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Desiertos, mares, islas: Geografías de intemperie como espacios de desaparición en contextos migratorios

Schindel, Estela

Abstract

In this essay disappearance is understood as the production of modes of existence that take place beyond the frames of social and civil inscription. It is thus a disjointment between the qualified life of a rights-holder and the sphere of mere survival, that means an exposed, vulnerable, bare life. This definition of disappearance bears an intimate connection with the border, which is an instance where the protection of a nation-state is being suspended more or less temporarily. The expansion of the border spatialities in the context of the policies of securitization of migration -which include the externalization of border control as well as dissuasive practices that push travelers to more dangerous routes- implies therefore an extension of the spaces where disappearance is possible. The production of such spaces is analyzed here in the case of the borders of the European Union. The analysis draws on concepts like mobility, drifting, and exposure, and focuses on the spatialities of islands, seas, and deserts. These emergent forms of disappearance are interpreted as the effect of strategies of un-protection and abandonment and in relation to emerging spatial configurations.; La desaparición se entiende aquí como la producción de modos de existencia por fuera de los marcos de inscripción sociales y civiles. Se trata de un desacople entre la vida cualificada y la esfera de la mera supervivencia: una vida expuesta, vulnerable, nuda. Esta definición revela una correspondencia íntima con la frontera, instancia en la que la protección de un estado es puesta en suspenso en forma más o menos temporal. La ampliación del espacio de las fronteras en el contexto de las políticas de securitización de la migración, que incluyen la externalización del control así como prácticas disuasorias que empujan a las personas en tránsito a rutas más peligrosas, implica también el ensanchamiento de aquellos espacios que hacen posible la desaparición. La producción de esos espacios se estudia aquí en el caso de las fronteras de la Unión Europea en torno a claves de lectura como movilidad, deriva e intemperie y a partir de las espacialidades de las islas, los mares y el desierto. Se interpretan estos nuevos modos de desaparición como operaciones que tienen lugar mayormente por efecto de estrategias de des-protección y abandono y se analizan las configuraciones del espacio emergentes.

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1 * Correspondencia a / Correspondence to: Estela Schindel. Viadrina Institut für Europastudien. Europa-Universität Viadrina. Große Scharrnstrasse 59. 15230 Frankfurt (Oder). – [email protected] – http://orcid.org/0000-0002-3226-2406. Cómo citar / How to cite: Schindel, Estela (2020). Desiertos, mares, islas: geografías de intemperie como espacios de desaparición en contextos migratorios. Papeles del CEIC, vol. 2020/1, papel 228, 1-16. (http://dx.doi.org/10.1387/pceic.20909). Recibido: junio, 2019; aceptado: diciembre, 2019. ISSN 1695-6494 / © 2020 UPV/EHU Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional Papeles del CEIC, 2020/1 http://dx.doi.org/10.1387/pceic.20909 ISSN 1695-6494 de s i e r t o s , m a r e s , i s l a s : g e o g r a f Í a s d e i n t e m P e r i e c o m o e s P a c i o s d e d e s a P a r i c i ó n e n c o n t e x t o s m i g r a t o r i o s 1 Deserts, Seas, Islands: Geographies of Disappearance in the Context of Migration Estela Schindel* Viadrina Institut für Europastudien (Alemania) Palabras clave Fronteras Desaparición Espacio Migración Unión Europea RESuMEN: La desaparición se entiende aquí como la producción de modos de existencia por fuera de los marcos de inscripción sociales y civiles. Se trata de un desacople entre la vida cualificada y la esfera de la mera supervivencia: una vida expuesta, vulnerable, nuda. Esta definición revela una correspondencia íntima con la frontera, instancia en la que la protección de un estado es puesta en suspenso en forma más o menos temporal. La ampliación del espacio de las fronteras en el contexto de las políticas de securitización de la migración, que incluyen la externalización del control así como prácticas disuasorias que empujan a las personas en tránsito a rutas más peligrosas, implica también el ensanchamiento de aquellos espacios que hacen posible la desaparición. La producción de esos espacios se estudia aquí en el caso de las fronteras de la Unión Europea en torno a claves de lectura como movilidad, deriva e intemperie y a partir de las espacialidades de las islas, los mares y el desierto. Se interpretan estos nuevos modos de desaparición como operaciones que tienen lugar mayormente por efecto de estrategias de des-protección y abandono y se analizan las configuraciones del espacio emergentes. Keywords Borders Disappearance Space Migration European Union AbstrAct: In this essay disappearance is understood as the production of modes of existence that take place beyond the frames of social and civil inscription. It is thus a disjointment between the qualified life of a rights-holder and the sphere of mere survival, that means an exposed, vulnerable, bare life. This definition of disappearance bears an intimate connection with the border, which is an instance where the protection of a nation-state is being suspended more or less temporarily. The expansion of the border spatialities in the context of the policies of securitization of migration —which include the externalization of border control as well as dissuasive practices that push travelers to more dangerous routes— implies therefore an extension of the spaces where disappearance is possible. The production of such spaces is analyzed here in the case of the borders of the European Union. The analysis draws on concepts like mobility, drifting, and exposure, and focuses on the spatialities of islands, seas, and deserts. These emergent forms of disappearance are interpreted as the effect of strategies of un-protection and abandonment and in relation to emerging spatial configurations. 1 Este trabajo es parte de una investigación más amplia acerca del régimen europeo de fronteras y contó con apoyo del Centro de Excelencia Bases Culturales de la Integración Social de la Universidad de Constanza en el marco de la iniciativa federal de excelencia (DFG), así como del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad Viadrina en Frankfurt (Oder). Este artículo fue escrito en el contexto del proyecto Desapariciones. Estudio en perspectiva transnacional de una categoría para gestionar, habitar y analizar la catástrofe social y la pérdida (CSO2015-66318-P) con sede en la Universidad del País Vasco y se nutrió de discusiones y encuentros mantenidos en ese marco. Agradezco a los participantes de esos talleres, así como a quienes evaluaron anónimamente el texto por sus lecturas y aportes. Estela Schindel 2 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-16 1. INtRODuCCIóN: ¿DóNDE COMIENzA LA FRONtERA? Entre 2013 y 2016, durante cuatro estadías en la zona de frontera marítima entre Grecia y Turquía, mantuve conversaciones con personas en tránsito en búsqueda de protección internacional23. Mis preguntas apuntaban sobre todo a entender las prácticas, las logísticas, los saberes, las materialidades mismas del cruce ilegalizado de la frontera de Europa: ¿Cómo había sido el paso de la costa turca a la isla griega? ¿Cuántas personas y en qué tipo de botes habían cruzado? ¿Cuántas horas llevó el trayecto? ¿Encontraron patrullas de la Guardia Costera Griega o de Frontex en el camino y, en ese caso, cómo actuaron? ¿Qué situaciones de riesgo atravesaron al cruzar? En su respuesta, sin embargo, mis entrevistados no se atenían de entrada a estas preguntas. Su relato, en cambio, empezaba mucho antes del último tramo, el cruce a territorio europeo a bordo de los botes inflables (que luego devendrían una suerte de icono global). Este arrancaba en las situaciones que habían vivido bajo persecución o exilio en Afganistán, Siria o Irán (adonde muchos afganos habían escapado), los crímenes o guerras padecidas, las muertes o desapariciones de familiares, y los motivos que los impulsaron a partir, o mejor dicho: que no les dejaron otra opción. Al final de ese largo itinerario, el cruce en bote desde Turquía era un eslabón más en una sucesión mayor de sufrimientos y despojos; una última anécdota, que no era siempre ni necesariamente lo más traumático que recordaban haber pasado en su tránsito. La narración incluía detalles del cruce a pie por desiertos y montañas en el trayecto de Irán a Turquía, travesías interminables en vehículos atestados sin ventilación, agua, ni comida, y hacinamiento en recintos abyectos en las escalas del camino, prácticamente secuestrados en manos de la red de «facilitadores»4. Las referencias en los relatos resultan reveladoras, por un lado, de la importancia de ampliar conceptualmente la noción de frontera, que —como los estudios críticos de migración y fronteras en Europa vienen señalando desde hace tiempo— lejos de ser la demarcación de una línea clara entre unidades geopolíticas estables, estalla y se amplía abarcando no sólo enormes extensiones de los así llamados «terceros países» (estados no miembros de la comunidad europea) sino también anchos espacios de des-protección física y civil5. Por otro lado, los testimonios llaman la atención sobre la necesidad de incluir y pensar más precisa2 Islas de Lesbos (2013, 2014), Chios, Samos (2015), Kos y Leros (2016) y localidades turcas de Ayvalik (2014) y Bodrum (2016) y alrededores. Allí conduje observaciones micro-sociológicas y entrevistas semi-estructuradas y recorrí puertos y parajes costeros. Para la sección sobre el desierto se recurre a material secundario, como producciones documentales e informes de ONG. 3 La designación «personas en tránsito en búsqueda de protección internacional» es la que mejor define la situación de mis entrevistados y de las personas en tránsito migratorio o en busca de protección internacional cuyas prácticas se analizan aquí. Escribiré indistintamente «migrantes», «refugiados», «viajeros» o «personas en tránsito» aun sabiendo que estas categorías amalgaman circunstancias que pueden ser muy diferentes entre sí. Las reúne, sí, el hecho de realizarse en condiciones ilegalizadas (es decir, tornadas ilegales por efecto de un régimen de visado, frontera y migración), así como de extrema precariedad. 4 Hay una multiplicidad de términos para referirse a las redes de servicios que ofrecen el pasaje clandestino a Europa o a Estados Unidos a cambio de dinero: traficantes, facilitadores, coyotes. También aquí los uso indistintamente, a pesar de no ser sinónimos. En la jerga de mis entrevistados en Grecia se los nombra como «agentes», una sugestiva alusión a los paralelos entre esta industria y la del turismo regular. 5 También estalla y se multiplica al interior de los espacios soberanos, como indica la parcial abolición del régimen Schengen desde 2015 en función de los movimientos de migrantes y refugiados al interior del espacio territorial europeo, como ocurrió en los alrededores de Calais (frontera Francia-Reino Unido) o Ventimiglia (frontera Italia-Francia) y como le ocurre a todo clandestino a la hora de un chequeo policial de papeles, donde quiera que esté. Estos espacios no se analizarán aquí pero es sugerente que, en apoyo a lo que se expone luego, muchos de ellos reciban en la jerga de los migrantes el nombre de «jungla». Desiertos, mares, islas: geografías de intemperie como espacios de desaparición en contextos migratorios http://dx.doi.org/10.1387/pceic.20909 3 mente el rol del espacio, de la exposición prolongada a la intemperie, y de la agencia de lo que llamaríamos factores «naturales» en la constelación de elementos que dan forma al régimen de fronteras. En lo que hace al espacio, indica que hay una producción de espacialidad que debe ser pensada, de acuerdo a las enseñanzas dejadas por el llamado «giro espacial» en las ciencias sociales, para des-naturalizar, re-historizar y re-politizar el espacio de frontera en tanto producción social y no como mero trasfondo u objeto de las políticas y prácticas migratorias. Por otra parte, la ampliación de las zonas de exposición a la intemperie, a causa de las políticas de securitización disuasorias, ensancha y prolonga asimismo lo que caracterizamos aquí como nuevos espacios de desaparición. Este trabajo explora entonces el rol del espacio en la emergencia de lo que consideramos podrían ser, siguiendo a Gabriel Gatti (2017, 2020), nuevos modos de desaparición. Espacios de desaparición son aquí aquellos en los que las personas en tránsito se encuentran en situación de des-protección civil así como de intemperie o precariedad extrema. 2. LA DESAPARICIóN EN CONtExtOS MIGRAtORIOS: LA DES-PROtECCIóN La desaparición se imbrica con los actuales movimientos migratorios de diversas formas, pero esta relación ha recibido hasta ahora poca atención. A la dificultad intrínseca de asir la desaparición se añade la falta de registros certeros sobre el número de muertes relacionadas con la frontera europea. Más complejo aún resulta entonces diferenciar aquellas muertes confirmadas e identificadas de los casos que se han llamado «muertes sin huella», «crímenes mudos» (Albahari, 2015: 114), muertes «invisibles» o «fuera de registro» (Weber y Pickering, 2011: 52); muertes que en definitiva tienen lugar porque los migrantes «mueren en lugares remotos (por ejemplo en el mar o en el desierto) o en lugares de encierro situados en los márgenes de la sociedad (como centros de detención), de modo que muchos de ellos «viajan clandestinamente, y mueren igual de clandestinamente» (Heller y Pécoud, 2018: 8)6. Por otra parte, y aunque no haya registros oficiales, el temor a desaparecer está muy presente para los migrantes que atraviesan el norte de África rumbo a Europa. El terror que produce la perspectiva de desaparecer, a diferencia de morir, se revela notoriamente en el trabajo etnográfico realizado en Ceuta por Carolina Kobelinsky (2017). Los informantes de Kobelinsky refieren en primer lugar que no tienen miedo a la muerte, que entra simplemente en el cálculo de posibilidades antes de emprender el viaje, sin embargo les aterra la posibilidad de que esa muerte no sea confirmada ni registrada, es decir, desaparecer. No es tanto la perspectiva de no ser adecuadamente enterrados lo que temen, dice la autora, sino de que sus parientes nunca sepan qué les sucedió: quedar en la zona fantasmal de incertidumbre y enigmas propios de la desaparición. Sin embargo, la zona de incertidumbre abierta por el carácter clandestino e invisible de las muertes ocurridas en contextos migratorios apenas ha sido estudiada desde la perspectiva del crimen de la desaparición o de la figura del desaparecido. En el campo del activismo, en cambio, esa conexión comienza a tomar cuerpo (Citroni, 2018; Duhaime y Thibault, 2018). En el terreno legal, familiares y juristas se han dado a la búsqueda de modos de reorientar los instrumentos y estrategias desarrollados en torno a la figura de la desaparición forzada para 6 Todas las referencias de fuentes en lengua inglesa son traducción de la autora. Estela Schindel 4 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-16 buscar verdad y justicia por sus seres queridos (WGEID, 2017). El interés aquí no obstante no radica en abordar la desaparición de migrantes en sus posibilidades jurídico-legales o en sus consecuencias forenses, simbólicas y afectivas, sino ante todo en términos de las configuraciones espaciales que la hacen posible. La desaparición es explorada aquí como un nuevo modo de violencia que, si bien se diferencia de la desaparición forzada de personas, mantiene algunos de sus rasgos y reproduce muchos de sus efectos desestabilizantes. Sigo aquí los trabajos exploratorios de Gatti (2017, 2020), para quien en contextos contemporáneos la desaparición se expande geográficamente y amplía conceptualmente. Incluye así aquellos modos de existencia por fuera del registro de los estados y en condiciones extremas que proliferan hoy. En esas formaciones desapa re ce do ras emergentes, la des-protección no remite tanto a la remoción de las garantías ciudadanas que definen a la desaparición forzada de personas, sino más bien a la superposición de abandonos que se suman a menudo a estados de vulnerabilidad civil previos. La des-protección implica así menos un cese abrupto de garantías que un estado de despojamiento múltiple y duradero. En este nuevo modo de la desaparición, el espacio se configura de modos notoriamente diferentes y con roles distintos a los que se verificaban en el caso de las desapariciones forzadas de opositores políticos en el cono sur de América Latina en la década de 19707. En este marco, el trabajo de abogados y expertos se realiza en la tensión entre una definición más o menos acotada de lo que significa «desaparición forzada» y, por otro lado, la evidencia empírica de que los modos en que los migrantes desaparecen se amplían, extienden y diversifican. Aunque para los juristas la exploración de las posibilidades de litigio están necesariamente atadas a la definición jurídica de desaparición, hay un elemento que abre una cuña tanto legal como conceptual para expandir su alcance y es precisamente la desprotección. La Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas incluye en la definición de este crimen el hecho de que la persona desaparecida es «sustraída de la protección de la ley»8. Este aspecto de producción de desprotección habilita no sólo la posibilidad de explorar vías para hacer a los estados responsables por esas desapariciones, sino que abre también el campo de observación de las dinámicas espaciales que hacen posible que las personas desaparezcan en ruta migratoria. El tránsito rumbo a Europa está cada vez más atravesado por lo que podemos definir como zonas de desprotección: espacios donde las responsabilidades y garantías de los estados cesan y las personas en camino se hallan expuestas a mayor exposición y vulnerabilidad. Esa desprotección es tanto jurídico-civil como material, puesto que ambos aspectos se entrelazan en la constitución de esos espacios desaparecedores. En la concepción hobbesiana del orden geopolítico, lo que queda por fuera de la protección de la soberanía estatal demarcada por las fronteras se construye como un espacio pre-político de brutalidad y miedo. Peter Nyers (2006) vincula esta zona de miedo pre-política con la construcción misma de la figura del refugiado según la regulación internacional del asilo y sus proyecciones simbólicas. La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados pone el 7 Para un desarrollo más detallado de los vínculos entre desaparición y migración, por un lado, y de la violencia espacial producida por el régimen fronterizo ver respectivamente: Schindel, 2019a y 2019b. 8 Disponible en: https://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/ConventionCED.aspx. Úlitma consulta: 17/01/2020. Desiertos, mares, islas: geografías de intemperie como espacios de desaparición en contextos migratorios http://dx.doi.org/10.1387/pceic.20909 5 miedo en el centro mismo de su definición al establecer los «temores fundados» a ser perseguido como elemento decisivo para la calificación al asilo9. El sistema internacional de estados soberanos produce así a los refugiados como sujetos «temerosos», arrojados a un ámbito exterior al espacio político: una operación que se refuerza según Nyers por la etimología inglesa que emparenta fear (miedo), far (lejano) y fare (viaje), ligando el temor con la experiencia de moverse entre espacios de seguridad y protección (Nyers, 2006: 52). El miedo resulta así sintomático de la condición exterior a la zona de seguridad, por fuera de la comunidad territorial que provee protección al individuo. El aspirante a refugio, el desplazado, el migrante sin papeles, habita pues una zona extra-estatal que es construida como un espacio pre-contractual. Sabemos, al menos desde los trabajos de Giorgio Agamben (1998), que tampoco en la ciudadanía hay garantías totales de protección puesto que la prerrogativa del poder soberano es, precisamente, excluirse de su propia ley y todo ciudadano es un potencial homo sacer. La ficción que funda el orden geopolítico liberal, sin embargo, asume que el interior de los estados nación es el ámbito de protección civil por excelencia y por fuera de él solo hay desguarnecimiento. Hannah Arendt (1998) expone la intimidad intrínseca que ata en su origen a los refugiados y a la institución del estado-nación. Pero para Arendt no es el sistema de estados nacionales tal como emergen en Europa luego de la disolución de los imperios multi-étnicos el que produce, como un resto que no encaja, las poblaciones desplazadas sino que ocurre más bien al revés: es la producción política de esos refugiados lo que permite, en primer lugar, que emerjan y se consoliden los estados nacionales étnicamente homogéneos. En cualquier caso, esas poblaciones declaradas como no pertenecientes a esa nueva unidad geopolítica se encuentran carentes de protección civil. Es el contexto en el que surgen y se institucionalizan crecientemente los regímenes internacionales de asilo y refugio. Y es también el modo en que se consolida la producción política y simbólica de los espacios que quedan fuera de la ciudadanía estatal como zonas de exposición, desprotección, miedo. Ese estado de naturaleza, asociado al salvajismo y la anarquía, es lo que, en la tradición de Hobbes, Locke y Rousseau, se encuentra tanto en los orígenes míticos y filosóficos del estado como en su —supuesta— exterioridad (Das y Poole, 2008: 24). Sin embargo, este es más bien su contracara y posibilidad permanente —un estado que puede ser suscitado políticamente en cualquier momento— tal como lo revelan las prácticas y espacialidades que se exploran aquí10. En ellas la desprotección civil y la exposición física a la intemperie convergen y se potencian entre sí. Lo que se observa es la emergencia de formas de existencia que se acercan a lo que conocemos como desaparición pero se configuran de un modo novedoso: no por acción, sino por omisión; no encerrando, sino abandonando en las afueras; no inmovilizando, sino forzando al desplazamiento continuo. 9 La convención considera con derecho a refugio a la persona que «debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él», (Convención sobre el Estatuto de los Refugiados 1950, Art. 1. A.2). Disponible en: http://www.acnur.org/t3/fileadmin/scripts/doc.php?file=t3/fileadmin/Documentos/BDL/2001/0005. Última consulta: 17/01/2020. 10 Que los habitantes de los campamentos temporales del monte Gurugu, Igumenitsa o Calais llamen a esos lugares la «jungla» no sería entonces una metáfora, sino una descripción literal de su orden «pre-político». Estela Schindel 6 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-16 3. LA FRONtERA COMO ESPACIO DE DESAPARICIóN Una comprensión westfaliana y weberiana del orden geopolítico indica que el territorio de una nación marca el límite dentro del cual un estado imparte, por partes iguales, violencia legítima y protección civil (Weber, 1980). En su genealogía del pasaporte, John Torpey (2000) agrega que el estado moderno y el sistema internacional de estados nación en el que se basa se han apropiado del monopolio no sólo sobre la «violencia legítima» sino también sobre la movilidad, puesto que controlan el paso internacional de fronteras. Ese monopolio ha privado a las personas de la libertad de movimiento a través de ciertos espacios y los ha vuelto dependientes de los estados para la autorización a hacerlo. La violencia constitutiva que yace en la fundación de todo estado nación se reencarna así en cada cruce de fronteras, toda vez que la autoridad soberana se reserva el derecho de dejar o no pasar al individuo. En cada paso fronterizo, el contrato de ciudadanía se suspende y anuda nuevamente. La frontera anula y reinstala el pacto que une al individuo con la autoridad estatal de modo tal que, momentáneamente, toda persona que cruza la frontera queda expuesta a la condición de abandono al poder soberano (Agamben, 1998). Por ello, el politólogo Mark Salter dice que la frontera es una cicatriz: el lugar de una sutura. La sutura es «el proceso de anudar el adentro y el afuera» y la cicatriz es la constancia de ese carácter performativo de las fronteras (Salter, 2012: 735). «Así como el sujeto que cruza la frontera se adhiere a una narrativa de pertenencia, del mismo modo el estado soberano incorpora al sujeto en tanto alguien que al cruzar la frontera puede ser tanto aceptado como rechazado, definiendo así qué poblaciones pueden moverse. (...) En ese momento de ruptura, el mundo de ciudadanos, estados e identidades debe entretejerse nuevamente.» (Ibídem: 740). Cuando los individuos pasan de un territorio soberano a otro a través de la frontera, la autoridad soberana se desprende de la responsabilidad de proteger: se trata de un momento de ruptura, en el que «la sutura de la soberanía queda expuesta» (ibídem: 735). En esos momentos de examinación, los sujetos performan su demanda de reconocimiento de derechos ante los agentes del soberano con el fin de «suturarse nuevamente en el tejido de la comunidad» (ibídem: 742). En esas instancias, «todos somos igualmente vulnerables al exilio, el sacrificio, a ser convertidos en homo sacer» (ibídem: 743). La referencia a Salter es útil para comprender hasta qué punto la frontera se imbrica íntimamente con la desaparición: es precisamente esa instancia de vulnerabilidad, de desprotección civil, de despojamiento y abandono, que se crea en cada paso de frontera, la que abre la posibilidad de la desaparición11. La desaparición no es sino la herida que se abre en la frontera y no llega a cerrarse, una herida sin sutura12. El individuo queda a merced, expuesto, no se reintegra a la comunidad. Por fuera de los puestos de control se abren los espacios de desaparición que se analizan aquí. Si la frontera, como se expuso antes, ya no se circunscribe a la línea, a la demarcación 11 También Veena Das caracteriza el puesto de control como un espacio «lleno de tensión» en el que «los supuestos acerca de la seguridad de la identidad y de los derechos pueden ser repentinamente y, a veces, violentamente negados» (Das y Poole, 2008: 25). 12 En el perímetro de los enclaves españoles de Ceuta y Melilla las heridas abiertas de la ciudadanía son, además, literales: cuando se montan sobre las vallas las temibles «cuchillas» o «concertinas», hay migrantes que mueren desangrados porque para ellos no ha habido una reinscripción que los reingrese a una instancia de protección que suture las lastimaduras. La doble herida queda expuesta (Schindel, 2018a). Desiertos, mares, islas: geografías de intemperie como espacios de desaparición en contextos migratorios http://dx.doi.org/10.1387/pceic.20909 7 física entre territorios o al cruce de un puesto de control, sino que se abre y se expande en anchos territorios geográficos, nos encontramos con que el espacio que hace posible o que propicia la desaparición se vuelve extenso, físicamente inabarcable13. Esa instancia que se suponía circunscripta geográficamente —el paso fronterizo— y momentánea —en el mejor de los casos la breve mirada que echa el guardia al pasaporte hasta que lo devuelve— se amplía en espacio y tiempo hasta abarcar millares de kilómetros cuadrados y meses o años de tránsito y deriva. Identificar allí las múltiples modalidades en que los individuos quedan expuestos a desaparecer es arduo, puesto que son muchas. Son, además, móviles: tienen lugar en la itinerancia y muestran rasgos que parecen opuestos a los que solía asociarse a los espacios de desaparición «originarios», como inmovilidad y encierro (Colombo, 2017). Lo que se explora aquí es el modo en que cierta producción del espacio propicia las condiciones para la desaparición; y lo hace, sobre todo, creando vastas extensiones de desprotección y deriva. 4. uSOS DE LA GEOGRAFíA y LA NAtuRALEzA COMO DISuASIóN La implementación del régimen de Schengen en la Unión Europea (1990) trajo consigo la abolición de los controles en las fronteras internas de la unión y el simultáneo endurecimiento del control en las fronteras «exteriores»14. Desde entonces, el perímetro geográfico de Europa se convirtió en escenario de confrontación entre las prácticas de securitización fronteriza y el tránsito indomable de refugiados y migrantes decididos a acceder a territorio europeo. Se convirtió también en campo de experimentación para tecnologías y políticas capaces de mantenerlos a distancia a través de estrategias de vigilancia y disuasión15. De ese modo, no solo la frontera en sentido estricto sino las rutas migratorias se convirtieron en objeto central de control. Como había demostrado ya la experiencia en el desierto entre Estados Unidos y México y se comprueba también en las aguas que rodean Australia, la securitización de las fronteras no disuade a migrantes y refugiados de su intento de cruzarlas, sino que, por el contrario, las torna más letales (Mountz, 2013; Weber y Pickering, 2011). Fue el caso de la llamada «Operación Guardian» implementada por EE.UU. en su frontera con México en la década de 1990 13 El caso de los aeropuertos abre también instancias de des-protección y des-aparición que merecen ser pensadas en su dimensión espacial. Se trata de espacios de excepción, sujetos a la discreción del personal policial a cargo, sin acceso a garantías o derechos, en zonas física y legalmente ambiguas y no exentas de paradojas en términos de inclusión (territorial) y exclusión (civil). 14 Ver: Convenio de aplicación del Acuerdo de Schengen de 14 de junio de 1985 entre los Gobiernos de los Estados de la Unión Económica Benelux, de la República Federal de Alemania y de la República Francesa relativo a la supresión gradual de los controles en las fronteras comunes. En: https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/ HTML/?uri=CELEX:42000A0922(02)&from=EN. Última consulta: 17/01/2020. 15 En el caso europeo, la introducción de estas políticas se mantuvo siempre en tensión con la aspiración de mantener, al menos en la forma, la adscripción a principios de igualitarismo y validez universal de los derechos humanos que hacen en los papeles a la definición e imagen de sí misma que quiere la institución europea comunitaria para sí. Más allá de la paradoja o contradicción inherente que se pueda interpretar entre este empeño y las prácticas con consecuencias letales en sus fronteras, es sugerente el contraste con la política anti-migratoria de un caso muy distinto de gestión de fronteras en el que, en cambio, los pruritos morales o la adscripción a valores humanitaristas parecen estar por completo ausentes: Australia. Pionero en la experimentación de impiadosas tecnologías geopolíticas de disuasión (como la «excisión» de ciertas islas analizada por Mountz, 2011, 2013), el estado australiano desconoce la paradójica imbricación de securitización y humanitarismo que varios autores señalan en el caso de Europa: simplemente, porque allí la razón humanitaria no es relevante. Estela Schindel 8 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-16 que incluyó, entre otras medidas, la construcción de un muro. Los migrantes se vieron forzados a buscar caminos alternativos a través del desierto, donde se veían expuestos a los elementos, como el calor y frío extremos, ríos peligrosos y ataques de animales salvajes o al propio colapso físico a causa del hambre, la sed o el cansancio (Nevins, 2002). También para los migrantes en tránsito hacia Europa la mayor causa de muertes relacionadas con la frontera se debe a la mayor exposición a las condiciones ambientales, como temperaturas extremas o mares peligrosos, el agotamiento físico, o una combinación de estos factores como deshidratación, asfixia, hipotermia o ahogo. Cuando las fronteras son objeto de vigilancia más intensa, los migrantes y sus redes de facilitadores buscan rutas más remotas, largas y por lo tanto peligrosas, lo que aumenta el riesgo de muerte o desaparición. Alison Mountz (2013) lo llamó «reducción de los espacios de refugio» y Sharon Pickering y Leanne Weber (2011) hablan de «estrategias del no arribo». Factores geográficos y topográficos se incluyen en las estrategias de control de fronteras y se convierten en agentes activos en la producción de muertes y desapariciones. Se trata de un modo de desplazamiento y externalización: ya no son fuerzas de seguridad, no son patrullas, las que detienen a los migrantes sino los elementos. Lo que para la mirada occidental pueden parecer espacios abiertos, sin límites, como desiertos o mares, devienen agentes activos en las prácticas y políticas de protección fronteriza. Las nociones fuertemente arraigadas en el imaginario occidental acerca de la naturaleza, que la separan tajantemente del ámbito de lo social/cultural asimilándola a un mero fondo inanimado, contribuyen a dar la impresión de que las desapariciones y muertes en estas zonas carecen de agente (Schindel, 2015, 2018b). Desiertos, mares e islas, así como la exposición a condiciones climáticas extremas y al desgaste fisiológico, forman parte de una política del aumento de riesgo: las personas en tránsito deben superar enormes distancias geográficas, obstáculos topográficos y la exposición prolongada a la intemperie. Las muertes y desapariciones que tienen lugar en este contexto ocurren sin autoría o responsabilidad estatal directa. La agencia es desplazada a las fuerzas de la «naturaleza» que la modernidad occidental construye como transhistórica y apolítica, pero en la práctica es parte de imbricaciones socio-político-culturales y, en este caso, forma parte del ensamblaje de vigilancia que sostiene los regímenes de frontera. La intemperie que resulta de ello es figurada y literal: se trata de la producción política de abandono a los elementos tanto como de desprotección civil. Las fuerzas ambientales o «naturales» entonces también tienen un rol en la producción de violencia desaparecedora en contextos migratorios. 4.1. Isla de los desnudos: la producción política de intemperie La zona fronteriza del Mar Egeo en torno a la isla de Lesbos había sido usada ya como ruta hacia el exilio en los años que siguieron al golpe militar en Turquía. Más recientemente, fue empleada por refugiados kurdos y luego por afganos, sirios, iraquíes y africanos en su tránsito hacia Europa. La proximidad de los dos continentes en esta región y la topografía de la costa turca de Ayvalik, con numerosas bahías aisladas, la hacen una zona propicia para la partida de los botes. El cruce entre las dos costas en ferry o catamarán lleva un máximo de una hora y media. Las personas en tránsito entrevistadas en Grecia, sin embargo, habían pasado no menos de tres o cuatro horas, a menudo el doble de tiempo y hasta doce horas en el agua intentando llegar a la isla griega. El mal estado de los botes, el clima, y sobre todo las maniobras Desiertos, mares, islas: geografías de intemperie como espacios de desaparición en contextos migratorios http://dx.doi.org/10.1387/pceic.20909 9 para evadir los barcos de patrulla tornan el tránsito lento y riesgoso. La travesía se convierte, entre otras cosas, en un pasaje a los modos más prosaicos de exposición a los elementos. Allí, el estado de naturaleza se presenta a los viajeros muy pronto en forma literal. En la zona hay veintidós islas que pertenecen a Turquía, la mayoría pequeñas y deshabitadas. Personas de ambas costas refieren casos de traficantes, o tal vez patrullas, que abandonan a los refugiados allí. Los pescadores turcos dicen verlos a veces en sus botes inflables superpoblados, desorientados en la madrugada preguntando en qué dirección es Grecia, o corriendo desesperados alrededor de esas islas desiertas. Cuentan historias extremas de supervivencia en la intemperie, de personas quemando el pasto de las islas para pedir socorro, de una madre lactante que alimentó con su leche a todo el grupo. Un refugiado afgano cuyo grupo fue rechazado violentamente hacia Turquía contó haber pasado dos días en un paraje costero durmiendo sobre el piso mojado, comiendo frutos de un árbol silvestre, indigestándose. Se trata de escenas regresivas que parecen tomadas de lo que la modernidad occidental construye como un mundo pre-civilizatorio, pre-tecnológico, pre-contractual. Los islotes llevan nombres como Isla de las Flores, Isla del Sol, Isla de los Desnudos. También sus nombres evocan el desguarnecimiento y la continuidad con la naturaleza a la que son arrojados los viajeros. La creación política de tales existencias degradadas a la mera subsistencia biológica, más allá del umbral de animalización, no puede sino asimilarse a lo que Agamben (1998) define como la operación política de separación entre una vida puramente animal (zoe) y la vida cualificada del ciudadano (bios). La zona de indiferenciación entre ambas que este autor llama nuda vida, sin embargo, no es aquí un abandono al poder absoluto del soberano sino una exposición a los elementos y a la crudeza de los procesos fisiológicos; es «naturaleza» movilizada o producida políticamente al modo en que enseñara a leerla Michel Foucault. Si para Agamben la estructura jurídico-política más nítida donde tiene lugar la relación biopolítica entre el soberano y la nuda vida es el campo de concentración, el material recogido en el terreno muestra hoy cómo esta relación se manifiesta también en relación a las fronteras y la movilidad (Schindel, 2015; Salter, 2008; Vaughan-William, 2009, 2012). La producción de intemperie es simultánea y convergente con la de espacios de des-protección jurídica: Mountz llamó a esa operación «reducción de los espacios de asilo». Mountz y Hyndman (2008) hablan de «neo-refoulement»: una serie de proyectos geográficos destinados a obstaculizar el derecho al asilo, por ejemplo, retornando a los migrantes en tránsito a sus países o regiones de origen antes de que puedan llegar a interponer su solicitud. Se trata de una operación, afirman, de re-espacialización deliberada del asilo. No es coincidencia que estas estrategias tengan lugar y hayan sido pensadas sobre todo en relación a islas: su posición desprendida del continente las convierte en espacios geográficos óptimos para la experimentación geopolítica de nuevas estrategias de disuasión y abandono16. Mountz (2011) caracteriza a las islas como «sitios clave» para la gestión migratoria así como para inhibir y erosionar el acceso a derechos de migrantes y peticionantes de asilo por más que jurídicamente estén ya en el territorio soberano de un país. Se trata de poblaciones liminales, capturadas en un estado intermedio, en el cual no terminan de arribar y no llegan por tanto a con16 Esta estrategia resuena en la política de «Hotspots» introducida por la UE en 2015, que crea asimismo espacios liminales en términos de derecho al asilo. Los llamados «Hotspots» se encuentran casi todos en islas (cinco en las islas griegas más cercanas a Turquía, mientras que cuatro de los cinco ubicados en territorio italiano están en Sicilia y Lampedusa). Ver: http://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/BRIE/2018/623563/EPRS_ BRI(2018)623563_EN.pdf. Última consulta: 17/01/2020. Estela Schindel 16 Papeles del CEIC, 2020/1, 1-16 Schindel, E. (2019a). Deaths and Disappearances in Migration to Europe: Exploring the Uses of a Transnationalized Category. American Behavioral Scientist, first published online, October 21, 2019. https://doi.org/10.1177/0002764219883003 Schindel, E. (2019b). Death by ‘nature’. The European border regime and the spatial production of slow violence. Environment and Planning C: Politics and Space, first published online, November 10, 2019. https://doi.org/10.1177/2399654419884948 Sundberg, J. (2011). Diabolic caminos in the desert and cat fights on the río: A posthumanist political ecology of boundary enforcement in the United States-Mexico Borderlands. Annals of the Association of American Geographers, 101(2), 318-336. Torpey, J. (2000). The invention of the passport. Surveillance, Citizenship and the State. Cambridge: Cambridge University Press. Vaughan-Williams, N. (2009). The generalized bio-political border? Re-conceptualising the limits of sovereign power. Review of International Studies, 35, 729-749. Vaughan-Williams, N. (2012). Border Politics. The Limits of Sovereign Power. Edinburgh: Edinburgh University Press. Virilio, P. (2006). Velocidad y política. Buenos Aires: La Marca. Walters, W. (2015). Migration, vehicles, and politics: Three theses on viapolitics. European Journal of Social Theory, 18(4), 469-488. Weber, L., y Pickering, S. (2011). Globalization and Borders. Death at the Global Frontier. Basingstoke: Palgrave Macmillan. Weber, M. (1980). La política como vocación. En El político y el científico (pp. 7-60). México DF: Premia. WGEID. (2017). Report of the Working Group on Enforced or Involuntary Disappearances on enforced disappearances in the context of migration, UN Office of the High Commissioner for Human Rights, Geneve, 28 July 2017 (A/HRC/36/39/Add.2).