El martirio y el triunfo de los jesuitas en Nagasaki: La iconografía y sus fuentes en los colegios jesuíticos del País Vasco y Navarra
Abstract
Los tres mártires jesuitas de Nagasaki, Pablo Miki, Diego Kisai y Juan de Gotó, adquirieron una gran relevancia en la Compañía de Jesús, antes incluso de su beatificación en 1627. Su presencia a través de diversos tipos de obras de arte proliferó en los distintos domicilios de la orden. A este respecto resultaron fundamentales las fuentes hagiográficas que relataban su martirio, pues fueron estas las que definieron la iconografía, que se centraba en la escena del tormento propiamente dicho y en las imágenes triunfales de gloria. En este artículo analizaremos las cuatro representaciones de este tipo que se conservan en los antiguos colegios jesuíticos del País Vasco y de Navarra.
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NORBA, Revista de Arte, ISSN 0213-2214, vol. XXXVI (2016) / 121-141 1as P El martirio y el triunfo de los jesuitas en Nagasaki: la iconografía y sus fuentes en los colegios jesuíticos del País Vasco y Navarra* Martyrdom and triumph of the Jesuits in Nagasaki: iconography and sources in the Jesuit colleges from the Basque Country and Navarre Eneko Ortega Mentxaka Universidad del País Vasco (UPV/EHU) [email protected] RESUMEN: Los tres mártires jesuitas de Nagasaki, Pablo Miki, Diego Kisai y Juan de Gotó, adquirieron una gran relevancia en la Compañía de Jesús, antes incluso de su beatificación en 1627. Su presencia a través de diversos tipos de obras de arte proliferó en los distintos domicilios de la orden. A este respecto resultaron fundamentales las fuentes hagiográficas que relataban su martirio, pues fueron estas las que definieron la iconografía, que se centraba en la escena del tormento propiamente dicho y en las imágenes triunfales de gloria. En este artículo analizaremos las cuatro representaciones de este tipo que se conservan en los antiguos colegios jesuíticos del País Vasco y de Navarra. PALABRAS CLAVE: Mártires de Nagasaki, Pablo Miki, Diego Kisai, Juan de Gotó, iconografía, Barroco, retablos, Compañía de Jesús, colegios, Bilbao, Orduña, País Vasco, Tudela, Navarra. ABSTRACT: The three Jesuit martyrs of Nagasaki, Paulo Miki, James Kisai and Juan Soan de Goto, acquired great relevance in the Society of Jesus, even before their beatification in 1627. Their presence through several kinds of artworks proliferated in different residences of the order. According to this, there were fundamental the hagiographical sources that narrated their martyrdom, for these defined the iconography, which focused on the scene of torment itself and on the triumphal images of glory. In this article, we will analyse the four representations of this type preserved in the old Jesuit colleges in the Basque Country and Navarre. KEYWORDS: Martyrs of Nagasaki, Paulo Miki, James Kisai, Juan Soan de Goto, iconography, Baroque, altarpieces, Society of Jesus, colleges, Bilbao, Orduña, Basque Country, Tudela, Navarre. Recibido: 21 de julio de 2016 / Admitido: 9 de diciembre de 2016. * Este artículo ha sido realizado en el marco del grupo de investigación consolidado del Gobierno Vasco «Sociedad, Poder y Cultura (siglos XIV-XVIII)» (IT-896-16).
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 122 EL MARTIRIO y EL TRIUNfO DE LOS JESUITAS EN NAGASAKI… El 5 de febrero de 1597 tres miembros de la Compañía de Jesús fueron torturados, crucificados y alanceados en una colina próxima a Nagasaki, junto con otros veintitrés mártires franciscanos y laicos. Unos años antes, Toyotomi Hideyoshi había ordenado la expulsión de todos los misioneros cristianos de Japón, pero muchos jesuitas y franciscanos decidieron permanecer en el archipiélago a pesar del riesgo que esto suponía, pues algunos de ellos incluso eran japoneses de nacimiento. La entrega de su vida por la fe convirtió a estos tres jesuitas en el modelo a seguir en la orden ignaciana y su imagen se difundió con rapidez gracias a las hagiografías que comenzaron a escribirse inmediatamente, así como a las tempranas representaciones plásticas que llegaron a todos los rincones de la Compañía. 1. La importancia de los mártires jesuitas de Nagasaki Los tres mártires jesuitas de Nagasaki, Diego Kisai (1533-1597), Pablo Miki (15641597) y Juan de Gotó (1578-1597), representan el ideal de renuncia de los mártires en el seno de la Compañía de Jesús1. El martirio fue, desde los primeros años de la fundación de la orden, un tema central presente en los primeros ciclos iconográficos, adecuado para la formación de los jóvenes novicios, y además, estaba íntimamente ligado a la actividad misionera2. El hecho de contar entre los miembros de la orden con mártires que habían dado su vida por la difusión del Evangelio, condujo a disponer de estos jesuitas en pinturas y esculturas, a pesar de que su canonización fue muy tardía. El deseo de las autoridades de la orden de situarlos en sus iglesias obedecía a un intento de suscitar entre los compañeros el anhelo de derramar su propia sangre por Cristo; eran el ejemplo a imitar como nuevos héroes del cristianismo3. Cada uno de estos jesuitas japoneses se convirtió en un modelo de virtud, y la Compañía de Jesús supo presentarlos de la manera adecuada. Así, el mayor de los tres, Diego Kisai, era un cristiano viejo, devoto de la Pasión de Cristo, que atendía uno de los domicilios jesuíticos con auténtica devoción, siempre al servicio de las 1 Sobre el martirio de los jesuitas en Nagasaki, vid. fRÓIS, L., Relatione della gloriosa morte di XXVI posti in croce per comandamento del Re di Giappone, Milán, Pacifico Pontio, 1599; RIVADENEyRA, M., Historia de las islas del archipielago, y reynos de la Gran China, Tartaria, Cvchinchina, Malaca, Sian, Camboxa y Iappon, Barcelona, Gabriel Graells y Giraldo Dotil, 1601; PARETS, M., De molts successos que han succeit dins Barcelona y en molts altres llochs de Catalunya, dignes de memoria, Ms. 224, Barcelona, [s.n.], c. 1626-1660, ff. 12v-13v; BOLLANDUS, I. y HENSCHENIUS, G., Acta sanctorum, februarii, I, Amberes, Iacobum Meursium, 1658, pp. 723-762; NENCLARES, E.M., Vidas de los mártires del Japon, San Pedro Bautista, San Martin de la Ascensión, San Francisco Blanco y San Francisco de San Miguel, todos de la Órden de San Francisco, Naturales de España, seguida de una reseña biográfica de los 22 restantes no españoles, y la de San Miguel de los Santos, Madrid, Antonio Perez Dubrull, 1862; DE BUCK, V., Les saints martyrs japonais de la Compagnie de Jésus Paul Miki, Jean Soan de Gotto et Jacques Kisai, Bruselas, f. Haenen, 1863. 2 PfEIffER, H., «La iconografía», en G. Sale (ed.), Ignacio y el arte de los jesuitas, Bilbao, Mensajero, 2003, pp. 169-206. 3 RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, A., «El mártir, héroe cristiano. Los nuevos mártires y la representación del martirio en Roma y en España en los siglos XVI y XVII», Quintana, 1, 2002, pp.83-99.
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 ENEKO ORTEGA MENTXAKA 123 necesidades de los demás4. Pablo Miki, por su parte, era un predicador que había entrado en la Compañía varios años antes y que destacaba por su piedad hacia el prójimo5. finalmente, Juan de Gotó era un joven que ingresó en la orden en el camino de Kioto a Nagasaki, tan solo unos días antes del martirio, que no trató de evitar en ningún momento6. Los de Nagasaki no fueron los primeros mártires de la Compañía de Jesús, pues ya antes hubo otros en Inglaterra, en Brasil, en la India e, incluso, en Japón7. Sin embargo, la fama inmediata que alcanzaron los de Japón eclipsó a todos los demás, hasta el punto de que sus representaciones se extendieron por todas las provincias de la orden, mientras que las del resto fueron mucho más reducidas. Estos tres mártires jesuitas de Nagasaki no eran misioneros europeos que habían ido a evangelizar las tierras japonesas, sino que eran japoneses conversos que desarrollaban su labor en la tierra de sus antepasados. La persecución anticristiana en Japón se inició poco después de que san francisco Javier pisara tierras japonesas (1549), con la oposición de los bonzos budistas, quienes veían peligrar su monopolio en cuestiones religiosas. Sin embargo, bajo el mandato de Toyotomi Hideyoshi la situación se agravó más, hasta el punto de que en 1587 proclamó el edicto de expulsión de Japón de todos los misioneros. En la práctica la expulsión no se produjo y los jesuitas siguieron desarrollando su actividad parcialmente escondidos, hasta que en 1597 Hideyoshi ordenó su ejecución: «Quiero que les corten las narices y orejas, y los paseen en carromatos por las calles de Kyoto; luego los envíen a Osaka para exponerlos también allí a la vergüenza pública; luego, lo mismo en Sakai; y que esta sentencia sea exhibida delante de los carros. He ordenado que estos extranjeros sean así tratados porque han venido de las filipinas a Japón llamándose embajadores, aunque no lo eran; porque han permanecido aquí demasiado tiempo sin mi permiso; porque, contraviniendo a mi población, han levantado iglesias, predicando su religión y causando desórdenes. Quiero que, después de ser expuestos a la irrisión pública, sean crucificados en Nagasaki»8. 4 fRÓIS, L., Relatione…, p. 101: «Il quinto era Giacomo Ghisai della Compagnia nostra, di età di sessanta quattro anni, Christiano antico, & di buono essempio, era si ritirato in casa nostra per darsi tutto a Dio, doue con gran carità attendeua alla foresteria. Era segnalatamente deuoto della passione di Christo Nostro Signore». 5 Ibidem, pp. 101-102: «Appresso ne veniua Paolo Michi Giapponese, di trenta tre anni, battezzato dan fanciullo, & riceuuto nella Compagnia vndici anni prima. era predicatore, & zeloso della salute del prossimo, come da quel che dirò, si può in qualche parte raccogliere. Dieci ó dodici giorni prima di essere poste le guardie alla nostra casa in Ozaca, incontrandosi con la guistitia, che menaua vn gentile per non so che fallo alla morte; & con grande animo rompendo la turba, giunse al condennato: & predicatogli insino al luogo, doue l’haueuano a decapitare, di maniera che quel lo huomo conoscuita la verità, si battezzò; & con Gesù, & con Maria in bocca passò a meglior vita». 6 Ibidem, p. 102: «L’ottauo era Giouanni, naturale di Goto, di età di diecenoue anni, & da piccolo alleuato nella fede, & finalmente riceuuto nella Compagnia, como sopra dicemmo». 7 Cf. MÂLE, É., El Barroco: Arte religioso del siglo XVII, Madrid, Encuentro, 1985, pp. 119, 129-131. 8 Cit. en CABEZAS GARCÍA, A., El siglo ibérico de Japón: la presencia hispano-portuguesa en Japón (1543-1643), Valladolid, Universidad de Valladolid, 1995, p. 250.
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 130 EL MARTIRIO y EL TRIUNfO DE LOS JESUITAS EN NAGASAKI… fig. 4. Beato Pablo Miki (c. 1750), retablo de la Virgen de la Misericordia, iglesia colegial de San Andrés (actualmente parroquia de San Jorge el Real), Tudela.
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 ENEKO ORTEGA MENTXAKA 131 fig. 5. Beato Diego Kisai (c. 1750), retablo de la Virgen de la Misericordia, iglesia colegial de San Andrés (actualmente parroquia de San Jorge el Real), Tudela.
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 132 EL MARTIRIO y EL TRIUNfO DE LOS JESUITAS EN NAGASAKI… fig. 6. Beato Juan de Gotó (c. 1750), retablo de la Virgen de la Misericordia, iglesia colegial de San Andrés (actualmente parroquia de San Jorge el Real), Tudela.
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 ENEKO ORTEGA MENTXAKA 133 Prácticamente desde el momento en el que se realizaron las ejecuciones, los nuevos mártires comenzaron a aparecer en grabados, pinturas y esculturas. De hecho, su difusión fue tan exitosa que su iconografía se extendió por toda la orden ignaciana, fomentando la devoción por estos mártires de la fe. Esta iconografía procedía del estandarte que se dispuso en la basílica romana de San Pedro durante su beatificación19. Sin duda, las primeras representaciones son deudoras de las descripciones que encontramos en dos textos capitales: Relatione della gloriosa morte… (1599) del P. Luís fróis20, e Historia de las islas del archipielago y reynos de la Gran China (1601) del fr. Marcelo Rivadeneyra21. Esta iconografía se estableció de forma temprana, gracias a la rápida beatificación de los mártires (1627) y a la difusión que hicieron los franciscanos al poco tiempo de que estos hechos tuvieran lugar. De estos primeros momentos, destacan tres grabados: el de Jacques Callot (1627), donde vemos un bosque de cruces con los veintiséis mártires (fig. 8); el de Wolfgang Kilian (1628), en el que apreciamos el método de crucifixión empleado (fig. 9); y el de Schelte Adams Bolswert (1628), que se centra en el martirio de los tres jesuitas (fig.10). os veo en el mundo por la vez postrera. ¡Pues bien! Os declaro que no hay otro medio de salvación que la Religión cristiana. ¡Abrazadla, hermanos! y como ella ordena perdonar á los enemigos, yo con todo mi corazón perdono al Emperador y á los autores de nuestra muerte, y pido á Dios que los toque en el corazón para que cuanto antes reciban el agua del bautismo». 19 RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, A., op. cit., p. 94. 20 fRÓIS, L., Relatione… 21 RIVADENEyRA, M., op. cit. fig. 7. Luis Fróis, De rebus iaponicis historia relatio… (Maguncia, 1599), portada.
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 134 EL MARTIRIO y EL TRIUNfO DE LOS JESUITAS EN NAGASAKI… fig. 8. Jacques Callot (1627).
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 ENEKO ORTEGA MENTXAKA 135 Otra representación gráfica temprana de este martirio de los jesuitas de Nagasaki la encontramos en el manuscrito escrito por Miquel Parets (1628), conservado en la biblioteca de la Universitat de Barcelona (fig. 11)22. En este documento, además del dibujo ilustrativo del martirio de uno de los franciscanos, también encontramos una elocuente descripción del proceso23. Las cuatro representaciones de los mártires de Nagasaki conservadas en los antiguos colegios jesuíticos del País Vasco y Navarra siguen dos tipologías iconográficas ya mencionadas: una muestra a los jesuitas sufriendo el martirio, crucificados y alanceados, en un único caso en nuestro territorio (fig. 1); y la otra, con tres ejemplos, muestra su triunfo sobre la muerte, con los instrumentos de su tormento en las manos (figs. 2-6). 2.1. El martirio de los jesuitas en Nagasaki El martirio de los jesuitas en Nagasaki consistió en una serie de actuaciones que acabaron culminando con la muerte de estos, rodeados por otros veintitrés mártires (seis franciscanos europeos, americanos e indios, y diecisiete laicos japoneses). La tortura comenzó con la amputación de parte de la oreja izquierda, como símbolo de degradación y escarnio público24. Después, se vieron forzados a realizar una larga 22 PARETS, M., op. cit., f. 12v. 23 Ibidem, f. 13r: «[…] tots juns los crusificaren en creu ab argolles ales mans y als peus y al coll y trauesçats ab dues llanses cada un comforme esta aseñalar aquex y al tems quel marteritzán los aparegueren tres columnas totes foch en layre […]». 24 RIVADENEyRA, M., op. cit., p. 489: «Con esto se aplaco Taicosama y se resoluio en que les cortasen a todos los veynte y quatro que estauan presos, parte dela oreja yzquierda». fig. 9. Wolfgang Killian (1628).
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 136 EL MARTIRIO y EL TRIUNfO DE LOS JESUITAS EN NAGASAKI… fig. 10. Schelte Adams Bolswert (grabador) y Abraham van Diepenbeke (dibujante) (1628).
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 ENEKO ORTEGA MENTXAKA 137 fig. 11. Miquel Parets, De molts successos que han succeit dins Barcelona y en molts altres llochs de Catalunya, dignes de memoria (Barcelona, 1628), f. 12v.
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 138 EL MARTIRIO y EL TRIUNfO DE LOS JESUITAS EN NAGASAKI… marcha a pie desde Kioto, donde estaban encarcelados, hasta Nagasaki, donde habrían de ser ejecutados, cubriendo más de setecientos kilómetros en agotadoras jornadas25. Cuando llegaron, se había dispuesto una colina a las afueras de Nagasaki en la que habrían de ser crucificados todos juntos, siguiendo la técnica de crucifixión japonesa26. finalmente, fueron alanceados27. La única representación de El martirio de los jesuitas en Nagasaki en el País Vasco y Navarra es un altorrelieve realizado entre 1688 y 1689 situado en el ático del retablo de San francisco Javier, en el colegio de Jesús, María y José de Orduña (fig. 1)28. Acompañaba este relieve a la talla del titular del retablo San Francisco Javier, actualmente desaparecido. El altorrelieve representa la crucifixión de los tres jesuitas japoneses, que son recibidos por ángeles, quienes les entregan la palma del martirio. Los jesuitas no muestran rasgos orientales en sus rostros, aunque por la edad que presentan podemos identificarlos con cierta seguridad: a la izquierda está Juan de Gotó; en el centro, Pablo Miki; y a la derecha, Diego Kisai. Tan solo Pablo Miki está coronado por un nimbo resplandeciente. Los tres visten la sotana de jesuitas y están descalzos. Aparecen crucificados juntos, muy cerca los unos de los otros, hasta el punto de que, liberadas las ataduras de sus manos, se abrazan mutuamente. No obstante, aún son visibles las argollas metálicas en sus muñecas y en sus tobillos. Las cruces no presentan el doble travesaño para los pies que se utilizó para su martirio. Sí aparecen, en cambio, dos lanzas atravesando cada uno de los cuerpos, desde la cadera hasta el hombro, en sentido ascendente y cruzándose en el interior del cuerpo. No es nada habitual esta representación en la que los tres mártires se abrazan estando aún suspendidos en la cruz. Lo más frecuente a la hora de representar el 25 fRÓIS, L., Relatione…, pp. 82-86; RIVADENEyRA, M., op. cit., pp. 513-516. 26 RIVADENEyRA, M., op. cit., p. 532: «[…] en poco tiempo fueron puestos en las cruzes hechandolos en ellas atados por los braços y piernas, y puestas en sus pies y manos y garganta, las argollas de hierro que hasta allí nunca se hauian vsado, ni aun abrado cruzes, tanbien como estas. Los Portugueses antes que leuantasen las cruzes pidieron al juez que pusiesen a los seys frayles en medio de los Iapones, poniendo diez a vna parte, y diez a otra. y concediendoselo, fueron casi a vn punto leuantados todos en alto […]». 27 Ibidem, p. 533: «y quatro verdugos con agudas lanças començaron a lancearles desde los vltimos, dandoles cada vno dos o tres lançadas por los lados, que traspassando el coraçon, salian los hierros de las lanças al hombro». 28 Sobre el retablo de San francisco Javier (actualmente del Sagrado Corazón de María) en Orduña, vid. BRAUN, J., Spaniens alte Jesuitenkirchen, friburgo, Herder, 1913; PORTILLA, M. J., Catálogo monumental de la Diócesis de Vitoria, VI, Vitoria-Gasteiz, Caja de Ahorros Municipal de Vitoria, 1973, p. 713; PORTILLA, M. J., Quejana: Solar de Ayala, Vitoria-Gasteiz, Diputación foral de Álava, 1983, pp. 47-48; BARRIO LOZA, J. Á., Bizkaia: Arqueología, Urbanismo, Arquitectura Histórica, Bilbao, Universidad de Deusto-Diputación foral de Bizkaia, 1989; BARRIO LOZA, J. Á. y VALVERDE PEÑA, J. R., «Retablos y pinturas en los colegios de la Compañía de Jesús», en La Compañía de Jesús en Bizkaia, Bilbao, Diputación foral de Bizkaia, 1991, pp. 85-86; ZORROZUA SANTISTEBAN, J., El retablo barroco en Bizkaia, Bilbao, Diputación foral de Bizkaia, 1998, p.162; MONTERO ESTEBAS, P. M. y CENDOyA ECHÁNIZ, I., «Orduña: Conjunto del convento de Jesuitas», en P. L. Echeverría Goñi, Retablos, II, Vitoria-Gasteiz, Gobierno Vasco, 2001, pp. 806-812.
1as P NORBA, Revista de Arte, vol. XXXVI (2016) / 121-141 ENEKO ORTEGA MENTXAKA 139 martirio es hacerlo de forma realista, con el sufrimiento reflejado en el rostro de los jesuitas, como aparece en las mencionadas estampas de Callot (fig. 8) y de Kilian (fig. 9). Diferente es lo que sucede en este relieve de Orduña, donde los rostros no reflejan ningún dolor. 2.2. El triunfo de los mártires de Nagasaki De las cuatro obras conservadas en los colegios jesuíticos de estos territorios, tres corresponden a escenas de triunfos. En ellas los mártires aparecen mostrando los instrumentos de su tortura y la hoja de palma en señal de victoria sobre la muerte: una de mediados del siglo XVII en Tudela, otra de finales de ese mismo siglo en Bilbao y una tercera de mediados del XVIII también en Tudela. La primera de las representaciones de El triunfo de los mártires de Nagasaki es la que encontramos en la sacristía de San Andrés de Tudela (fig. 2). Es un lienzo de hacia 1650 que completa su sentido con las otras siete pinturas de miembros de la orden presentes en la misma estancia: San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Beato Francisco de Borja, Beato Luis Gonzaga, Beato Estanislao de Kostka, P.Pedro Fabro y la Virgen de la Misericordia protegiendo bajo su manto a los padres de la Compañía. En conjunto, en esta sacristía se muestra a los grandes héroes de la Compañía de Jesús, aquellos cuyo ejemplo debe seguirse. Como en el caso anterior, es posible identificar a los tres jesuitas japoneses gracias a su edad, tampoco esta vez presentan rasgos orientales: a la izquierda, con barba algo cana, está Diego Kisai; en el centro, también con barba, Pablo Miki; y a la derecha, Juan de Gotó, con el rostro lampiño. Todos llevan el nimbo que acredita su beatificación y dos de ellos dirigen su mirada al cielo, donde hay un resplandor luminoso, mientras que Diego Kisai mira al suelo. Los tres repiten la sotana negra de la orden como indumentaria, aunque en el ejemplo que nos ocupa no están descalzos, como en el de Orduña. Todos muestran los mismos atributos: una cruz latina, una lanza y una hoja de palma, que simbolizan su martirio y su triunfo sobre la muerte. La siguiente representación de El triunfo de los mártires de Nagasaki es una pintura de hacia 1690-1695, que se conserva en el ático del retablo de San Luis Gonzaga en el colegio bilbaíno de San Andrés (fig. 3)29. Junto a esta obra pictórica encontramos la talla del titular San Luis Gonzaga y dos lienzos que representan a las mártires Santa Águeda y Santa Lucía, completando un programa que incide especialmente en el aspecto martirial de los santos. También en este caso es posible identificar a los mártires japoneses, que parecen tener unos rasgos fisonómicos algo orientalizantes: a la izquierda, Pablo Miki; en el centro, Diego Kisai; y a la derecha, Juan de Gotó. Visten la sotana de los jesuitas y, 29 Sobre el retablo de San Luis Gonzaga en Bilbao, vid. BARRIO LOZA, J. Á. y VALVERDE PEÑA, J. R., op. cit., p. 80; ZORROZUA SANTISTEBAN, J., op. cit., pp. 228-229; ORTEGA MENTXAKA, E., «El programa iconográfico del templo jesuítico de San Andrés (Bilbao)», Ars Bilduma, 1, 2011, pp. 178-179.