Análisis de estrategias de adelgazamiento alternativas a la dieta hipocalórica
Abstract
24 p. : il. -- Bibliogr.: p. 19-24
Full text
Trabajo Fin de Grado Grado en Nutrición Humana y Dietética ANÁLISIS DE ESTRATEGIAS DE ADELGAZAMIENTO ALTERNATIVAS A LA DIETA HIPOCALÓRICA AUTORA: Yolanda Moya García DIRECTORA: Ainhoa Ruiz Aracama Curso Académico: 2019/2020
ÍNDICE RESUMEN .................................................................................................................. 1 INTRODUCCIÓN ........................................................................................................ 1 OBJETIVOS ............................................................................................................... 2 DESARROLLO ........................................................................................................... 3 Dieta cetogénica ................................................................................................................ 3 Dieta hiperproteica ............................................................................................................. 6 Dieta paleolítica ................................................................................................................10 Ayuno intermitente ............................................................................................................13 CONCLUSIONES ..................................................................................................... 17 BIBLIOGRAFÍA ......................................................................................................... 19
1 RESUMEN El trabajo que aquí se propone consiste en una revisión bibliográfica acerca de las dietas cetogénica, hiperproteica, paleolítica y del ayuno intermitente como estrategias para la pérdida de peso, así como los cambios en parámetros metabólicos asociados a ellas. Los estudios muestran que todas ellas son estrategias efectivas para la pérdida de peso y masa grasa, y que aumentan la saciedad y disminuyen la sensación de apetito, reduciendo de esta manera la ingesta. Además, mejoran el perfil lipídico gracias al aumento de los niveles de colesterol HDL y a la disminución de los niveles de colesterol total, LDL y triglicéridos. Asimismo, disminuyen los niveles de glucosa e insulina plasmáticos en ayunas y mejoran la sensibilidad a la insulina, mejorando de esta manera el control glucémico. Por tanto, parece que son efectivas para el tratamiento de diabetes y prediabetes, sobre todo la dieta cetogénica que muestra efectos a largo plazo. De todas las dietas revisadas, el ayuno intermitente es la estrategia que mejor adherencia muestra, mientras que la dieta hiperproteica consigue una mejor conservación de la masa muscular a corto plazo, y ambas parecen ser favorables para el mantenimiento del peso. Por otro lado, se han reportado efectos adversos en algunos casos con la dieta cetogénica, la hiperproteica y el ayuno intermitente, pero no más graves que molestias gastrointestinales, dolor de cabeza, sensación de fatiga y calambres musculares. INTRODUCCIÓN Hoy en día el sobrepeso y la obesidad constituyen un grave problema de salud en nuestra sociedad. Según la Organización Mundial de la Salud desde 1975 la obesidad casi se ha triplicado en todo el mundo.1 En un documento más reciente, esta organización reportó que en 2016 el 39% de las personas adultas tenían sobrepeso y el 13% padecía obesidad.1 El sobrepeso y la obesidad no son simplemente acumulaciones excesivas de grasa, sino que conllevan asociadas una serie de complicaciones como diabetes mellitus tipo 2 (DM2), resistencia a la insulina, dislipemia, hipoventilación, hipertensión arterial y enfermedad coronaria, entre otras, que ponen en riesgo la salud.2
2 Son enfermedades con etiología multifactorial, es decir, causadas por múltiples factores, entre ellos, genéticos, neuroendocrinológicos o ambientales, como puede ser un inadecuado patrón de alimentación o la inactividad física. En la mayoría de los casos se puede prevenir o mejorar mediante un estilo de vida más saludable. Para conseguir una pérdida de peso efectiva la estrategia más utilizada por los profesionales es la dieta hipocalórica, definida como aquella que aporta menos calorías de las consumidas para crear un balance negativo en el gasto energético. Sin embargo, en los últimos años se han popularizado diversas estrategias de adelgazamiento tales como el ayuno intermitente, dietas hiperproteicas como la dieta Dukan o Atkins, la dieta cetogénica y la paleolítica, entre otras.3, 4, 5 Se han realizado numerosos estudios sobre ellas con la intención de analizar si efectivamente se tratan de estrategias eficaces para la pérdida de peso y comprobar los efectos que puedan tener sobre la salud. OBJETIVOS El objetivo principal de este trabajo es analizar distintas estrategias alternativas a la dieta hipocalórica empleadas actualmente para la pérdida de peso. Para ello, se han llevado a cabo una serie de objetivos específicos: Describir las distintas estrategias para la pérdida de peso (dieta cetogénica, hiperproteica, paleolítica y ayuno intermitente). Exponer los efectos positivos y negativos que cada una de ellas puede ejercer sobre la salud. Valorar, en base a dichos efectos, la idoneidad de las mismas para lograr su objetivo y establecer cuál de ellas y por qué sería mejor opción.
3 DESARROLLO Tal y como se ha señalado, mediante este trabajo se ha realizado un análisis de distintas estrategias de adelgazamiento, las cuales se exponen a continuación. DIETA CETOGÉNICA La dieta cetogénica es una intervención en la que se restringe la ingesta de carbohidratos (HC) a un máximo de 50-60 g diarios con el objetivo de causar un estado de cetosis.6 La proteína se consume moderadamente en una cantidad adecuada para poder mantener la masa magra, y no hay restricción en la cantidad de lípidos en la dieta.7, 8 La cetosis induce el catabolismo de grasas a fin de obtener energía generando cuerpos cetónicos (acetoacetato, beta-hidroxibutarato y acetona) ya que las grasas como tal no pueden cruzar la barrera hematoencefálica y por lo tanto no pueden ser utilizadas por el sistema nervioso central (SNC). Tras una semana aproximadamente7 de dieta cetogénica, se empiezan a formar estos cuerpos cetónicos.6 El cerebro tiene la capacidad de obtener el 70-80% de la energía de ellos, pero necesita un mínimo de glucosa que puede ser bien fabricada por el hígado mediante la gluconeogénesis y en menor medida por los riñones, o bien aportada mediante la ingesta de frutas y verduras.6 Se produce por tanto un cambio de un estado glucosa-dependiente mediado por insulina a un aumento de la habilidad para usar la grasa dietética y la almacenada en el tejido adiposo como combustible. Este estado estabilizará la glucosa sanguínea, minimizando la liberación de insulina y mitigando a su vez los efectos de la resistencia a la insulina a largo plazo. Además la reducción de insulina también suprime la lipogénesis, incrementa la movilización de grasa del tejido adiposo y eleva la oxidación de ácidos grasos libres. Esto hace que se alivie el estado de inanición celular disminuyendo el hambre e incrementando el gasto energético (GE) y la pérdida de grasa.9, 10 Pueden ser varias las razones de la pérdida de peso; por un lado el efecto metabólico de la propia dieta, ya que el uso de energía proveniente de proteínas es un proceso caro, o por otro la reducción del apetito.11
4 En cuanto a la menor sensación de apetito y/o mayor nivel de saciedad, puede atribuirse principalmente a dos factores: a un mayor consumo de grasas y proteínas, y a una mayor formación de cuerpos cetónicos. Las grasas y proteínas permanecen en el estómago durante más tiempo, aumentando de esta manera la saciedad, y los cuerpos cetónicos, sobre todo el betahidroxibutarato, tienen capacidad de inhibir el apetito. Asimismo, la ingesta de alimentos con bajo índice glucémico (IG) y la baja carga glucémica de esta dieta hacen que se reduzcan las oscilaciones de glucosa plasmática, lo cual evita episodios de hipoglucemia, y puede así reducir el hambre.6, 7, 9, 12 Las dietas que inducen pérdida de peso generalmente producen una reducción del GE, de los niveles de leptina (hormona que promueve la saciedad) y un aumento de los niveles de ghrelina (hormona que estimula la ingesta), además de una reducción de los niveles postprandiales de colecistoquinina (CCK) (hormona supresora del apetito) tras la dieta. Sin embargo, en un estudio llevado a cabo con sujetos con obesidad o sobrepeso, se vio que en estado de cetosis la liberación de CCK se mantuvo a las mismas concentraciones tras la pérdida de peso y que el aumento de ghrelina circulante y el apetito subjetivo que acompaña la reducción de peso se mitigaron,13 Todo ello parece indicar que a pesar de ser una dieta que provoca una disminución del peso, no lleva asociada esa reducción de la saciedad. Esta menor sensación de hambre reportada puede ayudar a la pérdida de peso debido a la reducción de la ingesta, y a un mantenimiento del peso tras la dieta más efectivo.7 En general se ha visto una mayor pérdida de peso con dieta cetogénica comparada con otros tipos de dietas,12, 14-16 aunque no todos los estudios mostraron diferencias significativas.15 Además varios estudios han mostrado una mayor pérdida de grasa y una tendencia a mantener o incluso aumentar la masa magra.8, 9 Sin embargo, y aunque algunos estudios señalan una pérdida significativa de peso en ciertos momentos durante la intervención, esta no se ha observado al final de la misma, lo cual puede ser atribuido a la falta de adherencia. Esto sugiere que la adherencia al plan dietético tiene mayor influencia en la eficacia del tratamiento que la distribución de macronutrientes.12, 15 En cuanto a parámetros metabólicos, se ha observado que los 5 principales componentes del síndrome metabólico (obesidad, diabetes, niveles altos de triglicéridos, bajos niveles de HDL e hipertensión) mejoran con la restricción de hidratos de carbono.9 Respecto al perfil lipídico, se observan mejoras que podrían producir beneficios cardiovasculares. La mayoría de estudios señalan disminuciones en el colesterol total,9, 11, 12,
5 17 mientras que todos los estudios analizados mostraron un descenso o mejora en los niveles plasmáticos de triglicéridos (TG).9, 11, 15-19 Los niveles de HDL aumentaron en la mayoría de los casos, aunque en uno de ellos la mitad de los participantes no obtuvo diferencias significativas y el 7,1% sufrió una reducción.12 Por su parte, se han reportado resultados contradictorios en cuanto al efecto de esta dieta sobre el colesterol LDL. Se han visto tanto reducciones de los niveles de colesterol LDL11, 17 como aumentos.14, 15 De hecho, en un metaanálisis16 se observó que la dieta baja en grasas era más favorable para los niveles de LDL, provocando una reducción de los mismos. Además, aunque en algunas dietas aumenten los niveles de LDL, se ve un cambio en el volumen y tamaño de las partículas,9 descendiendo las de pequeño tamaño (más aterogénicas y asociadas a mayor riesgo cardiovascular) y aumentando las de gran tamaño.17 Asimismo, los casos en los que se observan aumentos en los niveles de LDL están mayormente compuestos por grasas saturadas.11 Otro ejemplo de esto es un estudio realizado en personas con diabetes comparando una dieta baja en HC con otra alta en ellos para comprobar el interés de la dieta cetogénica para esta patología. En este caso ambas dietas consiguieron reducciones comparables de LDL, que puede ser debido al cambio de carbohidratos por grasas insaturadas en la dieta baja en HC.7 Por tanto, es posible que aumentando la ingesta de grasas insaturadas se ayude a evitar este aumento de LDL. No son muchos los estudios en los que se ha evaluado la presión sanguínea, y los resultados obtenidos son bastante difusos. Se han visto tanto mejoras a largo plazo,17, 18 como disminuciones a corto plazo en la presión diastólica pero no diferencias en la sistólica,14 como mejoras más favorables únicamente en la presión sistólica en otros estudios.16 En relación al control glucémico, diversos estudios han evaluado el impacto de la dieta cetogénica en pacientes con diabetes. Aquellos que pasan a llevar una dieta baja en HC y alta en grasas pronto notan efectos tales como pérdida de peso, mejora en la sensibilidad a la insulina, menores fluctuaciones en los niveles de glucosa plasmática y niveles más bajos de glucosa e insulina plasmáticas en ayunas, reduciéndose indirectamente el riesgo de enfermedad cardiovascular.17, 20 Cuando se ha comparado una dieta baja en HC (alta en ácidos grasos insaturados (AGI) y baja en ácidos grasos saturados (AGS)) y otra alta en HC para el manejo de diabetes, se han encontrado mejores resultados cuando se administraba la dieta baja en HC, obteniéndose una mejor estabilidad de glucosa plasmática diurna y una mayor reducción en requerimientos de medicación antiglucémica, aunque los niveles de insulina fueron similares en ambos grupos. Los efectos fueron sostenidos durante más de un año, lo
6 cual indica la durabilidad de los resultados a largo plazo. Con esta información se podría deducir que la dieta baja en HC, alta en AGI y baja en AGS puede proporcionar la combinación óptima para la mejora del control glucémico y reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 (DM2).19 En general no se han reportado efectos adversos provocados por la dieta cetogénica, pero se han dado varios casos de desórdenes gastrointestinales, calambres musculares, halitosis, dolor de cabeza y astenia, entre otros.7, 19, 21 Aunque parece ser una estrategia efectiva para la pérdida de peso a corto plazo, se ha visto que no es así a largo plazo.20 Un metaanálisis que incluyó estudios realizados con intervenciones de 12 meses a 6 años, donde se comparaban dietas bajas en grasas con dietas altas en este macronutriente, no mostró diferencias significativas entre ambas.18 DIETA HIPERPROTEICA La dieta hiperproteica se basa en un aumento de la ingesta de alimentos ricos en proteínas, tales como carnes, huevos o lácteos de origen animal y frutos secos y legumbres de origen vegetal, con una reducción de los hidratos de carbono al igual que ocurre en la dieta cetogénica. La ingesta proteica se sitúa por encima de los valores recomendados, establecidos en 0,8 gramos por kilogramo de peso al día en adultos sanos.22 La proteína es el macronutriente más saciante, por lo que un aumento en la ingesta proteica tendrá un efecto saciante y podrá ayudar a controlar el hambre y a reducir la ingesta.23 La influencia de esta dieta en el apetito puede darse por medio de vías neuronales y hormonales. Los aminoácidos son capaces de aumentar la liberación de hormonas anorexígenas tales como CCK, GLP1, PYY y leptina, y de disminuir la concentración de ghrelina.24-26 Sin embargo, se ha visto que la respuesta específica de la ghrelina a macronutrientes sólo está presente en personas con normopeso, por lo que en personas con sobrepeso u obesidad no se inhibiría de la misma manera y podría indicar menor saciedad tras la ingesta. Por otro lado, la ingesta proteica también ha mostrado provocar un aumento en reposo de la concentración de insulina y de la hormona de crecimiento, ambas anabólicas, y reducir el cortisol (hormona catabólica).24 Asimismo, al igual que en el caso de la dieta cetogénica, es posible que la dieta hiperproteica promueva la gluconeogénesis
13 En estudios realizados con personas con DM2, siguiendo una dieta paleolítica con ingesta ad libitum (a voluntad) durante 12 semanas, se ha visto una disminución en la acumulación ectópica de grasa en el hígado asociada a una mejora en la sensibilidad a la insulina, y mejora del control glucémico.50 También es cierto que la dieta paleolítica posee una mayor cantidad de fibra que puede atenuar el aumento de glucosa postprandial llevando a mejoras en el control de la glucosa.45 En cuanto a efectos adversos, es la única estrategia que no los ha reportado en ninguno de los estudios analizados. AYUNO INTERMITENTE El ayuno intermitente consiste en un periodo de tiempo de unas horas en las cuales se restringe la ingesta de alimentos, ya sea total o parcialmente. Tiene la ventaja de poder combinarse con cualquier tipo de dieta que se esté realizando, y es fácil de seguir ya que no hay que tener en cuenta ni cantidades ni cualidades de los alimentos.51 Existen distintos tipos de ayuno: Ayuno de día alternado (ADA): consiste en la alternancia de días de ayuno sin consumo energético y días de ingesta energética ad libitum.52 Ayuno modificado en días alternados (AMDA): al igual que en el ADA se alternan días de ayuno y días de ingesta ad libitum pero en este caso está permitida la ingesta del 20-25% de energía diaria requerida en los días de ayuno.53 Ayuno 5:2: la semana se divide en 5 días con ingesta ad libitum y 2 días con restricción energética permitiéndose una ingesta del 20-25% del requerimiento energético en los días con restricción, al igual que en el AMDA.54 Ayuno de todo el día: se basa en uno o dos días a la semana de completa abstinencia o restricción calórica severa.53 Ayuno periódico: se trata de periodos de ayuno de 2 a 21 días.55 Tiempo restringido de alimentación (TRA): la ingesta energética ad libitum está restringida a una franja de tiempo de 8 a 10 horas como máximo todos los días de la semana.55 En todos los casos, durante las horas o días de ayuno, están permitidos ciertos alimentos y bebidas que no proporcionen energía tales como agua, café, té, infusiones, caldos de verduras…
14 Desde un punto de vista metabólico el ayuno está dividido en 3 fases56: 1. Fase postabsortiva: tiene lugar entre las 6 y 24 horas tras el comienzo del ayuno. El SNC y otros tejidos usan preferiblemente la glucosa producida por la descomposición del glucógeno. Además la lipolisis, cetogénesis y gluconeogénesis aumentan, y la glucogenolisis disminuye. 2. Fase gluconeogénica: se desarrolla del día 1 al día 10 tras el comienzo del ayuno. El catabolismo proteico es usado para proporcionar glucosa al SNC mientras que el resto de tejidos se alimentan de cetonas y lípidos. La lipólisis y cetogénesis aumentan y se estabilizan, comienza a disminuir la gluconeogénesis y no ocurre glucogenolisis. 3. Fase de conservación proteica: comienza tras 10 días de ayuno. Disminuye el catabolismo proteico al mínimo, los AG son usados ubicuamente y las cetonas son usadas como combustible del SNC. La lipólisis y la cetogénesis se mantienen estables mientras que la gluconeogénesis disminuye y más tarde se estabiliza, pero en menor medida que la cetogénesis. En pocas palabras, se produce un cambio en la utilización de sustratos, disminuyendo la dependencia por carbohidratos y aumentando los AG como fuente de combustible.53 El aumento de la lipolisis y, por tanto, el aumento de la movilización de AG, su utilización dentro de los adipocitos y la oxidación de tejidos, aumentan el GE.53 Sin embargo, un estudio con TRA no mostró aumentó del GE (o aumentó muy poco, por lo que no fue posible detectarlo), pero sí aumentó el efecto térmico de los alimentos.57 Durante el ayuno, ha resultado bastante común que la sensación de hambre se mantuviera estable o incluso disminuyera.58 En algunos casos se ha reportado hambre en las primeras semanas pero el síntoma mejoró con el tiempo.59 Por otro lado, varios estudios han evaluado cambios en los niveles de hormonas y péptidos que han podido influir en la sensación de hambre y saciedad. Se ha visto una significativa reducción de los niveles de leptina y aumento de ghrelina, es decir, aumento de saciedad; pero los niveles postprandiales de hambre no cambiaron en estos casos comparando con la sensación previa al tratamiento. Es posible que el aumento de ghrelina esté reflejando la normalización de hormonas relacionadas con la adiposidad ya que las personas con obesidad tienden a tener niveles más bajos, por lo que podría indicar que está volviendo el control del apetito de un sistema normopeso.60 Además se ha visto que se trata de una estrategia que no lleva al sobreconsumo compensatorio en días de no ayuno,55, 61 e incluso en diversos estudios se ha
15 reportado una ingesta menor de la recetada en días de no ayuno, resultando en una restricción energética adicional.62, 63 Del mismo modo, la sensación de saciedad ha podido aumentar la adherencia. En varios estudios se ha reportado buena adherencia a los distintos tipos de ayuno propuestos, y por lo tanto un alto cumplimiento con el programa llegando en algunos casos al 93-98%.59, 62-65 De hecho, en uno de ellos, el aumento de días de ayuno semanales no afectó a la adherencia.64 Todos los estudios analizados reportan pérdida de peso similar con diferentes estrategias de ayuno e independiente de la ingesta calórica. Además de ello, se ha mostrado disminución de grasa corporal y visceral y de la circunferencia de la cintura.53, 54, 58 Por otra parte, varios estudios han evaluado la fase de mantenimiento del peso tras la pérdida, y han mostrado efectividad, por tanto podría ser una estrategia útil para prevenir la recuperación del peso.64, 65 Sin embargo, en la mayoría de los estudios se observa que el ayuno produce una pérdida de peso y de grasa corporal y un mantenimiento del peso similar al obtenido con una restricción energética continuada.55, 59, 61, 66-68 Es posible que surja preocupación por la pérdida de masa magra debido a los periodos restrictivos. En algunos estudios se ha observado un aumento de la liberación de aminoácidos por parte del músculo pero en la mayoría de los casos en ayunos superiores a 60 horas. De la misma manera, la literatura científica muestra que el catabolismo proteico no comienza a aumentar hasta el tercer día de ayuno.53 Las distintas variantes de ayuno intermitente usadas comúnmente tienen un periodo de tiempo más corto por lo que no debería producirse este efecto. Por otro lado, varios estudios han mostrado que en personas con obesidad o sobrepeso las pérdidas de masa magra son equivalentes a las que se producen con restricción energética continuada.61 En cuanto a parámetros metabólicos, existe evidencia que apoya que no hay diferencias significativas en el perfil lipídico comparando el ayuno con la restricción energética continuada.59, 64 En muchos estudios se han visto pequeñas reducciones en los niveles de colesterol total, LDL y TG, pero los cambios generalmente son similares a los observados con la restricción continuada.61 Los niveles de HDL no sufren cambios en la mayoría de estudios,55 pero en algunos casos se ve un aumento significativo al comparar una ingesta de dieta equilibrada en los días de no ayuno con una ingesta ad libitum en esos días.59
16 La presión sanguínea, tanto sistólica como diastólica parece disminuir, pero no se ven diferencias significativas con otras estrategias.54, 59, 64 Respecto al control glucémico, se han observado pequeñas reducciones en glucosa e insulina en ayunas en muchos estudios, pero los cambios son generalmente similares a los observados con restricciones continuadas.55 En otros estudios se han obtenido mejoras en las concentraciones de insulina, siendo la reducción significativamente mejor que en la restricción continuada. Sin embargo, no muestran diferencias significativas en las concentraciones de glucosa plasmática.59, 64, 67 Por otro lado, no se han observado diferencias en la sensibilidad a la insulina entre el ayuno intermitente y la restricción continuada, aunque el ayuno de 24h tiende a inducir resistencia a la insulina transitoria, y un ayuno prolongado (> 48 h) induce resistencia a la insulina como mecanismo de protección, para que la glucosa esté disponible para el SNC.62 Estudios con personas con prediabetes o con DM2, siguiendo distintas estrategias de ayuno, han mostrado disminuciones en los niveles de glucosa e insulina en ayunas y mejoras en la sensibilidad a la insulina.58, 66 Aun no siendo algo común, participantes de diferentes estudios han reportado efectos adversos tales como dolor de cabeza, estreñimiento, falta de concentración, cambios de humor, falta de energía o sentimiento de frío.59, 64 Sin embargo, en otras personas se han visto mejoras en el estado de ánimo o aumento de autoconfianza,52 y pacientes con obesidad no desarrollaron patrones de atracón o comportamientos purgativos, y reportaron mejoras en la imagen corporal y menor depresión.58 Aunque en personas sanas no supone ningún riesgo, es una estrategia contraindicada para niños en etapa de crecimiento, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, personas que toman medicamentos en el caso de que no puedan tomarlos con el estómago vacío, y personas con tendencia a hipoglucemia.51
17 CONCLUSIONES Todas las estrategias analizadas muestran ser efectivas para la disminución del peso y de la masa grasa. Además, la dieta hiperproteica y el ayuno intermitente parecen ser favorables también para el mantenimiento del peso. Una de las razones más comunes del abandono de las dietas suele ser la falta de adherencia, ya que sin ésta el seguimiento suele hacerse muy difícil. El mayor nivel de saciedad reportado con todas estas estrategias podría hacer creer que es beneficioso para la adherencia, sin embargo, el ayuno es la única estrategia que demuestra una buena adherencia, mientras que, la dieta cetogénica y la paleolítica manifiestan falta de adherencia debido seguramente a la restricción de distintos grupos de alimentos. Por otro lado, las estrategias analizadas no son solamente efectivas para la pérdida de peso sino que tienen otros beneficios asociados. La dieta hiperproteica consigue una mejor conservación de masa muscular, interesante para la pérdida de peso ya que junto con la grasa corporal también suele disminuir el músculo. Todas las estrategias, excepto la dieta hiperproteica en la que los datos recopilados son bastante contradictorios, muestran una mejora del perfil lipídico que a su vez reduce el riesgo cardiovascular. Igualmente, en cuanto al control glucémico, en todos los casos se observan mejoras en los niveles de glucosa e insulina y en la sensibilidad a la insulina, pudiendo ser beneficiosas para el tratamiento de la prediabetes y/o la diabetes, sobre todo la dieta cetogénica, ya que muestra mejoras incluso durante más de un año. Teniendo en cuenta toda la información recogida, el ayuno intermitente parece ser la estrategia más efectiva ya que presenta prácticamente los mismos beneficios que el resto y además una mejor adherencia. Sin embargo, es muy difícil llegar a conclusiones claras ya que la ingesta en los días sin restricción o ayuno son muy variables entre estudios, en algunos la ingesta es ad libitum y en otros hay restricciones, se utilizan diferentes periodos de tiempo, las dietas pueden ser hipocalóricas, normocalóricas o hipercalóricas… En definitiva, cualquiera de estas estrategias parece ser efectiva y ninguna reporta grandes efectos adversos sobre la salud. En cualquier caso, si se está pensando en seguir una dieta de este tipo, se debería acudir a un profesional de la salud que pueda aconsejar en el ámbito de la nutrición y llevar un seguimiento del tratamiento, y en caso de tener alguna patología pedir la opinión médica para evitar posibles problemas que puedan surgir.
18 Por último, y personalmente, a pesar de tener evidencia suficiente que sustenta que todas son estrategias válidas tanto para la pérdida de peso como para la mejora de otros parámetros, no considero que sean opciones para un largo periodo de tiempo. Sin embargo, considero que sí son estrategias válidas cuando existe una previa educación nutricional y se quieren probar nuevas tácticas para la disminución de peso por un tiempo limitado. Si no existe esa educación previa, estas estrategias se tomaran como algo temporal para disminuir el peso y una vez conseguido el objetivo se volverá a los anteriores hábitos no saludables, recuperando el peso perdido con todo lo que ello lleva asociado.
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