OTERO CARVAJAL, Luis Enrique y DE MIGUEL SALANOVA, Santiago (eds.), La escuela y la despensa. Indicadores de modernidad. España, 1900-1936, Madrid, La Catarata, 2018, 279 pp.
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334 Historia Contemporánea, 2020, 62, 334-336 HC ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277 Historia Contemporánea, 2020, 62, 334-336 https://doi.org/10.1387/hc.21408 OTERO CARvAJAL, Luis Enrique y DE MIGUEL SALANOvA, Santiago (eds.), La escuela y la despensa. Indicadores de modernidad. España, 1900-1936, Madrid, La Catarata, 2018, 279 pp. Por razones obvias, la guerra civil supone «un antes y un después» en el ámbito cronológico de muchos libros de Historia de España. Pero ninguna tragedia colectiva debería llevarnos a contar los hechos previos como la consecuencia de los siguientes. Es decir, como si la España del primer tercio del siglo x x estuviese abocada a ese desenlace. Afortunadamente, hace tiempo que este tipo interpretaciones teleológicas han sido arrumbadas. Esos enfoques politizados, más que políticos, han sido reemplazados por una visión más amplia y equilibrada de nuestro pasado. Y por eso mismo, más optimista. Indudablemente, en aquellos años España era un país con muchos problemas, pero en muchos sentidos era una nación relativamente exitosa, en plena transformación económica, política y social. La escuela y la despensa. Indicadores de modernidad. España, 1900-1936 ofrece una nueva colección de argumentos favorables a esa lectura positiva o, al menos, no desesperada, sobre nuestro pasado reciente. El objeto de estudio son las condiciones de vida de los trabajadores y los habitantes de las ciudades, y muy especialmente de las mujeres. Este interés por quienes, al fin, suponían la mitad de la población, tiene un doble valor. Por un lado, profundiza sobre quienes menos atención han recibido, pues normalmente ellas no son las protagonistas de una Historia que es, en primer lugar, política. Hasta el día de hoy, este ha sido un terreno masculino; y una historia política (y politizada) como la de España es, por tanto, una historia de hombres. Las mujeres aparecen, cuando aparecen, como parte de un relato que podría considerarse «menor»: la de la lucha por la igualdad. Se ignora el simple hecho de que la transformación de las estructuras de un país también lo fue la de la vida de las mujeres que vivían en él. Y este es el segundo interés de focalizar la historia en las mujeres. En muchos sentidos, su vida se vio mucho más alterada que la de los hombres, lo que precisamente pone en valor los cambios acontecidos. Y es que el primer tercio del siglo x x fue testigo de mutaciones revolucionarias. La base de muchas de ellas, la educación, fue en sí misma una revolución silenciosa. Desde la famosa ley Moyano de 1857, España hizo considerables avances en la alfabetización de su ciudadanía; pero fueron avances lentos, decepcionantes. Lo que sucedió a partir de 1900 fue, básicamente, un proceso de aceleración de las bases asentadas en los anteriores decenios. El trabajo de Luis Enrique Otero, que también es uno de los editores, aparece, con justicia, al comienzo de la monografía. Un solo dato: el descenso del analfabetismo entre 1900 y 1940 fue considerablemente más intenso entre las mujeres que entre los hombres. Obviamente, ello sucedió porque se partía de unos niveles más elevados; pero sin una decidida intervención pública acaso no se hubiera empezado a cerrar esa bre-
Reseñas de libros https://doi.org/10.1387/hc.21408 335 cha. Las mejoras en la educación alcanzaron, como no podía ser de otro modo, a la educación secundaria. Y transformaron, entre otras cosas, los mercados del trabajo. Este último aspecto, de extraordinaria importancia, es abordado en otros capítulos de la monografía. De forma particular, en el 4, en el que Susana Serrano Abad y Ana Belén Gómez Fernández analizan el papel de las mujeres en la economía de dos ciudades muy diferentes, Bilbao y Jaén, pero unidas por una común transformación; más intensa, obviamente, en el norte que en sur. En el 10, donde Gracia Moya y Arantza Pareja estudian, desde otra perspectiva, las trabajadoras textiles de dos entornos: Granada y el País vasco. Y en el 9, donde Sergio Cuartero y Rubén Pallol estudian la participación laboral de las mujeres en el Madrid metropolitano. En ninguno de los tres casos se ignoran las limitaciones de los progresos. Al contrario, se incide en los problemas y las desigualdades de todo orden. Pero siempre subyace la idea de que todo estaba cambiando. Otros capítulos inciden en los cambios ocurridos en las condiciones de vida y la economía diaria. Así, en el 5 Mercedes Fernández-Paradas, Carlos Larrinaga y Nuria Rodríguez-Martín estudian la mejora de los servicios públicos de agua, gas y electricidad en Madrid y Bilbao. Esto es un asunto de importancia capital, pues si hay algo que hace diferente la ciudad de la Primera Revolución industrial de la ciudad moderna es, precisamente, la existencia de tales suministros. La higiene y la salud son analizados en dos estudios de enfoque más reducido. Santiago de Miguel Salanova, que es el otro editor del libro, estudia en el capítulo 7 una institución pública, el Laboratorio Municipal de Higiene de Madrid. Y Manuel Montero y Cristina De Pedro analizan en el capítulo 6 la aplicación de tratamientos antivenéreos, un asunto sobre el que no hay mucho escrito. En fin, quizás el epígrafe menos alentador sea el 8, en el que Yolanda Piedad Casado y Diego Ramiro describen la evolución de la mortalidad infantil en Madrid y la permanencia de focos de infección y un deficiente saneamiento hasta bien entrado el siglo x x . Además, hay dos estudios de ámbito territorial bien definido en los que no se plantea la modernización comparada, sino que se analiza en profundidad ciertos indicadores urbanos. Son el capítulo 2 de Manuel González Portilla, Josu Hernando y José Urrutikoetxea sobre la ría de Bilbao, que comienza en 1877, y que se centra en aspectos biológicos como la talla de los reclutas y la esperanza de vida, así como en los niveles educativos. Y el capítulo 3 de David Martínez López y Manuel Martínez Martín sobre la urbanización, modernización y desigualdades sociales de las capitales andaluzas, que se ocupa preferentemente de la alfabetización y ocupación. Así pues, son diez capítulos que abordan las transformaciones acaecidas en el período tomando como referencia tres zonas urbanas: Madrid, Bilbao, y las capitales andaluzas, especialmente Jaén y Granada. ¿Es un ámbito lo bastante amplio como para hacer admisible la introducción de la palabra «España» en el título? A mi juicio, sí lo es dados los objetivos del libro. Si lo que se hubiera pretendido
Reseñas de libros 336 Historia Contemporánea, 2020, 62, 334-336 fuera dar una visión completa de esas transformaciones en el conjunto del país, evidente la muestra es insatisfactoria. Pero ese no es el caso. Lo que los autores han intentado hacer es demostrar una idea más sencilla y, también, más potente: que esa modernización existió, con todos los matices regionales que queramos identificar. Y que no fue pequeña. La elección de ámbitos —empezando por el de la urbe— como la de temas, impide obtener una visión total que, acaso, fuera más confusa. En cambio, la selección realizada sustenta las hipótesis de partida. Y es que este libro debe encuadrarse en el conjunto de investigaciones realizadas por los autores, y que ya ha tenido otros resultados en varias monografías de la misma editorial, Catarata. En concreto, Las nuevas clases medias urbanas. Transformación y cambio social en España, 1900-1936 (2015), La sociedad urbana en España, 1900-1936. Redes impulsoras de la modernidad (2017), La ciudad moderna. Sociedad y cultura en España, 1900-1936 (2018) y La sociedad urbana en el Madrid contemporáneo (2018). El presente libro es un jalón más en esa trayectoria. Esperemos que no sea el último. Rafael Barquín