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Seguridad pública, higienismo y bienestar social Proceso histórico de formación del Cuerpo de Bomberos de Lleida, 1840-1980 Leonard Jové Vidal
Seguridad pública, higienismo y bienestar social Proceso histórico de formación del Cuerpo de Bomberos de Lleida (1840-1980)
Dña. Silvia Tamayo Haya Presidenta. Secretaria General, Universidad de Cantabria D. Vitor Abrantes Facultad de Ingeniería, Universidad de Oporto D. Ramón Agüero Calvo ETS de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación, Universidad de Cantabria D. Miguel Ángel Bringas Gutiérrez Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Cantabria D. Diego Ferreño Blanco ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Universidad de Cantabria Dña. Aurora Garrido Martín Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cantabria D. José Manuel Goñi Pérez Modern Languages Department, Aberystwyth University D. Salvador Moncada Faculty of Biology, Medicine and Health, The University of Manchester D. Agustín Oterino Durán Neurología (HUMV), investigador del IDIVAL D. Luis Quindós Poncela Radiología y Medicina Física, Universidad de Cantabria Dña. Claudia Sagastizábal IMPA (Instituto Nacional de Matemática Pura e Aplicada) Dña. Belmar Gándara Sancho Directora de la Editorial Universidad de Cantabria consejo editorial D. Enrico Acciai Università degli Studi di Roma «Tor Vergata», Roma Dña. Rosa Cid Universidad de Oviedo D. Igor Goicovic Universidad de Santiago de Chile Dña. Ana Belén Marín Universidad de Cantabria Dña. Rebeca Saavedra Universidad de Cantabria Dña. María José Vilalta Universidad de Lleida consejo científico Colección Historia #154 Directora de colección: Ángeles Barrio Alonso La colección Historia ha obtenido, en julio de 2017, el sello de calidad en edición académica CEA, promovido por la UNE y avalado por ANECA y FECYT. Y ha sido renovado en julio de 2022.
Seguridad pública, higienismo y bienestar social Proceso histórico de formación del Cuerpo de Bomberos de Lleida (1840-1980) • • Leonard Jové Vidal
12 Leonard Jové vidaL y Siya; y de una forma muy especial a Gemma y Leo, por vuestro amor incondicional. Yo también os quiero. A todos, muchas gracias por haberlo hecho posible.
INTRODUCCIÓN L a investigación emprendida en este estudio pretende explicar la formación y el desarrollo de la compañía de bomberos de la ciudad de Lleida, un proceso que abarca desde la segunda mitad del siglo xix hasta el último cuarto del xx; un extenso periodo de tiempo que revela la dificultad inherente en la creación de un servicio público. Se trata de un trabajo que, con el fin de profundizar en la totalidad del objeto de estudio, se ha planteado desde dos perspectivas diferentes que resultan, sin embargo, complementarias. Por un lado, la institución de los Bomberos respecto a la seguridad pública de la ciudad; por otro, la conexión del servicio de extinción de incendios con el desarrollo del conjunto de políticas sociales impulsadas durante los siglos xix y xx. La mayoría de los trabajos que abordan el tema de los servicios de extinción de incendios –tanto respecto a Cataluña como al resto del Estado–, se han enfocado tradicionalmente solo desde la óptica de la seguridad pública, dejando de lado un análisis exhaustivo relacionado con la vertiente social. Además, en las investigaciones que han profundizado en la interdependencia entre seguridad y urbanismo, los cuerpos policiales han tenido un peso más destacado que las compañías de bomberos, relegadas a un segundo plano. Por ejemplo, al analizar dos obras muy relevantes, tanto de ámbito catalán1 como en referencia a la ciudad de Lleida2, que centran sus investigaciones en esta temática, se puede observar que enfatizan principalmente todo lo relacionado con la problemática de la delincuencia, obviando que, aunque el concepto «seguridad» está vinculado también a otros ámbitos que integran el tejido de la vida ciudadana, estos gozan de escasa consideración. En 1 J. Curbet, La glocalización de la (in)seguridad, Plural editores, Madrid, 2006 y P. Fraile y otros (eds.), Paisaje ciudadano, delito y percepción de la inseguridad. Investigación interdisciplinaria del medio urbano, Dykinson, Madrid, 2006. 2 P. Fraile y otros (eds.), Delicte, conflicte i sensació de seguretat a Lleida, Edicions i publicacions de la Universitat de Lleida, Lleida, 2009.
14 Leonard Jové vidaL definitiva, ha sido la policial la fuerza más destacada y a la que se le ha dado mayor importancia en el intento de construcción de ciudades más seguras, no solo en las dos centurias anteriores –períodos de acentuada preponderancia militar y policial– sino también en el siglo xxi; momento en el que –dejando de lado la siempre presente delincuencia habitual– los atentados terroristas se han convertido en fuente de preocupación política, económica y social, en demanda de más atención, publicidad y recursos que cualquier otro aspecto relacionado con los incendios y los servicios de extinción. Se puede afirmar, por tanto, que la historia social no ha analizado en profundidad el sentido y la relevancia que ha supuesto la existencia de los cuerpos de bomberos desde la vertiente cívica. Porque ocurre que los cambios socioeconómicos derivados de la revolución industrial y la implantación del nuevo sistema capitalista comportaron una serie de problemas relativos al ámbito urbano, que no se podían resolver a través del esquema tradicional de ciudad. Fue necesario, a partir de la aplicación de un conjunto de políticas progresistas, la adaptación gradual a la nueva realidad. Por un lado, había que reducir los problemas urbanísticos y de salubridad que deterioraban el nivel de vida de las personas, como consecuencia –entre otras causas– del rápido crecimiento demográfico en las urbes. Un fenómeno muy vinculado a la llegada de creciente mano de obra, destinada a trabajar en las fábricas que la burguesía implantaba en las ciudades. Por otro lado, resultaba imprescindible aplicar nuevas fórmulas para garantizar la seguridad pública ante los nuevos desafíos que se planteaban, tanto desde el punto de vista de las emergencias, como en relación con el control social –plenamente institucionalizado– favorable al nuevo sistema económico. Estas dos vertientes de intervención, de gran incidencia en la ciudadanía, se complementaron, se necesitaron una a la otra, evolucionaron en el tiempo y llegaron a ser el embrión de lo que, a partir de la segunda mitad del siglo xx, se convirtió en parte del engranaje de las políticas de bienestar social presentes aún en la actualidad. De hecho, se trata de un largo proceso de transformación que ha abarcado las dos centurias anteriores en las que, principalmente las democracias liberales, han conseguido promover políticas de bienestar y la consolidación de estructuras de atención y protección ciudadana, basadas en la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, las pensiones y los servicios sociales. Así, pues, en las ciudades más importantes de Cataluña y del resto del Estado se formaron numerosos cuerpos de bomberos (y policiales) encaminados a garantizar la seguridad de la población y el mantenimiento del
15 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social orden público. En este punto, es necesario explicar que en las etapas iniciales de los servicios de extinción, su única competencia era la lucha contra el fuego urbano; pero con el paso de los años –y en función de las necesidades locales– las atribuciones se ampliaron hacia una seguridad pública más general, que también abarcaba situaciones de inundación, rescate de personas, intervenciones en derrumbamientos... En definitiva, todas aquellas tareas de emergencia que no tenían relación con hechos delictivos, y en los que la potestad de actuación correspondía a la policía o, incluso, el ejército. La evolución en el tipo de intervenciones de las Compañías ha continuado. Las demandas sociales han ido –y todavía siguen– encaminadas a dar respuesta a las nuevas necesidades que la población requiere y que la administración pública debe garantizar en el terreno del bienestar social. Así, ya desde finales del siglo xx, los cuerpos de bomberos han venido realizando numerosos servicios relacionados con la ayuda asistencial a sectores poblacionales formados por personas vulnerables. Un ejemplo de este tipo de actuación es la apertura urgente de un piso o una casa con auto-escalera o cualquier otro método, empleado por los servicios de extinción, para atender a una persona con discapacidad motriz –en la mayoría de casos se trata de personas de edad avanzada–, que precise atención de servicios médicos o sociales, que no pueden acceder dentro de su vivienda. Nos encontramos, como se detallará en las conclusiones de esta investigación, en un momento de imperiosa necesidad de un tipo de intervenciones que guardan relación directa con la estructura social contemporánea y que, por otra parte, necesitan del conjunto de los servicios sociales –incluido el personal bombero– para ser resueltas. En este sentido, el Programa Europeo de Investigación e Innovación de la Unión Europea Horizonte 20203 priorizaba la investigación sobre estrategias focalizadas en la formación de sociedades más seguras desde perspectivas diversas, como son la energía, el transporte o la salud. Esta última cuestión profundizaba sobre dos ámbitos en los que los cuerpos de bomberos tenían –y aún tienen– un papel muy relevante: por un lado, la seguridad ciudadana frente a las catástrofes naturales o los accidentes causados por el factor humano y, por otro, la «Promoción de la asistencia integrada», un documento recogido en el apartado número 1.6.1. del Programa, que incide sobre la mejora en la cooperación entre los profesionales sanitarios y los «proveedores 3 Consejo de la Unión Europea, http://eshorizonte2020.cdti.es/index.asp?MP=87&MS=715 &MN=2&TR=C&IDR=1991 [08/11/2019].
16 Leonard Jové vidaL de atención social o informal». Y es precisamente en la cohesión de estas dos ramas de la atención a las personas donde las compañías de bomberos pueden ofrecer su servicio y experiencia, por cuanto tienen la capacidad de prestar la logística requerida de una manera rápida y eficaz, con personal formado y acostumbrado a las situaciones de riesgo que pueden darse en la resolución de estas intervenciones y que dispone de material adecuado para este tipo de servicios. En la actualidad, Horizonte Europa constituye el nuevo programa europeo de investigación e innovación para el período 2021 a 20274 y, aunque no se especifica el concepto de asistencia integrada antes aludido, se pone de manifiesto que el nuevo plan pretende prolongar el anterior. En cualquier caso, la tarea de los bomberos en el ámbito de la cooperación con las estructuras sanitarias y los servicios sociales es una realidad actual que seguirá presente en el futuro inmediato. Cabe advertir, sin embargo, que no es esta una investigación que trate de explicar el desarrollo de las medidas higienistas, urbanísticas o de bienestar social acaecidas en Lleida, sino profundizar y conocer el proceso de formación del servicio de extinción de incendios, y situarlo, precisamente, en el contexto de transformación que estas políticas significaron en la evolución económica, social y política de la ciudad a partir de la segunda mitad del siglo xix, y que han continuado hasta el día de hoy. El objetivo, por tanto, se centra en el estudio del cuerpo de bomberos de la ciudad desde dos perspectivas diferentes: una de carácter institucional, a través del análisis de la creación de la Compañía, las herramientas, los servicios, la financiación o el material del que disponían; y otra de carácter social, relacionando el servicio de extinción con la seguridad pública y con el impulso de las políticas de carácter cívico que se desarrollaron en la Lleida del siglo xix, así como su repercusión –ya bien entrado el xx– en las políticas de bienestar social, creadas para garantizar la atención a las personas. Se pretende, además, analizar el servicio de extinción de incendios de Lleida desde una vertiente que permita explicar el proceso histórico de formación de los cuerpos de bomberos en un contexto más general. Hay que tener presente que la aparición de este servicio de seguridad pública –y de protección de la propiedad privada– se extendió por numerosas ciudades de la península ibérica y del continente europeo durante el periodo que supuso la transición desde una sociedad y modelo económico tardo-feudal hacia el incipiente capitalismo. 4 Consejo de la Unión Europea, https://www.consilium.europa.eu/es/policies/horizoneurope/ [29/04/2020].
17 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social La presente investigación se ha desarrollado en dos etapas diferenciadas. La primera fase, basada en el vaciado de las fuentes relativas a la formación y desarrollo del cuerpo de bomberos de Lleida, se ha extraído –principalmente– del Arxiu Municipal de Lleida (AML), ya que en el tiempo a que se refiere el estudio el cuerpo de bomberos fue un ente de carácter local, dependiente siempre del Ayuntamiento. Seguidamente se ha procedido al consiguiente análisis historiográfico, a fin de situar dicha Compañía en el contexto económico, político y social correspondiente en cada momento histórico. La segunda etapa ha consistido en proceder a la compartimentación, por capítulos, de los grandes ámbitos objeto de estudio. Así, a modo de preludio, se han explicado los antecedentes históricos en la lucha contra los incendios antes de la aparición de la Compañía de Bomberos de Lleida en los años cuarenta, del siglo xix. En cuanto al proceso histórico de formación del Cuerpo, se ha puesto de relieve el contexto político y económico en el transcurso de los años de existencia de la Compañía, un elemento que ha resultado fundamental para explicar su evolución progresiva. Los grandes ámbitos analizados en los diversos capítulos han sido los siguientes: en el capítulo «Los Reglamentos. La regulación de la compañía de bomberos de Lleida (1840-1962)» –p. 85–, los reglamentos como mecanismos de ordenación del Cuerpo, dentro de un contexto general de vertebración del nuevo estado liberal. En el capítulo «El personal bombero: proceso histórico de formación del Cuerpo» –p. 135–, el personal bombero como base del proceso histórico de articulación de la Compañía, y en el capítulo «Los recursos materiales: tecnología y revolución industrial en la lucha contra el fuego» –p. 181–, los recursos materiales en la lucha contra el fuego, en relación con la innovación tecnológica –mecanización y posterior motorización–, surgida de la revolución industrial. En el capítulo «La prevención de los incendios y las asistencias de la compañía de bomberos (1840-1980)» –p. 223– se han analizado las diferentes medidas preventivas llevadas a cabo en la ciudad, y la evolución de las intervenciones de la Compañía vinculadas a las transformaciones urbanas y al desarrollo social. En el epílogo se han estudiado a fondo dos grandes incendios, con el propósito de descubrir la relevancia del fuego como generador de cambios, precisamente, en las modificaciones y mutaciones de Lleida, pero también sobre el resto de las ciudades occidentales. Finalmente, se ha cerrado la presentación de los resultados de la investigación con una recapitulación de las principales cuestiones planteadas al inicio del estudio.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS EN LA LUCHA CONTRA LOS INCENDIOS EN LLEIDA E l incendio en espacios donde se agrupan personas para residir existe desde los primeros asentamientos precursores de las formas de vida propiamente urbana. Para los colectivos nómadas el fuego había sido un gran aliado, que no ocasionaba problemas al grupo, salvo casos de incendio de vegetación, que no llegaban a comprometer de forma relevante el modo normal de vida. La «Revolución Urbana» de 3500-3000 a. C. –en palabras de V. G. Childe1– y el paso hacia una sociedad sedentaria, donde el fuego seguía siendo un elemento necesario para la subsistencia de la comunidad, conllevó un nuevo problema, del que fue necesario tomar conciencia: el incendio urbano. En consecuencia, ha sido socialmente imprescindible la creación de mecanismos diversos de lucha contra el fuego, centrados –principalmente– en el establecimiento de medidas preventivas –y, en algunos casos, punitivas– para reducir el riesgo de incendios, organizando conjuntos de individuos para extinguirlos y buscando soluciones tecnológicas auxiliares con que hacerle frente, principalmente mecanismos de expulsión de agua. Las medidas orientadas a la prevención de incendios han sido –y son– un elemento principal en cualquier agrupación humana. Un simple recipiente con agua, situado estratégicamente en un edificio; una ordenanza que regulara la utilización del fuego en determinados espacios; ciertas disposiciones sobre el almacenamiento de material que podía resultar inflamable o la organización de un cuerpo de vigilancia, eran pautas muy básicas pero efectivas para reducir riesgos de incendios2. 1 V. G. Childe, Los orígenes de la civilización, Fondo de Cultura Económica, México D. F., 1997. 2 J. Mestre i Campí, Bombers de Barcelona..., p. 13.
20 Leonard Jové vidaL También lo fueron aquellas formaciones de brazo humano, creadas para apagar los fuegos. El auxilio entre vecinos fue, a lo largo del tiempo, el fundamento principal del que las sociedades se servían para extinguir los incendios urbanos. A partir de esta colaboración, que se supone fue un fenómeno general en todo el mundo, existieron ciudades que, por circunstancias diversas, formaron conjuntos de individuos organizados para alcanzar una mayor capacidad ofensiva contra el fuego. La historia nos brinda buenos ejemplos, como los Nyctophytakes de Atenas o los más conocidos Vigiles romanos, una especie de compañía dedicada a la vigilancia y a la extinción de los incendios, que se mantuvo activa hasta la caída del Imperio. El declive del dominio romano supuso, en palabras de M. Bloch3, la fragmentación del poder en Europa y ocasionó la desaparición de gran número de estructuras que lo sostenían, entre otras, las militares, y aquellas a las que estaban normalmente sujetas, como los Vigiles. Así, se conoce que durante el periodo medieval la extinción de los fuegos volvió a basarse en la colaboración vecinal y en la ayuda mutua que en aquel momento establecían los cánones de solidaridad social proclamados por la Iglesia bajo la premisa del «bien común». Dicho término, hacía referencia a todo lo que era público o que tenía que ver con la comunidad y, por tanto, que requería de la actuación del colectivo4. [...] la cosa pública és tot allò que afecta tothom, sigui l’espai urbanístic, la salubritat, l’abastiment de la població, la defensa comuna, la circulació de productes o l’accés al govern, tal com també s’esdevé en altres països veïns5. Contrariamente a lo que sucedió con el caso de los Vigiles, un cuerpo estandarizado en todo el Imperio, no existía ningún grupo de individuos encargado de actuar de forma específica en caso de incendio en la Europa medieval; cada ciudad se auto-gestionaba y legislaba a su conveniencia, una realidad que continuó también en época moderna en ciudades como Lleida. Fue el procedimiento normal de funcionamiento hasta 1840, año de la creación del cuerpo de bomberos de la ciudad. 3 M. Bloch, La sociedad feudal, Akal, Madrid, 1986, pp. 377-410. 4 A. Riera i Melis (coord.), Francesc Eiximenis (c. 1330-1409): el context i l’obra d’un gran pensador català medieval, Institut d’Estudis Catalans, Barcelona, 2015, pp. 106-112. 5 F. Eiximenis citado por E. Isenmann, «The notion of the common good, the concept of politics and practical policies in late medieval and modern german cities», en Riera i Melis, A. (coord.); Francesc Eiximenis (c. 1330 – 1409): el context i l’obra d’un gran pensador català medieval…, p. 111.
21 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social En lo tocante a la tecnología de la extinción, se tiene constancia de la existencia de una bomba de impulsión de agua, inventada en Alejandría que, a pesar de su escasa efectividad, ponía de manifiesto la necesidad de maquinar algún invento capaz de posibilitar la extinción de los fuegos de manera segura y eficaz. De hecho, la mayoría de los investigadores hablan de una máquina que se utilizaba solo en tareas relacionadas con la minería, dado que su caudal y su presión resultaban insuficientes para realizar las más elementales tareas de sofocación. Además, no existían mangueras para el transporte y expulsión del agua y se hacía muy difícil utilizar una máquina de las características descritas en la extinción de incendios. Seguía resultando más efectivo el uso de cubos de agua, previamente llenados en pozos, ríos o fuentes. Fue en el siglo xviii, cuando el progresivo avance tecnológico proporcionó un relativo aumento en las capacidades de caudal y presión de las bombas impelentes. Se mejoraron, además, la calidad de las mangueras y las sujeciones de unión entre ambas, perfeccionamientos que optimizaron de forma notable los trabajos de sofocación de los incendios. Esta evolución técnica se produjo en un contexto de crecimiento económico, que se materializó, entre otros aspectos, con la expansión en el ámbito de la ciencia y los inventos. En conclusión, la tecnología aplicada a las bombas hidráulicas y otros ingenios destinados a la sofocación del fuego propiciaron nuevos –y más seguros– métodos de extinción. Además, el crecimiento urbanístico de las ciudades hizo necesaria la aparición de legislaciones adaptadas a las nuevas necesidades sociales y de los cuerpos de bomberos, que, inmersos en este conjunto de transformaciones, tuvieron que adaptarse a una mayor especialización y profesionalización que permitiera dar respuesta a problemáticas cambiantes. Muchas de estas metas se pueden también comprobar cuando se analiza la evolución histórica de la sofocación del fuego en el ámbito local leridano. Lleida, como cualquier otra ciudad del mundo, ha tenido que hacer frente a incontables incendios a lo largo de su historia. Conocer los procedimientos utilizados para combatir los fuegos antes del establecimiento de la compañía de bomberos es un elemento fundamental para comprender la propia formación del servicio de extinción de incendios de la ciudad. Así, en la información que aportan los archivos consultados se pueden encontrar, en primer lugar, referencias a los medios materiales y técnicos utilizados en la extinción de los fuegos desatados; en segundo lugar, datos para profundizar en cómo se gestionaban los incendios, en otras palabras, quién dirigía o
28 Leonard Jové vidaL cisternas, fuentes y acequias. De los primeros, se encontraban uno en el sótano de la Paeria, otro en el antiguo Hospital de Santa María –actual sede de l’Institut d’Estudis Ilerdencs–, conocido con el nombre de «Pou de Sant Llorenç»; un tercero, llamado de «Spatis», se hallaba situado en Cap Pont; el cuarto era el de Sant Anastasi, en el barrio de Magdalena, y el quinto, conocido como «de l’escorxador» (matadero), en el portal de Sant Antoni. En cuanto a las cisternas, las más importantes se encontraban en la Suda; había otra situada en el claustro de la Seu y otra más en la colina de Gardeny; las tres últimas, diseñadas para aprovechar y almacenar el agua de lluvia. De fuentes urbanas empleadas en el uso doméstico –ya como abrevadero del ganado, ya para la extinción de incendios–, encontramos la de Cardona o de l’ Aiguardent, situada junto al Palacio de la Diputación, el abrevadero de Sant Antoni, el manantial de Boters, el de Magdalena y el del Pla dels Gramàtics; este último, el único que estaba intramuros de la ciudad, recibía el agua del canal de Pinyana22. 22 E. Vendrell Justribó, Fonts, pous, aljubs i aixetes. La distribució de l’aigua potable a Lleida, dels inicis a l’actualitat, Ajuntament de Lleida, Lleida, 2008, pp. 17-19. Figura 1. Jeringa de extinción de incendios utilizada en la Edad Media. Fuente: Espai Bombers. Parc de la Prevenció de Barcelona.
29 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social El transporte de agua desde los ríos, pozos o fuentes era una función que normalmente realizaba la propia población, que acudía o se encontraba en el lugar del siniestro, y actuaba –como se analizará más adelante– bajo la dirección y organización de los «aguadores» «[...] y los demàs vecinos, en la casa de la Ciudad a proveerse de Cántaros para transportar agua donde conviniese»23. La extinción propiamente dicha era llevada a cabo por individuos de los diferentes sectores laborales que trabajaban en el ramo de la construcción. Son numerosos los bandos o anuncios municipales publicados por las autoridades de Lleida que dejan constancia de la obligación por parte de estos colectivos de acudir a sofocar un incendio en caso de recibir la alarma: Que tots los Mestres de cases i fusters en continent se tocará a foch hagen de acudir ab destrals i altres instruments en pena de 25 lliures i que se·ls done a cada hus del comú de la ciutat per sons treball un real de vuit de nit i un real de quatre de dia de jornal24. Aparte de los bandos, también encontramos notificaciones de actuaciones en servicios que constatan que eran estos gremios los encargados de hacer frente a los fuegos. Incluso, como se verá en el siguiente ejemplo –por referencia al incendio de unas casas– queda documentado el sueldo que percibían por el trabajo realizado y, con el fin de incentivarlos, la invitación a que «fueran mas promptos»: En el incendio de las casas de la Plaza en la noche del dia seis del corriente procuro V.S providenciarlo conveniente y acostumbrado en semejantes desgracias a fin de que no fuese mayor el daño. A este fin de orden de V.S concurrieron diferentes Maestros y Mancebos Carpinteros y Albañiles que trabajaron incesantemente las cuatro horas que duró el fuego, se tomaron de las sererías de la Ciudad alguna hacha y diferentes cántaros asi de las tiendas de los cantareros como de los particulares de la Ciudad. A los Maestros Mancebos, y aprendices Carpinteros y Albañiles, acordó usted de Palabra que en gratificación de su trabajo y a fin de que en dichas semejantes ocasiones fueran mas promptos se les satisfaciese a cada uno de ellos es a saber a los Maestros doce reales, a los Mancebos nueve y a los aprendices seis, que de la orden de V.S los ha pagado y a el Mayordomo de propios y según este cónputo importa esta gratificación, según la cuenta que ha visto... 23 A. Prim i Tarragó, Cosas viejas de Lérida, Tipografía de la Casa Provincial de Misericordia, Lleida, 1893, p. 224. 24 AML Fons Municipal, Llibre de Consells Generals, año 1697, reg. 455, f. 42.
30 Leonard Jové vidaL Delibera V.S que se satisfagan los (48 con 5 ...) despachándose los albaranes correspondientes25. Las personas que trabajaban en el ámbito de la construcción se convirtieron, por lo tanto, en los encargados de sofocar los incendios que se desatasen en Lleida. Sin embargo, las carencias tecnológicas del período y el alto poder de destrucción del fuego hacían necesaria, en la ejecución de las tareas de extinción, la participación del conjunto de la población, incluido el estamento militar. La función del ejército En las tareas de extinción, las autoridades y la población civil podían recibir la ayuda castrense, si las condiciones del fuego lo requerían. En época moderna –momento en que se produce la «Revolución Militar», propiciada principalmente por la innovación tecnológica–, los mandos militares contaban con el poder y la fuerza suficiente dentro del organigrama político de cualquier ciudad de los territorios peninsulares de la Monarquía Hispánica, para presentarse en el lugar del siniestro y dirigir los trabajos de sofocación. Tenían, además, a sus órdenes soldados jóvenes, de condición física presumiblemente buena, preparados y dispuestos a intervenir en cualquier tipo de batalla, aunque fuera contra el fuego. De hecho, en la actualidad, las fuerzas de la UME26 colaboran, cuando son requeridas, en la sofocación de incendios forestales. La preeminencia del ejército en las tareas de extinción de incendios que se desencadenaban en las ciudades se consolidó de manera definitiva durante el siglo xix. El estamento militar, además de hacerse cargo de la defensa exterior del Estado y de hacer frente a las situaciones de crisis interna, supervisó la vida cotidiana en las poblaciones, sometiéndola a su constante dirección27. Se tiene constancia de que durante los siglos xvii y xviii, en algunas localidades europeas donde el incendio representó un riesgo muy elevado para el conjunto de la población, el ejército llegó a utilizar la artillería para acelerar el proceso de derribo y detener así la posibilidad de propagación 25 AML Fons Municipal, Proposicions, deliberacions i acords de l’ajuntament, Anys 17281733, reg. 479, f. 196. 26 Unidad militar de intervención en emergencias y protección civil que complementa los servicios de emergencia de otras administraciones. http://www.ume.mde.es [14/07/2017]. 27 J. Requena Hidalgo, Policía y desarrollo urbano en la Ciudad contemporánea. Tesis doctoral inédita, Universitat de Barcelona, Barcelona, 2013, p. 106.
31 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social del fuego. Literalmente derrumbar un edificio, o más, a cañonazos28. No queda documentado que una actuación de estas características se produjera en Lleida, pero fueron numerosos los casos en los que el ejército establecido en la ciudad realizara tareas de ayuda a la población o a los hombres del gremio de la construcción, si la necesidad de extinción lo requería. Una carta dirigida al Baró de Maials lo ejemplifica: Una de las cartas de Ud. me informa la desgracia del fuego que acaeció en una casa de esa ciudad la noche del mismo día y que se logró apagar con dos horas gracias al celo de Ud. y a su imitación el de los demás oficiales del Estado Mayor, tropas Reg. y vesinos habiendo tomado todas las medidas convenientes para precaver que volviese a encenderse. Siento el motivo y doy a Ud. y a todos las gracias que corresponden en cuya vida guarde Dios felices años. Barcelona, 19 Agosto 1763. Marqués de la Mina29. La profesionalidad de los soldados y de sus mandos a la hora de extinguir los incendios, sin embargo, no siempre fue la más adecuada. La intervención llevada a cabo el día 9 de marzo del 1753 en un pequeño fuego desatado en la casa del cura Millares y rápidamente sofocado por los vecinos no resultó muy acertada, según el siguiente testimonio: Mes succeí que los soldats quan sentiren tocà a foch isqueren del quartel una gran caterva ab les bayonetas en los fusells y arribant a la casa veyent la molta gent que habia acudit a apagar lo foch, comensaren a cops de fusells a la gent sens dir res y ne atropellaren molts, entre ells a Don Jaume Gomà lo tiraren per terra y perdé lo barret y la perruca, la que no se trobà mes, y a Don Joan de Tapies li donaren tan gran cop de fusell que lo llansaren per terra y li trencaren lo cap, y luego que hagueren fet lo mal sen tornaren en lo quartel30. En cualquier caso, ambos sucesos confirman la participación del ejército en las tareas de extinción de los incendios que se desencadenaban en la ciudad de Lleida, una realidad que persistió hasta principios del siglo xx, como el siguiente texto constata: El señor Simón hace constar el comportamiento ejemplar de algunos soldados de la guarnición en el incendio últimamente ocurrido en la barriada de CapPont, y propone que se oficien sentidas gracias al Sr coronel del regimiento31. 28 J. Mestre, J. Rovira, M. Ferrer, C. Savalls, O. Lanau, Bombers de Catalunya. Història i present..., p. 18. 29 AML Fons Municipal, Cartuari de l’any 1763, reg. 908, f. 434. 30 A. Prim i Tarragó, Cosas viejas de Lérida..., p. 225. 31 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1911, reg. 1788, f. 58.
32 Leonard Jové vidaL Las competencias de la Iglesia El papel que jugó la Iglesia en lo tocante a incendios urbanos no guarda relación con las prácticas propias de extinción; más bien debe situarse en el ámbito de las disertaciones teóricas (teórico-morales), propias de la Edad Media y la Edad Moderna, y que resultan básicas para entender el contexto anterior a la formación de la Compañía. En este mismo sentido, cabe suponer que la emergencia por incendio tuvo un peso muy relevante en el comportamiento de la sociedad, sobre todo por las repercusiones negativas que podía ocasionar y el miedo que generaba al conjunto de la ciudadanía. Este hecho comportó, tal y como ha sido analizado anteriormente, que en su extinción se implicara la práctica totalidad de la población civil y del estamento militar. La Iglesia, por su parte, inmersa en el largo proceso de legitimación del poder que llevó a cabo durante el período medieval y en época moderna, intentó influir en la vida de las personas en todos los aspectos y también cuando sucedían emergencias sociales provocadas por algún incidente. Así, la religión estuvo involucrada en la extinción de los incendios desde una perspectiva «espiritual», difundiendo un mensaje a su conveniencia que le permitía construir un discurso para dar una explicación de las desgracias que sucedían y el porqué de ellas y cómo se resolvían. La iglesia creaba opinión y dictaba las normas de comportamiento que regían la sociedad con la finalidad de ejercer el control social32. El estamento eclesiástico defendía que las desgracias sucedían por voluntad de Dios, que nada podía pasar sin que el Todopoderoso, en su providencia, lo consintiera. Y la justificación de la razón por la que pasaba era que el pueblo, la ciudad o la gente había caído en el pecado; ellos y nadie más eran los culpables y la única manera de ser perdonados era recurrir a la oración. La resolución de la catástrofe venía dada por el mismo Dios y su gracia, con el mensaje tácito de que la voluntad del hombre era insignificante en comparación a la voluntad divina, la que ellos decían representar a la tierra: «Is nothing but the hand of God, working by causes and for causes that we know not»33. Como se verá a través de los siguientes ejemplos, Lleida también asumió este discurso extendido por toda Europa durante un largo periodo de tiempo. El primero, de 1622, dice así: 32 A. Passola, Història de Lleida. El segle xvii. vol. 5, Pagès editors, Lleida, 2004, pp. 212-213. 33 K. Thomas, Religion and the decline of magic, Penguin books, New York, 1973, p. 91.
33 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social Notícia número 7 «Sobre ensenyansa y Sanitat Pública» Incendis34, Incendi en les botges y cuihs de la casa de Mossen Corrià al cap pont, crema tota la casa. Se porta desde Sant Joan lo Santíssim, se colocà en un altar y se apagà lo foch =en 1622= vide llibre en quart de pergamí descusit35. El segundo caso tiene lugar en 1782 y se refiere a un incendio en la Catedral nueva de Lleida, poco tiempo después de su inauguración: Que en el dia doze de los corrientes, a las tres horas de la mañana a poca diferencia se notó un incendio en dicha Iglesia Cathedral, y en el Retablo mayor que se acabava de construir, haviendo prendido también en las estatuas de los quatro Doctores de la Iglesia que se hallavan colocadas en las pechinas de los quatro Arcos torales junto a la cúpula haviendo derruido ya el ardor, o rebervero del fuego parte de las molduras de la cara de los dos horganos mayores, y con esto de dictamen de dicho relatante Dn. Lorenzo Pérez de Castro para sofocar el fuego con la densitud del humo, según reglas de buena física se resolvió cerrar todas las puertas, con lo que mediante la misericordia de Dios, se logró que no tomo más cuerpo el incendio, no haviendo este ocasionado más daño que la de destruir enteramente el dicho retablo mayor, las estatuas expresadas de los doctores de la Iglesia y parte de los mencionados horganos, calcinarse parte del rotundo del presbiterio, dos o tres bobedas y todo el aparejo del blanqueado del resto de la Iglesia, habiendo también por effecto del humo obscurecido la mayor parte del dorado de los retablos [...] he tenido mucha complacencia en la prontitud, y celo con que ese Ayuntamiento, vecinos, y artesanos concurrieron a impedir maiores daños36. Tal y como se ha explicado con anterioridad, y según confirman los ejemplos, en la mentalidad de la época la razón quedaba supeditada a la fe, y la voluntad y el poder de Dios estaban por encima de cualquier teoría científica. Así, en el primer texto, el fuego se apagó porque se llevó el Santísimo al lugar del siniestro, mostrando el poder de la divinidad en todo su esplendor de forma tal que se podría considerar como un milagro. Además, en opinión de Prim y Tarragó, éste era un procedimiento habitual. 34 Una observación aparte en la que hay que fijarnos es en el título, Noticia número 7 «Sobre ensenyansa y Sanitat Pública» Incendios, donde podemos observar que ya en ese período los incendios eran tratados como un asunto relacionado con la sanidad pública y que nos reafirma en la idea de que, como veremos a menudo en esta tesis, son dos elementos que están estrechamente relacionados. 35 AML Fons Municipal, Índex de las noticies y assumptos de este libro, año 1622, reg. 1405, f. 83. 36 AML Fons Municipal, Llibre de proposicions, deliberacions i acords de l’Ajuntament, años 1781-82, reg. 504, f. 96.
34 Leonard Jové vidaL [...] la única providencia que se tomaba de carácter público u oficial en casos tales, era llevar de la Parroquia respectiva el Santísimo Sacramento al lugar del siniestro y colocarlo en un altar improvisado, frente al edificio que estaba ardiendo37. En ambos ejemplos se hace patente que se tenían conocimientos de la teoría del fuego38, sobre todo en el caso de la Catedral, aunque se camufló bajo el manto de la religión y del poder de Dios. Durante el siglo xvii avanzó la revolución científica, que supuso un cambio de paradigma en la explicación de los fenómenos que se observaban en la naturaleza, y donde los dogmas de fe dejaban paso, de manera gradual, a una nueva época de interpretación científica. Por esta razón, en ambos ejemplos encontramos, por un lado, el mensaje religioso y tradicional «de obligada redacción» y, por otro, una incipiente información científica que surge en respuesta al debate ciencia/religión que aparece con los nuevos tiempos. Fijándonos en los casos mencionados, podemos deducir que en el primer ejemplo el fuego se extinguió no porque apareciera el Santísimo, sino porque se acabó el combustible, y la teoría del fuego explica que sin combustible no puede haber combustión. En el caso del incendio de la Catedral, se menciona la «misericordia de Dios» pero también «según reglas de buena física»; esta última expresión hace referencia a que, en el momento que cerraron las puertas, cortaron el aporte de oxígeno (comburente) y, por tanto, se impidió la combustión, otro elemento determinante de la teoría del fuego. Se observa de forma clara, por tanto, que en ambos casos actuó la perspectiva científica. 37 A. Prim i Tarragó, Cosas viejas de Lérida..., p. 224. 38 Teoría de fuego: Para poder encender un fuego (reacción química de la combustión) es necesario aplicar una cantidad de calor suficiente a un material y que siempre haya oxígeno. Cuando este calor hace subir suficientemente la temperatura del material, entrará en combustión, es decir, quemará. Si ponemos por ejemplo la madera como el material antes citado, esta tiene que llegar a una temperatura de unos 300 grados centígrados para poder iniciar el proceso de combustión. Este proceso es lo que llamamos reacción de la combustión, definido químicamente como una oxidación rápida, que incorpora tres elementos básicos: combustible, oxígeno y calor. Estos tres elementos forman los lados del famoso triángulo del fuego. Los tres elementos siempre tienen que estar presentes y combinados correctamente para que la combustión sea un hecho. Debe haber combustible para quemar, aire para dotar de oxígeno la llama y, por último, calor para poder iniciar y dar continuidad al proceso de combustión. Si falta uno de los lados del triángulo no se producirá el fuego. Institut de seguretat pública de Catalunya, Generalitat de Catalunya: http://interior.gencat.cat/web/.content/home/030_arees_dactuacio/bombers/acces_al_ cos_de_bombers/convocatories/Bombers_voluntaris_2016/Temari-total.pdf [04/07/2017].
35 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social El análisis de los capítulos anteriores responde, en cuanto a las tareas de extinción de incendios, a las atribuciones correspondientes a la ciudadanía. Por otro lado, la propia ciudad de Lleida presentaba dos particularidades que condicionaban, en parte, el tipo de siniestro que se desataba: las actividades económicas desarrolladas y la estructura urbana de la ciudad; ambas circunstancias serán analizadas en los apartados siguientes. Lleida, una ciudad agraria Las diferentes actividades económicas que se desarrollan en las ciudades conllevan asociados unos riesgos de incendio que afectan a la seguridad de sus habitantes, un hecho que obliga a las autoridades pertinentes a promover tanto medidas preventivas, como aquellas relativas a la propia extinción de los fuegos. Una clara muestra en este sentido fueron las ordenaciones municipales de Lleida del año 1559, que expresamente prohibían dejar encendidos durante la noche los hornos de los herreros y otros artesanos. De no dexar foch en lo fornal es ordenat que ningun ferrer ne persona altra que de foch usi ab fornal no fos dexar lo fornal ab foch ensès en la nit ans aga apagar aquell sots ban de sinch sous39. Se debe señalar, por otro lado, que la agricultura ha sido el principal modo de subsistencia de los pobladores de Lleida. En época medieval y moderna, el cultivo más importante de la población fue el cereal, que ocupaba grandes extensiones de terreno, posibilitaba el alimento básico para la mayoría de los ciudadanos y constituía un producto principal de exportación hacia otros territorios. «Lleida es va anar consolidant com un graner imprescindible per als seus veïns»40. Las cantidades de este producto debían ser considerables, aunque también se cultivaban, a más pequeña escala, «vinyes, hortalisses, llegums, fruiters, cànem i, al final de segle, algunes moreres»41. Una ciudad dedicada a la agricultura corría peligros de incendio determinados por la naturaleza del producto y por la propia actividad, principalmente el secado y el almacenamiento, estadio, este último, en el que el cereal puede 39 AML,«Capítols y ordinacions dels officis y altres arts. Ferres y menescals», enLlibre d’ordinacions de la ciutat de Lleida («Epilogacio ordinacionum civitatis Ilerde»), 7 de Abril de 1559, Sección Manuscrits, Reg. 13, p. LX. 40 M. J. Vilalta, Història de Lleida. El segle xvi. vol. 4, Pagès editors, Lleida, 2003, p. 38. 41 A. Passola, Història de Lleida. El segle xvii..., p. 318.
36 Leonard Jové vidaL generar una auto-combustión42. Era necesaria, pues, una adaptación a la realidad concreta de la ciudad desde este ámbito: Mes fonch proposat que de estar les cases plenes de palla i tenir los soguers ses cases plenes de cànem se poden seguir semblants i majors incendis que los que succehir estes nits pasades en les cases de la plaça. Se propose a V per a que delivere lo expedient se haura de pendrer per a evitar semblents dediches que lo que Vs deliberaran se posará en execució. Acorda i delibera dit molt ilustre Concell General que la ciutat face fabricar dos o tres Ximigues grans43 per apagar lo foch que estiguen guardades en casa la ciutat i que los trompetes en continent serán avisats toquen a foch per tota la ciutat en pena de perdre lo salari d’aquell any i los senyors pahers hagen de acudir hi i asistir hi fins a que serán apagat lo foch i que tots los Mestres de cases i fusters en continent se tocará a foch hagen de acudir ab destrals i altres instruments en pena de 25 lliures i que se·ls done a cada hus del comú de la ciutat per sons treball un real de vuit de nit i un real de quatre de dia de jornal i per a que se previngue que no succehesquen semblants casos que tots los de la ciutat hagen de fer llimpiar les ximinehes de ses cases dos vegades lo any en pena de tres lliures i que lo almustasaf ne fase averiguacia i que ningú pugue tenir en les angorfes de ses cases en part de pas canems ni palla i los que ho tenen que ho tregen dins tres dies en pena de deu lliures i si succehira algún incendi per causa de palla ho canem que s’encendrà en part perillosa estigue obligat lo que ho tindrà en la tal part perillosa a pagar tots los danys i que als Mestres de cases i fusters que han assistit a apagar lo foch que se encengue en la plaça lo dia [...] del corrent los done la ciutat un real de vuit a cada un i que sihen castigats los que no acudiren44. Este texto proporciona información muy diversa y ayuda a entender el funcionamiento de la ciudad desde la prevención de un episodio de incendio en el que la naturaleza vegetal del producto jugaba un papel determinante. Las medidas promulgadas por la autoridad se redactaron, sin embargo, justo tras la quema de un número indeterminado de «cases de la plaça» y no se conoce cuántas de estas propuestas se acabaron llevando a cabo; aún así, 42 El almacenamiento del cereal en condiciones inadecuadas de temperatura, humedad o disipación térmica puede provocar una fermentación (oxidación bacteriana) que ocasiona un paulatino calentamiento del producto y al cabo de entre dos y seis semanas la combustión espontánea del mismo. Appert, J.; Almacenamiento de granos y semillas alimenticios, Emisferio Sur, Buenos Aires, 1993, p. 17. 43 Las «Ximigues grans» eran como las anteriores jeringas ya explicadas, pero de mayores dimensiones y colocadas sobre carros para su transporte. 44 AML Fons Municipal, Llibre de consells generals, año 1697, reg. 455, f. 67.
37 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social las más destacables fueron la construcción de jeringas, la intervención de los trompetas tocando a fuego y el cumplimiento de normativa diversa. La construcción de las «jeringas grandes» para impulsar agua –que se debían guardar en el Ayuntamiento– implicaba, por un lado, que la ciudad tenía que hacer un gasto económico relativamente importante, y, por otro, que había algún herrero en la ciudad que conocía el funcionamiento y que tenía las habilidades necesarias para fabricarlas. Desgraciadamente, no se ha realizado ningún hallazgo arqueológico que nos permita conocer cómo eran estas jeringas o que nos confirme si aquellos que luchaban contra el fuego llegaron a tenerlas a disposición. Por otra parte, la utilización tradicional de la trompeta, que en la Edad Media servía para transmitir las órdenes necesarias entre los mandos y la tropa en el campo de batalla; con el paso del tiempo empezó a emplearse con fines de tipo civil, tales como advertir a la población de los diferentes acontecimientos que afectaban a la ciudad, entre ellos, el incendio. Los avisos de alarma por fuego han sido fundamentales para evitar desgracias personales porque han permitido la evacuación de las personas que se hubieran podido ver afectadas por el siniestro y porque la efectividad de extinción aumenta a medida que disminuye el tiempo de respuesta; se puede afirmar, además, que los inicios de la mayoría de fuegos son de pequeñas dimensiones y por tanto fáciles de apagar si el aviso es rápido. En Lleida, como se verá en el capítulo «Los reglamentos. La regulación de la compañía de bomberos de Lleida (1840-1962)» –p. 85–, otros métodos de comunicar la alarma de incendio además de las trompetas fueron el repique de campanas desde la Catedral Nova (finalizada en 1781) y desde las parroquias de los barrios o distritos; y ya a principios del siglo xix, mediante la figura del vigilante nocturno o sereno. Los avisos también servían para dar la señal de alerta, no solo a los bomberos, también a los responsables políticos de la ciudad, que tenían la obligación de estar presentes en el lugar del siniestro hasta que el fuego quedara controlado, ya que, como máximos representantes del consistorio, tenían la responsabilidad de supervisar las tareas de coordinación de la extinción. Por último, además de la obligación de maestros de obras y carpinteros de acudir al siniestro (asunto tratado en «El papel de los gremios de la construcción» –p. 26–), el texto destacaba la prohibición de acumular productos agrícolas en la ciudad para evitar los problemas ya mencionados derivados del almacenamiento. Era de gran importancia, también, la limpieza de las chimeneas, dado que el hollín acumulado podía inflamarse y generar un
44 Leonard Jové vidaL recoge en el libro El Marqués de Blondel y la Ciudad de Lérida63, donde se habla de llamas de gran altura y mucha cantidad de humo. Otras revelaciones del mismo libro corroboran las observaciones ya expuestas sobre el modo de afrontar las emergencias tanto en época medieval como en la moderna: así, encontramos que acudían vecinos con cántaros, que «iban de mano en mano para lanzar agua al edificio» y concejales del Ayuntamiento que realizaban tareas (teóricamente) de organización y gestión. Según J. Lladonosa64, a raíz de este siniestro se inició un «Servicio de protección contra incendios», si bien el autor no señala ninguna referencia bibliográfica ni archivística que nos proporcione más información al respecto. La investigación de las fuentes que sustentan esta tesis no ha proporcionado ningún tipo de noticia a propósito de esta cuestión y, por tanto, no podemos afirmar que se iniciara ninguna especie de «compañía» de bomberos dedicada a la extinción de incendios a partir de aquel suceso. Quizá el autor hacía referencia a algún tipo de información, ahora desaparecida, de diferentes medidas de prevención para impulsar un servicio, o de unos primeros borradores –que nunca se llegaron a formalizar. Un hecho similar ocurrió en la época del gobernador José de Heredia y Velarde (1751-1814), que desempeñó sus funciones en Lleida entre el 1798 y el 1808. En el libro Lérida moderna. Época de los Borbones, de J. Lladonosa, el autor anota que, en el acta del dos de agosto del 1801, aparece: [...] una bomba con manga, sobre ruedas. Consta su eficacia al decir que extinguía el fuego con la misma rapidez que las que usaban las embarcaciones de la armada española65. Desgraciadamente, no existen –a día de hoy– las actas a las que hace referencia el autor o no se conoce su emplazamiento, y –por tanto– no se pueden hacer las comprobaciones que permitirían disipar las dudas. No obstante, y tal y como sucede en el caso anterior, no hay una continuidad informativa que hable de una bomba de estas características en ningún otro documento y que permita establecer un análisis comparativo para obtener revelaciones adicionales. 63 J. M. Álvarez Pallás, El Marqués de Blondel y la Ciudad de Lérida, Artes gráficas Ilerda – P. Guimet, Lleida, 1948, pp. 21-23. 64 J. Lladonosa i Pujol, Lérida moderna. Época de los Borbones..., p. 151 y J. Lladonosa i Pujol, Història de la ciutat de Lleida..., p. 284. 65 J. Lladonosa i Pujol, Lérida moderna. Época de los Borbones..., p. 163.
45 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social La explosión del Polvorín de La Suda (1812) Todos recordamos con dolor las desgracias que ocurrieron en el año 12 a motivo de haberse volado el edificio en el que hallaba depositada una considerable porción de pólvora, reduciendo a no pocos ciudadanos a una eterna miseria66. Habían transcurrido casi 30 años desde la explosión67 del polvorín situado en La Suda, en la colina de la Seu Vella, pero Lleida seguía recordando la enorme desgracia y el impacto que causó la cifra de más de 200 muertos en la ciudad como consecuencia de la destrucción de gran número de viviendas situadas, principalmente, en el barrio de Magdalena. En 1812 Lleida estaba ocupada por el ejército de Napoleón, en el contexto del conflicto bélico que enfrentó a España y Francia entre los años 1808 y 1814, la Guerra de la Independencia. Desde el inicio de las hostilidades entre ambos países, las élites leridanas se posicionaron junto a Fernando vii y en contra del invasor, acusado de extender ideas anticlericales y liberales, contrarias a la tradición del Antiguo Régimen. Los disturbios y conflictos en la ciudad fueron constantes, el más destacado de los cuales fue el motí del Femeret, a principios de enero de 1809, que consistió en el intento de ejecución –por parte de la población– de un grupo de prisioneros franceses, y que acabó provocando graves desórdenes y un gran número de víctimas civiles68. Sin embargo, ningún acto de rebeldía resultó tan devastador como el que provocó la explosión del polvorín de La Suda, una operación que pretendía liberar la ciudad –ocupada desde mayo de 1810– del yugo francés. Planificada por el general Lacy (1772-1817) y el baró d’Eroles (1784-1825), contó con la colaboración de algunos habitantes de la ciudad69, donde tuvo una importancia capital «el hijo del guarda-almacen»70, aunque Pleyan de 66 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1840-41, reg. 1720, f. 174-175. 67 Tipo de explosiones: La explosión física es la que provoca un recipiente que se rompe porque no puede soportar la presión interna. Un ejemplo sería un neumático de coche que revienta a gran velocidad. La deflagración es una combustión muy rápida de un gas, vapor o polvo con un frente de llama de velocidad entre 1 y 5 m/s, siempre subsónica. La detonación es la combustión muy rápida (1000 m/s) de una sustancia que provoca una onda de choque esférica, supersónica y, a menudo, un cráter. Ejemplos serían explosivos militares o de uso de canteras. Ver J. Sans, (coord.); La investigació d’incendis i explosions, Institut de Seguretat Pública de Catalunya, Mollet del Vallès, 2010, p. 24. 68 J. Lladonosa i Pujol, Història de la ciutat de Lleida..., pp. 290-291. 69 M. Lladonosa, A. Jové, E. Vicedo, Història de Lleida. Segle xix, vol. 7, Pagès Editors, Lleida, 2003, p. 264. 70 J. Pleyan de Porta, Apuntes de historia de Lérida, Imprenta de Carruez, Lleida, 1873, p. 299.
46 Leonard Jové vidaL Puerta no explique el porqué. Casualmente, los almacenes eran locales donde muy a menudo se guardaban utensilios para la extinción de incendios y las personas que realizaban la tarea de custodiarlos fueron, como veremos más adelante, figuras relevantes en el organigrama de las compañías de bomberos. Así, se podría dar el caso de que, a pesar de no tener constancia de ninguna compañía de bomberos durante ese período, fuera probable la existencia de un almacén con utensilios para la sofocación de incendios, vigilados por un guarda-almacén, cuyo hijo fuera uno de los principales partícipes de la catástrofe. Este hecho, sin embargo, sólo es una conjetura. En cualquier caso, la noche del 16 de julio de 1812 se iba a celebrar una fiesta donde debían participar altos mandos del ejército francés y el plan de los rebeldes leridanos consistía en hacer volar el polvorín para deshacerse del mayor número de enemigos posible e intentar reconquistar la ciudad. Al parecer, la detonación de los 1.500 quintales de pólvora se adelantó unas horas y la mayoría de los militares franceses todavía no habían hecho acto de presencia en la verbena, circunstancia que los liberó de salir damnificados71. La explosión hizo desaparecer, además de la torre, toda la obra de levante que aún se conservaba, la nave oriental del sector sur y el cimborrio de la parte occidental. También afectó a la catedral y a un número considerable de casas del barrio de Magdalena, dejando muy dañada la antigua contramuralla (1644-47) que rodeaba el castillo72. Las situaciones más difíciles de afrontar por parte de los equipos de intervención, en cuanto a garantizar la protección civil, son las grandes catástrofes y la simultaneidad de servicios. En ambos casos, el número de recursos y efectivos es absolutamente insuficiente para abarcar la emergencia; dicho de otro modo, el siniestro supera la capacidad de respuesta. Es difícil imaginarse la magnitud de la tragedia en la explosión de La Suda y las innumerables afectaciones que seguramente se produjeron: búsqueda de supervivientes en edificios derrumbados, apuntalamientos para asegurar lugares de paso o de trabajo, incendios que se habían de extinguir... Se puede suponer que personas de toda índole acudieron en ayuda de familiares, amigos y población en general, pero la empresa era de tal magnitud y los medios tan escasos, que poco se debió poder hacer para ayudar a las víctimas. 71 A. Sánchez Carcelén, La guerra del Francès a Lleida. La insurgència lleidatana contra Napoleó i les seves conseqüències (1808-1814), Pagès editors, Lleida, 2008, pp. 204-205. 72 I. Gil, A. Loriente, X. Payà, El conjunt monumental de la Suda. El castell reial i les restes arqueològiques del seu entorn, Ajuntament de Lleida, Lleida, 2007, pp. 193-196.
47 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social Cabe señalar, a modo de conclusión de este recorrido histórico, que la actuación en incendios o explosiones como las anteriores y otros tipos de servicios que podían afectar una ciudad o un territorio, no las realizaba una compañía de bomberos profesionales con una capacidad de actuación –tanto en el ámbito material como en lo relativo a la formación– como la actual. Se trataba de un grupo de personas sin una formación adecuada que, en un momento concreto, se veían obligadas, por unas circunstancias determinadas, a dar respuesta a una emergencia. Además, la efectividad en la extinción de los fuegos era escasa porque el método de trabajo era rudimentario, las herramientas que empleaban no garantizaban una sofocación eficiente y las normativas de edificación no contemplaban ningún tipo de clasificación de materiales a partir de su resistencia al fuego. Estas realidades hacían extremadamente difícil la extinción de los incendios. Sin embargo, a partir de los años treinta y cuarenta del siglo xix, el gran crecimiento demográfico acaecido en las ciudades, a consecuencia de los cambios sociales y económicos originados a partir de la Revolución Industrial, hicieron necesarias nuevas estructuras y organizaciones que ordenaran y regularan las urbes. Y, así, se establecieron las compañías de bomberos para dar respuesta a estas demandas urbanas y, gradualmente, dejar atrás el método tradicional de extinción de los incendios. Fue una transformación muy lenta, condicionada por una economía frágil y unas coyunturas políticas muy a menudo adversas, pero –como a continuación se explicará– fueron unos cambios notables que se apoyaron en la propia organización del servicio y en el desarrollo tecnológico, hechos que significaron el inicio de los servicios de extinción de incendios tal y como los entendemos en la actualidad.
POLÍTICA Y ECONOMÍA EN LA ARTICULACIÓN DEL CUERPO DE BOMBEROS (1840-1975) E ste capítulo pretende analizar la influencia del contexto político y económico en la formación y el desarrollo de la compañía de bomberos de Lleida como «institución» en el transcurso de su existencia. La diversa documentación consultada, sobre todo aquella recogida entre los años 1863 y 1920, muestra de forma muy clara que el siglo xix supuso un periodo de dificultad eminentemente económica, motivada por la constante escasez de recursos que padecía el municipio. No hay que olvidar, sin embargo, la voluntad política de cada gobierno de turno a la hora de impulsar en mayor o menor medida el proyecto, puesto que la dejadez y la falta de determinación por parte del consistorio fueron –muy a menudo– determinantes en el desorden funcional del Cuerpo; una realidad contrapuesta a la imagen de formalidad y profesionalidad que transmitían los reglamentos del servicio de extinción. Fueron años en los que los bomberos ejercían sus funciones en pésimas condiciones de trabajo: poco formados, mal remunerados y con material escaso y defectuoso. Ya en el siglo xx, las dificultades financieras siguieron presentes durante las dos primeras décadas, aunque el mayor contratiempo para la subsistencia del servicio de extinción lo causó, como se explicará en «El reglamento de 1923. La profesionalización de la Compañía» –p. 117–, la devastadora Guerra Civil española. Una vez hubo finalizado el conflicto, y con la llegada de una mayor estabilidad política, la compañía de bomberos se fue desarrollando y afianzando como herramienta de protección ciudadana durante el resto de la centuria. UNA COMPAÑÍA OPERATIVA EN CRISIS ENDÉMICA El período inicial de formación del servicio de extinción, alrededor del año 1840, estuvo caracterizado por el deterioro financiero que la primera Guerra
50 Leonard Jové vidaL Carlista había ocasionado en las arcas del municipio. Cabe señalar que la provincia de Lleida fue la demarcación de Cataluña donde las hostilidades resultaron más duraderas y donde sus vecinos se vieron obligados a pagar durante más tiempo las contribuciones de guerra1: [...] el estado de los fondos comunales no permiten mas que la compra interinamente de una bomba sin perjuicio de comprar la otra cuando aquellos puedan distraerse y no sean tan necesarios como ahora2. Aparte de esta incidencia anecdótica, la información extraída de la documentación analizada no muestra ninguna otra noticia relevante ni en el ámbito económico ni en el político en el momento de poner en funcionamiento la Compañía. La mayoría de las noticias redactadas en las dos primeras décadas de la existencia del Cuerpo se centraban exclusivamente en las medidas establecidas para poner en marcha y regular el servicio de extinción. De hecho, tampoco aparecen noticias sobre incendios, exceptuando dos que se explican en las actas de forma muy superficial. Seguramente esta anomalía informativa no se correspondía con la realidad, y es muy probable que la propia discontinuidad funcional de la Compañía y los mismos contratiempos que muestra la documentación consistorial a partir de los años sesenta del siglo xix –se analizará en este mismo capítulo– se produjeran también en aquella primera etapa de formación del Cuerpo. Con toda probabilidad, existirían las mismas dificultades económicas y políticas para emprender el servicio de extinción, pero no se empezó a tener constancia de ellas hasta la consolidación de la Compañía como ente municipal y –por ende–, con un registro más detallado de los cometidos que le concernían. La llegada al gobierno municipal del alcalde Manuel Fuster y Arnaldo (1808-1864) supuso, como se explicará en «El Reglamento de 1861. Un período de transición» –p. 108–, un proceso de transformación urbana y de modernización de la ciudad. El derribo de las murallas, la llegada del ferrocarril o la implantación del gas para el alumbrado público, fueron entre otras, las actuaciones más relevantes en la transformación de la Lleida decimonónica. Este conjunto de novedades implantadas en la ciudad durante los primeros años de la década de los sesenta, del siglo xix, significaron también el impulso definitivo en la consolidación de la Compañía. 1 Q. Casals, El trienni progressista a la Lleida del segle xix. La regència del general Espartero (1840-1843). Pagès editors, Lleida, 2000, pp. 94-95. 2 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1840-41, reg. 1720, f. 186.
51 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social Este ayuntamiento acordó nombrar una comisión conjunta de Us. y D. Mariano Gigo y D. Gregorio Jovér para preparar y proponer la organización de la seccion de bomberos que se ha de establecer en esta Capital3. Se trataba de conseguir, tras más de veinte años de fluctuaciones, un servicio de extinción de incendios a la altura de las expectativas que los nuevos tiempos otorgaban a la ciudad; se requería, por tanto, consolidar la Compañía y dotarla de funcionamiento efectivo y regular. Un paso en esta dirección vino a significar la inauguración oficial de la entidad por parte del consistorio, un acto fundacional que representaba el inicio de la nueva compañía de bomberos de Lleida. No se conoce el día concreto en que se efectuó, pero a raíz de un incendio, ocurrido el 8 de marzo de 1862, sabemos que a primeros de ese mismo año ya había sido promulgada como tal: [...] S.E. a pesar de que no llegó el caso de tener que operar dichas compañías, acordó gratificar de la partida de imprevistos a los ocho que acudieron primeros al almacen, en las cantidades respectivas que señala el reglamento, pero que este acuerdo no sirva de ejemplar en lo sucesivo, y solo se lea tomado por deferencia a los deseos del Sr Alcalde para premiar la puntualidad en el primer caso que ha ocurrido desde que se halla establecida dicha sección4. Así, pues, la modernización de la Compañía en ese periodo se sostuvo sobre tres pilares fundamentales, que daban forma al organismo y le proporcionaban imagen y consistencia ante la ciudadanía. Primero, una ordenación definitiva del servicio mediante la reglamentación promulgada el ocho de julio de 1863 (véase «El Reglamento de 1861...» –p. 108–). Segundo, otorgar al Cuerpo el carácter de institución oficial dependiente del gobierno municipal. Y, por último, la adquisición de nuevas herramientas, entre las que destacaba la bomba hidráulica, una cuestión que se analizará en «Las bombas contra incendios» –p. 192–. El proceso transformador del cuerpo de bomberos no resultó, sin embargo, nada fácil. Hasta finales del siglo xix no se consolidaron en las principales ciudades catalanas unos servicios públicos que dieran respuesta a las necesidades sociales del momento, y la legislación no especificaba qué ente gubernamental debía resolver la extinción de los incendios. Además, a pesar de la iniciativa emprendida en la mejora del servicio, los problemas económicos dificultaban el proceso. La preocupación por la financiación de 3 AML Fons Municipal, Documentació relacionada amb la Companyia de Bombers de Lleida, año 1862, reg. 1582, s. f. 4 AML Fons Municipal, Llibre d’actes de Ple, año 1862, reg. 1739, f. 41.
52 Leonard Jové vidaL la Compañía ya se puso de manifiesto en la elaboración del reglamento de 1863, a través de cartas que el Ayuntamiento envió a otras ciudades donde se interpelaba sobre el mantenimiento (o no) del Cuerpo. En una de las misivas recibidas, en este caso procedente de la ciudad de Girona, se responde: [...] si bien en esta ciudad existe nombrada una sociedad de socorros contra incendios, ciertos obstaculos han impedido que funcione por ahora; bajo las bases del Reglamento aprobado, por cuyo motivo a los individuos de la compañía de bomberos que prestan servicio cuando ocurre un incendio, se les abona por el ayuntamiento, con cargo al presupuesto municipal, una prudente cantidad según la importancia del siniestro y el mas o menos trabajo empleado, sin que haya llegado el caso de subbencionar a los edificios asegurados que esperimentan pérdidas por razon de incendios, por no haberse planteado la espresada Sociedad. Gerona 15 mayo 1862. El alcalde corregidor Mariano Hernandez5. En otra carta, proveniente de Barcelona –ciudad que por su magnitud y peso económico disponía de una experiencia más dilatada en el funcionamiento de un cuerpo de bomberos–, se informaba: La sociedad de seguros mutuos de incendios de esta Ciudad no tiene relación alguna con las otras sociedades de la propia clase establecida en la misma. La Compañía de Bomberos dependiente de aquella sociedad recive los premios y jornales que devenga unicamente cuando debe acudir a la estinción de algún incendio. Si el siniestro ocurre en casa asegurada por la sociedad de seguros mutuos, entonces esta satisface a los bomberos los dichos premios y jornales; y si el incendio tiene lugar en edificios no asegurados por la referida sociedad, seanlo o no por otras de seguros, es siempre el propietario de la finca el que tiene la obligacion de satisfacer los que deben (quen) los individuos de la Compañía de bomberos [...] remito el reglamento de la sociedad indicada y otro de la Compañía de bomberos. Barcelona, 27 Mayo 18626. Estas misivas respondían a cuestiones relacionadas con la sostenibilidad presupuestaria del Cuerpo, un hecho que representó un inconveniente constante durante prácticamente todo el siglo xix. Una de las razones del mal funcionamiento de la entidad la encontramos en el propio reglamento aprobado en 1863. En el artículo 48 se especificaba que el propietario 5 AML Fons Municipal, Documentació relacionada amb la Companyia de Bombers de Lleida, año 1862, reg. 1582, s. f. 6 AML Fons Municipal, Documentació relacionada amb la Companyia de Bombers de Lleida, año 1862, reg. 1582, s. f.
53 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social del edificio que había sufrido el incendio, en caso de no tener seguro, era la persona responsable de abonar los sueldos que los bomberos debían percibir, de tal manera que el Ayuntamiento procedía a adelantar el pago a los miembros de la compañía y hacía, con posterioridad, las pertinentes reclamaciones al vecino afectado. Este hecho ocasionaba un desbarajuste financiero a la persona que había sufrido el siniestro, dado que, además de perder buena parte o la totalidad de sus bienes muebles e inmuebles, debía hacer frente al gasto derivado del servicio. Un caso documentado en este sentido es el del señor Novell: [...] se suplica que no se le cargue todos los gastos ocasionados para la estinción del incendio del dia 8 en la Calle San Martin numero 20 ya que nada se ha podido salvar7. Además, aquel material de la compañía que había resultado dañado o deteriorado en cualquier siniestro también iba a cargo del particular que había sufrido el incendio. En estas circunstancias, no era raro encontrar casos de vecinos de Lleida que no querían o no podían pagar, y otros que justificaban con todo tipo de razonamientos el hecho de no hacerlo. Es el caso de un propietario que reclamaba no abonar los gastos correspondientes ya que el incendio había sido provocado por unos niños; aun así, finalmente, no se le liberó del pago8. Este tipo de situaciones eran similares a las que sucedían en otras ciudades, como Tarragona9 o Barcelona, el ayuntamiento de la cual, tenía un sistema de cobro similar al de Lleida a la hora de percibir las costas de la extinción, «que de forma pràcticament sistemàtica no es pagaven»10. Este procedimiento de recaudación no era efectivo y supuso muchos problemas para el consistorio, el cual, vista la falta de pago de algunos vecinos, en más de una ocasión requirió la vía de apremio: Tambien se resuelve que el Sr Alcalde proceda por la via del apremio y sin contemplación alguna contra todos los deudores por el servicio de Yncendios11. Se debe considerar que la ciudadanía de Lleida pasaba por un periodo de grandes dificultades económicas, principalmente por el brote de cólera 7 AML Fons Municipal, Llibre d’actes de Ple, año 1876, reg. 1753, f. 254. 8 AML Fons Municipal, Documentació relacionada amb la Companyia de bombers de Lleida, año 1865, Reg. 1582, s. f. 9 J. Farré Sanfeliu, El cos de bombers de Tarragona (1858-2008)..., pp. 14-15. 10 J. Mestre i Campí, Bombers de Barcelona..., p. 40. 11 AML Fons Municipal, Llibre d’actes de Ple, año 1876, reg. 1753, f. 20.
60 Leonard Jové vidaL siniestros atrasados de mucho tiempo; ha dispuesto reunirlos esta noche y satisfacerles los 4 trimestres; no pudiendo por ahora hacer lo mismo respecto los siniestros [...] prometiendoles hacerlos efectivos tan pronto como sea posible29. Una muestra evidente de la precariedad que sufría la Compañía, en aquellos años, se expresó a través de la letra de una canción popular, que llevaba por título «Los Bomberos»: A les sis del dematí del quartel varen sortir, amb uns trajos rebregats i un material tan antic, que al veure’l vaig dir: – jo’t flic! Per ser d’una ciutat tant noble millor ho tenim al meu poble.– Quan a plaça van estar, Un gran foc van simular. Vinga tocar trompetes, Obrint i tancant aixetes, Tirant fortes arruixades Per parets i per teulades; Posar i treure escales, Empunyar destrals i pales, Puja i baixa molt braons, Per finestres i balcons. Després de molt treballar El foc van poder apagar Entre ells i la plugeta Que els va ajudar una miqueta30. Un último ejemplo del desorden que reinaba en el funcionamiento de la Compañía se observa en la prensa del momento, que se hacía eco de la siguiente noticia: ¿Es cierto que una de las bombas de incendios que debiera figurar entre las del Parque de bomberos se halla desde hace mucho tiempo entre los utensilios o artefactos de un huerto particular?31 29 AML Fons Municipal, Llibre d’actes de Ple, año 1890, reg. 1767, f. 259. 30 «Veritable Relació», Vida Lleidatana, números 49-50, mayo de 1928, p. 174. 31 El Pacto, Periódico Republicano Federal. Órgano del Partido de la Província, Julio de 1890, p. 4.
61 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social La posibilidad de solucionar el incesante problema económico del servicio de extinción se centró –como será analizado a continuación– en la búsqueda de la cooperación económica de las compañías aseguradoras. No obstante, en una ciudad de las dimensiones y las características socioeconómicas de Lleida, el margen de actuación que tenían este tipo de corporaciones era bastante limitado y no se pudieron desarrollar completamente hasta bien entrado el siglo xx. A LA BÚSQUEDA DE SOLUCIONES. LAS COMPAÑÍAS ASEGURADORAS La nueva burguesía surgida en la Cataluña del siglo xix estuvo interesada en el desarrollo de compañías aseguradoras modernas, vinculadas a la protección de sus propiedades fabriles. De hecho, la aparición y el incremento de estas corporaciones fue asociada a la implantación de las nuevas estructuras productivas industriales y a la gradual expansión del capitalismo32. La primera entidad de protección de bienes fue la Sociedad de Seguros Mutuos contra Incendios de Barcelona, inaugurada en 1835. La esperiencia ha demostrado prácticamente que las Sociedades de seguros mútuos contra ciertas calamidades son preferibles a toda otra especie de asociación cuyo objeto sea assegurar la propiedad, porque siendo recíproco el interés de la conservación, se facilita esta por medios sumamente económicos, puesto que la reunión de muchos interesados disminuye el sacrificio de cualquier quebranto que el infortunio o la casualidad puede lanzar sobre una familia industriosa33. Atrás quedaban las coberturas de tipo mutualista –o de fondo común– que ofrecían los gremios del Antiguo Régimen, para dar ayuda a aquellos miembros que habían sufrido las consecuencias de un fuego34. Las compañías aseguradoras –las más importantes fueron la de Barcelona, ya mencionada, y la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Madrid, fundada en 1822– siguieron unas 32 A. Sánchez Suárez (dir.), Barcelone 1888-1929. Modernistes, anarchistes, noucentistes ou la création fiévreuse d’une nation catalane, Autrement, París, 1982. 33 Seguros Mútuos Contra Incendios y Destrucción de Establecimientos Fabriles del Antiguo Principado de Cataluña, Impremta de Tomàs Gaspar, Barcelona, 1841, p. 3. 34 L. Bermúdez y Morata, F. Espinosa Navarro, J. L. Pérez Torres, Introducció al món de les assegurances, Universitat de Barcelona, Barcelona, 2004, pp. 5-7 y E. Frax, M. J. Matilla, «La evolución del sector seguros en Francia y España. 1800-1936», en C.E. Núñez, Insurance in Industrial Societies: Economic Role, Agents and Market from 18th Century to Today, Universidad de Sevilla, Sevilla, 1998, pp. 31-33.
62 Leonard Jové vidaL políticas de funcionamiento muy similares. Obligadas por la poca consistencia organizativa y la escasez de recursos de los servicios de extinción municipales –durante los primeros años de formación–, y con la intención de obtener una mayor rentabilidad económica, las mutuas decidieron adquirir por ellas mismas material diverso para luchar contra el fuego y crear sus propias compañías de bomberos. Así, si los incendios se apagaban de forma más rápida y eficiente, los desperfectos eran menores y los posibles gastos por indemnizaciones a sus asociados se podían reducir considerablemente35. Se dio la situación de que, en Barcelona, entre los años 1845 y 1851, la Compañía de bomberos estuvo gestionada por el Ayuntamiento y la Mutua a partes iguales y con un responsable de cada estamento. Mientras el consistorio se hacía cargo del dispendio por el incendio de las casas que no estaban aseguradas, la Mutua lo hacía de aquellas que sí lo estaban. El acuerdo, sin embargo, sufrió numerosos incumplimientos, principalmente por parte del Ayuntamiento, lo que se originaron disputas constantes entre las dos entidades, y la discontinuidad del contrato36. En Lleida, con una población muy inferior a la de Barcelona, no existió ninguna compañía aseguradora que iniciara la formación de un cuerpo de bomberos capaz de remediar las carencias del municipio en esta materia. Sin embargo, las autoridades de la ciudad creían necesaria la institución de una Mutua de seguros contra incendios. Los primeros intentos de formar una corporación de estas características la encontramos a principios del año 1852: S.E. queda enterado de un oficio del señor gobernador de Provª su fecha 24 del corriente autorizando para celebrar una reunión de propietarios de casas que presidia Su Señoria afin de crear una sociedad de socorros mutuos de incendios; y en su vista delibera que el Sr presidente se ponga de acuerdo con [...] Sr Gobernador37. El intento resultó dificultoso, se prolongó en el tiempo e implicó a diferentes instituciones de la ciudad, como por ejemplo la Sociedad Económica de Amigos del País de Lérida. Este colectivo, estrecho colaborador de la municipalidad, sobre todo en los períodos en los que los liberales progresistas permanecieron en el poder, promovía el desarrollo social y económico de Lleida desde diferentes vertientes. La educación, la innovación tecnológica 35 R. Balasch (ed.), Mútua de propietaris: 175 anys assegurant edificis, 1835-2010, Mútua de Propietaris, Barcelona, 2010, pp. 96-101 y J.C. Barragán Sanz, P. Trujillano Blasco, Historia del Cuerpo de Bomberos de Madrid..., pp. 59-60. 36 J. Mestre i Campí, Bombers de Barcelona..., pp. 27-29. 37 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1852, reg. 1729, f. 44.
63 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social o la expansión industrial –entre otros– eran algunos de los elementos fundamentales dignos de consideración, con el fin de asegurar un futuro más próspero para la ciudad38. [...] el Seguro de incendios es uno de los motores que ha ayudado al desarrollo tecnológico, ha facilitado las inversiones, etcétera, es decir ha propiciado el progreso socioeconómico de los países39. La creación de una corporación de protección contra incendios era, por lo tanto, un hecho de gran importancia, que coincidía plenamente con la ideología de la Sociedad. Así lo muestra una carta con referencia a este asunto, de José Puig y Jayme de Bufalá, concejales del Ayuntamiento, en la que se manifiesta: Lérida necesita de la asociación para promover los intereses locales, y cualquier institución y proyecto que tienda a desarrollar ese elemento de progresso y vida material, merece ser acogido y ausiliado hasta con entusiasmo [...] Lérida 21 Marzo 186840. La Sociedad Económica de Amigos del País de Lérida impulsó el proyecto de creación de una sociedad que diera cobertura a los gastos originados por los incendios que se producían en la ciudad; así lo atestigua un documento del año 1868 que lleva por título «Proyecto para formar una Sociedad de socorros mutuos contra incendios en esta capital»41. El texto, además de observar las ventajas socioeconómicas ya mencionados con anterioridad, daba a conocer que la iniciativa de crear un organismo de seguros contra incendios ya se intentó llevar a cabo en 1845, justo en los primeros años de existencia de la Compañía de Bomberos de Lleida. Este hecho reafirma la idea de que la iniciativa para promover un proyecto de estas características fue una constante que impulsaron diferentes gobiernos de la ciudad. La escasez de asociados y el hecho de que Lleida no fuera una ciudad con grandes fábricas –que necesitasen ser aseguradas– dificultaba constantemente el éxito en dicha empresa. 38 M. Lladonosa, A. Jové, E. Vicedo, Història de Lleida. El segle xix..., p. 112. 39 J. Royo Burillo, Estudio sobre la evolución del Seguro de Incendios y de los Seguros Combinados o Multirriesgos, Consejo General de los Colegios de Agentes y Corredores de Seguros de España, Barcelona, 1989, p. 49. 40 AML Fons Municipal, Documentació relacionada amb la Companyia de Bombers de Lleida, año 1868, reg. 1583, s. f. 41 AML Fons Municipal, Documentació relacionada amb la Companyia de Bombers de Lleida, año 1868, reg. 1583, s. f.
64 Leonard Jové vidaL [...] hubo que oír y no sin sorpresa, de labios de los señores agentes, que en Lérida no había siquiera un diez por ciento de propietarios asegurados42. Sin embargo, diversa documentación consultada, fechada entre finales de los años sesenta y principios de los setenta del siglo xix, muestra que la Sociedad de Socorros Mutuos contra Incendios La Catalana43 y la Compañía contra Incendios La Unión44 estaban ya establecidas en Lleida. De hecho, en la anotación del acta de esta última corporación se pedía al Ayuntamiento que se le facilitara una relación de propietarios de fincas urbanas, es de suponer que con la pretensión de conseguir nuevos contratos con personas dispuestas a asegurar sus respectivas pertenencias. Con estas compañías operando en la ciudad, el consistorio intentó hacerles partícipes de los gastos ocasionados por los incendios. Fue un proceso de disputa incesante entre el Ayuntamiento y las empresas aseguradoras, que se prolongó desde finales del siglo xix hasta principios del xx. Se trataba, básicamente, de conseguir que las mutuas financiaran una parte de los costes que ocasionaba el servicio de extinción de incendios, dado que las aseguradoras conseguían, como consecuencia de la actuación de los bomberos en caso de siniestro, ahorrarse parte del gasto que tenían la obligación de abonar a sus asociados. Esta demanda que –como se desprende de los documentos estudiados– nunca fructificó, se intensificó sobre todo a partir de 1878. Fue ese año, como se ha explicado en «Una compañía operativa en crisis endémica» –p. 49–, el momento en el que la legislación impedía que el gobierno municipal cargara los sueldos y jornales de los bomberos y los desperfectos de material al ciudadano afectado por un siniestro. El malestar del consistorio por la inacción de las mutuas queda reflejado en el siguiente texto: La Presidencia dio cuenta del incendio ocurrido en el edificio que ocupan las Factorias de Subsistencias Militares, donde además del cuerpo de Bomberos habian acudido setenta soldados del Regimiento de (Suchana) con su Coronel, y los Sres Concejales Guix y Jover. Hizo elogios de los dignos y valerosos individuos de la Compañía de Bomberos, a los que mas de una vez se vio obligado a detener su arrojo evitando tal vez desgracias, por querer salvar intereses de poco valor. Esta muy conforme que por salvar la vida de una persona arriesguen la suya los bomberos, pero nunca que para interés de compañías que en nada contribuyen al sostenimiento del Parque de incéndios, se pongan en trances 42 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1901, reg. 1778, f. 164. 43 AML Fons Municipal, Documentació relacionada amb la Companyia de Bombers de Lleida, Año 1870, reg. 1584, s. f. 44 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1872, reg. 1749, f. 37.
65 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social peligrosos los individuos del mismo. Como regla general –dice– en un siniestro lo que se salva son los edificios y muebles que vienen asegurados por sociedades que en nada contribuyen para adquirir útiles con destino al Parque, y menos al pago de jornales que con tanto riesgo y valentia devengan los bomberos. [...] se invite a los representantes en esta capital de todas las sociedades contra incendios para que se sirvan designar una suma para útiles y para gratificar a los individuos de la Compañía de Bomberos. Cree que convendría excitar a la prensa local para que se ocupara de este asunto y al propio tiempo iniciara la conveniencia de que en esta capital se formara una sociedad de Sres propietarios con el fin de asegurar sus edificios y enseres [...] evitando las cuantiosas sumas que anualmente se desembolsan en la poblacion. El Sr Vicens opina que la proposición la cree muy acertada pero [...] comunicación a las compañías aseguradoras lo que voluntariamente quieran ceder en beneficio del parque y Cuerpo de Bomberos y luego que se activen reuniones para la formación de la Sociedad de vecinos. El Sr Sol añade que estas Sociedades se llevan una suma crecidísima sin que auxilien ni favorezcan lo mas minimo. Debe acudirse a los poderes públicos para que obligue a estas sociedades a contribuir y [...] formación de la Sociedad de vecinos a los que reportaria beneficios y evitaria la explotación de que es objeto esta ciudad45. De este relato se deduce también que el Ayuntamiento intentó presionar a las compañías aseguradoras con el fin de conseguir su colaboración. Por un lado, a través de la prensa, que se encargaría de dar a conocer a la población los agravios que las corporaciones originaban a la ciudad. Por otro, amenazando con la creación de una sociedad de socorros mutuos de carácter público y bajo el amparo del propio municipio. Al parecer, la iniciativa no tuvo éxito, ya que unos años más tarde el problema seguía igualmente vigente: (Ayunto) sobre la necesidad de organizar el Parque de material y para ello propone recabe de las Compañías aseguradoras una subvencion anual. Y si esto no se lograria, la formación en esta capital de una sociedad de socorros mutuos, bajo la iniciativa y valuoso concurso del Municipio bajo la garantia hipotecaria de los propios edificios inscritos al seguro. Además pide también un retén para los servicios de noche. El Sr Presidente dice que ha de tenerse en cuenta que el estado precario del Municipio no permite hacer gastos que no son productivos. Así que está conforme con que se obre con las Compañías aseguradoras y en ultimo resultado que se intente la formación de una compañía de socorros mutuos46. 45 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1892, reg. 1769, f. 287. 46 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1898, reg. 1775, f. 259.
66 Leonard Jové vidaL La problemática duró hasta principios de los años veinte del siglo pasado, momento en el que el establecimiento de diferentes arbitrios (se analizará en «La década de los años veinte...» –p. 69–) en la ciudad, por parte del gobierno municipal, aligeró las cargas que el consistorio sufría por el mantenimiento del servicio de extinción de incendios. Ya en la época de la transición, a finales de los años setenta del siglo pasado, la Paeria (Ayuntamiento) negoció con las compañías aseguradoras establecidas en Lleida una contribución económica –concierto fiscal– para la instalación, sostenimiento y mejora del servicio de extinción de incendios, un procedimiento que continuó hasta la asimilación del cuerpo por parte de la Generalidad de Cataluña el año 2006. [...] la aportación actual que efectua la Agrupación Nacional de Aseguradores que producirá al Ayuntamiento unos nuevos ingresos que pueden autofinanciar en gran parte el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento47. CAMBIO DE SIGLO: LAS DIFICULTADES CONTINÚAN Durante los primeros años del siglo xx, la Compañía de Bomberos de Lleida continuaba trastornada por las mismas dificultades que había soportado en la centuria anterior. La falta de financiación y la nula colaboración de las mutuas aseguradoras, por un lado, y la falta de una organización eficiente del cuerpo, por otro, seguían entorpeciendo el mayor desarrollo del servicio de extinción de incendios. Las quejas que algunos miembros del consistorio y los propios bomberos dirigían a los responsables del funcionamiento de la compañía, debido a las deficiencias del material y la organización del cuerpo, fueron frecuentes. El señor Soldevila dice que otra cuestión importantísima es la referente al servicio de incendios, cuyo material es detestable y cuya compañía esta desquiciada [...] autorización del ayuntamiento para reorganizar el cuerpo. Y en cuanto al material dice que quizás sería una solución el propósito que abriga el Monte Pio de Lérida de constituir una compañía de seguros contra incendios para destinar parte de sus beneficios a la adquisición de útiles y aparatos para la extinción de siniestros48. 47 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1977-79, reg. 1825, f. 179. 48 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1910, reg. 1787, f. 133.
67 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social De hecho, la situación resultó tan desesperada, que en 1914 la compañía de bomberos al completo presentó una carta de dimisión a las autoridades, mientras no se reparase la situación de precariedad laboral que se sufría. Como se observa en la misiva, no se trataba tan sólo de un asunto relacionado con la falta de organización general, sino que se añadía la preocupación por la seguridad personal de los miembros del cuerpo. Los individuos que componen la Compañía de Bomberos de esta Ciudad han acordado pasar a manos de V el presente escrito: Teniendo en cuenta el estado de abandono en que se encuentra el parque de material de incendios, hace imposible el trabajo en los siniestros con las debidas garantías, no solo para atajar el fuego sino también a lo que atañe a la seguridad personal. Teniendo en cuenta que el Reglamento porque se rigen, resulta en casi todo su articulado completamente anticuado. Al mismo tiempo que la subvención que el Ayuntamiento señala para la compañía resulta siempre sumamente exigua y muchas veces, ni siquiera a pesar de su exigüidad, se gasta. Por todo lo cual la Compañía resulta que se ve expuesta cuando por necesidad se ve obligada a actuar, a correr un ridículo y exponerse a las censuras del público. [...] si con la prontitud que el caso requiere no se ven atendidas en la forma que un servicio de tal importancia requiere, se creerán desligados del compromiso de honor que al entrar en la Compañía adquirieron, y recabar la libertad individualmente de tomar la orientación que mejor les convenga a su dignidad. José Pal, Lérida 3 de julio de 191449. Se recalcó también la falta de material y su estado de deterioro, una realidad que se hacía evidente a cada servicio al que acudía la Compañía. [...] I rememorà que una vegada es calà foc a la redola de Sant Joan, i de casa estant, a la plaça de Sant Joan, va presenciar com els nois es divertien tapant amb els peus la munió de forats d’aquelles llargues mangueres que hi havia esteses per terra, i que no se’n sortien de tants com n´hi havia50. En 1919, en una entrevista que el arquitecto y jefe de los bomberos de Lleida, Francesc de Paula Morera i Gatell (1869-1951) dio a la revista El bombero Español, se seguían mostrando las debilidades de siempre, que por lo demás, se hacían extensibles a otras localidades con un número de población similar a la de Lleida. No era, pues, en opinión del redactor del artículo, un hecho puntual que afectara una ciudad determinada, sino que 49 AML Fons Municipal, Organització del personal i adquisició de material per al parc de bombers (1911-1917), año 1914, reg. 10037. 50 A. Bergós Massó, Memòries d’Antoni Bergós, Ayuntamiento de Lleida, Lleida, 1990, p. 64.
68 Leonard Jové vidaL se trataba de un problema general que concernía a diferentes localidades del Estado de extensión y número de habitantes similares a Lleida. Nos enteró de que Lérida posee un regular Cuerpo de Bomberos, que en muchas ocasiones ha dado pruebas de arrojo salvando vidas y haciendas, pero también, como tantas otras poblaciones, con muy poco material con que poder defenderse aquella institución. Hace falta que el Ayuntamiento de Lérida se preocupe de la adquisición de buen material, por lo menos de una máquina moderna51. Sin embargo, de forma gradual la Compañía fue consiguiendo mejoras que progresivamente corregían las propias carencias: «El servei de bombers va començar a estructurar-se en prendre possessió l’Ajuntament del Front Popular, l’any 1917»52. Así, la consignación municipal por el abono de los sueldos de los bomberos aquel mismo 1919 pasó de 399 a 629 pesetas, subrayando, además, que «se las ha pagado cuanto se las debía de años anteriores y que se invierte puntualmente las consignaciones de material»53. Se conoce que hubo también un aumento presupuestario de mil pesetas para dotar de uniforme a los individuos del Cuerpo. Uno de los números que se celebraran durante la próxima fiesta mayor será una revista del Cuerpo de Bomberos con los nuevos uniformes, obra que llevó a cabo durante su gestión el exalcalde Sr. Grau54. Y otro de quince mil pesetas, que luego se redujo a siete mil, «para un motor bomba de incendios»55, que podría ser una del tipo «Delfín», de la casa Metzger (véase «Las bombas contra incendios» –p. 192–), aunque no se tiene plena constancia. El incremento presupuestario que permitió dichas adquisiciones provenía, hipotéticamente, de las doscientas mil pesetas que el Ayuntamiento de Lleida había recibido de la compañía de suministro hidroeléctrico «La Canadiense». A cambio, la empresa se adjudicó la construcción de las compuertas y la esclusa que daban agua al canal de Seròs56. Como explica J. Lladonosa, gracias a esta aportación económica, se pudieron llevar a cabo diversas mejoras en la trama urbana de la ciudad y es probable 51 «Hablando con el Jefe de Bomberos de Lérida», El Bombero Español, Revista núm. 3, Barcelona, 10 de septiembre de 1919. 52 A. Bergós Massó, Memòries d’Antoni Bergós..., p. 64. 53 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1919, reg. 1796, f. 88. 54 Diario de Lérida, núm. 13.400, 16 de marzo de 1924, p. 4. 55 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1923, reg. 1800, f. 161. 56 J. Lladonosa i Pujol, Història de la ciutat de Lleida..., pp. 399-400.
69 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social que una parte de este dinero se empleara en la compra de material contra incendios, iniciándose así un desarrollo que pretendía mejorar la calidad asistencial de la compañía de bomberos. LA DÉCADA DE LOS AÑOS VEINTE. EL IMPULSO INSTITUCIONAL Y EL AUMENTO DE LA FINANCIACIÓN DEL CUERPO DE BOMBEROS En la «transición» hacia un modelo de servicio más profesional, que las autoridades municipales leridanas lograron establecer en aquellos años, jugó un papel muy relevante el Congreso de bomberos celebrado en Barcelona en noviembre de 192057, en el que participó el jefe de la compañía de bomberos de Lleida, el arquitecto modernista Morera y Gatell. Se trataron varios asuntos relacionados con el desarrollo de los servicios de extinción de incendios en el Estado y se llegaron a acuerdos que buscaban adaptar las compañías de bomberos a las necesidades de los nuevos tiempos. Los principales puntos acordados fueron los siguientes: 1. Obtener una mayor dotación de material y unificación de sus características en todos los parques de España. 2. Comprometerse en la prestación de ayuda a los municipios vecinos que no dispusieran de servicio de extinción. En Lleida, esta asistencia ya se debía dar a finales de los años veinte, si nos atenemos a un informe elaborado durante la República, que dejaba entrever esta posibilidad (véase «Los años de la República» –p. 73–). Sin embargo, el ofrecimiento de auxilio a pueblos vecinos no salió reflejado por primera vez hasta la redacción del reglamento de 1944 (véase «El reglamento de 1944...» –p. 124–). 3. Reclamar la dedicación exclusiva –especialización– de las tareas de bombero para una mejor eficacia del servicio. En Lleida, en 1946 se estableció una guardia de «dieciocho individuos para el retén permanente»58, aunque se desconoce el horario que debían cumplir. 4. Exigir a los poderes públicos la creación de un cuerpo de bomberos en poblaciones de más de 5.000 habitantes. 57 «Segundo congreso nacional de Bomberos Españoles. La sesión de clausura», El Bombero Español, Revista núm. 26, Barcelona, 10 de diciembre de 1920, s. f. 58 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1945-49, reg. 1817, f. 96.
76 Leonard Jové vidaL P. Vilar, «Las clases humildes creían en un cambio de vida»72–. Los sectores más tradicionales y conservadores, por su parte, críticos también con el gobierno, atribuían la agitación social a la crisis económica causada por la nueva política y el temor del capital a invertir en el país73. En este contexto, parece evidente que la agresión sufrida por el alcalde estuvo vinculada a este enfrentamiento y que las facciones más derechistas utilizaron el siniestro para atacar al alcalde y desprestigiarlo ante la ciudadanía. La situación de inestabilidad que se vivía en Lleida dificultaba el proceso de transformación que la nueva política quería impulsar, lo que perjudicaba también al propio servicio de extinción. Como se explicaba en el texto anterior, algunos de los problemas que de forma habitual había sufrido la compañía de bomberos de la ciudad durante mucho tiempo, aún estaban presentes en periodo republicano. El principal se centraba en las dilaciones del Cuerpo en hacer acto de presencia en los siniestros, un fenómeno que, como ya se ha mencionado, dificultaba las tareas de extinción y podía provocar un mayor número de víctimas y desperfectos. Además, el hecho de que no se pudiera disponer de un cierto número de individuos fijos de guardia –como sucede, por ejemplo, en la actualidad– y se tuviera que esperar a que los miembros del Cuerpo llegaran al parque para a recoger el material, ralentizaba mucho la resolución del servicio. Lleida, por sus dimensiones, no tenía un número muy elevado de población, por lo tanto, ni los servicios serían muy frecuentes, ni las contribuciones que se recaudaban permitirían disponer de presupuesto suficiente para sostener un retén de bomberos de forma ininterrumpida durante los trescientos sesenta y cinco días del año. Las compañías de seguros, por otra parte, tal y como se relata en el escrito, seguían sin ofrecer una subvención suficiente que permitiera remediar la deficiencia económica. Persistía, además, el problema de la falta de materiales de trabajo en buenas condiciones, una circunstancia recurrente, que a menudo había causado desencanto, tanto a los individuos de la compañía como el resto de la población leridana. En el caso del incendio referenciado, sin embargo, la tardanza tuvo que ver más con causas relacionadas con la propia tecnología del vehículo –en este caso, la incapacidad del motor de calentarse de forma suficientemente rápida– que por un supuesto mal estado del material del Cuerpo. En cualquier caso, el hecho de que el servicio comenzara a disponer, por aquellos años, de automóviles con motor de cuatro tiempos, 72 P. Vilar, Historia de España, Crítica, Barcelona, 1999, p. 127. 73 J. Barrull Pelegrí, Les comarques de Lleida durant la Segona República (1930-1936), l’Avenç, Barcelona, 1986, pp. 281-286.
77 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social conllevó la disminución del tiempo de respuesta al siniestro y mejoró, por lo tanto, su resolución. Este asunto se estudiará en «Los recursos materiales: tecnología y revolución industrial...» –p. 181–. El 26 de febrero de 1932, tan sólo 14 días después del violento suceso, y ante «la impossibilitat de que el servei pugui prestar-se puntualment», el Ayuntamiento de la ciudad acordó un conjunto de medidas en pro de la mejora de diversos aspectos de la Compañía. 1ª Invitar a la Cambra Oficial de la Propietat Urbana i a la Cambra Oficial de Comerç donin una quantitat per al sosteniment del cos de bombers. 2ª Conveniència de buscar un local que reuneixi millors condicions que l’actual i dotar-lo de tot lo necessari a fi de que els bombers puguin practicar els necessaris exercicis gimnàstics i d’escala que precisen setmanalment. 3ª No acceptar la dimissió d’Artur Reñé de director. 4ª Invitar als xofers de la llimpiesa i altres departaments de la casa per a que entrin a formar part del cos, per tal de completar les vacants que actualment hi ha, i que ara en endavant quan es nombri un individu per a les brigades de la casa, sigui nombrat reunint les condicions que assenyala l’article 18 del reglament, contraent l’obligació d’entrar a formar part del cos de bombers. 5ª Comprar un carregador elèctric per les bateries dels autos i comprar o fer una caixa-botiquí dotant-lo convenientment per a casos d’urgència. 6ª Avisar a la Guàrdia urbana que toqui el pito a la part alta de la població amb preferència a la part baixa, i donar-los una llista amb els domicilis del personal de bombers74. Conseguir la colaboración de entidades externas al Cuerpo era ciertamente difícil, pero dotar a la Compañía del personal necesario, de un local adecuado y de herramientas operativas, supuso un logro bastante importante, al menos hasta el estallido de la guerra. LA GUERRA CIVIL. DESARTICULACIÓN DEL SERVICIO DE EXTINCIÓN Mientras duraron las hostilidades de la Guerra Civil, no se impulsó ninguna medida relevante para reformar la Compañía: ni compra de material ni contratación de nuevo personal. «Transcurrió la guerra, sin procederse a 74 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1932, reg. 1809, f. 46.
78 Leonard Jové vidaL reformar y mejorar los servicios de este Servicio de Incendios»75. Tan sólo se debieron producir actuaciones y decisiones, la mayoría improvisadas, propias de las reacciones humanas ante un conflicto de tales dimensiones. Así, las breves noticias existentes relativas a este periodo se refieren, básicamente, a servicios acaecidos en revueltas, batallas o bombardeos, como se explicará en «La prevención de los incendios y las asistencias...» –p. 223–. El estudio de la compañía de bomberos durante la Guerra Civil española se hace particularmente difícil debido a la falta de información, causada por la desaparición de las Actas del Ayuntamiento correspondientes al año 1937. Aparte de esta carencia informativa, las noticias alusivas al Cuerpo en los años 1936, 1938 y 1939 son también bastante escasas. Únicamente a través de referencias relativas a otros cuerpos de bomberos de Cataluña, se pueden establecer ciertas conjeturas sobre las vicisitudes de la Compañía o, al menos, de individuos que formaban parte de la misma. Durante el año 1937, la compañía de bomberos de Lleida debió ir ejerciendo sus funciones de manera irregular y con un número de individuos que variaba en función de la coyuntura, adaptándose a las circunstancias que la propia guerra provocaba. Pero a partir de 1938, el cuerpo de bomberos desapareció. La evacuación de la población de Lleida, los bombardeos de los últimos días de marzo y la entrada del ejército fascista a primeros de abril dejaron la ciudad en un estado deplorable y la compañía de bomberos absolutamente desarticulada76. De hecho, pocos días después del choque entre republicanos y fascistas, en un acta del nuevo Ayuntamiento franquista del día 12 de abril del 1938, se iniciaron los trámites para la formación de un nuevo servicio de extinción de incendios. Por las circunstancias excepcionales en que se halla la ciudad, ausentes la mayor parte de sus vecinos, esta alcaldía, para poder sofocar los incendios ocasionados por el fuego enemigo, se ha visto en la necesidad de designar nuevo personal con que formar un equipo de extinción de incendios77. La diligencia en crear una nueva compañía de bomberos –formada, seguramente, por los mismos soldados del ejército golpista– era consecuencia de la necesidad, como se menciona en el texto anterior, de extinguir los 75 P. Almacellas, «El Servicio de Incendios», Revista Ciudad..., p. 187. 76 J. Sagués San José, La Lleida vençuda i ocupada del 1938. Una ferida de guerra va dividir la ciutat durant 9 mesos, Pagès editors, Lleida, 2014, pp. 27-36. 77 AML Fons Municipal, Actes de la Comissió Gestora de l’Ajuntament de Lleida, año 1938, reg. 1813, f. 3.
79 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social incendios que provocaban los ataques del ejército republicano, situado en la parte izquierda del Segre. Lleida estaba partida, el río se convirtió en la línea divisoria que separaba los dos ejércitos y la ciudad se convirtió en línea de frente durante nueve interminables meses. No se tiene constancia de la formación de otra compañía en la zona republicana, pero es muy probable que se destinaran algunos recursos a sofocar los incendios que pudieran desatarse, en este caso, por los ataques de las fuerzas franquistas. Pocas noticias adicionales se pueden añadir en referencia a la compañía de bomberos en 1938. Tan sólo una breve anotación del día 26 de abril, en que se mencionaba la incomparecencia de un bombero, sin dar ningún otro tipo de explicación, y otra, ya en el mes de junio, en que se exponían algunas necesidades del servicio: la reparación de un vehículo y una bomba y la compra de mangueras, monos de trabajo, seis extintores y cien «hachas de viento» para los miembros del Cuerpo. La anotación iba firmada con fecha del 8 de junio de 1938 por el arquitecto P. Morena y contenía un inequívoco añadido final: «II año triunfal», que enfatizaba la importancia de la victoria y el nuevo período que se iniciaba bajo la dictadura fascista del general Franco. LA COMPAÑÍA BAJO EL RÉGIMEN FRANQUISTA La información relativa al cuerpo de bomberos durante el periodo franquista también es muy escasa, tanto en relación a las actas del Pleno del Ayuntamiento, como en el resto de la documentación consultada. Pero a partir del año 1944, una vez redactado el nuevo reglamento que instituía la Compañía tras los primeros años de reestructuración (véase «El reglamento de 1944...» –p. 124–) y con el cuerpo de bomberos ya consolidado, las noticias relativas al servicio de extinción empiezan a aumentar, aunque sólo por referencia a la adquisición de material y equipamiento para el Cuerpo. Como se analizará en «Los recursos materiales: tecnología y revolución industrial...» –p. 181–, las noticias relativas a compras de material son más abundantes y concisas, dado que, a la hora de materializar la inversión, se habían de detallar las características de los utensilios que se querían adquirir. Así, contrariamente a lo sucedido durante buena parte de la existencia de la Compañía, a partir del año 1939, los datos referentes al servicio de extinción de incendios no mencionan ningún tipo de contratiempo financiero, ninguna desavenencia política, ningún conflicto entre los bomberos o entre estos y las autoridades municipales. Las reseñas son uniformes, sin altibajos, porque el autoritarismo imperante durante el Régimen anulaba cualquier tipo de reivindicación.
80 Leonard Jové vidaL Terminada la guerra, Lleida era una ciudad devastada que requería de una reconstrucción prácticamente completa. Fue necesario el derribo de los numerosos edificios dañados y la retirada de gran cantidad de escombros que cubría calles y plazas, al tiempo que se reparaban los servicios de electricidad, agua, alcantarillado o teléfono, arrasados durante la ofensiva bélica «[...] el estado deplorable en que se encuentre algunos servicios municipales»78. También la compañía de bomberos tuvo que ser restablecida, por cuanto aquella surgida de forma improvisada, aún en pleno conflicto, con las tropas republicanas emplazadas en el otro lado del Segre, no debía cumplir los mínimos que se podían esperar de un servicio de extinción de incendios. Comisión de gobernación: Atendiéndose a los medios de que puede disponerse en el actual presupuesto, propone una reorganización del cuerpo de bomberos a base de empleados municipales que pueden perfectamente ser utilizados para implantar un sistema que sea al mismo tiempo ventajoso por la economía, por la disciplina a que dicho personal está sujeto, por el interés que de su parte ha de esperarse en la colaboración prestada al Ayuntamiento para que prospere esta iniciativa. El sistema tiende a remunerar al personal según las actividades propias y a estimular el celo y interés que se despliegue en esta nueva modalidad. Además, establece una concesión permanente de gratificaciones según la importancia del cargo asignado a cada uno de tales funcionarios. El sistema actual impone al Ayuntamiento un dispendio cuantioso: 40.320 pts. El sistema que se propone requiere tan solo de consignaciones para vestuario y material, no excediendo de 15.384 pts. La comisión propone la plantilla del personal que asumirá los derechos y deberes inherentes al cargo, aumentándose con la suma de 180 pts. trimestrales la gratificación consignada al Director y capataz del servicio, en razón de la actividad más interina y de la mayor responsabilidad79. Las nuevas autoridades de posguerra trataban de reestructurar la compañía de bomberos a partir de la recuperación de los trabajadores municipales que, como se analizará en «Los recursos materiales: tecnología y revolución industrial...» –p. 181–, se vieron afectados por diferentes tipos de depuraciones practicadas por el nuevo Régimen. Por otra parte, el presupuesto debía ser lo más ajustado posible, dado que la falta de recursos en el consistorio era absoluta y porque, además, durante los años de posguerra, la mayoría de población de Lleida se vio gravemente envuelta en profundos problemas 78 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1940-1943, reg. 1815, f. 36. 79 AML Fons Municipal, Actes de la Comissió Municipal Permanent, año 1939-1940, sin reg., f. 6.
81 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social económicos80. La ciudadanía local sufría hambre y miseria; las enfermedades se extendían por toda la ciudad y la vivienda, en buena parte destruida por bombardeos y refriegas, se convirtió en un bien muy escaso81. En 1939, con el fin de sufragar los costes que debía ocasionar el funcionamiento de la compañía de bomberos, las autoridades locales promulgaron unas nuevas ordenanzas municipales82. De estas, sólo se han conservado los encabezados, prácticamente idénticos a los redactados en 1924 bajo la dictadura de Primo de Rivera (véase «La década de los años veinte...» –p. 69–) y es posible que ambas legislaciones fueran muy similares. El hecho de «recuperar» leyes anteriores a la República se convirtió en una acción que las autoridades franquistas de Lleida también llevaron a cabo a la hora de redactar el reglamento del 1944, «inspirado» en el del año 1923 (véase «El reglamento de 1923...» –p. 117– y «El reglamento de 1944...» –p. 124–). En cualquier caso, existen unas ordenanzas municipales completas de 1942 que ayudan a comprender la financiación del servicio de extinción de incendios en la ciudad en ese periodo. La primera llevaba por título «Contribución especial sobre Establecimiento y Mejora del Servicio de Extinción de incendios y su entretenimiento»83, y era muy similar a la explicada en «La década de los años veinte...» –p. 69–. Se trataba de un impuesto que gravaba sobre el conjunto de la población a través de un prorrateo de una quinta parte del coste del servicio. Los inmuebles, las industrias y las mercancías situadas dentro del término municipal de Lleida sujetos a una disminución del riesgo por efecto de la prestación que pudiera llevar a cabo la compañía estaban obligados a pagar el impuesto. La segunda ordenanza llevaba por título «Arbitrio sobre los que se benefician especialmente o provocan las prestaciones del Servicio de Extinción de incendios»84 y gravaba sobre aquella persona determinada que había ocasionado el servicio a partir de unas tarifas de cobro del personal de la compañía que, a diferencia de la legislación de 1924, quedaban recogidas en el mismo cuerpo del texto legislativo y que serán analizadas en «Los reglamentos. La regulación de la compañía...» –p. 85–. 80 J. Sagués San José, Lleida en la Guerra Civil Espanyola (1936-1939), tesis doctoral inédita, Universitat de Lleida, Lleida 2001, p. 711. 81 J. Lladonosa, Història de Lleida, vol. v, Dilagro edicions, Lleida, 1991, pp. 94-98. 82 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1938-40, reg. 1814, f. 170. 83 AML Fons Municipal, Pressupost ordinari i ordenances fiscals, año 1942, reg. 6003, s. f. 84 AML Fons Municipal, Pressupost ordinari i ordenances fiscals, año 1942, reg. 6003, s. f.
82 Leonard Jové vidaL Cabe señalar que el gasto económico en la reorganización del Cuerpo debió resultar considerable, si se tiene en cuenta que el material perteneciente al servicio de extinción, sobre todo en cuanto a vehículos se refiere, había desaparecido o se había destruido «durante la dominación roja»85. En septiembre de 1940, con el fin de resolver las deficiencias que tenía el Cuerpo en aquellos años y para intentar dar una primera respuesta a la necesidad de extinguir los fuegos que se desencadenaban en la ciudad, se adquirió una bomba contra incendios y una escalera86. Desgraciadamente, no aparece, en este caso, ninguna información que permita conocer la marca y el modelo de estos equipamientos. El resto de noticias referentes al mantenimiento de la Compañía aparecidas en la documentación relativa al régimen franquista, así como dos solicitudes vecinales pidiendo la exención de un pago, se limitan a informaciones relativas a contratos con compañías aseguradoras87. En estas, se puede presumir que las mutualidades colaboraban en el sostenimiento de la Compañía, pero no queda constancia de ningún tipo de acuerdos negociados ni cerrados entre las partes; tan sólo se limitan a breves comentarios que no ofrecen ningún tipo de amplitud explicativa. Hasta 1980 no aparecería una información relativa al coste que supondría el servicio de extinción de incendios para la ciudad, aunque sólo hacía referencia al personal y dejaba de lado el presupuesto para el mantenimiento general del servicio. Vint bombers per tretze mil pessetes per dotze mesos, tres milions cent vint mil pessetes. Cinc bombers conductors per divuit mil pessetes per dotze mesos, un milió vuitanta mil pessetes. Total: quatre milions dues centes mil pessetes88. Un último referente que podía guardar un estrecho vínculo con la financiación del servicio de extinción podía ser una iniciativa impulsada en 1959 y que pretendía la construcción de un bloque de pisos destinado a los miembros del cuerpo de bomberos. Este proyecto, que terminó sin llevarse a cabo y que, por tanto, no requirió de recursos económicos, se tratará en «El personal bombero: proceso histórico de formación del Cuerpo» –p. 135–. 85 AML Fons Municipal, Actes de la Comissió Municipal Permanent, años 1939-1940, sin reg., f. 43. 86 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1940-43, reg. 1815, f. 36. 87 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1945-49, reg. 1817, f. 118 y años 1954-59, reg. 1819, f. 13. 88 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1979-80, reg. 1826, f. 285.
83 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social La finalidad de dicho capítulo ha sido poner de relieve contextos políticos y económicos determinantes, tanto en la subsistencia como en el propio funcionamiento de la compañía de bomberos. Era necesaria una aproximación detallada a estas dos materias, relacionándolas con el servicio de extinción para entender las vicisitudes a que se vio sometido el Cuerpo a lo largo de su existencia.
LOS REGLAMENTOS. LA REGULACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE BOMBEROS DE LLEIDA (1840-1962) L as primeras décadas del siglo xix conformaron un periodo convulso en el que, tras la muerte de Fernando vii, se imponía la revolución burguesa de 1833 y daba comienzo la gradual sustitución del sistema económico y social tardo-feudal –que se apoyaba en el absolutismo político–, por un nuevo sistema productivo que avanzaba hacia la consolidación del capitalismo y que se fundamentaba en el Estado liberal. El final de 1833 [...] se refiere al momento en que se inicia la fase final del tránsito a la sociedad burguesa, cuando ya resulta evidente que toda restauración es imposible, y solo queda por cerrar el pacto de clases que va a presidir el alumbramiento del orden nuevo1. Los nuevos modelos de producción dejaban atrás la manera tradicional de entender la economía, basada principalmente en la agricultura y en el pequeño comercio, y se daba paso a una progresiva industrialización, asentada en la mecanización y de carácter urbano. Los efectos del nuevo sistema, junto a la aplicación de políticas de corte transformador que buscaban el desmantelamiento de las instituciones de Antiguo Régimen –la desamortización de los bienes eclesiásticos de Mendizábal es una de las más significativas– y el crecimiento demográfico de la segunda mitad del siglo xix, favorecieron la gradual modificación en la composición de las ciudades tradicionales y los mecanismos para gestionarlas. Se hicieron necesarias, por parte de los gobiernos locales, nuevas políticas de transformación urbana, higienistas y de seguridad pública, que dieran respuesta a la nueva coyuntura que avanzaba hacia la consolidación capitalista. Se imponía, además, iniciar un proceso de modernización para dotar a las poblaciones de estructuras que favorecieran tanto el desarrollo industrial como el comercial. 1 J. Fontana, La crisis del Antiguo Régimen 1808-1833, Editorial Crítica, Barcelona, 1979, p. 7.
92 Leonard Jové vidaL Como durante este tiempo, hemos sido encargados de organizar las compañías de bomberos en algunas ciudades y villas del principado y se nos han pedido informes e instrucciones para establecer en otras esta útil institución [...]17 Hay que considerar, asimismo, que el autor, tal y como él mismo afirmaba en el prólogo de su trabajo, se instruyó a partir del patrón de extinción francés, es decir de un país que fue –y aún es– puntero en este terreno. «El método que preferimos es el que se sigue en la capital de Francia», decía18. En cualquier caso, sus explicaciones respecto al funcionamiento de los cuerpos de bomberos eran muy completas y abarcaban la práctica totalidad de los ámbitos relacionados con la sofocación de los incendios, como las condiciones físicas de los bomberos, su instrucción, las características del uniforme, las herramientas de trabajo, la creación de un «Monte Pío» o los procedimientos de ordenación de las compañías. De hecho, el libro contenía dos capítulos dedicados íntegramente a modelos de reglamentos que debían regular los servicios de extinción de incendios y que sirvieron de patrón para el Cuerpo de Lleida y para otras ciudades del entorno de Barcelona. Es el caso de Tarragona, donde la organización del servicio de extinción tomó como base el reglamento de bomberos de la ciudad condal19 o Olot, donde Rovira y Trias fue nombrado comandante honorario20. Estas similitudes entre compañías de bomberos también respondían a las comunicaciones entre consistorios donde se requería información sobre cuestiones diversas relacionadas con la organización de dichos cuerpos. Es el caso del Ayuntamiento de Olot, que en 1899 envió una serie de cartas dirigidas a sus homólogos de Barcelona, Figueres, Girona, Manresa, Mataró, Reus, Sabadell, Terrassa y Vic solicitando el envío del reglamento para redactar uno propio21. También desde Lleida, en 1862, se enviaron cartas a los ayuntamientos de Barcelona, Girona y Reus donde se interpelaba, en este caso, sobre los procedimientos de financiación de los cuerpos de bomberos de estas ciudades. Es evidente, por tanto, que las compañías se influenciaron de forma recíproca sobre el modo de funcionar y organizar el servicio de extinción, manteniendo las particularidades que les eran propias respecto a la población a la que estaban adscritas. Así, como se puede observar a través de las mismas misivas, las compañías de bomberos 17 A. Rovira i Trias, Tratado de la estinción de incendios, La Publicidad, Barcelona, 1856, p. x. 18 A. Rovira i Trias, Tratado de la estinción de incendios..., p. x. 19 J. Farré Sanfeliu, El cos de bombers de Tarragona (1858-2008)..., p. 12. 20 J. Murlà i Giralt, Els bombers d’Olot. 150 anys d’història (1855-2005), Cos de bombers d’Olot, Olot, 2005, p. 28. 21 J. Murlà i Giralt, Els bombers d’Olot..., p. 66.
93 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social catalanas tenían una significativa relación entre ellas, una cohesión que tenía mucho que ver con el proceso de vertebración, principalmente mercantil, que se produjo en Cataluña en el transcurso del siglo xviii. Como señala P. Vilar, el aumento de producción agrícola, el crecimiento demográfico y el auge de la industria algodonera acontecido en ese período, fueron ejes fundamentales en la intensificación de relaciones entre los diversos territorios del Principado22. Así, aunque Lleida quedaba más cercana a una ciudad como Zaragoza, por ejemplo, la comunicación requiriendo información fue dirigida a una población bastante más lejana como Girona. Esta realidad queda constatada en el libro Los Bomberos zaragozanos al Servicio de la Ciudad23, donde no aparece ninguna referencia al cuerpo de bomberos de Lleida. A partir del siglo xx, los reglamentos mantuvieron la misma estructura reguladora impulsada por Rovira y Trias, pero se fueron modulando en función de las necesidades de cada periodo, tal como se verá reflejado en «El reglamento de 1923...» –p. 117–; «El reglamento de 1944...» –p. 124– y «El reglamento y las ordenanzas de 1962...» –p. 127–. Las normativas redactadas los años 1923, 1944 y 1962, además, mostraban la experiencia adquirida por el cuerpo en su propio desarrollo organizativo y un mayor grado de profesionalización. En este último punto, tuvo mucho que ver el congreso de bomberos celebrado en Barcelona en 1920, comentado en «La década de los años veinte...» –p. 69–, que significó la puesta en común de cuestiones diversas relacionadas con los cuerpos de bomberos de todo el Estado. En este sentido, el congreso no provocó transformaciones radicales en el funcionamiento y la estructuración de las compañías, pero marcó una dirección colectiva en medidas relacionadas con el material, el personal y la financiación de los servicios de extinción de incendios que se irían aplicando con el paso del tiempo. Adicionalmente, en Lleida, las ordenaciones añadían nuevas medidas de control por parte del Ayuntamiento, tanto en materia presupuestaria como en aquella relativa al funcionamiento general del cuerpo –nombramientos, suspensiones, interpretación del reglamento y equipamientos–, una cuestión que estuvo presente también en otros reglamentos, como el de Barcelona «[...] es concedeix més protagonisme a la Inspecció Municipal»24 o el de Tarragona: «A part trobem la novetat de l’inspector del cos»25. 22 P. Vilar, Catalunya dins l’Espanya Moderna. La formació del capital comercial, Edicions 62, Barcelona, 1987, pp. 67-87. 23 L. A. Gracia Lagarda, Los Bomberos Zaragozanos al Servicio de la Ciudad..., pp. 115-325. 24 J. Mestre i Campí, Bombers de Barcelona..., p. 63. 25 J. Farré Sanfeliu, Els bombers de Tarragona (1858-2008)..., p. 39.
94 Leonard Jové vidaL Aparte de la regulación de aquellas cuestiones fundamentales para el funcionamiento del servicio presentes en todas las disposiciones, cada reglamento aportaba, en sí mismo, nuevas particularidades asociadas a unas determinadas necesidades que permiten hoy trazar la evolución del servicio de extinción de incendios a través de la figura del bombero, de los medios técnicos empleados o de los propios siniestros. Y al mismo tiempo, de manera indirecta, ofrecen la posibilidad de constatar algunas de las transformaciones ocurridas en la ciudad de Lleida y en su sociedad. LA PRIMERA ORDENACIÓN DEL CUERPO (1841) Para lograr una correcta organización del servicio, fue necesaria la redacción de un reglamento que especificara cómo se debía ordenar la Compañía y cuáles eran las funciones que los bomberos tenían que desarrollar. Mientras se elaboraba el documento, se constituyó una «Comisión para formar la compañía de bomberos para la dirección de la Bomba para los casos de incendio»26, formada por los concejales del Ayuntamiento Sr. Biguera, Sr. Abadal y Sr. Vicens –chocolatero el primero y boticarios los dos siguientes–27, que establecía unas primeras medidas para poner en marcha el proyecto. Debe considerarse, sin embargo, que el cuerpo de bomberos era una iniciativa que el gobierno de la ciudad impulsaba desde la inexperiencia y que los concejales encargados de la empresa carecían, con toda probabilidad, de los conocimientos técnicos necesarios en el ámbito de la emergencia por incendio. La dificultad para impulsar el plan debía resultar, pues, considerable. En aquellos años existía un manual –Theorie sur l’extinction des incendies ou nouveau manuel du sapeur-pompier, de G. Paulin (1837)28– que explicaba la organización, las maniobras, el funcionamiento de la bomba y otros aspectos relacionados con todo lo consustancial a las compañías de bomberos, y es más que probable que fuera utilizado como fuente de información. Otra posibilidad de asesoramiento verosímil, como se ha sugerido en el apartado anterior, sería el estable26 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f. 27 Q. Casals Bergés, Polítics de Lleida. El poder local i les seves mutacions a través del temps (1716-1868), Ajuntament d’Alguaire, Lleida, 2002, Annex 6. 28 Els Llibres Manual completo del zapador bombero de José Aparici y Biedma i Tratado de la estinción de Incendios de Rovira y Trias van ser publicats el 1849 i el 1856 respectivament, vuit i quinze anys més tard a la formació del cos de bombers de Lleida el 1841.
95 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social cimiento de consultas relativas a los servicios de extinción, efectuadas a otros ayuntamientos. De hecho, en las ordenaciones que a continuación se analizarán, se mencionaba incluso la posibilidad de estudiar el reglamento de alguna ciudad francesa con el fin de instruirse sobre el funcionamiento de una compañía de bomberos. En cualquier caso, a principios de los años cuarenta del siglo xix, los concejales del Ayuntamiento, a la hora de estructurar un nuevo servicio de extinción de incendios para el municipio, engendraron la primera ordenación, que tenía el propósito de iniciar el servicio de extinción y regular su funcionamiento general, y que se llevó a cabo a partir de tres documentos diferentes, que incidían –a modo de manual–, sobre la explicación de lo que tenían que hacer los bomberos, y –en menor medida– en la organización reglamentada de la estructura. Los textos llevaban por título Comisión para formar la compañía de bomberos de esta capital, con fecha de 18 de agosto de 1841; Condiciones que al parecer de la Comisión Deben observarse y servir para el Servicio de la bomba, del 29 de octubre del mismo año; y el último, Organización de la compañía de bomberos, de fecha desconocida29. El hecho de tratarse de tres documentos separados indica una cierta improvisación e inexperiencia por parte de la comisión, que iba añadiendo y mezclando disposiciones –algunas repetidas– a medida que se iban necesitando o que se creía conveniente incluirlas. Sin embargo, se lograron estructurar los principales ámbitos referentes al correcto desarrollo del servicio: a. El número de individuos y las profesiones. Aparte de estar relacionadas con el mundo de la construcción, en estas primeras disposiciones se expresaba que el personal que formara parte de la compañía quedaría exento del servicio de la Milicia nacional, una dispensa que, tal y como se analizará en «El personal bombero: proceso histórico de formación del Cuerpo» –p. 135–, no se terminó de consolidar. b. Los ejercicios de formación. Para el óptimo funcionamiento de la Compañía, y a fin de que los bomberos tuvieran destreza en el ejercicio de sus funciones, la normativa impulsada por la comisión instauraba una serie de prácticas semanales. 29 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f.
96 Leonard Jové vidaL Deberán ejercitarse para el manejo de la bomba, y emplearse para su instrucción dos horas todos los domingos hasta que se hallen completamente instruidos30. c. Las retribuciones y las sanciones. Iban dirigidas a establecer el control que el modelo capitalista necesitaba sobre los bomberos (véase «Las retribuciones y sanciones...» –p. 156–), y estimular su rapidez. Consistían en dar un premio a los primeros individuos que llegaban al parque. Aparte de esta gratificación, que incumbía solo a los primeros, todos los bomberos cobraban un jornal por las horas trabajadas en cada servicio. Ambas gratificaciones fueron variando a lo largo de los años, según las disposiciones o las finanzas del Ayuntamiento. En cuanto a las faltas por incomparecencia o incumplimiento de órdenes, se estimulaba con advertencias drásticas: Al primer toque o aviso de algún incendio acudiran los bomberos con puntualidad a [...] de la bomba, y demas [...] al lugar donde aconteciera, y faltando a este urgente servicio se le podrá imponer la multa de 10 reales de vellón [...]31. d. La constatación de que el arquitecto municipal era el responsable de la Compañía. e. La aclaración sobre el material y equipo de protección personal necesario, que en aquel tiempo consistía únicamente en una camisa y un casco de cuero (véase «El equipo de protección individual...» –p. 170–). f. La explicación sobre las acciones que se debían ejecutar, por parte de los individuos de la Compañía, en el supuesto de producirse una emergencia. Los bomberos, en caso de incendio, debían dejar de trabajar o abandonar cualquier actividad que estuvieran realizando, dirigirse hacia el almacén donde se guardaban los utensilios y equipos e ir hacia el siniestro con la mayor prontitud posible. Debía ser una imagen muy similar a la representada en la obra de L. Maurer (fig. 2). Sin embargo, en estas primeras ordenaciones no se hacía ninguna referencia a la cobertura médica que los individuos del cuerpo deberían recibir en caso de accidente laboral, un asunto recurrente en reglamentos posteriores y 30 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f. 31 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f.
97 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social que será tratado en el «El personal bombero: proceso histórico de formación del Cuerpo» –p. 135–. El documento, sin fecha, «Organización de la compañía de bomberos», el último –posiblemente– en ser redactado, era el que ofrecía informaciones más exhaustivas, aunque se mezclaban elementos propios de un reglamento con explicaciones instructivas sobre intervenciones. El texto dividía la compañía en seis grupos diferentes, partición que delimitaba las funciones que cada uno de los miembros del Cuerpo debía desarrollar, y tenía como objetivo principal el mantenimiento del protocolo de actuación con el fin de efectuar el servicio de la manera más eficiente posible. A mayor especificidad, menor descoordinación en la resolución de la emergencia. Estos seis grupos quedaban definidos con sus especificidades propias y eran: 1. Bomberos. Tenían la función de llevar la bomba desde el local o almacén donde estaba guardada hasta el lugar del siniestro. Una vez situada convenientemente, la ponían en funcionamiento haciendo bascular las asas a modo de vaivén para impulsar y dar la presión necesaria al agua. Por esta Figura 2. Louis Maurer. The life of a fireman: Night alarm, 1854, litografía, Fuente: Amon Carter Museum of American Art, Fort Worth, Texas, EE. UU.
98 Leonard Jové vidaL razón, la comisión establecía que «los bomberos no han de ser mas que hombres de fuerza»32. 2. Aguadores. Eran los encargados de organizar el abastecimiento de agua desde el punto de suministro –una fuente cercana, un pozo o el río– hasta la bomba, dado que esta se transportaba vacía desde el almacén de bomberos hasta el lugar del siniestro: El oficio de ellos es ordenar la gente que lleva los cubos del agua a fin de que esta llegue continuamente y sin tropel. A estas escuadras deben destinarse personal de buen criterio y de buenos modales, para que sepan evitar toda confusión y puedan arreglar la gente sin agriarla. No se olvide que esta es la parte esencial del servicio [...] y debe prevenirse todo lo posible para que no se derrame el agua de los cubos [...]33 Como se ha comentado en «Extinción de los incendios en la Lleida...» –p. 23–, la colaboración ciudadana en la ayuda a la extinción de los incendios respondía a las reglas de solidaridad social que pregonaba la Iglesia. En este periodo, sin embargo, con la Compañía ya formada y organizada, la cooperación se centraba generalmente en el transporte de agua y se dejaban las otras tareas a las personas especialistas en la materia. 3. Escaladores. Eran los individuos encargados de acometer el acceso a los pisos superiores en caso de que éstos fueran los afectados por el fuego; lo hacían mediante unas escaleras de ganchos que todavía se utilizan hoy en día. Su oficio en particular es de aprontar las escaleras y unirlas al largo requerido para poner en comunicación el piso bajo con el piso cuyas llamas se trata de estinguir34. 4. Hacheros. Tenían la función de crear «cortafuegos urbanos» sacando material combustible (paja, madera…) de edificios cercanos al incendio en la línea de propagación del mismo, para que una vez el fuego llegara a ese punto, bajara de intensidad y facilitara así su extinción. También, en caso necesario, derribar techos, paredes o puertas para dar acceso al punto del 32 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f. 33 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f. 34 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f.
99 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social incendio. Como se ha explicado en «El papel de los gremios de la construcción» –p. 26–, la maniobra de abrir orificios en el techo, aunque aportaba oxígeno al fuego, proporcionaba un escape que favorecía la salida de los humos acumulados hacia el exterior. Aunque en el servicio de los bomberos de la Generalitat, por norma general, no se utiliza esta técnica, cabe decir que en la actualidad es una metodología utilizada por algunos cuerpos de bomberos extranjeros, principalmente de los Estados Unidos de América. 5. Mangueros «con el chorro de la bomba». Eran los que siempre acompañaban a los hacheros y tenían la función de protegerlos cuando estos abrían camino con su herramienta de trabajo y, obviamente, eran también los encargados de sofocar el incendio con el agua que les llegaba desde la bomba. Hay que decir que en el gráfico 1 no constaban los mangueros, pero es de suponer que estaban incluidos en las secciones de hacheros. El manguero es, pudiera decirse, la salvaguardia que despeja su camino y le ayuda a reconocer el terreno que pisa desvaneciendo la nuve de humo que ofusca el campo de sus operaciones y oculta los riesgos que le rodean35. 6. Celadores o cuidadores del cerco. Supervisaban el buen funcionamiento del conjunto de trabajadores que actuaban en el incendio y procuraban que las pertenencias extraídas de los edificios siniestrados se emplazaran en lugar adecuado, y bajo vigilancia para que nadie las pudiera robar. El pillaje de bienes ajenos extraídos de los fuegos, aprovechando el desorden que provocaba el siniestro, era un suceso, al parecer, habitual en la mayoría de las ciudades. De hecho, en el Manual del zapador bombero, de Aparici y Biedma, se afirmaba: «Entre los curiosos se escurren una infinidad de rateros que bajo el pretexto de dar ayuda, desbalijan las habitaciones»36 De ahí que la comisión se viera obligada a crear este departamento dentro del cuerpo: Para celadores deben escogerse los hombres de mayor moralidad, a fin de asegurar el buen desempeño de este encargo, que debe contribuir tanto como la táctica y maniobra de los bomberos a la buena reputación del cuerpo y recomendación de esta ventajosa institución37. 35 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f. 36 J. Aparici y Biedma, Manual completo del zapador bombero, Imprenta Nacional, Madrid, 1849, pp. 13 y 14. 37 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f.
100 Leonard Jové vidaL Gráfico 1. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento de 1841. Fuente: AML Fons Municipal, reg. 1580. Como se observa en el gráfico 1, la Compañía de Bomberos de Lleida necesitaba un mínimo de noventa y seis individuos, aunque, si tenemos en cuenta que los celadores podían llegar a cincuenta hombres, la cifra final podía subir hasta alrededor de ciento treinta bomberos, cantidad de personal sobredimensionada, que pronto se redujo considerablemente y que respondía, probablemente, a la inexperiencia de quienes diseñaron la estructura. A pesar de esta división de tareas, al parecer de los concejales, los bomberos tenían que trabajar como un conjunto perfectamente coordinado, un aspecto muy relevante para alcanzar la operatividad de la Compañía y, por tanto, la efectividad en la extinción. El texto siguiente así lo confirma. Las operaciones son sucesivas, si pero ejecutadas con tanta rapidez que no dejan intervalo, con tanto orden que no dan lugar al mas breve tumulto ni vacilacion, y con una precisión tan estudiada en las voces de mando que no deja lugar a equivocaciones ni a confusión38. 38 AML Fons Municipal, Expedients de Protecció Civil. Formació Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f.
101 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social La comisión formulaba un principio que podía ser teóricamente válido pero que, en la realidad de los servicios, costaba mucho de aplicar. La acción sincrónica entre los partícipes de un siniestro, sobre todo si era de gran tamaño, resultaba muy difícil de conseguir, hecho que se agravaba si se considera la escasez de medios técnicos a disposición de los bomberos del siglo xix. Por último, el texto mencionaba también el equipamiento de protección personal necesario, la conveniencia de adquirirlo en Francia y la recomendación de consultar algunos reglamentos de ese país antes de formar la compañía de bomberos de Lleida. De hecho, la influencia francesa en la formación de las compañías de bomberos catalanas y de todo el Estado fue una realidad, como se pondrá de manifiesto en capítulos posteriores de esta investigación. EL REGLAMENTO DE 184639 El Reglamento de 31 de enero de 1846 se convirtió en la ordenación que sustituyó aquellas primeras instrucciones que estableció la Comisión para la creación de la Compañía en 1841, de forma temporal, mientras se redactaba un código definitivo. Esta es la principal razón por la que ambos escritos contienen una información bastante análoga, aunque en el articulado de 1846, aparece más detallada. De igual forma que en la anterior, y dado que se trataba de los años iniciales de la compañía, se focalizaba sobre la estructura del servicio –apartados primero a octavo– y sobre las competencias que el personal tenía que desarrollar en el ejercicio de sus funciones (artículos noveno a trigésimo cuarto), y ya explicadas en el capítulo anterior. a. El capítulo primero, artículo uno, dividía la compañía en dos grupos, los bomberos y los celadores. b. El capítulo segundo, artículos dos a ocho, dividía los bomberos en dos escuadras y cada escuadra en dos secciones, todas bajo la jerarquía de un comandante. 39 AML Fons Municipal, Reglament per a l’organització de la Companyia de Bombers, año 1846, reg. 1416, s. f.
108 lEonard jové vidal e. El artículo vigésimo noveno advertía de que el Ayuntamiento podría emprender acciones legales en caso de falta (sin especificar la tipología) por parte de un miembro de la compañía. Para finalizar este apartado, hay que poner de relieve que fue el reglamento de 1846 anteriormente comentado y no el reglamento sin fecha la ordenación que reguló el funcionamiento de la compañía de bomberos de Lleida hasta principios de la década de los sesenta, momento en el que se inició un proceso de renovación corporativo, material y estatutario que permitió, finalmente, fortalecer y consolidar el servicio de extinción. EL REGLAMENTO DE 186150.UN PERIODO DE TRANSICIÓN La compañía de bomberos, tal y como se explica en el capítulo «Los recursos materiales: tecnología y revolución industrial en la lucha contra el fuego» –p. 181–, se vio inmersa en numerosas crisis que ponían en riesgo su desarrollo 50 AML Fons Municipal, Reglament de la secció de Bombers de Lleida, año 1861, reg. 1582, s. f. Figura 3. Tabla de señales. Compañía de bomberos de Lleida. Año 1891. Fuente: IEI Arxiu Fotogràfic, reg. 2210.
109 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social y continuidad. Las dificultades económicas en algunos casos y la dejadez de las autoridades, en otros, la hacían oscilar entre períodos de relativo buen funcionamiento y otros de desarticulación prácticamente total. A pesar de las contrariedades, el Cuerpo evolucionaba y se iba adaptando, lentamente, a las necesidades de los nuevos tiempos. Excelentisimo Señor: Los que suscriben individuos de la comision nombrada por V.E. Para emitir su dictamen acerca del reglamento de la Seccion de Bomberos que se trata de establecer, han examinado detenidamente este trabajo y creen deber manifestar que en su sentir es digno de la aprovacion de V.E. Mediante que se modifique el art. 9 añadiendo la circunstancia de que los bomberos no puedan ausentarse de la Ciudad sin permiso del señor alcalde; el 13. espresando que la (exencion) de alojamiento la disfrutara unicamente el que sea cabeza de familia y por lo que respeta a la habitacion que ocupe; y el 14: consignando la condicion de que para obtener la gratificacion que alli se señala, los 8 primeros que lleguen al deposito de las Bombas deben ser tambien los primeros que se trasladen con estos utiles al lugar del incendio. Tal es su parecer y dictamen salvo el voto del Señor D. Antonio Novell que admitiendo las modificaciones de la Comision espresa que en su concepto no debe concederse la (exencion) de alojamiento porque esta carga se hara muy gravosa a los vecinos de esta Ciudad; V.E. Sin embargo resolvera con su mayor ilustracion lo que estime conveniente y acertado. Lerida 18 de Febrero de 1857. Antonio Novell, teniente primero de Alcalde, José Pedro [...]51 El anterior documento aludía a la existencia de un «nuevo» reglamento, del año 1857, aunque, desgraciadamente, no se ha podido localizar ninguna evidencia documental del mismo. Los artículos nueve, trece y catorce, referidos en la cita precedente, no concuerdan con el redactado en 1846, pero sí lo hacen con el de 1861, que a continuación se analizará y que, con toda probabilidad, representa el resultado final. En cualquier caso, la información que se extrae confirma lo que también ponen de manifiesto las actas del Ayuntamiento de ese mismo año 185752. Por un lado, el intento –por parte de la administración– de volver a reorganizar la Compañía de bomberos; y por otro, la redacción de un nuevo reglamento que la estructurase de manera definitiva. Los cuerpos de bomberos de numerosas ciudades, tal y como ha sido expuesto en «Política y economía en la articulación del cuerpo de bomberos (1840-1975)» –p. 49–, tuvieron largos procesos de formación y el 51 AML Fons Municipal, Documentació relacionada amb la Companyia de Bombers de Lleida, año 1857, reg. 1582, s. f. 52 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1857, reg. 1734, f. 15.
110 Leonard Jové vidaL hecho de encontrar en Lleida, diferentes ordenaciones en cortos periodos de tiempo, no deja de ser una confirmación de esta realidad. Tampoco ayudó a la afirmación de la compañía la llegada al poder municipal de los gobiernos moderados, caracterizados por el retorno al centralismo político y el descenso en el fomento de las políticas sociales53. Un claro ejemplo de esta escasa diligencia se hace patente en las propias contradicciones del consistorio; aunque en la nota anterior, con fecha de 18 de febrero de 1857, se señalara que sólo había que enmendar tres artículos, seis meses más tarde, el 8 de agosto, en un giro absoluto de los acontecimientos, encontramos un documento que muestra la voluntad de revisar el reglamento de forma completa. El Señor Presidente manifestó que el Reglamento de Bomberos estaba en disposición de ser pasado a la aprobacion del Sr. Gobernador Civil, pero que habiendo encontrado en él muchas disposiciones que (la imponian varios servicios) como Alcalde, deseaba de nombrar otra Comisión para una nueva revisión de dicho Reglamento: y S.E. Tomando en consideración las razones expuestas por dicho Sr Presidente, acordó nombrar una comisión compuesta del mismo y de los señores Novell y (Vercós)54. La creación de esta nueva comisión, que tenía la función de revisar el texto, volvió a retrasar la reglamentación definitiva del cuerpo. La burocracia posponía la consecución del proyecto y continuaba la dificultad para conseguir un servicio consistente. Sin embargo, a partir del año 1861, se aprobó un nuevo reglamento, que buscaba la solución de esta realidad y, a pesar de no ser el definitivo, iniciaba el proceso de consolidación de la Compañía. Fue un primer paso en el intento renovador del servicio de extinción de incendios que culminó, dos años más tarde, con la redacción de un reglamento –el de 1863– que se mantuvo vigente durante sesenta años, hasta 1923. Conforme acordado en la sesion de 7 de los corrientes se dio cuenta de los antecedentes que obran en esta Municipalidad referentes a la organización de la seccion de Bomberos, y leidos entre otros documentos el Reglamento de dicha seccion de Bomberos; S.E acordó aceptarlo y que se remita a la superior aprobacion del M.Y.Sr. Gobernador de Provincias55. 53 DD.AA., La construcció de la modernitat a Lleida: Manuel Fuster i Arnaldo i el seu temps (1808-1864), Segre, Lleida, 2009, p. 58. 54 AML Fons Municipal, Llibre d’actes de Ple, año 1857, reg. 1734, f. 142. 55 AML Fons Municipal, Llibre d’actes de Ple, año 1861, reg. 1738, f. 265.
111 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social El reglamento de 1861 contiene solo diecinueve artículos, más uno transitorio; la mayoría siguen un patrón muy similar a los redactados en las ordenaciones anteriores: a. Los artículos primero y segundo tratan de la organización del Cuerpo; la jerarquía de mando, el número de individuos y las divisiones de trabajo. Gráfico 4. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1861. Fuente: AML Fons Municipal, reg. 1582. b. Del artículo tercero al séptimo se enumeraban las condiciones de acceso a la compañía; aparte de los requerimientos relacionados con la profesión, se exigía a los capataces saber leer y escribir. Esta nueva disposición mostraba la preocupación que tenía la administración en la educación de la ciudadanía56. Otra innovación se incluyó en el artículo sexto: la edad de acceso a la Compañía, que –por vez primera– estuvo delimitada entre los veinte y los cincuenta años. En el séptimo, por otra parte, se desautorizaba el acceso al cuerpo de bomberos a aquellos individuos con antecedentes delictivos. c. Los artículos octavo a undécimo mencionaban los deberes que estaban obligados a cumplir los miembros de la Compañía, que consistían en la comparecencia al lugar donde hubiera ocurrido un siniestro, la 56 El intento educacional de la población mediante la creación de escuelas y centros de enseñanza fue una constante, dado que la instrucción estaba considerada como parte fundamental del conjunto de políticas sociales, junto con el urbanismo y el higienismo, que pretendían transformar la sociedad del siglo xix. Ver Q. Casals, El trienni progressista a la Lleida del segle xix..., pp. 190-252.
112 Leonard Jové vidaL responsabilidad en la conservación del material, la realización de la instrucción determinada por los jefes y el cumplimiento de las órdenes. d. El artículo duodécimo establecía las penas por desacato a la reglamentación, que variaba en función de la falta cometida. e. Los artículos decimotercero a decimosexto mencionaban las retribuciones en premios y jornales correspondientes a los bomberos y la exención de alojamiento a los miembros del Cuerpo que fueran cabezas de familia, un asunto que, como se analizará en «El personal bombero: proceso histórico de formación del Cuerpo» –p. 135–, conllevó desavenencias entre representantes políticos, relacionadas con el dispendio económico que causaban. También se reflejaba –si bien superficialmente– la asistencia a la que tenía derecho el miembro de la compañía que sufriera un accidente, y que consistía en diez reales diarios; en caso de accidente de mayor gravedad, se dejaba a consideración del Ayuntamiento. f. El artículo decimoséptimo detallaba la composición del equipo de protección personal, que se componía de un casco, una camisa, una chaqueta, un cinturón con dos anillas, una cuerda y un pantalón. El artículo decimoctavo comunicaba que este material debía ser devuelto, en caso de muerte o invalidez del bombero, a la dirección del Cuerpo. g. El artículo decimonoveno hacía referencia a la responsabilidad del director de la compañía respecto al material de extinción y la posibilidad del Ayuntamiento de contratar un seguro contra incendios, asunto que se tratará en el «El personal bombero: proceso histórico de formación del Cuerpo» –p. 135–. EL REGLAMENTO DE 186357. LA CONSOLIDACIÓN DEL CUERPO DE BOMBEROS DE LLEIDA Entre finales de los años cincuenta y primeros sesenta del siglo xix, los gobiernos de la Unión Liberal resultaron fundamentales en la transformación de Lleida. El Ayuntamiento, en manos del alcalde Manuel Fuster y Arnaldo (1808-1864), promovió una serie de políticas que, por un lado, buscaban la dinamización sociocultural de una población que había aumentado desde 57 AML Fons Municipal, Reglament de la Companyia de bombers, año 1863, reg. 1416, s. f.
113 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social los 12.236 habitantes –en 1842– hasta los 19.557 –en 1860–58 y, por otro, impulsaban una planificación vanguardista que reformara los espacios públicos de la ciudad. El nuevo urbanismo promovía la pavimentación y alineación de calles y plazas, fomentaba la limpieza y la higiene y creaba nuevas zonas verdes para oxigenar la ciudad, entre las que destacaba la construcción de los Campos Elíseos, proyectados en 1860 e inaugurados el 186459. La vinculación entre cambio urbano e higiene pública se profundizo durante el reinado de Isabel ii. La sociedad liberal, con todas las debilidades que se quieran, eclosionó en numerosos cambios políticos, jurídicos e ideológicos que encontraron una plasmación material en la fábrica urbana60. El punto álgido de este proceso renovador vino con la llegada del ferrocarril en 1860, una obra sobre la que giró un largo proceso urbanizador que contribuyó, junto con el derribo de las murallas y el Plan Fontseré, a dejar atrás la Lleida medieval para dar paso a la ciudad moderna. Hay que tener en consideración que las estaciones de tren se convirtieron en las nuevas catedrales de la era industrial: a su alrededor se articulaban calles, plazas y avenidas que ordenaban las urbes, mientras su interior era lugar de reunión, de transacción comercial y punto de encuentro de los diversos estratos sociales61. Además, la llegada del ferrocarril coincidió en el tiempo con el inicio del servicio de correos, novedades ambas que se añadían al telégrafo eléctrico, implantado en la ciudad en 1856, y convertían Lleida en un eje fundamental de comunicación entre territorios62. Al mismo tiempo, la implantación del gas para el alumbrado público fue otro elemento esencial en la modernización de la ciudad. Su explotación comercial había sido realizada en Lleida por la Compañía Sacret, Juncosa y Roca y había durado desde 1862 hasta 188963. No obstante, y como se 58 J. Vilagrasa, Història de Lleida. Final del segle xx, vol. 9, Pagès editors, Lleida, 2003, p. 102. 59 J. Lladonosa i Pujol, Història de la ciutat de Lleida..., pp. 336-343. 60 E. Rodríguez Ocaña, Salud pública en España. Ciencia, profesión y política, siglos xviii-xx, Universidad de Granada, Granada, 2005, p. 159. 61 C. Bellet Sanfeliu, A. Gutiérrez Palomero, «Ciudad y ferrocarril en la españa del siglo xxi. La integración de la alta velocidad ferroviària en el medio urbano». Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, núm. 55, 2011, pp. 255-257. 62 C. Llop (coord.); Atlas urbanístic de Lleida 1707-1995, Col·legi d’Arquitectes de Catalunya, Ajuntament de Lleida, Lleida, 1995, pp. 19-25. 63 J. C. Alayo Manubens, F. X. Barca Salom, Las técnicas de fabricación utilizadas en las fábricas de gas españolas (1842-1972), p. 37, http://www.fundaciongasnaturalfenosa.org/ wp-content/uploads/2016/05/AlayoBarcapdf.pdf [15/01/2018].
114 Leonard Jové vidaL verá en «La prevención de los incendios y las asistencias de la compañía de bomberos (1840-1980)» –p. 223–, conllevó también la aparición de nuevos riesgos para la población. En este contexto de gradual transformación del espacio urbano –y los riesgos asociados a esta transformación– se impulsaron una serie de cambios que pretendían y hacían necesario dinamizar también la compañía de bomberos. Una de las primeras medidas fue, como se ha explicado anteriormente, la ordenación de 1861 y, sólo dos años más tarde, la redacción de un reglamento que se mantuvo vigente durante sesenta años y que ayudó a consolidar definitivamente la Compañía. La nueva reglamentación del servicio de extinción de incendios, aprobada el 16 de julio de 1863, recogía la experiencia de veintidós años de funcionamiento y regulaciones del Cuerpo. A esta circunstancia se añadía el hecho de que en la redacción de las diversas disposiciones tuvo un peso e influencia muy relevantes el ya mencionado libro Tratado de la estinción de incendios, de Rovira y Trias. Los artículos del texto, agrupados por temas, profundizaban en detalle el asunto determinado que querían ordenar. Gráfico 5. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1863. Fuente: AML Fons Municipal, reg. 1416. a. En el apartado inicial, del artículo primero al undécimo, se explicaba la organización del cuerpo, su jerarquía, el número de individuos que tenían que formar parte del servicio –que se limitó a cuarenta y una plazas, muy lejos de aquellas ciento treinta de los comienzos de la compañía –gráfico 5–, así como las condiciones de acceso: tener una
115 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social edad entre veinte y cincuenta años y acreditar buena conducta. Cada bombero debía disponer, además, de un reglamento para estudiarlo y aplicar sus disposiciones, lo que implicaba la alfabetización de los miembros del Cuerpo. Cierto es que este requisito ya se había exigido a los capataces del servicio en el reglamento de 1861. En el de 1863 se hacía extensivo a la totalidad de los miembros de la Compañía, una cuestión que se ajustaba al propósito educacional que las autoridades leridanas querían infundir al conjunto de la ciudadanía y que se situaba en el contexto de implantación de medidas higienistas y de transformación urbanística. b. Los artículos duodécimo y decimotercero hacían referencia al equipo de protección personal, que comprendía un casco, una camisa-chaqueta, dos anillas, una cuerda y un pantalón. Del decimocuarto hasta el vigésimo tercero, explicitaban las tareas del director y el subdirector, que estas dirigidas a desarrollar y potenciar una mayor profesionalidad y disciplina del cuerpo. Así, tanto la instrucción de los bomberos como la aplicación de las medidas disciplinarias y correctivas suponían obligación directa de estos cargos; y se enmarcaban, tal y como ha sido explicado al inicio de este mismo capítulo, en la necesidad de establecer en el nuevo estado liberal burgués mecanismos diferentes de control sobre la ciudadanía a fin de consolidar el modelo económico y social capitalista. c. Del artículo vigésimo cuarto hasta el cuadragésimo séptimo se explicaban las funciones, los derechos y los deberes de los bomberos, y de los mandos intermedios de la Compañía, la obligatoriedad formativa, el cumplimiento de las órdenes cuando dispusiera el mando correspondiente y la comparecencia en caso de producirse un siniestro, tanto de día como de noche. También se especificaban los tipos de incendios, las retribuciones al respecto y los castigos previstos en caso de desobediencia. En cuanto a la asistencia en caso de accidente, se diferenciaba entre un impedimento laboral temporal, al que se atribuía una aportación económica de diez reales durante tres meses, y el de una imposibilidad definitiva. En este supuesto, el Ayuntamiento afirmaba únicamente que «lo tomará en consideración según el caso y naturaleza [...]». Por último, se establecía la exención de alojamiento para el personal bombero y la preferencia de contratación de los miembros del cuerpo en las obras promovidas por la municipalidad, cláusulas
116 Leonard Jové vidaL ambas encaminadas a consolidar el servicio de extinción como un ente municipal estructurado (véase «Las retribuciones y sanciones...» –p. 156–). d. Los artículos cuarenta y ocho a cincuenta y uno tratan «Del pago de los jornales y premios». Introducían, por primera vez, el asunto de la financiación de la Compañía, un aspecto fundamental en el mantenimiento de la entidad. Como muestra, se conservan las cartas que el Ayuntamiento envió a los consistorios de las ciudades de Reus, Girona y Barcelona, preguntando al respecto (véase «Política y economía en la articulación...» –p. 49–) en el momento de redacción del reglamento. Como ha sido explicado, la estabilidad económica del Cuerpo conllevó dificultades considerables para el consistorio y, en diferentes períodos, en fuente de graves crisis para la compañía de bomberos; principalmente, porque esta se nutría de los pagos que las personas afectadas por el incendio abonaban por el servicio. De ahí el encabezamiento de este apartado, que relacionaba las retribuciones de los bomberos –jornales y premios– con la financiación de la Compañía. e. Los artículos cincuenta y dos al sesenta y cinco introducían tres nuevas figuras respecto a ordenamientos anteriores: el primero, un «guarda almacén avisador», que debía saber leer y escribir, y tenía funciones de mantenimiento del parque, de las herramientas y del material. Era el encargado, además, de dar aviso a los bomberos, tanto en caso de incendio como por maniobras de formación. El segundo, un corneta, encargado de dar órdenes de actuación sobre el incendio; y tercero, un médico que debía desplazarse a los siniestros y encargarse de velar por la salud de los miembros del cuerpo de bomberos. f. Aparte de la prestación que ofrecía el artículo 45 del reglamento de 1863 en materia de asistencia en caso de accidente laboral, en el apartado adicional del mismo reglamento, artículo 66, se manifestaba que el Ayuntamiento tenía que dar apoyo a la creación de un seguro o Monte Pío, tal y como sucedió en ciudades como Tarragona u Olot (se analizará en «La mutualidad de socorro...» –p. 177–). Con esta mutualidad se pretendía ofrecer cobertura médica en caso de enfermedad a los miembros de la Compañía, que devian ingresar las aportaciones económicas mensuales correspondientes. Dichas asistencias quedaban encuadradas, además, en un contexto de aumento gradual de las compañías aseguradoras, que empezaban a surgir para cubrir las necesidades de protección de bienes que los propietarios del momento requerían.
117 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social Con el paso del tiempo se incorporaron al reglamento algunos cambios, con la intención de ajustarlo a las transformaciones políticas y sociales del momento. A modo de ejemplo, en 1870, en pleno ciclo revolucionario (18681874) y en consonancia con el ideario más progresista, se reformó el artículo primero y se añadió a la dirección de la Compañía la voz de dos vecinos de la población. La compañía de Bomberos de este cuerpo Municipal por medio de la Comisión administrativa que nombre el mismo, y se compondrá de 4 individuos de su seno y de dos vecinos de la población, a propuesta estos de los individuos de la compañía de bomberos que hayan obtenido mayoria de votos, renovándose los espresados cargos cada dos años u cada modificación que sufra el Ayunto64. Este cambio no aparece documentado en ninguna copia de reglamento conservada hasta la actualidad. Se desconoce si tuvo aplicación legal y, en caso afirmativo, los años de vigencia. La falta de documentación al respecto complica, además, la posibilidad de verificar la aplicación real de esta propuesta. Los reglamentos del siglo xix explican la evolución de la Compañía desde su formación inicial hasta la consolidación como plena entidad municipal de la ciudad de Lleida. En los siguientes apartados, dedicados al estudio de los reglamentos aprobados en el transcurso del siglo xx, las ordenaciones analizadas muestran una gradual profesionalización y una continuada evolución hacia una mayor diversidad de servicios. Este proceso, bruscamente interrumpido por la Guerra Civil (1936-1939), fue fruto de los cambios políticos, sociales y económicos acaecidos con el paso de los años en la ciudad, y de las innovaciones tecnológicas desarrolladas durante el periodo (véase «Política y economía en la articulación...» –p. 49– y «Los recursos materiales: tecnología y revolución industrial...» –p. 181– respectivamente). EL REGLAMENTO DE 192365. LA PROFESIONALIZACIÓN DE LA COMPAÑÍA En octubre de 1923, ya bajo el régimen político dictatorial de Primo de Rivera (1923-1930), el Ayuntamiento de Lleida sancionó un reglamento que sustituía la obsoleta y lejana ordenación aprobada por el gobierno municipal en 64 AML Fons Municipal, Llibre d’actes de Ple, año 1870, reg. 1747, f. 168-169. 65 AML Fons Municipal, Reglament del cos de bombers de la ciutat de Lleida, año 1923, reg. 11.988, s. f.
124 Leonard Jové vidaL Cros S.A., la Generalitat, la Cooperativa del fluido eléctrico de Cataluña y el personal de cequiajes. El duodécimo, se interesaba en la habilitación de dependencias de reunión para los jefes de sección, grupo e industrias; y en el decimotercero, se establecía la división de la ciudad en cuatro zonas, y la industrial, en seis, así como el personal adscrito a cada una de ellas y el material que resultaba necesario. c. Los últimos cinco artículos, del decimotercero al decimoséptimo, detallaban el equipo personal de intervención. Entre los recursos materiales destacaba una careta protectora de gases, utensilio que se añadió pensando en la confrontación bélica. De hecho, el Ayuntamiento preparó cursos sobre los efectos de los gases asfixiantes y sobre la utilización de caretas72. También se delimitaba la edad de admisión a la Brigada de calamidades públicas, el jornal y, por último, el plazo de formalización y organización de este servicio, que finalizaría el doce de noviembre de 1936. El reglamento de calamidades públicas no regulaba exclusivamente el servicio de extinción de incendios, aunque se puede interpretar que sustituyó aquél anterior por el que se regía el Cuerpo. Sin embargo, era en realidad una ordenación «de ciudad» creada para auxiliar a una sociedad que podía resultar –y desgraciadamente, así fue– gravemente dañada por la Guerra Civil. Así, la compañía de bomberos, plenamente enmarcada en el engranaje asistencial que se había creado, estuvo regulada dentro de sus parámetros de organización y actuación, hasta que el propio conflicto la hizo desaparecer. EL REGLAMENTO DE 194473. LA REORGANIZACIÓN DEL CUERPO EN LOS INICIOS DE LA DICTADURA Apenas finalizada la Guerra Civil, el cuerpo de bomberos de Lleida se encontraba en un estado de total descomposición, debido a la falta de personal, la inexistencia de financiación y una nula estructura de dirección. A pesar de las dificultades del momento, se inició un proceso de reorganización, previamente explicado en «Los reglamentos. La regulación de la compañía de bomberos de Lleida (1840-1962)» –p. 85–, que se consolidó, de forma 72 J. Sagués San José, Una ciutat en guerra. Lleida en la Guerra Civil Espanyola (1936-1939), Abadía de Montserrat, Barcelona, 2003, p. 365. 73 AML Fons Municipal, Reglament del cos de bombers, año 1944, reg. 2149, s. f.
125 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social definitiva, con la redacción del reglamento aprobado el dieciocho de agosto de 1944. La nueva reglamentación, a pesar de ser menos extensa, presentaba una gran similitud con la redactada en 1923 bajo el mandato de Primo de Rivera. La estructura de los documentos era prácticamente exacta en ambas ordenanzas y los encabezados que dividían los bloques por temas tenían, o bien la misma denominación, o bien una muy similar. Las diferencias existentes se limitaban a elementos de la terminología empleada, aunque no hacían variar el sentido de las comunicaciones. A pesar de este paralelismo, apareció una serie de novedades que es menester poner de relieve. a. En el artículo primero se establecía que el ámbito de actuación se podía ampliar fuera del término municipal. Este hecho estuvo relacionado con la adquisición de vehículos de combustión interna y se enmarcaba en el proceso de motorización que se desarrolló en la industria automovilística de Estados Unidos y, en menor medida, en la europea (véase «Las bombas contra incendios» –p. 192–). b. En el segundo artículo se precisaba que a la dirección del cuerpo se le sumaban los presidentes de las Cámaras de la Propiedad y Comercio, si bien quedaba excluido el representante de la Cámara Urbana, presente en el reglamento de 1923. c. En el apartado de personal había un cambio de nomenclatura respecto la ordenación anterior: las figuras del jefe y el subjefe lo eran de las tres secciones en que quedaba dividido el cuerpo, formadas cada una de ellas por ocho bomberos, un conductor y un guardaparque –gráfico 7–. Se modificaron, además, algunos de los procedimientos burocráticos empleados en los nombramientos de acceso al servicio. En el artículo octavo aparecía por primera vez la figura del voluntario, aunque sorprendentemente, no se especificaban las tareas a él encomendadas74. 74 En la actualidad, los bomberos voluntarios forman parte de los organigramas de los diferentes servicios de extinción de incendios de todo el mundo, sobre todo en zonas en las que no es económicamente viable la presencia de un cuerpo profesional. En Cataluña, a modo de ejemplo, el mayor número de parques voluntarios se encuentran en pueblos situados en la zona del Pirineo.
126 Leonard Jové vidaL Gráfico 7. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1944. Fuente: AML Fons Municipal, reg. 2149. d. En el artículo decimoséptimo, también por primera vez, se incluía la exigencia de que el individuo que formara parte de la Compañía debía tener una altura mínima de 1,55 metros. e. En el bloque del equipo de protección personal, artículo decimonoveno, al material empleado en 1923 se añadían unas botas y una chaqueta de cuero. f. En el apartado relativo al brigada, este cargo adquiría nuevas funciones de mando y se convertía en jefe directo de las tres secciones. g. Los premios se actualizaron, y se añadieron menciones y medallas en función del comportamiento y el mérito en las intervenciones de los individuos del Cuerpo. Observando las escasas modificaciones implantadas en el reglamento de 1944, respecto al de 1923, podemos concluir que las aportaciones de este último se mantuvieron vigentes durante la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República –a excepción del periodo de la Guerra Civil– y el primer franquismo; es decir, prácticamente durante cuarenta años. Esta realidad, sin embargo, cambió con la creación de un nuevo reglamento y ordenanzas nuevas, en 1962.
127 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social EL REGLAMENTO Y LAS ORDENANZAS DE 196275. EL CUERPO DE BOMBEROS BAJO EL RÉGIMEN FRANQUISTA Durante los últimos años cincuenta y los primeros sesenta del siglo pasado, las autoridades franquistas impulsaron un conjunto de reformas que pretendían recuperar la maltrecha economía española. Las medidas consistieron, principalmente, en la potenciación de los intercambios internacionales y en el incremento de la actividad industrial. Se dejaba atrás el modelo autárquico impulsado en la época inicial del franquismo y se sustituía por un sistema basado en una mayor liberalización de mercado76. Estas políticas comportaron que ciudades como Lleida, entre otras muchas, aumentaran su número de población, sobre todo, a consecuencia de la llegada de un importante contingente de inmigrantes venidos de toda la península. El aumento de la natalidad y las mejoras introducidas en las condiciones alimentarias y sanitarias fueron también fundamentales en este proceso de crecimiento. Así, la nueva coyuntura socioeconómica hizo necesario el planteamiento de un nuevo desarrollo urbanístico, que se centró, fundamentalmente, en la elaboración del Plan de Ordenación Urbana de 1957, así como el desarrollo de la periferia de la ciudad y el derribo del barrio del Canyeret77. Fue en este contexto de transformación, donde la dirección de la compañía de bomberos logró impulsar un nuevo reglamento, con el fin de adaptar el servicio de extinción a las nuevas circunstancias del momento. Se materializó, como se estudiará seguidamente, de acuerdo con unas ordenanzas que, además de especificar y profundizar en asuntos que el reglamento no ordenaba, incidían en el adoctrinamiento de los miembros del Cuerpo en el ideario del «Espíritu Nacional», que las autoridades franquistas querían imponer a manera de código moralizador. La estructura de la ordenación impulsada en 1962 era más completa que aquellas aprobadas en años anteriores. Lleida, tal y como se ha expuesto con anterioridad, había aumentado en número de población, contaba con una elevada actividad industrial y era un importante núcleo de comunicación78. Estas circunstancias requirieron de la articulación de un cuerpo de 75 AML Fons Municipal, Ordenances i reglament del cos de bombers de la ciutat de Lleida, año 1962, reg. 19611, s. f. 76 G. Di Febo, S. Juliá, El Franquismo, Paidós, Barcelona, 2005, pp. 93-100. 77 J. Barrull, A. Jarne, C. Mir, Història de Lleida. De la Restauració al Franquisme..., pp. 253-260. 78 J. Vilagrasa, Història de Lleida. Final del segle xx..., pp. 101-205.
128 Leonard Jové vidaL bomberos con más elevado grado de profesionalización y dotado con la correspondiente codificación legal. El nuevo reglamento estaba dividido en treinta y cinco artículos y seis disposiciones, agrupados en diez capítulos. a. En el inicial, artículos primero hasta el cuarto, se fijaban las funciones de los bomberos. Aparecía, por primera vez, la tarea de riego de las calles y de las plazas, una ocupación que respondía a la necesidad de limpiar y sanear la ciudad. Esta fue la razón por la que se dividió el Cuerpo en dos grupos diferentes: el personal activo, individuos de primera salida a los siniestros, y el personal auxiliar, que, además de apoyar a los primeros en caso de necesidad, era el encargado de regar las calles. En este apartado se especificaba, además, que los bomberos dependían de la sección de fomento del Ayuntamiento. b. En el capítulo segundo se establecían los ámbitos de actuación del Cuerpo, que habitualmente quedaban dentro del término municipal, pero que podrían verse ampliados en caso de orden expresa de la alcaldía. c. En el tercero, se definía la composición de la Compañía, el número de auxiliares y el personal colaborador del servicio de extinción, personas que por su actividad laboral tenían la capacidad de ayudar y asesorar a los miembros del servicio en las emergencias donde fueran requeridos. Así, por vez primera, aparecen en un reglamento del cuerpo de bomberos de Lleida, un oficial de iluminación, uno de fontanería y uno de obras. El enlace motorista (fig. 4) fue otra de las novedades, pero no se puntualizaba cuál era exactamente su función, aunque en una anotación de 1969 se hacía mención de ella: [...] un motorista cuya misión principal era servir de enlace entre el parque y los bomberos que están en servicio, autoridades y bomberos que deben entrar en servicio antes del turno a causa de un siniestro79. d. En el capítulo cuarto, se detallaba el personal que componía la Compañía –jefe, subjefe, brigada, cabos, bomberos, bomberos auxiliares y porteros, así como las diferentes obligaciones que cada uno de ellos tenían otorgadas. 79 AML Fons Municipal, Informació de la Companyia de bombers, año 1969, reg. 8418, s. f.
129 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social Gráfico 8. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1962. Fuente: AML Fons Municipal, reg. 19611. e. Los artículos diecisiete, dieciocho y diecinueve, incluidos en el apartado quinto, hacían referencia al horario que debían seguir los miembros del Cuerpo; se determinaba, por vez primera, el turno de trabajo de veinticuatro horas. A pesar de esta disposición reglamentaria, ya en las actas del Ayuntamiento (de diciembre de 1946) aparecía la contratación Figura 4. Compañía de bomberos en 1963; a la izquierda se aprecia el guardia local que hacía de enlace motorista. Fuente: Fondo Fotográfico del Parque de bomberos de Lleida.
130 Leonard Jové vidaL del personal fijo para el servicio en estos términos: «dieciocho individuos para el retén permanente con el jornal diario de doce pesetas cada uno»80. Se desconoce, sin embargo, su horario laboral. Por otra parte, el consistorio republicano contrató, mientras duró la Guerra Civil, personal bombero con turnos fijos de guardia y tandas de seis, ocho y doce horas. Ya en la década de los años ochenta, se tiene constancia de que los bomberos tenían un horario de trabajo de veinticuatro horas de servicio, por setenta y dos de descanso81. f. El capítulo sexto marcaba los protocolos de intervención del personal que componía el Cuerpo, y diferenciaba los siniestros ocurridos dentro del término municipal respecto de aquellos que se producían en el exterior. g. El séptimo apartado hacía referencia al servicio de riego y a la colaboración que este debía ofrecer –principalmente, la provisión de agua– a los bomberos de guardia en caso de intervención en un incendio. h. El capítulo octavo recogía las condiciones de ingreso en el Cuerpo en calidad de personal bombero; los requisitos legales y de salud correspondientes, una prueba de oficio relacionada con la construcción –un conjunto de profesiones que, como se ha estudiado en «Política y economía en la articulación del cuerpo de bomberos (1840-1975)» –p. 49–, se venían demandando desde la Edad Media– y la superación de los ejercicios físicos especificados. Ambas pruebas de ingreso suponían una novedad respecto a los reglamentos anteriores. Por último, aquellos aspirantes que superaran todos los trámites debían pasar un período de prueba de tres meses. Los nombramientos de los cabos, brigadas y otros mandos, sin embargo, no seguían el mismo procedimiento y eran establecidos por el Ayuntamiento cuando correspondía. i. El capítulo noveno hacía referencia a la revisión y evaluación de las capacidades psicológicas y médicas de los miembros del Cuerpo, un hecho innovador que pretendía filtrar la admisión del personal con el fin de descartar el acceso a aquellas personas que no cumplieran los requisitos demandados. Entre las pruebas que se realizaban había un 80 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1946, reg. 1817, f. 96. 81 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, años 1979-80, reg. 1826, f. 285.
131 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social electroencefalograma, que se llevaba a cabo en la clínica psiquiátrica Bellavista de Lleida82. j. El capítulo décimo hacía mención a los tipos de premios que podían recibir los miembros del Cuerpo en función de su comportamiento o del posible acto heroico que llevaran a cabo. En relación con las sanciones, se requería que estuviesen sujetas al reglamento de funcionarios. Por otra parte, las cinco disposiciones adicionales hacían referencia a asuntos relacionados con el régimen administrativo, la obligación de conocer el reglamento y la ordenanza –será explicada en este mismo apartado–, las ausencias del término municipal, el reconocimiento médico extraordinario y la prohibición –salvo en casos excepcionales– de visitas de personas foráneas al parque de bomberos. Conjuntamente con el reglamento, ese mismo año 1962 se redactaron unas ordenanzas con un discurso impregnado de espíritu e ideario franquista, que aportaban información adicional respecto a la formación del bombero y al funcionamiento de la Compañía. Aparecían agrupadas en siete apartados: a. En el primer punto se indicaba que era la dirección del Cuerpo la que definía las aptitudes que debían cumplir sus miembros, y lo hacía mediante un discurso que pretendía educar, moralizar y concienciar a los bomberos. Estas eran las capacidades exigidas: «la abnegación, el valor, el honor, la educación, el compañerismo y la disciplina». b. El segundo apartado ponía el énfasis en el cumplimiento y la obediencia de las órdenes y en el respeto absoluto a la jerarquía de mando. c. El tercer título iba dirigido exclusivamente al bombero y se centraba en la obligatoriedad del cumplimiento de las órdenes recibidas por parte de sus superiores, el conocimiento de la normativa del Cuerpo, la correcta higiene personal y vestimenta, el buen comportamiento y el seguimiento de los procedimientos reglamentarios. d. El capítulo cuarto se limitaba a aleccionar en los saludos y trato del personal de la Compañía hacia sus superiores, en un intento de conseguir un mayor grado de formalidad y educación. 82 Fondo del parque de bomberos de Lleida. Sin inventariar. Los electroencefalogramas encontrados corresponden al año 1976.
132 Leonard Jové vidaL e. El título quinto relataba las funciones que cada uno de los responsables de la guardia debían cumplir, los pasos puntuales en los relevos de personal y las tareas de parque asignadas a los bomberos, principalmente, la limpieza y el aseo de las dependencias del Cuerpo. En este mismo apartado, se establecían también los turnos de vigilancia, los permisos para recibir visitas en el parque, las clases de educación física decididas por la dirección, la instrucción tanto teórica como práctica del personal y el tiempo de descanso. Además, se explicaba la actitud y el comportamiento: «celeridad y exactitud en el cumplimiento de las ordenes» por parte del bombero ante una emergencia. f. El sexto apartado normativizaba los servicios llamados «especiales», por alusión a las asistencias auxiliares en siniestros ya resueltos pero que requerían de vigilancia; también lo hacía en relación a dispositivos de prevención en actos, espectáculos, fiestas, etcétera. g. El capítulo séptimo se iniciaba con los deberes que los cabos debían hacer cumplir a los bomberos y que estaban relacionados con el conocimiento de las obligaciones, las diversas tareas o el debido comportamiento. Por otra parte, se enumeraban las tareas que los conductores tenían atribuidas como tales, aunque en el reglamento redactado ese mismo año no se mencionaba, en ningún caso, la figura del chófer. Tanto el reglamento como las ordenanzas redactadas en 1962, eran el resultado del aumento en la complejidad de los servicios en la ciudad. Lleida se desarrollaba y se iba transformando, pero –simultáneamente– también lo hacía el cuerpo de bomberos, que debía adaptarse a las nuevas exigencias de resolución, eficiencia y profesionalidad. Al margen de esta adaptación de las intervenciones del servicio de extinción a las nuevas demandas, ambos documentos significan también un intento moralizador e impositor de disciplina en el personal del Cuerpo –y del resto de la ciudadanía–, que buscaban preservar del control social, conservar las cuotas de poder «ganadas» en la Guerra Civil, así como contrarrestar los efectos que podía ocasionar la influencia extranjera en la mentalidad de la población, después de la obligada apertura internacional del régimen franquista. Esta incómoda realidad, se añadía a las protestas universitarias, que proliferaban en todo el Estado, y a la aparición de nuevos movimientos de lucha obrera, elementos todos juntos, que obligaban a las clases dominantes a reforzar su discurso de defensa de la ideología nacional católica.
133 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social En definitiva, se puede concluir afirmando que la transformación social y económica, así como los diferentes procesos de mutación urbana acaecidos en Lleida en el transcurso de los siglos xix y xx, jugaron un papel fundamental a la hora de estimular la modernización de la Compañía83, que tuvo que adaptarse a estos cambios desde los ámbitos que le eran propios: financiero, material, personal o estructura del servicio. Y todas estas competencias, requirieron de una apropiada adecuación a la legislación general de cada momento, un hecho que se ha ido materializado a través de las diferentes reglamentaciones que ha organizado el servicio de extinción de incendios a lo largo de su existencia (tabla 3). 1841 1846 1861 1863 Sin fecha 1923 1944 1962 Jeraquía de mando Sí Sí Sí Sí Sí Sí Sí Sí Jefe de compañía Arquitecto Comandante Arquitecto Arquitecto Alcalde constitucional Arquitecto Arquitecto Técnico superior del Ayuntamiento Divisiones organizativas del cuerpo Sí Sí Sí Sí Sí Sí Sí Sí, entre bomberos y personal de riego Instrumentos de control dentro de la compañía No No No No No Sí Sí Sí Asistencia de accidentes No No Sí Sí Sí Sí Sí Sí Servicios en pueblos vecinos No No No No No No Sí Sí Servicios de riego de calles No No No No No No No Sí Demanda de personal relacionado con el gremio de la construcción Sí Sí Sí Sí Sí Sí Sí Sí Personal con carácter voluntario Sí Sí Sí Sí Sí Sí Sí No, los bomberos ya son profesionales 83 Esta cuestión se desarrollará en el capítulo de las conclusiones.
140 Leonard Jové vidaL guía, muy a menudo, con técnicas de derribo que «solo» el colectivo obrero podía ejecutar con pericia. Así, en una nota de la comisión encargada de la formación de la Compañía, con fecha del 18 de agosto de 1841, precisaba: «Los bomberos deben ser albañiles, cerrajeros, caldereros, herreros, carreteros y carpinteros» 15 Al referirse a los hacheros, por ejemplo, se indicaba: [...] deben cuasi de precision, escogerse de entre los albañiles y carpinteros de obra o de ribera; en primer lugar porque estas funciones son las mas analogas a su oficio y en segundo lugar porque en estas artes abundan mas los oficiales que tienen tino práctico y resolución para arremeter los riesgos de esta clase16. El análisis realizado por Q. Casals sobre la estructura socio-profesional de la Lleida de los años 1844 a 1853 confirma que en la ciudad residían dos arquitectos. Y en relación a los menestrales, se dice que vivían alrededor de cincuenta y siete o sesenta maestros albañiles o paletas, tres fontaneros, entre cuatro o seis caldereros, dieciséis o dieciocho herreros, diez fabricantes de carros y cuarenta y cinco carpinteros17; empleos, tal y como se ha mencionado en el párrafo anterior, demandados por las autoridades municipales para ejercer las tareas de bombero. Una muestra adicional a esta cuestión la encontramos en las relaciones de personal de la Compañía, que serán analizadas en el apartado siguiente. En algunas de ellas, las autoridades del Cuerpo mencionaban la voluntad de contratar trabajadores relacionados con el gremio de la construcción. Así, la primera lista de personal bombero18 de la que tenemos conocimiento, fechada en 1841, estaba formada por sesenta y cuatro individuos, que se dividían entre cerrajeros, carpinteros y albañiles. Y en la segunda, del año 1848, ya el propio título «Relación de los maestros carpinteros oficiales y aprendices que son útiles a los bomberos»19 señalaba los requerimientos relativos a la profesión de sus miembros. En cuanto al resto de relaciones de personal del servicio de extinción localizadas en la documentación, años 15 AML Fons Municipal, Formació de la Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f. 16 AML Fons Municipal, Formació de la Companyia de Bombers, año 1841, reg. 1580, s. f. 17 Q. Casals, Canvi econòmic i social en el pas de l’Antic Règim a l’Estat Liberal..., pp. 57-62. 18 AML Fons Municipal, Llista dels individus que formen la companyia de bombers, año 1841, reg. 1580, s. f. 19 AML Fons Municipal, Relació dels mestres fusters oficials i aprenents per al cos de bombers, año 1848, reg. 1580, s. f.
141 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social 186220, 186321, 187222, 187523, 187624, 188325, 188426, 189227, 189928, 191829, 192330, 193231, 194032 y 196633, solo las correspondientes a 1862, 1872 y 1940 mencionaban la relación bombero-paleta; en las otras no se hacía referencia alguna porque esta condición ya se daba por segura. Tanto es así, que, como se ha explicado en «Los reglamentos. La regulación de la compañía de bomberos de Lleida (1840-1962)» –p.85–, en todos los reglamentos que han ordenado el funcionamiento del cuerpo de bomberos de Lleida (en este conjunto, hay que recordarlo, se excluye el de calamidades públicas de 1936, analizado en «El reglamento de “calamitats públiques” (1936). El Estallido de la Guerra Civil» –p. 122–) se demandaba que los miembros de la compañía tuvieran un oficio relacionado con el mundo de la construcción; desde las primeras ordenanzas de 1840-41 hasta el último reglamento analizado correspondiente al año 1962. Y si bien es cierto que durante el siglo xix estas profesiones se limitaban básicamente a herreros, carpinteros, cerrajeros, canteros y albañiles, cabe señalar que en el xx se amplió con la entrada de los electricistas y los conductores. Los únicos miembros de la compañía que quedaron excluidos de este requerimiento fueron los componentes de la banda de música. En 1884 su director José Torné solicitó, en representación del grupo, denominar al conjunto 20 AML Fons Municipal, Llista de persones que s’ofereixen per a servir voluntàriament a la secció de bombers de la ciutat, año 1862, reg. 1582, s. f. 21 AML Fons Municipal, Llista dels individus que formen la secció de bombers d’aquesta ciutat, año 1863, reg. 1582, s. f. 22 AML Fons Municipal, Llista que la comissió considera indispensable cessin dels seus càrrecs en la companyia de bombers, año 1872, reg. 1584, s. f. 23 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1875, reg. 1752, f. 556. 24 AML Fons Municipal, Llista dels individus que conformen la companyia de bombers, año 1876, reg. 1584, s. f. 25 AML Fons Municipal, Revista de la companyia de bombers d’aquesta capital, año 1883, reg. 1584, s. f. 26 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1884, reg. 1761, f. 68. 27 AML Fons Municipal, Revista dels individus que componen la companyia de bombers d’aquesta ciutat, año 1892, reg. 1584, s. f. 28 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1899, reg. 1776, f. 140. 29 AML Fons Municipal, Relació del personal de la companyia de bombers i els havers reportats durant el quart trimestre de l’any en curs, año 1918, reg. 8418, s. f. 30 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1923, reg. 1800, f. 157. 31 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1932, reg.1809, f. 98. 32 AML Fons Municipal, Actes de la Comissió Municipal Permanent, años 1939-1940, f. 6. 33 AML Fons Municipal, Relació del personal pertanyent a la companyia de bombers, año 1966, reg. 11966, s. f.
142 lEonard jové vidal de músicos como «Banda de Música de Bomberos»34. En agradecimiento «a la gracia concedida», la orquesta se comprometió a actuar gratuitamente una vez al año en cualquier acto organizado por el municipio. Además, las autoridades accedieron a la demanda a cambio de que los músicos hicieran acto de presencia, al menos, a dos representaciones oficiales del Cuerpo y a los enterramientos de los individuos de la Compañía. Por su parte los miembros del Cuerpo harían acto de presencia también en el funeral de cualquier miembro de la banda de música, eso sí, con la condición de no disponer de ninguno de los derechos recogidos en el reglamento del servicio de extinción de 1863. Desgraciadamente, se desconoce la continuidad de esta iniciativa, que no aparece en ninguna otra fuente relativa al cuerpo de bomberos. PERSONAS QUE FORMARON EL CUERPO DE BOMBEROS DE LLEIDA El primer elemento a destacar es que, no se conoce con toda seguridad, la totalidad de hombres que compusieron la compañía de bomberos a lo largo de su existencia. Debió haber nombres que, debido a la pérdida de documentación o a causa del olvido que conlleva el paso del tiempo, no han llegado hasta nuestros días. Sin embargo, contamos con tres grupos 34 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1884, reg. 1761, f. 130. Figura 6. Compañía de bomberos de Lleida en 1901; se pueden observar, palas, picos, escaleras y demás material de difícil identificación. Fuente: P. Almacellas, «El Servicio de Incendios», Ciudad, volumen XI, Lleida, 1959, pp. 186-187.
143 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social de fuentes documentales heterogéneas, que aportan –además de nombres y apellidos– información adicional de diferente tipo sobre la identidad de aquellas personas que pertenecieron al cuerpo de bomberos35. En primer término, disponemos de listados de personas, que –tal y como ha sido indicado en el apartado anterior–, corresponden a los años 1862, 1863, 1872, 1875, 1876, 1883, 1884, 1892, 1899, 1918, 1923, 1932, 1940 y 1966. Contienen relaciones de personal que redactaban las correspondientes direcciones del Cuerpo en cada momento, con el propósito de dejar constancia de los miembros que formaban la compañía. Entre las listas también se encuentran, además, anotaciones relativas a nombramientos y admisiones del personal para el servicio de extinción. En ambos casos la información es bastante limitada y consiste, básicamente, en cifras concretas de bomberos, con sus nombres y apellidos. Los más relevantes de todos serán detallados a posteriori en este mismo apartado. Aparte de estas revelaciones comunes en todos los listados, las relaciones de los años 1841 y 1848 mostraban los oficios de los bomberos –la estructura socio-profesional estudiada por Q. Casals, ya ha sido explicada en el capítulo anterior–. En el caso concreto de las listas del 1861 y del 1863, se indicaba la dirección donde tenían la residencia los miembros del cuerpo, lo que concordaba con el artículo vigésimo octavo del reglamento de 1863 (véase «El Reglamento de 1861...» –p. 108–), donde se afirmaba que los serenos, en caso de incendio, debían llamar «a las puertas de las casas donde habitan los bomberos». De este modo, se pretendía acelerar todo el proceso relativo a la extinción de los incendios en la ciudad. Hay que detallar también que en las relaciones de 1892 y 1918 aparecen los sueldos trimestrales de los diferentes cargos de cada Compañía, tema que será tratado en el siguiente apartado. En cualquier caso, los nombres que se conocen a partir de estas relaciones se pueden dividir en dos grupos diferenciados: por un lado, aquellos que aparecen de forma fugaz, de los que no se puede extraer ninguna información porque su paso por la compañía fue breve y, por otro, los individuos que por 35 A parte de las tres fuentes mencionadas, en los momentos previos de la publicación del presente libro, en una casa particular de Badalona, se encontró un listado de bomberos leridanos (entre otras poblaciones) que pertenecían a la Federació Catalana de Bombers, cuya sede estaba situada en la referida ciudad. Se trata de documentos relativos a la movilización de los miembros del Cuerpo en el contexto de la Guerra Civil y de diversa correspondencia entre los hombres del servicio de incendios y dicha federación. Los nombres de los bomberos que aparecen y que no constan en ningún otro listado son: Francesc Algeries Sugrañes, Manuel Mauri Capdevila, Francesc Piro Plana y Francesc Rojo Calucho, Por el momento no es posible citar esta fuente porque la documentación no se encuentra depositada en archivo alguno.
144 Leonard Jové vidaL su comportamiento y compromiso personal, dilatada pertenencia al servicio, o por ejercer cargos de responsabilidad –entre estos, destacan los arquitectos de renombre de la ciudad– dejaron una huella más profunda en el Cuerpo y jugaron un papel más relevante. Serán detallados a continuación. La segunda fuente documental ofrece un índice del personal que accedió al cuerpo de bomberos durante 1954 –a excepción de dos individuos que lo hicieron en los años 1944 y 1945, respectivamente36. En este registro se hacían constar los nombramientos de los individuos que habían de ejercer la profesión de bombero con la aprobación del alcalde y el secretario del Ayuntamiento. Además, se incluía la edad y el lugar de nacimiento, el cargo que ocupaba cada individuo y el día de nombramiento y de toma de posesión como tal. Se trataba, por tanto, de un Cuerpo ya profesional, regular y con horario laboral fijo, por lo que se ha optado por incluir la totalidad del personal que lo integraba en el gráfico de aquel período –y del siguiente–, que será analizado a continuación. La tercera y última fuente de información la forma un fichero personal de cada bombero, con referencias varias relativas a las vacaciones, las bajas laborales, la carta de jubilación e, incluso, alguna denuncia que el jefe de bomberos correspondiente debía guardar a modo de informe personal. Estos archivos corresponden a los años sesenta y setenta del siglo pasado37. Así, a partir de estas tres fuentes documentales, se pueden conocer el nombre de cuantas personas conformaron la compañía de bomberos de Lleida a lo largo de su historia. Relación de bomberos Años de pertenencia al cuerpo según listado de personal Borrás, Alejo 1841-1848 Borrás, Antonio 1841-1848 Castanera, José 1841-1848 Coll, Jayme 1841-1862 Font, Manuel 1841-1848 Giralt, José 1848-1862 Llovera, Ramón 1841-1862 36 AML Fons Municipal, Expedients personals de bombers, años 1942-1954, reg. 8516, s. f. 37 Fondo del Parque de Bomberos de Lleida. Sin inventariar.
145 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social Relación de bomberos Años de pertenencia al cuerpo según listado de personal Martí, Ramón 1841-1848 Mercadal, Salvador 1841-1862 Mestre, Antonio 1841-1848 Pàmies, Andrés 1848-1862 Tabla 4. Personal bombero presente en las relaciones de los años 1841-1862. Fuente: AML Fons Municipal, regs. 1580 y 1582. Relación de bomberos Años de pertenencia al cuerpo según listado de personal Bernardó, Andrés 1872-1875 Calvet, José 1862-1883 Escarpente, José 1863-1875 Farré, José 1872-1875 Porta, Pedro 1872-1875 Real, Antonio 1863-1875 Ribes, José 1876-1883 Roure, Jaime 1872-1876 Tarragó, Ramón 1863-1875 Tabla 5. Personal bombero presente en las relaciones de los años 1862-1883. Fuente: AML Fons Municipal, regs. 1582, 1584 y 1752. Relación de bomberos Años de pertenencia al cuerpo según listado de personal Aresté, Ygnacio 1883-1892 Cornadó, Juan 1883-1899 Farré, Mariano 1883-1892 Mañanet, Manuel 1883-1899 Torrebadella, Francisco 1883-1892 Martorell, Antonio 1892-1899 Bergé, Ramón* 1872-1899 Cots, Ventura* 1876-1918 Tabla 6. Personal bombero presente en las relaciones de los años 1883-1899. Fuente: AML Fons Municipal, regs. 1584, 1761 y 1776.
146 Leonard Jové vidaL Relación de bomberos Años de pertenencia al cuerpo según listado de personal Aresté, Miguel 1899-1918 Garsavall, Miguel 1899-1918 Guiu Fontanet, Miguel 1923-1940 Mauri Senís, Enric 1932-1940 Muntañola, Esteban 1899-1918 Prieto, Arcadio 1918-1940 Tabla 7. Personal bombero presente en las relaciones de los años 1899-1940. Fuente: AML Fons Municipal, regs. 1776 a 11.966. Las tablas cuarta a sexta muestran los bomberos presentes en las relaciones de personal del siglo xix y principios del xx. En las tres primeras se puede observar tres momentos concretos de la Compañía, donde el primer grupo –1841-1862– corresponde a la etapa inicial de formación del Cuerpo, cuando aún no había sido oficializado; el segundo –1862-1883– recoge el momento de la consolidación y afianzamiento del servicio de extinción como entidad municipal bajo el gobierno del alcalde Manuel Fuster (véase «Primera ordenación del Cuerpo (1841)» –p. 94– y «El Reglamento de 1861...» –p. 108– respectivamente). Y, el tercero –1883-1899– refleja el período de crisis y el intento de reestructuración de la Compañía comentado en «Una compañía operativa en crisis endémica» –p. 49– y referido a los años finales del siglo xix. Las excepciones a esta clasificación son los bomberos Ramón Bergue, que consta en los listados de 1872 y 1899, y Ventura Cots, que aparece en 1876 y también en 1918, como conserje. En cuanto a la tabla séptima –1899-1940– no es posible extraer información relevante porque las relaciones de los años 1923 y 1932 no contienen la totalidad de la Compañía, tan sólo unos pocos nombres, correspondientes a admisiones de nuevo personal, hecho que dificulta el establecimiento de un hilo conductor que explique las cuatro primeras décadas del siglo xx. Nombre Nombramiento Posesión Oficio Función Jornal Jubilación Edad jubilación Águila Flequé, Tomás (17/12/1892) 31/12/1953 01/01/1954 Portero 18 pts./día Andrés Tapies, Silvano (04/05/1900) 31/12/1953 01/05/1956 Bombero Bonet Altisent, Francisco (27/07/1916) 31/12/1953 01/01/1954 Bombero 18 pts./día
147 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social Nombre Nombramiento Posesión Oficio Función Jornal Jubilación Edad jubilación Capdevila Valero, José (11/12/1912) 31/12/1953 01/01/1954 Agricultor Bombero 08/11/1977 65 Condo Cirera, José (16/05/1903) 31/12/1953 01/01/1954 Bombero 18 pts./día Curcó Canales, José* 10/02/1945 Portero 14,5 pts./día 24/12/1977 70 Esteve Salvador, Antonio (14/08/1916) 31/12/1953 01/01/1954 Bombero Fontanet Jusmet, Pedro (05/07/1922) 31/12/1953 01/01/1954 Chófer 8.000 pts./ año Gavín Pradilla, Mariano (08/11/1919) 31/12/1953 01/01/1954 Bombero 02/02/1984 65 González Berrocal, Manuel (11/07/1915) 31/12/1953 01/01/1954 Bombero Marín Bellmunt, Salvador (17/04/1925) 31/12/1953 01/01/1954 Fuster Bombero 17/04/1990 65 Mauri Capdevila, Salvador* 01/04/1940 Paleta Bombero 14,5 pts./día Melé Enrich, Domingo (07/05/1907) 31/12/1953 01/01/1954 Bombero Guarda parque Pina Domínguez, Genaro (10/05/1902) 31/12/1953 01/01/1954 Bombero Pujol Vinós, Ramón (18/03/1906) 31/12/1953 01/01/1954 Bombero Vázquez Sánchez, Luis (22/12/1912) 28/04/1954 01/05/1954 Chófer Chófer 8.000 pts./ año 22/12/1977 65 Vidal Esquerda, José (11/06/1904) 31/12/1953 01/01/1954 Bombero 18 pts./día T abla 8. Personal bombero que ingresó en el Cuerpo en 1954. Fuente: AML Fons Municipal, reg. 8516. Nombre Posesión Oficio Función Jubilación Edad jubilación Andrés Bernadó, Antonio 24/04/1968 Fuster Bombero Canales Marsal, Mariano 08/08/1978 Yesero Chófer 03/12/2010 60 Capdevila Roure, Antonio 10/1963 Paleta Bombero 08/12/2002 65
148 Leonard Jové vidaL Nombre Posesión Oficio Función Jubilación Edad jubilación Cendrós Cepero, Alfonso 01/01/1957 Mecánico mecanográfico Bombero 14/06/1988 65 Falcón Saucedo, Antonio 10/11/1969 Portero telefonista 31/05/1991 65 Ferrer Enrech, Laureano 10/07/1972 Labrador Bombero Fuentes García, Juan 16/09/1965 Paleta Bombero 08/12/1997 65 Fuentes García, Pastor 10/07/1972 Pintor Bombero 24/03/2005 65 Fuentes García, Rafael 05/05/1962 Paleta Bombero Gayón Cebolla, José 21/12/1960 Jardinero Bombero 14/04/1984 65 Gómez Mir, Jorge 16/09/1963 Pintor Bombero Gómez Sisteré, Pedro 01/01/1967 Alguacil Bombero conductor Limones Pérez, Rafael 01/04/1968 Empleado Hotel Bombero López Gómez, Miguel 15/01/1978 Montador calefacciones Bombero 02/09/2013 61 Martín Bernal, Felipe 15/09/1958 Barbero Portero telefonista 26/09/1985 65 Martín Latorre, Francisco 15/07/1971 Mecànic Bombero conductor 03/12/2010 60 Martínez Fuentes, Fernando 24/08/1963 Paleta Bombero 15/05/1999 65 Mejías Muñoz, Manuel 21/07/1978 Pulidor de piedra Chófer 25/04/2004 60 Montull Setó, Antonio Conductor de camión Chófer 02/06/2000 65 Nieto Agulló, Alberto Portero telefonista Nieto Nieto, Juan Rosell Rius, Juan Bombero conductor Sánchez Lozano, Rafael 14/02/1973 Pintor Bombero 04/06/1998 65 Velasco Sabater, José Maria 08/08/1978 Electricista de automóviles Bombero conductor 20/03/2014 59 Tabla 9. Personal bombero que ingresó en el Cuerpo entre los años 1957 a 1978. Fuente: Parque de bomberos de Lleida, sin número de registro.
149 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social Las tablas 8 y 9, pertenecientes ya a la segunda mitad del siglo xx, ofrecen un mayor grado de información de cada bombero. Se muestra que la mayoría de los oficios de los miembros de la Compañía, tal y como se ha expuesto en «Consolidación de los trabajadores...» –p. 139–, pertenecían al mundo de la construcción, junto con ocupaciones relacionadas con la automoción y la electricidad. Respecto a la jubilación, se puede observar que, a partir de los años setenta del siglo pasado, los bomberos se empezaron a retirar a la edad de sesenta y cinco años, una realidad que concordaba con la incipiente implantación de las políticas de bienestar social impulsadas por el Estado. Una excepción a esta novedad constituye el caso del bombero José Curcó Canales, que accedió al Cuerpo en los años cuarenta y que, al llegar a la edad de sesenta y cinco años, o bien no pudo jubilarse porque todavía no se aplicaba dicha legislación, o bien no quiso renunciar al cargo. En cualquier caso, tal y como consta en la documentación, se retiró con setenta años. En cuanto a Salvador Mauri Capdevila, también accedió al Cuerpo con anterioridad a 1954, pero se desconoce su edad de retiro. Por último señalar que un Real Decreto del año 2008 permite el retiro de los bomberos a los 60 años o a los 59 en caso de 35 años de cotización efectiva. Nombre Bombero Corneta Auxiliar Capataz 2.º Capataz 1.º Brigada Subteniente Teniente Vigilante Arqués, Esteban 1883 1889 Baiget, Magín 1863-1876 1876-1899 Baiget, Ramón 1863-1876 1876-1899 Bonet, Ramón 1892-1899 1918 Calvet, José 1862-1875 1863-1876 1872 Charles, Antonio 1883 1892 1899 1918-1923 1930 Oró, Eduardo 1883 1892 Pal, José 1883 1892 1919 Prior, Salvador 1876 1883-1892 Pujol, Juan 1875 1883-1892 Tarruella, Ignacio 1872-1875 1876 1883 T abla 10. Personal de mando intermedio durante el siglo xix. Fuente: AML Fons Municipal, regs. de 1582 a 1809.
252 Leonard Jové vidaL avance del fuego. ¡Fue una gran victoria! «Algún día –pensó–, sería él quien se jugaría la vida deambulando por los cielos de Lleida y se convertiría en el héroe de la ciudad». Debió sentir, sin embargo, que aún era un profesional demasiado novato… Al amanecer, seguían los esfuerzos y las tareas para apagar el incendio, y continuaron durante todo el día, hasta que el fuego quedó felizmente extinguido, sobre las ocho y media de la tarde del día 23 de octubre –después de más de dieciséis horas de trabajo. Las caras de sus compañeros y la suya propia mostraban alegría, entre la fatiga y la deshidratación por tan larga jornada de trabajo. Una vez se dio por terminada la emergencia, el jefe de la compañía estableció, además, un refuerzo preventivo de tres días para evitar repuntes y derribar aquellas estructuras afectadas que pudieran provocar hundimientos no controlados u otros daños aún mayores. Josep, sin embargo, no pudo formar parte del retén porque durante el incendio, no recordaba muy bien cómo, se hizo daño en el brazo y, por tanto, debería dejar de ejercer su trabajo habitual de carpintero durante algún tiempo. Afortunadamente, mientras el médico de la Compañía le exploraba la herida, pudo hablar con un concejal del Ayuntamiento, quien le aseguró que recibiría un auxilio económico por el accidente, valorado en dos pesetas y cincuenta céntimos diarios. «Tal como se especifica en el reglamento del cuerpo de bomberos», concluyó, como mascullando en soliloquio. A la mañana siguiente, Josep se despertó resentido por el dolor y el cansancio del día anterior, pero a la vez satisfecho por el trabajo realizado. Se apresuró a comprar la prensa en la tienda que había al final de la calle, muy cerca de la casa donde vivía con su familia. La Revista de Lérida llevaba la noticia del incendio a toda página, y Josep, que había cursado varios años en las escuelas inauguradas en la ciudad hacía un tiempo, la pudo leer sin dificultad a sus padres. Y decía así: Es preciso confesar que dada la actual organización de la Compañía, sus individuos todos trabajaron hasta hacerse dignos de la estimación general, y que por algunos de sus actos debieron ser admirados por cuantos pudieron apreciar su valor y serenidad [...] D Manuel Farré dirigió con sumo tacto el manejo de las bombas. José Solè logró del público el dictado de intrépido por haber atrabesado habitaciones que amenazaban undirse al menor sacudimiento y escalado con increible arrojo paredes que se ofrecian a simple vista en estado de ruina. Ramon Mañé supo esponer su vida en ascensiones dificilísimas mostrando sereno el animo ante el peligro que ofrecian los continuados desplomes que en los edificios tenian lugar, y dirigiendo como sus compañeros los señores Calvet, hijo, Baiget (hermanos Magín y Ramon) y otros varios, las mangas de
253 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social las bombas, logrando con sus chorros apagar la acción del fuego do quiera se presentaba, siendo todos perfectamente secundados por cuantos artesanos forman parte de la Compañía de Bomberos48. Otras noticias hablaban de la participación ciudadana en las tareas de extinción: «Las clases que en mayor numero tomaron parte en tales trabajos deben ser contados en primer numero a los “menestrales” siguiendo la de los (señores)»49. De hecho, cuando Josep y los demás miembros del Cuerpo fueron al Ayuntamiento para cobrar el jornal, tuvieron que soportar, cargados de paciencia, el discurso del alcalde, el cual –solemnemente– hacía referencia a la alta participación de autoridades de la ciudad en la sofocación del fuego. Sólo habían acudido para figurar, y «quedar bien», como dijo alguien de entre la gente, en voz baja y cara de aversión. El listado era interminable: El M.Y.S. Gobernador civil de la Provincia D. Federico Ferrer y Galvez, el Exmo Sr Brigadier Gobernador Militar D. Antonio Marquez y Galvez, el Sr Juez de primera instancia del partido D. Francisco Valcarcel y Vargas, el Sr Teniente de Alcalde D. Jose Vilanova y Cahir, el Sr Comandante del arma de Ingenieros en esta Provincia D. Ramon Ros y de Cárcer, el Comandante Capitan de Artilleria Don Ricardo Ballina, el Sr Jefe de dia de la plaza comandante de infanteria D Telesforo Teról y Garcia, el Subdirector de la compañía de seguros «La Union» D. Sebastian Ribelles y Eurich, la Compañía de Bomberos, varias brigadas de operarios, tropas de los cuerpos de la guarnicion y parte del vecindario, y despues varias personas con carácter oficial y otras sin el, que seria prolijo enumerar, que más que con sus acertadas disposiciones y otras con su penoso trabajo, contribuyeron, más o menos a la estincion del incendio que ha durado 63 horas y media50. El cobro de los honorarios fue rápido. Josep percibió cuarenta reales, veinte en concepto de premio por llegar el tercero al parque y los otros veinte de sueldo por tratarse de un incendio de segunda clase (por el tipo de edificio) y haber acaecido en horario nocturno. A los bomberos los pagó el Ayuntamiento, pero la totalidad de los gastos que ocasionó el incendio corrieron a cargo de la aseguradora La Unión, una corporación surgida a mediados del siglo xix. 48 F. Castells, «El incendio del Teatro», Revista de Lérida..., p. 329. 49 F. Castells, «El incendio del Teatro», Revista de Lérida..., p. 330. 50 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1876, reg. 1753, f. 316. Se debe precisar que en esas sesenta y tres horas, se cuenta el refuerzo de bomberos que permanecieron en el lugar del siniestro tras ser extinguido.
254 Leonard Jové vidaL «¡No siento pena alguna por estas compañías!» –dejó caer Ramon, un colega bombero que trabajaba de paleta. «Los propietarios son esos nuevos ricos que ganan mucho dinero!» –añadió. Josep asentía, sin prestar demasiada atención a los comentarios. Su cerebro no paraba de cavilar sobre una cuestión que le quitaba el sueño desde hacía días. ¿Como se podía desatar un incendio a esas horas de la madrugada? ¿Habría sido provocado? Y aún más importante, ¿quién podría estar interesado en dañar o hacer desaparecer el teatro? Descubrir el origen de un incendio se le presentaba como una tarea de gran dificultad. Aunque existían ciertos indicios que podían ayudar a resolver el enigma. Una primera posibilidad la concibió mientras leía el capítulo de un libro que describía el teatro. [...] El todo esta iluminado con un hermoso quinqué pendiente del centro de la bóveda [...] Los corredores son estrechos e incómodos y no lo es menos la única escalera que existe para bajar de los tres pisos, que causaria muchas desgracias en una noche de incendio51. Una primera hipótesis le asaltaba por momentos: ¿Se habría quedado encendido algún elemento de la iluminación que hubiera podido iniciar el incendio? No estaba seguro, pero –de pronto– las sospechas se incrementaron tras enterarse de que, en palabras de un concejal del consistorio, la ignición se produjo «en la parte del escenario»52, sin dar, extrañamente, ninguna otra explicación del porqué de esta presunción. Las noticias de los días posteriores tampoco ayudaban a aclarar los hechos. El primero de noviembre de ese mismo año 1876, se informaba sobre la detención de algunas personas sospechosas de haber provocado el siniestro. Con los días, se procedió al interrogatorio de algunos presuntos implicados, pero ninguno de ellos sabía nada. Más bien parecía que los habían arrestado sin ningún fundamento. La investigación se encontraba en un punto muerto. Una idea le vino de repente, mientras leía la prensa, sentado en un solitario banco de los Campos Elíseos: [...] el trozo de calle que media entre la plaza San Francisco y Caballeros es continuo paso de caballerias y objetos de labranza que produce incalculables molestias para los transeuntes [...] conseguida esta mejora puedese suprimir tambien, ademas del paso de carruajes, la elaboración del vino en aquel trozo 51 P. Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, volumen x, Est. Literario-tipográfico de P. Madoz y L. Sagasti, Madrid, 1847, p. 244. 52 AML Fons Municipal, Llibre d’actes del Ple, año 1876, reg. 1753, f. 316.
255 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social de calle convertida en repugnante esposición de objetos mil a cual mas detestables en la epoca de la bendimia [...] la calle Mayor esta llamada a ser una de las mas concurridas y la mas escogida para poner de manifiesto el sinfin de primorosos objetos producidos por el arte e industria modernos53. «¡Era una jugada perfecta!» –pensó, levantándose de súbito. El incendio y la posterior demolición del teatro permitiría al consistorio llevar a cabo una medida muy popular entre la ciudadanía, facilitar el paso entre las calles Caballers y Major con la avenida de Blondel, un nuevo acceso a la ciudad que evitaría molestos rodeos para ir al centro. Se abriría, por fin, la extensa muralla que formaban los edificios de la calle Major por el lado del río Segre. Y todo se habría producido gratuitamente, como un susto imprevisible que, además, ¡recibiría el beneplácito de la prensa! «La prolongación de la calle Caballeros es mejora que reclaman de consumo, el ornato, la comodidad y la higiene pública»54. Pero había más, y aquí viene lo interesante de la cuestión: el consistorio, como propietario del teatro, cobraría la indemnización de la compañía aseguradora. ¡Se ganaría mucho dinero! Después, «consternados por el trágico suceso», pero con toda la tranquilidad del mundo, sólo habría que buscar otro edificio que alojara un nuevo coliseo o, simplemente, dejar pasar el tiempo con subterfugios de tipo presupuestario, de falta de espacio, o «de otras necesidades prioritarias». Estaba todo muy bien ideado; se trataba de un plan urdido de forma brillante55. Demasiado para que él pudiera desenmascararlo. De hecho, pronto se dio cuenta que demostrar su teoría resultaría imposible y, además, la cosa tenía todos los visos de acabar con alguna denuncia por injurias –o cosas peores– contra él. Y como tenía claro que la justicia, en aquella época que le había tocado vivir, no era del todo imparcial y casi siempre se posicionaba del lado de los más poderosos, decidió dejarlo correr. Al fin y al cabo, él sólo era un pobre carpintero, con un brazo herido, al que le gustaba hacer de bombero. Y le quedaba claro que la ciudad en donde residía había emprendido –en plena transformación– una ruta de expansión y remodelación urbanística que no se detendría; y menos aún por las especulaciones atrevidas de un trabajador humilde, soñador y crítico. 53 F. Castells, «El incendio del Teatro», Revista de Lérida..., p. 333. 54 F. Castells, «El incendio del Teatro», Revista de Lérida..., p. 333. 55 Recordar al lector que la posible intencionalidad en el incendio del teatro es una suposición.
256 Leonard Jové vidaL Figuras 17 y 18. Grabados del incendio del teatro, del año 1876. Fuente: La Ilustración Española y Americana, del 8 de noviembre de 1876.
257 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social EL INCENDIO DE LA FÁBRICA GARCÍA GIRÓ (1849) Josep Maria Capdevila, cabo del cuerpo de bomberos de Lleida, llegó puntual al Ayuntamiento. Había sido citado a las nueve de la mañana, pero la sesión no comenzó hasta pasadas las diez. Mientras esperaba en el exterior del despacho del concejal Plana, encontró un periódico, de pocos días atrás, que traía una noticia del incendio. Desde el primer momento se personó en el lugar del siniestro el Excmo. señor Gobernador civil camarada José Carrera Cejudo, que dirigió el salvamento y la localización del siniestro, interviniendo personalmente en estos Trabajos. Le secundaban los concejales señores Sol Ballespí, Mola y Farré, el Ingeniero Jefe de Industria, señor Casamada, el Jefe Provincial de Sanidad doctor Ibáñez, y el Secretario de Abastecimientos señor Alija. Dispersos en sus diversos cometidos de extinción, salvamento o vigilancia, intervinieron el Cuerpo de Bomberos, con todo su material, Cuerpo de Policia, Guardia Civil, Policia Armada y varias compañías del Ejército56. «¡Qué montón de mentiras que contaba la prensa del Régimen!» –maldecía en voz baja, negando con la cabeza. «¡Esta gente siempre se apunta los méritos que no le corresponden!». 56 «Un pavoroso incendio destruyó de madrugada la fábrica de Garcia Giró», La Mañana..., p. 2. Figura 19. Dibujo del incendio por la parte de la calle Mayor, frente al Peu del Romeu. Autor: Artur Renyé. Fuente: Vida Leridana núm. 96, del 5 de mayo de 1930.
258 Leonard Jové vidaL Se abrió la puerta y un hombre –que no supo identificar– le hizo un gesto, indicando que podía entrar. Los saludos con el grupo de ediles que investigaban el caso fueron rápidos pero cordiales y, de inmediato, dieron paso a las primeras cuestiones. — Cuéntenos, señor Capdevila, ¿cómo sucedieron los hechos? –preguntó el señor Plana, máximo responsable de la instrucción. — Bueno, –dijo titubeante Josep Maria– el día 19 de agosto (de 1949), hacia las dos de la madrugada, aproximadamente, recibimos del señor González, el jefe de vigilancia nocturna, una llamada al parque de bomberos, alertándonos de un incendio en la fábrica de electrodomésticos García Giró, en la calle Víctor Pradera, de Lérida, números uno, tres y cinco. Josep Maria estaba nervioso y no quería olvidar nada de lo que había sucedido esa noche. Le vino a la cabeza la tranquilidad con que había transcurrido la guardia, el calor que había hecho durante todo el día y cómo decidieron salir al aire libre, en el exterior del parque, para tomarse el helado que habían comprado esa misma tarde. El recinto que ocupaban los bomberos había sido el antiguo teatro de los Campos Elíseos, pero al acabar la Guerra Civil y con la desastrosa situación económica que sufría la ciudad y el resto del Estado, el nuevo Ayuntamiento fascista lo reconvirtió en cuartel de la Compañía, con el fin de ahorrarse el alquiler de una nave. A él ya le iba bien, pero lo más importante –pensaba– era que, con el parque, los nuevos vehículos que habían llegado los últimos años, el buen equipo humano y el reglamento redactado en 1944, el cuerpo de bomberos había sido capaz de renacer de las cenizas del conflicto bélico. La Compañía volvía a ser, en lo tocante a protección ciudadana, la gran entidad municipal que había sido en los tiempos la República. — Los seis bomberos de guardia corrimos a ponernos el equipo de intervención –prosiguió Josep Maria– el casco (tipo Barcelona), las botas altas, un cinturón, la cuerda y, por supuesto, la camisa y el pantalón que ya llevábamos puestos, mientras ... — ¡Al grano señor Capdevila! –interrumpió un concejal con bigote frondoso y cara de pocos amigos, que no supo identificar. Fue un momento de incomodidad, pero, enseguida, continuó con la narración. — Subimos a los camiones y nos dirigimos hacia el lugar del siniestro, a un kilómetro y medio de distancia. El incendio era de grandes dimensiones y
259 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social la temperatura extremadamente alta. Enseguida nos dimos cuenta de que el material que quemaba debía ser, sobre todo, de tipo plástico; principalmente, por la intensidad del olor de los alrededores y porque el humo era muy espeso y denso; tanto, que dificultaba totalmente la salida del fuego hacia el exterior, hacia el cielo, quiero decir57. De hecho, tanto las llamas como el humo sólo se hacían visibles a bocanadas, como en una especie de pulsaciones casi regulares, apareciendo y desapareciendo del espectro como si se tratara de un enrevesado truco de magia. — Parecía un ser mitológico con vida humana, luchando por su supervivencia, pensamos la noche del incendio. — Y, todo ello, rodeado de brillantes chispas, que ascendían lentamente hacia el firmamento, hasta que la oscuridad de la noche las hacía invisibles. Un hecho inequívoco que mostraba que nos encontrábamos ante un incendio en el que también quemaban elementos que contenían aluminio. En definitiva, un incendio muy difícil de extinguir. Afortunadamente, llegamos lo bastante rápido para evitar que el fuego saltara a los edificios vecinos: el garaje Dalmau, el convento de las Josefinas y una vaquería próxima al incendio. Incluso la prensa destacó la presteza por parte del servicio de extinción en presentarse en el lugar del siniestro [...] «el retén hizo acto de presencia al minuto de iniciarse el incendio»58 –recitó de memoria mientras se le dibujaba una leve sonrisa en el rostro. El concejal del bigote frondoso masculló no sé qué en voz baja. — Recuerdo que, al llegar, pedí a un policía local que procediera a evacuar las posibles víctimas atrapadas en los edificios adyacentes a la fábrica. Sus hombres y numerosos vecinos que se encontraban por la zona se dedicaron a alertar por todas partes hasta que estuvieron seguros de que nadie corría peligro. Me gustaría y perdóneme la interrupción, mostrar el agradecimiento a todas aquellas personas anónimas que ayudan al cuerpo de bomberos en la realización de tareas adicionales a la extinción –Josep Maria carraspeó y siguió con las explicaciones–. Después, toda esta gente se dirigió hacia la vaquería para desalojar a los animales y sacar la alfalfa, un material que suponía un peligro inminente y podía acrecentar aún más el incendio. 57 J. Sans i Pinyol (coord.), La Investigació d’Incendis i Explosions..., p. 33. 58 AML Fons Municipal, Incendi de la fàbrica Garcia Giró, año 1949, reg. 2149, s. f.
260 Leonard Jové vidaL El concejal Serrano repasaba la prensa de los días posteriores al siniestro y los informes relativos al incendio, elaborados por la policía local y el cuerpo de bomberos, al tiempo que escuchaba el testimonio. Él había sido uno de los encargados, junto con otros compañeros del Ayuntamiento, de la compra de material diverso para el servicio de extinción. Mientras hojeaba distraído el montón de papeles y diarios que tenía sobre su mesa leyó el titular: «Presas del pánico, las vacas atadas a los postes de la Rambla de Cataluña mugían lastimosamente»59. De manera repentina, se le escapó una sonora carcajada que interrumpió momentáneamente la oratoria. Ante la penetrante mirada de la mayoría de los presentes en la sala, disimuló –bajando la cabeza entre los papeles. — Se cortó la corriente eléctrica con el fin de reducir riesgos –prosiguió Josép Maria– e iniciamos las tareas de extinción con agua, que consistieron en detener la propagación de las llamas hacia los inmuebles vecinos. Como ya he comentado anteriormente, la intensidad del fuego era muy alta, posiblemente por el propio material constructivo de la edificación, pero sobre todo por la gran cantidad de componentes combustibles almacenados en el local, principalmente barnices, colorantes, materiales plásticos diversos y bombonas de sulfuro de carbono. Estos materiales, quizá resultan fundamentales para las cadenas de producción de bienes de consumo, pero son altamente inflamables y muy peligrosos. El concejal Serrano asentía a las palabras del cabo mientras leía las noticias que confirmaban sus palabras «estallaban continuamente convirtiendo en estériles y baldíos los esfuerzos para ahogar el incendio [...] El incendio adquirió inmediatamente proporciones extraordinarias [...] Enormes llamaradas se alzaban entre las vigas del techo»60. — Por tanto –continuó el caporal– las tareas de sofocación no se centraron en aquellos lugares donde el fuego ya lo había arrasado todo, sino en los puntos donde se podía detener su crecimiento. Una vez minimizado el riesgo de propagación, hacia las tres y media de la madrugada, nuestros esfuerzos se centraron en atacar el núcleo del fuego y extinguir definitivamente el foco. — ¿Permítame, señor Capdevila, es esta la forma habitual de proceder? 59 «A las nueve de la noche quedó totalmente extinguido el incendio en la fábrica Garcia Giró», La Mañana, número 3480, 20 de agosto de 1949, p. 2. 60 «Un pavoroso incendio destruyó de madrugada la fábrica de Garcia Giró», La Mañana..., p. 2.
261 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social — Sí señor –respondió Josep Maria– y piense que el hecho de situar el personal de manera que se protejan los edificios vecinos y no trabajando en la zona de más fuego donde ya no se puede salvar nada, puede llevar a confusión. Por esta razón la estrategia empleada no fue comprendida por algunas de las autoridades municipales presentes en el lugar de la intervención. Se oyeron voces de desaprobación que el concejal cortó de golpe con un vigoroso –¡silencio! y prosiguió con la siguiente cuestión: ¿cree usted que el equipo personal y los recursos materiales destinados al siniestro fueron los adecuados? — Así lo creo. Aparte de los seis bomberos de guardia, la magnitud del siniestro conllevó la presencia de aquellos miembros del cuerpo que se hallaban fuera de horario laboral y que, sin embargo, se añadieron a las tareas de extinción. ¡Fuimos un total de quince hombres trabajando en el incendio! Además, desplazamos la auto-escala de veintiocho metros y el tanque de cinco mil litros de agua, ambos montados el año anterior sobre chasis G.M.C. recién estrenados. — Tuvimos mucha suerte de disponer de estos vehículos –pensaba–; la potencia que transmiten a las bombas que llevan acopladas es fundamental para detener el avance del fuego. ¿Cómo lo harían los bomberos de antaño? –se preguntaba–. ¡Cuánta razón tenía su jefe, el arquitecto Domènech, cuando decía que la industria del automóvil revolucionó la extinción de los incendios a principios del siglo xx! Dejó de lado sus pensamientos y continuó el relato. La sala escuchaba con mucha atención. — También nos llevamos la escalera extensible de dieciocho metros, con la plataforma de trabajo en la parte superior, y dos motobombas61. Todo ello con las correspondientes mangueras de setenta y cuarenta y cinco, las bifurcaciones, las lanzas, los diferentes aparatos para la iluminación y, evidentemente, herramientas manuales, como picos, palas, cuerdas y el resto de utensilios que llevan de dotación los vehículos. El concejal Serrano buscó a toda prisa el artículo que resaltaba el buen funcionamiento del material del Cuerpo adquirido por el Ayuntamiento y 61 AML Fons Municipal, Incendi de la fàbrica Garcia Giró, año 1949, reg. 2149, s. f.
268 Leonard Jové vidaL casos, en un contexto económico y social de sustitución del modelo feudal por un capitalismo de carácter incipiente66. Por otra parte, la Lleida de mediados del siglo xx era una población que ya presentaba unas estructuras industriales y de transporte plenamente capitalistas. De hecho, el citado sistema económico debía vivir un proceso de crecimiento muy pronunciado en décadas posteriores al suceso, como consecuencia de la apertura del Régimen hacia los mercados exteriores. Sin embargo, el incendio de la fábrica García Giró, del año 1949, ponía de manifiesto la necesidad de replantear la ordenación de la ciudad, adecuando un espacio donde la actividad industrial quedara apartada de la zona residencial. Se trataba de disminuir los riesgos que podían ocasionarse en los centros de producción, tanto por la peligrosidad de determinadas materias primas, como por el propio proceso de transformación de estas en bienes de consumo. «Puede considerarse que los procesos de industrialización y de urbanización constituyen fenómenos íntimamente dependientes»67. El incendio ha comportado, como se ha explicado anteriormente, reestructuraciones urbanas que a menudo, han tenido un trasfondo económico vinculado a la reconstrucción de un barrio o un distrito calcinado por las llamas. Este procedimiento, aparte de tener la capacidad de «limpiar» una determinada zona de forma barata y eficaz, permitió, a menudo, la generación de cuantiosos ingresos, sobre todo en beneficio de las clases dirigentes locales. No es extraño pensar, por tanto, que algunos fuegos desencadenados en ciudades de todas partes –incluida Lleida– hubiesen sido provocados deliberadamente para tal fin. Y a pesar de la ilegalidad que representan este tipo de actividades, y la destrucción que causan, puede afirmarse que los incendios crean nuevas oportunidades de negocio, puestos de trabajo y flujo monetario. Por otro lado, los incendios de gran magnitud ponen contra las cuerdas la capacidad organizativa y de respuesta por parte de una ciudad ante un desafío que, casi siempre, se produce de forma inesperada y con gran celeridad. Revelan la idoneidad (o no idoneidad) de los medios técnicos, de los 66 E. Hobsbawm, En torno a los orígenes de la Revolución Industrial, Siglo xxi, Madrid, 1971, pp. 71-88. 67 R. Segura, Actividad Industrial y Sistemas Urbanos: Evolución y Tendencias de las Tipologías y Modelos de Localización Industrial en Relación con la Ciudad y las Actividades Urbanas, Instituto del Territorio y Urbanismo, Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, Madrid, 1989, p. 17.
269 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social recursos materiales y de la disposición y pericia de las personas que deben llevar a cabo las tareas de extinción. Sitúan al conjunto de la sociedad ante un reto que puede resultar fatal para la propia supervivencia de parte del colectivo o de su la totalidad, lo que obliga a buscar mecanismos de mejora en relación con estos retos fundamentales. Sin embargo, es sobre la mentalidad de los seres humanos sobre la que el incendio –o al menos, la idea que proyecta– ha ejercido un mayor impacto; básicamente, porque el fuego tiene la capacidad de incidir de forma muy profunda sobre ese fenómeno intrínseco a la condición de las personas: el miedo a la muerte. Esta circunstancia ha condicionado el pensamiento de los habitantes de las ciudades, quienes han tenido que adoptar las medidas necesarias para paliar un riesgo que ha resultado recurrente desde la aparición de los primeros asentamientos, precursores de las formas de vida propiamente urbana. Se puede concluir, por tanto, ratificando que, si bien el fuego tuvo la capacidad de modelar a los seres humanos a través del proceso de hominización, el incendio –como las enfermedades infecciosas– activó y todavía activa la capacidad de respuesta colectiva de las personas como partes integrantes de sociedades complejas.
CONCLUSIONES L legados a este punto, es necesario iniciar una breve recapitulación de los asuntos planteados en esta investigación y establecer sus implicaciones desde una perspectiva de reflexión más amplia. En este sentido, el objeto de estudio inicial pretendía trazar, a modo de una historia narrativa clásica, el proceso de formación y desarrollo de la compañía de bomberos de Lleida, situándola en la correspondiente coyuntura económica, social y política de la ciudad en cada momento histórico. A medida que la investigación avanzaba, el alcance de los problemas que iban surgiendo emplazó la reflexión de fondo en un ámbito más amplio, como es el de las componentes que interactúan en la creación y articulación de un servicio social, público o privado, en el tránsito entre la sociedad del feudalismo tardío y el avance imparable de los cambios en los inicios del capitalismo; tanto los directamente derivados de los numerosos avances tecnológicos como los relacionados con el ascenso de la sociedad burguesa, cuyas necesidades de protección, impulsaron la consolidación de servicios como los cuerpos de bomberos (entre otros), dedicados prioritariamente a la protección de la propiedad privada. En esta línea, y gracias al estudio detallado de la bibliografía disponible sobre la cuestión, la casuística leridana se reveló, de inmediato, como parte de una realidad común y compartida con otras muchas ciudades grandes y medianas de ámbito peninsular, europeo y –por extensión– del mundo occidental. Y, así, esta uniformidad en todos los ámbitos que integran la formación de este concreto servicio público sitúa la investigación sobre el proceso histórico de formación del cuerpo de bomberos de la ciudad en una dimensión más amplia, ya que lo acontecido en Lleida resulta ser perfectamente equiparable a experiencias llevadas a cabo en otras ciudades, en un proceso caracterizado por evidentes singularidades locales, pero asentadas en dinámicas y motivaciones implantadas en un proceso común y compartido por doquier.
272 Leonard Jové vidaL Para centrarnos en el análisis detallado relativo a esta investigación, se hizo un primer acercamiento de cariz bibliográfico, a fin de establecer un marco conceptual amplio, centrado en obras generales del período y, sobre todo, en estudios nacionales e internacionales sobre incendios y sobre cuerpos de bomberos. Esta exhaustiva lectura permitió delimitar ya, por lo pronto, algunos de los principales ámbitos prioritarios por donde debía orientarse el análisis. La segunda fase fue la de localización y posterior vaciado de la documentación que debía fundamentar la base heurística de la investigación. En este sentido, los ámbitos documentales explorados han sido estos: 1. Arxiu Municipal de Lleida (AML) – Información relativa a los antecedentes históricos de la compañía de bomberos de Lleida, que abarca desde el año 1350 hasta 1840 –año de formación del cuerpo. Se trata de documentación diversa que comprende noticias referentes a normativas de prevención de incendios, a elementos de lucha contra el fuego –herramientas, material o personal destinado a hacer frente a las llamas–, a información sobre los siniestros desatados en la ciudad, principalmente los de grandes dimensiones, y, por último, a diferentes legislaciones de cariz higienista y urbanístico vinculadas a la salud y la protección pública. – Información concerniente a la propia creación del servicio de extinción de incendios, en 1840, y todo su desarrollo hasta el último período estudiado, en 1980. La documentación que hace referencia a este bloque permite profundizar sobre todo lo que guarda relación con el cuerpo de bomberos de Lleida y que ha sido dividido en cinco grandes apartados: la coyuntura económica y política en el transcurso del funcionamiento de la Compañía, su reglamentación, el personal bombero que ha formado el cuerpo, los recursos materiales –poniendo de relieve los avances tecnológicos en este ámbito– y, por último, los distintos tipos de asistencias que ha llevado a cabo la Compañía a lo largo de su historia. 2. Colección propia – Revistas especializadas en el ámbito de los bomberos, que han permitido profundizar y ampliar los apartados citados anteriormente.
273 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social 3. Institut d’Estudis Ilerdencs (IEI) – Publicaciones periódicas en forma de diarios y revistas, editadas en la ciudad de Lleida. Han aportado, básicamente, información sobre los incendios de cierta importancia desatados en la ciudad. – Documentos gráficos que aportan información sobre el personal y el material del Cuerpo y de numerosos incendios desencadenados en Lleida. Finalizado el trabajo de archivo, se procedió a realizar una parte introductoria para explicar los antecedentes de la compañía de bomberos de Lleida y, posteriormente, analizar con detenimiento las principales aportaciones de la investigación, estructurada en cinco capítulos (del segundo al sexto), más un epílogo, orientado hacia los principales aspectos caracterizadores: – ¿Cuál ha sido la coyuntura política y la base económica sobre la que se ha sustentado la compañía de bomberos de Lleida en el transcurso de su existencia? – ¿Cómo se ha regulado la compañía de bomberos? El papel de los reglamentos en la articulación del Cuerpo y su utilización como herramienta de vertebración del Estado liberal durante el siglo xix, y la consolidación de las dictaduras, en el xx. – ¿Cuál ha sido la composición social y profesional del personal bombero? – ¿Qué recursos materiales ha podido tener a disposición el Cuerpo? ¿Cómo repercutió la evolución tecnológica –el proceso de mecanización del siglo xix y la aparición de los motores de explosión del xx– en la mejora del equipamiento de la Compañía? – ¿Qué tipo de intervenciones ha desarrollado el cuerpo de bomberos y cómo los cambios sociales han modificado su tipología? – ¿Qué papel han tenido los grandes incendios en las transformaciones urbanas? Recapitulando desde el inicio, hallamos que en el capítulo que trata sobre los antecedentes del cuerpo de bomberos se explica cómo los incendios urbanos han sido –y son todavía– una de las principales dificultades que han tenido que afrontar los seres humanos, desde la aparición de los primeros asentamientos de población y hasta las actuales grandes metrópolis de todo
274 Leonard Jové vidaL el mundo. Un incendio de gran magnitud y mucha destrucción generaba pérdida de vidas, propiedades y recursos, al tiempo que podía desencadenar desórdenes de carácter social, difíciles de contener. Materiales constructivos como la madera o la paja –sin tratamiento ignífugo–, el propio entramado urbano de calles estrechas e inmuebles adosados de las poblaciones o el almacenamiento de sustancias combustibles presentaban peligros difíciles de controlar. Con estas condiciones tan desfavorables, las comunidades se vieron obligadas a adoptar distintos procedimientos para minimizar los riesgos de incendios. Se centraron estos en el estímulo de medidas de prevención, que podían ir desde un correcto emplazamiento de recipientes de agua –en lugares comprometidos–, hasta disposiciones de almacenamiento de material combustible o la creación de equipos de vigilancia y sofoco. De hecho, se conocen diferentes organizaciones ya en época antigua –los vigiles del Imperio romano son el ejemplo más destacado–, sobre la función específica de vigilar y extinguir los fuegos desencadenados en cualquiera de las ciudades del Imperio. En época medieval, no se tiene constancia de ninguna organización específica dedicada a la vigilancia y extinción de incendios. Las tareas de sofoco se asentaban en la cooperación vecinal y la defensa del «bien común», tal y como marcaban los cánones de solidaridad social que difundía la Iglesia Católica. Esta, además, inmersa en un discurso de legitimación y mantenimiento de su poder, y con el ánimo de preservar el orden social establecido bajo su influencia, centró parte de sus esfuerzos en advertir y castigar a la población sobre los peligros de los fuegos descontrolados. También lo hizo el poder civil, en este caso, a través de la entrada en vigor de los Usatges, las normas jurídicas utilizadas para resolver las cuestiones legales del momento y regular los sistemas de producción mediante el control de las condiciones de vasallaje entre el señor y el feudatario. Entre ellas se encontraba la arsia, que tenía la función concreta de castigar la negligencia por incendio. Ya en época moderna, consta que en numerosas ciudades europeas se desataron grandes y devastadores incendios que comportaron, en todos los casos, profundas reconstrucciones y modificaciones en la composición urbana de las ciudades y obligaron a las autoridades a legislar sobre la utilización de materiales constructivos con mayor resistencia y menor contribución al fuego. No fueron realidades aisladas, en la mayoría de las poblaciones que sufrieron incidentes de gran magnitud se fomentó la formación o la modernización de cuerpos de extinción, y se promulgaron nuevas leyes de protección ciudadana. Ciertamente, fue en la Época Moderna cuando aparecieron, a nivel europeo, las primeras organizaciones dedicadas a la sofocación de los incendios.
275 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social En Lleida, de igual modo que en otras poblaciones del resto del Estado, ya a finales del período medieval e inicios de época moderna, se buscó apoyo en los empleados pertenecientes al ramo de la construcción –picapedreros, albañiles, carpinteros...– como principales encargados en las tareas de extinción de los incendios que se desencadenaban en la ciudad. La falta de bombas para la impulsión del agua hacía necesaria la utilización de herramientas manuales, y el personal perteneciente a dicho sector, integrado por diferentes gremios, era el de mayor capacidad y conocimiento en el manejo del utillaje. El derrumbe de tabiques y paredes, la creación de exutorios para expeler los humos y la temperatura, o la demolición de edificios –a modo de cortafuegos urbanos– eran trabajos que «sólo» este colectivo podía llevar a cabo con garantías. Se trataría de la «proto-profesionalización» –de cara a la extinción de los incendios– de unas actividades que, como se detallará, fueron primordiales en el desarrollo de esta función, una vez creadas las compañías de bomberos. De ese modo, las autoridades locales publicaron varios bandos indicando el nuevo procedimiento de actuación que, además, otorgaba los sueldos correspondientes al trabajo desarrollado o imponía las pertinentes multas por incomparecencia de los requeridos. Sin embargo, los vecinos seguían participando en trabajos complementarios, principalmente relativos al transporte del agua desde los ríos, las acequias, las fuentes o los pozos de la ciudad. Ya a finales de la época moderna, el ejército empezó a intervenir en las tareas de sofocación de los fuegos. El hecho de contar con un alto contingente de hombres jóvenes y el poder que ejercían las estructuras militares en la ordenación política del Estado Español conferían a los jefes militares la condición de comandar, muy a menudo, las tareas de extinción. De hecho, y tal como se ha podido comprobar en «La función del ejército» –p. 30–, son numerosos los documentos que mencionan intervenciones castrenses en los fuegos desatados en la ciudad, realidad que, además, se prolongó durante el siglo xix y principios del xx, debido al protagonismo político que tomó el ejército español en estos períodos. Esta forma de proceder empezó a cambiar de forma gradual a partir de 1840, año inicial del proceso de formación de la compañía de bomberos de Lleida. Así, el nuevo organismo dependiente de la municipalidad sustituía –o «regulaba»– la situación de los trabajadores del gremio de la construcción y adquiría, legalmente, la competencia en materia de fuegos desencadenados en la ciudad. La aparición de los servicios de extinción de incendios en diferentes ciudades de Cataluña y del resto del Estado, después de la revolución burguesa, respondía a la profunda transformación política, económica y social
276 Leonard Jové vidaL acaecida a lo largo del siglo xix. Fue este un período marcado por la lucha entre dos formas muy divergentes de entender la realidad del Estado. Por un lado, el sector absolutista, tradicional, defensor de la sociedad estamental, del concepto de organización de raíces feudales y del ideario más conservador. Y por el otro, los liberales, influenciados por las revoluciones francesa y americana, y por las innovadoras ideas de la Ilustración, rechazaban la monarquía absoluta, que había imperado tradicionalmente, y se decantaban por una monarquía constitucional que limitara el poder real. En su imaginario político, defendían la separación de poderes, el sufragio censatario (masculino) o la libertad de imprenta. Y en paralelo a esta transformación política, acaecía la económica, un ámbito en el que jugó un papel fundamental la introducción, por parte de las élites burguesas, de nuevos modelos de producción, basados en la mecanización y en la industria. En definitiva, se dejaba atrás el patrón agrícola y de pequeño comercio vigente hasta ese momento y se iniciaba la transición hacia la economía capitalista. Se debe tener en consideración que la implantación de fábricas en las ciudades supuso un aumento demográfico, basado en la migración de personas que abandonaban el campo para marcharse a trabajar a los nuevos centros manufactureros. Ante este proceso de cambio y, para dar respuesta a las nuevas necesidades de la población, las autoridades municipales tuvieron que impulsar un conjunto de políticas de índole social que, aparte de promover el bienestar de la ciudadanía, resultaron fundamentales en la transformación urbana acaecida a lo largo del siglo xix, es decir, en la sustitución de la ciudad de Antiguo Régimen por la nueva urbe burguesa1. Estas disposiciones se tejieron desde tres perspectivas diferentes que resultaron, sin embargo, complementarias. Primero, el higienismo, cuya finalidad era mejorar la salubridad de la ciudadanía a través de medidas diversas, como –entre otras– la expansión del agua de boca, el perfeccionamiento del sistema de alcantarillado o el control del acceso de los animales y sus desplazamientos dentro de la población. Segundo, un nuevo urbanismo, basado en la reestructuración de calles y plazas, expandiendo los antiguos y enrevesados núcleos medievales y abriendo calles, avenidas y ramblas –anchas, ventiladas y susceptibles de favorecer todo tipo de movilidades–, adaptadas a las nuevas realidades económicas y sociales del momento. Y, por último, el fomento de la seguridad pública mediante la creación de cuerpos policiales y de servicios de extinción de incendios, entidades que debían garantizar la defensa de la ciudad frente a los nuevos desafíos. 1 Á. Barrio Alonso, «Estado de la cuestión», en La modernización de España (1917-1939): política y Sociedad. Historia de España del 3r Milenio, Síntesis, Madrid, 2004.
277 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social En el capítulo «Política y economía en la articulación del cuerpo de bomberos (1840-1975)» –p. 49–, se explica cómo los inicios y el propio establecimiento del servicio de bomberos de Lleida no resultaron ciertamente fáciles. Desde 1840, año de la formación del Cuerpo, y hasta la década de los años veinte, del siglo pasado, las mayores dificultades afrontadas en el mantenimiento de la estructura del servicio de extinción de incendios fueron principalmente económicas. Fue un período, con contadas excepciones, de crisis continuada, en el que los intentos de resolver el problema financiero por parte de los distintos gobiernos municipales se dirigían a involucrar y hacer partícipes a las compañías aseguradoras. Hay que tener presente que estas corporaciones, creadas por las élites burguesas con el fin de proteger sus propias inversiones en fábricas e industrias frente a los incendios, disponían de un capital, parte del cual, podía invertirse en la financiación del Cuerpo. Se trataba de conseguir un «patrocinio», en contrapartida al ahorro en indemnizaciones que las intervenciones de los bomberos procuraban a las mutualidades. Sin embargo, en Lleida esta solución no llegó a prosperar, debido a la escasa presencia de este tipo de sociedades. Por lo mismo, el consistorio intentó promover una mutua pública avalada por el propio municipio, una iniciativa que tampoco se llegó a alcanzar. Desgraciadamente, pues, el continuo problema económico y la falta de legislación estatal respecto a qué administración concreta debía responsabilizarse de la extinción de los incendios, dificultaron la aparición de unos servicios públicos consolidados y el afianzamiento de la Compañía en la ciudad. A pesar de las dificultades financieras, mencionadas con anterioridad, en algunos momentos puntuales la entidad recibió diversos impulsos tanto desde el ámbito político como desde la vertiente económica. Así, en los inicios de la década de los años sesenta del siglo xix, y bajo el mandato del alcalde Manuel Fuster, se promovieron medidas diversas con el fin de dinamizar a la Compañía. Las más importantes fueron la redacción de un nuevo reglamento –que reguló el Cuerpo hasta 1923–, la adquisición de material, entre el que destacaba una nueva bomba contra incendios, y el reconocimiento de la condición de entidad municipal en favor del servicio de extinción, de modo ya oficial y definitivo. Este paso hacia delante por parte del Cuerpo se produjo en un contexto de impulso de las políticas higienistas anteriormente mencionadas, así como de la modernización y profunda transformación urbana de Lleida. La llegada del ferrocarril, el derribo de las murallas, la distribución del gas, la iluminación de las calles o el «nacimiento» de los Camps Elisis –como zona verde y de oxigenación– fueron algunas de las novedades que, enmarcadas dentro del Pla Fontseré, contribuyeron a dejar atrás la ciudad medieval para dar paso a la moderna.
284 Leonard Jové vidaL los modelos de producción concentrados en industrias y fábricas, como en el ámbito del transporte de personas y mercancías que protagonizaba el ferrocarril. El poder burgués no sólo favorecía la formación y funcionamiento del Cuerpo, sino que también le maquinizaba para hacerlo más operativo. Y esta mecanización no se limitaba únicamente a las bombas de impulsión de agua, también se extendía a la creación de fábricas, que procuraban a los servicios de extinción utensilios múltiples, como mangueras, escaleras, dispositivos de rescate de personas y bienes, equipos de respiración, aparatos extintores o elementos de iluminación. El segundo avance en la evolución de las bombas impelentes fue la invención y posterior generalización de los automóviles con motores de combustión interna. Con ellos, se ampliaba el radio de atención a poblaciones vecinas, a la vez que se reducía el tiempo de respuesta en la atención a los servicios, se aumentaba la capacidad de carga –tanto material como de personal– y se conseguía, a través de ensamblajes y conexiones, transmitir la fuerza del motor a la bomba de impulsión. Esta innovación resultó muy valiosa para los servicios de extinción de todo el mundo, porque –finalmente– se conseguía alcanzar un mayor caudal de agua y a mayor presión. La aparición de los vehículos de bomberos, a principios del siglo xx, fue asociada al estímulo de la industria automovilística desarrollada en Estados Unidos y, en menor medida, en algunos países del continente europeo. Su generalización respondió a la creación y desarrollo de la producción en cadena y el consiguiente abaratamiento de los costes de fabricación. Es decir, sin considerar el progresivo avance y el cambio tecnológico en los diferentes ámbitos de la Revolución Industrial, no se puede explicar lo estrecha que fue su interdependencia a la hora de mejorar y transformar las bases materiales de actuación de este servicio público. Una vez explicados los antecedentes de la compañía de bomberos, la coyuntura política y económica por la que atravesó y los tres pilares básicos que conformaron su estructura principal –los reglamentos, el personal y los recursos materiales– se hacía necesario añadir, a fin de dar mayor profundidad al objeto de estudio, un análisis detallado de las repercusiones que generaron dos grandes incendios desatados en la ciudad. A modo de epílogo, y en forma de microhistoria relatada a partir de fuentes documentales, se pretendía conseguir, por una parte, y a través de ejemplos prácticos, ofrecer una visión más intuitiva del funcionamiento de la compañía de bomberos en la realidad de las intervenciones. Y, por otra, entender mejor la relación causa-efecto de las transformaciones urbanas generadas por la propia
285 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social destrucción del fuego, algo que, además, ponía de manifiesto los problemas estructurales que sufría la ciudad en cada uno de los dos períodos expuestos. Así, el incendio del teatro del año 1876 permitía explicar las carencias urbanísticas de la Lleida decimonónica y cómo se aprovechó la desaparición del coliseo para abrir nuevas calles y mejorar la movilidad de carros y personas en un marco de ensanchamiento urbano –el Plan Fontseré–. El fuego de 1949 en la fábrica Garcia Giró, por su parte, ponía de relieve la necesidad de replantear la ordenación residencial e industrial de una ciudad que, pasados setenta y tres años del siniestro del teatro, estaba ya inmersa en las dinámicas socioeconómicas del sistema capitalista. El último aspecto digno de ser tenido en cuenta en esta parte final de las conclusiones lo representan las implicaciones sociales que ha generado el cuerpo de bomberos en el transcurso de su existencia, y que –en su totalidad– constituyen el eje fundamental en la comprensión del significado del servicio de extinción de incendios para la ciudad de Lleida. Un primer exponente que muestra de forma clara la interdependencia entre la compañía de bomberos y el desarrollo social corresponde a los períodos de impulso del servicio de extinción –cuatro en concreto– que coincidieron, precisamente, en épocas de crecimiento demográfico y reestructuración urbana de la ciudad. Fueron momentos en los que la coyuntura política, económica y social favoreció el estímulo, la mejora y el perfeccionamiento del Cuerpo, que se articuló, en todos los casos, en tres ejes fundamentales: la redacción de un reglamento que ordenaba el servicio de extinción, la compra y renovación del material –en el que destacaba la adquisición de bombas de impulsión de agua– y el esfuerzo consistorial en proporcionar la estabilidad presupuestaria a la entidad. Los cuatro períodos principales de crecimiento y desarrollo de la compañía fueron los siguientes: – El primer impulso del Cuerpo corresponde a su propia formación durante la década de los años cuarenta, del siglo xix, y su posterior consolidación, en los sesenta, de la misma centuria. Respondió a la transformación que vivía Lleida en ese momento, muy vinculada al incremento demográfico –se pasó de los 12.236 habitantes en 1842 a los 19.557 en 1860–, al Plan urbanístico Fontseré y a las políticas higienistas y educacionales impulsadas por el consistorio en ese periodo. – El segundo momento de estímulo de la Compañía llegó también con el incremento demográfico acaecido durante las dos primeras décadas del siglo xx y con el correspondiente nuevo ordenamiento urbano de la
286 Leonard Jové vidaL ciudad. En 1920 Lleida contaba con una población de 38.165 personas, una cifra considerablemente superior a las 21.432 registradas en 1900 o a las 24.531 de 1910. Este crecimiento comportó, entre los años 1920 y 1930, un incremento en la construcción de edificios de viviendas y la redacción de un nuevo plan de ensanche para reorganizar la ciudad2. Entre 1900 y 1910 el número de población aumenta en un 25% y en 1920 Lleida ya llega a los casi 40.000 habitantes3. – El tercer período de desarrollo del Cuerpo se produjo en la década de los años cuarenta, del siglo pasado, y fue debido a la necesidad de reconstruir la ciudad una vez finalizada la Guerra Civil española. Y, de igual modo que en los dos casos anteriores, las medidas de reforma de la Compañía se desarrollaron en un contexto de crecimiento de la población, que pasó de los 41.464 habitantes en 1940 a los 48.076 del año 1945, lo que supone un aumento del 15,9%. – El último impulso de la compañía de bomberos se produjo durante los últimos años de la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Las políticas aperturistas y la industrialización de aquellos años comportaron un flujo migratorio que hizo incrementar el número de habitantes en Lleida, pasando desde los 56.456 de 1955 a los 90.884 de 19704, un aumento muy destacable que obligó al consistorio a redactar el nuevo Plan de Ordenación Urbana del año 1957. Como se observa, hubo una estrecha relación entre el crecimiento poblacional, la reestructuración urbana y la mejora del servicio de extinción, que –lógicamente– debía dar respuesta a tal incremento en número de servicios y su variabilidad. De hecho, la propia evolución en la tipología de las intervenciones ha sido, en sí misma, una muestra de la adaptación de la Compañía al desarrollo de la ciudad y a sus cambiantes necesidades. Así, la razón de ser del Cuerpo en sus años iniciales era exclusivamente la extinción de los incendios que se desataban en la población; el fuego representaba el principal peligro de 2 J. Barrull, A. Jarne, C. Mir, Història de Lleida. De la Restauració al Franquisme. volumen 8, Pagès editors, Lleida, 2004, pp. 22-28. 3 A. Jové, Població, propietat i canvi social a Lleida (1780-1930), Tesis doctoral inédita, Universitat de Lleida, Lleida, 2015, p. 35. 4 Sobre los datos mencionados de evolución demográfica de la ciudad, véase J. Vilagrasa, Història de Lleida. Final del segle xx. volumen 9..., p. 102.
287 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social destrucción tanto en lo relativo a las viviendas como en las fábricas e industrias de la emergente burguesía. Esta realidad se ejemplificaba en las primeras compañías aseguradoras, surgidas en Madrid y Barcelona, que intitulaban su identidad con un encabezamiento explícito: «CONTRA INCENDIOS». Con el tiempo, y para dar respuesta a las nuevas circunstancias surgidas de las diferentes transformaciones urbanas y sociales, la Compañía se adaptó a otras tipologías de intervención, que también incidían sobre la población, como los derrumbes, las inundaciones o, ya en el siglo xx, los servicios relacionados con el suministro eléctrico. Se debe tener presente que el Cuerpo era un ente ya organizado y estructurado, que los bomberos pertenecían al gremio de la construcción –hábiles en labores relacionadas con derrumbes– y que se contaba con el material necesario para intentar resolver cualquier posible siniestro de esta naturaleza con medios prácticos, por ejemplo, las bombas de impulsión y aspiración de agua. Así, el servicio de extinción de incendios adquiría competencias para el salvamento de personas y bienes y se afianzaba de forma definitiva como una entidad de protección de la ciudadanía. Ya en la década de los años ochenta del siglo pasado, el Cuerpo asumió competencias relacionadas con la excarcelación de vehículos y la atención a las víctimas de accidentes de tráfico. Y, por último, hacia finales del siglo xx y principios del xxi el servicio de extinción de incendios –manteniendo las funciones relativas a la seguridad pública– comienza a cobrar una dimensión nueva: las tareas relacionadas con la atención a las personas desde la vertiente del auxilio social, una «necesidad reciente» de la que A. Vilà i Mancebo sitúa su aparición jurídica en España en 1963, englobada dentro del ámbito de la Seguridad Social y sustentada principalmente en la sanidad, la educación y los servicios públicos5, siguiendo las formulaciones clásicas planteadas por TH Marshall6. Durante estos años, por tanto, el servicio de extinción de incendios ha tenido que afrontar una nueva adaptación para dar respuesta, dentro del contexto del 5 Se considera que los servicios sociales son una de las seis ramas de la intervención social (salud, educación, trabajo, vivienda, pensiones, servicios sociales) que forman parte de la política social y que son instrumentos del Estado del bienestar social. A. Vilà i Mancebo, Els Serveis Socials a Catalunya. Una visió històrica, Diputació de Girona, Girona, 2005, pp. 26-27. 6 T. H. Marshall expuso que la lucha por la obtención de los derechos de ciudadanía se establece en torno a la consecución de una compleja lista de derechos comunes que, lentamente, conllevan la defensa de progresivas cotas de teórica igualdad social. Véase T. H. Marshall y T. Bottommore, Ciudadanía y clase social, Alianza editorial, Madrid, 1998, pp. 15-82.
288 Leonard Jové vidaL estado del bienestar, al conjunto de requerimientos vinculados a la atención a personas con vulnerabilidad, principalmente del colectivo de edad más avanzada y que vive en soledad, una realidad creciente en las ciudades catalanas y del resto del Estado. A lo largo de la vejez aumenta la probabilidad de vivir en soledad. Se ha observado en los últimos años un incremento de los hogares unipersonales en persones de sesenta y cinco años y mas7. Las intervenciones llevadas a cabo por los servicios de extinción consisten, por mencionar las situaciones más frecuentes, en la atención y rescate de personas que incurren en intentos de suicidio, la búsqueda de individuos desorientados o perdidos o con enfermedades degenerativas, la accesibilidad de los servicios médicos a las viviendas de enfermos, ya sea facilitando la apertura de puertas o entrando por ventanas y terrazas, así como tareas de apoyo en el desplazamiento de personas –normalmente con obesidad mórbida– desde su vivienda hasta la ambulancia, para su traslado a las dependencias sanitarias. Estas últimas dos tipologías de servicios se realizan a menudo con la auto escala, una herramienta exclusiva de los cuerpos de bomberos. Este utensilio (entre otros) que, junto con las instituciones correspondientes y la pertinente legislación, posibilitan la atención al ciudadano en el ámbito social8. Así, un análisis comparativo entre los informes relativos a las intervenciones realizadas entre los años 1966 y 1970, y explicados en «De la extinción de incendios a la protección ciudadana» –p. 241–, respecto a los servicios efectuados durante el año 2020 –en ambos casos, relativos al propio parque de Lleida– muestran que, en el intervalo del referido quinquenio del siglo pasado, no hubo ningún servicio urgente de apertura de piso para atención a las personas. Tan sólo se accedió a viviendas en cuatro ocasiones, por «quedarse dentro las llaves»9, y en otra, porque los vecinos no podían abandonar el edificio. Por el contrario, durante el año 2020 las salidas del parque de Lleida para atender este tipo de servicio –atención a personas mayores y a personas con problemas mentales– han sido de aproximadamente ciento veintiséis, una diferencia muy considerable que 7 DD. AA, Un perfil de las personas mayores en España, 2019, CSIC Consejo superior de Investigaciones científicas, p. 29. http://envejecimiento.csic.es/documentos/documentos/ enred-indicadoresbasicos2019.pdf [20/02/2020]. 8 M. A. Cabrera (ed.), La ciudadanía social en España. Los orígenes históricos, Universidad de Cantabria, Santander, 2013, p. 10. 9 AML Fons Municipal, Informes dels serveis realitzats pel cos de bombers, años 1966-70, reg. 11966, s. f.
289 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social explica la presente adaptación de los cuerpos de bomberos a las nuevas demandas sociales, que –como se ha mencionado con anterioridad–, guardan mucha relación con el crecimiento de unidades familiares unipersonales de individuos de más de sesenta y cinco años. Puede afirmarse, por tanto, que la Compañía no sólo ejerce funciones de seguridad pública, sino que ha asumido competencias relacionadas con la salud, realizando tareas logísticas y de apoyo a las asistencias sanitarias. Una nueva realidad esta, fundamentada en que por un lado, la salvaguarda ciudadana y la atención a la salud de las personas son dos conceptos estrechamente relacionados entre ellos; y, por otro, en que surge la posibilidad de «aprovechar» la existencia de un Cuerpo organizado, con formación, inserto en el territorio y con el material adecuado para el desempeño de estos menesteres. Se trata, por tanto, de una transición fundamentada en la utilización de recursos existentes, en una ampliación de competencias que reúne características muy similares a lo que supuso, a finales del siglo xix, el paso desde la mera extinción de incendios hacia las intervenciones relacionadas con la seguridad pública. Son estas características relativas al material y al personal las que han posicionado a las compañías de bomberos como cuerpos multidisciplinares, con capacidad de dar respuesta a la gran cantidad y variedad de servicios que surgen a diario en las ciudades y que hoy en día se hacen extensivas también al ámbito de las políticas de bienestar y al cuidado de los más vulnerables. Y es justamente esta función de ayuda y protección a las personas en momentos de indefensión lo que otorga al bombero y a las compañías de extinción de incendios su dimensión más social, su vertiente más humana. Al final de esta trayectoria de investigación, resulta necesario un ejercicio de reflexión para constatar que construir un servicio público no emana de un acto de improvisación interesada y oportunista, sino que es siempre el resultado de un largo y complejo proceso histórico de formación, que involucra decisiones políticas, inversiones económicas, bienes materiales y –sobre todo– personas implicadas en ofrecer y recibir el servicio. La historia muestra cómo esta complicada telaraña dedicada al servicio público de proteger se construye –de forma similar a los servicios destinados a garantizar la salud y la educación– gracias a una prolongada trayectoria de implicación social, y que su salvaguarda se convierte en patrimonio histórico compartido por la ciudadanía.
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ÍNDICE Índice de tablas Tabla 1. Número de bomberos según recogían los reglamentos (p. 89). Tabla 2. Número de bomberos según las relaciones de personal (p. 89). Tabla 3. Elementos principales tratados por los reglamentos que han ordenado la compañía de bomberos entre los años 1841 y 1962 (p. 133). Tabla 4. Personal bombero presente en las relaciones de los años 1841-1862 (p. 144). Tabla 5. Personal bombero presente en las relaciones de los años 1862-1883 (p. 145). Tabla 6. Personal bombero presente en las relaciones de los años 1883-1899 (p. 145). Tabla 7. Personal bombero presente en las relaciones de los años 1899-1940 (p. 146). Tabla 8. Personal bombero que ingresó en el Cuerpo en 1954 (p. 147). Tabla 9. Personal bombero que ingresó en el Cuerpo entre los años 1957-1978 (p. 148). Tabla 10. Personal de mando intermedio durante el siglo xix (p. 149). Tabla 11. Personal de mando intermedio durante siglo xx (p. 150). Tabla 12. Personal con cargos de dirección del Cuerpo durante el siglo xix (p. 151). Tabla 13. Personal con cargos de dirección del Cuerpo durante el siglo xx (p. 151). Tabla 14. Evolución de los jornales que percibieron los bomberos desde el año 1892 hasta los años ochenta del siglo xx (p. 162). Tabla 15. Inventarios de material del parque de bomberos de Lleida y los responsables que los firmaban (p. 192). Tabla 16a. Relación de los bomberos intervinientes en el incendio de la tejería del señor Miguel Casanelles (p. 235). Tabla 16b. Relación de los bomberos que permanecieron de guardia de prevención después de sofocar el incendio (p. 236).
308 Leonard Jové vidaL Índice de gráficos Gráfico 1. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1841 (p. 100). Gráfico 2. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1846 (p. 102). Gráfico 3. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1861 (p. 105). Gráfico 4. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1863 (p. 111). Gráfico 5. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento «sin fecha» (p. 114). Gráfico 6. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1923 (p. 119). Gráfico 7. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1944 (p. 126). Gráfico 8. Organización del cuerpo de bomberos según el reglamento del año 1962 (p. 129). Índice de figuras Fig. 1. Jeringa de extinción de incendios utilizada en la Edad Media. Fuente: Espai Bombers. Parc de la Prevenció de Barcelona (p. 28). Fig. 2. Louis Maurer. The life of a fireman: Night alarm, 1854, litografía, Amon Carter Museum of American Art, Fort Worth, Texas, EE. UU (p. 97). Fig. 3. Tabla de señales. Compañía de bomberos de Lleida. Año 1891 (p. 108). Fig. 4. Compañía de bomberos en 1963; a la izquierda se aprecia el guardia local que hacía de enlace motorista. Fuente: Fondo Fotográfico del Parque de bomberos de Lleida (p. 129). Fig. 5. Compañía de bomberos de Lleida en los años veinte. En la hilera inferior, de izquierda a derecha, en cuarto lugar encontramos al arquitecto y jefe de la compañía Francesc de Paula Morera i Gatell, el concejal Domingo Pinetell y el alcalde José Barberà Lletjet. De los hombres con gorra, el de más a la izquierda era el corneta porque lleva una colgada. Los demás podrían ser el «guardaparque» y varios mandos (p. 136). Fig. 6. Compañía de bomberos de Lleida en 1901; se pueden observar, palas,picos, escaleras y otro material de difícil identificación. Fuente: P. Almacellas, «El Servicio de Incendios», Ciudad, volumen XI, Lleida, 1959, pp. 186-187 (p. 142).
309 Seguridad pública, higienismo y bienestar Social Figs. 7-8. Bomberos haciendo gimnasia bajo la dirección de Epifani Bellí. Fuente: «El cos de bombers fa gimnàstica», Revista gràfica de informacions i estudis, agosto de 1928, núm. 78, pp. 3-4 (p. 155). Fig. 9. Fotografía del parque de bomberos de Lleida cuando éste estaba situado en la calle Blondel. Fuente: Imagen T. Martínez Inglés, Lleida sota les bombes, Diari Segre, 2007, Lleida, p. 150 (p. 189). Fig. 10. Bomba contra incendios manual. Fuente: A. Rovira y Trias, Tratado de la estinción de incendios, lámina dos (p. 194). Fig. 11. Demostración del cuerpo de bomberos en los Campos Elíseos en el año 1901. En la parte izquierda se observa el carro de transporte y la bomba manual, que podría ser la de la marca Delpech. Fuente: Ciudad: cuadernos de divulgación cultural leridana, volumen v, 1953, pp. 50-52 (p. 198). Fig. 12. Anuncio de la bomba con motor Delfín de la casa Metzger. Fuente: El Bombero español, números 22-23 de septiembre-octubre del año 1920 (p. 201). Fig. 13. Vehículos de la compañía de bomberos durante los años cincuenta. Fuente: IEI, Servei d’Audiovisuals, reg. 972 (p. 206). Fig. 14. Vehículo de la marca Dodge con una dotación de bomberos en los Camps Elisis de Lleida. Años cincuenta. Fuente: AML Fons Municipal, reg. 21355 (p. 207). Figs. 15a-15b. Ilustración del Aparato Rovira. Fuente: A. Rovira y Trias, Tratado de la extinción de incendios, láminas 13 y 14 (p. 214). Fig. 16. Ilustración del «Vestido Poulin». Fuente: A. Rovira y Trias, Tratado de la extinción de incendios, lámina 10 (p. 216). Figs. 17-18. Grabados del incendio del teatro del año 1876. Fuente: La Ilustración Española y Americana del 8 de noviembre del año 1876 (p. 256). Fig. 19. Dibujo del incendio por la parte de la calle Mayor, frente al Peu del Romeu. Autor: Artur Renyé. Fuente: Vida Lleidatana núm. 96 del 5 de mayo del año 1930 (p. 257). Figs. 20-21. Fotografías del incendio de la fábrica García Giró. Año 1949. Fuente: IEI Servei d’Audiovisuals, reg. REP/PF/40-57/05 (pp. 265-266).
colección La formación y desarrollo de la compañía de bomberos de la ciudad de Lleida es un proceso que comprende desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el último cuarto del XX, siendo esta investigación con dos vertientes, la institucional, donde se incluye el análisis financiero y la coyuntura política que ha sustentado al cuerpo, los reglamentos, el personal, los recursos materiales, etc. Y en segundo lugar, se ha situado la compañía en el entorno social de cada coyuntura histórica, presentándola como una nueva y necesaria herramienta de la seguridad pública, en conjunción con otras políticas de cariz cívico como el higienismo y un nuevo urbanismo. Todo ello, desarrollado en el contexto de transformación urbana que significó el paso desde una ciudad del Antiguo Régimen a una nueva urbe burguesa con estructuras pensadas en hacer posible la expansión del capitalismo. Ya avanzado el siglo XX el servicio evoluciona hacia nuevas funciones que complementan la protección ciudadana tradicional y que lo sitúan en el ámbito del bienestar social. ISBN 978-84-19024-49-7 THEMA: JKSW2, NHD, 3MNQ, 1DSE-ES-JCA 18€ www.editorial.unican.es