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Academiae Mathematicae Oropesani Collegii. The first Jesuit Academy of Mathematics in Spain (ca.1610-1614)

Leitão, Henrique; Moreno Madrid, José María

Abstract

The teaching of mathematics by the Society of Jesus in Spain was officially institutionalized in the Imperial College of Madrid in 1625. However, about a decade before, a brief teaching experiment regarding this topic took place at the San Bernardo College, in Oropesa (Toledo). There, an Academy of Mathematics led by the Dalmatian Jesuit Ivan Ureman operated, although only for two or three years and in an eminently informal manner. The aim of this article is to unravel the particularities of this singular experience, contextualizing it in the educational practices of the Society of Jesus during the Modern Age. A manuscript of the Royal Library of the Monastery of San Lorenzo del Escorial coming from the San Bernardo College will be the main source for the study. It consists of a compilation of scientific compendia of various kinds that would have been used to instruct the students of the college. One of the compendia is, in fact, the only scientific text attributed to Ivan Ureman that has survived to the present day.

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Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 292 Academiae Mathematicae Oropesani Collegii. La primera Academia jesuita de Matemáticas en España (ca.16101614)1* Academiae Mathematicae Oropesani Collegii. The first Jesuit Academy of Mathematics in Spain (ca.1610-1614) Henrique Leitão e-mail: [email protected] Universidade de Lisboa, Portugal José María Moreno Madrid e-mail: [email protected] Universidade de Lisboa, Portugal Resumen: La enseñanza de las Matemáticas a cargo de la Compañía de Jesús en España quedó oficialmente institucionalizada en el Colegio Imperial de Madrid a partir de 1625. Sin embargo, alrededor de una década antes tuvo lugar un breve experimento docente de esta materia en el Colegio de San Bernardo de Oropesa (Toledo). Allí funcionó, durante dos o tres años y de manera eminentemente informal, una Academia de Matemáticas dirigida por el jesuita dálmata Ivan Ureman. El objetivo de este artículo es desentrañar las particularidades de esta singular experiencia, contextualizándola en las prácticas educativas de la Compañía de Jesús durante la Edad Moderna. Se utilizará como fuente principal un manuscrito conservado en la Real Biblioteca del Monasterio 1 * La investigación conducente a estos resultados ha sido financiada por el European Research Council (ERC), en el marco del programa de investigación e innovación European Union’s Horizon 2020 (grant agreement No. 833438). Proyecto «RUTTER: Making the Earth Global: Early Modern Nautical Rutters and the Construction of a Global Concept of the Earth». Los autores agradecen a Francisco Malta Romeiras sus comentarios y sugerencias para mejorar el borrador del texto. También agradecen Mauro Brunello (ARSI) su disponibilidad para acceder a algunos documentos necesarios para el artículo. Cómo referenciar este artículo / How to reference this article Leitão, H., & Moreno Madrid J. M. (2024). Academiae Mathematicae Oropesani Collegii. La primera Academia jesuita de Matemáticas en España (ca.1610-1614). Espacio, Tiempo y Educación, 11(1), pp. 292-312. doi: http://dx.doi.org/10.14516/ete.11117 Academiae Mathematicae Oropesani Collegii. La primera Academia jesuita de Matemáticas en España (ca.1610-1614) 293 Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 de San Lorenzo del Escorial, proveniente del Colegio de San Bernardo, y que consiste en una compilación de compendios científicos de diversa índole que habrían sido empleados para instruir a los colegiales oropesanos. Uno de ellos es, de hecho, el único texto científico atribuido a Ivan Ureman que ha sobrevivido hasta nuestros días. Palabras clave: Compañía de Jesús; Matemáticas; Colegio de San Bernardo; Oropesa; Ivan Ureman; Edad Moderna. Abstract: The teaching of mathematics by the Society of Jesus in Spain was officially institutionalized in the Imperial College of Madrid in 1625. However, about a decade before, a brief teaching experiment regarding this topic took place at the San Bernardo College, in Oropesa (Toledo). There, an Academy of Mathematics led by the Dalmatian Jesuit Ivan Ureman operated, although only for two or three years and in an eminently informal manner. The aim of this article is to unravel the particularities of this singular experience, contextualizing it in the educational practices of the Society of Jesus during the Modern Age. A manuscript of the Royal Library of the Monastery of San Lorenzo del Escorial coming from the San Bernardo College will be the main source for the study. It consists of a compilation of scientific compendia of various kinds that would have been used to instruct the students of the college. One of the compendia is, in fact, the only scientific text attributed to Ivan Ureman that has survived to the present day. Keywords: Society of Jesus; Mathematics; San Bernardo College; Oropesa; Ivan Ureman; Modern Age. Received: 04-03-2022 Accepted: 03-05-2024 1. Oropesa, escenario improbable De fundación incierta, aunque presumiblemente prerromana (Villar, 1995, p. 205; Sánchez-Moreno, 2007, p.128) Oropesa –actual municipio de Oropesa, en el término provincial de Toledo– fue población romana (Mangas, 2012, p. 204) antes de caer en manos árabes, siendo reconquistada hacia finales del siglo XI (Herrera Casado, 2002, p. 248). El gran punto de inflexión de su historia medieval podría situarse en 1366, cuando Enrique II decidió conceder la villa a Don García Álvarez de Toledo (Javierre, 1996, p. 148; Franco Silva, 1996, p. 140). Se iniciaba, de este modo, una relación de más de cuatrocientos años entre dicho apellido y la población oropesana. Sabemos que en el siglo XVI pertenecía al obispado y provincia eclesiástica de Ávila (González Angulo, 2017, p. 25; Camacho Cabello, 1997, p. 163), y que contaba, para finales de dicha centuria, con 479 habitantes y «una sola pila» (González, 1829, p. 193). Su ubicación, en la parte más occidental de la actual provincia de Toledo, la situaba relativamente distante de las principales urbes de la época. Hasta aquí nada parece diferenciar a Oropesa de otras poblaciones castellanas del interior que, bajo el amparo de una u otra familia nobiliaria, intentaban sobrevivir a las vicisitudes propias del Medievo y la Edad Moderna.2 Sin embargo, 2 El patronazgo de los Álvarez de Toledo dotó a Oropesa de algunas de sus edificaciones más insignes, las cuales han pervivido hasta nuestros días en diversos estados de conservación. Especial mención merecen el castillo (véase Cooper, 1991, pp. 940–943; Herrera Casado, 2002, pp. 246–254), el Palacio Nuevo o Palacio de los Álvarez de Toledo (véase Marías, 1986, p. 198), la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción (véase Marías, 1986, p. 193) y la iglesia y colegio de San Bernardo y el hospital de San Juan Bautista, los cuales serán comentados más detalladamente en el texto. Henrique Leitão / José María Moreno Madrid Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 294 desde la década de 1570, Oropesa contaba con un factor diferencial de lo más llamativo: presencia activa de la Compañía de Jesús. La razón por la que la orden ignaciana –habitualmente ligada a núcleos urbanos de mayor entidad– aceptó instalar algunos de sus religiosos en esta pequeña localidad fue, precisamente, la insistencia de los Álvarez de Toledo. Según Antonio Astraín, todo comenzó en 1563, cuando Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa (ca.1500-1558), III Conde de Oropesa, dirigió a la Societas Iesu varias súplicas y propuestas de establecer una fundación jesuita en su feudo (Astraín, 1905, p. 241). El lector atento habrá observado que la fecha de defunción del conde no da lugar a que dichas cartas se enviaran entrada la década de 1560, por lo que o bien fueron remitidas con anterioridad, o bien fueron escritas por otra mano. Sea como fuere, no cabe duda que ya Fernando Álvarez de Toledo deseaba acercar la Compañía de Jesús a Oropesa.3 A las aspiraciones de Fernando se unió rápidamente su hermano Francisco Álvarez de Toledo (1515-1582), igualmente devoto de la orden ignaciana, y convencido de los beneficios que esta llevaría a su tierra natal. La implicación de Francisco en la iniciativa de los Álvarez de Toledo fue decisiva para desequilibrar la balanza a favor de los intereses de la familia. Si bien es cierto que Fernando Álvarez de Toledo y sus descendientes ostentaban un nada desdeñable título de conde, Francisco había sido hombre de confianza de Carlos V hasta su muerte,4 y desde entonces había servido a Felipe II en calidad de mayordomo; como colofón a su notable carrera al servicio de la Monarquía Hispánica, fue nombrado virrey del Perú en 1568. Era un currículum que ni siquiera la Compañía de Jesús podía desestimar. Así, Francisco Álvarez de Toledo resolvió fundar en Oropesa un Collegio-Seminario de jóvenes hábiles, que se criassen en toda virtud, y en las ceremonias, y ritos ecclesiasticos, con la Advocación de San Bernardo, para que se formassen, y saliessen doctos, y virtuosos clérigos. Y pareciéndole, que para la buena educacion, y enseñança de estos Collegiales-Seminaristas en letras y virtud, sería muy a proposito la Compañía de Jesús: determinó también fundarnos alli un Collegio, que se encargasse de su Seminario (Alcázar, 1710, p. 275). Para decepción del virrey, surgieron algunos «embarazos difficiles de allanar», que impidieron que la fundación oficial se concretará a finales de la década de 1560; en compensación, la Compañía tomó el medio término de que viviessen desde ahora en Oropesa veinte de los nuestros, en forma de Collegio, a los quales se diesse el sustento necessario, 3 Bartholome Alcázar (1710, p. 274) también se refiere que «Don Fernando Álvarez de Toledo, Quarto Conde de Oropesa, Señor de conocida virtud en estos Reynos de España, siendo por extremo devoto de la Compañía, deseó tener cabe si algunos de los nuestros». 4 De hecho, fue cuando estuvo en Alemania acompañando a Carlos V que percibió «de quanto provecho sean los Seminarios de Clerigos honestos, para la reducción de los Hereges, y reformacion de el Clero» (Alcázar, 1710, p. 275). Academiae Mathematicae Oropesani Collegii. La primera Academia jesuita de Matemáticas en España (ca.1610-1614) 295 Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 para que acudiessen a los ministerios ordinarios, que según su profession acostumbra la Compañía; y en particular a enseñar las lenguas Latina, Griega, y Hebrea, a los Collegiales, que ya avia, y a los que en adelante huviesse (Alcázar, 1710, p. 275). Era enero de 1570, y Francisco Álvarez de Toledo había conseguido finalmente llevar la Compañía de Jesús a Oropesa. Al año siguiente, el Colegio iniciaba su curso lectivo impartiendo aulas de Retórica, Latinidad, Griego y Hebreo, que corrieron a cargo de los Padres Hernando Lucero, Luis Gómez, Pedro de Viana y Gaspar Sánchez (Alcázar, 1710, p. 276). Durante doce años se mantuvo operativo el Colegio, hasta que las presiones del virrey Toledo para magnificar y formalizar la fundación acabaron por empujar a los jesuitas fuera de Oropesa. Las exigencias que espantaron a la Compañía pueden leerse en el testamento del virrey, registrado a 14 de noviembre de 1578 en la Ciudad de los Reyes. En él explica con detalle su deseo de que se erija formalmente un Colegio de San Bernardo, que daría acogida a treinta y tres escolares de edades comprendidas entre los doce y los diecisiete años –o entre los diez y los veinte para los hijosdalgo (Sánchez González, 2009, pp. 35-36). Además del colegio se proyectó también la erección de una iglesia de idéntica advocación, y la refundación del ya existente hospital de San Juan Bautista (Sánchez González, 2009, p. 122). La magnitud de la empresa conminó al virrey a hacer de su testamento una auténtica carta fundacional para cada una de estas edificaciones; en el caso del colegio, tal documento explicitaba cuestiones tan diversas como las condiciones de acceso y selección de escolares, avatares económicos, reglas de conducta e indumentaria, jerarquía y ocupaciones de los religiosos, etc.5 Como resultado de esta política impositora, el colegio cerró sus puertas en 1582. Así relata Antonio Astraín las abusivas condiciones atribuidas a los jesuitas afincados en Oropesa: La causa de cerrarse fueron las durísimas condiciones que nos quería imponer el fundador, D. Francisco de Toledo. Según ellas, debíamos cuidar de un hospital donde había 24 camas para mendigos,6 acudir a las procesiones, rezar el oficio cierto día en el coro con siete capellanes del Conde, salir a misiones, visitar la cárcel y cuidar de cierto convictorio. Sobre esto, el mismo D. Francisco había señalado el número de los Nuestros que debían residir en Oropesa, todo con cláusulas tan urgentes y premiosas que era imposible observarlas (Astraín, 1909, p. 232, n.4). El mismo año de 1582 fallecía Francisco de Toledo, dejando en herencia la cuestión jesuítica a su sobrino Juan Álvarez de Toledo y de Monroy, IV Conde de Oropesa. Durante los siguientes veinte años se afanó el conde en cumplir las últimas voluntades de su tío, lidiando con problemas económicos y desavenencias con la 5 Para más información sobre aspectos fundacionales y administrativos del colegio, iglesia y hospital véase Sánchez González (2009, pp. 35–93; 114-131). 6 Se refiere al primer hospital de San Juan Bautista, situado extramuros de la villa y fundado en 1562 a imitación del Tavera toledano (Marías, 1986, p. 198). Henrique Leitão / José María Moreno Madrid Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 296 Compañía de Jesús7– algunas de ellas relacionadas con las materias a impartir y el número de religiosos adscritos a la fundación. Haciendo gala de una actitud más conciliadora (Astraín, 1909, p. 232, n.4), Juan Álvarez de Toledo consiguió traer de vuelta a los jesuitas en 1590, reactivándose nuevamente la actividad educativa; también en esa década comenzaron las obras para levantar un Colegio y una iglesia de San Bernardo de nueva planta, apareciendo ligados a su construcción nombres tan ilustres como el de Juan de Herrera o Francisco de Mora.8 A pesar de los evidentes avances conseguidos bajo el amparo del Conde, el breve necesario para poner oficialmente en marcha el colegio no se emitió hasta el 9 de octubre de 1600 (Sánchez González, 2009, p. 92). Treinta años habían pasado desde que la primera partida jesuita arribó a Oropesa, y veintidós desde que Francisco de Toledo recogiese en su testamento su intención de que la Compañía se asentase allí de manera oficial y reconocida. En dicha otorgación de 1578 se cuidó también el virrey de regular todo lo que atañía a la vertiente educativa de la fundación. Indicaba, en términos generales, que la formación académica de los escolares se extendería a lo largo de diez años: tres de ellos dedicados al aprendizaje de Gramática y Latinidad; tres más al curso de Artes, y cuatro al estudio de la Teología (Sánchez González, 2009, p. 38). Los responsables de dicha formación serían siete de los veinticuatros religiosos de la Compañía que habitarían el colegio, repartidos de la siguiente manera: tres lectores para impartir Gramática y Latinidad «de menores, meridianos y mayores»; tres más para el curso «de artes de súmulas, lógica y filosofía», y un último lector dedicado a la enseñanza de la teología escolástica (Sánchez González, 2009, p. 42). Con algo más de especificidad apuntaba después que los colegiales se dividirían en dos colegiaturas, siendo la primera habilitante para acceder a la segunda: Colegiatura de San Bernardo –de tres años y medio en los que se incluían seis meses de prueba– y Colegiatura de San Pedro, orientada a la formación de sacerdotes, que podía extenderse hasta la edad impuesta para la ordenación.9 Pero las directrices del virrey Toledo en materia docente encontraron, más pronto que tarde, trabas para desarrollarse como se había estipulado. Mientras que las Escuelas de Gramática y Latinidad y la de Artes iniciaron sus andaduras sin mayores contratiempos (Sánchez González, 2009, pp. 95-97), la carga lectiva concedida a los estudios de Teología era cuestionada por los religiosos de Oropesa, 7 Véase Sánchez González (2009, pp. 76-93). 8 Sobre la construcción y análisis artístico del colegio, iglesia y hospital véase Marías (1986, pp. 194–200) y Cervera Vera (1990). 9 Las condiciones impuestas para superar los seis meses de prueba de la Colegiatura de San Bernardo sugieren cierto nivel de exigencia académica con los nuevos colegiales, más allá de la habitual limpieza de sangre. Por ejemplo, se advertía que debían «saber leer y escribir y tener habilidad para las letras que aquí se enseñan», así como probar que no tenían «rudeza para aprender». Aún más expeditivo se mostraba el virrey cuando recordaba a los futuros escolares que «por muchas razones están obligados a ser los mejores estudiantes de todas las escuelas», que debían «aparejar las lecciones y oírlas con mucha atención y repetirlas con diligencia». Las ausencias a las lecciones se penaban retirando la porción de comida correspondiente al día siguiente, y la impuntualidad acarreaba también algún tipo de sanción. Además, era obligatorio hablar latín en todo momento a excepción de las «horas de recreación» (Sánchez González, 2009, pp. 47; 57-58; 71-72). Academiae Mathematicae Oropesani Collegii. La primera Academia jesuita de Matemáticas en España (ca.1610-1614) 297 Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 juzgándola estos escasa para una disciplina de tal importancia. Sobre esta controversia se pronunció el mismísimo Luis de la Palma, sugiriendo incluso que la implantación de estos estudios en el colegio de San Bernardo no se antojaba una necesidad imperiosa al ser accesibles en Alcalá, Murcia, Toledo o San Clemente, así como por no disponer Oropesa de lectores competentes; los colegiales, por su parte, argüían que la inexistencia de este curso los empujaba a abandonar la enseñanza una vez culminaban los seis años de Gramática y Artes. Del lado de estos últimos se situaba también el conde de Oropesa –Don Fernando Álvarez de Toledo Portugal–, que consideraba la Teología una materia necesaria para completar la formación de los escolares. La polémica acabó por zanjarse en fecha inexacta del siglo XVII, convirtiéndose los estudios teológicos en parte del currículo educativo de la institución jesuítica (Sánchez González, 2009, pp. 94-95). Dicho currículo lo completó, desde 1629, una Escuela de Primeras Letras, creada bajo los auspicios de la condesa Mencía de Pimentel Zúñiga. Así pues, las materias aquí referidas constituyeron, supuestamente, la totalidad de las disciplinas impartidas en el colegio de San Bernardo de Oropesa desde su creación hasta su abandono en 1767 (Sánchez González, 2009, p. 97).10 Nada parece sugerir que hubiera existido en esta institución un curso de matemáticas o de alguna disciplina científica similar. El inventario de los libros conservados en la biblioteca del colegio también apunta en esta dirección, afirmando Sánchez González que deja «poca concesión a la ciencia» (Sánchez González, 2009, p. 111).11 Tras un análisis más meticuloso, reafirmaba el mismo autor que «lo que convencionalmente se entiende por ciencias tiene una representación muy insignificante», aunque matizaba que eran las matemáticas las que dejan una mayor huella, ya sea la aritmética, la geometría u otras disciplinas estrechamente vinculadas a los números, en especial la astronomía pues frecuentemente es cultivada de forma conjunta con las matemáticas (Sánchez González, 2011, p. 64). Si bien la presencia de múltiples obras de referencia para el estudio de las matemáticas en la biblioteca del colegio12 no prueba por sí misma la existencia de un curso dedicado a tal materia, invita a sospechar que pudo haberse desarrollado en la institución oropesana alguna iniciativa relacionada con la disciplina. Un manuscrito anónimo, sin título ni fecha, conservado en la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial con la signatura K-III-19, viene a confirmar estas sospechas. 10 Así fue recogido en el Catastro de Ensenada de Oropesa, compilado en 1751. 11 Resalta el autor, sin embargo, que albergaba una «gran cantidad de libros de Medicina, con autores tan consagrados como Avicena, Galeno, Vesalio, Andrés Laguna, Mercado». 12 Se registran hasta doce obras de Cristóbal Clavio, cinco de las cuales corresponden a su Operum Mathematicorum (Maguncia, 1612); Mathematicii (Nuremberg, 1544), de Juan Regiomontano; Aritmética práctica y especulativa (Madrid, 1609), de Juan Pérez de Moya; Elementos mathemáticos (Madrid, 1706), de Pedro de Ulloa; Aritmética (Barcelona, 1565), de Antich Rocha de Gerona; Geometría de Euclides (Sevilla, 1576), de Rodrigo Zamorano; Instrumentos nuevos de Geometría (Madrid, 1606), de Andrés García de Céspedes, y Pharus scientiarum (Lyon, 1659), de Sebastián Izquierdo (Sánchez González, 2011, p. 64). Henrique Leitão / José María Moreno Madrid Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 298 Se trata de una compilación de textos científicos de diversa índole que, como ya notó Guillermo Antolín (1911, p. 535), provendrían del colegio de Oropesa.13 La importancia de este manuscrito –que no es en absoluto desconocido14– ha pasado desapercibida para historiadores e historiadores de la ciencia en particular, que hasta la fecha no se han detenido a explorar el contenido y relevancia del códice con la atención que merece; especialmente después de que Ugo Baldini (2013, p. 74, n. 65), aun desconociéndolo, advirtiera que en torno a 1610-1613 tuvo lugar en Oropesa «el único caso conocido de enseñanza pública de matemáticas en un colegio español antes de 1625». A partir de tal fecha esta disciplina era oficialmente impartida por la Compañía de Jesús en la Academia de Matemáticas del Colegio Imperial de Madrid, con unos niveles de profesionalización y solidez institucional que en ningún caso pueden atribuírsele al modesto colegio oropesano.15 Lo que allí se dio fue, como veremos, una experiencia mucho más informal y frágil; una primera toma de contacto entre las matemáticas y la práctica docente ignaciana en España, invariablemente ligada a la iniciativa de un invitado inesperado llegado desde tierras dálmatas. 2. Ivan Ureman, fundador sorprendente Ivan Ureman nació el 6 de abril de 1583 en Split, ciudad hoy perteneciente a Croacia (Ruiz de Medina, 1996).16 Su primer contacto con la Compañía habría tenido lugar bien en su ciudad natal, en Loreto, o ya en Roma, donde recibió el hábito jesuita el 26 de febrero del año 1600. Con cierta base en gramática latina y humanidades, Ureman ingresó en el Colegio Romano en 1602, donde estudió Retórica durante dos años y Filosofía durante otros dos más; también en este tiempo dedicó seis o siete meses a enseñar Gramática y once a ejercer como prefecto del Seminario (Ruiz de Medina, 1996). El talento del joven dálmata para las matemáticas y la astronomía fue rápidamente notado por sus superiores,17 siendo transferida su tutela a hombres capaces de explotar el potencial que atesoraba: Christopher Clavius (1538-1612), Christoph Grienberger (1561-1636) y Odón van Maelcote (1572-1615) (Ruiz de Medina, 1996).18 El nivel de Ureman en matemáticas 13 «Deben ser anotaciones de los PP. Jesuítas del Colegio de Oropesa». 14 Sirvan de ejemplo las notas sobre él publicadas por José Antonio Sánchez Pérez (1929, p. 61; 181; 322; 334). 15 Sobre las actividades científicas en el Colegio Imperial de Madrid véanse los trabajos de Víctor Navarro Brotóns (1984, 1996, 2000, 2002, 2003). 16 El texto de Ruiz de Medina será nuestra referencia principal para componer la biografía de Ivan Ureman, por ser el más preciso y mejor fundamentado documentalmente. Otros apuntes biográficos no tan sólidos pero igualmente reseñables fueron los realizados por Ugo Baldini (2000b, pp. 86-87; 2003, p. 97). Finalmente, cabe mencionar que la historiografía croata ya había producido algunos trabajos sobre Ureman, destacando los firmados por Ž. Dadić (1973; 1983) y M. Korade (1996). 17 Parece que Ureman estudió también en la Academia de Matemáticas durante sus años en el Colegio Romano (Baldini, 2000, p. 86). 18 Ureman fue, de hecho, uno de los últimos estudiantes tutelados por Clavius (Baldini, 2000b, p. 86). Academiae Mathematicae Oropesani Collegii. La primera Academia jesuita de Matemáticas en España (ca.1610-1614) 299 Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 y astronomía debía ser ya considerablemente elevado para 1609. Así lo prueba que el 31 de enero de dicho año le enviase una misiva al célebre astrónomo Giovanni Antonio Magini (1555-1617) sobre el eclipse de luna que había observado en Roma (Ruiz de Medina, 1996).19 La proyección científica de Ureman en Europa se truncó abruptamente el 20 de septiembre de 1609. Ese día recibió de Claudio Aquaviva (1543-1615), general de la Compañía, la patente para continuar su vida apostólica en Japón (Ruiz de Medina, 1996).20 Su viaje pasaba pues por Lisboa, donde debía embarcarse en una de las naves de la Carreira da Índia, y allí se dirigió Ureman en algún momento indeterminado entre finales de 1609 y principios de 1610. Infortunadamente para él, cuando alcanzó la capital lusa fue informado de que Felipe III acababa de prohibir el paso de extranjeros a la India.21 Impedido de continuar su viaje, Ureman decidió aprovechar su estancia en la Península Ibérica para enriquecer su formación. Su primera parada para ello fue el Colegio de Oropesa, donde residió «dos o tres años»22 en el lapso de tiempo comprendido entre 1610 y 1614 (Baldini, 2013, p. 73, n.65). Según Ruiz de Medina (1996), allí cursó «un año de enseñanza de humanidades y dos de estudio de teología y de las lenguas ibéricas [...] y se ordenó sacerdote». Además de todo esto, como veremos en detalle en el siguiente apartado, Ureman habría impartido matemáticas—y presumiblemente otras disciplinas científicas—en el colegio de San Bernardo, convirtiéndose por tanto en el primer «profesor» de matemáticas de la Compañía en España. Su estancia en la localidad toledana no se pudo dilatar más allá del año 1614, pues en tal fecha aparece ya documentada su presencia en Lisboa impartiendo también matemáticas en el Colegio de Santo Antão (Baldini, 2013, p. 70).23 Infortunadamente, no ha quedado huella en las fuentes sobre el contenido de estas clases. Es importante resaltar, empero, que en la institución lisboeta coincidió con Giovanni Paolo Lembo (1578-1618), personaje pionero en la construcción de los primeros telescopios en Europa y de su introducción en Portugal.24 Su labor docente en Santo Antão debió finalizar algún tiempo antes del 5 de abril de 1615, cuando 19 Parece que esta fue solo una de las varias cartas que intercambiaron Ureman y Magini. 20 No es posible saber si Ureman puso rumbo a la misión nipona de motu propio o si fue «voluntariado» por Aquaviva y su flamante asistente, Muzio Vitelleschi (1563-1645); Ruiz de Medina (1996) se inclina por la segunda opción. 21 ARSI, Japsin, 114, 241v. Cit. por Ruiz de Medina (1996). 22 ARSI, Japsin, 114, 241v. Cit. por Ruiz de Medina (1996). 23 En esta institución funcionó, de manera ininterrumpida entre 1590 y 1759, el Aula da Esfera. En ella se impartían matemáticas y otras disciplinas científicas, siguiendo el modelo adoptado por la Compañía en otros colegios. Sin embargo de esto, el currículum de materias incluía cuestiones de ciencia náutica que nunca fueron consideradas, por ejemplo, en el Colegio Romano, lo cual respondía a la realidad de Portugal como metrópoli de un imperio marítimo. Las clases corrían a cargo de intelectuales jesuitas del más alto nivel, como João Delgado (1553-1612), Christoph Grienberger (1561-1636), Christoforo Borri (1538-1632) o Inácio Stafford (†1642). Ureman, no obstante, se limitó a dar aulas privatim de matemáticas—es decir, lecciones específicas impartidas a un grupo selecto de alumnos. Sobre el Aula da Esfera véase Albuquerque (1972a), Baldini (2000b), Carolino (2006), Leitão (2007, 2008), Mota (2008). 24 Sobre Paolo Lembo y la introducción del telescopio en Portugal véase Leitão (2001, 2017). Henrique Leitão / José María Moreno Madrid Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 300 finalmente consiguió embarcarse con destino a la India. Allí permaneció hasta mayo de 1616, quizá completando su formación teológica, lo que retrasó su llegada a Macao hasta el 13 de julio de 1616 (Ruiz de Medina, 1996). Cuando llegó al colegio de San Pablo asistió a las dificultades que la Compañía estaba experimentando en Japón a causa de las políticas de Tokugawa Ieyasu (1543-1616), asumiendo rápidamente que su labor evangélica tendría más futuro en China que en la misión nipona (Ruiz de Medina, 1996). A finales de ese mismo año, el 20 de noviembre, dirigió una carta a Christoph Grienberger repleta de informaciones de índole científica: por un lado, comentaba la variación magnética que había observado en su camino de Lisboa a Goa;25 por otro, asentaba las longitudes de Goa, Nankín, Pekín y Macao.26 Se basó en diversas fuentes: las observaciones de Aleni—en Macao—y Carlo Spinola (15641622)—en Nagasaki—del eclipse de luna del 8 de noviembre de 1612; sus propias observaciones del eclipse de luna del 3 de marzo de 1616, tomadas en Goa, y otras compiladas por observadores anónimos en Nankín y Pekín—posiblemente Mateo Ricci (1552-1610) (Baldini, 2000b, p. 94). Finalmente, se valió para sus cálculos de las Ephemerides publicadas por David Origanus (1558-ca.1628) en 1609, las cuales no brillaban por su exactitud; a pesar de ello, las longitudes calculadas por Ureman resultaron bastante precisas, con errores que no alcanzaban los cinco grados de desfase (Baldini, 2000b, p. 95). Baldini (2000b, p. 95) enfatiza la importancia de estas medidas, comentando que fueron «the starting point for a geographical network that, during [Johann Adam] Schall’s [1591-1666] and [Ferdinand] Verbiest’s time [1623-1688], was to give Chinese and Asia geography a firm basis».27 25 «Per totum iter Vlyssipone Goam usque omnino varia varijs in locis est declinatio, de quibus cum alij ex nostris Socijs vos Romae certiores fecerint, ego solum modo hic adiungo, quas ipse obseruaui. In freto Syncapura declinare inueni acum 2. Fermè gradibus; Hic Macai gr. 1. Min. 30 […]. Porrò Goae inuenimus eam declinare 16. Grad. Aliquanto minus; at in petra blanca aiunt, et impressum est, esse fixam, nec ulterius vergere; quod falsum est […]». Trad. de los autores: « A lo largo de todo el camino desde Lisboa hasta Goa, la declinación [magnética] es siempre muy diversa en los diferentes lugares, de lo cual os debéis informar vosotros en Roma con otros de nuestros compañeros; yo apenas presenté aquí las [medidas] que yo mismo observé. En el estrecho de Singapur determiné que la aguja declina casi dos grados; aquí en Macao, 1 grado y 30 minutos […]. En Goa determinamos que declinaba un poco menos de 16 grados. En la Piedra Blanca dicen, y está escrito, que la aguja es fija, sin cualquier declinación, pero eso es falso […]» (Kircher, 1654, p. 306). Cit. por Ruiz de Medina (1996). 26 «Longitudo colligitur ex Ecclipsi à quodam hic obseruata anno 1612. Octob. 8. Die: principium h. 8. M. 30. Finis h. 11. M. 45; Vnde si verus calculus Tychonicus Davidis Origani, distat Macaum Francofurto ad Oderam, horis 6. M. 48. Paquinum 7. H. et m. 5. Nanchinum 7. Horis m. 11. Goa Ecclipsis, quae contigit 3. Martij, finem obseruaui, que inueni differentiam à Francofurto h. 4. M. 2». Trad. de los autores: «La longitud fue determinada aquí por otros, a partir de un eclipse, el día 8 de octubre de 1612. El inicio fue a las 8 horas y 30 minutos, y el final a las 11 horas y 45 minutos. Por tanto, si estuviere correcto el cálculo ticónico de David Origanus, Frankfurt-am-Oder dista de Macao 6 horas y 48 minutos, de Pekín 7 horas y 5 minutos, de Nankín 7 horas y 11 minutos. Observé el eclipse que ocurrió en Goa el día 3 de marzo, habiendo determinado una diferencia de 4 horas y 2 minutos con Frankfurt» (Kircher, 1654, p. 306). Cit. por Ruiz de Medina (1996). Las medidas de Ureman fueron reproducidas después por Giovanni Baptista Riccioli (1661, p. 365; Cit. por Baldini (2000b, p. 95)). 27 La utilización de Ureman de las observaciones de Aleni provocó que las Mémoires de l’Academie Royal des Sciences incluyeran una referencia confusa, que implicaba la presencia del Academiae Mathematicae Oropesani Collegii. La primera Academia jesuita de Matemáticas en España (ca.1610-1614) 307 Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 práctica muy común en la época para calcular fechas y ajustar desajustes en el calendario. 4. Conclusión La historia del Colegio de San Bernardo de Oropesa y las aulas de contenido científico que allí impartió Ivan Ureman a principios del siglo XVII dan lugar a varias reflexiones. La primera, sobre la propia existencia del Colegio. Su fundación identifica, de manera quizá algo exagerada, el modus operandi de la Compañía de Jesús para establecerse en un lugar. Como es bien sabido, los jesuitas aparecen y prosperan cuando en la sociedad europea ya ha permeado un deseo de educar a las generaciones futuras, y ellos se ofrecen como la alternativa gratuita para cumplir esta labor; sin embargo, para ello, necesitan de un soporte económico. Esta circunstancia es la que pondrá a la Compañía en contacto con la nobleza, un grupo social capaz de proveer los recursos pertinentes y proclive a la fundación de instituciones de enseñanza. El resultado es la aparición de pactos entre los jesuitas y las familias nobiliarias, a través de los cuales se pretende satisfacer las ambiciones de ambas facciones. Tales acuerdos, en ocasiones, obligaban a la Compañía a aceptar condiciones difícilmente asumibles para poder financiar sus proyectos; como hemos visto, el caso del Colegio de San Bernardo es un ejemplo paradigmático de esta eventualidad. 46 La segunda reflexión tiene que ver con Ivan Ureman y su trayectoria vital. Podríamos decir que Ureman encarna a la perfección una categoría especial dentro de los jesuitas: la de los «matemáticos». Es una categoría singular, que aparece como resultado de la expansión de la Compañía hacia Oriente. El propio Clavius advertía, desde las etapas iniciales de este proceso, que era necesario enviar personas a Oriente versadas en matemáticas; y Ureman era una de ellas. Siendo así, es importante notar que su formación estuvo directamente condicionada por un fenómeno cultural que estaba ocurriendo en la otra punta del mundo. Pero el camino a su destino fue largo y estuvo repleto de imprevistos, los cuales derivaron en contactos tan informales como importantes para entender la circulación del conocimiento científico en el periodo que nos ocupa. La actividad docente de Ureman en Oropesa es ejemplo palpable de esta realidad. Por último, una nota final sobre la autoría del manuscrito K-III-19 de la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Consideramos que, sumando el contexto en el que se produjo el manuscrito, sus características, la inclusión del único texto científico conocido firmado por Ureman y la complejidad que entrañaba la utilización del «Horarium Bilimbati», no es descabellado sugerir que este escrito hubiera sido parcial o totalmente redactado por Ivan Ureman. A pesar del talento matemático del dálmata, ni las «Academias» de matemáticas ni 46 Estas fundaciones, en lugares aparentemente poco apetecibles para los intereses de la Compañía y auspiciadas por nobles locales, eran algo más frecuentes en Italia que en el ámbito ibérico. Un buen ejemplo de ello es el colegio jesuita fundado en Novellara, a finales de la década de 1560, por el conde de la localidad Camilo I Gonzaga (1521-1595) (Salomoni, 2016). Sobre la fundación de instituciones de enseñanza por órdenes religiosas en la Italia de Edad Moderna véase Salomoni (2021). Henrique Leitão / José María Moreno Madrid Espacio, Tiempo y Educación, v. 11, n. 1, January-June / Enero-Junio 2024, pp. 292-312. ISSN: 1698-7802 308 las restantes materias compiladas brillan por su dificultad u originalidad. Más bien al contrario, parecen haber sido adaptadas para servir de introducción a los colegiales de Oropesa, cumpliendo la función de una suerte de manual escolar. 5. Referencias bibliográficas Albuquerque, L. de. (1972a). A «Aula de Esfera» do Colégio de Santo Antão no século XVII. Anais da Academia Portuguesa de História, 21(2ª Serie), pp. 337391. Albuquerque, L. de. (1972b). A projecção da náutica portuguesa quinhentista na Europa. Coimbra: Junta de Investigação do Ultramar. Albuquerque, L. de. (1972c). Sobre as prioridades de Pedro Nunes. Coimbra: Junta de Investigação do Ultramar. Albuquerque, L. de. (1988). Instrumentos de Navegação. Lisboa: Comissão Nacional para as Comemorações dos Descobrimentos Portugueses. Alcazar, B. (1710). 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