Utopía y Praxis Latinoamericana publica bajo licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Compartir Igual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0). Más información en https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/ ✓ 45106351 ARTÍCULOS UTOPÍA Y PRAXIS LATINOAMERICANA. AÑO: 30, n.o 111, 2025, e17241113 REVISTA INTERNACIONAL DE FILOSOFÍA Y TEORÍA SOCIAL CESA-FCES-UNIVERSIDAD DEL ZULIA. MARACAIBO-VENEZUELA ISSN 1316-5216 / ISSN-e: 2477-9555 Para citar utilice este ARK: https://n2t.net/ark:43441/17241113 Depositado en Zenodo: https://doi.org/10.5281/zenodo.17241113 El giro teórico decolonial sobre el patrimonio cultural en América Latina: el vínculo critico macro – meso The decolonial theoretical turn on cultural heritage in Latín America: the macro-meso critical link María del Rocío GARCÍA SÁNCHEZ https://orcid.org/0009-0000-0232-9406
[email protected] Universidad Autónoma de Guerrero, Acapulco, México RESUMEN El presente trabajo, tiene el propósito de hacer un balance crítico sobre las principales teorías destinadas a describir, explicar y comprender la producción, cristalización y articulación del patrimonio cultural. Se asume que las comunidades científicas elaboran para describir, explicar y comprender la configuración de los patrimonios culturales desde los siguientes niveles: 1) Cómo instituciones de la cultura; 2) Cómo procesos culturales y; 3) Desde sus agenciamientos críticos generándose un vínculo meso/macro en la configuración de teorías críticas sobre los patrimonios culturales, en dónde, las interrelaciones y de la intervención de los clivajes de exclusión (clase, genero, raza y edad), interpelados desde la razón decolonial, nos permiten darle un giro teórico a los enfoques tradicionales funcional/estructuralistas y ver al patrimonio cultural como una arena política cultural en disputa, en donde se tejen y se realizan nuestras identidades culturales. Se teoriza que un enfoque crítico, contribuye a situar al patrimonio cultural como dispositivos de resistencia cultural y a de construcción de paz en regiones asoladas por las violencias cotidianas y estructurales. Así el patrimonio cultural se transforma en un espacio de resiliencia y resistencia de las/os excluidas/os, pero sobre todo en el espacio simbólico de la memoria y la esperanza de sociedades sometidas por la violencia generada por los denominados poderes fácticos. Palabras clave: teorías, giro decolonial, patrimonio cultural, poderes fácticos, violencias, resistencias. ABSTRACT This essay aims to provide a critical overview of the main theories aimed at describing, explaining and understanding the production, crystallization and articulation of cultural heritage. In this sense, it is assumed that the societal context determines the ideas and theories that scientific communities develop to describe, explain and understand the configuration of cultural heritage from the following levels: 1) As cultural institutions; 2) As cultural processes and; 3) From their critical agencies, generating a meso / macro link in the configuration of critical theories on cultural heritage, where the interrelations and the intervention of the cleavages of exclusion (class, gender, race and age), questioned from decolonial reason, allow us to give a theoretical twist to traditional functional / structuralist approaches and see cultural heritage as a disputed political cultural arena, where our cultural identities are woven and realized. In this sense, it is theorized that a critical approach contributes to positioning cultural heritage as a means of cultural resistance and peacebuilding in regions ravaged by everyday and structural violence. Thus, cultural heritage becomes a space of resilience and resistance for the excluded, but above all, a symbolic space of memory and hope for societies subjugated by the violence generated by the so-called powers that be. Keywords: theories, decolonial turn, cultural heritage, violence, resistance. Recibido: 10-05-2025 ● Aceptado: 12-08-2025
El giro teórico decolonial sobre el patrimonio cultural en América Latina… 2 INTRODUCCIÓN El debate teórico e intelectual desde las ciencias sociales sobre el patrimonio cultural tiene diversas aristas y enfoques, las cuales van desde los marcos que proponen una mirada amplia y universal y otras miradas que sostienen la necesidad de teorizar en un escala media en dónde los contextos de producción de la cultura son imprescindibles, estas propuestas teóricas se asientan en el desarrollo de las teorías clásicas de comienzos del siglo que surgieron en occidente como respuestas a las miradas marxistas y liberales de concebir y reflexionar los campos sociales, políticos, económicos y culturales de la realidad humana durante el siglo XIX (Giner, 2003). El funcionalismo durkhemniano, la perspectiva weberiana, el estructuralismo de Leví-Strauss, la escuela de Frankfort y el estructural funcionalismo de Parsons, fueron narrativas teóricas imprescindibles para explicar y comprender el mundo de las primeras cinco décadas del siglo XX y sus ineludibles connotaciones imperialistas, colonialistas, patriarcales, occidentales y capitalistas. Desde mediados del siglo XX, surgió un conjunto de corrientes críticas en la antropología social latinoamericana, las cuales examinan las estructuras de poder, las desigualdades sociales y las narrativas dominantes en las sociedades, estratégicamente en relación con el patrimonio cultural. Estas corrientes cuestionan las prácticas antropológicas tradicionales y buscan desmantelar los prejuicios y colonialismos implícitos, enfocándose en la relación entre la producción teórica y el compromiso con las sociedades estudiadas (Jimeno, 2005). En consecuencia, no se puede esquivar las políticas coloniales de saqueo del patrimonio cultural de los vencidos (Mayas, Incas, Aztecas, entre otros), cuyos artefactos hoy en día se encuentran siendo exhibidos en los principales museos de París, Londres, Berlín, Madrid y Nueva York. En este sentido no se puede hablar de patrimonio cultural sin el desarrollo de las identidades nacionales poscoloniales, o del surgimiento de comunidades imaginarias nacionales auto determinadas (Anderson, 2007), que tuvieron sus propios procesos de independencia ante el colonialismo europeo. Desde esta realidad histórica (la colonial), es imprescindible partir desde una posición crítica para hacer una breve descripción analítica de las teorías que diversos investigadores ocupan para reflexionar en términos amplios sobre el patrimonio cultural el cual será definido inicialmente como: El conjunto de bienes que una persona había heredado de sus ascendientes [...] su sentido etimológico permite que […] se evoque no sólo los bienes que integran el acervo cultural y natural de una nación, sino también que dichos bienes habitualmente han sido transmitidos de generación en generación dentro de esa nación. (Brañes, 1993: 395) Los tiempos han cambiado, se acabó la guerra fría, surgieron las tecnologías de información electrónicas, se cristalizó y desarrollo la globalización de la mano con el neoliberalismo, las cuales se constituyeron en los marcadores civilizatorios de nuestros tiempos actuales: (…) la globalización es una nueva forma de imperialismo que impone el dominio político y económico de Estados Unidos sobre el resto del mundo. Por ejemplo, los Estados Unidos representan el caso más significativo de la privatización como un elemento de la agenda de la globalización y un vistazo de lo que puede pasar para la comunidad más amplia de naciones. (Powell: 2010, p. 10) En este sentido, si consideramos en reflexionar sobre las dinámicas contemporáneos que definen el patrimonio cultural, es ineludible ubicarnos en la globalización, el neoliberalismo, y al interior de ellas situar los enfoques teóricos actuales como la teoría general de sistemas, la perspectiva del capital simbólico, el giro decolonial, los enfoques sobre las memorias y aquellas miradas que asumen la configuración del patrimonio cultural como una construcción social realizada por diversos actores en contextos históricos en dónde la memoria como repositorio simbólico de nuestras identidades políticas, cumple un rol estratégico. generándose procesos de interactividad cultural que comunican lo local en lo global y viceversa, tanto a nivel diacrónico cómo sincrónico (Castells, 2002; Lezama, 2010; y Delgadillo, 2016). Lo cual nos conduce a una pregunta fundamental: ¿qué es una teoría?:
Utopía y Praxis Latinoamericana; ISSN 1316-5216; ISSN-e 2477-9555 Año 30 n.o 111, 2025, e17241113 3 En sus aspectos tanto teóricos como prácticos, la labor científica está estrechamente vinculada con la concepción de teoría que se tiene. De acuerdo con la concepción clásica, una teoría es, de manera general y sin entrar en detalles, un conjunto de enunciados organizado deductiva o axiomáticamente. Dicha concepción, que surge fundamentalmente a partir de la reflexión que realizan los filósofos clásicos acerca de la física, se instaura no sólo como metateoría para una de las disciplinas científicas, la física, sino como metateoría general, es decir, como una teoría filosófica sobre las teorías científicas en general, con independencia de la disciplina considerada, ya sea de las ciencias naturales o de las ciencias sociales. (Lorenzano y de Abreu, 2010: 482) En esta lógica, al hacer una revisión de la literatura existente sobre las teorías utilizadas en las investigaciones sobre el patrimonio cultural en América Latina, nos encontramos ante un conjunto de paradigmas, enfoques y teorías pueden ordenarse en dos niveles: 1. Los enfoques macro y; 2. Los enfoques meso. Al agrupar las teorías en estos dos bloques surgió otro hallazgo: El giro decolonial operaba en ambas como una matriz epistémica en donde brotaba las raíces de nuestro pensamiento propio o como dirían algunas feministas “nuestro cuarto propio”. EL MUNDO ES UN PAÑUELO: DE LOS ENFOQUES TEÓRICOS MACRO DEL PATRIMONIO CULTURAL AL GIRO DECOLONIAL Las variables que delimitan estos lentes teóricos son el neoliberalismo, la globalización y la modernidad líquida (Bauman, 2002; Escalante, 2016 y Giddens, 2000), aluden a fenómenos planetarios, alguien diría por ahí, “el mundo es un pañuelo”. en este campo encontramos una mixtura ideológica, civilizatoria y teórica. La modernidad no fue nunca única, siempre se tejió sobre mixturas de poder, de racismo y de exclusiones de género, lo cual abriría las puertas de la crítica al giro decolonial, lo cual nos lleva proponer reemplazar modernidad por modernidades y la idea de modernidad liquida por la idea de modernidades liquidas decoloniales: La modernidad no solo fue un proceso europeo, aunque si desarrolló su modo eurocéntrico, por lo que es más apropiado hablar de modernidades, así con el ir y venir de los años y con el empoderamiento de las y los oprimidos ya sea por razón de género, clase o raza (si prefieren pueden llamarlo etnicidad), o lógicas de conquista e imperialismos (español, británico o estadounidense), van aparecer diversas narrativas sobre la modernidad y sus adjetivos, modernidad indiana, feminista, decolonial que van a ir prefigurando un mundo de la política diverso, plural, anti patriarcal y no heteronormado, un mundo en donde la condición de la ciudadanía, del derecho a tener derechos propuesto por Arendt (2006). (Luque, Jijón y Tagle, 2025: 4) El neoliberalismo, a través de su lógica instrumental, considera el patrimonio cultural como meros objetos susceptibles a las dinámicas de la oferta y demanda, objetivándolos en mercancías. En este contexto, tradiciones, lugares históricos y monumentos se convierten en productos que pueden ser adquiridos, comercializados o explotados con fines económicos, especialmente mediante el turismo masivo. Un ejemplo de ello es el manejo que se hace en el Perú de los restos arqueológicos de Machu Pichu, los cuales se desconectan de su esencia histórica y son reducidos a playeras, calendario y llaveros, en recuerdos, en dónde la cultura se valoriza en términos de la oferta y la demanda y aparecen los mercados étnicos culturales, generándose políticas y modelos de gestión del patrimonio donde las consideraciones económicas a menudo prevalecen sobre las culturales o sociales. El patrimonio cultural puede ser explotado para atraer turistas, pero esto puede conducir a la sobreexplotación y a la destrucción del entorno cultural original o la pérdida de la autenticidad de los lugares. Las comunidades locales pueden verse desplazadas. Desde esta perspectiva, el patrimonio cultural se despoja de sus identidades auténticas y se convierte en un "souvenir", un simple recuerdo para el turista del
El giro teórico decolonial sobre el patrimonio cultural en América Latina… 4 primer mundo que explora "destinos exóticos", en el contexto de la globalización y el neoliberalismo. Este acercamiento teórico resitúa al sujeto productor de cultura en lo decolonial, en los márgenes de la cultura sofisticada occidental etiquetándolo cómo un artesano productor de objetos denominados artesanías, esta mirada ha dado lugar a diversas propuestas teóricas que reflejan distintos enfoques sobre la comprensión, conservación y comercialización del patrimonio cultural no occidental en un mundo cada vez más interconectado y regido por la lógica del mercado. En esta dinámica, es fundamental recuperar el impacto de occidente sobre el resto del mundo, del norte occidental capitalista sobre el sur colonizado, la expansión del norte sobre el sur a lo largo del siglo XX, que, con sus industrias, incrustaciones urbanas (llamadas ciudades), e imperialismos culturales occidentales, impactaron en los pueblos originarios sometidos, y una vez que su modelo de desarrollo hizo crisis permitió el asomo de los saberes de los pueblos originarios, de los oprimidos, de los de abajo, quienes: (…) en este sentido, y asumiendo una perspectiva crítica del «desarrollo» y del «progreso», creemos que para abordar los procesos desindustriales del Hemisferio Sur, debe asumirse el paradigma del giro decolonial, asumiendo la importancia del reconocimiento de la historia precolonial y colonial y, a su vez, tomando en cuenta las perspectivas de poder y dominio que operan con fuerza en la relación del Hemisferio Norte y Sur global hasta nuestros días. La aplicación del giro decolonial en los estudios sobre desindustrialización incorporaría la relación de dominación que se instaló desde el Hemisferio Norte hacia el Sur desde tiempos coloniales. (Rock, 2023: 86-87) El giro decolonial se constituye así, en una herramienta que permite el develamiento de las narrativas occidentales de opresión y la consecuente visualización de las narrativas culturales contra hegemónicas, propiciando el desplegamiento de una mirada crítica sobre el patrimonio y su consecuente reconfiguración retadora, desafiante ante las articulaciones dominantes, esto nos permite situar las construcciones culturales neoliberales en sus correctas coordenadas y no bajo su disfraz de lo narco popular, en dónde despolitiza a los sujetos populares y los transforma en objetos sacrificiales de lo popular ante el altar neoliberal del capitalismo chupacabras a la mexicana (Gálvez y Luque, 2019). La implementación del enfoque decolonial en la investigación del patrimonio cultural, en el marco de la globalización y el neoliberalismo, posibilita la ubicación y el análisis crítico de un contexto caracterizado por tensiones permanentes que abarcan su creación, conservación y explotación. La globalización criticada y descolonizada puede llevar a la revalorización y recolonización contrahegemónica del patrimonio cultural, pero también puede conducir a su desfiguración y comercialización. Es aquí en donde emerge el contrasello de la globalización: La desglobalización: Por otro lado, el neoliberalismo tiende a tratar el patrimonio cultural como una mercancía más dentro de un mercado global, lo que puede resultar en una gestión insostenible y en la exclusión de las comunidades locales. En esta coyuntura, la Teoría General de Sistemas Sociales (TGSS), entendida como una perspectiva que se emplea para entender la interacción entre las sociedades y sus componentes, considerando a la sociedad como un sistema complejo, nos es útil para observar las dinámicas existentes entre sistema, globalización y neoliberalismo. En su diseño teórico, todos los elementos del sistema social están interconectados y se afectan mutuamente. Esta teoría, que fue formulada por el biólogo austriaco Ludwig Von Bertalanffy en 1940, es interdisciplinaria y se enfoca en la idea de que los sistemas son más complejos que la mera suma de sus partes. Para comprender un sistema en su totalidad, es necesario analizar no solo sus componentes individuales, sino también cómo interactúan y afectan el comportamiento general (Osorio, 1998), pero esta perspectiva no deja de ser colonizadora ya que tiene como una de sus tesis centrales el borramiento de los sujetos como productores de la realidad social en aras de la autopoyesis del sistema pero en este caso nos ofrece un marco de explicación sistémico entre globalización, neoliberalismo y cultura.
Utopía y Praxis Latinoamericana; ISSN 1316-5216; ISSN-e 2477-9555 Año 30 n.o 111, 2025, e17241113 5 Algunos elementos que se exponen desde la TGSS son que los sistemas sociales tienden a buscar un equilibrio, pero este no es estático; está en constante cambio debido a las influencias internas y externas; las acciones dentro del sistema pueden generar efectos que refuerzan o modifican los comportamientos y estructuras del sistema. La Teoría General de Sistemas Sociales y la globalización están estrechamente relacionadas, ya que ambas buscan comprender cómo interactúan los elementos dentro de un sistema más amplio, ya sea una sociedad, una economía o una cultura. Desde esta dirección, la globalización se puede concebir como un fenómeno que impacta los sistemas sociales a escala mundial. Se trata de un proceso que transforma las relaciones entre los diversos elementos de los sistemas sociales, provocando modificaciones importantes en la estructura y en el comportamiento de la sociedad. La globalización, tal como se presenta a comienzos del siglo XXI implica considerar una diversidad de cuestiones diferentes, pero que se entrecruzan y en algunos casos actúan en retrospectiva unas sobre otras, tales como el giro decolonial, la identidad cultural y la interculturalidad que comprende a su vez lo multicultural, lo pluricultural, lo policultural, lo eco cultural, lo cross cultural. Si se engloba en alguna medida todo lo anterior se hará presente la problemática de la transnacionalización de la cultura. (Ezequiel, 2014). En esta misma dirección, se representa el patrimonio cultural bajo la hegemonía del neoliberalismo, al centrarse en el mercado, crea una narrativa de patrimonio que favorece ciertos relatos históricos y culturales en detrimento de otros a pesar del giro decolonial. Smith introduce la idea de "patrimonio no autorizado", donde los grupos marginados o colonizados también reclaman su derecho a preservar su propia cultura y patrimonio, desafiando las narrativas hegemónicas. (Smith, 2006). Estos enfoques nos proponen análisis y explicaciones totalizadoras y sistémicas del patrimonio cultural, pero descuidan los contextos locales de producción cultural por lo que se hace necesario integrarlas con propuestas teóricas de alcance medio o meso. BUSCANDO LA CERTIDUMBRE: ENFOQUES TEÓRICOS DE ALCANCE MEDIO (MESO) Son propuestas conceptuales que buscan describir, explicar y describir al patrimonio cultural desde unidades de análisis concretas (memoria, capital simbólico, derechos humanos, decolonialismo, entre otros), y son definidas como aquellas teorías que se encuentran a mitad de camino: “[...] entre esas hipótesis de trabajo menores pero necesarias que se producen abundantemente durante las diarias rutinas de la investigación y los esfuerzos sistemáticos totalizadores por desarrollar una teoría unificada que explicara todas las uniformidades observadas de la conducta, la organización y los cambios sociales. (Merton, 1968: 39). Entre estas propuestas tenemos la teoría del capital simbólico (Bourdieu, 1998); El patrimonio como construcción social (Harrison); El patrimonio como memoria (Lowenthal); y Patrimonio y derechos humanos (Graham, 2012). Siguiendo a Merton, Bourdieu ubica su análisis de la estructura social. Se refiere al reconocimiento, prestigio, honor y legitimidad que una persona o grupo tiene dentro de una sociedad. A diferencia del capital económico, social o cultural, el capital simbólico no es tangible ni se puede intercambiar directamente, pero tiene un impacto significativo en la posición social de los individuos. (Fernández, 2013), su teoría, el capital simbólico está estrechamente vinculado al capital cultural (que abarca el conocimiento, habilidades y disposiciones culturales adquiridas) y al capital social (las relaciones y redes sociales). En contextos de violencia y resistencia, el patrimonio cultural se convierte en un campo crucial de lucha simbólica: se disputa su legitimidad, se redefinen sus significados y se transforma su valor según los intereses de diferentes grupos, el patrimonio cultural puede ser un medio para transmitir valores, normas y tradiciones que refuercen las estructuras sociales existentes. En el caso del patrimonio cultural, ciertos elementos, ya sean monumentos, tradiciones o expresiones artísticas, pueden ser considerados como capital simbólico cuando son reconocidos y valorados por una sociedad o por instituciones como la UNESCO, por ejemplo. Esta valorización no solo otorga prestigio, sino también una legitimidad que puede influir en la identidad cultural de un grupo. Tal y como lo plantea Bourdieu, el término capital simbólico, describe los recursos que tienen un valor en una sociedad, no por su materialidad, sino por el significado que se les atribuye socialmente. Es decir, el capital simbólico está
El giro teórico decolonial sobre el patrimonio cultural en América Latina… 6 relacionado con el poder y el prestigio que determinadas personas, grupos o instituciones pueden acumular mediante el reconocimiento social de ciertas prácticas, símbolos, o incluso patrimonio. En otra dirección, el patrimonio cultural debe entenderse como un conjunto dinámico de objetos o tradiciones en construcción social. Las personas y las sociedades seleccionan, interpretan y gestionan el patrimonio según las necesidades de poder, identidad y memoria colectiva. Este enfoque toma en cuenta el argumento de la globalización y el neoliberalismo, donde el patrimonio es cada vez más gestionado por actores transnacionales, que convierten las tradiciones y los bienes culturales en productos de consumo globalizados. (Högberg, 2016). Otra perspectiva, se sitúa en la memoria y el patrimonio, proponiendo que la globalización ha promovido una homogeneización del patrimonio cultural, en donde las tradiciones y los símbolos culturales locales se ven modificados para adaptarse a una "mercantilización" global. Lowenthal reflexiona sobre la memoria, la historia, el patrimonio cultural y muestra cómo el pasado es moldeado por el olvido, la erosión y las intervenciones selectivas (Salvatto, 2023). El enfoque que vincula el patrimonio cultural con los derechos humanos, resalta la importancia de considerar la protección del patrimonio no solo desde una representación económica, sino también desde un ángulo ético y social. Las políticas de globalización y neoliberalismo pueden llevar a la pérdida de identidades culturales locales debido a la imposición de modelos culturales hegemónicos. En este sentido, se aboga por una visión inclusiva del patrimonio que valore las múltiples voces, identidades y tradiciones (Graham, 2012). El enfoque del patrimonio y derechos humanos, es un marco conceptual que busca conectar la preservación del patrimonio cultural con el respeto y la promoción de los derechos humanos. Esta aproximación, reconoce que el patrimonio cultural no es solo un bien material o simbólico, sino que también tiene un vínculo profundo con la identidad, la memoria cultural y el derecho de los pueblos a acceder, comprender, conservar y compartir su patrimonio cultural son aspectos fundamentales que deben ser protegidos y promovidos. El enfoque que une el patrimonio y los derechos humanos subraya la relevancia de ver el patrimonio cultural no únicamente como un bien a conservar, sino como un componente activo y en constante evolución, estrechamente relacionado con los derechos y la dignidad de los individuos. Este concepto ha ido tomando forma desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos y ha sido fortalecido por instrumentos como la Convención de la UNESCO para la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural. Desde este juego de espejos, vale la pena detenerse y teorizar desde los complejos conceptuales expuestos a lo largo de nuestras reflexiones, pero desde una aproximación comparativa, por lo tanto, es evidente que las aproximaciones conceptuales macro y meso para conocer, describir, explicar y comprender los múltiples sentidos de producción del patrimonio cultural en América Latina no solo son complementarias, sino que también enriquecen la discusión sobre cómo se entiende y se administra este patrimonio. A través de sus respectivos enfoques, se pueden identificar las dinámicas que influyen en la preservación y valorización del patrimonio cultural en la región, reflejando así la complejidad de las interacciones que lo rodean. LAS CONEXIONES CULTURALES ENTRE LAS TEORÍAS MACRO Y MESO La relación entre las políticas culturales a nivel nacional y las prácticas que se desarrollan en las comunidades locales, son fundamentales para entender la cristalización, producción y gestión del patrimonio cultural. Las reflexiones surgidas desde los enfoques macro pueden influir significativamente en cómo las comunidades perciben, valoran y teorizan su herencia cultural, así como en la forma en que la administran en el marco de la globalización y del neoliberalismo. En tanto el enfoque meso revela el modelamiento que las políticas culturales hacen de la memoria, los derechos humanos, el capital simbólico y los derechos culturales (Kymlicka, 1996), los cuales, no solo afectan a las comunidades, sino que también pueden moldear su identidad y su sentido de pertenencia, lo que a su vez puede llevar a un mayor aprecio y cuidado por su patrimonio. Por ello, las comunidades, al movilizarse para defender sus tradiciones y su patrimonio, pueden
Utopía y Praxis Latinoamericana; ISSN 1316-5216; ISSN-e 2477-9555 Año 30 n.o 111, 2025, e17241113 7 influir en la agenda cultural a nivel nacional e internacional. Este proceso permite que las voces locales sean escuchadas y que sus necesidades y aspiraciones sean consideradas en la formulación de políticas, creando así un diálogo enriquecedor entre lo local y lo nacional. Emergiendo de sus suturas el patrimonio cultural glocal. HACIA UNA CONSTRUCCIÓN TEÓRICA FUERTE DEL PATRIMONIO CULTURAL: MEMORIA, RESISTENCIA Y RESILIENCIA EN TIEMPOS DE PLAGAS Y VIOLENCIAS Al considerar estos elementos, se crea un ámbito propicio para el diálogo y la inclusión, reconociendo la relevancia de conservar el patrimonio cultural como un mecanismo para reforzar la memoria y asegurar el ejercicio de los derechos culturales. En este marco, la interculturalidad actúa como un vínculo que promueve la convivencia y el entendimiento entre diversos grupos sociales. Se sostiene que el patrimonio cultural constituye una edificación histórica que forma parte esencial de la identidad cultural de las comunidades en las que se desarrolló y tuvo su origen. Siguiendo las perspectivas sistémicas, del capital simbólico y el de la construcción social, es fundamental exponer su vinculación analítica sobre el patrimonio cultural ya que este no solo se refiere a los bienes y prácticas que constituyen la herencia de una comunidad, sino que además es resultado de un proceso social en el que las comunidades eligen, defienden y transmiten lo que consideran valioso, relevante o representativo de su identidad y su historia. El mercado global se define como el intercambio de productos, servicios e ideas que se lleva a cabo entre diversas naciones y culturas, trascendiendo las fronteras geográficas. El patrimonio y el mercado global están profundamente conectados. En un entorno global cada vez más interrelacionado, las fuerzas de la globalización tienen el potencial de uniformar las culturas, al tiempo que facilitan un enriquecedor intercambio entre diversas tradiciones. No obstante, este fenómeno también amenaza la preservación de las identidades culturales locales, que se ven sometidas a la influencia de las culturas globales predominantes. De esta manera, la globalización puede influir en la preservación y transformación del patrimonio, ya sea mediante la difusión de ciertos aspectos culturales o la adaptación de tradiciones a las demandas del mercado global, esto involucra no solo productos tangibles, sino también aspectos intangibles como tradiciones, conocimientos y expresiones culturales. En el contexto de la memoria, esta juega un papel fundamental en la protección y el fortalecimiento del patrimonio cultural, especialmente en tiempos de violencia. Por ello, la memoria, resistencia y resiliencia en tiempos de violencia, el patrimonio cultural adquiere una dimensión profunda, ya que no solo está vinculado a la identidad de un pueblo, sino también a sus procesos históricos de lucha y sobrevivencia incluso en contextos hegemónicos postnacionales (Jelin, 2002; León y Luque, 2022; Pérez, 2022; y Reza, 2025). El tema de la memoria ha sido tratado por diferentes sociólogos de las escuelas europeas y norteamericanas, un excelente estado del arte de la cuestión es publicado en el presente dossier por Cruz y Bautista (2025). Sin embargo, han sido las ciencias sociales latinoamericanas (Jelín, 2002; Sarlo, 2005; Menjívar, 2008; y Colosisimo, 2025), la que con mayor sistematicidad ha tratado o argumentado el concepto de memoria en la cultura popular. Los sectores populares (las/os excluidas/os), en Latinoamérica han sido fundamentales para construir y preservar la memoria colectiva. A través de procesiones religiosas, tradiciones orales, danzas étnicas, fiestas populares que son llevadas a la literatura, al cine y exhibidas, en diversos festivales de las artes visuales y tradiciones culturales en donde se transmiten y reconstruyen a menudo los valores de las sociedades como actos colectivos de resistencia y resiliencia. Las canciones de protesta, las películas sobre las dictaduras perfectas y las dictaduras militares, las historias narradas por los presos políticos y los pueblos sometidos al terrorismo de Estado, se convierten en maneras de recordar y reinterpretar el pasado, permitiendo una revisión crítica de la historia narrada por los de arriba y relocalizando las interrelaciones de poder, dominación y hegemonía (Zarzuri, Pérez y Hernández, 2024; Luque y Hernández, 2024; y Luque y Sandoval, 2025).
El giro teórico decolonial sobre el patrimonio cultural en América Latina… 8 La conexión entre la cultura popular y las dinámicas de poder revela cómo, a lo largo del tiempo, las clases sociales más desfavorecidas han tenido que vivir bajo una cultura dominante, pero también cómo han hallado formas de resistir y crear sus propios espacios de expresión. Este fenómeno es esencial para comprender la construcción de la identidad en América Latina. En lugar de una identidad mestiza uniforme, lo que realmente surge es una diversidad de identidades que, aunque comparten ciertos elementos, son profundamente variadas y reflejan las luchas de poder, los intercambios culturales y las tensiones sociales que caracterizan la región. La importancia de las ciencias sociales en América Latina, entonces ha sido estratégica para comprender las interacciones de poder, resistencia y cultura, así como su influencia en la creación, conservación y transmisión de la memoria dentro de la cultura popular. Este ámbito de estudio no se restringe a la memoria en contextos de violencia o represión, sino que también investiga su importancia para la identidad colectiva, la lucha política y la creatividad popular en la región. La reafirmación de una identidad mestiza, con sus particularidades, resalta las características distintivas de cada área en América Latina, valorando la riqueza de sus tradiciones, lenguas, músicas y costumbres, que frecuentemente han sido ignoradas o subestimadas por los sistemas de poder. Los espacios de memoria, nos convocan a mantenernos alertas y comprometidos con la salvaguarda y difusión de nuestro patrimonio cultural. En situaciones de violencia y conflicto, este patrimonio se convierte en un testimonio tangible de nuestra memoria colectiva, recordándonos las luchas del pasado y sirviendo como un fundamento para la reconstrucción de nuestra identidad contemporánea. La conservación de estos espacios no se limita a la protección de objetos o lugares, sino que también incluye la continuidad de relatos, tradiciones y prácticas que han perdurado a lo largo de las generaciones, a pesar de los intentos de erradicarlas o destruirlas. En numerosas ocasiones, las violencias han conducido a la aniquilación o al olvido de patrimonios culturales de gran relevancia. Sin embargo, al mismo tiempo, los pueblos más vulnerables han encontrado en su memoria cultural, así como en su capacidad de resistencia y resiliencia, las herramientas necesarias para sobrevivir y reconstruirse. De este modo, la memoria colectiva de una sociedad se erige como un elemento decisivo en la preservación de su legado cultural. Aunque la globalización puede amenazar con desdibujar las tradiciones locales, también ofrece un espacio en el que las culturas minoritarias luchan por no ser olvidadas, a través de procesos como la migración de prácticas culturales que se transforman en transnacionales. Así, recordar y narrar mediante el conflicto, busca promover la reconstrucción de las memorias que abordan los desequilibrios de poder existentes entre las memorias de las víctimas, y las versiones institucionalizadas del pasado o las narrativas dominantes de actores tales como líderes políticos, grupos armados, funcionarios estatales de alto rango o de los medios de comunicación (Riaño, 2013; Jelín, 2002 y Sarlo, 2005). Los espacios de memoria desempeñan un papel concluyente en la construcción de nuestra identidad colectiva y en la preservación de la memoria histórica. Estos lugares pueden manifestarse tanto en formas físicas como simbólicas, y su función principal es actuar como referencias que permiten a las sociedades recordar y transmitir su historia, valores y vivencias a las generaciones venideras. De acuerdo con la perspectiva de Guixé (2008), el patrimonio memorial no debe ser considerado únicamente como una conservación pasiva de eventos pasados, sino como un proceso dinámico de reflexión crítica sobre la historia. Esto sugiere que los espacios de memoria no son meramente un reflejo de lo que ha ocurrido, sino que son fundamentales en la construcción de una conciencia colectiva que analiza esos acontecimientos para comprender mejor el presente: (…) es básico poder analizar y reflexionar sobre las relaciones que se establecen entre historia, patrimonio cultural y territorio a través de la recuperación de la memoria. Encontramos, sin duda muchos elementos en Catalunya que forman parte de un paisaje cultural tangible y de otros intangibles, todos ellos susceptibles de recuperar, localizar, estudiar, difundir y señalizar. (Guixé: 2008, p. 220)
Utopía y Praxis Latinoamericana; ISSN 1316-5216; ISSN-e 2477-9555 Año 30 n.o 111, 2025, e17241113 9 La conversión de la memoria histórica en un tema crítico del presente exige un esfuerzo conjunto. No se trata únicamente de recordar, sino de interpretar y cuestionar nuestro legado histórico. Los lugares de memoria, al funcionar como espacios de diálogo y difusión, facilitan este proceso de reflexión colectiva, invitando a las personas a reconocer lo que esos recuerdos significan y cómo impactan en la actualidad. Es esencial que la reflexión sobre el pasado se fundamente en la necesidad de prevenir el olvido. En lugar de sucumbir a la amnesia histórica, los espacios de memoria nos instan a recordar de manera consciente, a no permitir que las sombras del olvido oscurezcan las lecciones aprendidas del pasado, sino a seguir cuestionando, aprendiendo y, en última instancia, transformando nuestra comprensión del presente a través de esa memoria. El patrimonio cultural se presenta, además, como un medio de resistencia ante la opresión. En diversas ocasiones, las comunidades que sufren opresión recurren a sus tradiciones, costumbres y expresiones artísticas como una forma de oponerse a los intentos de borrar su identidad. Las manifestaciones artísticas, que incluyen la música, la danza, las festividades, las narraciones populares y la gastronomía, se transforman en poderosas armas simbólicas que desafían a las fuerzas que buscan erradicar su cultura. La resistencia cultural emerge en situaciones de violencia donde las comunidades recurren a su legado cultural como una herramienta para oponerse a la homogeneización global. Este término alude a la habilidad de una comunidad para preservar, restaurar y reivindicar sus tradiciones y prácticas ante las influencias externas, que pueden ser de naturaleza política, económica o social. La resistencia se manifiesta en la capacidad de las comunidades para preservar sus elementos culturales a pesar de las adversidades. A través de la transmisión oral, la recreación de espacios significativos y la reafirmación de rituales y tradiciones, el patrimonio se transforma en un acto de desafío contra el olvido que la violencia intenta imponer. La resiliencia se entiende como la capacidad de las comunidades para adaptarse, resistir y superar circunstancias difíciles. En el ámbito del patrimonio cultural, esta resiliencia se manifiesta cuando, a pesar de las violencias experimentadas, una comunidad logra reinventarse y transformar el sufrimiento en un principio de fortaleza. Las tradiciones y prácticas culturales pueden ser objeto de reinterpretación y reconfiguración, de tal manera que los elementos del patrimonio no solo logran perdurar ante las crisis, sino que también contribuyen a la reconstrucción emocional, social y cultural de la comunidad. Este proceso de resistencia y adaptación a nuevas realidades, al mismo tiempo que se preserva la identidad cultural, a menudo da origen a nuevas formas de expresión y creatividad. Se pueden encontrar enfoques provenientes de la psicología social que se enfocan en los rasgos de los individuos (Maltby, Day y Hall, 2015), otros se ocupan del contexto, incorporando las relaciones familiares y con otros grupos primarios (Becvar, 2012), siendo los más aceptados los que proponen una perspectiva interaccionista (Hanbury y Indart, 2013; y Ungar, 2012). Por su parte (Bonanno, 2012) se centra en la trayectoria al trauma de los individuos, señalando que no todos quienes se han visto expuestos a situaciones traumáticas desarrollan psicopatología, como trastorno de estrés post traumático (Alzugaray, Fuentes y Basabe, 2021). En tanto, el enfoque interaccionista se enfoca en interpretar y comprender cómo las culturas mantienen su identidad, valores y prácticas frente a presiones externas, así como en la manera en que las personas dentro de estas culturas superan adversidades preservando su patrimonio y adaptándose a nuevas realidades (Hanbury e Indart, 2013 y Iraurgui y Ungar, 2013). Estos autores defienden esta perspectiva, que realza en las interacciones entre los individuos y su contexto social, cultural y político, en lugar de limitarse a un análisis estructural o individualista. Desde esta apariencia, la resiliencia cultural abarca no solo la habilidad de una cultura para soportar transformaciones, sino que se concibe como un asunto dinámico en el cual los individuos y sus comunidades desempeñan un papel activo en la negociación y reconstrucción de su identidad y de sus recursos culturales. Desde esta óptica, la resiliencia cultural no solo se refiere a la capacidad de una cultura para resistir cambios, sino que se entiende como un proceso activo en el que los individuos y sus comunidades actúan como agentes activos en la negociación y reconstrucción de su