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El Imperio de la democracia en América. John L. O'Sullivan y la formación del concepto de Destino Manifiesto

Reguera Mateo, Marcos

Abstract

741 p.

Full text

Why , w here other r e asoning w anti ng, i n favor of n o w elevating this question of the r e c e pti o n o f T e xas i nto th e U ni o n , out o f th e lo we r r e gi o n o f o ur pas t p ar t y d i ss e ns i o n s , up t o i ts pr o pe r l e v e l of a high and br o a d n ati o nal i ty , i t s u r e ly is to be f o un d , f o und abun d an tl y , i n the man n e r i n w h i c h o th e r n ati o n s hav e und e r ta k e n to i ntr ud e th e m s e l v e s i n to i t , betw e e n us a nd th e pr o p e r par ti e s t o the case , i n a s p i r i t o f h o s ti l e i n te r f e r enc e agai ns t u s , f o r t h e a v o w e d o bje ct of thw a r ti ng o ur po l i c y and h a m p e r i ng ou r power, li m i ti ng our greatness and checking the f ulfillment o f our manifest destiny to overspr ead the continent allotted by P rov i de nce for th e fre e d e v elopm e nt of ou r yearly m u l tiplying millions El imperio de la de m ocra ci a e n América John L. O’Sull ivan y l a form ac ión del concepto de Destino Manifiest o Auto r Marcos Regu era Mateo Supe rvisores Pablo Sánchez Leó n Javier Ferná ndez S ebastiá n 2019 (cc)2019 MARCOS REGUERA MATEO (cc by-nc-nd 4.0) ! Dedic ado a mi s pad res, Jua n Car los y E lena : Q uienes con todo su amor y esfue rzo han contrib uido a que yo sea quien soy , y ayud á ndome a alcanzar de esta ma nera m i meta con tesón, rigor y pasión por el saber. Graci as por t odo lo que me q ueréi s y po r l o q ue habéi s h echo por mí . Gr aci as p or inculca rme el a mor po r la lectura y a ser crític o con el m undo. Os qu iero much o. AGRADECIMIENTOS: ODISEA Y PEREGRINAJE DE UNA INVESTIGACIÓN Reflexión inicial En una época dominada por el darwinismo académico, en la que todo acto intelectual se convierte en una acción calculada para el avance curricular, y en donde por lo tanto rige un maltusianismo bibliográfico al grito de “publica o perece”, en este contexto decidí retirarme a los bosques, y mi Walden Pond fue escribir esta tesis doctoral. Escribí esta tesis porque deseaba pensar deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de mi investigación, y ver si podía aprender aquello que e sta t uviera que enseñar me . Quería pensar profundamente, y desechar todo aquello que fuera producto de un superfluo c álculo curricular. Pues no quería darme cuenta, en el momento de tener que dejar la academia, de que en la búsqueda ciega por mejorar mi currículum, nada había aprendido. 1 Sobre esta investigación: mis motivos, evolución y las personas que la hicieron posible Esta tesis doctoral ha sido posible gracias al apoyo, al afecto y a las enseñanzas de muchas personas. El día que me presente en el estrado a defender el producto de muchos años de trabajo estaré solo. Pero conmigo habrá mucha gente. Algunas personas estarán sentadas entre el público, otras no habrán podido venir. Sin embargo, todas se encontrarán presentes durante el acto, pues todas me acompañaron durante los ocho años y nueve meses en los que desarrollé esta investigación. Es importante reconocer la inmensa suerte que ha supuesto para mí su compañía, pues el trabajo de investigación es por su naturaleza solitario, pero yo nunca me he sentido aislado o solo. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 1 Este párraf o está tomado y adapt ado del evocador extracto d e l a n o v e l a Wald en : “ I went to the w oods because I wished to li ve deli berately, to fron t on ly th e es sential facts of life, and see if I could not learn what it had to teac h, and not, when I came to die, disc over tha t I had not liv ed. ” Henry D. Thor eau , Wald en; or Li fe i n the Woods ( B oston : Ticknor and Fields, 1 854 ), p. 3. Quiero comenzar agradeciendo de todo corazón a mis dos directores todo lo que han hecho por mí durante el tiempo en que supervisaron mi tesis doctoral. Para mí ha sido una inmensa suerte y privilegio haber tenido la oportunidad de aprender de ellos, así como de beneficiarme de todos sus consejos y enseñanzas. Puede parecer un tópico comenzar los agradecimientos hablando de los directores de l a tesis. Sin embargo, no se debe subestimar la s uerte de acabar investigando bajo la guía de dos personas generosas tanto desde un punto de vista intelectual como profesionalmente. Por lo general se suele presuponer la generosidad en el proceso de dirección de la tesis (como el valor en la mili), pero por desgracia abundan los casos en los que esta relación se encuentra marcada por la indiferencia hacia el trabajo del doctorado, y en unos pocos casos incluso por el abuso como relación de la asimetría de poder entre ambas partes. Por este motivo creo que es importante reconocer la generosidad intelectual y personal de mis dos directores. Porque no es algo que pueda darse por hecho y yo he tenido la inmensa suerte de aprender con ellos sin imposiciones, indiferencia o abusos. Fue por casualidad que me encontré con Pablo Sánchez León en agosto del 2013 en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Pablo había sido profesor mío en la carrera de ciencias políticas años atrás, y fue la primera persona a la que le conté mis planes de hacer una tesis doctoral, no porque pretendiera en ese momento que fuera mi director, sino por la confianza personal e intelectual que tengo con él. Cuando nos reencontramos en 2013 me acababan de denegar una FPU, era la séptima beca que me negaban en año y medio, así como la última oportunidad que tenía para solicitarla legalmente. En ese momento esta investigación contaba con tres años y medio de recorrido, y pensaba que había llegado a su fin. Pero eso cambió cuando Pablo me contó que se encontraba en un proyecto de investigación radicado en Bilbao y dirigido por Javier Fernández S ebastián. Me animó a no arrojar la toalla y a pedir un contrato FPI con ellos. Esta tesis podría haber sufrido un abrupto final en 2013, víctima de la crisis y de los recortes en educación y ciencia. Pero por fortuna me concedieron el contrato predoctoral FPI BES-2014-067992, y durante los cuatro años siguientes pude terminar la investigación que había comenzado años atrás. Es por este motivo que no se puede ignorar la necesidad del compromiso público con la inversión en educación, investigación y ciencia, pues sin esta inversión fundamental no solo se trunca el futuro profesional de miles de jóvenes que tienen mucho que aportar a nuestro sistema de educación y ciencia, sino que además pierde el conjunto de la sociedad al descapitalizarse en su futuro académico e intelectual. Durante los cinco años en los que Pablo ha sido mi director de tesis he tenido la inmensa suerte de aprender de un gran profesional caracterizado por el compromiso en todos los ámbitos en los que una persona puede comprometerse: compromiso profesional con una investigación histórica que se caracteriza por el rigor académico y su carácter crítico con las convenciones historiográficas y sociales, del pasado, del presente y mirando al futuro. Esto conlleva en P ablo un inmenso compromiso público porque su trabajo sea de gran utilidad para todas aquellas personas y movimientos que intentan luchar por una sociedad más justa e igualitaria, y es para mí un honor aprender de este compromiso que no por ello claudica en su rigor. Muchas gracias Pablo, por todo lo que me has enseñado, por todo lo que me has exigido, no permitiéndome caer nunca en la complacencia y obligándome a desafiar con sus preguntas las convenciones sobre las que se asentaba mi investigación. Javier Fernández Sebastián ha sido también un director cuya contribución ha sido fundamental para el buen desarrollo de esta investigación. Él ejerció de director de manera simultánea a Pablo mucho antes de que por razones burocráticas tuviera que asumir este papel oficialmente. Esto a mi juicio demuestra con creces su compromiso y generosidad con este trabajo, pues aunque no tuviera la obligación de ayudarme, siempre siguió con mucho interés mi progreso ofreciéndome valiosos consejos de carácter teórico y bibliográfico. Muy pocas personas hubieran podido enseñarme todo lo que he aprendido sobre historia conceptual, pues Javier siempre tuvo la puerta de su despacho abierta para escuchar y examinar cualquier elucubración teórica que hubiera dibujado en mi pizarra o en alguno de mis cuadernos. Con él he aprendido mucho y he crecido intelectualmente, y siempre le estaré muy agradecido por haberme dado la oportunidad de trabajar en su proyecto de investigación. Durante los cinco años en los que he desarrollado mi investigación en Bilbao he tenido la inmensa suerte de estar acompañado por un equipo de profesores e investigadores del más alto nivel. Ya fuera en el departamento de Derecho constitucional e historia del pensam iento político y de los movimientos sociales y políticos , en el grupo de investigación sobre “Historia intelectual de la política moderna”, en la red Iberconceptos , o en el proyecto de investigación sobre “Historia conceptual, constitucionalismo y modernidad en España, en Europa y en el mundo iberoamericano. Una aproximación pluridisciplinar” en el que se inscribió por primera vez mi tesis, así como en su proyecto sucesor “Aproximación interdisciplinar a los lenguajes jurídico-políticos de la modernidad euroamericana. Dimensiones espacio- temporales.” En todos estos contextos he tenido la oportunidad de conocer gente muy valiosa y comprometida con su trabajo que han sabido trasmitirme su rigor y pasión por lo que hacen. Quiero dedicar unas palabras especiales a las personas que han sido más cercanas en mí día a día en el campus de Leioa de la UPV. En primer lugar mi más sincero agradecimiento para Luís Fernández Torres, cuya carrera investigadora estoy seguro de haber hundido con mis constantes preguntas, comentarios y distracciones en el despacho. Luís es una persona auténtica y genuina, y de manera informal me ha ofrecido reflexiones y comentarios muy valiosos durante estos años. También quiero expresar mi agradecimi ento a Alain Santos Fuentes que ha sido un compañero infatigable de doctorado cuya compañía y apoyo ha sido de gran ayuda en este errand into the wilderness que fue por mucho tiempo mi trabajo en Bilbao. Otro compañero al que le guardo un gran afecto y agradecimiento es Carmelo Moreno del Río, una persona querida en todas partes por su carácter afable y sus finas disquisiciones en teoría política y del humor. Carmelo es además una de las pocas personas que conozco capaz de manejar con maestría una regresión estadística y un texto sobre Hume, lo que tiene su mérito. Aunque llegó en los últimos años, David Beorlegui ha sido otro infatigable compañero de batallas académicas, de quien he podido aprender mucho de cuestiones sobre las que previamente no me preguntaba como la incidencia de los afectos en la política y en la historia, y he podido compartir reflexiones acerca de cuestiones sobre las que he reflexionado mucho, como el papel de la memoria en la historia. Su perseverancia académica a pesar de las dificultades y su compromiso con las causas sociales son para mí una fuente de inspiración. Finalmente me gustaría reconocer la contribución y afecto del profesor Javier Tajadura Tejada, que no solo es una persona de un inmenso valor, sino que además he podido compartir y aprender con é l sobre el proceloso mundo del derecho constitucional. Como comenté al inicio de mis agradecimientos, esta investigación no comenzó cuando inicié oficialmente mi programa de doctorado en la UPV en otoño del 2014. Los orígenes de mi investigación se remontan a enero del 2011. Me encontraba en cuarto de ciencias políticas y ya estaba harto de la licenciatura, por lo que decidí comenzar de manera autónoma mi tesis doctoral antes que esperar los años que aún me quedaban para el doctorado, decidiendo en ese momento que haría una tesis sobre el Destino Manifiesto . En verano del 2011 el CSIC me otorgó una beca de introducción de investigación (JAE Intro) y durante dos meses tuve la oportunidad de trabajar bajo la supervisión de la historiadora Elena María García Guerra, quién me enseñó a trabajar en archivo y compartió conmigo muchas de las claves de su oficio que por mi educación en ciencias sociales no había tenido la oportunidad de integrar. Durante el curso académico 2011-2012 se me otorgó una beca Erasmus que disfruté en la Universidad de Bergen. Allí tuve la inmensa suerte de conocer al teólogo y teórico de las religiones Håkan Ryvding, quien dirigió mis primeros estudios sobre la religión civil americana y con quien pude dialogar de manera profunda sobre cuestiones teológicas que serían importantes en futuros desarrollos de mi tesis. De 2012 a 2013 me formé en el magnífico máster en Filosofía de la historia: democracia y orden mundial en el que tuve la inmensa suerte de conocer a muchos profesores que me aportaron un backgound en filosofía del que carecía hasta el momento. Entre todos ellos me gustaría destacar la inmensa contribución de Carmen de la Guardia Herrero y Félix Duque Pajuelo. Carmen fue la directora del mi trabajo de fin de máster, que contuvo el germen de la tesis doctoral tal y como la desarrollé posteriormente. Fue asimismo mi primera directora de tesis cuando comencé a realizarla en la U niversidad Autónoma de Madrid. Fue ella quien me animó a continuar indagando en la figura de O’Sullivan, haciéndome ver que aún quedaba mucho por decir sobre la contribución de este autor a la formación del Destino Manifiesto . A ella también le debo ser consciente de las especificidades de la historiografía estadounidense y una buena parte de la inspiración para la tesis la tomé de su asignatura “La corrupción de la virtud: de las repúblicas a los imperios”. Félix Duque ha sido otro de los profesores que han influido de manera decisiva en mi tesis. Como director del tribunal de mi TFM, hizo valiosos comentarios para mejorar mi trabajo, y sus recomendaciones bibliográficas sobre la teoría política del romanticismo fueron fundamentales para que descubriera la existencia de la teoría organicista en el romanticismo, clave que ha sido para mí fundamental a la hora de descubrir la importancia de la doctrina maltusiana en la conformación del concepto de Destino Manifiesto . Durante sus clases tuve la oportunidad de aprender muchísimo sobre Hegel, y a él le debo mi trabajo de comprensión sobre la filosofía de la historia. Durante el transcurso de mi contrato predoctoral tuve la oportunidad de realizar dos estancias de investigación cuya realización debo agradecer al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. La primera transcurrió desde abril a julio del 2016 en la Universidad de Columbia (Nueva York), bajo la valiosísima dirección del profesor Anders Stephanson, quien tuvo la generosidad de compartir conmigo todas sus notas de investigación que fundamentaron su estudio sobre el Destino Manifiesto . Quiero expresar aquí mi más profundo agradecimiento por este acto altruista que no estaba obligado a hacer, y por la profesionalidad con la que condujo su dirección de estancia. Mi segunda estancia aconteció en el otoño del año 2017 (septiembre a diciembre), y me resulta imposible exagerar la importancia de la misma, pues fue en este periodo cuando descubrí la clave que explicaría el conjunto de mi tesis doctoral. Quiero agradecer sinceramente al profesor Martin J. Burke que me acogiera en el Graduate Center de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. El profesor Burke fue la primera persona en escuchar mi descubrimiento sobre la centralidad de la doctrina maltusiana para la conformación del concepto de Destino Manifiesto , y sus grandes conocimientos en historia conceptual y en la historia de los Estados Unidos fueron de gran ayuda en este periodo. La labor del historiador sería imposible al margen de las bibliotecas y archivos. Quiero expresar mi más profundo agradecimiento por la ayuda que he recibido por parte de las bibliotecarias y bibliotecarios de la biblioteca de la facultad de Ciencias Políticas y Sociología (UCM), de la biblioteca Tomas y Navarro (CSIC-CCHS), de las bibliotecas de Humanidades y Ciencias Socia les ( UiB), de la biblioteca de humanidades (UAM), de la biblioteca de la Universidad del País Vasco (campus Leioa), de la biblioteca Butler de Columbia, de la biblioteca del Graduate Center (CUNY), del archivo histórico de la Biblioteca Pública de la Ciudad de Nueva York, del archivo de la Sociedad Histórica de la Ciudad de Nueva York, del archivo de la Sociedad Histórica de Filadelfia, del archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (edificio Madison), del archivo de los National Archives y finalmente, un agradecimiento especial a la asistencia que me proveyó el personal de la sala de investigadores de la Biblioteca de la Diputación Foral de Vizcaya en donde acometí el proceso de redacción de esta tesis. Finalmente quiero agradecer a todas las personas que conforman mi tribunal que hayan hecho el esfuerzo de leer esta tesis, de cuadrar sus agendas para asistir a la defensa de la misma, y por todas sus valiosísimas contribuciones que, estoy seguro, me ayudarán a mejorar aún más el contenido de este trabajo. 5 Introduction The empire of democracy in America and the Tocquevillian premonition . This thesis begins with a confession. The confession is to a theft. The title of my thesis is taken from Tocqueville, who in his day considered it for his book Democracy in America (1835/1840). It is a relatively unknown fact that the title of the work that made Tocqueville famous underwent several changes en route to the definitive version. The first title that he announced for his work was in 1833: “American institutions and customs”. At that point the book was going to be written along with a travelling companion on a trip to North America, Gustave de Beaumont, Tocqueville’s task being to write a section on the institutions of the new democratic republic, while his friend would write about social customs in the new republic. In the end the project did not come to fruition, and Tocqueville decided to publish on his own a book about democratic society and its institutions, while Beaumont eventually published a novel entitled Marie, or slavery in the United States (1840), which used a literary artifice to condense his impressions of American society and the problem of slavery. 1 Given that the original book by two authors was no longer going to be written, in 1834 Tocqueville presented to his editor Charles de Gosselin with a new title for his work. It would now be called The Empire of Democracy in the United States . The title hinted at the notion of empire of law , Tocqueville’s debt to Montesquieu. The expression empire of democracy as a replacement for empire of law was a trope with which Tocqueville sought to address one of his great political-theoretical concerns, democracy as a threat to the nascent liberal order as the tyranny of the majority, an issue he did not resolve until his work The Old Regime and the Revolution (1848) . 2 Taking stock of the French Revolution, Tocqueville caught a glimpse of the fact that in the heat of the revolutionary cycles a historical change was taking place, simultaneous with the coronation of the liberal order, which threated to overshadow the !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 1 Eduardo Nolla, “Int roducc ión” to Democracy in Amer ica , by Alexis de Tocqueville (Madrid: Editor ial Trott a, 2010), pp.48 - 49, 58 - 65. 2 Ibid., pp.63 - 64. The origina l tit le in French was : “L’em pire de la dém ocratie au x États - Unis”. Dali borF riou x, “P rése ntat ion” i n De la démocr ati e en Amér ique , by Ale xis de To cque vil le (Ros ny Ced ex: Bréal , 2002 ), p. 13. My th ank s to Javier FernándezS ebastián for helping m e to find the referenc e in French . 6 latter with the advent of the people as political subject and with democracy as the political model that best represented their aspirations of government. The liberal philosopher believed that he saw in the North American republic the future of Europe, both in its form of government and social model. This was a prospect that was a source of great concern for him, in his words, the trend in Christian nations towards a generalised degree of greater equality was what was leading them towards democracy, and this triggered in him “a kind of religious dread produced in the author’s mind by the contemplation of so irresistible a revolution, which has advanced for centuries in spite of such amazing obstacles, and which is still proceeding in the midst of the ruins it has made”. 3 For this reason, in 1831 Tocqueville spent several months travelling around the United States with his friend Beaumont under the pretext of studying the prison system. He returned with an ambivalent reflection upon the American experiment , not as gloomy perhaps as he had imagined in his initial preconceptions, but still highly critical of wheat he had encountered during his travels. Perhaps these doubts vis -à-vis the phenomenon of democracy played a part in his hesitation with regard to the final title of his work. It was not until the moment of the page proofs that G osselin asked him for the definitive title of the book, which was when Tocqueville opted for a f ar more restrained and concise alternative than the versions he had previously contemplated. In their place he chose “ Democracy in America ”, which in spite of its general nature would forever be associated with the name of Tocqueville. 4 The unused title, however, ref lected in its formulation a thought-provoking ambiguity vis-à-vis the U.S. democratic process. In Tocqueville this took the form of misgivings with regard to the potential defects of democratic culture, given the danger of the possibility of the empire of democracy becoming the tyranny of the majority. But in the United States of the period immediately after Tocqueville and Beaumont’s trip democracy was developing within another type of ambivalence linked to the notion of empire, not as government of a principle, but as one power’s domination of other peoples and subjects. 5 For this reason I decided to take the original title of Tocqueville’s work to develop an idea with this author ends the conclusions of the first book of Democracy in !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 3 Alexis de Tocqu eville, Democra cy i n A meric a, (Madrid : Editorial Trotta, 2010), p. 12 4. 4 Noll a, “I ntroducción ” , pp. 48 - 51. “De la démocratie en Amérique” in t he original French vers ion. 5 Noll a, “I ntroducci ón ” , pp. 36 - 38; A lexis de Tocqueville, La democracia en Am éri ca ( M a d r i d : T r o t t a , 2010), pp. 92 - 94. 7 America . This idea refers to the phenomenon of expansion is unde rstood as a providential mission, and was formulated by Tocqueville as a prediction that eventually came true, defining the development and the national identity of the United States in decisive fashion. This fact I have called, inspired by Pocock, the Tocquevillian premonition ; s ince if the Machiavelllian moment is the time when the republic should overcome adversity, resolving the contradiction between civic virtue and reasons of state (personified in virtù ), the Tocquevillian premonition is oriented towards the moment when United States democracy had to tackle the totalising elements of its majoritarian vocation, which on an international level were expressed in an expansionist drive, and which transformed the United States from a postcolonial republic into a continental empire, and later a global superpower. 6 An initial outline of this Tocquevillian premonition is to be found in the introduction to Democracy in America , where we can see the link Tocqueville makes between democracy and providentialism. The union between these two elements is going to be fundamental for the shaping of the concept of Manifest Destiny , and Tocqueville defines it saying that “the gradual development of equality of conditions is a providential fact” 7 This will lead Tocqueville to pose a question about the expansive and providential nature of democracy. And this question leads to consideration of the manifest nature of the providential destiny of America and its democracy when he explains via the idea of the divine plan : “It is not necessary that God himself should speak in order to disclose to us the unquestionable signs of His will; we can discern them in the habitual course of nature, and in the invariable tendency of events: I know, without a special revelation, that the planets move in the orbits traced by the Creator’s fin”. 8 In Chapter II on “The point of departure and its importance for the future of the Anglo-Americans” Tocqueville returns to this link between destiny, natural design and the knowledge of divine plans for nations when he establishes that: Something similar happens among nations. Peoples always feel the effects of their origin. The circumstances that accompanied their bir th and were useful to their development influence all the rest of their co urse. […]Thu s w ould be exp lained the destiny o f certain peoples who seem to be !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 6 John G. A. Pocock, El momento maquiavél ico: el pensa miento político flor entino y la trad ición republicana atlántica (M adrid: Tecnos, 2008), pp. 77 - 80, 671 - 672, 682 . 7 Tocq ueville, La democracia en América , p. 121. 8 Ibíd., p. 1 24. 8 dragged by an unknown force toward an end unknown even to themselves. […] Close enough to the e ra of the fo unding of the Am erican so cieties to know their elemen ts in d etail, far enoug h from that tim e to be able already to jud ge what these seeds produced, men in our time seem destined to see further into human events than their predecessors. Providence has put within our reach a light that our fathers lacked an d has allo wed us to discern the first cau ses of the destiny of nations that t he obscurity of the pas t hid fr om them. 9 Underlying Tocqueville’s comments there is an organicist epistemology that conceives the historical development as the growth of a seed, the teleological evolution of which renders clear and evident divine plans and the existence of a national destiny. Tocqueville presents in the introduction in terms of a natural theology a correlation between providential action, the laws of natural movement and trends in social development. And in the second chapter, in contra intuitive fashion, he considers that the prime causes that determine national development do not appear as a product of the past, but as a result of the germination of some pre-existing elements that did not manifest themselves in the immature forms of societies, but which became evident upon the attainment of their destiny once they were fully formed. It is with this triple approach - deist, empiricist and organicist - that Tocqueville considers that the providential character of democracy is the social destiny of modern political systems: If long o bservations and sincere meditations led men of tod ay to recogn ize that the gradual and progressive development of equality is at once the past and the fut ure of their history, this discovery alone would giv e this development the sacred character o f the will of God. To want to stop democracy would then seem to be struggling ag ainst God himself, and it would only remain for nations to accomm odate themselves to the social state that Providence imposes on them. 10 This last paragraph was the result of a request from his friend Louis de Kergorlay, one of the readers of the draft version of Democracy in America, who suggested that he develop his idea regarding democratic providentialism, considering it to be the cornerstone of his introduction. In this way Tocqueville addressed the expansive nature of the democratic system in generic terms as a movement that is at once pendular (as past and future of societies) and an irresistible progress that could be understood in providential terms. But not until the conclusions of the first book of Democracy in America does Tocqueville transfer that providentialist and expansive notion of democracy to the !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 9 Ibíd., pp . 154 - 156. Alexis de Tocqueville, De mocra cy i n A meric a, Vol. I (Indianapolis: L iberty Fund, 2012), pp. 46 - 48. 10 Tocquevi lle, Democ racy in America, p. 124; Tocqueville, Dem ocracy in America , p. 14. 9 specific case of U.S. national development. Tocqueville anticipated in a paragraph about the westward expansion of the USA the future clash with Mexico, the latter the consequence of a process of demographic substitution resulting from certain exceptional qualities of the Anglo-Americans and their institutions: Beyond the frontie rs of the Union, next to Mexico, exten d vas t provin ces that still lack inhabita nts. The men of the Un ited States will penetra te these uninhab ited areas even befo re those w ho have the righ t to o ccupy them . They w ill ap propriate the so il, th ey will establis h a society, and w hen the rightful owner finally a ppears, he will find the wilderness mad e fertile and foreigners calmly settled on his inheritance. The land of the New W orld belongs to the first occupant, and em pire is the prize for the race. Countries alr eady populated w ill have d iffi culty protecti ng themselves from invasion. I have already spoken before about what is happening in the pro vince of Texas. Ea ch day the inhabitan ts of the United Sta tes enter little by little into Texas; they acqui re lands ther e, and even while submitting to the laws o f the country, they are establishing the dom inion of their language and their mores. The province of Texas is still under the ru le of M exico; b ut soon you w ill no longer find an y Mex icans the re so to speak. Some thi ng similar is ha ppening everywhere the Anglo - Amer ican s enter into c ontac t with popul atio ns of another origin. You cannot conceal the fact that the English race has acquired an immense preponderance over all the other European races of the New World. It is very superior to them in civilizati on, in industry and in power. As long as it has before it only uninhabited or sparsely inhabite d cou ntries, a s long as it do es no t find in its pa th agg regated popu lations, through wh ich it will be imp ossible for it to cle ar a passage, you w ill see it spread without ceasing. It will not stop at lines drawn in treaties, but will overflow these imaginary dikes from all directions. 11 On the basis of the expansive force of the American people, Tocqueville made another prediction at an international level in which he considered the two nations that in his opinion share the same expansionist vitality and that will shape the future of the other nations: Today there are two great peoples on earth who, star ting from diff erent points , se em to advance toward the same goal: these are the Ru ssians and th e A nglo - Ameri can s. […]Th eir po int of departure is different , their paths are varied; nonetheless, each one of them seems called by a secret design of Providence to hold in its hands one day the destinie s of half the world. 12 With words that seem to anticipate the Cold War, Tocqueville lays out a decade in advance many of the fundamental lines that will constitute the doctrine of the concept of Manifest Destiny : a process of territorial extension considered with a providentialist nuance, which derives from a logic of demographic expansion based on the supposed !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 11 Tocquevi lle, Democ racy in Ameri ca, p.655; Tocqueville, Democra cy in Ame rica, p. 652. 12 Tocquevi lle, Democ racy in Ameri ca, pp. 658 - 659; Tocqueville, Dem ocracy in America , pp. 656 - 657. 10 racial particularism of the Anglo-American population and the and the exceptional nature of their political institutions. The notion of Manifest Destiny got memorable during the war against Mexico in 1846-1849. Its success was due to the fact that the concept gave voice to and was assumed by a considerable plurality of actors in order to express their utopian aspirations in relation to American democracy and its great power of evocation, as the concept transmitted the United States’ belief in its right to territorial expansion. The author of this concept was the journalist John L. O’Sullivan (1813-1895), who was also one of the main ideologues of Jacksonianism :a political movement and ideology that was dominant in the United States in the transitional period between the Revolutionary Era and the American Civil War. Jacksonianism was also the prevailing ideology in the United States at the time when Tocqueville undertook his trip, and is one of the keys that underpin the democratic transformation that the French author immortalised in his work. The relevance of Manifest Destiny resides in the fact that this term became a core element of US national identity during the 19 th century. For this reason, a better comprehension of the process of the appearance of the concept of Manifest Destiny can help us to understand how the American democratic system gradually adopted an imperialist nature that would be central to both its process of national construction and its own self-perception. Every destiny is based on a prophecy, and the Manifest Destiny of the United States found its prophet in Tocqueville; and in O’Sullivan the evangelist who would give substance to this prophecy, canonising this imaginary in a concept that mobilised the nationalist aspirations of the young democracy. For this reason, the title of this work takes up the Tocquevillian gauntlet and proposes: The empire of democracy in America: John L. O’Sullivan and the shaping of the concept of Manifest Destiny . The subject matter of the thesis: The O’Sullivan mystery and the process of conceptualisation of Manifest Destiny. The objective of this doctoral thesis is to offer a historical explanation of the process of the coining of the concept of Manifest Destiny . In this sense, my work follows the opposite route to that taken by most monographic studies on the subject, which in general have tended to choose the moment of the appearance of the concept (July- August, 1845) as the starting point for a history of U.S. expansionism. This renders my 11 work doubly anomalous in relation to what would be expected of research into Manifest Destiny . On the one hand, the moment of the coining of the concept will not be the point of departure, but of arrival of this thesis. What I am interested in explaining is the combination of historical and intellectual factors that gave rise to the appearance of the concept, and not so much the subsequent implications that it might have had. On the other hand this thesis will not address 19th-century American expansionism, and this constitutes the second anomaly of my work, as many historical studies on this theme are conceived as histories of the expansionist movement. What will prevail in my work is another perspective that tends to associate Manifest Destiny with providentialism. This is the predominant approaching the Works by authors like Albert K. Weinberg, Ernest L. Tuveson or Anders Stephanson (to name only the most relevant), and I shall adopt it in my own way to attempt to explain the appearance of the concept of Manifest Destiny as a fundamental moment in the history of American providentialist discourse. In short, I shall propose the study of Manifest Destiny from the point of view of its intellectual history, using to this end a theoretical framework that will cross conceptual history with the contextualist perspective of the Cambridge School. This will be materialised in a sort of conceptual prehistory of the Manifest Destiny , since the thesis culminates with the specific process of the appearance of the concept, leaving its conceptual history per se as a task for future studies. At the centre of my work will be three fundamental elements, the interaction of which represents the true subject matter of my doctoral thesis: 1) the American providentialist discourse and its history, 2) the concept of Manifest Destiny and 3) the intellectual figure of the Jacksonian thinker John L. O’Sullivan. One of the tenets of my thesis is that since the origins of European colonisation in North America there has been a providentialist discursive tradition which has tended to present America’s role in the world and in history as part of a destiny predefined by providence for its chosen people. However, and contrary to the majority view among experts in this field, I believe that these providentialist precedents wouldn’t imply the existence of an idea of Manifest Destiny prior to the coining of the concept. In my opinion this is an anachronistic vision, and is one of the most widely held historiographical myths about Manifest Destiny . It is based on a conception of political thought typical of the history of ideas , which tends to project notions towards similar discursive forms from the past, ignoring the f act that 12 these have their own historical specificities, since no idea of Manifest Destiny exists in a transhistorical fashion and before its discursive uses. Manifest Destiny is a political concept that forms part of the history of the American providentialist discourse, and not vice versa. It is for this reason that I am going to present a history of the different paradigms of the providentialist discourse that prevailed in America prior to the concept. I will explain its particularities, its appearance, evolution and extinction, as well as its possible influence upon the later appearance of Manifest Destiny . But the fundamental core of the thesis will focus on the figure of John L. O’Sullivan: his times, his life and his thinking, in order thus to attempt to calibrate the factors that played a fundamental part in this author’s creation of the concept. John L. O’Sullivan is possibly one of the most anomalous political thinkers that have appeared in the United States, and at the same time one of those most representative of its 19thy-century political culture. His anomalous nature lies in the fact that academia has not regarded him historically as a political thinker, and this has made him something of a paradox as an author: in the historiography on 19th-century America, O’Sullivan is an obligatory reference as the author who coined the concept of Manifest Destiny, but in spite of the ubiquity of his name in text books on the history of the United States, he is rarely mentioned in more than a mere footnote 13 . This paradoxical aspect of O’Sullivan’s authorship recalls Roland Barthes’s thesis on the death of the author, according to which the author (in this case O’Sullivan) would have dissolved along with his thinking in the reception process and in the multiple uses of the concept that appeared in the 19 th -century press, to such an extent that for 81 years Americans would come to forget his role as author o f Manifest Destiny, despite the frequency of its use. 14 Michel Foucault also reflected upon the disappearance of the authora year after Barthesin an address that owed much to the intellectual climate of May of‘68. The French philosopher symbolically situated the process of the death of the author in the age of Mallarmé, and this helped him to draw a distinction between the author’s given name and his authorial name, in which the historical figure would give way to a !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 13 Edward L. Wi dm er , Young America: The flowering of democracy in New York City ( Ne w Y o r k: Ox f or d Unive rsi ty Pres s, 1999) , p p. 3, 20. Hence fort h I sh all ref er to him b y hi s s urna me “O’ Sull iva n”. 14 Rolan d Barth es, “Th e deat h of the autho r” in Susurros del lenguaje: más allá de la palabra y la escritura ( B a r c e l o n a : P a i d ó s Ibérica, 1987 ), pp.8 0 - 81; Julius W. Pratt, “Origins of ‘Manifest Destiny’”, The America n Histori cal Rev iew , Vol. 32, N .º 4 (Jul. , 1927), pp. 795 - 798. 13 paradigmatic figure that condenses all the attributes of a discourse. This connection between a discourse and an author-paradigm would generate a specific form of existence and discursive relationship with in a culture, which Foucault calls author’s function . The author’s function would be present wherever a text cannot be fully understood without considering what its author represents for society at any given moment. 15 But there are some authors whose position in the social imaginary would have a transdiscursive nature, in other words, their symbolic reference in society would be so important that they would mobilise intellectual production, generating through imitation and influence a canon of like-minded thinking on the part of all those thinkers and publicists who declared themselves to be in debt to and followers of the thinker in question, whom Foucault termed as foundersof discursivity . 16 This notion of Foucault’s is the basis of both Barthes’s thesis on the death of the author and the paradoxical nature of O’Sullivan as thinker and author of the concept of Manifest Destiny : the intellectual contribution made by certain authors transcends their own selves to generate a canon of thinking and discourse. In this process of canonization of an author’s thinking, the complexity of their thinking would be simplified to the point that the author becomes a symbol, and their ideas slogans of political mobilisation. This leads Foucault to believe that it is possible to forget the object as original foundation and view it as a variable and complex function of discourse. 17 But there is a peculiarity to society’s neglect of the figure of O’Sullivan in comparison with the typical distortions produced in any process of canonization and reception of political thought, since this neglect was the result of the way in which O’Sullivan shaped himself as author, and of certain vicissitudes during his life. I have called this particular situation the O’Sullivan mystery , which is materialised in the paradox of him being forgotten during the time when Manifest Destiny was alive as political concept, while when the concept fell into disuse, O’Sullivan historiography rescued O’Sullivan from oblivion on account of being the author of Manifest Destiny . Thus, O’Sullivan is an author who, while being a founder of discursivity (of the paradigmatic form of 19th-century expansionist discourse), this did not occur because !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 15 Mic hel F ouc au lt , “¿Qu é es un a ut or? ” Lit toral, N.º 9 (June, 1983 ), pp. 58 - 61, 66. 16 Foucault , “Qué es un autor”, pp. 66 - 69 and Jan Assmann, Histor ia y mit o en el mundo antig uo: lo s orígenes de la cultur a en Egipto, Israel y Grecia (Mad rid: Gredos , 2011), p. 2 0. 17 Foucault , “What is an author?” , p. 73. 14 he became a function of the author , since despite the fact that his work is an indisputable reference point in the shaping of the American expansionist discourse, this work was not linked to his person and thinking until North American historiography began to regard Manifest Destiny as an object of historical study. 18 Thanks to historiography on 19th-century expansionism, O’Sullivan returned from his death as an author to become a generalised reference, but no historian has succeeded in explaining his specific contribution to the shaping of the concept of Manifest Destiny , resulting in the fact that all references merely indicate him as the author of the concept. So it was that historiography resurrected O’S ullivan and transformed him into a sort of member of the “living dead”, and without really knowing what to do with him, leaving him to wander from footnote to footnote. I first became aware of this fact when I began to read the reference bibliography on Manifest Destiny . As a trainee political scientist with an interest in political theory and the history of thought, one of the first issues I considered was to ask myself about the thinking of the author who had coined the notion of Manifest Destiny . To my surprise, I found that nothing had been written in this regard, but only a generic biography of O’Sullivan and a handful of studies where the author featured as a secondary reference. In these studies it was as if Manifest Destiny had appeared in O’Sullivan’s mind by spontaneous generation, as a natural reaction to the events of his day or as an occurrence that was somehow successful subsequent political discourse. However, the reading of the two classical works on Manifest Destiny and of the editorials attributed to O’Sullivan suggests evidence to the contrary. During my readings I have found sufficient elements to conclude that Manifest Destiny was the genuine product of a theorisation in which philosophy of history mixturewith a geopolitical approach in order to frame American democracy in providential terms. And in my opinion these elements revealed sufficient intellectual complexity o challenge the hypothesis that the coining of the concept was the product of chance. Guided by this assumption, and by the fact that most US historiography referred to O’Sullivan as the author of the concept of Manifest Destiny , I asked the following research question of my doctoral thesis: What was O’Sullivan’s specific contribution to the shaping of the concept of Manifest Destiny ? !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 18 Ibíd., p. 70. 21 conceptual references engendered by this doctrine, the city upon a hill and the errand into the wilderness . In chapter seven “From theocracy to denominationalism: the process of religious secularisation in America” I will explain how Puritanism collapsed and disappeared from America, and with it their vision of predestination. This leads me to consider what I understand by secularisation and how two new providential perspectives were f ormed after the disappearance of Puritanism: a rationalist providentialism stemming from natural theology and its idea of design , along with another based on an emotional faith created during the First great awakening that would sow the seed of evangelism in America. In chapter eight, “The republicanisation of providentialism and its conversion into a national imaginary” I will address the process of politicisation in republican terms of the American providentialist tradition, which will evolve into a philosophy of history during the American Revolution. Here I consider the impact of the American civil religion as a new framework of theological interpretation, and the changes in the conception of historical time that took place during that period in a crossroad between considering America providentially via an imaginary based on the spaces of experience of the Translatio Imperii , as opposed to another imaginary based on horizons of expectation that materialised in the concept of American experiment. I also introduce Jefferson’s providentialist vision of his ideal of Empire of Freedom . With chapter nine, “The Malthusian Paradigm in America”, I complete this diachronic section where I outline the characteristics of the Malthusian doctrine, its reception in America and its importance in both the sectional debates over slavery and in the appearance of Manifest Destiny . The section on the formative context of the concept of Manifest Destiny spans chapters 10 to 13, and adds the synchronic perspective to the thesis. In these chapters I focus on O’Sullivan and his era from a contextualist perspective based on Skinner’s ideas and his hypothesis on the importance of discursive contexts as a means of determining the significance of speech acts: of their nature and the intentionality of declarations and of the documents where they are recorded. Chapter ten is entitled “O’Sullivan’s Jacksonian ideology through his political manifesto: the democratic principle” in this chapter I undertake a s ynthesis of Jacksonianism as ideology to which this author subscribed, before analysing O’Sullivan’s thinking and his main ideas. The aim of this chapter is to show that O’Sullivan manifests an ideological coherence that connects his ideas on democracy 22 and expansionism via an organicist-type providentialist framework, and that this will be the substratum whence would emerge the discourse that would give birth to the concept of Manifest Destiny . Chapter eleven is entitled “John Louis O’Sullivan: a biographical sketch of a personification of political romanticism”, in which I present O’Sullivan’s historical context by means of a biography of this Jacksonian thinker, in which I explain the context of the appearance of the concept of Manifest Destiny while I of fer a portrait of his personality and psychology, two factors that also influenced his formulation of the concept. The title of chapter twelve is “The authorship of the concept of Manifest Destiny ” and in it I dismantle Linda S. Hudson’s hypothesis according to which O’Sullivan was not the true author of the concept, while I present the hermeneutic criterion that enabled me to demonstrate through textual evidences O ’Sullivan’s authorship. In this chapter I also present the Malthusian theory as the key element that permitted the articulation and emergence of the concept, and I end with a reflection upon hermeneutics and the analysis of political thinking in the digital era with the rise of digital humanities. Finally, in chapter thirteen entitled “The process of formation of the concept of Manifest Destiny ” I present by means of t he analysis of numerous editorials the evolution of O’Sullivan’s providential thinking, first by the articulation of a democratic philosophy of history in which were f ormulated all the elements that would be synthesised in the concept, but without the presence yet of a connecting thread serving to rationalise these discursively. This would occur with the expansionist debates of 1840, when O’Sullivan promoted this philosophy of history in his discourse in order to defend expansionism; producing in this context a geopolitical perspective that would facilitate the definitive emergence of the concept. With regard to the formal criteria of the thesis, the bibliography w ill be referenced according to the Chicago-Deusto method, based on the model proposed in the Manual de estilo Chicago Deusto: guía breve para citas y referencias bibliográficas . Bibliographical references will appear in footnotes only, in accordance with the method detailed in this guide. Works that appear in the main text and in italics will not be considered bibliographical ref erences (although they may be used as bibliography in the thesis previously or subsequently), but as informative references. Fundamental concepts will also appear in italics. Informal expressions will be in 23 inverted commas, as will titles of articles. The concept of Manifest Destiny will appear in italics (as a concept) and will be capitalised as a historiographical category. 20 On the uses in the thesis of the notions América/Americano, Norteamerica/Norteamericano, Estados Unidos/estadounidense: In Spanish we draw a clear distinction between the nouns and adjectives that appear in the title of the section. “América” (America) is usually employed to refer to the entire continent, comprising two subcontinents “Norteamérica/Sudamérica” (North America/South America) along with Centroamérica (Central America), using “Estados Unidos” (United States) for the country considered in this thesis. In English its real, daily use has tended to blur these distinctions, with the result that Anglo-American speakers tend to use the three groups as synonyms. Over time this has consolidated the use of the adjective “americano” (American) as a synonym of “estadounidense” (US. Citizen). As has been note don countless occasions, this is a case of linguistic imperialism, which has invaded other languages owing to the predominance of US culture. My criterion in this respect, and bearing in mind all the above, is to adopt a pragmatic stance, close to the norms of use in the USA. I have taken this decision so that our own uses do not prevail over theirs, (since they, the Americans, are the object of study). Meanwhile, the adjective “estadounidense” is a long word, constant repetition of which renders reading of the texts somewhat laborious, so use of the adjectives “americano” and “norteamericano” as synonyms tends to lighten the reading. Moreover, when one spends a long time reading American sources, it becomes difficult not to adopt their linguistic uses. A militant protest against the linguistic imperialism of the binomial “América/americano” is a noble cause but not very practical when writing a thesis on the United States, and a heroic task if one wishes to avoid reiteration. Something similar happens every time we refer to Great Britain as “England”, another battle that correct language has lost against linguistic economy, and which does not usually lead to so many Byzantine debates, since the ancient Gaelic kingdoms of Wales, Scotland, Northern Ireland and Cornwall (Dumnonia) do not, for the moment, enjoy sufficient national entity to condemn this example of linguistic-territorial synecdoche. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 20 “Manual de estilo Chicago Deusto: guía breve para citas y referencias bibliográ fi cas” i n Revist a Deusto , N.º 126, (Ap ril - June , 2015 ), ( specialsuppl ement ), pp. II - XI. 24 I have opted for a pragmatic use in referring generally to the nation-state as the “Estados Unidos”, reserving “Norteamérica” for the continent (and on occasions for the United States as country) and using América to refer to the United States as a civilisation and culture n a broader sense. I shall employ the adjectives “americano/norteamericano/estadounidense” as synonyms interchangeably to facilitate writing and reading. Strangely enough, O’Sullivan also had to face this problem. In a New York Morning News editorial of January 6, 1846 entitled “A National Name”, O’Sullivan echoed an initiative launched by Albert Gallatin as president of the New York Historical Society , who warned that the name assigned to the country by the Founding Fathers (United States of America) was falling into disuse, which was why the historical society opened a debate to find a new name for the country. O’Sullivan proposed the name “Columbia”. The Jacksonian journalist preferred this name to “America” because it alluded to the man acknowledged as the “discoverer” of the continent, so he, and not Américo Vespucio, should be honoured by using his surname for the new name of the nation. O’Sullivan realised that at the time it was becoming popular to refer to the United States as “A merica”, and he argued that this was due to the influence of Canadians and Europeans, who were the ones who made most use of this name. But O’Sullivan preferred the name Columbia, as it was the equivalent for the United States of the mythical reference that assigned the historical name to each of the European nations: like “Albion” for Great Britain, “Erin” for Ireland or “Gaul” for France. In his opinion “Columbia” would be the equivalent for the United States. The only problem as that there already existed a South American republic with that name, but that would not be an insurmountable obstacle, since with the dissolution of Gran Colombia no great South American power could compete with the United States and take the name. 21 If O’Sullivan was correct, it was during that era, between the publication of Democracy in America (the book that popularised this name for the United States in Europe) and the Civil War, when American society adopted in social use the term “America” to refer to the United States. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 21 John L. O’Sullivan, “A N ational Name”, New York Morni ng News , January 6, 1846. In the Democr ati c Review use of the te rm “Un ited States” almost triples that of “ A m e r i c a ” . O’Sull iva n however tends to employ them interchangeably, though he calls the journal The United Stat es M agazin e and Democratic Review a n d n o t “ American Magazine and Democratic Review ” so both his and he h i m s e l f re present a period of transition in the proce ss of institutionalisation of the appropriation of the term “Am er ic a” by the Unit ed S tat es . 25 This is plausible; given the strong nationalist sentiment of the age, but it is also interesting to consider that initially this conceptual change originated as a result something in vogue outside the United States. The Americans, meanwhile, would have no difficulty adopting the name “America”, given their continentalist consciousness and ambitions. According to this doctrine, in the future the United States would spread across the entire continent: from the Atlantic Ocean in the east, to the Pacific Ocean in the west, and from the Bering Strait in the north, to Cape Horn in the south, with the whole continent offering the United States potential territorial expansion. America, therefore, was a natural and possible future name for a United States that w ould extend right across the continent. 26 27 1. La historiografía estadounidense y el estudio del Destino Manifiest o 22 ! La historiografía crea sus propios caminos al delimitar el contorno de su obj eto de estudio, lo que supone establecer un rango de preguntas de investigación y enfoques de análisis que son considerados naturales y pertinentes; otros por el contrario son tenidos por secundarios o incluso irrelevantes. En ocasiones si la historiografía no plantea una pregunta esta puede resultar invisible para las futuras generaciones. La tradición historiográfica abre puertas al entendimiento de un fenómeno, pero también cierra otras. Por otra parte, las preguntas de investigación vienen determinadas por la habilidad del investigador para alcanzar un distanciamiento de su objeto de estudio. Estas dos cuestiones conducen a que la labor investigadora de toda nueva generación académica requiera de una revisión y cuestionamiento de las premisas y certezas que planean sobre el objeto de estudio, así como la obligación de plantearse sobre lo que mi maestro Carlos Castillo llamaba los límites epistemofílicos y epistemofóbicos con los que cuenta un investigador hacia su materia y que condicionan como sesgo su mirada. Una de las cons ecuencias prácticas de este cuestionamiento se traduce en la necesidad de conocer y comprender de qué manera el desarrollo de la tradición académica ha incidido en nuestra forma de comprender el objeto de estudio. Esto no es solamente una exigencia deontológica de buena praxis, sinoque además posibilita situar la contribución del investigador en el contexto de producción académica de su objeto de estudio. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 22 En este capít ulo indicar é e l n ú m e r o d e c i t a s d e l a s o b r a s referidas, s e g ú n l a s c i f r a s q u e a p a r e c e n e n Googl e Schol ar , as í co mo en algunas ocas iones también s e ñ a l a r é e l n ú m e r o d e r e s e ñ a s almacenadas en JSTOR co n el fin de ofrecer unos parámetros sobre el i m p a ct o d e l a s mi sm a s . La s c on su l ta s s e r e a l i z a ro n entre el 01/03/2018 y e l 2 0 / 0 3 / 2 0 1 8 . La indicación se hará en tre corc hetes tra s la s fecha de publicación original de la obra . En términos cuantita tivos aquí se va a presenta r un a bre ve se lecci ón de textos destacados. Sin embargo, el número de publicaciones que tratan la temática resulta demasiado extensa para poder abarcar la en su totali dad. La evidencia de esto puede e n c o n t r a r s e e n e l e l e v a d o n ú m e r o d e publicaciones en lengua inglesa que pueden encontrarse en los reposi torios digitales: He contabili zado en Googl e B ooks u n o s 7 0 l i b r o s m o n o g r á f i c o s c u y o t e m a p r i n c i p a l s e r í a e l Destin o Manifi est o y el expansionismo, junto a 87 1 libros que contendrían dicho término en inglés; JSTO R c o n t a b i l i z a u n t o t a l 360 m onografí as sobre el Desti no Manif iest o en i ng lé s ( 29 2 a rt í cu los y 6 8 l ib r os /c ap ít ul os de li br o) , y u n total de 16.826 m enciones al conc epto ent re toda s sus obras. Quest ia c o n t a b i l i z a u n t o t a l d e 5 . 1 7 3 l i b r o s , 352 artícul os académicos, 378 revistas, 421 periódic os y 3 enciclopedias que contienen el concepto; y las redes sociales ac adémicas de Academia. edu y Researc hgate contabilizan en el caso de Academia. edu , 48 papers m onográfic os cuyo título conti ene el concepto, junt o a 7.950 menciones del término y 3.370 resultados de mencio nes en el caso de Researchgat e . C omo qued a pate nte, re sulta p rácticamen te impos ible abarca r toda esta bibliograf ía secu ndaria en un traba jo individual , por lo tanto m i exposic ión del estado de la cuestión se circunscribir á a las monografías de historiografía angloamericana de mayor impac to y represe ntatividad, d ejando a un lado temáticas p aralelas, secu ndarias, his toriogra fía de otros países y lenguas (con algunas excepci ones del ámbit o hispanohablant e), 28 Hasta el momento no existido ninguna iniciativa por conocer cómo se conformó el campo historiográfico del Destino Manifiesto en el ámbito académico angloamericano. Como consecuencia de esta falta de reflexión de la historiografía angloamericana sobre su propia labor para el estudio de este concepto, esto ha conllevado la producción de estudios bastante similares entre sí, con un grado de innovación promedia bastante reducida, y en donde se tiende a reproducir un relato canónico sobre la historia del expansionismo como guía narrativa del Destino Manifiesto . Así mismo, la importancia de este concepto dentro de la conformación de la identidad nacional americana ha conllevado que en los abunden los juicios de valor, tanto desde posiciones de una adhesión complaciente hacia la retórico del excepcionalismo americano que desde un discurso conservador celebran el De stino Manifiesto de américa, como a través de posiciones radicalmente opuestas que establecen una crítica al proceso de construcción nacional estadounidense desde perspectivas postcoloniales, en donde suele imperar una valoración negativa del Destino Manif iesto . Por otra parte, al tratarse de una temática específica de la historia nacional estadounidense esta, ha recibi do una relativa poca atención por parte de corrientes historiográficas de otros países (con una moderada excepción británica y latinoamericana), lo que ha supuesto que el estudio de este concepto se encuentre fuertemente influenciado por las convenciones, la evolución y las de la historiografía estadounidense, la cual, por otra parte, sufre “el lastre” derivado de su posición central en las redes académicas globales, por el cual tiende al solipsismo, ignorando los debates, avances y perspectivas producidos en el extranjero. Esto ha conducido a que el estudio del Destino Manifiesto haya perdido la complejidad y riqueza que suele darse en el encuentro entre distintas tradiciones académicas, pues cuando un fenómeno histórico es examinado por un debate trasnacional suele verse enriquecido con perspectivas que pueden replantear las convenciones que sobrevuelan la temática. La historiografía norteamericana se vio muy enriquecida cuando promovió desde un cierto imperialismo académico la historia atlántica, pero ni siquiera esta perspectiva ha conseguido hacer demasiada mella en el estudio del concepto . Las únicas excepciones a esta regla han sido los trabajos de los historiadores Reginald Horsman (Reino Unido) y Anders Stephanson (Suecia), cuyos estudios se han erigido en las obras de referencia académica para la materia, tanto en los Estados Unidos como en el resto de países. La historiografía latinoamericana, por el contrario, al encontrarse en una 29 posición subalterna en las redes académicas globales no ha conseguido por lo general penetrar en el debate académico estadounidense, a pesar de haber producido también estudios de bastante calidad sobre la temática. Este aislacionismo historiográfico en el estudio del Destino Manifiesto es otra de las razones que han conducido a las investigaciones de la temática a quedar atrapadas dentro de la imagen canónica establecida por los trabajos fundacionales de los clásicos para la materia. Aún así, esto no implica que no haya habido una evolución y transformación en el estudio del concepto. Por este motivo comenzaré con una revisión que explique la evolución de su historiografía, de cara a poder aportar nuevas preguntas de investigación con las que reconsiderar el objeto de estudio. La historiografía del Destino Manifiesto tuvo su origen entre f inales del siglo XIX y principios del siglo XX de la mano de la historiografía nacionalista que se encontraba muy influida por el darwinismo social. Estos autores pretendían con su estudio académico revitalizar el concepto de cara a poder reivindicarlo para su uso político. Posteriormente su estudio se “profesionalizó” de la mano de s us dos autores clásicos, Albert K. Weinberg y Frederick Merk, cada uno de ellos discípulo de una gran figura de la historiografía estadounidense del siglo XX. El hecho de que la labor de formalización del estudio del Destino Manifiesto recayera en manos de dos epígonos resulta revelador para comprender las fortalezas y debilidades del marco interpretativo que ha imperado en la historiografía posterior. Weinberg y Merk fueron historiadores de una gran profesionalidad, cuyos trabajos se caracterizan por la exhaustividad, lo que les ha conducido a ser por mucho tiempo puntos de referencia ineludibles para las generaciones posteriores que han querido aproximarse al concepto. Pero ni Weinberg ni Merk contaron nunca con la capacidad teórica de sus maestros, y esto se tradujo en la producción de obras muy eruditas que sin embargo no pudieron ofrecer un marco interpretativo robusto con el que poder plantear preguntas de investigación de largo recorrido al concepto y sus problemática. En último término, esta tarea ha recaído en la historiografía contemporánea, que ha abordado la problemática desde distintos enfoques herederos del giro cultural. La perspectiva crítica de esta historiografía ha ayudado a resaltar la distancia existente entre el idealismo doctrinal del Destino Manifiesto con respecto a sus consecuencias históricas. Pero como resultado de sus presupuestos teóricos, se ha tendido una especialización temática que ha tenido consecuencias positivas y negativas para la mejor comprensión del objeto de estudio. Por una parte la investigación pormenorizada 30 de los distintos elementos históricos derivados del concepto ha posibilitado trascender las perspectivas generalistas, permitiendo conocer ciertos aspectos del concepto con un grado de profundidad que no tiene precedentes. Pero el precio a pagar por la especialización ha sido la pérdida de visión panorámica, que en muchas ocasiones ha conllevado que las nuevas contribuciones se hayan logrado a constade invisibilizar otros elementos igual de importantes a la hora de comprender el Destino Manifiesto . La parte ha tendido a fagocita al todo, sin con ello plantear muchas veces unos fundamentos o encuadres de la temática radicalmente distintos a los propuestos por los estudiosos clásicos de la materia. En última instancia, la tradición historiográfica ha hecho mucho más por replantearse su relación ética con el Destino Manifiesto que su concepción teórico-paradigmática. Este mismo problema se encontraba también en los orígenes de la profesionalización del estudio del concepto, y aún no se ha superado del todo. Así lo dejó patente el profesor en relaciones internacionales Frederick S. Dunn en el prólogo que escribió para el estudio pionero del autor clásico Albert K. Weinberg: Hace tie mpo que se ha adv erti do la import anci a del tema, pe ro no contamos co n un des ar rollo adecuado de eficaces métodos de análisis y de instrumentos de investigación para abordar la cuestión. C omo resultado de esta sit uación, hemos tendido a restar im portancia al tema o a tratarlo esencia lmente desde un punto de vista moral, sin q ue [con] e l l o i m p o r t a r a s o m e t e r a cuidadoso análisis cr ítico la base l ógica de nuestros juici os morales. 23 ! A partir de esta reflexión consideraré cuáles han sido los caminos recorridos por la historiografía hasta el momento, para más tarde plantear una alternativa propia con la que desandar caminos ya ollados y volver hacia puertas por abrir. 1.1 El proceso de institucionalización y profesionalización en el estudio académico del Destino Manifiesto El concepto de Destino Manifiesto existió desde mediados del siglo XIX como un concepto de agitación política expansionista en los Estados Unidos. Sin embargo esto no supuso su inmediata transformación en una herramienta de trabajo historiográfica. El primer autor que trató el Destino Manifiesto en un trabajo académico fue un intelectual francés, aunque en esta ocasión no sería Tocqueville, sino el concejal de París y político legitimista Pierre-Suzanne-Augustin Cochin, quien publicó una obra !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 23 Albe rt K. We inberg, Dest ino Mani fie sto: el ex pansi onis mo n acio nali sta en la hist ori a no rtea meri cana. (Buenos Aires: Editorial Paidós, 19 68), p. 11 37 2003. Pero a pesar de sus importantes contribuciones, Pratt no realizó ningún avance que permitiera identificar de manera fehaciente y mediante fuentes documentales a O’Sullivan como el autor del concepto, ni tampoco añadió nueva información sobre cómo O’Sullivan pudo pergeñar el concepto. 35 La contribución de Pratt sin embargo fue muy importante, pues había rescatado del olvido a una figura indispensable para explicar tanto el siglo XIX estadounidense como el Destino Manifiesto . Pero el problema del artículo de 1933 se encuentra en que da por evidente lo que en 1927 era una hipótesis, sin ofrecer más pruebas a su favor. La historiografía posterior ha aceptado mayoritariamente la autoría de O’Sullivan por falta de alternativos y por suponer la opción más plausible. Y durante setenta años los historiadores estadounidenses han considerado el problema de la autoría como una cuestión zanjada. Las publicaciones de Pratt sobre el expansionismo marcarán la entrada definitiva del Destino Manifiesto en la historiografía profesional, que se consolidó a tr avés de los estudios realizados por los autores clásicos de la materia. 1.2 Weinberg y Merk: Los historiadores clásicos del Destino Manifiesto El último gran hito que terminará por asentar el Destino Manifiesto como objeto de estudio académico será la publicación de las dos primeras monografías sobre la temática, que con el tiempo se convertirán en las obras clásicas de la materia: Manifest Destiny: a Study of Nationalist Expansionism in American (1935) [654 citas, 14 reseñas] de Albert K. Weinberg y Manifest Destiny and Mission in American History: a Reinterpretation (1963) [656 citas, 19 reseñas] de Frederick Merk. 36 Considero a Weinberg y Merk los clásicos de la temática porque cada uno de ellos ha planteado el estudio del Destino Manifiesto desde una perspectiva distinta que con posterioridad se han constituido en las dos vías de aproximación fundamentales adoptadas por la historiografía posterior. Por una parte se encuentra la vía abierta por Weinberg, quienconsidera e l Destino Manifiesto tanto una idea como una ideología, y realiza su aproximación desde la historia intelectual. Mientras que Merk equipara el Destino Manifiesto al expansionismo decimonónico y lo estudia a partir de la historia de los hitos de la expansión de los Estados Unidos hacia el Oe ste: sus guerras y conflictos, así como los grupos que apoyaron o se opusieron a la expansión. Todo el fenómeno que !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 35 J u l i u s W . P r a t t , “ J o h n L . O ’ S u l l i v a n a n d M a n i f e s t D e s t i n y ” , Nueva York H i s t o r y , V ol. 1 4, N o. 3 (July, 1933), pp. 224 - 225. [34 citas] 36 Stephans on, Mani fest Dest iny , p.131; Amy S. Greenberg, Mani fes t Desti ny and Americ an Terr ito ri al Expansi on: a Brief Histor y wit h Document s. (Boston: Bedfo rd/St. Martin, 2017 ), p. 166. 38 originó el expansionismo y su época es aquello a lo que Merk se refiere como Destino Manifiesto .Por lo tanto Weinberg, Merk, y el conjunto de historiadores posteriores van estudiar bajo una misma rúbrica cosas muy distintas. Y aunque todos los autores posteriores se han inspirado en las contribuciones de ambos autores, siempre va a existir una perspectiva que predomina sobre la otra según qué es lo que se entienda por Destino Manifiesto , si una idea expansionista, o el expansionismo decimonónico en su conjunto como fenómeno histórico. En este sentido, he escrito mi tesis desde la línea planteada por Weinberg, si bien como casi todos los historiadores de la materiatomo muchos elementos de ambos. 37 Albert K. Weinberg fue el primer autor en plantear una obra monográfica sobre el Destino Manifiesto (1935)a partir de su tesis doctoral (1931). Weinberg fue estudiante de doctorado en la Universidad John S. Hopkins, en donde realizó su investigación influido por las enseñanzas de Arthur O. Lovejoy, quien galvanizaba la vida intelectual de la universidad a través del History of Ideas Club. Este hecho es importante porque Lovejoy en esa época desarrolló el enfoque disciplinar de la historia de las ideas, que basaba su premisa de estudio en la existencia de unit-ideas o ideas singulares . Lovejoy definió dichas ideas singulares en La gran cadena del ser como unidades que no pueden descomponerse: “proposiciones únicas y específicas o ‘principios’, tipos expresamente enunciados por los antiguos filósofos europeos más influyentes, junto con otras nuevas proposiciones que s on, o se ha supuesto que son, sus corolarios”, a lo que añadirá en un artículo posterior titulado “Historiography of Ideas” que dichas ideas singulares son categorías y pensamientos que cuentan con una larga historia de vida propia y que pueden encontrarse en numerosas expresiones intelectuales, de la ciencia y la cultura. En definitiva, las ideas en la perspectiva de Lovejoy son entidades suprahistóricas que en cada momento se conceptualizan de múltiples maneras, y la labor del historiador de las ideas es doble: por una parte dar cuenta sobre cómo la tradición del pensamiento las va enunciando en su desarrollo, y por otra considerar la manera específica en que se presentan dichas ideas en cada momento histórico. 38 Weinberg no sólo reconoció las enseñanzas y la supervisión de su trabajo por parte de Lovejoy, sino que además definió su obra como una “historia analítica de las !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 37 Weinb erg, Desti no Manif ies to , p. 16 ; Me rk , Fre de ric k. Man if est De sti ny an d Mi ss ion , pp. VI - VI I. 38 Wei nbe rg , Desti no M ani fi esto , p. 9. Arth ur O. Lovejo y, La gran cadena del ser: hist oria de una idea. (Barcelona : Icaria editorial, 198 3), pp. 12 - 13, 22 - 31. Arthur O. Lovejoy, “ T h e h i s t o r i o g r a p h y o f i d e a s ” , Essays in t he Hist ory o f Ide as. (Baltimore: The Joh ns Hopkins Pre ss, 1948) , pp. 8 - 9. 39 ideas” que “aborda por separado las principales doctrinas expansionistas en el orden en que cada una fue llevada a primer plano por sucesivos movimientos de anexión.”. A pesar de no desarrollar teóricamente esta concepción, resulta evidente que Weinberg trató el Destino Manifiesto como una idea singular a través de sus distintas manifestaciones ideológicas, cuyo conjunto supondría la historia de la idea de Destino Manifiesto . No en vano, Weinberg publicó su libro en 1935, un año antes de que Lovejoy hiciera lo propio con La gran cadena del ser, por lo que con mucha probabilidad esta obra no sea sólo el primer libro monográfico sobre el Destino Manifiesto, sino que además podría ser el primer libro publicado desde la perspectiva de la historia de la ideas tal y como fue establecida por Lovejoy. 39 El libro de Weinberg, como la mayoría de estudios sobre el Destino Manifiesto , surgirá como reacción a debates contemporáneos sobre el lugar que ocupaban los Estados Unidos en el mundo. Así como Powers escribió su obra en los debates de la guerra del 98 y de la primera guerra mundial, en el caso de Weinberg este concibió su estudio como una genealogía del nacionalismo americano que tendría su origen en el expansionismo. Por otra parte, a Weinberg le interesará explicar cómo ciertas ideas expansionistas surgidas en los Estados Unidos migrarán durante su época al nacionalismo imperialista de otros países. Así lo explicita en su libro junto con la constatación sobre la paradójica incomprensión que mostraban los estadounidenses de los años treinta del siglo XX hacia las políticas expansionistas de los fascismos de entreguerras. Weinberg consideró que esta incomprensión que mostraban los americanos de su tiempo hacia el expansionismo de los reg ímenes fascistas de entreguerras, lo que conllevaría a que la idea del Destino Manifiesto no tuviera visos de supervivencia en unos Estados Unidos dominados por una mentalidad aislacionista. Según Weinberg este aislacionismo sería hijo no deseado del Desti no Manifiesto , pues !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 39 W e i nb e r g, Des tin o Manif ies to , p. 12 . Es necesar io acl arar con respecto a est a hipóte sis que con ello no reivindico que esta perspect iva s e a d e u d o r a d e W e i n b e r g , s i n o q u e s u o b r a o c u p a d e m a n e r a c a s u a l u n lugar s imbólico preem inente tanto en los com ienzos d e la historia d e las idea s c o m o e n e l e s t u d i o d e l Dest ino Manifie sto . Lovejo y trabaj ó en sus hipótesis de La gran cadena del ser desde el año 1919, y los debates públicos sobre hi storias de las ideas se realizaron b a j o s u i n i c i a t i v a e n e l H i s t o r y o f i d e a s c l u b desde 1922. Pero Lovejoy no presentó al público su texto hasta las conferencias del curso académico de 1932 - 33 (la tesis de Weinberg es de 1931) y no lo publicó hasta 1936. Por lo tanto , l a l a b o r p i o n e r a d e presentaci ón de una obra escrita en esta t radición recae en su dis cípulo Weinberg. Por otra parte ya existía con anterioridad una tradici ón europea en historia de las ideas q ue no debe olvidar se, con la verdadera obra pionera en este campo His tor ia de l as ideas es tét icas de Es paña ( 1 8 8 3 - 1909) de Marcelino Mené nde z P el ayo , a sí co mo c on l os tr aba jo s r eal izado s p or la esc ue la de la Ideengesc hichte alre dedo r del histori ador alem án Friederich M einecke. Sin embargo, será la escuela y perspectiva de Lovejoy la que acabe por asentar metodológicamente l os presupuestos de la subdis ciplina, y el autor contra el que debatirá la histor ia conceptual y el contextualis mo. Lovejoy, La gr an ca dena del ser , p. 6. 40 su hipótesis era que el expansionismo se generó con el objetivo de lograr la autosuficiencia de los Estados Unidos con respecto a una Europa percibida como antidemocrática durante el siglo XIX, y donde la adquisición de territorios estaría en la base de la autosuficiencia nacional. Con la autosuficiencia alcanzada se haría innecesario seguir expandiéndose, por lo que el propio expansionismo, producto del Destino Manifiesto, habría acabado con dicha idea, y el peligro quedaría conjurado. 40 Frederick Merk será el segundo autor clásico en el estudio del Destino Manifiesto ytampoco fue ajeno a los conflictos de su tiempo. Su obra Manifest Destiny and Mission in American History: a Reinterpretation apareció en 1963, en el momento en que el presidente Lyndon B. Johnson intensificó la escalada militar en la Guerra de Vietnam y se generalizaron las protestas pacifistas en los campus universitarios. Es en este contexto que Merk, un viejo profesor retirado de Harvard, comenzará a escribir sus textos sobre el expansionismo decimonónico. Esta era una temática sobre la que tenía mucho que contar, pues fue doctorando y discípulo del legendario historiador sobre el Oeste Frederick Jackson Turner, así como su sucesor en la cátedra de historia del Oeste en Harvard, asumiendo su asignatura de historia del Oeste y desarrollando su contenido desde los presupuestos establecidos por su maestro. Al igual que Turner, Merk nació en la Frontera en los días en que esta se cerraba y desaparecía, y para él el Oeste no era una categoría abstracta de la historiografía, sino un elemento de sus orígenes vitales. Siguiendo los pasos de su maestro acabó como docente en Harvard donde fue un profesor muy popular y querido, aunque no produjo apenas obra escrita hasta el momento de su retiro. 41 Merk escribió su obra sobre el Destino Manifiesto asistido por su mujer, la también historiadora Lois Bannister, quien se encargó del trabajo de edición. El objetivo de Merk con su obra era realizar un estudio sobre la opinión pública de la década de los años 40 del siglo XIX en relación al fenómeno del expansionismo decimonónico. Con ellos pretendía demostrar que en los Estados Unidos existía una noble idea de misión providencial que los proponentes del Destino Manifiesto intentaron aprovechar para justificar el expansionismo. Pero en opinión de Merk los expansionistas fracasaron en su intento, pues mientras la idea de misión continuaba viva en la conciencia !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 40 Weinb erg, Desti no manif ies to , pp. 16, 418 - 423, 447 - 448. 41 J o h n M . B l u m , “ A C e l e b r a t i o n o f F r e d e r i c k M e r k ( 1 8 8 7 - 1977) ”, Virginia Quarterly Reiew, I s s u e : Summer 1978, http:// www.vqronline.org/es say/celebrat ion - frederick - merk - 1887 - 1977 41 norteamericana de su momento histórico, la noción de Dest ino Manifiesto por el contrario había desaparecido. 42 En su prefacio Merk consideró que el Destino Manifiesto era una ideología (y en esto coincide con Weinberg), a la que describe de la siguiente manera: E l expa nsionismo s e a socia hab itualme nte con ideolog ías de cr uzada: e n el caso del expansionismo árabe fue el Islam; en el expansionismo españo l, el catolicismo; en la expansión napoleónica , el liberalismo revolu cionario; en el expa nsionism o rus o y chino, el comunism o marxi st a. El equiv alen te de esta s ideol ogías en el caso de los E stados Unidos es el ‘Desti no Mani fi es to’ . Est e fue una mezcl a de rep ubl icani smo, demo cr aci a, libe rt ad re li gio sa , anglosajonismo, y varios otr os ingredientes. 43 Pero a pesar de dar esta definición Merk no se centró en las teorías o ideas que componían el Destino Manifiesto en tanto que ideología hipotética(como había hecho Weinberg), sino que como anunció en el título de su obra realizó una reintepretación de lo que a su juicio era el Destino Manifiesto , que en términos metodológicos se traduce en una equiparación entre Destino Manifiesto y expansionismo territorial, una fusión que será muy influyente para la historiografía posterior; tanto para las publicaciones específicas de esta temática, como para la historiografía sobre los Estados Unidos en general. Prueba de ello es la convención historiográfica comprobable en los manuales y libros sobre historia de los Estados Unidos donde el apartado que trata sobre el expansionismo aparece referido fórmulas como: “El destino manifiesto” o “e xpansionismo y destino manifiesto” y otras similares. Esto ha conllevado a que uno de los usos actuales del concepto historiográfico del Destino Manifiesto sea denominar el periodo que abarca desde la invasión americana de México (1846) a los inicios de la Guerra Civil Americana (1861). Tanto en Merk como en Weinberg, sus labores como pioneros en el estudio del Destino Manifiesto se ha visto fuertemente influida por el hecho de haber sido los dos discípulos de grandes historiadores americanos. De hecho, si en el trabajo de Weinberg puede verse una primera manifestación de las tesis de Lovejoy, en el trabajo de Merk puede encontrarse una aplicación un tanto superf icial del legado de las tesis planteadas por Turner. Merk ayudó a su maestro a asentar la historiografía del Oeste desde la !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 42 R o b e r t M c G . T h o m a s J r . “ F r e d e r i c k M e r k , 9 0 ; A H a r v a r d H i s t o r i a n ” , Nueva York Ti mes, 2 7 d e septiembre de 1977, acceso el 7 de marzo del 2018, https:// www.nytimes.com/1977/09/27/ archives/ frederic k < mer k < 90 <a< harvard < his torian < taught < wagon < wheel s < course < on.html . Mer k, F re deri ck. Man if est De sti ny an d Mi ssi on… , pp . VIII, 3 - 4, 261 - 266. ! 43 Merk, Manife st Desti ny and Mi ssi on , pp. VI - VII . 42 cátedra que ambos ocuparon en Harvard, y desde ella desarrolló los postulados implícitos en el proyecto de investigación de Turner, por lo que no resulta del todo extraño constatar que la reinterpretación del Destino Manifiesto a la que alude Merk en el título de su libro se fundamentó en reformular el Destino Manifiesto como un episodio fundamental de la historia del O este. Esto se materializó fusionando la noción de Destino Manifiesto con la de expansionismo, lo que en último término supone privilegiar la historia diplomática sobre la historia intelectual. Las obras de Pratt y Weinberg llevaron a Merk a que en sus últimos años de vida realizase una enorme producción de obras en las que terminó por fusionar las tesis sobre el Oeste y la f rontera de Turner con el estudio del expansionismo que él mismo había ideado como temario de la asignatura que impartió en Harvard, y de esta manera el legado de la obra de Turner acabó convirtiéndose en un pilar fundamental para el estudio del Destino Manifiesto . 44 Considerado en retrospectiva, Merk realizó uno de los trabajos más sobresalientes, y posiblemente el más exhaustivo sobre el expansionismo decimonónico estadounidense. Su visión sobre el Destino Manifiesto quedóestablecida en su primer libro sobre el tema (cuya popularidad no pudo igualar ninguna de sus obras posteriores), pero es necesario tener en cuenta toda su línea de producción bibliográfica desde 1962 a 1978 para comprender el proyecto de investigación que tenía en mente en donde el !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 44 C o m o s e e x p l i c ó a n t e r i o r m e n t e , l a o b r a d e M e r k e s muy ta rdía y se inten sifica cuando este se retira como profesor emérito en el departamento d e hi s t or i a de Ha r v ar d , y c on t in ú a despué s con s u j u b i la c i ón y hasta su muerte. Aunque M erk ya había escrito algunos libros sobre el Oeste en su periodo como profesor en Harvard, es su obra de retir o la que acabó t e n i d o u n m a y o r i m p a c t o e n l a h i s t o r i o g r a f ía po sterior. Su libro so bre el Destin o Mani fie sto fue en este sentido la primera de una serie de obras que tuvieron p or objetivo plasmar una historia del Oeste americano a travé s del expansioni smo. Tres años después de publicar Mani fe st Desti ny and Miss ion in Amer ic an histo ry: a Rei nte rpr eta ti on (1963) [656 citas], M erk publicó un libro tit ulado The Monroe Doctrine and Americ an Expansionis m, 1843 - 1849 (1966) [60 citas], que de alguna m anera recupera el espír itu de Weinberg al con tar el fenóm eno del expans ionismo desd e el punto de vista de sus ideas, sólo que en esta ocasión lo hace desde la Doctri na Monro e , y no m ediante el Dest ino Manifi est o . Al año sigu iente M erk pub licará el libro The Oregon Q uestion: E s s a y s i n A n g l o - American D iplom acy and P olitics (1967) [80 citas] que to ma el título de un panfleto d e Albert Galatin publicado en 1846 (y que M erk había analizado previamente en una obra de 1950) para estudi ar el conflicto por el territor io de O regón que dará lugar a la Doctri na M onroe desde una perspectiva de la histori a diplomática, sirviendo de modelo para múltiples libros que se escribirán con posterioridad desde la mism a perspectiv a. A principio s de los años 70 Merk deja rá de lado sus e studios sobre la Doctrin a Monr oe para volver al estudio del Desti no Manifi est o a t ra vé s d e d os o b r a s . L a p ri me r a s e t it ul ó Fruit s of Propagand a in the Tyler Admini strat ion (1971) [39 c itas] en donde se narra las estra tegias políticas de la administración del presidente John Tyler para convencer a l a o p i n i ó n p ú b l i c a n o r t e a m e r i c a n a d e l a necesidad de responder la petición de anexión de Téxas para subsumirla en la Unión. El trabajo tendría repercusion es po steriores por plantear el Destino Manifi esto com o una estrategia de comunicación polític a con fines de influi r en la opinión pública (hay que señalar que este traba jo se escribe en plena era Nixon ). El segund o tra bajo que escribe Merk ll eva por tí tul o Slavery and the Annexation of Texas (1972) [75 citas] donde M erk trata los in tereses del Su r de los Estados U nid os en anex ionar Texas para ganar poder político en la carrera seccionalista y obtener m ás tierras para extender la esclavit ud. Finalmente en 1978 se publicó una obra póstuma Histor iy of the West ward Move ment [155 citas] qu e se p odría considerar el testame nto académ ico de M erk, y la “suma teol ógica” sobre la hist oria del Oes te american o. 43 Destino Manifiesto juega un papel fundamental a la hora de formular una historia sobre el expansionismo y el Oeste decimonónico americano . Un episodio interesante sobre la recepción de las obras de Weinberg y de Merk se encuentra en los trabajos del historiador mexicano Juan Antonio Ortega y Medina. Este exiliado republicano de origen español es uno de los académicos más reputados de la historiografía mexicana del siglo XX, laureado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía por el Gobierno Federal de México en 1991. Se especializó en el estudio del conflicto entre católicos y protestantes en la época de la contrarreforma y en el mundo colonial, y aplicó esta perspectiva a las relaciones hispano-estadounidenses, en especial a lo concerniente al caso mexicano. As í mismo, llevó a cabo estudios sobre el puritanismo americano y su papel en la aniquilación de las poblaciones indígenas de Norteamérica. En 1972 escribió la primera monografía en castellano sobre el Destino Manifiesto en su obra titulada Destino manifiesto: sus razones históricas y su raíz teológica [37 citas], en donde explica la historia de “un resentimiento” del mundo anglosajón hacia el mundo hispánico, un episodio más en el enfrentamiento entre católicos y protestantes desde la reforma y la contrarreforma. La obra de Ortega y Median se reclama como una crítica a Merk (y en menor medida a Weinberg) por su intento de salvar la idea de la misión providencial de los Estados Unidos presentándola como algo distinto y mejor que el Destino Manifiesto . 45 Si bien el libro de Ortega y Medina es la primera monografía en castellano, no se trata del primer estudio que analice el Destino Manifiesto escrito en español. Ese mérito corresponde al historiador renovador cubano Ramiro Guerra por su obra La expansión territorial de los Estados Unidos a expensas de España y de los países hispanoamericanos (1935) [139 citas]. Resulta llamativo que el primer estudio en castellano sobre la historia del expansionismo norteamericano y en donde se trató el Destino Manifiesto fuera contemporáneo a la primera monografía sobre el Destino Manifiesto escrita por la historiografía estadounidense (Weinberg). Si a través de Weinberg sabemos que la preocupación por el expansionismo de los fascismos europeos !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 45 Mar ía Cri stin a Gonz ál ez Ort iz , “Ju an Ant oni o Ort ega y Medina ”, UNAM, nuest ros maest ros. Tomo II. (México DF : Editorial del a Unive rsidad A utónoma de México, 1 992) , pp. 23 - 28; Juan A. Ortega y Medi na . Desti no manif ies to: sus razo nes hist óri cas y su raíz teoló gica . ( Mé xi co DF : S ep / Se te nt as , 1 97 2) , pp. 7 - 13, 117 - 120. La obra de Ortega y Medina ha generado una cierta tradición de estudios que puede observarse en la o b r a c o l e c t i v a e d i t a d a p o r M e r c e d e s C e r t u c h a El Destino manifie sto en la histor ia de la nación norteamericana: 6 ensayos (1977) [0 citas], que co ntiene traba jos de algunos de los más distingui dos especial istas l atinoamericanos en la mater ia. 44 llevó a un renovado interés por la materia en los Estados Unidos, en Cuba la continua injerencia de los norteamericanos en los asuntos internos de las repúblicas latinoamericanas propiciaron un estudio simultáneo sobre el imperialismo estadounidense, que a partir de la revolución de 1959 va a convertirse en una temática central para el discurso del socialismo cubano conocido como “el dividendo nacional”, en lo referido a los problemas de constituir un Estado-nación en Cuba por las injerencias estadounidenses. 46 1.3 Estudios generalistas y de temática especializada: perspectivas contemporáneas en el estudio del Destino Manifiesto Una vez asentados los fundamentos sobre el estudio del Destino Manifiesto , y con las dos vías de investigación definidas, la historiografía posterior puede ser dividida entre estudios introductorios generales y estudios de temática especializada. Los estudios introductorios generales componen un corpus literario relativamente homogéneo: se tratan de libros cortos, de poco más de un centenar de páginas, que por lo general toman el libro de M erk como modelo y lo sintetizan. La práctica totalidad de ellos son breves historias sobre el expansionismo decimonónico en donde también aparecen resumidas las líneas argumentales básicas del Destino Manifiesto como ideología. En ocasiones son volúmenes que forman parte de una colección más amplia de introducciones a problemáticas de la historia americana, o bien aparecen como monografías breves concebidas como potenciales libros de texto con fines educativos. Estos libros comenzaron a aparecer en los años 90 del siglo XX con el asentamiento del De stino Manifiesto en la totalidad de los currículos de historia, e intentan cumplir una función a medio camino entre material didáctico para las asignaturas de historia de los últimos cursos de instituto y universidades, así como material divulgativo para el público general. 47 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 46 Osca r Zan et i, Isla en la historia: La hi storiog rafía de Cuba en el siglo XX. ( Caraca s, Fu ndaci ón editorial el perro y la rana, 2007), pp. 32 - 34. Agradez co a Alain J. Santos Fu entes esta in formació n. 47 La conversión del Dest ino Manif ies to en una u nidad didáctica ha llevado a la necesidad de establecer una sínt esis entre la concepción del Desti no Manifi est o com o ideología o como sinónimo d el movimiento expansionista. Para un ejemplo sobre la conversión del Dest ino Manif ies to e n u n a u n i d a d d idá ctica ver John J. Chiodo , “Teaching abou t Man ifest Destiny: Clarifying the Conc ept”, Social Studies, No. 91, (2000) [4 citas]. S i n p r e t e n d e r o f r e c e r a q u í u n a p a n o r á m i c a e x h a u s t i v a , e s t o s s o n a l g u n o s d e l o s t í t u l o s representativo s d el gé nero de estudio s intro ductorios: Building the Continental Em pir e: American Expansi on from the Revol ution t o the Civil War (19 96) [64 citas] de William E. Weeks; Westwa rd Expansi on and Manifest D est iny in Ameri can History (200 1) [1 c ita] de R ichard Worth; Mani fe st Dest in y ( 2003) [34 citas] de David S. Heidler y Jeanne T. Hei dler; American Exp ansioni sm, 1783 - 1860: a Mani fes t Detin y? (20 03) [20 citas] de Mark S. Joy; Manif est De sti ny: a Pri mar y S our ce Histo ry of 45 De todos ellos merece una mención especial la primera de estas obras: Manifest Destiny: American Expansionism and the Empire of Right (1995) [771 citas y 3 reseñas] escrito por el profesor de la Universidad de Columbia Anders Stephanson. El profesor Stephanson es uno de los editores de la New Left Review, y de los últimos exponentes de la escuela de la New Left History surgida en los años 60 como crítica a la Escuela del Consenso . Su libro no es solamente el más sobresaliente de entre las introducciones sino que, posiblemente, sea el mejor punto de partida para comenzar a estudiar el Destino Manifiesto , pues es un libro excelente tanto para una lectura exploratoria de la temática, o para servir de punto de partida para un proyecto de investigación riguroso sobre la temática. El libro de Stephanson es de todos los escritos sobre la materia el que muestra un mayor equilibrio entre la perspectiva de Weinberg y la de Merk, lo que se traduce en una visión ponderada en la presentación de los presupuestos ideológicos del Destino Manifiesto junto a una buena exposición sobre el proceso expansionista decimonónico y su tránsito al imperialismo de finales del siglo XIX. El libro de Stephanson además es el tercero más citado de todos los publicados sobre la materia, pues a diferencia de la mayoría de los estudios introductorios que presentan el estado de la cuestión, el libro de Stephanson mantiene una fuerte apuesta teórica sobre los orígenes ideológicos del Destino Manifiesto : según Stephanson este tendría lugar en una fusión entreel providencialismo puritano y el republicanismo revolucionario, y a partir de esta hipótesis es el primer autor en plantear la diferencia estratégica entre discurso providencialista y Destino Manifiesto . 48 En esta categoría de estudios introductorios existen dos publicaciones de planteamiento heterodoxo. Por una parte el libro Manifest Destiny and the Expansion of America (2007) [8 citas] cuyos editories Rodney P. Carlisle y J. Geoffrey Golsonpresentan con fines educativos un planteamiento curioso al presentar la historia del expansionismo a partir de “puntos de no retorno” (turning points), momentos fundamentales para el expansionismo que de no haberse producido habrían conducido a la historia de los Estados Unidos por derroteros distintos. A partir de esta premisa !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! America’ s Territ orial Expansion in the 19 th C e n t u r y (2005) [3 cit as] de Jesse Jarnow y J. T. Moriarty; A Hist ori cal Atlas of Mani fest Des tin y (2 005) [0 citas] de Lesli J. Favo r; Manife st Dest iny : Westwa rd Expansi on (2009) [19 citas] de Shane Mou ntjoy. 48 Stephan son, Manif es t Dest iny , pp. XIII - XVI , 3 - 27 46 Carlisle narrar posibles ucronías de futuros alternativos que podrían haber resultado de no haberse dado los eventos descritos en los “puntos de no retorno”. 49 Por otra parte el libro Sex and Manifest Destiny: the Urge that Drove Americans Westward (2012) [3 citas] propone el siguiente enfoque de análisis: Este libr o busca demostrar que el impulso sexual natural en el hombre contribuyó al impuls o de expan sión d e los Estad os U nidos h acia e l Oeste a través de to do el co ntinente, en un proceso que es generalmente conocido como el cumplimiento del Dest ino Manif ies to . […] Se h an escrito, cie ntos, incluso miles de libr os y artículos sobre mucha s de las motiva cio nes que han lle vado a lo s americ anos a ex pandi rse hacia el Oest e. Ent re est as se i nclu yen ra zones económi cas , mili tar es, polít ica s, soc iol ógic as, incluso razone s filosófic as y r eligiosas […] El argume nto cen tral de este libro no es defender que el impulso sexual fuera el princi pal fact or para hacer de los Estados Unido s un paí s de alc ance cont ine ntal . No hay nin gún i nte nto e n es ta obra de j era rqui zar y encumbrar la importancia del sexo en las motivaciones de los americanos para ir al Oest e. Sino que mi espera nza (y cree nci a) es que he pres enta do sufi cie ntes eviden c ias para convencer, inclus o a los escépticos, de que el sexo fue un factor signifi cativo en este movimiento. 50 En cuanto a los estudios que he denominado como de “temática especializada”, estos se caracterizan por centrarse en alguno de los aspectos que Weinberg o Merk presentaron como componentes del Destino Manifiesto . Se tratan por lo general de obras monográficas que al acotar su objeto de estudio consiguen profundizar en temáticas concretas más profundamente de lo que lo hicieron los clásicos o los estudios generalistas, pero al precio de perder en ocasiones de vista que el Destino Manifiesto no se reduce a una sola de sus partes, sino que es producto de la suma de todas ellas. Las obras de este grupo son las que tienen un mayor eco en la historiografía actual, pues tienden a enlazar con problemáticas y preocupaciones que trascienden el expansionismo decimonónico. Dentro de este grupo podríamos encontrar a grandes !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 49 Rodney P. Carlis le & J. Geoffre y G olson ( e d . ) , Mani fes t Des ti ny an d the Expa nsi on of Amer ica . ( Santa Barbar a : ABC Clio , 20 07 ), p . XIII - XVII. La inte nci ón de que el tex to si rva co mo mater ial didác tic o para la secu ndaria res ulta evide nte tanto e n el form ato, en cómo s e prese nta la informaci ón, como en la sección de preguntas ucrónicas que se incluye al fina l de cada uno de los ca pítulos. 50 Mar ti n Napar st eck , Sex and M anifest Destiny: the U rge that Drove A mericans . (Jefferson NC: McFa rl and & Compa ny, 20 12) , p. 1 . Pa radójic amente este estudio no se fundamen ta en el psicoanálisi s y las tesis d e Sigmu nd Freud y s us obras se e ncuentran to talmente a usentes. E l lib ro presenta re latos sobre la expa nsión en do nde se atien de a los disc ursos y las d eclaracione s e n la s q ue el erotism o o el sexo juegan algún pape l fundam ental. Aunq ue coincidirá tanto en el uso d e las fuen tes citadas, como en parte del objet o de estudi o de la literatura escrita desde el enfoque de género, su perspecti va carece del contenido crítico y teórico de este tip o de estudi os. Se trata , por el contrario, de un trabajo híbrido entre los estudios genera les d e c arácter introducto rio y los estu dios de te mática especializ ada, centrado en explicar de manera un tanto burda la contribución del impulso sexual al expansioni smo. 53 de l Destino Manifiesto desde esta perspectiva. Sin embargo durante mis estancias de investigación en las universidades de Columbia (2016) y CUNY (2017) encontré que el enfoque del settler colonialism se encontraba en el foco de discusión tanto en la academia como entre una parte de la opinión pública concienciada con los problemas raciales, por lo que no es descabellado pensar que en un futuro aparezcan trabajos del Destino Manifiesto escritos desde este enfoque. La perspectiva del settler colonialism fue inaugurada por el antropólogo Donal Deenon en un artículo titulado “Understanding Settler Societies” (1979) [52 citas], y ha recibió su impulso teorizador desde los trabajos de Patrick Wolf Settler colonialism and the transformation of anthropology: The politics and poetics of an ethnographic event (1999) [4 citas] y de Loreno Verazini Settler colonialism: A theoretical overview (2010) [122 citas]. Esta propuesta teórica surgió como una crítica a la teoría postcolonial, argumentando que las lógicas coloniales no eran solo un hecho del pasado, sino que siguen reproduciéndose en aquellas sociedades fundadas en un pasado colonizador. Este enfoque propone una perspectiva trasnacional para estudiar aquellos casos de imperialismo en donde el proceso colonial haya tenido como principal factor la aniquilación de poblaciones indígenas para tomar sus tierras y de esta manera posibilitar la expansión territorial de colonos, en muchos casos los principales agentes de este genocidio. 59 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 59 Tate A. LeFevre: “Settl er Coloniali sm”, Oxford Bib liog raphi es http:// www.oxfordbibliographie s.com/view/document/obo - 9780199766567/obo - 9780199766567 - 0125.xml . consultad o el 18/03 /2018. Si bien parte de la propuest a sobre la permanencia de las lógicas coloniales en las sociedades co ntemporáneas es interesante y pertinente para p ensar como se reproduce la opresión y las desigualdades raciales, la persp ectiva n o se encue ntra c arente de pro blemática s. Imp utar una voluntad genocida premeditada al conjunto de los colonos resulta una simplificaci ón de la pluralidad de conciencias y posicionamientos existentes en las sociedades coloniales, y la estrat egia de imputar esta lógica genoc ida a la “es tructura colonial” genera un automa tismo te leológico en donde los ag entes acaban siendo meras marionetas de un m arco social reificado. A eso hay qu e a ñadir e l prob lema de establecer un model o que bas cula con stan te mente e ntre conc ebir al suj eto colon izador co mo una agencia omnipo tente, que es simultánea y constantemente reducida a una mera personificaci ón de un sistema social en donde las agen cias individ uales pierd en toda rele vancia. Po r otra parte, e sta teoría tiende a borrar las diferencia s específicas entre las formas de opresión de distintas épocas, equiparando casos que bien pued en calificarse de genocidio, con otras prácticas históricas cuya violencia explícita es de m enor intensidad, como la explotación eco nómica coloni al, las formas actual es de segr egación y e x c l u s i ó n d e m i n o r í a s raciales por parte mayorías sociales q u e c o n t r o l a n l o s m e c a n i s m o s y e s t r u c t u r a s e s t a t a l e s . S i b i e n t o d o s estos ejemplos representen formas de opresión y violencia raci sta que const itu yen un a estructu ra de dominación racial presente en el pasado y prevalentes en la actualidad, su naturaleza y consecuencias son muy di st int as y res ult a in adec uado engl obar las tod as ba jo u n té rmin o ta n fu ert ement e mar cado como el de genocidio . 54 1.4 John L. O’Sullivan como objeto de estudio en la historiografía norteamericana . Finalmente en lo que se refiere al tratamiento de O’Sullivan por parte de la historiografía, ya adelanté que en 70 años, desde 1933 a 2003, no se ha publicado ningún estudio monográfico sobre la vida del periodista jacksoniano . Sin embargo sí que ha habido en ese lapso de tiempo algunos estudios sobre su persona. Contemporáneos e inmediatamente posteriores a los trabajos de Pratt se sucedieron las investigaciones sobre la The United States Magazine and Democratic Review. En 1930 Frank Luther Mott publicó su tesis doctoral con la que ganó el premio Pulitzer de historia en el año 1939 y que se convirtió en el texto base de historia del periodismo: A history of American Magazines, 1741-1850 [1415 citas], en donde apareció una entrada en la que se trató por primera vez desde una perspectiva académica la labor de O’Sullivan como editor de la Democrtic Review . Pero la primera monografía sobre la Democratic Review fue la tesis deLandon E. Fuller, de 1948 The United States Magazine and Democratic Review, 1937-1859: a Study of its History, Contents and Significance [5 citas]. Sin embargo esta tesis está escrita en el campo de los estudios de literatura americana, por lo que otorga a O’Sullivan un lugar secundario en su análisis. 60 Será en la Universidad de Columbia durante los años 50 del siglo XX donde se produzca el mayor avance en la investigación sobre O’Sulivan, pero con la paradoja de que estos trabajos, (los que más han profundizado en la temática), no llegaron nunca a publicarse, por lo que su impacto en la historiografía norteamericana ha sido reducido. La primera de estas investigaciones fue el trabajo de fin de máster en ciencias políticas de Robert Gumerove defendido en 1953 con el título The New York Morning News: Organ of the Radical "Barnburning" Democracy. 1844-1846 [0 citas], en el que se expone la historia editorial del periódico neoyorkino The New York Morning News (fundado por O’Sullivan y su amigo Samuel J. Tilden) y en donde abunda sobre la contribución periodística e intelectual de O’Sullivan a través de este medio. Unos años después Sheldon H. Harris defendió su tesis doctoral The Public Career of John L. O’Sullivan (1958) [7 citas], que a mi juicio se trata del trabajo monográfico más completo escrito hasta la fecha sobre este periodista y pensador político. Una parte del trabajo de Harris vio la luz a t ravés de dos artículos: “John Louis O’Sullivan and the Election of 1844 in New York” (1960) [8 citas] y “John L. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 60 Fr an k L . M ot t , A hist ory of American Magazines, 1741 - 1850 (Nueva York: D. A ppleton and C ompany, 1930) , pp.677 - 684 55 O’Sullivan Serves the Confederacy” (1964) [3 citas], pero a pesar de estas dos publicaciones, el grueso de la información contenida en la tesis no ha trascendido a la historiografía norteamericana, quitando unos poquísimos trabajos que sí se han hecho eco de ciertas partes de la misma. Con anterioridad a que Harris y Gumerove escribieran sus tesis en Columbia, Frank Parella presentó en la Universidad de Georgetown una interesantísima tesina de fin de máster en donde se abordó por primera vez en profundidad una temática que había quedado sugerida en la obra de Weinberg, pero que este autor nunca llegó a desarrollar. Parella presentó un trabajo en el que analizaba los orígenes, similitudes y diferencias entre el concepto expansionista de lebensraum ,utilizado durante la segunda guerra mundial por la Alemania nazi, comparándolo con el concepto de Destino Manifiesto . En el capítulo II se plantearán los orígenes de ambos conceptos, y en el capítulo IV se planteará una historia del Destino Manifiesto . Parella no aportará con este trabajo ninguna novedad con respecto a los estudios de Pratt en relación a O’Sullivan o al Destino . El carácter novedoso de su trabajo se caracterizará por proponer por primera vez un estudio desde una perspectiva comparada entre la noción de Destino Manifiesto con otras ideas expansionistas. Su trabajo sin embargo no llegará a publicarse y pasará mayoritariamente desapercibido [5 citas]. 61 La historiografía posterior ha realizado numerosas menciones puntuales hacia O’Sullivan como autor del concepto de Destino Manifiesto , pero muy pocos trabajos han profundizado realmente en su persona o pensamiento. Una excepción a esta situación vendrá de la mano de los estudios dedicados al Young America , tanto a su vertiente literaria como a la política. S in llegar a ser el tema central de su obra, John Stafford en su libro The Literary Criticism of “Young America”: a Study in the relation of politics and literature 1837-1850 (1952) [38 citas] detalló el desenvolvimiento de O’Sullivan en la generación de escritores del Young America mostrando su influencia entre los mismos. Pocos años después el famoso historiador intelectual Perry Miller volvió a tratar la vinculación entre O’Sullivan y el Young America en su obra The Raven and the Whale: Poe, Melville and the New York Literary Scene (1956) [30 citas], en el que se narra la historia de la formación de Nueva York como capital cultural de los Estados Unidos a través de la contraposición entre el grupo literario de los Knickerbocker y el !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 61 Frank Parella, “Lebensraum and Manifest Destiny : a Comparati ve Study in the Justif icati on of Expansi onism” ( tesi s de máster, Univer sidad de Geor get own, 1950) , pp. 18 - 36, 62 - 87. 56 Young America literary group , las dos facciones de escritores más importantes de mediados del siglo XIX en la ciudad. Pero Miller no situó el foco en O’Sullivan, sino en los editores Lewis G. Clarck y Evert Duyckinck. 62 Inspirado en este último trabajo, el historiador Edward L. Widmer escribió un magnífico libro titulado Young America: the Flowering of Democracy in New York City (1999) [165 citas], en el que movió el cent ro interpretativo del Young America al binomio O’Sullivan-Duyckinck, para postular que fue en la alianza de estos dos autores alrededor de la Democratic Review en donde se fraguó el verdadero renacimiento literario de Nueva York. La obra de Widmer va a ser importante porque aunque no se trate abiertamente de una monografía sobre O’Sullivan, la presencia del periodista es constante durante todo el libro, profundizando de esta manera en una faceta del teórico jacksoniano que estaba ausente en las tesis doctorales. 63 Pocos años después Robert D. Sampson se convirtió en el primer autor en publicar una monografía sobre O’Sullivan (2003), mediante una biografía titulada John L. O’Sullivan and his Times [39 citas], que está basada en su tesis doctoral escrita siete años antes: ‘ Under the Banner of the Democratic Principle’: John Louis O’Sullivan, the Democracy and the Democratic Review . El libro de Sampson es la fuente de información más completa sobre O’Sullivan publicada hasta el momento, y en el cómputo total de la literatura posiblemente sólo sea superada por la tesis de Harris (1958). Además de su biografía sobre O’Sullivan, Sampson escribió un capítulo de libro titulado “John L. O’Sullvian and the Tragedy of Radical Jacksonian Thought” (2006) en una obra colectiva dedicada a la memoria de su director de tesis, el profesor Robert W. Johannsen [5 citas a la obra colectiva]. 64 En la actualidad Widmer y Sampson, son los mayores especialistas vivos sobre O’Sullivan, pero curiosamente ambos realizaron sus investigaciones de manera simultánea sin saber que el otro estaba trabajando en lo mismo. Sampson realizó su tesis doctoral en la universidad de Illinois at Urbana-Champaign desde 1985 a 1995, publicando en el año 2003 una versión reducida de su tesis. Widmer por su parte realizó su investigación del año 1987 a 1997, considerando publicarla como libro en 1989 inspirado por la caída del Muro de Berlín y los sucesos de la plaza de Tiananmén. El !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 62 Perry Miller, The Raven an d the Whal e: Poe, Melvil le and t he Nue va Yo rk Literary S cene . (Ba ltimore: John Hopkins U niversity Press, 1997), pp.3 - 7, 109 - 110. 63 Wid mer , Young Ameri ca , pp. I, 3, 10 - 13. 64 Rober t D. Sampson, “ J o h n L . O ’ S u l l v i a n a n d t h e Tr a g e d y o f R a d i c a l J a c k s o n i a n T h o u g h t ”, en Polit ics and Culture of the Civil War Era: Essays in Honor of Robert W. Johannsen (Selinsgrove: Susquehan a Unive ris ty Pres s, 2006) , p p. 53 - 72. 57 libro quedó terminado en 1997, antes de incorporarse a la Casa Blanca como asesor de Bill Clinton, ocupando el puesto de redactor de discursos de política exterior, motivo que retrasó la publicación del libro al años 1999. Por lo tanto, los dos mayores especialistas que hay en la actualidad en O’Sullivan no pudieron leerse y aportarse en el proceso de investigación, y sólo Sampson pudo realizar un reconocimiento de esta paradoja gracias a los siete años de demora desde el final de su investigación hasta la fecha de publicación del libro. 65 Lejos de ser anecdótico, este caso es representativo de la situación en la que se encuentra el estudio de O’Sullivan, en donde las mayores aportaciones o bien son inéditas (el caso de Harris y de Gumerove), bien han sido publicadas de manera demasiado dilatada en el tiempo pa ra incidir e n los debates historiográficos (como ocurre con los estudios del Young America ), o como ha ocurrido con las investigaciones de mayor peso, se han llevado a cabo de manera simultánea sin que los investigadores pudieran beneficiarse de los aportaciones de sus compañeros (Widmer y Samposon). Tras los trabajos de Widmer y Sampson se ha dado una nueva oleada de estudios en donde la figura de O’Sullivan ha ido cobrando más protagonismo. Yonatan Eyal publicó un nuevo estudio sobre la temática del Young America Movement titulado: The Young America Movement and the Transformatio of the Democratic Party (2007) [96 citas] en el que desplaza el foco desde el grupo literario anteriormente mencionado a la generación de políticos nacionalistas que surgieron con posterioridad a la intervención estadounidense en México, lo que supone un trabajo similar al de los estudios sobre la agencia del Destino Manifiesto realizados sobre el filibusterismo, pero en este caso con O’Sullivan en el centro del análisis. Por su parte Robert J. Scholnick realizó dos contribuciones al estudio de O’Sullivan en forma de dos artículos sobre la conformación de una ideología imperialista a través de la literatura y los editoriales de la Democratic Review . Lo interesante de estas publicaciones es que se producen antes y después de la aparición de las obras de Widmer y Sampson, por lo que sirven para ponderar su impacto: “Democrats Abroad: continental literatura and the American Bard in the United States Magazine and Democratic Review ”(1993) [4 citas] y “Extermination and Democracy: O’Sullivan, the Democratic Review, and Empire, 1837-1840” (2005) [16 citas]. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 65 Wid mer , Young America…. , pp. I - II; Robert D . Sampson, John L. O’Sullivan and his Ti mes (Ken t: The Kent Sta te Univ ersi ty Pres s, 2003) , p p. IX - XII , XV, 2 44. 58 Siguiendo una vía similar a Scholnick quien vinculó el Destino Manifiesto con el continentalismo , los autores franco-canadienses Louis-Georges Harvey y Yvan Lamonde escribieron en el año 2013 el que probablemente sea el estudio más completo sobre el Destino Manifiesto en lengua francesa: “Origines et formes diverses du ‘destin manifeste’ dans les Amériques: les Papineau et la United State Magazine and Democratic Review de Washington et New York” [2 citas]. En este texto los autores quebequinos analizaron los orígenes del concepto, haciendo hincapié en la perspectiva de O’Sullivan sobre la rebelión del Bajo Canadá de 1837 y las referencias expansionista de este autor con respecto a su país. Por otra parte trataron la recepción del concepto y su doctrina continentalista en el pensamiento y los discursos del político canadiense Louis-Joseph Papineau, planteando que la región de Quebec habría generado su propia versión católica del Destino Manifiesto. 66 O tr o ejemplo de este renovado interés en O’Sullivan lo constituye el librode Stephen J. Hartnett Executing Democracy: Capital Punushment and the Making of America , Vol. II, 1835-1843 (2012) [13 citas], que incluye un capítulo titulado “O’Sullivan and Cheever’s Death Penalty Debate of 1843 and ‘The Great Merciless Machine of Modernity” en donde se trata el esfuerzo de O’Sullivan por lograr la abolición de la pena de muerte en el estado de Nueva York, y de su debate con el reverendo presbiteriano Geroge B. Cheever. Así mismo, el historiador Thomas M. Allen ha realizado el que a mi juicio ha sido una de las contribuciones más sugerentes tanto para la comprensión de la cultura decimonónica estadounidense como para el estudio del propio O’Sullivan. Con su libro A Republic in Time: Temporality & Social Imagination in Nineteenth Century America (2008) [126 citas] Allen ha intentado paliar uno de los problemas que ten ía la historiografía norteamericana que por el influjo de Frederick J. Turner y de Henry N. Smith se había centrado en estudiar los aspectos geográficos y espaciales en la mentalidad americana del siglo XIX, olvidando la importancia de la temporalidad. Sin embargo Allen defenderá que los americanos del siglo XIX no sólo imaginaron su país extendiéndose por el espacio, sino que también forjaron su identidad nacional a través de la idea de América expandiéndose por el tiempo como la nación del progreso. En lo que se refiere al estudio de O’Sullivan (punto de partida del trabajo de Allen) la !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 66 Louis - Ge orge s Harvey y Yvan Lamonde, “Origi nes et formes di vers es du ‘des tin manife ste’ dans les Améri ques: les Papi neau e t la Unite d Stat e Magazin e and Democra tic Review de Washington et New York” , Les Cahier s des dix , N. 67, ( 2013 ) , p p . 25 - 27, 33 - 57, 61. 59 contribución de este libro es muy valiosa pues en él se expone y analiza en profundidad por primara vez el papel que jugó la teoría de Thomas Malthus en el pensamiento del autor jacksoniano , siendo esta misma temática el punto clave de mi tesis doctoral. 67 En los últimos años han aparecido dos trabajos planteados desde una óptica muy similar entre sí, y que apuntan hacia una de las hipótesis de esta tesis al considerar a O’Sullivan como un pensador político. Ambos trabajos utilizan la temática de la teología política para aproximarse al pensamiento teológico-político de O’Sullivan. El politólogo Adam J. Gómez fue el primero que planteó la necesidad de analizar a O’Sullivan desde la perspectiva de la religión civil americana en su tesis doctoral The Nation Invisible: American Civil Religion and the American Political Tradition, 1838- 1925 (2010), cuyo primer capítulo trata sobre O’Sullivan y fue publicado como artículo independiente: “Deus Vult!: John L. O’Sullivan, Manifest Destiny & American Democratic Messianism” (2012) [10 citas]. En su tesis doctoral Gómez defendió que la tradición de la Religión Civil Americana se ha fundamentado en un marco teológico- político generado discursivamente por O’Sullivan y Lincoln, quienes fundarían una tradición de pensamiento que puede rastrearse en políticos posteriores como Woodrow Wilson o William J. Bryant. Lo novedoso de esta tesis es que muestra por primera vez a O’Sullivan como un pensador político cuyas ideas tienen un impacto concreto a la hora de constituir una tradición política. 68 El segundo trabajo es del profesor John D. Wilsey y lleva por título “Our Country is Destined to be the Great Nation of Futurity: John L. O’Sullivan’s Manifest !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 67 Thomas M. Alle n, A Republ ic in Ti me: Temporali ty & Socia l Imagina tion in Ninetee nth Centu ry America ( C h a p e l H i l l : T h e U niversity of N orth Carolina Press, 2008), pp. 4 - 41, 217 - 224 ; C omo desarroll aré más adelante, m i descubrimient o sobre la i mport anci a del pensamie nto malt usiano en O’Sul liv an no guarda relaci ón con las tesi s de este text o. Mi tra baj o fue el res ul ta do der iv ad o de un análisis hermenéutico de los textos de O’Sullivan, así como de un tr abajo de archivo que me llevó a recomp oner su pensam iento y los distintos estadio s de co nformación d el co ncepto de Destin o Manifi esto (en diciemb re de l 201 7). Jav ier F . Seb astián m e dio a conocer este texto de m anera casual cuando ya me encontraba en el proceso de redacción de la tesis (Enero del 2019), y con posterioridad a mi descubrimiento sobre la importancia de las tesis maltusianas en O ’Sulli van. El trabaj o de Allen ha sido si n embargo muy vali osos para mi tesis doctoral pues me ha ayudado a confirmar algunas de m is hipótesis y a afinar la relación entre el pensamiento de O’Sullivan con las ideas de Malthus. Tanto mi trabajo como el d e Allen se fundam entan sob re el impa cto de l os imaginari os espacio - temporales en la formulación de las ideas n acionales, si bien el traba jo de Allen, por su forma de insertarse en su contexto histori ográfico tiende a minusvalorar el papel de los imaginarios espaciales , en vez de buscar las lógicas d e inserción entre lo espacial y lo temporal, tal y como pretendo h acer yo. Por otra parte su trabajo se fundamen ta en las tesis d e Joh n G . A . Po cock y de Bened ict And erson, ign orando la contribución de Reinh art Kos elle ck, la histor ia de los co ncept os y su perspec tiva sobre la semánti ca de los tiempos históri cos, que result a fundamental para mi trabajo. A pesar de estas omisiones considero que su libro ha sido una excelente contribución para la historia cultural de su país, pues ha abordado una temática larg amente ignorada y de importancia capital en la constitución naci onal de los Estados Unidos. 68 Adam J. Gómez, “The Nati on Invisi ble : America n Civil Rel igi on and the America n Polit ica l Tradit ion ” (tesis doctoral, Un iversity of California S an Diego, 2010 ), pp. 14 - 15. 60 Destiny and Christian Nationalism, 1837-1846” (2017) [0 citas]. En este estudio Wilsey analiza el impacto del clima religioso protestante de su época, así como la influencia del idealismo alemán en la conformación de la ideología expansionista de O’Sullivan. Al igual que hará Gómez, Wilsey señala a O’Sullivan como el fundador de una forma de religión política, sólo que Wilsey no considera que sea la Religión civil americana , sino una forma de cristinaismo nacionalista que O’Sullivan habría denominado “Destino Manifiesto”. 69 No querría cerrar esta revisión bibliográfica sin mencionar que recientemente el filósofo italiano Domenico Losurdo incluyó a O’Sullivan en el canon de la tradición liberal en su Contrahistoria del Liberalismo (2005) [549 citas], lo que supone un primer paso para la consideración y normalización de este autor como un pensador político. 70 La historiografía, por tanto, ha ido abriendo distintas puertas de cara a poder establecer una posición crítica con el Destino Manifiesto, pero desde el principio cerró la puerta a intentar explicar el papel que había jugado O’Sullivan en el proceso de conformación del Destino Manifiesto . Y esto ocurrió a pesar de que fue con la hipótesis de Pratt en 1927 sobre la autoría de O’Sullivan cuando comenzó a estudiarse profesionalmente el término. Y una vez cerrada esta puerta, ningún otro historiador ha creído relevante volver a abrirla. Pero aún con todo el Destino Manifiesto ha experimentado una gran transformación, tanto en los enfoques desde los que se estudia como en la relación que mantiene la comunidad académica con la materia. En sus inicios historiográficos los historiadores nacionalistas creían en el Destino Manifiesto, y esa fue la razón por la que comenzaron a estudiarlo. Pero según fue avanzando el siglo XX el aislacionismo de la Era Roosevelt y el ascenso de los fascismos empañaron los discursos nacionalistas de corte expansionista y colonial, con lo que la legitimidad política del concepto comenzó a resquebrajarse y con cada oleada de estudios la relación de los historiadores con la temática fue tornándose cada vez más crítica. En la actualidad el Destino Manifiesto se ha convertido en una temática privilegiada dentro de la historiografía estadounidense como medio para explicar muchos de los problemas del país. El Destino Manifiesto ha sufrido una inversión en los !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 69 J o h n D . W i l s e y , “ O u r C o u n t r y i s D e s t i n e d t o b e t h e G r e a t N a t i o n o f F u t u r i t y ” , Religi ons, 2 0 0 7 , 8 ( 4 ) , 68, p . 1 70 Domeni co Losur do, Contr ahist oria del Libe rali smo (Madrid: El viejo to po, 2007), pp. 62 - 64, 221. 61 términos de su comprensión, y no sólo desde un punto de vista político, sino también epistemológico, pues ha pasado de ser comprendido como un conjunto de problemáticas articuladas alrededor del fenómeno expansionista y su ideología (Ej. El racismo expansionista, el discurso político expansionista, los sentimientos religiosos del expansionismo, etc.), para concebirse como una serie de problemas concretos que son causantes últimos del expansionismo e imperialismo decimonónico. Por lo tanto, uno de los retos que se abre para toda nueva investigación es la de reflexionar sobre la articulación de las partes con el todo. En lo que se refiere a mi trabajo considero que mi aportación se suma a aquellas que viene realizándose desde hace algunos años intentando recuperar la figura de O’Sullivan como elemento determinante para explicar el Destino Manifiesto . En este sentido, incorporo parte de la perspectiva de la “agencia” que constituye el marco interpretativo predominante en la actualidad. Pero a diferencia de los estudios especializados mi tesis no se centra en un sólo aspecto del Destino Manifiesto , sino que a través de la figura de O’Sullivan intento estudiar todos los elementos que a mi juicio han contribuido en el proceso de formulación del Destino Manif iesto en tanto que concepto político y social. De esta manera mi tesis pretende contribuir a la historiografía del Destino Manifiesto desde un modelo que integre tanto la pretensión omniabarcante de los trabajos clásicos, como el estudio en detalle y con la profundad que han logrado los estudios especializados. Como indiqué con anterioridad, de entre las perspectivas clásicas mi trabajo se circunscribe dentro de la línea iniciada por Weinberg, por lo que en mi aproximación al Destino Manifiesto privilegiaré su comprensión como producto intelectual antes que entenderlo como una época, o como sinónimo del expansionismo. Sin embargo, a diferencia de Weinberg y de los autores posteriores deudores de su enfoque, no voy a considerar el Destino Manifiesto como una idea, sino como un concepto. Para comprender el alcance de este giro interpretativo y de cara a presentar mis herramientas analíticas explicaré en el siguiente capítulo el cambio paradigmático que introduce la historia conceptual con respecto a la historia de las ideas, así como mi propia vía de aproximación a las corrientes historiográficas que fundamentan mi tesis doctoral en tanto que estudio en historia del pensamiento político. 62 69 academia de postguerra, así como un intento de crítica de los fundamentos epistemológicos de la ciencia y el saber en la modernidad. Pero cada una bajo distinta s hipótesis epistemológicas y lingüísticas. 75 El giro lingüístico nace en la tradición filosófica analítica del mundo anglófono como un intento de explicar la centralidad del lenguaje en los procesos intelectivos y la imposibilidad de disociar la realidad del mismo. Encuentra su primera formulación en Gustav Bergmann, quien a principios del siglo XX inventó esta categoría para criticar la metafísica del positivismo lógico. Pero el giro lingüístico no estará completo sin las tesis de Ludwig Wittgenstein y de Ferdinand Saussure. Wittgestein ofreció una nueva base para comprender el lenguaje como j uegos del habla en donde este podía ejercer funciones muy distintas al formular una declaración, lo que suponía ofrecer simultáneamente tanto una epistemología lingüística como una teoría sobre la acción discursiva. A los juegos del lenguaje del Tractatus Logico-Philosophicus (1921) se añadían ciertas alteraciones de la filosofía del lenguaje expuestas en el Philosophical Investigation (1953), en donde Wittgenstein problematizará la relación entre hablante, acto de habla y sentido lingüístico. Saussure por su parte puso las bases de la teoría estructuralista del lenguaje al distinguir entre lenguaje y discurso, o en otras palabras, entre el sistema comunicativo social y compartido con respecto al acto individual y concreto de comunicación. El giro lingüístico va a suponer la vía en que la filosofía analítica anglófona reconsidere la centralidad del lenguaje y su relación con el mundo al !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 75 Mar ti n Rich te r, “Reco nst ruct ing the His to ry of Poli ti cal Lang uag es: Poco ck, Skin ner , an d the Gesch icht li che Grundbeg rif fe”, Hist ory and Theor y , Vol. 29, N o. 1 (Feb., 1990), pp. 38 , 41 - 42, 50. En el caso de la historia conceptual, su ruptura epistemológica no iba solamente dirigi da contra Lovejoy y sus seguidores, también contra las tradiciones a lemanas do minantes en la historia del pensamiento durante la primera mitad del siglo X X: los seguidor es de la Gei ste sgesc hic hte d i l t h e a n a , así contra Me inecke y la Ideengesc hichte ( e s t a ú l t i m a m u y p a r e c i d a a l a h i s t o r i a d e l a s i d e a s a n g l ó f o n a ) . J o s é L u í s V i l l a c a ñ a s y Faustin o On c ina , “Intro ducción” en Reinha rt Ko selleck y H ans - Geor ge Gadame r, His tor ia y h ermenéutica (B arcelona: P aidós IC E/UAB, 1997), p . 24. En oca siones se tiende a considera r el g iro hermenéutico como una forma alemana del giro lingüísti co. Sin lugar a dudas ambos enfoques pertenecen al fenómeno de los giros ( tur ns ), los cam bios de perspe c tiva oc urridos en distinta s olea das y experimentados en la acad emia a partir de los años 60 del siglo XX hasta nuestros días. Sin e m b a r g o prefiero conservar la distinción e n t r e a m b o s por el hecho de que ambos cuentan con distintas teorías del lengua je y de l a t e m p o r a l i d a d . E n l o r e f e r i d o a l a i m p o r t a n c i a d e l c a r á c t e r c u l t u r a l e n e l d e s a r r o l l o y l a implem entación de la historia concep tual y el con textualism o, Poco ck ha sugerid o que las d iferencias de las cultura s académic as del mund o anglófon o y germa noparl ante resultan tan acusadas que sólo con mucha dif icu lta d po drá ll evar se a ca bo u n di álo go e ntre es tas dos cor rie ntes . John G. A. Pocok, “Concepts and Discourses: A Difference in Culture? Comment on a Paper by Melvin Richt er” e n H a rt m ut L e hm a n n y M elvin Richter, The Meaning of Historical Terms and Concepts: New Studie s on Begri ffgeschi chte (Washin gton DC: Germ an Historical Institute, 19 96), pp. 48 - 49, 56 - 58 . 70 que se refiere, siendo una pieza clave para tradiciones posteriores como el análisis del discurso o la filosofía postestructuralista. 76 El giro hermenéutico por su parte constituirá una transformación de la principal herramienta de interpretación textual de la academia alemana, tanto con respecto a la tradición hermenéutica romántica de Schleiermacher, como con respecto a la hermenéutica diltheana popular en la Alemania de la primera mitad del siglo XX. Esta transformación tuvo lugar gracias a la transición operada por una parte de la academia germana desde el neokantismo a la fenomenología (en particular mediante la saportaciones de Edmund Husserl a este campo) y que tiene como momento fundamental las aportaciones de Martin Heidegger a la ontología con su crítica al discurso metafísico. Pero el gran hito fundamental para lo que ha sido definido como nueva hermenéutica llegará con l a obra de Hans-Georg Gada mer , que retomó l a preocupación por la comprensión y la hermenéutica influido por Heidegger y s u crítica a la metafísica que ocupó buena parte de su reflexiones durante la Kehre . 77 Con ello se pretende trascender tanto el subjetivismo del neokantismo y del nihilismo, como el objetivismo del enfoque historicista que pretendía aferrarse a la noción de método propio de las ciencias naturales. Gadamer recurre a una reflexión sobre la naturaleza de los prejuicios para distinguir entre prejuicios particulares con respecto a los prejuicios resultantes del encuentro con la tradición. Los primeros impiden el diálogo entre autor y receptor, los segundos lo posibilitan al poner en tela de juicio nuestra conciencia del saber, ya que nos llevarían a sentirnos interpelados al ayudarnos a cuestionar los fundamentos de nuestro conocimiento. Este acto de crítica introspectiva de nuestros asunciones nos conducirían junto a la crítica textual a un nuevo nivel de a comprensión. Este doble cuestionamiento nos conduciría a querer co mprender, y en esta búsqueda el lector se preguntaría por su relación con la tradición, encontrando que este nexo está recorrido por una tensión que es la posición entre extrañeza y familiaridad, que resulta el verdadero punto medio sobre el que se cierra el !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 76 Richa rd Rorty, “Wittgens tein and the Linguist ic Turn” en Philosophy as Cultural Politics: Philos ophi cal Papers, Vol.4 ( C a mb ri dg e: Ca mb r i d g e U ni ve rs i t y Pr es s, 20 07 ), pp . 1 61 - 163, 175. Quentin Skinner, Visions of Poli tics: Regardin g Method. Volume I (Cam bridge: C ambridge U niversity Pres s, 2016), p.2. Quentin Skinner, “Hermeneutics and the Role of Histoy” New Liter ary Histor y , Vol. 7, No. 1, Crit ical Challenge s: The Bellagi o Symposium (Autumn, 1975), p . 209 . Ma rt in Ri cht er , “Con ce ptu al Hist ory (B egri ffge schi cht e) and Poli tica l Theo ry”, Politi cal Theory , Vol. 14, N o. 4 (No v., 198 6), pp . 621 - 622. 77 Reinh art Ko selleck y Hans - George Gadamer, Hist oria y hermené uti ca (Barcelon a: Paidós ICE/U AB, 1997 ) , p. 115. Hans - Georg e Gadame r, El giro hermenéuti co ( M a d r i d : C a t e d r a , 1 9 9 8 ) , p . 2 5 ; R i c h a r d E . Palmer, Hermeneu tic s: Inter pret ati on Theory in Schlei ermac her, Dil they , Heidegg er and Gadame r (Evanston : Northwestern U niversity Press, 1969 ) , pp. 40 - 65. 71 círculo hermenéutico. De esta posición intermedia que debe ocupar el hermeneuta procede su tarea, que no debería materializarse en el desarrollo de un procedimiento para la comprensión, sino en el iluminar las condiciones desde las que se comprende. 78 Este criterio pone las bases de lo que Gadamer denomina historia efectual, cuyo objetivo no reside en estudiar los fenómenos históricos particulares, sino que es una reflexión sobre el proceso de investigación particular con el objetivo de establecer las preguntas correctas a los textos que se estudian. En este proceso se alcanza la conciencia de la finitud, y de que la finitud está sujeta a límites, que desde la perspectiva de la situación que ocupa todo lector supone hacerse consciente de que los límites son horizontes, el ámbito de visión que se alcanza desde un punto. Aquel que tiene horizontes puede hacerse cargo de esta autoconciencia, y podrá también valorar el significado de lo que se encuentra dentro de sus horizontes, lo que en clave hermenéutica se traduce en la posibilidad de dotarse de una sensibilidad con la que poder conectar con una tradición y sus problemáticas. Esta es la precondición para que se dé la fusión de horizontes , que es el momento hermenéutico en el que el sujeto que busca comprender consigue situarse fuera de los consensos preestablecidos. El texto a examen resultará privado de su anticipación de perfección y de su pretensión de verdad. De esta manera, el sujeto lector estará en disposición de comprenderlo históricamente reconstruyendo su horizonte. En este momento el hermeneuta está en condiciones de dialogar con el autor. 79 Sin embargo, a diferencia de Wittgenstein, para Gadamer el acto lingüístico no puede entenderse como un procedimiento metódico al que uno recurre contra el interlocutor, sino que es una dialéctica de pregunta y respuesta de ambos lados. Lo que trasladado a los textos se traduce en una dialéctica entre creación literaria (autor) e interpretación del texto (lector). El giro hermenéutico no pretende aclarar un sentido verdadero mediante un método, sino conseguir conectar con una experiencia a través de una fusión de horizontes , una suerte de diálogo que requiere hacerse cargo del interlocutor (el texto en su contexto). El giro hermenéutico por tanto subraya la importancia de lo lingüístico conectándolo con el problema de la temporalidad. 80 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 78 Gadame r, Verdad y méto do , pp. 31, 132, 365 - 369, 370, 453. 79 Ibíd. pp. 3 70 - 374, 457. 80 Gadam er, El gi ro her me néut ico , pp. 35 - 36, 70 - 71. 72 Ambos giros desarrollará n una teoría del lenguaje con el fin de superar las limitaciones de un enfoque positivista y atemporal que subyace a la historia de las ideas. La principal diferencia entre ellos consiste en que mientras que el giro hermenéutico se preocupa por la interrelación entre lenguaje y temporalidad, el giro lingüístico de la tradición analítica se ha centrado más en las relaciones formales del lenguaje (lógicas y estructurales) que permiten la comunicación y la acción social, y no tanto por los procesos de significación de su contenido. A un nivel formal-instrumental es posible combinar los enfoques surgidos de ambos giros, pues ambos comparten el objeto de su crítica y la apuesta por la centralidad del lenguaje. Pero al fundamentar de manera distinta sus teorías del lenguaje y la manera de concebir lo que es posible lograr a través de s u uso, esto hace que sea complicado f usionar ambas perspectivas s i n que surjan problemas. A mi juiciosi se pretende integrar ambos enfoques en el marco teórico de una investigación, y al mismo tiempo se desea respetar sus principios epistemológicos, es necesario de cara a que ambas sean operativas queuno de estos enfoques sea subsumido formalmente en el marco interpretativo de la otra persectiva. Para que esta operación sea epistemológicamente honesta es necesario que prevale zca el marco heurístico y la teoría del lenguaje de la principal, mientras que es posible conservar algunos de los principios metodológicos de la propuesta que ha quedado subordinada, ya que el uso sin mediaciones de ambas perspectivas simultáneamente conlleva violentar los presupuestos epistemológicos de las dos. El hecho de haberse constituido en dos propuestas diferenciadas del giro lingüístico explica porqué los padres de la historia conceptual y de la Escuela de Cambridge siempre han tenido una relación estrecha pero crítica, guardando en último término las distancias entre ellos. 81 Pero la historia conceptual y la Escuela de Cambridge no se diferencian sólo en tener presupuestos epistemológicos distintos. Su principal diferenciaresultante de provenir de dos giros filosóficos distintos se materializa en el objeto privilegiado de estudio de cada una de ellas: los conceptos para la historia conceptual y los discursos para la Escuela de Cambridge . Ambos objetos de estudio, por otra parte, se contraponen contra la unidad básica de la historia de las ideas : la idea singular. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 81 Skinner, Visio ns of Politics , p p . 86, 17 7 - 180 . Que ntin Skin ner, “ A Reply to my cri tics ” en James Tull y (ed.), Meanin g and Cont ex t (Cambrid ge: Cam bridge U niversity P ress, 1988 ), p.283 . Reinhart Kosell eck, Javier Fernánd ez Se bastián y Juan Francisco Fuentes, “ Hist ori a conc eptu al, memori a e ide nti dad: Entrev ista a Reinhart Kosell eck I ” e n Revista de libros de la Fundación Caja Madrid No. 111 (Mar. , 2006), pp. 21 - 22 . 73 En el capítulo anterior expuse que Lovejoy definía las ideas singulares como unidades indivisibles: proposiciones únicas y específicas o ‘principios’. Formulaciones expresamente enunciadas por los antiguos filósofos más influyentes, junto con otras nuevas proposiciones que son, o se ha supuesto que son sus corolarios, a lo que añadirá que dichas ideas singulares son categorías y pensamientos que cuentan con una larga historia de vida propia y que pueden encontrarse en numerosas expresi ones intelectuales, de la ciencia y la cultura. Todo esto llevó a Lovejoy a considerar las ideas como entidades suprahistóricas que en cada momento se conceptualizan de múltiples maneras, lo que llevaría al historiador a recomponer la “cadena” de signif icados en que una idea singular se expresa en cada momento histórico.Desde un punto de vista de la obra y la autoría, la historia de las ideas se fundamenta en un enfoque que ha tendido a denominarse como realista , que considera a las obras como formas acabadas que han cobrado una autonomía con respecto a su autor y a sus lectores y a las que se podría acudir de manera directa accediendo al contenido de sus mundos de sentido sin más esfuerzo que la inversión necesaria de tiempo para leer la obra en donde las ideas habrían quedado fijadas de una vez y para siempre. 82 La categoría de idea por consiguiente ha sido criticada tanto por la historia conceptual como por los autores de la Escuela de Cambridge . En Futuro Pasado (1979) Koselleck explicó que la interrelación que pretend ía crear entre historia social e historia conceptual tenía por objetivo : “ la crítica a la transferencia desapercibida al pasado de expresiones de la vida social del presente” (transferencia que supone imponer a los agentes históricos categorías y formulaciones anacrónicas que por su contexto de época les era imposible pensar), y por otra parte realizar “una crítica a la historia de las ideas, en tanto que éstas se mostraban como baremos constantes que sólo se articulaban en diferentes configuraciones históricas sin modificarse esencialmente”. 83 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 82 Lovejoy , La gran cadena del ser , pp. 12 - 13, 22 - 31. Lovejoy, “The histori ography of ideas ”, pp. 8 - 9. Palmer, Hermen euti cs , p. 5. 83 Reinh art Kosellec k, Futuro pasado: para una semánt ica de los tiempos hist órico s ( B a r c e l o n a : P a i d o s , 1993), pp. 112 - 113. E n l a i n t r o d u c c i ó n a l d i c c i o n a r i o K o s e l l e c k t a m b i é n a p u n t ó q u e e l m é t o d o q u e s e implem entaría “Ev ita la historia del espíritu [ Geistesges chichte] com o una historia d e la s ideas”, por lo que el rechazo a la perspectiva desarrol lada tanto por Meineke como por Lovejoy se encuentra integra da en las p rincipal es obras fundacionales de la historia conceptual. Reinhar dt Kosel leck, “Intro ducci ón al Dicc iona rio h i s t ó r i c o d e c o n c e p t o s p o l í t i c o - sociales básicos en lengua aleman a”, Revi sta Anthropo s: huellas del conocimiento , Nº 2 23, (200 9), p. 10 3 ; Reinh art Kosell eck, “A Resp onse to Com m ents on the Gesch icht li che Grunbeg rif fe ” en H artmut L ehmann y Melvin Richter, The Meaning of H ist orical Terms and Concepts: New Studies on Begriffgeschi chte (Wash ington DC : German Historical Ins titute, 1996), pp . 6 2- 63 . 74 Quentin Skinner por su parte recriminó a Lovejoy ser uno de los máximos exponentes de la mitología de las doctrinas , el peligro de que el investigador construya el tipo ideal de una idea y a modo de doctrina la proyecte hacia el pasado hipostasiando una noción normativa sobre una pluralidad de actos de habla. Para Skinner no existen ideas a las que distintos autores hayan contribuido a través de los tiempos, sino múltiples declaraciones cuyos significados e intenciones dependen de sus contextos históricos. 84 Las ideas como formas ideales universales de inspiración platónica son por tanto el gran mito a abatir por los máximos exponentes de los giros en la historia intelectual. Por lo tanto, no existiría una historia de la idea de Destino Manifiesto que contar. En este sentido, el proyecto de Weinberg como discípulo de Lovejoy, por muy impresionante que sea por el alcance de su muestra de estudio, se habría construido sobre unos presupuestos teóricos espurios al subsumir bajo la etiqueta de “Destino Manifiesto” conceptos y discursos que corresponderían a contextos históricos y motivaciones políticas muy distintas. La alternativa que nos ofrecen las escuelas historiográficas surgidas de estos dos giros suponen considerar el Destino Manifiesto como un concepto y un discurso. En comparación con la visión tradicional, que tiende a definir al Destino Manifiesto como una id ea o doctrina, supone un gran avance, pues introduce una sensibilidad sobre la s posibilidades temporales del pensar en una manera concreta, así como la importancia de considerar la influencia del contexto histórico en la formulación y las divergencias de las formas de pensar en cada momento del pasado. Pero para poder evaluar la pertinencia de considerar al Destino Manifiesto como un concepto y/ocomo un discurso, primero es necesario considerar el núcleo fundamental del proyecto de investigación de estas escuelas. 2.3 El proyecto de investigación de la historia de los conceptos. La historia de los conceptos tiene su origen en el diccionario ( Geschichtlichte Grundbegriffe Lexikon ), que a su vez tiene su antecedente directo en el Archivo para una historia conceptual (Archiv für Begriffsgeschichte) . El Arch ivo es una revista creada en la Alemania Occidental de los años 50 del siglo XX por Erich Rothacker con el fin de impulsar la historia de la filosofía y de la ciencia, y que pronto tendrá la colaboración de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 84 Skinner, Visi ons of Pol itics, pp. 62 - 63, 83 - 84, 176. 75 Karlfried Gründer, Joachim Ritter y Hans-Georg Gadamer. Este último dirigía un seminario de lectura filosófica y hermenéutica en Heidelberg al que Koselleck asistió en su última etapa de formación y en donde tuvo contacto con la sensibilidad lingüística de la hermenéutica. Además, allí pudo conocer y escuchar a Heidegger, quien también acudía ocasionalmente al seminario. Koselleck mantendrá relación por esos años con una de las grandes figuras declinantes de la academia alemana, un hombre marcado por su aquiescencia anterior con el nazismo,el jurista alemán Carl Schmitt.Schmitt había desarrollado en su obra temprana una sensibilidad especial por los conceptos como medio de explicación de lo político, y esta sensibilidad por lo conceptual fue heredada Koselleck como d octorando suyo. En H eidelbeg también recaló a mediados de 1950 el discípulo de Otto Brunner, Werner Conze, quien desde la historia social llevó a dicha universidad la sensibilidad por los cambios de larga duración, populares también en el enfoque de los historiadores franceses contemporáneos encuadrados en la Escuela de Annales. 85 En 1967, y como resultado de este contexto intelectual, Koselleck anunció e l programa para un diccionario de historia de los conceptos que editará junto a Brunner y Conze, y que será titulado: Conceptos históricos fundamentes: Diccionario histórico de los conceptos político-sociales básicos en lengua alemana (abreviado como GG Lexikon ) (1972-1997). Esta monumental obra en ocho volúmenes recoge la definición y explicación de 122 conceptos fundamentales, así como una introducción escrita por Koselleck donde se explica el proyecto de la historia conceptual. Dicha introducción, junto al libro Futuro Pasado: para una semántica de los tiempos históricos (1979) suponen los dos pilares fundamentales desde donde Koselleck fundamentará la historia de los conceptos. 86 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 85 Vil laca ñas y Onc ina , “Introdu cción”, pp. 11, 20 . Ri chte r, “Reco nstr uctin g the Hist ory of Pol iti cal Language s”, pp . 43 - 45. 86 Además del GG L exik on se han desarrollado iniciativas análog as resultado del desarrollo y asentam iento de la historia conceptual como enfoque disciplinar. En Alemania Ritter y Gründer publicaron su diccionari o en seis volúmenes Dicc iona rio histó rico de la filo sofí a (1971); Ro lf Reicha rdt y Eberhar d Schmidt publicaron por otra parte un dicci onario en s iete volúmenes titul ado Man ual de co nce pto s polític os y sociales en Francia, 1680 - 1820 (1985); en el ám bito iberoam ericano Javier Ferná ndez Sebasti án ha encabezado dos experienci as que han intentado trasladar el esfuerzo realizado en la academia alemana a las lenguas española y lusa. Por una parte editó junto a Juan Francisco Fuentes el Dicc iona rio pol íti co y soci al del siglo X I X español (2002) y el Diccion ario polít ico y social d el siglo XX español (2008). Por o tra parte, con la conform ación de Iberconcep tos: proyecto y red d e investigación en historia conceptual comparada del m undo iberoamericano s e l l e v ó a c a b o l a r e d a c c i ó n d e l Diccio nari o polític o y social del mundo iberoamericano (2009 y 2 014), tamb ién dirigido por Jav ier Fernánde z Sebasti án y publi cado en d o s t o m o s y o n c e v o l ú m e n e s . E s t e t r a b a j o s e h a i n s p i r a d o e n e l GG Lexik on , incorpo rando tamb ién cuestiones m etodológic as y te óricas de la Escuela de Ca mbridge, y presenta r po r primera vez un diccionario de historia conceptual que, en sintonía con la historia atlántica, plantea el 76 La historia conceptual trata sobre los conceptos históricos fundamentales. Estos son conceptos guía del movimiento histórico cuya importancia y uso permiten comprender estructuras y contextos de los acontecimientos de la historia. Los conceptos políticos pueden ser considerados fundamentales cuando se vuelven insustituibles, pues sin ellos no es posible la comunicación política en una época dada. Esto les vuelve polémicos, porque distintos hablantes quieren imponer un monopolio sobre su significado. 87 Los conceptos, por otra parte, no son entidades aisladas que existan por sí mismas. Estos forman parte de redes conceptuales en donde unos conceptos influyen sobre otros, marcando la manera en que estos se significan y generando afinidades político-lingüísticas y divergencias conceptuales por oposición. Entre estas relaciones semánticas por oposición destacan los contraconceptos asimétricos : “conceptos superiores e inferiores, conceptos anexos y conceptos adyacentes, [sin los que] no es posible analizar ningún concepto. Cada uno remite obligatoriamente a unidades textuales mayores sin por eso perder su estatus de premisa necesaria para el pensamiento de procesos s emióticos sobre los que ha de discutirse”. Los contraconceptos asimétricos son, en suma, conceptos que sólo se comprenden en oposición con otros cuyo estatus lingüístico y político es distinto y desigual; dichos conceptos son quizás el ejemplo más claro del carácter interconectado que conforman las redes conceptuales. 88 Pero los conceptos no son meras palabras aunque ambos (palabra y concepto) remitan a múltiples sentidos por su carácter polisémico. Sin embargo la naturaleza en la polisemia de los conceptos y en las palabras no es exa ctamente la misma. Los conceptos son polisémicos en el sentidomás estricto del término, pues el conjunto de significados contenidos y articuladospor el concepto tienen un carácter interdependiente. Para que un concepto adquiera su significado pleno requiere que los distintos sentidos de su pluralidad semántica se complementen y articulen entre sí para dotar al concepto de su significado completo. Esto no sucede en la unidad lingüística que !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! estudio de la semántica social desde una perspectiva transnacional y m ultil ingüe. Richter, “Reconstructing the History of Political Languages…”, pp. 38 - 40. Javier Fernández Sebastián, “ Iberconce ptos : hacia una histo ria trasnaciona l d e los concep tos políticos en el m undo iberoa mericano ”, Isegoría: revista de filosofía mo ral y política , Nº 37, (julio - diciembre, 2007), pp. 165 - 168, 174 - 175. Kosel lec k, Fe r nández Sebastián y Fuentes, “ Hist oria conc eptu al, memori a e id enti dad: Ent revi sta a Reinh art Kosell eck I”, p. 21. 87 Kosel lec k, “Int rodu cció n al d icc ionario”, pp . 9 3 - 94. Reinhar t Kose lleck, Hist oria s de concept os: estudios sobre semántica y pragmática del lenguaje político y s ocial (Madrid: Tro tta, 2012), pp. 45 - 46. 88 Ibíd. , p. 47. Koselleck, Fu turo Pa sado…, pp. 207 - 209 77 denominamos palabra , pues su polisemiase caracteriza por la polivocidad, esto es, sus múltiples significados pueden expresarse como voces independientes entre sí cuyos significados son autónomos unos de otros y no requieren de su conocimiento e interconexión para comprender cada voz específica. 89 En la introducción al diccionario Koselleck ejemplifica esto con el concepto de Estado, que como concepto histórico moderno articula una pluralidad de atributos que son los que lo dotan de sentido (“poder, territorio, población, ciudadanía, legislación, jurisprudencia, administración, impuestos, ejército”…, por citar sólo algunos). En castellano, por otra parte, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española recoge en su 23º edición 17 significados posibles para la palabra “estado” en el año 2018: 1. “situación en que se encuentra alguien o algo, y en especial cada uno de sus sucesivos modos de ser o estar” 2. “Cada uno de los estamentos en que se consideraba dividido el cuerpo social” 3. “Clase o condición a la cual está sujeta la vida de cada uno” 4. “estado civil”; 5. “País soberano, reconocido como tal en el orden internacional, asentado en un territorio determinado y dotado de órganos de gobierno propios”; 6. “Forma de organización política, dotada de poder soberano e independiente, que integra a la población de un territorio”. La lista sigue con otras 11 acepciones, pero queda claro que cualquiera de las aquí ofrecidas se comprende por sí misma sin necesidad de referirse al resto, mientras que la 5 y la 6 se corresponden con el concepto político de Estado como ente y forma política, que es a lo que Koselleck se refería en su ejemplo conceptual, y esta noción de Estadoperdería su inteligibilidad si se le privara de un número significativo de los elementos que lo caracterizan para nosotros. 90 Por eso Koselleck acierta al señalar que si bien “estado” como palabra es “univoca” a pesar de su polivocidad, el concepto de Estado como ente y forma política requiere de una pluralidad irreductible de elementos que lo definan para no resultar extraño. El estudio de esta pluralidad de atributos internos y constitutivos a un concepto, y la manera en cómo se combinan para producir una definición es lo que interesa a la historia de los conceptos; así como sus divergencias en una misma época (sincronía) y a !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 89 Profundi zando en esta idea d e l a d i s t i n c i ó n e n t r e p o l i s e m i a y p o l i v o c i d a d , una palabra pued e po seer distint as acepciones, y cada una de e llas pud e usa rse ob viando las demás sin oscurece r e l s e n t i d o q u e s e intenta exp resar. S in e mbargo los con ceptos necesita n co nservar su equivo cidad y no pueden ser simplificados al nivel de las palabras, pues “los conceptos son concentrados de m uchos conten idos significativos ”. Sin embargo, si bien esta distinción está contenida en Koselleck, en ocasiones este utiliza los término s in distintame nte, al m enos en sus traducc iones al castellano. Kosel lec k, “Int rodu cció n al diccionari o…”, p.101. Kosell eck, Futur o Pasado…, pp. 116 - 117. 90 Ibíd. pp. 101 - 102. Koselleck, His tor ias de c once ptos , p. 45. “es tado”, Dicciona rio de la lengua española RAE, a cceso el 22/06 /2018 , http ://d le.r ae.e s/sr v/fet ch?i d=Gjqha jH 78 lo largo del tiempo (diacronía). Sin embargo, esta pluralidad de atributos no se debe a una cualidad ontológica del concepto que necesariamente le aboque a contenerlos, sino que es históricamente producida por los actores sociales en sus contextos históricos, que contraponen distintos significados conceptuales en los discursos políticos y sociales alterando con el tiempo su significado, usos y pragmática. Por este motivo los conceptos no son inmutables. De hecho es la transformación en los significados de los conceptos lo que interesa a la historia conceptual, pues los conceptos son indicadores y factores de su tiempo, y como tal es suponen una vía privilegiada para estudiar una época a partir de la manera en que los actores de un contexto dado definen su realidad. El concepto como indicador nos ofrece un reflejo sobre como los sujetos conciben un ente, fenómeno o problemática a partir de cómo estospiensan y perciben su momento histórico. El concepto como factor suponeuna cualidad interactiva de los conceptos, ya que con su uso transforman c ómo se percibe e l fenómeno mentado y todos aquellos elementos con los que está relacionado. Es en virtud a esta cualidad dialéctica e interactiva del lenguaje con su momento histórico por lo que no pueden existir ideas inmutables en el tiempo, porque pensamos a través de lenguaje y este se encuentra en constante transformación interactuando con su tiempo histórico. 91 Aún con esto la casuística de fenómenos y experiencias que una vida humana tiene que encarar y a la que debemos hacer frente con el lenguaje, emociones e intelecto resulta relativamente limitada, y este ámbito de experiencias limitadas que toda generación tiene que afrontar pueden ser compartidas a t r avés del tiempo. Pero una vivencia análoga no tiene porqué ser experimentada, concebida y reflexionada de la misma manera en épocas distintas, y ni siquiera en la misma época. Con esto no pretendo hac er una defensa del relativismo o del subjetivismo. Los fenómenos del acontecer histórico son producto de la emergencia ,necesitan del concurso de agentes concretos y de sus subjetividades, pero en tanto que producto de la acción colectiva, su constitución final trasciende las determinaciones de los actores individuales. Por lo tanto, sobre un número de problemáticas/fenómenos limitados, compartidos y análogos van a formularse un gran número de conceptos que, aunque potencialmente puedan referir a lo mismo, son concebidos de manera muy diversa. Por otra parte, aunque sean necesarios los actores individuales para llevar a cabo los procesos de conceptualización, !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 91 Koselle ck, Futuro Pasado , p. 118. 85 La Sattelzeit por tanto se yergue como la hipótesis de partida a la hora de estudiar un concepto, e introduce la pregunta sobre los cambios semánticos que experimenta un concepto desde sus acepciones previas a la modernidad, con respecto a los nuevos horizontes de sentido que la modernidad les imprime. Esto a su vez nos permite comprender cómo se percibieron los cambios en la transición hacia el mundo moderno, pues el concepto en cuanto índice de los fenómenos referidos recoge la visión que los actores tenían de su tiempo y cómo el proceso de modernización afecta a los elementos referidos por los conceptos. De esta manera la historia conceptual es también una vía para estudiar y reflexionar las transformaciones en y de la modernidad. A pesar de la centralidad de la Sattlezeit durante el proyecto del GG Lexikon, Koselleck se distanció del concepto en su etapa final. S i bien existe debate sobre si esto significó o no un rechazo de la hipótesis, lo cierto es que en una entrevista ofrecida a los prof esores Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes, Koselleck comentó su insatisfacción con el concepto y su hipótesis de investigación, ya que como comentará en dicha entrevista habría ideado la noción como parte de una estrategia para dar mayor publicidad al proyecto del diccionario. Su incomodidad se centra en especial con el lexema “ Sattel ”, pues este no haría referencia directa al proceso de la aceleración, lo que conllevaría a que la etiqueta historiográfica devenga en una herramienta de investigación deficiente a la hora de definir su objeto de estudio.Una crítica similar al concepto la presentó en su discurso ante el Instituto histórico alemán de Washington DC ante Melvin Richter y John G. A. Pocock. En esa ocasión abundó sobre la idea de que la Sattelzeit había sido un eslogan con el que vender el proyecto, y que en retrospectiva habría oscurecido más que aclarado las intenciones del mismo, llegando a proponer que quizás habría sido mejor optar por el término Schwellenzeit (periodo humbral). Sin embargo, en la entrevista of recida a Fernández Sebastián y a Fuentes, Koselleck apuntó tras una pregunta de sus entrevistadores que la Sattelzeit no tenía que comenzar siempre en el mismo momento histórico, y que para los italianos podría haber comenzado con anterioridad en la época de Maquiavelo. Esto lleva al profesor !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! transfor mación del mu ndo jalonad a p or distintos even tos históricos que ha n dado lugar a socied ades en donde el cambio de las costumbres y las formas de vida; de los adelantos técnicos y cu ltura les, hacen que las experien cias vitales de una generac ión queden desa ctualizadas para la siguiente, por lo que los espacios de ex periencia no son comparativamente t a n i m p o r t a n t e s e n l a c o n s t i t u c i ó n d e l a s i d e n t i d a d e s colectivas , ya que l a e x p e r i e n c i a acumulada puede no servir para a f r o n t a r l o s reto s que se plantean a las nuevas generaciones. P or el contrar io, esta aceleraci ón vuelve mucho más importante el fenómeno de la prognosis, pues l a capacidad de r e a l i z a r e x p e c t a t i v a s a d e c u a d a s sobre l o s cambios por venir p u e d e s e r v i r para anti ciparse a los desafíos de una época. Y cuanto más se acelera el tiempo m ás se in tensifica e s t a sinergia . Ibíd. p. 95 . Kose lle ck, Futuro Pasado…, pp. 36 - 37, 354 86 Fernández Sebastián a comentar la hipótesis de una renovación del lenguaje políticoen el ámbito hispánico de los siglos XVI y XVII sobre una base escolástica, a lo que Koselleck responde negativamente, alegando que dicha transformación no tenía las mismas implicaciones que la Sattel zeit , a partir de este intercambio creo que es razonable pensar que la idea nunca fue del todo abandonada. 108 Con el debilitamiento de la hipótesis de la Sattel zeit como perspectiva fundamentadora de la historia conceptual Koselleck desarrolló la Histórica , que en su homenaje a Gadamer de 1985 concibió como la tematización de las condiciones de posibilidad histórica, es decir, considerar las aporías de la finitud del hombre en su temporalidad. Para poder vivir, el ser humano orientado hacia la comprensión deb e transformar la experiencia histórica en algo ligado a un sentido y asimilado hermenéuticamente. La Histórica , por tanto, es entendida como una teoría de la historia que no se centra en los hallazgos determinables empíricamente en las historias pasadas, sino que se pregunta por las condiciones de posibilidad de la historia. Es la versión koselleckiana de la historia efectual de Gadamer. 109 Pero de cara a esta investigación no voy a incorporar la histórica , pues una teoría de la historia que considere las condiciones de posibilidad de la historia misma, de la conciencia histórica, de la vivencia histórica del hombre, o cualquier otra reflexión que apunte hacia una antropología de la condición del hombre como ser histórico resulta un objetivo demasiado ambicioso para este trabajo. Asi mismo tampoco daré desarrollo a algunos de los proyectos de la historia conceptual en los que Koselleck trabajó en su etapa final inspirándose en la metaforología , de Hans Bloomenberg, o la memoria histórica ligada a los monumentos y las imágenes. Todo esto pertenece a un desarrollo de la historia conceptual basado en los límites de lo conceptual que Bloomenberg definió como la “inconceptualidad”. Mi utilización de la historia conceptual se basa en aquellos elementos descritos hasta el momento, que son los que fundamentaron el arranque de la historia de los conceptos alrededor de la hipótesis de la Sattelzeit . Dado que esta es una tesis en historia conceptual de un concepto político americano merece la pena detenerse por un momento en la situación de este paradigma !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 108 Reinhar t Kosellec k, Javier Fern ández Sebas tián y Juan Francisc o F u e n t e s , “ Histor ia conce ptua l, memori a e id enti dad : Ent revi sta a Rein hart Kosel lec k II ” ; Revista de libro s de la Fund ación C aja Ma drid No. 112 (Apr. , 2006 ), p . 8; Koselle ck, “A Respons e to Comments on the Geschic htl iche Grunbe grif fe ”, p. 69 . 109 Kosell eck y Ga damer , Hi sto ria y h ermen éuti ca , pp. 68 - 69. 87 historiográfico en los Estados Unidos. Martin J. Burke se ha referido al estado de la historia conceptual en la academia estadounidense como un “proyecto nacional olvidado”. A este respecto, Burke señala que ha habido iniciativas como la suya, o la del profesor Melvin Richter por iniciar una línea de investigación en historia conceptual estadounidense de manera similar a las adaptaciones llevadas a cabo en países como Holanda, Finlandia o España, pero concerniente a la historia estadounidense. Sin embargo, no ha sido posible que este proyecto germinase debido a varios factores relacionados con la cultura académica norteamericana y por la falta de apoyo institucional a este proyecto. Según Burke, uno de los mayores desafíos ha consistido en encontrar académicos del campo de las humanidades y de las ciencias sociales que quisieran trabajar en un proyecto común. A pesar de que en la actualidad la academia se encuentra imbuida de un discurso ritual que alaba la multidisciplinariedad, no se puede obviar que en los Estados Unidos las humanidades y las ciencias sociales obtienen sus fondos para la investigación de distintos organismos. 110 En el caso de las ciencias sociales, el organismo federal de referencia es el National Science Foundation (NSF) , que prioriza proyectos que se encuentren “rigurosamente” fundamentados desde un punto de vista metodológico, lo que en la práctica significa que favorecen proyectos planteados desde una óptica de estudio cuantitativo y con un claro sesgo hacia el institucionalismo. Las humanidades por el contrario tienen por institución federal de referencia la National Endowment for the Humanities (NEH), que no solo cuenta con muchos menos fondos que la NSF, sino que además desde los años ochenta y noventa del siglo XX (con el surgimiento y predominio de los Cultural Studies y de los postulados de la nueva izquierda en los departamentos de humanidades) el NEH ha priorizado proyectos centrados en el estudio de grupos histórica y socialmente marginados, privilegiando investigaciones centradas en explicar los mecanismos de opresión grupal y las políticas de identidad colectiva. Por este motivo ha sido difícil proponer el desarrollo de un paradigma historiográfico cuyo estudio se centra en muchos casos en la producción intelectual de las élites culturales (a pesar de que desde el componente de historia social de la historia conceptual se intenta superar esta deficiencia). Históricamente la “filantropía” norteamericana ha supuesto una alternativa a los fondos públicos a través de grandes fundaciones privadas como la !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 110 Mart in J. B urk e, “ Conc ep tua l His to ry in t he Un it ed St at es: a Mi ss ing ‘ Nat io nal P roj ect’ ”, Contr ibuti ons t o the Hist ory o f Con cepts , No. 2, Vol . 1 , ( Oct. 200 5), p. 128 . 88 Rockefeller o la Ford Foundation , pero desde hace años estas instituciones “filantrópicas” no ofrecen fondos para líneas de investigación centradas en la historia. 111 Los pocos historiadores conceptuales estadounidenses han llevado a cabo su labor contra viento y marea, dependido en parte del apoyo de instituciones y redes de investigadores europeos y latinoamericanos. Esta falta de fondos y de apoyo de su s instituciones locales ha impedido que se haya podido llevar a cabo un proyecto tan básico para la historia conceptual como la elaboración de un diccionario de los conceptos políticos y sociales estadounidenses. Esto ha llevado a que los historiadores conceptuales estadounidenses hayan centrado su trabajo en la ref lexión de índole metodológica y en elaborar la historia de su propio paradigma, lo que les ha posibilitado en el largo plazo servir de enlace entre los historiadores conceptuales predominantes en la Europa continental y Latinoamérica con el contextualismo imperante en el ámbito angloparlante. 112 Esta especialización en el ámbito metodológico y de la historia del paradigma les ha reportado un lugar dentro de las redes de historiadores intelectuales extranjeros como una suerte de interlocutores entre el contextualismo y la historia conceptual. Sin embargo este rol académico ha situado a los historiadores conceptuales estadounidenses en una difícil posición dentro de su propio ámbito historiográfico nacional, que tiende a minusvalorar las aportaciones teórico-metodológicas si estas no entran en contacto directo con algún problema fundamental de sus debates sobre la identidad nacional. En esto radica la diferencia entre el relativo éxito del contextualismo con respecto al fracaso de implantación de la historia conceptual en los Estados Unidos. La Escuela de Cambridge ha conseguido penetrar en los debates historiográficos norteamericanos a través de los autores de la síntesis republicana atacando el consenso historiográfico largamente imperante sobre el legado de Locke en la revolución americana, y obligando con ello al resto de historiadores del periodo a posicionarse sobre sus propuestas teóricas. Los historiadores conceptuales sin embargo no han co nseguido encontrar ningún evento histórico polémico desde el que vehiculizar el debate y con el que presentar sus propuestas teóricas, por lo que el resto de la historiografía norteamericana ha podido ignorarles sin esfuerzo al no ver sus preconcepciones interpeladas. 113 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 111 Ibid., pp. 1 27 - 128; Kraus & Joyce, The Writi ng of Amer ican Hist ory , pp. 336 - 337. 112 Sk inne r, Visions of Politics , pp. 177 - 179, 186; R i c h t e r , “ R e c o n s t r u c t i n g t h e H i s t o r y o f P o l i t i c a l Language s”, p. 63. 113 El contextualismo h a t e n i d o u n a g r a n v e n t a j a a s u f a v o r c o n r e s p e c t o a l a h i s t o r i a c o n c e p t u a l a l s e r u n paradigma historiogr áfico surgido en la cultura académica angloparlante. Sus presupuestos teóricos están 89 Aunque habría mucho más que decir sobre el proyecto de la historia conceptual, considero que sus hipótesis fundamentales para esta tesis han quedado suficientemente explicadas, por lo que pasaré a continuación a sintetizar el proyecto de investigación de la otra tradición fruto del giro que operó en la filosofía y se trasladó a la historia: la Escuela de Cambridge . Y para hacerla abordable me centraré en sus dos principales figuras: John G. A. Pocock y Quentin Skinner. 2.4 El proyecto de investigación de la Escuela de Cambridge y del contextualismo: Escuela de Cambridge es el apelativo que se popularizo durante los años 70 del siglo XX para referirse a un conjunto de autores que protagonizaron la versión historiográfica del giro lingüístico en el mundo anglófono. Como bien ha señalado Pocock (uno de los autores en cuestión), el apelativo de Escuela de Cambridge es una etiqueta “impuesta” sobre un conjunto de historiadores que coincidieron formativamente en unos debates sobre la transformación del enfoque de la historia del pensamiento político, aunque ellos niegan que formen parte de una escuela formal. 114 Los autores englobados en este enfoque prefieren hablar del método de Cambridge antes que de Escuela de Cambridge , y esto es debido a que entienden su labor como una sensibilidad histórica guiada por un método. El origen de esta perspectiva se encontraría en el estudio preliminar al Segundo Tratado del Gobierno Civil de Locke, que fue el resultado de una investigación desarrollada por Peter Laslett entre 1949 y 1950, trabajo que sería publicado una década más tarde como estudio !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! en consonancia con la tradición académ ica estadounidense y el ni vel de tra nsferencia académica de esta es mayor con las universidades británicas al compartir una misma lengua. La historia conceptual por otro lado es un producto genu ino de la cu ltura alem ana y del ámbito académico europ eo co ntinental. Con anterioridad a l a G u e r r a F r í a e s t o h a b r í a j u g a d o a f a v o r d e l a h i s t o r i a c o n c e p t u a l , p u e s d u r a n t e e l s i g l o XIX y princi pio s del sig lo XX las élit es cul tura les nortea meri canas tenía n a la academi a alema na por su espacio formativo de referencia. Pero esto cam bió durante la s e g u n d a m i t a d d e l s i g l o X X c o n e l t r á n s i t o de las universidades nacionales formadoras de élites culturales al mundo universitario de la globalizaci ón, enfocado hacia el m ercado de trabajo y en donde el espacio de educación superior angloparlante se ha co hesionado como el centro de referencia universit ario a nivel internacional. Este cambio de tendencia ha jugado en contra de los sucesores de Gadamer, quienes ni siquiera han encontrado interlocu tores en tre los s ucesores del exilio judío alemán, pues e l criterio h ermenéu tico de la histor ia de la filosofía de Leo Strauss y sus discípulos se b asa en una concepción diltheana de la he rmenéutica y cercana a la historia del pensamiento de Meinecke, por lo que difícil mente p uede entrar en sintonía con la propuesta teórica de Ko selleck. 114 John G. A. Poco ck, Polit ical Though t and History: Essays on Theory and Method (Cam bridge: Cambri dge Universi ty Press, 2009), p. 129. Richte r, “Reconst ruct ing the History of Pol iti cal Language s”, p. 49. 90 preliminar de una nueva edición del Segundo Tratado en la colección Cambridge Texts in the History of Political Thought . 115 La contribución de Laslett ejemplifica los objetivos y métodos de la corriente posterior, al desmontar el consenso filosófico e historiográfico precedente sobre las intenciones de Locke al escribir el Segundo Tratado . En contra del consenso de su tiempo, Laslett demostró que la teoría contractualista en el segundo tratado de Locke apareció como resultado del desarrollo de su crítica a Richard Filmer en el Primer Tratado , en donde criticó su concepción de la autoridad patriarcal. A partir de esta crítica Locke pretendería fundamentar una noción sobre la comunidad política distinta a la predominante en la corte de Carlos II, donde las tesis de Filmer eran predominantes. De esta manera, la contextualización de la teoría contractualista de Locke debía buscarse en los debates autorales que estableció el propio Locke en la unidad del primer y el segundo tratado, y no en base a la contraposición entre las teorías contractualistas de Locke y de Hobbes como había sostenido la tradición de la historia del pensamiento posterior, que a través de la contraposición de estos dos titanes del pensamiento barroco había intentado explicar el surgimiento del Segundo Tratado como el resultado de un plan para apoyar la Revolución Gloriosa en 1688-89, tal y como defendía la historiografía whig. 116 La confusión imperante en los estudiosos de Locke se debía al desfase anteriormente desconocido por la academia entre el momento de redacción de la obra (1681) con respecto a su fecha de publicación (1688), pues el contexto político cambió sustancialmente de una fecha a la otra influyendo dentro del campo de posibilidades para el grupo político whig en Inglaterra, lo que cambió sustancialmente las intenciones de Locke al concebir el Segundo Tratado como un manifiesto político whig. De hecho, lo que probó Laslett con este estudio es que la cuestión del contexto se vuelve estratégica a la hora de interpretar el sentido de una obra. A priori este descubrimiento no resultaría demasiado sorprendente, pues precisamente la figura académica del estudio preliminar a una obra filosófica (muy anterior como género literario al escrito de Laslett) se basa precisamente en esta premisa. Por este motivo es necesario puntualizar lo que se entiende aquí por contexto no es otra cosa que una serie de momentos de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 115 John G. A. Pocock, Virt ue, Com merce and Histo ry: Essay s on Politi cal Thought and Histo ry, Chiefl y in the Eig hteenth Century . Cam bridge: C ambridge U niversit y Press, 1985), pp. 2 - 3; Pocock, Politi cal Thought and History , pp. V II - VIII ; Quentin Skinne r, Liberty befor e Liberal ism (Cambridg e : Camb ridge Unive rsi ty Pres s, 2001) , p p. 102 - 103. 116 Peter Laslett, “Introducti on” en John Locke, Two Treati ses of Government (Cambrid ge: Cam bridge Unive rsi ty Pres s, 2003) , p p. 3 - 16. 91 composición, publicación y recepción que constituyen en su conjunto una pluralidad de actos lingüísticos en los cuales el pensamiento político circula y se constituye. 117 De esta manera se presenta la tesis fundamental que une a todos los miembros que han quedado agrupados en la Escuela de Cambridge , y es la premisa de que la clave para estudiar el pensamiento político debe centrarse en el discurso como vehículo de un contexto lingüístico. Peter Laslett, Quentin Skinner, John G. A. Pocock y John Dunn van a ser los principales representantes de esta perspectiva dentro de Gran Bretaña. Pero estos autores no van a ser los únicos protagonistas del giro lingüístico historiográfico. De manera simultánea en los Estados Unidos Bernard Baylin y su discípulo Gordon S. Wood llevaron a cabo un trabajo similar en la universidad de Harvard radicada en Cambridge (Massachusetts), al rebatir junto a Pocock las tesis de Louis Hartz en su obra The Liberal Tradition in America (1955), cuya propuesta (imperante en la historiografía estadounidense del momento) defendía la existencia de un monopolio interpretativo de la tradición lockeana como llave heurística del pensamiento político estadounidense, y que se habría convertido en una visión hegemónica de la cultura americana. Contra esta presunción Baylin en Los orígenes ideológicos de la Revolución Americana (1962) y Wood en The Creation of the American Republic 1776-1787 (1969) constituyeron una nueva corriente denominada la síntesis republicana cuyos autoresarguyeron que durante la Revolución Americana el pensamiento de los Padres fundadores se conformó como una síntesis de distintas tradiciones que generaría un paradigma republicano fruto de la fusión de la filosofía lockeana con el pensamiento whig radical (devenida del debate faccional whig dieciochesco del court and country ) y por una tradición netamente republicana de autores británicos neo-harringtonianos con referencias neo-romanas. 118 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 117 Ibíd. , pp. 3 - 16. P o c o c k , Politi cal Thought and History , pp. 126 - 127. Richte r, “Recon struc ting the Hist ory of Poli ti cal Lang uages ”, p. 53. 118 Robert E. Shalhope, “Toward a Republi can Synthes is: The Emergence of an Unders tandi ng of Republ ican ism in Ameri can Hist orio graphy ” The Will iam and Mary Quar terl y, Vol . 29, No. 1 (Jan., 1 972), pp. 65 - 73; El caso de Pocock resulta int eresante, pues si bien es neo - zelandés de origen y ha desarroll ado la mayor part e de su carr era académica en la Universidad John S. Hopkins S u labor de estudio del pensamiento político británico en la temprana era m oderna y la Antigua Constitución Inglesa, junto a su identidad de “britán ico de lo s mares del sur” le ha l l e v a d o a u n a c u r i o s a p o s i c i ó n p o r l a c u a l aunque es percibido y encuadrado con el r e s t o d e b r i t á n i c o s i n s u l a r e s , s u á m b i t o d e d e b a t e e s i g u a l d e fluido con los autores británicos como con los americanos, lo que le convierte en el autor má s genuinamente transatlánt ico de todos, pues ha construido una identidad de pura Commonwealth británica que le ha servido para pensar lo el pensamiento del mundo an glófono desde una perspectiva genuinamente paraestatal. Tanto su interpretación de la h istoria Atlántica, su a t a q u e a l a s t e s i s d e H a r t z , como su visión de las similitudes y diferencias del trabajo de los dos Cambridge s p u e d e e n c o n t r a r s e e n ; Pocock, El m omento maquiavélico , p p. 6 83 - 692; para una panorámica más amplia de cómo se insert a este debate en su proyect o intelectual general ver John G. A. Pocock , “ From The Ancient Cons titution to 92 La coincidencia temporal del Cambridge británico de l contextualismo con el Cambridge estadounidense de la síntesis republicana muestra sin embargo una notable diferencia entre ambos por el grado de interés que mostró cada grupo por las cuestiones metodológicas y la teoría de la historia: mientras que para el Cambridge británico la redefinición de la historia intelectual fue un punto clave de su proyecto, para el Cambridge estadounidense sería un objetivo secundario y subordinado al esclarecimiento de la cultura política americana en la era revolucionaria. S in embargo ambos surgieron de manera simultánea e independiente través de un mismo propósito: alcanzar una transformación de la historia intelectual por medio de una redefinición sobre la interpretación de la filosofía lockeana y sobre el carácter de su legado posterior. Este origen común permitió a los autores de ambos Cambridges enfrentarse al consenso liberal de su época a la par que les permitía plantear una historia intelectual distinta, en donde se reivindicará una mayor atención a la historia del discurso político en su contexto lingüístico, pues esta sería la forma de evitar las proyecciones anacrónicas de los actores del presente sobre los sujetos del pasado. De esta manera aconteció un cambio de paradigma en el mundo anglófono en el tránsito de los años 60 a los 70 del siglo XX. Este cambio paradigmático va a venir acompañado por el surgimiento de la Historia Atlántica, que se va a proponer estudiar la cultura anglófona inspirándose en Fernand Braudel y en su obra El Mediterráneoy el mundo mediterráneo en la época de Felipe II (1949). Esta perspectiva atlantista centrada en el estudio de una cultura política compartida a los dos lados del atlántico norte (anglófono) va a establecer el paradigma discursivo republicano como su eje conductor común. De esta manera en un contexto de Guerra Fría y de fortalecimiento cultural del eje trasatlántico se va a favorecer el relato de una genealogía común amparada por una perspectiva trasnacional, que vinculará entre sí los trabajos del contextualismo inglés y la síntesis republicana de los Estados Unidos. Esto va a permitir coordinar una crítica a las tesis de la filosofía liberal de John Rawls y al paradigma consensualista de Louis Hartz. Este doble vector atlantista y neorepublicano va a poner en relación a Pocock con Baylin y Wood; a Skinner con James Tully (Canadá); a filósofos políticos de Princeton como Philip Petit o Maurizio Viroli con el Cambridge Británico; en Europa continental Martin Van Gelderen y los historiadores del Instituto Europeo de Florencia v an a intentar triangular el eje atlántico !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! Barbar ism and Religio n; The M ach iavel lia n M oment , the histor y of pol itical thought and th e history of histori ography”, His tor y of Eur opea n Id eas, Vol . 4 3, No. 2, (2017 ), pp. 141 - 144. 93 de Estados Unidos y Gran Bretaña con el pensamiento político de la Europa continental ahondando en la formación del discurso político republicano clásico, en donde la contribución de Pocock con El momento maquiavélico va a servir de fundamento historiográfico para este propósito. A todo esto hay que añadir los esfuerzos de historiadores conceptuales americanos como Melvin Richter y posteriormente Martin J. Burke desde CUNY, junto al historiador finés Kari Palonen por poner en contacto a este amplio grupo de contextualistas con la perspectiva de la historia conceptual que se desarrollaba de manera paralela en Alemania. 119 Lo que en su momento surgió como un cambio metodológico y paradigmático en el estudio de Locke, sus influencias y sus paradigmas alternativos por parte del Cambridge británico y del estadounidense, ha acabado por conformar una red internacional muy amplia y heterogénea que ha sustituido (al menos formalmente) la antigua historia de las ideas de Lovejoy por un nuevo paradigma redefinido como el contextualismo . Este nombre se debe a la coincidencia metodológica compartida por todos los autores de este nuevo paradigma que les lleva a estudiar la historia del pensamiento político entendida como el análisis del discurso y del texto político en su contexto histórico. De la misma manera que el concepto se había convertido en la unidad básica de investigación para la historia conceptual, para el contextualismo l a unidad básica de investigación será el discurso contextualizado como acto lingüístico. 120 Por este motivo, y de cara a hacer manejable el estudio de este enfoque disciplinar, voy a considerar solamente las contribuciones de Skinner y Pocock a una teoría del discurso como actos de habla históricamente fundados. Ambos son historiadores prolijos que han desarrollado un extenso trabajo sobre la historia del pensamiento político, así como varios ensayos sobre teoría de la historia y del lenguaje. Resulta imposible desarrollar aquí una muestra representativa de su trabajo, es por esto que me limitaré a comentar los puntos de ruptura con la historiografía precedente a través de sus dos ensayos más reconocidos en materia de metodología y teoría de la historia, aunque añadiré ciertas matizaciones propias de su evolución posterior. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 119 David Armitage , “Tr es con cept os de histor ia atlánt ica ”, Revi sta de Occide nte, Nº 281, (Oct . 200 4), pp. 10 - 13, 15 - 16; Carmen de la Guardia, “ Histo ria atlá nti ca. Un debat e hist ori ográ fico en Esta dos Uni dos”, Revist a Complutense de Histori a de Am éri ca , Vol. 36, (201 0), p p. 1 51 - 157; Richter, “Reconst ruct ing the Hist ory of Poli tic al Language s”, p. 6 3; Martin J. Burke, “An Intelect ual Redescription: R e v i s i t i n g K a r i Palonen’s Q uenti n Skinner” en Claudia W iesner , Evgeny Roshchi n y Marie - Chri sti ne Boilar d (eds.), In Debat e with Kari Palo nen: Concept s, Pol iti cs, His tor ies (Baden - Baden: Nomos, 2015 ), pp. 25 - 28; Sobre cómo el Momento maqui avéli co devino en o b r a c a n ónica para el resto del contextualismo ver Pocock, El moment o maq uiav éli co , pp. 663 - 664. 120 Po cock, Virtue, Commerce and His tory, p. 13. 94 John G. A. Pocock sistematizó por primera vez su propuesta te órica en un artículo clásico de 1968 que publicó en 1971 titulado “Languages and Their Implications: The Transformation of the Study of Political Thought”. En este artículo Pocock expuso el desafío que constituía el giro lingüístico para la historia de la filosofía política convencional. Desde la filosofía académica por lo general se pretendería explicar a los autores en relación a un sistema de ideas. Pero esto no tendría por qué explicar aquello que un autor quiere expresar en un momento dado. La búsqueda e imputación de coherencia en el pensamiento de un autor que es propia de la filosofía y del enfoque de muchos historiadores puede ser una tarea insatisfactoria, bien porque el autor falle a la hora de generar esa coherencia intelectual, bien porque ni siquiera la busque. 121 En lugar de estudiar un pensamiento sistemático Pocock propuso centrarse en el pensamiento como discurso, entendido como un acto de comunicación de sistemas lingüísticos. Su idea del discurso fue completado en un segundo artículo de 1981 titulado “The Reconstruction of D iscourse: Towards the Historiography of Political Thought”, y se basa en considerar el pensamiento político como una secuencia de actos discursivos realizados por agentes en un contexto. Este contexto se compone de prácticas sociales, situaciones históricas y de un lenguaje que guía los actos del discurso. El discurso articularía mundos conceptuales desde donde transmitir el significado y estructuras de autoridad que dotarían de importancia al sentido mentado. Pero los discursos no son formulaciones que el autor utilice arbitrariamente, sino que son controlados y estructurados por los paradigmas. 122 La noción de paradigma es central en la teoría de Pocock, quien la toma prestada del teórico de la ciencia Thomas Kuhn, para quien los paradigmas son el modelo explicativo de las permanencias y los cambios en los consensos del saber científico. Según Kuhn, en la ciencia moderna el saber se organiza en consensos mayoritarios sobre la forma de entender y estudiar una cuestión, y esto son los paradigmas científicos. Los paradigmas se configuran como espacios de convención y actúan como marcos de certidumbre, y son simultáneamente coherentes pero imperfectos, pues por medio de la unificación posibilitan un cierto orden necesario para el estudio y la comunicación sobre un fenómeno en la investigación. La ciencia que se desarrolla !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 121 John G . A. Pocock, Politcs Language & Time: Essays on Political Thought and History ( C h i c a g o a n d London: The Uni versit y of Chicago Press, 1989) , pp. 6, 9, 11 - 12. 122 Ibíd. , p. 15. Poco ck, Poli tica l Thought and Hist ory… , p. 67; Pocock, Virtue, Commerce and History , pp. 7 - 11, 21 - 26. 101 Skinner coincide con Gadamer en que no es posible acercarse a un autor sin arrastrar en su lectura nuestros prejuicios o las preguntas que se proyectaron sobre ellos en el pasado, cuestiones que llevan a distorsionar nuestro acercamiento a sus producciones. Pero para Skinner, al contrario que para Gadamer, la solución a este problema se halla en el método. Según Skinner, la distorsión que se suele producir en la comprensión de un autor es producto de tres mitologías o falacias, cuya superación se realizaría por medio de un método especial de análisis. La primera mitología es la mitología de las doctrinas que se deriva del intento de convertir alguna declaración aislada de un autor en su doctrina sobre ese tema, independientemente del peso e impacto que pudiera tener en el resto de su pensamiento. Esta es para Skinner el tipo de falacia en la que suele incurrir la historia de las ideas de Lovejoy con su noción de idea singular . Se trata de una hipóstasis por la cual un acto de habla específico adquiere una entidad que va más allá de lo que una lectura evidente del autor puede sugerir, y en último término puede derivar en la vinculación espuria entre ideas hipostasiadas de distintos autores como si estuvieran debatiendo o recepcionando doctrinas perdurables en el tiempo y en las obras. 137 La segunda falacia que intenta desmontar Skinner es la mitología de la coherencia, que deviene del intento de imputar a un autor una unidad y coherencia interna a su pensamiento que puede no estar presente. Esta falacia se basa en concebir el pensamiento de los autores como un sistema de ideas monolítico e interconectado, y lleva a considerar que el autor tiene un pensamiento, y no un conjunto de ideas cambiantes en el tiempo. Uno de los mayores peligros de esta falacia reside en que el investigador puede verse tentado a f orzar interpretaciones que refuercen una perspectiva coherente de la obra del autor, descartando con ello aquellas declaraciones que no concuerden con una visión de conjunto, e intentando resolver antinomias que no lo fueran para el autor estudiado, lo que implica una potencial simplificación de la complejidad teórica y vital del pensador en cuestión. 138 Derivada de este último aspecto se encuentra la mitología de la prolepsis, que consiste en imponer a un autor la preeminencia de una de sus ideas por la importancia que ha tenido en los debates posteriores de la historia de la filosofía, más que por la importancia que pudiera tener para el autor en su tiempo. El historiador puede hacer un mal uso hermenéutico de su posición ventajosa de lector de un corpus, ya sea al generar !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 137 Sk inner, Visions of Polit ics , pp. 59 - 64. 138 Ibíd. , pp .67 - 72. 102 una lecturas ex post de las ideas de una autor, o mediante la imputación de relaciones entre conceptos e ideas aparentemente análogas y producto de distintas fases del autor, que sin embargo no tienen por qué estar conectadas entre sí. Así mismo, el investigador puede proyectar anacrónicamente nociones y problemáticas de su época a las declaraciones del autor, ya sea porque en retrospectiva las ideas del pensador han servido para debates posteriores, o porque se identifique un aire de familia en forma de falsas filiaciones entre las reflexiones de un autor con problemáticas posteriores. 139 Estas tres falacias (doctrina, coherencia y prolepsis) pueden presentarse individualmente o combinadas en las lecturas e interpretaciones que hacemos de los pensadores del pasado, y todas ellas tienen en común que suponen una lectura anacrónica de sus postulados e intenciones, pues proyectan nuestras preocupaciones, interpretaciones y debates sobre sus planteamientos. La gran aportación de Skinner a este respecto supone el haber elaborado una s uerte de código deontológico del historiador intelectual a la hora de detectar y evitar las formas en que una mirada anacrónica puede desvirtuar nuestra comprensión de los agentes del pasado. Ahora bien, esto plantea una cuestión interesante en relación con Gadamer de si es posible y deseable evitar realmente este problema. ¿Puede un método salvar los problemas interpretativos derivados de los prejuicios y la distancia histórica, o por el contrario somos producto de nuestra tradición y circunstancias epocales?, en este último caso el método no podría plantearse como una solución real. Skinner y Gadamer comparten el mismo objetivo, pero su teoría del conocimiento y del lenguaje les lleva a desarrollar propuestas teóricas opuestas sobre la capacidad y posibilidad del método para solucionar nuestras aporías. Dejo esta cuestión planteada, volveré sobre ella en diversas ocasiones e intentaré dar una tentativa de respuesta en las conclusiones. Solo adelantaré que esta t esis pretende, entre otras cosas, mostrar que tanto Skinner como Gadamer aportan criterios que son útiles y valiosos para un investigador del pensamiento político, pero a un cierto nivel considero que ambos están equivocados. En lo que se refiere al método Skinner deriva su proyecto a partir de una problemática y del intento de abordarla a partir de su teoría del lenguaje. El problema que intenta enfrentar Skinner es el de la interpretación de las intenciones. Dado que los actores no se ven en la necesidad de explicar lo que están haciendo cuando llevan a cabo !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 139 Ibíd. , pp .73 - 79. 103 un acto lingüístico, los investigadores y lectores de otras épocas no podemos entender completamente las regiones de sentido que no resultan evidentes en la literalidad de un texto. 140 Este enfoque instrumentalista del lenguaje deriva de una teoría lingüística subyacente que es deudora de la triple aportación de Ludwig Wittgestein, Robin G. Collingwood y John L. Austin, que Skinner desarrolló en un artículo posterior titulado “Interpretation and the understanding of speech acts”. De Wittgenstein toma la idea del habla como juegos del lenguaje , formas no aisladas de sentido que están conexas a necesidades comunicativas y vitales. El discurso en tanto que actos de habla (categoría que toma de Austin) implica que el lenguaje hay que estudiarlo en s us formas de uso, y lo que importa es comprender su carácter ilocutivo por medio de la unidad contextual que se entiende como el sentido lingüístico puesto en acción. En este punto Collingwood entra en escena desde su idea de la lógica de la pregunta y la respuesta , según la cual la comprensión de cualquier proposición requiere identificar la pregunta para la que la proposición sirve de respuesta. Esto enlaza con la tesis de Austin de que el receptor de un mensaje debe ser capaz de entender lo que un emisor está haciendo cuando expresa lo que dice (intentar por tanto descifrar la correlación existente entre acción, comunicación y sentido). Esto nos lleva a que lo relevante sea comprender el sentido de los términos en su uso, y no buscar sentidos en términos abstractos o como índices de uso. 141 Skinner por su parte no considera que Wittgestein, Collingwood y Austin estén proponiendo una teoría del lenguaje, sino una dimensión y recurso lingüístico para comprender la unidad de acción y sentido movilizados mediante el discurso. Esto lleva a que el pensamiento cobre su importancia en cuanto acto de habla, y el carácter ilocutivo del acto de habla es el elemento que el método debe desentrañar. 142 En cuanto al método, Skinner considera que el investigador debe delinear el rango completo de actos comunicativos realizados en un momento dado para un discurso concreto. Esto se consigue mediante el establecimiento de las relaciones existentes entre un discurso dado y su contexto lingüístico. Y el adjetivo lingüístico que acompaña a contexto en este punto es importante, pues el contextualismo en Skinner, al igual que en Pocock, se refiere a un plano primordialmente discursivo. Lo que interesa a !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 140 Ibíd. , p 1 07. 141 Ibíd ., pp.103 - 106, 115 - 116; Skinner , Liber ty bef ore Libe ralism, p. 102. 142 Skinner, Vi sions of Polit ics , p.106. 104 estos autores, y en especial a Skinner, es la decodificación de las intenciones del autor por medio de su discurso, y para esta meta las consideraciones de otra índole pueden tanto ayudar como despistar a la hora de intentar desentrañar las intenciones del autor. Por este motivo para Skinner solo una vez se ha identificado el contexto lingüístico cuando se puede tomar en consideración el contexto social para terminar de determinar el sentido de los actos comunicativos, pero no al revés. 143 Por lo tanto su método es el del análisis del discurso atendiendo a los elementos que aparecen en un texto, e intentando descifrar cuál es su sentido dentro del escrito. A este respecto no sólo se debe tener en cuenta el papel que juega cada parte a la hora de construir un mensaje, sino que además hay que intentar delimitar qué tipo de mensaje transmite el texto y cuál era el propósito del autor al comunicarlo. Este método puesto en acción debería servir para responder estas tres preguntas: 144 1. Una primera relacionada con el sentido lingüístico: ¿Qué significan las palabras estudiadas en un texto/contexto dado? 2. La segunda relacionada con la recepción textual: ¿Qué significa este texto para mí? 3. Y una tercera relacionada con el sentido autoral: ¿Qué ha querido el autor expresar con lo que ha dicho en un texto dado? Una vez el investigador es capaz de plantear e identificar estas preguntas como tres dimensiones distintas, (interrelacionadas pero independientes),en el análisis de un texto, el método ha cumplido su propósito y las tres mitologías expuestas con anterioridad pueden evitarse. La obra teórica de Skinner es amplia y aquí no he hecho más que presentar el corazón de la formulación más temprana de su proyecto. Un proyecto que ha ido matizándose sin abandonar los presupuestos aquí expuestos. Tal vez si Skinner leyera esta síntesis pudiera acusarme de incurrir en las tres mitologías que él denunciaba. Sin embargo, si aplicase su método para dilucidar mis intenciones y la naturaleza de este acto discursivo, me concedería que por la naturaleza de este texto tampoco tengo mucha más alternativa. 145 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 143 Ibíd ., pp.87 - 93; Pocock, Vir tue, Commerce a nd Hist ory, pp. 5 - 7, 21 - 25. 144 Ibíd ., pp.91 - 93. 145 Debido a s u s posiciones teóricas excesivamente normativas y a su situación actual de referente indiscu tible d e la historia intele ctual a n ivel in ternaciona l, Skin ner es o bjeto de numero sas c ríticas q ue tienden a c osificar su pen samiento como un bloque monolítico, co mo si no hubi era mediad o ning una 105 Contextualismo e historia conceptual son a día de hoy dos perspectivas fuertemente asentadas entre los historiadores intelectuales, al menos en el continente europeo. Curiosamente la relación entre ambas ha estado marcada por un cierto distanciamiento entre Koselleck y el equipo del GG Lexikon con respecto a las distintas ramas del Contextualismo. Algunos autores como Palonen, Richter o Burke (por citar a algunos) han intentado tender puentes entre estas dos perspectivas. El propio Skinner reconoce que cuando escribió su artículo de 1969 no conocía el proyecto de Koselleck. Fue de hecho Richter quien se lo dio a conocer en profundidad tanto a él como a Pocock en la década de 1980, y desde entonces ambos autores han mantenido una relación ambivalente con la historia conceptual. 146 En su artículo anteriormente citado de 1969 Skinner critica estudiar el pensamiento de un autor mediante ideas y conceptos, pues supondría abstraer e l pensamiento de sus usos específicos. Skinner repitió en el capítulo de libro titulado “A reply to my critics” de 1988 aparecido en la monografía colectiva de James Tully Meaning and Context (1988), en el cual volvía a reincidir en su argumento de que no puede haber historia de los conceptos, sino únicamente historias de sus usos concretos en argumentos específicos. 147 A pesar de estas declaraciones Skinner no afrontó directamente sus desavenencias con Koselleck hasta 1999 con un artículo titulado “Rhetoric and Conceptual Change” reaparecido en 2002 como “Retrospect: Studying Rhetoric and Conceptual Change” en donde Skinner reafirma su crítica hacia Lovejoy y la historia de las ideas por el potencial anacrónico de su enfoque. Sin embargo reconoce los logros de Koselleck y la historia conceptual a la que va elogiando y criticando en un puro movimiento pendular. Comienza celebrando el proyecto de Koselleck para luego preguntarse hasta qué punto es posible captar la historicidad de un concepto. Acto seguido descarta esas dudas por su parte, y lo ejemplifica con el hecho de que él mismo se ha sumado a la tarea de estudiar los conceptos mediante la historia del concepto de Estado aparecida en The Foundations of Modern Political Thought (1978). Sin embargo las dudas vuelven a emerger cuando Skinner apunta hacia su punto de divergencia con Koselleck: mientras que los historiadores conceptuales se han preocupado por los !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! evolución en sus postulados. Esta problemática será discutida en el ca pítulo 4 en donde retomaré los puntos de evolución de la teoría de Skinner desde su artícul o del año 1969 hasta la res puesta a sus críticos de 1988. Sk in ner, Visio ns of Poli tics , p.116. 146 Ibíd., pp. 1 77 - 179, 186. Richter, “Reconstructi ng the Histor y of Polit ical Languages” , p. 63. 147 Skinner, Visions of Politics , p . 8 6 . S k i n n e r , “ A r eply to my crit ics”, p.283 ; Poco c k, “Concepts and Disc ourse s ”, p. 47. 106 cambios en el largo plazo, él prefiere concentrarse en los vuelcos de significado conceptual en el corto plazo; “Koselleck está interesado en nada menos que el proceso completo de cambio conceptual; yo me intereso principalmente en una de los estadios por los que este cambio tiene lugar. Pero ambos programas no me resultan incompatibles, y espero que ambos puedan seguir floreciendo como se merecen.”. 148 Skinner entierra con sus declaraciones el hacha de guerra, pero la disputa sigue latente por el mismo motivo que él resalta: mientras que la historia conceptual privilegia el enfoque diacrónico para estudiar cómo un significado se ha transformado y ha llegado hasta nosotros, el contextualismo de la Escuela de Cambridge pretende dar cuenta del pensamiento especifico en un momento histórico preciso, abjurando del potencial anacronizante subyacente (en su perspectiva) en toda perspectiva diacrónica y privilegiando con ello la perspectiva sincrónica de estudio histórico. 149 Pocock por su parte comparte la suspicacia de Skinner ante la posibilidad del estudio del lenguaje político en clave diacrónica, argumentando que esta perspectiva conduce inevitablemente al peligro anacronizante de la historia de las ideas, pues desde su experiencia investigadora el lenguaje es siempre situado en un contexto lingüístico específico, y cuando la historia de los conceptos pretende estudiar usos conceptuales a través de distintas épocas no estaría haciendo otra cosa que proyectar normativamente sus propias preconcepciones lingüísticas sobre las palabras que intenta estudiar (cuando por ejemplo pretende equiparar el concepto de polis como equivalente al Estado de la cultura griega antigua). Pocock defiende que frente a la historia lineal de la diacronía se debe buscar desentrañar el sentido del entramado lingüístico de un discurso en un momento específico, pues solamente desde la sincronía del lenguaje se podría llegar a !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 148 Skinne r, Visi ons of Poli tics , pp. 177 - 180. 149 Si bien las dos c o r r i e n t e s t r a b a j a n c o n a m b a s p e r s p e c t i v a s ( d i a c r o n í a y s i n c r o n í a ) , e l h e c h o d e privilegi ar teóric amente una de ellas su po ne pr iv i le gi ar una p ers pe ct iv a d e est udi o c uy as pr em is as pued en dificult ar la comunicación entre las disti ntas t radiciones. Si bien a m b a s comparten una sensibilidad común por lo histórico en su críti ca al anacronismo d e la historia de las ideas, la Escuela de Cam bridge no termina de co nfiar en que la h istoria conce ptual pueda res olv er este riesgo mediante su enfoque. S i n embargo esta d iscusión se basa primordialmente en una confrontación de principios epistemológicos más que en un problema de prácticas de investi gación. El enfoque de la historia conceptual que privil egia la diacroní a se basa en la hipótesis sobre la existencia del periodo bisagra de la Sattleze it (1750 - 1850), lo que supone que sus estudios se centren en los últimos estadios de la Edad Moderna, con especial atención a la historia contemporánea. Esto conlleva que la h orquilla temporal que manejan las hist orias conceptuales sea de unos 268 años (1750 - 2018). Skinner y Pocock, por otra parte, no manejan periodos menos la rgos en sus inve sti gaci ones . El momento maquiav élico de Pocock comienza en el siglo XV y llega h asta el s i g l o X I X ( l o q u e s u p o n e n u n o s 4 0 0 a ñ o s ) , y S k i n n e r e n d o s d e s u s o b r a s m á s i m p o r t a n t e s manej a tambi én perio dos temp oral es bast ant e genero sos: Tanto en el caso de The Foundations of M odern Polit ical Thought como en el caso de Visi ons of Poli tics (2002) la i n v e s t i ga c i ón a b a r c a d e s d e e l s i gl o X V al siglo XVII (200 años). Esto plantea un interrogante sobre cóm o se pueden co nstruir co ntextos lingüístic o bien defin idos sincró nicamente cuando e l arco temp oral resulta se r tan amplio . 107 percibir el sentido histórico específico para la comunidad de hablantes que movilizan los significados en un momento concreto. 150 A esto hay que añadir que otro de los elementos centrales para la historia conceptual, que es la semántica de los tiempos históricos y el estudio de la temporalidad de los conceptos, es un hecho completamente ajeno para Skinner, quien si bien ha considerado esta cuestión cuando Kari Palonen se la ha planteado, él niega que haya sido negligente al no estudiarla por el simple hecho de que no tiene ningún sentido desde su punto de vista. El caso de Pocock en esta cuestión es aún más extraño, pues en su comentario al proyecto de Koselleck llevado a cabo en el Instituto histórico alemán de Washington DC desarrolló toda una serie de críticas al paradigma de la historia conceptual, pero en ningún momento llegó ni siquiera a nombrar la semántica de los tiempos históricos como parte del proyecto de Kos elleck. Esto provocó la extraña situación de que Pocock aceptase la hipótesis sobre la Sattlezeit, siendo prácticamente el único elemento del proyecto de investigación de la historia conceptual que valoró positivamente. Sin embargo como no llegó a entender que la Sattlezeit se encuentra irremediablemente ligada a una hipótesis sobre la transformación de los imaginarios temporales, Pocock consideró que esta era una hipótesis sobre la percepción del abandono del antiguo régimen, por lo que incluso sus reservas sobre la Sattlezeit tratan sobre un aspecto que resulta irrelevante para Koselleck. Resulta paradójico que Pocock no haya comprendido la centralidad de la semántica de la temporalidad histórica cuando este es también un elemento central en su proyecto de investigación, no tanto en sus escritos teóricos, pero sí que se encuentra muy presente en el marco teórico de El momento maquiavélico , donde una parte fundamental de su marco teórico consiste en explicar la transformación de la concepción del tiempo histórico en el tardomedievo y su transición a una mentalidad moderna del tiempo con el renacimiento (curiosamente, su perspectiva es la de una proto- Sattlezeit aplicada a los paradigmas y a los discursos en vez de a los conceptos). 151 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 150 Pocock, “Concept s and Disco urses”, pp. 50 - 55. 151 En la entrevist a real izada por Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes en el año 2005 a Kosel lec k, est e señala la proble máti ca sobre la tempora lida d como uno de los princ ipal es fact ore s de desacuerdo con Skinner y Pocock, especi almente en el caso de Skinner, a quien valora mucho como intelectu al pero al que caracteriza como “un historiador muy e stricto en el terre no de la herm enéutica” y al que le critica un uso muy no rmativo de los conceptos en sus investigaciones. Kosel lec k , Fern ández Sebasti án y Fuentes, “ Histor ia conce ptua l, memori a e ide nti dad: Ent revi sta a Reinh art Kosel lec k I ” , p . 21; Skinner , Vi sions of Pol itic s, pp. 181 - 182. Pocock, El momento maquiavéli co , p p . 8 0 , 8 9 , 9 2 - 94; Poco c k, “Concepts and Discourses ” , pp. 56 - 58 . 108 Tal y como apunté al inicio, el hecho de que cada una de estas corrientes se haya concebido desde tradiciones del giro distintas supone que ambas comparten un sustrato de preocupación común sobre la sensibilidad histórica, que sin embargo no va a poder armonizarse del todo por sus distintas teorías del lenguaje y los presupuestos que e stas conllevan sobre los medios que el lenguaje nos habilita para conocer históricamente sin deformar la perspectiva de los actores del pasado. Sin embargo los historiadores intelectuales nos hemos interesado por las teorías que ambas postulan. Nos interesan los procesos de formulación y cambio conceptual, así como la semántica de los tiempos históricos que nos ofrece la historia conceptual. Pero también estamos interesados en estudiar el pensamiento en su contexto, articulado a partir de los discursos políticos que los actores explicitan en el acto (retórica y acto lingüístico de Skinner) o en largos periodos de debates discursivos (paradigmas de Pocock). Trabajos como los de Palonen, Richter o Burke son representativos de una academia que se niega a tener que elegir entre un enfoque u otro y que tiende al eclecticismo, ya sea absoluto o desde una afinidad electiva. 2.5 Ideas, conceptos, discursos y el Destino Manifiesto Ideas, conceptos y discursos son las alternativas desde las que explicar el Destino Manifiesto en clave de una historia intelectual. Una vez considerados los distintos proyectos de investigación queda por responder a la pregunta sobre la estrategia interpretativa de esta tesis doctoral. Mediante la crítica a la historia de las ideas, la historia conceptual y el contextualismo han evidenciado la tendencia al anacronismo en la que esta incurre, quedando patente los inconvenientes de concebir el Destino Manifiesto como una idea singular. Queda entonces por considerar cuál de los dos enfoques es el más adecuado, o en qué medida es posible combinarlos para aprovechar las potencialidades de cada uno. Por una parte está la alternativa de la historia conceptual, lo que conllevaría estudiar el surgimiento del concepto del Destino Manifiesto c omo producto de la Sattelzeit (realizando un estudio sincrónico de sus significaciones en el momento de su surgimiento), así como sus transformaciones en el devenir de los siglos XIX y XX. Esto conllevaría asumir un enfoque diacrónico para explicar sus transformaciones hasta nuestros días. Esta perspectiva conceptualista también se debería hacer cargo de la semántica de los tiempos históricos que están contenidos y articulados en el concepto, y 109 sería necesario considerar también la filosofía de la historia subyacente al concepto y la multiplicidad de significados que lo componen. Por otra parte podría adoptar la perspectiva del contextualismo , lo que conllevaría el estudio del discurso del Destino Manifiesto atendiendo tanto a su carácter de paradigma del expansionismo decimonónico estadounidense, como de los actos de habla específicos en que el Destino Manifiesto se inserta como parte de una retórica del expansionismo. Esta sería una estrategia de estudio más centrada en la perspectiva sincrónica de los usos del Destino Manifiesto durante los debates del expansionismo continentalista e insular. Ambos enfoques resultan pertinentes e interesantes, y el privilegiar uno u otro daría lugar a investigaciones muy distintas. Por esta razón me parece conveniente recordar la pregunta de investigación que anima mi tesis: ¿Cuál fue la contribución específica de O’Sullivan a la formulación del concepto de Destino Manifiesto? La propia pregunta ya se decanta por uno de los dos enfoques. Sin embargo, el hecho de centrarme en la figura de O’Sullivan introduce algunas problemáticas para la adopción sin mediaciones de la historia conceptual o del contextualismo . Ambas perspectivas f ueron concebidas para estudiar el lenguaje político en una muestra más amplia que un solo autor. Koselleck concibió la historia conceptual en sintonía y como apoyo a la historia social, lo que fuerza al enfoque a considerar un espectro más amplio que los usos individuales de un concepto. Pocock por su parte advirtió también sobre los problemas de estudiar un paradigma o acto discursivo en un actor individual por su posible falta de representatividad. Skinner es el único que, a priori, no descarta la posibilidad de estudiar actores concretos. De hecho su enfoque en la retórica entendida como actos de habla privilegia el estudio de teorizaciones individuales y específicas. Sin embargo, el objeto de estudio privilegiado en esta investigación es el concepto, y no el discurso comprendido como paradigma, retórica o acto de habla. Esto no se debe a que no haya habido un discurso del Destino Manifiesto , pues durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX este discurso fue uno de los principales paradigmas del expansionismo estadounidense. Sin embargo lo que intento explicar con esta tesis no es la historia de este discurso, sino su génesis. Y para estudiar su proceso de formación es importante comprender qué elementos articulan la noción específica para haberla convertido en un lema discursivo privilegiado para la movilización política durante todo un siglo (1845-1945). Esto me conduce a la 110 necesidad de estudiar las particularidades del concepto, y dado que este es un neologismo, por extensión estudiar también al teórico que lo concibió. Por lo tanto el desarrollo del marco teórico que voy a adoptar durante los siguientes capítulos es una implementación “bastarda” del proyecto de investigación de la historia conceptual. En tanto que historia conceptual, voy a centrarme en estudiar los procesos de transformación semántica de toda una serie de elementos discursivos que en un momento dado se articularán para alumbrar un concepto en forma de neologismo. Esto incluye considerar una semántica de los tiempos históricos que ayudó a expresar una filosofía de la historia producto de las lógicas de la Sattelzeit y vinculada al surgimiento de la noción de progreso. Por otra parte tomaré ciertos elementos del contextualismo para subsumirlos en el marco teórico de la historia conceptual, con el objetivo de desarrollar un tipo de estudio para el que ninguno de los dos enfoques fue a priori diseñado y que puede contravenir algunos de sus postulados. En las conclusiones haré balance de las imp licaciones de esta decisión. Pero en lo que se refiere a la materialización de los presupuestos de esta adaptación teórica, mi tesis se basa en las siguientes proposiciones: El Destino Manifiesto surgió como un concepto político de la pluma de O’Sullivan. Pero no se trata de un concepto político fundamental, ya que ni es insustituible, ni sufrió un grado de contestabilidad que le llevase a convertirse en un significante vacío, tal y como les suele ocurrir a los conceptos políticos fundamentales. Ahora bien, el Destino Manifiesto en tanto que concepto articula una pluralidad de elementos, teorías y fundamentos cuya síntesis sólo es posible como resultado de su uso y aplicación dentro de un discurso más amplio que lo pone en interconexión con los elementos que lo van a conformar. Esto supone que el concepto habita en una red conceptual más amplia que lo significa por afinidad y por oposición. En este sentido, dicha red será entendida como una constelación conceptual que produce consensos y certezas en el discurso político, que es lo que Pocock ha definido como un paradigma, y que en mi estudio se sustanciará como el paradigma jeffersoniano-agrarista movilizado por la ideolología del jacksonianismo, fruto de la cultura romántica decimonónica estadounidense. Per o esta red de sentido no permanece estática, sino que se moviliza y adapta a las circunstancias del debate político. De esta manera el paradigma transita al discurso y en el discurso los conceptos aterrizan, interactúan y se definen. Esta unidad de 117 estos conceptos-doctrina, conceptos políticos fundamentales, contraconceptos asimétricos, o cualquier otro tipo de concepto. 160 Lo definitorio de los conceptos-doctrina es su función paradigmática. Esta cualidad de los conceptos-doctrina es el resultado de dos atributos suyos que son la enmarcación doctrinal y la canonización doctrinaria. Y el resultado de esta particularidad es que dichos conceptos sirven para aglutinar y organizar toda una serie de elementos discursivos y referenciales desde los que generar una cosmovisión. Como expuse en el capítulo anterior, todos los conceptos están compuestos por una pluralidad de elementos sin los cuales el concepto perdería su inteligibilidad. A través de un ejemplo tomado de Koselleck consideré el concepto de Estado que estaría compuesto por muchos atributos, entre ellos: “poder, territorio, ciudadanía, legislación, jurisprudencia, administración, impuestos, ejército”…, etc. Este tipo de pluralidad es común a todos los conceptos, y se encuentra también en los conceptos-doctrina. Pero este conjunto de características no constituye una cosmovisión, pues no funda un imaginario social al modo de los paradigmas descritos por Pocock, sino que establecen un sentido concreto a través de la combinación de distintos elementos. Esta es una distinción sutil pero estratégica, pues hay conceptos que en la sobriedad de su unidad léxica, en la brevedad morfológica de la palabra o del sintagma en que el significante se personifica, existe encapsulado mucho más que un significado. Estos conceptos articulan todo un conjunto de axiomas, creencias, postulados, reglas, formas de entender la vida, historia, mitos…, etc. Los conceptos-doctrina no s ólo transmiten un significado, sino que también trasmiten una cosmovisión conceptual, que es un vago conj unto de imágenes y de principios heredados de la tradición (canon) y racionalizados por los marcos discursivos (morfología conceptual + paradigmas) en los que todo sujeto está inserto. La razón por la que estos conceptos son diferentes se relaciona con los cuatro atributos de la modernización del lenguaje descritos anteriormente, especialmente el de la ideologización. Cuando expliqué la característica de la ideologización expuse que el lenguaje sufrió con la modernidad un proceso de abstracción que dio como resultado los singulares colectivos. Esto es lo que explica Koselleck. Sin embargo no es la única consecuencia producto del fenómeno de la ideologización. Un resultado bastante !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 160 Esta s categorías no son ex cluyentes e ntre sí y un m ismo con cepto pue de participa r de varias. 118 evidente de este proceso que Koselleck no contempló fue la tendencia a la doctrinalización lingüística. Todos los conceptos politizados a partir de la Sattelzeit se comenzaron a comprender englobados y codificados a través de marcos de referencia más amplios que bien pueden ser ideologías, religiones, movimientos culturales, teorías sociales, o cualquier otro marco de comprensión y organización discursiva. En esencia, el vocabulario politizado no permanece en un vacío desarticulado, sino que tiende a subsumirse y organizarse en conjuntos de ideas mayores para ser interpretado Y estos conjuntos ideacionales más amplios necesitaron a su vez expresarse a través de conceptos que debían dar cuenta ya no sólo de su significado, sino también del horizonte de sentido que permitiría incorporar al resto de conceptos en una cosmovisión específica y relativamente coherente. 3.1 Las cosmovisiones conceptuales y la gestión narrativa de los prejuicios Los conceptos-doctrina son puntos de referencia conceptual reconocidos por una comunidad de hablantes que ayudan expresar un conjunto complejo y en ocasiones contradictorios de ideas. Estos conceptos sintetizan y transmiten una pluralidad semántica e ideacional gracias a las cualidades de la enmarcación y de la canonizacón. Entender en qué consisten estas dos cualidades supone un paso importante para comprender cómo se conforman su unidad semántica básica, las cosmovisiones conceptuales. Las cosmovisiones conceptuales son alegorías imprecisas que nuestra mente genera para traducir una fracción representativa del vasto conjunto de sentido contenido potencialmente en un concepto-doctrina y que a efectos de la representación de su contenido actúa como un tipo ideal . Jan Assmann propuso que las personas no vivían sólo en países distintos, sino también en mundos conceptuales distintos, universos simbólicos que cobran contornos claros, estables y vinculantes alrededor de las instituciones y comunidades políticas en las que las personas habitan. Las cosmovisiones conceptuales en tanto que tipos ideales permitirían articular los distintos conceptos en el discurso social ofreciendo una matriz de sentido convencional desde la que discriminar entre los distintos sentidos potenciales de un concepto al establecer afinidades electivas entre las palabra y el imaginario social específico. A este respecto 119 hay que diferenciar entre el tipo ideal como herramienta cognoscitiva con respecto al tipo ideal alegórico no racionalizado de las cosmovisiones conceptuales. 161 Max Weber en su artículo “La ‘objetividad’ cognoscitiva de la ciencia social y de la política social” en 1904 definió el tipo ideal como una estrategia y herramienta espistemológica. Este actuaría como un concepto límite con el que esclarecer determinados elementos significativos del contenido empírico del que se intenta dar cuenta. El tipo ideal por tanto no debe confundirse con la compleja realidad histórica que se intenta explicar, sino que resulta en una representación estilizada que actúa como una herramienta con la que identificar y resaltar ciertos elementos fundamentales que el investigador considera relevantes. Esto hace del tipo ideal un constructo conceptual fabricado de manera deliberada con el objetivo de aislar ciertos elementos de un fenómeno complejo para poder reflexionar sobre ellos, compararlos, encontrar conexiones y llegar así a conclusiones fundadas. 162 A partir de esta estilización es posible identi ficar desviac iones en los casos concretos con respecto a la he rramienta de investigación. No porque se deba falsear el tipo ideal para comprobar su pertinencia, sino porque nos permite postular una teoría a modo de imputación causal para explicar porqué los fenómenos en su realidad plural concreta no son ni se comportan como a priori podría considerarse. Se podría criticar y rechazar el uso del tipo ideal por el hecho de tratarse de un constructo teórico del investigador. Sin embargo todo hablante utiliza tipos ideales, el problema no estriba en su existencia, sino en si estos están racionalizados o no. 163 Esta otra modalidad de tipo ideal de la que habla Weber son abstracciones a modo de prejuicios con los que operamos para simplificar la realidad y poder actuar y pensar sobre ella. En este sentido, operan igual que los tipos ideales fabricados por el investigador, pero con la diferencia de que al no estar reflexionados y problematizados nos impiden hacernos conscientes de las implicaciones de su carga de sentido. Lejos de ayudarnos a comprender los fenómenos de la realidad, estos tipos ideales no racionalizado nos guían involuntariamente a modo de prejuicios por regiones de sentido !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 161 E l c o n c e p t o - doctrina es por tanto una forma concept ual concr eta de lo que N iklas Luhmann ha teorizad o como u n medi o de comu nic ació n , cuya f unción co nsiste en tr ansm itir una complejidad reducida. Nikl as Luhmann, Poder ( B a r c e l o n a : E d i t o r i a l A n t h r o p o s , 1 9 9 5 ) , p p . 1 0 - 11, 16. Jan A ssmann, “Redefinición del concepto de ‘teología política’”, Poder y salvaci ón: teol ogía y polí tica en el antig uo Egipto , Isr ael y Europa (M adrid: Abada editores, 2015), p. 11. 162 Weber , Ensayos sobre metodo logía sociol ógica , pp. 89 - 97. 163 Ibíd , pp. 89 - 97. 120 sobre las que no podemos pensar críticamente, volviéndonos rehenes de nuestras palabras y preconcepciones. Esto enlaza con las reflexiones de Gadamer en Verdad y Método sobre la teoría de los prejuicios desarrollada por la ilustración. Problemática la de los prejuicios que el proyecto de la razón pretendía erradicar. Para Gadamer los prejuicios no podrían superarse (en contraste con la perspectiva ilustrada) sólo suspenderse temporalmente bajo ciertas circunstancias. En algunos casos los prejuicios pueden estimularse en el encuentro con la tradición para ayudarnos a sentirnos interpelados por las preguntas que esta nos plantea, y de esta manera lanzarnos a intentar comprender elementos que se encuentran mediados por la distancia del tiempo. En este momento los prejuicios que nos conducen a este estado de cuestionamiento se convierten en prejuicios positivos (o legítimos), pues posibilitan el conocimiento y pueden dar lugar a la suspensión temporal de los prejuicios en general (que no a su superación). 164 Pero junto a estos prejuicios legítimos que estimulan la comprensión existen prejuicios que la dificultan por medio de dos sinergias: los prejuicios por precipitación , que se producen por un error en el uso de la propia razón al derivarnos a una conclusión falaz por medio de una cadena errónea de silogismos. Y por otra parte se encontrarían los prejuicios por autoridad , resultado de no llegar a utilizar la razón propia por la confianza en un planteamiento externo que consideramos legítimo en sí mismo. 165 Los tipos ideales no racionalizados que se conforman desde las cosmovisiones conceptuales resultan operativos porque actúan mediante prejuicios de autoridad, y por lo tanto generan certidumbres. Estas certidumbres son producto de una simplificación de la complejidad y las contradicciones que habitan en todo concepto-doctrina y en el fenómeno al que hacen referencia. Pero esta complejidad resulta anulada mediante su gestión ideal y discursiva a través de las cosmovisiones, que al condensar alegóricamente un conjunto de elementos los vuelve narrativamente comprensibles y movilizables sin necesidad de invertir un gran esfuerzo en su reflexión y comprensión, haciéndolos parecer una unidad natural y aproblemática. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 164 Gadamer, Verd ad y mét od o , p. 369. A e ste respe cto Toc queville en La dem ocracia e n América considera que los p rejuici os son una pauta de la psicología h umana que se refuerza con el p apel q ue conforma la prensa en la formación de la opinión pública, y com o asidero principal de las convicciones: “El hom bre cree firmemente porque acepta sin profund izar. Duda cuan do se le pres entan objecion es. A menud o consi gue re solv er tod as sus dudas, y enton ces empi eza de nuevo a cre er. Esta ve z no capt a la verdad por azar y en las tinie blas, sino que la ve cara a cara y marcha directamente hacia su luz”. Tocquevi lle, La democracia en América , p. 364. 165 Ibíd . pp., 344 - 346. En realidad t odas las falacias lógicas conducen a algún ti po de prejui cio. 121 Podemos generar estas cosmovisiones conceptuales en nuestra mente porque pertenecemos a una comunidad de hablantes que participa de múltiples paradigmas lingüísticos y tradiciones discursivas que se movilizan, interactúan y transforman en el debate público. Pe ro el pensamiento para s er operativo y servir como herramienta de comunicación necesita ser movilizado por medio de un discurso (oral o escrito), que no existe como locución de un agente puro o flotante en un vacío abstracto,sino que se presenta enmarcado en un complejo narrativo que permite interconectar distintos conceptos para estimular su bagaje semántico, ayudando así a conformar nuevas ideas y asentar viejas suposiciones. Los contextos lingüísticos y sociales son dos dimensiones del marco, pero el proceso de enmarcación tiene una lógica propia que en la modernidad requiere de la interacción entre ideologías y paradigmas lingüísticos a la hora de establecer el contenido de los conceptos en general, y que traen consigo la necesidad de formular los conceptos-doctrina. 3.2 La cualidad enmarcadora de los conceptos-doctrina: La enmarcación se produce debido a que en la modernidad las luchas políticas se vehiculizan a través de la competición entre diversas ideologías que pugnan por lograr la hegemonía de su cosmovisión sobre el resto. En este sentido y siguiendo a Lakoff, las cosmovisiones pueden entenderse como marcos de pensamiento vehiculizadas por el discurso. Estos marcos mentales actúan como estructuras con los que organizar nuestro modo de ver el mundo, una suerte de inconsciente cognitivo que pone en relación todas las palabras en base a un sentido, sirviendo así como límites referenciales que interconectan los conceptos entre sí y condicionan su lógica semántica. El lenguaje activa los marcos, por lo que es en su movilización en la confrontación discursiva como se hacen patentes, se validan o cambian, y por ende el discurso se relaciona con los marcos de las cosmovisiones dinamizándolas y sirviendo de vía para su alteración o preservación. 166 El proceso de enmarcación para Lakoff supone elegir el lenguaje y los conceptos del marco propio para imponérselos a tu adversario, y de esta manera forzarle a debatir !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 166 Ge o r ge La k o f f, No pi enses en un elefa nte : len guaje y deba te político (Madrid: E ditorial Complute nse, 2007), p. 4. 122 con los presupuestos de tu visión del mundo como medio para lograr la hegemonía en el debate. 167 Pero esta visión del proceso de enmarcación es demasiado instrumental y supone que el agente de un acto de habla tiene un conocimiento y control sobre los presupuestos de su paradigma discursivo que muy raramente se presenta en la contienda política concreta. Por otra parte ignora que el proceso de enmarcación no sólo se da en el debate contra un contendiente como resultado de la producción de discurso, sino que además es un proceso básico en la conformación de la coherencia del marco propio. Esto se debe a una distinción entre marco y sentido común que Lakoff plantea para separar la formación de pensamiento propio con respecto a su movilización en el discurso mediante la enmarcación. P ero a mi juicio este es un proceso que analíticamente se puede diferenciar como momentos separados, pero que opera bajo las mismas premisas, pues pensar es dialogar y debatir con uno mismo, y por lo tanto es también un acto discursivo y de enmarcación. Es necesario aclarar que aunque juzgue inadecuada la perspectiva instrumental del discurso en Lakoff, no rechazo que en la contienda política se pueda hacer un uso instrumental del lenguaje para imponer los marcos propios. El lenguaje puede instrumentalizarse pero sólo hasta cierto punto, pues existe un límite al grado de consciencia que el hablante puede adquirir en los actos de habla concretos, así como del grado de conocimiento que puede tener sobre los elementos que constituyen los marcos discursivos que organizan su pensamiento. En ocasiones concretas, sobre todo en el medio escrito, el hablante puede racionalizar su discurso mediante recursos de sistematicidad y narratividad para ejercer un control sobre el lenguaje. Ahora bien, el hecho de que el hablante intente controlar el marco de sentido de su acto comunicativo queda lejos de posibilitar definir el acto de habla en base a una racionalidad instrumental, pues existen muchos más elementos en juego, y el carácter simbólico del lenguaje supone una mediación necesaria para lidiar con la complejidad del mundo que añade un grado de indefinición a las representaciones discursivas que resulta difícil de salvar. Esto hace que los actos de comunicación y el lenguaje no puedan ser concebidos como “herramientas” que blandir a plena voluntad contra otros. Esta misma cuestión Lakoff intenta resolverla a través del sentido común , para exponer lo que en el apartado anterior expliqué a través de las cosmovisiones !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 167 Ib íd ., p. 7. 123 conceptuales y el problema de los prejuicios: la mayoría de los actos de habla y pensamiento suceden demasiado deprisa y a la ligera como para reflexionar sobre la mayor parte del contenido del lenguaje, por lo que predominan significados convencionales sobre los planteamientos originales, críticos o propios. Y es precisamente por este motivo por lo que es necesaria la enmarcación, para poder gestionar y articular el lenguaje mediante matrices generales de sentido que permitan un uso fluido y natural de significados no racionalizados pero operativos. 168 Lakoff considera a su vez que pensamos a través de conceptos, pero sin ser conscientes de todo el contenido semántico contenido en ellos, o de cómo se interrelacionan entre sí. En este proceso no solamente dejamos de movilizar una gran parte de su potencial semántico, sino que además nos lleva a pensar a través de metáforas conceptuales que producen un proceso metonímico por el cual concebimos un dominio de la experiencia en términos de otro, generando así vinculaciones que no son necesariamente lógicas pero sí muy efectivas en su capacidad comunicativa. Este razonar en términos de metáfora no es solamente una fuente de novedad semántica sino que además conlleva al peligro expuesto por Gadamer de la formación de prejuicios por precipitación , que se suman a los prejuicios de autoridad contenidos en los marcos y que pasan a través de estos a las cosmovisiones. 169 Lakoff resulta un autor interesante por plantearse seriamente el problema de los marcos discursivos y los procesos de enmarcación, pero sus presupuestos epistemológicos me resultan problemáticos pues intenta explicar un problema de representación discursiva en términos neurológicos. Los conceptos se encontrarían “incrustados” en la sinapsis cerebral, por lo que si el significado percibido no se corresponde con el albergado en la sinapsis, el cerebro lo desdeñaría. 170 . No hay duda de que todo proceso intelectivo viene procesado por una actividad neurológica que lo sustenta, y que todo pensamiento o acto de habla puede medirse y traducirse por medio de técnicas neurocientíficas. Pero intentar explicar la producción intelectual y de discurso de esta manera es ignorar el plano simbólico en el que operamos como vía de doble sentido para traducir las interacciones electroquímicas de nuestro cerebro en semántica e imaginarios sociales. Por lo tanto su teoría de los marcos requiere de una mediación que incorpore el plano simbólico. El enfoque conceptual de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 168 George Lakoff, Moral Poli ti cs: How Lib era ls and Con ser vat ive Thin k ( C h i c a g o : T h e U n i v e r s i t y o f Chica go Pr ess, 2002) , p p. 4 -5. 169 Ibíd, pp. 6 - 7. Gadamer , Ver dad y métod o , p. 344. 170 Lakoff, No pie nses en u n el efant e , p. 16. 124 las ideologías de Michael Freeden supone una propuesta perfecta para comprender el fenómeno de la enmarcación desde una perspectiva simbólica del lenguaje. El proceso de enmarcación presupone que elementos externos a un paradigma son incorporados dentro de un nuevo marco de sentido desde el que operarán subsumidos bajo unos ciertos axiomas fundamentales. En todo este proceso las ideologías proveen el marco general desde el que se articula toda la red de sentido. Denomino a la ideología como marco porque en la política moderna todo pensamiento se vehiculiza a través de estas redes de sentido. Las ideologías son el medio más efectivo en la modernidad para establecer postulados políticos y despolemizar el lenguaje. Esto es así porque todo acuerdo y polémica, toda acción y declaración necesitan imbricarse en un contexto de sentido que no es unívoco, evidente y dado. Los marcos de interpretación de lo político y la política en las sociedades modernas son las ideologías, que como ha explicado Michael Freeden se trata de un conjunto de creencias conscientes e inconscientes, conformadas a través de combinaciones de conceptos que se organizan de una manera específica mediante una morfología conceptual. 171 La ideología como morfología articularía: Un con junt o de idea s, creenc ias opini ones y val ores que 1. Mues tra un pat rón recurr ent e; 2. Es seguida por grupo s relevantes; 3. Compite por la form ulación y el control de planes e n materia de políticas públicas; y 4. Lo hace con el fin de justificar, oponer o cambiar las bases y los acuerdos sociales y polí ticos de una comunidad política. 172 El enfoque de Freeden resulta pertinente para la problemática propuesta porque su aproximación conceptual por medio del enfoque morfológico posibilita entender los procesos de formación del pensamiento centrándose en sus elementos básicos, los conceptos. Esto ayuda a estudiar las declaraciones y teorizaciones sin necesidad de recurrir a la disyuntiva sobre la veracidad o falsedad de la consciencia de los sujetos, pues de hecho este es un dato irrelevante, ya que su aproximación puede aplicarse a todo tipo de consciencias. Por lo tanto permite comprobar cómo se genera y circula el pensamiento político entre actores e instituciones heterogéneos, pues todos acuden y polemizan a través de los conceptos mediante la confrontación ideológica en el !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 171 M i c h a e l F r e e d e n , Ideologies and P olitical Theory : a Co nceptual Ap proach ( O x f o r d : O x f o r d Unive rsi ty Pres s, 1996) , p p. 3, 48, 75 - 77. 172 M i c h a e l F r e e d e n , Ideolo gía: una breve intro ducción ( S a n t a n d e r : E d i c i o n e s U n i v e r s i d a d C a n t a b r i a , 2013), p. 54. 125 discurso. Por otra parte, permite pensar el fenómeno de la enmarcación considerando la manera en que una ideología gestiona su morfología conceptual. 173 Según Freeden los conceptos políticos no adquieren su significado únicamente a través de la acumulación discursiva en la tradición, o mediante el contexto cultural. También resultan fundamentales los procesos de significación de un sentido concreto para el vocabulario por la posición que ocupan los conceptos dentro de un cluster de nociones políticas. Este cluster conceptual es la ideología como morfología, que conecta como si fuera una red distintos conceptos, generando así una interacción ideacional que acota el significado potencialmente ilimitado y contestable de las nociones políticas, produciendo de esta manera un doble proceso de enmarcación y resignificación conceptual. 174 Esto es posible gracias a que los conceptos cuentan con una estructura morfológica que es potencialmente modificable. Pero esta potencial alteración del significado de los conceptos no resulta arbitraria gracias a la existencia de unos componentes no eliminables presentes en todo concepto que conforman su núcleo de significación, que si bien pueden variar, no puede transformarse completamente en el corto plazo sin que colapse la cualidad explicativa del concepto. Junto a estos componentes no eliminables se encuentran toda una serie de significados circustanciales que varían más rápidamente debido a que el cluster conceptual es un ecosistema ideal. En él los conceptos interactúan entre sí añadiendo capas de significación, o incluso transformando su significado y el de los conceptos con los que se emparentan y ligan. 175 Existen dos tipos de interacción potencial dentro del cluster . La interacción por adyacencia lógica y por adyacencia cultural. La primera es el resultado de la afinidad y cercanía que se da en el campo de significación de los elementos básicos no eliminabl es de dos conceptos. El hecho de que dos conceptos hagan referencia a cuestiones que en un ámbito lingüístico dado sean cercanas o equivalentes potencia la posibilidad de que un hablante los relacione. La segunda modalidad de interacción se refiere a un tipo de vinculaciones denominada por Freeden como “cultural” y que resulta arbitraria desde un !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 173 Freeden, Ideologies and Poli tical Th eory , p p. 15 - 16, 21 - 23, 48, 123 - 124. Desde mi per spec tiva las ideolog ía n o g e n e r a n u n p r o b l e m a d e f a l s a c o n c i e n c i a , y a q u e l a c o n s c i e n c i a n o e s n i v e r d a d e r a n i f a l s a , sino que puede ser crítica o acrítica, en base a cómo esta se relacione con los p rejuicios. A sí como por la capacidad q ue tenga un sujeto o colecti vo de establecer un distanciamiento con las preconcepciones que articulan sus co smovisiones, y de esta manera establecer un diagnóstico sobre los fundam entos materiales que condi cionan su vida , su capacidad pa ra cuestiona rse en qué med ida ejercen do minación o son explotados, o la nat uraleza y el grado de aut onomía y heteronomía en que se desarrolla su existencia . 174 Ibíd . 4, 48, 54 - 55, 61 - 62. 175 Ibíd. pp 62 - 67. 126 punto de vista lógico o de la cercanía en el campo lingüístico, pero que sin embargo se produce bien porque en una cultura en cuestión se considera que los ámbitos de experiencia de los dos conceptos se encuentran relacionados, bien por una decisión arbitraria del hablante que responda a una necesidad circunstancial de construir ideas para fundamentar los presupuestos de su ideología sin atender a una afinidad lógic a. 176 Estas interacciones conceptuales posibilitan que las ideologías operen como un patrón de ideas que intenta maximizar la determinación de los conceptos, para así poder decontestarlos y controlar su significado. Inspirándonos en Weber podemos decir que las distintas ideologías compiten entre sí por el monopolio del sentido legítimo de los conceptos. 177 Para poder llevar a cabo esta operación de determinación del sentido no basta con que los conceptos interactúen entre sí aleatoriamente. Las propias ideolog ías se organizan a través de una morfología conceptual donde los conceptos ocupan distintos lugares desde donde se relacionan. Existen por una parte conceptos nucleares que dotan a las ideologías de una matriz de significados fundamentales que las hacen distinguibles. Por otra parte existen conceptos adyacentes, que son aquellos que se vinculan (bien por adyacencia lógica, bien por adyacencia cultural) al núcleo ideológico para dotar de contenido programático y teórico a la ideología. Y en último lugar existe una periferia conceptual compuesta por un margen y un perímetro. El margen son aquellos conceptos secundarios para el núcleo, y el perímetro está compuesto por aquellos conceptos que sin f ormar parte enteramente de la morfología, entran en la misma por las necesidades polémicas que la ideología pueda tener con otra ideología rival que utilice dichos conceptos en un momento histórico dado. 178 Aquellas ideologías que permiten una interacción fluida entre su núcleo y la periferia se denominan ideologías abiertas, pues priman su adaptabilidad histórica con respecto a la pureza doctrinal. Mientras que las ideologías dogmáticas tienden a aislar su núcleo con respecto a los conceptos extraños a su tradición, permitiendo una menor interacción con la periferia conceptual, lo que se traduce en doctrinarismo y en muchos casos en obsolescencia ideológica. 179 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 176 Ibíd . pp. 68 - 71. 177 Ibíd . pp. 75 - 77. Freeden, Ideología: un a breve introducc ión , p. 80. 178 Freeden, Ideologies and Political T heory , pp. 77 - 80. 179 Ibíd . 81. 133 manera bidireccional, reorganizando la información que tenemos sobre ambos con el fin de dotar de un sentido al presente. 183 El canon se convierte así en una forma de relato que permite la gestión consciente del recuerdo y el olvido social, lo que le convierte en una herramienta de poder. A través del canon se puede ejercer un control sobre las esclusas de la memoria colectiva, imponiendo un criterio para discernir qué elementos son relevantes recordad y cuáles es mejor olvidad. De esta manera el canon sirve para legitimar el status quo y las relaciones de poder existentes, pues mediante un control de la memoria colectiva el poder no sólo usurpa el pasado, sino también el futuro. Controlando el relato sobre el pasado el poder presente se legitima retrospectivamente y se perpetúa prospectivamente. 184 Por otra parte el canon surge como un intento de gestionar el problema de la discontinuidad producto del paso del tiempo, que resulta en uno de los mayores desafíos a la hora de dotar de sentido a los proyectos sociales. Expuse a través de la teoría de Freeden que la morfología conceptual de las ideologías es uno de los mecanismos fundamentales a la hora de producir y preservar formaciones de sentido a través de la interacción conceptual. Pero esta interacción conceptual no se da en un vacío temporal, sino que se produce dentro de procesos históricos concretos, lo que supone la existencia de un legado que condiciona el punto de partida de la interacción de todos los conceptos, y apunta a su vez a una posteridad a la que toda formación conceptual se encamina. El problema de la posteridad Assmann lo plantea ligado a la figura de los horizontes de sentido , cosmovisiones que posibilitan un consenso básico sobre el significado de la acción social en clave temporal. El hecho de que sea un horizonte supone un límite habilitante, en donde sentido significa tanto contexto como dirección, que son las coordenadas de espacio y tempo de la acción social. Pero estas categorías tan abstractas de contexto y dirección necesitan concretarse narrativamente para ser operativas. Esto se consigue a través de ficciones de coherencia , relatos que ligan lo espacial a lo temporal, y con ello ayudan a dotar de sustancia el sentido que marca el horizonte de la acción social. 185 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 183 Ibíd., p p . 42 - 43 . 184 Ibíd., p. 20 , 68 - 70. 185 Assmann, Egipt o: hi stori a de u n sent ido , pp. 12 - 13. 134 El canon es una manera de desarrollar estas ficciones de coherencia , pues plantean el legado como una línea sin fisuras que borra las discontinuidades, enfatizando la idea de que la tradición de la que alguien se reclama parte ha conseguido vencer la acción entrópica del tiempo, permitiendo así ligar el hoy con el ayer, y ofreciendo con ello un relato de legitimidad vinculado al éxito de la permanencia. Las ficciones de coherencia son por tanto los elementos narrativos que dotan de contenido retórico al canon, que a su vez los articula como una estructura de permanencia temporal. Si para las ideologías la unidad básica son los conceptos, para el canon el elemento referencial básico es la memoria, que se compone a partes iguales de recuerdo y olvido. La memoria para Assmann opera a distintos niveles que se entrecruzan inextricablemente. A nivel individual como recuerdo y olvido de las experiencias individuales, que al acontecer en sociedad se vinculan a procesos que trascienden al individuo, pues el individuo se recuerda como parte de un grupo. Este es el carácter colectivo de la memoria que teorizó Maurice Halbwachs. A ssmann plantea a este respecto que los colectivos no tienen memoria, pero condicionan la memoria de sus miembros, que sólo pueden rememorar en colectividad y en referencia a la misma. La memoria tanto para Assmann como para Halbwachs es un marco del recuerdo, que filtra lo que merece ser recordado y lo que merece ser olvidado en base al sentido dominante de la cultura, lo que a su vez condiciona qué tipo de cánones se formulan en cada momento histórico. 186 A este respecto David Lowenthal intenta sortear el problema entre carácter personal y colectivo de la memoria proponiendo que el recuerdo e s una forma de conciencia enteramente personal, pues hace referencia a experiencias particulares que suceden a personas concretas. Desde una perspectiva cuantitativa, la mayor parte de los actos de recuerdo son intro sp ecciones personales, pero estos se vuelven colectivos al compartirse. 187 Compartir recuerdos es una parte fundamental de la constitución de la identidad personal y colectiva. Al compartir recuerdos nos hacemos consciente de la parcialidad de nuestra memoria, y existen aspectos de nuestra experiencia vital de las que no somos conscientes, bien porque no contábamos con las capacidades cognitivas para poder !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 186 Assmann, Histori a y mito…, p p . 3 7 - 38; M aurice Halbwachs, La memoria col ectiva ( B u e nos Aires: Miñ o y Dá vi la ed it or es, 2011), p. 94. 187 David Low e nthal, The Past is a Foreign Country ( C a mb r i d g e : C a m b r i d g e Un i v e r s i t y P r e s s , 1 9 8 5 ) , p p . 194 - 195. 135 transmutar nuestra experiencia en recuerdo (caso de los bebés, niños pequeños o pacientes comatosos), bien porque no estábamos presentes en algún evento relevante para nuestra vida y necesitamos que otros compartan su memoria para rellenar los vacíos de la nuestra. El ser humano en tanto que ser social desarrolla una existencia en colectividad que supone espacios de memoria que quedan vacíos porque nuestra experiencia vital excede los límites de nuestra presencia corpórea inmediata, por lo que es necesario en última instancia comunicar los recuerdos y que otros hagan lo propio para completar los vacíos que constantemente se forman en la memoria individual por la toma de consciencia de una realidad siempre mayor a nuestra experiencia inmediata. De esta forma la memoria que en primera instancia se nos presenta como una experiencia individual, tiene la necesidad de compartirse y deviene en colectiva. 188 Pero la memoria individual y colectiva no son cánones, aunque generen unidades de sentido mediante un relato que conecta distintos momentos temporales. Sin embargo la memoria es la materia prima con la que se construyen los cánones. Si las ideologías son morfologías que gestionan sus unidades básicas (los conceptos), el canon es a su vez un relato que permite gestionar la memoria dotándola de un sentido social que posibilite discernir entre lo que merece la pena recordar y aquello que debe ser olvidado. Este proceso se lleva a cabo a través de los “mnemotopos”, que Assmann define como textos topográficos de la memoria cultural. Se trata de figuras mnemotécnicas mediante la especialización de la memoria en “lugares del recuerdo”. Estos pueden ser f ísicos (monumentos, obras pictóricas el paisaje simbolizado), o narrativos, a través de la rememoración ritual de los eventos históricos, los recuerdos míticos o la doctrina. Este conjunto de elementos componen un sentido social que ofrece un criterio colectivo para discernir entre lo que es valioso recordar y lo que no. 189 La clave estructural del canon no reside en una morfología, como en el caso de las ideologías, sino en la genealogía. La morfología tiene por objetivo gestionar la sincronización de elementos distintos para posibilitar su interacción y enmarcación. La genealogía, por el contrario, genera una enmarcación de lo temporal mediante la gestión de la diacronía, dotando de sentido a una sucesión de elementos que se intenta conectar más allá de la distancia temporal y sus filiaciones objetivas. Pero tal y como teorizó Lowenthal, la identidad no se elabora mediante una secuencia memorística, sino que requiere constituir una red unificadora de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 188 Low e nthal, The Pas t is a Forei gn Country , pp. 196 - 197. 189 Assmann, Hi stor ia y mi to…, pp. 58 - 59. 136 retrospección, por lo que el canon en tanto que genealogía no se limita a vincular mecánicamente una sucesión diacrónica de elementos, sino que debe inventar un sentido unificador que ejerza de función explicativa y naturalice la genealogía, invisibilizando así su carácter artificial y retrospectivo. 190 En esto consiste el proceso de enmarcación canónica que denomino como canonzación . Assmann considera que la canonización “no es un destino casual de la recepción, sino la culminación o el rescate de una potencia aplicada en la obra por el rigor formal y la vinculación a la regla”. La noción de canonización retrotrae a su significado tradicional, en donde canon hacía referencia a los textos consagrados y aceptados por la tradición religiosa y la canonzación a la incorporación de figuras santa s o mártires que constituían una comunidad de referencia y emulación para la comunidad cristiana. La s ecularización de esta visión del canon y de la canonización no pierde del todo su fundamento teológico que hace del canon un referente que impone un relato de sentido y del proceso de canonización una selección de figuras ejemplares que marcan una regla de seguimiento y emulación. 191 Los conceptos-doctrina canonizan por medio de su semántica temporal. Como el resto de conceptos, estos articulan dentro de sí estratos temporales múltiples de espacios de experiencia y horizontes de expectativa. Puesto que el concepto-doctrina es la expresión conceptual de un conjunto de ideas, creencias o principios que están considerados como una unidad programática, la pregunta sobre qué elementos del pasado forman parte de dicha unidad se encuentra siempre presente, lo que implica la necesidad de marcar los límites de la tradición, y constituir una lógica de sentido en clave temporal que ayude a articular una semántica política. La cualidad de canonizadora de los conceptos-doctrina se produce a través de la constitución de una comunidad de referentes históricos que son subsumidos por el concepto y depositados en los paradigmas ideológicos que están contenidos en la ideología del concepto-doctrina en cuestión. De esta manera, desde un punto de vista sincrónico el canon queda contenido en los paradigmas que despliegan narrativamente los referentes históricos que vistos diacrónicamente constituyen un canon. La movilización de referentes por medio de la narratividad es lo que les conecta y pone en común a estos constructos ideales. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 190 Lo w e nthal, Th e Past is a For eign Count ry , pp. 191 Assmann, Hi stor ia y mi to , pp. 101, 106, 109 - 110. 137 De esta manera los conceptos-doctrina configuran y expresan unidades de sentido enmarcando sincrónicamente el discurso en un momento dado en competición co n discursos alternativos, e intentando hacer prevalecer su cosmovisión mediante la despolemización y significación de los conceptos claves del vocabulario político. Esto se produce gracias a las interacciones semánticas que se producen entre la morfología conceptual de su ideología, y los paradigmas ideológicos que los dotan de narratividad. Estos paradigmas ideológicos, a su vez, al desplegar una narrativa introducen en los conceptos-doctrina la cuestión del legado y los antecedentes, lo que lleva a la necesidad de enmarcar los referentes del pasado a través de la canonización de distintos autores, ideas y elementos, que constituirían la tradición política subyacente a la ideología o al conjunto de ideas que el concepto-doctrina pretende articular. El tipo de síntesis que logra el concepto-doctrina es el de conseguir condensar un enorme conjunto de referentes programáticos y de legado histórico en una cosmovisión coherente que permite simplificar la compleja pluralidad de elementos que le constituyen mediante un significado alegórico. La virtualidad de esto conceptos es que el hablante no tiene porqué ser del todo consciente sobre el conjunto de elementos que constituye a los conceptos-doctrina y su semántica. Pero gracias a que la cosmovisión doctrinal trasmite al hablante significados convencionales, este puede defender posiciones políticas y de valor sobre las que s ha constituido identidad sin necesidad de haber llevado a cabo un proceso de racionalización crítica de los elementos programáticos condensados en este tipo de conceptos. El Destino Manifiesto es un concepto-doctrina cuya importancia ha residido en su capacidad de erigirse en el concepto central a la hora de enmarcar los límites y el sentido del discurso expansionista decimonónico americano. Y con el tiempo se ha convertido en el canon discursivo del expansionismo ligado a una concepción providencialista de los Estados Unidos como nación elegida. Cuando el marco discursivo expansionista se agotó a mediados del siglo XX, el concepto de Destino Manifiesto quedó como el máximo referente cultural del canon providencialista, lo que le ha otorgado una supervivencia en la cultura política norteamericana que de otra manera no habría tenido lugar una vez el concepto-doctrina pierde su capacidad de enmarcación y canonización. 138 3.3 Características del concepto-doctrina de Destino Manifiesto En los autores clásicos, así como en muchos de los historiadores actuales del Destino Manifiesto se ha tendido a considerar este concepto como una ideología, como un conjunto de ideologías, o como una doctrina. Weinberg fue el primero en hablar del Destino Manifiesto como un conjunto de ideas que constituirían el contenido de la ideología expansionista. Merk por su parte le dio la vuelta a la perspectiva de Weinberg, considerando el Destino Manifiesto como la ideología del expansionismo, aunque con la novedad de ser el primero en considerarlo como un concepto. Sin embargo, su libro es anterior al proyecto de Koselleck y a la historia conceptual y para Merk el concepto es un sinónimo de idea-singular haciéndose eco de las tesis de Lovejoy: 192 Un concep to e s u n c o n j u n t o d e i d e as expresadas en sus más altos principios. Para ser aplicados estos deben ser ater rizados [en l a r e a l i d a d ] . E s t o c o n l l e v a e l p r a g m a t i s m o b u r o c r á t i c o d e u n despacho de Buchanan o una instruc ción de Bancroft. Finalmente se rebaja a l n i v e l d e practici dad de un subordi nado que lo rehace completament e, indivi duos del est ilo de Fr émont. 193 Aunque anclada en una visión de lo conceptual anticuada, la reflexión de Merk resulta interesante para señalar que un concepto y el conjunto de ideas condensado en él tienen distintas formas de uso y aplicación por parte de diferentes tipos de actores políticos. Esta es una característica también presente en los conceptos-doctrina, categoría que he acuñado para intentar resolver la confusión común en los estudiosos del Destino Manifiesto que vacilan a la hora de distinguir entre la forma conceptual específica y el conjunto de ideas que el concepto sintetiza. Esta confusión se extiende cuando se considera el Destino Manifiesto como una ideología, pues aunque puede parecer que el concepto remite a un conjunto sistemático de ideas vinculadas lógicamente entre sí, sin embargo este carece de una suficiente complejidad interna como constructo de pensamiento para ser equiparado con lo que comúnmente entendemos por ideología. Los conceptos-doctrina no son ideologías, sino que se tratan de términos que sintetizan una cosmovisión que puede ser movilizada por distintas ideologías a la hora de posicionarse con respecto a cuestiones tan diversas como el carácter nacional de los !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 192 W einberg, Destino mani fi est o, p. 1 6 . Merk , M anifest Destiny and Miss ion , pp. VI - VII. 193 Ibíd . p. 81. 139 Estados Unidos, su política expansionista, o en lo referido al carácter excepcional de los Estados Unidos como país ( excepcionalismo americano ). Los usos del concepto de Destino Manifiesto en el debate político fueron estableciendo un rango de temas y problemáticas que quedaron vinculados a este, y aunque la realidad histórica de la experiencia nacional estadounidense fue cambiando, el núcleo de temas y problemáticas se transmitió como un canon a través del concepto, generando un marco discursivo diacrónico que fue recepcionado y estuvo operativo durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. Esta canonización discursiva no fue óbice para que el uso y significado del concepto variase en cada hablante y época, pero tal y como propuso Freeden, los conceptos conservan un núcleo cuya variación es muy baja en el corto y medio plazo. Esto les otorga una estabilidad en su significado que les vuelve reconocibles por los hablantes de épocas coetáneas cuyas claves históricas han cambiado, pero en donde se conservan aún suficientes elementos de continuidad en el núcleo del concepto como para que este no resulte del todo extraño. El proceso de encuadramiento sincrónico y la canonización (encuadramiento diacrónico) es lo que permite que permanezca un núcleo coherente que muestra una baja variación en su significado mayoritario convencional durante el corto y medio plazo. En tanto que concepto-doctrina el Destino Manifiesto cuenta con una morfología conceptual articulada por cuatro paradigmas discursivos que son los que estructuran su contenido semántico, y de cuya interrelación surge la coherencia discursiva del concepto. En este apartado no voy a desarrollar el contenido de estos cuatro paradigmas, pues ese será el punto de llegada de la tesis, el último capítulo con el que pretendo hacerme cargo de la unidad con la que en retrospectiva se nos presenta el concepto de Destino Manifiesto . Los cuatro paradigmas que lo fundamentan son los siguientes: 1. El progreso como destino de una nación excepcional: el canon providencial de los peregrinos y los fundadores. 2. La tierra de la libertad: fundamentos de geopolítica imperial e imperativo malthusiano para la expansión. 3. Raza y ciudadanía en la nación universal. 4. La razón de Estado democrática como teología política. Estos cuatro paradigmas pueden resultar ahora oscuros, pero la razón de esta investigación descansa en producir un marco hermenéutico con el que acercarnos al concepto y poder comprender, a modo de fusión de horizontes, la racionalidad narrativa que existe en la interacción de estos cuatro paradigmas. Aunque en nuestro horizonte ya 140 se hayan perdido, todas estas cuestiones acudían a la mente de un estadounidense cuando transmitía o recibía el concepto durante la segunda mitad del siglo XIX, y en menor grado en la primera mitad del siglo XX . El Destino Manifiesto en tanto que producto de la Sattelzeit es un concepto moderno que tiene resonancias arcaicas, un concepto teológico secularizado, como consideró Carl Schmitt en su estudio sobre el concepto moderno de soberanía . Sin embargo el componente teológico políticodel concepto de Destino Manifiesto no es de la misma naturaleza que los conceptos de la moderna teoría del Estado de los que habla Schmitt. El constitucionalista alemán intentó dar cuenta de un sutil deslizamiento de sentido que había ocurrido tras la ilustración que llevaría a concebir análogamente elementos surgidos de la teología (como la idea del Dios omnipotente) proyectados hacia otros conceptos seculares fundamentales para la comprensión de la teoría política moderna (el legislador todopoderoso). A partir de este principio analógico “el estado de excepción para la jurisprudencia sería lo mismo que el milagro para la teología”. 194 Sin negar que se hayan dado este tipo de transferencias analógicas, ese no es el carácter que O’Sullivan como autor, o la Sattelzeit como marco de época imprimieron al Destino Man ifiesto . En el caso de este concepto - doctrina no hay una analogía sino una trasposición, pues se trata de un concepto de transición entre el viejo imaginario teológico y la nueva teoría política secular. En el Destino Manifiesto y en el discurso providencialista en el que este se encuadra los elementos retóricos religiosos se encuentran traspuestos en una matriz de discurso político moderno. El vocabul ario teológico es un injerto sacado de otra época, resignificado en su contenido pero conservado en su formulación, que queda resituado en un discurso de carácter eminentemente político e indudablemente decimonónico. Este tipo de trasposición fue posible gracias a la transformación dela concepción del tiempo histórico ocurrida en el periodo de 1750 a 1850. Como resultado de los avances producidos por las revoluciones científicas del renacimiento y el barroco, durante la ilustración se va a conforma un nuevo enf oque histórico conocido como la filosofía de la historia. Esta alumbró la idea de progreso a través de una fusión de dos elementos: el pronóstico y el porvenir. La noción de pronóstico sustituirá a la profecía como forma de entender el vislumbramiento del futuro. Este ya no será el producto de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 194 En palabras de Schmitt : “Todos los concept os centra les de la moderna teorí a del Estado son conce ptos teológic os se cularizados . Lo cual es cierto no só lo po r razó n de su evoluc ión h istórica, en cu anto fueron transferid os d e la teología a la moder na teo rí a del Estado, [… ] sino t a m b i é n p o r s u p r o p i a e s t r u c t u r a semántica ” Carl Schmitt, Teolog ía Polí tica (Madrid: Editorial Trotta, 200 9), p. 37. 141 una teofanía sino que será el resultado de un cálculo racional sobre el futuro a partir de elementos indiciales del presente. El porvenir por su parte ejerció de f orma secularizada del referente milenarista, una visión salvífica de la historia que ha sido mundanizada por la idea de progreso. La filosofía de la historia ayudó a alumbrar la concepción temporal del futuro mediante la superación del referente escatológico, fundamental para la concepción temporal cristiana. A partir de su matriz escatológica la mentalidad cristiana antigua y medieval había concebido el tiempo de manera dicotómica, como historia sacra (historia de salvación) y como historia profana ( saeculum ). Este último será entendidocomo un eterno presente que se reproduciría hasta que se diera la experiencia disruptiva del apocalipsis. El presente del saeculum se vería afectado por la acción corruptora del pecado sobre el mundo por el cual el paso del tiempo será concebido simultáneamente como un lento declinar y un tiempo de espera hasta la llegada del apocalipsis y el juicio final. Desde este punto de vista la temporalidad apocalíptica será un futuro de cierre histórico que llevará a una eternidad con Dios. 195 Pero mientras que la escatología va a suponer una irrupción del fin del tiempo en la historia, la idea de progreso introducida con la Sattlezeit permitirá concebir el futuro como un espacio temporal expansivo, vacío e infinito, en donde la concatenación de adelantos científico-técnicos va a ser comprendida como un avance en las condiciones materiales de la vida humana hacia el porvenir como un estado de perfeccionamiento infinito en el tiempo. De esta manera la historia entendida en clave de progreso conducirá a una idea del tiempo entendida como una superación de estadios civilizatorios en una escala siempre ascendente. A partir de esta nueva clave temporal el progreso ocupará parte del espacio simbólico que con anterioridad se asignaba a la providencia, lo que no quitará para que durante un tiempo ambas ideas puedan convivir transformándose mutuamente. 196 En este contexto va a operar un proceso de secularización, pero este no debe entenderse como una sustitución del antiguo imaginario teológico por un nuevo imaginario moderno. Esta podrá s er una consecuencia en el largo plazo, y con el tiempo constituirá un elemento narrativo fundamental en el discurso sobre el proceso de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 195 Lucian Hol scher, El desc ubrimie nto de l futuro (M adrid: Siglo XX I España, 20 14), pp. 15 - 25, 47; Robert Nibse t, Histo ria de la idea de progreso (Ba rcelona: Gedisa , 1981), pp. 98 - 106, 114 - 117; Kosel lec k, Futuro Pasado , pp. 31 - 32, 36 - 40, 56 - 66, 337; Koselleck, Histori a de conc epto s, p p . 9 7 , 1 0 1 - 112; Pocock, El momento maqu iavél ico , pp. 119 - 120. 196 Holsch er, El descubri miento del futuro, pp. 35 - 39, 47 - 63; N ibset , Hist oria de la idea de progreso , pp. 173 - 200, 228 - 253; Hans Blumenberg, La legitimación de la eda d moderna (Valencia: Editorial Pre - textos, 2008), pp. 22, 38 - 39, 61, 86 - 89; Kose lle ck, Los estratos del ti empo , pp. 3 5- 37; Koselleck, Hist oria de conceptos, pp. 10 4 - 107, 171 - 183. 142 modernización articulado a través de la filosofía de la historia decimonónica. Pero en el momento en el que comenzó a operar el proceso de secularización se dio una cohabitación entre distintos paradigmas que se retroalimentaron, combatieron y transformaron recíprocamente. La emergencia de una nueva realidad histórica no podía ser explicada ni ignorada por los viejos esquemas de pensamiento teológico, pero en la modernidad temprana las nuevas teorías políticas sociales que surgieron alrededor de la revolución científica y con la constitución del Estado moderno se encontraban en un estadio incipiente, por lo que no pudieron establecer un paradigma enteramente distinto al imaginario religioso que había dominado con anterioridad. De esta maner a el viejo imaginario teológico va a ofrecer un repertorio simbólico y discursivo desde el que expresar las nuevas realidades político sociales, y en este proceso la teología irá mundanizándose para poder establecer un dialogo, o incluso combatir las nueva s doctrinas producidas en la Edad Moderna. Esto llevará a Blumenberg a hablar de que lo importante es comprender la “estructura de un cambio en el reparto de papeles” entre la vieja teología y el pensamiento de la modernidad. Pero en esta dialéctica entre mundanización de la teología y sacralización del nuevo imaginario político-social moderno, la parte que va a ir debilitándose va a ser la vieja teología, pues esta no va estar preparada para integrar satisfactoriamente todos los nuevos fenómenos históricos de la modernidad en sus relatos clásicos, ni va a ser capaz de conservar el monopolio sobre el sentido de la trascendencia social frente a los nuevos imaginarios modernos sacralizados. 197 Conceptos como el de Destino Manifiesto van a erigirse como formas híbridas de transición en el proceso de secularización producido durante la Sattelzeit . Se va a tratar de una noción que servirá de bisagra entre una mentalidad tradicional muy influida por un imaginario religioso, donde Dios seguirá siendo un elemento de referencia ineludible, haciendo necesario mentar a la providencia para encuadrar los acontecimientos intramundanos. Pero en donde a su vez ya está operando una mentalidad moderna cuya filosofía de la historia no se basa en la fe sobre la acción de una deidad providencial guiada por la gracia, sino que es una fe proyectada hacia las capacidades del ser humano de progresar por medio de sus logros, así como por la confianza en la capacidad redentora de la técnica, cuyo desarrollo se interpreta desde !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 197 Blumenber g, La legi timación de la edad moderna , pp. 22 - 33, 81 - 83 ; José V. Casanov a, Gen eal ogía s de la sec ularización (Barcelon a: Anthropo s, 2012), p p. 19 - 55; Steven Shapin, “Of gods and kings: Natural philosophy and politics in the Leibniz - Clar ke di sput es”, Isis, Vol 72 , N o. 2, ( Jun. 1981), pp. 202, 215 . 245 de motivaciones políticas y personales que se explicarán en el capítulo 12. Aún con todo O’Sullivan no perderá nunca el interés por la Democratic Review y seguirá asistiendo a Langtree escribiendo editoriales políticos de vez en cuando. P or lo tanto, los editoriales escritos entre junio de 1839 y diciembre de 1840 pueden ser en igual medida de O’Sullivan como de Langtree. El historiador John Stafford ha propuesto además que durante la ausencia de O’Sullivan en el otoño de 1845, Evert A. Duyckinck y William A. Jones pudieron haberse hecho cargo de la labor editorial. Pero el juez Nelson J. Watebury (que compaginaba su carrera judicial con un empleo a tiempo parcial en el New York Morning News de O’Sullivan) aseguró en una carta al por entonces gobernador del Estado de Nueva York (Silas Wright Jr.) que O’Sullivan había dejado al escritor John Bigelow al frente de la Democratic Review , si bien Bigelow negaría haber prometido a O’Sullivan tal cosa. La Democratic Review efectivamente se publicó de septiembre a diciembre de 1845 en ausencia de O’Sullivan, por lo que bien Duyckinck, Jones o Bigelow debieron ser los autores de los editoriales durante dicho periodo. 357 En el artículo anteriormente citado “Criticism in America” Jones dedicó unos párrafos a hablar de la Democratic Review , y en él ofrece una interesante información sobre las contribuciones a dicha revista. En su artículo Jones señala que además de una amplia gama de literatos americanos e internacionales de primera fila, en la revista colaboran escribiendo críticas literarias Godwin, Bigelow y Duyckinck. Los editoriales políticos corrían a cuenta de “Mr. Editor” (O’Sullivan), de quien también dice lo siguiente: “A los cuales [a los editoriales políticos], aún así, no se restringe de ningún modo, pues hemos podido seguirle a través de la tumultuosa narrativa de ficción, la distinción de la crítica [literaria], cálculos estadísticos, argumentos políticos y legislación ilustrada.” 358 Por lo tanto puede suponerse que en ocasiones O’Sullivan podría ser el autor de algunas piezas que trasciendan la temática política, si bien su principal tarea reconocida en la Democratic Review será escribir los editoriales políticos. Jones también hace !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 357 Fuller, The Unite d Stat es Magazine and Democratic Review , pp. 24 - 25, 40, 55 - 56. Harris, The Publi c Carrer of John L. O’ Sullivan, pp. 86 - 90. Stafford, The Lite rary Criticism of Young Am erica, p. 6 . N elson J. Waterbury a Silas Wright Jr. , 30 de agosto de 1846, Samuel J . Tild en Papers, New York Pub lic Li brary. 358 Jones, “Criticism in A merica”, p. 246. De acue rdo co n Full er y con las cartas de O’S ul li van a G ri swold y Thorau, O’Sullivan también se encargaría de hacer algunas de las reseña s literari as, que entre el periodo de 1837 a 1840 pueden ser así mismo obra de Langtree. Fuller ha identificado entre los colaboradores habitua les para las r eseñas literarias a los siguiente s escrito res (siend o la mayor ía de las m ismas anónimas: A lexa nder . H. Evere tt, Park e Godwin, George Bancroft , Ralp h W. Emerson, Henry D. Thoreau, John Bigelow, Evert A . D uy c kinck, Cornelius Mathews, William A. Jones, y A u gu st e Da v e z a c . Fuller , The Uni ted Sta tes Magazi ne and Democr atic Rev iew , pp. 16, 72 246 referencia a las contribuciones políticas de “Mr. Everett”, al que describe como el “visir literario” de O’Sullivan. El Everett al que menciona es Alexander H. Everett (1792- 1847), embajador en Holanda, España y finalmente China, quien en efecto colaboró activamente en la Democratic Review , y como explicaré más adelante, jugó un papel fundamental en la aparición del concepto de Destino Manifiesto . Por otra parte, Caleb Cushing (1800-1879), congresista, diplomático e hispanista que también ocupó el cargo de embajador estadounidense en España, escribió una carta al editor de la Democratic Review en la que se declaraba lector habitual de la revista, en especial por sus artículos financieros y comerciales, que atribuye a la pluma del editor. Pero Cushing apunta a un error de comprensión en estos escritos sobre la naturaleza de los depósitos bancarios que el gobierno estaba gestionando tras desmantelar el Segundo Banco de los Estados Unidos . En su respuesta a Cushing el editor (O’Sullivan) no niega ser el autor de dichos artículos, por lo que también debemos suponer que él escribía los artículos económicos de la revista. 359 Por otra parte, en lo que se refiere a la labor editorial en el New York Morning News (1844-1846), sabemos gracias a Waterbury que O’Sullivan era el responsable de escribir los editoriales periódicos en esta publicación. En la carta a Silas Wright del 30 de agosto de 1846 Waterbury narra los avatares que llevaron al colapso del diario en la primavera de 1846, enumerando toda una serie de insensateces cometidas por el resto del equipo. De entre las quejas que tenía para O ’Sullivan (que unos meses antes había sido cesado como editor por los propietarios del periódico), destacó lo siguiente: 360 El hecho más importante para un diar io barato en Nueva York es est ar en la calle durante las primeras horas de la m añana. En u n periódico diseñado para circula r entre las ‘masas trabajad orasdem ocráticas’ esto es una nece sidad sin la cua l el éxito es impo si ble. Para asegurar est o , los edito riales d ebe n e n t r e g a rs e e l d í a a n t e r i o r a u n a h o r a t e m p r a n a para ser incluidos e n l a impren ta antes de que las noticias lleguen a las multitudes . El señor O’Su llivan ge neralmen te bajaba a la oficina a medi a n o c h e a e s c r i b i r sus artículos p ara el periódico del día siguiente, lo que provocaba que no pudieran entrega rse a los impresores hasta después de que e l p e r i ó d i c o estuviera terminado. Esta fue una dinámica fatal; pero O’Sullivan no escuchab a la voz de la razón salvo para prometer que camb iará de actitu d. 361 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 359 Ibíd., p. 246. [John L. O’Su llivan], “T he Exchequer Pro ject” The United State s M agazi ne and Democr ati c Re view , Vol. 10, Nº. 6 7, (May 1 842), pp. 5 01 - 510. 360 Gumer ove, The New York Morn ing News, pp. 27, 108. 361 Nelson J. W at erbu ry a Silas Wright Jr., 30 de agosto de 1846, Samuel J. Tilden Papers, New York Public Library. 247 Este testimonio deja entrever que O’Sullivan no era el editor más diligente y responsable en la ciudad de Nueva York, y que por su culpa el Morning News irónicamente no conseguía salir por las mañanas. Sin embargo la carta no da lugar a dudas sobre su labor como autor de los editoriales políticos, aunque esta supusiera una disfuncionalidad profesional en la conducción de sus publicaciones. Pero a mi juicio la fuente autorizada que confirma su labor como escritor editorialista es Samuel Tilden, quien como coeditor temporal del Morning News y colaborador de la Democratic Review estaba familiarizado con el trabajo de O’Sullivan. El 26 de febrero de 1846 apareció publicado en la columna editorial del Morning News un reportaje sobre el debate que había acontecido en la Asamblea del Estado de Nueva York a raíz del enfrentamiento entre Tilden y el representante por Albany, Robert D. Watson. Watson era al igual que Tilden miembro del Partido Demócrata, pero era uno de los líderes de la facción anti rentista, enfrentada a la facción Barnburner a la que pertenecían Tilden y O’Sullivan. En su intervención Watson atacó al Morning News y a su editor acusándole de actuar en contra de la administración demócrata del presidente Polk por defender posiciones abolicionistas. Tilden encontró sumamente ofensivo que su amigo fuera tildado de abolicionista y amigo de los negros, e interrumpió a Watson para tildar sus palabras de acusaciones sin fundamento. Así recogía el Morning News su declaración: 362 Sobre la cuestión de la Abolición, conside ro que es de j u s t i c i a h a c i a e l c a b a l l e r o q u e e d i t a e l Morn ing News decla rar (y al tener relación con él po r más de diez años he conocido s us opi nio ne s privadas y trayectori a pública) que no puede atribuírsele una sola sílaba, ni en el Mor nin g News ni en otras publicaci ones que él edita, una sola palabra de amistad o favorable a la Abolici ón. Muy al con tr ar io, sus opinion estal y como h an si do expresadas una y otra vez en la Democr ati c Review, por él en cal idad de edito r , h an s ido e xtremada mente favorable s a la doct rina del !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 362 En los años 40 del sig lo XIX s u c e d i ó e n e l E s t a d o d e N u e v a Y o r k u n e v e n t o c o n o c i d o c o m o “ N e w York Anti - Ren t W ars ”. Est e e r a u n m o v i m i e n t o s o c i a l e insurreccional protagonizado por jornaleros q u e vivían en una situación de cuasi servidumb re explotados por las grandes familias que desde la colonización holandesa controlaban el Valle del H udson. La insurrección tuvo un impacto inesperado e n la facción demó crata r adical del E stado, l o s Locofocos , que s e d e s g a j ó por la m itad dando lugar por una parte a los demócratas anti rentistas que apoyaron al m ovimient o, y los Barnburne rs demócratas r ad ic al es seguidores del ex preside nte Martin Van Buren ( 1 7 8 2 - 1862). Si bien por tónica general los Barnburners defendían una pol ítica muy progr esista, en el Estado de Nueva York contaban con el apoyo de los grandes terratenie ntes del H udson, lo que les lle vó a co ndenar el alzamiento anti rentista. Por oposició n, lo s líderes an ti rentistas dem ócratas se alia ron con los d emócrata s Hunkers , de tendencia m ás conservadora y socios de los dem ócratas esclavistas del Sur, lo que llevó a los anti rentis tas a oponerse al abolicionismo, muy ligado a las po lít ic as Barnburner en ese Estado. D ado que el Mor ni ng News era el órgano de referencia de la facción Barnbur ner r e s u l t a l ó g i c o q u e W a t s o n , a u n s i e n d o d e m ó c r a t a , i n t e ntase despresti giar a este medio y a sus editores. Reev e Huts on, “The P arties and ‘The People’: The New Y ork Anti - Rent Wars and the Contour s of Jacksoni an Politi cs”, Journal of the Early Republic , Vol. 20, No. 2 (Summ er, 2000), pp. 241 - 246, 253 - 259. Gumerove, The New York Morning News, pp. 1, 10. 248 derecho de los Estados [State righ ts doctrine], y a la aplicación de dicha d octrina a fa vor de los derechos y e n interés de las gent es del Sur. 363 Tras estas declaraciones Tilden nombra específicamente a “Mr. O’Sullivan” como el autor de dichos editoriales. La importancia de este discurso de Tilden radica en que, por una parte, ofrece un testimonio de peso sobre la autoría de O’Sullivan sobre los editoriales políticos de ambas publicaciones. Pero además relaciona la labor de O’Sullivan como editorialista en la Democratic Review con su trabajo en el Morning News anteriormente descrito por Waterbury. Y es que O’Sullivan en tanto que editor simultaneo durante 1844-1845 de las dos publicaciones va a generar una sinergia entre ambas, aprovechando que la Democratic Review era de carácter mensual y de alcance nacional, con respecto a la tirada diaria y local del Morning News . Esta diferencia de formato, alcance y ritmo de publicación va a posibilitar que O’Sullivan establezca debates de actualidad mediante el Morning News enfrentándose con el resto de periódicos neoyorkinos y nacionales. Mie ntras que la Democractic Review serásu publicación estrella, aquella con la que establecía reflexiones de mayor calado sobre los problemas nacionales y de época. Sin embargo el Morning News y la Democratic Review no serán compartimentos estancos. Muchas de las ideas que aparecieron en el Morning News habían sido previamente desarrolladas durante largo tiempo en la Democratic Review . La revista servía incluso de fuente de material para el periódico, en donde se publicaban por entregas lo mejor del material literario y de los editoriales que previamente habían aparecido en la Democratic Review ; por lo que esta última ejercía de alguna manera de think-tank del periódico en sus polémicas. Y a su vez el Morning News establecía debates de varias semanas que luego inspiraban a O’Sullivan a la hora de escribir artículos más largos y reposados en la Democratic Review . Ambas publicaciones van a compenetrarse durante la última etapa editorial de O’Sullivan, y es en el contexto de esta interacción entre las dos que O’Sullivan entrará en el debate sobre el expansionismo americano, que en último término será el contexto discursivo que alumbrará el concepto de Destino Manifiesto. La interacción era además necesaria por la distinta naturaleza de los editoriales de cada una de las publicaciones. La distinta longitud de estos será clave a la hora de marcar su carácter. Los del Morning News solían ocupar de media columna a dos columnas, lo que equivaldría de tres a ocho !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 363 “The Meeting Last Evening”, New York Morning News , 26 de febrero de 1846 . Subrayado mí o. 249 párrafos de extensión. Mientras que los editoriales de la Democratic Review serán de cinco a diez páginas los más cortos, y de veinte a treinta páginas los más largos. Esto conllevará que los editoriales de la Morning News sean piezas retóricas pensados para el combate de las ideas, mientras que la extensión de la Democratic Review permitirá un mejor desarrollo de los argumentos, con lo que habrá un mayor posibilidad para la innovación discursiva en la revista que en el periódico. Pero en último término ambas publicaciones responderán a un deseo de intervención política inmediata, lo que se reflejará en la formulación de la teoría política de sus editoriales, muy apegada a las especificidades de la política estadounidense de mitades del siglo XIX. En último término esto hará que las teorizaciones del periódico y la revista sean muy representativas del tono general de la época, (y en esto radicaría su éxito literario y político inmediato), pero por esta misma razón su relevancia en el largo plazo decaerá por ser tan dependiente de los debates establecidos durante su contexto político de aparición. En último término el cambio en los debates nacionales durante la segunda mitad del siglo XIX supuso que la Democratic Review fuera perdiendo notoriedad y empuje, y que sus editoriales políticos quedarán completamente olvidados, perviviendo únicamente un cierto recuerdo sobre su contribución literaria. 364 5.3El misterio O’Sullivan reconsiderado Con el recorrido de los dos últimos capítulos me encuentro en condiciones de ofrecer una hipótesis para el misterio O’Sullivan , que deviene de la extraña situación por la cual un pensador tan omnipresente en la historiografía estadounidense y tan influyente en su periodo histórico, sin embargo tenga que enfrentarse a la paradoja de que no existan apenas estudios centrados en su persona, sobre su producción intelectual, y que en último término fuera olvidado durante algo más de medio siglo, coincidiendo con la época de mayor popularidad del concepto que él acuñó. A través del capítulo anterior consideré los procesos que llevan a convertirse a un pensador en lo que Foucault denominó como función de autor , es decir, una referencia personal-simbólica que es subsumida dentro de un canon y a la que los !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 364 M o t t , A histor y of American Magazines , pp. 681 - 684. A fina les del sigl o XIX a ún se recordaba la calidad literaria de la Democra tic Revi ew , haciénd ose exp lícita cuand o moría a lgunos d e sus an tiguos colaboradores, como en el caso del patriota irlandés Thomas Davis. Sin em bargo los editoriales se encontraban ya olvidados. Prueba de ello es que en la esquela necrológica de O ’Su llivan no ap arece menci ón alg una a su labo r en la Democrat ic Review o en el Morni ng New s . Charles G. Duffy, “Thomas Davi s, th e Memo ir s of an Irish Patriot . 1840 - 1846. Chapter IV”, The Nation , (A pril 11, 1891 ), p. 3 . “Th e Obit uary Rec ord: Joh n L. O’S ull ivan ”, New Yor k Ti mes , 27 de m arzo de 18 95, p. 5. 250 autores de la posteridad del pensamiento acuden para fundamentar y legitimar su discurso. Como expuse, las posibilidades de un pensador en devenir en función de autor están relacionadas con su capacidad de inserción en las redes de producción intelectual de cara a obtener capital cultural (en la perspectiva de Randall Colins), y convertirse así en centro y referencia para su contexto intelectual. Esto ofrecería al intelectual la posibilidad de ingresar en los procesos de recepción de la posteridad generando una fusión paradigmática entre la imagen que dicha posteridad construya del autor con la conversión de su pensamiento en una unidad homogénea y referenciable. 365 En los primeros años de su vida adulta O’Sullivan se insertó exitosamente en las redes intelectuales progresistas del jacksonianismo demócrata gracias a la centralidad y popularidad que adquirieron sus periódicos y revistas en el contexto del periodismo de escritores jacksoniano. Sin embargo el carácter central de su posicionamiento dentro de su red de producción intelectual estaba mal cimentada. Era una pos ición que se debía más a su labor como editor que al reconocimiento de su pensamiento. Por otra parte el carácter instrumental de sus ideas, en tanto que herramientas para la contienda política, le ofrecieron réditos de reconocimiento en el corto plazo, pero se encontraban demasiado ancladas al contexto político de su tiempo, y la transformación de las claves discursivas de su época jugó en su contra. Si a esto le unimos su negativa consciente de asociar su nombre a sus editoriales, todo ello acabó abortando la posibilidad de que hubiera alguna posibilidad de que la posteridad pudiera reclamarle. A esto hay que añadir que el propio O’Sullivan terminó de sabotear la posibilidad de reconstruir esa centralidad en su red intelectual debido al conjunto de decisiones políticas y vitales que adoptó tras abandonar su labor editorial. La más catastrófica de todas para su reputación fue la de posicionarse a favor Confederación durante la Guerra Civil Americana , a pesar de serun estadounidense del Norte de la Unión, lo que supuso su caída en desgracia después de la contienda y a su marginación social. 366 Por otra parte, cuando Julius W. Pratt rescató a O’Sullivan del olvido en 1927, el concepto de Destino Manifiesto se encontraba en una tendencia declinante y de abandono como concepto político, por lo que su redescubrimiento no se tradujo en su rehabilitación como pensador, ya que no había incentivos políticos o académicos para !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 365 Fo ucault, “Q ué es un au tor”, pp. 58 - 61, 66. New Y ork Tim es , 27 de m arzo de 18 95 366 Sheldon H. H arr is, “John L. O’Sull ivan Serves the Confederacy”, Civil War History , V ol. 10, N . 3, (Septem ber 1964). 251 legitimar un discurso reclamando su figura o sus ideas en ese contexto. Y puesto que el estudio del pensamiento político en la academia se ha ejercido tradicionalmente vinculando ideas con autores, el hecho de que O’Sullivan hubiera fallado en convertir su imagen en función de autor provocó que el desconocimiento sobre aspectos relevantes de su condición de pensador generasen una suerte de bucle que se autoalimentaba: Al no haber un corpus de escritos inequívocamente atribuibles a su persona era complicado realizar estudios sobre su pensamiento, lo que a su vez desincentivó intentar estudiarle al no existir apenas un asidero documental de fuentes primarias o secundarias sobre el que apoyarse. Y de esta manera el fracaso de O’Sullivan en convertirse en función de autor provocó que a lo largo del siglo XX se estableciera un divorcio entre la importancia del personaje en tanto que autor del concepto de Destino Manifiesto , con respecto a su relativo abandono académico en condición de autor de un pensamiento político relevante a la hora de entender la formación y el éxito del concepto. En último término, el misterio O’Sullivan señala hacia el problema sobre cómo nos enfrentamos con aquellos pensadores en los que la función de autor no se ha establecido según los patrones convencionales. Y esto es especialmente relevante si lo trasladamos a cómo estudiamos el pensamiento de los ideólogos, aquellos autores cuyos planteamientos no son tan singulares como el de los grandes pensadores de la Historia de la Filosofía, y que precisamente por esta escasa excepcionalidad son capaces de convertirse en portavoces de su época e influir en ella en una manera distinta a los grandes intelectuales. No se trata a mi juicio de reclamar a unos sobre otros, sino de plantear que todavía existe un gran trabajo por hacer a la hora de es tudiar el pensamiento político entendido como la articulación entre ambos grupos junto a las bases sociales que adoptan y mantienen vivo su pensamiento. La singularidad del misterio O’Sullivan radica en que se trata del caso de un pensador menor que de manera no del todo consciente fue capaz de articular un paradigma cuyo alcance y envergadura histórica hubiera requerido de la acción, del pensamiento y del reconocimiento normalmente asociados a un gran intelectual. Sin embargo sería un error querer reclamar a O’Sullivan “ ex post” como una gran figura del pensamiento político. Porque la complejidad y sistematicidad de sus ideas no alcanzan para considerar que nos encontrásemos ante un gran genio olvidado, como ocurrió con Baruch Spinoza o Frederick Nietzsche durante el periodo posterior a su muerte. O’Sullivan fue un ideólogo que dio con una clave de época sin pretender establecer una gran teoría a partir de ella. Esto plantea consideraciones interesantes sobre cómo 252 calibramos en términos históricos la relevancia de un pensador con respecto a la importancia de su pensamiento, tanto en términos de la originalidad de sus ideas como por el carácter de su impacto en pensadores posteriores. Y lo que a mi juicio revela el misterio O’Sullivan es que, en algunos casos, pensadores poco profundos y sistemáticas pueden tener una relevancia en términos históricos equiparable a los grandes pensadores que conforman el canon de la historia de la filosofía. Sin embargo los historiadores del pensamiento político y del canon filosófico nos encontramos mal preparados teóricamente para afrontar estos casos, porque tendemos a privilegiar tanto la complejidad y la sistematicidad del pensamiento como el éxito de los pensadores en su inserción en el canon establecido, cuando estos criterios no siempre tienen porque ser relevantes para que las ideas de un pensador tengan un gran impacto social. Hasta este momento he establecido toda una serie de criterios predominantemente teóricos con los que dar cuerpo a la perspectiva hermenéutica que ha fundamentado mi investigación. Con los tres primeros capítulos he considerado cuáles han sido las vías habituales desde las que se ha estudiado el fenómeno histórico del Destino Manifiesto , y he optado por la línea de Weinberg, la cual me ha llevado a considerar el Destino Manifiesto como un fenómeno intelectual del expansionismo norteamericano decimonónico. Así mismo, he decidido estudiarlo considerándolo un concepto político, y para ello he delimitado los contornos del paradigma historiográfico del giro lingüístico, tanto desde la perspectiva de la historia conceptual como del contextualismo , y he optado por adoptar la primera adaptando ciertos elementos del contextualismo para establecer el nexo de unión entre el Destino Manifiesto como concepto con respecto al providencialismo, que sería el marco discursivo que posibilitaría su aparición y del que este se erigió como una de sus formas de expresión paradigmática. Esto me ha conducido a considerar el concepto de Destino Manifiesto como un neologismo, y para ello he desarrollado una teoría sobre la enmarcación y la recepción discursiva del canon con la que he intentado explicar cómo el concepto de Destino Manifiesto contiene una complejidad intelectual mucho mayor de lo que a priori se le podría suponer a un lexema conceptual , por este motivo lo he denominado concepto-doctrina . A raíz de este carácter doctrinal del concepto y por el hecho de tener un autor identificable he reflexionado sobre el problema de la autoría desde el punto de vista de de la función de autor, con el objetivo de establecer criterios con los que posteriormente 253 determinar el impacto concreto de O ’Sullivan en la formación del concepto de Destino Manifiesto (tema de la tesis doctoral). Para ello he presentado el caso específico de O’Sullivan desde la hipótesis del misterio O’Sullivan, lo que me ha permitido reflexionar sobre la autoría, tanto desde el punto de vista de la formación del pensamiento como desde la problemática de su trasmisión. Y para poder reflexionar sobre este problema teórico he intentado delimitar las claves históricas del problema de la autoría en el tiempo de O’Sullivan, la opinión pública romántica en el tiempo del periodismo de escritores . Con estos capítulos quedan establecidos el conjunto de elementos que conforman las reflexiones teóricas y el marco metodológico desde el que voy a abordar mi problemática de investigación. Esta no es la única forma posible de estudiarlo, ni tan siquiera la óptima si lo que se pretende es considerar el fenómeno del Destino Manifiesto en toda su amplitud. Pero si que supone a mi juicio la perspectiva adecuada para reflexionar sobre el problema de la conformación del Destino Manifiesto en tanto que concepto político. A continuación voy a presentar dos grupos más de capítulos que conforman el nivel histórico-contextual de mi estudio. Estos capítulos responden a una hipótesis de investigación sobre la relación entre los niveles sincrónicos y diacrónicos del contexto histórico en los procesos de formación discursiva y conceptual. Tal y como presenté en el capítulo 2 la historia conceptual ha privilegiado el nivel diacrónico para dar cuenta de los procesos de evolución de los términos en el largo plazo, mientras que la Escuela de Cambridge ha priorizado teóricamente el nivel sincrónico desde la hipótesis de que un discurso debe ser estudiado de manera situada en los distintos actos de habla que se dan en un contexto histórico determinado. Sin embargo lo que voy a realizar en mi investigación es una inversión de estos términos. Esta tesis no pretende ser una historia conceptual al uso, sino util izar el aparato teórico de la historia conceptual para resolver otro problema de la historia intelectual en general relacionada con los conceptos: me interesa reflexionar sobre los distintos elementos que influyen en el proceso de formación conceptual. Por este motivo no todos los criterios establecidos por Koselleck son útiles para mi investigación, pues tenemos preocupaciones intelectuales distintas derivadas de las necesidades metodológicas de nuestro objeto de estudio. Dado que el momento de acuñación del concepto es el punto de llegada y no el punto de partida, la cuestión que aborda mi tesis se relaciona con intentar determinar el conjunto de elementos que han sido relevantes en 254 la f ormación del concepto de Destino Manifiesto. En este sentido, manejo la hipótesis de que el concepto de Destino Manifiesto fue una formulación fundamental de la concepción nacionalista de los Estados Unidos en términos providencialistas. Esto introduce la pregunta sobre la importancia y vigencia del discurso providencialista en la cultura estadounidense, lo que implica considerarla tanto desde un punto de vista diacrónico, en su proceso de implantación como tradición discursiva y filosofía de la historia, así como reflexionar sobre el conjunto de elementos que influyeron en su recepción y adaptación al contexto intelectual del nacionalismo romántico decimonónico, lo que introduce la perspectiva sincrónica a mi contexto. En este sentido voy a presentar el nivel contextual de mi estudio de una forma distinta a como lo ha trabajado la Escuela de Cambridge . El nivel contextual de mi estudio no va a ser exclusivamente discursivo, porque lo que me interesa es comprender cómo interaccionan los paradigmas discursivos con las problemáticas políticas de los distintos periodos que estos atraviesan, y eso requiere trascender en muchos momentos el ámbito lingüístico. Por este motivo los tres capítulos siguientes van a versar sobre la conformación de una tradición discursiva de corte providencialista en la América colonial. Esto es importante para comprender la viabilidad intelectiva del concepto de Destino Manifiesto en el momento de su aparición, porque uno de los problemas más habituales de la historiografía del Destino Manifiesto es que tiende al anacronismo al etiquetar toda forma de discurso providencialista en la tradición discursiva norteamericana bajo la etiqueta del Destino Manifiesto . Esto a mi juicio es un error que conduce a considerar el Destino Manifiesto en términos de una continuidad que no se dio en términos intelectuales y que supone una ficción historiográfica. Esto sin embargo no implica que los discursos providencialistas previos no hayan tenido ninguna importancia en la aparición del concepto. Lo que voy a intentar mostrar a continuación es que durante el periodo colonial fueron estableciéndose distintos discursos providencialistas que respondían a la necesidad de interpret ar la experiencia de la colonización de América en base a una f ilosofía de la historia finalista. Estos distintos paradigmas discursivos fueron sucediéndose de manera problemática, sin que mediase una relación genética entre ellos pero estando interrelacionados entre sí. Por este motivo es necesario recalcar que lo importante para entender esta sucesión paradigmática no es el hecho de que exista una continuidad discursiva como tal, sino que la sucesión paradigmática va formando discontinuidades que a posteriori son suturadas reinterpretándolas como una tradición. El hecho de que los actores tengan a su 261 tampoco se plantearon si estos nacionalistas se imbricaron en una tradición electiva religiosa con precedentes teológico políticos que pudieran haber influido en sus ideas. Habrá que esperar al tránsito de los años 60 a los 70 del siglo XX para que surja una corriente de estudios especializados que pongan el foco en los fundamentos teológicos del Destino Manifiesto . El trabajo pionero en este ámbito será resultado de las investigaciones de Ernest L. Tuveson, profesor de la Universidad de California Berkeley en donde entró en contacto con el americanista Henry N. Smith, especialista en la visión romántica sobre el Oeste americano y que le asesoró en su estudio. Su trabajo también estuvo influido por los consejos del teólogo luterano Martin E. Marty, uno de los mayores especialistas sobre la religiosidad en los Estados Unidos. Tuveson realizó a principios de los años 60 su tesis doctoral en donde trató la influencia del pensamiento utópico y milenarista en la idea moderna de progreso. Es a partir de este trabajo y en el contexto de la Guerra de Vietnam que aplicó su hipótesis doctoral al caso estadounidense en su libro Redemeer Nation: The Idea of America’s Millenial Role (1968). Tuveson sostuvo que la cultura política norteamericana desarrolló a partir de su herencia puritana una visión milenarista de América como nación providencial, donde detrás de la idea de providen cia habría una concepción milenarista del progreso. El Destino Manifiesto sería la formulación más avanzada de esta doctrina, pero a diferencia de Weinberg (y aunque no le nombre también de Merk) Tuveson fue muy crítico con la perspectiva de los clásicos que consideraron que la fundamentación religiosa del Destino Manifiesto fue un elemento conscientemente facturado por el nacionalismo decimonónico. 372 En contra de esta presunción Tuveson defendió que el nacionalismo decimonónico americano heredó todo un repertorio teológico del puritanismo y de la reforma inglesa al que este acudió no por motivos estrictamente instrumentales, sino porque este repertorio religioso constituía su herencia cultural y cosmovisión fundamental. Este hecho no anularía del todo la posibilidad de instrumentalizar de manera más o menos consciente dicho repertorio para fines políticos concretos, pero para Tuveson los fundamentos de la teología política milenarista del Destino Manifiesto no podrían ser objeto de una libre manipulación por parte de los sujetos que vivían imbuidos por sus postulados, pues estos suponían una premisa intelectiva sobre la que sólo se puede operar de manera parcial. Tuveson por lo tanto desplazó el foco de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! 372 Tuveson, Redem eer Nation, pp. VIII - XI, 23 - 27, 33 - 34, 50 - 51, 62 - 65, 73 - 136. La tes is doctoral de Tuveson fue Mi ll eni um a nd Utopia: A Study in t he Background of the idea of Progress (1964). [Document text truncated for crawler view.]