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María Luisa de Haro (1938- ). Una maestra privada. Algunas instantáneas de su vida

Rodríguez Villa, José Luis

Abstract

Este trabajo analiza históricamente el nacimiento y el desarrollo del Movimiento Freinet en Es-paña, es decir, del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP), que pertenece a la Fe-deración Internacional de los Movimientos de Escuela Moderna y que, adherido a la pedagogía popular y cooperativa freinetiana, se inserta en el marco variado de la renovación pedagógica. Se expone, por lo tanto, un análisis histórico del MCEP, recorriendo las etapas de difusión de la Pedagogía Freinet en España. Además, se describen los principios educativos que guían la acción de los educadores del MCEP y las técnicas de enseñanza adoptadas por ellos. Esos principios y esas técnicas, que valorizan la capacidad expresiva y reactiva de los alumnos, coinciden con los principios pedagógicos y las técnicas didácticas elaborados por Célestin Freinet, cuya propuesta pedagógica representa aún hoy una manera peculiar de realizar la práctica educativa en la escuela, contribuyendo a una mejora del proceso de enseñanza-aprendizaje.

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http:// revista.muesca.es. ISSN 989-5909 | Cabás nº12, Diciembre 2014, págs. 125-131 -125María Luisa de Haro (1938- ). Una maestra privada. Algunas instantáneas de su vida María Luisa de Haro (1838- ). A private woman teacher: Some flashes of her life José Luís Rodríguez Villa Resumen Se presentan algunos aspectos de la vida de una maestra cuya vocación la condujo a montar durante la posguerra civil española una escuela privada en un pueblo de Cantabria, compaginando satisfactoriamente su profesión con la vida familiar. Palabras clave Vocación, posguerra civil española, maestra privada, la escuela, la familia, anecdotario, rasgos de carácter. Abstracts An introduction about some patterns in the life of a woman teacher during the post civil Spanish war ages at a town in Cantabria and who brought her job into harmony with her family life duties. Key words: Vocation, post civil Spanish war, woman teacher, private school, the school, the family, curiosities, personality features. http:// revista.muesca.es. ISSN 989-5909 | Cabás nº12, Diciembre 2014, págs. 125-131 -126Introducción De siempre he sentido interés y curiosidad por las cuestiones didácticas. Sentí fruición en la lectura de la obra Historia de una maestra de Josefina Aldecoa (1), descubrí en la revista Cabás las memorias de Maria Pilar Bravo Terán (2), las de Matilde García Serna (3), abordé el clásico Emile de Rousseau (4)… Somos partidarios de la biografía, de los recuerdos de antaño sin nostalgia, sobretodo, como sencilla y amena recreación, con el ánimo de saber de personas que nos han precedido. En esta línea de actuación, he aquí, pues, la vida misma de una mujer cántabra que se entregó a su vocación de enseñar en unos momentos de cierta complejidad como fue la posguerra civil española. Primeros años Nos encontramos en un pueblo pintoresco de Cantabria, Liérganes, situado en las márgenes de un torrentoso río, el Miera. Maria Luisa de Haro, en adelante Marisa, nació en el seno de una de las familias ricas de la población; siempre ha habitado en la gran casa solariega emplazada junto a la carretera que asciende al portillo de Lunada, junto a un hermoso prado que se extiende hasta el mismo borde del río. En los bajos de la muy bien dimensionada mansión su padre, Luís de Haro, regentaba una tienda-bar. En la trastienda había un pozo donde se refrescaban las bebidas; del techo colgaba una cesta donde, sobre unos lechos de hierba, se curaban los quesos. Las primeras letras las aprendió en el colegio de El Arral, atendido por monjas pertenecientes a las hermanas de la Caridad. Esta primera etapa de su vida estudiantil se ve sacudida por un curioso suceso: En su hogar, Amelia, su madre, persona desprendida y de bondadoso carácter, tenía hospedado, - “estaba de pupilo”-, a Don Luis, a la sazón párroco de la iglesia de Rubalcaba. Por aquel entonces sobraban curas y cada barrio tenía su cura. Don Luis, acostumbraba a bajar una vez al mes a Santander para proveerse en el obispado de las formas. Alguna mujer del vecindario gustaba de acompañar en el tren a Don Luis…Cierto día el párroco 2 Colegio el Arral Casa de los Haro (en la planta baja escuela de Marisa) http:// revista.muesca.es. ISSN 989-5909 | Cabás nº12, Diciembre 2014, págs. 125-131 -127trajo consigo un hermoso cuento y se lo dio de regalo a Marisa. Era muy bonito porque se abría como un díptico y estaba adornado con bellas ilustraciones. Marisa se lo llevó consigo al colegio y una de sus compañeras, al verlo, le gustó tanto que se lo apropió. Se lo quedó. Era precisamente la hija del farmacéutico. Marisa envuelta en lágrimas le contó lo ocurrido a su madre; el párroco al enterarse intercedió a las monjas y recuperó el cuento pero el daño ya estaba causado. Dña. Amelia, indignada, sacó a la niña del colegio. Marisa prosiguió sus primeros estudios en un pueblo próximo, La Cavada. Allí había abierto, por motivos políticos, su escuela privada Don Laureano. Acudían a ella muchos chicos, tal vez cincuenta. Este maestro se regía por una costumbre muy de entonces, a menudo usaba la vara siguiendo el lema de que “la letra con sangre entra”, hasta el punto de que un traje que llevaba Marisa, que se abrochaba por detrás, apareció un día con los botones rotos (por el extremismo del profesor…). A sus trece años, Marisa bajaba a sus clases de La Cavada en la bicicleta. El bachillerato elemental lo concluyó en las Escuelas Públicas de Rubalcaba donde impartía las clases Dña. María Luisa Sangrador, a decir de Marisa, una extraordinaria maestra;-“¡cómo mi madre!, lo tenía todo, era buena por dentro y por fuera”. Casa-colegio de D. Laureano (izda.) y Escuelas (modulo femenino) de Rubalcaba (dcha.) A propósito, para las tareas de la casa y trabajo en el bar se contaba con Gabriela, una criada que permaneció en el hogar desde los doce años hasta que se casó; el día de la boda se celebró la comida en la casa y terminada la fiesta, su madre que era caritativa y cariñosa al extremo, preparó para la cena un chocolate con tarta. A Dña. Amelia le gustaba la actividad de manera que si veía a su hija desocupada la decía: “¿no tienes nada que coser?”, con el correr de los años, cuando la madre estaba ya delicada, Marisa repetía la pregunta: “¿no tienes nada que coser?” … Vocación docente ¿Qué motivó su dedicación a la enseñanza? Contribuyó en cierta medida el deseo de complacer a su madre. Marisa de pequeña había padecido de los bronquios, estuvo muy delicada; por tal motivo, su madre no quería que hiciera trabajos fuertes y alimentaba la ilusión de que fuera maestra. Asimismo, María Oslé Lavín, prima carnal de su madre, era maestra. Embarcada en la idea, cursó la carrera en la Escuela Normal de Magisterio “Fray Antonio de Guevara” de Santander. No http:// revista.muesca.es. ISSN 989-5909 | Cabás nº12, Diciembre 2014, págs. 125-131 -128tuvo problemas de alojamiento porque una tía suya residía en la ciudad. Con veinte años supera los exámenes y obtiene el titulo. Por aquel entonces el negocio de su padre había ido a menos y decide establecer su propia escuela en lo que había sido bar. Don Luis, su padre, era ya mayor y había solicitado una “ayuda económica para la vejez”; cierto día, cuando se encontraba tasando una vaca para vender, recibió del abogado esta agradable respuesta: “dado que tiene una hija estudiando, mayor motivo para concederle la ayuda”, un dictamen que llenó a todos de satisfacción. Un serio incidente En aquel establecimiento donde se servían blancos y se vendía un poco de todo, años ah había tenido lugar un grave suceso que se mantuvo mucho tiempo en el recuerdo de las gentes de Liérganes. Una tarde, ya anochecido, habían acabado las partidas de cartas y en esto que irrumpieron en el bar una pareja de hombres, con la cara tiznada de betún. Pistola en mano gritaron: “todos brazos en alto, ponerse de espaldas mirando a la estantería”. Se trataba de "el cariñoso", un prófugo de la guerra perseguido durante años por la Guardia Civil; le acompañaba uno de sus correligionarios. Poco después entró el panadero que llevaba dinero después de haber bajado a Solares a pagar unos sacos de harina y de pienso; al ver al padre de Marisa con los brazos en alto, se creyó que andaba haciendo gracias como acostumbraba. Nada más verle, el “cariñoso” se puso a cachearle pero como llevaba una cazadora de cuero muy gruesa no encontró nada. Los bandidos abandonaron instantes después el local llevándose encañonado al alguacil del pueblo, apodado “el rey de los campos” porque acostumbraba a ir de la ceca a la meca haciendo disparos a diestro y siniestro. De su paradero no se supo nunca más. Acerca de la referida “secuencia”, Isidoro Cicero indica en su libro “El cariñoso”(5) que junto a Don Luís de Haro, contemplando con estupor, se encontraba su esposa con la hija pequeña en brazos! Los desaguisados del “cariñoso” fueron numerosos: arrampló con el dinero que tenía reservado Don Luis, el cura, para comprarse una sotana. A una tía de Marisa le sustrajo unos pendientes muy vistosos que tenía pero, con posterioridad, en una fiesta se los vieron puestos a una amante del cariñoso, y cuando fueron reclamados, se los devolvió. La escuela Marisa montó su escuela aprovechando las mesas y sillas del bar, compró la pizarra, y un carpintero le preparó algunos bancos; en la pared estaba el crucifijo y una imagen del sagrado Corazón. Antes de empezar la clase “se hacía la oración”. En invierno se ponía de un brasero. La escuela estaba abierta todo el año y a ella acudían niños de entre 6 y 14 años. Cuando alcanzaban esta edad pasaban el examen en Santander para la obtención del Certificado de Estudios Primarios. El horario era de 9 a 1 y de 3 a 5 por la tarde. No había recreo ni tiempo de bocadillo. La enseñanza se atenía a las especificaciones marcadas por los libros de texto que se conocían como “las Enciclopedias”, basados en las directrices de la Ley Escolar. En ocasiones, su madre la ayudaba encargándose de la enseñanza de los más pequeños. Marisa sentía predilección por http:// revista.muesca.es. ISSN 989-5909 | Cabás nº12, Diciembre 2014, págs. 125-131 -129las matemáticas. Siempre dispuso de buena voz para impartir las clases y no tuvo problemas disciplinarios, a excepción de una alumna que un día se dio a la fuga por la ventana. Si había que imponer algún castigo, por lo común consistía en quedarse un rato más. Los niños habían de salir a resolver los problemas y exponer la lección en el encerado. La escritura se hacía con bolígrafo, que por entonces no eran de buena calidad y manchaban con facilidad. No era común que los padres acudieran a recibir información sobre sus hijos. La escuela llegó a contar con unos treinta alumnos. Por Navidad los niños le llevaban regalos, otro tanto ocurrió cuando se casó. Vida de pareja Su dedicación pedagógica fue perfectamente compatible con su vida marital. Marisa y su marido, José Luís, forman una pareja orgullosa de si y satisfecha. Para ambos, el lema central de su vida ha sido siempre una familia unida. Se puede decir que Cheles, como se conoce a él, y Marisa, han sido amigos de siempre. Se conocieron a los ocho años en el pueblecito de Cabarceno, donde acudía la jovencita, por cierto, en dicho de las gentes, una belleza, para comprar pues su tía tenía abierta allí una tienda. Y curiosa coincidencia, la hija de la tía daba clases particulares, en un desván de la casa, a un puñado de niños entre los cuales se encontraba Cheles. El chico que era también guapo y avispado, en cuanto acababa la clase, bajaba el primero por la escalera de tijera para ver a las chicas. Y allí estaba Marisa con relativa frecuencia. Allí se conocieron, y ella, justiciera, de vez en cuando le dio con la zapatilla, ¡por tanto fervor para ver las faldas a las chicas…! Cheles trabajó desde muy joven en las minas de Cabarceno. Antes de la edad reglamentaria-los dieciocho años-, ya iba de fogonero en la locomotora. Con el tiempo llegó a ser capataz, dirigía la colocación de los explosivos y estuvo a la diestra de los ingenieros, en más de una ocasión aportando su auxilio y experiencia. Los primeros encuentros transcurrieron, como suele ocurrir, en la clandestinidad. Además, había que salvar un escollo y es que un minero a los ojos de los padres de Marisa era algo deshonroso. Las primeras veces que acudió Cheles a casa de su chica pasaba por delante de la casa y saludaba a la madre como un desconocido: “buenas tardes”, “buenas tardes”. Se veían en las fiestas donde se bailaba con la música de una especie de organillo, “del manubrio”. Cierto día, era ya anochecido y se encontraban reunidos con unos amigos al pie la casa; los padres de Marisa acostumbraban a retirarse pronto pero esta vez, no supieron por qué, la madre bajó a ver que pasaba; todos se dieron a la fuga pero Cheles se quedó allí, impávido y avergonzado, balbuceando disculpas. Con el tiempo Cheles fue aceptado y muy cariñosamente tratado. Se casaron muy jóvenes y tras el festejo pasaron una corta luna de miel en Bilbao; allí sacaron un rato para contar el dinero para que Cheles se comprara una moto y pudiera acudir al trabajo. Cheles siempre ha sido una persona limpia y apuesta. Fue su madre, precozmente enviudada, quien le infundió la costumbre de vestirse bien. El apuesto galán pasaba todo el día fuera en el trabajo, hacía el almuerzo en casa de su madre y allí se quitaba toda la mugre de la mina http:// revista.muesca.es. ISSN 989-5909 | Cabás nº12, Diciembre 2014, págs. 125-131 -130para regresar a casa, pulcro y reluciente; de este modo Marisa no se veía interferida para dar sus clases. Marisa y José Luís Epílogo La escuela se mantuvo abierta unos diez años. Cuando Marisa tuvo a su primer hijo continuó dando clase y aquel niño, cuando fue mayor, recibió de su madre las primeras lecciones. Las circunstancias de la vida cambian y llegó un momento en que nuestra maestra hubo de cerrar su escuela: el número de alumnos había decrecido; también, admite Marisa sin reparos, influyó la incorporación de un gran maestro al Colegio Nacional del pueblo. El matrimonio transcurría feliz en compañía de sus dos hijos. Marisa estuvo siempre al lado de Cheles dándole su apoyo cuando surgían problemas en la mina, al socaire de la magnitud de su tarea y sus responsabilidades. En cierta ocasión se difundió el rumor de que iban a cerrar la mina y ello constituyó, lógicamente, motivo de gran preocupación pero los suyos no se arredraron, incluso el hijo dijo una vez a su padre: “si hace falta dejamos los estudios y nos ponemos a trabajar”. Marisa mantiene en alta estima la convicción de que los matrimonios tienen que envejecer juntos. Su marido está jubilado, los chicos se han abierto camino y están colocados en su trabajo. Tienen nietos. Habiendo afrontado con éxito los envites que da la vida-entre ellos un accidente vascular cerebral que cercenó su memoria-, en el espíritu de Marisa de Haro reina la eutimia y la satisfacción. Palabras finales En virtud de haberme encontrado con una mujer metódica, templada, serena, vivaz y decidida, como corresponde al talante de una profesora, me ha parecido oportuno transcribir estas líneas. Aún hay más, en sus conversaciones he podido advertir que Marisa posee el arte de entender la vida como es, que no es poco. A decir de Bertrand Russell (6), la felicidad básica depende, sobretodo, de lo que pudiéramos llamar un interés amistoso por las personas y las cosas. http:// revista.muesca.es. ISSN 989-5909 | Cabás nº12, Diciembre 2014, págs. 125-131 -131Referencias 1R. ALDECOA Josefina.1990. Historia de una maestra. Anagrama. 2TERÁN BRAVO Maria Pilar. Vivencias de una maestra rural.[en línea] Cabás: Revista del Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa de la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria (España) Nº 1 Junio 2009 3GARCÍA SERNA Matilde. Vida y obra. [en línea] Cabás: Revista del Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa de la Consejería de educación del Gobierno de Cantabria (España) Nº 4. Diciembre 2010 4ROUSSEAU J. J. 1981.Emilio o de la educación. EDAF 5CICERO Isidoro.2001. El Cariñoso. Los emboscados del Miera. Ed. TANTIN, p.246 6RUSSELL Bertrand.1978. La conquista de la felicidad. Espasa-Calpe, p.148