El papel del niño en las pinturas de las tumbas tebanas de la XVIII dinastía
Abstract
El niño jugó un importante papel en la iconografía de las escenas que decoraban las paredes de las tumbas privadas tebanas de la XVIII dinastía. El programa iconográfico dentro de la tumba seguía unas pautas fijas y los niños se representaron en determinadas escenas con un carácter simbólico. Fueron sobre todo una garantía para el difunto de la continuidad de la vida tras la muerte.
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Myriam SECO ÁLVAREZ 7, midan Ibn Affen, Dokki, Cairo, Egypt [email protected] SUMARIO 1. Introducción. 2. Caracterización de las representaciones infantiles en Egipto. 3. El contexto de las representaciones: las tumbas tebanas de la XVIII dinastía. 4. Representaciones infantiles en las tumbas tebanas de la XVIII dinastía: extranjeros, príncipes y mediadores. ISSN: 1131-6993 155Complutum, 2010, Vol. 21 (2): 155-162 RESUMEN El niño jugó un importante papel en la iconografía de las escenas que decoraban las paredes de las tumbas privadas tebanas de la XVIII dinastía. El programa iconográfico dentro de la tumba seguía unas pautas fijas y los niños se representaron en determinadas escenas con un carácter simbólico. Fueron sobre todo una garantía para el difunto de la continuidad de la vida tras la muerte. PALABRAS CLAVE:Iconografía. Tumbas tebanas. XVIII dinastía. Simbolismo. ABSTRACT Children played an important role in the iconographic display decorating the Theban tombs of the XVIII dynasty. The iconographic programme inside the tomb followed a fixed pattern and children were represented in some scenes with a symbolic character. They embody a guarantee for the deceased of continuity of life after death. KEY WORDS:Iconography. Theban tombs. XVIII dinasty. Simbolism. Recibido: 11-10-2009 Aceptado: 15-02-2010 El papel del niño en las pinturas de las tumbas tebanas de la XVIII dinastía The role of children in the paintings of the Theban tombs of the XVIII dynasty
1. Introducción Para este estudio nos centraremos en las pinturas que decoran las tumbas privadas que se encuentran repartidas por la necrópolis tebana en Luxor. Las paredes de dichas tumbas estaban totalmente decoradas con diferentes tipos de escenas, donde los niños tuvieron su función dependiendo del lugar de la tumba en el que se emplazaban dichas escenas. En este artículo nos ocuparemos de la XVIII dinastía, época en la que las representaciones con niños tuvieron sobre todo un papel simbólico. Por el contrario, durante la XIX dinastía, éstos aparecerán con mucha más frecuencia, también representados en las escenas de la vida cotidiana. 2. Caracterización de las representaciones infantiles en Egipto En Egipto, a la hora de dibujar a un niño o a un adulto, no existían rasgos físicos que diferenciaran al uno del otro. Las representaciones de niños en las escenas egipcias no tenían nada que ver con la imagen que encontramos de éstos en las pinturas de otras épocas. No vemos niños con vientres abultados, las extremidades especialmente gruesas, de piel sonrosada y con la cabeza ligeramente desproporcionada en relación al cuerpo. Éstos son rasgos que aparecerán a partir del Helenismo (Rühfel 1984). Los egipcios dibujaban a los niños con el aspecto físico muy similar al de los adultos. Y muchas veces, la única manera de diferenciarlos era por el menor tamaño. Pero esto a veces era confuso, pues el menor tamaño también podía implicar menor categoría social o un modo de resaltar la importancia del personaje de mayor tamaño. Por eso recurrieron a una serie de criterios que llegaron a ser muy importantes para poder diferenciar a estos pequeños de los mayores (Seco Álvarez 1997). Hay que señalar que estos criterios variaron a lo largo del tiempo. Por ejemplo, era muy común recurrir a la desnudez en la XVIII dinastía mientras que, por el contrario, en época ramésida se solían dibujar a los niños con sus vestimentas. Además, hay que decir que muchas veces se utilizaron más de un criterio a la vez, lo que servía para aclarar el significado de las escenas. El primer criterio del que vamos a hablar, y uno de los más importantes y comunes, fue representar a los niños peinados con la trenza juvenil que podía caer indistintamente a un lado u otro de la cabeza, y si se trataba de niñas también podía estar hacia atrás a modo de coleta. En la mayoría de los casos el pelo estaba muy corto o afeitada la cabeza. Existe una clasificación con los distintos tipos de trenzas usadas (Lange y Schäfer 1901). Este fue un criterio claro y sencillo para diferenciar a un niño de un adulto y encontraremos infinidad de tipos de trenzas dependiendo del gusto artístico del momento. Además, fue utilizado en todas las épocas tanto en la pintura como en la escultura (Fig. 1). Sin embargo, hay que decir que los niños extranjeros nunca se representaron con trenza juvenil, sino que tenían un peinado propio que los caracterizaba. El de los nubios consistía en una especie de triple coleta colocada en la cabeza, un ejemplo de esto lo tenemos en las escenas de extranjeros de la TT. 40 de Huy (Davies 1963). Los sirios solían llevar una especie de mechón largo en la parte trasera de la cabeza, como aparece en la TT. 86 de Menkheperrasonb (Davies 1933). El segundo criterio importante es la desnudez, aunque ésta no siempre aparece relacionada con los niños. La vestimenta no representaba únicamente el uso de una determinada ropa, sino el estatus social que la persona tenía. Por esta razón, en muchas ocasiones se solían representar a los enemigos desnudos y era una forma de hacer hincapié en su inferior condición social. Lo mismo ocurría con las representaciones de músicas, bailarinas y sirvientas, pudiendo observar algunos ejemplos en Figura 1.- Relieve en piedra de dos princesas procedentes de la TT. 192 de Kharuef (Wenig 1967: lám. 45). Myriam Seco Álvarez Complutum, 2010, Vol. 21 (2): 155-162 El papel del niño en las pinturas de las tumbas tebanas... 156
la TT. 22 de Wah, en la TT. 52 de Nacht ó en la TT. 90 de Nebamun en las escenas de convite. La desnudez no es una característica exclusiva de los niños y por eso muchas veces se compaginaba con otros criterios. La tercera característica a tener en cuenta para reconocer a un niño es encontrarlo representado en los brazos de un adulto. Esta postura identifica al adulto como protector y al pequeño como protegido. Pero tenemos diferentes variantes y al niño lo vemos tanto en brazos de su madre, como de su padre, de su nodriza o de su educador. También podemos encontrar al niño envuelto en una especie de paño que llevaba la madre en la espalda, lo cual implica que era de muy corta edad. Como tenemos en la TT 69 de Menna, en la que se representa a una mujer trabajando en el campo y cargando con su hijo a la espalda (Mekhitarian 1954). Y se han documentado algunas jóvenes plañideras que llevan a los pequeños envueltos con un paño, como el interesante ejemplo en la TT. 56 de Kha’emhet (Werbrouck 1938). Otro criterio importante fue recurrir al menor tamaño para representar a un niño pero, como hemos señalado con anterioridad, hay que tener cuidado pues, al igual que ocurría con la desnudez, no siempre se utilizaba para hacer alusión a la corta edad. Muchas veces diferentes categorías sociales se expresaban recurriendo al tamaño. Por ejemplo, frecuentemente se representaba a la esposa de menor tamaño que el marido, lo que implicaba el carácter secundario de ésta. También al rey se solía representar a mucha mayor escala que a los sirvientes y prisioneros para resaltar su importancia y poder. La diferencia de tamaño se utilizaba para resaltar un tema determinado y centrar así la atención de toda la escena en un punto, como por ejemplo en una estela de la XVIII dinastía que se conserva en el Museo Egipcio de El Cairo y cuyo tema principal es una madre que amamanta al pequeño. La figura del marido está representada a menor escala como reflejo del papel secundario que, en este caso, desempeña en la escena (Wildung y Schoske 1986). El quinto criterio sería encontrar niños portados en cestas. Esta característica la observamos sólo entre los extranjeros, que solían llevar a los hijos cargados a las espaldas en cestas de mimbre, como veremos más adelante al tratar las escenas de procesiones de extranjeros. Marcaremos las diferencias entre nubios y sirios (Fig. 2). El sexto criterio que nos facilita reconocer a un niño en estas representaciones sería encontrarlo bajo el cuidado de los mayores. Bien cogidos de la mano del padre o de la madre, bien subidos a hombros, postura común entre los extranjeros. Normalmente no se representaban en la cabeza del grupo, sino que iban entre los mayores. Era una manera ésta de que quedasen protegidos. Un ejemplo lo tenemos en las niñas que acompañan a las plañideras y que siempre se colocan en medio del grupo (Fig. 3). El séptimo criterio fue representar a los niños con el dedo índice en la boca, pero hay que decir que éste fue muy utilizado en la escultura, mientras que en la pintura no se recurrió mucho a él. Por último, el octavo criterio consiste en la representación de los niños en cuclillas, pero al igual que el anterior fue más utilizado en la escultura. En la pintura de la XVIII dinastía tenemos muy pocos casos, pero a partir de la XX dinastía las representaciones de la vida familiar tendrán más importancia y encontraremos más casos de pinturas con Figura 2.- Extranjeros procedentes de la TT. 81 de Ineni (Davies 1930: 41). Figura 3.- Grupo de plañideras de la TT. 55 de Ramose (Davies 1941: lám. XXV). Myriam Álvarez SecoEl papel del niño en las pinturas de las tumbas tebanas... Complutum, 2010, Vol. 21 (2): 155-162 157
niños agachados alrededor de sus padres, como ocurre en la escena familiar de la TT. 359 de Inherkha’ (Fig. 4), en la que vemos al difunto sentado junto a su esposa y rodeado de sus hijos. Éstos reciben una especie de cofre por parte del primer profeta de Osiris. Dos de los niños están de pie, uno sentado en el suelo y otro jugueteando. Van desnudos, peinados con múltiples trenzas y llevan adornos como pendientes, brazaletes y collares. Por qué se produce este cambio de las costumbres que se refleja en las representaciones artísticas, es un aspecto curioso e interesante. Para concluir, hay que decir que aún teniendo en cuenta todos estos criterios no siempre fue fácil reconocer a un niño y a esto hay que añadir el pésimo estado de conservación en el que se encuentran algunas de estas pinturas, lo que dificulta en gran medida su estudio. Una vez visto todos estos criterios pasaremos a analizar otro de los aspectos importantes para llegar a comprender estas pinturas y el significado que el niño tuvo en ellas. Resulta fundamental estudiar la planta de estas tumbas y analizar el programa iconográfico que se distribuía dentro de ellas. 3. El contexto de las representaciones: las tumbas tebanas de la XVIII dinastía Las tumbas de la XVIII dinastía se caracterizaban por su planta en forma de T invertida (Fig. 5). En primer lugar aparece una zona de entrada o vestíbulo que suele encontrarse excavada en la roca y que a veces tiene un pequeño patio de entrada. Toda tumba dispone de una primera zona pública, a la que accedían los familiares y en cuyas paredes se representaban escenas que hacían referencia a la vida cotidiana del difunto. Es decir, a lo que se había dedicado en vida. Si el ocupante de la tumba era lugarteniente del ejército, heraldo del rey o gobernador, encontramos las escenas de extranjeros; si, por el contrario, fue el encargado de la recolecta en el campo y de supervisar los graneros del Alto y Bajo Egipto, entonces tenemos escenas de trabajos en los campos en esta primera zona pública de la tumba. También en esta área era donde se representaban las escenas del banquete funerario. A esta primera zona pública se le llama sala transversal, en la que rara vez se representaron a los hijos del difunto, aunque sí tenemos escenas de niños extranjeros y algunos casos de niños que acompañan a las madres mientras llevan a cabo sus labores en el campo. Hacia el interior de la tumba pasamos a la sala longitudinal, zona sagrada y privada, donde se representan las escenas relacionadas con el ritual de enterramiento y encontramos las pinturas de carácter simbólico y directamente vinculadas con la vida del más allá. Es en esta zona donde encontraremos a niños representados sobre todo en las 158 Myriam Seco Álvarez Complutum, 2010, Vol. 21 (2): 155-162 El papel del niño en las pinturas de las tumbas tebanas... Figura 4.- Escena familiar de la TT. 359 de Inherkha’ (Lhôte y Hassia 1954: 39). Figura 5.- Planta en forma de T invertida, característica de las tumbas de la XVIII dinastía.
escenas de caza con boomerang y pesca con arpón. Por último, al fondo se encuentra la capilla, que suele ser una pequeña sala con los muros igualmente decorados y en cuyo muro trasero suele haber un nicho con la estatua del difunto o de algún dios. Aquí encontramos, sobre todo, escenas de ofrendas del difunto hechas al dios. 4. Representaciones infantiles en las tumbas tebanas de la XVIII dinastía: extranjeros, príncipes y mediadores Pasaremos ahora a estudiar los tipos de escenas que encontramos dibujadas en estas paredes y el papel que los niños tuvieron en ellas. En primer lugar trataremos las escenas de los niños como acompañantes en las representaciones de extranjeros (Seco Alvarez 1997: 27-37). Entre los foráneos más frecuentes estaban nubios, egeos y asiáticos. En caso de estar ante una tumba con planta en forma de T invertida, estos dibujos siempre aparecían en la sala transversal, en las escenas relacionadas con la posición social del difunto. Normalmente eran altos funcionarios que entre otros cargos habían sido los que recibían los tributos del rey. En estos casos los niños solían aparecer de la mano del padre o de la madre, en brazos o cargados en cestas de mimbre a la espalda. Durante el período de la reina Hatshepsut se intensificaron las relaciones comerciales con los extranjeros y otra época de auge fue el período de Tutmosis III. Después de Amenophis II cesó esta intensa relación con los egeos y dejaron de ser representados en las tumbas. Ejemplos de egeos los encontramos en la TT 131 de Amenuser (Wachsmann 1987), en la TT 100 de Rechmire, en la que se representan junto a otros pueblos como los del país de Punt, y los nubios. Igualmente hay egeos en la TT 86, pero sin niños. Las poblaciones asiáticas también quedan representadas en estas pinturas y principalmente las encontramos en cuatro tumbas. La TT 85 de Amenemhat, donde llama la atención el gran número de niños; la escena está compuesta por tres registros situados en la sala transversal. Los adultos aparecen vestidos con elegantes trajes y la manera de portar a los niños es muy novedosa. Los llevan sobre la palma de la mano, como si fueran llevados sobre una bandeja. El resto de los niños van cogidos de la mano y algunos de ellos suelen volverse hacia atrás girando la cabeza, lo que da mayor movilidad y expresividad a la escena (Davies 1934). En la tumba TT 86 de Menkheperra’sonb las escenas de extranjeros también aparecen en la sala transversal de la tumba. En un muro dividido en 5 registros, tenemos el superior encabezado por cuatro personajes: el primero besa el suelo y es el jefe de Creta, el segundo que está de rodillas es el jefe de Hatti y el tercero, que lleva a un niño, el jefe de Tulip. El pequeño va desnudo y vuelve la cabeza hacia el padre, que lo porta sobre la palma de la mano (Davies 1933). En el segundo registro al final de la fila aparecen otros dos niños, a los cuales su padre coge de la mano, van desnudos con el pelo corto y con un amuleto colgando del cuello. Éste será el adorno típico entre los asiáticos, mientras que los nubios se adornarán con brazaletes. Parece que la escena representa las ofrendas traídas al faraón el día de su coronación, pues reúne a los jefes de varios pueblos, como el de Hatti y el de Creta, que sólo traían productos al faraón en casos excepcionales (Davies 1933: lám. VIII). En la TT 17 de Nebamun, escriba y médico del rey Amenophis II, tenemos extranjeros sirios que llevan tributos y éstos también van acompañados de sus hijos. La escena está dividida en tres registros: en el primero hay tres hombres que cargan con vasijas a hombros y en medio aparecen dos niños vestidos, lo que hace referencia a su elevado status social. Al segundo de los pequeños el padre le coge del brazo. Y al final del segundo registro tenemos otro en el que el padre le lleva cogido de la mano (Säve-Söderbergh 1957). Por último, señalaremos la TT 239 de Penhet, de la época de Tutmosis III y Amenophis II. En esta tumba, uno de los muros de la sala transversal estaba dividido en dos registros. En el primero se representan a hombres que van cargados con productos. Los que marchan primero en la fila se encuentran de rodillas y besan el suelo. En el segundo registro los hombres cargan mercancías y uno de ellos lleva un niño subido en los hombros. El común denominador de estas escenas con representaciones de extranjeros asiáticos es el gran número de niños que encontramos en ellas. También vemos que se traen ofrendas y regalos y ningún hombre aparece encadenado, por lo tanto no se trataba de prisioneros, sino de simples portadores de tributos al faraón. Algunos de los niños traídos por los asiáticos en lugar de ir desnudos van Myriam Álvarez SecoEl papel del niño en las pinturas de las tumbas tebanas... Complutum, 2010, Vol. 21 (2): 155-162 159
vestidos con largos trajes decorados con cenefas de colores y flecos, lo que implica que pertenecían a grupos de alto nivel social. Los niños egeos solían aparecer con la cabeza rapada, los nubios con tres coletas a modo de mechones y los asiáticos con una especie de coleta en la parte trasera de la cabeza, que se parecía a la llamada trenza juvenil. Los nubios se representaron frecuentemente llevando tributos y acompañados de sus hijos. El jefe de la tribu nubia se diferenciaba porque tenía un fajín de color rojo con adornos de colores que lo distinguía de los otros extranjeros. También llevaba en el codo y en la cintura una especie de cola de animal negra y blanca o blanca y roja. El pueblo nubio solía vestirse con un corto taparrabo y un brazalete en la muñeca derecha y, además, era reconocible por los rasgos negroides y su pelo rizado. A la cabeza de la procesión estaba el jefe, sin nada en la mano, pero con gesto de adoración. Tenemos representaciones de niños nubios en la TT 63 de Sekhotp de la época de Tutmosis IV, en la que aparecen mujeres nubias llevando tributos y acompañadas de sus hijos. También aparecen nubios en la TT 100 de Rechmire, de la época entre Tutmosis III y Amenophis II (Davies 1943: lám. XXIII). Los niños permanecen sentados dentro de las cestas de mimbre y no son tan vivaces como los de la TT 81 de Ineni (Davies 1963: lám. XXII). Y en la TT 78 de Harembab, donde vemos a un niño que vuelve la cara para hablar con el que le sigue en la fila. En el segundo registro la madre se gira para mirar al hijo. Los niños van cogidos por las muñecas, otros van en las cestas de mimbre, a las espaldas de la madre o el padre, o sentados en los hombros, bien de la madre o del padre. Las mujeres nubias a veces llevaban cestas sujetas en la frente, lo que les permitía tener las manos libre para poder llevar a otros hijos de la mano o sentados en los hombros, como ocurre en la tumba de Rechmire. Otra tumba importante con representaciones de extranjeros nubios es la TT 40 de Hui. La escena de extranjeros está dividida en cuatro registros de nubios que llevan tributos al difunto, que había sido representante del rey. En la primera fila, una mujer nubia lleva al niño en una cesta a la espalda y a otros dos cogidos de la mano. Los tres se representan desnudos y con el peinado típico de los nubios (Davies 1926: lám. XXX). Siguiendo con la descripción de los tipos de escenas que encontramos dibujadas en las paredes de las tumbas y el papel que los niños tuvieron en ellas, pasaremos a ver las escenas del príncipe y la princesa representados como niños (Seco Álvarez 1997: 39-51). Las imágenes del príncipe representado como niño en las tumbas privadas tebanas fueron muy comunes y siempre se localizaban en la sala transversal de la tumba y ligadas a episodios de ofrendas. Este tipo de representaciones las encontramos en tumbas del supervisor de las niñeras reales o del enfermero personal de los niños del rey, y coincide que todos estos enterramientos son de la época de Tutmosis III y Amenophis II. El niño real aparecerá unas veces desnudo y otras no, en ocasiones con la trenza juvenil, pero siempre llevando atavíos que lo diferencian, como por ejemplo una especie de pectoral, en el que a veces se grababa el nombre, y una especie de maza en la mano o una corona. Tenemos representaciones del príncipe como niño en la TT 109 perteneciente a Min, gobernador de Thinis y supervisor de los profetas de Anubis de época de Tutmosis III (Virey 1894; Davies 1935), en la TT 85 de Amenemhab o Mahu, lugarteniente militar de la época entre Tutmosis III y Amenophis II, en la TT 93 de Kenamun, jefe de los supervisores del príncipe en la época de Amenophis II o en la de TT 64 de Hekerneheh, tutor del hijo del rey de la época de Tutmosis IV (Newberry 1928: lám. XII). Por último, en la TT 226, perteneciente al escriba real y supervisor de los guardianes reales de la época de Amenophis III, las pinturas representan a los cuatro hijos de Amenophis III, posiblemente en las rodillas de su tutor Hekkreshu (Davies 1933: lám. XXXe). Todas estas representaciones expresaban el prestigio social del difunto y estaban directamente relacionadas con la profesión del mismo. Las escenas del niño representado en los brazos de su madre y nodriza no fueron muy comunes (Seco Álvarez 1997: 53-60). Tan sólo tenemos dos casos: el de la TT 56, con un niño en brazos de su nodriza, y el de la TT 69, con un niño en brazos de su madre (Mekhitarian 1954:79). Estas escenas también se representan en la sala transversal de la tumba, pues estaban relacionadas con la vida privada del difunto. Continuando con el estudio de los tipos de escenas que encontramos dibujados en las paredes de las tumbas y el papel que los niños tuvieron en ellas, pasaremos a ver las escenas relacionadas con el entierro en las que aparecen las procesiones de 160 Myriam Seco Álvarez Complutum, 2010, Vol. 21 (2): 155-162 El papel del niño en las pinturas de las tumbas tebanas...
plañideras y niñas que acompañan (Seco Álvarez 1997: 67-75). Las plañideras fueron unas figuras muy importantes en los ritos funerarios. A lo largo de su actuación, solían llevarse las manos a la cabeza y se echaban arena por la cara en gesto de dolor, haciéndose muy comunes a partir de la XVIII dinastía. Normalmente estas escenas aparecen en la sala longitudinal, pero también podían verse en la transversal. En la TT 55 de Ramose, gobernador de la ciudad y visir de la época de Amenophis IV, en el muro oeste de la sala transversal tenemos una escena con plañideras. Estas representaciones de mujeres poseen muchísima expresividad en los gestos, muy variados, con las palmas de la mano hacia arriba, tocándose la cara y arrojándose arena como símbolo de duelo y para ocultar la belleza. Los vestidos son holgados y dejan los hombros al descubierto. El peinado también es el típico, con los mechones a la altura de la espalda. En el centro de este grupo hay una niña desnuda y con el rizo juvenil. La niña se lleva los brazos, finos y desproporcionadamente largos, a la cabeza, con las palmas de las manos hacia arriba, al igual que el resto del grupo (Fig. 3) En el área de entrada en la tumba normalmente se representaban escenas de ofrendas, y éstas se caracterizan por la ausencia de niños. También aquí se representaban escenas relacionadas con la participación del difunto en la “Bella Fiesta del Valle” (hb nefer n jnt), que a partir del Imperio Medio se convirtió en la fiesta tebana de los muertos. Se celebraba una vez al año, cuando el dios Amon de Karnak visitaba al dios Ra en Tebas y se realizaba una procesión por delante de las tumbas. El difunto quería participar a veces con su familia en dicha procesión. Aquí, al igual que en las representaciones del banquete, los hijos se dibujaron como adultos y no como niños. Sin embargo, a partir de la época de Amarna sí que se tiende a representar a los hijos del difunto como niños en las escenas de banquete. Por regla general el arte egipcio fue muy funcional y en cada momento escogió lo que mejor le venía para expresar una idea; dentro de este esquema unas veces los niños encajaban y otras no. Además el niño, en Egipto, tuvo unas connotaciones negativas de inmadurez y debilidad. Esto cambia en la época de Amarna, entonces el niño se ligará a ideas positivas: “ser hijo de “, “ser algo ya desde pequeño”. Este cambio de mentalidad se refleja en la pintura y a partir de ahora las representaciones de niños se harán más comunes (Fig. 4). Por último, trataremos las escenas relacionadas con la vuelta a nacer, en las que los niños aparecen en las escenas de caza y pesca con boomerang y arpón, como una garantía de resurrección para el difunto. Éstas fueron muy comunes en la XVIII dinastía y tenemos bellos ejemplos como los que trataremos a continuación. Son escenas muy convencionales, todas se parecen y se repiten los mismos motivos. Además, este tipo de escenas existieron desde el Imperio Antiguo. Los niños o niñas suelen representarse desnudos, con la trenza juvenil, sentados entre las piernas del difunto o bien de pie, delante de éste y en el extremo de la embarcación. Tenemos la TT 52 de Nakht, escriba y astrónomo “contador de las horas” de Amón, de la época de Tutmosis IV. Curiosamente en esta escena se ha omitido el arpón. A veces se evitaban los objetos dañinos. Otra bella escena se encuentra en la TT 69 de Menna, escriba del señor de las dos tierras de la época de Tutmosis IV. O la TT. 90 de Nebamun (Fig. 6). Aquí es donde los niños tuvieron un papel importante y una simbología fundamental para hacer realidad la vida en el más allá. Fueron una garantía de resurrección. Myriam Álvarez SecoEl papel del niño en las pinturas de las tumbas tebanas... Complutum, 2010, Vol. 21 (2): 155-162 161 Figura 6.- Escena de la TT. 90 de Nebamun (Wreszinski 1988).
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