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Mujeres baserritarras. Identidad en crisis

Negro Iturregi, Amaia

Abstract

El caserío vasco constituye un sistema económico e ideológico que durante cuatro siglos de historia ha regido las vidas, maneras de ser y de pensar de la mayor parte de la población rural en Euskal Herria. En este sistema ideológico y vital, el papel desempeñado por las mujeres ha sido fundamental para el mantenimiento y pervivencia de éste. A lo largo del siglo XX, el declive de este sistema económico, y principalmente ideológico y de valores, se ha visto fuertemente incrementado por el avance de una industrialización y tecnologización cada vez más acusadas. Las mujeres a fines del siglo XX y principios del XXI, continúan siendo fieles guardianas de un sistema en decadencia cuya pervivencia ha podido llegar hasta nuestros días gracias a ellas.

Full text

MUJERES BASERRITARRAS. IDENTIDAD EN CRISIS EMAKUME BASERRITARRAK. NORTASUNA KRISIAN AMAIA NEGRO ITURREGI Zuzendaria: Mercedes Arbaiza Vilallonga 2010 Urtean burutua 1 Licencia Creative Commons Baimena No se permite un uso comercial de la obra original ni de las posibles obras derivadas, la distribución de las cuales se debe hacer con una licencia igual a la que regula la obra original. Ez da onartzen jatorrizko lanaren erabilera komertziala, ezta honetatik ere atera daitezken beste lanen erabilera. Hauen hedapena, jatorrizkoak arautzen duen baimena berberarekin izan beharko du 2 SUMARIO 1. INTRODUCCIÓN 2. MARCO TEÓRICO 2.1. Orígenes históricos de una identidad 2.2. La naturaleza corporativa del sistema troncal solariego 2.3. El poder de las mujeres en el sistema hereditario troncal 2.4. El trabajo femenino y el “carácter de las mujeres baserritarras 2.5. Elementos de fuga del mundo baserritarra: los desheredados 2.6. Las mujeres baserritarras como “madres de la patria” 2.7. La domesticidad como propuesta de clase media urbana 3. HIPÓTESIS 4. METODOLOGÍA Y FUENTES 4.1. Memoria, subjetividad e identidad 4.2. Las entrevistas 4.3. Perfil de las mujeres entrevistadas 5. LAS MUJERES GUARDIANAS DEL BASERRI 5.1. Fidelidad a sus antepasados 5.2. La contribución económica de las mujeres 5.3. La venta en la plaza, apertura al mundo urbano 5.4. El poder de las mujeres en el sistema de sucesión 5.5. Domesticidad, trabajo y conciencia femenina 3 6. LA MUJER BASERRITARRA, VALORES POLÍTICOS 6.1. Las mujeres como madres de la patria 6.2. La guerra y el franquismo 6.3. La política durante el franquismo, “asunto de hombres” 7. LA “SEÑORITA DE CLASE MEDIA” COMO ASPIRACIÓN SOCIAL 8. DECADENCIA DEL MUNDO BASERRITARRA. ESTRATEGIAS FEMENINAS 8.1. Feminización y devaluación del baserri. Las mujeres el último eslabón 8.2. El cuidado de las personas como estrategia femenina 8.3. Mujeres baserritarras en resistencia 9. CONCLUSIONES BIBLIOGRAFÍA 4 1. INTRODUCCIÓN El presente trabajo pretende construir la identidad colectiva de las mujeres a través de su memoria. El estudio al que atendemos trata de llevarnos a la realidad de las mujeres baserritarras, y descubrir a través de ellas los elementos que rigen su mundo y con el que interactúan. El conocimiento nos dará la oportunidad de vivir a través de ellas las contradicciones que genera un sistema solar en decadencia. A su vez, el estudio de las identidades de las mujeres en el baserri, nos permite adentrarnos en nuestra propia manera de entendernos como mujeres, vascas, y herederas de una cultura del comunitarismo rural, que nos sitúa en un lugar y en un tiempo. De la misma manera esta conciencia que pretende despertar el actual trabajo, es una forma de seguir cortando las cuerdas que nos atan, los muros mentales que nos detienen y que nos impiden caminar muchas veces como mujeres dignas a nosotras, a nuestras hermanas, madres, abuelas, baserritarras, urbanas. Consideramos que la importancia de este estudio reside en que sea un medio por el que acercarnos a las raíces de las mujeres del caserío vasco, propiciando un mayor conocimiento sobre ellas, así como sobre su vivencia de los sentimientos, valores, símbolos, que comporta la ideología ancestral. Por último, este trabajo es un acercamiento también a la perspectiva de lo rural en estas mujeres, de lo agrícola y de la tierra en tanto que es para ellas la base, el cimiento y el comienzo de un mundo que da sentido a sus vidas en el caserío. Se va a utilizar una perspectiva histórica para el análisis, con la que quiero narrar un proceso de cambio de una identidad que ha perdurado cuatro siglos, y que tiene un surgimiento, un desarrollo y un final en crisis, y en visos de desaparecer. En un primer apartado referido al Marco Teórico, analizaremos la existencia de los documentos actuales a través de las diferentes teóricas y teóricos que explican y determinan el surgimiento de la ideología solariega, y el posterior desarrollo del sistema troncal a través de su entramado hereditario y las estrategias que se derivan de ello. En un segundo momento del marco teórico pasamos a hablar específicamente de las mujeres en el sistema troncal, y posteriormente otros elementos de fuga del mismo, así como la consideración del nacionalismo y su especial incidencia en las mujeres. En un segundo apartado contamos con las hipótesis, ideas que nos guían en la refutación de los planteamientos. En un tercer apartado se aborda la metodología y fuentes utilizadas, es decir, el uso de las fuentes orales, en calidad de entrevistas de “historias de vida”. Para el desarrollo de este trabajo nos basamos en una fuente de análisis principal: varias entrevistas con el 5 formato de “historias de vida”. El ejercicio de la historia oral como manera de llegar a la memoria a través de las entrevistas “historias de vida”, es una técnica muy útil y valiosa para desentrañar la manera en que las mujeres del baserri han conformado su identidad, en tanto en cuanto nos ofrece un relato vivo y directo a través de la memoria de las mujeres. Realizaremos algunas consideraciones sobre la memoria y aportaciones de diferentes autoras y autores. También se establece una relación del perfil de cada una de las entrevistadas en las fuentes. En cuarto lugar, nos sumimos en el análisis de las entrevistas a través de varios apartados específicos que tratan los diversos temas que venimos a constatar con las entrevistas. Por último, se generarán una serie de conclusiones derivadas de las hipótesis, y la bibliografía con las fuentes diversas utilizadas. 2. MARCO TEÓRICO 2.1. Orígenes históricos de una identidad La identidad de las mujeres baserritarras se ha construido dentro de lo que se ha denominado la ideología solariega, entendida como la pertenencia ancestral a un solar y casería, y del deber para con sus ancestros que representa para sus moradores. Esta pertenencia va mucho más allá de ser una simple morada, en realidad es el sentido real y único para sus moradores. Las mujeres en el caserío vasco tienen autoconciencia de tener un destino que está ligado a la casa solariega, el baserri, y a la tarea de perpetuar éste. El estudio que nos ocupa trata de analizar la experiencia de las mujeres baserritarras, la conformación y crisis de su identidad dentro del sistema troncal vasco. Este sistema de reproducción social característico de la llamada zona holohúmeda vasca (zona comprendida por la Bizkaia oriental, Gipuzkoa, Lapurdi y los valles atlánticos del norte de Nafarroa, y del norte de Araba), ha sido la forma de población más habitual en el entorno rural al que nos referimos, desde el siglo XVI. Estos cuatro siglos de pervivencia de un modelo de reproducción social le confieren un carácter sumamente estable en lo que a la construcción de las identidades se refiere, imprimiendo a las personas baserritarras un carácter que se ha ido acomodando a las condiciones de las diferentes épocas. La decadencia de esta institución es la crisis de una identidad construida y reproducida durante cuatro siglos. Es una crisis que afecta a una estructura de percepción y de experimentación de la realidad social. Debido a su permanencia en el tiempo, esta estructura ha desarrollado una manera de mirar la vida y una forma entenderse desde el baserri, dándose una naturalización, que es la que ha propiciado que el ser social se vea 6 como un producto del mismo 1 . Es por ello que partiendo de la idea configurada del baserri y de las baserritarras a través de los estudios realizados, queremos aproximarnos al momento de decadencia y desaparición actual desde la experiencia y vivencias de las mujeres baserritarras en los últimos 50 años, entendiéndola como una cuestión que va más allá de lo puramente material y que supone el abandono de una forma y modelo de vida. A la hora de aproximarnos a la realidad de las mujeres baserritarras hemos de entender en qué medida el caserío vasco conformaba el destino de sus moradores, e imprimía en ellos y ellas el deber de perpetuarlo, especialmente en el caso de las mujeres, que han tenido un papel tan importante en la reproducción del mismo y vital, en la pervivencia del baserri a lo largo del s.XX. Las expectativas, las decisiones y la forma de abordar el futuro para las baserritarras cobran sentido dentro de un sentimiento de pertenencia bien expresado por C. Martínez Gorriarán “La etxe es un lugar. Por eso la identidad personal y comunitaria derivada de la etxe era percibida y expresada mediante un paradigma espacial: “ser de aquí” jatorria o bertakoa, significaba pertenecer a un “gure” o nosotros, de modo que entre el aquí espacial y el nosotros social obraba un férreo cerrojo en virtud del cual pertenecer a un colectivo humano, significaba, sin excepción, vincularse en todo a una etxe. Así el espacio doméstico era el vector ontológico y teleológico más trascendental de la vida humana, porque es la casa quien determina lo que cada uno tiene que ser y cómo debe hacer para llegar a ser como debe. Quien pertenezca a una casa labradora, a un baserri, ya sabe quién es y qué papel se espera que desempeñe” 2 . La crisis experimentada por las mujeres baserritarras, entendida como un mundo que se acaba, y unos referentes y valores que ya no tienen continuidad en las generaciones venideras, es una crisis de sentido, de lo que se es (ontológica) y de lo que se pretende llegar a ser (teleológica). Para comprender el final del sistema troncal es necesario atender a la formación de sus orígenes históricos y a los cambios que a lo largo de los siglos se han ido produciendo, especialmente aquellos que fomentaron su continuidad así como los que propiciaron su desestructuración final. El comienzo de gestación de una cultura de la troncalidad en el espacio hoy entendido como vasco se sitúa en la segunda mitad del siglo XV, como respuesta a la crisis bajomedieval que en un contexto sangriento de guerras banderizas, asolaba el territorio. La situación de enfrentamiento continuo que los bandos Oñaz y Gamboa protagonizaban en el espectro rural vasco en el contexto de la Baja Edad Media, hacía difícil e inestable la vida para las familias labradoras. Muchas de estas familias, huyendo del horror y de los abusos señoriales se agruparon en torno a los enclaves urbanos que más tarde, darían lugar a las pequeñas villas realengas, que nacieron precisamente como formaciones de “hombres libres”. Desde estas villas, fue desde donde se inició un interés por acabar con las continuas escaramuzas y atrocidades cometidas por los bandos e instituidas en la figura feudal de los Parientes Mayores. La solución ideada desde los enclaves urbanos para el final de los 1 BOURDIEU, P., La dominación masculina, Ed. Anagrama, p. 49-52 2 MARTíNEZ GORRIARAN, C., Casa, Provincia, Rey, Para una historia de la cultura del poder en el País Vasco, Irún, Alberdarnia, p.115. 7 abusos, comenzó con el derrocamiento de los Parientes Mayores y prosiguió con la instauración de la Hidalguía Universal. “El nuevo consensus gentium se alcanzó igualando a todos los sectores sociales vascongados que habían estado implicados en las luchas de bandos, lo que explicaría por qué la hidalguía universal se implantó precisamente allí donde más intensas fueron estas luchas: Ayala y Aramayona en Álava, Guipúzcoa, norte de Navarra y Vizcaya. El derecho de las villas, basado en fueros cívicos otorgados por los reyes navarros y castellanos, se extendió a la totalidad del país, convirtiendo a casi todos los habitantes en vecinos hijosdalgo y a los débilmente articulados territorios vascos en cohesionadas Provincias o Señoríos Forales: una solución parcial y en alto grado amnésica pero que ciertamente acabó con las banderías” 3 . Este hecho, el fin de las guerras banderizas y el establecimiento de la hidalguía universal es clave en el entendimiento de lo que representa la casa solar troncal. Aunque anteriormente, la forma de poblamiento disperso se había dado, es a partir del siglo XVI cuando podemos hablar de que este tipo de casa dispersa, prolifera a través de los valles y es entendida como el medio fundamental de vida y pervivencia en el área rural vasca. La existencia de un campesinado vinculado a la casa, es un fenómeno que se extiende por toda la cornisa cantábrica. Diferentes soluciones han dado lugar a las formas diversas en las que la troncalidad se ha ido reproduciendo. En el conjunto pirenaico, la nobleza feudal promovió las prácticas de herencia propias, como manera de asegurar las rentas y evitar el empobrecimiento de la población que podrían acarrear otros sistemas de herencia. En el País Vasco, la reproducción del baserri tiene ciertas peculiaridades que vienen a definir la manera en que se desarrolló la ideología solariega y el sistema de troncalidad vasco, y que, son el resultado de la manera particular en que se resolvieron los conflictos medievales. Antropólogos como Barandiarán o Caro Baroja, que han estudiado en profundidad las formas de proceder en la cultura vasca, afirman la especificidad del sistema troncal de esta zona. En su libro Los vascos, Caro Baroja afirma “El País Vasco, en efecto, es de los pocos de España y de Occidente en que se mantiene bastante la familia troncal con indivisión del patrimonio 4 ”. Por su parte, C. Martínez Gorriarán da pistas para desentrañar la procedencia etimológica del concepto baserri tomando a su vez las palabras de Azkue: “etxe es la voz euskérica más antigua para nombrar las casas individuales, por lo que “baserri” no sería originalmente un sinónimo de “casa aislada”, sino el modo de llamar a un tipo especial de poblamiento que, con la evolución cultural y gracias a la ideología solariega acaba convertido en arquetipo de la “etxe” perfecta” 5 . Este mismo antropólogo nos habla de los elementos que por obra de la hidalguía universal e igualación de hogares son conferidos a la nueva casa: “Los atributos de la antigua torre linajuda –antigüedad, indivisibilidad, vinculación al linaje, perdurabilidadson transferidos a ese solar democrático en que se convierte el baserri autárquico, en vez de hacerlo en la “kaleko etxea” o casa 3 Ibidem, p.50. 4 CARO BAROJA, J., Los Vascos, Ediciones Ismo, Madrid, 1971, p.210. 5 MARTÍNEZ GORRIARAN, C., op.cit., p. 105 8 burguesa, más antigua que el baserri autárquico y mucho más igualitaria en sus orígenes, pero que siempre fue la antítesis social, simbólica y espacial de la casa linajuda” 6 . Esta representación corporativa tiene su principal expresión en el solar: Tal y como reflexiona Urrutikoetxea, “Si en un primer momento la base de la corporatividad representada en el linaje se centra prioritariamente en vínculos de tipo clánico o gentilicio en los que predominan los lazos sanguíneos, más adelante, y tanto más a medida que avanza la Edad Media, esta base procede a territorializarse, haciendo del SOLAR la piedra angular de la solidaridad y vinculaciones corporativas” 7 . De esta manera es como el solar, y del solar la casa, se convierte en el principal elemento vertebrador de este sistema corporativo en el que sus integrantes conforman un grupo de trabajo para la reproducción y perdurabilidad del propio sistema. Así, el baserri hereda el sistema de significados de la vieja nobleza linajuda. Este hecho aparece alimentado por la creencia que conecta a los moradores solariegos con sus antepasados igualmente moradores, antiguos descendientes directos del linaje de Túbal, nieto de Noé, y sus herederos cántabros. Esta mitología llamada Cántabro-Tubalista sostiene que la población descendiente de esta estirpe ha vivido siempre aislada en su actual territorio, sin haber sido jamás sometida por invasor extranjero, ni mezclada con otras etnias o religiones. Por ello el “pueblo vasco” constituye una comunidad limpia de sangre. La prueba viva de estas premisas reside en la persistencia del euskara, lengua antiquísima y remota de los vascos 8 . Todos estos elementos son los que propiciarán la creación de un sistema fuerte de pertenencia en las personas que habitan el baserri. Los valores de perdurabilidad y perpetuidad a lo largo del tiempo, y en base a la creencia de provenir de tiempos remotos, harán que los y las baserritarras se autorrepresentan como gentes que pertenecen a una tierra que les trasciende, que nos les pertenece a ellos como individuos. Ellos son depositarios de una larga tradición que han heredado de aquellos primeros antepasados que habitaron el solar, una tierra o solar que debe perdurar y que deben de ser transmitido a las siguientes generaciones en su integridad. En esta herencia se transmite además el carácter noble, imbatible y limpio de sangre de sus gentes y habitantes. Esta consideración, que puede parecer una leyenda, es una realidad que se plasmó en los marcos legales jurídicos de la época. Así en los fueros de los territorios históricos de Bizkaia (1526) y Navarra (1237) se recoge el principio de la troncalidad. Aún más llamativo es el caso de Gipuzkoa, que se regía por el derecho civil castellano, y del que sin embargo, sus pobladores trataron de aprovechar todos los resquicios posibles para poder llevar a 6 Ibidem, p.105. 7 URRUTIKOETXEA LIZARRAGA, J.: En una mesa y compañía. Caserío y familia campesina en la crisis de la sociedad tradicional. Irun 1766-1845, Universidad de Deusto, Donostia 1992, p.19. 8 CARO BAROJA, J., op.cit, MARTINEZ GORRIARAN, C., op.cit. p. 56. 15 2.4. El trabajo femenino y el “carácter” de las mujeres baserritarras Una de las conclusiones que extraemos del sistema troncal es que se trata de un entramado que exige una contribución económica fuerte por parte de todos los agentes de la familia, para el mantenimiento de un sistema complejo de reproducción social. Aún otorgándose la casa solar troncal a un único sucesor o sucesora, la idea de los testadores es de tratar de compensar al resto de sus descendientes. Los bienes otorgados en este caso, son bienes muebles tales como dote, ganado, utensilios para la agricultura, el usufructo de alguna renta o casería, los estudios para la carrera religiosa o el contrato de aprendizaje del oficio de un pariente en el entorno urbano, como también podía ser el caso. Así, se potencia el asentamiento de las bases del futuro económico de los hermanos/as apartados de la herencia troncal. Con ello, la troncalidad pretende resolver medianamente una cuestión contrapuesta en la realidad del designio de la casería, como es el mantener la indivisibilidad e integridad del bien troncal por excelencia y otorgar un bienestar individual a cada uno de los hijos e hijas, mediante el cual contribuir a la construcción de un futuro fuera del patrimonio familiar. Así, nos encontramos más ante un sistema llamado de “reparto preferencial”, que ante un heredero único y universal de todos los bienes. Se establece una prioridad hereditaria para los bienes troncales, pero sin embargo se actúa con libertad en el reparto de los bienes no troncales, tratando de favorecer a todas las hijas e hijos de la familia. En este sentido, es relevante reseñar los motivos diversos que pueden dar lugar a un endeudamiento de la familia, tales como el pago de los funerales, honras fúnebres y enterramientos del testador y testadora, la celebración del matrimonio del heredero/a, el pago de la dote del hijo no heredero y pagos de las diversas legítimas a cada hermana/o. Por otra parte, en la segunda mitad del siglo XVIII comienza a darse la expansión de la industria en la cornisa cantábrica. Ésta se dará con especial intensidad en Bizkaia, en la proliferación de nuevas ferrerías que tenderán a expandirse por todo el territorio. El desarrollo de esta economía siderúrgica abrirá nuevos campos de trabajo, como son los propios trabajos en las ferrerías, los trabajos en la explotación de los bosques para la creación de carbón o en el acarreo de la madera o el carbón hasta los lugares de extracción del mineral. En el contexto del baserri, el desarrollo de estas actividades llamadas extraagrarias supondrá un aporte significativo a las maneras en que, sobre todo los hombres, puedan contribuir en la acumulación de riqueza que les permita hacer frente a los gastos que la estrategia troncal demanda. El resultado será la feminización de todas las actividades que tengan que ver con la tierra, el ganado, y la venta de productos. Este hecho, el que todos los miembros de la familia contribuyan de manera imprescindible a la riqueza del caserío con la cual hacer frente a sus estrategias de perpetuación, nos recuerda el carácter eminentemente corporativo del mismo, en el que las mujeres participan codo a codo con los hombres. Siguiendo esta consideración cabe 16 destacar que las tasas de actividad femeninas en el mundo rural vasco son muy elevadas, comparadas, cercanas al 70% a lo largo del s.XIX, cuando las fuente estadísticas aun no estaban atravesadas por una comprensión del trabajo androcéntrica 20 . Teniendo en cuenta que los caseríos no eran autosuficientes económicamente, y que los gastos acarreados por el sistema troncal eran elevados, se desarrolló una pluriactividad muy intensa por la que los hombres saldrían a trabajar en actividades extraagrarias, quedando a cargo de la mujer y las hijas las tareas propias de la economía doméstica. Fuentes cualitativas nos relatan que a mediados del siglo XIX, las mujeres de la franja norte de la península ibérica se ocupaban de las tareas domésticas y de la huerta, así como contribuían de la mayor parte de los trabajos del campo junto a los hombres. En este sentido, se observaba mayor participación de las mujeres en el trabajo agrícola en esta área que en otras partes de la península. Las mujeres del caserío vasco trabajaban en el arado, en la siembra, en la siega y en el manejo del ganado, entre otras muchas ocupaciones.“Araban, sembraban, segaban, guiaban el carro, guardaban y ordeñaban las vacas, y desde luego, se ocupaban de la huerta y del corral” 21 . Viajeros de la época nos hablan de mujeres que trabajan como los hombres, y que realizan igualmente como ellos, las labores de labranza. En este sentido, escasas labores quedaban bajo responsabilidad exclusivamente masculina, como pueden ser las de carácter público y las referidas a la compraventa de ganado, en las cuales también, se ha advertido la presencia de mujeres. Todo ello es lo que hace que se ponga en cuestión el modelo de economía autosuficiente al que en numerosas ocasiones se ha aludido en el caso del baserri. Este complejo entramado corporativo, que en su proceso de reproducción necesita del aporte de sumas elevadas de dinero en las referidas ocasiones, hace que cada uno de los miembros del caserío sea indispensable para el desarrollo económico de la empresa, que en no pocas ocasiones ha buscado el suministro en los circuitos comerciales externos al mismo de los que los y las baserritarras se han valido atendiendo a las necesidades que requerían. Con todo ello, la feminidad de estas mujeres quedará en entredicho a los ojos de la opinión pública de principios del s.XX. En pleno apogeo del proyecto político liberal la mujer vasca es vista como un hombre y en ocasiones se alude al hecho de que en proporción éstas son más fuertes y realizan más trabajo que sus padres o hermanos. En opinión de los observadores de la época la mujer vasca “trabaja mucho y manda demasiado”. A través de las palabras de Emilia Pardo Bazán, feminista y liberal progresista, nos hacemos eco de una imagen, que aunque idealizada por la escritora, constituía parte del imaginario de la época: “La mujer vasca es algo dura y angulosa de líneas, y en su frente y en sus pómulos se lee una tenacidad inquebrantable… Limpia, activa, seria, su honestidad parece temperamental, pues hay quien 20 ARBAIZA VILALLONGA, M., “La construcción social del empleo en España” Revista Arenal, 2002. 21 ARESTI, N., Las trabajadoras vizcaínas (1876-1936), Ed. BBK, Bilbao. Colección Temas vizcaínos. pp.20-22. 17 afirma que muchas campesinas éuskaras son enteramente insensibles a la pasión amorosa, y se casan porque entienden que es un deber constituir familia, y porque aspiran a la maternidad…” 22 . En su relato, es destacable también la referencia que hacia el mundo de los afectos se refiere. El desarrollo de una expresividad emocional contenida, rasgo más característico de las personas del entorno del caserío, se entiende en un contexto mediado por las tensiones y la subordinación a una autoridad fuertemente reconocida y asumida por todos los miembros de la familia. La frialdad y contención en la expresión de las emociones, es un rasgo que afecta a las mujeres del caserío vasco, abnegadas a la obediencia del entramado troncal. Por ello también el matrimonio es entendido como un deber y no una voluntad libre, tal y como Emilia Pardo Bazán desde una perspectiva de valores liberales, entiende que debe de ser. En este sentido, la imagen del amor romántico propugnado por el ideal burgués en torno a la familia, no es interiorizada por las mujeres baserritarras. El matrimonio se ejerce sobre pautas de conveniencia que aseguren la perpetuidad del baserri. 2.5. Elementos de fuga del mundo baserritarra, los desheredados En la explicación de todo este entramado troncal, y de cara a comprender la realidad del momento que abordamos, cabe hablar de la población que es expulsada del caserío y la manera en como afrontan su realidad, en tanto en cuanto son protagonistas de otros modelos diferentes de reproducción social que constituyen así mismo, una necesidad para el mantenimiento del mismo sistema troncal. El sistema de reparto troncal generaba una cantidad ingente de des-heredadas y des-heredados que habrían de buscarse la tierra, el sustento, el futuro, fuera del amparo del caserío. “El inmovilismo propio de un sistema hereditario que tiene como objetivo último la supervivencia y conservación íntegra del patrimonio familiar, está en permanente tensión por el crecimiento demográfico de la población rural” 23 . En este sentido, varias eran las salidas dadas a este problema. La opción más corriente para quienes salían del caserío pasaba por la búsqueda de nuevas tierras en calidad de arrendamiento. A finales del XVIII el asentamiento en nuevas tierras se hizo dificultoso o bien porque no había más tierra disponible o bien porque las desamortizaciones buscaron formas de explotación que bajo fórmulas capitalistas impedían la permanencia y estabilidad de las familias en el solar. Efectivamente en la primera mitad del siglo XIX, la burguesía procedió a cierto cambio en la propiedad de la tierra, como la desamortización llevada a cabo por parte de bienes institucionales y eclesiásticos, en aras de capitalizar el sector rural. Sin embargo, este primer interés despertado, se perdió con la crisis agraria de la segunda mitad del XIX, lo que los labradores vivieron con cierto alivio. A finales del s.XIX la burguesía vasca encuentra nuevos sectores económicos en los que invertir el capital, cuando la presión capitalista sobre la tierra disminuye. Esto propició en parte el que a partir de 1877, la figura del 22 Ibidem, p.108 23 ARBAIZA VILALLONGA, M.: Familia, trabajo y… Op. Cit., p. 108 18 campesino pequeño propietario y “autosuficiente” se estabilizara, una tendencia que se dio en la primera mitad del siglo XX. Aún así, en palabras de M. Arbaiza, “en la lógica que rige la patrilocalidad vasca, el sistema de transmisión genera una división social del trabajo en el seno de la propia familia, de tal forma que la supervivencia y el bienestar de aquellos que se quedaban está sustentada en un proceso permanente de asalarización del resto de la población no heredera” 24 . En este contexto, la manera de afrontar la formación de una nueva familia y de una nueva unidad económica resultaba ser la principal dificultad de quienes salían del baserri. Al no contar con un respaldo económico fuerte, las no-herederas/os debían buscarse un oficio o trabajo con el que ahorrar el peculio suficiente que aportar al matrimonio. En muchos casos, esto suponía el ingreso en talleres como aprendiz, el aprendizaje de un oficio, el manejo del negocio de los padres o el costeo de unos estudios apoyados quizá por la familia, como también la emigración a América o la salida a Castilla. En el caso de las hijas no-herederas, la salida del baserri suponía en la mayoría de los casos el ingreso en el servicio doméstico que requerían las villas 25 . En cualquier caso el desarrollo urbano propiciará la reproducción de formaciones familiares diversas que vienen a convivir en el nuevo espectro social que se abre paso. Ya en el siglo XV, en el contexto que dio lugar a la conformación de la ideología solariega, atendemos a la realidad de las villas, espacios urbanos que encarnaban un ideal de convivencia de “hombres libres”. Estos espacios reducidos, erigidos en contraposición al mundo rural, representaban a una cuarta parte de la población de Bizkaia desde el siglo XVI al XIX. En su seno, las formas sociales que imperaban se regían más por patrones urbanos y capitalistas, frente a sistemas más tradicionales y cohesionados en torno a la casa, la comunidad y los fueros. La cultura familiar urbana en el contexto del País Vasco venía reproduciendo desde hacía siglos, un sistema familiar que era portador de valores como la autonomía y las relaciones comerciales basadas en la ganancia, y que empujaba a sus habitantes abrirse al contexto social, por lo que la movilidad social era mucho mayor que en los sistemas propiamente rurales, en los cuales el individuo se subsumía en las necesidades del grupo familiar. Este sistema de reproducción llamado nuclear atiende a unos patrones de formación neolocal, en el cual el nuevo núcleo conyugal se constituye junto a sus hijos e hijas. El matrimonio era acordado por los novios, y se acercaba más a la idea del “matrimonio entre compañeros” o incluso del amor romántico propio de la sociedades modernas. No podemos contemplar la realidad del caserío vasco sin tener en cuenta la mano de obra enorme que era expulsada de este sistema y que debía acomodarse en otros. La formación de estos nuevos grupos familiares que serán interpretados como la antítesis al sistema troncal, son en parte necesarios para su sostenibilidad, por ello hablamos de que la interdependencia de las formaciones familiares es indiscutible. 24 Ibidem, p.124 25 Ibidem, p.108-109 19 En el contexto urbano adquirieron gran importancia los hogares artesanos, regidos por un sistema gremial en el que el maestro cuidaba celosamente el saber y capacitación artesana, en un acto de evitar la competencia. La institucionalización de estas prácticas endogámicas y corporativas dio lugar a que estos entornos se desarrollaran en base a relaciones internas sumamente jerárquicas y patriarcales. Así, si bien la participación de las mujeres de los hogares artesanos, se daba en el propio trabajo artesano, éstas fueron totalmente excluidas del acceso a una capacitación gremial que pudiese promocionarlas en este ámbito. Este hecho inspirará el que posteriormente las mujeres sean apartadas y no consideradas en el trabajo industrial, propiciando, en la necesidad de búsqueda de medios económicos para la supervivencia, que se hagan cargo de los trabajos más duros, fatigosos y peor pagados del desarrollo industrial vizcaíno 26 . A lo largo del s. XIX el incremento de la población de las urbes es mucho más considerable y cada vez más acelerado, debido a una nueva realidad industrial que poco a poco se va conformando y que será la que acoja a una mano de obra ingente que proviene principalmente de todas aquellas desheredadas y desheredados del bien troncal que acuden a los espacios urbanos e industrializados en busca de la manera en que poder hacer frente a la formación de un nuevo agregado doméstico. Así mismo, la realidad de todas estas personas que salen del campo, da lugar al incremento de la dimensión de las urbes, con el que comienza el proceso de formación y trasvase hacia una sociedad. En este sentido, el relevante papel económico que adquieren las mujeres en el ahorro de la dote o del peculio suficiente para hacer frente a los gastos de formación de un nuevo agregado doméstico, pone en evidencia el auge que empiezan a cobrar las nuevas formaciones urbanas. El requerimiento en el desempeño del servicio doméstico, asciende debido a la proliferación de un mayor número de profesiones liberales demandadas 27 . 2.6. La domesticidad como propuesta de la clase media urbana Este aumento de la población urbana propiciará el desarrollo de los discursos liberales, que enfrentados con los más tradicionalistas, pugnarán en la defensa de una mayor superioridad moral de la reproducción de sus sistemas respectivos, lo que se traducirá en una confrontación de dos culturas políticas, la liberal de clase media, y la cultura nacionalista, herederas del imaginario carlista decimonónico. Así, el discurso liberal de la época se basaba en la concepción del hogar doméstico como el centro de gran parte de las aspiraciones del individuo. En efecto, el hogar burgués pretendía ser el “templo augusto de felicidad”. La familia de este hogar se articulaba en la existencia de un núcleo conyugal cohesionado en la afectividad intrafamiliar y sostenido en 26 ARBAIZA, M., “Orígenes culturales de la división sexual del trabajo en España (1830-1935)” en SARASÚA, C,., GALVEZ, L., Hombres y Mujeres en los mercados de trabajo. ¿Privilegios o Eficiencia?, Universidad de Alicante, Alicante, 2003. ARESTI, N, op.cit,. 27 ARBAIZA, M., “El papel de la mujer en la formación del agregado doméstico” op.cit., pp.311. 20 un estricto reparto de roles entre hombres y mujeres, defendido por la ideología de la domesticidad. Esta ideología de la domesticidad, herencia de las ideas ilustradas del siglo XVIII, proponía una división sexual del trabajo, basándose en una supuesta división “natural” del mismo, por la cual, la separación del trabajo productivo y el hogar se hacían claramente necesarios. La también llamada “doctrina de las dos esferas separadas”, entiende que el hombre es el sujeto productivo y la mujer, queda en el hogar, atendiendo a las obligaciones reproductivas. Es decir, realiza el reparto de cada esfera atribuyéndolo a factores relacionados con las funciones sexuales y biológicas, y diferenciándolas de tal manera que se acaban convirtiendo en la base de las pautas de acción de las instituciones 28 . En el contexto español, la ideología de la domesticidad sometió a las mujeres trabajadoras, a una profunda crítica y misoginia. Esto se traducirá en una paulatina invisibilización de estos trabajos en las estadísticas oficiales a principios del s. XX, algo que también ocurrirá en el espectro rural en el cual las mujeres, que trabajaban en un alto grado en las labores agrícolas, son catalogadas como “amas de casa”, pero ello sin embargo, no da lugar a una disminución de las cotas de trabajo femenino 29 . Así, las aspiraciones del discurso burgués en torno a la familia, no son más que la expresión de una identidad de clase, que entendiéndose como moralmente superior, pretende extender su ideal a las vidas privadas de los demás estratos sociales. No hay más que atender a la forma con que se dirigían a los caseros cuando iban a la plaza a vender sus productos. Eran identificados como “aldeanos” o “jebos”, de manera despectiva. Podemos decir sin embargo, que este ideal no tuvo su calado en el conjunto de la sociedad vasca de la época hasta bien entrado el s.XX. La familia obrera de un primer despegue industrial, se identificaba por una estructuración compleja, en la cual la figura patriarcal pierde autoridad, y se adoptan formas de relación abiertas a la comunidad en las cuales la solidaridad es un factor fundamental en la supervivencia. Se puede decir que la formación de su identidad en este momento estuvo muy relacionada con un mantenimiento de sus maneras en lo que a la vida intrafamiliar se refiere, frente a la crítica a la que era sometida por parte de la burguesía. Con el paso del tiempo, y ya en el primer tercio del siglo XX, las agrupaciones obreras conformadas en sindicatos fueron adoptando algunas de las variables del ideal burgués, dando lugar a que muchas obreras casadas dejaran sus trabajos, y dando paso por tanto a una paulatina transformación de esta clase social hacia los años 20. 28 SCOTT, J. “La mujer trabajadora en el s. XIX”, en G.DUBY Y M. PERROT (dir), Historia de las Mujeres. El siglo XIX, Tomo IV, Taurus, pp. 427-461. 29 ARBAIZA VILALLONGA, M. La construcción social del empleo femenino en España (1850 – 1935) 21 Con todo ello, damos cuenta de un espectro social que avanza nuevos cambios en las formas existentes hasta el momento y que no aparecen inverosímiles a la realidad del caserío vasco. 2.7. Las mujeres baserritarras como “madres de la patria” Sin duda en la conformación de la sociedad vasca contemporánea se procedió también a una exaltación identitaria del mundo rural acasarado por parte de los discursos tradicionalistas La literatura romántica promovió a lo largo del siglo XIX, la creación de un mito en torno a la imagen de las y los baserritarras, el pequeño labrador propietario aparece como la figura que ha de traer armonía y paz social frente a los nuevos tiempos que auguran el liberalismo capitalista y las propuestas socialistas basadas en el progreso 30 . El discurso carlista decimonónico movilizó amplias capas de la población vasca desarrollando una ideología religiosa, reaccionaria, autoritaria y no igualitaria concretada en un monarquismo autoritario, y defensora de los valores tradicionales. En este sentido, es relevante apreciar que el apoyo popular al carlismo aparece muy ligado a la presencia del sistema troncal. Así, la identidad carlista, o, lo que es lo mismo, el sentimiento de pertenencia a esta corriente política que surge en respuesta al proyecto liberal ilustrado basado en la afirmación de los derechos individuales, se constituye sobre la institución familiar como eje sobre el que asentar la base de la socialización política. La pervivencia del discurso carlista se relaciona con la sucesión de varias generaciones de carlistas (abuelos, padres e hijos), en las que unidos por los lazos de sangre y por las contiendas memorables protagonizadas, constituyen un linaje. Todd identifica el surgimiento del carlismo en el espacio peninsular como una reacción a las agresiones ideológicas provenientes del centro y sur de la península 31 . La doctrina nacionalista vasca asume e integra en su cultura política muchos de los aspectos del ideario carlista. El nacionalismo vasco aparece como una reacción al cambio social que se está produciendo y que se vive como una pérdida de los valores que conforman la “esencia vasca”. El discurso es precisamente promulgado por las clases medias, los hijos que no heredaron el caserío y se fueron a la ciudad. Personas que habiendo salido del baserri, lo identifican como lo genuinamente vasco, en un sentimiento de añoranza hacia lo que perdieron 32 . La industrialización, el incremento de las ciudades, la inmigración, el mayor auge del discurso liberal son experimentados por estos grupos sociales como una amenaza que pone en peligro el status quo existente. Los campesinos como auténticos representantes de la raza vasca, son el mito que se tomará del tradicionalismo vasquista, y con el que se construirá la propuesta política de Euskadi la patria de los vascos. El bizkaitarrismo o primer nacionalismo vasco surgió en 30 URRUTIKOETXEA, J., op.cit, 64-72. 31 TODD, E, La invención de Europa, Ed.Tusquets, 1995. 32 ARBAIZA, M, A propósito…Op.cit., p.94-96. 22 oposición a la construcción del mundo urbano que se vivió como una agresión, y según el cual los baserritarras son el entramado idílico que representa el carácter genuinamente vasco 33 . Así, desde el sentimiento de pérdida del caserío que las clases medias de la sociedad urbanizada protagonizan (desheredados y desheredadas del bien troncal), se construye el bizkaitarrismo que dará lugar a la formación del Partido Nacionalista Vasco. En base a la pureza de sangre de una raza milenaria conectada con la tierra, se construye la identidad nacional. Esta recuperación de la dignidad de los baserritarras, favorecido por el auge de los discursos tradicionalistas, dará lugar, como ya comentáramos, a una permanencia y vuelta a las formas de reproducción troncal, en el primer tercio del siglo XX. El papel de las mujeres es importante, en lo relacionado a la reproducción biológica pero más aún por su papel en la reproducción de los valores culturales y sociales que le otorguen continuidad 34 . Esta concepción de las mujeres aparece claramente influenciada por las corrientes tradicionalistas. En un primer momento el carlismo y después un nacionalismo sabiniano, dotarán a las estructuras rurales de un fuerte sentimiento de religiosidad, en el cual las mujeres encarnan las transmisión de esos valores. Un buen ejemplo que ilustra este proceso es la obra del pintor bilbaíno Aurelio Arteta a principios del siglo XX, quien a través de su pincel supo reflejar la mirada hacia un pueblo que tomando como referencia las figuras de las mujeres, expresa sus distintas sensaciones sobre la realidad que se vivía en la época. A través de obras como “la procesión de Ceánuri”, Arteta nos representa un mundo rural que, desde una visión más cercana a la urbe y a postulados laicos y anticlericales, es identificado como el retraso y obstáculo para el progreso de un pueblo. Las principales protagonistas que encarnan esta visión son las mujeres, a quienes relaciona con la Iglesia y con el mantenimiento de la tradición, en una consideración negativa compartida por los estratos liberales de izquierdas 35 . En esta construcción del imaginario nacionalista, se interpreta el papel de la mujer, algo a lo que podemos acercarnos gracias al trabajo que Miren Llona ha realizado en torno a las mujeres de clase media bilbaínas. “Al adscribir las características femeninas estereotipadas propias de la casa solar al universo doméstico de finales del XIX, Arana recuperaba para el futuro un canon femenino estricto y especialmente riguroso respecto a la obediencia y sumisión femeninas 36 ”. Así, las mujeres que en épocas pasadas habían participado activamente de la vida pública en el 33 DíAZ FREIRE, J.J, El cuerpo de Aitor. Emoción y discurso en el nacionalismo vasco. Revista Historia Social, num, 40, 2001. 34 CANAL, J., “La gran familia. Estructuras e Imágenes familiares en la cultura política carlista” en Rafael Cruz y Manuel Pérez Ledesma (eds.), Cultura y movilización en la España contemporánea, Alianza Universidad, Madrid,1997. 35 LLONA M., Y ARESTI, N., “Símbolos para una época. Género, clase y nación en la obra de Aurelio Arteta”, Ondare, 23. 36 LLONA, M., “Polixene Trabudua. Historia de vida de una dirigente del nacionalismo en la Vizcaya de los años treinta” Historia Contemporánea, 21, 2001, p.168-169. 23 escenario tradicional, son olvidadas y la esfera de la mujer nacionalista se reduce al ámbito privado, en el que la “etxeko andre” supone el centro del universo doméstico. Una solución que aportaba los nuevos enfoques modernos de división sexual de los espacios promulgados por la burguesía. Este papel que se le asigna a la mujer vasca, se traduce también en la obra de Aurelio Arteta. A través de obras como “maternidad” o “Mirentxu”, el autor pretende incidir en ese ideal nacionalista que ve a la mujer/madre como la rescatadora de la nación vasca y representante de lo genuinamente vasco 37 . Con este transfondo, Miren Llona desentraña a través de las palabras de las mujeres que vivieron aquel tiempo, las contradicciones que en este campo vivió el Partido Nacionalista Vasco, a la hora de regular la acción de las mujeres nacionalistas, una acción que si bien en lo teórico no apuntaba a una participación activa, en la práctica rebasó estas fronteras de manera considerable. Así en 1922, Elías Gallastegui, que fomentó la participación política de las mujeres, propicia el nacimiento de Emakume Abertzale Batza. El reglamento de EAB de Bilbao, viene a ilustrar el carácter de la asociación que sirva como ejemplo para la formación de otras asociaciones a nivel de la provincia. “Art 1º: El objeto de esta asociación será la unión de todas las mujeres vascas amantes de Jaungoikua eta Lagi-zarra, para difundir por Euzkadi valiéndose de cuantos medios estén a su alcance y en consonancia a su sexo y condición, la doctrina que en el referido lema se encierra, desarrollando sus actividades e iniciativas principales, orientadas al aspecto social vasco y de carácter cultural y benéfico”.Como vemos, el carácter que encierra el documento, reafirma la condición de las mujeres y relega su participación a un ámbito que está apuntando hacia la acción social. La posterior guerra y advenimiento del sistema franquista durante 40 años, darán lugar a que todos estos logros llevados a cabo, se diluyan en la memoria y queden enterrados. El sistema franquista actuará como censor de las libertades femeninas adquiridas y recluirá nuevamente a las mujeres al ámbito cerrado del espacio doméstico, realzando sus roles de madre y esposa. 3. HIPÓTESIS DE TRABAJO Hipótesis 1: Las mujeres han sido a lo largo de la segunda mitad del s.XX las principales transmisoras de la cultura troncal y sobre todo, del mantenimiento vivo del baserri , por lo que la crisis de la institución del caserío como forma de vida y de reproducción social afecta especialmente a la identidad y expectativas de estas mujeres baserritarras . La institución solariega se define por ser un sistema de reproducción social, cultural y económico altamente corporativo, en el cual los y las baserritarras, hombres y mujeres en el seno de una familia extensa, buscan la reproducción del mismo y lo 37 LLONA, M. y ARESTI, N., Op.cit., p.26. 24 experimentan como un elemento que da sentido a su ser y estar en el mundo rural. El lugar físico (troncal) ha sido heredado de sus ancestros y sienten para con él un deber más allá de ellos y ellas mismas. Hipótesis 2: La troncalidad y la libertad de testar, que son los principios que rigen en la herencia troncal, y que quedan recogidos en el derecho civil foral de Bizkaia, se han materializado en la transmisión del caserío y han favorecido el que las mujeres accediesen en el espacio troncal a cotas de poder inusuales en otras culturas premodernas corporativas. La importancia afectiva y simbólica que comporta el baserri ha dado opción a que hombres y mujeres participen en el entramado hereditario, tomando decisiones sobre la futura sucesión de la casería o como herederas y herederos mismos de ella. Las mujeres en este sentido han sido consideradas como herederas, en base a sus dotes como cuidadoras de los padres ancianos. Además participaban con el marido en la toma de decisiones que esclarecería el futuro heredero de los caseríos teniendo que abordar esta cuestión ellas solas no pocas veces, debido a la muerte del marido. Este hecho es el que ha propiciado también el desarrollo de una iconografía e imagen sobre la mujer vasca como mujer fuerte y poderosa, muchas veces confundida con la idea de la existencia de un matriarcado. Hipótesis 3: Mujeres y hombres han participado en el trabajo del baserri en igual medida, con algunas distinciones en el reparto de los trabajos. Las mujeres han participado de las labores agrícolas y de perpetuación del sistema baserritarra con la misma intensidad que los hombres, atendiendo en algunos casos a ciertos repartos preferenciales, aunque no exclusivos. En este sentido, la idea de mujer baserritarra construída en el marco de la ideología troncal se corresponde con la de una mujer fuerte con iniciativa y capacidad de organización, muchas veces identificada como mujer masculina. Este hecho choca con los valores desplegados hacia finales del siglo XIX por la burguesía liberal, que en el Código Civil español de 1887, restaurado por el franquismo, partía de una naturaleza femenina supuestamente más débil que la masculina, inferior en sus capacidades, y orientada fundamentalmente al rol de esposa y madre. Las mujeres en el contexto del baserri han participado igualmente en las labores agrícolas así como en la decisión sobre las estrategias de reparto de los bienes. Hipótesis 4: La transformación histórica de las relaciones de género a lo largo del s.XX ha ido progresivamente desvalorizando el papel y el protagonismo de las mujeres baserritaras en el orden social vasco. Los cambios políticos así como la emergencia de una sociedad urbana moderna han sometido el caserío vasco a un proceso de 31 involucra en la realidad urbana, sintiéndose acogida por los postulados que en aquel momento defendía el nacionalismo vasco 41 . 4.3. Perfil de las mujeres entrevistadas A continuación presentamos una descripción del perfil de cada mujer entrevistada Entrevistada 1: MARITXU Nacida en 1926, tiene 84 años y reside en Zaldíbar en la comarca del Duranguesado. Es la hija pequeña de tres hermanas y un hermano ocho años más pequeño que ella. Su familia se ha dedicado al baserri desde siempre, baserri que por otra parte es propiedad de la familia. A los cuatro años tuvo un accidente, un burro le quitó un cacho de nariz, cuestión que ha hecho que tenga lo que ella identifica como “su defecto” y que le costó superar. Más tarde, en su juventud, tratarían de reconstruírsela en Madrid. De pequeña estuvo en la escuela, pero ella se reconoce que no era muy buena estudiante, por lo que dejó pronto el colegio y estuvo ayudando en la casa y aprendiendo a coser. Ellas y su madre cosían “arreos” para las chicas jóvenes, y también ayudaban en la huerta y en las labores agrícolas. Su padre murió relativamente joven, hacia los 50 años, y el hermano estuvo mucho tiempo en la mili también, por lo que comenta, siempre tuvieron criados en la casa. La madre fue quien se hizo cargo de la empresa del baserri tras la muerte de su padre, una mujer a la que identifica como fuerte y resistente. Ésta acudía a la plaza de Eibar todos los días a vender la vendeja, como también había hecho su abuela y más tarde hacia los 24 años, Maritxu comenzaría también a hacer, cogiendo el relevo a su madre. El único hijo quedó con el baserri, y ella soltera, quedó también en él. El hecho de no haberse casado ella lo achaca a no haber sido muy apreciada por su defecto de la nariz, que por otra parte la acomplejaba. Además quedaba la madre ya mayor en la casa. Maritxu ha encontrado en el baserri y en la salida a la plaza el modo de vida que ella ha querido. La ida a plaza ha sido para ella la vida entera. Es una persona que se siente muy satisfecha de su vida, pese a que entiende que el baserri es duro, y no la cambiaría por nada. Defiende los valores del caserío a ultranza y mira con recelo las nuevas maneras en como se está desarrollando la vida y el trabajo en los talleres. La duración de la entrevista fue de una hora, realizada el día 23/06/2010 y se realizó íntegramente en euskera. Maritxu no tuvo ningún problema para desenvolverse desde un 41 LLONA, M., “Polixene Trabudua. Historia de vida de una dirigente del nacionalismo en la Vizcaya de los años treinta” Historia Contemporánea, 21, 2001, 459-485; LLONA, M., Entre señorita y garonne. Historia oral de las mujeres bilbaínas de clase media, Málaga, Universidad de Málaga, 2002. 32 primer momento en la misma. También acudió a ella, la persona con la que había logrado su contacto, lo que en ciertos momentos dispersó el hilo de la conversación. Tuve algunos inconvenientes a la hora de entender algunas expresiones y palabras, que dieron lugar a que me perdiera en algunos momentos, vacíos que gracias a la grabación, pude recuperar favorablemente. Se hizo grabación de sonido e imagen. Entrevistada 2: MIREN Nacida en 1933 en Muxika, comarca de Busturialdea. Actualmente tiene 76 años. Es la mayor de cuatro hermanos, ella la única mujer. De pequeña acudió al colegio en el barrio. Su familia se ha dedicado al baserri desde siempre. Tras acabar el colegio con 14 años estuvo cuidando niños dos años en Gernika y después volvió al caserío donde aprendió a coser hasta los 23 años. Tras morir su tía en el parto tuvo que acudir a trabajar a la taberna del tío, donde estuvo 6 años, una experiencia que no le gustó nada porque ella se considera muy tímida. Su madre acudía a vender a la plaza de Gernika, al igual que hizo su abuela, y aunque a ella le insistieron, fue algo que no le agradaba, el estar de cara la público. Su madre fue quien había heredado el baserri de la mano de su abuela, que había quedado viuda joven y tuvo que hacerse cargo, ella sola, de toda la empresa. Principalmente se habían dedicado a la venta en la plaza y venta de la leche de las vacas. Al casarse ella, deciden hacer una casa al lado del baserri viejo con dos pisos, para vivir ella y sus padres. El hermano soltero quedaría con el baserri, los otros dos salieron a estudiar pronto. Los padres requirieron que se quedara en la casa para cuidarlos, a lo cual ella accedió, aunque no por voluntad propia. Al morir los padres, el hermano ha quedado con el caserío, y actualmente ella es quien se encarga de toda la parte de higiene y mantenimiento de la casa. Al hacerse los padres mayores, ya no se han dedicado a vivir del caserío, aunque siguen cultivando la huerta y los campos y tienen algunos animales. El hermano soltero tampoco se ha dedicado al trabajo agrícola, y ha trabajado fuera de la casa. Miren considera que siempre ha vivido en el baserri pero no porque ella lo haya elegido, habiendo preferido quizás ir a un piso a Gernika. La duración de la entrevista fue de una hora y se realizó el día 25/06/2010, íntegramente en euskera. No quiso ser grabada con imagen, pero no tuvo ningún problema para desenvolverse después en la conversación, a la que aportó múltiples detalles y anécdotas. Entrevistada 3: MARTA 33 Nacida en 1949 en Zeanuri, en el valle y comarca de Arratia. Tiene 61 años. Es la mayor de tres hermanos, una hermana y hermano menores que ella. Sus padres han tenido siempre baserri, aunque su padre ha trabajado siempre fuera de la casa. Tenían sin embargo animales y huerta que era la madre quien se encargaba de cuidar. Tuvieron varios cambios de casa, a diferentes caseríos y finalmente, siendo los padres mayores vinieron a vivir a un piso a Zeanuri. Ella estudió en su juventud secretariado en Bilbao y después ha trabajado de cajera. Actualmente tiene caserío y huerta y algunos animales junto con su marido. A través de los testimonios y vidas de sus padres entiende la realidad del baserri. De pequeña en casa de la abuela, el tío le obligaba a cuidar a las cabras y cuenta que cuando sus padres fueron ya mayores trabajaron mucho junto con ellos en el corte de la hierba para dar de comer a los animales. Los hermanos y hermanas de sus padres han vivido procesos de desestructuración del baserri, en el que las mujeres quedaban a cargo de él y los hombres se desentendían en muchos casos del trabajo agrícola. En la familia de su padre, el abuelo tuvo que salir del baserri, porque su hermano mayor era requerido como heredero y no se contemplaba el dividir la hacienda. Marta vive la realidad del baserri como una realidad muy dura, y que ha separado a familias durante años. Especialmente siente que el trabajo de las mujeres baserritarras ha sido muy duro y poco considerado. La entrevista tuvo una duración de una hora y se realizó el 27/06/2010 en euskera. Se grabó la voz y el sonido. Marta se involucró en la entrevista sin problemas, aunque sí con cierta timidez al principio que más tarde se venció. En una posterior conversación después de la entrevista puedo reconfirmar algunas cuestiones comentadas en ella. Entrevistada 4: ELI Nacida en 1916 en el barrio Bolueta de Bilbao. Tiene 94 años. Sus padres provenían de San Miguel de Basauri y Ajangiz (Busturialdea). Los padres salen del baserri en sus respectivos lugares a la ciudad en busca de otra forma de vida. Eli acude a la escuela en el barrio y vive en Bolueta en una casa que comparten con sus tíos, que tienen una panadería. Su padre era carpintero y se dedicaba a hacer arreglos, su madre trabajaba en la casa y realizaba numerosas labores de costura. Cuenta que su padre bebía, algo que no hizo que su infancia fuese muy grata en la casa. 34 La madre de Eli trabajaba ya desde joven llevando la leche para vender a Bilbao, con el burro. Eli relata que su madre habría tenido que trabajar mucho. Aunque era una mujer de aldea, cuenta que se hizo bien a la ciudad. Vive la guerra civil con mucho miedo y posteriormente, conoce a su marido, con el que vive un noviazgo que ella califica como maravilloso, frente al posterior momento del matrimonio y la vida en común. Eli es una persona que integra totalmente los valores urbanos, pese a que sus padres provienen del campo. Se identifica con ese mundo en el que encuentra su identidad, también asimilando los valores del nacionalismo vasco emergente, en el que se integra a través de EAB y de una red de amistades cercanas al partido. La entrevista primera duró una hora y se realizó el 27/06/2010. Posteriormente se han realizado otras dos grabaciones más cortas los días 28/06/2010 y 29/06/2010. Se realizaron en castellano, y la entrevistada no tuvo problema alguno para desenvolverse en ellas ni para ser grabada. Entrevistada 5: BEGOÑA Nacida en 1940 en Zaldíbar, comarca del Duranguesado. Tiene 70 años. Es la tercera de seis hermanos, los dos primeros, chicos. Su familia se ha dedicado al baserri desde siempre. El bisabuelo fue quien se trasladó allí con toda su familia desde Azkoitia, a finales del siglo XIX. Fue de pequeña a la escuela, pero con 11 años tuvo que dejarla ya que su madre había quedado embarazada y tenía que trabajar en el baserri. Los dos hermanos mayores estaban estudiando y el padre era cantero y trabajaba fuera entre semana. Con 13-14 años aprendió a coser y más tarde fue a aprender hostelería al hotel de unos familiares a Durango. Después se casó y quedó ella con el baserri, ya que el resto de hermanos y hermanas habían tomado otras opciones. Hacia el año 79 se les presenta la opción de comprar el caserío en propiedad, lo que les lleva a tener que vender un piso y dejar la labor agrícola como ayuda al trabajo que el marido realizaba fuera de casa. Begoña sale a trabajar fuera, pero aún así sigue llevando las riendas de la casa y manteniendo los animales y la huerta en el caserío. Begoña se siente baserritarra. Le encanta el trabajo en el caserío y trata de mantenerlo por todos los medios, aunque actualmente debido a sus impedimentos físicos, se siente más vulnerable para ello. Considera que actualmente el caserío no ofrece mucho futuro. 35 La entrevista duró 1 hora 20 minutos y se realizó el 28/06/2010 íntegramente en euskera. No tuvo problemas para ser grabada y se desenvolvió muy bien a lo largo de la entrevista contando un montón de cuestiones diversas relativas al mundo del caserío. Entrevistada 6: MAITE Nacida en 1939 en Zeanuri, en el valle de Arratia. Tiene 71 años. Es la cuarta hermana de ocho, cuatro chicas y cuatro chicos. Su familia se ha dedicado siempre al caserío. Su padre era pastor de ovejas. De pequeña fue al colegio, y cuando llegaba de él trabajó desde muy pequeña en el campo, ayudando a sus padres. El padre era pastor y pasaba largas temporadas fuera, en las cuales la madre era quien llevaba las riendas de todo el caserío, así como el cuidado de los hijos e hijas. Estuvo un año de criada, pero después fue requerida en los trabajos del caserío, en los que participaba más en verano, y en invierno acudía a coser a Villaro. Tras casarse se fue a vivir a Laudio, pero siempre, los fines de semana y veranos enteros ha acudido a trabajar al caserío ayudando a sus padres o hermano. El hermano pequeño fue quien quedó pastor y con el caserío, por requerimiento de su padre. Actualmente, Maite sigue acudiendo los veranos a ayudar a su hermano en el baserri. Maite se siente plenamente baserritarra a pesar de que no cuente con un patrimonio propio. Confiesa que el trabajo del caserío es lo que le gusta, y siempre que hay oportunidad acude a él. La entrevista duró 47 minutos y se realizó el 14/07/2010, totalmente en euskera. La presencia de la cámara le causó cierta impresión y le puso un poco nerviosa, lo que se tradujo en el hecho de tener que hacer muchas preguntas, en vez de que la conversación fluyese por sí sola, sin embargo, la información obtenida ha sido bastante buena. Entrevistada 7: MARITERE Nacida en 1950 en Markina, comarca de Lea Artibai en su parte interior. Tiene 60 años. Su familia se ha dedicado a vivir del caserío. Es la mayor de cinco hermanos/as. De pequeña fue al colegio que tuvo que dejar a los 12 años debido a la enfermedad y muerte de su padre. En ese momento, estuvo trabajando en el baserri, ayudando a su madre, y posteriormente tuvo que salir a trabajar en una taberna, ya que el caserío no les daba para vivir. Habla de su madre, como una persona muy trabajadora, y que siempre estuvo feliz. 36 Estuvo en el caserío hasta los 26 años, momento en que se casó y fue a vivir al caserío de su marido. Allí ella y su marido pusieron vacas y han vivido de la leche desde entonces, pasando por diferentes épocas de mayor y menor relajo económico. El caserío de sus padres quedó para un hermano soltero, que no ha vivido de él. Entre los dos hermanos solteros y una hermana hicieron una casa más nueva al lado en la que actualmente viven, siendo la hermana quien se ocupa de todas las labores domésticas. Maritere se siente baserritarra y considera que el caserío ha aportado un montón de cosas positivas a su vida, que no ve en las vidas de las demás personas que trabajan en la calle. Vive el trabajo agrícola como un modo en el que la persona puede realizarse y defiende totalmente una forma de vida que considera independiente. La entrevista duró 1 hora y 20 minutos y fue realizada el 19/07/2010, se realizó íntegramente en euskera. Maritere no tuvo problemas para ser grabada y en seguida se hizo a la conversación de la entrevista. Entrevista 8: MARIJE Nacida en 1939 en Natxitua, perteneciente a Ea, en la comarca de Lea Artibai, en su entorno de la costa. Tiene 71 años. Su familia ha vivido del baserri. Es la hija pequeña de cuatro hermanos/as. De pequeña fue al colegio, al que acudía andando a través de un camino de barro, ya que el caserío en el que vivían se encontraba bastante incomunicado. No tuvieron camino hasta el año 60, por lo que su infancia y juventud se vio afectada por el hecho de no poder comunicarse favorablemente con los recursos. Sus padres tenían huerta, vacas y vendían algunos terneros. La madre acudía ocasionalmente a la plaza de Gernika o de Ea, pero básicamente vivían del autoconsumo en el caserío. Cuando hicieron el camino empezaron a vender la leche a fuera. Marije y su hermana fueron quienes quedaron, ambas, con el baserri, que era propiedad de la familia, y que su abuelo había edificado a principios de siglo. Para salir adelante, se dedicaron a cuidar a varios parientes de la familia ya mayores hasta su muerte, quienes hicieron donación en vida de todos sus bienes a las dos hermanas. Se marido estuvo trabajando en América durante muchos años, al igual que muchos de sus parientes, y conocidos de la zona, mayormente hombres, que veían en la emigración una manera de traer dinero al caserío. La mayoría de las mujeres quedaban en el baserri. La duración de la entrevista fue de 1 hora y 30 minutos y se realizó el día 24/07/2010, íntegramente en euskera. Accedió a ser grabada, sin embargo, siento que participó con 37 cierto recelo, aunque también es cierto que la calidad de la entrevista fue alta y habló sobre un montón de cuestiones diversas del baserri. 5. LAS MUJERES GUARDIANAS DEL BASERRI 5.1. La fidelidad a sus antepasados El baserri o caserío vasco es la estructura en la que las mujeres baserritarras se han entendido y han pervivido a través de cuatro siglos de historia. El peso cultural y afectivo que ha supuesto en la conformación de sus identidades es lo que ha propiciado la pervivencia de este complejo sistema de reproducción. Los valores que conformaron antaño la ideología solariega, se basan en la pertenencia de los moradores a un linaje ancestral, por el cual se sienten unidos a la tierra que habitan y sienten el deber y la necesidad de cuidarla y mantenerla por encima de todo. “El caserío era de ellos. Osea que el abuelo y la abuela le habían dejado a la madre. Pertenecía a los antepasados. El abuelo y la abuela lo habrían tomado también a su vez, de sus abuelos” 42 . De las palabras de Maritxu, la única entrevistada cuya familia ostentaba el baserri en propiedad desde hacía tiempo, se deduce esa pertenencia antigua a la que los baserritarras propietarios aluden. Sin embargo, esta importancia que se le da al solar no es únicamente en los caseríos en propiedad, sino que también en los arrendados, las costumbres troncales y el sentimiento de pertenencia con esa tierra, a menudo transmitida en renta durante varias generaciones, prevalece. En el caso de la familia de Begoña, la transmisión del baserri a través de las propias instituciones troncales ha pervivido de manera fuerte hasta la generación de su padre, en la que nos habla de la existencia del contrato prematrimonial que regulaba la acción hereditaria del solar. Otro momento importante de la prevalencia de ese sentimiento de pertenencia con la tierra, acontece cuando surge la posibilidad de comprar el patrimonio. “Nuestro padre siempre había querido comprar el caserío pero el dueño no lo vendía. Y una vez que murieron el padre y la madre, enseguida lo pusieron en venta. Y en aquel momento teníamos los 5 hijos y pensábamos, “esta sí que es buena, ¿qué tenemos que hacer ahora? Bueno, pues después de tantos años en esta casa, tendremos que comprarla”. En aquel momento teníamos un piso en la calle y lo vendimos y con aquello empezamos… pero no llegábamos. Pusimos invernaderos, pero…eran trabajo también y el ganado que teníamos fuimos quitando poco a poco porque mi marido también trabajaba fuera y todo no se podía. Hice un curso de tractorista porque entonces teníamos hierba y había que hacer silos y nos levantábamos a las 5 de la mañana para cortar la hierba, el marido iba a trabajar y yo con el tractor traía la hierba y en ello anduvimos pero… no llegábamos con un solo sueldo. Entonces me enteré que en el Psiquiátrico necesitaban una cocinera, y allí fui y me cogieron” 43 . En el caso de Begoña podemos ver cómo el sentimiento de pertenencia al caserío y el deseo de prevalecer en él es capaz de 42 Entrevista Maritxu 23/06/2010 43 Entrevista Begoña 28/07/2010 38 poner en riesgo el sentido del mismo, haciendo que a partir del año 79 se deje gran parte de la labor agrícola y la venta en la plaza para salir a trabajar fuera y hacer frente con ello al gasto que la compra del caserío suponía. Ese trabajo que es la actividad propia del baserri mantenida a lo largo del tiempo, ha sido algo importante para Begoña, quien a pesar de tener que salir a trabajar fuera, se ha encargado de que continúe viva. “Baserria beti egon da martxan hemen”/”El caserío siempre lo hemos tenido en marcha” 44 . Ella relata cómo a pesar de todo se ha continuado con la huerta para casa, con los frutales y la creación de mermeladas que vendían en ferias y algunas tiendas del pueblo, y tampoco nunca han dejado el ganado del todo, para poder mantener limpias las campas. A menudo, dice que se ha sentido presionada por este hecho, el de mantener el caserío en marcha y tener los animales. “Entonces todavía teníamos un montón de ganado porque ya sabes, se pensaba que si lo quitabas…… Yo me acuerdo que las hermanas venían de vez en cuando de visita e iban a la cuadra y “sí, porque aquél ya ha vendido todo el ganado y a saber…” ya sabes cómo es esto, y nosotros qué íbamos a hacer, si no había quien atendiese el ganado…” 45 . Otro relato que nos habla de la vigencia que a principios de siglo mantienen las instituciones troncales nos viene de la mano de Marta. “Después de cien años me he enterado yo de la terrible realidad del mayorazgo…” 46 . Ella cuenta cómo su abuela y la hermana se casaron a la misma propiedad, que tenía dos casas contiguas. El abuelo y la abuela se casaron primero y fueron a vivir a la casa más grande, pero al poco tuvieron que salir. Volvieron y se pasaron a la casa más pequeña y nuevamente de allí, fueron para otro caserío. A través de un pariente cuenta por qué fue. “El que se casó después de mis abuelos era el hijo mayor. Cuando lo hizo fue a la casa pequeña, pero un hermano de la abuela de las chicas dijo que el patrimonio no se podía dividir, por lo que los abuelos tuvieron que salir de la casa.. 47 ” Marta relata cómo todos esos cambios fueron parte de la estrategia troncal vigilada por los que ella llama “consejeros”, que no dejaron a su bisabuelo que repartiese la herencia más que de manera indivisa. Este relato nos alerta sobre la manera en que el ejercicio de la troncalidad era un hecho vigilado por los poderes que actuaban en aquel momento. En la medida en que se han mantenido las estructuras sociales y económicas sobre las que descansaba este sistema social, el caserío ha logrado pervivir hasta nuestros días. Independientemente de la pervivencia o no del derecho foral, a través de los relatos de las mujeres comprobamos cómo el deber de reproducción de este sistema traspasa las fronteras y obedece a patrones interiorizados que actúan por encima de ellas 48 . Estos patrones relacionados con la cultura interiorizada, la pertenencia a la tierra, que conforman la identidad de la ideología solariega, prevalecen sobre otros de tipo más económico, como son la viabilidad de la empresa o la productividad. Tal y como se ha referenciado sobre 44 Entrevista Begoña 28/06/2010 45 Entrevista Begoña 28/06/2010 46 Entrevista Marta 27/06/2010 47 Entrevista Marta 27/06/2010 48 BOURDIEU, P., La dominación masculina, Ed. Anagrama, p 49-54 39 finales del siglo XIX y principios del XX, la preferencia por esta forma de reproducción en las casas labradoras prevalece, como también lo hace a lo largo del siglo XX, eso sí, a través de estrategias muy diversas. EL espacio rural enseguida dejó de ser atractivo para los intereses comerciales del país, como hacíamos referencia en el marco teórico sobre las incursiones de la burguesía en el campo a principios del siglo XIX. A esta consideración cabe sumarle el hecho de que, la manera en como se entiende el grupo de trabajo baserritarra obedece a formas precapitalistas, en las que se entienden como un todo perfectamente organizado, y en el que imperan más cuestiones culturales de vínculo, que económicas. De hecho este sistema de vida fue idealizado por muchos de los románticos del siglo XIX que proponían este modelo de tipo corporativo como fuente de armonía y paz en las sociedades. Le Play y otros pensadores antiliberales de la época, contraponían esta forma de vida con los principios de autonomía individual que se abrían paso de la mano de las clases liberales del mundo urbano. Las corrientes románticas del XIX, más tarde las culturas políticas de carácter tradicionalista (carlismo y bizkaitarrismo) ensalzaron la figura del campesino vasco y sus formas de vida como ejemplo de una supuesta superior moralidad vasca, en relación a las nuevas formas de vida urbana. 5.2. La contribución económica de las mujeres El caserío mantuvo sus rasgos y naturaleza propios de una economía doméstica, en la cual las funciones de producción y reproducción estaban igualmente integradas. El trabajo de caserío se aprendía desde pequeñas. Los niños y niñas aprendían los trabajos que más tarde desempeñarían, a modo de juego. “De pequeñas, solía ser a modo de juego, pero trabajábamos. Los padres iban a cortar la hierba y a veces hacíamos trastadas, les hacíamos rabiar… ya sabes, les esparcíamos la hierba…Otras veces se solían hacer montones y junto con ama o aita, los llevábamos a casa” cuenta MariTere. “Los padres iban a trabajar y nosotros con ellos, y así veías y así aprendías” 49 . Maite cuenta cómo ella y sus hermanos y hermanas empezaron muy de pequeños a trabajar en el campo. El padre era pastor y desde verano hasta la llegada del invierno permanecía con las ovejas en la Txabola de Arraba en el monte Gorbea. Ellos quedaban con la madre trabajando en el campo. En época de invierno acudía a Villaro a coser, pero llegado el verano, le tocaban los trabajos duros del campo. “…con la guadaña, cortando la hierba. Para que se secase la hierba en verano, en agosto, pues había que cortarla con la guadaña. Cuando tenía 14 años, el padre y la madre me trajeron de la plaza de Gernika, un lunes, una guadaña para cortar la hierba. Así que mira qué regalo me trajeron de Gernika. Para mí. Una guadaña pequeñita. “esto para ti” me dijeron,”para cortar la hierba” y yo “Bueno”…” 50 49 Entrevista Maritere 19/07/2010 50 Entrevista Maite 14/07/2010 40 En el caso de Marta, su tío le obligaba, de niña, en la casa de su abuela a cambiar las cabras de sitio, cuestión que ella no recuerda con mucho agrado. “El tío me encomendaba cambiar a las cabras de sitio, y yo era pequeña, tenía 11 años.. No entendía por qué me correspondía a mí hacer ese trabajo” 51 . Relatos como éste nos hacen ver hasta qué punto, el trabajo en el baserri era requerido por todos los miembros de la familia, no significando con ello que todas las personas lo hiciesen de buen grado. En la medida que las personas asisten a otras posibilidades diferentes, incentivadas en parte por el avance de la industrialización, como es el caso de Marta, o el relato que sigue de los sobrinos de Maritxu, encajan de peor o mejor manera una realidad que durante varios siglos atrás había sido la única realidad asumida por todos los parientes. “En el baserri hemos trabajado mucho. Pero mucho, eh?! Los sobrinos trabajaban fuera, pero después de venir del taller, todavía había más trabajo en el caserío… se enfadaban. Querían ir a jugar a pelota, pero había trabajo, y así, entre enfados andábamos con ellos.” “Les daba rabia a nuestros chicos, pero era así. De esto vivíamos diez personas. Luego empezaron a trabajar y ahora, pues bien, pero entonces, hasta que empezaron a trabajar, pues hemos andado justos”. 52 El trabajo en el baserri era entendido como una unidad que sacar adelante mediante la colaboración de un grupo de trabajo que dirigidos por el cabeza de familia, aportaba en la medida de sus posibilidades. Mediante las palabras de Maritxu entendemos cómo en muchos hogares la participación obligada de todos sus miembros era la que propiciaba el mantenimiento de la vida a través del baserri. A través de los relatos de las mujeres, descubrimos cómo sus madres y abuelas han participado de manera activa y decisiva en el trabajo del caserío, realizando todo tipo de trabajos: acudían a la plaza a vender, cuidaban la huerta, labraban en el campo, ordeñaban las vacas y limpiaban la cuadra, cortaban la hierba, acudían al bosque a por leña. Todo tipo de trabajos son los que las mujeres del baserri han desempeñado. Maritxu cuenta cómo su madre comenzó a ir a vender a la plaza del mercado con 11 años. La familia de Maritxu contaba con un puesto fijo en la plaza de Eibar en el que vendían “vendeja” y leche. Su madre era la encargada de ir a la plaza todos los días, a la que previamente habría acudido la abuela y que más tarde, a la edad de 24 años, sería un trabajo que Maritxu se encargaría de desempeñar. Ella relata cómo en la plaza del mercado la gran mayoría de vendedoras eran mujeres. En aquellos momentos, la venta de la vendeja y la fruta en la plaza del mercado era una parte muy importante de la economía de los caseríos que basaban sus ingresos prácticamente en el trabajo que era generado en éste, como es el caso de la familia de Maritxu durante varias generaciones. Otra familia que basó parte de su economía en la venta de vendeja en la plaza fue la de Begoña, cuya madre y abuela, todas ellas naturales de Zaldibar, también ya fueran a la 51 Entrevista Marta 27/06/2010 52 Entrevista Maritxu 23/06/2010 47 Por otro lado, en los testimonios, el trabajo que pudiéramos llamar reproductivo, aparece referenciado por las mujeres como un campo a parte de lo que comporta la lógica del entramado baserritarra. “Antes las mujeres trabajaban en el campo igual que los hombres, y además hacían las labores de la casa” 63 . Este trabajo reproductivo es entendido como todas las tareas domésticas referidas a la higiene y limpieza del baserri, así como el hacer la comida para todos los miembros del mismo. También supone el cuidado de los niños y niñas pequeñas, así como el cuidado de las personas ancianas (padres o madres) y algunas mujeres también identifican como el cuidado a todas las personas del caserío en general. “Eso era antes y es ahora. Ahí no veo que haya habido mucho cambio.. Es la casa, y la ropa, y la gente, y todo. Pero eso… ahí ya…” 64 En el caso de Miren, vemos que su madre y ella repiten un mismo patrón de situación y conducta. La madre de Miren, era la mayor de cuatro hermanos, el resto chicos más jóvenes. “Ellos estuvieron aquí hasta tarde, sin casarse. Se casaron bastante tarde, igual con 35 años o así… mis tíos, los hermanos de mi madre. Aquéllos, puffff… aquéllos estuvieron hasta tarde viviendo allí y mi madre fue la que se quedó con el caserío, la más mayor, y ellos todavía siguieron allí… tranquilos... Ayudar, no ayudaban mucho, las cosas como son. Ellos trabajaban fuera. Uno estuvo navegando siempre, ése luego quedó soltero. Y el otro, trabajando en los montes… pero hasta casi los 37 años… es que aquí… comer y eso, está bien, ¿no??... Comer, y luego, ¡trabajar no! Y todo, la ropa y todo listo. Planchado todo y así… eso no está mal, ¿no?? Sin dar nada a cambio… y claro, así es como vivían” 65 . El relato que Miren cuenta sucedía hacia los años 40, y nos da visos de la manera en que los valores sobre la división sexual del trabajo, habían entrado a formar parte del entramado rural, en el que la mujer aparecía como clara organizadora del bienestar familiar, mientras que los hombres, cada vez más acuden fuera en busca de trabajo, y se desentienden por completo de las labores propiamente domésticas, que consideran trabajo de las mujeres. En este caso, el baserri no es concebido como una unidad doméstica en la que la producción y la reproducción se entienden conjuntamente. Este relato, por tanto, nos alerta de esa progresiva decadencia en la que va entrando el sistema de reproducción social del baserri, a la que aludiremos más tarde, los valores preindustriales y corporativos pierden su valor, contaminados de actitudes más individualistas, propias de un sistema más capitalista, encarnadas en la conducta de los hermanos de la madre. A su vez, Miren reproduce el mismo patrón que su madre en cuanto a su hermano. “Siempre se lo ha hecho todo la madre. Y ahora yo, y él cree que tiene que ser así, y ya está” 66 . Como ella explica, su hermano identifica que ella tiene que cuidar de él, mientras él por otra parte no ha cumplido con lo que se requería por su parte, la continuación del sistema troncal. 63 Entrevista Maite 14/07/2010 64 Entrevista Maritere 19/07/2010 65 Entrevista Miren 25/06/2010 66 Entrevista Miren 25/06/2010 48 En la entrevista a Maritere a su vez nos cuenta cómo su hermana ha reproducido el mismo rol que su madre en relación a sus hermanos solteros. Próximo al caserío original, sus dos hermanos solteros y su hermana, hicieron una casa dividida en tres partes, pero la cocina la tienen en común. “Y quien hace la comida y todo es… Isabel. Y quien les pone la ropa y les hace las camas y todo es… Isabel. Ella les hace todo”. “Hacen el trabajo de fuera pero luego los zapatos se los tienes que poner delante, ¿sabes?... Todo hay que hacerles. Si la cocina está limpia o sucia, eso da igual, pero la comida en la mesa. Siempre. Siempre la han tenido. Antes la madre… y ahora, pues la hermana” 67 . A su vez, como en el caso de Miren, el hermano soltero, que quedó heredero del bien troncal, no ha continuado con la perpetuación del mismo. De las palabras de Maritere así como de las de Miren se denota rabia y enfado por la situación actual que se da en sus familias. Las mujeres se ven involucradas en una realidad que asumen, pero que no entienden realmente, por lo que les cansa, les genera rabia y enfado, aunque no se sientan capaces de combatirla. Ésta es la consecuencia que se deriva de un sistema troncal debilitado y en visos de desaparecer, frente a las maneras de proceder más propias de un sistema capitalista. Las mujeres operan bajo patrones de conducta más comunitaristas y relacionados con el grupo, prevaleciendo en ellas a su vez una lógica de cuidado continuo incentivada por una campaña fuerte franquista que relegó a las mujeres al ámbito doméstico. Los hermanos, desentendidos ya de esa lógica comunitarista, se aprovechan de la situación en la medida en que les favorece. La pervivencia de los roles separados en productivos y reproductivos es latente en el caserío. Sin embargo, esta cuestión cada vez es menos comprendida por las mujeres, que ya no encuentran su sentido en el entramado de un baserri en decadencia, y ponen en duda, la exclusividad de la responsabilidad en el trabajo reproductivo, influidas en parte por los avances que en este sentido ha hecho el desarrollo de una conciencia feminista. Los relatos, nos hacen ver cómo los padres y madres definen la manera de ser de sus hijos e hijas a través de sus decisiones. En el caso de la familia de Maite, su hermano pequeño es quien toma la profesión de pastor de su padre. Este trabajo es entendido como muy duro y es una profesión que únicamente ejercen hombres. En la descripción de este relato, encontramos elementos que nos hablan de una prevalencia de tipo sexual en la asignación de ciertas profesiones o itinerarios de vida. En el caso de Begoña, ella cuenta cómo en su casa, se le había dado siempre mucha importancia a los estudios. Todos los hermanos de su padre, e incluso sus hermanos, habían acudido a hacer Maestría Industrial a Eibar, como era bastante habitual en aquel momento de despegue industrial. “yo sentía sed de aprender. Me cogía los libros de mis hermanos, de geometría, de matemáticas… los leía todos. 68 ” 67 Entrevista Maritere 19/07/2010 68 Entrevista Begoña 28/06/2010 49 El auge industrial desde principios del s.XX recaba mano de obra proveniente del caserío, y se otorga ese trabajo a los hombres, promocionando sus estudios y dándoles una prioridad desde la economía familiar. Este hecho, el que exista una tradición de potenciar el trabajo masculino en los sectores industriales, hunde sus raíces en la concepción otorgada al trabajo gremial en el contexto urbano ya desde lejos. Estos ámbitos artesanos, muy celosos en salvaguardar los saberes y secretos del maestro artesano, apartaron a las mujeres del acceso a la capacitación y los saberes, iniciando con ello una tradición de sucesión masculina que llegaría hasta nuestros días 69 . Así, las familias en sus estrategias internas de decisión han priorizado la capacitación de los hombres en el sector industrial, previendo que éstos contarían con más posibilidades de ser empleados en el sector. Se invierte más en la formación de los hombres de cara a que éstos trabajen en el espacio público. En el caso de sus hermanas, la salida como criadas había sido la más habitual. Mientras los hombres salen al mundo nuevo que ya venía emergiendo con la industrialización, las mujeres son requeridas para trabajos relacionados con el ámbito reproductivo. Así, la salida habitual de las mujeres que no quedan en el campo está orientada al trabajo de criada. Otra realidad diferente es la de los pueblos de la costa, en los que la salida mayoritaria de los hombres que no quedan en el campo, es la emigración a América, ya desde el siglo pasado. Esta zona, de menor poder adquisitivo que en la zona del Duranguesado, resolvía en gran manera el futuro de sus descendientes a través de la emigración. La mayoría de los emigrantes a América iban de jóvenes y volvían en unos años con un dinero ahorrado con el que poder hacer frente a los gastos en la formación de una nueva unidad familiar, ya fuera en el caserío o fuera de él. Muchas mujeres también acudieron a América, otras salieron del caserío como criadas y otras quedaron en él, a menudo casadas con hombres que permanecían en América. Sin embargo, desde mucho antes de decidir la salida o no de las mujeres del caserío, ya se las estaba requiriendo desde niñas para el trabajo de cuidado, como ayuda en el caserío, ayuda económica para la familia o como manera de resolver una situación económica deficitaria, que no daba para vivir a todos los miembros de la familia. “El caso de mi madre fue bastante más fuerte, ya que mi madre… el padre, el aitite, se casó y tuvo 3 chicos……y estando en casa se le murió la mujer, entonces se casó por segunda vez, y de segundas nació mi madre y otros dos chicos, pero entonces también cuando mi madre tenía 6 años, se murió la madre, otra vez. Entonces, ella contaba,… que es triste también, que con 6 años hizo la Comunión en Markina, donde las monjas y se fue al Valle de Arrate, allí a trabajar. A trabajar o… allí fue. Con seis, siete años.”(…) “Y estando allí en la casa, que estuvo muy a gusto y contenta, en época de guerra, tuvo que ir donde el hermano, su 69 ARBAIZA, “El papel de la mujer en la formación del agregado doméstico en el espacio vasco" op.cit.; ARBAIZA, M, 2003, “A propósito de la familia moderna en el País Vasco” op.cit. p.74. 50 hermano vivía en Intxurreta y tuvo que ir allí, ya que tenían muchos hijos y bueno… que fuese para allí. (…) Y tuvo que ir allí desde el Valle de Arrate a Intxurreta a ayudar al hermano y a criar a los niños, a criar a los sobrinos. Y después de aquello que fue en la guerra, tuvo que ir a su casa natal, ya que la cuñada había quedado viuda, el tío murió allí, y cuando murió, la cuñada quedó con un montón de hijos, y entonces volvió a su casa de nuevo. Después, de allí se casó con unos 25 años… Imagínate qué modo de vida. Y aún y con todo, vivía contenta” 70 . El relato de Maritere nos sitúa en la dura realidad de una familia que no puede hacer frente al cuidado de los hijos, por la muerte de la esposa y ante ello, decide mandar a la hija a vivir con otra familia. Es llamativo el caso de que la única mujer de entre seis hermanos sea quien salga de la casa, lo que nos induce a pensar que posiblemente en muchas familias los hijos fuesen más valorados, o más requeridos probablemente si la labor en el campo era intensa. Esta realidad nos lleva a valorar que en muchos hogares una tradición misógina podría dar lugar a decisiones de este tipo, que encaminasen la vida de una persona a una vida de sacrificio continuo por los requerimientos familiares, como podemos ver que ocurre en la continuación del relato. Aunque las mujeres asumiesen esta realidad, no por ello permanecen inverosímiles a ella. “Allí estuvo varios años (en Arrate). Cuatro o cinco años. Y yo me acuerdo que luego el hombre de aquel baserri venía a nuestra casa. Tuvieron muy buena relación después de aquello, desde entonces siempre tuvieron buena relación luego… Y allí ella hacía algunos trabajos, llevar la leña, cosas de la casa… a medida que iba creciendo, más trabajo. Después ella contaba, que cuando tuvo que salir de allí le dio muchísima tristeza…” 71 Hay numerosos casos en los cuales las mujeres han tenido que dejar, no de buen grado, lo que estaban haciendo, para ayudar a la familia. “Y después, la mujer del tío murió en el embarazo.. y yo tuve que ir a la taberna a ayudar, y allí estuve durante seis años.. pero a mí no me gustaba nada aquello”. En este sentido, cabe reseñar la importancia que comportan los padres testadores, a quienes las mujeres en el contexto del caserío obedecen por encima de todo. Begoña relata también cómo tuvo que dejar su formación en la escuela con 11 años para tener que ir a trabajar al caserío, ya que su madre había quedado embarazada, momento en que sus dos hermanos mayores ya cursaban Maestría Industrial. Sin embargo, el que ellos dejen sus estudios para el apoyo en el caserío no se contempla. Poco a poco vemos cómo el valor que se va otorgando al caserío cambia y va quedando en gran parte en responsabilidad de las mujeres, cuestión que abordaremos más adelante. Este requerimiento generalizado de las mujeres por parte de las familias, propicia el que las mujeres se vean a sí mismas en un papel de ayuda continua. “Nire bizitza guztiye izan da edo lagundu baten bateri edo beharrean”/ “Toda mi vida ha sido estar ayudando a alguien, o estar trabajando”. En la expresión de Miren vemos claramente el sentir de una mujer que ha vivido siempre para los demás. En este sentido, a través de las entrevistas observamos cómo la manera en que se resuelve una situación dura en la familia, puede dar lugar a un patrón de conducta fuerte que se vaya transmitiendo a través de generaciones. En el caso de las 70 Entrevista Maritere 19/07/2010 71 Entrevista Maritere 19/07/2010 51 mujeres del baserri, esta conducta se traduce en el trabajo en el caserío y especialmente en la parte del cuidado del hogar y la familia. En este sentido, el caso de la familia de Miren nos induce a pensar en ello. Ante una muerte temprana del abuelo, la abuela queda con la jefatura de la casería, quien a su vez designará a su hija como heredera. A través de las palabras de Miren sabemos que su abuela trabajó duro en el mantenimiento y perpetuación de la casería, como también vemos que se convertiría en la organizadora del bienestar de la familia. Su hija como heredera, pronto empezó a trabajar en la casería ayudando a la madre sola y adquiriendo los roles propios de ella. De manera que, como comentáramos antes, ante un sistema troncal cada vez más devaluado, es factible que los hijos varones se acomodaran a una situación en la que las mujeres eran quienes llevaban el mando en la casa. Tanto más en el caso propio de Miren, en el que el sistema troncal se encuentra en un nivel mucho más avanzado de devaluación, y en el que el hermano, la identifica como clara continuadora de la labor de su madre. La misma situación encontramos en la familia de Maritere, en la que la dura situación vivida por su madre en la infancia, y la posterior muerte joven del marido, le harían convertirse en una mujer muy trabajadora y acostumbrada a tirar para adelante en multitud de ocasiones. “Bera andra zera zan… ez amargaute edo beti triste…¡qué va! Oso behargiñe zan”/ “Ella era una mujer… no amargada o que siempre estaba triste… ¡qué va! Era muy trabajadora” 72 . 6. LA MUJER BASERRITARRA , VALORES POLÍTICOS 6.1. Las mujeres como madres de la patria. A principios de siglo XX, irrumpen en la sociedad vasca numerosas asociaciones civiles y políticas con el objetivo de propagar los ideales de los principales movimientos políticos asociados a las principales ideologías: liberalismo, socialismo y nacionalismo conviven y pugnan por la hegemonía en el terreno vasco. El nacionalismo vasco cobró gran importancia en ese primer tercio de siglo. Las aportaciones de los románticos del siglo XIX, así como las secuelas dejadas por el ideario carlista, dieron lugar al surgimiento de una cultura política que definió los rasgos del “ser vasco” convirtiéndolos en nación bajo la afirmación de “Euskadi es la patria de los vascos”. El bizkaitarrismo se afirmo en “reacción frente a” el empuje que los nuevos acontecimientos sociales, políticos y económicos estaban llevando a cabo. Este primer nacionalismo inspirado en las ideas de Sabino Arana, formuló unos rasgos de lo que significa ser vasco y por lo tanto, de la nación, en su vertiente más religiosa y arcaica. La propuesta era restituir 72 Entrevista Maritere 19/07/2010 52 el pasado como porvenir, como horizonte de futuro 73 , intentando así modernizar culturas decimonónicas (carlismo) y abrirse al nuevo espectro social que cada vez iba tomando mayor forma. En este sentido, la burguesía liberal bilbaína, enormemente enriquecida tras la coyuntura de la gran guerra, supo actualizar adecuadamente esos valores. Esta clase social, por otra parte, no comportaba sino a todos aquellos desheredados y desheredadas del bien troncal que desde la urbe miraban con nostalgia ese caserío que habían tenido que dejar, del cual habían sido apartadas, y que identificaban con lo que eran. Desde esta óptica es fácil imaginar cómo un amplio sector volvió su mirada sobre el baserri idealizándolo y encontrando en él toda la esencia de lo vasco y de los valores que en la conexión con la tierra y con un sentido de pertenencia a un linaje ancestral vivían su mayor expresión. Las mujeres tomaron un papel vital en el entramado baserritarra. Ellas habían sido y eran las principales transmisoras de la cultura solariega que unía a los hijos e hijas con esa tierra sagrada y ese pasado remoto. En el papel de “madre de la patria”, las mujeres fueron consideradas el mayor exponente del pervivir vasco en el baserri. A través de los testimonios de mujeres que Miren Llona recoge en su libro “Entre Señorita y Garçonne”, nos hacemos eco de la realidad que vivieron las mujeres de las clases medias bilbaínas entre 1919 y 1939. Ella analiza muy bien la manera en que estas mujeres viven la asunción de esta imagen de mujer baserritarra idealizada y enfatizada en su rol omnipotente de madre, que en cierto modo, tal y como relata, no viene sino a hacer una comparativa con la figura de la Virgen María, figura religiosa que como otras fue utilizada por el nacionalismo para dar explicación de sus postulados 74 . La participación de las mujeres en el nacionalismo de aquella época tiene su mayor exponente en Emakume Abertzale Batza (EAB). Esta organización se encaminó a la realización de la labor social. “Yo me acuerdo que yo fui del batzoki de Begoña y era Emakume. Pero claro, no como ahora que son tan metidas en política, sino simplemente yo.. lo que sí por ejemplo hacíamos pues.. ropa, para la Opera Amaia, eso sí hice, nos daban para coser… y más metida no. Yo más metida, no” 75 . De las palabras de Eli, mujer urbana de padres venidos del contexto rural, desentrañamos el sentido que se le confirió a la organización EAB. Sin embargo, ella sí tiene conciencia de otras mujeres que a parte de la labor social encarnada en la figura de la madre social que actuaba para la patria, sí ejercían otras labores a las que ella identifica con el hecho de ”estar más metidas en política”. “Ahora, sí tenía una amiga, que ella tenía poder para entrar en los votos aquéllos que había.. Todavía nosotras no teníamos voto, pero ella tenía un poder… Aquella estaba más metida en política. Yo, simplemente, una colaboradora de EAB.” 76 De las palabras de Eli deducimos el valor social que ella otorga a la cuestión política en la cual establece diferentes niveles. Así, la idea de colaboración que ella, junto a las demás mujeres, ejercía en el seno de EAB, 73 DÍAZ FREIRE, J.J, La República y el Porvenir. Culturas políticas en Vizcaya durante la Segunda República, Ed. Kriselu, Donosita, 1993, pp.199-258. 74 LLONA, M, op.cit, 168 75 Entrevista Eli 29/06/2010 76 Entrevista Eli 29/06/2010 53 supone una acción política que ella identifica como humilde y dentro de los límites que eran establecidos para las mujeres. Sin embargo, el relato de su amiga nos habla de la incursión en el espacio político público y relegado a los hombres, lo que desde su punto de vista, supone el tener un poder, y tener poder, al fin y al cabo. Esta cuestión aparece muy relacionada con la aparición en el seno de EAB de las mujeres propagandistas. Estas mujeres, favorecidas por un sector del Partido Nacionalista Vasco que defendía la contribución de las mujeres en la política, comienzan a ejercer una labor que transgrede las fronteras de lo establecido para ellas. En este sentido, las mujeres, identificadas desde el partido por sus cualidades sentimentales y amorosas, se consideraban más proclives a poder transmitir la emoción patriótica. Las mujeres propagandistas reparten propaganda del partido, se manifiestan, hablan en mítines, hacen visitas a la cárcel, a los presos, actúan en las elecciones, protestan… y sufren las consecuencias de ello. “A consecuencia de un mitín donde hablamos con especial celo a favor de la independencia, tanto la famosa oradora Haydée de Aguirre, como yo misma, fuimos detenidas y encerradas en la cárcel de Larrinaga durante quince largos días. Éramos muy jóvenes, teníamos apenas 19 años. Señoritas de pueblo educadas en el ambiente estricto de los años 30. […] Aquella prisión, aquellas puertas enormes con sus cerrojos y llaves gigantescas y sobre todo las diferentes estancias y corredores que se iban cerrando a nuestro paso […]. Nos sentíamos como mártires”. 77 La cárcel, suponía el mayor de los castigos, lo que hace más intenso el relato, y el valor que se le atribuye. El llegar a ese momento, el de ser una presa política conllevaba, la invasión de un territorio que las elevaba a la categoría de gudaris, que representaban la máxima expresión de sacrificio y entrega a la patria. 78 Este hecho, como tantos otros, en la medida en que comportó un traspaso de los límites que como mujeres les eran asignados, ha dado lugar al poco reconocimiento de la intensa labor realizada por estas mujeres. Esto es algo a lo que Eli también alude en su relato, en el conocimiento del trabajo que su amiga propagandista Lutxi, había realizado. “Y por cierto que.. sentí mucho que la gente no se acordase de lo que Lucía Ardanza había trabajado para el Partido Nacionalista. Fueron unos funerales pobrísimos. No, no, no, no es cosa de perdonar eh… Era una chica estupenda, y bueno… lista, y ya te digo.. hablaba en mítines, ella y Polixene, hablaban” 79 . La manera en como Eli relata su sensación dándole un aire de solemnidad y profundo respeto y admiración de su amiga, nos habla de la consciencia de lo que ese trabajo supuso, también para las mujeres que lo vivieron, como un aporte importante de ellas a la construcción de la identidad nacional. Las distintas sensibilidades sobre el papel que debían desempeñar las mujeres vascas del partido, se hizo patente, en el Homenaje a la Madre Vasca que se celebró el 5 de 77 LLONA, M, op.cit, p.191 78 LLONA, M, op.cit, p.191 79 Entrevista Eli 29/06/2010 54 febrero de 1933. En él se pone de manifiesto las reticencias que el Partido Nacionalista Vasco tenía para asumir la acción femenina fuera de la figura simbólica de la madre, madre de la patria, que la relegaba a un segundo plano relacionado con la esfera privada. Polixene rememora aquel homenaje: “Nosotras no éramos madres… Fue una especie de camuflaje de la verdadera dimensión que tenía ese homenaje, que era homenaje a la mujer audaz, a la mujer valiente, a la mujer participativa, a la mujer que luchaba junto al hombre” 80 . La falta de reconocimiento de este papel político de las mujeres en el nacionalismo, será la conclusión final a una intensa labor ejercida. La posterior guerra y advenimiento del sistema franquista durante 40 años, dará lugar a que todos estos logros llevados a cabo, se diluyan en la memoria y queden enterrados. El sistema franquista actuará como censor de las libertades femeninas adquiridas y recluirá nuevamente a las mujeres al ámbito cerrado del espacio doméstico, realzando sus roles de madre y esposa. 6.2. La guerra y el franquismo Así, teniendo como marco la realidad del régimen franquista, la sensación que se despliega de cada una de ellas en sus relatos es de total silencio en cuanto a lo que aquella época les suscitaba. Fue un momento que relatan de austeridad y pobreza, aunque afirman, nunca les ha faltado de comer en el caserío, ya que tenían huerta y animales de los que sacar alimento en la propia casa. A través de los testimonios de sus padres, reproducen algunos de los horrores de la guerra. Los padres de Maite, mujer de Zeanuri de 71 años, tuvieron que salir del caserío y anduvieron en aquellos años de un lugar para otro, primero en Alonsotegi y después a Zamudio donde vivía un tío de la familia, con todo el ganado a cuestas. Cuenta que a su vuelta al caserío, muchas de las cosas estaban rotas y otras las habían robado y tuvieron que reconstruir una parte de la vivienda. Eli, mujer del mundo urbano que vivió en primera persona la guerra, nos habla de ella como algo que marcaría un antes y un después en su vida. “A mí la guerra me dejó completamente… ya te digo, no valía para nada. Me llevaban la comida al túnel eh.. fíjate qué depresión verdad.. además eso, con la particularidad de que mis padres no tenían miedo y aquéllos no iban ni al túnel ni a ninguna parte, pero yo en el túnel, eh. Y me mandaba mi madre con una señora todos los días la comida.. caliente, eh? Entonces, no tenía hambre”.(…)”Yo estoy segura que si hubiera sido madre, pues ya me hubiera hecho fuerte, verdad.. pero estuve malísima, y luego sin hambre, y teniendo comida…” 81 Varios tíos de Begoña estuvieron en el frente, en ambos bandos. Ella cuenta cómo uno de sus tíos fue herido en el frente de Irun y su padre lo estuvo cuidando en el Hospital de Basurto. Finalmente murió, con 23 años. Otro de los tíos estuvo varios años luchando en el frente, y después otros tantos en un campo de concentración, algo que sin duda le marcó 80 LLONA, M, op.cit,198 81 Entrevista Eli 27/06/2010 55 la vida profundamente. “(…) A ése también, la guerra lo destruyó. Sí. Yo me acuerdo que llevábamos la leche, luego empezamos a repartir por Zaldibar la leche y repartíamos a un médico del Hospital Psiquiátrico y aquél nos decía: “Cuidarle bien a vuestro tío, que vuestro tío es una víctima más de la guerra”, nos decía… Murió con 50 años, bastante joven”. Begoña entiende que la manera en que acabó la guerra fue la que determinó el silencio de la época posterior. “Luego, sobre política, nosotros de jóvenes, no se hacía mucho porque… en la guerra se pasó tan mal… (…) Se sufrió mucho aquí en la guerra. De política no se hablaba” 82 . Maritere recuerda miedo en aquella época. “Benetazko beldurra”/”Miedo de verdad”. “Es que nuestros padres, lo pasaron mal realmente en la guerra, lo pasaron muy mal, y nosotros siempre nos decían en casa “y tened cuidado” “no habléis de nada” y eso desde muy pequeñas, siempre habíamos oído en casa” 83 . También recuerda miedo hacia los profesores, por tener que hablar en castellano y porque no sabían. En todas las casas de las mujeres el idioma que se hablaba era el euskera. A menudo comentan, cómo en el colegio tenían que hablar un castellano que ni sabían cómo hacer y por otra parte, en el caserío se les exigía hablar en euskera. Las mujeres, hoy encajan ese dualismo que entonces no lograban comprender, y por el que además les hacían sentir peor y eran desprestigiadas por profesores y compañeros. Con el tiempo lo van asimilando como parte de la realidad “luego, poco a poco te vas amoldando, en la medida en que se puede” 84 . 6.3. La política durante el franquismo, “asunto de hombres” Por otra parte, el euskera era la seña de identidad más clara de las familias baserritarras. Un idioma ancestral con el que recordaban su pertenencia remota a ese linaje que les daba la identidad de vascos. La pervivencia y respeto hacia ese idioma, era la expresión misma del sentimiento nacionalista que ya a principios del siglo XX quedaba patente en las casas de las mujeres. La exigencia del euskera en la casa era una condición que en los relatos de las mujeres, aparece exigida por la figura patriarcal, que encarnaba el sujeto político en el contexto familiar. “¡Bueno!” comenta Begoña, “en la escuela no nos dejaban hablar en euskera.. y en casa no nos dejaban hablar en castellano!” (se ríe) “osea que… en casa, con nuestro padre, había que hablar en euskera. En casa en euskera. A hablar castellano a la calle, pero en casa había que hablar en euskera. Sí, siempre. (…) En eso, nuestro padre… ¡bueno! había que oírle… ¡Castellano en casa ni pensar!” 85 En la escuela, en la calle el idioma debía ser el castellano, pero sin embargo, dentro de la casa, el sentimiento del euskera y de la pervivencia de sus costumbres era fuerte. “Yo me acuerdo que cuando éramos jovencitos, éramos de Euskadi Gaztedi Berri y los discos de Labegin, no sé de dónde sacaron un tocadiscos y en Navidades los aprendíamos y el padre lloraba, escuchando los discos… era 82 Entrevista Begoña 28/06/2010 83 Entrevista Maritere 19/07/2010 84 Entrevista Maritere 19/07/2010 85 Entrevista Begoña 28/06/2010 56 un gran abertzale pero… sentía que Franco lo había hundido, los había aplastado… nosotros no nos enterábamos de mucho, pero ellos sí” 86 . Begoña vive el relato de su padre con emoción, viviendo a través de él el sentimiento político mismo que representaba. La identidad vasca incorporada es el llanto ante la derrota de la nueva realidad, en la que la vivencia de esta identidad queda relegada al espacio reducido e íntimo del caserío, y por ello la exigencia de su presencia en ese contexto, es la pervivencia misma de la identidad, a pesar de todo. Esta exigencia es competencia de la figura paterna, en tanto en cuanto, la vivencia política es el espacio público y por tanto, un “asunto de hombres”. Así, Miren también identifica la figura política con su padre de quien dice “No se llevaba bien con aquél (con Franco)” 87 . Desde una mirada más urbana hacia lo rural, Eli no considera que sus padres tuvieran conciencia política alguna, sin embargo, fue el hermano de su madre, otra figura masculina, quien le transmitió los conocimientos que después despertarían en ella el sentir nacionalista. “…en cambio, tenía yo un tío, hermano de mi madre, que ése me enseñó todas las canciones vascas que yo sabía.. y cuando íbamos a alguna excursión, pues yo enseñé a los demás lo que yo había aprendido, que ellos no sabían…porque yo, además de saber euskera… ese tío mío… ése sí era político, ahora, no creo que sería político en el sentido de hacer político al nacionalismo, no, sino sentirse él muy vasco y eso. Porque yo aprendí de él, todo. Y mi madre también sabía cantar… ¡de lo que le había enseñado el hermano! Ese hermano, que sí, ése sí era muy nacionalista, pero.. muy vasco, quiero decir. Tanto, que a los amigos que no sabían cantares, ¡les enseñé yo! Y yo, yo sabía, claro pero… es que él era puro, puro… puro vasco” 88 . En las palabras y énfasis de Eli descubrimos una mujer que a través de la experiencia política con su tío, descubre su identidad nacional, y el orgullo y sorpresa de poder transmitir los saberes nacionalistas al grupo de amigos y amigas nacionalistas como ella. Eli se hace eco de su orgullo nacionalista y del conocimiento del euskera, el idioma ancestral y genuino de los vascos, elementos que se relacionan con el hecho de que sus padres provengan del baserri. 7. LA “SEÑORITA DE CLASE MEDIA” COMO ASPIRACIÓN SOCIAL El testimonio de Eli nos acerca a una realidad que en el contexto del caserío vasco fue una constante desde su surgimiento, la cantidad ingente de desheredados y desheredadas que este sistema de reproducción producía. El caso de Eli, una mujer cuyos padres a principios de siglo XX salen del campo para ir a vivir a las inmediaciones de Bilbao, nos permite conocer el caso singular de una mujer que se integra perfectamente en 86 Entrevista Begoña 28/07/2010 87 Entrevista Miren 25/06/2010 88 Entrevista Eli 29/06/2010 63 que muchas mujeres solas hayan tenido que buscarse la manera de salir adelante por ellas mismas en el día a día del baserri. 8.3. Mujeres baserritarras en resistencia A finales del siglo XX y principios del XXI, las mujeres en el baserri son el último eslabón de pervivencia de un sistema en visos de desaparecer. “Gure aitak hartu eban dana eta izan zan gure aite propietarioa. Ta ordura arte errenteruk izan ziren.(…) Gero geratu zan gure nebeantzat, neba solteruantzat. Ez ezkondu, ez arreglau, nada. Ahí está. Muerto de asco. Horixe”. “Nuestro padre cogió el caserío entero y el fue, nuestro padre, el propietario. Hasta entonces habían arrendado.(…) Después quedó para nuestro hermano, el hermano soltero. No se ha casado, no lo ha arreglado, nada. Ahí está. Muerto de asco. Así es 103 ”. Las palabras de Miren son muy esclarecedoras de la rabia que le comporta esta situación. Ella, a pesar de la impotencia y dolor que le ha generado el obedecer siempre el dictamen de sus padres, y actuar conforme a la pauta troncal de cuidado y perpetuación del mismo, continúa unida fuertemente al símbolo que representa para ella el baserri. Un baserri que ha sido el fruto del sacrificio y trabajo de sus padres y de los padres de sus padres, todos ellos unidos por la misma tierra, y que ve cómo ese símbolo y prueba viva de la pervivencia de los ancestros a través del tiempo, cae a cachos delante de sus ojos sin poder hacer nada para evitarlo, y viendo cómo su hermano, que en un proceso de desapego total de la simbología y el sentimiento solariego, se desentiende de ello sin sentir la responsabilidad de tener que dar explicaciones. Las mujeres baserritarras se revelan y se expresan con rabia ante la nueva situación imperante. “¡En el baserri quién va a trabajar sino unos tontos como nosotros! Antes no, antes no. Antes se hacía así..nosotros y los de nuestro entorno. Ahí, por la parte de Trabakua y Mallabia también había un montón de baserris. Ahora ya está todo dejado en Mallabia. Antes eran todo caseríos. Pero metieron el pino, empezaron a trabajar en el taller, a los hijos les dieron estudios… y punto. Eso es así ¿eh? Antes, a parte del baserri no se pensaba en otra cosa 104 ”. Las palabras de Maritxu se revelan con fuerza, y expresan en pocas palabras algo claro y evidente para ella: cómo la práctica de otro tipo de estrategias que se desvían de la consideración del baserri como centro y orden supremo de todas las cosas, dan lugar a su desaparición. Así, ella se califica como tonta, y en numerosas ocasiones reconoce el caserío como un sistema duro y sacrificado, pero que por otra parte le reconforta, supone para ella mucho más que el dolor y la dureza de sacarlo adelante. “La vida en el baserri… buena no era. ¡Pero estábamos contentos! 105 ” Esta visión peyorativa del baserri en tanto que duro, que resta posibilidades de desarrollo, que está atrasado… ha dado lugar a que muchos y muchas baserritarras sean vistos como personas atrasadas e incultas, algo que contrastábamos bien en los relatos de Eli sobre sus padres. Desde la realidad de los padres de Eli a principios de siglo, a hoy se ha mejorado mucho en el acceso a los recursos y nuevos adelantos en el 103 Entrevista Miren 25/06/2010 104 Entrevista Maritxu 23/06/2010 105 Entrevista Maritxu 23/06/2010 64 mundo rural. Sin embargo, esta percepción y autoestima baja de los y las baserritarras sigue presente y se ha visto reflejada en casi todas las entrevistas realizadas a las mujeres, que se ven muchas veces como poca cosa y con la impresión de no tener mucho que aportar. Así Miren decía en relación a su relato “Todas las cosas dichas son de poca importancia 106 ” o Maritere señalaba que “no hay cosas importantes en mi vida 107 ”. Sin embargo, a pesar de la concepción generalizada sobre el mundo rural, algunas mujeres no se sienten interpeladas por ello, y ven en el baserri un sistema que puede ofrecer conocimientos y valores importantes. “Aquí al baserritarra siempre se le he considerado que está más atrasado. Pero, yo creo que el niño o la persona que ha nacido en el baserri, aprende muchas cosas, al tener la naturaleza cerca aprende por ejemplo cómo nacen los terneros, cómo ponen las gallinas los huevos,.. (…) quienes han nacido aquí, saben. Esa consciencia de lo natural, pienso que el niño del baserri la tiene mucho más clara que el de la calle. Claro, como no se ha tenido tantas oportunidades como el de la calle para aprender, como se han tenido todas estas dificultades, ni camino, ni esto, ni lo otro... pero.. yo cuando fui a Gernika de joven, yo me dí cuenta.. que las chicas de mi edad no eran más listas que yo eh…para nada. 108 ” El relato de Marije rescata los valores propios que supone la vida en la naturaleza y el contacto directo con ella, como fuentes de saber y conocimiento que en la sociedad moderna actual, aún queda tiempo para que sean tenidos en cuenta como progreso y desarrollo de la humanidad. Sin duda, estos elementos se relacionan más con valores de cuidado, de respeto, de acercamiento y no de vasallaje, de protección y preservación de un entorno, que recuerdan a “la madre tierra” o “madre naturaleza”, otro elemento feminizado y por tanto, olvidado, desconsiderado, explotado… A pesar de todo, en esta realidad de progresiva decadencia, muchas mujeres baserritarras se resisten a abandonar. Se resisten a abandonar el baserri. Se resisten a abandonar su simbología. Las mujeres, aún viéndose como poca cosa, sí encuentran en el baserri, en ese entramado superior que otorga el sentido a sus vidas, valores que consideran rescatables y positivos para la vida actual. Así, Maritxu asiste con reticencia al nuevo orden de las cosas en el mundo. Ella siente que el baserri es duro, pero ello no le hace desistir de él, considerando importantes todos los valores que a través de él le han sido conferidos. En ese sentido ella rescata el valor de sacrificarse por los demás. “Hay que mirar por los demás… ¿no crees?... Yo creo que ahora nadie mira por nadie 109 .” Desde otra perspectiva, Maritere rescata el valor del trabajo como forma de vida. “El trabajo no estropea a la persona, no. De eso no tengo ninguna duda…Lo que estropea a la persona es el entorno. Si tú eres feliz en el trabajo, eres mucho más feliz 110 ” 106 Entrevista Miren 25/06/2010 107 Entrevista Maritere 19/07/2010 108 Entrevista Marije 24/07/2010 109 Entrevista Maritxu 23/06/2010 110 Entrevista Maritere 19/07/2010 65 Maritere considera que viven más tranquilos que otras personas de su alrededor. “Que vivimos más tranquilos, es cierto. Que nos enorgullecemos del trabajo que hacemos, también. A veces unas cosas salen mal, otras veces bien.. pero ves a las vacas que crecen, los prados van mejorando, cogemos más hierba.. Nosotros estamos muy contentos los dos 111 ”. El trabajo de la baserritarra pasa por ir aceptando las cosas tal y como vienen. Pasan por aceptar otro ritmo, y otras maneras de entender la vida. “Yo no quiero otro trabajo que no sea éste”. El sentir de muchas baserritarras es el del fin del caserío. “El baserri ya no da nada. Si de vez en cuando venden alguna parcela de pino o… nada. Ahora nada. El pino ya no lo quiero nadie, y entonces akabo! 112 ” En palabras de Maritere, la continuación del trabajo del baserri pasa por entender que hay que hacer una apuesta consciente por ello. “Jakin nun sartzen zaren. Saber dónde te metes 113 ”. En su caso, ambos, su marido y ella, sabían lo que era porque lo habían conocido desde pequeños. La industrialización y posterior desarrollo del sector servicios ha dado lugar al macrodesarrollo del entramado urbano, que en su acelere, choca con los ritmos naturales que marca el trabajo en el baserri. La macroindustria alimentaria trata de conquistar el campo y someterlo a sus interesas productivistas. “la gente comienza con grandes proyectos.. si te metes en un terreno muy grande, es difícil salir de él. Lo primero hay que empezar poquito a poco.. y poquito a poco ir viendo. Pero si de primeras te empiezas pidiendo un montón de dinero al banco… para cuando te des cuenta te has ahogado 114 ”. “ya hay algunas personas con ganas. En el cultivo ecológico ya hay unas cuantas.. y pues a ver… 115 ” Los métodos de producción sostenibles y respetuosos con el medio ambiente y las personas que nos rodean son el punto de mira de muchas personas que pretenden acercarse al mundo del baserri y de la agricultura. Sin embargo, en las palabras de Maritere y en los valores conferidos por las mujeres baserritarras, encontramos el sentido real que debemos rescatar. La pervivencia de unas formas más sostenibles de vida en el medio natural, pasa por un cambio de mentalidad. De una visión productivista a una más humilde de respeto con el entorno. Saber en lo que una se quiere meter, ir poco a poco, aceptar, guardar, como mujeres baserritarras el sentido y ser de la vida, vinculadas a una tierra y apostar por ella. 111 Entrevista Maritere 19/07/2010 112 Entrevista Maritxu 23/06/2010 113 Entrevista Maritere 19/07/2010 114 Entrevista Maritere 19/07/2010 115 Entrevista Maritere 19/07/2010 66 9. CONCLUSIONES La presente investigación busca indagar sobre la manera en que las mujeres del entorno del caserío vasco han conformado su identidad como baserritarras en el seno de un sistema de reproducción social que ha perdurado durante cuatro siglos de historia. Desde el surgimiento de la institución troncal, las mujeres han tomado parte activa en el entramado baserritarra, como parte de ese grupo corporativo que, en base a una organización jerárquica y patriarcal, se reproduce. Este entramado hereditario otorga una manera de ser y estar en el mundo a sus moradores en el seno de una familia extensa. Las mujeres baserritarras aparecen a partir de la segunda mitad del siglo XX como las principales defensoras y transmisoras de este modelo. A través de los testimonios constatamos este hecho, que se traduce en la pervivencia de patrones culturales más allá de sí mismas que están dando lugar a una conducta y consideración determinada. Así, sobre el cuerpo de las mujeres se ejerce una presión que es la que les lleva a determinar ciertas prácticas como pueden ser el cultivo de los campos, el mantenimiento de los animales o la compra misma del caserío, cuando a través de las disposiciones legales, se da la oportunidad para ello. Se habla de la presencia de un ente cultural que por encima de leyes forales, prevalece más que nada. Así es el caso de los consejeros que en la familia del abuelo de Marta, en último término, dictaminan quién ha de suceder en el patrimonio indiviso. Todo este sistema inspiró a los románticos del siglo XIX que vieron en el pueblo vasco la representación de una moralidad superior encarnada en caserío vasco. Este tipo de corrientes fueron las que inspiraron el bizkaitarrismo sabiniano. El poder de las mujeres en el caserío vasco viene regulado principalmente por dos disposiciones que en la ley foral se articulan y que son la libertad de testar y la troncalidad. A través de estos dos principios es como las mujeres han podido acceder a cotas de poder importantes dentro del caserío vasco. Así, un caso importante que ejemplifica este hecho reside en los momentos en que por una muerte temprana del marido, hecho bastante habitual a principios de siglo XX, las mujeres se hacían cargo de la jefatura del baserri, comportando con ello la organización del trabajo agrícola y ganadero, y la potestad de repartir los bienes preferenciales en la manera en que viese conveniente, otorgando con ello el acceso a los recursos a uno de los hijos o hijas y denegándoselo al resto. Suponía también la organización de las legítimas y dote, en caso de que hubiere. Otro momento que suponía el acceso al poder venía derivado de las ausencias temporales de los hombres de la familia, cuestión que a medida que avanzaba el tiempo, se ha hecho cada vez más acusada. En este sentido, un hombre que trabajaba fuera del baserri, suponía el ejercicio de la responsabilidad absoluta de los trabajos por parte de la mujer. 67 Finalmente, un tercer hecho que comportaba el acceso a mayores cotas de poder está relacionado con las cualidades afectivas y de cuidado que se les presuponía mayores a las mujeres. Mediante esta suposición, muchos padres y madres testadoras requerían a las hijas en la casa como medio para asegurarse un final de vida digno y tranquilo hasta su muerte. A través de estas estrategias es como las mujeres baserritarras han accedido a mayores cotas de poder, favoreciendo así el desarrollo en el imaginario social de una iconografía de mujer fuerte y poderosa, con opiniones a tener en cuenta dentro del sistema troncal. El trabajo de hombres y mujeres en el caserío vasco ha tenido la misma intensidad para unas como para los otros. Los padres adoctrinaban a las niñas y niños en la labor desde muy pequeños. En forma de juego, ya estaban trabajando en el campo. En muchas ocasiones, las mujeres, debido a la ausencia del marido en las labores de labranza, ejercían ellas mismas estos trabajos. Trabajos, que eran relegados a los hombres, así como los más propios del ganado, no significando por ello, que las mujeres no tomaban parte. La venta en la plaza ha sido uno de los ámbitos que más han frecuentado las mujeres y que suponía un espacio público, en el que tenían la posibilidad de acceder a un espacio de socialización mayor así como responsabilizarse de una tarea de enorme importancia económica para la familia baserritarra. Este fenómeno de la venta de la vendeja en la plaza, ha sido utilizado por núcleos familiares que se dedicaban íntegramente a la supervivencia única a través del baserri, en gran parte ubicados en la comarca del Duranguesado. El ideal burgués de familia establece un estricto reparto de roles en productivos y reproductivos para hombres y mujeres respectivamente. Esta llamada “ideología de la domesticidad” de fines de siglo XIX, aparece reforzada a mediados del s. XX, por la política moralizadora del franquismo que empuja una fuerte campaña en la que los valores deseables para una mujer aparecen relegados a sus roles de esposa, y madre. Este hecho calará en todos los estratos sociales, así como en el caserío vasco. En base a estas ideas los testimonios son profundamente reveladores. Nos hablan de patrones de conductas semejantes en varias mujeres que además se repiten por generaciones. En estos patrones, las mujeres son las encargadas del universo familiar doméstico y del cuidado de las personas, en el que los hombres de la casa, en un proceso muy avanzado de desapego de los valores troncales, se aprovechan totalmente y consideran obligación de ellas. El enfado y rabia que estas situaciones provocan en las mujeres, nos avisan del despertar de una conciencia femenina, favorecida por los avances y campañas del movimiento feminista contemporáneo. Por otra parte, la no promoción de las mujeres en los diversos momentos de despegue industrial, aparece relacionado con la manera en que los gremios urbanos 68 artesanos se concibieron anteriormente a la modernidad. Estos espacios, muy jerárquicos y patriarcales, retiraron a las mujeres del acceso al saber y a la capacitación gremial, hecho que ha propiciado más tarde la no incorporación de las mujeres en el despegue industrial. Esta tradición misógina hará que muchas mujeres encuentren como única salida laboral el ir de criada a los ámbitos urbanos. En el espacio costero, los hombres serán el perfil del emigrante a América. Si bien es cierto que muchas mujeres también emigraron, una gran mayoría quedó en el baserri, al cuidado y mantenimiento de éste. El advenimiento del nacionalismo a finales del XIX y su desarrollo en el primer tercio de siglo, dará lugar a la idealización del caserío vasco, en el cual las mujeres son el mayor exponente de la “esencia de lo vasco”, identificadas como madres de la patria, transmisoras y guardianas de la cultura vasca y de la identidad nacional. Asimismo, este protagonismo y conciencia que poco a poco van tomando las mujeres en el seno del nacionalismo, dará lugar a que un sector de ellas, encarnadas por las mujeres propagandistas de Emakume Abertzale Batza, transgreda las fronteras propias del espacio al que el partido pretendía relegarlas, dando lugar a un no reconocimiento de la intensa e importante labor realizada por estas mujeres. A través de una mujer del mundo urbano cuyos padres provenían del rural, tenemos la opción de conocer en qué manera se conforma su identidad, de espaldas a una pertenencia rural que pretende olvidar, enfrascándose totalmente en la dinámica urbana que le da posibilidades de apertura a un mundo diferente de emociones, amistades, sentires. Las consideraciones asimismo hacia ese mundo rural y del baserri son más bien negativas y corresponden a una visión urbana que mira al pueblo viéndolo como un atraso. Como estamos viendo, numerosos casos nos inducen a la consideración de que tras el despegue industrial y auge de los años 60, las mujeres quedaron principalmente relegadas al caserío y a la perpetuación de éste, por lo que son ellas quienes más sufren esta contradicción de sistemas contrapuestos que están poniendo en jaque su identidad baserritarra todo el tiempo. Así, las mujeres aparecen como las guardianas de esta cultura troncal y de su protección. En un momento de baserri en decadencia, muchas de ellas encuentran en el cuidado a las personas una manera de vivir, frente a las escasas oportunidades que un entramado troncal feminizado pueda ofrecer. Para este caso concreto que analizamos, la creación del “asilo” fue la salvación de estas mujeres que no encontraron otras formas válidas de promocionarse en su juventud. Finalmente, las mujeres baserritarras son las guardianas troncales en resistencia. Sus valores aún tienen el eco de esos elementos corporativos, comunitaristas, de sacrificio, de trabajo, de ayuda continua… que antaño conformaban la ideología solariega. Y aún sienten que sus postulados pueden ser válidos en la nueva sociedad. 69 Ante el panorama actual del baserri, las nuevas formas agrícolas pasan por la adquisición de una nueva perspectiva, más acorde con el respeto a la naturaleza y con la labor propia que las mujeres en el caserío han venido haciendo, la de guardianas de la tierra. 70 BIBLIOGRAFÍA ARBAIZA VILALLONGA M., 1996, Familia, trabajo y reproducción social. Una perspectiva microhistórica de la sociedad vizcaína a finales del Antiguo Régimen. Universidad del País Vasco, Colección Historia Contemporánea, 1996. ARBAIZA VILALLONGA M., 1997, "El papel de la mujer en la formación del agregado doméstico en el espacio vasco" en Historia de la Mujer e Historia del Matrimonio, pp. 299-315 Universidad de Murcia. ARBAIZA VILALLONGA, M., 2002, “La construcción social del empleo en España” Revista Arenal. ARBAIZA, M, 2003, “A propósito de la familia moderna en el País Vasco” en F.C. CAPISTEGUI Y M. 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