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Fundamentación metafísica de la causalidad en Tomás de Aquino: Cuestiones abiertas

Serra Pérez, Manuel Alejandro

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155 ISIDORIANUM 34 / 2 (2025) 155-178 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 Recibido: 14 de abril de 2025 Aceptado: 30 de junio de 2025 Fundamentación metafísica de la causalidad en Tomás de Aquino: Cuestiones abiertas Metaphysical Foundation of Causality in Thomas Aquinas: Open Issues Around Manuel Alejandro Serra Pérez Universidad Internacional de La Rioja Logroño, España [email protected] https://orcid.org/0000-0002-0975-6029 Resumen: Uno de los conceptos clave que ha concentrado la atención de los estudiosos de la !losofía del ser de Tomás de Aquino en el siglo XX ha sido el de causalidad. Insertada en la original concepción del acto (esse), el Aquinate logró una síntesis original que ahora distintos autores explotan conduciéndonos a sus fuentes. Frente a quienes destacan el valor de la esencia como el elemento que representa el rol causal, otros han puesto en evidencia que debe ser el esse quien, como fuente de perfecciones, funde la causalidad. Esta polémica nos dará la oportunidad de poner de relieve uno de los aspectos más ensombrecidos de una metafísica de la causalidad. En efecto, reconocidos estudiosos del tomismo contemporáneo, han defendido posiciones netamente contrapuestas al respecto de la causalidad y, en concreto, de su fundamento. Lo que nosotros vamos a poner de relieve es que, en el fondo de cada postura, se encuentra una !losofía más cercana a la ontología aristotélica (como es el caso del canadiense Lawrence Dewan) o más lejana a esta y, en consecuencia, más cercana a una defensa de la originalidad de la contribución tomasiana (Étienne Gilson y Cornelio Fabro). Como se tratará de mostrar, en última instancia, el fundamento metafísico de la causalidad y la primacía fundante tiene que reposar sobre el elemento metafísico que ostente la perfección en el orden de la actualidad, lo que en la !losofía del ser del Aquinate corresponde al esse comprendido como acto (actus essendi). Abstract: One of the key concepts that has focused the attention of scholars of the philosophy of being of Thomas Aquinas in the twentieth century has been that of causality. Inserted in the original conception of the act (esse), Aquinas achieved an original synthesis that different authors now exploit, leading us to its sources. Faced with those who emphasize the value of the essence as the element that represents the causal role, others have made it MANUEL ALEJANDRO SERRA PÉREZ156 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 clear that it must be the esse who, as a source of perfections, founds causality. This polemic will give us the opportunity to highlight one of the more shadowy aspects of a metaphysics of causality. Indeed, recognized scholars of contemporary Thomism have defended clearly opposing positions on causality and, speci!cally, on its foundation. What we are going to highlight is that, at the bottom of each position, there is a philosophy closer to Aristotelian ontology (as is the case of the Canadian Lawrence Dewan) or more distant from it and, consequently, closer to a defense of the originality of the Thomistic contribution (Étienne Gilson and Cornelius Fabro). As we will try to show, in the last instance, the metaphysical foundation of causality and the founding primacy must rest on the metaphysical element that holds perfection in the order of actuality, which in Aquinas’s philosophy of being corresponds to esse understood as act (actus essendi). Palabras clave: causalidad, Tomás de Aquino, Aristóteles, ese, esencia, forma. Keywords: causality, Thomas Aquinas, Aristotle, esse, essence, form. 1. PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA En este artículo se pretende dar a conocer un interesante diálogo que desde hace varias décadas se viene produciendo en el seno del tomismo acerca del estatuto del esse, entendido como acto fundante de la realidad en relación con el valor que, para Tomás de Aquino, tendría la noción de causalidad, habida cuenta del cambio de paradigma que su !losofía del acto habría introducido. Nuestro objetivo será, primeramente, mostrar el quid fundante que sostiene una metafísica general de la causalidad. Después iremos mostrando, de entre los distintos elementos que la conforman, cuáles son especí!camente tomistas y por qué razón. Y ya, en un tercer apartado, se centrará de lleno la atención en discutir algunas tesis del canadiense Lawrence Dewan sobre cuál sería, en la cosmovisión tomasiana, el elemento que ostenta el rol causal. ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 FUNDAMENTACIÓN METAFÍSICA DE LA CAUSALIDAD EN TOMÁS DE AQUINO: CUESTIONES ABIERTAS 157 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 2. EL QUID METAFÍSICO FUNDANTE DE LA CAUSALIDAD: LA CAUSABILIDAD La mayoría de las notas que conforman una metafísica de la causalidad están presentes tanto en la ontología aristotélica como en la tomista. No obstante, este primer aspecto que vamos a reseñar es quizá el más decisivo en orden a visualizar el quid metafísico que ponga en luz la originalidad que la noción de causa tiene en la !losofía del ser del Aquinate. Con este término, causabilidad, queremos referirnos a los dos modos principales a los que puede ser reducido el ser de la causa, que son, la causa que causa en cuanto acto, y la que lo hace por su relación al acto. Huelga decir que nos estamos re!riendo a dos modos principales de la causa que se re!eren a su vez a la causa en el sentido constitutivo del ente (cf. Aristóteles, Phys., II 3, 23)1. El Estagirita, en este sentido al que nos referimos, a!rma que las cuatro causas principales, que son la materia, el agente, la forma y el !n, “las tres últimas se reducen en muchos casos a una, pues la esencia y el !n son una misma cosa, y aquello de lo que primeramente proviene el movimiento es especí!camente lo mismo que éstas” (Phys., II 7, 25)2. Uno de los modos por los cuales podemos veri!car este principio de causabilidad es aplicando tanto el signi!cado que subyace tras los elementos metafísicos que conforman la noción de causa, como su relación entre ellos, a saber, los de acto-potencia y materia-forma. En un primer paso, vamos a considerar esta ecuación en relación con la materia y cómo ésta es causa de la substancia. Posteriormente lo haremos con respecto al !n y el modo en que éste también es causa. 1 Para las traducciones de los textos griegos: Guillermo DE ECHANDÍA, Física, Madrid, Gredos, 21998; Giovanni REALE, Metafisica, Milano, Bompiani, 2006; Tomás CALVO MARTÍNEZ, Metafísica, Madrid, Gredos, 1994. En algunos casos, con modi!caciones del autor debidamente señaladas. 2 Un estudio detallado de la relación entre acto y causa en Aristóteles, en: Manuel A. SERRA PÉREZ, “ἔρχεται δὲ τὰ τρία εἰς [τὸ] ἕν πολλάκις. Una interpretación de Física II, 7, 198a 25 acerca del sentido causal fundante del devenir a la luz de la teoría de acto-potencia”, Kriterion, Belo Horizonte 63/149 (2021) 587-615, https://doi. org/10.1590/0100-512x2021n14911mas. MANUEL ALEJANDRO SERRA PÉREZ158 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 Aristóteles y Tomás de Aquino estiman que la causa material no es del mismo tipo que las otras causas. La razón que esgrimen puede ponerse en directa relación con este principio de causabilidad. En efecto, para el Estagirita, la materia es algo imperfecto porque es potencia (cf. Phys., II 1, 193b 7-8) y, en cuanto tal, está revestida de pura indeterminación (cf. Metaph., VII 3, 1029a 19-24)3. Por esta razón, aunque se den diversas causas y de diverso género, no todas se dan del mismo modo (cf. Phys., II 3, 195a 4-10; 19-27; 195b 25-26; 27-29)4, por lo que habrá que investigar cuál es el factor determinante de esta diversidad. La respuesta tradicional que se ha dado es el conocido elenco de las distintas causas existentes, agrupadas como extrínsecas-intrínsecas, etc.; pero si nos atenemos al principio de causabilidad, veremos que la raíz metafísica está en dicho principio. Aristóteles lo deja entrever en dos textos clave. Uno es el ya citado en que observa que las cuatro causas principales se reducen a una (cf. Phys., II 7, 25), y el otro pertenece a la cita inmediatamente señalada ahora, donde el !lósofo de Estagira dice: Al investigar la causa de cada cosa, hay que buscar siempre la que es preponderante (...). Además, los géneros de las causas han de considerarse con respecto a los géneros de las cosas (...). También [a] las cosas [que] tienen capacidad de causar respecto de las que tienen la posibilidad de ser causadas, y las cosas que están actualmente causando respecto de las cosas que están siendo actualizadas (Phys., II 3, 195a 25-29)5. Por su parte, Tomás de Aquino sigue esta misma línea, argumentando que la materia “no es ni de la misma especie ni del mismo género que las otras causas; porque la materia, en cuanto tal, es ente en potencia, mientras que el agente, en cuanto tal, es ente en acto, y la forma o el !n son acto o 3 Otros textos que pueden aducirse en el mismo sentido son: Metaph., VII 3, 1029a 5; VII 7, 1032a 20-25; VII 7, 1033a 8-15; VII 10, 1035a 4-10; XII 4, 1070b 10-15. 4 Otro pasaje que cabe destacar es el siguiente: “Las causas y los principios de cosas distintas son, a su vez, distintos en cierto sentido, pero en cierto sentido, hablando universalmente y de modo analógico, son los mismos para todas las cosas” (Metaph., Λ 4, 1070a 30-35). 5 Cursivas nuestras. ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 FUNDAMENTACIÓN METAFÍSICA DE LA CAUSALIDAD EN TOMÁS DE AQUINO: CUESTIONES ABIERTAS 159 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 perfección” (In Phys., XI, 163, 198a 24). Ambos !lósofos desembocan, por consiguiente, en el principio de que el ser de la causa se reduce a la cualidad intensiva del acto, de donde se deriva su contrario, a saber, el de la imposibilidad de reducir dicha cualidad ad potentiam. Barrio Maestre expone con claridad esta relación en los siguiente términos: La potencia está ordenada al acto como a su !n (...). El acto ostenta cierta primacía causal sobre la potencia, en tanto que nada obra sino en cuanto está en acto y nada padece sino en cuanto está en potencia (nihil agitur nisi in acti, nihil patitur nisi in potentia): ser efecto o ser causado es ser sujeto pasivo de la influencia causal de otro; cabalmente, recibir un acto con respecto al cual se está en potencia. En cambio, obrar es ejercer un influjo real en otro, lo cual sólo puede efectuarse si se posee en acto la perfección que se quiere comunicar. La prioridad del acto sobre la potencia es, en cierta manera, de la misma especie que la prioridad de la causa sobre el efecto6. Todo esto nos lleva a poder concluir que, stricto sensu, la materia no es causa del ente por sí misma, sino que lo es por su relación a la forma, a!rmación tras la que subyace la lógica de acto-potencia7, que es a su vez la que funda lo que hemos de6 José María BARRIO MAESTRE, El ser y la existencia. Analítica del ser como acto y como hecho. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Filosofía, 1987, 28-29. 7 Cf. Alejandro VIGO, “Explicación causal y holismo de trasfondo en la !losofía natural de Aristóteles”, Kriterion, Belo Horizonte 122 (2010) 589 (587-615), https://doi.org/10.1590/S0100-512X2010000200014. Otros estudios que han ahondado en esta cuestión desde una perspectiva análoga a la nuestra son: Robert HANKINSON, Cause and Explanation in Ancient Greek. New York, Clarendon Press, 1998, 132; Franco REPPELINI, “Le cose mosse da altro per natura”, in Loredana CARDULLO – Giovanna GIARDINA (eds.), Alla ricerca della causalità della causa finale, Roma, Ateneo Ponti!cio Regina Apostolorum, 2005, 151-184; Giovanna GIARDINA, I fondamenti della causalità naturale. Analisi critica di Aristotele, Phys. II, Catania, CUECM, 2006, 172; José Antonio GARCÍA-LORENTE, “La ciencia de los principios y de las causas primeras en el libro primero de la Metafísica, Anales del Seminario de Historia de la Filosofía 13 (2016) 11-31, https://doi.org/10.5209/rev_ASHF.2016.v33.n1.52287; Claudia Marisa SEGGIARO, “La formulación de los primeros principios en Física I 7 a la luz de la noción de generación”. Estudios de Filosofía 63 (2021) 25-46, https://doi.org/10.17533/udea.ef.n63a02. Lo hacen poniendo en evidencia la centralidad del fundamento causal en devenir substancial. MANUEL ALEJANDRO SERRA PÉREZ160 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 nominado el principio de causabilidad. Pues, si para llegar a ser, la materia, como potencia, requiere la actualización de su acto, que es la forma, de aquí puede colegirse que, por ende, para comportarse como causa, debe presuponer a aquélla8. Para causar, es necesario ser, pero la materia, sin la forma, no es, luego podemos sentar que lo que hace a la materia ser causa (material) no es su propia condición de materia (pura potencia), sino la virtud actualizante de la forma que la hace ser (por tanto, su condición de acto). Al poner en acto a la materia, la forma, en cuanto acto, la capacita para comportarse como causa. Conviene traer aquí a colación la di!cultad de la que hicimos mención antes, aunque no para encararla de!nitivamente, sino sólo para anticiparla. Puede formularse del siguiente modo. Si la materia no es causa sino por la forma, tampoco la forma es causa en algún sentido sin la materia. Esta aparente aporía, sin embargo, procede a nuestro parecer de un modo erróneo de concebir esta reciprocidad asimétrica que se da entre el acto y la potencia. Esta objeción se resuelve si tenemos en cuenta que esta reciprocidad no altera la distinción cualitativa que media entre acto y potencia y la prioridad metafísica que de ella se deriva y que corresponde a la forma, como acertadamente a nuestro parecer señala Diana Quarantotto9. Así lo ha visto también Rafael Alvira, para quien “la asimilación, y sólo la asimilación, de la forma a la actualidad, hace posible el que los pares materia-forma y e!ciencia-!n puedan ser uni!cados bajo la categoría superior de causa”10. Ciertamente, en los entes comunes no se da la forma sin la materia ni la materia sin la forma, dado que la substancia consiste justamente en el synolon conformado por la actualización de una materia por parte de una forma. Ahora bien, la materia, como hemos dicho, se comporta como potencia (lo imperfecto) respecto de la forma, que es su acto (lo perfecto). 8 Manuel Alejandro SERRA PÉREZ, “Fundamento metafísico de la causalidad”, en Manuel Alejandro SERRA PÉREZ (ed.). La cualidad metafísica del ser respecto a la forma: Estudio de la crítica de Lawrence Dewan a Étienne Gilson, Pamplona, Eunsa, 2021, 260. 9 Cf. Diana QUARANTOTTO, Causa finale, sostanza, essenza in Aristotele. Saggio sulla struttura dei processiteleologici naturali e sulla funzione del telos, Pisa, Bibliopolis, 2005, 171. 10 Rafael ALVIRA, La noción de finalidad, Pamplona, Eunsa, 1978, 123. ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 FUNDAMENTACIÓN METAFÍSICA DE LA CAUSALIDAD EN TOMÁS DE AQUINO: CUESTIONES ABIERTAS 161 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 Entre materia y forma se da una relación de reciprocidad, pero ésta no es simétrica, sino asimétrica11, pues no es la forma por la materia, sino la materia por la forma (cf. Aristóteles, Metaph., X 8, 1055b 11), luego que la forma sea forma de o para una materia y la materia sea de o para una forma no anula la preponderancia y virtud fundante de la forma con respecto a la materia12, que no es sino de acto-potencia (cf. Aristóteles, Metaph., Λ 11, 1018b 20-26; Θ 8-9). Aristóteles es claro al respecto: “La forma es más naturaleza que la materia, porque decimos que una cosa es lo que es cuando existe actualmente más que cuando existe en potencia” (Phys., II 1, 193b 5). Y añade también: “La forma es, en cuanto acto, superior a la materia, en cuanto potencia” (Phys., II 1, 193b 7-8). Subrayan esto Alvira, que dice: “Si la potencia no puede ser realmente nada diferente del acto, pero no es el acto, entonces todo su ser es pura relación al acto”13; y Barrio Maestre: “Ninguna esencia tiene de iure un ser necesario, en el sentido de que la determinación formal que la fundamenta ontológicamente no incluye per se ninguna relación necesaria con el ser”14. Lo que decimos de la causa material vale substancialmente para la causa !nal. El !n está inescindiblemente unido a la forma15. El !n es en sí mismo y por sí mismo, pero lo es en tanto 11 Cf. Pierre AUBENQUE, El problema del ser en Aristóteles. V. Peña (trad.), Madrid, Escolar y Mayo, 2008, 360. 12 Cf. SEGGIARO, “La formulación”, 41, nota 39. 13 ALVIRA, La noción, 132. 14 BARRIO MAESTRE, El ser, 75. 15 Cf. Enrico BERTI, “La !nalità del motore immobile di Aristotele tra Metafisica Λ 7 e Λ 10”. Humanitas 66 (2011) 561. Siguen la línea de pensamiento del Veronés: DE ECHANDÍA, Física, 147; Pierre PELLEGRIN, Aristote. Physique. Traduction et présentation. Paris, G.-F. Flammarion, 2000, Michel BASTIT, Les quatre causes de l´être, Leuven, Peeters, 2002, 92 y 97; Alejandro VIGO, “Explicación causal”, 591; José ROBLES ARENAS, Diffusivum sui et subiecti. Alla ricerca della causalità finale, Roma, Ateneo Ponti!cio Regina Apostolorum, 2017, 6-8. Por su parte, Diana QUARANTOTTO (Causa finale, 161) no funda la causalidad !nal en sí misma, pues dice que “la causa !nal no es una aitía por derecho propio, capaz de explicar por sí misma y autónomamente su función”. Se re!ere a la forma: “Con ello, la función !nalística de la forma, que había quedado implícita en la de!nición de «naturaleza» formulada en Phys., II 1, viene claramente tematizada” (Causa finale, 167). GIARDINA (I fondamenti, 176, nota 333) está de acuerdo, pero se opone a una identi!cación tal cual. MANUEL ALEJANDRO SERRA PÉREZ162 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 dice el sentido o para qué de la substancia, la cual, recordémoslo, está constituida por la forma, que es su acto. El !n de una substancia cualquiera viene determinado por su forma, a tal punto que tiende a confundirse con ella, y por ello Aristóteles dice que son esencialmente lo mismo (cf. Phys., II 7, 25). Por consiguiente, también el !n, por él mismo y por su esencial relación a la forma, es causa tanto por sí mismo en cuanto acto como por la forma en tanto está unido a ella: “Y puesto que la naturaleza puede entenderse como materia y como forma, y puesto que esta última es el !n, mientras que todo lo demás está en función del !n, la forma tiene que ser causa como causa !nal” (Phys., II 8, 30-32). Aquí Aristóteles establece una cierta reciprocidad causal y fundacional entre forma y !n. El !n está ínsito en la forma de una substancia. La mesa tiene un !n en tanto es eso (la forma) que es. Pero a la vez, como dice el Estagirita, la forma es el !n, en tanto que todo está en función del !n (incluida la forma), por lo que la forma es causa como causa !nal. El !n, en el sentido constitutivo del ente, tiene una cierta prioridad, como recuerda Tomás de Aquino (cf. In De caelo II, c. 18, n. 1), pues, en un sentido, lo que es debe su ser al !n, porque nada se hace sino por un !n. A este respecto, dice el Aquinate: “Pues se dice que el e!ciente es causa respecto del !n, puesto que el !n no es en acto, a no ser por la operación del agente; pero se dice que el !n es causa del e!ciente, puesto que no obra a no ser por la intención del !n” (De princip. natur., 4, 43b 16-19). Y también: “La razón de !n presupone la razón de causa e!ciente y de causa formal (...). Así pues, en la causalidad encontramos (...) la razón de bien por la que en el ser se fundamenta la perfección” (Sum. theol., I, q. 5, a. 4 solución). El !n antecede, pues, el orden constitutivo (causal). Es como si la forma se desdoblara en una doble causalidad16, una en cuanto forma (causa formal) y otra en cuanto !n de esa forma (causa !nal). Son diferentes; no se confunden, pero están íntima o esencialmente vinculadas la una a la otra, concretamente, a la forma (cf. Aristóteles, Ética Nicomáquea, I 7, 16 Cf. Diana QUARANTOTTO, “Ontologia della causa !nale aristotelica”, Elenchos, Rivista di studi sul pensiero antico 22 (2001) 330 (329-366); QUARANTOTTO, “Causa !nale”, 15. ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 FUNDAMENTACIÓN METAFÍSICA DE LA CAUSALIDAD EN TOMÁS DE AQUINO: CUESTIONES ABIERTAS 163 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 1097a 15ss). A !n de cuentas, la prioridad metafísica de la forma, en virtud de su condición de acto constitutivo fundacional de la substancia, hace que en torno a ella se establezca de algún modo la razón fontal de la causalidad constitutiva de la substancia: “La naturaleza, que es el término de la generación de la substancia, tiene también razón de !n, es decir, pertenece a la estructura intrínseca de la misma naturaleza o forma” (Aristóteles, Phys., I 7, 1097a 15ss). Es por ello que Robles Arenas a!rma17: “Desde el título hemos pretendido poner el acento en la fundación metafísica de la causalidad !nal en el principio de la generosidad del acto”18. De todo lo cual se desprende que estamos, desde el punto de vista metafísico, ante un principio sólido sobre el que podremos asentar los cimientos del signi!cado de la noción de causalidad. 3. ELEMENTOS DE UNA METAFÍSICA DE LA CAUSALIDAD 3.1. Actualidad El recién descrito principio de causabilidad nos ha permitido reconocer que todo lo que es causado lo es por virtud de algún tipo de actualidad, en razón de la naturaleza intrínsecamente sobreabundante y comunicativa del acto19. Acto y causa no se identi!can. No todo acto es causa, pero toda causa es causa en cuanto el agente que causa lo hace bien en tanto acto o por su relación al acto. Aristóteles cristaliza esta dialéctica de varios modos. El más evidente es a través de la naturaleza del Primero, cuya substancia se reduce al máximo por la pureza de su actualidad. El Primer Moviente es la substancia más plena por ser la más actual, de lo que se deriva que sea también la fuente de la máxima comunicabilidad (cf. Metaph., Λ 6, 1071b 20; Tomás de Aquino, In Metaph., L. XII, 1; XII, n. 2636). Aristóteles establece aquí una interesante relación 17 Reseñamos el título para captar mejor el sentido de la a!rmación. Su trabajo se llama: “Diffusivum sui et subiecti: Alla ricerca della causalità della causa !nale”. 18 ROBLES ARENAS, Diffusivum sui, 41. 19 Cf. ALVIRA, “La noción”, 68. MANUEL ALEJANDRO SERRA PÉREZ170 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 aspectos. Como algunos autores han señalado29, no es posible comprender la causalidad entitativa ni la relación entre los seres y el Principio sin una adecuada asimilación de la misma. La razón de esto es que, entre el acto creador, la participación y la causalidad, se da una unidad indestructible, y cuando se ha querido romper este bloque, se ha terminado enseñando una !losofía que no es la de Tomás de Aquino30. Un ente, para constituirse como tal, requiere un conjunto de perfecciones, tales como el existir, y además hacerlo en un grado especí!co de perfección que establezca la medida de la cualidad intensiva con que su naturaleza o esencia lo determine, y !nalmente la subsistencia. Ahora bien, dado que, fuera del purum Esse, el ente per se no es, para gozar de entidad, tal como se acaba de describir, necesita recibir toda esa amalgama bien orquestada de perfecciones. Tiene que recibir esas perfecciones y de un modo determinado31. Pues bien, la respuesta es la participación, entendida como el instrumento por el que la Causa primera (Fons essendi) da a participar el esse (donatio essendi) mediante el cual aquélla consuma el acto creador constituyendo todo el ente (totius esse). Tomás de Aquino explicita esta enseñanza en innumerables pasajes, de los que podemos destacar algunos (Sum. theol., I, q. 2, a. 3; q. 44, a. 1; q. 65, a. 1; De Pot., q. 3, a. 5; q. 6, a. 6; q. 7, a. 5, ad 2; De subst. sep., c. 9). El esse es ese acto que media todo el proceso de participación porque es el sumum de la perfección en la cosmovisión de Tomás, por eso, insistimos, toda versión de la misma que no ponga en el centro al esse desdibuja su sentido. En el próximo apartado se explanará algo más su contenido y su papel, pero dentro ya del marco de la discusión crítica. 29 Cf. Louis GEIGER, La participation dans la philosophie de S. Thomas d’Aquin, Paris, Vrin, 1942; Cornelio FABRO, Partecipazione e causalità (Opere Complete 19), Roma, EDIVI, 2010; John WIPPEL, “Cornelio Fabro on the Distinction and Composition of Essence and Esse in the Metaphysics of Thomas Aquinas”, The Review of Metaphysics 68 (2015) 573-592, https:// doi.org/10.2307/j.ctv1z5230m.8. 30 Cf. Raúl ECHAURI, “Esencia y existencia en Aristóteles”, Anuario Filosófico 8 (1978) 121 (119-129). 31 Cf. Manuel Alejandro SERRA PÉREZ, “La causalidad formal y del ser (esse) en las etapas de constitución del ente”, Revista de Filosofía Aurora 35 (2023) e202328994, https://doi.org/10.7213/1980-5934.035.e202328994. ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 FUNDAMENTACIÓN METAFÍSICA DE LA CAUSALIDAD EN TOMÁS DE AQUINO: CUESTIONES ABIERTAS 171 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 4. EL ROL CAUSAL ENTRE POTENCIA (ESSENTIA) Y ACTO (ESSE) La fundamentación metafísica de la causalidad en Tomás de Aquino di!ere bien poco de la de Aristóteles. Es más, en algún sentido, se asienta completamente en sus principios básicos, como son los de acto y potencia o materia y forma. ¿No es algo atrevido, entonces, hablar de una fundamentación tomista de la causalidad? A tenor del casi imperceptible eco que tal cosa ha tenido en la historia del tomismo, parecería que o bien se trata de una perogrullada o simplemente no existe una posibilidad del género. Sin embargo paradójicamente está presente en las principales disputas del tomismo contemporáneo, ya sea de soslayo ya sea de frente. El principio que funda el aspecto originario de la causalidad —que hemos denominado causabilidad— obliga al metafísico a tener que replantearse radicalmente su estructura, porque los principios que la sustentan, fundamentalmente aristotélicos, han sufrido una evidente transformación, a no ser que se opte por una interpretación aristotelizante de Tomás de Aquino o una aquinización (tradicionalmente llamada “cristianización”) de Aristóteles, que introduciría un evidente factor de confusión. Si seguimos la lógica de las notas anteriormente descritas, nos daremos cuenta de que es precisamente la metafísica que estructura la causalidad aristotélica la que reclama un cambio de estatuto para la causalidad tomasiana. Porque de la misma manera que la !losofía del ser de Tomás de Aquino supone un nuevo estatus para la comprensión metafísica del acto y de las relaciones que de él se derivan32, puesto que la causa es solidaria respecto del acto, de igual modo este nuevo estatus del acto implicará un nuevo estatus también para la causa. Dicho de otra forma, si como hemos mostrado, la causa se funda en el acto, la determinación de la naturaleza del acto, o sea, nuestra comprensión metafísica del valor del acto, determinará así mismo el signi!cado metafísico de la causalidad. 32 Cf. Gustav SIEWERTH, Der Thomismus als Identitätssystem (Gesammelte Werke 2), Düsseldorf, Patmos Verlag, 1979, 104. MANUEL ALEJANDRO SERRA PÉREZ172 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 Naturalmente que este nuevo estatus presupone un reconocimiento pleno y neto de la originalidad que la noción de acto tiene para Tomás de Aquino, así como del signi!cado que éste juega en la participación. Esta cuestión no es baladí y tampoco deberíamos darla por sentada. Como ha repetido Gilson hasta la saciedad33, una hermenéutica que no reconoce con todas sus consecuencias la distinción entre esencia y esse, se aleja irremediablemente de la !losofía del Aquinate, y a juicio de algunos comentaristas, no todos los que se profesan defensores de esta enseñanza consiguen mantenerla, bien porque no llegan a entenderla en su debido sentido34 bien porque parten de una idea ofuscada del esse35. No casualmente de aquí se desprende la controversia sobre la que querríamos discutir en esta sede. El dominico canadiense Lawrence Dewan, desde una interpretación acusadamente aristotelizante, sostiene que, en la metafísica de Tomás de Aquino, el rol causal pertenece a la esencia y no al esse: “A la función de la esencia yo la llamaría el rol causal”36. Sólo en el orden transcendental, que es el de la causa e!ciente divina, se da una causalidad del esse37, en virtud de su condición de purum Esse, mientras que en el orden creado, el esse es causa sólo en el orden de la causalidad formal38. Para probar esto, el !lósofo canadiense recuerda que Tomás de Aquino es claro al respecto cuando a!rma que “Dios crea el esse natural sin mediación de ninguna causa agente, pues el principio del esse natural es la causa formal” (De Ver., q. 27, ad 3). 33 Cf. Étienne GILSON, “Éléments d’une métaphysique thomiste de l’être”, Archives d’Histoire DoctrinaleetLittéraire du Moyen Âge 40 (1976) 12 (7-36). 34 Cf. Eudald FORMENT, Persona y modo substancial, Barcelona, PPU, 1983. 35 Cf. Cornelio FABRO, “L’obscurcissement de l’esse dans l’école thomiste”, Revue Thomiste 58 (1958) 443-472. 36 Lawrence DEWAN, Lecciones de Metafísica. Introducción y edición dirigida por Liliana Irizar. Traducción de Carlos Domínguez y Liliana Irizar, Colombia, Fondo de Publicaciones de la Universidad Sergio Arboleda, 2009, 130. 37 Cf. Lawrence DEWAN, “Gilson and the Actus Essendi”. Études Maritainiennes / Maritain Studies 15 (1999) 95 (70-96), https://doi. org/10.5840/maritain1999155. 38 Cf. DEWAN, “Gilson”, 94. ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 FUNDAMENTACIÓN METAFÍSICA DE LA CAUSALIDAD EN TOMÁS DE AQUINO: CUESTIONES ABIERTAS 173 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 Esta consideración formalista tiene su origen en varios motivos. Uno es que, a causa de esa lectura aristotelizante, se niega a aplicar debidamente la lógica de acto y potencia entre forma y esse, lo que le conduce a no distinguirlos in recto39. Otro, relacionado con el anterior, es que dicho formalismo tiende a vaciar el signi!cado de la actualidad del esse convirtiéndolo en la simple posición de la esencia40, es decir, que esta posición es la actualidad de la esencia, por lo que esta actualidad se reduce a la mera efectividad en que consiste dicha posición, que no es más que el paso de la posibilidad a la realidad, o como máximo el estar fuera de (extra) las causas (nihil). Este motivo tiene enorme importancia porque supone una versión completamente diferente de la !losofía tomista. Su raíz se encuentra en la interpretación que la escuela dominicana ha venido haciendo de la actualidad del esse desde su inicio, aunque recientemente se ha volcado todo el peso de su sistematización en un personaje, Tomás de Vio, más conocido como Cayetano. En efecto, el cardenal de Gaeta entiende el ente como un todo perfectamente constituido por el acto formal. Para él, la esencia lo enriquece con todas las perfecciones necesarias, menos con la única de que carece, el estar puesta en el estado de existencia actual, lo que el gaetano llama esse actualis existentiae o ser de existencia actual, distinto de otro supuesto esse, el esse essentiae, fórmulas utilizadas por Enrique de Gante, mas nunca por Tomás de Aquino. Esta para algunos arti!ciosa articulación, ajena por completo a la letra del 39 Cf. Alfonso GARCÍA MARQUÉS, “¿Hay una progresiva comprensión del actus essendi en Tomás de Aquino?”, en Manuel A. SERRA PÉREZ (ed.), La cualidad metafísica del ser respecto a la forma. Estudio de la crítica de L. Dewan a É. Gilson, Pamplona, Eunsa, 2021, 66-67 (49-72); Juan J. HERRERA, “Dewan contra Gilson. Sobre la relación entre essentia y esse”, en Manuel A. SERRA PÉREZ (ed.), La cualidad metafísica del ser respecto a la forma. Estudio de la crítica de L. Dewan a É. Gilson, Pamplona, Eunsa, 2021, 161-162 (131-167). 40 Cf. FABRO, “L’obscurcissement”, 445; FORMENT, Persona, 379; Alain CONTAT, “La constitución del ente en el tomismo contemporáneo: Tomas Tyn, Johann Baptist Lotz y Cornelio Fabro”, Dios y el hombre 3 (2019) 1-68, https://doi.org/10.24215/26182858e050. MANUEL ALEJANDRO SERRA PÉREZ174 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 Aquinate41, justi!ca esa lectura con la que, la escuela dominicana, acaba bifurcando la fuente de la perfección entitativa en un doble bloque estanco e incomunicado, el de essentia y esse, siendo a !n de cuentas la primera el vértice fontal de la perfección y el segundo el que le con!ere esta última y más importante perfección, el existir42. Desde este paradigma hermenéutico cayetanista lee L. Dewan el fragmento del De Veritate. Dios crea el esse sin mediación alguna más que por su forma, por tanto, al esse le corresponde el rol causal sólo en la causalidad e!ciente divina, pero no al esse creado, el cual sin embargo es recibido por una forma que le hace de receptora y, en este sentido, su causa (formal). Ella recibe al esse en la substancia porque, como hemos señalado, la única perfectividad que comunica la actualidad del esse es la de hacer existir a esta esencia directamente creada por la causalidad divina, por tanto, constituida en su propia perfección por sí misma, o sea, en cuanto esencia. No en vano, algunos que siguen la estela del canadiense, llegan a dar un giro radical al tenor de la enseñanza de Tomás haciendo que sea la esencia, y no el esse, quien da la medida de perfección de la participación, como Martín Echavarría43, o el norteamericano Stephen Brock44. En consecuencia, la perfección del esse de la que habla Tomás de Aquino está totalmente incomunicada con la esencia. La di!cultad de tematizar el contenido del esse hace pensar en la sugestiva tentación de esencializarlo o abstraerlo, sobre todo para quienes aplican las tesis del dominico canadiense. 41 Cf. Bruno PINCHARD, Métaphysique et sémantique, autour de Cajétan, Paris, Vrin, 1987, 168; Ceferino MUÑOZ, “Notas sobre el primum cognitum en Cayetano y su vínculo con la metafísica”, Anales del Seminario de Historia de la Filosofía 32 (2015) 139 (127-142), https://doi.org/10.5209/ rev_ASHF.2015.v32.n1.48682. 42 Cf. Christian FERRARO, “La interpretación del esse en el tomismo intensivo de Cornelio Fabro”, Espíritu 66/153 (2017) 26-27 (11-70). 43 Cf. Martín ECHAVARRÍA, “Virtud y ser según Tomás de Aquino”, Espíritu 58/138 (2009) 25 (11-36). 44 Su última publicación donde expone esta línea interpretativa del tomismo: Stephen L. BROCK, La filosofía del santo Tomás de Aquino, Madrid, Encuentro, 2025. ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 FUNDAMENTACIÓN METAFÍSICA DE LA CAUSALIDAD EN TOMÁS DE AQUINO: CUESTIONES ABIERTAS 175 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 Es el caso, por ejemplo, de R. Te Velde45, el cual al concebir la actualidad del esse como un contenido abstracto opuesto al formal que proporciona el contenido concreto, acaba con esta tensión identi!cando sin más el esse con su resultado (el esse substantialis o esse essentiae). No hay un esse abstracto distinto del esse concreto de la substancia. Por tanto, “ser”, sin más, es ser tal o cual cosa46, por lo que simplemente se está repitiendo lo que ya había dicho Aristóteles47. La tensión ha sido eliminada. La esencia no debe en ningún sentido su perfección al esse, porque lo que participa de él es la perfección del existir, mas no su perfección formal-esencial. De todo lo cual se desprende que, efectivamente, vistas así las cosas, el quid del fundamento causal recaiga en la esencia y no en el esse. Hay que advertir, con todo, que para entender así las fórmulas de Tomás, Dewan y sus seguidores están dando la espalda a los innumerables pasajes donde el Doctor Común explica la relación de fundamentación que la perfección esencial tiene respecto del esse48. Baste uno de ellos, escrito en plena madurez49: “El primer efecto de Dios en las cosas es su mismo esse, el cual es presupuesto por todos los demás y sobre el cual están fundados” (Comp. theol., I, c. 68). 45 Cf. Rudi TE VELDE, Participation and Substantiality in Thomas Aquinas, New York, NY, Brill, 1995, 77, https://doi.org/10.1163/9789004452213. 46 Cf. Rudi TE VELDE, “Tomás de Aquino acerca del ser. ¿Perfección y/o existencia?”, en Liliana IRIZAR – Tamara SAETEROS (eds.), La fascinación de ser metafísico. Tributo al magisterio de Lawrence Dewan, O.P., Colombia, Fondo de Publicaciones de la Universidad Sergio Arboleda, 2015, 228 (227-254). 47 Cf. GARCÍA MARQUÉS, “¿Hay una progresiva?”, 67. 48 Respecto a lo que dice Bastit de que “Aristóteles propone así un análisis muy fructífero del que conviene medir toda la profundidad y el aporte positivo, antes que subrayar los límites del mismo para luego oponerle a Santo Tomás” (BASTIT, “Ce qui pour”, 45), más que límites, podría hablarse de una interrelación con elementos comunes que, sin embargo, no pueden ocultar las diferencias, como la que hay entre una causalidad motriz y otra propiamente del ser. Cf. Enrico BERTI, “La !nalità in Aristotele”, en Franco FERRARI (ed.), Nuovi Studi Aristotelici. II – Fisica, antropologia e metafísica, Brescia, Morcelliana, 1990, 232 (7-44). 49 Cf. Jean Pierre TORREL, Iniciación a Tomás de Aquino, Pamplona, Eunsa, 2002, 183. MANUEL ALEJANDRO SERRA PÉREZ176 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 Dewan y sus seguidores han criticado a quienes querían recuperar el justo valor del esse en la tradición tomista, proponiendo una quasi identi!cación entre essentia y esse50. Hasta se ha llegado a pretender que el tomismo sea una exaltación de la virtud de la esencia, como Héctor Ferreiro51, recurriendo a interpretaciones del todo extravagantes, en la opinión de algún investigador52. Pero si buscamos el sentido de estos textos a la luz del marco de la participación transcendental, que es el de Tomás de Aquino, nos daremos cuenta de que, a diferencia de lo que cree Dewan, lo que dice Tomás de Aquino es que no hay mediación alguna entre la causa e!ciente divina y el esse, no entre la causa e!ciente divina y el ente, que son dos cosas distintas53. Al desconocer la solidaridad entre causa y acto y al haber vaciado la cualidad intensiva de la actualidad del esse participado reduciéndolo a la existencia actual, Dewan ha perdido de vista el papel que juega la participación del esse54 y, en consecuencia, su rol causal, pues la causalidad se funda en la participación, y ésta en la donación del ser, de donde se deduce que es la recta comprensión del valor de la actualidad del esse y su valor fundante total, lo que da la clave hermenéutica tanto de la participación como de la causalidad. 50 Cf. Lawrence DEWAN, Form and Being. Studies in Thomistic Metaphysics (Studies in Philosophy and the History of Philosophy 45), Washington, D.C., The Catholic University Press, 2006, 11, recurriendo a interpretaciones del todo extravagantes. Cf. FERRARO, “La interpretación”, 27, nota 30. 51 Cf. Héctor FERREIRO, “La absolutización de la esencia como axioma fundamental de la metafísica tomista”, en Héctor FERREIRO (ed.), Siete ensayos sobre la muerte de la metafísica. Una introducción al idealismo absoluto a partir de la ontología, Porto Alegre, Editora Fi, 2016, 28 (19-43). 52 Cf. FERRARO, “La interpretación”, 27, nota 30. 53 Cf. Manuel Alejandro SERRA PÉREZ, “Articulación entre la causalidad divina y la causalidad del ser creado en Tomás de Aquino”, Revista de Filosofía Unisinos 24/1 (2023) 8 (1-12). 54 Cf. Peter A. REDPATH, “La composición real de essentia y esse en Tomás de Aquino: Análisis de textos. Segunda parte”, en Manuel A. SERRA PÉREZ (ed.), La cualidad metafísica del ser respecto a la forma: Estudio de la crítica de Lawrence Dewan a Étienne Gilson, Pamplona, Eunsa, 2021, 234 (202-236). ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 FUNDAMENTACIÓN METAFÍSICA DE LA CAUSALIDAD EN TOMÁS DE AQUINO: CUESTIONES ABIERTAS 177 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 Así pues, es cierto que, entre el acto creador del esse y el esse mismo, no media agente alguno, pero no así entre el acto creador por el que la causalidad e!ciente educe el esse y el ente por él constituido, dado que la nota central de la participación, sobre la que se funda a su vez la causalidad, es que “el ente no es por el Esse divino, sino por su propio esse” (Tomás de Aquino, Sum. theol., I, q. 6, a. 4, sed contra)55. La causalidad e!ciente divina crea el ente a través de la mediación del esse participado, que hace así de intermediario de esta causalidad e!ciente o mediador transcendental de la misma, expresiones ambas procedentes de las lúcidas reflexiones del flumignano Cornelio Fabro56. Luego no sólo es que el esse posee un valor causal, sino que, en virtud de su condición de acto puro participado (cf. Tomás de Aquino, Comp. theol., I, c. 18), en tanto que la causa se funda en el acto, el esse ostenta el rol causal como mediador transcendental de la causalidad e!ciente divina sobre el ente. Si la participación funda la causalidad y ambas se fundan en el esse, no es por otra cosa que por el hecho de que éste consiste en ser acto puro participado, ya que es en el valor metafísico del acto donde se funda toda perfección y comunicabilidad posibles. No podría expresarse esto mejor que como lo hace Á. L. González: “Decir que la imperfección proviene y tiene su causa en la perfección es remitir la causa al acto de ser, pues la perfección es el acto, y la perfección de las perfecciones es el acto de ser”57. Tenemos así la doble razón metafísica por la que la causa se funda en la participación y ambas en el signi!cado del acto, y puesto que en Tomás de Aquino, el esse representa la virtud fontal de toda actualidad por su condición de acto puro participado respecto del Esse divino, el esse es, en la !losofía del Aquinate, el fundamento primero y último del orden entitativo integral. 55 Cursivas nuestras. 56 Cf. FABRO, Partecipazione, 202; 246-247; 337; 441; 442; 643. 57 Ángel Luis GONZÁLEZ, Ser y participación, 3ª ed., Pamplona, Eunsa, 2001, 238. Pueden añadirse también: Sum. theol., I, q. 75, a. 5, ad 4; De Pot., q. 7, a. 2, ad 9; Comp. theol., I, c. 68; In VI Metaph., lect. 3; C.G., II, c. 22; Quodlib., XII, q. 5, a. 5; De div. nom., c. 13, lect. 13, n. 989. MANUEL ALEJANDRO SERRA PÉREZ178 ISSN: 1131-7027 ISSN-e: 2660-7743 https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1058 ISIDORIANUM 34/2 (2025) 155-178 5. CONCLUSIONES En este trabajo se ha pretendido sencillamente mostrar la expresividad que subyace tras la lógica del acto en la metafísica tomasiana del esse con relación a la noción de causalidad. La causa se funda en el acto o en relación con el acto, de lo que se deduce que cada sistema !losó!co tendrá una intuición de lo que es la causa en paralelo a la que tenga de lo que es el acto. En la ontología aristotélica, esta implacable estructura de la relación entre acto y causa cristaliza en la forma como expresión de la cualidad intensiva del acto. Como núcleo de la ratio perfectionis, la forma causa el ser de la substancia y, en consecuencia, el devenir de los entia. En la !losofía del !lósofo dominico, el sustrato ontológico de esta estructura permanecerá intacto, pero la nueva cosmovisión desde donde éste contemplaba el mundo, le hizo proyectar una nueva comprensión metafísica de la realidad. Esta nueva estructura, amalgamada en la tríada “creación, participación y causalidad”, tenía en la Causa e!ciente suprema su primera y última razón fontal, sin embargo, con el !n de salvar la difícil tensión entre la libertad divina y la autonomía de las criaturas, el Aquinate acuñó la fórmula perfecta mediante la donación de una participación de la plenitud de su propio esse. Así, la máxima expresión de la perfección y la perfectividad en el orden creado tendrá como fuente y como mediador de aquella donación emanada del acto creador al esse, en virtud de su condición de acto puro participado. A pesar de que algunos autores, como L.-B. Geiger y Dewan, siguiendo a Capreolo y Cayetano, se aferran a una lectura esencialista de la metafísica del Aquinate, los estudios que desde hace más de medio siglo se vienen aportando, a nuestro modo de entender muestran claramente que forma y ser no están en una jerarquía paralela, ni tampoco su actualidad puede especi!carse o limitarse a la existencia actual de la esencia, so pena de vaciar la virtud perfectiva fontal que le otorga Tomás de Aquino.