Un siglo de La Grande Obra de Atocha
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http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº21 junio 2019, págs. 155-156 DOI: https://doi.org/10.35072/CABAS.2019.60.10.001 -155Un siglo de La Grande Obra de Atocha María del Carmen Gómez Gómez María Teresa Iglesias Polo Educar es enseñar a ser persona, transmitir conocimientos, valores…; en definitiva, crear seres sociales capaces de convivir en paz. La educación no siempre ha estado vinculada a la escuela; de hecho, parte de la familia, del grupo y poco a poco han ido naciendo sistemas que ayudan a educar, a formar. Hace tan solo cien años que ir a la escuela no era algo ni prioritario ni obligatorio, aunque la normativa lo contemplara como tal. Las escuelas a principios del siglo XX eran locales mal acondicionados en la mayoría de los casos e insuficientes para acoger a todos los niños en edad escolar. Aun así, había puestos escolares vacíos, porque las necesidades y los intereses distaban bastante de la formación académica. Muchos de los muchachos se quedaban sin ir a las clases por tener que trabajar, porque es más vital alimentar el estómago que la mente. En 1918, comienza a nacer en La Coruña una obra benéfica con claros fines de educar, pero con pocos recursos para funcionar. Son un sacerdote soñador y un barrio trabajador los que hacen posible que en cinco años se pueda empezar a funcionar dando clases gratuitas. Es la Grande Obra de Atocha, un proyecto nacido de las necesidades de un barrio con el objetivo de poder solventarlas. El nacimiento de La Grande Obra de Atocha en La Coruña de 1918 Vemos dos fotos de una construcción ya muy avanzada. Corresponden a los primeros años de la década de los veinte del siglo pasado y están localizadas en La Coruña. En esa capital, el sacerdote Baltasar Pardal Vidal, con el apoyo de la gente de la ciudad, consigue poco a poco ir levantando locales en los que albergar aulas, comedor, capilla, etc. Las obras avanzan dependiendo de la generosidad de los vecinos; cuando no hay dinero para ladrillos, no se puede
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº21 junio 2019, págs. 155-156 DOI: https://doi.org/10.35072/CABAS.2019.60.10.001 -156seguir construyendo. Una vez terminados los primeros locales, ya se puede comenzar; y ahora también ayudado Pardal con la generosidad de un grupo de jóvenes mujeres que colaboran en su labor y se ponen manos a la obra en clases, talleres y comedor; pero esto sucede ya en la segunda década del siglo. Antes de esta inauguración, un 30 de agosto de 1923, el camino es duro y a veces complejo: cinco años de obras, planes, negociaciones y una burocracia que no se lo puso fácil al fundador. Hoy, cien años después, podemos hace una valoración del proyecto indiscutiblemente positiva, pero por aquel entonces el futuro era incierto. Se pretendía crear un lugar donde dignificar a la persona dándole apoyo y proyectando en ella un futuro esperanzador. El sueño de Pardal: una gran cocina, una gran escuela, unos grandes talleres y una gran iglesia ven la luz tras meses de intensa lucha, de sufrimiento y de ejercicio de humildad pidiendo de casa en casa y mendigando por todo La Coruña para dar al barrio de Atocha una Grande Obra. Al fin, las gentes contemplaron asombradas el nacimiento de La Grande Obra de Atocha, que se llamó “grande” porque grandes eran también las necesidades del barrio: “se llama Grande porque es de los niños y de los pobres” (Pardal, 1919); y millares de niños recibieron y reciben formación y cultura. Cien años después A lo largo de los años, esta obra se ha ido extendiendo por España y América, convirtiéndose en un referente de la educación inclusiva, pues en sus aulas tienen cabida alumnos de diferentes nacionalidades, confesiones y culturas conviviendo fraternalmente. Es la persona y su potencial el interés principal de la institución que sigue apostando porque la educación es la base de la sociedad: “La educación es la más noble de las empresas y el mejor bien que se puede hacer al hombre.” (Pardal)