciones entre un conjunto de actores, se procesan y analizan series de datos reticulares, muchas veces masivos, los cuales transforma en representaciones especialmente gráficas y hace un uso frecuente de modelos matemáticos para determinar una serie de cálculos, medidas de centralidad, de cohesión y de equivalencia. 62 Para tales propósitos el Análisis de Redes Sociales acoge diversidad de teorías como la de grafos y de metodologías como las aplicaciones de software, entre otras. 63 En su investigación “Utiliza el método, ahora clásico, de muestreo por “bola de nieve” y el “generador de nombres”. Pasa los cuestionarios a 50 biólogos elegidos al azar, a los que les solicita los nombres de colegas con 66 La Teoría Actor-Red no ha sido tampoco ajena a esta historia de transformación conceptual64. Inicialmente, es John Law quien reflexiona sobre lo que llama un uso “a la ligera” de la metáfora de la red en términos técnicos. Sin embargo, Latour tenía claro el concepto de red y sus aplicaciones a la investigación social65 cuando afirmaba que “ahora que la World Wide Web existe, todos entendemos lo que es una red. Se aplica el término de red también como una herramienta crítica contra nociones diversas, como institución, sociedad, nación-estado y, ahora es la noción que aplican todos aquellos que quieran modernizar la modernización. “Abajo con lo rígido de las instituciones”, todos dicen, y ahora, que “vivan las redes flexibles” (Latour, 1999, p.115). ¿Cuál es la diferencia entre el uso anterior y el nuevo? Claramente, la palabra red implica una serie de transformaciones (respuestas y traducciones) que no podían ser capturadas por ninguno de los métodos tradicionales de la teoría social. ¿Cómo poder “organizar” el fenómeno entrópico de la hoja de Coca en su integridad? ¿Cómo diseccionar su estructura hasta lograr su comprensión? Para responder a ello debe entenderse la red como estructura, más allá de su acepción como estrategia funcional o categoría social. Como estructura permite identificar a los actores humanos y no humanos en sus roles, integrarlos en espacios simbólicos y materiales al representarlos como nodos y situarlos en organizaciones topológicamente móviles y flexibles. La red como estructura de fondo opera como plataforma para el ensamblaje de la propia trama de la red del fenómeno. Permite que los elementos de múltiples órdenes que allí operan puedan organizarse. Ahora bien, como estrategia funcional faculta para el seguimiento individual y nodal y así describir las interacciones sociales. Este particular atributo permite a la TAR integrar la investigación con informantes clave, con actores relevantes y descubrir sus traducciones y los dispositivos de mediación que modulan la red. Pero la red como categoría los que más han colaborado, enviando el cuestionario a éstos y así sucesivamente. Luego de cuatro iteraciones obtiene 257 respuestas. Su conclusión es que la investigación presentada aquí demuestra que las relaciones sociales reales, existentes en una red de comunicación, están ordenadas por un factor cultural, la descripción de investigaciones efectuadas y las orientaciones tomadas (Grossetti, 2007, p.87; Mullins, 1968). 64 El concepto de Red en la TAR lejos de ser un aforismo ha evolucionado en el tiempo. La ruta evolutiva puede trazarse como de las redes sociales a los sistemas y de estos a las redes sociotécnicas y a los dispositivos de mediación. Puede incluso hablarse, incluso, de una evolución conceptual que parte de la introducción del término “rizoma” en la obra de Deleuze y Guattari (2002) para terminar pasando al planteamiento de la Red en Latour. 65 Aunque las certezas de Latour se quiebran cuando años más tarde, en 2008 en Recalling ANT, percibe la red como un sistema de jerarquías de las que TAR debería estar exenta y refina el alcance del concepto de red aproximándose más al concepto de “rizoma” en Deleuze y Guattari (2002). 67 social de la TAR posee otra virtud: la actividad de la red revela no una fotografía estática, sino un video completo en tiempo real. ¿Cómo es esto? Afirmaba Latour en 1999 que con la nueva popularización de la palabra network se significa la red como un transporte sin deformación, un acceso instantáneo y sin medios a cada dato y que eso es exactamente lo contrario de lo que se quiere decir con la TAR. Es decir, la dinámica inestable es una propiedad de las redes como efecto de su construcción permanente. De esta forma, la inestabilidad de la red de la hoja de Coca posibilita un fértil análisis desde un enfoque sociológico. De hecho, los flujos que concita el acuerdo de paz son constantemente “bombardeados” por diversas cuestiones de interés cuyas detonaciones recrean en la red diversos grados de in/estabilidad. Esta gradación constitutiva de la Red nos lleva a concluir que no existen elementos ni puramente culturales, ni puramente técnicos o políticos o sociales, sino más bien sus combinaciones. Más aún cuando se trata de una red con matices socioculturales y bio-necroeco políticos. Desde la inestabilidad pueden abrirse los múltiples pliegues del fenómeno en la gestión del Proceso de Paz. ¿Cuál ha sido el rol del fenómeno de la hoja de Coca en las tempranas disidencias de las FARC? ¿Qué poderes incidieron en los des-enrolamientos y reenrolamientos de algunas de las directivas de las FARC firmantes del Acuerdo de Paz y que ahora son disidentes rearmados y reensamblados en el grupo guerrillero “Segunda Marquetalia”? ¿Cómo interactúan los nuevos roles políticos de sus actores? En relación con lo anterior, es preciso destacar otra propiedad de la Red puesta en conocimiento por Thomas Hughes (1983) y que tiene que ver con el develamiento de elementos organizativos, políticos, científicos, tecnológicos y sus combinaciones arquitectónicas. Desde esto se infiere que no hay escenario posible en que esta red pudiera ser pasiva o inerme; perdería así parte de su interés investigativo. Hay, pues, una influencia relevante de los planteamientos de Hughes en la TAR, aunque evolucionada a través del impulso dado por Michel Callon66 (1987) quien desarrolló la noción de red sociotécnica y 66 La problematización inicial, que adelantaba la hipótesis sobre la identidad de los diferentes actores, sus relaciones y sus objetivos, al término de cuatro etapas descritas da lugar a una red de lugares que operan como limites (Callon, 1986 p.199). “Callon introduce una formulación del principio de simetría extendida que incluye a las vieiras en la red. Sin embargo, es construida por los actores que conforman alianzas para realizar su proyecto, y es a su vez el observador el que la reconstituye sobre la base de las producciones discursivas de los humanos. Esto permite limitar a los no-humanos, considerando sólo a los que fueron percibidos en producciones discursivas, y así evitar su proliferación en el análisis. La “extensión” de la simetría se realiza con prudencia” (Grossetti, 2007, p. 86). 68 luego dará pie al establecimiento de toda una corriente teórica alrededor de la noción de actor-red (Law & Hassard, 1999). El componente teórico más importante del modelo de Callon67 es que la relación entre los actores heterogéneos es lo que permite que una red no se pueda reducir a un solo actor o a una sola red (Sharif, 2004). Lo novedoso aquí para nuestro estudio es que la estrategia funcional de la red opera tan bien para el análisis de artefactos como para el análisis de un fenómeno. Este hecho permite a Latour abrir la perspectiva para pensar en rutas alternas. Rutas históricas, pero desde discursos disruptivos; rutas disruptivas desde las topologías y el giro espacial; rutas que den cuenta de la heterogeneidad socio natural del hábitat y de la economía y ecología políticas. Debido a ello, esta investigación presenta una gran afinidad con lo afirmado por Latour de que “no importa lo controvertida que sea su historia, lo complejo que sea su funcionamiento interno, lo extensa que sea la red, comercial o académica, que los sostiene, solo cuentan sus entradas y salidas” (Latour, 1993, p.2). Desde la perspectiva teórica el fenómeno de la hoja de Coca se auto contiene y empaqueta en su propia caja negra. Esta se compone de los nudos y madejas de las redes de relaciones, así como de las entradas (espacios, subjetividades, variables cosmovisionales o tecnocientíficas) y salidas (fenómeno comprimido)68. Es justo aquí cuando Latour describe la existencia de algún tipo de “colisión” entre redes, lo que es propicio para el abordaje del presente trabajo. Más aún cuando Latour hace referencia a las colisiones más menudas, las existentes entre nodos o entre actores humanos en el interior de la misma red. Sin embargo, este tipo de disposición de la red, la de actores que consolidan nodos y nodos que construyen su red, puede pensarse como un todo jerárquico. Este tipo de construcción podría demarcar rutas estables de agenciamientos que, 67 Algo de fundamental relevancia es como estas aproximaciones no son simples teorías. En su famoso estudio sobre la cría de vieiras en la bahía de Saint Brieuc, Callon subraya los esfuerzos de los investigadores, al comienzo del proyecto, para construir una red de alianzas eficaz (Grossetti, 2007). Así mismo en su estudio sobre los vehículos eléctricos expone empíricamente lo suponen tres conceptos nuevos: el de actor-mundo, el de traducción y de actor-red. De esta manera Callon busca dar cuenta de las diferentes formas en que la Ciencia y la Tecnología operan en el mundo y producen cambios en este. 68 Y es que como lo dijera Arellano (2003) las redes sociotécnicas están conformadas por esos nudos que unen elementos sociales, económicos, científicos, políticos y técnicos en torno a un aspecto de la realidad. Otra idea fuerza interesante es cuando este sociólogo describe la red como un sistema de alianzas centrado en el actor o en el caso de esta investigación, el actante Coca: la irracionalidad siempre es una acusación formulada por alguien que construye una red contra otra que está en medio de su camino; por lo tanto, no existe una división entre mentes, sino únicamente entre redes pequeñas y redes extensas […]. 69 eventualmente, pueden no ser tan funcionales o romperse en medio de las dinámicas sociales. Es en este punto cuando se comprende la reflexión en la que entra Latour cuando compara la red versus el rizoma. Para el caso del estudio de la Coca no siempre las redes se estructuran en nodos, no siempre se componen por series de actores y no siempre existen jerarquías. Se parte de un hecho social: la inexistencia de un poder único centralizado en el estado y, con ello, la emergencia de un multiverso en el interior del fenómeno compuesto por colectivos sociales con algún nivel de cohesión interna. ¿Cuáles son los universos del multiverso de la hoja de Coca? ¿Podrían estos universos estar compuestos por colectivos heterogéneos diferenciados para conformar los nodos de una red? Estos universos se visibilizan inmersos en relaciones y luchas internas y externas en pos de diferentes tipologías de poder. Por ejemplo, el poder económico y territorial por ocupar los espacios que otrora eran dominados por las FARC-EP. Teniendo todo esto en cuenta, cuando Latour resignifica teóricamente la TAR como Ontología Actante-Rizoma, la flexibiliza al nivel de evitar los sesgos de las jerarquías que implica el prototipo reticular, integrando así el concepto de rizoma que Deleuze y Guattari recrean en Mil Mesetas. A partir de los principios rizomáticos de conexión y heterogeneidad, de multiplicidad y rupturas asignificantes, de cartografía y calcomanía, Latour busca llegar a una noción más consecuente con la movilidad de los actantes descentralizados, de estructuras no necesariamente jerárquicas y de capacidades de agencia e incidencia más equitativas y en línea con las dinámicas y trayectorias de producción social. Bajo este enfoque, el fenómeno de la Coca es claramente tan rizomático como reticular. Cualquier actor en el interior del fenómeno puede conectar con cualquier otro o incluso ingresar a manera de flujos o ser tan móvil como temporal y decidir si enrolarse o no en un nodo (colectivo). Pero esto no sería tanto una decisión de cada actante, sino que ha de entenderse desde las tramas previas en las que se está ubicado. El rizoma también incorpora relaciones de poder que establecen limitaciones, aun cuando estas puedan ser revertidas y problematizadas a través de las líneas de fuga. Ahora bien, más allá de las jerarquías, el concepto de rizoma subsume y capitaliza el concepto de heterogeneidad. El fenómeno de la Coca representa su heterogeneidad no solo desde la capacidad de incorporar actores humanos 76 actor-red. Esta precisión facilita la toma de decisiones sobre cuáles actantes incluir en el análisis y cuáles no. Y la decisión radica en acoger solo aquellos con la capacidad de producir una acción “significativa” en el interior de las redes del fenómeno de la Coca. Por ejemplo, existe el universo en el que habitan los campesinos, pero el colectivo heterogéneo articulado al fenómeno es aquel que se hubiera implicado con la hoja de Coca en alguno de los eslabones productivos. Un efecto “colateral” de la noción de simetría extendida y que conecta con el siguiente elemento de análisis, es el de la mediación planteado por Michel Callon cuando afirma que la red “es construida por los actores que conforman alianzas para realizar su proyecto, y es a su vez, el observador el que la reconstituye sobre la base de las producciones discursivas de los humanos” (Callon, 2003, citado por Grossetti, 2007, p. 85). Aplicando aquella expresión de Callon & Rabeharisoa (2003) de “investigación en libertad”77 se deja claro que el trabajo de campo de nuestra investigación no se haría en laboratorios o en lugares acreditados por sujetos expertos de la investigación como en la TAR, sino en los espacios de la hoja de Coca. Se acogería así una forma de construcción similar a “la red personal de un investigador” en la TAR, para transformarla en “la red de un actante”. En conclusión, desde la simetría extendida se potencia el sentido y se dota de profundidad y equilibrio a la investigación a partir de un criterio de cuestiones de interés para el análisis sociológico de las asociaciones. La sociedad y la naturaleza serían componentes y contendrían actantes indiferenciados, tejidos en una red de composición heterogénea. 3.1.2.2. El fenómeno interpretado desde la noción de mediación en Latour. La mediación y sus dispositivos son comprendidos en la red de la hoja de Coca como parte de los mecanismos y las formas en que se dinamiza, en que se hace viva. Y la forma más básica de mediación son los intentos comunicativos entre sus actores humanos o incluso comunicaciones multimediadas y subjetivas con actantes no humanos. Pero esta forma implica, más que el lenguaje oral o escrito, toda una serie de códigos semióticos que corresponden a las formas diversas de hacer, de pensar, de decir, de plasmar. Estas formas amplían las interpretaciones y pluralizan la construcción de la red. La mediación como 77 Por investigación en libertad se entiende desde Callon (1986) aquella ruta de investigación en el campo mismo. 77 concepto puede rastrearse originalmente desde la filosofía de Michel Serres (1995). Como bien señala Correa (2012, p.67) el pensamiento de Serres sobre la mediación configura “aquello que se encuentra o se mueve entre las cosas, entendida como arbitraje, moderación, paso, comunicación, combinación, intercambio, traducción, transformación, sustitución”. La mediación, entendida en estos términos, implica el concepto inter/acción que se consolida en un cambio. Algo menos específico sería Latour (2007, p. 183) cuando en La Esperanza de Pandora definiera a la mediación “como algo que sucede, pero no es plenamente causa ni plenamente consecuencia, algo que ocurre sin ser del todo un medio ni del todo un fin”. Para Latour la mediación se significa a la vez como aproximación ontológica, como metodología y como ruta de procesos y procedimientos. Esto explica que el concepto más macro de mediación subsuma los efectos de otros conceptos, entre estos los de traducción de metas o el de cajanegrización78. Por otra parte, y aunque el concepto de traducción será revisado en el siguiente numeral, una de sus partes debe atenderse justo en este apartado por su relación indisoluble con la mediación. La traducción asume que cada actor tiene unas intenciones y con base en ellas proyecta sus metas, las cuales espera cumplir a medida que se encuentra con los otros y se vale de una serie de procesos para lograr transformaciones en ese otro. Pero estos procesos implican la apropiación de diversos dispositivos de mediación. Si se cumple que la meta sea compartida, surge posiblemente una nueva trayectoria, nuevas metas o significados. Es así como los dispositivos de mediación de la TAR se presentan funcionalmente activos y claramente verificables en el presente estudio. Algunas claridades de interés las aporta Grossetti (2007, p.103) cuando afirma que “la introducción del concepto de dispositivos de mediación en el enfoque de redes sociotécnicas permite salir, en la mayoría de los casos, del reduccionismo relacional que caracteriza al análisis de redes sociales. La noción de dispositivo de mediación permite introducir, al menos parcialmente y en un registro limitado, a los “no-humanos” o a las “mediaciones”. Al mismo tiempo, es posible dar sentido a las formas colectivas (organizaciones, colectivos, etc.) que se sitúan entre el “contexto” (vista desde adentro) y el “actor” (vista exterior)”. 78 Como lo explicaría Correa (2012, p. 70) “Al igual que los humanos, la composición de los objetos es variable, así como su comportamiento. Cada uno de los componentes de la caja negra guardará en sí otras cajas negras y con ello sus propias metas, organizadas, compuestas, por una serie de acciones que involucran a otras redes”. Y en los pliegues de tiempo, espacio, construcciones y deconstrucciones surgen procesos que también acreditan la acción de dispositivos de mediación. 78 En el análisis del fenómeno de la Coca, entran en juego un sinnúmero de dispositivos de mediación79 en la medida en que se definen como todo aquello que moviliza un cambio, pero sin pasar por cadenas de relaciones personales80. Su identificación, caracterización y articulación a los universos y actantes será de importancia en el momento de buscar las descripciones y las comprensiones de las redes. Los dispositivos de mediación para nuestro caso asumirán, igual que las redes, un carácter híbrido humanos/no humanos y su importancia radica en que permiten coordinarse a los actores. Como entidades mediadoras capaces de producir transformaciones y cambios en los demás actantes de la red, los dispositivos no-humanos incluyen, para el caso de la Coca, desde semánticas, procedimientos de regulación y políticas, hasta dispositivos y artefactos específicos de comunicación. Los objetos ya no serían simples intermediarios, sino que serán compuestos de y por un complejo de mediaciones. Ahora bien, los actores humanos asumirían también un rol como dispositivos de mediación, en la medida de su capacidad para traducir cambios en otros. Se trata aquí especialmente de figuras de poder y tomadores de decisiones como chamanes o abuelos indígenas, líderes sociales o comandantes de agencias estatales, insurgentes o paramilitares. Pero también actores enrolados como intermediarios de diversos tipos y con diversas funciones y propósitos de mediación. Se incluyen en esta tipología actores mediadores en la fase exploratoria del Proceso de Paz o en la misma negociación de los puntos en la Habana. Estos dispositivos humanos en muchos casos asumen el doble rol: actante/mediador. Este sería aplicable a combatientes activos que a su vez mediaron en la negociación de la Habana, puesto que poseen capacidades específicas de mediación, generalmente como “stakeholders” en el interior del fenómeno. En conclusión, estos mediadores constituyen per se, cómo lo diría Latour, al mismo tiempo una red de diversos componentes y un dispositivo que produce sus propias lógicas y conexiones durante el proceso constante de ejercicio de poder. De particular interés es para el estudio poder desentrañar al detalle estas relaciones, des/conexiones, acercamientos, distanciamientos y sedimentaciones entre los actantes. Los relatos de los 79 Para profundizar en los conceptos de objetos de mediación se recomienda acudir a Vinck (1999) y para la de su forma más frecuente, pero que obedece a naturaleza similar, la de dispositivos de mediación, se recomiendan autores como Cochoy (2002) y Álvarez (2018) quien hace un análisis de su aplicación a las ciencias. 80 Esta definición se rescata y modifica levemente a partir de Michel Grossetti en su artículo Reflexiones en torno a la noción de red (Grossetti, M., 2007). Reflexiones en torno a la noción de red. Redes (Quilmes, 13(25), 85-108). 79 relacionamientos podrían no ser tan “espontáneos” como pueden parecer, y sí revelar una carga potente de relaciones de poder, coacciones y órdenes. 3.1.2.3. El concepto de traducción: de Callon y Latour al estudio de un fenómeno La fuerza argumentativa de la noción de traducción en el contexto de la TAR ha alcanzado tanta intensidad que es común nominarla de forma alternativa como “Sociología de la Traducción”. La traducción llega particularmente de la mano de Bruno Latour, de la misma manera como ya se presentó el enfoque de red especialmente de la mano de Michel Callon y John Law (2003). El efecto complementario entre la noción de red y la noción de traducción se expresa en el análisis de la malla de interacciones, simultáneamente prácticas y significativas, cuyo resultado no se describe como efecto de un proceso de negociación social, sino más bien como una lucha de poderes que involucra por igual a agentes humanos y no humanos (Domènech & Tirado, 1998). El concepto de traducción fue originalmente acuñado por Michel Serres81 y hace referencia a las dinámicas de conexión entre actantes que operan tanto a nivel individual como entre colectivos y universos. En el caso de la hoja de la Coca, pueden entenderse como luchas por la significación, como las que mantienen los universos indígena y campesino y los Grupos Armados Organizados -GAO. Pero también en las formas en que se abren fisuras y se forjan desplazamientos entre dos dominios, o incluso el simple acto de propiciar y acercar puentes de comunicación o de sus combinaciones y mezclas implicando elementos y actantes variados. En esta definición se perfilan procesos en permanente disputa. Por un lado, la traducción como un medio que obliga, pero también los consentimientos y desviaciones forzadas, los intereses transformados en metas, los dispositivos de mediación conducidos a través de diversas estrategias de traducción en consensos relativos o consentimientos “comprados” o interesados. Entran entonces en la noción de traducción elementos compartidos con los mecanismos de poder y con la economía política de la hoja de Coca. Callon (1986, p.69) comprende así el poder desde el concepto de traducción: 81 La genealogía entre la noción de traducción y Michel Serres son documentados por autores como Brown, 2002 & Cressman, 2009 citados por Vicsek, Király, & Kónya, 2016, p.81. 80 “Como efecto de la creación de una red formada por varios elementos en constante interacción, y la realidad social, como producto de estos intentos mutuos de traducción […] El resultado de los procesos de traducción es una situación en la que ciertas entidades controlan a otras y su análisis permite comprender lo que denominamos relaciones de poder, o sea, la manera como se definen los actores, cómo se los asocia y, simultáneamente, se los obliga a mantenerse fieles a las alianzas. […] La perspectiva de la traducción permite la explicación de cómo unos pocos obtienen el derecho de representar y de expresarse en nombre de muchos, que han sido silenciados, a través de unos procesos complejos en los que […] se mezclan entidades heterogéneas”. Callon (1986) define la traducción como un medio para obligar a algunas entidades a dar su consentimiento, a un "desvío" del que luego puede hablar en nombre de otros actores inscritos en la red. Del ejercicio de la desviación en la traducción permanente dan cuenta la fase exploratoria, la Mesa de Conversaciones y de los Ciclos de Conversaciones en la Habana, Cuba, dado que la gestión del Acuerdo de Paz constituye un espacio de lucha en el que se trata de imponer la asunción de las metas ajenas como propias. La dialéctica para desviar al otro de sus disensos de entrada y las traducciones que se perciben en el documento final del Acuerdo dan cuenta de las formas en que el lenguaje de un actor se sustituye por el lenguaje de otro(s) actor(es). Este proceso es lo que, en palabras de Law (2003), implica transformación y la posibilidad de equivalencia, esto es, la posibilidad de que una cosa, por ejemplo, un actor, represente a otra cosa, por ejemplo, una red. Así, la traducción tiene un significado tanto lingüístico como geométrico, ya que traducir diferentes intereses en nuevas metas "significa a la vez ofrecer nuevas interpretaciones de estos intereses y canalizar a las personas en diferentes direcciones" (Latour, 1987, p. 117). Finalmente, la noción de traducción bajo la perspectiva de Latour (2001, p. 214) en La Esperanza de Pandora implica el “desplazamiento, deriva, invención o mediación: la creación de un lazo que no existía con anterioridad y que en cierta medida modifica a las dos iniciales”. Es el proceso por el cual una entidad se combina con otra, modificándose en el propio acto de encuentro y posibilitando la emergencia de una nueva entidad. Desde esta perspectiva, la traducción será la operación o el conjunto de procedimientos que explican el ensamblaje de las entidades heterogéneas, la constitución del propio actor-red”. Para las redes del fenómeno de la Coca, la traducción, en este sentido, propiciará un análisis divergente a lo 81 que usualmente encontramos en las referencias y bibliografías, más conectadas a las áreas de la criminología y la conflictología o de las relaciones exteriores de Colombia con países aliados en la lucha contra las drogas y el delito. En Latour (2001), el seguimiento a actores relevantes desde la traducción implicará, por sus connotaciones lingüísticas y materiales, el desvelamiento de posibles desplazamientos que, inducidos desde diversos actores, son indispensables para la ocurrencia de una acción particular y la traducción de esas acciones individuales y colectivas en nuevas trayectorias que afectan desde micro hasta macroprocesos82 anudados al fenómeno. Desde los mecanismos de traducción se analizarán en el trabajo de campo los microprocesos vividos, por ejemplo, en un resguardo83 indígena. El resguardo operaría como nodo de la macro red, pero a su vez como nodo compuesto por su propia y particular micro red. Para nuestra investigación se analizarán también algunos macroprocesos. Por citar alguno, el de las percepciones y negociaciones en la implementación del Proceso de Paz en lo relativo a la Coca. Este análisis se integra por un complejo juego de negociaciones, alianzas, resistencias y traiciones que implican traducciones y redefiniciones. Estos juegos soportan narrativas y en éstas, interesa desentrañar las diferencias, las similitudes, los detalles y las transformaciones micro y macroscópicas. Lo que para Latour (2001, p.64) supone lo siguiente: “En vez de una oposición rígida entre el 'contexto' y el 'contenido', las cadenas de traducciones se refieren al trabajo mediante el que los actores modifican, desplazan y trasladan sus distintos y contrapuestos intereses”. Desde la traducción se incide de fondo en las formas en que cada micro proceso del constructo Coca produce y que sus actores asumen como realidad. Realidades con niveles múltiples de subjetividad desde los cuales se interpreta dicha realidad. Realidades que no tienen un destino final y que siempre podrán ser re/pensadas o re/descritas de otros modos. De esta manera, el estudio a través de la traducción busca alcanzar cierta permeabilidad entre 82 En la TAR se rompen dos dicotomías de base, la primera entre lo micro y lo macro en tanto actantes y productos se siguen en el momento mismo de sus acciones. La segunda es la ruptura entre la dimensión social y la cognitiva en tanto lo social y el pensamiento social no son dimensiones causales, son otro producto de las interacciones entre los actores, por lo tanto, son un problema, no una solución (Latour, 2004). 83 Un Resguardo indígena según la Constitución Política de Colombia de 1991 en sus artículos 63, 329 y 347 se define como una entidad territorial reconocida donde habita un determinado pueblo indígena. Este espacio se comprende como un bien de uso público, de propiedad colectiva, no enajenable y que se rige políticamente por un estatuto especial autónomo y culturalmente ancestral y propio. Su conformación se hace con sujeción a lo dispuesto en la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial y su delimitación se ordena por el Gobierno Nacional. Es un espacio territorial, normativa y culturalmente diferente. 82 la ubicación topológica individual en la red y el modo en que esta ubicación se modula en la relación con su espacio. Espacio que puede ser visto como excéntrico, en la medida en que escala desde el nivel de topología local de un colectivo social particular hasta escalas geoestratégicas y que intervienen en procesos de retroalimentación al tener también un papel en la modulación del fenómeno. Con todo ello se experimenta algo así como una movilidad “glocal” que, vista desde los procesos de traducción, se abren hacia un análisis más holístico. De esta manera se materializa el propósito de producir análisis simétricos y socioculturales. Porque, como lo diría de Oliveira Texeira (2001, p.11), “antes que nada, la traducción envolverá rupturas, alianzas, conflictos y la producción de diferencias entre elementos diferentes. Esta hace equivalentes dos palabras, dos realidades, dos elementos, dos relaciones… pero en tanto que no existen dos parcelas de la vida completamente iguales, la traducción siempre implica deformación y traición. Así que la traducción habla al mismo tiempo de equivalencia y desplazamiento”. Michel Callon y Bruno Latour vindican un tipo de sociología de la traducción diferente al mainstream, más preocupada por el paso del orden al desorden que por las condiciones que definen el statu quo o, en el caso inverso, por la revolución (Callen et al., 2011, p.8). Transformando las reflexiones de Latour (1983) desde los artefactos al campo del análisis del fenómeno, la noción de traducción aplicada permitiría84 traducir los resultados de la intervención de biopolíticas a los escenarios locales, lo que posibilita el diálogo entre diversos colectivos sociales de relevancia y entidades no humanas, así como la confluencia y la fusión de intereses distintos en torno al fenómeno. Supondría tomar elementos de los diferentes colectivos para describirlos y comprenderlos y así poder traducirlos a aspectos de interés para otros colectivos, incluso aquellos fuera de la red del fenómeno. Posibilitaría así mismo “navegar” entre los nodos (colectivos) de la red y entre los diversos ámbitos glocales en los que ocurran desplazamientos de objetos, personas, términos, significados, entre lo micro y lo macro, lo interno y lo externo. 84 Ana Lucía Calderón (2017) del Centro de Investigaciones Históricas de América Central (CIHAC) de la Universidad de Costa Rica, hace en su capítulo de libro “Aportes teóricos y metodológicos desde la Antropología para el estudio de la ciencia y la tecnología”, una interesante sinopsis sobre el pensamiento de Latour aplicado a la noción de traducción y al análisis de la ciencia como producto social. Como un ejercicio reflexivo en este apartado lo transformamos en los términos previstos en nuestro análisis del fenómeno de la coca. 83 Finalmente, el proceso de traducción permitiría desde el trabajo de campo comprender en profundidad el fenómeno, tanto en el contexto social en el que opera como en el que ocurren las cuestiones de interés y las relaciones de poder en el interior y en el exterior. De igual manera, permite entrar en el análisis de la re/construcción social del territorio como elemento que asigna poder a los colectivos sociales que lo habitan y los mecanismos de poder que ejercen para la dominación: la imposición de la fuerza, incluso armada, la posterior venta de “protección” a la comunidad, pero también desde el colectivo de los agentes estatales y su dominación a través del ejercicio del poder que deviene de las políticas y que ejercen a través de la fuerza. De la noción de traducción a la puesta a prueba en la investigación dan cuenta los estudios empíricos tanto de Michell Callon como de Bruno Latour. Las constantes transiciones e itinerancias entre las líneas teóricas y los espacios aplicados representan para la traducción no solo un afinamiento en su distancia relativa a las realidades del multiverso de la hoja de Coca, sino una categoría que aporta coherencias de fondo al desarrollo del trabajo. Esta doble acción teórica/empírica de la traducción evoluciona el propio concepto y actúa como brújula. Un ejemplo es la forma en que Callon (1986), a partir de su icónica investigación sobre la domesticación de las vieiras y los pescadores de la bahía de St. Brieuc, define los momentos de la traducción. Momentos que se transformarían más adelante en los 5 pasos metodológicos de la TAR. 3.2. Interconexiones de Base Metodológica: La Caja de Herramientas de la TAR Las formas teóricas de la TAR se anudan con las aproximaciones metodológicas y su pertinencia en campo se ha probado primordialmente en el análisis de ecosistemas tecnológicos. Ahora la pregunta es ¿esta caja de herramientas instrumenta con igual solvencia el análisis de la transformación social para el caso de un fenómeno sociocultural y biopolítico? Y para el caso particular de esta investigación, si cuenta con la flexibilidad suficiente para responder con solidez las 3 preguntas de investigación y sus tres alcances macroscópicos, uno descriptivo, uno comprensivo y otro en su conexión a contextos sociales con base en tres dimensiones políticas: la bio, la necro y la ecológica. 84 Se anticipaba ya en el numeral anterior cómo la investigación de Callon (1986) fue fundante en la definición de los momentos metodológicos de la Teoría Actor Red. Estos momentos los esquematiza en la Figura FIGURA 4. Sin embargo, surge un ruido: se han citado previamente 5 momentos metodológicos y los autores esquematizan solo 4. Efectivamente, de la lectura exegética de Callon (1986) puede comprenderse que, si bien se nominan explícitamente como 4 los momentos de la sociología de la traducción, un quinto momento denominado “Disidencia: traiciones y controversias” puede asumirse desde la TAR evolucionada. Este último momento se presenta con particular interés para nuestra investigación de cara a abordar las trayectorias que asume la Implementación del Acuerdo de Paz con grupos disidentes y dinámicas de traición. De este marco es fundamental para nuestra investigación analizar si de entre estos momentos aplicarían todos al contexto del presente estudio de caso o si estos 5 fueran suficientes y, de no serlo, indagar si existen relaciones de complementariedad o suplementariedad con otras metodologías. Las respuestas a estas indagaciones pueden hallarse en el análisis metodológico desde los 5 momentos de la TAR aplicado al fenómeno de la hoja de Coca en Colombia. FIGURA 4 Los cuatro momentos metodológicos de la Teoría Actor Red Nota: La Figura fue tomada de Calderón (2017) quien, a su vez la diseñó a partir de a partir de Ortega (2013). 85 3.2.1. Momento 1 (M1): la Problematización. Problematización o, como lo diría el propio Callon (1986) “cómo resultar indispensable”. En este momento ha de reflexionarse sobre los problemas que atañen y segregan, dependiendo de sus intereses, a los actores del fenómeno y sobre las formas en que se identifican los problemas más relevantes de un conjunto específico de ellos o sobre cómo discernir aquello que nuclea el problema y, en consecuencia, consolidar un argumento ensamblador problémico que los describa. No ha de perderse de vista que también esos núcleos son producto de y a la vez son generadores de controversias y tensiones que deben identificarse y describirse. Para Callon (1986, p.3), “en las controversias estudiadas, los actores desarrollan argumentos y puntos de vista contradictorios que los llevan a proponer diferentes versiones del mundo social y natural”. Un segundo propósito de la problematización es el de describir las interacciones entre entidades humanas y no humanas; interacciones dinamizadas alrededor del núcleo problémico glosado a partir unos argumentos compartidos desde los que se pretende ganar ese interés en los otros actores. Ganar el interés significa buscar nuevos integrantes y así cohesionarles alrededor de ese núcleo y por extensión, obtener nuevos militantes de una causa-argumento. Para lograr sus propósitos, el momento de la problematización supone para el investigador seguir una ruta en dos movimientos. Primero en la inter-definición de actores donde se busca explicar quiénes son y cómo se relacionan, a partir de una serie de preguntas formuladas por el investigador. Para el caso de nuestra investigación estas preguntas buscarían generar un efecto detonante de las controversias y son diferenciales por colectivo. Es decir, se adaptarían a las respuestas de los actores en las formas en que se definen a sí mismos, pero también cómo involucran a otros creando una cadena de actores a los que se les seguirá igualmente. La iteración de este proceso seguirá hasta lograr identificar una primigenia red de actores. El segundo movimiento es la definición de puntos de paso obligado (PPO). En este proceso, continúa Callon (1986), el investigador no se limita simplemente a identificar actores, sino que busca estratégicamente que los intereses de todos estos se articulen a los propósitos de la investigación. Y se evita, además, en lo posible, fugas de información o actores que se evadan. “Dar la voz al pueblo en la academia” como lo diría Orlando Fals Borda, develar variantes consensuadas de solución a los problemas planteados, dislocar el fenómeno de la 92 Entra así mismo en la disidencia la noción de ambivalencia en operación: el hecho de que las inclusiones a una red pueden ser circunstanciales, provisionales y quizás se asumen unos elementos y otros no. La traducción no opera necesariamente como algo totalizador para un actor, es decir, la traición puede darse en algunos aspectos y en otros no. Desde la misma movilización y de acuerdo con la capacidad de agencia de los portavoces de cada colectivo, o incluso sub-colectivos, la traición se dinamiza como la acción de abandono de los problemas que cohesionaban a un actor a su colectivo. La militancia en ese colectivo obedece a la defensa de los problemas que, subjetivados, se transforman en “la causa”. Las causas del universo indígena o campesino o excombatiente o combatiente insurgente o paraestatal activo, pueden ser divergentes, pero igualmente son reconocidas como sus causas. Y en algunos casos la expresión de la traición puede transformarse en disidencia, en abandono completo del colectivo al que el actor se había inicialmente enrolado o al Acuerdo de Paz. Y es que la semántica de “las disidencias” se integra al metalenguaje del Proceso de Paz. Particularmente, designa excombatientes de las FARC-EP incorporados en el proceso de dejación de armas y reincorporación a la vida civil, que luego deciden retomar la lucha armada y son proscritos de las consideraciones a que se acogieron con el Acuerdo firmado en 2016. Es en el momento de la disidencia donde se desvelan tanto el rol que representa la hoja de Coca como actante en el proceso de traición y de generación de la disidencia como las propias motivaciones de las disidencias de los excombatientes de las FARC reincorporados (si estas disidencias que se crean en la construcción del proceso de Paz fueron reales o eran protagonizadas por actores con enrolamientos inestables o indecisos). El trabajo de campo buscará respuestas a lo aquí planteado. Sin embargo, en este quinto momento, se agota la ruta metodológica y la caja de herramientas de la TAR. Queda, así pues, definido el papel de la TAR como centro de gravedad teórico-empírico para la presente investigación. 3.3. Reflexiones Finales Sobre la Pertinencia de la TAR en el Análisis del Fenómeno de la Coca Latour (2005, p. 80-82) relaciona cuatro áreas clave donde la TAR es particularmente útil. La primera es en el campo de la innovación, donde las actividades pueden seguirse, por ejemplo, en un taller en el que los procesos involucran conflictos, negociaciones complejas y 93 arbitrarias y las decisiones tienen lugar después que estos procesos llegan a su fin. La segunda es cuando se configuran situaciones poco amigables relacionadas con la pérdida de la supuesta naturaleza para la que un producto fue diseñado a medida que sus usuarios (actores legos) lo utilizan. La tercera tiene que ver con accidentes, averías y huelgas, de tal manera que estas relaciones se vuelven discernibles al ojo del investigador social. Y, finalmente, la cuarta se refiere a relatos históricos en tecnologías y sistemas tecnológicos. Desde aquel entonces y hasta estos tiempos, diversas temáticas propias de las agendas, tanto públicas como científicas, se han convertido en su objeto de estudio de la TAR. Se incluyen los mercados, las leyes, “la situación carcelaria, las reformas en materia de salud mental, los procesos participativos, entre otras (…) Algunos trabajos claves lo constituyen los estudios de MacKenzie (1990) sobre la central de inercia de los misiles intercontinentales; de Callon (1987) sobre los electrodos de las pilas de combustible; de Hughes (1983) y su descripción sobre la lámpara incandescente de Edison y de Latour (1984; 1988) acerca de la atenuación de la bacteria del ántrax por parte de Pasteur y los péptidos del cerebro de Guillemin” (Correa, 2012, p.74). Las investigaciones que se pusieron en marcha al principio contribuyeron a su vez a su propio proceso de afinamiento. Puede incluso rastrearse una clara correlación entre los cambios de la TAR y el desarrollo de algunas de estas investigaciones de campo. Cada nueva área de investigación galvanizó en la TAR un rastro de los procesos de evolución/involución93, invención/re-invención y explosión/implosión. Para la TAR, someterse a procesos iterantes de pilotaje y validación implicó evolucionar en una teoría/acción cada vez más robusta. Esto evidencia la capacidad de la TAR de abrirse a otras áreas y objetos de estudio, de robustecer sus rutas metodológicas con líneas de estudio como las que se hallan representadas en nuestra investigación. Y es que justo con la entrada del siglo XXI y particularmente desde el año 2.000, se abre lo que John Law (2007) denominara la “diáspora” de la TAR. Como resultado de ello, se desarrollan diversos casos de estudio, así como otras formas de incorporación de sus 93 Sobre la genealogía de TAR/ANT, Callen et al. (2011) plantean un interesante paralelismo con el proceso evolutivo de la Etnometodología. Desde la óptica de estos autores, una vez que la Etnometodología alcanzó cierto reconocimiento, dedicó un enorme esfuerzo a reescribir casi por completo su historia. Y en el caso de TAR/ANT, “La lectura con mirada histórica de los recientes escritos de Michel Callon y Bruno Latour permite establecer una genealogía que desemboca en la TAR después de pasar por la influencia del pensamiento semiótico de Greimás y Courtes, algunos postulados de A.N. Whitehead, Michel Serres o la propia revolución de Garfinkel, la sociología del conocimiento científico de tradición anglosajona y reivindicar como ancestro más antiguo y destacado la figura de Gabriel Tarde”. 94 momentos, nociones y herramientas. Así, por ejemplo, desde las áreas médicas, el estudio de Anne Marie Mol (2002) se ha convertido en un “nuevo clásico”. Ella ha descrito las prácticas de diagnóstico y tratamiento de la arteriosclerosis hasta concluir que, analizadas desde los multicontextos de la consulta, de la sala de radiografía, de la de ecografía o el quirófano, se generan realidades diferentes sobre los significados de la enfermedad y que de algún modo las prácticas producen múltiples redes, ergo, múltiples realidades. Otro caso es el de Vicky Singleton y Mike Michael (1993), quienes estudiaron el programa británico de prevención del cáncer de útero y encuentran ambivalencias en las percepciones de los actores sobre las redes en las que se encuentran enrolados: al mismo tiempo que trabajan en su mantenimiento pueden manifestar reticencias (Echeverría & González, 2009). De más reciente aparición es la investigación doctoral de Roslyn Kerr (2010) de la University of Canterbury. En esta tesis de corte etnográfico se describe el mundo de la gimnasia de alto rendimiento. La investigadora examina las controversias que han operado tanto para criticar como para reelaborar esta disciplina deportiva. Hace un seguimiento a las gimnastas en diversos espacios e identifica los actantes que trabajan en el ensamblaje de la gimnasia. Cambiando ahora a las áreas de conocimiento de las comunicaciones, en el periodismo, la multimedia y la cibercultura se han desarrollado estudios94 significativos. En el área de la administración de empresas, cabe destacar la tesis de Cristian Donzello (2014) que pone el foco de interés en la exploración del rol de los Sistemas de Control de Gestión, pero también en las tensiones y controversias que se generan en proyectos de desarrollo de nuevos productos. Concluye en su estudio que una mayor comprensión de cómo las organizaciones equilibran los diferentes procesos para apoyar las actividades de innovación representa un área importante de investigación. De más reciente aparición es la tesis doctoral de Gibrán Rivera (2013) quien hibrida el uso de la TAR con una aproximación basada en la 94 Bencherki (2017) en su artículo “Teoría Actor-Red”, presenta una sinopsis de las investigaciones realizadas en el área de la comunicación y del periodismo. Cita, por ejemplo, un estudio en medios y cultura cibernética de Thierry Bardini, donde utilizó las nociones de scripts de TAR para explicar la forma en que la tecnología "inscribe" una comprensión particular de su usuario final. Referencia igualmente el estudio de Siles y Boczkowski (2012), donde de manera similar, a partir de TAR propone que el contenido generado por el usuario de los nuevos medios juega un papel en la configuración de la tecnología misma. Cita así mismo el trabajo de Benoit-Barné (2009), quien estudió el "material de recalcitrancia "a través del ejemplo de una presa hidroeléctrica, junto con sus diversas características técnicas que miden los niveles de agua. Su estudio constituye un potente ejemplo de agencia no humana en controversias sociotécnicas, ya que muestra que el discurso humano puede ser contradicho por la acción no humana. Y finalmente cita a Besel (2011), quien mostró cómo un gráfico particular en una controversia sobre el cambio climático se convirtió en "recuadro negro" por algunos, es decir, percibido como no problemático y natural, mientras que otros, escépticos del cambio climático, intentaron reabrir esa caja negra. 95 práctica para entender la dinámica de la participación de una comunidad en línea. Este estudio ejemplifica las formas en que la TAR admite hibridaciones metodológicas. Finalmente, desde el área de las ciencias agropecuarias, la también tesis doctoral de Sarah Edwards (2014), presenta un examen crítico de las herramientas teóricas y metodológicas proporcionadas por la TAR en su aplicación a la investigación de Organismos Genéticamente Modificados (OMG) en Nueva Zelanda. En esta investigación, Edwards aplica la TAR al estudio y representación de controversias de tipo ambiental: el desarrollo de cebollas genéticamente modificadas "sin lágrimas". Sin embargo, en lugar de seguir un solo marco de análisis, utiliza una representación de red que combina elementos tomados de tres enfoques diferentes y, al hacerlo, identifica cómo la inestabilidad de la red en última instancia conduce al fracaso general del proyecto. Un aporte interesante es la manera en que identifica una serie de pautas metodológicas prácticas para otros investigadores que están aplicando la TAR al estudio de controversias. Esta innovación es de interés particular en la formulación metodológica de nuestra investigación porque, de una parte, se centra en un área afín y, por otra, metodológicamente integra elementos conceptuales y metodológicos externos que combina con la TAR. La TAR aplicada en investigaciones del área de las ciencias agrarias cuenta con algunos precedentes en Latinoamérica. Se destacan por ejemplo los estudios desarrollados por la escuela del profesor Arellano en México, que tiene en su haber investigaciones tales como “La producción social de los objetos técnicos agrícolas” (Arellano, 1999); “Aproximaciones a la construcción social de conocimiento y de tecnología sobre el medio ambiente: el caso del cambio climático en México y Centro América” (Arellano, Ortega & Morales, 2009) y “Del laboratorio al campo: la historia inconclusa de la papa transgénica en México” (Ortega, 2013). Todos estos trabajos, sin embargo, enfatizan en las dimensiones tecnológicas en detrimento de un enfoque que sea más respetuoso con la amplitud de dimensiones sociales involucradas. La investigación de Richard Heeks (2013) sobre el uso de la TAR en los estudios de desarrollo reafirma, desde una perspectiva teórica, la relevancia y potenciales contribuciones de la Teoría Actor Red en investigaciones que aborden las tendencias actuales, tanto en el pensamiento como en la práctica del desarrollo. Para ello se afianza en un argumento que es de interés a nuestra investigación: mientras otras aproximaciones tienden a describir la estructura y explicar el proceso, TAR hace lo contrario, es decir, describe los procesos en 96 detalle para explicar la aparición de estructuras de actores y redes. Mientras otras teorías suelen dejar de lado a los no humanos, la TAR los incorpora, a modo de una materialidad activa que pone de relevancia el papel que desempeñan en el desarrollo. Finalmente, concluye el autor, la TAR saca a la luz suposiciones inscritas que se dan por sentado y a las personas que se suponen marginadas e impotentes. Y cierra el autor exponiendo las formas en que las redes son estructurales en los estudios sobre desarrollo, cómo se representan en permanente movimiento y cómo explican las formas y las producciones del enrolamiento, los intereses, las identidades y los discursos que cambian con el tiempo. En conclusión, a partir de los estudios analizados resultan fundamentados los argumentos que sustentan la pertinencia de la TAR como metodología de primer orden para nuestra investigación. A manera de sinopsis del tercer capítulo estos son los argumentos más relevantes: a. El enfoque de la TAR permite profundizar en el componente descriptivo de los procesos de subjetivación (producción de sujetos), sin desatender los de objetivación (producción de objetos e instituciones) implícitos en el fenómeno de la Coca. b. El principio de la simetría extendida asigna un peso relativo equivalente al análisis de la Coca como actante en su interacción con los humanos y los espacios. El Glifosato, los rituales, las herramientas y técnicas de producción, los abonos y pesticidas, entre otros, cobrarán interés simétrico en su imbricación entre los elementos heterogéneos que conforman y modulan al propio fenómeno. c. La superación del enfoque de red y la comprensión de lo rizomático con sus principios de conexión y heterogeneidad, multiplicidad y rupturas asignificantes, cartografía y calcomanía, nos permite evitar los sesgos de las jerarquías, describir intensamente y comprender los diversos actantes de manera descentralizada, atendiendo a los detalles de la semiótica relacional y con una capacidad más equitativa de agencia e incidencia en las dinámicas y trayectorias que asume el fenómeno. d. La noción de mediación aporta elementos de análisis para la identificación, caracterización y articulación con los nodos y actantes de la red de los dispositivos de mediación humanos y no humanos. De esta manera, facilita develar el 97 fenómeno y lograr así las descripciones y comprensiones de lo que subsume en sus pliegues, hasta llegar a sus entrañas. e. El concepto de traducción propicia la identificación y análisis de microprocesos y macroprocesos, así como de las controversias, alianzas y resistencias que en su interior implican traducciones y redefiniciones, así como de los actantes en ellas implicados. f. Desde de la problematización se orientará nuestra investigación hacia la identificación de problemas compartidos y cohesionadores de cada colectivo y, desde allí, lograr su identificación y descripción. g. El momento de la participación movilizará el necesario acercamiento en profundidad a las relaciones e interacciones de los actantes que para nuestro estudio favorecería el componente analítico, en tanto que permitiría un seguimiento a las rutas sociales que, como madejas, entraman la red. h. Seguir la ruta del proceso de enrolamiento direccionará la identificación en el interior del fenómeno de los “Puntos de Paso Obligatorio”, los “Móviles Inmutables” y los “Objetos Fronterizos”, así como también los “Intermediarios” y los “Mediadores”. i. Con la movilización se dinamiza la identificación y seguimiento a los portavoces, procesos y dispositivos de traducción en el interior de los colectivos y entre los colectivos. j. Finalmente, se tiene en cuenta las formas en las que la TAR, desde su apertura heterodoxa, habilita su crecimiento en extensión hacia otras disciplinas y áreas de conocimiento, nuevos espacios y objetos de estudio y en intención, desde los aportes a lo metodológico en las herramientas y técnicas en respuesta a novedosas preguntas de investigación. 98 99 CAPÍTULO IV. LA ECONOMÍA POLÍTICA DE LA DE COCA EN COLOMBIA BAJO EL LENTE DE LA TAR En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que el pecado existía, descubrieron que debían lealtad a un Rey y Reino de otro mundo y un Dios de otro cielo, y que este Dios había inventado al culpable y el vestido, y había enviado a ser quemado vivo a quien adora al Sol, la Luna, la Tierra y la Lluvia que la moja Eduardo Galeano La Coca, en su doble rol como actante-planta y constructo-red en la TAR, se representa desde la economía política a partir de cuatro estructuras. Primero, la del dominio sobre los objetos y relaciones, lo que describe Foucault como microfísica del poder. Segundo, la de relaciones de poder del Estado, las poblaciones y del poder social y, como resultado de ello, el mapa topológico que las describe en sus fases temporales y escalas espaciales. Tercero, la de relaciones de producción y significación representadas en lo espacial y en su dimensionalidad material y simbólica (pero también en las interacciones sociales vivenciadas en topologías cambiantes); y, cuarto, aunque comprendido más como una vertiente de la tercera estructura, la de los flujos políticos. Así planteado, el propósito de este capítulo es, de una parte, analizar estas cuatro representaciones de la economía política de la Coca; y de otra, anudar esa economía política a los antecedentes presentados en el capítulo dos y, a partir de aquí, ensamblarlos mediante la Teoría Actor Red en la producción de un mapa espaciotemporal de la Coca, planteado aquí en cinco fases. Para comenzar, desde un enfoque meta teórico, la Teoría Actor Red se relaciona con la economía política95 en tanto que implica una racionalidad en el ordenamiento del 95 La economía desde su misma etimología encierra una ambigüedad: la del οίκος "casa", lo que se asume como hogar, como hábitat y por extensión a nuestra investigación, como biotopo o espacio donde coexiste una biocenosis en sus múltiples expresiones (fitocenosis, como mundo vegetal, zoocenosis como mundo animal y microbiocenosis como mundo microbiológico). Estas expresiones forman parte de la Coca haciéndola un continuum, haciéndola interdependiente con otros actores y actantes en interacciones ecosistémicas heterogéneas. En dicha interacción, los humanos conforman grupos y transforman el biotopo en espacio material de cultivo de la Coca (agrobiocenosis) o simbólico en el universo indígena como casa de la deidad Coca. La segunda raíz griega de la economía, νέμoμαι "administración", tiene que ver con la resolución de las necesidades desde una perspectiva antropocéntrica y con la generación y administración de la riqueza. Si así se analiza, el hábitat y la generación y administración de riqueza, plantean un oxímoron irreconciliable en el fenómeno de la Coca. Se pasa, en consecuencia, del hábitat situado en los espacios rurales en su dinámica ancestral cosmológica a los espacios capitalistas en su transformación en un actante reificado, como objeto productor de riqueza económica. El tratamiento de una planta del mundo natural como mercancía en la dualidad hábitat/riqueza. Se plantea así una suerte de antinomia que deviene en conflicto. 100 mundo. En este sentido, plantea una estructura de ordenamiento de la propia realidad y establece significaciones a través de un marco heurístico. Los significados que se derivan de plantear una economía política de la Coca se asocian a una lógica, a un tipo de cálculo, a una racionalidad determinada por el fenómeno. Esta racionalidad permea las relaciones sociales en los órdenes micro y macrosocial, que se dinamizan en Colombia, tanto en las escalas espaciales territorial y Estatal, como en las relaciones con otros Estados escalándose a lo global. Lo global en la Coca se comprende desde la Teoría Actor Red, en primer lugar, en lo que tiene que ver con la asociación de las interacciones diferenciales de la subregión Andina, entendida como un nodo cohesionado a partir de las significaciones e historia compartidas. Y, en segundo lugar, en una red extendida a países individuales o a grupos de países articulados como nodos en formas diversas de organización, desde Naciones Unidas hasta la Comunidad Económica Europea. Desde esta perspectiva, nuestro estudio plantea un escenario alternativo a los análisis de la Coca, teniendo en cuenta la producción de sentido movilizado por la economía política y las relaciones de poder; estas se desvelan, se ordenan y se ensamblan desde la TAR en mapas topológicos representativos del fenómeno. El mapeo se enriquece desde la simetría extendida a los actantes, que desempeñan un rol determinado en las mediaciones y en las traducciones de los significados de la Coca. De otra parte, el rol de los actantes se ejerce desde ese parlamento que tienen las cosas, como lo diría Latour en su crítica a la modernidad. Y es que, según Latour, las clasificaciones modernas no dan cuenta de lo que sucede en el campo empírico. Esas clasificaciones dislocadas de la realidad devienen en el no reconocimiento de los derechos, de la autonomía, la agencia y las capacidades de acción de los actantes. Así, la Coca, en tanto que actante, asume un rol en las pugnas y luchas que dinamizan la permanente inestabilidad de la red. Toda esta sociología de las asociaciones dota de coherencia interna a la investigación. Para comenzar con la primera estructura de la economía política de la Coca, la microfísica del poder, ésta, según Foucault, se ubica en los mecanismos infinitesimales y excéntricos al dominio Estatal. Justo allí donde se transforma en capilar. Primero, en la microfísica del poder asociada a la Coca, cada colectivo que habita cada universo diferenciado posee una historia, unas prácticas y técnicas. Allí es donde el poder asume sus 101 formas más situadas, más territoriales, incluso más grupales, nucleares y diferenciadas. Para ello se sirve de estrategias con sus respectivas tácticas, técnicas y maniobras que buscan soportar, hasta donde es posible, el statu quo del dominio y el control. Estas formas permanecen en constante pugna contra la inestabilidad social. Pero también dan cuenta de las contra estrategias para la emergencia de nuevas estructuras de poder en el interior de los colectivos y de estos hacia el exterior, en interacción con los otros colectivos, o incluso contra el propio Estado. Este juego de estrategia/contra estrategias es lo que Latour define como programa de acción y su opuesto, los anti-programas96. A grandes trazos, las estrategias microfísicas del poder en la Coca se ejercen en red y pueden dividirse en ideológicas, capitalistas, culturales, familiares y en estructuras de “paragubernamentabilidad”. Estas estrategias de tipo micro social superan las tradiciones de una parte del contrato (opresión) o de otra, de la dominación (represión). A este respecto, las estrategias devenidas de la ideología97 como instrumentadora del poder, operan en un doble sentido, como cohesionadoras de los actantes enrolados a un colectivo social y como polarizadoras que escinde dos o más colectivos. La ideología es aquello que remite a la coherencia-cohesión, a la lógica neutra y a la homogeneidad. Pero la ideología no es neutra, es una racionalidad que busca imponerse y crear algo que tienda a lo homogéneo (Lefebvre, 2017). Un ejemplo táctico de la estrategia ideológica es la ejercida en el universo donde habitan los Grupos Armados Organizados al Margen de la Ley -GAO-ML. Y es particular al grupo de las guerrillas activas y a su contraparte, los grupos paramilitares. Aquí en la instrumentación como acción polarizadora se movilizan los problemas hacia las controversias y estas hacia luchas, que en la Coca no sólo son ideológicas, sino también armadas. 96 Para Latour, los términos “programa de acción y anti-programas” son “propios de la sociología y la tecnología que se han venido usando para conferir a los artefactos su carácter activo y a menudo polémico. Cada uno de los mecanismos anticipa lo que los demás actores, tanto humanos como no humanos, pueden hacer (programas de acción), aunque puede que esas acciones anticipadas no tengan lugar debido a que los otros actores tengan diferentes programas, es decir, anti-programas desde el punto de vista del primer actor. De ahí que el artefacto se encuentre en la primera línea de una controversia entre los programas y los anti-programas” (Latour, 2001, p. 368) 97 Foucault (2000, p.41) manifiesta ciertas reservas en la existencia de ideologías en el interior de las redes de poder. Piensa más bien en “instrumentos efectivos de formación y acumulación del saber, métodos de observación, técnicas de registro, procedimientos de investigación y búsqueda, aparatos de verificación”. Sin embargo, para nuestro caso, sean estas ideologías manipuladas, subjetivizadas, de fronteras porosas o maleables, efectivamente existen en tanto dogmas propios de la extrema derecha o de la extrema izquierda, en juegos maniqueos del todo o nada. 108 que, en lo humano y lo no humano, se presentan móviles y cambiantes, divergentes y convergentes, al socio-ritmo del espacio y el tiempo de análisis. Una caracterización del sentido del espacio, en coyunturas contemporáneas situadas, la propone Doreen Massey (2012). Para Ella, cinco son las características del espacio: primero que el espacio es un producto social, sin importar si este es material o yace implícito en los discursos e imaginaciones. Segundo, que ha de ser también una responsabilidad política, en tanto hecho que se produce socialmente, ergo, importan las formas de producción. Tercero, que, si el espacio es producto de las relaciones sociales, entonces está totalmente impregnado de poder social. Cuarto, que el espacio es relacional, en tanto se hace y produce a partir de la interacción de unos con otros; y, quinto, que es la dimensión de la multiplicidad, de la existencia coetánea de cosas, de la simultaneidad de un abanico de trayectorias. En consecuencia, para nuestra investigación se acogen lo simbólico, lo material y la movilidad, circuitos y transiciones analizadas como variabilidades topológicas del espacio en la interacción social. Finalmente, en las dimensiones simbólicas y materiales del espacio se integran también el análisis de la economía política de la Coca, en la medida en que se reconoce el poder de la subjetividad en la heterogeneidad interpretativa en la Red de la Coca. Aquí se hace necesario revisar los antecedentes en el análisis de la economía política de las plantas, que si bien no son tan prolíficos103, se han desarrollado con especial énfasis a partir del siglo XX. Uno de los estudios clásicos es el de Sídney Mintz cuando en 1996 publica Dulzura y Poder: el Lugar del Azúcar en la Historia Moderna104. Para Mintz, los universos que los grupos humanos tratan como espacios naturales, son claramente universos sociales de construcción simbólica. Este simbolismo aplicado a nuestro estudio desvela múltiples universos articulados espacialmente al cosmos de la Coca. Cada universo se integra por diversas naturalezas híbridas de actores y actantes contenidos en los grupos sociales. Cada 103 Además de los dos estudios citados, un tercer estudio, esta vez desde una localización espaciotemporal más cercana es la del antropólogo Michael Taussig (2018) sobre el cultivo de la Palma Africana en el caribe colombiano. Desde su abordaje interdisciplinar investiga al lado del abogado y profesor Juan Felipe García los denominados “terrenos baldíos” como tierras sin tradición ni propiedad. Tierras de todos y de nadie. Para finalizar con las implicaciones sociales del fenómeno del paramilitarismo y de un hábitat convulso y plagado de un sinnúmero de violaciones a los derechos humanos. 104 Mintz estructura su análisis a partir de elementos contextuales que corren desde la antropología de la comida y el comer hasta los relativos a la balanza producción/consumo y estos en su rol interdeterminante. Desde allí Mintz define el significado especial de un producto “colonial” como la Caña de azúcar en el crecimiento del capitalismo mundial. Luego analiza las conexiones azúcar/poder atando circunstancias, coyunturas y causas. Para finalizar con sus percepciones acerca del destino y del estudio del azúcar en la sociedad moderna. 109 uno de los universos simbólicos de la Coca es habitado por sujetos que, grosso modo, podría decirse que se significan con cierta coherencia, con cierta homogeneidad, en las series de conjuntos de significado-uso del entorno, así como en lo relativo a sus representaciones alrededor de la Coca como actante. Un segundo hallazgo clave de la investigadora es que una antropología de la vida moderna no puede ignorar el trabajo de campo o prescindir de él (Mintz, 1996, p. 28). Este hallazgo es compartido por un segundo estudio sobre la economía política de las plantas, esta vez desarrollado sobre la patata en los espacios Sur Americanos, en Perú, de la mano del investigador Van Der Ploeg105 (2000) de la Universidad de Wageningen (Países Bajos). En su trabajo de campo encuentra, no sólo el exilio de los saberes ancestrales, sino la proscripción de los sistemas de control del proceso productivo de los propios productores locales y el modo en que, desde allí, se privilegian las relaciones de explotación agrícola y de los mercados. Subjetividad y relaciones de poder se convierten entonces en elementos de los que no puede prescindir un análisis de la economía política, ya que los actores involucrados tejen alrededor del cultivo de una planta la organización del tiempo, de los espacios y del poder de las versiones parciales en el entramado de los procesos productivos y de los mercados. Las coherencias subjetivas se movilizan en gran medida por intereses y deseos, pero también a través de aquellas problemáticas que se colectivizan. Es precisamente esa unidad simbólicoemocional, producida en el curso de la experiencia, la base ontológica de lo que se define como subjetividad (Gonzáles, 2008, p.228). La subjetividad cuando es compartida por actores diversos permite trazar ciertas fronteras que les cohesionan y a su vez, les diferencian de los demás grupos. Fronteras que delimitan, como lo diría Arturo Escobar (2020), un modelo, una cultural y, por ende, una construcción diferente del mundo-lugar o, en las semánticas y sintaxis de nuestro trabajo, un universo-espacio diferente. Por supuesto, estas coherencias admiten ciertos grados de libertad 105En su estudio de enfoque antropológico Van Der Ploeg confronta los diversos sistemas de conocimiento en el cultivo de la patata en Perú. Analiza así mismo las dinámicas de la interacción social que se derivan en la prevalencia del sistema científico y la marginación del conocimiento local. En su examen del “art de la localité” adopta la versión de Bordieu (1900) cuando lo define como el tipo de conocimiento que va directamente de una práctica a otra. Esta aproximación comparte elementos fundantes con nuestro análisis del fenómeno de la Coca, de tal manera que para Van Der Ploeg (2000), existe igualmente un tipo de “teoría” que se estructura y que difiere radicalmente del discurso científico. 110 individual, con puntos de vista y disensos, pero en general les unen controversias, problemas, fisuras de escape y clausuras similares. Y, finalmente, en el escalamiento del reconocimiento en multiniveles, se encuentra el nivel del autorreconocimiento del sujeto como integrante de ese universo, el nivel social interno donde los sujetos del colectivo se reconocen recíprocamente. Y en ese reconocimiento, se encuentra la representación social y el modo en que esta juega con el propio concepto de subjetividad. Se trata de una subjetividad vista más desde un foco histórico-cultural. Desde este marco nos identificamos con la idea de Gonzáles (2008, p.225) a partir del concepto de sentido en Vygotsky106, donde la subjetividad se redefine completamente y gana un nuevo significado: la subjetividad comprendida no como fenómeno exclusivamente individual, sino como un aspecto importante de cualquier fenómeno social. Ahora, si bien no se cuenta con mayores antecedentes en términos cuantitativos en investigaciones desarrolladas sobre la economía política de las plantas, tampoco existen para la economía política de una droga considerada ilegal y menos aún, en trabajos donde se utilice como aproximación metodológica la TAR107. Esta vertiente de la investigación social podría representar una oportunidad potencial. En la búsqueda de antecedentes y, si bien no supone en su integridad un análisis de economía política, se encuentra la disertación de Hohauser108 (1995). En este estudio se rastrea la construcción social de la tecnología de la droga alucinógena denominada dietilamida del ácido lisérgico (LSD) y se desvelan actores y 106 En Vygotsky el sentido se resignifica cuando lo individual trasciende a lo social en argumentaciones como esta: “En el proceso de vida societal [...] las emociones entran en nuevas relaciones con otros elementos de la vida psíquica, nuevos sistemas aparecen, nuevos conjuntos de funciones psíquicas; unidades de un orden superior emergen, gobernadas por leyes especiales, dependencias mutuas, y formas especiales de conexión y movimiento” (Vygotsky, 1984, p. 328). 107 De entre las investigaciones rastreadas, en la cuarta parte de su libro La nueva guerra del opio en 1975 investigador José Alberto Marín Morales publica la “Economía política del opio” donde se analizan los antecedentes y las repercusiones de la supresión del cultivo de la adormidera en la China. De otra parte, el investigador colombiano Francisco Thoumi publica en 2002 un artículo donde analiza en su generalidad “La economía política de las drogas ilegales en los Andes” desde las relaciones de la oferta y la demanda. “Luego, en el intento de construir una respuesta a la interrogante de por qué unos países producen drogas ilegales y otros no, Thoumi cuestiona las cuatro razones (pobreza, desigualdad, crisis económicas y corrupción) que comúnmente se utilizan para explicar este fenómeno y señala que en muchas ocasiones estas variables son los detonantes más que causas. En la parte final, el autor expone las características sociales e institucionales de los países que propician las destrezas necesarias para llevar a cabo actividades ilegales, y argumenta que su solución requiere cambios estructurales en la sociedad” (Thoumi, 2002, p.169). 108 En su estudio utiliza la CST para rastrear la historia del LSD. Se evidencia cómo el sistema tecnológico del LSD corresponde a las fases designadas por Thomas Hughes (1987), específicamente la invención, el desarrollo, la innovación, el crecimiento, la competencia y la consolidación. Finalmente, se discute el destino de la investigación del LSD hoy en día, su uso entre los miembros del público, especialmente los jóvenes, y la utilidad de las teorías de la CST/SCOT. Pero a partir de estos referentes no solo asistimos a la apertura a nuevas áreas del conocimiento, sino también a una suerte de flexibilidad metodológica que permite al investigador social utilizar una o más herramientas de la caja o incluso incorporar o cumplimentarla con nuevas herramientas. 111 actantes claves como Timothy Leary y la CIA. De otra parte, se rastrean modulaciones e influencias clave en la transformación del LSD, pasando de una tecnología química a una droga altamente controvertida. Si bien en su investigación no se mapean topologías, traducciones o mediaciones, se producen socialmente rutas de transformación para una droga semisintética, que integra componentes de la naturaleza y productos químicos, de la misma forma en que sucede con la cocaína. Y asume trayectorias de invención, expansión/contracción, reconfiguración de la red producto de prohibiciones progresivas de tipo biopolítico. Cambiando ahora a la contracara de la dimensión simbólica, es decir, en la dimensión material del fenómeno de la Coca, resulta necesario traer a colación la noción de naturaleza. Esta, per se, es sujeto de controversias relativas a su “real existencia” y a sus significados polisémicos, flotantes y vacíos. Para Swyngedouw (2011, p.41), “el término ‘Naturaleza’ y sus derivados más recientes, como ‘medio ambiente’ o ‘sostenibilidad’, son significantes ‘vacíos’; no existe algo semejante a una Naturaleza singular”. Naturaleza como meta semántica y como una constante en los discursos partidistas, como articulador mágico con las simpatías de los votantes. Concluye el autor con una “llamada a la politización del medio ambiente, fundada en el reconocimiento de la indeterminación de la naturaleza, el antagonismo constitutivo de toda ciudadanía y la incondicional demanda democrática de igualdad política (Swingedouw, 2011, p.41). Y finalmente la postura latouriana, que, en su libro Políticas de la Naturaleza, interpreta la realidad natural no como una síntesis de las realidades múltiples, sino como un proceso injustificado de unificación de la vida pública. Y así, considera como inestable la noción de naturaleza, haciendo un llamado al debate en oposición a lo que el autor define como las tres formas de naturaleza, “la naturaleza «fría y dura» de cualidades primarias, la naturaleza «caliente y verde» de la Naturpolitik y, finalmente, la naturaleza «roja y sangrienta» de la economía política. Naturalizar no quiere simplemente decir que se extiende indebidamente el reino de la Ciencia a otros dominios, sino que se paraliza la política” (Latour, 2013, p.77). La naturaleza, en su relación con la ciencia no ha de escapar al análisis, pues en palabras de Lefebvre (2009), “la naturaleza también es creada, modelada, transformada, que es en gran medida un producto de acción (…) es una creación humana. Dentro de una determinada ideología, la naturaleza todavía se entiende hoy como una simple cuestión de 112 conocimiento y como un objeto de tecnología, como un concepto fácil de entender y como un problema técnico”. Desde su alter ego, más allá de la concepción de naturaleza como un símbolo geo poético, se representa como un espacio material. Y en esta materialidad, la residencia “natural” de la Coca puede ser las Chagras situadas en la selva del universo indígena o las huertas de pancoger109 situadas en pequeñas parcelas del universo campesino. No obstante, el espacio capitalista110 fuerza el crecimiento de los cultivares. Esta tendencia expansiva exige cultivos intensivos fitotécnicamente manejados y por supuesto, más y más espacio. Los estimativos, en términos de cifras del impacto ambiental en Colombia, no son claros ni se encuentran actualizados. “La mayoría de los estudios realizados se enfocan en aspectos como producción, consumo de precursores químicos, cantidades incautadas, regiones productoras, incidencia social y económica y áreas cultivadas, pero no hay estudios concretos orientados a mostrar la verdadera magnitud del daño ambiental que esta actividad ha generado sobre los ecosistemas afectados” (Pinzón & Sotelo, s.f.). El espacio de la Coca en expansión coloniza nuevos espacios: los bosques, los parques nacionales naturales. Cuanto más distante y mejor pase “bajo el radar” del universo estatal le será más propicio. Desde las estadísticas consolidadas por Rodríguez (2003) relativas a la pérdida de la cobertura forestal, y siguiendo los datos estimativos de la Comisión Nacional de Estupefacientes, se indica que, para sembrar exitosamente una hectárea de coca o amapola, es necesario talar tres hectáreas. Es así como, “diversas 109 Las huertas de pancoger o cultivos de pan coger se traducen como estrategias productivas y de subsistencia del universo campesino y son herencia misma de las chagras indígenas. Pueden definirse como pequeñas áreas dedicadas a cultivos múltiples y son utilizados en la alimentación diaria de la familia campesina. Algunas veces se asocian diferentes familias alrededor de las labores culturales y desde aquí, “por un lado, fortalecer dinámicas relacionadas con la solidaridad, confianza y unión, y por otro, recuperar formas de trabajo (“convites”, “mingas” o mano cambiada”) que han sido tradicionales en la región, pero que por momentos se estaban perdiendo (Henao, 2014, p.74). 110 Se entra aquí al terreno de lo que Lefebvre (2009) definiría como “Espacio Capitalista”: la línea fronteriza donde finaliza y se pervierte lo simbólico para transformarse en el espacio capitalista. El uno comienza justo donde se pervierte el otro, (esto es, en el momento justo en un sujeto deidad se transforma en un objeto del capital. Entran aquí en disputa el espacio natural (el ecosistema terrestre) con el espacio del terreno como bien valor. Se generan entonces los conflictos ambientales y los conflictos de la tenencia y uso del terreno. “En la perspectiva de Henri Lefebvre, el espacio aparece como soporte fundamental de las relaciones sociales capitalistas y, principalmente, como una mercancía en la que no entra en consideración el valor de uso que responde a las necesidades de quienes habitan la ciudad, sino simplemente el valor de cambio que alimenta el proceso de acumulación del capital. Al mismo tiempo, en su reflexión destaca el protagonismo de los sujetos que habitan el espacio en contraposición a la lógica instrumental y racionalista que propugna el urbanismo moderno” (L’Huillier, 2021, p126). Es en estos sentidos que nuestra investigación asume el concepto de espacio capitalista. 113 estimaciones colocan la tala histórica total entre 1.000.000 y 1.5000.000 hectáreas” (Rodríguez, 2003, p. 1). Las decisiones/acciones biopolíticas tomadas por las instituciones y administraciones especializadas carecen de efectividad; en lugar de resolver las contradicciones del espacio, la acción estatal las agrava y politiza; éstas no originan un nuevo espacio, sino un producto específico de confrontación público-privada. Esta circunstancia supone, siguiendo a Lefebvre, que, ahora, de repente, el hombre se da cuenta que, en el proceso de dominarse, la naturaleza fue devastada y amenazada con la aniquilación, lo que a su vez amenazó el reino humano que, aunque aún estaba vinculado a la naturaleza, causó su aniquilación. De esto surgió la necesidad de una estrategia de intervención. La naturaleza se politiza. Desde un segundo análisis sobre la producción/transformación del espacio, los territorios de la Coca pueden ser comprendidos como espacios físicos, demarcados, modificados y transformados. La extracción del insumo base “pasta o base de Coca” o de su producto final la Cocaína, demanda rutas para operar su tráfico. Estas rutas representan una doble construcción: primero, la construcción física de redes, circuitos y flujos que se asientan: rutas, canales, caminos de hierro y que representan también, como lo diría Latour, un espacio socionatural. Un espacio transformado sí, pero que existe en el interior de la esfera rural y del universo natural. Este espacio se vincula con una segunda construcción: la reconfiguración y transformación social del territorio. Se habla entonces de un espacio natural de luchas y resistencias por el control de los espacios territoriales de la Coca. De las confrontaciones producto del dominio total o parcial de las rutas, canales, redes y caminos terrestres y marítimos para el transporte del narcótico. Estas confrontaciones asumen múltiples caras: la del contubernio con las fuerzas estatales, la del asesinato a líderes y lideresas sociales que se oponen, la del engaño a los actores campesinos o indígenas, la de la compra del espacio, la del desplazamiento forzado, la expropiación violenta y las infinitas formas conocidas y desconocidas que adquiere la pugna por el espacio. Todo ello encuentra aquí su ensamblaje a las pasarelas entre la bio y la necropolítica. En este estado de cosas, se despliegan ahora nuevas relaciones topológicas entre el universo estatal, los espacios rurales y urbanos y los poderes políticos en pleno como productores de objetos y de realidades. Finalmente, la cuarta estructura de la economía 114 política de la Coca es la de los flujos políticos, aunque estos desde lo heurístico son indisolubles a las relaciones de producción y significación presentes en la tercera estructura. Lo político afianza su relación con la TAR en tanto todo acto selectivo es un acto político, que para este estudio se representa en tres dimensiones: la biopolítica, la necropolítica y la ecología política. Ahora, si bien estas dimensiones se imbrican a la topología espaciotemporal de la economía política de la Coca en sus 5 fases, se plantean desde este momento, y a manera de base interpretativa complementaria, algunas líneas epistemológicas. La idea de estructurar el ecosistema del proyecto biopolítico111 de la Coca como en/clave interpretativo del análisis crítico y genealógico y, a su vez, como conector de un contexto colectivo heterogéneo y amplio por naturaleza, supone entroncar la vida no como fundamento, ni como objeto, sino como una vía contemporánea para el ejercicio del poder. Con las formas cambiantes que asume la gestión del Acuerdo de Paz el discurso recorre una ruta que puede ser especialmente interpretada a la luz de planteamientos foucaultianos, la de la invocación al pensamiento divergente desde un enfoque biopolítico. Este pensamiento irrumpe con un carácter disruptivo y sin apegos dicotómicos respecto a las líneas de interpretación naturalistas o politicistas y se focaliza en los procesos biopolíticos. De esta manera se procura un enfoque más holístico y que afianza una reflexión alternativa, menos reduccionista y monofocal; que no piense en la encrucijada de la Coca como un simple asunto de políticas antidrogas. Ampliar el fenómeno a partir una lectura del “ecosistema” del proyecto bio-político de la Coca en Colombia, implica para la caja de herramientas de la TAR rastrear los ensamblajes heterogéneos, poder definir y comprender aquellos puntos ciegos y débiles, aquellas lagunas, espacios vacíos y arenas movedizas que se generan a partir de la diversidad de promulgaciones biopolíticas en competencia y que emergen desde diversos espacios, tanto simbólicos como materiales. Pero también de sus interpretaciones disímiles o controversiales. En las promulgaciones, sentidas como “cantera de controversias” respecto al fenómeno de la Coca entran en juego primero las diversas formas del conocimiento y las producciones del saber: ancestral, capitalista o tecnológico. 111 Una definición provisional de biopolítica podría ser: conjunto de saberes, técnicas y tecnologías que convierten la capacidad biológica de los seres humanos en el medio por el cual el Estado alcanza sus objetivos. Es decir, desde el inicio de la edad contemporánea el Estado y los elementos económicos que le apoyan -o que le utilizanse esfuerzan por potenciar las capacidades físicas e intelectuales que consideran valiosas, ya que estas constituyen el instrumento gracias al cual los agentes lograrán sus propósitos. 115 Pero, de otra parte, la hoja de Coca irrumpe como dinamizadora de diversas formas de comunicación, desde la cosmovisional (con ancestros fallecidos o deidades), hasta las terrenales, y su incidencia en la transmisión, especialmente oral, de las prácticas y la cultura. Es decir, toda la red de relaciones de estos elementos con los procesos de poder en las diversas formas de subjetivación. Es así como la biopolítica demanda un conocimiento sistemático de la «vida» y del «ser vivo». Los sistemas de conocimiento facilitan los mapas cognitivos y normativos que inauguran los espacios biopolíticos y que especifican tanto los sujetos como los objetos de las intervenciones. Hacen la realidad de la vida comprensible y calculable de tal manera que ésta pueda ser creada y transformada. Por eso, de momento es preciso comprender el régimen de verdad (y su selectividad) que representa el fondo de las prácticas biopolíticas: qué conocimiento del cuerpo y de los procesos de vida se considera como particularmente relevante o informativo y qué interpretaciones alternativas de realidad son, por el contrario, despreciadas o marginalizadas (Lemke, 2017). En Lemke, esto se traduce para nuestra investigación en las formas que asume el análisis, descriptiva y comprensivamente, y que se influencian por las consecuencias de la regulación de los procesos biológicos implicados. Procesos que impactan tanto en lo individual de los actantes humanos y no humanos, como en lo colectivo a partir de sus interacciones, de la emergencia de nuevas formas identitarias alrededor de la Coca. La política leída no solo desde el cuerpo social que componen los diversos colectivos sociales, sino también desde el cuerpo individual y desde el cuerpo político. Se tratará finalmente en nuestro análisis de alcanzar algún equilibrio entre las posturas naturalistas sobre la hoja de Coca. Y cuando entra la hoja de Coca en el análisis descubrimos una suerte de “biopolítica extendida”. En esta extensión a lo no humano, buscamos que su núcleo abandone lo meramente antropocéntrico para adentrarse a lo ecosistémico y sus actantes bios. Actantes que son, así mismo, entidades con atributos biológicos individuales como poblacionales, cuerpos celulares vivos que habitan y se interrelacionan con su entorno. Es decir, la biopolítica vista como el gobierno de los seres vivos en general, pero también como una forma contemporánea del ejercicio del poder humano en particular. En este doble ejercicio buscamos superar la visión legalista de las entidades biológicas no humanas. De ahí que la inclusión moderna de algunas de estas entidades biológicas como “sujetos de derecho” también sea superada, para pasar estos a ser considerados como seres 116 vivos sintientes e interdependientes, como “holobiontes” en palabras de Latour112 (aplicando a su sociología de las asociaciones la definición de Lynn Margulis (1991). Lo que sí representa un límite es la propia vida113. Desbordar el límite de la vida ubicaría ya el discurso en el terreno de la Necropolítca, aspecto ya analizado en el capítulo de contexto en nuestra tesis y que representa un desafortunado terreno especialmente prolífico para el fenómeno de estudio. Se hace necesario, en este estado de cosas, profundizar en la distinción foucaultiana entre relaciones de poder y violencia. La primera distinción radica entre aquel poder “que se ejerce sobre las cosas y da a su vez la habilidad de modificar, usar, consumir y destruirlas -un poder que procede de aptitudes directamente inherentes al cuerpo o "apoyadas" en instrumentos externos. Diría que aquí hay una cuestión de "capacidad”. Para Foucault las relaciones de poder serían “conducir las conductas”, es decir, incidir y modular los diferentes campos de actuación posibles que tienen los sujetos, encauzarlos, dirigirlos, modificarlos. Es decir, lo que caracteriza al poder es que este pone en juego las relaciones entre los individuos (o entre grupos) (Foucault, 1998). Por otro lado, la violencia en Foucault implica el eliminar esos posibles campos de actuación, de tal forma que el sujeto queda a merced de lo que ese poder violento hace con él, sin posibilidad apenas de activar resistencia alguna. La violencia oprime y ahoga al sujeto. Ambas, relaciones de poder y violencias, se pueden relacionar de formas cambiantes y paradójicas. Sin embargo, la simetría extendida de la TAR expande las fronteras del mero relacionamiento de poder que se da entre “compañeros” humanos. Contemplado desde esta perspectiva, el ejercicio directo del poder y de la violencia sobre actantes del fenómeno de la Coca se extiende hasta los ecosistemas, parques naturales o bosques. 112 En su libro del año 2021 ¿Dónde Estoy? Latour crea una metáfora entre la obra de Franz Kafka la Metamorfosis y las lecciones que el confinamiento por la COVID ha traído a los “terrestres”. En su reflexión Latour primero, plantea que la “idea del entorno carece de sentido, porque nunca podremos trazar el límite que distinga a un organismo de lo que le rodea” (Latour, 2021, p.26). Introduce la incertidumbre sobre “los bordes exactos de un cuerpo” y hace permanentemente alusión a las formas en que los “terrestres” no son seres independientes, sino que haciendo aún más extendida la noción latouriana de actores, la visión de un sujeto en sus límites se rompe para transformarse en una solución de continuidad con el ecosistema que habita. Se articula aquí a la propuesta de Lynn de sustituir la noción de “organismo” por la noción de “holobionte” como “conjuntos de agentes en forma de nubes de contornos borrosos que permiten la subsistencia de unas membranas algo duraderas gracias a la ayuda que aporta lo de afuera a lo que se mantiene adentro” (Latour, 2021, p.62). 113 Para Foucault la vida no designa ni el fundamento ni el objeto de la biopolítica, sino su límite; o como lo traduciría (Lemke, 2017, p.19) “un límite que debe ser al mismo tiempo respetado y superado, que aparece lo mismo como algo natural y dado, que como algo artificial y reformulable”. 117 Aunque de otra parte también las violencias ejercidas sobre cultivos considerados por Colombia como lícitos o ilícitos, más allá de su adjetivación de ilicitud, pueden ser concebidas, en términos biológicos, como entidades vivas en simetría fisiológica. Un tema de interesante análisis son las violencias ejercidas por un actante sobre otro a través de la mediación humana. Los herbicidas como el Glifosato y las violencias fisiológicas que se ejercen sobre las plantas hasta llevarlas a la muerte son un ejemplo. Estos actantes, objetivados o violentados por las biopolíticas, configuran de forma sustantiva al Fenómeno. El entramado epistemológico foucaultiano aplicado al análisis de series discursivas lleva hasta la metodología arqueología-genealogía, donde primero se develan las configuraciones del saber y, posteriormente, los armazones del poder y sus prácticas sociales. Los principios orientadores son tres: cómo se han formado, por qué medio y con el apoyo de qué agentes se han puesto en práctica las técnicas de coacción en el campo de las drogas; en segundo lugar, el orden discursivo que viene a legitimar la empresa biopolítica imperante en el tema de las drogas; y, tercero, las normas y cuáles son sus condiciones de aparición, de crecimiento y de variación. Obviamente y en paralelo a lo normativo la puesta en escena de las relaciones de poder no excluye el uso de la violencia, como tampoco la obtención del consentimiento; no hay duda de que en el ejercicio del poder no puede existir el uno sin el otro. Pero a pesar de que el consenso y la violencia son los instrumentos o los resultados, no constituyen el principio o la naturaleza básica del poder. El ejercicio del poder puede producir tanta aceptación al punto de ser deseado o puede acumular muerte y cubrirse detrás de cualquier amenaza imaginable. En sí mismo el ejercicio del poder no es violencia, tampoco es consentimiento, que implícitamente es renovable (Lefebvre, 2017). He aquí donde las fronteras heurísticas se hacen porosas en el ejercicio de la necropolítica. Ahora, desde lo biopolítico, con la construcción teórica que invoca los dos componentes estructurales del análisis del discurso, se trata tanto lo genealógico como lo crítico. En ese camino hacia las formas de pensar y hacer genealógico, en la ruta del discurso biopolítico de la Coca viene al caso iniciar con una consideración de “conciliación epistemológica” entre el análisis genealógico de Foucault y la Teoría Actor-Red. En este sentido, se localizan líneas convergentes y sinergias en la medida que el conjunto genealógico complejiza la propia realidad social y no la reduce a cierto objetivismo ontológico 124 han sustentado sus modos de vida (Acosta et al., 2011). Desde esta perspectiva, la Chagra es uno de los más potentes epicentros de las prácticas y representaciones tradicionales. En Colombia, la Chagra es una práctica generalizada, incluso hoy en día, entre las comunidades indígenas amazónicas, aunque en amenaza de extinción frente a las colonizaciones culturales del hombre blanco y que se extendieron en formas similares más allá de la época de la conquista española. Las representaciones de la Coca se vivencian además de la Chagra en el “Mambeadero”. Este es un espacio compuesto por una dimensión física generalmente situada en el interior de una Maloka, de un espacio cosmovisional donde se comparte la palabra en la perpetuación del conocimiento ancestral a través de la tradición oral. Palabra, pero también gestualidad e histrionismo como lenguaje primigenio que antecede y que acompaña a la palabra. El Mambeadero pervive en el tiempo y en el espacio a través de los Abuelos sabedores. Los Abuelos hombres, como líderes espirituales y de gobernanza, cuentan historias, comparten con su tribu y consumen el Mambe. Pero para hablar de Mambe es obligado aquí articular la cuarta traducción de la Coca en sus significados y representaciones como deidad para algunos colectivos indígenas118. El antropólogo colombiano Fernando Urbina ha dedicado gran parte de su vida a la investigación histórica de las culturas indígenas sur colombianas, y así se expresa en la traducción de la Coca-Deidad: Entre los huitotos y Muinane, la Erythroxylum coca es considerada una planta sagrada. Se encuentra asociada especialmente al saber, saber que reposa en las palabras. La lengua (órgano) es, simbólicamente, una hoja de coca. (…) Las imágenes y sus leyendas nos hablan de los profundos contenidos morales que están ligados a las operaciones técnicas del cultivo y preparación de la coca, principios que han de ser interiorizados para llegar a tener un buen vivir (Urbina, 2011, p.200). El Mambe es un compuesto que involucra elementos orgánicos como la hoja de Coca tostada, (en su mayor proporción), y hojas secas de Yarumo Negro con compuestos inorgánicos como la ceniza (ver Figura 5). El Mambe se prepara ritualmente y se comparte entre los hombres en el espacio cosmogónico del Mambeadero. “Se trata de mezclar el polvo 118 En Colombia existen 118 pueblos reconocidos como indígenas nativos por el Estado colombiano y que, según el censo poblacional del 2018 son el 4,31% de la población. Sin embargo, son múltiples sus sentipensares y cosmovisiones y no para todos la Coca representa una deidad, o si lo representa, lo hace de formas diversas. Ya ampliaremos estos significados más adelante y especialmente en nuestro trabajo de campo. 125 de coca –obtenido luego de tostar la hoja fresca y pilarla– con las cenizas de hojas secas de yarumo; luego se procede a cernir la mezcla en una talega de lino. El resultante, el mambe, que en lengua huitoto se denomina jíibie, es consumido por vía oral” (Urbina, 2011, p.142). FIGURA 5 La preparación ritual del Mambe Nota: En la imagen se presenta a un indígena de la etnia Huitoto-Murui Muinane agitando las hojas de Coca durante el proceso de tostado para la preparación del Mambe. Fuente de autoría propia. Las Mujeres, jóvenes y jovencitas, niños y niñas escuchan así la palabra de los Abuelos Sabedores: “En las sesiones rituales de mambeadero (coqueadero), cuando el preceptor habla, el discípulo, que ha de estar muy atento, repetirá la última palabra en la pausa que el sabedor haga en su cantinela. Es como su eco” (Urbina, 2011, p.142). Aparece aquí un segundo simbolismo, esta vez desde la perspectiva de género: la Coca es femenino y ha de ser consumido por el hombre, pero su compañero es el Tabaco, con su preparado derivado que se denomina Ambil y éste lo toma la mujer, pero también el hombre en el mambeadero. De hecho, se toma mambe e inmediatamente se chupa ambil para equilibrar la toma. Uno para otra y otro para una. Simbolismo que recrea la propia complementariedad de la vida y de los géneros. 126 Solo Ellos, los Abuelos deben hablar y comparten el Mambe a voluntad con algunos asistentes. Mambear como verbo significa la acción de consumir lentamente el Mambe, mezclarlo en la boca con la saliva y hacerlo pasar sin forzarlo, mientras que, en paralelo, se imparte la palabra: “Mambear [en lengua huitoto, dute] hace grabar y recordar lo dicho en el mambeadero [en lengua huitoto, jíibibɨrɨ]. Allí el «hombre sentado», o sea el sabedor en su banco ritual, vertebra la realidad a través de su carrera. De niño oye palabras de poder en la penumbra germinal del lugar materno; de adulto se inserta en el ámbito iluminado del coqueadero, en unión con los otros varones” (Urbina, 2011, p.142). Los hallazgos antropológicos de la Coca pueden comprenderse desde la TAR como dispositivos de traducción de las cosmovisiones suramericanas, contenidos en una cápsula del tiempo. Así, los dispositivos más antiguos se sitúan en el valle de Nanchoc, en el norte de Perú. Se identificaron hojas de Coca en las excavaciones de los pavimentos de una casa que se datan mediante la técnica C14 hacia finales de la fase “Las Pircas”, entre el 6.000 al 5.800 a.C. En estas excavaciones se han encontrado formaciones esferoidales pequeñas de cal comprimida, asociables al consumo de las hojas de Coca. Esto la sitúa como la segunda planta con manifestaciones psicoactivas más antigua después de la denominada “San Pedro” cuya denominación científica es Echinopsis spp (Dillehay, et al., 2010; Samorini, 2014). Theodoro Corrêa de Carvalho (2007, p. 1) desentraña este relato: “El alcohol y los opiáceos fueron los primeros psicoactivos empleados con esta finalidad ya alrededor de año 5.000 a.C. Se estima que el cáñamo (cannabis sativa) se cultiva en China desde hace 4.000 años. En América, el imperio incaico (andino) sacaba tres cosechas anuales de hoja de coca (erythroxilum coca lam) las cuales se utilizaban como analgésico y energizante de uso diario, especialmente, en virtud de la fatiga producida por la altura. En la sociedad Azteca, igualmente se empleaba la ingestión del hongo llamado teonanacati y el consumo de peyote con fines religiosos”. Para Samorini (2014) los hallazgos arqueológicos que dan cuenta del uso y relación humano-Coca en Suramérica son numerosos, de naturaleza variada y sustentadas desde lo arqueológico a partir de tres tipos de evidencias. (i) Evidencia directa constituida por restos de droga en contextos antrópicos, (por ejemplo, las hojas de Coca presentes en la boca de los jóvenes sacrificados en el rito Inca de la Capacocha). Se han encontrado, así mismo, las hojas presentes en las ofrendas votivas de las inhumaciones dentro de bolsas de tela llamadas “chuspas” o como bolo puesto en la boca del difunto (Samorini, 2014). 127 (ii) Una segunda tipología de evidencia es la indirecta. Esta segunda fuente se acuña en la parafernalia asociada al uso de la planta de Coca. Es decir, al conjunto de utensilios y recipientes utilizados en el consumo o a los aspectos anatomo-patológicos encontrados en las momias. En esta tipología se citan las deformaciones dentales específicas de la ‘masticación’ prolongada de hojas de Coca o la presencia de fragmentos de hoja de Coca entre los cálculos dentales que se forman como consecuencia de la acumulación del agente básico ―cal o ceniza vegetal― y que se combinan con el bolo de hojas de Coca para facilitar su absorción. Otros indicadores tienen que ver con la parafernalia asociada al uso de la coca ―como los recipientes para la cal (poporo). Se incluyen también entre los indicadores ciertos detalles reproducidos en el arte plástico, tales como la representación del abultamiento de una mejilla en los rostros de algunas estatuillas y que presumiblemente pretendían recrear testimonialmente la presencia del bolo de Coca en el área palatal de la boca. Y finalmente (iii) en la tercera tipología se encuentran las representaciones iconográficas o literarias. Hallazgos de este tipo aparecen entre los utensilios de la cultura Valdivia en Ecuador donde se encontraron tazas para la cal y una figurilla con un evidente abultamiento en el rostro debido al bolo de la droga; todo ello datado alrededor del 2000 a.C. (Lathrap et al., 1975; Samorini, 2014). Teniendo todo esto en cuenta, la traducción de Samorini de la Coca como “droga” suscita una interesante reflexión. Cuando el relato se describe en contextos ancestrales, la traducción de droga incorporada por el hombre blanco era desconocida y los usos no implicaron los fines explícitos de una “droga” en el sentido convencional de producto medicinal o recreativo. En esta arqueología del saber ancestral se parte de la suficiencia documental del uso social “legal” y pretérito de muchas sustancias ahora traducidas como “de uso ilícito” (Frigola, et al., 1997). El consumo de sustancias que alteran el funcionamiento normal del sistema nervioso central, ahora adjetivado como ilícito, fue una práctica rutinaria. Será con la llegada de la época de la conquista cuando se da fin a esta primera fase. 4.1.2. Segunda Fase: las Tres Mutaciones de Sentido y sus Traducciones (1492-1850). Esta fase da cuenta de mutaciones espaciales y reensamblajes topológicos radicales en la primigenia red de la Coca. La primera mutación es la nativa, situada en la fitocenosis y traducida en las lógicas biológicas y agroindustriales situadas en las ciencias y en la 128 fitotecnia. La segunda, implica el paso de la topología ontológica de la primera fase, hacia la topología propia del espacio capitalista. Esta transformación es producto de la disrupción que recrea en el universo indígena la llegada masiva del “hombre blanco” europeo a la Región Andina Amazónica de América del Sur. 1492 y los años venideros se convierten así en el mecanismo tipo gatillo que dispara las resignificaciones espaciales y simbólicas de la Coca. La primera traducción postcolonial representa una mutación semántico-biológica. Esta traducción es de tipo “bautismal”, por así decirlo. La allende “planta sagrada”, la Coca de Huánuco o Coca Boliviana, asume ahora en el nombre de la ciencia etnobotánica de JeanBaptiste Lamarck en 1786 la nueva denominación de Erythroxylum coca variedad coca. Así en palabras de Ruggiero Romano (1982, p.175-176): “El “descubrimiento” fue también en gran parte la observación de una flora y de una fauna que se presentan como diferentes a los ojos de los “descubridores”. Entre dichas “diferencias”, hay una que les llama enseguida la atención: Erythroxylum coca (…) pero hay que esperar al siglo XVIII para que la coca se vuelva realmente objeto de investigación científica, gracias a Joseph de Jussieu, a JeanBaptiste Linnée’ y a J. B. Lamarck”. En 1979, a la Coca Amazónica se le cambia por Erythroxylum coca variedad ipadu (Biondich & Joslin, 2016; Plowman, 1984). Asume, así mismo, una nueva genealogía lejana a las familias de deidades indígenas. Taxonómicamente ahora pertenece al Reino Plantae, División Magnoliophyta, Clase Magnoliopsida, Orden Malpighiales, Familia Erythroxylaceae y Género Erythroxylum. Por lo tanto, desde las ciencias biológicas a través de mediaciones taxonómicas, bromatológicas, genéticas y de los dispositivos del laboratorio, se endosan a esta planta una identificación, una composición bioquímica y un árbol filogenético. No son solo cambios semánticos, sino traducciones performativas por las que se adopta una caracterización propia y se alteran los significados ancestrales a partir de una sistemática taxonómica. La caracterización del hombre blanco irrumpe arrasando, violentando e incluso demonizando la tradición oral y las historias del orígen de pueblos indígenas completos como el Huitoto. Estos cambios abruptos no son asépticos o neutros, sus impactos subvierten la estructura simbólica del mundo indígena. Los cambios se expresan en la forma en que el hombre blanco asume posturas y opera acciones directas a partir de percepciones asimétricas entre el antiguo y “el nuevo mundo”. A partir de 1492 solo es válido desde el conocimiento y las prácticas hegemónicas occidentales. Se asume así en lo que respecta a la Coca una 129 colonización cultural y una transgresión a la soberanía ancestral de las comunidades indígenas. La Coca en sus cambios de identidad soporta un sino similar al vivido por cada hombre y mujer indígena cuando grupos religiosos, en su estrategia de adoctrinación, cambian sus nombres nativos a nombres cristianos. Y transforman sus representaciones ancestrales, entre ellas las de la Coca, en cantera de símbolos demoníacos: “Desde el principio las hojas de coca no constituyen únicamente un objeto de descripción o de análisis científico (esencialmente botánico, por el momento), sino que dividen las opiniones ¿son nocivas o conllevan ventajas a los que las usan? ¡Dos partidos abiertamente opuestos! ¿En que serían nocivas estas pobres hojitas? El 11 Concilio de Lima de 1567 responde a este interrogante: los indios, con el uso de la coca “superstitioni et vanitati deserviut, et simul daemonum sacrificiis ceieberrima sunt” (Romano, 1982, p.176) Este destino, se galvaniza como dispositivo forzado de mediación en la existencia de un sólo dios, solo una tipología de ritual religiosa y solo una cultura es “buena”. Todo lo que se aparte de las imposiciones hegemónicas del colonizador se concibe impuro, blasfemo, pecaminoso. Se presencia así la vívida transmutación de la Coca de diosa a demonio. Comienza una lucha por el significado que se dirime por la fuerza a favor de los colonizadores. Pero, en las palabras de Romano, se despliega una controversia, se problematiza a la Coca y se conforman los primeros grupos con sus actores enrolados: el grupo pro-Coca y el grupo anti-Coca. Y de la mano de la lucha llega la segunda traducción, la del doble prohibicionismo, el primero de los españoles y el segundo en la Audiencia de Lima de 1569. El dispositivo utilizado para lograr esta traducción fue la cédula real expedida por Felipe II. En esta “si bien la fuerza y el vigor conferidos por la hoja eran de acuerdo con los que la han probado, una ilusión del demonio (…) no deseamos privar a los indios de este alivio en su trabajo, incluso si está en su imaginación” (Gagliano, 1994, pp. 47-75). Sin embargo, a renglón seguido, se prohibía y castigaban este tipo de prácticas en Colombia a través del Tribunal del Santo Oficio de Cartagena de Indias: “A lo largo de su existencia, que transcurrió entre 1610 y 1825, la Inquisición impuso penitencia a 767 reos, de los cuales seis perecieron en la hoguera” (López, 2016, p.43). 130 El prohibicionismo representa un momento significativo ya que la Coca se sitúa en el espacio de confrontación de dos cosmovisiones ontogénicas, de dos cosmovisiones antagónicas en un plano de subordinación. Cada alcance fue muy relativo pero su importancia se coloca en la reconstrucción histórica y de lucha por el sentido. En la época posterior a la cédula de 1569 no se planteaba a la Coca un carácter explícito de ilegalidad. Su estatus de legalidad relativa promueve la tercera traducción, la del espacio capitalista. Esta mutación de sentido asociada a la Coca pasa por el hecho de que el trueque en especie de los indígenas pasa a tasarse en moneda. Desde aquí el conocimiento y prácticas ancestrales pierden su valor y son reemplazadas por técnicas y productos tasados en moneda. La tercera traducción da cuenta de los nuevos usos y valores de la Coca producidos por los colonos y sus resignificaciones extendidas a Europa. El espacio capitalista trajo consigo otros valores monetarios, entre estos el del sobre rendimiento hora-hombre, es decir, del tiempo medido en términos de la cantidad de trabajo que una persona realizaría en una hora, y que puesto al servicio de los colonos se transformaba en un plusvalor abriendo la construcción social de la Coca y de la cocaína como mercancías mundiales para la venta. El efecto de la Coca como potenciador fue así valuado y sumado a una reducción en los costos de alimentación en tanto se limitaba la sensación de hambre en el trabajador indígena. Otro valor corresponde a los usos tanto médicos como fisiológicos y recreativos, cuyos resultados suscitaron especial interés durante el siglo XVII en Europa y Estados Unidos. La mutación capitalista de la Coca no impactó radicalmente en Colombia, aparentemente debido a que la cultura de masticar la hoja no caló en los gustos colonos ni en los metropolitanos europeos entre los siglos XVI a XVIII119. Además, porque “la coca no resistía bien los largos viajes trasatlánticos, pues las hojas que se humedecen se fermentan y si, por el contrario, están muy secas, pierden su contenido de cocaína” (López, 2016, p.60). A pesar de esto “al parecer, en el caso colombiano los españoles promovieron el cultivo de la planta en la Sierra Nevada, el antiguo territorio muisca y el Alto Magdalena” (Langebaek, 1998, pp. 116). 119 Gootenberg (2016, p.29) describe dos de las explicaciones históricas del rechazo temprano de la hoja de Coca por parte de los “colonialistas europeos y los hombres de medicina. Una de ellas es cultural: la masticación de la coca era estéticamente repulsiva para los europeos, que no tenían ninguna forma o ritual de ingestión de droga comparable, y fue rápidamente interpretado como un vicio indígena insalvable. Otra conjetura es política: los oficiales coloniales, al igual que los indios vencidos, asociaban la coca estrechamente con los dioses, rituales y espíritus andinos derrotados, y con la resistencia de los incas más combativos. Puesto que la cultura y la política incas seguían siendo una amenaza viva en los Andes, los agentes coloniales tenían razones para rechazar el supuesto poder energizante o sanador de la coca como brujería diabólica”. 131 Las traducciones capitalistas encuentran uno de sus acérrimos actantes en el sacerdote jesuita Antonio Julián quien, en 1749, se expresa en estos términos: “una yerba que pudiera ser un ramo de comercio ventajosísimo para la España, salud de la Europa, remedio preservativo de muchos males, reparativo de las fuerzas perdidas, y prolongativo de la vida humana… Todo está en que la Corte pruebe y apruebe las virtudes y buenos efectos del hayo. Entonces vendrán navíos del Callao y Santa Marta, puerto más vecino, cargados de sacos, o zurrones de hayo, y tendrá el comercio de España otro ramo con que aumentar caudales, y quedará en la Monarquía con el uso del hayo el dinero que con la introducción y moda del té y café se llevan los extranjeros” (Julián, S.J., 1980, pp. 24-41, citado por López, 2016). Esta topología de la red de la Coca cambia por completo, especialmente a partir de 1860. 4.1.3. Tercera Fase la Deriva de los Significados: o el Ascenso de la Cocaína en Gootenberg (1850-1910). El investigador Paul Gootenberg, de la Universidad de Chicago, propone en adelante 3 fases cronológicas o procesos globales. La primera fase, denominada “el imaginar la Coca y el descubrir la cocaína, comienza justo con su nacimiento como un producto médico heroico y exitoso, el hito histórico del aislamiento de la cocaína y su posterior tratamiento como alcaloide. A la segunda fase se refiere como la caída de la cocaína, que abarca la primera mitad del siglo XX (1910-1945) y se caracteriza por la depresión de la droga y el repliegue. Finalmente, la tercera, que refleja su reaparición como un fénix, en tanto bien ilícito dinámico y transnacional tras la Segunda Guerra Mundial, el nacimiento de los narcos y el Boom de las drogas hasta nuestros tiempos” (Gootenberg, 2016). Comienzan así cambios topológicos en la red de la Coca en paralelo al dinamismo frenético de siembra intensiva y tecnocientifizada, de procesamiento y producción de cocaína, de su ab/uso, prohibición y tráfico de la ahora considerada droga de uso ilegal. Estas cuestiones definen el punto de quiebre y viraje radical en las traducciones de la Coca. Traducciones que, aunque son producidas por actores de países externos al Área Andina, regresan a esta en forma de modulaciones geopolíticas tácitas y guerras hemisféricas explícitas contra la droga. Aunque en la narrativa de Gootenberg la primera fase se sitúa entre 1850 y 1910, en lo que respecta a nuestra investigación se anticipan las dos fases que signaron significados precoloniales y coloniales tempranos previos a la cocaína. 132 Para Gootenberg (2016), el período inicial se caracteriza por la extensión internacional de las redes de la Coca. Entre sus actantes se cuentan las familias indígenas campesinas y la zona Andina y Tropical en sus primeras interacciones, especialmente de Perú120 a través de su programa de colonización y campesinización de migrantes, de Estados Unidos, con sus agregados comerciales, y Europa, quienes entran en competencia por el dominio de la ciencia y la medicina de la coca y la cocaína. De esta forma, de la primera fase se extraen 4 grandes traducciones y una serie de mediaciones a manera de líneas que conectan con los nodos-colectivos y los actantes, así como una serie de dispositivos conexos, todos mapeados en la topología de la ¡Error! No se encuentra el origen de la referencia.Figura 6. La primera traducción aparece cuando, en 1860, de la hoja de Erythroxylon Coca se aisla la cocaína cruda, luego transformada en Sulfato de cocaína y purificada en Clorhidrato de cocaína. La Cocaína, como componente natural de la hoja de Coca, fue aislada por primera vez en 1860 por Albert Nieman121 y es sólo uno de los 18 tipos de alcaloides pertenecientes a los tropanos, pirrolidinas y piridinas que forman parte marginal de la composición. La Eritroxilum Coca var. Coca natural, no sometida a selección artificial o genética, contiene el alcaloide Cocaína en sólo un 0,6% aproximadamente; este alcaloide coexiste entre más de 30 componentes, entre estos un alto porcentaje de nitrógeno proteico (20,6%), de grasas, carbohidratos y una extensa variedad de vitaminas (Plowman, 1984). Ahora bien, a partir de ese porcentaje marginal se formulan una serie de protocolos de laboratorio que, con el tiempo, se transforman en prácticas cada vez más estandarizadas y afinadas. Estos protocolos que del espacio del laboratorio migran y son adaptados a los espacios rurales, tienen como propósito la extracción y concentración del alcaloide, así como 120 En Perú, especialmente entre los años 1885 y 1910 se vivió un proceso de colonización a partir de migrantes europeos con el propósito de transformarlos en campesinos y aparceros ubicados especialmente en las tierras cocaleras de montaña. Entre los migrantes se identifican principalmente croatas, austríacos enviados a Pozuzo, una aldea que se volvería un sitio crucial en el posterior desarrollo germano-peruano de la cocaína. Esta colonización desde la migración fue considerada un fracaso. Para 1885, se citaban entre otras causas del fracaso la proletarización y el progresismo, así como los procesos asociativos cuyo mejor ejemplo para esta época es la Sociedad Obreros del Porvenir de la Amazonia con Mariano Martín Albornoz como su presidente. Para el Perú del XIX tanto la coca como la cocaína serían conceptualizadas en términos de nacionalismo, especialmente un nacionalismo científico en aquel entonces de la mano del boticario Alfredo Bignon y como potenciales mercancías nacionales (Gootenberg, 2016). 121 Aunque finalmente Nieman, un estudiante doctoral de Química en la Universidad de Göttingen, lleva el crédito del aislamiento de la cocaína alcaloidea, la notable red de conexiones existentes explica por qué la cocaína fue un descubrimiento simultáneo entre 1855 y 1860 en Europa, principalmente en Alemania. La cocaína fue el resultado de un esfuerzo deliberado e históricamente conducido por encontrar el “principio activo” de la coca, con múltiples raíces desde 1800 en las prósperas ciencias europeas (Gootenberg, 2016). 133 su transformación, especialmente, en cristal de Coca. El cristal es procesado por el mismo proveedor campesino en sus casas o rudimentarios recintos mediante protocolos e insumos tales como cal, gasolina, ácido sulfúrico o soda cáustica. El cristal es el insumo transaccional más extendido para la comercialización en los espacios rurales en la Colombia actual, hasta tal grado que se transforma en “moneda” especialmente en territorios donde la bancarización no es una actividad extendida. El cristal o la pasta base de coca es la primera etapa por la simplicidad en su producción. En esta, la hoja de Coca se pulveriza, extrae y filtra utilizando algún tipo de solvente. De allí es comprada y transportada a laboratorios o “cocinas122” para su refinamiento en HCl y posterior comercialización. Diversas mediaciones reconfiguran esta primera traducción, en la que se ven implicadas las formas de cultivo y los espacios del mundo indígena y campesino. De otra parte, ingresan mediaciones médicas a través de exploraciones en los usos y bioquímicas en el mejoramiento de técnicas y prácticas de extracción, incluyendo entre ellas, el suramericano Método Bignon123, del boticario franco-peruano Alfredo Bignon, quien además de darle su nombre, entre 1884 y 1887 se encargó desde sus 10 publicaciones de contribuir al espíritu de la “ciencia nacionalista de la Coca” en la exploración de aplicaciones médicas de la Coca. La segunda traducción aparece en septiembre de 1884 de la mano del oftalmólogo vienés Karl Köller quien demostró desde la ciencia del nuevo mundo, el primer gran valor médico de la Coca para occidente como anestésico local (Mortimer, 1901). Esta traducción de la cocaína revolucionó la práctica quirúrgica haciendo posibles cirugías en áreas tan sensibles como los ojos, la garganta o los genitales. La cocaína fue el primer analgésico verdaderamente local del mundo en el siglo XIX124 y fue incluido en diversas fórmulas comerciales (Mortimer, 1901). 122 La acepción de “cocinas” hace parte de la jerigonza de las redes rurales de la Coca y hace alusión a laboratorios improvisados, muchas veces móviles y desmontables, donde se purifica el cristal o la pasta base de Coca en su transformación a Clorhidrato de cocaína. 123 Alfredo Bignon contribuyó a la traducción de la hoja de Coca en Cocaína mediante el dispositivo denominado “Método Bignon” este fue su más preciado logro. El novedoso y económico método consistía en un protocolo “de precipitación a querosene que permitía obtener el milagroso alcaloide a partir de las hojas frescas, a diferencia del procedimiento original de Niemann de 1860, que requería de hojas secas. Una comisión nombrada para estudiar el método de Bignon en 1885, felicitó a aquél por su invento, concluyendo que con el mismo “se podría establecer una industria nacional en grande escala, que produjera un valioso artículo de exportación” (Stucchi, 2010, p. 72). 124 Las dos décadas siguientes al aislamiento de la cocaína desencadenaron un torbellino de experimentos, “una droga rara y cara que todavía carecía de aplicaciones prácticas, algo que solo encontraría como anestésico local luego de 1884. Durante este interregno de 1860-1884, el químico pionero Emmanuel Merck de Darmstadt (que 140 FIGURA 7 Cuarta fase de la topología espaciotemporal de la Coca (1910-1945) Nota: La topología aquí presentada es una construcción propia realizada a partir de Gootenberg (2016); Pendergrast (2013); Courtwright (2009); Escohotado (2007) & Escohotado (1986). 141 , con estas traducciones emergen nuevos actantes y nodos que amplifican la red, en tanto otros preexistentes son resignificados socialmente. La primera traducción implica una segunda transmutación de la Coca. Ya en la segunda fase se describía la primera trasmutación, llamémosla de tipo cosmovisional, la de la Coca de diosa a demonio. Pero ahora la Coca y la cocaína son resignificadas conjuntamente como mercancías. Es por lo que esta segunda transmutación es de tipo capitalista y dota de valor económico y plusvalía a la Cocaína como su derivado comercialmente más exitoso. Para alcanzar sus efectos, en esta primera traducción mediaron el creciente prestigio científico, médico y étnico de la Coca, especialmente en Europa, así como dispositivos de salida y exportación y actantes representantes de la modernidad que dieran cuenta de los variados usos y resultados. La traducción capitalista marca un triple hito en las complejas mediaciones en la red de la Coca, cuyas repercusiones resuenan hasta los días presentes impactando en el Proceso de Paz colombiano. El primer hito define un antes y un después a partir de la resignificación de la planta Coca como insumo-mercancía ya que en su valor monetario radica su interés comercial lícito y posterior a la II guerra mundial, también ilícito. El segundo hito es el que corresponde a la estructuración de las primeras cadenas productivas, dando origen a lo que el mismo Gootenberg cita como “la vida social de las cosas”, que para nuestro caso sería la vida social de la Coca. Esta significación es el correlato del “parlamento de las cosas” en Latour, en tanto formas de representación, historias, espacios relacionales y significados de la Coca en su identidad y movilidad globalizada. Articuladas a las cadenas productivas se sitúan los grupos sociales de comerciantes, cultivadores, mano de obra colonizada, capitalistas, transportistas, consumidores y gobiernos (Gootenberg, 2016). Desde esta traducción se emiten mensajes tácitos y otros explícitos a partir de la diversidad y subjetividad de las percepciones, extendidas ahora a escala global. Se asiste, en consecuencia, a una suerte de “reificación extendida”, que, siguiendo la noción de Latour de lo no humano, impacta a la Coca-planta-ser viviente en el espacio natural y a la Coca-diosa-entidad viviente en el espacio cosmovisional. La reificación sería así el dispositivo genealógico que vincula a la Coca con el Acuerdo de Paz, en tanto que mercancía de comercio ilegal altamente rentable. El segundo hito sitúa las variantes topológicas en la red primigenia de la Coca como resultado de la estructuración de redes mercantiles 142 transnacionales y regionales de cadenas productivas. Estas modifican cuantitativa y cualitativamente los actantes y colectivos articulados de la red global actual. Y, finalmente, el hito de la consolidación de antiguas y de la producción de nuevas estructuras y relaciones de poder con actores del centro (antiguo mundo) y de la periferia (nuevo mundo). Ahora bien, la segunda traducción es la de las significaciones situadas anudadas espacialmente, es decir, la que tiene que ver con las formas en las que se articula un espacio geográfico a unos significados simbólicos diferenciados. Se asignan así “gentilicios” a la Coca. A la Coca peruana se ligan significados capitalistas, industriales, de mercancía de interés internacional, de símbolo agrícola nacional, de capacidades científicas instaladas y “orgullo nacional”. Articulados a la Coca peruana aparecen 3 nodos que amplifican la red. Si bien Gootenberg los denomina “circuitos”, Latour no los considera recorridos cerrados, ni usualmente fijados o tan premeditados y controlados con anterioridad. De una parte, la red alemana-europea-andina considerada como la primera en estructurarse y, hacia 1900, el más potente impulso hacia la mercantilización mediatizada por dispositivos de tipo científico, tales como los informes de antropólogos y etnobotánicos, entre ellos, Von Humboldt (18013) Poeppig (1827-32) y Von Tschudi (1838-40) y los avances en las novedosas ciencias bioquímicas y farmacológicas. De otra parte, operan dispositivos de tipo controversias que despliegan polémicas desde actores influenciadores de opinión y, finalmente, las gestiones industriales, comerciales y empresariales donde, si bien, la compañía Merk es la más potente y agresiva, son al menos 12 compañías las que se suman en aquel entonces. Pero, asimismo, opera la red norteamericana-andina. Esta red produce una particular trayectoria. Inicialmente sus actores ejercen roles de tipo médico, cultural o incluso, político-económicos. Luego como efecto de las controversias respecto a los efectos narcotizantes y adictivos de la cocaína, sus actores traicionan los postulados iniciales y para 1910 se transforman asumiendo un rol contrario que busca, incluso, la proscripción de la cocaína. “La influencia estadounidense fue la más decisiva en la larga historia de esta droga (…) para 1915, Estados Unidos se había convertido en un solitario cruzado del anti-cocainismo mundial” (Gootenberg, 2016, pp. 118-120). La tendencia norteamericana a influenciar las trayectorias de la Coca a través de relaciones de poder se ejerce en dos sentidos, los que asume con países europeos que tras la 143 Primera Convención Antinarcóticos en La Haya en 1911 quedan integrados como aliados en la guerra contra las drogas y los que establecen relaciones de dominio sobre los países andinos. La imposición de su argumento a través del poder trasciende el tiempo y es especialmente evidente en las narcotizadas relaciones de la política internacional actual con el Estado colombiano. Aunque esta red y la germánica son las más potentes en términos cuantitativos, existe un nodo más modesto cuyos actores asumen roles científicos y culturales situado en Francia y Gran Bretaña. En este nodo botanistas, médicos y farmaceutas tales como Spruce, Martindale, Christinson, William Hooker, Angelo Mariani fueron actores relevantes (Escohotado, 2007). 144 FIGURA 7 Cuarta fase de la topología espaciotemporal de la Coca (1910-1945) Nota: La topología aquí presentada es una construcción propia realizada a partir de Gootenberg (2016); Pendergrast (2013); Courtwright (2009); Escohotado (2007) & Escohotado (1986). 145 Si las redes francesas o británicas hubiesen ejercido un rol más protagónico en aquel entonces, es posible que las relaciones de dominio, casi de hegemonía sobre el rol actual de la Coca por parte de Estados Unidos hubieran asumido otro rumbo. Ahora bien, desde el caso de la de la Coca boliviana, sus significados se anudan a usos tradicionales indígenas o modernos en trabajadores y migrantes campesinos y a redes regionales, o a lo sumo, suprarregionales extendidas a países como Chile. Para Gootenberg (2016), a diferencia de la Coca peruana, la boliviana no fue significativamente ni insertada en redes mercantiles globales ni industrializada en cocaína. La Coca boliviana asume así un perfil más privado en su “vida social”; este hecho le supone pasar bajo el radar de las redes anti-cocaína y regulaciones, políticas, prohibiciones y cacerías exógenas a escala global. Al no articularse no es posible desarticularse. Se genera entonces un vértice divergente en la red de la Coca, uno que asume la trayectoria de la legalidad, incluso hasta días presentes con la Coca boliviana (Escohotado, 2007). El otro vértice asume trayectorias consideradas ilegales desde dos vertientes, una de la Coca boliviana que, a partir de la Revolución de 1952, se pliega hacia el comercio ilegal, integrándose en una segunda vertiente con las redes globales resignificadas en los años setenta como redes pan andinas de narcotráfico. Lo más interesante de la Coca boliviana es cómo la decisión de pasar bajo el radar internacional le ha permitido perdurar en el tiempo, sin evoluciones mayormente estructurales y en la actualidad ser auspiciada por biopolíticas propias de la pluriversa República boliviana. A este hecho se suma su población mayoritariamente indígena Aymara. Esta idea de “gentilizar” y significar espacialmente a la Coca se replica hasta tiempos presentes. Ingresan así los sentidos de la Coca colombiana como actante hemisférica emergente en los años setenta y prácticamente hegemónica en el comercio ilegal de la droga en los años noventa, pero también se visibilizan la Coca mexicana o ecuatoriana con sentidos claramente diferenciales de la Coca dependiendo de su locación. Finalmente, la tercera traducción es la perversión del sentido de la originaria planta de Coca a sustancia narcótica y controlada a escala internacional. Esta traducción se vale de dispositivos de tipo protocolar, equipos de laboratorio, científicos y journals de una parte y de restricciones políticas y comerciales de otra. Siguiendo el conjunto genealógico de Foucault, la clave en este punto reside en las lógicas de la producción de drogas dentro de las 146 dinámicas propias del capitalismo moderno. En la narrativa de Courtwright (2009) aparecen algunos hechos históricos traducidos en coacciones que co-evolucionarían al ritmo de diversas prohibiciones, hasta llegar a consolidarse como políticas antidrogas. Durante los años siguientes al aislamiento de la cocaína en 1859, el consumo no era notable fuera de América. Este hecho se relaciona con las complicaciones derivadas del transporte de las hojas y con la pérdida de los principios activos por los tiempos que este transporte demandaba. Con el transcurso del tiempo y el afinamiento del embalaje, la cocaína gana espacio entre los consumidores europeos. Este hito histórico lleva, entre otros aspectos, al hecho de que, en palabras de Escohotado el “ilegalizar las drogas visionarias requería un nuevo instrumento internacional, y el abuso observado en la prescripción y consumo de las drogas legales sugería tomar alguna medida de control al respecto, aunque fuese casi simbólica” (Escohotado, 2007, p.25). Corrêa de Carvalho (2007, p.1) ubica temporalmente este punto de quiebre: “Con el abuso indiscriminado de las drogas para fines hedonistas a fines del siglo XIX, y debido a sus negativas consecuencias, se inició a nivel mundial una persecución más intensa al nuevo fenómeno”. Precisamente, esta movilización internacional prohibicionista surge a principios del siglo XX en Estados Unidos: “Preocupado por el gran número de adictos a las preparaciones opiáceas y a la morfina, el Congreso americano creó un Comité para estudiar el problema. Sus conclusiones llevaran a los sectores conservadores y moralistas a encabezar una legislación represiva respecto al tema” (Escohotado, 1986, p.26). A las redes preformadas ya descritas, se suman nuevas redes que, esta vez cartelizadas, buscan a través de relaciones de poder debilitar las antiguas redes pan andinas y asumir el control, lo más hegemónicamente posible, del mercado de la Coca. Estas redes las nomina Gootenberg como redes anti-cocaína andina y son 3, la colonial holandesa-europea, la japonesa-panasiática y la hemisférica norteamericana. La lucha por la dominación del mercado genera así la movilización de nuevos aliados y portavoces en la red. Surgen nuevos actantes y se resignifican otros actantes antiguos y enrolamientos. Se confrontan igualmente unos nodos contra otros en franca lid, a través del uso de estrategias de mercado y dispositivos de mediación no tan ortodoxos, que compiten por las ahora mercancías codiciadas de la Coca y la cocaína. 147 La red holandesa, por ejemplo, logra romper inesperadamente, para 1915, conexiones internacionales estratégicas de la red peruana mediante dispositivos de competencia por precios y calidad y la deslocaliza topológicamente de muchos de sus mercados internacionales (Gootenberg, 2016). Por su parte, las mediaciones estratégicas de la red panasiática japonesa utilizan campañas promocionales estatales de comercio, especialmente en 1920, en respuesta a la creciente exigencia del insumo por parte de redes de industrializadores. Finalmente, y contra todo pronóstico posible desde las significaciones coetáneas de la Coca y la cocaína para el gobierno norteamericano, surge la red norteamericana. Esta red se articula al menos a 10 países y genera así mismo un nodo interno, más para consumo de industriales y comerciantes locales. Esta primera acción global norteamericana será la primera de una intensa, geoestratégica, interesada, aguerrida y especialmente, dicotómica y contradictoria relación con la Coca. Los primeros significados contradictorios giran alrededor de una nueva actante que hereda, incluso hasta hoy, un vínculo semántico con nuestra actante muy potente. Surge así en 1896, como se argumentaba en la fase 3, la Coca-Cola como réplica desalcoholizada norteamericana al europeo vino de Mariani. La traducción capitalista norteamericana de la Coca ha imbricado históricamente las dimensiones corporativas, mercantilísticas y políticas de la red y ha sido la motivación fundante de muchas de sus contradicciones y dobles morales entre sus percepciones gubernamentales y las mediaciones internacionales que asumen. La Coca-Cola es la actante clave en el punto de quiebre de la Coca como mercancía ilícita, por eso cierra esta fase y abre la siguiente. 4.1.5. Quinta Fase la Cocaína Ilícita: el Nacimiento de los Narcos y el Boom de las Drogas (1945-2000 y Más). Las dualidades en la relación de la Coca con la Coca-Cola y en extensión con el Estado Norteamericano, generan el interludio analítico entre la dominación comercial de la Coca de la fase 4 y la Coca como fetiche, primero, del control del mercado y luego del prohibicionismo en la fase 5. Así esta última fase se compone de 4 traducciones y propicia/consolida las controversias en 3 problemas raizales, tal y como se ejemplifican en la Figura 8. La primera traducción se nuclea desde lo que la actante-nodo Coca-Cola representa en términos de construcción de significados socioculturales norteamericanos de la Coca durante el siglo XIX, y que son contrapuestos a los significados en la post prohibición. 148 La clave de las imbricadas relaciones de privilegios e influencia entre The Coca-Cola Company y Estados Unidos se sitúa en dos dispositivos de mediación, Maywood Chemical Company, a quien subcontrató discretamente como proveedor de Coca y la Oficina Federal de Narcóticos, predecesora de la DEA (Pendergrast, 2013). Las controversias sobre el uso del extracto de Coca y las emergentes biopolíticas prohibicionistas eran allí resueltas tanto tiempo como les fue posible soportar. La clave del éxito de Coca-Cola fue la publicidad omnipresente, ya que primero los maestros creadores de mitos de la compañía Robert Woodruff, Roberto Goizueta y Doug Ivester, crearon publicitariamente la sed y luego la apagaron con Coca-Cola (Pendergrast, 2013). Finalmente, la receta original de 1886 de John Pemberton, aunque esta contenía menos de un cuarto de la Coca presente en el vino de Mariani y no contenía alcohol, fue estructuralmente modificada (Gootenberg, 2016). La Coca se suprimió de la Coca-Cola en 1909 tras la incontenible presión de actores como Harvey W. Wiley, el químico jefe de la FDA, sustituyéndose por cafeína (González et al., 2015). A partir de ahí, The Coca-Cola Company traiciona su otrora postura contra la prohibición, para asumir ahora el rol de aliada del gobierno norteamericano en la guerra contra la Coca, cruzada que asume con especial devoción entre 1920 y 1960 (Gootenberg, 2016). Viene aquí la segunda traducción, la de la Coca como mercancía progresiva y globalmente prohibida. A la cascada de eventos asociados al fenómeno de la Coca, o parafraseando a Latour, al programa de acción comercial de la cocaína, le sigue la reacción más reduccionista e improvisada y que pretende controlar de facto el consumo de Cocaína, el anti-programa de la prohibición. Para Gootenberg (2016, p.122), fueron tres los factores que “determinaron esta firme caída: un recorte del uso médico debido a anestésicos alternativos (…) al cambio de la opinión médica, las leyes y campañas anti-cocaína por parte de Estados y organismos internacionales (…) y un repliegue y una diversificación en el mercado por parte de los fabricantes de cocaína y cultivadores de coca más vulnerables”. 149 FIGURA 8 Quinta fase de la topología espaciotemporal de la Coca (1945-2016) Nota: La topología aquí presentada es una construcción propia realizada a partir de Gootenberg (2016); Pendergrast (2013). Thoumi (2009); Roldan (1999); Amorós (2000); Nieto (1995). 252 tercer problema clave (PC3) el de “la tentación del cambio de roles: de guerrillero a mafioso” y continúa: “Era más fácil que un guerrillero se volviera mafioso que un mafioso se volviera guerrillero. Muchos salían de financieros para convertirse en traquetos. Grannobles y el Mono Jojoy dijeron que debían cuidar eso de los guerrilleros y que se fueran como Jhon 40 y se perdieran en el mundo de la mafia y se volvieran traquetos y ese no es el mundo del guerrillero. El Tuerto Camilo era el financiero del frente y por su indisciplina le quitan el mando financiero y lo bajan a guerrillero de base. Pero dura 6 meses y deserta y se vuelve traqueto. Luego lo entrega un familiar y hoy está preso en Estados Unidos. Pasa lo mismo con el licor, las personas armadas y borrachas entran en inconsciencia y pierden los estribos, como se dice aquí en los llanos. El mundo de la coca desdibujó el cuadro de muchos comandos de la guerrilla” —dice Arlinton. “¿Eso significa que no te cierras a la existencia de relaciones entre las FARCEP y la Coca que son más del rol narcotraficante que de cobrador de impuestos tipo vacuna?”—le pregunté. “Se sospecha, no de los mandos del secretariado ni de los mandos de frentes o de columna, pero sí pudo suceder que se transformaran (algunos) en narcotraficantes. Eso se ve como un proceso personal y no como un actuar de todo el frente. Este es el ejemplo de Camilo, quien fuera el mejor financiero, pero se fue más allá de las normas. Él lo reconoció y se trasformó en narco. Pero no es un asunto de todo el frente. Hacían reuniones de partido cada ocho días y eso se podía saber muy fácil si alguien se salía de la norma. Los financieros traían plata e incluso a veces debían ellos pedir prestado dinero a los mafiosos. Está muy lejos esto de que las FARC sean mafiosos, realmente fueron individuos. La coca desdibuja los dogmas de la guerrilla” —me contestó. Y finalmente, el cuarto problema clave (PC4) es definido por Arlinton como “los incumplimientos del Estado al campesinado en la sustitución de cultivos”. Este problema asocia directamente al colectivo campesino a la red. Un colectivo que no participó directamente con sus portavoces en la discusión del Punto 4 lo hizo en el Punto 1 de la Reforma Rural Integral, pero sin una interconexión praxeológica. Es como si ambos puntos representaran islotes independientes en el gran archipiélago del Acuerdo de Paz. Este problema, asocia entonces a los actores de nuestro próximo universo, el campesino. 253 9.1.3. El Nudo Gordiano del Universo Campesino, o el Eslabón Perdido del Fenómeno Subsidiario del Narcotráfico. Arlinton me facilita el contacto con la Junta de Acción Comunal -JACde la vereda Filipinas. Las JAC183 son, en Colombia, una de las formas asociativas a las que cualquier colectividad que se auto reconozca como tal tiene derecho y que, por decisión propia, pretenda incidir mediante mecanismos Estatales en la gestión de biopolíticas públicas que impliquen la participación representativa. Las JAC deben ser inscritas en el Ministerio del Interior para ser reconocidas institucionalmente. El portavoz de la JAC Filipinas, al que llamaremos Juan184, acude en menos de 30 minutos al llamado de Arlinton y llega a la ETCR para reunirse con nosotros. La JAC veredal está integrado en su totalidad por campesinos y campesinas del territorio a quienes representa legítimamente. Juan se saluda con Arlinton, representando en su lenguaje verbal y no verbal los gestos de la fraternidad de un “viejo amigo”. Estrechan sus manos y se dan un abrazo, luego se sienta a su lado. Desde los ojos de esta observadora, al verlos sentados uno al lado del otro, Arlinton y Juan, en sus fenotipos, producto de la herencia genética modulada por las inclemencias del ambiente tropical y de las rudezas del trabajo en los espacios rurales, parecen ser físicamente actores indistinguibles, aunque pertenezcan a “colectivos diferenciados”. Uno campesino, el otro excombatiente de las FARC-EP. Su vestimenta, con pantalones vaqueros, camisa corta y botas de caucho o “botas pantaneras” tal como son denominadas convencionalmente y sus formas culturales, comportamientos y, en la gran 183 Las Juntas de Acción Comunal se rigen en Colombia mediante la ley 2166 de 2021 firmada por el Congreso de la República, el cual se integra por la Cámara de Representantes y el Senado. En el Artículo 1 de la ley se define como objeto “(…) promover, facilitar, estructurar y fortalecer la organización democrática, moderna, participativa y representativa de la acción comunal en sus respectivos grados asociativos y, a la vez, pretende establecer un marco jurídico para sus relaciones con el Estado y con los particulares, así como para el cabal ejercicio de derechos y deberes. Así mismo, busca prever lineamientos generales para la formulación, implementación, evaluación y seguimiento de la política pública de acción comunal, sus organismos y afiliados, en el territorio nacional, desde los objetivos del desarrollo humano, sostenible y sustentable. Lo anterior, con la finalidad de proteger y garantizar los derechos y establecer los deberes de los afiliados a los organismos de acción comunal que gozan de autonomía e independencia sujeta a la Constitución Política de Colombia, leyes, decretos y demás preceptos del ordenamiento jurídico y el interés general de la comunidad”. (Ley 2166 de 2021. Art. 1. 18 de diciembre de 2021, Colombia). 184 El actor, para su participación en nuestra investigación, solicita que su nombre y apellido no sean revelados por motivos de seguridad y de la protección de su integridad. El tema es de sensible manejo frente a la presencia en la zona de Arauquita de actores en pugna activa: guerrilla del Ejército de Liberación Nacional -ELN-, Grupos Armados Organizados al Margen de la Ley -GAO-ML, delincuencia común trasnacional colombo-venezolana, disidencias de las FARC-EP, grupos paramilitares y narcotraficantes, principalmente. 254 parte de sus representaciones simbólicas observables, pasan a ser indistinguibles a simple vista. Arlinton me presenta ante Juan y luego le explica detalladamente el motivo de nuestro diálogo, el tema que estamos tratando y cómo, a pesar “de ser un tema complicado de hablar”, esta investigadora es una “persona de confianza”. Pasado todo esto, lo invita a incorporarse a la conversación. “Hay algo que no se entiende en la ciudad, que no se entiende por el gobierno y es que los campesinos no sembramos la Coca, ni la transformamos en cristal o base porque nos guste hacerlo, sino porque es la única forma; porque si no hay pan no tenemos siquiera qué comer. ¿Dígame usted qué les damos de comer a los niños pequeños? Además, formado el cristal puede durar mucho y no es como los otros cultivos que se dañan con el tiempo, pero aquí se saca sobre todo base y perico con cinco o seis cocinas. Aquí el Loco Barrera tuvo un laboratorio. Tanto que el gobierno le agarra una cocina con doce tipos y al otro día ya estaban por fuera en la sabana del Rondón. Pagaban incluso por adelantado y fueron sembrando una cultura, no eran mafiosos ni insurgentes, eran campesinos y cualquiera arrendaba 10 hectáreas y sembraba, aunque no fueran propietarios. Si está pasando que los jóvenes estaban consumiendo en 2020 en Arauquita pasaba mariguana y la traían.”—comienza con su relato Juan. El primer problema clave en el que coinciden tanto Arlinton, temporalmente re/enrolado como campesino, y Juan, puede ser sintetizado en el hecho de que la siembra de Coca y su transformación en cristal o base de coca, constituye la única posibilidad para la generación de ingresos suficientes que garanticen la subsistencia de la familia campesina. Tanto en su oralidad como en su lenguaje no verbal, Juan intenta por todos los medios hacerme comprender del callejón sin salida que se configura en los territorios, donde es o vender cristal o base de coca o, por el contrario, es tener que soportar la situación de vivir con necesidades básicas no cubiertas y condiciones de creciente precarización de la existencia. En ese sentido, quizá su dolor más profundo se pone de manifiesto cuando estas condiciones golpean a los niños y las niñas campesinas. 255 Y es que, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE, 2021), para el 2020, el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional en los centros poblados fue del 12,5%, mientras que en la esfera rural fue tres veces superior, llegando al 37,1%. Desde la perspectiva educativa, y particularmente de la educación superior rural, el 16,8% de los productores residentes en la Colombia rural contemporánea no sabe leer ni escribir, el 18,7% no cuenta algún nivel educativo y solo el 9,9% cuenta con educación básica secundaria, el real insumo para el ingreso a la educación superior y como consecuencia lógica solo el solo el 2% alcanza el nivel universitario o posgradual. El futuro es incierto: solo el 17% de la población menor de 5 años asiste a una institución educativa, repitiéndose así el ciclo no virtuoso y atávico de la movilidad social descendente en la población rural (DANE, 2016). La tendencia decreciente en los residentes de la esfera rural en el último decenio, pasando del 32% al 26,7%, enciende una alerta sobre los procesos de des-campesinación y desterritorialización. Procesos catalizados por los más de 6.6 millones de hectáreas (15% del territorio nacional) despojadas por los procesos vividos durante 50 años de diversas formas de violencias ejercidas sobre los habitantes de los territorios rurales. El abandono del campo motiva escenarios de análisis frente a lo futurible de la soberanía alimentaria y sus efectos reflejos sobre la esfera urbana. Ahora bien, estos análisis se suscriben al desarrollo exitosamente firmado. Así, este primer problema narrado en las voces de Juan y Arlinton tiene sus correlatos en las cifras del DANE y ambos, los testimonios y las cifras, con las conclusiones de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Para la FAO (2018), la reducción de la pobreza rural puede lograrse a través de un enfoque de Desarrollo Territorial Rural, tal como lo estipula el Acuerdo de Paz en Colombia, que puede propiciar menor inseguridad alimentaria, menor presión migratoria sobre zonas urbanas, menor conflictividad social y menor degradación de los ecosistemas (además de potenciar la capacidad productiva y la contribución económica de los pobladores rurales). Si es tan obvio, si el primer problema clave taxativamente declarado en el Punto 1 del Acuerdo de Paz es la pobreza campesina, ¿por qué no se comienza por allí? ¿Por qué no se crean las estrategias para sacar de la línea de la pobreza y la indigencia a las 256 familias campesinas? Las reflexiones y los cuestionamientos expresados anteriormente muestran una realidad contradictoria a la luz de los resultados extraídos de nuestra primera investigación preliminar, donde se encuentra que “el Estado colombiano sigue apuntando hacia políticas que buscan agudizar los problemas políticos, sociales y ambientales de las zonas rurales, mediante la implantación de proyectos que no tienen en cuenta a las comunidades” (Ángel et al., 2019, p.2) El Estado colombiano, en un nuevo intento de concertación y frente a las controversias irresolutas del campesinado dedicado a la siembra de la Coca, crea en 2017, mediante el decreto 896, el Programa Nacional Integral de Sustitución de cultivos de uso ilícito -PNIS-. Sin embargo, esta biopolítica gestiona una negociación de salida a los cultivos existentes y no las causas de esta encrucijada consistente en sembrar Coca o permanecer en la indigencia y la pobreza, tal y como lo plantearon Juan y Arlinton en su primer problema clave. La sustitución de cultivos en Colombia es el tema que precisamente plantean como segundo problema clave nuestros dos actores. “Con Alvarado el exgobernador se generó una política PNIS y se fueron a las comunidades y hablaron de 700 hectáreas y 400 familias a quienes se les convenció de hacer la sustitución. La gente argumentaba que la Coca realmente era más lo que nos trae mal que lo que realmente daba. Si estamos en esto no era porque quisieras sino porque no tocaba otra. Se comenzó con la firma de un acuerdo individual y un colectivo 40 veredas se unieron. Se nombraron liderazgos los raspachines o recolectores recibieron 12 millones por una única vez eran 125 recolectores. El gobierno les prometió organizarse a través de organizaciones para generar proyectos productivos. A la fecha no se ha recibido un solo peso y aún están organizados” — dice Juan. “Yo soy testigo que se hizo un seguimiento y la gente arrancó las matas de Coca y realmente a quienes se les cumplió es solo a los recolectores quienes recibieron 12 millones por una sola vez. Algunos lo aprovecharon bien y otros no. La gente que no volvió a sembrar Coca es un modelo para el país. Tenemos un modelo porque Arauca en 2001 tuvo 10.000 hectáreas de Coca sembrada y ahora ya no tiene Coca” —le interrumpió Arlinton. “Pero ven Juan, de acuerdo con el más reciente informe de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito el territorio del Catatumbo rompió su propio récord 257 en 2022 como el más potente enclave de los cultivos de Coca superando incluso las del municipio de Tibú en el norte de Santander, en plena frontera con Venezuela. Tibú tiene el nivel más alto de cultivos de Coca de todos los municipios de Colombia con 22.000 hectáreas, de las más de 204.000 hectáreas que hoy existen”—buscaba yo con esto desatar las controversias. “Pero eso lo hacen nuestros vecinos en el Catatumbo porque aquí en Arauca la fumigación fumigó no solo la Coca sino el pancoger y muchas familias se retiraron porque se los lleva la policía y los mete a la cárcel. En Arauca la gente ya no cultiva Coca a pesar de los incumplimientos del gobierno con los pagos”—protesta Juan. ¿Y cómo se explica entonces Juan que el gobierno les incumpla pero que el campesinado ya no cultive Coca en Arauca? ”—le pregunto. Pues mucha paciencia por parte de los campesinos e incumplimiento del gobierno. El ministro Pardo dijo que era un modelo para el mundo, pero el modelo para el mundo es el modelo que demuestra que sí se puede. La gente desistió de sembrarla aquí. A pesar del incumplimiento muy buenos líderes no han desistido. Sacar adelante el programa es la única posibilidad. ”—cierra con esto Juan. El segundo problema clave es entonces planteado y concertado con mis dos compañeros de conversación como los incumplimientos sistemáticos del Estado frente a los compromisos adquiridos con el campesinado en el marco del Programa Nacional Integral de Sustitución de cultivos de uso ilícito -PNIS-. A renglón seguido, Juan plantea el tercer problema clave para el campesinado cocalero, que podría definirse como la imposibilidad de comercializar los productos agropecuarios por los que se sustituyó la Coca en los territorios. Puede parecer a primera vista como una estrategia sin estrategia, como un proceder que no consideró los escenarios futuribles, como una lógica poco lógica, pero es lo que esta investigación encontró en los actores campesinos en los territorios. “Ellos [los campesinos] saben cultivar muy bien, pero debe hacerse una asesoría técnica. Cultivaron maracuyá y pusieron pollos y no pudieron comercializarse. El año pasado Arauca ocupó el segundo lugar del mejor plátano en el país. Los primeros excombatientes tienen 10.000 plantas de plátano. El único producto que tiene transformación es la Coca y sale para el mercado ilegal, eso se analizó. El proyecto de Sacha Inchi si involucraba la transformación, pero la comercialización del producto falló y desistieron de la compra” —concluye Arlinton. 258 “¿Puede usted creer que se siembra producción y no se puede comercializar?” —me mira curioso Juan esperando tal vez de mí una expresión de asombro. “Y llegan los intermediarios y dicen: déjeme eso en… a precio de regalo. Laura, una señora emprendedora con 14 familias trae la producción y la transforma y comercializa la producción de Sacha Inchi, pero en muchas partes de aquí desistieron. Ahora se piensa en el tema de la ganadería. Pero qué nos ganamos si hoy en día no han llegado los recursos que prometió el Estado hace años que arrancamos las matas de Coca.”—finaliza Juan. Las múltiples dimensiones de los espacios donde se expresan y proliferan los cultivos de la planta de Coca están en constante interacción entre un conjunto de prácticas sociales, soportados en diversos dominios discursivos y distintos modos de vida que configuran los ensamblajes heterogéneos (humanos y no humanos) y las características propias de los territorios. Siguiendo esta argumentación nos propusimos cotejar lo observado en Arauca con, al menos, un segundo colectivo campesino cocalero situado en otra de las geografías colombianas. Aquí, el profesor Wilson me asocia con el líder campesino Cristóbal Guamanga. Cristóbal habita en la Zona de Reserva Campesina de La Elvira, situada en el municipio de Miranda, Cauca (Ver Figura 32). Estas zonas tienen por objeto, según la ley 160 de 1994, el de “fomentar y estabilizar la economía campesina, superar las causas de los conflictos sociales que las afecten y, en general, crear las condiciones para el logro de la paz y la justicia social en las áreas respectivas”. Representan verdaderos enclaves espaciales, físicos y simbólicos para la producción y reproducción de la cultura y las prácticas campesinas en Colombia. Cristóbal Guamanga, como actor, traduce desde sus luchas la memoria viva de los apuros en medio de la guerra que libra el movimiento campesino en Colombia. Esto lo transformó, inexorablemente, en uno de los líderes campesinos con mayor número de amenazas y atentados contra su vida en el departamento sureño del Cauca. “Ahora quiero señalarle un asunto muy claro para el movimiento campesino. Para nosotros el modelo de desarrollo económico capitalista gestiona y promueve 259 toda la estructura global del narcotráfico, esta estructura coopta al campesinado en el eslabón más vulnerable de este negocio, siendo su trabajo utilizado por el capital de la industria de la cocaína, que deja al territorio con los mismos problemas sociales, ambientales, políticos, culturales y económicos, rezagados históricamente por el Estado” —comienza así su discurso problematizador Cristóbal. “¿Entonces Cristóbal, de una parte, es un asunto histórico y atávico y de otra, la culpabilidad debe asumirla el Estado? —le pregunto. “Un asunto importante a decir es que aquí la gran mayoría de la institucionalidad nacional e internacional creen que el campesinado vive las 24 horas del día y los 365 días del año agarrado de una mata de Coca. Todavía no aceptan que durante más de 70 años hemos resistido a la guerra estructural adelantada por el Estado contra del campesinado. Nosotros tenemos propuestas concretas para darle respuesta a los problemas que esta guerra ha creado en nuestras regiones. Desde hace 70 años nos han querido acabar, para ellos montar sus agronegocios y tener de esclavos a los sobrevivientes, pero aún no han podido, y eso se debe a nuestro permanente proceso de organización y lucha.”. “Nosotros somos sujetos de derechos185—continúa Cristóbal (…) tenemos una cultura campesina, un conocimiento popular, mucha experiencia, defendemos la vida en comunidad y al territorio, producimos comida, aunque no valga nada para el mercado mafioso de los acaparadores, pero ahí estamos en la brega. Nuestras organizaciones municipales, regionales, nacionales e internacionales demuestran que tenemos un proyecto político emancipador. Aquí nos han venido estigmatizando según la época y según los desarrollos políticos y militares que ellos aplican en los territorios. Antes nos señalaban de bandoleros, después de guerrilleros, en los últimos cuatro gobiernos nos pusieron el San Benito de terroristas, ahora nos han bautizado como narcos, mire usted ese rancho de bareque, sin servicios básicos, allí estos siete 185 En el mes de septiembre del 2022, cuando ya finalizaba la documentación de esta tesis, fue aprobada en sesión del primer debate de la Comisión Primera del Senado de la República el proyecto de Acto Legislativo “por medio del cual se reconoce al campesinado como sujeto de especial protección constitucional”. Este proyecto, sin embargo, debe continuar su tortuosa senda una serie de debates posteriores. Para el mes de noviembre del 2022 es aprobado en su tercer debate, esta vez en la Cámara de Representantes. Se han desarrollado en años previos muchos intentos de reivindicar los derechos y luchas campesinas, entre estos, el “referendo campesino” que en el año 2020 no alcanzó siquiera el umbral de firmas requerido para votarse como reforma a la Constitución colombiana. Es por lo que Cristóbal Guamanga dice que “la institucionalidad se ha negado a reconocernos como sujetos de derechos. El actual logro de ese proyecto de ley en el congreso, el cual nos da el reconocimiento como sujetos de derecho es el producto de muchas luchas, desplazamientos forzados, bombardeos, torturas, encarcelamientos, mutilados, lisiados, desaparecidos, muertes de compañeras y compañeros en todo el territorio nacional”. 260 narcos que usted ve y mi mama hemos vivido toda la vida, imagínese pues.” —finaliza apuntando con su dedo índice a su casa y visiblemente conmovido con sus sentires. Aquí, si bien Cristóbal es más frontal en su discurso contra estatal que Juan, e incluso que el mismo Arlinton como excombatiente de un movimiento armado de izquierda, su argumento se enruta hacia el modelo de desarrollo agropecuario capitalista y su impacto en Colombia. Sin embargo, coincide con los dos primeros actores en que, siendo ese el medio, el problema clave desde sus sentipensares es el estado de pauperización de los espacios rurales. La segunda parte de su discurso concuerda con lo que el Centro Nacional de Memoria Histórica (2021) manifiesta de que no es correcto simplificar el conflicto político, social y armado asociado únicamente al cultivo de la planta de Coca, tesis recurrente del establecimiento. Figura 32 Las “rostricidades” y vidas paralelas de un portavoz campesino, memoria viva de las afugias en medio de la guerra del movimiento campesino en Colombia Nota: Cristóbal Guamanga divide su vida entre sus hijas y el ejercicio del liderazgo social por los derechos del campesinado. Cristóbal nos acompañó activamente en el “diplomado de agroecología” que desarrollamos en diálogo de saberes con el colectivo campesino de Miranda, Cauca. Fuente de autoría propia. El enfoque de Cristóbal trata del control estatal al poner un velo sobre las causas históricas del conflicto político, económico, social y armado que hoy se agudizan en estos territorios. Así, se presenta el segundo problema clave para Cristóbal, la localización del problema de la Coca en el campesinado, difuminando una cortina de humo sobre las causas 261 reales del narcotráfico como motor de las economías ilícitas en Colombia. Ahora bien, en nuestra tarea por sondear las controversias y rastrear los problemas claves llegó un momento en que se vinculó un nuevo colectivo: el de los pueblos originarios. Desde la perspectiva etnogénica y de acuerdo con los resultados del primer viaje, de entre los actores del colectivo excombatiente, el 36% se auto reconoció como perteneciente a una minoría étnica y el 35% como indígenas. De otra parte, para la antropología latinoamericana, la conformación de los colectivos campesinos evidencia sus orígenes desde los hechos históricos, como la disolución de las comunidades indígenas precoloniales, la colonización de campesinos indígenas en las inmediaciones de las haciendas o la colonización de campesinos españoles pobres o esclavos libres (Bengoa, 1979). Desde las narrativas vividas en las observaciones participantes de nuestra investigación, los excombatientes asociaron tímida y, en algunas ocasiones tácitamente, a los actores de los pueblos originarios a la red fenomenológica de la Coca. Sin embargo, a diferencia de los excombatientes, los actores campesinos no solo asocian explícitamente al universo indígena, sino que muchas de sus prácticas y hábitos actuales, fueron heredados o transformados a partir de la cultura indígena. Los usos medicinales de la Coca como cura a las enfermedades del “mal de alturas”, problemas respiratorios o gastrointestinales de los campesinos del Cauca fueron una muestra de ello. Se articula así el universo de los pueblos originarios a nuestra investigación. 9.1.4. Los Espacios Material y Simbólico de los Pueblos Originarios: el Universo Indígena. A comienzos del mes de febrero del año 2020, pasado ya el tercer año de implementación del Proceso de Paz, viajamos hasta la ciudad de Leticia, capital del sureño departamento del Amazonas, un grupo de investigadores de maestría y doctorado bajo la dirección del investigador vasco Carlos Hugo Sierra. Aunque cada investigación traía consigo propósitos y preguntas bien diferentes, todas tenían como actores comunes a los pueblos originarios amazónicos. El trapecio geográficamente conformado sitúa a Leticia 268 Este relato se descompone en dos grandes apartados. De una parte, que por primera vez se introducen alusiones a otras plantas con poderes psicóticos y psicotrópicos, y se ponen en el mismo plano de los malos usos de la Coca. La marihuana quemada y el borrachero tostado entran en comparación directa con la Coca inhalada. Otro elemento novedoso, viniendo de los Pueblos Originarios, es considerar el uso crónico o la adicción como una variante descontrolada de las formas de abuso. De aquí se deriva el cuarto problema clave (PC4), el uso de la Coca sin contexto lleva a la perdición. De otra parte, se asocian sub-colectivos del universo indígena a la red de la Coca, situados en otras ubicaciones geográficas y distribuidos por toda Colombia. Los Emberá, los Koguis, los Arahuacos, los del Sibundoy que son los Kamentsá y los Ingas. Ahora bien, en el espacio físico del departamento del Amazonas las representaciones mágico-religiosas de los pueblos Huitoto-Muinane, Okaina o los Bora giran alrededor de la hoja de Coca. Sin embargo, no todos los pueblos del universo indígena amazónico se representan en las cosmovisiones de la Coca, tal y como sucede con las comunidades Tikuna. Siguiendo la narrativa del Abuelo Bolívar en Colombia, las cosmovisiones de la “Mama Koka” son compartidas más allá del Amazonas, pero con diferencias sustanciales en lo que tiene que ver con la interpretación de sus mitos originarios y prácticas. Por citar un caso, al nororiente del Amazonas, en los departamentos de Caquetá y Putumayo, pueblos como los Andoque y Bora, comparten con los Huitoto la dualidad de género, Coca “femenino” y Tabaco “masculino”, más no así los relatos de sus mitos y leyendas. Cumplimentando al Abuelo Bolívar, otros pueblos originarios articulados ancestralmente a la Coca en Colombia incluyen a los Nasa, Misak-Guambiano, Coconuco, Koreguaje y Yanacona. En el extremo norte, justo en la antípoda colombiana del Amazonas, recordamos cómo el Abuelo Bolívar en su relato citaba y asociaba al pueblo Arhuaco190 de la Sierra 190 El Pueblo Arhuaco se auto-reconoce como ika, iku, Ijku o Ijka y representan el 1,59% de la población indígena de Colombia. La denominación de Arhuacos fue acuñada por los españoles, según la ONIC (2022), para diferenciar entre los territorios situados en la vertiente sur del macizo de otros como el Tairona o el Chimila. La denominación de “Arhuaco” solo se generalizó en su uso entre los pueblos que sobrevivieron a la conquista española hasta el siglo XIX. De acuerdo con el censo poblacional publicado por el DANE en 2005, 22.134 personas se auto reconocieron como pertenecientes al pueblo Iku (Arhuaco). Estos habitan en un 78,43% en el departamento del Cesar, el 18,36% en el departamento del Magdalena y el 1,9% en el 269 Nevada de Santa Marta con la Coca. Si bien comprender las diversas cosmovisiones de la Coca desde las subjetividades propias de cada pueblo originario sería, per se, un trabajo completo de investigación que valdría la pena desarrollar, para los propósitos de esta tesis, se busca abrir un análisis “diferencial desde las semejanzas del compartir la Coca”. Así, viajé hasta Nabusímake, la tierra donde nació el sol, un pueblo enclavado en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde los Arhuacos “abrieron sus 3 puertas” a esta investigadora (ver Figura 35). 9.1.4.1. Un fluir con Ayu191 desde “la tierra donde nació el sol” y habita el pueblo Arhuaco. Partiendo del municipio de Pueblo Bello, uno de los 25 que integran el departamento del Cesar, se recorren 20 kilómetros por una trocha de barro rojo, incrustado con piedras gigantes, grietas profundas y precipicios. Los únicos vehículos habilitados para tal proeza son camperos “marca Toyota ® dotados con doble bajo y con cilindradas superiores a los 4.000 centímetros” me argumenta el alcalde de Pueblo Bello Danilo Duque. La ruta en estos vehículos se recorre en 4 horas y sólo es “transitable” durante la temporada de menos lluvias en el caribe colombiano. Los escasos pilotos habilitados deben conocer “a ojo cerrado” el camino y ser probados en su pericia y “confiabilidad”, tanto por el cabildo Arhuaco como por la alcaldía de Pueblo Bello. El sendero recorrido rasga las escarpadas laderas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Este sistema montañoso independiente de la Cordillera de los Andes se reconoce por contener el pico litoral más alto del mundo, el Gonawindua. Este emerge desde los cero metros a orillas del mar caribe y asciende hasta los 5.775 metros en sólo 42 kilómetros (Langebaek, 2018). Los picos nevados sagrados para los Arhuacos son reverenciados y representados por un gorro blanco que usan todos los días, el Tutusoma. Este solo puede ser departamento de la Guajira, teniendo en cuenta que el espacio de la Sierra Nevada se extiende entre los departamentos. El 0,42% de los Arhuacos migraron a la ciudad de Bogotá (ONIC, 2022). Para profundizar en el conocimiento del Pueblo Arhuaco y sus correlatos con la Coca se recomienda el trabajo de investigación de Izquierdo (2019) conocido por el nombre ancestral Bunkwarin Maku, su trabajo se denomina “Ayu Kunsu Niwizey: Coca, planta sagrada para el cuidado de la Madre Tierra”. 191 Ayu en la lengua Iku originaria del pueblo Arhuaco traduce al castellano “planta de Coca” y Ayu kugayo es una de las especies endémicas de Coca que se encuentran en la Sierra Nevada de Santa Marta. 270 tejido por los hombres de la etnia a partir de una base en fique a la que enrollan, puntada a puntada, hilos de algodón dispuestos en espiral; el gorro finaliza en forma de cono truncado, como la sierra misma. Figura 35 Las tres puertas que abren el espacio a Nabusímake, la "ciudad donde nació el sol" Nota: Fuente de autoría propia. Una persona externa a la etnia que pretenda acceder al santuario de Nabusímaque debe acreditar una doble autorización, Cabildo-Alcaldía, para ser aceptados. Sólo con el cumplimiento riguroso de las condiciones de acceso a los bunachi192 se emite un permiso escrito que debe ser presentado en cada una de las 3 “puertas”; una suerte de retenes permanentemente custodiados por los Arhuacos y distribuidos a lo largo de los 20 kilómetros. La primera puerta se sitúa en la última cuadra, saliendo de Pueblo Bello y la última puerta justo al frente del acceso a Nabusímaque. Las imbricadas trabas al acceso de 192 Por bunachis se comprende en la lengua materna del pueblo Arhuaco, la lengua Iku a todas las personas que no pertenezcan a la etnia. Su traducción más aproximada al idioma castellano es la de “forastero”. 271 visitantes tienen un propósito: conservar la cultura Arhuaca y proscribir el turismo de sus territorios. La decisión de contener cualquier forma de cultura foránea comenzó con la expulsión de los misioneros capuchinos en 1982, acusados de “etnocidio” y que llegaron con propósitos de adoctrinamiento y evangelización. Los Arhuacos buscaron justo conjurar la pérdida de la cultura propia que describieron anteriormente los Pueblos Amazónicos en el nodo ensamblador de problemas. Nabusimake refleja en su diseño y materiales de construcción la coherencia con las declaratorias del Pueblo Arhuaco de “protección de la naturaleza y la responsabilidad sobre el mundo”. Este pueblo comparte las cosmovisiones amazónicas de la ausencia de fronteras y distinciones que privilegian lo humano sobre lo no humano. El primer actor que me acepta es Roberto Cotes, una joven promesa Arhuaca que asumió la carrera de formación como futuro “cabildo” y así continuar con el legado de su territorio ancestral. Roberto me explica que el pueblo se rige por dos líneas de autoridad, la autoridad administrativa en cabeza del Cabildo Rogelio193 y la autoridad religiosa en cabeza de los Mamos, que se asimilan a los sacerdotes en la cultura del hombre blanco. Si bien sus roles en la red de la Coca se comprendieron hasta el tercer momento de la TAR, Roberto me asocia inicialmente al Mamo Enrique. Al lado de Roberto aparece Alexander Niño, su compañero y coetáneo en el proceso de formación y que, en su momento, sucederán al Cabildo. Alexander saluda a Roberto pasando un puñado de hojas tostadas de Coca que carga en su mochila directamente hasta la mochila de Roberto y Roberto le retorna así el saludo. Ambos jóvenes traen consigo su Poporo, un recipiente alargado hecho del fruto del árbol de calabazo al cual dejan secar. Traerlo, explica Roberto, significa que a pesar de la corta edad ya se consideran adultos. Para tenerlo, deben “pasar por un procedimiento con los 193 Aunque los Mamos eligen a un cabildo único para todo el pueblo Arhuaco, la estructura del poder político en Colombia ha propiciado una ruptura en tiempos recientes. Para 2022, año en que finaliza esta investigación, existen dos “cabildos” a los que apoyan dos grupos diferentes de Arhuacos. El primero en cabeza de Rogelio representa el cabildo legítimamente elegido por los Mamos. El segundo en cabeza de Zarabico quien “se proclama cabildo” por elección política de representantes al parlamento colombiano (senado y cámara de representantes) y cuyos intereses obedecen al ejercicio del “voto” para su elección en el sistema del “hombre blanco”. 272 Mamos” y casarse. Pero si no lo están los Mamos pueden hacer excepciones estudiando sus roles y comportamientos hasta merecer el paso de niño a adulto. En el Poporo cargan un polvillo calizo hecho de conchas de mar trituradas en mezcla con flores de color amarillo de la planta “moroche” a la que en lengua Iku194 llaman Kanuhoru. El polvo del Poporo se extrae con un instrumento de madera, el So´kʉnʉ y lo llevan a la boca para mezclarlo con las hojas tostadas de Coca que mastican lentamente extrayendo sus contenidos. El ritual finaliza devolviendo suavemente contenidos de esta mezcla de sus bocas con el So´kʉnʉ y luego restregándolo contra la parte externa del Poporo. El contenido se tiñe de amarillo por el tinte de las flores y construye capas que crecen tras los días y los años de uso. Cuando un Arhuaco saca su Poporo en medio de un diálogo traduce su real interés en el tema y de la necesidad de “llamar a la palabra”, de la necesidad de evocar la sabiduría en un momento específico. Roberto y Alexander son ahora los guías en la tarea de rastrear los problemas. “El Ayu es la planta sagrada que nos conecta al cosmos, pero a la vez nos conecta a la Madre Tierra, pero el problema es que llegaron los blancos y la procesaron para otra cosa” —dice Roberto. “Es que el Ayu para nosotros tiene un respeto, que ni yo tengo la autorización de sembrar una mata de Coca. Para recibir la mama Coca se tiene unos reglamentos que nos enseñan cómo se siembra, cómo se recoge y cómo se tuesta. Se debe estar preparado espiritualmente para recibirla”—le interrumpe Alexander. “¿Entonces quién siembra estas matas de Coca?” —les pregunto, apuntando con mi dedo a una planta de Coca sembrada justo a nuestro lado, en una pequeña huerta donde estamos sentados y que se ubica justo entre dos malokas en Nabusímake. “Una persona que un mamo prepara para que lo siembre. Pero a los blancos no les importa, siembran la cantidad que sea”—insiste Roberto en sustentar el problema clave reflejando en su rostro la molestia que este hecho le produce. Así, el primer problema clave da cuenta del procesamiento y la siembra indiscriminada de la Coca por parte del hombre blanco. El “Territorio Ancestral” de la 194 La lengua Iku tiene sus orígenes en la lengua Chibcha propia de la antigua civilización “Muisca o Chibcha” que habitó en la zona centro-andina de Colombia, más específicamente en altiplano cundiboyacense (entre los departamentos de Cundinamarca y Boyacá). Landaburu (2005) estimó que existen entre 8.000 a 10.000 hablantes de la lengua Iku situados en la Sierra Nevada de Santa Marta. 273 Sierra Nevada de Santa Marta es conocido como U`munukunu por los Arhuacos. Este espacio geográfico de 17.000 km2 se extiende a través de los departamentos de Cesar, Magdalena y la Guajira, y es compartido, además del pueblo Arhuaco, por 3 más, los Kággaba (Kogui), Wiwa y Kankuamo. El sistema de la Sierra Nevada, como actante, es sujeto de protección,195 en tanto que reserva forestal, de la biósfera y patrimonio de la humanidad. A pesar de la proscripción jurídica de las prácticas “del hombre blanco”, el territorio de la Sierra Nevada carga consigo dos lastres históricos postcoloniales, el de la “tradición marimbera” y el de la colonización de los espacios físicos y simbólicos por parte de personas que invaden un predio rural de la vasta reserva indígena y, con los años, se autoproclaman propietarios, aunque no tengan títulos. La problematización se centra entonces en el uso de la tierra para la siembra de Coca y las acciones de transformación en cristal, en pasta y en cocaína pura, pero también en los impactos que la comercialización y el tráfico ilegal le han causado al pueblo Arhuaco, particularmente, en pérdida del territorio, desplazamiento forzado, muerte y “corrupciones” de tipo cultural y cosmovisional relativas a los usos y prácticas del Ayu. Roberto y Alexander exponen un segundo problema: “A uno le entregan el poporo cuando se casa. Hay un procedimiento que se hace con los mamos y, por ejemplo, antes que a uno le den la autorización pues uno tampoco la puede arrancar ni embucharla.” —comparte Roberto. “¿O sea que tú ya eres casado?”—le pregunto. “O si no se casa, el mamo te autoriza para que lo puedas hacer.” —continúa Roberto. “¿Ah, entonces sí se puede?”—le interrumpo. “Claro. El mamo lo autoriza para que más adelante esto no te vaya a causar una tragedia. Cuánta gente no se mata por el uso de eso. Todo es. A mí me autorizaron porque resulta que va uno en el camino y piensan que uno ya es casado y te dan un buchado para que te heches en la boca. De alguien que ya está casado, entonces uno peca. Entonces mi abuelo es mamo entonces yo le digo yo necesito que me haga un 195 Los actos jurídicos que protegen el Sistema de la Sierra Nevada de Santa Marta son el de la Línea Negra (Decreto 1500 de 2018), la Zona de Reserva Forestal (Ley 2ª de 1959), la Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (1979), la Zona de Protección y Desarrollo de los Recursos Naturales Renovables y del Medio Ambiente (Resolución 0504 del 2 de abril de 2018 emitida por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible). 274 favor y me dé una autorización para yo tener, porque a mí me dan Ayu por ahí cuando voy por allá. Después vienen las consecuencias. Pues bien, bueno total es que es así, pero, posiblemente el otro año tal vez sí me vaya a casar. Ya nos vimos con ella.” — finaliza Roberto. Un segundo problema clave se relaciona así con las tragedias devenidas de los usos del Ayu sin autorización. La cultura Arhuaca representa en los simbolismos del uso del Poporo y el Ayu un doble paso, el de niño a adulto y el de “soltero a casado”. El Poporo representa a la mujer material y la mujer espiritual es la Coca. De esta manera se otorga una suerte de responsabilidad en la siembra, cuidado, cosecha y procesos para la obtención de los subproductos de uso medicinal o espiritual. Para el Pueblo Arhuaco el camino de la comprensión de las responsabilidades y el “poder” de Ayu son los Mamos, quienes a través de los Unzasari o “pagamentos196” logran la armonización y comunicación con los espíritus. En la práctica conversacional tanto Roberto como Alexander buscaron la forma de llegar a la articulación de los propósitos presentes del Pueblo Arhuaco con la Academia. Eran conscientes del rol que esta investigadora cumple en la universidad pública y, en esa conciencia, asociaron su gestión a la conservación y cuidado de la naturaleza, a la preservación de la cultura y a la etno-educación propia. A partir de estos diálogos y en alianza con la Alcaldía de Pueblo Bello, se encuentra en desarrollo otra de las contribuciones sociales de carácter solidario paralelas a esta investigación: una sede de la UNAD en Pueblo Bello, Cesar. Y en esta tarea de las asociaciones llega el colectivo de la academia pública. 196 El Pagamento es una ceremonia que se desarrolla en los lugares sagrados y representa una relación consciente de reciprocidad con la Madre Tierra y el cosmos, el agua, el aire, el sol. Los propósitos estructurales de la ceremonia son la conexión y la retribución en la comprensión de los propósitos del ser y el habitar. 275 9.1.4.2. El universo académico en su lucha infatigable por “ordenar y comprender” el mundo “de lo social con la Coca”. La asociación entre los Pueblos Originarios, la Coca y la Academia se hace viva en el espacio simbólico de la Figura 36. Esta estatua se sitúa en el centro de una de las plazoletas de la Universidad del Magdalena. Aquí se expone a un indígena Arhuaco con la mochila en la que carga las hojas tostadas de Ayu, su Poporo y en la mano izquierda el So´kʉnʉ. La asociación de la academia a la red fenomenológica fue tridireccional, recíproca y producto de las alusiones expuestas en las conversaciones con los colectivos excombatiente, indígena y académico. Sin embargo, a diferencia de los colectivos indígena, campesino y GAO-ML, la academia colombiana formó parte integral del Punto 4 del Acuerdo de Paz a través de sus portavoces en la Mesa de Conversaciones. Figura 36 Las asociaciones simbólicas entre la coca y los universos indígena y académico forman parte de los espacios físicos de la universidad del magdalena en Colombia Nota: Fuente de autoría propia. 276 El rastreo avanzado en el segundo viaje, en viaje de reconocimiento del universo académico y, particularmente, de los actores del colectivo de las universidades públicas colombianas con la Mesa de Gobernabilidad y Paz del SUE, me lleva hasta el profesor Wilson Sánchez. Este investigador comenzó su formación en las ciencias agronómicas y luego migró al área de conocimiento de la filosofía en su formación posgradual, finalizando en una suerte de híbrido entre la agroecología y la investigación social. Pero más allá de lo académico, trabajó durante 27 años como defensor de los derechos humanos acompañando, especialmente, a la población situada en los espacios rurales colombianos, campesinos, combatientes y excombatientes del orden insurgente y minorías étnicas. El profesor Wilson llega con su mochila al hombro y su cabello blanco, ondulado, suelto y largo, justo hasta antes de la cintura. Sus manos rugosas dan cuenta del ejercicio de la agronomía, pero sus reflexiones, sus formas de expresión y su lenguaje no verbal reflejan el impacto de la filosofía y la práctica social en su vida. A medida que avanza la conversación, el profesor Wilson concluyó con los que, desde su experticia, serían los 4 problemas clave de la planta de Coca en los escenarios de la paz territorial en Colombia. Comienza con lo que argumenta como “el desarrollo rural, una la guerra solapada contra el campesinado” como el primer problema, aunque otorgando un valor similar o equivalente al de los otros tres problemas. “El cultivo de la planta de Coca como actividad agrícola se implementó en el mundo rural colombiano desde hace varios años debido a la inexistencia de una política rural que favorezca al campesino, ya que las políticas agrarias del país están dirigidas a favorecer a los grandes terratenientes, latifundistas y empresarios, dejando al campesino aislado, sin la oportunidad de obtener beneficios de su trabajo a través de sus productos cosechados.” —argumenta el profesor Wilson sobre el primer problema clave. “Hemos visto en Colombia cómo las medidas fitosanitarias requeridas en productos como la panela, arroz, maíz, lácteos, carne, semillas son medidas de compleja adopción para el campesino “de a pie”—le afirmo, buscando detonar las controversias. ¡Exactamente!” —responde con fuerza el profesor. 277 “Son medidas contra el campesinado y que solo benefician a los ricos, es imposible competir y acceder a esta forma legal impuesta por el monopolio de la agroindustria, por lo que el campesinado se ha visto en la necesidad de recurrir a esta práctica agrícola de la planta de la Coca que genera, relativamente, ingresos estables; y viendo en los cultivos de la planta de la Coca la solución a sus penurias. Penurias que son el resultado de un desarrollo rural diseñado en contra del mundo rural, dirigido contra la agricultura familiar campesina. Con las pocas ganancias que deja el trabajo del cultivo de la coca, el campesinado ha encontrado una trocha alterna para la realización real de los derechos principales que todo ser humano aspira a tener: como es una vida digna, aunque sea en condiciones mínimas, ya que la agricultura legal no les garantiza esas condiciones”—finaliza. Pasamos luego al segundo problema clave, el que define el profesor como la “distribución violenta de la tierra”. Es decir, el espacio material de la tierra como actante en la sociogénesis de controversias y conflictos. Aquí alude al Punto 1 del Acuerdo de Paz, la Reforma Rural Integral. En su formulación, el Punto 1 permitió comprender, desde la perspectiva histórica, las cuestiones del uso, de la tenencia de la tierra y de los problemas que de estas interacciones se derivan. Pero también, las alternativas de mitigación y de solución de las controversias. Estos cierres, al menos retóricos en relación con las controversias expuestas en la Mesa de Conversaciones implicaron exigencias políticas, sociales, económicas y culturales devenidas de las luchas agrarias de los movimientos campesinos de Colombia. Para el tercer problema, el profesor Wilson enunció una serie extensa de controversias relacionadas con los modos de vida campesina, indígena, afrocolombiana, de la comunidad ‘Rom, los modos de participación política y los asesinatos sistemáticos de líderes sociales, ambientales, culturales y políticos. Las controversias cuando son promulgadas en los espacios públicos transforman a su actor o en extensión al colectivo emisor, en “objetivos militares” por parte de los colectivos opositores. De acuerdo con la Defensoría del Pueblo en Colombia, durante el año 2020, se identificaron 182 asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos y para el año 2021 fueron 145 los casos. 284 9.1.4.4. El universo que habitan los agentes estatales. En la conversación con Alex, los actores del universo estatal hacen de nuevo presencia. Esta vez, específicamente de entre el subgrupo de las Fuerzas Militares del Colombia se asocian más estrechamente los actores del Ejército Nacional. Para esta conversación me acompañaron Daniel201 y Carlos, quienes fueran compañeros del mismo pelotón. Daniel es un exsoldado que estuvo activo entre los años 2002 y 2010, en los tiempos de la presidencia de Álvaro Uribe y antes de comenzar el Proceso de Paz con las FARC-EP. Su pelotón era “contraguerrilla”, es decir, dedicaban su entrenamiento y resultados mayoritariamente al desmantelamiento de campamentos insurgentes o laboratorios de Coca. En cuanto al tema de la Coca, la instrucción era hallar los campamentos de los cultivos. Una vez hallados, se debía hacer la notificación y si era un laboratorio, la incautación y el conteo de todo el material. Las provisiones encontradas se tenían que quemar. Es decir, todos los insumos base, pasta, cristal, cocaína procesada y la gasolina. Pero sucede que muchas veces la cocaína procesada no se quemaba por completo y venía la corrupción, porque siempre había quien la comprara. El encargado de toda la incautación era la comandancia de la tropa. Es decir, eran los suboficiales de mayor rango como un sargento viceprimero, primero y mayor. Ellos tenían de 20 a 30 años de servicio militar y se les entregaba el laboratorio incautado a los capitanes o mayores quienes eran los únicos que podían proceder, nosotros no estábamos autorizados. La base de la tropa no se daba cuenta del destino final de la cocaína”—nos cuenta Daniel sobre su experiencia. Sí, es que eso era una negociación interna ¿me entiende doctora? ”—le interrumpe Carlos queriendo aportar a la conversación. Recuerde hermano que en algunas ocasiones metían al sargento mayor ¿recuerda el caso que nos contó el propio sargento? y es que él dijo: el producto de la incautación fueron 23 kilos de cocaína y eso fue lo que quedó en el acta oficial firmada. Pero para poder desaparecer el saldo faltante les tocó esa vez involucrar al sargento. Entonces le dieron a escoger el premio, si prefería dinero o si prefería como premio irse a prestar servicio en el ejército del Sinaí. Y el prefirió irse al Sinaí porque 201 Daniel es su nombre real, sin embargo y aunque él no lo solicitara así, omito voluntariamente su apellido para proteger su identidad de cara a sus “complejas” circunstancias. [Document text truncated for crawler view.]